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Tengo una hermana que está muy buena, Sonia. Hace mucho ejercicio y le gusta nadar, osea un cuerpazo. Intelectualmente lo sé, no puedo evitar fijarme en sus pechos contenidos pero preciosos cuando se pasea en sujetador o sin él por casa. O en los duros muslos que luce cuando lleva solo una camiseta larga o un short.
Además para salir viste muy sexy. Sus prendas ocultan poco de su bello cuerpo o lo enmarcan debido a lo ajustado del tejido. Entonces también me fijo en su figura perfecta, y es que uno no es de piedra.
Pero al ser mi hermana menor que yo la verdad es que no estoy al tanto de la mayoría de sus actividades. Cada uno nos dedicamos a lo nuestro. Aunque en general nos tratemos con cariño y no discutamos demasiado. Ella hace su vida y yo la mía. Pero sus salidas nocturnas eran cada vez más frecuentes.
Por eso mismo todo lo que pasó no terminó de pillarme por sorpresa. Algo tenía que sospechar aunque yo no sea muy espabilado.
El sábado pasado me apetecía algo de sexo sin complicaciones. Sin tener que cortejar a la chica deseada, sin invitar a cenas, ni tener largas conversaciones hasta llegar a tenerla desnuda entre mis brazos.
Lo más sencillo era recurrir a una prostituta. Como no tengo sitio a donde llevarla, tendría que ir yo a buscarla. Además mi sueldo me lo permite. Un club, cerca había algunos con cierto nivel, nada de sitios cutres de carretera.
Como en esos lugares las cosas suelen salirse de madre fui preparado para la batalla. Si alguna me convencía no me iba a pillar desprevenido. Bien depilado, limpio por dentro y por fuera, con mi slip rojo más pequeño. Y unos cuantos condones en el bolsillo. Aunque sabía que ese material suele ponerlo la casa.
Estaba excitado y nervioso. No era la primera vez que iba a buscar sexo fácil pero siempre me sentía así. No sabía por donde andaba mi hermana, habría quedado con sus amigas. Cuando me pareció simplemente salí de casa.
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La mini más corta y ajustada de mi armario y un top por cuyo escote rebosaban la mitad de mis tetas. La lencería reducida a la mínima expresión, un tanga que apenas me tapaba los labios de la vulva. El resto del "uniforme" lo llevaba en el bolso, es tan pequeño que cabe perfectamente.
Así era como me dirigía a mi trabajo. Había decidido que me gustaba el sexo. Follar de la forma más lasciva y guarra que pudiera. Así que por qué no iba a rentabilizarlo. Podría dedicarme a ello profesionalmente.
Ya llevaba ejerciendo unas semanas. El club Astarté es elegante, de cierta categoría y nos tratan bien. Cuidan de nosotras y no dejan que los clientes hagan tonterías. Claro que el material que ponemos nosotras también es de primera. No suele ser así en los demás sitios de los que me han hablado.
Por supuesto yo pongo de mi parte. No pecaré de modesta. Tengo un cuerpo muy cuidado, soy joven, alta y delgada. Con un par de tetas duras y cónicas y un buen culo respingón. Mi rostro es dulce, de rasgos finos. Ojos azules separados, nariz recta y labios gruesos y sensuales. Todo eso además de dulzura, simpatía y una actitud muy liberal para el sexo me hacía bastante popular. Incluso en ese club donde el nivel es alto.
Esa noche me tocaba hacer el striptease. También me gusta bailar y exhibir mi cuerpo. De hecho antes de dedicarme a esto había tenido mis pinitos como gogó de discoteca. Y allí ya no iba muy tapada. Pero por suerte todo lo que iba a necesitar, un pequeño disfraz, lo tendría en el vestuario. Así no tenía que guardar esa ropa tan reducida en casa de mis padres. Pero la lencería si, me gusta ir siempre sexi por dentro.
Así que me cambié en el vestuario. La camisa de franela de cuadros muy recortada, un short vaquero más pequeño que algunas de mis bragas, las botas altas de cuero y un sombrero no era un gran disfraz. Pero valdría.
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Esperaba el strep tease, como todos allí. Estaba tomando una copa junto a la barra y ella apareció en el salón. Sobre el escenario. Si alguna chica me convencía para llevarla a una habitación lo haría, pero quería aprovechar todo lo que la noche y ese local ofrecía.
Casi me atraganto con la copa. La sorpresa fue mayúscula.
Y la sorpresa era mi hermana. Bailando al ritmo de la música, ataviada al estilo de una cow girl. O algo así. El sombrero vaquero recogía su preciosa melena castaña. La camisa de cuadros de franela anudada bajo sus pechos descubría el vientre y parte de su torneada espalda.
El minishort era minúsculo. Ese culo que yo admiraba en casa estaba al desnudo casi del todo. Y todos lo admiraban. Las botas de montar, altas, de cuero, con mucho tacón ocultaban sus pantorrillas pero tensaban los muslos.
Aún anonadado reflexionaba sobre la situación. Y hacia algunos descubrimientos propios.
Así se explicaban muchas cosas, como de donde estaba sacando tanto dinero últimamente. Y eso que ahorraba y ocultaba la mayoría de sus ganancias. Pero se había comprado mucha ropa, muy sexi además. No como la que le compraba mi madre.
Como seguía bailando sin perder un paso supuse que no me había descubierto. Pero yo podía admirarla a placer. Y ¡Joder! me estaba excitando con mi hermana, mucho. Cómo se doblaba sacando las nalgas o casi mostrando las tetas. Por cómo meneaba la cadera no era el primer baile que hacía así.
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Salí a la pista y empecé a moverme al ritmo de la música. No podía empezar a desnudarme nada más salir. Solía bailar unos minutos antes de comenzar a quitarme la ropa. Que por cierto no es que fuera mucha.
El sombrero salió volando detrás de la barra. Dejé suelta la melena para poder jugar con ella. Con lo larga que es la aprovecho para ocultar mis pechos cuando me quito el sujetador. Luego empecé a abrir la camisa. Descubría mis tetas unos segundos y las volvía a cubrir. Provocaba al personal. Me inclinaba para que "casi" pudieran verlas.
Ese morenazo macizorro sentado al lado de la columna me sonaba. Pero estaba en un rincón muy oscuro. Apenas podía verlo. Tendría que investigar un poco más. Así que cuando me saqué la blusa se la arrojé encima.
Tenía que confirmar mis sospechas. Mientras me pellizcaba los pezones y amasaba los melones no le perdía de vista. Cuando se inclinó a quitarse mi prenda de encima me dí cuenta de que era él.
Admito que al principio me asusté un poco. Pero luego me di cuenta de que si yo era puta él era putero. Además de estar bien bueno el cabrón, eso siempre se lo he reconocido. Así que en principio ninguno de los dos querría joder al otro... al menos fuera de una cama.
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Si no estaba bastante sorprendido con la situación de repente la camisa aterrizó sobre mi cabeza. El movimiento había sido tan ágil que no me dio tiempo de apartarme. Tenía el inconfundible aroma de su piel y su perfume. Por si me faltaba la confirmación.
Estaba claro que me había descubierto. Pero tampoco pretendía joderle el curro, pero solo el curro, todo lo demás sí. Así que me quedé quieto esperando acontecimientos. Le sonreí para hacerle ver que no estaba molesto, más bien muy caliente por su actuación.
En ese momento se sentó junto a mí otra de las chicas. Una rubita muy mona ataviada solo con body de lencería y unas medias. Vale, la nena era un bombón, pero yo solo podía centrarme en cómo mi hermanita se quitaba la ropa.
Se giró para quitarse el short y ese culo que ya antes me parecía perfecto sobre ese escenario era un portento. Aún conservaba un tanga. Un pequeño triángulo de lycra que en ese momento no veía cómo podía sostenerse en su lugar. No se veía ningún cordón. ¿Sería sedal de pesca?
Se separó las nalgas. Le estaba viendo el ano a mi hermana. Es lo más bonito que he visto en mi vida.
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Era impresionante la cara de salido que tenía mirándome. Y lo cachonda que esa expresión me estaba poniendo a mí.
Además no parecía hacerle ningún caso a la compañera que se había sentado a su lado. Una rubia muy guapa que me caía bastante bien. Incluso había montado un numeríto lésbico privado para un ricacho con ella. Pero en ese momento solo me daba celos por estar junto a mi hermanito. Por suerte él estaba muy centrado en mi show.
Si después no había un plato fuerte en el espectáculo, me refiero a una pareja follando de verdad, sacábamos a un pardillo del público y jugábamos con él. Se me ocurrió una maldad y podría demostrarle a mi hermano lo puta que puedo llegar a ser. Literalmente.
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Cuándo se fue acercando a mí entre las mesas y sin dejar de bailar me entró un acojone de narices. Había visto a alguno perder hasta los pantalones en una situación parecida. Y normalmente solo hacían el ridículo bailando con la stripper de turno.
Pero la expresión de su cara me decía algo diferente. Aquello no lo había visto nunca en su precioso rostro y parecía pura lascivia. Tiró de mi mano y en cuanto me tuvo de pie pegada a mí me dijo al oído.
- Ahora vas a ver a lo que se dedica tu tata. Pero en serio.
Considerando que lo único que le quedaba era el tanga y las botas y que tenía sus pezones clavados en mi pecho no podía negarle nada. Así que como un corderito que llevan al matadero la seguí hasta la pista. No me dejó ni despedirme de la rubia.
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Me gustó que accediera a venir conmigo. No sabía hasta donde podía llegar con él y encima delante de mis compañeras y de todos los clientes que estaban allí esa madrugada. Pero seguro que se lo iba a hacer pasar bien y que yo lo iba a disfrutar.
Normalmente habría dejado la ropa de la víctima cerca para que después pudiera vestirse y volver a su asiento. Pero como se trataba de alguien especial pensé en arrojarla al mismo rincón al que iba la mía. Así es como la compañera que recogía mis prendas se dió cuenta de que algo pasaba.
Le quité las playeras y los calcetines, cuando a otro se los habría dejado puestos. Pasé la lengua por el empeine de su pie. Estaba algo sudado pero limpio. Sabía que se había duchado antes de salir.
Sacaba el culo para que todo el mundo pudiera apreciarlo. Me movía sinuosa luciendo mi cuerpo.
Quería mostrarme completamente lasciva. Los que estaban viendo el espectáculo lo recordarían toda su vida. Nadie allí se esperaba lo que iban a ver. Dos hermanos follando.
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¿Los pies?. Me estaba lamiendo los pies. Me chupa los dedos. ¡Joder! Qué cachondo me está poniendo. Nunca me han hecho eso. Aunque yo si se lo hice a una ex novia. Ahora sé por qué le gustaba tanto y me lo pedía cada vez que podíamos.
La cabrona me estaba quitando los pantalones. Me iba a ver en bolas del todo delante de toda aquella gente. Nunca había sido muy exhibicionista, pero todo aquello y la persona con la que estaba lo hacía algo especial. Algo muy duro por debajo del cinturón.
Pronto vio el slip rojo que ella me había comprado las últimas navidades. Era la ropa más sexy que tenía. Me gustaba ponérmelo para que una chica guapa me lo quitara. Por la mirada que me echó creo que le gustó el detalle.
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Me encantaba ese slip, se lo había regalado yo. Que lo llevara puesto me parecía un detalle dirigido a mí aunque el encontrarme allí hubiera sido una sorpresa. Estaba deseando quitárselo.
Pero todavía le quedaban más prendas. Su camisa y vaqueros fueron al mismo rincón que mi short y blusa. De reojo vi cómo mi compañera los recogía y se los llevaba.
El rabo que se marcaba en esa poca tela parecía algo respetable. En ese momento era para mí sola. No iba a dejar que lo disfrutara otra compañera. Es más, pensaba disfrutarlo delante de todo el mundo.
Empecé a subir lamiendo su piel desde las pantorrillas. Despacio y lasciva en busca de mi trofeo. Mientras empecé a tirar del slip. Seguía meneando el culo al ritmo de la música, a cuatro patas sobre el diván en el que se montaba el espectáculo y dónde había tumbado a mi hermanito.
Solo las chicas sabían que algo pasaba. Nunca llegábamos tan lejos con ninguno de los pardillos que subíamos al escenario. Y de hacerlo nunca lo haríamos sin condón. El resto del público imaginaba que nosotros eramos la pareja que estaba haciendo el show.
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No sé que estaban haciendo con mi ropa. Esperaba no tener que volver a casa en bolas. Conociendo a mi hermana y viendo lo que me estaba haciendo todo era posible.
Me estaba mirando a los ojos mientras dejaba libre mi polla y sacaba la lengua para darle una primera lamida a los huevos. Tenía que ver mi cara de vicio. Yo estaba viendo algo que ni en mis mejores sueños habría imaginado.
- Nena, que eso son mis huevos. Si tiras así de ellos me los vas a arrancar.
Se los sacó de la boca lo justo como para decirme.
- Es que no te fías de mí.
- No, nada de nada.
- Pues por malo te vas a enterar.
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Sabía que bromeaba pero me permití una pequeña maldad. Dejé de hacerle atenciones a su aparato genital y me incorporé. Puse el tacón de una bota en su pecho. Creo que algo de daño le hice por el gesto que puso.
- ¡Quítame la bota!.
Y lo hizo. Tiró de ella despacio hasta sacarla del todo y arrojarla al mismo rincón que el resto de la ropa. Aprende rápido. Entonces fue cuando pude comprobar que mi hermanito es tan morboso como yo. Se metió mi pie en la boca y empezó a lamer los dedos. La planta y el empeine recibieron las mismas atenciones de su lengua juguetona. Admito que eso me excitó aún más.
Sabía que nos estaban ganando y haciendo fotos. Normalmente eso se aprovecha para la web del local, parte como publicidad y parte de pago. Hay que rentabilizar el espectáculo. Pero me iba a hacer unos dos fantásticos con ese material.
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Si ella me había lamido un pie yo lo haría con los dos y con el resto de su preciosa anatomía. Ya metido en harina montaría el espectáculo completo.
Sujeté su pantorrilla lo siguiente como para me dejara su pie. Y hacer con él lo que yo quisiera. Pasando la lengua por su piel. Metiendo cada uno de sus dedos en la boca para chuparlos y luego lamer la planta.
No sé el tiempo que debía durar aquello en una situación normal. Pero por allí nadie quería que paráramos. Aunque alguno se corriera en sus calzoncillos.
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Vaya, vaya. Mi hermanito ha salido tan guarro y morboso como yo. Me gusta todo eso que me está haciendo y parece que al público también. Nadie perdía detalle. Hasta mis compañeras que lo han visto casi todo nos miran ojipláticas.
- Vamos nene. ¡Llega al coño!. Cómeme.
- ¿Te fías de mí?.
- ¡Eres un cabrón!. ¡Vamos, dame lengua!.
Creo que jamás había conseguido separar las piernas como hice esa noche y mira que había hecho gimnasia y ballet. Necesitaba que me comiera, enterita. Estaba echando jugos como una fuente.
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La miré a los ojos. Casi parecíamos tener un enlace telepático. Pero fue ella la que sujetó mi cabeza para llevarla dónde quería, a su coño y su culo. Ni cuando la veía hacer el espagar en clase de ballet la había visto con los muslos tan separados.
Asi que me rendí a sus deseos que evidentemente coincidían con los míos. Aún tuve que apartar el tanguita que en ese miento se me quedó entre los dedos, estaba claro que preparado para eso. Clavé la lengua en su ano completamente ofrecido. El jadeo que soltó sonó por encima del volumen de la música. Supongo que todo el mundo se dio cuenta de que aquello iba de veras. Ya no era simple espectáculo.
- Sí cariño. Cómeme entera.
Ya no paré en un buen rato. Ese manjar merecía una degustación minuciosa. Creo que es el xoxito que más me gusta comer. Igual es por ser el de mi hermana pero creo que ninguna otra mujer lo tiene tan sabroso. Pasaba del ano al coño saboreando todo lo que ella me ofrecía que era mucho, parecía una fuente. Debía estar muy excitada.
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Si llego a saber que mi hermano es un come coños de tal calibre le hubiera puesto el mío en la boca mucho antes. Me estaba derritiendo por el potorro. Desde luego ningún cliente me lo había hecho pasar igual y ningún noviete que hubiera tenido le llegaba a la suela del zapato. Y parecía que no se cansaba. Su lengua seguía recorriendo mis bajos dispuesta a conseguirme infinitos orgasmos. Y lo estaba consiguiendo.
Creo que gemía y jadeaba por encima del volumen de la música. Pero no podíamos seguir así toda la noche. Aunque me hubiera encantado. Así que con los ojos vidriosos por el placer palmeé su cabeza antes de que estallara la mía.
- Tato, es hora de rematar la faena. Ven aquí. Quiero probar esa polla tan dura.
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Tenía razón. Por mucho que me gustara lo que estaba haciendo teníamos que terminar o nos iban a dar las uvas. Y la tenía como una piedra, tanto que casi me dolía. Pero no tenía ni idea de cómo ella pensaba seguir con el espectáculo.
- Hermanito. Voy a darme la vuelta y me vas a follar un rato de perrito. Levanta una de mis piernas para que lo vea todo el mundo. Luego cambiamos y te voy a montar hasta que te corras.
¡Vaya!. Pues sí que lo había pensado. Estaba claro que ya tenía muchas tablas. Pero en ese momento no era capaz de pensar en que se desnudaba varias veces a la semana para babosos que solo pensaban en follarla. Osea básicamente como yo. Y que pagando podían hacerlo. Esperaba que a mí me hiciera precio de familia.
En ese instante solo podía seguir sus instrucciones. La ayudé a girarse en el diván lo más sensual que pude. Su cuerpo sinuoso se movía cómo si lo hubieran hecho para eso.
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Desde luego este chico tiene cualidades para esto. Parece que sabe donde poner las manos en cada momento, no solo para acariciarme y excitarme sino para dar espectáculo además.
Cuando me arrodillé sobre el mueble se puso detrás y me acarició los pechos mientras besaba mi cuello. Notaba el durísimo rabo en el canal entre mis nalgas, se veían las ganas que tenía de penetrarme.
Cuando apoyé las manos en el tapizado el glande se deslizó casi solo entre los labios de mi vulva. Eran las ganas, mi humedad y su dureza. Volví a soltar un fuerte jadeo a juego con el suyo. Un segundo más tarde estaba en mi interior. Su mano agarró mi muslo con firmeza pero sin hacerme daño.
- Vamos, nene. Fóllame. No dirás que no tenías ganas. Pero despacio, que se vea lo que hacemos.
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A punto estuve de empezar a darle como un conejo en celo. Pero conseguí contenerme a tiempo. Recordé donde estábamos, rodeados de gente que nos miraba y quería disfrutar.
Así que me controlé y empecé a moverme despacio y firme llegando a rozar su clítoris con mis huevos a cada empujón. Pero allí estaba una de sus manos acariciándose y haciéndolo también con mis testículos.
- Tata, no creo que aguante mucho más. Me tienes a mil.
- Vale, te toca. Suéltame y ven a tumbarte.
Ahora fue ella la que guió mis movimientos como un un ballet hasta que me tuvo tumbado boca arriba y con el rabo apuntando al techo. Cuando la miré a su bonito rostro se estaba relamiendo. Despacio se fue subiendo sobre mi cadera. Con los pies a los lados de mi cuerpo, de pie sobre el mueble, la melena suelta, parecía una diosa guerrera, salvaje.
- Vamos, cariño. Baja.
Fue arrodillándose y volví a estar en su interior. Tal y cómo estábamos la mayoría del público solo veía mis piernas, su culo y cómo entraba mi polla en ella cada vez que subía y bajaba su cadera.
Nosotros en cambio nos mirábamos a los ojos. Y además de lujuria creía ver amor en ellos. Aquello era un reflejo de lo que había en los míos. La quería y la deseaba en ese instante cómo no lo había hecho nunca hasta entonces.
Cogió mis manos y las llevó a sus tetas. Me dediqué a acariciarlas y pellizcar sus pezones con suavidad mientras ella nos llevaba al éxtasis con su cadera.
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En cualquier ocasión y con otro cualquiera le hubiera calzado un condón desde el principio. Podía haberlo hecho con la boca al comienzo cuando le estaba chupando la polla. Pero quería su semen en mi interior. La lefa de mi hermano en mi coño. No iba a quedarme embarazada.
Así que seguí follándolo hasta que se corrió. Y ¡Oh! ¡Joder! Antes de que él lo hiciera yo había tenido dos orgasmos más. No solía pasarme en ese sitio más que con clientes muy especiales y alguna vez masturbándome en ese mismo escenario ante el público. Exhibicionista que es una.
Estaba muy claro qué eso no era un polvo más. Sino algo muy especial. Algo que iba a cambiar nuestra relación para siempre. Me dí cuenta mientras lo hacíamos pero al ver su cara allí debajo, vi que en ella había amor además de lascivia.
Al notar cómo se corría decidí que teníamos que terminar con un último acto de lujuria. Me giré y le puse el coño en la boca. Mientras yo enseñaba al público su rabo aún duro y lleno de semen y de mis fluidos. Todos comprobaron que se había corrido dentro de mí.
- ¿Te atreves?. Cielo.
Para entonces él ya me estaba comiendo el conejo con su propio semen rezumando. Y yo volví a disfrutar de su rabo en la boca. Tenía mis jugos y las últimas gotas de los suyos y pude saborearlo.
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Ella había conseguido lo que quería. Bueno y yo también, a ella. Ahora no sabía cómo iba a terminar esa noche ni cómo continuaría nuestra vida a partir de entonces.
- Relájate tato. Tenemos que hablar, pero no aquí, no ahora y desde luego lo repetiremos. Ahora nos vamos a levantar, hacemos una reverencia y me sigues para vestirnos.
Aunque me temblaban las piernas conseguí seguir sus instrucciones. En pelota picada, cogido de la mano de mi hermana y con la polla soltando las últimas gotas de semen de la mejor corrida de mi vida me incliné hacía el público. Salió como si lo hubiera hecho toda mi vida.
Me guió detrás de una cortina al fondo del escenario que era por donde ella había salido para empezar su streptease.
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La compañera había llevado nuestra ropa al vestuario que usamos todas. Allí nos retiramos para componernos y recuperarnos.
- ¡Joder, cielo!. Ha sido...
- Maravilloso.
Las chicas que había por allí o pasaban miraban a mi hermano con deseo y a mí con envía. Pero casi ninguna se atrevía a decir nada. Excepto la rubita que había estado con mi hermano al principio de la noche. Desde luego estaba muy curiosa.
- ¡Habéis estado geniales chicos!. Saltaban chispas. Parece que os conocéis.
- ¿Quieres saludar a mi hermano?. Dale un besito.
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Desde luego aquello no fue un simple beso. Fue un morreo en toda regla. Buscó toda la saliva que había dejado mi hermana dentro de mi boca.
- ¿Tu hermano?. Pues es una auténtica joya. Me habéis puesto cachonda cómo pocas veces en mi vida.
- ¿No te escandalizas?.
- Todo lo contrario. Yo también estoy dispuesta a hacerle precio de familia si me hace todo eso que he visto ahí fuera.
Mientras me iba vistiendo las dejaba hacer y decir. Desde luego deseaba a mí hermana y la quería. Pero esa sería una relación muy complicada. Al final mi hermanita se dirigió a mí.
- Tato. No quiero celos. Te amo, hoy más que nunca y desde luego repetiremos esto muchas veces en cuanto podamos. Pero este es mi trabajo y quiero que tú también hagas felices a muchas chicas como hoy has hecho conmigo.
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Esa noche el local batió un récord en el número de polvos. Todos los que nos habían visto follar subieron a las habitaciones con una chica. Querían emular lo visto en el salón. Aunque por supuesto nadie consiguió alcanzar nuestro nivel.
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Ese nivel fue lo que nos abrió nuevas oportunidades a los dos. Esa grabación y fotos que yo no sabía que nos habían hecho nos ha llevado a una carrera en el porno y más espectáculos en vivo. Los hermanos que follan juntos.
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Larga y próspera vida





