Quiero sentir tu ri...
 
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Vaciar todo

Quiero sentir tu rica polla follando mi culo

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José
(@quique)
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Topic starter   [#1463]

                                   Primera parte

 

La primera vez que Jacinto la vio le pareció vulgar. Lo único que le gustó de ella fue su modo de hablar. Y a Isolina, su mujer, no le gustó nada de ella desde que su hermana Nieves, que estaba de visita para conocer a su prima argentina, le preguntó si tenía novio. Su respuesta había sido:" dos" y le enseñó los dedos medios y pulgar de su mano derecha. Esa respuesta en una merienda familiar y en una casa que no era la suya apuntaba a qué educación tenía poca.

Se llamaba Cecilia, no estaba ni gorda ni flaca, poco pasaba del metro sesenta de estatura y sus ojos eran oscuros. Llevaba un corte de pelo que parecía que no le había llegado el dinero para pagarle a la peluquera, pues tenía un lado de la cabeza casi rapado y el otro con una media melena de cabello negro. En un lado de la nariz llevaba un piercing de bola y en las orejas le colgaban dos pendientes con crucifijos. Sus tetas eran gordas y y su culo generoso.

Dos días después de llegar de su país, estando Jacinto en el bar que hay al lado de su casa, llegó ella, se sentó a su lado y le preguntó:

-¿Acá invitás a tomar a las minas?

Jacinto, que era moreno, alto y agraciado física y facialmente, le dijo:

-No, serían demasiados mineros.

Mejor escribo todo en castellano, que el argentino, como que no se me da bien, me quitas del pibe, del boludo, de las minas, de la gauchada, del quilombo, del afanar, del coger, del acabar, del chamuyar, del pajero, del forro y del voseo y me pierdo... En fin, que me dijo:

-No hagas el tonto. ¿Invitas o no?

Jacinto le dijo a al de a barra:

-Ponle lo que te pida.

La sirvió y luego de beber un trago de coca con ron, le dijo:

-Necesito plata.

-Y yo oro.

-Hablaba de dinero

-Ya te había entendido, pero estoy en el paro. Pídeselo a tu prima.

Le entró cómo si fuera una puta de las que hacen la calle.

-¿Sales de juerga?

-¿Me estás preguntando si engaño a Isolina?

-Ahí quería llegar ¿La engañas?

La vio venir y no le disgustó la idea.

-No, no la he engañado.

-Por pasta tendrás mi coño cuando quieras.

-Lo siguiente que me vas a decir es que eres muy buena en la cama.

-Buena, no, re buena. ¿Sabes que es el sexo virtual?

-Sí.

-Yo haría contigo el sexo virtual, presencial.

-Eso no es posible, son términos contradictorios.

-Yo hago lo imposible, posible.

Voy a pasar al turrón directamente o acabaré haciéndome pesado.

La mañana del día siguiente Isolina se había ido a trabajar. Cecilia, vestida con una minifalda roja tan corta que dejaba ver su coño pelado y un top blanco, entró en la habitación de Jacinto, luego se arrodilló delante de él en la cama y sonriendo, le dijo:

-Vamos a disfrutar haciéndonos un par de paja. 

Lo destapó, le quitó el calzoncillo y vio su polla morcillona. Mirando para ella, sonrió y le dijo:

-Tienes una polla linda.

Jacinto se entregó a la causa.

-Linda eres tú.

-Tú en España y yo en Argentina. ¡Que lejos estamos!

Jacinto tenía que seguirle el juego. Ella era la que mandaba.

-Sí, es una pena.

-¿Te gusto, loco? 

-Me encantas.

¿Qué me harías si estuviera ahí contigo?

-Te haría de todo.

Jacinto empezó a menear la polla. Cecilia cerró los ojos.

-Yo querría que me acariciaras despacito. 

Se metió la mano derecha dentro de las bragas y mirándolo se empezó a masturbar.

-¿Quieres ver algo?

-Quiero ver lo que me enseñes.

Se dio la vuelta, se levantó la minifalda, bajó las bragas, meneó el culo y con él, el coño.

-¿Te gusta lo que ves?

-Me encanta.

Con su dedo medio hizo círculos alrededor del ojete, luego metió la mitad del dedo dentro y lo folló, y después le dijo:

-Me estoy mojando. ¿Me comerías el coño?

-Dime cómo se hace.

Cecilia se extrañó. Lo miró raro y le dijo:

-¡¿De verdad que no le comes el coño a mi prima?!

-No.

Magreando sus duras tetas por encima del top, le dijo:

-Lo que se está perdiendo la pobrecita.

-¿O gusta mucho que os coman el coño?

-Mucho, es poco. A mí me me vuelve loca una buena comida de coño.

A Jacinto ,le comenzó a interesar el tema.

-¿Y la das? 

-Sí, y soy tan buena que la chica siempre repite.

Se volvió a sentar, se quitó el top y la minifalda y magreando sus gordas y duras tetas, le dijo:

-Me chuparías las tetas.

Jacinto perdió los papeles.

-¡Joder si te las chupaba!... Te chuparía todo lo que quisieras que te chupara. 

Cecilia se sentó en medio de sus piernas y empezó a masturbarse de nuevo. Mirándole para la polla, le preguntó:

-¿Te gustaría que te mamara la polla?

-Mucho, me gustaría mucho que me mamaras la polla.

Jacinto meneó la polla con fuerza mirando cómo se masturbaba.

-¿Te gustaría acabar en mi boca?

-Sí.

Masturbándose, magreando las tetas con su mano izquierda, mirándolo y gimiendo, lo puso a mil. No sé cómo Jacinto se pudo aguantarse sin tirarse a ella cómo un lobo hambriento, pero aguantó, incluso cuando le dijo:

-Ahora cógeme que quiero acabar.

Sus dedos se movieron a mil por hora, sus gemidos se hicieron escandalosos y luego se corrió eyaculando cómo si fuese un hombre, pues de su coño salió un chorro de jugos que acabó en el tronco de la polla de Jacinto y que al darle le engrasó tanto la mano que con tres toques ya se corrió.

Al acabar de correrse, cogiendo sus ropas, le dijo:

-Me piro.

-¿Sin tu dinero?

-Pensé que no tenías inero.

-En el cajón de la mesilla de noche está mi cartera.

Había 100 euros en la cartera. Cogió un billete de 20 euros y se fue. Le extrañó que pillara tan poco, pero no le dijo nada al respecto, lo que le dijo al irse, y estando de espaldas, fue:

-Tienes un cuerpo maravilloso.

Giró la cabeza, sonrió y le dijo:

-Gracias.

 

                                        Segunda parte

 

Pasados tres días regresó a la cama de Jacinto... Eran las diez de la mañana y Jacinto estaba durmiendo boca abajo.. Entró en la habitación cubierta con una bata corta de seda y una lencería blanca, era una lencería simple, compuesta por unas medias, una braguita y un minúsculo sujetador, la lencería era simple, pero Cecilia se veía muy sexy. En su mano derecha traía dos cintas. Lo destapó, se subió a la cama. Jacinto giró la cabeza, la miro, sonrió y le dijo:

-Buenos días, Cecilia.

-Buenos días.

Posó las cintas y luego besó y lamió sus nalgas. Las abrió, lamio su ojete, y después le lamió la espalda de abajo a arriba y de arriba a abajo. Le echó la mano a la polla y se la chupó. Chupó y lamio su ojete un tiempo y luego, al tenerlo bien empalmado, lo puso boca arriba. Jacinto, con una sonrisa en los labios, le dijo:

-Estás muy sexy con esa ropa interior.

-Para eso la puse, para estar sexy.

Con las cintas ató a Jacinto a los barrotes de la cabecera de la cama. Luego le agarró la polla. Jacinto le dijo:

-Te has hecho de rogar, pero lo bueno siempre se hace de rogar...

-Lo re bueno.

Su mano bajando y subiendo y su boca mamando pusieron la polla dura cómo una piedra. Al tenerla cómo quería, se quitó la bata corta de seda y la echó al piso de la habitación. Subió encima de dándole la espalda, se abrió de piernas, le puso el culo cerca de la boca y luego volvió a empuñar la polla. La metió en la boca y siguió con la mamada. Jacinto, mirando para su sensual culo y para en bulto que hacía su vulva en la braguita, le dijo:

-Tienes un coño gordito, y un culo impresionante.

Al rato las bragas estaban mojadas y el corte del coño se dibujó en ellas.

-Tu coño necesita polla.

Cecilia dejó de mamar, se dio la vuelta y le puso el coño cerca de la boca. 

-Lame.

Jacinto estiró la lengua, pero lo único que consiguió fue que una gota de jugos cayese sobre ella. Luego le puso el culo delante de la boca y frotó su ojete contra ella.

-Eres una pervertida.

-¿Y?

-Y una puta de cojones... Perdón, se me escapó.

-¿Perdonar qué? Soy una puta.

Se quitó el sujetador, luego le acercó las tetas a la boca y dejó que le lamiera los pezones.

-¡Dámelas a mamar, cabrona!

Le dio dos bofetadas, de banda a banda. "Plas, plas."

-Puta, sí, cabrona, no, cabrón, eres tú.

Cecilia acabó de quitarse las bragas y el juego siguió. Puso la polla en la entrada del coño y metió y sacó la puntita, al tiempo que se magreaba las tetas. Cómo tenía un coño estrechito la punta entraba y salía de la vagina produciéndole a Jacinto un tremendo placer y esto, poco después, lo llevó a correrse cómo un pajarito. Cecilia, mirándolo a los ojos y sintiendo cómo un chorro de leche entraba dentro de su vagina, le dijo:

-Quiero sentir tu rica polla follando mi culo.

Puso la polla en la entrada del ojete, bajó el culo y la polla, corriéndose,  fue entrando hasta el fondo. Luego, mientras lo follaba y frotaba su clítoris contra la pelvis de Jacinto, le dio las tetas a mamar y la lengua a chupar, eso para empezar, pues luego, a medida que se fue calentando, ya ella le comió la boca, el cuello... Le comió todo lo que le pudo comer. Tempo después un gemido se le atragantó. Su cuerpo quedo tenso e inmóvil y luego comenzó a sacudirse, al tiempo que se derrumbaba sobre Jacinto.

Cuando terminó de correrse, con la cabeza al lado del cuello de Jacinto y aun con la polla dentro del culo, le dijo:

-Acabé.

-No hace falta que lo jures.

Sonriendo le espetó:

-¡Cabrón!

Esta vez cogió solamente diez euros de la cartera.

 

                               Tercera parte

 

Era domingo, Jacinto había ido al campo de fútbol invitado por su nuevo jefe de taller, ya que por fin había encontrado trabajo de mecánico, que era lo suyo. En el campo el árbitro toco el silbato para que diera comienzo el encuentro. En casa de Jacinto comenzaba otra clase de encuentro, el encuentro de Cecilia con Isolina.

Cecilia, entada en un tresillo al lado de su prima y mirando la televisión, le decía:

-¿Quién es mayor, Jacinto o tú?

-Jacinto es un años menor. Yo tengo 19 años y él 18. 

-Y lleváis casados seis meses.

-Así es.

Le preguntó lo que ya sabía.

-¿Come bien el coño?

-Esa es una pregunta que no te voy a responder.

-No te lo quiero quitar.

-No podrías, aunque quisieras.

Le puso una mano sobre la rodilla.

-No es a él a quien quiero.

Le quitó la mano y se separó de ella.

-¡Estate quieta!

-Esta mañana fantaseé contigo y me re calenté. 

-Deja ya de decir tonterías.

Se acercó a ella y le acarició el cabello.

-Me tuve que tocar. ¿Nunca fantaseaste con otra chica?

-Yo no fantaseo.

Isolina era rubia, de ojos azules, delgada y muy guapa. Tenía tetas medianas y un culo resultón. En aquel momento llevaba puesto una blusa blanca y una falda azul que le daba por encima de las rodillas y estaba colorada cómo una adolescente a la que le van a dar su primer beso.

Le dio un pico y le dijo:

-Eres muy linda.

Isolina, con las dos manos, la separó de ella.

-Déjame. 

Buscó su boca y quiso besarla con lengua. No lo consiguió. Le levantó la falda, le metió la mano dentro de las bragas y se encontró con su coño mojado. Sacó la mano., le enseñó los jugos y le dijo:

-¿Quieres que te como el coño?

Isolina no le pudo responder, pues comenzó a correrse viendo cómo su prima chupaba los dedos mojados con sus jugos. Cecilia le giró la cabeza y vio que tenía las pupilas semi escondidas bajo los párpados.

-¡Que cosita más dulce!

L e dio un pico,  se echó sobre ella y quiso desabotonar la blusa. Isolina acabó de correrse. Empujándola, le dijo:

-Déjame, bicho.

-¿Bicho yo?

 Se enrabietó y le reventó los botones de la blusa que salieron por el aire. Isolina se quedó mirando para su blusa destrozada.

-¡Me cago en tu sombra...!

Le cayó un beso con lengua que la dejó pasmada, y le debió gustar ya que quedó unos segundo sin saber qué hacer. Enseguida lo supo. La agarró por los pelos y quiso dejarle iguales los dos lados de la cabeza. Cecilia, con los ojos llorosos, le quitó el sujetador y le devoró las tetas. Tirándole de los pelos y empujándola con una rodilla, le dijo:

-¡Quiiiiitaaaaa!

Siguió mamando. Isolina se tomó un respiro. Lo que aprovechó Cecilia para magrear las tetas mientras se las comía.

-No vas a conseguir nada.

-Ya conseguí que acabaras.

Isolina se dejó comer las tetas un par de minutos. Luego fue a por el coño. Le cayeron dos bofetadas en la cara y puñetazos en la espalda.

Cecilia, se cansó de llevar. Le dio dos bofetadas que la dejó temblando. 

-No finjas que no te gusta. Sé que estás deseando que te coma el coño.

Se arrodilló enfrente de ella, le subió la falda y le quitó las bragas, unas bragas que estaban chorreando. Cecilia exclamó:

-¡Coño!

La cogió por las axilas y la puso en pie. La besó con lengua e Isolina le devolvió lo besos. Luego ya gimió cuando le magreó y comió las tetas... Después le folló el ojete con la lengua, al tiempo que le acariciaba el clítoris. Al ver que se iba a correr, le dijo:

-Quiero oí cómo dices que acabas.

Isolina, al explotar, le dijo:

-¡Me corro!

Cecilia acabó con la palma de la mano pringada con jugos los jugos de la corrida. Lamiéndolos, le dio.

-Ricos, ricos, ricos.

Isolina, después de correrse. se volvió a sentar en el tresillo. Cecilia le puso las manos sobre las rodillas. Tiró para los lados y las piernas se abrieron de par en par sin ofrecer resistencia. Tiró de ella y le subió la falda. Isolina, con las piernas abiertas de par en par, Isolina, le dijo:

-Nunca imaginé que una mujer pudiese darle tanto placer a otra.

Le lamió el coño de abajo a arriba cantidad de veces, le folló la vagina con la lengua, le lamió y le chupó el clítoris hasta punto, y cuando vio que se iba a corre, le preguntó:

-¿Quieres acabar en mi boca? 

-Sí.

Le metió y le sacó la lengua del coño varias veces.

-¿Quieres que me trague tu corrida?

-Sí.

Lamió unas cuantas veces más. Isolina se retorció.

-¿Me comerías el coño si te lo doy?

-Sí, haré lo que me pidas.

-Agarra tus bragas, dámelas y vuélvete a sentar.

Pilló las bragas, se las dio y se volvió a sentar en en tresillo.

Isolina vio cómo Cecilia se abría de piernas, cómo se masturbaba con dos dedos. Luego vio cómo lamía las babas de sus bragas. Su coño comenzó a latir más aprisa y a chorrear. Le quitó los dedos del coño, le echó las suyas a la cintura y luego lamió su coño tal cuál su prima se lo había lamido a ella. 

Cuando Cecilia estaba a Punto de correrse, se separó de su prima, se echó boca arriba sobre el parqué piso y le dijo:

-Ven. 

Isolina, fue,  le puso el coño en la boca a su prima y luego se estiró para comerle el coño... Duraron menos de lo que dura un conejo montando a una coneja. Eso sí, de sus coños salieron cantidad de jugos, La corrida de Cecilia hizo un charco sobre el parqué y la de Isolina dejó perdida la cara y el cuello de Cecilia.

Isolina al ver la corrida de su prima pensó que nadie se podía correr cómo ella, pero luego cuando vio la  la cara y el cuello de Isolina machados con sus babas supo que su corrida era más copiosa. Al verlos se excitó y le lamió las babas de un lapo de la cara. Cecilia le echó las manos a la cata y la besó con lengua...  Luego, tras cada lamida se besaban y asó siguieron hasta que Isolina le dijo:

-¿Me la comes otra vez?

Cecilia se metió entre sus piernas, lamió el coño de abajo a arriba numerosas veces, Luego, le enterró la lengua en el coño. La sacó lentamente, la posó encima del clítoris, apretó, y luego lamió a toda hostia de derecha a izquierda y de izquierda a derecha hasta que Isolina exclamó:

-¡¡Me corro!!

Ya sentadas en el tresillo, Cecilia, le dio un pico a Isolina y le dijo:

-Eres un amor.

-Si se entera mi marido de lo que hemos hecho...

Le dio otro pico.

-Si tu no quieres, no lo sabrá. ¿A qué hora vuelve Jacinto del fútbol?

-Aun tarda.

-¡Quieres seguir jugando?

-Sí.

Al rato estaban en la habitación de Cecilia besándose con lengua y frotándose las tetas... Cecilia cogió en el cajón de la mesita de noche un bote de Chimbote, lo abrió, metió un dedos dentro, los sacóy le dijo:

-Chupa.

Chupó y le  y le dijo:

-Está rico, ¿Qué es?

-Dulce de leche -se lo dio-. Métete en cama y echa donde más te guste. Quiero ser tu perrita.

Isolina metió un dedo en el tarro y puso un punto en un lado del cuello y otro punto en el otro. Cecilia lamió el dulce de leche. Lo echó en los labios con un dedo cómo si los estuviera pintando. Cecilia le pasó la lengua por ellos y Isolina se la chupó. Luego hizo una línea marrón desde el cuello al medio de las tetas. Después de lamérsela, echó dulce de leche sobre los pezones, sobre las areolas y luego por todas las tetas. Le lamió y le mamó las tetas hasta dejárselas limpia. De las tetas hizo otra línea hasta el monte de venus, pasando sobre el ombligo.... Luego se untó el clítoris y los labios del coño. Cecilia lamió, y antes de que acabase de limpiarlo, Isolina, se corrió en su boca.

Al acabar de correrse, le dijo:

-¡Pedazo de corrida me has quitado! Quiero más.

Iba a echar dulce de leche en el coño, pero Cecilia le cogió el bote y le dijo:

-Ponte boca abajo si quieres más.

Se puso. Cecilia le untó las nalgas y el ojete con dulce de leche y luego se lo limpió con la lengua. En el otro cajón de la mesita pilló un arnés con una polla negra de coma. Isolina, al verla, exclamó:

-¡Coño! 

-No es para tu coño, es para tu culo.

No le dijo que no.

-Has venido bien preparada.

-Preparada para ti.

-Pues me alegra que lo hayas hecho.

Cecilia echó dulce de leche en la cabeza de la polla y se la puso en la boca. Isolina chupó con ganas. Luego, Cecilia, cogió en el cajón un tubo de lubricante, se metió en cama, se arrodilló entre las piernas de su prima, hizo que se pusiera a cuatro patas, le echó las manos a las tetas y magreándolas, le folló el ojete con la lengua.  Isolina se deshacía en gemidos. Al dejar de lamer le echó medio tubo de lubricante dentro del culo y untó la polla con otro poco más. Isolina sabía lo que le iba a hacer y le gustaba la idea, es más, el ojete, cerrándose y abriéndose, estaba pidiendo una polla a gritos. Le metió la cabeza despacito y le preguntó:

-¿Te gusta?

-No, pero no me disgusta.

Poco a poco, se la fue metiendo hasta el fondo, para más tarde meter y sacar un poquito mas rápido cada vez. No parecía gustarle hasta que no la nalgueó por primera vez, en ese momento gimió, y ya no iba a para de gemir. Cuanto más la azotaba, más gemía, y entre azotes y gemidos, se corrió. Se corrió agarrando una sábana y mordiendo la almohada.

Al acabar quedó espatarrada y respirando con dificultad. Cecilia se quitó el arnés. Tenía el coño chorreando y unas ganas locas de correrse. Puso a Isolina boca a arriba y le plantó el coño en la boca. La mujer sacó la lengua, Cecilia frotó su coño contra ella y acabó diciendo:

-¡Qué rico, qué rico, que rico...! ¡¡Acabo!!

Acabaron, por ese día.

 

                                  Cuarta parte

 

Isolina y Jacinto estaban en cama con la luz apagada. Él, deslizó una mano, le tocó el coño por encima de las bragas y le preguntó:

-¿Cómo anda mi cosita?

-Mal, anda muy mal.

Le quitó la mano del coño.

-¿Andas con el mes?

-No, ando con un sentimiento de culpa que no puedo con él.

-¿Qué has hecho, gamberra?

-Algo muy sucio.

Isolina no lo sabía, pero su marido estaba enterado de su aventura con Cecilia, por eso siguió tirando de ella.

-¿Me has sido infiel?

-Sí, con Cecilia.

Jacinto encendió la luz de su mesilla de noche, se incorporó y actuando, le dijo:

-¡No! ¡¿Cómo has podido?!

-Es que me violó.

Jacinto como actor no tenía precio.

-Nadie viola a mi mujer y se va de rositas. ¡La mato! 

-Lo dices por decir, ¿verdad?

Jacinto de destapó e hizo amago de salir de la cama.

-¡¿Por decir?! ¡Le voy a retorcer el pescuezo!

Isolina se incorporó y lo sujetó.

-No hagas una barbaridad. La verdad es que no me violó, me forzó, pero al principio, luego me dejé, e incluso colaboré.

-¡¿Me estás diciendo que te gustó?!

Isolina bajó la cabeza.

-Sí.

-¿Pero que te hizo?

-Algo que tú no me haces.

-¿Lo qué?

-Comerme el coño.

-¿Y te corriste?

-Varias veces.

-¡¿Cuántas son varias veces?!

-Cuatro.

Jacinto se sorprendió.

-¡¿Cuatro veces?!

-Sí, cuatro veces.

-¿Cómo empezó todo?

-¡¿Quieres que te cuente todo desde el principio?!

-Quiero.

-¿Eres masoquista, Jacinto?.

-Soy un hombre que quiere saber porque su esposa lo pasa mejor con una mujer que con él.

-No sé ni cómo empezar.

-Revive el momento y cuenta lo que sentiste en cada momento.

Isolina se volvió a ver en el tresillo con su prima.

-Estábamos sentadas una al lado de la otra en el sofá grande mirando la televisión. Sin venir a cuento me preguntó si comías bien el coño. 

-¿Yo?

-Sí, tú.

-¿Y qué le dijiste?

-Que no le iba a responder a esa pregunta. La verdad es que me mosqueé porque pensé que quería saberlo para follar contigo, pero luego me dijo que no eras tú quien le interesaba, que quien le interesaba era yo. Le dije que se dejara de decir tonterías. Me separé de ella y me puse en el extremo del sofá. Con esa voz tan dulce que tiene me dijo que se había masturbado fantaseando conmigo. Se puso a mi lado, me acarició el cabello. Luego me dio un beso y me dijo que era muy linda. En ese momento descubrí lo puta que soy.

-¿Por qué?

 -Porque mi coño se empezó a mojar. La separé de mí, pero volvió y me quiso besar con lengua, no pudo porque yo no abrí la boca. Me levantó la falda, me metió una mano dentro de las bragas y se encontró con mi coño mojado. Al sacar los dedos los chupó y no sé lo que me pasó, pues me corrí. Luego empezó a desabotonar mi blusa. Yo ya me había corrido. Así que lo primero que hice fue plantarle dos bofetadas, una en cada mejilla y decirle que parara de una puñetera vez. Hice mal en pegarle, ya que me gustó hacerlo. Luego le pegué puñetazos en la espalda y aún me calenté más. En estas estaba cuando me agarró la blusa e hizo saltar por los aires todos los botones. Me cagué en su sombra y me iba a cagar en algo más, pero no me dio tiempo. Su lengua se metió en mi boca y acarició la mía. Con el beso mi coño comenzó a echar babitas en cantidad, pero me seguí resistiendo. Le cogí los pelos, tiré con fuerza y le dije que se me quitara de encima. Mi prima tenía los ojos llorosos cuando me quitó el sujetador. Vi la lujuria dibujada en ellos. Se abalanzó sobre mí cómo si fuera una loca salida. La dejé mamar un ratito, no fuese que me mordiese en los pezones. Poco después quiso ir a por el coño y le volví a dar dos bofetadas. Le daba porque me excitaba darle, ya que en ese momento lo que más deseaba era que me comiera el coño.. Me las devolvió con el doble de fuerza y eso me dejó más quieta que una muerta y más caliente que un brasero. No dijo ni una palabra, pero su seriedad me decían que a la mínima me volvían a caer dos hostias. Se arrodilló delante de mí. Dejé que me quitara la falda y las bragas. Cuando vio que estaban para tirar, exclamó: "!Coño!" Luego puso sus manos sobre mis rodillas y me abrió las piernas. Lamió mi coño de abajo a arriba y luego me preguntó sí quería correrme en su boca. Le dije que sí.

-¡¿Le dijiste que sí?!

-No te puedes ni imaginar lo cachonda que estaba.

-Puedo, puedo. Sigue contando.

-Me preguntó si quería que se tragara mi corrida cuando se la dieray le dije que sí. Me preguntó si querías comerle el coño y le dije que sí.

-¿Se lo comiste?

-Sí, pero antes se subió el vestido, se bajó las bragas, me mando coger las mías en el pis, me dijo que se las diera y se masturbó mientras lamía las babas de las bragas. Me puse tan, tan, tan, tan cachonda que le saqué los dedos de la vagina y le lamí el coño. Mi prima, cuando se iba a correr, se separó de mí, se echó boca arriba sobre el piso y me dijo que fuera a su lado. Era obvio que quería que nos corriéramos haciendo un 69. Fui, y en nada, pero en nada de nada, nos corrimos. Yo en su cara y ella en el piso... Al acabar de correrme y ver el charquito que había dejado en el piso, creí que nadie más se podía correr así, pero estaba equivocada. Al darme la vuelta y ver su cara y su cuello manchados con las babas de mi corrida, supe que yo le ganaba en cantidad y en calidad. Así fue la cosa, más o menos.

-Estoy seguro de que hay algo más.

-¿Por qué lo dices?

-Te faltan corridas, has dicho cuatro y solo van dos. Sigue contando.

-Es que es muy fuerte.

-¡¿Más de lo que me acabas de decir?!

-Sí.

-Cuenta, ya nada me sorprenderá.

-Te sorprendería.

-Cuenta.

-Ver los jugos de mi corrida me encendió de nuevo, así que...

-¿Qué? 

-Que los lamí y me los papé toditos... Me calenté y pasó lo que pasó.

-¿Qué fue lo que pasó?

-Te lo cuento otro día, si seguimos juntos.

Jacinto se sobresaltó.

-¡¿Piensas dejarme por ella?

-No, pero pensé que tú podrías... ¿Qué vas a hacer conmmigo?

-Contigo, nada, pero con tu prima...

-No le hagas nada. Sin querer nos ha ayudado a mejorar nuestra vida sexual.

-¿Por comerte el coño?

-Y el culo...

-No me habías dicho que te comiera el culo.

-Bueno, te dije lo de mi corrida. ¿No?

-Tú eres una pervertida, coño.

-¿Eso quiere decir que que ya no te gusto?

-¡Eso quiere decir que te voy a echar un polvo que que te voy a dejar los ojos en blanco y el coño lleno de leche!

-¿Te has excitado?

Se destapó y se quitó los calzoncillos. 

Isolina, viendo la polla tiesa, se quitó la combinación y las bragas y quedó en cueros sobre la cama. Luego le dijo:

-Déjame cómo dejo el caballo del Gitano a la Yegua del Picaporte.
-¿Y como dejó el caballo del Gitano a la yegua del Picaporte?

-Con un ojo mirando al sur y el otro mirando al norte.      

Jacobo subió encima de Isolina, y sin besos, sin caricias, sin nada de nada, le metió una estocada que le llegó al fondo del coño. Luego, apoyando las manos sobre la cama, le dio caña brava hasta que se corrió, el, ya que a ella no le dio tiempo a nada.

Al acabar se echó boca arriba y le dijo:

-Mañana acabo la faena, hoy estoy muy cansado.   

Isolina se limpió con las bragas la leche del coño y sonriendo, le dijo:

-Como tú digas, cariño.  ¿Te importa que lea un poco?

-No, lee todo el tiempo que quieras.

Se taparon y cada uno fue a lo suyo, o sea, ella a leer y él a hacer que dormía.   

                                                                            

                                Quinta parte

 

Diez minutos más tarde se abrió la puerta de la habitación y entró en ella Cecilia, Se había cortado el pelo al estilo Demi Moore en el film" La tenienta O´neil". En la mano derecha levaba una botella de fino Valdespino, cogida por el cuello, en la izquierda, un vaso, cogido por el borde. Llevaba puesto unos vaqueros cortados tan cortitos que por delante casi se le veía el coño y por detrás se le veían la mitad de las nalgas, un top blanco tan corto que se le salían por debajo la mitad de las tetas y calzaba unas zapatillas de deporte sin calcetines. Les dijo:

-¿A alguien le apetece una copa?

Jacinto se sentó en la cama junto a su mujer y ambos se hicieron los sorprendido, y digo que se hicieron los sorprendidos porque tanto Isolina como Jacinto estaban esperando por ella, y es que Isolina le había propuesto a Cecilia hacer un trío con su marido, y a él le contara Cecilia la proposición que le había hecho Isolina. Jacinto bajó de la cama, de pie, y con cara de enfadado, le dijo:

-¡Fuera de aquí o te estrangulo!

Cecilia echó a morro un trago de jerez y le dijo:

-Tienes una buena polla.

Jacinto fue a su lado y le echó las manos a la garganta. Isolina, asustada, le dijo:

-¡Suéltala, la mandé yo venir!

La soltó, se giró y le preguntó a su mujer:

-¿Para qué?

-Para que  disfrutarla juntos.

Acercándose a la cama y con cara de pocos amigos, le dijo:

-¿Qué te dio esta zorra, Isolina?

-Placer, mucho placer.

-¿Comiéndote el coño?

-Ya te conté cómo me lo dio.

Cecilia se sentó en una silla y dijo:

-También sé chupar pollas.

Jacinto la despreció.

-Estas borracha, ¡Que vas a chupar tú! 

-Hace falta más de un vaso de sherry para que yo agarre una borrachera.

Isolina se levantó de la cama, fue junto a su marido, le agarró la polla, que ahora estaba decaída, y le dijo:

-Una noche solamente una noche.

Jacinto siguió actuando.

-Mira que la noche es muy larga.

-¿Y?

-Y los tríos los carga el diablo, se sabe cómo empiezan, pero no se sabe cómo terminan.

-Este sí que se sabe.

-¿Y cómo acabaría?

-Hartos de corrernos.

Jacinto actuó por última vez.

-Vale, lo haré, pero que conste que lo hago porque te quiero.

Isolina fue junto a Cecilia, Cecilia le cogió la botella de fino de la mano y se echó un trago. Luego Cecilia se puso en pie y se besaron. La polla de Jacinto reacciono a lo que estaba viendo y se puso morcillona. Isolina, le dijo:

-Ven, cariño.

Se sentó en la cama con la espalda apoyada en la cabecera y se  puso en plan macho alfa.

-Venid vosotras aquí que hay la misma distancia.

Cecilia, con la botella en la mano, caminó sensualmente hacia a ama, Isolina, viendo como sus duras nalgas iban de u lado al otro, mordiendo el labio le dio dos palmadas en ellas. Al llegar a la cama. Cecilia se llenó la boca de jerez, lo besó y Jacinto se tragó el jerez mezclado con saliva y luego se besaron con lengua. Isolina, arrodillada sobre la cama, miraba

-Me estáis poniendo perra.

Cecilia le agarró la polla, se la mamó con ganas y le lamió y le chupó los huevos. Al dejar de mamar, le dijo:

-Ven aquí, prima.

Le echó la mano a la nuca, la atrajo hacia ella y la besó con lengua. Mientras se besaban lo masturbaron a dos manos. Luego Cecilia le lamió y le chupó las tetas. Más tarde, Isolina le quitó el top, le echó las manos a las tetas y se las devoró. Jacinto estaba viendo a su esposa y no la conocía, era otra mujer, y le encantaba ver ese otro yo, le encantaba ver aquel lado oscuro, un lado oscuro que lo excitaba sobremanera. Luego siguieron besándose y masturbándolo a dos manos. A continuación, Cecilia, le comió la boca e Isolina le comió la polla, Al rato le comió la boca su mujer y volvió a chuparle a polla Cecilia... Acabaron comiéndole la polla las dos. Harta de mamar polla les preguntó Cecilia:

-¿Quién me va a chupar la concha?

-Yo, así le aprenderé a Jacinto cómo me lo tiene que comer.

-Tú no sabes. Déjame a mí.

Isolina se puso boca arriba. Cecilia  se metió entre sus piernas y le dijo Jacinto:

-Comienza la la lección.

Lamió el  el clítoris.

-Ahora tú.

Lamió.

Le abrió el coño con dos dedos. lamió un labio y luego lamió el otro.

-Dale.

Hizo lo que había visto, o sea, metió y sacó la lengua de la vagina multitud de veces.

Cecilia le lamió el coño de abajo a arriba la tira de veces y cada vez mas aprisa hasta que Isolina comenzó a gemir. 

-Ahora tú.

Jacinto lamio cómo un perro y Isolina se corrió cómo una perra.

Jacinto sintió cómo la boca se le iba llenando de jugos y no pudo aguantar más. La cogió por la cintura mientras se convulsionaba, la levantó y se la cavó hasta las trancas. Le dio duro y cuando le llenó el coño de leche ya Isolina estaba gozando de un segundo orgasmo.

Acabaron de correrse y Jacinto también se puso boca arriba. Su polla se había desinflado. Cecilia, que estaba que echaba por fuera, dijo:

-¿Cómo estás?

Le respondió Isolina:

-Yo de puta madre. Es la primera vez que me corro dos veces con mi marido. ¿Y tú?

-Yo tengo la concha que parece el río Paraná.

Isolina le dijo:

-Ven y córrete en mi boca.

-Vente tú.

Isolina se metió entre sus piernas le echó las manos a las tetas y después le enterró la lengua dentro del coño. A Jacinto se le puso dura la polla con la visión y comenzó a menearla. Cecilia comenzó a mover la pelvis de abajo a a arriba y de arriba a abajo, muy, muy lentamente, para gozar de cada fracción de segundo. Jacinto se arrodilló detrás de su esposa y le frotó la polla en el coño. Isolina se la cogió, la frotó en el ojete, la puso en la entrada, y echando el culo hacia atrás metió el glande dentro. Jacinto estaba descolocado. ¡A su mujer le gustaba que se la metieran en el culo! Se quedó quieto por miedo a hacerle daño. Isolina la metió hasta el fondo y después lo folló con su culo. Cecilia, entre gemidos, le preguntó a Jacinto:

-¿Se la estás metiendo en el culo?

Jacinto asintió con la cabeza.

-Métele dos dedos dentro de su coño y haz que acabe.

Le metió dos dedos dentro del coño le dio cera en el coño y en el culo. Ar rato, Cecilia, subiendo y bajando la pelvis, dijo:

-¡Me matas!

Fue decirlo y comenzar a correrse, Fue sentir los jugos de su prima en su boca, y correrse Isolina y fue apretar el culo la polla de Jacinto y correrse él dentro del culo. Fue... Fue un polvo bestial.

Al acabar, Jacinto se sentó sobre la cama en la posición que estaba al principio. Isolina se sentó a su izquierda. Cecilia pilló la botella de fino y luego se sentó a su derecha. Bebió y pasó la botella. Luego dijo Cecilia:

-¿Hacemos el triángulo?

Isolina le peguntó:

-¿Y eso cómo se hace?

-Tú se la chupas a tu marido, tu marido me la come a mí y yo te la como a ti.

La noche, tal y cómo había dicho Jacinto, fue muy larga.

Quique.

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nyctidromus
(@nyctidromus)
Miembro Erótico Autor
Registrado: hace 6 años
Respuestas: 933
 

@quique que relato estimado me puso muy cachondo 🔥🍆 el lésbico estuvo de puta madre saludos desde Venezuela 🇻🇪🇻🇪


scripsit nyctidromus

sanguine et pulvis
n****@gmail.com


   
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