Andrés, un veinteañero moreno, alto y seco, se había metido en la cama a las dos y pico de la madrugada, cansado de trabajar. Rosa, su esposa, una veinteañera morena, de estatura mediana, delgada, ojos marrones, con media melena negra, buenas tetas, buen culo y carita de ángel, que lo estaba esperando desnuda, se destapó, le acarició el cabello y le dijo:
-Cariño. ¿Podemos tener sexo esta noche?
-Estoy muy cansado y tengo que levantarme temprano.
-¿No quieres?
-Estoy muy cansado.
-Vamos, siempre dices lo mismo.
-Déjame.
Le rogó.
-Vamos, solo un rato. Lo haré yo todo, tú no tendrás ni que moverte.
Te dije que estoy muy cansado.
Le dio la espalda. Rosa se sentó en la cama y tirando por él, le dijo:
-Tengo tantas ganas que acabaré enseguida.
-¡Que pesada eres!
-Por favor, por favor, por favor, cariño.
Andrés se puso boca arriba, y con desgana, le dijo:.
-A ver si es verdad que acabas pronto, que tengo que madrugar
Besándolo con lengua y sin ser correspondida, le sacó los botones de los ojales del pijama, lo besó en el cuello y después le lamió y chupó las mamilas. Chupando y lamiendo le echó la mano derecha a la polla por encima del pantalón del pijama.
-La tienes dura.
Andrés siguió con los ojos cerrados mientras le chupaba y lamia las tetillas. Luego dijo Rosa:
-Vamos a ver la erección que tienes.
Le quitó el pantalón del pijama y los calzoncillos y la polla quedó mirando para arriba.
-Está para comerla.
Se puso entre sus piernas, empuñó la polla y bajando y subiendo la mano, le preguntó:
-¿Te gusta, cariño?
No iba a recibir respuesta. Le lamió el glande, se lo chupó y le lamió el tronco de la polla.
-¿Lo hago bien, cariño?
A Andrés le había comido la lengua el gato. Rosa lamió y chupó sus huevos.
-¿Qué tal aquí?
Andrés seguía mudo. Lamió de abajo a arriba y se la mamó metiéndola toda en la boca.
-Está muy rica. Chúpamela tú también.
Haciendo un 69 le puso el coño en la boca. El muerto resucitó, pero solo para sacar la lengua.
-Chúpala.
No iba a chupar, bueno fue que quitara la lengua. Rosa mamó su polla y frotó el coño empapado contra la lengua.
-¡Qué rico!
Se frotó moviendo el culo, pero como vio que no iba a chuparle el coño, le cogió la polla, la puso en la entrada de a vagina y bajando el culo la clavó hasta el fondo.
-Está muy dura.
Comenzó a follarlo.
-¡Qué rico! ¿Te gusta que te folle?
Rosa no paraba de gemir mientras lo follaba a toda ostia.
-La siento cada vez más dura.
Al rato le dijo:
¡Me voy a correr!
El muerto empezó a correrse, la quitó de encima y se acabó de correr fuera.
Rosa, que no se había corrido, le dijo:
-¿Por qué la quitaste?
-Iba a correrme dentro de ti.
-Sabes que quiero tener un hijo.
-Yo no quiero tener hijos.
-¿Por qué?
-Porque no me gustan los niños.
-Habérmelo dicho antes de casarnos.
-No me lo preguntaste.
En toda la noche no volvieron a dirigirse la palabra, que, por otro lado, era lo que quería Andrés
Con Andrés y Rosa vivía desde hacía un mes Braulio, el padre de Andrés. Braulio era cincuentón y usaba gafas, era moreno, alto y seco, y un buenazo, al que se le veía el cartón, o sea, que tenía en la cabeza una pista de aterrizaje para las moscas. Estaban comiendo a la mesa de la cocina y Andrés tragaba con voracidad para acabar pronto y volver a trabajar. Le dijo Braulio:
-Come despacio que te vas a atragantar.
-Tengo que volver al trabajo lo antes posible. Si los dejo solos en un par de meses me arruinan la imprenta.
-Las prisas no son buenas consejeras. Leí en la prensa que un joven, por ir con prisas, tuvo un accidente y ahora está muy grave, ya que no había suficiente sangre de su grupo sanguíneo para hacerle transfusiones.
Rosa le preguntó:
-¿No tiene familia?
-No debe tener.
-Pobre chaval.
Andrés limpió la boca, se levantó y les dijo:
-Me voy. No volveré hasta muy tarde. No me esperes despierta, Rosa.
Rosa le dijo:
-Vas a llegar muy tarde, para no variar. Conduce con cuidado.
-Lo haré.
A irse, le dijo Rosa a su suegro:
-No me sale de la cabeza ese pobre joven.
-A mi hijo no le va a pasar nada así, y si le ocurriera una desgracia de ese tipo tenemos el mismo grupo sanguíneo y se la daría.
-¡¿Tienen el mismo tipo de sangre?!
-Sí, tenemos.
-Es bueno saberlo.
-Sí, esas cosas es bueno saberlas.
Siguieron comiendo y hablando de otras cosas.
Al día siguiente, Braulio estaba en un sillón de la sala leyendo una revista. Rosa llegó con una bandeja de pastas y café.
-Hice algo dulce con el café.
-Gracias.
Le puso la taza de café delante.
-¿Qué lees?
-La revisa Cosmopolitan. Tiene un artículo que me interesa.
-¿De qué trata?
-De cuanto tarda un hombre en olvidar a la mujer que amó.
-¿Y cuánto tarda?
Braulio tomó un sorbo de café y después le respondió:
-Aquí dice que de seis meses a dos años, pero yo hace cuatro años que me dejó mi mujer y aún no la he olvidado.
-Dependerá de cada persona, y de lo que se querían..., digo yo.
-Y dices bien, y si se comparte la alegría de tener un hijo con ella...
Rosa se puso triste.
-¿Te pasa algo, Rosa?
-No.
-Algo te preocupa.
Bajó la cabeza para decir:
-Sí, pero sería difícil hablarlo contigo.
-¿Es sobre Andrés?
-Sí.
-¿Qué le pasa a mi hijo?
-Que no le gustan los niños.
-¡¿Qué?!
-Que no le gustan los niños. A mí me encantan y quisiera tener uno, pero como casi... Es muy difícil decir lo que te iba a decir.
-Casi no hacéis nada en la cama. ¿Es eso?
-Eso es.
-Entiendo, pues tenéis que hablarlo, un niño alegra una casa.
-Volveré a hablar con él, pero creo que será inútil.
En el cine había una semana de reposiciones, con sesión continua y con entradas a medio precio. Rosa estaba en una butaca de la última fila. Había visto "Eyes Wide Shut", y ahora estaba viendo "Blue is the Warmest Colour". A su lado se sentó un cuarentón, trajeado, que venia a lo que venía. No tardó en ponerle la mano sobre una rodilla. Rosa se la quitó y la miró con seriedad. El extraño le sonrió. Le metió una mano entre las piernas y Rosa se la volvió a quitar. El extraño se bajó la cremallera del pantalón. Sacó la polla empalmada, le cogió una mano y se la quiso llevar a la polla, como no lo logró, se acomodó y empezó a menearla... Rosa miraba la película y miraba de reojo para la polla del extraño. Llegó la escena del parque donde se besan Adele y Emma y el extraño le volvió a meter la mano entre las piernas. Rosa le cogió la mano para quitársela de entre sus muslos, pero de repente se vio a Adele y a Emma desnudas comiéndose vivas. Quedó con su mano encima de la del extraño. La escena duraba una barbaridad. Cuando se corrieron las protagonistas, se abrió de piernas y dejó que la mano del extraño llegara hasta sus bragas empapadas, que las apartara para un lado, que le metiera dos dedos en el coño y la masturbara. Poco después el extraño dejó de masturbarse y le dijo al oído:
-Quita las bragas.
Estaba tan perra que se las quitó. El extraño se arrodillo delante de ella y no pudo lamerle el coño más de siete veces, y es que Rosa estaba tan buena de ir que a la séptima lamida se corrió en su boca.
Luego de correrse Rosa, le dijo el extraño:
-Vete al servicio de señoras que detrás de ti voy yo.
Rosa se arregló la ropa, se levantó, y dejando sus bragas olvidadas, se fue, pero a su casa.
Eso de tener una aventura y no contarlo, cómo que no tiene tano mérito. Así que Rosa, cuando llegó a casa llamó a su mejor amiga y se lo contó. Lisa, que así se llamaba su amiga y que además de amiga era su prima carnal, luego de contarle Rosa todo, con pelos y señales, le dijo
¿Por que no lo follaste, tonta?
-¿Tu lo harías?
-Yo lo follaría hasta secarlo, y a ti te haría lo mismo si estuviera ahí contigo.
-No digas barbaridades, ni tú ni yo somos bisexuales.
-Haba por ti, me has puesto tan cachonda que me muero por comer tu coño.
-¿De verdad que eres bisexual?
-¿Voy ahí y te lo demuestro?
-Está mi suegro en casa, y aunque no estuviera....
-Estrecha, que eres uba estrecha.
-Tú te has vuelto loca.
-¿Sabes que estoy haciendo desde hace un ratito?
-¡No me lo digas, prima, no me lo digas!
-Si, eso que acabas de pensar, y lo hago en la cocina mientras mi negro mira el fútbol.
-Como te pille Malik...
-¡Cómo te pille yo ti...! ¿Dónde estás?
-En mi habitación, sentada en el borde de la cama.
-¿Qué llevas puesto?
-No voy a jugar contigo.
-¿Qué llevas puesto?
-No insistas.
-Si supieras cómo tengo el coño. ¿Has comido algún coño jugoso?
-Sabes que no.
Me voy para mi habitación, no cuelgues.
Al ratito le decía:
-Me voy a quitar la blusa. Quítate la tuya.
-Tengo puesto el vestido de flores blancas y negras
-Quítalo.
-No lo voy a quitar.
Se lo quitó.
-Me estoy quitando el sujetador.
Rosa se quito el sujetador.
-Te vas a resfriar..
-Estoy sentada en la cama magreando mis tetas. ¿Quieres saber cómo son?
Rosa se sentó en la cama y magreado sus tetas le respondió:
-No, no quiero saberlo.
-Te lo diré igual. Son grandes, blanditas, tienen unas areolas rosadas inmensas y mi pezones son muy grandes. ¿Cómo son las tuyas?
-No te lo voy a decir.
-¿Tus tetas son cómo las mías?
Rosa ya no fingió más.
-Son grandes, con areolas oscuras, pezones normales y esponjosas. ¿Contenta?
-Magréalas.
-Ya las estoy magreando.
-¿Por encima del vestido?
-Me quité antes el vestido y el sujetador.
-¿Voy a tu casa?
-Ven.
Le había mentido respecto al suegro, ya que no estaba en casa. El caso era que se iban a dar el lote. Poco más tarde Lisa llamaba a a puerta de su prima y Rosa la abría. Al cerrar la puerta y ponerse cara a cara, Lisa le echó las manos al culo, le levantó el vestido, le bajó las bragas un poco. Sobándole las nalgas le metió la lenga en la boca. Se devoraron una a la otra. Se veía que se tenían ganas. Luego Rosa le dijo:
-Vamos para mi habitación.
Al llegar a la habitación, al lado de la cama, se volvieron a comer las bocas. Luego, Lisa, le quitó el vestido. Rosa quedó totalmente desnuda. De pie, le magreó las tetas y se las chupó, antes de arrodillarse y comerle el coño. Se lo comió lamiendo de abajo a arriba con ganas atrasadas, Rosa, en nada, se corrió en su boca. Al correrse cayó sentada de culo sobre la cama.
Luego de correrse la puso boca abajo y se desnudó. Bajo la ropa llevaba un arnés con una polla. Cuando le separó las nalgas, Rosa creyó que le iba a comer el culo. La sorpresa fue grande cuando la polla de goma, entró en su coño corrido.
¡Coooooño!
-El coño es lo que te voy a follar, prima.
Le dio marcha unos cinco minutos. Rosa, estaba encanada
-¡La puta que te pario! ¡¡Qué bien follas, cabrona! Vas a hacer que me corra otra vez.
Le dio a romper y Rosa explotó.
-¡Me corro!
Después de reponerse del cansancio del gustazo que había sentido, le dijo a su prima:
-Quita el arnés que te voy a follar yo a ti con esa bendita polla.
-No quiero que me folles.
-¿Quieres que te la coma?
-No, quiero que me folles el coño, quiero que me masturbes.
-Tú mandas.
Lisa se echó boca arriba, flexionó las rodillas y se abrió de piernas. Rosa le metió dos dedos dentro del coño y comenzó a masturbarla.
-Mete tres dedos.
La masturbó con tres dedos, pero no le llegaba.
-Junta los cuatro dedos y méteme el puño.
Rosa hizo lo que le había dicho y acabó entrando el puño y parte del brazo... Se ve que Malik tenía una tranca cómo la de un burro.
-Así, así, así. ¡Dame duro!
Le dio caña y pasado un tiempo le dijo Lisa:
-¡Me muero de gusto!
Se corrió cómo una cerda.
Al día siguiente, por la tarde, a Rosa le cayeron en el pasillo unas bragas rojas que llevaba entre la ropa que iba a meter en la lavadora. Braulio iba de la sala a su habitación cuando se las encontró. Las cogió y vio que estaban manchadas de orina, las olió y se fue con ellas a su habitación.
Rosa, al ir a meter la ropa sucia en la lavadora y coger el sujetador rojo, vio que le faltaban las bragas. Volvió sobre sus pasos para encontrarlas. Al pasar por delante de la habitación de su suegro, lo sintió gemir en bajito. Pensó que estaba llorando. Abrió la puerta para consolarlo y lo vio con los ojos cerrados, oliendo sus bragas y machacando su verga. Rosa dijo para si misma
-¡Qué grande y qué gorda la tiene!
Iba a regresar al cuarto de la lavadora a acabar el trabajo y dejar que se desahogara, pero se detuvo al oír cómo decía:
-Te voy a llenar el coño de leche, Rosa.
Volvió a mirar y vio cómo de la verga de su suegro salía una pequeña cascada de leche blanca y espesa. Se estremeció.
-¡Qué cantidad de leche!
Con unas tremendas, ganas de polla se fue al cuarto de la lavadora. Al agachare para meter la ropa sintió la humedad en sus bragas. Le vino a la cabeza aquella pequeña cascada de leche saliendo de la verga. Imaginó la leche llenando su coño y no se pudo resistir. Se puso en pie, metió una mano dentro de las bragas. La sacó pringada de jugos, lamió los dedos, volvió a meter la mano dentro de las bragas, se metió dos dedos y se masturbó, al tiempo que magreaba las tetas con la otra mano... Al correrse salieron tantos jugos por los lados de sus dedos que al caer al piso hicieron una pequeña charca, charca que al acabar de correrse limpió con una camiseta y luego metió dentro de la lavadora junto a la otra ropa.
Unos día mas tarde, por la noche, Braulio, estaba leyendo un libro en un sofá de cuatro plazas de la sala de estar, Rosa, en camiseta amarilla y una falda blanca con motivos rojos y muy corta, se inclinó y con un paño se puso a limpiar la mesa camilla que estaba delante de su suegro.
-¿Qué lees suegro?
Braulio levantó la cabeza y vio sus grandes tetas colgando.
-La Celestina.
-Calisto y Melibea.
-Sí.
Se puso a su lado para limpiar el polvo de un cuadro de la pared y Braulio vio sus bragas.
-La leí hace unos años.
La tenia al lado y sabía que lo estaba provocando. Por la cabeza le pasó echarle las manos al culo, bajarle las bragas y comerle el coño, pero era demasiado cobarde para hacerlo.
-No me cuentes el final.
-Descuida, no lo haré.
Rosa fue a limpiar el polvo del mueble de la televisión y le volvió a enseñar sus bragas rosas, bragas en las que ahora se marcaba el corte de su coño. Braulio ya estaba empalmado, pero la puñetera cobardía... Rosa, después enseñar más de lo que debía, cómo no le entró, le preguntó:
-¿Te traigo la leche caliente y el brandy?
-Sí, gracias.
Al rato volvía con la leche caliente en una mano y el brandy en la otra.
-Perdón por la espera.
-No hay nada que perdonar.
Le dio la taza con la leche caliente y cuando la iba a coger la giró hacia ella y la tiró sobre el vestido.
-Lo siento, suegro.
-No importa que se derramara la leche, lo que importa es tu vestido.
-Lo tengo mojado, iré a cambiarme de ropa.
Le dio el brandy y se fue. Poco después volvía a la sala vestida con una enagua corta. Braulio, al verla, le dijo:
-Habías dicho que te ibas a cambiar de ropa, pero no que ibas a ponerte tan fresca.
Se sentó al lado de su suegro y le susurró al oído:
-Mis bragas estaban mojadas y no quise poner otras, así que no llevo nada ahí abajo.
Luego con un dedo le gira la cara y le dijo:
-Mírame, suegro.
Miró y vio cómo los labios de su nuera se iban acercando a los suyos. Al sentir su contacto cerró los ojos, entreabrió la boca y se dieron un beso dulce y largo. Luego Rosa le echó la mano a la polla por encima del pantalón, sacó la lengua y le lamió la cara, la boca, el cuello..., y a final volvió a besarlo, pero esta vez devorándole la lengua. Al dejar de comerlo vivo, le preguntó:
-¿Vamos para tu cama, suegro?
Braulio, que aún tenía el libro en una mano, le respondió:
-Vamos.
Le dio una mano y Braulio, cogiéndola, se levantó y fueron para su habitación.
Rosa se sentó sobre la cama y Braulio en el borde.
Rosa le volvió a comer la boca. Braulio le echó una mano a la espada y con la otra le acarició una pierna y el culo. Luego, ella, le quitó las gafas y la camisa, lo puso a lo largo de la cama y se echó sobre él. Le levantó la camiseta, lo besó en la boca y después lamió y chupó sus tetillas, le echó la mano a la polla por encima del pantalón y se la apretó.
-¿Te gusta, suegro?
-Sí.
Bajó besando y lamiendo hasta el ombligo. Se puso en la posición del perrito entre sus piernas y bajándole la cremallera del pantalón, le dijo:
-Quiero verlo.
Le quitó los pantalones y luego besó la verga sin quitarle el calzoncillo.
-Está calentita.
Metió las manos dentro del calzoncillo por las perneras y le acarició los huevos. Luego empuñó la verga y la masturbó. Mirándolo a los ojos, le volvió a preguntar:
-¿Te gusta, suegro?
-Sí.
Le quitó los calzoncillos y la verga quedó mirando al techo. La empuñó.
-¡Qué grande, qué gorda es, y que dura está!
Dejó caer saliva sobre la punta y después lo masturbó. Era cómo si tuviera dudas sobre lo que estaba haciendo, ya que le volvió a preguntar:
-¿Te gusta así, suegro?
-Sí, se siente muy rico lo que me haces.
-Haré que lo sientas aún más rico.
Lamió y chupó el glande. Luego sacó la lengua y frotó el glande en ella.
-Tu verga sabe muy bien.
Le lamió y le chupó los huevos, al tiempo que lo masturbaba. Rosa gemía y hacía gemir a su suegro
-Te gusta. ¿Verdad, suegro?
-Me gusta mucho.
-Tu verga es tan gorda y está tan dura que me hará feliz.
-Me gustará hacerte feliz.
-Ahora quiero que me toques.
Le echó las manos a las tetas y se las magreó, Rosa, sin dejar de masturbarlo, fue a por su boca y se besaron con lujuria.
-Besas de maravilla, Rosa.
-Gracias, suegro.
Braulio la giró, la sentó sobre la cama y luego se arrodilló delante de ella. Besándola, le quitó la enagua, le tiró de los pezones y luego le magreó las tetas. Rosa se echó hacia atrás. Braulio le lamió los pezones, magreó sus tetas y se las chupó.
-¡Qué rico, suegro!
-Me gusta que te guste.
Le siguió comiendo las tetas hasta que le dijo:
-Tócame ahí abajo.
Braulio chupó el dedo pulgar y con la yema mojada le acarició el clítoris. Al ratito le dijo Rosa:
-Tócame más fuerte.
Le metió dos dedos dentro del coño y la masturbó.
-Vas a hacer que me corra.
-Pídeme que te chupe el coño.
-Chúpame el coño, suegro, chúpamelo.
Lamió su coño varias veces, chupó su clítoris y Rosa se corrió cómo una loba.
-¡Me corro, suegro, me corro!
Entre jadeos, le echó las manos a la nuca y le comió la boca. Al acabar de correrse, le dijo:
-¡Qué rico suegro, qué rico!
Le volvió a meter dos dedos en el coño y comiéndole las tetas, la masturbó. Al rato se volvía a correr.
-¡Sí, sí, sí, si, síííí!
Luego de correrse seguía con más ganas que cuando empezó a follar.
-Quiero tu verga dentro de mí -se la cogió con la mano-. Dámela toda.
Se la clavó de una estocada.
Entre gemidos, le dijo:
-Entra tan ajustada y sienta tan bien...
Braulio le dio cera, pero a Rosa le pareció poco.
-Fóllame duro.
Le dio duro, pero quería más leña.
-Fóllame más duro.
Le agarró las tetas y le dio a mazo.
-¡Me encanta!
Braulio tuvo que parar porque se corría. La besó y luego, mirándola a los ojos, le dijo:
-¡Qué bella eres!
Se volvieron a besar. Rosa rodeó su cuello con los brazos y le dijo:
-¿De verdad crees que soy bella?
-Sí, eres preciosa.
-Hace mucho tiempo que no me dicen que soy bonita.
Rosa hizo que su suegro se sentara, luego lo echó hacia atrás y lo montó. Braulio, le dijo:
-Móntame todo el tiempo que quieras.
Metió la polla dentro de coño y con las manos sobre su pecho lo folló bajando y subiendo el culo. Cuanto más fuerte le daba, más le gustaba.
-¡Me encanta sentir tu verga dentro de mi coño!
Sus gemidos se volvieron escandalosos. Poco más tarde ya estaba a punto.
-¡Qué rico! Me voy a correr otra vez... ¡Me corro!
Apretando el culo le bañó la polla con una tremenda corrida.
Al acabar de correrse, y con la polla dentro del coño, se giró, le dio la espalda y volvió a follarlo.
-¿Te gusta mi culo, suegro?
-Tanto que te lo comería.
-¿De verdad?
-De verdad de la buena. ¿Andrés no te lo come?
Follándolo le respondió:
-A Andrés trabajo le cuesta comer mi coño si no se lo pongo en la boca.
-¿Ni siquiera te lo lamió?
-La siento muy adentro. ¡Qué rico!
-¿Te lo lamió?
-Él, no, pero antes de casada... Hay cosas que no se deben decir.
-¿Era chica o chico?
-Es qué...
-¿Es que no confías en mí? Me estás follando.
-Ya lo sé, pero...
-Pero no confías lo suficiente.
Rosa se abrió del todo.
-Chico. ¿A ti te gusta lamerlo?
-Y que me lo laman, y que me lo follen con la lengua.
-A aquel chico también le gustaba que se lo lamiera y que se lo follara, y a mí me encantaba hacerle guarrerías y que me las hiciera. La verdad es que echo de menos el sexo anal.
-¿Te corrías al follarte el agujero chico?
-A veces, sí, y a veces, no.
Braulio chupó el dedo medio y luego acarició el ojete con la yema haciendo círculos sobre él.
-Me gusta.
Le metió la mitad del dedo dentro del culo
-¡Qué gustito!
-¿Podrías ponerte a cuatro patas?
-¿Quieres follarme el culo?
-Sí.
Rosa dejó de follar al suegro, quitó la polla del coño y se puso a cuatro patas. Braulio se arrodilló detrás de ella, le separó las nalgas con las dos manos y le dijo:
-Antes de lamerte el ojete, voy a lamer tu clítoris y tu coño.
Le lamió y chupó el clítoris y el resto del coño.
-¡Aaaay, qué rico!
Lamió su ojete y luego le enterró la lengua dentro.
-¡Qué gusto!
Le lamió y le folló el ojete un tiempo, y luego lamió desde el clítoris hasta el ojete. Los gemidos de Rosa se hicieron escandalosos. Poco después le dijo:
-¡Me voy a correr!
Fue decirlo y ya se corrió moviendo el culo de arriba a abajo y de abajo a arriba y jadeando cómo una perra.
Luego, echándole las manos a la cintura, le metió la polla en el coño y le dio caña. De cuando en vez se detenía, le frotaba la polla en el ojete, le metía la puntita, la sacaba y luego seguía dándole, sin prisa, pero sin pausa. Le daba hasta que se la volvía a frotar en el ojete y le metía un poco más el glande. Cuando la tenía perra de nuevo, dejó de follarla y le volvió a comer el coño y el culo. Rosa sintió que se iba a correr de nuevo, le dijo:
-Fóllame, el culo suegro, fóllame el culo.
Braulio le frotó la polla en el ojete y luego le metió el glande. Rosa metió dos dedos dentro del coño y se lo folló mientras la polla iba entrando en su culo. Tiempo después, con la polla enterrada en su culo, le dijo:
-¡Me corro, suegro. me corro!
Al acabar de correrse se echó boca arriba. Braulio, luego de limpiar la polla con la sábana, se la metió en el coño, la folló a su aire y al rato se corrió sobre su vientre y sobre el vello su monte de venus.
Al acabar de gozar, Braulio, deshecho, se echó boca abajo sobre la cama para descansar. Rosa se fue al cuarto de baño a darse una ducha. Bajo la ducha, con la alcachofa en la mano y sin abrir el agua, cerró los ojos y recordó cómo su suegro la besaba, cómo le amasaba las tetas y cómo se las comía. Oía sus propios gemidos y veía su cara gozando. Acarició el pezón de una teta mientras recordaba como su suegro le comía el coño. Luego rememoró lo que había sentido al correrse y oía sus palabras. "¡Me corro!" Devolvió la alcachofa a su sitio y recordando cómo la masturba, se magreó las tetas y jugo con sus pezones. Recordando cómo la follaba, pringó un dedo con la leche de la corrida que tenía en el vientre, lo metió en el coño y se dio dedo, al tiempo que con la otra mano se magreaba las tetas. Así estuvo hasta que sintió que se iba a correr, en ese momento, quitó el dedo del coño, pringó dos dedos con la leche que tenía en el vello del monte de venus, los metió en el coño y recordando las últimas clavadas, gimiendo en bajito, e imaginando que su suegro se corría dentro de ella, descargó con una fuerza brutal.
Al acabar se duchó y se fue a dormir a su habitación.
La noche siguiente, Rosa entró en la habitación de su suegro vistiendo un picardías de seda negro, transparente, y unas braguitas a juego. Encendió la luz. Braulio, que estaba en su cama, en pijama y tapado con una sábana, vio cómo el picardías caía al piso de la habitación y cómo luego su nuera caminaba hacia la cama mostrándole sus bellas tetas y su torneadas piernas.
Rosa, al llegar a la cama, levantó la sábana que cubría a su suegro. Se echó a su lado y se quedaron mirando. Braulio le dijo:
-Hola, Rosa.
-Hola, suegro.
Se besaron con lengua, pero con dulzura. Luego Braulio le preguntó:
-¿Dónde está Andrés?
-Trabajando, vuelve muy tarde. Estoy muy sola, suegro.
Se volvieron a besar dulcemente hasta que Rosa le dijo:
-Fóllame, suegro.
Braulio, sin quitarse el pijama, subió encima de su nuera. Se volvieron a besar dulcemente. La dulzura se acabó cuando Braulio le comió aquellas tetas grandes con areolas oscuras y pezones medianos, ya que se las comió chupando, lamiendo y mamando con lujuria.
-Suegro. ¡Qué bien comes las tetas!
Se volvieron a besar, pero ahora ya se lamieron y se chuparon las lenguas con pasión.
Braulio se quitó la chaqueta del pijama, luego le echó las manos a las tetas, y magreándolas fue de una a la otra, lamiendo, chupando y mamando. Después bajó lamiendo hasta llegar a la goma de las bragas. Se las quitó, con tres dedos le frotó el coño, se echó a su lado y volvió a comerle la boca.
Dejó de masturbarla para quitarse el pantalón del pijama. Al volver a masturbarla, le dijo:
-Toca tú también mi polla.
Le echó la mano a la verga.
-Está gorda, grande y dura. Quiero mamarla.
Braulio se echó boca arriba, Rosa se arrodilló entre sus piernas, le cogió la verga, le lamió el glande y luego se la mamó.
-¿Lo hago bien, suegro?
-Mamas muy bien. Me gusta mucho, Rosa.
Tiempo más tarde hizo un 69 y le puso el coño en la boca. Mamándole la verga, le dijo:
-Chúpame el coño.
-Tu vagina está chorreando, Rosa.
-Jugosita te sabrá mejor.
Se lo comió mientras ella le mamaba la polla. Al rato le decía:
-Suegro, voy a, voy a... ¡Me corro!
Descargó en la boca de su suegro mientras gemía y se convulsionaba.
Al poco se giró, lo besó para saborear los jugos su corrida y luego le dijo:
-Me corrí cómo una princesa. Ahora quiero correrme como una reina.
Se abrió de pernas sobre su suegro, cogió la polla, la frotó en el coño encharcado, luego la puso en la entrada de la vagina y la metió hasta el fondo.
-¡Es tan grande y tan gorda!
Con toda la polla dentro del coño, fue frotando el clítoris contra la pelvis de su suegro, luego la metió y la sacó, para después subir y bajar el culo cada vez más aprisa.
-Siento tu verga, dura, gorda y caliente. ¡Me encanta follarte!
Volvió a enterrar la polla en el coño y a frotar su clítoris contra la pelvis de su suegro, luego movió el culo alrededor y después volvió a follarlo subiendo y bajando el culo.
-Mi coño está haciendo ruidos obscenos.
Braulio le dijo:
-Fóllame más duro, que se sienta bien el chapoteo.
El culo subía y bajaba a todo trapo y las tetas subían y bajaban al mismo ritmo.
Entre gemidos, Rosa, preguntó:
-¿Así, suegro?
-Sí, me encanta cómo lo haces.
Al rato le había dado la espalda y le daba a mazo.
-Ya era hora de que pillara una verga.
Pasado un tiempo, Braulio, se incorporó, la puso a cuatro patas y le dio lo que no está en los escritos. Rosa, cuando sintió que se iba a correr, le dijo:
-Me voy a correr, suegro y quiero hacerlo debajo de ti.
Rosa se puso boca arriba. Braulio metió la cabeza entre sus piernas, le separó los labios vaginales con dos dedos y vio su coño encharcado. Lamió entre los labios, una, dos, tres veces...
-¡Ay, que me corro, suegro!
Le lamió un labio, le lamió el otro.
-¡Me voy a correr!
Le metió y le saco la lengua de la vagina muy lentamente, una vez, dos, y a la tercera vez, mientras entraba, Rosa se arqueó y dijo:
-¡Me corro!
No le quitó la lengua del coño hasta que acabó de correrse, luego le metió la polla y, besándola, la folló... Despacio, aprisa, a medio gas... La folló hasta ponerla de nuevo a punto de caramelo.
Rosa lo miró a los ojos y le dijo:
-Te amo, suegro.
-Yo también te amo, Rosa.
-¿En serio?
-Sí, te amo.
Comiéndose las bocas, la folló aprisa.
-Más rápido y más duro.
Dándole a mazo, le dijo Rosa.
-Quiero que te corras dentro de mí.
-Pero...
-Por favor.
-Pero...
-Por favor, por favor. Eres el padre de Andrés y tienes su mismo tipo de sangre.
-Tú...
-Quiero un hijo tuyo.
-Entiendo.
Le echó las manos por debajo de la cintura, la levantó y la folló a lo bestia. Al ratito le decía:
-Córrete conmigo, suegro, córrete conmigo.
Rosa se corrió. La vista se le nubló con el placer. A Braulio lo que se le había nublado era el sentido, ya que le llenó el coño de leche a su nuera y la dejó preñada.
Rosa siguió follando de cuando en vez con su marido y con su prima y a diario con su suegro, hasta que la barriga no se lo permitió.
Quique,
@quique 👍 👍 que buen relato
scripsit nyctidromus
sanguine et pulvis
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