Quiero que me desvi...
 
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Vaciar todo

Quiero que me desvirgues, papi.

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José
(@quique)
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Topic starter   [#1386]

Roque era un cuarentón, alto, moreno y bien parecido. Le había tocado la lotería hacía unos años y vivía mejor que bien. Tenía una sola hija y le daba todo lo que se le antojaba. Su nombre era Bárbara, pero le llamaban Barbie, ya que era como la muñeca. Era flaca, tenía el cabello rubio, los ojos azules y unas piernas de vértigo, la única diferencia entre ellas consistía en que Bárbara era de carne y hueso, tenía tetas medianas, cintura fina y el culito respingón. 

Eran las diez de la noche. El servicio se había ido y Beatriz, la segunda esposa de Roque, se fuera a la despedida de soltera de una amiga. Roque, en bata de casa, estaba sentado en un tresillo de cuero negro  leyendo un artículo de prensa. Barbie, sentada a su lado, con la cabeza en su hombro y en pijama, miraba la televisión donde estaba hablando una sexóloga de los genitales masculinos. Barbie le preguntó a su padre:

-¿Puedo ver tu pene, papi?

Roque, que estaba a lo suyo, le respondió:

-Claro, hija, claro, lo que tú quieras.

Barbie le abrió la bata, le echó la mano a la polla y Roque dio un bote en el tresillo.

-¡¿Qué haces, Barbie?!

-Me has dicho que podía ver tu pene.

-Yo jamás te diría eso.

-Pues me lo acabas de decir.

-No te había prestado atención.

Barbie, que era muy caprichosa, hizo pucheros.

-Quiero verlo.

-Tú lo que vas a ver es la cama.

Seguía haciendo pucheros.

-No me voy para cama hasta que lo vea.

Le volvió a echar la mano a la polla.

-Está más gorda. ¿Te he producido una erección? La sexóloga...

Le quitó la mano de la polla.

-¿Qué sexóloga?

-La de la tele.

Roque miró para la televisión. La presentadora decía:

-"Ahora os hablaré de ese gran desconocido para los hombres, sí, me refiero al clítoris."

Roque cogió el mando de la televisión y la apagó.

-¿Quién era esa?

-Lorena Berdún, es una sexóloga y ese programa se llama "Dos rombos"

-¡Si Franco levantara la cabeza, se moriría otra vez al ver esto en la televisión pública! Tira para tu cama.

Barbie le tenía la medida tomada y hacía siempre lo que le salía del coño.

-Vete tú que cuando estés dormido veré cómo es tu pene.

-¡No te atreverás a hacer algo tan obsceno!

-Sabes que lo haré, a no ser que me lo enseñes ahora.

-A ver, hija. ¿Qué dirías si yo te dijese que quería ver tu chochito?

Barbie se puso en pie, se bajó el pantalón del pijama y le enseño a su padre el coño, coño que tenía una pequeña mata de vello rubio.

-¿Te gusta?

Mirando para su precioso coño, le respondió:

-¡Sube el pantalón!

Barbie abrió el coño con dos dedos y mirando hacia abajo, le dijo:

-No tiene nada de malo que una hija le enseñe el chochito a su padre, ni que un padre le enseñe el pene a su hija.

A Roque se le puso dura viendo el color rojo carne de los labios vaginales de su hija.

-¡Te he dicho que subas el pantalón!

Quitó la mano del coño, pero no subió el pantalón.

-Enséñame tu pene.

-No te voy a enseñar nada.

-Enséñamelo.

Roque sabía que cuando a su hija se le metía una cosa entre ceja y ceja no paraba hasta salir con la suya.

-Si subes el pantalón dejo que me lo cojas y lo veas, pero diez segundos.

Barbie subió el pantalón del pijama y luego le sacó la polla. Estaba gorda y tiesa. Con ella en la mano se le iluminó la cara.

-¡Qué Bonito! ¿Puedo darle un beso de agradecimiento?

-¿Por qué quieres dar un beso de agradecimiento?

-Porque le debo la vida.

-Mejor que no se lo des. Ya pasaron los diez segundos.

No le hizo caso. Le dio el beso, la polla echó aguadilla por el meato y le mojó los labios. La metió en la boca y la chupó.

-¡Qué haces, Barbie!

-Chupártela.

Roque sabía que aquel repentino interés por su polla se debía a algo, pero no lograba adivinar que era.

-Tú buscas algo más que ver mi polla, Barbie. ¿Qué es?

Dejó de chupar lo miró a los ojos y soltó la bomba:

-Quiero que me desvirgues, papi.

-¡¿Te has vuelto loca?!

-No, es que Eusebio quiere que lo hagamos y tengo miedo de que me haga daño, y cómo tú tienes experiencia...

-¡Lo mato!

-Irías a la cárcel.

Volvió a chuparle la polla.

-¡Me cago en mi puta sombra! ¿Cómo puedo dejar que me hagas esto?

-Porque te gusta. ¿Me desvirgarás?

Por la forma de chupar de su hija, supo que ya se la chupara más de una vez a ese "amigo" que se acababa de echar. Comprendió que tuviera ganas de ser penetrada y al mismo tiempo temer que le doliera mucho. Roque no podía consentir que aquel pelanas le hiciese daño a su hija. Le dijo:

-Sí. ¿Algo más que me quieras decir?

Dejó de chupar.

-Sí, sabes, papi, Eusebio nunca me comió el chochito, ni las tetas, y mis amigas dicen que se siente muy rico que te hagan esas cochinadas. ¿Me las harás?

-Si, cariño, te las haré, te haré esas cochinadas y alguna más.

Roque la cogió en brazos. Barbie rodeó el cuello con sus brazos y lo fue besando hasta llegar a la habitación de matrimonio, allí la dejó de pie en el piso. Barbie se quitó el pijama y quedó totalmente desnuda. Roque vio cómo brillaban el interior de sus muslos con los flujos que habían salido de su coño.

-Antes de nada voy a coger el aceite de coco.

Se fue al cuarto de baño y volvió con el aceite en una mano, desnudo y con la polla morcillona y colgando.

Barbie se había echado sobre la cama de matrimonio, Roque puso el aceite de coco sobre la mesita de noche y luego se metió en su cama con su hija. Le echó las manos a las caderas y la puso boca abajo. Le levantó su culito respingón, le separó las duras nalgas y le lamió el periné y el ojete. Barbie comenzó a gemir, la puso a cuatro patas y luego le lamió y folló el ojete y le magreó sus duras tetas. Al rato, Barbie le preguntó:

-¿Me vas a desvirgar también el culo, papi?

-No, cariño, sólo te estoy calentando.

-Pues calientas bien, papi, porque cómo sigas, me corro.

Siguió lamiendo y follando su ojete y magreando las tetas y Barbie, explotó:

-¡Me corro, papi, me corro!

Se corrió. Al correrse le comenzaron a temblarle las piernas y acabó de correrse estirada sobre la cama.

Al terminar de gozar, Roque besó y lamió sus nalgas, luego subió lamiendo y besando su columna vertebral, besó su nuca y besó su cuello. Barbie se dio la vuelta. La besó en la frente, le lamió el cuello y las orejas, la besó en la punta de la nariz, en las comisuras de los labios y luego la besó con lengua. De la boca pasó a las tetas. Vio sus pezones erectos, le tiró de ellos y después se los lamió y se los chupó, acto seguido lamió y chupó sus areolas y luego mamó y magreó sus tetas... Cuando besó y lamió su ombligo ya Barbie estaba perra perdida de nuevo. Al bajar al su coño, Barbie, impaciente, lo abrió con dos dedos para que se lo lamiese. No se veían los labios ni la vagina. El coño estaba cubierto por una líquido espeso, con la textura del semen, pero aún más blanco. La lamió y con la leche en su lengua besó a su hija. Barbie casi se corre con el estremecimiento que recorrió su cuerpo. Luego beso sus pezones, su ombligo, y volvió al coño. Chupó su clítoris, lamió en horizontal, en vertical, hizo círculos sobre él, volvió a chupar, y chupando, Barbie, se arqueó y comenzó a correrse. Roque siguió el coño con la boca y no dejó de chupar su clítoris hasta que su hija soltó el último gemido y la última gota de jugos. y cuando lo dejó fue para lamerle los jugos de la corrida, tragarlos y seguir lamiendo, lentamente, al tiempo que jugaba con sus pezones con cuatro dedos, dos de cada mano. Barbie acariciaba el cabello de su padre. Instintivamente subió y bajó la pelvis. Roque aplastó su lengua contra el coño. Barbie siguió moviendo la pelvis de abajo a arriba y de arriba a abajo. Cuanto mas rápido la movía, más le gustaba, así que fue acelerando hasta que le dio una corrida en la boca a su padre.

-¡Me corro en tu boca, papi!

Al acabar de gozar quedó sin fuerzas. Roque le dio un pico en los labios y le dijo:

-Descansa, cielo.

Con una bella sonrisa en los labios, le dijo a su padre:

-Era mucho más rico de lo que decían mis amigas.

Le dio el tiempo justo para recuperarse, luego untó la polla con aceite de coco y después le echó en el coño. El coño le quedó lubricado a más no poder. Se arrodilló delante de su hija, la cogió por la cintura, le puso la polla en la entrada de la vagina y empujó con cuidado. Al entrar la punta miró a su hija para ver si su rostro expresaba dolor. Al no espesarlo la sacó y se la metió un poquito más, luego otro poquito más hasta llegar a la corona. Metió y sacó ese par de centímetros la tira de veces. La vagina se fue dilatando. Cuando le metió el glande entero, Barbie hizo una pequeña mueca, pero era de molestia, no de dolor. El resto fue coser y cantar, mejor dicho, meter y sacar, eso sí, lentamente... Lentamente la estaba follando cuando Barbie se puso tensa, sus ojos se cerraron de golpe y se corrió. Roque, viendo la cara de placer de su hija, sintiendo cómo temblaba debajo de él y oyendo sus gemidos, no se corrió de puro milagro.

Al acabar de correrse Barbie, la puso encima de él, esperó a que su respiración fuese normal, y luego, con toda la polla dentro del coño, la besó y le dijo:

-Ahora follarme tú a mí.

-¡¿Yo?! Si no sé.

-El comer y el follar todo es empezar.

Increíble lo rápido que aprende una chica a follar. No le tuvo que decir que le diera las tetas a mamar, ni que lo besara, y mucho menos cómo lo debía follar. Y dirá alguno o alguna: "Esa ya estaba cansada de mirar porno." Pues no, esta historia ocurrió a finales de los años setenta, cuando Internet aún no era un proyecto... Pero volvamos al turrón. Barbie cabalgó a Roque a su aire, y como ya he dicho, le dio las tetas a mamar y le comió la boca. Estaba comiéndole la boca cuando sintió que su padre se iba a correr. Roque le dijo:

-¡Quita, quita!

No se quitó de encima, lo cabalgó al galope y se corrió con él.

Roque, cuando pudo, la quitó de encima y le dijo:

-A ver si no hemos hecho una barbaridad.

-No te preocupes, papi, no va a pasar nada. Beatriz y yo fuimos al médico y ahora tomo la píldora.

 

Beatriz, la esposa de Roque, era una treintañera, morena, que estaba cómo un queso, y que también le le daba caprichos a Barbie a espaldas de Roque. No hacía las veces de madre, pero era su mejor amiga y su confidente.

Ese sábado por la tarde iban a ir de compras. Beatriz abrió la puerta de la habitación de Barbie y vio que se había puesto un vestido rojo, corto, ajustado al cuerpo y con un escote que dejaba ver parte de sus tetas. Le dijo:

 -El rojo te sienta bien.

Barbie, que estaba delante de un gran espejo que había en la pared, se recogió el cabello con las dos manos, se puso de lado, se miró al espejo, y le respondió:

-No creo que este vestido realce bien mi figura.

-Realza, estás arrebatadora. ¿Cómo has hecho para que o se te marquen las bragas y el sujetador?

-No poner una cosa ni la otra.

Barbie miró para Beatriz y vio que llevaba un vestido cómo el suyo, pero de color blanco.

-Tú sí que estás arrebatadora, vas a ir arrancando suspiros a tu paso.

-Siempre serás tú el centro de atención, Barbie.

Barbie se acercó a Beatriz, la tomó por la cintura, la miró a los ojos y le dijo: 

-¿Y si no vamos de compras, Bea?

-Eso que estás pensando no puede ser.

La besó en el cuello.

-¿Nunca te pasó por la cabeza hacerlo conmigo?´

Beatriz se puso nerviosa.

-No. ¿A ti se te paso esa barbaridad por la cabeza?

-No, pero anoche, en mis sueños he estado contigo.

Le dio un pico, después la empujó sobre la cama. Beatriz se dejó caer y luego se sentó en el borde, y le dijo:

-Los sueños, sueños son, cariño.

Barbie se sentó al lado de su madrastra.

-Pero parecía tan real. Me corrí tan rico...

Echó a Beatriz hacia atrás, se tiró encima de ella y le metió la lengua en la boca. Beatriz se la quitó de encima y se puso en pie.

-¡No te voy a follar, cabeza loca!

Barbie salió de la cama, bajó la cremallera del vestido y quedó totalmente desnuda. 

-¿No te gusta mi cuerpo?

Beatriz recordó sus polvos con una compañera de cuarto de la universidad y el cuerpo le pidió guerra, pero le dijo:

-Tienes un cuerpo precioso, pero soy la esposa de tu padre.

-¿Y si no lo fueras?

-Si no lo fuera, no estaría aquí.

-Pero estás.

-No voy a hacerlo contigo, Barbie.

La volvió a coger por la cintura.

-Hazme cochinadas.

-No te voy a dar ese capricho.

-¿Qué te cuesta?

-Me cuesta que si se entera tu padre que te follé me corre a patadas.

-Nunca lo sabrá, si tú no se lo dices.

Barbie besándola con lengua, le bajó la cremallera del vestido.

-No le puedo hace esto a tu padre.

Le quitó el vestido y vio que llevaba puesta una lencería negra a juego con sus zapatos con tacón de aguja.

-¡Estás preciosa! ¡¡Y qué sexy!!

-No debíamos.

 Le quitó el sujetador y vio sus bellas tetas aperadas con areolas oscuras y sus bellos pezones. 

-Tienes unas tetas muy bonitas. 

Luego le quitó el resto, se echó sobre la cama y le dijo:

-Hazme cochinadas.

Beatriz miró para Barbie y vio la cosita más deseable que haba visto en su vida, aún así, dijo:

-No puedo.

-Sí que puedes, ven y hazme feliz.

-Puedo, pero no debo.

Estiró los brazos hacia su madrastra y le dijo:

-Ven.

Beatriz, que ya estaba mojada,  entregó el equipo

-Tú ganas.

Beatriz se echó encima de Barbie, le puso una mano en la nuca y se besaron con lengua. Luego le besó el cuello, pasó a lamerle un pezón de la teta izquierda, lamió la areola y chupó la teta, después le comió la otra teta y a continuación se sentó encima de ella y le puso una teta en la boca. Barbie le echó las manos a las tetas, y magreándoselas, las mamó. Más tarde, Beatriz frotó sus tetas con las de su hijastra, y luego se volvieron a besar. Besándose, Beatriz, le echó una mano al coño y empapó la palma de la mano de jugos. Barbie se arqueó y comenzó a gemir cuando dos dedos entraron en su coño. Beatriz tenía experiencia. Masturbándola, la llevó a casi al punto de no retorno. En ese momento metió la cabeza entre sus piernas y le pasó la punta de la lengua de abajo a arriba entre los labios vaginales. Al sacarla un hilillo de jugos fue desde el coño a la lengua, lo rompió con el canto de la mamo y volvió a lamer de abajo a arriba, luego aplastó la punta de la lengua contra el coño y lo lamió cómo si fuera la bola de un cucurucho de helado. Barbie se corrió cómo una bendita. 

-¡Me muero de placer!

Al acabar de correrse, le preguntó:

-¿Te gustó hacerme cochinadas?

-Me encantó. No todas las mujeres tienen el privilegio de poder gozar de un cuerpo diez.

-No exageres.

-No exagero, tu cuerpo es perfecto.

-¿Y qué quiere que haga este cuerpo perfecto para que te corras?

-Solo necesito que te abras de piernas, que las levantes hacia arriba y que las sujetes con las manos.

Hizo lo que le dijo. Beatriz, de lado, puso su coño sobre el de Barbie.  Juntó los coños y los frotó. Cada vez que los separaba bajaban jugos por el culo de Barbie y unos hilillos blanquecinos iban de un coño al otro. Beatriz estaba que echaba por fuera. Con tres dedos retiró hacia atrás el capuchón de su clítoris y con otros tres dedos retiro hacia atrás el capuchón del clítoris de Barbie, luego  moviendo el culo frotó un glande contra el otro. Ni un par de minutos tardó Barbie en decir:

-¡Me corro otra vez!

A Beatriz también le vino. Retiró los dedos y frotando los coños, acabaron haciendo una piscina de jugos. ¡Quien me diera estar allí para dejárselos limpitos!

 

Era una noche de fuertes lluvias. Beatriz estaba en cama con Roque, él le había echado una mano a una teta tanteando el terreno, pero la mujer se sentía mal por lo que había hecho días atrás. Tenía que contárselo a su marido aún sabiendo que le podría costar que la pusiera de patitas en la calle... Beatriz creía que era mejor que se acabase su matrimonio a vivir una farsa. Le dijo:

-Te tengo que contar algo muy grave.

Roque se lo tomó a broma.

-¿Te has roto una uña?

Se lo soltó sin anestesia.

-Te he sido infiel.

A Roque lo recorrió un escalofrío. Quitó la mano de la teta.

-¡Esas cosas se callan, coño! A no ser... ¿Me los has metido con otra mujer?

-Sí.

En los labios de Roque se dibujó una sonrisa.

-Por eso me lo cuentas. ¿Te has encontrado con tu compañera de cuarto de la universidad en la despedida de soltera?

-No, no fue con ella.

-¿Con quién me has metido los cuernos?

-Con tu hija.

La sonrisa desapareció de los labios de Roque.

-Déjate de bromas.

-Estoy hablando muy en serio.

Roque se hizo el digno.

-¡¿Cómo has podido?!

-Me sedujo.

-¿Te sedujo o te dejaste seducir?

-Ambas cosas.

-Debí suponer que algo así podría ocurrir. Pasáis demasiado tiempo juntas en su habitación. 

-Pero nunca antes...

-Era cuestión de tiempo. Mi hija está en la edad de experimentar y tú llevas una lesbiana dentro...

-¿Me estás justificando? Ayayay que esto me está oliendo mal. ¿Has tenido relaciones con tu hija?

-¡¿Cómo te atreves a hacerme esa pregunta?!

-La has tenido, si no la hubieses tenido ya me hubieses largado de la cama. ¡Qué hijo de puta! Igualito que mi padre!

-¡¿Es que follaste con tu padre?!

-No, folló con mi hermana mayor y lo peor es que se fugó con ella. ¡¿Cómo has podido?!

Roque se quitó la careta.

-Fue por una buena causa, o eso creí hasta que lo pensé fríamente.

Beatriz se destapó y se iba a levantar de la cama, pero lo de que follara con su hija por una buena causa le hizo cambiar de opinión, se quedó en cama y le preguntó:

-¿Qué buena causa puede perseguir un padre follando a una hija?

Le contó lo del miedo al dolor al ser desvirgada y cómo había llegado a ese punto.

-¡Pero tú eres su padre, cabrón! 

-Si hubieses estado en mi lugar... Tan bella, tan parecida su madre...

-¡¿Su madre se fue con otro y aún piensas en ella con cariño?!

-No puedo evitarlo.

-Esto no pinta bien, Roque. Si yo la deseo y tú la amas...

-Podemos seguir juntos y revueltos.

-¿Qué quieres decir con juntos y revueltos? ¿En que estás pensando? 

-Ahora mismo estoy pensando en echarte un polvo y dejarte los ojos en blanco.

-Esto no pinta bien, Roque, esto no pinta bien.

-¿Follamos?

-Vale, pero no fantasees con tu hija mientras me la clavas.

-Ni tú fantasees con ella cuando te la coma.

El subconsciente los había delatado. Fantasear con Barbie era lo que tenían pensado hacer.

Barbie, que había estado escuchando la conversación al otro lado de la puerta, con una sonrisa en los labios se fue a su habitación a madurar un plan.

Cinco minutos más tarde caían chuzos de punta, los rayos iluminaban la noche y el ruido de los truenos era ensordecedor. Barbie, en camisón, entró corriendo en la cama de su padre, se metió entre él y Beatriz y dijo:

-¡Tengo miedo!

Al acurrucarse a la espalda de Beatriz, se encontró con que estaba desnuda. Le preguntó:

-¿Estabais echando un polvo, Bea?

-¿Tú que crees si tu padre y yo estamos desnudos?

Les entró a saco.

-Quiero ver cómo lo hacéis.

-Vuelve a tu cama y no digas tonterías, Barbie.

-Quiero ver cómo lo hacéis.

Roque quiso poner orden.

-Respeta nuestra intimidad, cariño.

Puso su voz de mimosa.

-Venga, no seáis malos.

-No insistas, no vamos a ser tus mascotas.

Barbie echó una mano hacia atrás y se encontró con la polla empalmada de su padre. La empuñó, se le mojó la mano y con la palma mojada comenzó a hacerle una paja. Roque no dijo nada. No le iba a decir a su hija que le soltara la polla porque quería que siguiese.

-Debe ser una pasada ver como la polla entra y sale de tu coño, Beatriz.

-No vas a verlo.

Barbie hizo cómo que daba su brazo a torcer.

-Vale, pero voy a dormir aquí, qué sola tengo miedo.

-Duerme. Ya pondremos la ropa interior más tarde.

Barbie le metió la mano entre las piernas a Beatriz y se encontró con el coño encharcado. Beatriz abrió un poco las piernas al sentir cómo dos dedos entraban en su coño.

Barbie, masturbando a los dos, dijo:

-Vale, intentaré dormir.

Al rato le echó la otra mano a las tetas a Beatriz y magreándola echó el culo hacia atrás. La raja de su culo chocó con la polla del padre. Le frotó el culo contra la polla, dejo de magrear las tetas, se levantó el camisón y su coño se encontró con la polla. Como no llevaba bragas, empujó y la cabeza de la polla entró en la estrecha vagina. Luego Barbie, despacito, la metió hasta el fondo de su coño. No hacía ruido, y aunque lo hicieran, el ruido que hacía la lluvia cayendo sobre el tejado y el ruido de los truenos, no los dejarían oír. Folló a su padre muy, muy lentamente. Sacaba la polla dos o tres centímetros y la volvía a meter. Lo mismo hacían los dedos en el coño de Beatriz. El polvo y la paja, con la lentitud que los ejecutaba, podrían durar hasta el alba... Pasado un tiempo sudaban los tres cómo cerdos, pues además del calor corporal, la calefacción estaba encendida. Llegó un momento que Barbie, o se corría, o le daba algo, así que folló a su padre con fuertes embestidas y masturbó a su madre a toda pastilla. Coincidió que había amainado la tormenta. Ahora los ruidos que se oían eran los del chapoteo que hacían los dedos dentro del coño de Beatriz, los del chapoteo de la polla al llegar al fondo del coño de Barbie y encontrarse con los jugos y los ruidos que hacía la cama. Beatriz, oyendo los ruidos, sintiendo los dedos de la mano de Barbie frotar su clítoris y sabiendo que Barbie estaba follando a su padre, se excitó tanto que el cuerpo se le puso tenso. Tapó la boca con una mano y se corrió cómo una golfa. A pesar de tapar la boca con la mano, se oyó cómo gemía. Barbie, al correrse, no tapó nada, al contrario, gimió como una condenada y se convulsionó. Roque le llenó el coño de leche a su hija en completo silencio.

Ni Roque ni Beatriz se atrevían a encender la luz. La encendió la consentida, se destapó, los vio desnudos y dijo:

-Esto pinta bien, Bea.

Beatriz se dio cuenta de que los había estado escuchando.

-No se debe escuchar detrás de las puertas.

-A veces escuchar detrás de las puertas ayuda a dar el paso definitivo.  ¿Seguimos?

Siguieron, pero aquí lo dejo, pues lo mejor ya os lo he contado.

P.D.

¡Quién me diera estar allí con los tres! ¿Y por qué no voy a estar? Estoy solo. Mi polla está morcillona. De imaginación no ando mal... Me pongo a ello.

Quique.

 


   
1
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nyctidromus
(@nyctidromus)
Miembro Erótico Autor
Registrado: hace 5 años
Respuestas: 933
 

uff que relato Quique que relato tan morboso incesto, lésbico que relato estoy a tope con tu relato


scripsit nyctidromus

sanguine et pulvis
n****@gmail.com


   
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(@rafva)
Nuevo miembro Autor
Registrado: hace 4 años
Respuestas: 1
 

Buen relato.

situacion idílica para cualquier hombre.



   
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