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La Libertad III_06: día 06_día

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laualma
(@laualma)
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LIBRO 3. EPÍLOGO: LIBERACIÓN. CAPÍTULO V.

día 06 - 20.07.2012 - día

 

Pese a todo, nos levantamos relativamente pronto. Yo estaba nerviosa, en realidad me sentía un poco mal. Mal por Pablo, porque el día anterior le había dado alas y luego le había dejado caer. Lo peor es que el pobre, que debía estar ya tan acostumbrado a mis juegos y mis negativas, no dijo nada y se había comportado con gran nobleza. Lo cual era algo a tener en cuenta, y más a su edad, por mucho que él también estuviera sacando bastante disfrute de aquellos días tan locos. Porque la verdad, tampoco es que le hubiera ido mal el día anterior, se había despertado viendo a mis amigas desnudas, y luego había hecho lo de Nuria, que fue quizás su plato fuerte del día, conmigo de merienda por la tarde en plan la locura de la fiesta: yo dejándole mis tetas, mi culo, mi cuerpo a su disposición, y luego ofreciéndole mi coño y un doble número lésbico con el que masturbarse a placer.

 

No le oigo, pensé nada más despertar.

 

¿Qué pasó anoche? ¿Por qué me había dado a mí aquel arrebato con Nuria? Creo que, en verdad, no tuvo tampoco nada que ver con mi primo. Era solo que cada vez estaba más loca por ella. Llevaba años comiéndome el coco, viviendo un triángulo con ella y María, que en momentos se vio totalmente desbordado por Lu y, en parte en un momento también un poco por la Bergeret. Pero mi cuerpo me decía por fin que se estaba resolviendo aquella historia, porque de repente Nuria llevaba meses destacando por encima de todas... Siempre jugamos a plantearnos las parejas estables, pero yo nunca me definía, y ellas tres parecían estar esperándome desde siempre... En fin, mejor no dar más vueltas a esto, bastante tenía ya con lo de Pablo, me dije.

 

El día anterior había decidido pensarme mejor mi prohibición con él, y no tardé más que unas horas en acabar metida debajo de su cuerpo, casi desnudos, con su verga en la raja de mi culo. Aunque estaba contenta por cómo fui capaz de resistir... Pero tenía claro que las cosas debían ir hacia delante, que yo quería ir hacia delante. Y lo estaba haciendo. También es cierto que prefería hacerlo despacio. Aunque sólo fuese por disfrutarlo más. Estaba feliz de haber parado la tarde anterior con él, de no haberle dejado que me hiciera correrme en el jardín delante de estas. Me gustó también haberle enseñado un poco de mi relación sexual con mis amigas, haber sido tan explícitas en la cena, y haber pasado la noche con ellas así, abiertamente después de aquello...

 

Aunque reconozco que, a pesar de haber follado muy rico con Nuria y Meri aquella noche, al despertar yo tenía ganas de verle a él. En cierto modo, quería compensarle por haberle cortado el rollo así por la noche. Puede que hubiese sido igual que los otros días, pero para mí no fue igual. Ayer fue distinto. Pude mirarle a la cara habiendo sexo de por medio, incluso sexo nuestro, por primera vez nuestros cuerpos desnudos tocándose, frotándose, excitándose juntos incluso ante mis amigas, sin remordimiento alguno y sin sentir otra cosa que placer y deseo. Algo estaba cambiando en mí, entre nosotros. Sin más, decidí que esa mañana me quedaría yo en casa con él a la hora de hacer la compra diaria para la casa. La ventaja era doble: después del capítulo de ayer con Nuria, mejor era andar con cuidado, no podía fiarme de que se quedara con ella otra vez, y creo que Meri tampoco sería mucha mejor opción. No, mejor que hoy se fueran las dos a hacer la compra, y yo me quedaría de “niñera”… Era más seguro y… además, podía ser el momento de ofrecerle una pequeña recompensa a mi primito. No sabía todavía cómo ni qué, porque lo cierto es que me aterraba pensar que, como siempre, le daría la teta y él me iba a querer coger por el coño, jiji.

 

Como no aguantaba más en la cama y quería que el día empezara a dar sus frutos cuanto antes, me levanté para hacer el desayuno, y desperté a estas. Mientras me ponía mis braguitas y mi sujetador, les dije que estaba agotada después de nuestra tórrida nochecita. Y, en realidad, aquello también era cierto, lo había dado todo con ellas, sobre todo con Nur, así que no podían tener queja. Se ve que no la tenían, porque mi comentario, por halagador hacia ellas, les dejó con una amplia sonrisa en sus todavía adormiladas caras. Aprovechando el momento, les hice la petición de que hoy fuesen ellas a comprar. Por su mirada sabía que estaban pensando también en lo de Nuria en la mañana anterior, convencidas de que yo no querría correr ni el menor de los riesgos con ellas; lo que ya no tenía claro era si estarían pensando también que esos riesgos los quería correr yo misma... En fin, igual me daba, igual que la noche anterior Pablo se hizo transparente para mí, en medio de mi deseo por Nuria, aquella maána me olvidé de ellas sin problema, despreocupándome por lo que pudieran hacer en la ducha; estaban tan acarameladas y enchochadas que, desde que se despertaron, empezaron a besarse y a meterse mano, así que me fui imaginando que tardarían un rato largo en salir.

 

Pero ya digo que yo, a lo mío, pensé.

 

Al salir de la habitación sentí el deseo irrefrenable de ver a mi primo, ya, sin esperar ni un segundo. Bueno, nada me lo impedía, me dije. Con la cabeza dando vueltas, abrí la puerta de su cuarto, y entré a despertarle. Intenté justificarme con que sería mejor tenerle controlado y no correr el riesgo de que le diera por asomarse a la habitación de mis amigas para espiarlas mientras yo estaba a otra cosa, digamos que el momento podría haber sido... un poco comprometido, cuanto menos. Pero, ya antes incluso de verle, tenía bien claro por qué estaba haciendo lo que hacía.

 

Pablo dormía completamente desnudo, con el calzoncillo hecho un guiñapo a su lado, con un pie dentro todavía de la maltrecha prenda. Se lo había debido de de sacar por la noche para pajearse. Puedo confesar que eso era justamente lo que esperaba encontrar, y no otra cosa. Y por eso precisamente quería entrar, por encima de otro motivo. Hasta ahora, mi amiga Nuria había podido disfrutar mucho mejor que yo del cuerpo de Pablo en desnudo integral, frontal, absoluto. Lo había disfrutado más que yo en aquellos días que estábamos pasando juntos, me refiero. Mi masturbación conjunta con él hacía dos tardes fue mi mayor momento de gloria, pero me había sabido a bien poco. Así que sí, yo me moría de ganas de verle, verle como le veía en ese instante, tranquila, con tiempo para deleitarme, para disfrutarle. Me empitoné sólo con poner la vista en su cuerpo, y empecé a acalorarme al bajarla hasta su rabo, en reposo pero siempre enorme, rodeado por su tibia mata de pelo que, después de que yo se lo recortara el día anterior en la siesta, ya no se veía tan asalvajado.

 

Ese cuerpo parecía tan solo levemente más maduro que hace un año, pero su sexo, su sexo en cambio superaba al de chicos que han pasado de sobra la edad de maduración total. Un nabo grueso, generoso, largo y grande aún en reposo, grandes bolas, muy peludo, sobre todo para su edad, contrastando enormemente con su cuerpo prácticamente lampiño (aunque ya le había empezado a salir algún pelillo en el pecho, y tenía una tibia pelusilla en las axilas, poco más que una decena de pelos rubios, finos y largos). Por el contrario, la mata de pelo de su pubis se veía densa y poderosa, cortada en seco en una línea horizontal donde todavía se marcaba la cintura de su slip, donde yo le había depilado la tarde anterior.

 

Sentí un imperioso deseo de masturbarme.

 

- Despierta, Pablo - le dije para contenerme.

 

Pero lo hice acariciando su torso, de arriba a abajo. Aprovechando el momento. Él me miró, y se dejó hacer. Su mirada me taladraba mientras yo era incapaz de seguir pasando mi mano sudorosa por su suave pecho y abdomen. Evidentemente, sabía en lo que estaba pensando, podía adivinar lo que él sentía, lo que deseaba. Si hubiese mantenido el contacto dos segundos más, mi primo habría acabado desnudándome y haciéndomelo. O quizás lo habría hecho yo.

 

- ¿Te quieres duchar conmigo?

 

Por qué le pregunté tal cosa no lo tengo claro. No era un momento en el que pudiese razonar las cosas, y ya digo que estaba tan al límite que era casi la salida más suave que podía tener aquella tensa situación en la que yo solita me había metido. Y, por otro lado, simplemente me apetecía. Joder ¿qué me pasaba?

 

- Estás muy pringoso - le insistí, pasando otra vez la palma de la mano, sudada y exageradamente abierta por su pecho, hasta su pubis, hasta el pelo de su sexo, hasta el nacimiento mismo de su polla.

 

Me costó no seguir, estaba muy caliente, precisamente ahí. Podía sentir a la realidad pasando pesadamente por encima de mi voluntad.

 

- Así, que se venga - trataba de resultar imperativa.

 

Por alguna razón, él estaba lento, no menos sensual ni deseable, pero respondiendo demasiado despacio, aunque golosamente, a mis estímulos. Joder, su pasmada tranquilidad me desquiciaba. Pero de haber estado tan activo como era habitual en él, no dudo que a esas alturas ya me tendría tumbada en la cama debajo de él, dándonos el palo. O peor, hacía rato que me habría puesto mirando a Cuenca, como habría dicho la basta de Nurita.

 

- ...pero... ¿contigo? - Pablo pronunció sus primeras palabras del día.

 

Conmigo. No podían resultarme más hermosas, más conmovedoras, y más aún de la manera en que las dijo. Pablo parecía salido de un sueño, estaba feliz, en parte como si en realidad todavía estuviese soñando. 

 

- Sí, conmigo - le contesté suavemente.

 

Sentí deseos de besarle en los labios, pero me contuve. Más por mí que por él. Me sentí en un momento muy delicado, no supe por qué. Necesitaba sentir el agua fría en mi piel. Cualquier pequeño amago por su parte podría haber acabado conmigo. Pocas veces en mi vida me he sentido así de vulnerable...

Me metí al baño, aflojándome el sujetador por el camino. Él llegó a la carrera detrás de mí, pero yo no le di oportunidad de ver cómo me despojaba de mi ropa interior, porque ya me había metido desnuda en la cabina de la ducha. Mi pobre primo estaba pasmado.

 

- Lau...

- Dúchate rápido, que tienes que ayudarme a hacer el desayuno. 

- Laura...

- ¡Vamos!, no te vas a cortar a ahora porque nos veamos desnudos ¿no? Si me has visto ya muchas veces... sabes que eso no me importa ya, no me puede importar... pero con mis amigas es distinto ¿lo entiendes? por eso no te dejo estar con nosotras cuando tomamos el sol en bolas, bueno, ya sabes, tomar el sol y... da igual… - siento que me meto en terrenos escabrosos - Y no te pienses tampoco que a mi me verás siempre ¿eh? - necesitaba marcar terreno.

 

Pablo hizo amago de abrir la cabina de la ducha para entrar. Noooo, me dije. Su polla era enorme, y la cabina muy pequeña. El agua helada me estaba haciendo bien, demasiado bien. Cualquier contacto con él, con su cuerpo infantil, con su verga de hombre, con la suavidad de su joven piel… cualquier mínimo roce podía desarmarme por completo. Agarré la mampara para evitar que la abriese. Casi instintivamente, le hice un gesto con el mentón hacia la bañera, enfrente de nosotros.

 

-       Tú ahí, ¿vale?

 

No dijo nada, y se metió tal cual en la bañera, que de repente parecía enorme de lo vacía que estaba. No sabía si era lo mejor aquello que estaba haciendo, pero lo estaba haciendo, y en esos momentos casi sentía que era lo único que podía hacer. Nos miramos desnudos bajo el agua mientras nos lavábamos el cuerpo, aunque yo salí enseguida, porque a pesar de todo me estaba poniendo demasiado cachonda. No cruzamos palabra, pero nos comimos con los ojos, nuestras miradas eran abiertamente sexuales, y a pesar de mis comentarios iniciales el momento no tenía nada de inocente. La situación era tremendamente erótica, excitante, pero también extrañamente íntima.

 

Me sequé rápidamente y salí de allí aterrada de mi fuerte sentimiento de deseo cuando vi que su pene empezaba a subir inexorablemente. No quería liarla más. Cuando salió él, yo ya me había vestido, braguitas negras de tira y suje marrón oscuro con relleno. Para lo que habíamos estado haciendo últimamente, era con diferencia lo más aséptico que podía encontrar en mi vestidor. De repente necesitaba pisar un poco el freno, porque notaba las paredes de mi coño humedecerse exageradamente y estaba a punto de perder el control de todo. Él entró desnudo al vestidor, se agachó, rebuscó en su maleta, cogió un slip blanco, exactamente igual a los que había lucido los días anteriores, y se lo puso. Estaba junto a mí, y me entraron unas locas ganas de besarle, irrefrenables, escandalosas como pocas veces me había pasado antes. Él lo notó, aquel mocoso cabrón lo notó, se pegó a mí y me cogió de los brazos. Abrimos los labios y nuestros alientos se mezclaron. Iba a dejar que su lengua, que ya humedecía mis labios resecos de ansiedad, franqueara las puertas de mi boca cuando me detuve en seco, al sentir su polla crecer apretada contra mi pubis.

 

- Déjame Pablo - conseguí articular - todavía no ¿vale?

 

La segunda parte de mi frase consiguió calmar un poco el ambiente. Él estaba medio empalmado, yo visiblemente empitonada, tanto que ni el relleno de mi sujetador podía disimularlo. Le acaricié el pecho con la yema de los dedos.

 

- Lo siento, primo… estás demasiado guapo y… no quiero... no quiero... bah, déjalo.

- ¿No quier...? - no le dejé terminar.

- Te ha salido más pelo en el pecho ¿eh? – mis dedos jugaban con sus pelitos, escasos, sueltos, infantiles, enroscándose y tironeando de ellos.

 

La sonrisa que me dedicó fue tan salvajemente seductora que, si más, empecé a mojar mis braguitas. 

 

- E insisto en que no es en lo único que has madurado, primito, ya sabes por qué lo digo... – conseguí articular, aparentando un aplomo que ya había dejado de tener por completo.

 

Le guiñé un ojo y señalé con la boca hacia su pene. Se puso rojo completamente, todo su cuerpo. Bueno, esos comentarios desvergonzados me parecía que no solo me conseguían mantener en una posición de superioridad sexual de la que yo misma dudaba cuando estaba con él, sino que ayudaban también a dejar una puerta abierta siempre, sobre todo después de la cobra que le acababa de hacer. Pablo bajó sus brazos. Yo tuve que contener un extraño temblor que conmovía mi cuerpo. La situación me había superado, lo que sentía por ese niño era realmente mucho más tremendo de lo que nunca había podido pensar. Salí del pequeño cuartito donde su presencia me quemaba.

 

Él vino detrás de mí, siguiéndome a la cocina. Preparamos el desayuno. Como esperaba, las dos amantes debían seguir en la ducha. Ellas sí habían aprovechado para el polvo mañanero. Poco a poco, el ritmo empezó a fluir entre mi primo y yo, la conversación banal arrancó y, a pesar de lo exiguo de nuestro vestuario, de pronto todo se normalizaba. Incluso cuando llegaron los dos putones que tengo por amigas, con su desfile de lencería del día, porque ellas no había decidido rebajar un poco la tensión con el vestuario, como sí que había hecho yo, en cambio. Aún así, mi primo y yo estábamos tan bien en aquel momento que él no se dignó ni a mirarlas, más allá del alegre saludo inicial. No sé que nos pasaba, pero la conexión ese día entre nosotros era total. Afortunadamente, Meri y Nuria continuaban tonteando entre ellas, así que no parecían tampoco demasiado permeables a nuestros sentimientos. Menos mal, porque yo diría que el aire entre Pablo y yo estaba empezando a poder cortarse casi con las manos.

 

El desayuno resultó perfectamente intrascendente. Después de casi tres días en ropa interior, la situación había perdido ya mucho de su morbo. Quiero decir, lo seguía teniendo, los cuerpos semidesnudos a la vista de todos resultaban algo electrizante, y los modelos de mis amigas eran claramente más de lo que podía ser considerable como correcto (en fin, tampoco las vulgares prendas que vestíamos Pablo y yo dejaban mucho a la imaginación, que se pueda decir). Pero todos sabíamos ya lo que había debajo de la ropa, y sabíamos también que había cosas mucho más interesantes que la mera contemplación. Sobre todo Pablo y yo, pero mis amigas también estaban en el juego, y Nurita la primera. Llegó un momento en que me perdí con la conversación, seguía dándole vueltas a la cabeza y desconecté, no me enteré ni de qué están hablando. En esas sonó el teléfono, y yo aproveché para desentenderme de recoger las cosas del desayuno.

 

Además, más me valía concentrarme: la que llamaba era mi tía, la madre de Pablo. Afortunadamente ella estaba de extraordinario buen humor, sin duda unos días sin sus hijos le estaban sentando de vicio (aunque dudo que tanto vicio como el mío cuando estoy a solas con sus hijos, jiji). Estaba tan contenta y relajada que ella sola lo iba diciendo todo, yo no tuve necesidad de contarle nada y casi pude sortear el peligro sin abrir la boca. Mientras, estos tres continuaban con su parloteo, revoloteando con los cacharros por la cocina. Mi tía me pidió que le pasara con Pablo; yo dudé, pero finalmente decidí mentir y decir que estaba en la ducha. No quise correr el riesgo de que el niño metiera la pata con cualquier tontería, aunque a esas alturas creía que él ya sabía bien lo que se hacía: no solo se había liado conmigo durante unos meses sin que nadie de la familia sospechara lo más mínimo, sino que de hecho llevaba un año montándoselo a escondidas con su hermano, con magnífico resultado. Cuando conseguí cortar a mi tía, colgué por fin el teléfono, y le dije a Pablo:

 

- Primito, era tu madre - Pablo se quedó lívido - tranquilo, no he querido interrumpirte - le sonreí - le dije que no te podías poner - mis amigas se rieron - pero me ha recordado que tienes deberes por hacer. - Las carcajadas y las bromas de Nuria y María empezaron a ser crueles. - No, en serio. Hoy nos quedamos tú y yo mientras ellas van a comprar, así que aprovecharás para estudiar. Yo tengo cosas que hacer también, de trabajo, con el ordenador, así que ya tenemos plan de mañana. - Mis amigas siguieron con sus risas, pero Pablo parecía más molesto por el aburrido plan que le había preparado que por sus bromas.

- Bueno, nosotras de hecho nos vamos ya, o hoy no vamos a comer en la vida; nos vestimos y estamos fuera - dijo Meri.

- Vale, las llaves están puestas en el coche, y tú ya sabes cómo funciona el mando del garaje.

- Sí.

- Pues eso. Yo voy al baño un momento. Pablo, quiero verte currando cuando vuelva...

 

Me encerré en el baño, para temas más prosaicos que otras veces, pero igual de necesarios, jiji. De repente, oí la puerta abrirse... Suspiré aliviada al ver la cabecita de Meri asomándose.

 

- Lo siento Lauri, era para decirte que ya nos vamos.

- Vale, Meri, no te preocupes. Hay confianza, jiji. Hasta luego, y cierra ¿vale?

 

No me preocupaba que mis amigas me vieran así, pero me habría aterrado que hubiese sido Pablo el que me hubiese pillado cagando desnuda en el váter, cubierta solamente por un sujetador y con las bragas en los tobillos. Cuando terminé me limpié a conciencia en el bidé; no es algo que suela hacer tan a fondo, pero esos días prefería ir limpita, que a más de uno y una por aquí le perdían los culitos… jiji.

 

Me recoloqué la ropa interior y salí. No se escuchaba un ruido en toda la casa. Cogí el ordenador y mis cosas de mi cuarto, y lo llevé a la sala. Pablo estaba ya con sus libros en la mesa camilla. El día era de un calor sofocante. Y yo, de repente, me sentía sudada, a pesar de que me acababa de duchar y el calor todavía no había empezado a apretar. Coloqué todo en la mesa y me senté, pero no me decidía a empezar a hacer nada. Notaba  gruesos goterones de sudor por mi espalda y mis axilas, así como en la cara interior de los muslos. Sabía que no era posible, pero hasta me parecía que olía demasiado. Quizás no era el sudor lo que me olía, y quizás el calor excesivo no me venía de fuera, sino de dentro... Lo cierto era que me había pegado un buen calentón en el vestidor con Pablo, que me había dejado las bragas empapaditas… Necesitaba un baño.

 

- Creo que me voy a bañar un momento, estoy asfixiada. Tú sigue aquí, ¿vale? sigue con los deberes.

 

Pablo me miró, extrañado. Mi orden quizás había sido un poco exagerada, pero no quería que me dijera que él también quería bañarse. No, no, no sé si podría soportarlo...

 

- Sigue con lo tuyo, yo vengo ahora.

Salí de allí corriendo, tropezando torpemente. Me moría por entrar en el agua. Cuando llegué al borde de la piscina, me di la vuelta. Mierda, me estaba mirando... No sé si quería provocarle, o era él en realidad el que lo estaba haciendo, y lo había conseguido. Está bien, Pablo, pensé, aquí tienes lo tuyo, me dije mientras me despojaba de la ropa interior, empapada en sudor. Me quedé desnuda, de nuevo, delante de él, mirándole. Le dejé que disfrutase con mi cuerpo. Esto es lo que hay, Pablo, lo que ya tienes, lo que vas a tener hoy. Ya me has visto así dos veces hoy, creo que por el momento está bien, pensaba mientras me lanzaba al agua desnuda como vine al mundo. Estuve un rato en la piscina, entrando y saliendo, nadando sin parar. Sabía que él me miraba. Pero no me importaba. Ahora sólo quería calentarle a él. El traspaso de energía con el agua fría debió de resultar eficaz, porque al rato yo me había quedado helada; realmente no hacía tanto calor aquella mañana, sino que, efectivamente, era yo la que necesitaba calmar mi propio calentura interior.

 

Salí del agua, recogí mi escasa ropa del césped y entré a mi habitación. Tenía una toalla de playa en la silla, me sequé rápidamente las piernas y me puse las bragas. Me sentía bien, fresquita, con el pelo mojado, renovada y lista para comerme el día. El baño me había hecho quitarme de encima la ansiedad que tenía al despertar. Por un momento, me dieron ganas de salir así, en tetas, pero pensé que era demasiado. Plantear un juego así con Pablo no me apetecía, más sabiendo que iba a perderlo seguro; y aunque lo ganara, tal como estaba el tema iba a ser un juego a vida o muerte... en el que si llegaban a entrar mis amigas yo podía acabar despedazada, además. Sin embargo, estaba juguetona, y estaba optimista. Así que me puse una camiseta, sabiendo qué iba a pasar. Entre que solamente me había secado las piernas, y el agua que chorreaba también de mi pelo, en seguida noté como la fina tela blanca se pegaba a mi piel, envolviendo pegajosamente mis pechos. Noté como se me levantaban los pezones. No me molesté en comprobar el efecto. Supuse que debía ser peor que ir en tetas.

 

Cuando mi primo me vio aparecer, debí darme cuenta de que quizás me había pasado con mi modelito. 

Corrijo: cuando mi primo me vio aparecer, debí darme cuenta de que estaba consiguiendo exactamente lo que quería con mi modelito, que era ponerle cachondo.

 

Corrección 2: cuando mi primo me vio aparecer, debí saber lo que iba a pasar después, ya que le tenía cachondo como un mono desde hacía un día, y además llevaba calentándole toda aquella mañana, y ahora me sentaba junto a él con las berzas empapadas envueltas en aquella camiseta blanca de miss camiseta mojada, extremadamente delgada de tan usada, translúcida en contacto con la piel de mis tetas, donde se pegaba dibujando mis formas con nítida precisión, y hacía que mis calientes pezones se empalmasen todavía más y más, llegando a tensar la tela hasta el punto de hacerme temer por ella.

 

Lo cierto era también que yo no sabía que mi primo estaba ya empalmado, empalmado y con la chorra fuera. Que tuviese una manita metida debajo de las faldas de la mesa camilla debería haberme hecho sospechar, sí... pero no iba yo con la mente clara para ello en aquel momento. Quizás pensaba que, por una vez, le tenía controlado, que iba por delante de él. Quizás después de haber sido capaz de pasar de él ayer por la noche... pero hoy no, hoy era distinto. Ayer quería pasar de él, estaba que no cagaba con Nuria pero hoy, hoy llevaba toda la mañana loquita pensando en él. Bueno, y ayer tenía apoyo para salir corriendo. Hoy estaba a solas con el sátiro…

 

Solo que hoy la salida parecía yo. Parecía salida porque estaba salida, cachonda y caliente como un leño ardiendo...

 

En fin, que si tenía a Pablo a punto, y era precisamente lo que había pretendido con mi baño desnuda, mi entrada estelar había multiplicado ese efecto. Supongo que también quería eso, así que bieeeen, alegría, lo había conseguido. No sabía lo que quería. El calor compartido de nuestros cuerpos me tenía idiota, y me excitaba aún más excitarle y sentirle excitado a mi lado. Bueno, ¿dónde podía terminar esta actitud mía? No lo veía o no lo quería ver? Así las cosas, nada más sentarme, me volvieron los calores. Enseguida empecé a notar de nuevo las gruesas gotas de sudor resbalando por mi espalda y los sobacos. De nuevo la cara interior de los muslos disparaba su temperatura y empezaba a producir minúsculas y tiernas gotas de sudor, que sentía deslizarse hacia mi entrepierna. Afortunadamente, la humedad en mi espalda y axilas se desdibujaba en la mojada tela que me cubría, empapada aún más por las gotas que escurrían de mi larga cabellera, que no me había molestado en secar.

 

Instintivamente, me retiré el pelo de la cara, eché la cabeza hacia atrás, levanté mis manos y me lo estiré hacia la espalda, sacudiéndolo, para colocarlo por detrás. El movimiento, tan natural, se convirtió en la gota que colmaba el vaso para Pablo. Al levantar la cabeza, saqué pecho, mis tetas se clavaron aún más en la tela mojada, dibujándose a la perfección, retándole con los violentos pezones que apuntaban a su cara. Al sacudir el pelo, mis berzas temblaron libres y generosas en un brutal bamboleo, que debió acabar con cualquier resistencia posible de mi primo. Si es que la había. Si Pablo necesitaba alguna prueba más de que quería ser follada por él, sólo podía esperar que me desnudase y me tirase encima de él pidiéndole a gritos que me penetrase. Lo que llevaba toda la mañana haciendo con él era mucho más que mandarle señales.

 

Pero yo estaba a lo mío. Hasta el punto en que ni me di cuenta de lo que acababa de hacer, de lo que había supuesto visto desde fuera. Cuando tiempo después lo hablaba con él y me contaba su versión, mi pobre primo no daba crédito a mi supuesta inocencia. Pero sí, lo peor es que yo estaba intentando serenarme. Estaba tan nerviosa que no podía ni pensar en lo que tenía que hacer, no sabía por donde empezar con mi pila de papeles y el ordenador encendido que me esperaba sobre la mesa. Me quedé sentada, respirando hondo, intentando que no se me notara. Vi que Pablo me miraba con insistencia, no me quitaba la vista de encima. Me sentí a medias bien y mal, me estaba desnudando con su mirada, bueno, lo poco que le faltaba, pero en el fondo eso me halagaba. No podía decirle nada, me había mostrado desnuda dos veces para él, y ahora había salido así para exhibirme ante él. Yo misma se lo había reconocido esta mañana en la ducha, no tenía sentido a estas alturas querer ocultarnos nuestros cuerpos desnudos, nos los teníamos más que vistos. Cerré los ojos, intentando completar mi relajación, pero dejándole a él disfrutar mirándome.

Ese fue mi último error de esa mañana. A partir de entonces nuestros estados de ánimo empezaron a nivelarse, a coincidir, a entrelazarse. Primero noté cómo mi temperatura corporal, para mi sorpresa, empezaba a aumentar todavía más, desbocándose vertiginosamente. No entendía, pretendía relajarme pero no era capaz, el resultado era plenamente opuesto... Me di cuenta de que, inconscientemente, mi cuerpo reflejaba la excitación que me producía la salvaje contemplación por parte de Pablo de mis provocadoras tetas, que le había ofrecido como un regalo abiertamente sexual, como una promesa de todo mi cuerpo, que yo misma estaba dispuesta a entregarle. Para mí fue una revelación darme cuenta de que eso era lo que estaba haciendo realmente, y eso era, justamente eso, lo que estaba pensando mi primo, que nunca tuvo duda de mis verdaderas intenciones. Sabía de sobra que yo, por mucho que me lo repitiese a mí misma una y otra vez, y se lo repitiese a él, a su hermano y a mis amigas, me moría de ganas por sentirme de nuevo penetrada por él y que, tarde o temprano, aquello iba a volver a pasar. Una y otra vez.

 

Y cuando me di cuenta, ya era tarde. Abrí los ojos y su mirada no me dejó ya lugar a dudas. Para entonces Pablo había empezado a gemir. Muy débilmente, pero yo debería haberlo oído. El caso es que para cuando fui consciente de escuchar aquellos gemidos, yo misma estaba tan caliente que me entraron ganas de gemir a mi también. No me estaba tocando, no, no tenía ningún estímulo sexual externo, ni siquiera sabía que él se la estaba meneando bajo la mesa. Y, sin embargo, me sentía como al borde de un orgasmo.

 

- Ahhh Mmmh, Pablo, primo... ¿qué... qué te pasa? ¿por qué me miras así? ¿te pasa algo?

 

Él ya no gemía, jadeaba, y sus movimientos eran ya evidentes, exagerados.

 

No me quitó ojo de encima mientras se lo hacía. Ni yo me moví, ni le dije nada. Se puso a gritar como un loco mi nombre en medio de sus jadeos. Los primeros chorros calientes los sentí sobre mis piernas. Estábamos sentados uno al lado del otro, bastante pegados para ser sincera, seguramente mucho más de lo que habíamos debido; la verdad es que casi debía tener la polla encima de mí.

 

- ¡Pero qué haces!

 

Él puso los ojos en blanco y se echó hacia atrás. Cuando dejé de sentir su mirada arrancándome la ropa y la sexualidad misma, fue como si me librase de un encantamiento. Con el último chorretón de lefa resbalando desbordado por mis muslos me separé de la mesa. Pablo se corría a gritos repitiendo una y otra vez mi nombre:

 

- ¡¡¡¡Laura, Laura, Laura, Laura, Laura, Laurahhhhhhh...!!!!

 

Levanté las faldas de la mesa camilla y me agaché para mirar: su verga empalmada, desnuda y brillante, con el desmedido capullo completamente fuera, hinchado y boqueando, se movía espasmódicamente ante mi cara, sin que mi primo pudiese hacer mucho por controlarla, como si tuviera vida propia. Seguía y seguía escupiendo semen, y un delicioso charco de su lefa se había acumulado a nuestros pies, sobre el suelo de mármol.

 

- Joder primo, mira cómo lo has puesto todo... – no fui consciente en ese momento de lo absurdo de mi comentario, en el que mi preocupación se dirigía al destrozo en la limpieza de la casa que acabab de hacer Pablo, como si el hecho de que se hubiera sacado la chorra y se hubiera pajeado encima de mí mientras estábamos trabajando en la mesa fuera algo perfectamente normal.

 

Y, sin embargo, Laurita todavía podía empeorarlo.

 

Lo que siguió no tuvo nada de inconsciente ya. Al revés, fue algo plenamente consciente. Y, puedo decirlo con orgullo, bastante bien calculado y medido. Yo seguía caliente, claro, él se acababa de aliviar, pero yo no. Y no es que yo estuviera mucho menos necesitada que él. Sabía que iba a necesitar una salida, y no me apetecía tenerla sola. Así que, a riesgo de perderlo todo, me lancé nuevamente a la piscina, y aunque esta vez lo hiciera de manera figurada conseguí ser mucho más contundente aún que la anterior. Supongo que en ese momento prefería perderlo todo a no hacer nada o a sencillamente refugiarme con el majestuoso consolador que me acababan de regalar mis amigas. Desde luego que, si perderlo todo significaba hacer el amor con mi primo, igual es que hasta merecía la pena...

 

Ante los atónitos ojos de Pablo, que se retorcía aún en pleno orgasmo de aquella brutal paja que se acababa de hacer con todo el descaro delante (y encima) de mí, me quité la camiseta y me quedé casi en bolas frente a él.

 

- Jooooder Laura... - supongo que a mi primo le debió subir también entonces varios grados la temperatura.

 

Yo bien sabía dónde me metía, no puedo negarlo. Aunque Pablo acabara de correrse, no quería decir ni mucho menos que se hubiese calmado, y menos todavía que se fuera a calmar si mi reacción era darle más de lo que le venía dando. Pero para mí, por encima de todo, era absolutamente necesario quitarme aquella camiseta que, aunque mojada y ligerísima me agobiaba aquella implacable mañana de julio como un jersey de lana de cuello vuelto. Y así, en braguitas, me sentí fresca y preparada para todo. Noté que tenía las bragas empapadas en semen, aquello era una locura, pero tenía a Pablo como una auténtica moto.

 

- Tranquilo primito, yo lo limpiaré - dije con la voz más dulce que fui capaz, logrando que no sonase extraña.

 

Me miró embobado limpiar su semilla derramada en el suelo con mi ropa; además, descaradamente, aproveché para beber sus líquidos, todavía calientes, sin importarme que él me estuviera viendo. Es más, cuando acabé le repasé mi camiseta, ya encharcada en él, por todo su miembro duro, más duro si cabe y caliente aún de lo que ya estaba. Pablo no se había serenado en absoluto, su erección no había remitido ni un milímetro, sino todo lo contrario, le había crecido aún más y se le había puesto más dura.

 

- Primito, pero ¿se puede saber qué te pasa?

 

La situación recordaba demasiado a la primera corrida de su vida, que fue además la primera que le provoqué yo, la primera vez que empezamos a tocarnos y desearnos, casi inocentemente, y que acabó por hacerle eyacular sin que nadie le tocase, delante de mí y de su hermano Carlos. Recordaba demasiado, y era consciente de que a él eso le tenía que calentar tanto como a mí.

 

- Joder, qué increíble, sigues empalmado, la tienes taaaan dura...

- Laura... - hacía rato que mi primo no decía otra cosa.

- ...ya no recordaba lo mucho que me gustaba tocarte... tocártela - mi sonrisa mientras decía eso no dejaba lugar a duda alguna sobre mis intenciones, por mucho que yo me obstinara en ocultarlas y negarlas.

 

Pero sabía que, esta vez sí, jugaba con ventaja. Pablo estaba tan cachondo que no tenía el control de su mente, toda la sangre se le había bajado a la polla y, claramente, no podía pensar. Y yo, en cambio y pese a mi brutal calentura, lo veía todo claro.

 

- Sigues empalmado, Pablo... ¿te excito demasiado verdad? siempre te pasa mi amor...

 

Le di un suave y rico microbeso en el glande. Le sentí retorcerse de placer. Sonreí con malicia:

 

- Vamos, tendrás que masturbarte. - Sus ojos se le salieron de las órbitas cuando me escuchó decir eso. - Pero no aquí. Venga, vamos, levanta - le dije tirando de su mano.

 

Él me obedeció, entre dudando e incapaz de reaccionar. Al levantarse, sus calzoncillos, que se había bajado para pajearse, cayeron al suelo. Me agaché para recogerlos, pasando mi cara a milímetros de su falo tieso, que apenas empezaba a remitir ahora su erección. Le sentí temblar. Como si nada, con las dos prendas sucias en una mano, le di mi camiseta mojada de mi sudor y su lefa a él y le conduje hasta mi baño. Estábamos los dos muy calientes y casi plenamente desnudos. Pero yo ahora sí sabía lo que quería, y estaba a punto de lograrlo, por una vez mantenía el control, necesitaba hacerle a él lo mismos que había hecho conmigo tantas veces, lo que ayer le hizo a Nuria: jugar con él, llevarlo hasta el extremo, y dejarle allí, muerto de placer y deseándome. Por una vez podía, por una vez estaba por encima. Aunque sabía que era arriesgado y que corría el riesgo de acabar estrellándome de pleno.

 

- Nunca dejará de sorprenderme tu sexo, primo... por más que lo compare con el de tu hermano, son increíbles los dos, de veras que nunca he estado con nadie... nadie como vosotros pero... te ha crecido tantísimo... joder, ¡no se te baja ni de broma!

 

Senté en la taza del váter a mi primo, que se quedó mirándome decirle eso, allí casi desnuda para él, que estaba a punto de entrar en trance. Y su polla podía reventar en cualquier momento de seguir acumulando presión de esa manera: evidentemente su erección iba a más, y no a menos.

 

- es que como sigas así, dentro de nada la de tu pobre hermano Carlos va a parecer la de niño pequeño al lado de la tuya, jiji – lo cierto era que yo no creía, de veras, que pudiese alcanzar nunca a su hermano, aquel coloso de la naturaleza, pero lo cierto es que Pablo prometía aún mucho desarrollo, y nunca se sabía…

 

Quizás por eso estaba haciendo yo aquella locura, quizás por eso no hacía más que labrarme mi propio camino al matadero... pero yo quería pensar, y lo pienso todavía, que lo hacía simple y llanamente porque estaba caliente, porque mi primo me ponía. Porque, aunque me cueste reconocerlo, me moría por volver a hacer el amor con él. Y, aunque yo no me diera cuenta todavía, algo en ese momento ya se había roto en mí y me empezaba a hacer ver que en realidad nada, ni nadie, podría impedirme ya que mi vida se dirigiera hacia ese nuevo camino en el que yo iba a tomar todo cuanto quisiera para satisfacer mis deseos, especialmente aquellos más sucios, impúdicos y lujuriosos.

 

En todo caso, en aquel preciso instante yo estaba nerviosa, no paraba de moverme, después de llevarle hasta el baño y dar vueltas sin sentido, sin saber dónde quedarme, seguí divagando y dudando, al asomarme al vestidor para lanzar mi camiseta y su slip al cesto de la ropa sucia, volver a moverme más y terminar desquiciada al ver que él no hacía nada que no fuese mirarme pasmado, hasta que no pude más y ya le solté:

 

- Vamos, Pablo, joder, que te va a explotar la polla, a qué esperas para hacértelo...

 

Y entonces, tal cual, el empezó. En el fondo, con él era todo siempre tan fácil… Yo me quedé embobada mirando. De repente, parecía mucho mayor mientras se la acariciaba. Lo hizo todo muy despacio para mí, exasperantemente lento. Se acarició el largo falo, recorriéndolo con sus manos cerradas pero sin apretar, y empezó a moverlas rítmicamente arriba y abajo. Pajeándose con las dos manos. Al principio cerró un momento los ojos, gimió, se mordió los labios y puso una cara de total placer, su capullo enorme e hinchado boqueó, parecía que iba a eyacular ya, pero simplemente se humedeció en abundante líquido preseminal que le bañó medio cipote poniéndole brillante el glande y media tranca. Yo me moría por acercarme, mis manos se aferraban al lavabo haciendo todo lo posible por mantener la distancia. Pablo abrió de golpe los ojos, se pajeó un momento mirándome las tetas, el coño que debía traslucirse por la humedad de su corrida anterior en mis bragas y, por fin, bajó su mano izquierda rodeando sus cojones, clavó su mirada en mi cara y encaró la fase final. Yo tenía la vista pegada en su brutal sexo, pero siempre que levantaba la mirada me encontraba con sus ojos azules clavados en el fondo de los míos. Se estaba haciendo esa paja como una declaración de intenciones, todo lo que antes hizo a escondidas (o, al menos, trató de hacerlo a escondidas...) lo hacía ahora como una ofrenda, como un regalo para mí. Y puedo jurar que estaba realmente conmovida de tanta generosidad. Porque cabe mucha entrega en su polla, y también en sus huevos. Quizás su automasaje testicular fue muy efectivo, quizás sencillamente le ponía de veras tenerme allí. El caso fue que, para lo suaves que eran sus movimientos y el poco tiempo que llevaba frotándose, me sorprendió la rapidez con que volvió a alcanzar aquel enésimo el orgasmo. Quiero decir, la paja fue de un ritmo lentísimo, pero realmente breve en su duración. Casi pareció una prolongación de la corrida anterior.

 

Con un hondo suspiro, su cuerpo cogió aire para lanzar un grueso y largo chorro de semen que me reventó en el estómago. Literalmente, y no estaba a menos de casi dos metros de distancia. Su eyaculación continuó manando entonces como una fuente, continua, soltando borbotones que, de vez en cuando, amagaban con un pequeño salto, pero siempre suavemente, y sin parar, manando de manera constante aquel líquido glorioso, espeso, levemente ácido, delicioso, denso y muy, muy blanco. Me limpié extasiada la tripa con la mano y bebí de allí su esperma delante de él mientras terminaba de correrse. Nuevamente tuve un flash de nuestros primeros días, cuando me dijo que quería ver cómo me masturbaba, y me ofreció hacerlo juntos... fue nuestro tercer día, y fue así como empezó, ese día que fue el definitivo, el primer día que Pablo... que mi primo Pablo me hizo el amor.

 

Mi coño hervía, y mis pezones dolían de duros que se habían puesto. Sentí la humedad de mi chocho resbalarme por los muslos. El olor de mi sexo lo empapó todo, cubriendo como un manto a mi primo y el olor acre y dulzón de su propia corrida. Seguí allí, tragando su semen y más saliva, tratando de calmar mi deseo, de parecer distante. Pablo, simplemente, fue frenando su respiración, que se había vuelto como un furibundo jadeo, deteniendo sus manos, que colocó sobre sus rodillas, y dejando que su pene, que al quedar libre empezó a pendular en bruscos espasmos fuese, por sí mismo, reduciendo el torrente de semen que brotaba de su boca hasta que se secó totalmente. El sexo todo de Pablo, sus piernas, la tapa del váter y el suelo estaban empapados de lefa. Su cipote, mientras, seguía orgulloso apuntando al techo, sin mostrar el menor signo de cansancio. Increíble. Pero ¿cómo iba yo a desaprovechar aquello? Sin que lo advirtiera, mi mano mojada en su lefa y mi saliva se había escurrido dentro de mis bragas para permitir a tres de mis dedos escurrirse en mi raja separando mis labios y penetrando, sin más, mi furibunda vagina.

 

- ¿Necesitas más verdad?

 

Pablo estaba ido. Yo dudaba qué hacer. Sus manos volvieron a su falo. Parecía que iba a volver a empezar de nuevo. Di dos pasos. De pronto, me pareció oír un ruido fuera, y giré mínimamente la cabeza, asustada. Sin duda no era nada, pero Pablo reaccionó al instante:

 

- No te vayas Laura... quiero verte. – No podía fallarle.

 

No dudé más, me acerqué a él, le pegué las tetas desnudas y sudadas a la cara, poniéndoselas literalmente en bandeja, y el me las comió salvajemente mientras se masturbaba a dos manos con la polla metida entre mis muslos apretados. Aquella sensación en mi boca de mi coño fue mil veces más intensa que la mejor de mis masturbaciones más furiosas y exageradas.

 

- No me voy, Pablo, voy a estar siempre contigo mi amor... ahhhhhh mmmhhhh así, asíííííhhhhh ¡cómemelas mi niño! ¡oh sííííhhh! – mi primo me estaba llevando al cielo, y sentí que me corría sobre su polla exaltada sin poder remediarlo.

 

El muy animal, esa verga increíble me taladraba, era tan grande que yo no podía estar sobre él con aquello entre los muslos, y entonces se le ponía para arriba y me llegaba más arriba del vientre, pero él seguía metiéndola entre mis piernas, sentí cómo se me clavaba en las bragas, amenazando con taladrarme el coño. No sé cómo tenía puestas las bragas, de alguna manera resistieron el empuje, casi no sentí más que la punta de aquella lanza intentando entrar, justo en la vagina, mientras él seguía dándose el atracón con mis pechos, y empujando con la verga mis braguitas intentando clavármela en el chocho. 

 

- Me matas Pablo, me maaaatas...

 

Me agarré a su cabeza para soportar aquel orgasmo espeso, largo y arrastrado que me estaba provocando, mientras le sentía copar todas mis zonas erógenas tan sólo con su boca y su miembro.

 

- ... jooooder primitoooo... - seguí corriéndome y corriéndome hasta que él vino por fin a acompañarme, aunque sólo lo noté por aquél calor viscoso y húmedo que me volvió a empapar las piernas.

Pablo se detuvo un momento, creo que no por necesidad sino, más bien, por costumbre, por hacer una pausa entre corrida y corrida. Afortunadamente, lo hizo, porque no lo necesitaba, pero si no lo hubiese hecho realmente a mí me hubiese sido imposible aguantar. Aproveché la breve pausa para retirarme de él. Me dolían las tetas, que estaban brillantes de su saliva. Pablo seguía mirándome a los ojos, pero su mirada revelaba por fin un matiz nuevo, como de agradecimiento...

 

Cuando desperté de mi orgasmo, su falo erecto todavía seguía allí. 

 

- Increíble. Todavía necesitas más...

 

No pude evitar ceder a la tentación. Me agaché, sentí su glande manchando mi cara, extendí los dedos de la mano derecha, sopesé sus bolas, hinchadas, todavía tenían mucho material para descargar, recorrí lenta y firmemente el vástago, sintiéndolo caliente, firme, duro, palpitante. Pablo se estremeció, cerró los ojos por un momento.

 

- Pero yo no puedo, Pablo, no puedo quedarme más... No... no lo resitiría... - su mirada se volvió a poner dura al decir yo eso. - Espera, toma - le dije quitándome las bragas empapadas, de su corrida y la mía, y se las puse en la mano, mojadas, calientes.

 

Su mirada brillaba, por fin dejó de mirarme a los ojos bajando su vista a mi coño, mi sexo que se mostraba orgulloso ante él, con la espesa pelambrera revuelta y manchada, sudoroso y muerto de ganas de que él estirase la mano, la lengua, la polla y lo alcanzase, porque estaba listo, preparado, abierto, jugoso, calieeeente. Y empezó a hacerlo: estiró su mano, sólo su mano, hasta casi rozar mis pelos alborotados.

 

Reculé:

 

- No... no, no... Sigue, tú sigue, Pablo, yo necesito... también necesito... pero no, aquí no, no ahora... perdona... cuando termines limpia todo esto, por favor, yo... ¡ahora vengo!

 

Salí de allí, trastabillando, sintiendo mis muslos y pechos húmedos y pegajosos, tropezando con la puerta. A tientas, busqué en el vestidor unas braguitas iguales a las que tenía Pablo en su mano. Le escuché en el baño. Se estaba masturbando con violencia, gritando mi nombre. Me daba hasta miedo. Con las bragas en la mano, desnuda, llegué todavía no sé ni cómo, de la de golpes que me di en el camino y la cantidad de veces que me tropecé, hasta la habitación de las chicas. Cerré el pestillo, eché la cortina. Me calmé. O intenté hacerlo. Porque no podía, no podía, y de hecho, no pude hasta que, loca, frenética, encontré en la maleta de Mer, perdido entre su ropa, mi consolador gigante, el del arnés. Lo até como pude a la maleta de Nuria, y me senté sobre él, una, dos, tres veces, con violencia, hasta el fondo de un golpe, otra, y otra vez. Me destrocé el coño, pero era lo que me estaría haciendo ahora Pablo si me hubiese quedado allí, con un cipote hasta dos y tres veces mayor que el monstruo que me llenaba ahora el coño. Me corrí, sí, con alegría sobre la maleta de mi amiga. Y seguí, me lo ensarté en el culo, lo tenía tan abierto y dado de sí de estos días que no me costó, de tan excitada que iba también entró solo, y me fui para el coño otra vez con uno dos y tres dedos, la mano entera, cuánto tiempo hacía que no me metía una mano, que no necesitaba algo así, el brazo hasta donde me daba el cuerpo, frota, empuja, dale, hasta reventar... creo que me fui otras dos, tres veces, no sé... Sé que grité, grité como él, sí, su nombre, y gritos, solamente gritos, verdaderos aullidos de placer. Como una perra en celo. No sé lo que escucharía él desde fuera. Había conseguido aguantar, sí, delante de él, pero ahora todo se había venido abajo.

 

En fin, al menos ya sabía que era capaz de aguantarme, de frenarle. Pero él sabía también que le deseaba. Bueno, y también que era lesbiana, y una auténtica zorra, si te pones. Qué más daba. Yo necesitaba calmarme, y aquello había sido la única manera posible... para empezar. Me metí en la ducha, un largo rato. Ya más tranquila, la verdad. Me repetí el numerito del consolador en el culo y la manita entera por delante, bajo el agua fría a tope. Sabía que dentro de la cabina de ducha él no me podía ver aunque fuese por detrás de la casa, así que tenía barra libre. Aunque, después de unos cuantos miles de orgasmos, estaba ya por fin más calmada. Y sin necesidad de tanto berrido. Las pajas salvajes fueron dejando paso a las caricias, a los suaves tocamientos... Por fin, estaba limpia y me veía capaz de salir. Me sequé con una de las toallas de éstas, no sabía de quién, ni me importaba. Miré hacia la ventana de la parte de atrás, parecía que no había señal alguna de peligro. No sé si él habría intentado ver algo desde la ventana cuando estaba en la habitación en pleno desenfreno... joder, pues podía haber visto barbaridades que, pese a todo, todavía no sería capaz de imaginar en mí... en fin, no creo que fuese capaz de ver nada, la verdad, y casi ni me importaba. Si total, con lo que debía haber oído, pensé mientras salía de la habitación de mis padres, en tetas después de calzarme las braguitas limpias.

 

Por primera vez ese día me sentía limpia por completo, libre de ansiedad y perfectamente fresca, por dentro y fuera. Ciertamente, lo que a mí me venía haciendo falta, era un buen polvo.

 

Pasé por mi habitación a recoger mi sujetador, me lo puse y, serena y confiada, me dirigí a la sala. Pablo veía la tele en el sofá. Estaba tan tranquilo, limpito y como si nada. Su paquete, perfectamente normal, si a aquello se podía considerar normal, ya querrían la mayoría, jiji. Digamos que estaba en reposo. Llevaba unos slips azules, me daba miedo que alguna de mis amigas se diesen cuenta del cambio y pudieran sospechar, sobre todo Nurita. Por eso yo había tenido la precaución de ponerme exactamente el mismo modelo que el que llevaba en el desayuno... bueno, siempre podía decir que era él quien debía haberse pajeado y manchado el calzoncillo, yo no tenía por qué estar involucrada... No tenía muy claro lo que les iba a contar y lo que no a mis amigas. Lo que sí tenía claro es que por fin estaba perfectamente calmada, casi sin rastro de tensión sexual, a pesar del cuerpazo que me ofrecía mi primo, entre lo que estaba desnudo y lo que se le intuía bajo la ropa, mhhhh. Traté de no pensar en lo que acababa de disfrutar de él hacía un ratito. Demasiado fuerte, no podría soportarlo sin ponerme bruta otra vez. Así que preferí centrar mi cabeza en otras cosas, además estas dos debían de estar a punto de llegar.

 

- Pablo, anda, coge tus libros y ponte a estudiar, que todavía no has dado ni palo desde que llegamos, - le dije sonriente y guiñándole un ojo cómplice.

 

Naturalmente, yo era la menos indicada para acusar a mi primo de no haber "dado ni palo", jiji, pero tampoco iba a explicarle a mi tía cómo lo había dado, claro...

 

- yo me voy a poner ya con la comida, ¿vale? es tarde y quiero tener lo que pueda preparado para cuando lleguen.

- Me duele reconocer que tienes razón, Laura... - dijo él con actitud filosófica y algo enigmática. Y no sé si un cierto doble sentido.

 

Igual daba. Estaba claro que ninguno de los dos iba a hacer nada rarito por ahora. Lo había conseguido. Había tenido que hipotecar la escasa credibilidad que mi integridad podía ofrecerle todavía. Que no debía ser demasiada, pero era algo. Ahora nada podía hacer ya, había quedado claro hasta dónde podría llegar. Pero también estaba claro que era perfectamente capaz de controlarlo. O, al menos, lo había sido en este primer asalto. Sabía que no tenía razón para estarlo, pero me sentía confiada.

 

Cuando llegaron éstas, nos pillaron así, mi primo sentado formalito estudiando, yo en la cocina a lo mío, la tele encendida y nosotros comentando con naturalidad. Desde fuera nada podía hacer pensar en el agradable rato que habíamos pasado juntos. Sin embargo, tenía la sensación de que hoy ocurría al revés que ayer, cuando a pesar de que Nurita estaba más rara que un perro verde, yo no me enteré nada de lo nerviosa que yo misma llegué de la calle. Hoy me parecía que era al revés, todo era normal, y Nur no podía sospechar nada. Pero a mí me daba la sensación de que entró en la casa esperando encontrarse algo raro, o directamente acusatorio, no sé. Supongo que yo, de nuevo, estaba algo nerviosa, de distinta manera que ayer, pero cuando mis amigas entraron por la puerta mi confianza se empezó a resquebrajar. Ellas eran, a la vez, el plato fuerte y el punto débil de mi plan, me estaban sirviendo lo mismo para acercarme que para alejarme de Pablo, como si fuesen las olas llegando a una playa, pero bueno, yo misma me sentía a la deriva con mis sentimientos, así que...Por lo menos Nuria no izo ningún comentario ni gesto raro. Aunque estoy convencida de que se dio perfecta cuenta de que Pablo se había cambiado de calzoncillos. Pero no dijo nada, no sé si por prudencia, generosidad o inseguridad.

 

En fin, la verdad es que llegaron alegres y de buen humor, lo que ayudó a calmar mi miedo pasajero. ¿Me estaba sintiendo culpable ahora por lo de antes con Pablo? ¿O no eran más que mis celos existenciales por Nuria?

 

De alguna manera, conseguí superar el bache, y el resto de la preparación de la comida y el largo rato que pasamos en el porche comiendo y hablando fue tranquilo y agradable. Pude sentir una extraña vibración de placer, por estar al lado de tres cuerpos más que deseables y que se ofrecían a mí y entre ellos sin pudor, una extraña sensación de libertad que contrastaba con la losa eterna que me echaba encima a mí misma por la mala conciencia con lo de mi primo. Sin tener muy claro cómo actuar después de lo del baño, lo cierto es que mi optimismo volvió, poco a poco, a ganar terreno.

 

Era un poco difícil, ya que había ido mucho más lejos de lo esperado, de lo que podía haber pretendido para hoy; me había lanzado a mostrarme desnuda delante de él sin cortarme, todas las veces que fue necesario, y me pareció bien mostrarme al mismo tiempo, nuevamente, falta de prejuicios sexuales de todo tipo. Pero no dejaba de sospechar que, aunque me costase reconocerlo, algo se me había ido de las manos, casi desnuda con él, esa forma de entregarle mi cuerpo, mis tetas, casi follándome... y lo disfruté tanto, en cualquier caso... además, lo de su polla hoy había sido increíble, venga a correrse y como si nada, que no se la bajaba de ninguna manera... 

 

Lo cierto fue que al final tampoco tuve que decidir qué hacer. La situación se encarriló sola, o no me quise dar cuenta y Nuria estaba ya mosca cuando vino, o se puso así en algún momento posterior, por lo de los calzoncillos de Pablo o la razón que fuera. El caso es que para cuando estábamos acabando de comer ella estaba ya seria, bastante rarita, en parte el aire preocupado de ayer, pero peor que eso, con un humor un tanto irónico y desagradable. No sé, no era tampoco excesivo, pero yo creo que a mí se me había pasado ya mi paranoia inicial, y conociendo a mi amiga...

 

Total, que como siempre que la veía con esas nubes negras en su cabeza, decidí pasar de ella. Y, como siempre, en correspondencia ella demostró también pasar de mí, finalmente. Cuando terminamos de comer, estamos hablando en plan tranqui y, de pronto, se levantó diciendo que se moría de sueño y, sin más, cogió a Meri de la mano y se la llevó con ella. Meri nos echó una rápida mirada sonriente, como una niña pequeña a la que han pillado en falta, pero no dijo nada y sin más se fue detrás de mi amiga, con esa sonrisa pícara de claro deseo que no hizo nada por disimular. Tampoco habría estado de más saber que habían estado haciendo éstas por la mañana, me dije. Pero qué más daba.

 

Hacía un rato que yo había tomado mi propia decisión y, para mi sorpresa, mi decisión era que deseaba echar la siesta con Pablo. Lo cierto es que tampoco creo que ni siquiera la mala leche y el desdén de Nurita hubieran sido determinantes para ello. Vamos, que lo que yo tenía eran ganas de que mi primo me hiciese un poco de sus cariñitos furtivos, jiji. No me lo acababa de creer pero, después de lo de aquella mañana, tenía muchas ganas de más. Alucinaba porque mentalmente estuviese buscando meterme en la boca del lobo, pero deseaba ardientemente estar desnuda junto a él. Y físicamente..., bueno, había quedado bastante saciada, es cierto, pero en realidad a él no se puede decir que le hubiera llegado a probar... bueno un poquito, vale, ¡pero me moría de ganas de más! Y mucho más, en realidad, de lo que pretendía dejarme llegar a mi misma, jiji.

 

- Bueno, pues nos hemos quedado solos... - dijo Pablo insinuante. Demasiado para su edad. Pero el crío parecía que se muere también por dormir conmigo.

- Pues ya sabes lo que significa eso... - le contesté juguetona. Su mirada se iluminó, su corazón parecía que le iba a salir del pecho, y su polla del calzoncillo - ...que me tienes que ayudar a recoger. - Pablo volvió a sonreír.

- Claro, primita.

 

Iniciamos una divertida e intrascendente conversación para hacer tiempo. Pero ya antes de terminar en la cocina, se lo pedí:

 

- Bueno, qué ¿dormimos juntos?

- Claro, te lo iba a decir ahora...

- Pues venga - le dije cortándole y terminando a toda prisa - que me muero de ganas.

 

Salí disparada a mi habitación, me lavé los dientes y me recoloqué todo disimuladamente, mientras él entraba a lavarse los dientes. Estando yo aún en el baño él se dio la vuelta para hacer pis en el váter. Me resultó un poco violento, pero lo cierto es que en nuestra época no nos cortábamos en hacer pis uno delante de otro, ni lo hacía todavía en aquellos días con Carlos, igual que tampoco con Nuria o María, ni en general con ningún amante, del sexo que sea. Para hacer caca igual ya es otra historia aunque... me avergoncé de pensar algunas cosas que había llegado a hacer con María, con Sandra o con algún tío desconocido en alguna noche de copas… ciertamente, mis límites en cuanto a prácticas sexuales cada vez eran más inexistentes. El caso que, al verle tan desinhibido con lo de mear al lado de mí, no pude evitar girarme y mirar. El largo rabo de Pablo soltaba un largo y grueso chorro de pis, bamboleando suavemente de un lado a otro. En eso, él giró la cabeza, y me pilló mirándole. Una vez más. ¿Para qué disimular? me dije. Y sonreí. Y él sonrió.

 

Yo salí del baño, y me fui directa a mi cama. Decidí no ponerme la camiseta hoy, sino quedarme en sujetador, como el día que me dejó para pajearse mirando a Nuria. Me seguía pareciendo más sexy y provocador, aunque la camiseta lo hacía todo taaan sencillo... Pensé que lo mejor sería aflojarlo al máximo para ponérselo fácil, y a ver qué pasaba. Me tumbé rápidamente cuando noté que venía, y desde el principio me hice la dormida. Cuanto antes pensase que podía estarlo antes actuaría... aunque ayer, realmente, casi ni se molestó en esperar, y después de mi actitud por la mañana igual tampoco se veía muy obligado a actuar con aquel absurdo disimulo.

 

Sin embargo, ese día mi primo había ideado un plan perverso. Él, que parecía que siempre se movía por puro impulso sexual. Se ve que había pasado demasiado tiempo solo entre calentón brutal y calentón brutal, lo que solamente podía llevarle a pensar la mejor manera de hacer esos calentones la norma y no la excepción. Por otro lado, y por mucho que yo me considerase ganadora en nuestro juego matinal, él siempre había sido el verdadero maestro en jugar conmigo para conseguir sus pervertidos propósitos. El caso es que el tiempo pasaba, y él no hacía nada. Hasta escuché esta vez el cambio de ritmo de su respiración, lo que siempre hacía yo voluntariamente para simular que me había dormido profundamente. ¿Estaría disimulando y seguiría despierto?

 

No podía ser, no, Pablo no podía estar haciendo esto ¿para qué? ¿Qué quería? ¿calentarme? Pero si sabía que tenía prácticamente barra libre para lo que le diera la gana con mi cuerpo... Esperé y esperé, impaciente, pero no se movía. Y en esas, noté de repente un golpe, como un rodillazo. Dudé un segundo, pero no podía contener la curiosidad. Además, el rodillazo había sido demasiado fuerte como para ser "accidental". Me giré, no todo lo cuidadosamente que la más elemental precaución habría recomendado, y allí estaba. Me quedé de piedra. Tampoco era tan raro, vale, pero me quedé impresionada. Asomando de su calzoncillo emergía su larga y gruesa culebra, bastante tiesa ya, además.

 

Joder. No, no podía ser, era imposible. Demasiada casualidad. Jodeeer. No me pude contener, le di un pequeño toque en el hombro para asegurarme que dormía. Ni se inmutó. Estaba de lado, recostado hacia mí, las piernas semiflexionadas, "aquello" allí fuera, el brazo derecho sobre la cara. ¿Podía ver algo por esa rendija? Joooder.

 

"Laura no. Laura no lo hagas."

 

No sabía cómo auto convencerme para no hacer la locura que se me había ocurrido. Me saqué el sujetador, que me molestaba. "Por favor, por favor, que no se despierte ahora", pensaba. Me tumbé hacia su lado, y me quedé mirando hacia su polla un buen rato. Sí, quería más, claro. Lentamente acerqué una mano y, alargando un dedo, rocé la punta de su aparato. No podía más. Encogí el cuerpo, me empujé hacia abajo, hacia su cuerpo, acerqué la cara y... podía sentir su aroma, su calor. Se la volví a tocar. Con la boca. Con la mejilla. Y su verga empezó a hincharse. Él estaba reaccionando a mi aproximación, aunque yo había tratado de que hubiese sido lo más sutil posible. Y entonces sí que se me piró, abrí la boca y me la fui metiendo hasta donde me dio, aunque casi sin rozarla, en lo que podía, pues era enorme. Pero, de pronto, aquello dio un bote. Fue la verga, tuvo uno de esos movimientos espasmódicos dentro de mi boca. Quiero pensar que involuntario...

 

Joooder. Casi muero del susto. Me eché para atrás muerta de miedo, de vergüenza, me subí hacia arriba y me di la vuelta, con el corazón latiendo a toda velocidad. Mierda. No, no estaba dormido, estaba segura. La había movido él, me había visto hacerlo todo. me había visto desnudarme y comerle la polla. Mierda, al menos tenía las bragas puestas, pero no podía volver a ponerme el sujetador sin provocarle, y él estaba a todas luces despierto; dejar patente que yo también lo estaba era lanzarme de cabeza al precipicio. Empecé a respirar agitadamente de puro nerviosismo cuando noté que se movía. Qué hijo de puta, podía adivinar la sonrisa en su cara. Esta vez me la había jugado bien, pensé mientras sentía sus manos reptar por mi espalda, mis costados, enredarse en mis pechos, mientras aproximaba hacia mí el resto de su cuerpo, que poco a poco se fue acoplando a mi espalda, abrazándome firmemente por detrás, hasta que empezó a pajearse sin recato apretándome la polla contra el culo. Ahhhay ahhhhy...

 

Pablito hoy va a terminar lo que ayer intentó encima de mí, en el jardín, e incluso un poco con Nuria por la mañana: follarse un culo, aunque sea solo la raja de un culo, del deseado y tremendo culo de su prima Laura. La follada fue larga, y yo me dejé hacer en todo momento, aunque sin parar de gemir, porque realmente no era capaz de parar de hacerlo, mientras él respiraba seca y hondamente al ritmo de sus frotamientos, sin dejar de resobarme las tetas en ningún momento. Creo que me daba besos en el cuello también, no sé, no puedo confirmarlo. Fue todo demasiado explícito, demasiado real, demasiado compartido. Si al menos hubiese sido capaz de dejar de gemir, o jadear, o gritar o berrear como una cerda… ya no sabía lo que estaba haciendo. Porque el cabrón de él me puso en órbita, sólo con sus frotamientos, y esos deliciosos besos en mi cuello, en mi oreja ¿era su lengua esa humedad que sentía en mi mejilla? esa manera experta de sobarme las peras, de poner a reventar mis pezones, su aliento en mi cara, mi nombre susurrado con la dulzura de un gemido preorgásmico... todo aquello me bastó para correrme como si fuese mi última vez, cuando él me dijo con voz lasciva, en un susurro casi inaudible, quebrado por la eyaculación que ya se le venía encima, con su lengua metiéndose impúdica en mi oreja

 

- Laurita, mi primita, ¿cuándo me vas a volver a dejar clavártela?, mmmmmmmhhhhharrrgggghhhffff....

 

Fin de la historia, pensé mientras me iba literalmente, me deshacía sobre él empapando la cama y su cipote, y a su vez le sentía correrse en abundancia encima de mí; "Laura, te salió mal la jugada, no creas que puedes estar siempre encima como esta mañana", me decía a mi misma mientras mi cuerpo reventaba de placer, como un muñeco en manos de ese sádico impúdico que me había hecho perder la cabeza sin remedio.

 

Después de correrse, se durmió como un bebé. Sus brazos colgaron sin fuerza, y me bastó un pequeño empujón para hacerle rodar hasta su cama. Me giré. Pablo roncaba. Su verga asomaba en reposo fuera del slip, saliendo por una pernera, aunque sólo asomaba la cabeza y poco más. Me levanté, todavía temblando. Dudaba de que estuviese de veras dormido, aunque sus ronquidos eran demasiado... digamos que naturales. Lo primero que hice fue ponerme el sujetador. Me dolían las tetas del magreo al que habían sido sometidas. Un dolor que demostraba que todo aquello no había sido en absoluto un sueño. El charco de lefa en mi culo y mi chocho también contribuían. Pero, una vez con el sujetador puesto, ahora cualquier cosa que sucediera se le podía echar encima a él de vuelta.

 

Qué mierda, aquel pequeño bastardo me había liado pero bien, se había asegurado que me iba a hacer lo que le dio la real gana, que yo me iba a dejar, y que iba a estar consciente, y sin excusa, después de haber sido yo la que intenté inicialmente aprovecharme de él. Claro, si es que le habría calentado al pobre niño y eso era algo que él no podía aguantar... Me levanté, entre asqueada y satisfecha. Otra vez aquel magnífico placer envuelto por una pastosa sensación de estar haciendo algo malo, y también aquella jodida inseguridad... al constatar que no era capaz de pararlo, que mi pobre voluntad en realidad estaba en manos de mi primo, y no en las mías... "Bueno, Pablito, qué quieres que te diga, vas a conseguir lo que quieres de lo nuestro como sigas así", pensé. "Y toma, te mereces un regalito" musité quitándome las bragas y dejándolas a su lado, sobre la almohada. Las segundas que le daba hoy.

 

En el baño me limpié el culo y el coño con la toalla de manos, y en el vestidor me puse otras bragas, unas sencillas, de tira blancas. Que Nuria sacase sus conclusiones de mi cambio de ropa interior, igual me daba, y lo de ahora sería obvio además. Pero es que, por otro lado, no me quedaba una tercera braguita igual para repetir las de esta mañana. De hecho a ese ritmo pronto me iba a quedar sin una sola braga, la verdad. Desorientada, salí por la habitación de mi hermana y, sin nada mejor que hacer, me asomé a la de mis amigas. Me molestó comprobar que, de nuevo, tenían toda la habitación abierta de par en par estando completamente en bolas. Al menos, hoy estaban realmente dormidas.

 

Entré y me tumbé en la cama con ellas, detrás de María, del lado de la ventana. No me animaba a hacer ni decir nada, estaba tratando de decidir qué demonios les iba a contar de lo que había pasado en la siesta, pues a estas alturas nadie se creería ya que no había pasado nada y, pensándolo bien, tampoco se iban a creer que esta mañana no había pasado tampoco nada. Tampoco me dio tiempo a pensar mucho, porque nada más tumbarme María se despertó al sentirme y, al moverse ella, también se despertó Nuria.

 

- ¡Hola, preciosa! - me dijo Mer con voz soñolienta aunque alegre.

- ¿Qué tal? muy quietecicas os veo... jiji

- Pues no te creas que no lo hemos intentado... - rió Meri.

- Pero esta se me ha quedado dormida comiéndome el chocho ¿tú te crees que es posible? - soltó mi educada amiga Nuria.

- ¡Noooo...! - reí yo. De María te podías esperar eso y cosas peores.

- Oye, venga, no os paséis... - nos pidió.

- Es cierto, es cierto - intercedió Nurita - la verdad es que yo también necesitaba dormir, nos hemos levantado relativamente pronto. Y tú, Laura, la verdad es que ayer, en fin...

- ¿Yo qué? - pregunté inocente.

- Bueno, hacía tiempo que no me metían más caña, y no  a mí, a las dos...

- Sí, hay que reconocer que estabas inspirada.

- Sí. ¡Y que estás en forma, putón!

 

Me reí con gusto. Yo también lo había pasado bien, aunque tampoco lo recordaba tan tremendo.

 

- Bueno, supongo que es cuestión de práctica... llevo un año con una frecuencia brutal de buen sexo, del mejor sexo en realidad... ¡sexo con adolescentes! jiji.

- Zorra - me llamó Meri. Nuria se puso seria.

- Si al menos llegaran a adolescentes…

- Oye, ¡no os paséis!

- ¿No? Vamos, cuéntanos que tal has "dormido" la siesta...

 

El tono borde de la falsa ironía de Nuria me resultó insoportable, pero en el fondo yo estaba deseando contarlo. Aunque iba a tener que improvisar... no tenía muy claro hasta dónde era prudente contar a mis amigas, así que me impuse una consigna de "servicios mínimos", ante la duda, mejor hablar lo menos posible...

 

-       Ya sabes que dormir, lo que es dormir, en esas siestas duermo poco cariño... jiji – decidí expresamente empezar picándola con esa tonta puya.

 

No soportaba cuando Nuria se ponía así, con su puto aire de superioridad. Como si no lo bastara ser superior siempre, como para ir haciendo gala de ello. Aunque lo malo era que no sé por qué, pero el andar con ventaja por una vez en la vida respecto a Nuria me provocaba un brutal estímulo sexual, y el resultado de jugar con ella pasándoselo por la cara venía a ser similar, me había dado cuenta de que esos comentarios míos la calentaban tremendamente, seguramente al mismo nivel que la cabreaban. Quizás porque estaba claro que no estaba haciendo otra cosa que tontear con ella, aún a pesar de Pablo. E incluso de Meri que, de forma no declarada siempre había sido la tercera de este peculiar y tácito triángulo amoroso.

 

- ¿Entonces? venga, no te andes por las ramas. - Igual que me pasó a mi con ella la tarde anterior, a Nuria la daba tanto morbo mi historia con mi primo que superaba a su propio deseo hacia Pablo.

- Pues entonces nada...

- ¿Cómo que nada?

- No, bueno... que lo ha vuelto a hacer. Quiero decir, que se ha seguido pajeando encima mío, y eso... si más. Igual que los otros días.

- Ah, "nada". Joder Laurita, no está mal.

- ¿Quién lo pillara eh Nur? - soltó Meri en plan cabrón. Yo sonreí.

- Bueno, a ver… la novedad es que hoy cuando me lo ha hecho estaba despierta.

- ¿Despierta? Pero... en realidad los otros días estaba igual de despierta. ¿Quieres decir que él se dio cuenta de que no dormías?

- Bueno, es que ahora estoy hablando de esta mañana... - me costaba decidir qué contar.

- ¿Esta mañana? - Nuria se mostró escandalizada de pronto.

¡Entonces iba bien!, me dije jiji.

 

Aunque no me podía permitir contarles todo lo que habíamos hecho por la mañana, claro. Ahí sí que iban a tener razones para llamarme putón. Al final, mal que bien, conseguí contarles cómo se lo hizo bajo la mesa, yo les dije que estaba en ropa interior, tal cual como estaba cuando se fueron y seguía cuando volvieron, que sí, que me di cuenta de que estaba haciendo algo raro, pero para cuando me di cuenta de que se la estaba meneando ya era tarde y se me vino encima. En fin, como no es ni mucho menos la primera vez que un tío se me corría encima, y ni siquiera es la primera vez que lo hacía mi primo, dije que no le di tanta importancia, que solamente le eché la bronca, aunque más que nada en plan no lo vuelvas a hacer, que suponía que lo debía estar pasando mal, y tal. La cara de Nuria oyéndome era de más envidia que otra cosa. Y ya, ahí dejé el episodio de esta mañana, teóricamente después de eso yo me habría ido a limpiarme (sólo las piernas, aclaré, "solamente me manchó de rodillas para abajo, aunque él se puso perdido", quería que Nuria se llevase una aclaración de por qué yo seguía con la misma ropa interior mientras que él se había cambiado de slips sin necesidad de tener que preguntarlo), y cuando volví le dije que se limpiara él también y que se pusiese a currar, mientras que yo me metí en la cocina para evitar tenerle demasiado cerca.

 

Todo encajaba a la perfección a pesar de la improvisación, no sé si ellas se lo creyeron al cien por cien, pero supongo que ni de lejos podían pensar que faltaba tantísimo para acercarse siquiera a la realidad... jiji, no sé, prefería que no supiesen todo porque me daba la sensación de que la realidad podía dar una imagen un poco distorsionada de lo que sentía. Parecía que ahora era yo la que iba a por él en plan puta, y no era así, sólo era que ahora me estaba dejando querer un poco más, pero seguía teniendo mis límites, ¿eh? Bueno, quizás sí es cierto que yo también le estaba incitando, me apetecía mucho llegar a algo, pero no hasta donde ellas podían pensar tampoco. No pretendía volver a hacerlo con él, no, no, no y mil veces no. Eso no podía ser, de ninguna manera. Lo tenía claro. Creo.

 

Supongo que, de repente, mi duda era si podría dejarle que me lo hiciera por detrás. Me apetecía, claro, y a eso no le veía tanto problema. Quizás sólo tenía que estar segura de que era capaz de controlarle, y eso podía ser una realidad verdadera ya mismo, porque después de haberle tenido a pan y agua varios meses seguro que él había cambiado y estaba dispuesto a hacer ese pequeño sacrificio hasta que cumpliera los 18 y pudiéramos tener una relación normal… Allí estaba yo con mis reflexiones, supongo que intentando auto convencerme, como siempre. Al final, los hechos demostrarían que el espíritu de mi voluntad andaba vagamente por lo que yo deseaba, pero la realidad pura y dura acabaría por parecerse más a lo que ellas podrían haber pensado ahora de haber tenido realmente todos los datos que yo me esforzaba por ocultar.

 

- ¿Laura? - Nuria me golpeó el hombro para sacarme de mi ensimismamiento.

- ¿Qué? - realmente se me había ido la pinza.

- ¿Cómo que qué? ¿En que estabas pensando, en su cipote? Vamos, cuéntanos qué coño ha pasado ahora en la siesta. Porque habéis...

- Sí, sí, sí... - paré a mi amiga antes de que diese más detalles a su pregunta. - Quiero decir, no. En realidad no ha sido más que lo de la mañana. Aunque...

- ¿Aunque? - preguntaron las dos a coro.

- Es que... creo que el cabrón me la ha jugado. Debía de estar cabreado por mi bronca de esta mañana - improvisé, exagerando el tema - porque parecía que tenía un plan. A mí me extrañó que hoy se tumbara junto a mí y estuviera así un rato largo sin moverse ni hacer nada. 

- Pobrecita Laura, que la dejaban a dos velas...

- ¿Estabas caliente verdad?

- ¿Me dejáis seguir? - Intenté parecer cabreada y molesta. Lo cierto es que no lo estaba en absoluto, jiji.  - Ya os digo que el cabroncete había estado pensando. Se quedó quieto hasta que me giré yo y...

- ¿Y?

- ...y mi mano se chocó con su verga, la tenía fuera del calzoncillo, a medio empalmar.

- ¡Tía!

- ¡Joooder!

- Sí, eso pensé yo.

- ¿Y qué hiciste?

- Pues me puse enfermita, la verdad. Te lo juro que no sabía qué hacer. Es que sí, pensaba que él iba a hacer algo, y me estaba cabreando cuando, bueno, me encuentro eso...

- ¿Y tú...?

- Se me fue la cabeza - mis amigas se pusieron en tensión. Y yo noté que estaba empezando a mojar otra vez al recordar a mi primo. Alarma. Bien, quizás era el momento de irme por la realidad alternativa. - Empecé a acariciarle aquello con la punta de los dedos - me resultó absurdo llamarle “aquello” a aquello, pero quizás no dejaba de dar un toque nervioso a mi historia que ellas podían interpretar como debido a la culpa por lo que había hecho (y no por lo que en realidad había hecho y no les estaba contando, jiji). 

- ¿Qué sentiste? - la pregunta de Nura me sorprendió. Ella había debido de tocar a esas alturas de su vida como un millón de pollas, demasiadas para venir preguntando qué se siente.

- Bueno, placer... - advertí una nueva señal de peligro - ...y miedo, claro. - Creo que salí bien de aquella, sí. - Y con razón - añadí, pensando rápidamente en como evitar que mi relato se desbocara - porque entonces él movió la polla, ya sabéis, esos pequeños espasmos que les dan a veces a los tíos, pero que pueden ser controlados...

- Sí, siempre flipé con esa movilidad que tienen los tíos con sus rabos - rió Nuria.

- ...pues eso, me di cuenta de que él estaba despierto y que estaba moviendo la polla para que yo me diese cuenta. 

- Y ¿entonces?

- Pues me di la vuelta maldiciendo mi metedura de pata. Porque la había cagado pero bien, además sabía que era absurdo darme la vuelta, pero fue una reacción de niña pequeña. - Me costaba creer que me estuviese dejando todo lo que me estaba dejando en mi relato. Porque mi historia estaba resultando bastante distinta a la realidad.

- Ya.

- Y os podéis imaginar el resto.

- ¿Te dijo algo?

- No, cero palabras. Se acercó a mí y me empezó a hacer con la polla dura... lo de ayer ahí en el jardín - otra vez me hacía la remilgada en mis descripciones.

- Se masturbó frotándose contigo.

- Exacto - ni media palabra de que yo se la había tocado primero con ganas, de que me la había metido en la boca, de que la deseaba y de quería comérsela, de que me había quitado el sujetador y menos, claro, de que en ese momento él no simplemente estaba detrás de mí, sino que me abrazaba fuertemente desde atrás, dominándome y follándome brutalmente mientras jugaba como quería con unas tetas que esa misma mañana me había devorado, que no comido, después de que yo prácticamente le obligara a hacerlo.

- Y ¿ya?

- Básicamente sí… Cuando se corrió se durmió. Yo no claro, estaba tan nerviosa que no paraba de darle vueltas a la cabeza. Así que cuando le sentí roncar, me levanté y me fui.

- ¿Te has cambiado las bragas?

- Joder, Nur - le regañó Meri a mi amiga por la pregunta. Las dos sabíamos bien por qué lo preguntaba y en qué estaba pensando. María aprovechó para estirarse a recoger su ropa interior y se la empezó a poner.

- Claro que sí, cerda.

- Oye, creo que no tenéis mucha más autoridad que yo...

- Que sí, que sí, que a todas nos gusta comer semen, pero anda, vístete... - rió Meri dándole sus bragas. - Nur las cogió, y arrugó el gesto. 

- Estas no, tía, mira como las he dejado, jajaja. Por culpa tuya seguro, Lauri - rió tirándomelas a la cara. Solamente las olí de refilón, pero apestaban a pescado de su sexo. Joder, menudos calentones que se estaba pegando mi amiga a costa mía y de mi primo. El trozo de tela manchado cayó sobre mi regazo. Nuria se había agachado a coger unas braguitas limpias de su maleta, junto a la cama. - Mira, mejor estas limpias. Y ¿qué? Lau, ¿tú que sentías?, ¿te gustaba o te sentías mal? porque ayer fuiste tú solita la que te lo pusiste encima a casi encularte delante de nosotras...

- Ya, ya, si no...

- Vamos, que sí, que te gustaba... - a aquellas alturas yo ya estaba radiante, viendo cómo Nurita se había puesto claramente celosa por mí.

 

La primera vez en mi vida que eso pasaba, jiji. Bueno era el momento de actualizar el marcador: trece-siete. Casi el doble. Mi victoria era aplastante, me sentía con vía libre para terminar como quisiera con aquella historia. El problema es que no sabía cómo quería acabarla, porque para mí, como para Nuria y Mer, la realidad era cada vez más obvia:

 

- Que sí, claro, claro que me gustaba. ¡Cómo no me iba a gustar! Si el problema es al revés, es lo de siempre. Que en el fondo me gusta que me haga eso, porque me gusta él y me gusta estar con él, es guapo, joven y agradable, y lo hace bien, me da mucho gusto y disfruto dándoselo yo a él. Además, que sea mi primo no deja de tener un morbo brutal. Pero... bueno, ya conocéis el pero. Y lo malo es que es un pero que cada vez me cuesta más tenerlo en cuenta. 

 

Escuché un ruido raro en ese momento. Venía del jardín, de la ventana detrás de mí. Al principio me costó, pero lo reconocí. Era el ventanal de mi cuarto abriéndose del todo. Pablo venía ya, nosotras teníamos la ventana abierta, así que fácilmente podría vernos. Y Nurita seguía en tetas. Pero eso me molaba, aunque me dejaba en desventaja. Pensé rápidamente, al tiempo que actuaba según pensaba. Mi primo podría vernos en cuestión de segundos sí, y la imagen de mi amiga con sus delicados y morenísimos pechos al aire podía volver a impactarle profundamente; pero es que cuando se acercara a vernos también iba a poder oírnos. Así que yo seguí hablando:

 

- Esa es la cuestión, que aunque trate de auto convencerme de que no debo, la verdad es que hoy me hubiese gustado hacer el amor con él las dos veces... - un levísimo roce, que habría sido imperceptible de no haber estado prestando atención, me reveló su presencia a mis espaldas. Meri empezó a abrir la boca, sin duda para avisarme. Pero yo me adelanté a ella, antes de que fuera capaz de interrumpir mi colofón final, por si Pablo no tenía suficiente con lo que acabaría de escuchar de mis labios: - ...lo cierto es que llevo deseando follar con mi primo desde el mismo día que le dije que no podíamos seguir haciéndolo...

 

El horror se dibujó en la cara de María al escucharme pronunciar aquellas palabras, al mismo tiempo que en el rostro de Nuria se encendía una despampanante sonrisa. La muy cabrona... Para poner la puntilla, fue ella la que dijo:

 

-       ¡Hola, Pablo!

 

Sacó el poco pecho que pudo para que mi primo no perdiese detalle de que era la única en disposición de ofrecerle tetas. Poco me importaba: al girarme y verle a él, me di cuenta de que mi pequeño primo ya tenía casi más tetas que mi amiga. Así que ignoré a Nuria y le ofrecí la mejor de mis sonrisas y la mejor de mis actitudes a aquel crío al que le acababa de decir, aunque fuera de espaldas, que quería que me follara viva.

 

- ¡Ey primito, qué bien que te hayas despertado! te echaba de menos... - dije, sinceramente cariñosa.

 

Ellas me miraron con extrañeza, no debían creer mi naturalidad y melosidad después de la tremenda pillada que me había hecho él diciendo aquello. Yo, en cambio, estaba feliz. Había salido perfecto, según mi loco plan, improvisado en milésimas de segundo. Pero yo sabía que la incipiente erección que estaba empezando a poner a explotar el slip de mi primo se debía a mi confesión y no al mísero pecho de Nuria. O por lo menos la mayor parte, vale. Mi niña estaba cañón, no puedo dejar de reconocerlo. Si de hecho yo misma llevaba meses loca por ella, y aquella semana me estaba resultando irresistible, a pesar de todo el lío de Pablo. En fin. Pero el caso es que yo quería que él me oyese y reaccionase, y lo que ocurrió fue tal cual lo deseé. Y sabía que, en realidad, no había dicho tampoco nada que supusiera una barbaridad considerable. Que me molaba Pablo y podía desear algo con él, pues lo tenía que tener claro ya, si llevaba casi dos semanas dejándole hacerme de todo, aunque nunca participara activamente ni le dejara pasar a mayores, ya que al fin y al cabo era normal que luchar por tratar de mantener mis reservas prácticamente incólumes. 

 

Se generó un silencio incómodo entonces, y me di cuenta de que los tres estaban esperando que yo dijese algo. Lo peor es que tenía claro que me hubiesen seguido sin importar cuál hubiese sido mi orden. Podía haber cogido a mi primo, haberle besado y habérmelo follado delante de ellas, para luego iniciar la frenética orgía a cuatro que todos estábamos deseando, o haber dicho que no podía más y haber despedido a mis amigas y pasar la próxima semana a solas follando con él como monos, sin pausa y sin respeto alguno por nuestros cuerpos, u obligarles a vestirse y negar a Pablo cualquier posibilidad de acercamiento a mí o mis amigas, o dar por finalizada la broma y llevármelo a él a Asturias con mis padres y pasar de ellas, de manera que nunca más se volviese a plantear nada de esto.

 

Nuria, mientras, seguía jugueteando con su sujetador, retrasando el momento de ocultar sus hermosos aunque casi inexistentes pechos. Bueno, ahora, a toro pasado, sí pienso que la primera opción hubiese sido la mejor. o incluso la segunda, ya que se trataba de una oportunidad única que no había tenido ni con Carlos (luego sí llegué a pasar con ambos largos puentes de tres y cuatro días, en mi hogar, a solas los dos en ambos casos, haciendo el amor y cocinando como única alternativa, en más de una ocasión, y los recuerdo como algunos de los mejores momentos sexuales e íntimos de mi vida).

 

- Quizás deberías ponerte ya el sujetador, ¿no Nur? - dijo Meri, que empezaba a ponerse nerviosa.

 

Bien, ya digo que a toro pasado pude pensar distinto, pero entonces lo que me pedía el cuerpo era ir con calma, y además, disfrutándolo. Todo lo que estaba pasando me resultaba enormemente excitante. Por añadidura, en ese momento me sentía enormemente segura de mí misma respecto a Pablo. Así que decidí seguir en mi línea, intentando dar otro pequeño pasito:

 

- Di que sí, Meri. Que mi pobre primo se está poniendo bruto hasta con las tetitas de Nurita, imagínate que le enseñamos las tuyas, o incluso las mías. 

 

Pablo se puso como un tomate. Era cierto que su erección era ya prácticamente inexplicable, y estaba a punto de entrar en lo físicamente inabarcable para sus slips. 

 

- Joder, Laura... - dijo con voz ronca.

 

Me reí con ganas. 

 

-       ¡No pasa nada primito! No nos vamos a escandalizar ahora una tontería así, ¿no? ¿Qué pueden ser unas tetitas, o unas braguitas? - dije lanzándole las bragas de mi amiga. Directas a la cara.

 

Rebotaron en su rostro, resbalaron por su pecho, y las atrapó con la mano a la altura de su sexo. De su duro sexo. Con que solamente hubiese podido oler la mitad que olí yo cuando me las lanzó a Nuria, ya conocía mejor a mi amiga que el setenta por ciento de los tíos que ésta se había cepillado. Al ver aquella escena, Nuria se agachó avergonzada y se apresuró a ponerse el sujetador. Meri se había puesto también roja, y mi primo había soltado las bragas de mi amiga como si le quemasen, girándose para ocultar cómo su calzoncillo se abría por la presión de su creciente cipote, empezando a revelar peligrosamente su interior. Si dos minutos antes todos ellos habrían hecho lo que yo hubiese querido, ahora eran ya completos autómatas esperando órdenes, ya que se les veía absolutamente incapaces de reaccionar después de mi pequeña travesura con la ropa interior de Nuria.

 

Así que, sin más, riendo con ganas, me levanté, y cogí a mi primo de la mano.

 

- Vamos, Pablo. Me muero por tirarme al agua. ¿No os apetece un bañito más que nada? - dije girando la cabeza hacia mis amigas.

 

Sentía mis pezones reventando la tela de mi sujetador, y las bragas húmedas y calientes. Era bien cierto que necesitaba entrar en la piscina. No esperé contestación de ninguno. Tirando de mi primo, le saqué fuera de allí. En el jardín el calor era incluso más sofocante que dentro de la casa, y a esa hora el sol pegaba implacable en esa parte del jardín. Miré hacia el vientre de mi primo. Su polla no se había salido, pero estaba empujando hacia delante su calzoncillo de tal manera que amenazaba con romperlo. La imagen era portentosa, su sexo bellísimo. Hice un gesto con la cara hacia su miembro, le miré y le dije:

 

- ¡Huau! - Él me devolvió una sonrisa nerviosa. - Nos tienes locas, primito… sobre todo a mí.

 

Habíamos llegado al borde de la piscina. Le pasé la mano por la cintura, y le atraje hacia mi cuerpo. Detrás de nosotros estaban mis dos amigas, que habían salido ya de la habitación. Me pegué al cuerpo de Pablo, rodeándole con un movimiento felino. Mis tetas se pegaron a su pecho, noté su sudor mezclarse con el mío. Mis manos en su espalda, las suyas bajaron por la mía, resbalando en el abundante sudor que la cubría, hasta llegar a mis nalgas, que cubrieron abiertamente sobre mis bragas húmedas, aunque aprovechando para introducirme los pulgares juguetones por la raja del culo. Cara frente a cara, inicié la aproximación de mi pubis al suyo. Sexo con sexo, fui apretando su miembro erecto hacia su vientre, una difícil maniobra dada su brutal dureza, hasta que, por fin, lo noté recolocarse buscando la vertical, y ascender glorioso por lo parte superior de sus calzoncillos, quedando aprisionado entre su tripa y la mía, quemando mi piel con su ardiente carne.

 

Cuando ya no pudimos resistir más sin besarnos, sabiendo que mis amigas estaban a punto de reventar a nuestro lado, los dos, a la vez, en una perfecta aunque no pactada sincronía, nos dejamos caer de lado, entrando juntos, violentamente, abrazados, como un solo cuerpo, en la fría agua de la piscina.

 

Inmediatamente sentí dos explosiones más en el fondo, mientras Pablo y yo ya salíamos hacia arriba. Meri y Nuria se habían lanzado también al agua, con el ansia del que necesita apagar un fuego que le cubre todo el cuerpo.

 

Cuando Pablo y yo emergimos, nos mantuvimos pegados por un instante, las caras juntas, las bocas tocándose, como en un beso pero sin besarnos. Su polla dura palpitaba contra mi coño. Era yo quien me abrazaba a él, ya que él ahora tenía sus manos sobre mis pechos y jugaba con ellos, no empujaba, sino que simplemente me los magreaba. Así, pegado a mí y mirándome a los ojos. Yo me dejaba, casi le besaba, me estremecía de placer, le apretaba contra mi cuerpo. Entonces él se giró: hacia nosotras venía un cuerpo bajo el agua. Yo aflojé la presión de mis manos, él tomó impulso hacia atrás y se liberó de mí, saliendo disparado hacia el borde de la piscina. María emergió delante de mí, prácticamente ocupando el lugar exacto que llenaba Pablo unos segundos antes. Yo estaba alterada, físicamente desbordada por lo que acababa de sentir mi cuerpo con mi primo, y la presencia de María y el contacto con ella me turbó aún más. Entendí por qué él había huido así, tan de repente. Él no podía permitirse lo que yo, a pesar de que mi amiga me estaba amasando las tetas con descaro, delante de mi alucinado primo, con ambas manos bajo el sujetador. Pero que yo estuviese empitonada no era una novedad, y con los pezones metidos en agua helada hasta estaba justificado que los tuviera duros como rocas. Si Pablo estuviese aquí y a mi amiguita le diese por ponerse tan juguetona, no sé lo que podría haber pasado con ese terrible nabo empalmado que ahora claramente mi deseado primo intentaba calmar metiéndose a bucear bajo el agua. Y buceando llegó en ese momento Nuria por detrás mío. Seguramente habían hablado algo antes de entrar en el agua, cuando mi primo y yo estábamos como dos tortolitos, porque sin que yo me pudiese esperar nada, sentí la mano de mi amiga deslizarse en mi entrepierna desde atrás antes incluso de verla a ella. Con María enganchada a mis tetas, y los dedos de Nuria, que vorazmente me habían agarrado la vulva desde abajo y se metían como culebras por debajo de la tela buscando mis pliegues, mis ingles, mis labios, yo me quedé desarmada. Vi a Pablo volver a superficie justo en el momento que mis labios se fundían con los de María. Cuando su cabeza afloró, Nuria inició la cuenta detrás de mí:

 

- Uno, doooos y.... ¡¡tres!! 

 

Mi amiga me impulsó desde abajo mientras María me tomaba desde la cabeza como si de nuestro fugaz piquito fuese a pasar a un voraz morreo. Me besó, vaya si me besó. Pero debajo del agua. Me habían despistado primero y luego me habían hecho perder el equilibrio. Alguien me metió mano en las bragas. Cuando salí, Pablo estaba junto a nosotras. Pensé que había sido él quien hizo lo de las bragas, pero debí equivocarme, porque cuando le eché mano al paquete en represalia, se quedó flipado.

 

- ¡Pero prima! - exclamó.

 

En cualquier caso, su pene, si bien seguía muy hinchado, estaba considerablemente controlado y, al menos, guardado en su totalidad dentro de su ropa interior. 

 

- Jajaja ¡ahora te toca, Laura!

 

También pude comprobar eso de cerca cuando Pablo, cogiéndome de los hombros, me empujó con fuerza hacia abajo después de hacerme perder el equilibrio barriéndome las piernas con su pie derecho. No era la primera vez que vivía una de estas guerras de ahogadillas con fuerte contenido erótico, y me resultaba totalmente pertinente para el momento. Así que me dejé llevar, y mantuve los ojos abiertos mientras me hundían, viendo pasar el torso y abdomen, entre infantil y adulto de mi primo, y después su enorme paquete, que de infantil ya no tenía nada, y al que descaradamente repasé toda mi cara antes de ser arrastrada lejos de su cuerpo.

 

Emergí separada del grupo, mientras mi primo levantaba a Nuria cogiéndola del abdomen y la entrepierna. La mano bien abierta en todo su chocho, empujando, sobando, sintiendo, levantando, abriendo. Lo vi a cámara lenta mientras mi amiga se elevaba y se hundía delante de mí dando un fuerte grito. Mientras tanto, María había llegado por detrás de mí y me había puesto de nuevo las manos en los pechos, sujetándome con fuerza mientras me seguía metiendo mano. Lo hizo con tanta furia que no tardaron en salírseme las dos tetas del sujetador. Pablo nos vio, y avanzó hacia nosotras, directo hacia mí en realidad. No me molesté en recolocarme el sujetador y, total, Meri seguía con sus manos encima de mis pechos. Pero como tampoco era nada que mi primo no conociese a la perfección... Con pericia se zambulló, me tomó de las piernas y me levantó. Obviamente, nosotras éramos entonces demasiado corpulentas para él, especialmente yo, pero dentro del agua las cosas son diferentes y, sobre todo, nosotras hacíamos lo posible por favorecer sus movimientos sobre nuestros cuerpos, ya que era algo que todos estábamos disfrutando, y queríamos darnos la libertad de explorar un poco más ese juego, aunque fuera por una vez al menos. En ese caso concreto, Meri siguió a mi primo para ayudarle a levantarme, y aunque perdió el control de mis tetas, pudo así sostenerme en el aire durante un momento, mientras Pablo se metía entre mis piernas abiertas, avanzando mientras me sujetaba primero las pantorrillas, luego los muslos, luego los glúteos… todo me lo sobó antes de acabar, como si fuese lo más normal del mundo, con su cabeza entre mis muslos agitando su cara con fuerza contra mi vulva.

 

Tumbada a medias sobre el agua, a medias sobre María, con las tetas al aire y constatando, no del todo sorprendida, que me estaban comiendo el coño, sentí que me hundía. Me sujetaron como pudieron mientras María iniciaba otra vez la cuenta, antes de lanzarme:

 

- ¡Uno dos y treees!

 

Al caer al agua, casi rodando, vi la cara estupefacta de Nuria, que había salido del agua y lo estaba mirando todo con envidia.

 

Volví a la superficie lo más deprisa que pude. Nuria no había podido reaccionar aún, pero sí María quien, por alguna razón, parecía más entregada que nadie para este juego. La vimos lanzarse sobre mi primo, como intentando hundirle. Aprovechando su impulso, Pablo la derribó con facilidad; con demasiada facilidad, se diría, casi sospechosamente fácil... Bien, María se hundió ayudada por Pablo, que la sujetaba contra su cuerpo agarrada por los hombros. Ni más ni menos, Mer había quedado hundida con la cara a la altura del paquete de mi primo. Imaginé que a la muy zorra no le debía estar importando tragar agua con tal de abrir bien la boca alrededor de aquella verga medio dura. Sin mirarnos, Nuria y yo nos lanzamos al contraataque. En dos brazadas estábamos con ellos, y nuestras manos se hundieron en el agua con celeridad. Pude sentir en el dorso la cara y la lengua de María, pero mi palma se vio interrumpida por la de Nuria a la hora de alcanzar su objetivo. Era ella quien había puesto sus garras sobre la polla de mi primo, y sus garras se movían con ganas. Pero no me dio tiempo ni a odiarla, las dos habíamos aprovechado para empujar hacia atrás a Pablo como mecanismo de autodefensa cuando él nos empujó a su vez, con una mano puesta respectivamente en la teta izquierda de una y la derecha de otra. De un golpe, mi primo acababa de tocar, por primera vez, el pecho y el coño de una tía que no era yo, mientras que su pene había sentido, también por vez primera, el contacto de una mano y una boca distintos de los míos. Eso sí, la única teta desnuda que acababa de tocar y que había tocado nunca era mía, por lo menos todavía, jiji.

 

A partir de aquí todo se hizo más rápido y más confuso. Con Pablo en el agua, las tres iniciamos, al salir Mer, una guerra salvaje entre hembras en celo, donde sentí mis manos tocar todo tipo de carnes y pieles, de órganos sexuales, y otras manos buscando esos órganos, una vez entré en el calzoncillo de mi primo y pude sobar su miembro, pero otra sólo me encontré una mano ya cerrada en torno a éste. No sé, podía ser mía, aunque sospechaba que no, pero el caos era tal que todo era posible. Me recoloqué las tetas dentro del sujetador, pero no me duraron mucho. Aquel pequeño trozo de tela no estaba preparado para retener mis generosos y excitados pechos, y menos en una batalla campal dentro del agua. Volé por los aires más veces, me hundieron, hicimos volar a Pablo mientras sometíamos su cuerpo a todo tipo de tocamientos, mis amigas le ofrecían a él sus partes más íntimas y trataban las mías salvajemente.

 

En una de esas, mi sujetador se desabrochó, y no pude evitar perderlo. Pablo se abalanzó sobre mí e hizo como que me comía las peras delante de mis amigas, mientras yo le tocaba el rabo. Lo cierto es que llego a comérmelas,  yo le dejé hacerlo. Sentí allí otras manos, y otras más en mi culo, nuevamente, todo se volvió a desbaratar. Pablo nos levantaba una y otra vez, había descubierto que era la mejor manera de meternos mano abiertamente en el chocho, subiendo rápidamente entre los muslos y levantándonos por la vulva, que nos masajeaba mientras nos tiraba al agua. Dentro del agua intentaba tocarnos las tetas también. Conmigo no disimulaba tanto, ni yo con él. Conseguí que me hundiese otra vez pegada a él, y esa vez no dudé, le bajé los calzoncillos, le saqué la verga, y me la metí en la boca por un momento. 

 

A partir de esa fugaz comida, él se centró en mí, pasando descaradamente de mis amigas que, no obstante, siguieron atacándole una y otra vez con objeto de tocar y ser tocadas. Yo estaba nerviosa, pero también excitada. En pleno frenesí sexual, con las tetas al aire sin importarme una mierda, y sabiendo que aquello se me había ido de las manos, me dejé llevar, por Pablo y también por ellas. También yo las toqué a conciencia y, en un momento de locura, pensé que podía ser la mejor manera de frenar a Pablo, así que empecé un furibundo ataque sobre Nuria, sacándole también las tetas del sujetador, lanzándola contra mi primo, sobándole el coño pelado bajo las bragas, levantándola en vilo para lanzarla al agua. Y, en medio de ese frenesí sexual, sentí un nuevo ataque de pasión por mi amiga. Sin poder refrenarme, en un momento de lucha entre ambas, con nuestras pieles morenas resbalando del agua, el sudor y los nervios, mis tetas desnudas apretadas contra su pecho, sus manos recorriendo mi cuerpo buscando por dónde atacar... el subidón sexual fue tal, tal el deseo, las ganas de poseerla, de follármela allí mismo, que le empecé a besar, comiéndole la boca y la cara mientras sujetaba con ansia su cabeza con ambas manos. Pablo estaba junto a nosotros. Pero total, ayer ya había visto todo lo que tenía que ver. Y hoy había tenido su ración, así que si quería entender que entendiese, a mí me daba absolutamente igual. También él le ponía el culo a su hermano Carlos y se lo reventaba a Lucas el vecinito... 

 

Continuamos un rato con los juegos, pero ya no muy largo. Estábamos agotados y, además, el ambiente se había enrarecido. Mi primo parecía confuso, casi solamente se defendía de nuestros ataques, pero no sabía bien a quien atacar él a su vez. María también estaba extraña, como cabreada, parecía que no le había gustado nada mi morreo con Nuria. Si el enfado se debía a celos o a otro motivo, a mí no me importaba. No era mi relación con ellas lo que tenía en mente aquellos días, lo que me preocupaba era aclarar lo que pretendía hacer con mi primo. Y, si se tratara de elegir entre ellas... es cierto que creo que fue justamente en aquellos días cuando mi cuerpo y mi mente se empezaron a decantar definitivamente por Nuria. Si es que no había sido siempre así...

 

Pablo salió el primero de la pisci. Se sentó en las escaleras, resoplando. Viendo que aquello no daba para más, puesto que la situación se había vuelto definitivamente turbia, yo salí detrás de él, todavía en tetas, y me senté a su lado. A esas alturas ya pasaba totalmente de ponerme el sujetador, que Meri me traía sonriente después de haberse zambullido para recuperarlo del fondo de la piscina.

 

- Perdona - me dijo - espero no habértelo roto...

- No pasa nada, - le dije sonriendo - si ni me había enterado de que... ¡ups! - Realmente no me había dado cuenta de que fue ella la que me había dejado en tetas, y hubiese apostado la vida antes por Pablo o Nuria, cualquiera de los dos antes que Mer.

 

De cualquier manera, dejé aquella prenda en el borde de la piscina, medio flotando en el agua en movimiento. De repente me parecía una prenda odiosa, y disfruté de la libertad de sentir el tibio sol de la tarde calentando la piel mojada de mis excitados senos.

 

Pablo me miraba feliz, aunque todavía nervioso. También Nuria, sentada en el borde de la piscina, enfrente de nosotros. María, en cambio, había salido del agua y me miraba cabreada. El calor era asfixiante y, pese a ello, mi amiga se abrazaba el cuerpo como temblorosa, cubriéndose su mal cubierta desnudez por una exigua ropa interior que, empapada, resultaba absolutamente inservible para su propósito. María dijo:

 

- Tengo frío, voy un momento a darme una ducha caliente.

 

Me había quitado las palabras de la boca. No sabía el motivo, pero al ver a mis amigas salir del agua, me había invadido una sensación de angustia tal que necesitaba escapar de allí. No sabía si era vergüenza, miedo, vértigo o qué. Pero, de repente, verme allí casi desnuda, delante de mi deseado primo y mis mejores amigas, había pasado de parecerme la mejor de las situaciones posibles a algo terriblemente oscuro y bizarro. Quizás sí, no era más que vértigo, vértigo de ver cómo se habían precipitado las cosas desde anoche, de ver que el acuerdo tácito de no hacer las cosas explícitas se estaba resquebrajando, de que, cada vez más, queríamos mostrarnos todos y compartir... De que el final se estaba acercando, definitivamente. Y, como siempre, volvía a ser yo misma, con mis tetas al aire, la que daba los pasos más salvajes.

 

- Sí, creo que yo también necesito una ducha - dije, levantándome. Pablo y Nuria admiraban impávidos mis tetas, que se erguían orgullosamente, mostrándose como si hubiesen nacido para ser contempladas y deseadas únicamente por ellos. María cambió su mirada enfadada por una que pasó del asombro al deseo. ¿Era eso lo que le molestaba, que no me mostrase más encoñada con ella? - ¿Vas a tu baño, verdad? entonces yo voy al mío... - acababa de decir una obviedad que no había servido para nada más que para hacer explícito mi deseo de ducharme sola.

- Sí, sí... - musitó María, dándose la vuelta y desvaneciéndose de allí. Nadie pareció percatarse.

 

Me giré, miré a Nuria, miré a Pablo. Seguían callados, asombrados. El paquete de Pablo mostraba una generosa erección. Los pezones de Nuria estaba a tope, su vulva hinchada. Y me miraban con una cara tal de deseo que me costaba trabajo no pedirles a los dos que vinieran a ducharse conmigo. Oh, mierda, esa imagen, la acababa de visualizar y no me podía resultar más erótica, más deseable y caliente. Bueno, supuse que la ducha no me iba a venir nada mal para relajarme, y así además podía aprovechar para hacerme una paja, que me iba a venir bien.

 

Total, que fui para el baño, entrando chorreando todavía a la casa por el ventanal de la habitación de Pablo. Joder, pensar en ducharme con Nuria y Pablo me había puesto muuuy bruta. Pero es que ellos estaban salidísimos conmigo, esa forma de mirarme las tetas... Bueno, lo de Pablo era obvio, pero lo de Nuria... Había sido todo a raíz del beso, ella se quedó pasmada, y Meri con ese mosqueo... ¿Me había pasado con el morreo? Sí, seguramente había sido intenso, y sobre todo fuera de lugar, pero... Pfff. El caso es que, por alguna razón, había tenido más efecto en ellos tres que en mí, tampoco me sentía tan caliente, pensé mientras me quitaba las braguitas. Me mire en el espejo, desnuda.

 

La verdad es que, aunque sé que resulto muy atractiva a algunas mujeres y a muchísimos hombres, yo nunca me he visto realmente como nada especial. Nuria siempre me dice que tengo cierto complejo con mi cuerpo y mi belleza, y yo siempre le digo que ella es la culpable de eso. Pero que una diosa como ella me haya elegido a mí como pareja siempre me ha ayudado a hacerme ver mis valores físicos, que no son pocos. En todo caso, lo cierto es que he de decir que aquellos días estaba bien buena, lo estaba y yo me veía atractiva y deseable como pocas veces, sin duda fue una de mis mejores épocas, yo creo que tuvo mucho que ver con esa relación mía con mis primos tan intensa y especial, y a la vez tan física y sexual. Además, todavía me conservaba taaan joven. Aunque, como me dice ahora mi cuñado Guille (por fin retomamos lo nuestro, aunque de manera bien distinta, mucho más ocasional, a pesar de lo que a él le gustaría), estoy madurando de maravilla, jiji. Pero bueno, a lo que voy, todo aquello que acababa de pasarme, la mañana con Pablo, mis comeduras de cabeza, no sé, me había montado una película a mí misma que quizás no estaba tan lejana de la realidad, pero tampoco era absolutamente cierta. Y, justamente, me encontraba en mi punto álgido de autoestima. Afortunadamente, había tenido un resto de cabeza como para meterme en el baño y no liarla. Fue lo mejor que pude hacer, porque lo que pasó a continuación me puso en mi sitio, ayudándome a darme cuenta de que el mundo no giraba alrededor de mí, ni mucho menos.

 

Yo estaba tan exaltada que hice una pequeña tontería. No pude evitar preguntarme qué estarían haciendo Pablo y Nuria, lo de imaginarlos conmigo en la ducha había sido fuerte, y no dejaba de darle vueltas. Así que me decidí a abrir la ventana del baño que daba hacia la habitación de Pablo, justo el lado de la piscina donde nos habíamos sentado cuando terminamos de bañarnos. Lo peor es que, aunque me costara reconocerlo, mi verdadera intención era provocar que Nuria y Pablo me espiasen juntos mientras me duchaba. Juntos. Me ponía pensar que se masturbaban, incluso uno a otro, excitados mirándome desnuda. O que, incluso, Nuria tiraba de Pablo para llevarlo a mi ducha y le obligaba a hacerlo conmigo mientras ella nos besaba y nos acariciaba. Vamos, las mayores estupideces. De todas formas, y en mi defensa, iban ya unos cuantos episodios de espionaje por aquella ventanita, así que no era tan descabellado pensar algo así, y menos después de la manera en que mi primo había provocado a Nuria para conseguir que ella le espiase a él.  El caso fue que lo que me encontré al abrir la ventana no pudo ser más distinto de lo que estaba soñando.

 

Nurita estaba tumbada en el césped, justo delante de mí, mirando hacia el ventanal del cuarto de Pablo por el que yo acababa de entrar. Y mi primo se había sentado sobre su culo, y estaba masajeando su espalda. Sí, exactamente lo que yo le había pedido que me hiciera el día anterior por la tarde, y muy parecido a lo que ellos mismos habían probado la mañana anterior. Aunque mi primo no estaba tan lanzado como aquella vez con ella: el masaje era tranquilo y su pubis no se frotaba, al menos aún, con el cuerpo de mi amiga. Pero conozco esa sensación, el roce, la ropa mojada, el calor, el culo que va resbalando, la polla que va creciendo... Por lo menos seguían los dos con su ropa interior, con toda. Presté atención; hablaban bajo, pero estaban tan cerca que podía escucharles bastante bien:

 

- Y dime Pablito… ¿qué es lo que le haces a tu primita cuando echáis juntos la siesta? Porque viene siempre muy alterada a nuestra cama...

- Pues… a veces me pide masajes, igual que tú... - mintió él. Por lo menos no se los había vuelto a pedir en la siesta, desde la prohibición. Solamente ayer por la tarde lo hice, pero no era la siesta, y estaban ellas delante. Diría que no podían objetar nada si no fuese por lo que pasó, claro. Pero tampoco le reprochaba a Pablo su mentira, estaba claro que lo hacía para salir del paso… o eso quise pensar.

- Como le gusten la mitad de lo que me está gustando a mí este, puedo entenderlo entonces...

- Le gusta más aún - dijo él sonriendo.

- ¡Ah! Entonces ¿puedes hacerlo mejor aún?

- Bueno...

- Sabes... me gustaría que me lo dieses como se lo diste ayer por la tarde, delante de mí... se la veía tan... "entusiasmada"…

 

Pablo se puso rojo. 

 

- Nosotras también nos hacemos masajes ¿sabes? - Nuria levantó la cabeza, sujetándola entre sus manos, mirando hacia el frente fijamente. Me di cuenta de que debía estar viendo todo en el reflejo de la puerta. Muy aguda. A juzgar por el aumento de volumen en el slip de Pablo, diría que él estaba empezando a no enterarse de nada. - No sé si alguna vez te lo ha pedido que se lo hagas así, pero le gusta mucho que yo se lo haga completamente desnuda. Claro, tú eres su primo, y eres un niño... aunque se te ve muy unido a ella, ¿verdad?

- S... sí... - mi pobre primo estaba muy cortado. Nuria se estaba tomando su revancha. Supuse que de haber estado solos, él ya la habría montado, y la tendría mirando a Cuenca, que diría ella. 

- Supongo que no te importaría hacerle un masaje desnuda ¿verdad?

- ... - Pablo cerró los ojos, concentrándose sin duda en sentir el tacto del cuerpo de mi amiga, la deliciosa piel de su portentosa espalda.

- Es algo que merece la pena, está tan buena, no hay una tía igual, tiene un cuerpazo pero... es que además sabe utilizarlo... pero no quiero calentarme, eres un crío, no quería hablar de sexo contigo ¿sabes?, sólo de masajes... - Joder con Nurita.

 

Por lo menos me soltaba esos piropos, de regalo. Pero no se cortaba un pelo, y mi pobre primo lo estaba acusando, aunque se mantenía firme. Su pene estaba ya al filo de su calzoncillo, pero él mantenía, extrañamente, el masaje dentro de lo correcto. Estaba convencida de que era porque yo estaba en la casa y podía pillarles. Y quería pensar que no era miedo a mi enfado porque eso pudiese estar mal, sino por no querer darme celos... ¿me agarraba a un clavo ardiendo? Porque la escena se las traía. Nuria seguía:

 

- Le gusta tanto quedarse desnuda, boca arriba, yo le masajeo las piernas, los muslos, untados en aceite, las tetas, que son lo más sus tetas ¿verdad?, con esos enormes pezones, que se le ponen taaaan duros. - Era demasiado para mi primo, su polla crecía imparable ya. También yo me estaba poniendo bruta. - Y luego... bueno, su tripa, brazos... ¿sabes? a veces se lo hago en el sexo... jeje, con dos dedos alrededor de sus labios, muy suavemente... claro, casi siempre se pone a mil y tengo que hacer algunas otras cosas que si me oye contártelas me mata, jejejejeje. Uffff… tú con esas manos seguro que vas a ser muy bueno también con eso Pablo… haciendo masajes en el sexo… dentro… mmmmm… pero estás muy callado, Pablo. ¿Sabes qué? Haces masajes mejor que muchos tíos con los que he estado - Nuria me había robado esa frase... igual que me había robado la situación, y me estaba robando a mi primo. – A mí no me importaría nada dejar que me dieses uno completamente desnuda...

 

Joder. Descubrí que yo ya tenía al menos un dedo dentro de mi coño. También Pablo acababa de alcanzar su límite. Tenía el nabo tieso desplegado al completo frente a su pecho, estaba empalmadísimo. Nuria se lo debía de estar viendo casi tan bien como yo, como debió de ver cuando mi primo se la empezó a acariciar, masturbándose a placer sentado sobre ella. Nuria sonrió. No podía evitarlo, disfrutaba como una niña viendo aquello, casi tanto como aquella mañana cuando incluso se la pude tocar, cuando incluso nos tocamos.

 

- Ahhhhh, Pablo, qué placer me estás dando... eres increíble uffff… ¿es verdad que tú y Lau habéis...? ya me entiendes ¿habéis hecho cosas juntos, verdad?... mmmmh. No me extraña, estáis los dos tan buenos, y sois tan buenos los dos dando placer...

 

Definitivamente Nuria se estaba pasando, iba a por todas con él, pero me daba igual, la escena era brutal y yo iba directa a la gloria y quería saber hasta dónde eran capaces de llegar ellos. Creo que él ni siquiera era consciente ya de lo que le mi amiga le estaba diciendo, ni tampoco de que ella le estaba viendo empalmado. Nuria era demasiada mujer para ese pobre niño, desde luego. Aquel juego de doble espionaje me volvió loca, casi deseaba que Nurita me mirase de una vez y me descubriera. Estaba cachonda, la situación era tan especial que no era capaz de sentir celos, sino solamente calor; lo que estaba haciendo Nuria me ponía brutísima, era algo magistral, auténtica Nurita en estado puro. Para Pablo también era algo especial, diferente. Nunca le había visto ir tan rápido, estaba a punto de correrse, se lo podía notar, le conocía bien. En un último estertor, arqueó su joven cuerpo mientras se la meneaba con fuerza sentado sobre aquel cuerpo de mujer brillante y oloroso de deseo. Y Nurita, reconociendo en aquel gesto la cercanía del final, actuó con una maestría y rapidez que hasta a mí me dejó asombrada. Se estiró y, cogiendo un bote de crema solar que estaba tirado en el suelo, junto a ella, le dijo:

 

- Toma, anda, aprovecha y échame un poco de crema por la espalda.

 

Ella sí sabía cómo aprovechar las circunstancias. Por el motivo que fuese, miedo o respeto por mí, pero Pablo se había cortado, no la había atacado a pesar de su brutal y frontal provocación. Y, sin embargo, ella se había salido con la suya, y se iba a llevar la corrida de mi primo sobre su ardiente cuerpo.  Pablo entendió perfectamente lo que Nuria quería. Cogió el bote de crema y lo tiró hacia atrás. Nuria agachó la cabeza, sonriente, y la apoyó en el césped, relajada y dispuesta a recibir su premio. Siguió con la mirada elevada mirando cómo mi primo terminaba sobre ella. Pablo, sin disimular, se corrió a gritos, saltando sobre el culo de mi amiga, golpeando la espalda con su verga y esparciendo la marea de su copiosa corrida. Mientras lo hacía, no había dejado de masajearla con la otra mano, mientras con la que tenía libre se aplicaba en darse placer a sí mismo. Ahora siguió el masaje, incorporando ya las dos manos, para extender su propia crema caliente y recién ordeñada sobre la espalda de Nuria. Ella agachó del todo la cabeza, se llevó las manos al cuello recogiendo su pelo, y arqueó la espalda para facilitarle a Pablo el trabajo de esparcir su lefa por su piel. Todo ello sin dejar de gemir:

 

- Ahhhh, pero Pablo tío, que gusto mmmhhhh, sihhhhh, qué bien lo haces cariño, ahhhhhmmm.

 

Pablo actuaba impasible, su cara permanecía inescrutable, no era posible saber lo que estaba pensando en ese momento. No estaba eufórico, tampoco enfadado, ni sorprendido, ni asustado... Poco a poco se fue calmando, mientras se aplicaba a dos manos con el masaje hasta conseguir hacer desaparecer su abundante eyaculación, a medida que el cuerpo de mi amiga lo iba absorbiendo a través de su piel. 

 

Me sorprendió no sólo la rapidez de su corrida, sino también lo rápido que consiguió relajarse, increíblemente al poco tiempo su pene estaba en reposo total, jamás le había pasado algo así conmigo, tan rápido y fácil, normalmente necesitaba varias corridas, o marcharse para aliviarse él solo. De nuevo me planteaba si su especial capacidad de excitación podía ser algo que sólo le pasara conmigo... o si, simplemente, había logrado controlarse por miedo a que yo o María pudiésemos aparecer. Pero lo cierto es que no tardó en poder meter su polla, que había recuperado ya un tamaño aceptable, dentro del slip. Continuó el masaje como si nada; si hubiésemos salido al jardín ahora, simplemente les habríamos visto dándose un masaje, con la crema a medio extender, y tan calmados que habría llamado la atención con la que llevábamos encima. Ni de lejos se parecía en aquel momento a la barbaridad que hice yo con él la tarde anterior. Parecía que no había pasado nada. Pero vaya si había pasado.

 

Yo también me había corrido, me había hecho una paja brutal sin darme cuenta. Bien, "nada más que ver", pensé, "pero mucho por hacer". Estaba sudada y muy caliente, así que les dejé con sus caricias y masajes, y me metí debajo del chorro de agua fría, helada, intentando sofocar mi calentura. Noté que estaban completamente en silencio, puede que fuese lo normal después del sexo, pero me daba que el sonido de la ducha podía haberles alarmado, al constatar mi cercanía. 

 

Y, justo entonces, reapareció Meri. Justo a tiempo, pensé. Ella no podía darse cuenta de nada de lo que había pasado, claro estaba.

 

- Pero bueeeno, ¡hay que ver qué bien os lo montáis! - dijo con su voz dulce. Estiré la cabeza para poder ver algo por la ventana.

- Ya ves - dijo enseguida Pablo, sin asomo de remordimiento.

 

Bueno, bueno, con mi primo. Hay que reconocer que estaba hecho un experto, había medido los tiempos a la perfección. Me asomé un poco más. Nurita se estaba incorporando, ella sí que parecía sorprendida, como si hubiese visto a un tío en bolas delante de ella en vez de a María. Nerviosa, intentaba levantarse. Pablo se retiró de ella, aunque para ponerse de pie tuvo que hacer aparatosos movimientos tratando de ocultar su más que evidente bulto en el calzoncillo. Una cosa es que tuviera su erección controlada y otra, muy diferente, que aquello estuviera en reposo completo después de estar sentado en el culo de una maciza como mi amiga. Pero, en cualquier caso, y habiendo visto a mi primo aquellos días, lo que había no resultaba alarmante, y no creí que lo resultara ni siquiera para María.

 

Me retiré para evitar ser pillada ahora que se estaban moviendo. Vi, a través del cristal traslúcido de la bañera cómo se dirigían hacia el porche por el jardín. Aproveché para pegarme un poco al cristal, a pesar de haber más luz fuera que dentro: sabía que algo se podría llegar a ver si mi cuerpo estaba bien cerca de la ventana. Me costaba escuchar, pero algo conseguí entender a María, sobre lo bien que le había sentado ducharse. Entonces Nurita empezó un largo discurso sobre la falta que le hacía ducharse a ella también, que estaba muy sudada y que iba a copiar a Meri... Sonaba un poco a excusa, no entendía por qué, pero resultó demasiado exagerado y largo. Volví a ver sus sombras volviendo hacia aquí. Yo acababa de salir de la bañera, entorné del todo la ventana, aunque sin llegar a cerrarla. Ahora no quería que me vieran, pero sí escuchar, en lo posible.

 

- Dúchate tú si quieres también, Pablo. Yo empiezo a preparar la cena, y ahora, en cuanto salga Lau, terminamos entre las dos. ¿No tenéis hambre?

 

Tuve un momento de pánico al escuchar a María. ¿No pretenderían ducharse juntos mi primo y mi amiga? Mierda, todo era posible. La escena de antes, si bien mi primo había mantenido una cierta distancia, había servido para darme cuenta de que mi poder no era absoluto, y que Nurita siempre era un peligro que, desde luego, Pablo no iba a querer evitar, por lo menos evitar completamente. Sin embargo, al escuchar los ruidos que me llegaban por la ventana pronto me tranquilicé. Parecía que cada uno había tomado un camino distinto, Nuria a su habitación, María volvía a la cocina por el jardín, y mi primo...

 

Escuché los golpes en la puerta del baño.

 

- ¿Laura? - preguntó Pablo pidiendo permiso.

- Pasa Pablo, está abierto.

 

Mi primo entró en el baño. Yo estaba completamente en bolas, claro. Con la toalla en la mano, me secaba con parsimonia. 

 

- Perdona… es que me quería duchar y…

- No pasa nada, ¿por qué tendría que perdonarte?

- Es que... como estás...

- ¿Desnuda? Pero Pablo, de verdad, jiji, ¡a estas alturas! Si además te he dicho que podías pasar, sería por algo. Y no me digas que no se me veía desde fuera, que ese cristal de la bañera no sirve para nada si estás tan cerca, duchándote ¿verdad?

 

Mi primo sonrió, entre feliz e incrédulo. Yo me mostraba ante él sin complejos. Y él me miraba con la misma ausencia total de pudor, sin disimular que me estaba comiendo con los ojos.

 

- Jo, es que tú también has mejorado mucho, Laura... estás aún más buena que antes, si eso es posible. Por eso no puedo dejar de mirarte nunca.

- Vaya, Pablo, todo un piropo... - dije fascinada, mientras le veía desnudarse completamente delante de mí. Se bajó los calzoncillos remolonamente, despacio, dejando que su miembro fuese apareciendo con majestuosidad para mí. Una maravilla. - Y más cuando eres tú el que ha cambiado tanto... a mejor, ya te lo he dicho... tu polla ¡qué delicia! La tienes preciosa, primito...

- Joder Laura, pues tus tetas, y tu coño...

 

Pablo se puso nervioso, por un momento su cuerpo se puso rígido, parecía que iba a saltar sobre mí. Yo conseguí controlar mi respuesta, y ni me inmuté. No sé cómo fui capaz de no entrar en pánico en ese instante. El caso es que él, al final, se contuvo y se limitó a esperar para entrar en la bañera mirándome. Yo me tomé mi tiempo, siempre desnuda, echándome crema, desodorante, peinándome... Como si nada. Él estaba callado, yo me puse a hablar, creo que de comida, contándole lo que había pensado hacer para cenar. Él disfrutaba mirándome, flipado. Su pene también, claro. Se empalmó, lo vi crecer para mí y por mí, milímetro a milímetro, se hinchó y se levantó, hasta erguirse en su brutal dimensión. Aún así, nosotros seguimos ignorando todo eso, como si fuese lo más normal del mundo. Por fin terminé.

 

- Bueno, Pablo, pues todo tuyo el baño - dije recogiendo mi ropa interior (mis braguitas, ya que el sujetador se había quedado en el borde de la piscina).

 

Le miré por última vez. Y, entonces, sentí tal flojera en las piernas, que supe que todo estaba perdido. Claro que tenían razón mis amigas, pero ¡cómo era tan tonta de estar desaprovechando eso! No sólo aquella brutal polla que tan bien manejaba y yo sabía ya lo mucho que me gustaba y el placer que era capaz de darme. Es que mi primito entero, su cuerpo, ese cuerpo que además no era más que una promesa de lo que sería en unos años, cuando se desarrollase al completo, y él, él, que era tan dulce, tan mono... ¡Era capaz de aguantarse desnudo con la polla tiesa mirándome pavonearme desnuda delante suyo sin hacer nada si yo no le daba una señal! ¿Pero qué persona era capaz de algo así? "Aguanta, Lauri, aguanta" me dije, tratando de no saltar sobre él. Vale, lo tendrás, todo, pero no ahora, ahora no es el momento". Conseguí aplacar mi fuego. Pero no renuncié a un pequeño premio. 

Me acerqué a él y le di un suave beso en los labios mientras me apretaba firmemente contra él, poniendo las manos entre los dos, a la altura de nuestros vientres. Una de ellas directamente abierta sobre su polla dura, caliente y sudada.

 

- Yo también voy a querer que me hagas un masaje como ese que le has hecho a Nuria... - traté de conseguir la más seductora de mis sonrisas. La expresión de Pablo me decía que no necesitaba esforzarme tanto, jiji. Sentía mis duros pezones clavándose en su piel ardiente. - O uno de esos que te ha dicho que me gustan tanto... - me separé, dejando resbalar mi dedo índice por el mástil de su polla. - Pero ahora no ¿vale? tengo que hacer la cena...

 

Me fui, no sin antes dejarle mis bragas colgadas en su verga, tiesa como un palo, como si fuese un descomunal perchero. Ya sabía lo que venía ahora. Simplemente había querido igualar el tanteo parcial de esta tarde. No podía dejar que ella me comiese el terreno. Nuria podía comerme el coño todo lo que ella quisiera, pero no estaba dispuesta a que me comiera el terreno. Aquella vez no. Bueno, lo cierto era que si no me despistaba, me veía perfectamente capaz de seguir manteniendo la distancia. Catorce - ocho. Cogí rápidamente nuevas bragas y sujetador, sin importarme cuáles. Tampoco me quedaba mucha variedad, los mejores modelos los tenía en mi casa de la ciudad, y estos días había manchado tanto...

 

Salí por la habitación de Pablo, para recoger mi sujetador de la piscina. Lo escurrí bien, y volví al vestidor para echarlo al cesto de la ropa sucia. En el baño se escuchaban ya claramente los jadeos de Pablo diciendo mi nombre al ritmo del golpeteo de su paja. Pasé a mi habitación, y salí al pasillo para ir a la cocina a encontrarme con María.

 

Nada más verla supe por qué Nuria se había quedado tan sorprendida cuando llegó ella después de ducharse. Y entendí, también, por qué Nuria había salido disparada a ducharse ella también, sin pensar ya en Pablo, ni en mí, ni en nadie. Joder con María. La mosquita muerta. Pero hay que reconocer que tiene un buen culo, un culo de impresión, firme, duro, con esas formas tan deliciosas... Eso era ni más ni menos que lo que estaba viendo delante de mí: mi amiga había dado un paso más en su lencería, y había pasado de las braguitas modelo "classic" a unas bastante más "brasileñas", por así decir. No era un tanga del todo, pero se le veía el culo, al menos lo que son las nalgas, más que sobradamente. Y, sin ser totalmente transparentes, eran mucho más que lo más atrevido que habían llevado hasta el momento ella o Nuria.

 

- ¡Hola, preciosa! – me recibió con su voz más alegre y luminosa.

- Me has pillado...

- Pues no ha sido por ruido, no te creas - era casi imposible, dada mi costumbre de andar descalza en casa, de siempre, y más en verano; evidentemente, con nuestra predisposición al nudismo de la última semana, ninguno de los cuatro usaba en ningún momento zapatillas o chanclas - ha sido por el olor, es increíble lo bien que te huele el pelo y el cuerpo cuando te duchas, mira que estamos usando los mismos champú y gel, pero yo nunca huelo tan rico como tú...

 

Me dejó un poco sorprendido su discurso sobre mi olor, tanto que pensé si lo que realmente me estaba oliendo no sería el chocho, que estaba más bien húmedo después de haber visto, olido y tocado la verga de mi primo. Y ahora esta imagen de Meri. Joder con mi amiga, estaba impresionante.

 

- No te conocía este conjunto, estás increíble... - fui capaz de disimular convenientemente, gracias a haberla visto primero de espaldas… porque si me la llego a encontrar de frente me da algo. 

- ¡Graciaaas...! - se la veía feliz, con el comentario.

 

Por delante, las bragas no eran tan espectaculares como por detrás, donde su culo de revelaba evidente, mientras que el coño seguía más bien a buen recaudo. Pero las tetas se le veían como si no llevase absolutamente nada, a pesar del fino encaje oscuro que, en realidad, no hacía más que resaltar el delicioso bronceado de su piel. Sus pezones se marcaban allí duros como botones en la fina tela, estaba salvajemente empitonada. Aunque tiene buenos pezones, igual que Nurita (menos mal, porque la pobre, es prácticamente lo único que tiene, jiji), lo cierto es que ninguna de las dos consigue llegar a mis generosas canicas. Y de tamaño de peras ya ni te hablo. Bueno, viendo así a Mer, me podía esperar cualquier barbaridad cuando saliese Nuria, así que iba a tener que espabilar. Justamente me habían pillado, además, con el más sosérrimo conjunto de mi vestuario. Pero no le iba a dar el gusto a María de irme a cambiar. Además, pensándolo bien, mi primo había venido a mí, después de verla a ella así y de que Nuria poco menos que le pidiera que la desnudara. Pensaba que todavía tenía una importante ventaja a nivel de deseo con él, pero ya podía estar espabilada si no quería perderla. Ellas estaban empezando a jugar fuerte. Aunque, y pese a lo buenas que están mis amigas, también mi físico me acompañaba. Ya digo que, aunque a María se le veían perfectamente las tetas y sus duros pezones, los míos se estaban marcando de tal manera en mi sujetador, y eso que era con relleno (insisto que eran los únicos que me quedaban, sabía que era un paso atrás pero no había tenido otra posibilidad), que resultaban mucho más evidentes que los de ella, a pesar de todo. Decidí no agobiarme, y pensar tranquilamente lo que podía hacer para que la situación no se me volviese en mi contra.

 

- Las dos estáis muy guapas - la alegre y rasposa voz de quinceañero de mi primo nos sorprendió a ambas.

 

Meri lució palmito, feliz de la vida. Estaba enseñando hasta el alma delante de un niño, como quien dice. Y tan feliz. ¿Nos habíamos vuelto locas? Pero ese niño acababa de piropearme con sinceridad, poniéndome a la par de mi sexy amiga. Bueno, acababa de verme desnuda, sabía bien lo que había... jiji. Pero no era cosa mía, a pesar de lo que le estaba regalando María, mi primo me estaba comiendo a mí con los ojos. Y yo, claro, me dejaba.

 

Mientras comentábamos como desconocidos el calor que hacía y banalidades así, casi terminamos entre los tres de preparar una sencilla cena. El día estaba tan sofocante que, a pesar de  no haber comido demasiado, ninguno tenía mucha hambre. 

 

- Voy a buscar a Nuria, ¿vale? que ésta es capaz de tenernos horas esperando.

 

A mí también me había sorprendido un poco su tardanza, imaginé que quizás estaba probándose modelitos. Pablo me ayudó a llevar todo al salón, donde preparamos la mesa delante de los sofás para ver la peli que mis amigas habían traído del videoclub. Me costaba un poco sacar temas de conversación, estaba un poco confundida con mi primo, con todo lo que habíamos hecho hoy, y cómo estaba él ahora conmigo. A pesar del espectáculo de María, de lo de Nuria, no sé, estaba tan cariñoso, tan entregado, y se le notaba a la legua que me tenía unas ganas tremendas. Lo peor es que yo podía sentir también esas ganas hacia él, mmmhhh... Además, ellas estaban tardando demasiado... ¿qué demonios harían? Afortunadamente, mi primo parloteaba, como siempre, evitando así que se produjeran silencios incómodos.

 

Y, de pronto, aparecieron. Porque lo de Nuria fue una aparición. Menudo putón. Porque iba de puta para arriba. O ni eso, si para lo que llevaba… Un mínimo conjunto de tanga completo, de tiras, y mini sujetador, todo de encaje anaranjado con los bordes de finas tiras de seda naranja. Seguramente era peor, mucho peor que ir en bolas. Afortunadamente no debía de existir talla para unas tetas como las de Nuria, tan pequeñas, de este tipo de sujetadores. Alguna vez los he llevado (y sí, trabajando de puta, ni más ni menos, con Nurita, para más datos) y, en mis tetas, se convierten prácticamente en un cubre pezones. Quiero decir, que son de esos que te dejan todo el pecho fuera y sólo tapan la areola del pezón y poco más aunque, en este caso, lo poco que cubría se veía igual al ser la tela trasparente. 

 

- ¡Uauuuuuh! - no pude evitar exclamar.

 

Mi primo y su polla no dijeron nada, pero los dos se quedaron mirándola, pasmados. 

 

Su pequeño sujetador, aunque en ella cubría todo el pecho, ya digo que era como si no, porque la trasparencia, al ser la tela de un color tan claro, tan fina, y de un encaje tan liviano, era total. Total, casi como un vidrio. Y lo mismo en el coño, la fina línea de pelo en el centro del pubis se la podías ver como si no llevara nada para tapársela. Afortunadamente, la parte baja estaba reforzada con tela normal, así que la cosa no iba más allá... por lo menos por delante. Viendo mi expresión, Nuria dio una majestuosa media vuelta. La muy zorra, se movía con la soltura y profesionalidad de quien se ha mostrado así miles de veces delante de otros hombres y mujeres; ella y yo aprendimos juntas ese oficio, aunque ella siempre lo había llevado dentro. Ahora tenía a la puta en casa dispuesta a todo... delante de mi primo, un pobre crío asustado... bueno, qué coño, todo menos asustado, a juzgar por cómo tenía ya la polla. Pablo me miró, se ve que no quiso forzar y se sentó, intentando disimular que se estaba poniendo pinocho. Pero lo hizo mirando mis tetas, se me habían hinchado y los pezones querían salir disparados rompiendo la tela, me dolían en su roce con el sujetador, de lo bruta que estaba. Nuria por detrás parecía casi desnuda. Dos delgadas líneas de fina seda cruzaban su cuerpo, a la altura de los omóplatos y de la cintura. Fina seda naranja, que a la escasa luz del salón se fundía con el tono tostado de su piel. Las tiras verticales del sujetador eran un mínimo cordón, imperceptibles. La tira vertical del tanga, mínima también, se hundía entre los dos cachetes de su culo, incrustada en la raja, y eso que Nuria tiene un culo nada exagerado, al revés, casi perfecto, duro, firme, macizo, solamente un pelín escaso, es su único fallo. Pues se lo estaba enseñando tal cual a mi primo. Lo de Meri se había quedado en nada.

 

Meri.

 

Meri venía detrás de ella, a la carrera. Colocándose las bragas y subiéndose un tirante del sujetador. Entonces me di cuenta, olía tremendamente a sexo. Y era el sexo de Nuria. Claramente, mi amiguita estaba en celo. Reconocería ese olor en cualquier rincón del mundo. Pero había otro, no tan potente, pero más hondo, más antiguo y penetrante, salvaje y provocador. María. Pero una María exageradamente cachonda, o corriéndose, o recién co... Joder, por eso habían tardado tanto. Pero yo me estaba mareando, podía oler la polla de mi primo soltando preseminal, y mi chocho, mi chocho... Yo también estaba brutísima, dispuesta a todo. Necesitábamos sexo como el aire para respirar.

 

- Bueno, menos pase de modelos y al lío, que tenemos hambre.

 


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nyctidromus
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te pongo mi polla como me dejo tu relato mamacita

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laualma
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@nyctidromus pues a mí volver a recordar todo eso mientras lo relataba para publicarlo me puso tan perra que tuve que parar, sin darme cuenta estaba casi desnuda y muy caliente, así que empecé a acariciarme y ufffffg…

digamos que me quedé bien abierta y dispuesta para que metas tu bestialidad de polla en mí sin tener que hacer mucho esfuerzo

¿me follas, precioso?


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nyctidromus
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@laualma claro, te follo y te rompo el ojete a pollazos


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laualma
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@nyctidromus bufffff tu polla gorda por el culo va a costar… pero no creo que fuera capaz de negarte nada con esa verga que me vuelve loquita


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nyctidromus
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@laualma te me lo deditos, aunque imagino que tienes pollas plástica más grandes para somizarte uff me pongo muy cachondo al escribirte mami


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laualma
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  • @nyctidromus prefiero millones de veces tener tus deditos metidos en el culo antes que cualquier polla de plástico por grande que sea… eres un puto vicioso, me encanta!

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@laualma que rico, comiéndote el ojete mientras te toco el chocho encharcado


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@nyctidromus mmmmm lo siguiente es tu lengua hundida en mi culo y tus dedos chapoteándome el coño, follándome todo lo profundo que seas capaz de llegar 

yo, por mi parte, me limitaré a jadear y a gritar como una burra, porque en esa postura no creo que dé ya para más 


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@laualma jadeas y gadeas, cómo zorrita en celo hundiendo mi cara en tus entrepirena hasta que me laves la cara con tus jugos


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@nyctidromus te voy a ahogar con mi coño como lo comas tan bien como parece


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laualma
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@nyctidromus te voy a ahogar con mi coño como lo comas tan bien como parece


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nyctidromus
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@laualma y yo me beberé toda tu corrida mi amor hartarme de ti para desde darte mi polla para tu placer mi corazón


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@nyctidromus la gente acaba por hartarse de mí casi siempre, pero jamás de mi cuerpo, ni de follar conmigo, ni de beber mi corrida


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@laualma tener todas las noches tu coño y tus tetas para gozar 🔥🔥🔥🍆🍆 cómo te quiero comer


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@nyctidromus me dejaría hacer de todo sin dudar por un hombre como tú


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@laualma me halagas mami, ten por seguro que yo seria tuyo completamente


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@nyctidromus no lo digo por decir, tienes una polla como pocos y un físico para saber usarla


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@laualma con cada comentario tuyo me empalmo como quisiera darte unas nalgadas por zorrilla


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@nyctidromus si me dices que estás empalmado espero que después de las nalgadas aproveches para enterrármela bien fuerte en el culo


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