De incesto en inces...
 
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De incesto en incesto

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José
(@quique)
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Topic starter   [#1394]

 Os voy a contar algunas de las cosas que le han pasado últimamente a "Tita Carmen".

"Tita Carmen" había comido y charlado de todo un poco con sus cuatro sobrinos y entre esos temas salió el del sexo. En esa conversación les reiteró lo que ya les había dicho, que lo que pasara la última vez no se iba a volver a repetir. 

-... Eso que os quede bien claro. Aquí el único juego que habrá es el de las cartas

Comieron, y después de los postres, Carmen les dijo:

-Me encuentro rara. Voy a tomar la siesta, que nadie me moleste.

Juan, muy serio, se hizo responsable de sus primos. 

-Yo me encargó, tita, nadie te molestará.

Al llegar a la habitación se echó sobre la cama y se quedó dormida.

Al rato llegaron a la habitación los cuatro satélites. Mirando para su tía, le preguntó Lucas a Juan:

-¿Cuánto dura el efecto de eso que le has dado?

-Ni idea.

David le dijo:

-¿Puedo hacerte una pregunta?

-Dispara.

-¿Esto no es una violación?

-Es un abuso, si no quieres participar, vete.

-Hombre, si es solo un abuso...

Juan le quitó el pantalón y las bragas a su tía, Lucas y Luis le quitaron la blusa. Al estar desnuda, Juan, que era el macho alfa, repartió tareas.

-Tú, Luis,  boca, tú, Lucas, y tú David, las tetas, yo me quedo con el coño.

Se desnudaron y después se pusieron a la faena. Luis la besó. Era cómo si besara a una muerta. Le dijo a su primo:

-A mí así no me va, Juan.

-Pues métele la polla en la boca.

Le frotó la polla en los labios y Carmen abrió la boca. Era como si estuviera teniendo un sueño húmedo, pues después de meterla la polla en la boca se la mamó. Juan le comía el coño cómo le había enseñado, metiendo y sacado la lengua y lamiendo de abajo a arriba. Sabía que su tía estaba disfrutando porque su coño no paraba de lubricar y David y Luis también lo sabían porque echaba las tetas hacia arriba curvando la espalda. Cuando su respiración se aceleró, Juan, lamio más aprisa y Carmen se corrió en su boca gimiendo en bajito y entre tremendas convulsiones. 

Al acabar de correrse, Juan, sacó la polla, le levantó el culo y le dio a mazo. Luis se masturbó con la polla dentro de su boca y poco más tarde Juan se corría dentro de su coño y Luis en sus labios. Carmen, despertó,  abrió los ojos y vio a los cuatro tunantes. Al abrir la boca para llamarles de todo, menos guapos, sintió cómo le entraba leche dentro.

-¡Qué alguien me limpie esta asquerosidad!

Luis le pasó la lengua por los labios y le limpio la leche.

La lamida la puso cachonda, pero al momento se dio cuenta de lo que había pasado. Se sentó sobre la cama y preguntó:

-¡¿Quién me drogó?!

Tres dedos señalaron a Juan.

Juan se mosqueó.

-!Chivatos!

Carmen se sentó en el borde de la cama y dijo:

-Cogerlo entre los tres y ponerlo sobre mis rodillas.

Juan se puso en guardia.

-Al que se me acerque le doy de ostias.

Carmen iba a imponer su ley.

-Si le tocas a alguno de ellos te damos de ostias entre los cuatro. Cogerlo si queréis que os premie.

Juan, al verse acorralado, dijo:

-Me pongo yo solo. No me da miedo llevar una azotaina.

Se echó sobre las rodillas de su tía y Carmen le dio con ganas con la palma de la mano derecha.

-¡¡Passsss, plasssss, plassss, plassssss, plassss, plasssss!!

El cabroncete se rio de ella.

-Como no cojas una zapatilla, tus manos de muñeca me hacen cosquillas.

No cogió una zapatilla, pero le iba a quitar la chulería de por vida.

-Lucas, tú, agárrale la cabeza, y tú, Luís, ponle tus manos en la espalda.

Hicieron lo que les había dicho. David le preguntó:

-¿Y yo que hago?

-Tú se la vas a meter al chulo en el culo.

Juan se quiso revolver para salir del regazo de su tía, pero cómo no pudo le dijo a David:

-¡Si me das por el culo te mato, te aso y luego te como para no dejar rastro!

David caminó hacia Juan con una chulería que nunca habían visto en él,  sonriendo, mojó en la boca el dedo medio de su mano derecha, lo levantó, miró para el dedo, luego para el culo, y dijo:

-Parece que no sopla el viento. El tiro no se va a desviar.

Juan dijo:

¡Nooooo!

El dedo le entró en el culo. Carmen, sonriendo, le dijo:

-Síííí.

-¡Plassss, plasss, plssssss, plassss...!

Luego de un pequeño mete y saca con el dedo, le dijo Carmen a David:

-Ahora métele la polla.

Juan ya no dijo nada cuando su primo se la clavó hasta el fondo del culo, ni cuando le dio caña. Carmen, viendo la pequeña polla entrar y salir del culo se excitó aún más de lo que ya estaba, dejó de darle en el culo, le echó la mano a la polla y lo ordeñó. Lo que pretendía ser un castigo acabo siendo un premio cuando Juan se corrió en su mano. 

Al quitar a Juan de su regazo, Carmen, sonriendo y mirando para Lucas y para Luis, dijo:

-¿A quién le va a mamar la polla la tita Carmen?

Le pusieron las pollas en la boca. Carmen las empuñó y meneándolas fue lamiendo y chupando, primero una, luego la otra, luego las dos juntas... David se metió entre sus primos, y fue a por su debilidad, las tetas, las agarró, las amasó y las mamó.

Juan se había sentado en una silla y farfullaba quien sabe que.

Carmen ya se moría por correrse. Tenía dos pollas en las manos. No podía desaprovecharlas.

-Ponte sobre la cama, Luis.

Se puso sobre la cama. Carmen lo montó, agarró la polla y luego la metió dentro del coño. Lucas la meneaba y miraba. Vio cómo le ponía el culo en posición y oyó cómo le decía:

-Cómeme el culo, Lucas.

Lucas le lamió y le mordió las nalgas y le lamió y le folló el ojete hasta que le dijo:

-Métemela en el culo.

Se la metió, le echó las manos al vientre y apretó tirando hacia arriba mientras las pollas entraban y salían del coño y del culo. La mujer, poco después, sintiendo cómo Lucas le llenaba el culo de leche, se corrió en la polla de Luis, polla que reacciono llenándole el coño de leche. 

Al acabar estaban los tres boca arriba sobre la cama. Del coño y del culo de Carmen salía la leche de las corridas. David se metió entre sus piernas y con un dedo comenzó quitar leche de la vagina. Carmen le preguntó:

-¿Que haces, David?

-Explorar.

-Que te veo venir, golfo.

-Mejor, así no te cogerá de sorpresa.

A ese dedo siguieron dos, a los dos, tres, a los tres, cuatro, y acabó metiéndole el puño y parte del brazo. Carmen le echó la mano a las pollas a Luis y a Lucas y ellos la besaron y le magrearon y mamaron una teta cada uno... Carmen, perra de nuevo, les devoraba las lenguas y gozaba de la masturbación.

David vio venir a Juan hacia la cama y temiendo que le reventara el culo, dejó de masturbar a su tía y se puso a la defensiva. Juan no venía a romperle el culo, venía a romperle el coño a su tía. Ocupó el lugar de David y Carmen le dijo:

-Nadie te dio vela en este entierro.

Juntó los dedos, se los metió dentro del coño, y  le dijo:

-¡Yo soy el muerto y te voy a reventar! 

Lucas y Luis dejaron de jugar con su tía. Con cara de pocos amigos, le dijo Luis:

-¡Reventar te vamos a reventar a ti! ¡¡Saca la mano de su coño!!

Carmen los tranquilizó.

-Aunque quisiera no podría, pero dejar que lo intente.

Lucas y Luis volvieron a besarla. Las tetas ya no se las magrearon ni mamaron porque David se haba hecho dueño de ellas. Juan volvió a juntar los cuatro dedos, y para su sorpresa, cuando empujó, el puño entró dentro de la vagina de Carmen. Juan, con el puño dentro, exclamó:

-!Ostia! Lo siento, tita, pensé que no iba a entrar.

-Calla y dame duro.

 Con el puño de Juan barrenando su coño, con David comiendo sus tetas, con Luis comiendo su boca y con Lucas lamiendo su ombligo y presionándolo con la lengua, se corrió, y lo hizo convulsionándose, retorciéndose y jadeando.

Luego, los cuatro sobrinos se menearon las pollas y se corrieron por todo su cuerpo.

 

Ahora pasa a contaros Carmen el resto de la historia, pues le gusta más que lo escriba así.

Para quienes no haya leído "Tita Carmen", les diré cómo soy. Tengo 26 años, soy delgada, de estatura mediana, mis ojos son de color miel, mi cabello castaño oscuro, casi negro, mi cintura es fina, mis  caderas generosas, mis tetas son grandes y tienen areolas rosadas y pequeños pezones, mi culo es redondo y prieto y dicen que soy muy guapa. Y ahora, vamos al turrón.

Esa tarde había ido de picnic con mi sobrino Luis, él estaba bajo un viejo roble echado de lado sobre la hierba, vistiendo unos Lois, una camisa azul y calzando unos tenis rojos. Yo estaba echada a su lado, boca arriba, en sentido contrario al suyo, con la cabeza apoyada en el muslo de su pierna derecha y mirando para un herrerillo que en un pino iba de rama en rama, buscando algo que llevarse al pico. Era un día soleado, y el sol calentaba con fuerza. 

Yo llevaba puesta una camisa a cuadros anudada a por encima del ombligo, y una falda que me daba por encima de las rodillas, y que ahora dejaba ver mis largas piernas porque las estaba poniendo morenas, le dije:

-¿Sabías que le gustas a Martina, la hija de mi amiga Marta?

-¿Te lo dijo ella?

-Sí. 

-Es muy guapa..

-Sí, lo es, y huele tan bien y tiene una piel tan fina...

-¿También te gustan las chicas, tía?

-¡No!

-¿Entonces cómo sabes todo eso de ella?

-No te lo puedo decir, es un secreto.

-Compartimos secretos gordos.

-¿Y?

-Y sabes que sé guardar un secreto.

Dejé de mentirle respecto a las chicas, bueno, a medias porque lo de Marina fue algo puntual.

-Lo hicimos, pero no te diré cómo follé con Martina.

-¿Por que no?

Saque la cabeza de su muslo y me apoyó en los codos.

-Porque es algo íntimo.

-No seas mala, dime que hicisteis.

-¿Porqué será que a los hombre os pone saber cómo follan dos mujeres?

-No lo sé, pero pone. Cuenta que hicisteis, tita, por fa.

Para que no se pusiera más pesado, le dije:

-Vale, te cuento.

-Con pelos y señales.

-Con pelos y señales. Tiene dos partes, en la primera me seduce y en a segunda follamos.

-Cuenta las dos.

No iba a contar y acabé hablando cómo una cotorra.                                                   

-Ahí va la primera parte. Después de haber ido al cine a ver una película nos pasamos por la pastelería. Se le antojó un adoquín de mil hojas. Compré dos y nos fuimos a comerlos al parque. Sentadas en un banco empezamos a dar buena cuenta de los adoquines. Eran adoquines de nata. La nata puso nuestras bocas perdidas y no lleváramos pañuelos de mano para limpiarnos. Riéndose, me dijo:

-"¡Cómo tienes la boca!"

-¡Anda qué tú!

-"Te limpio la boca si después me la limpias tú a mí."

-¿Con que la limpiamos?

-Acercó la lengua a mi boca, me pasó la lengua por los labios y me limpió la nata. Quedé para allá. Lo había hecho con toda la naturalidad, pero yo me sentí tan rara que mojé las bragas. Suerte que no pasaba nadie por allí si no nos llamarían putonas, y por eso, porque no pasaba nadie por allí, le limpié yo a ella la nata de los labios con mi lengua. Me encontré con su dulce lengua dentro de mi boca y con lo que quedaba de mi adoquín sobe mi regazo, pues me había caído. Mi coño y mi  culo se abrieron y se cerraron y mis bragas se mojaron un poco más. Me puse colorada como una grana. Marta sabía que me había puesta cachona, y me preguntó:

-"¿Te imaginas esa nata que tienes en el vestido que la tuvieras en el chocho y que yo te lo lamiera?"

-No, no me lo imagino, ni quiero imaginarlo.

-Me lamió la nata del vestido y mi coño, venga a  chorrear. Te juro que si llegamos a estar en otro lado, me levanto el vestido y me bajo las bragas, pero como estábamos donde estábamos, le dije:

-Deja de hacer tonterías que nos pueden ver.

-Le dejaste la puerta abierta, traviesa.

-Pues sí. Al día siguiente me pidió prestada una fregona y la fuimos a coger al trastero. Esperaba que Martina cogiera algo más, y así fue, me cogió por la cintura y me dio un pico. Después me besó con lengua . El beso fue tan largo que acabé haciéndole a ella lo que ella me hacía a mi. Ya sabes, lamer su lengua, chuparla... Luego, metió la mano dentro de mis bragas mojadas, dos dedos dentro de mi coño y me masturbó. Con la otra mano me desabotonó la blusa, me abrió el sujetador y luego su boca se posó en mi teta derecha. Lamió el pezón y luego chupó la teta., subió lamiendo mi cuello y se encontró con mi lengua fuera de la boca. Me la chupó y luego nos volvimos a besar. Después bajó lamiendo mi cuello hasta llegar a la teta izquierda y me la comió cómo la otra. Luego se arrodilló y lamió y acarició mi vientre un rato, parándose en el ombligo, donde metía y sacaba la lengua. Después me quitó las bragas y se arrodilló delante de mí. Sentir su lengua lamer mis labios vaginales, lamer mi clítoris y entrar y salir de mi vagina, me llevó a correrme tan maravillosamente que la corrida me llegó a ambos tobillos. Luego se puso en pie, se quitó la blusa y el sujetador y sin decir una palabra me cogió la cabeza con las dos manos y me llevó la cara enfrente de sus tetas. Eran unas tetas pequeñas, con pequeñas areolas oscuras y pequeños pezones. Lamí un pezón y luego le chupé la teta, lamí el otro pezón y le chupé la otra teta. Se quitó las bragas y levantó el vestido, después me besó y a continuación me echó una mano a un hombro y me llevó la boca a su pequeño coño. Cómo es obvio, lo mío no es comer coños, pero arrodillada, le eché las manos a la cintura y se lo lamí. Lo encontré más empapado que el mío después de correrme y me supo agridulce, algo así cómo a limón con un poco de miel. Miré para arriba y vi que estaba tapando la boca con la palma de una mano. No sé que me pasó, pero me sentí la chica de la película. Le eché las manos a sus duras nalgas y amasándoselas le lamí el coño a todo gas, de abajo a arriba, de arriba a abajo... Mi lengua parecía una brocha pintando el coño con sus jugos y mi saliva.

Mi sobrino me interrumpió para decir:

-¡Quién me diera estar en tu lugar en ese momento!

-Si te gusta el meo... Cuando se corrió meó por mi y me dejó el vestido perdido, menos mal que era un vestido viejo. Me puse cachonda cómo una perra en celo, pero la hija de... La hija de Marta, después de correrse me dejó con la calentura. Ella se marchó sin la fregona y yo me fui a mi habitación a quitarme el picor del coño.

-¿Volverás a follar con ella?

-No creo, pero nunca se sabe.

-Cuéntame mas de tus  aventuras sexuales.

-Ya estuvo bien.

-Cuéntame una con un hombre.

-¡Qué pesado eres!.

-La última. 

-No sé... Vale, te cuento... Esta historia ocurrió en una casa rural. El dueño de la casa donde pasé un fin de sema era un hombre muy fuerte y muy alto, tenía la espalda ancha y las manos cómo palas, andaría en los cuarenta años y desde el primer día supe que me deseaba, ya que no paraba de mirarme cuando creía que no lo miraba.

-¿Y cómo lo mirabas sin mirarlo? 

-Por el rabillo del ojo.

-Claro. ¡Qué listas sois las mujeres!

Seguí con la historia.

-Mi última noche allí, o sea, la noche del domingo,  entró en mi habitación. Yo estaba en la cama boca arriba y desnuda porque hacia mucho calor y tenía las piernas abiertas. Lo sentí caminar y luego, con los ojos entornados vi cómo acercaba su nariz a mi coño y como lo olía. Le eché la mano derecha a la nuca, le aplasté la nariz contra mi coño y cuando lo solté, le pregunté:

-¿A qué huele, cabrón?

Mi sobrino rompió a reír.

-¡Ja, ja, ja, ja, ja! ¿A qué te dijo que olía?

-Aún no me contestó ahora, por eso le dije yo:

-¿Olía a leche cuajada, cabrón? Esto lo va a saber tu mujer,

Ramón que así se llamaba el casero, se subió a la parra.

-"¿Le vas a decir que me metiste la nariz  en el coño, pajillera?"

-¡¿Qué  me has llamado?!

-"Pajillera. ¿O estás desnuda para airear el coño?" 

Encendí la luz de la lampara de la mesita de noche y le dije:

-¡Fuera de mi habitación!

Ni puto caso me hizo.

-"Ponte cómo estabas. Me hago una paja y el cuento muere aquí."

Sacó la polla morcillona y me dejó boquiabierta. Era una barbaridad de polla, pues tenía el grosor de un salchichón. Me levanté de la cama, y fingiendo estar enrabietada, le dije:

 Qué te largues!

Me miró de abajo a arriba y me dijo:.

-"¡En mi vida había visto un cuerpo tan hermoso!"

-¡Te quieres largar de una puñetera vez!

Vino a mi lado, me echó una mano al coño y otra al culo, y apretándome contra él, dijo:

-No sin antes follarte.

A ver, yo quería que me follara con su enorme polla, pero tampoco iba a quedar por una zorra. Le metí una bofetada. "!Paffff!" Fue como darle a una pared. Me dijo:

-"¡Pega, morena, pega!"

Me cogió la mano izquierda y me la llevó a su tranca. Aunque quisiera, que quería, no debía empuñarla.

Le di otra bofetada. "¡Paffff!"

-Quita la mano de mi coño.

Me metió dos de sus gordos dedos dentro del coño mojado y me masturbó. Le volvió a dar. "!Paffff!"

-¡Quita los dedos de ahí!

Me metió un morreó. Cuando separé mi boca de la suya, le escupí en la cara y le volví a dar. "!Paffff!" Sacó los dedos de mi coño, me escupió en la boca y me dio él a mi. Pafff, paffff. Luego me dijo:

-"¡Tira para cama y ponte en la posición en que estabas o te doy con fuerza!"

No quise saber cómo serían las bofetadas con fuerza, ya me llegaran bien las que me dio sin fuerza. Me eché sobre la cama y me puse en la misma posición en que estaba cuando me vio por primera vez. Ramón se  desnudó y se metió en la cama. Lamió la raja de mi coño con la punta de la lengua, y con ella mojada de jugos, la posó sobre él clítoris y me lo chupó, al tiempo que le echaba las manoplas a mis tetas. Amasándolas y jugando con los pezones, volvió a lamer el corte de abajo a arriba, una, y otra, y otra vez... Cada vez que lo hacía me chupaba unos segundos el clítoris. Al rato se cansó de tanta delicadeza.  Apretó  mi vientres con sus  manos y su lengua contra mi coño, se frotó contra ella y me corrí cómo una burra.

Mi sobrino  estaba muy caliente.

-Estoy empalmado. ¿Te importa si me toco un poquito?

-Si necesitas tocarte...

-Sí, lo necesito.

Seguí hablando mientras él se la pelaba. 

-Al acabar de descargar, cogió la tranca, me la pasó por las areolas y los pezones y me echó las manos a las costillas. Me hizo coquillas y me retorcí en la cama. Sin querer había descubierto mi punto débil. 

-"Así que tienes cosquillas, eh."

Rozó las plantas de mis pies con puntas de los dedos y comencé a reírme y a retorcerme. Tanto me retorcí que acabé boca abajo. Dejó de hacerme cosquillas en los pies. Me separó las nalgas con las dos manos y lamió mi ojete, y después, presionando mi vientre, metió y sacó la punta de tu lengua y mordió mis nalgas. Giré la cabeza y vi la tranca erecta. Me entraron unas tremendas ganas de tenerla dentro de mi coño. Dejé que me pusiera bien cachonda y luego me puse boca arriba. Ramón se tomaba las cosas con calma. Me besó metiendo su lenga de buey dentro de mi boca. Yo le eché la mano derecha a la tranca, y se la meneé hasta que fue a por mis tetas. Las cogió con sus manoplas y las juntó. Lamió y chupó mis areolas y mis pezones un buen rato. Luego acarició mi vientre, lo besó, lo lamio, y jugó con su lengua en m ombligo. Poco después, me decía:

-"¿Quieres que te la frote en el clítoris o que te la meta?"

No vacilé.

-Métela.

Mi sobrino, que no había parado de tocarse, me dijo:

-Estoy que echo por fuera, enséñame algo.

Me quité las bragas encharcadas y  se las di.

-¿Te vale ver mi coño y oler mis bragas?

-Tócate el coño.

Froté el coño con tres dedos. Mi sobrino envolvió la polla con las bragas y se masturbó viendo cómo me tocaba. Seguí hablando.

-Me frotó la polla en la entrada de la vagina, y luego empujó. No entraba, Siguió frotando y empujando hasta que la vagina se dilató. Metió solo el glande. Aquello no era tan gordo cómo el puño de Juan pero me llenó una barbaridad. Me levantó por la cintura y mientras los dedos pulgares de sus manoplas presionaban mi vientre la tranca fue entando dentro de mi coño. Con toda dentro, me dijo:

-"¡Qué cerrada estás, bonita!"

La manos que presionaban mi vientre dejaron de hacerlo y sus dedos me hicieron cosquillas en las costillas. Riéndome, me retorcí y bajé y subí la pelvis, esto hizo que la tranca saliera un poco del coño y volviera a entrar... Mi risa acabó siendo escandalosa cuando me corrí. Corriéndome sentí cómo me llenaba el coño de leche, eso y la cosquillas hicieron que sintiese un placer brutal

Mi sobrino estaba con la cabeza de lado y mis bragas en la mano. Se había corrido en ellas.

Me gire, le quité las bragas de la mano le cogí la polla con dos dedos y magreándome una teta se la fui meneando hasta ponérsela dura de  nuevo.  Viendo cómo la polla echaba aguadilla por el meato, le pregunté:

-¿Quieres correrte otra vez?

-Eso no se pregunta, tita.

Masturbándome, acerqué la boca a la polla y la pasé por mis gruesos labios. Luego lamí el glande cantidad de veces. Después estuve un tiempo lamiendo la polla de abajo a arriba, lamiendo y chupado sus huevos y magreando mis tetas. Luego le  lamí el glande y acto seguido metí la polla en la boca y se la mamé. La mano que acariciaba mis tetas bajó a acariciar el interior de mis muslos y mi mano derecha ocupó su lugar. Al rato levanté la pierna izquierda y le ofrecí mi coño. Luis metió su cabeza entre mis piernas y lamió y chupó mi coño encharcado. Poco después mi sobrino metió mi coño dentro de la boca, clavo la lengua en mi vagina y comenzó a correrse en mi boca. Tragando,  moví mi pelvis y cuando él soltaba las últimas gotas le llene su boca con los jugos de mi corrida.

Al acabar me dijo:

-Estoy viviendo un sueño contigo, tita.

Mi sobrino estaba viviendo un sueño y yo quería más. Había que aprovecharse.

-¿Qué es lo qué más te gusta de mí?

-Tus ojos y tus labios.

-Todos decís lo mimo ¿Y mis tetas? ¿No te gusta?

-Me encantan.

-¿Y mi coño? ¿Cómo has visto mi coño?.

-Embriagador. No me cansaría de beber de él.

Me eché boca arriba sobre a hierba. Me quité la camisa y la falda, y le dije:

-Emborráchate.

Se quitó los pantalones, los tenis y la camisa y se arrodilló entre mis piernas. Apoyé los pies en la hierba, y levanté la pelvis casi hasta la altura de su boca. Luis metió mi coño en la boca y enterró su lengua en mi vagina. Le eché una mano a la cabeza y lo agarré por los pelos mientras mi pelvis subía y bajaba, lo que hacía que mis labios vaginales y mi clítoris se frotara con su lengua. Comencé a gemir cómo una loca. Me echó las manos a las nalgas y las sujetó para que no me cansara. Me gustaba que me comiera el coño en aquella posición. Poco más tarde me metió la lengua dentro de la vagina y la movió alrededor, luego, al sacarla, me chupó el coño y me volví  correr en su boca.

Al acabar de correrme y aún con el cuerpo arqueado, me frotó la polla en el coño y luego me la metió de una estocada. Una vez dentro, ya fui yo la que lo folló a él. Lo follé moviendo la pelvis de abajo a arriba y de arriba a abajo, moviendo el culo alrededor, sacando la polla hasta la mitad y volviéndola a meter... Todo esto aderezado con sus magreos de tetas hicieron que el polvo fuese inolvidable. Cómo inolvidable fue ver cómo temblábamos y cómo gemíamos cuando nos corrimos.

Al acabar me besó con lengua, me lamió el cuello y sin más fue a por mis tetas. Tenía los pezones tan tiesos que si le meto uno en un ojo, lo dejo tuerto. Me dijo:

-¡Qué ricas están!

-Rico sí que estás tú.

Le di un empujón, y al estar boca arriba, lo monté. Cogí la polla, la froté en el ojete y después bajé el culo muy lentamente hasta que la polla llegó al fondo del culo. Juan me echó las manos a las tetas y las sobó. Luego me echó las manos a los hombros e hizo que pusiera mi teta derecha en mi boca. Me la mamó. Luego, mamándome la izquierda, comencé a mover el culo más aprisa. Mi respiración se aceleró, mi ojete apretó su polla, me derrumbé sobre él, y con sus labios en mis labios, murmure:

-Me corro.

Mi sobrino se corrió en en mi culo.

Nos vestimos. Luego él se puso en la posición en que estaba al principio, y yo puse la cabeza sobre el muslo de su pierna. Mirando para unas hormigas que por allí andaban, me dijo:

-Ojalá fuéramos el único hombre y la única mujer sobre la tierra.

Cómo no supe qué responder le pregunté:

-¿Merendamos, Luis?

Casi se me enfada.

-¡Qué poco romántica eres!

Merendamos y después jugamos a las cartas.

Quique.

 

 

 



   
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nyctidromus
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