Sin querer, querien...
 
Notificaciones
Vaciar todo

Sin querer, queriendo, se la acabó metiendo

2 Respuestas
2 Usuarios/as
1 Reacciones
3,112 Visitas
José
(@quique)
Miembro Erótico Autor
Registrado: hace 7 años
Respuestas: 495
Topic starter   [#1329]

 Albino tenía veintiséis años, era rubio, alto, de ojos azules. Estaba en el estudio de pintura de su casa sentado delante de un caballete. Con una paleta en una mano y un pincel en la otra pintaba a su hermana Belinda, que también era pintora, le dijo:

-Ya casi está terminado.

Belinda, que tenía diecinueve años, era alta, su cabello era rubio y muy largo, tenía los ojos verdes y cara de niña buena, le dijo:

-Ya tengo ganas de ver el resultado.

-Te verás muy bella en esa pose de pastorcilla. 

-¿Ya has pensado en la vestimenta del próximo cuadro?

-Había pensado en algo sin ropa.

-¡¿Un desnudo?!

-Si, un desnudo en el diván.

-¿Y por qué no posar desnuda en una playa como la chica de "la ola"?

-Eso ya sería la repera. En una noche de luna llena...

Le iba a quitar momentáneamente la alegría que lo había invadido.

-No voy a posar para ti desnuda.

-¿Por qué no? 

-¿Posarías tú desnudo para mí?

-Claro, posaré cuando quieras.

Se extrañó, pues su hermano era muy serio.

-¿De verdad que lo harías?

-Sí... Se me acaba de ocurrir algo. Si te desnudaras tú para pintarme, podríamos hacer algo inédito.

-¡¿A qué llamas tú algo inédito?!

-A pintarte yo a ti también, nos pintaríamos pintándonos.

-Somos hermanos. Nos crucificarían...

-Podríamos pintar antifaces negros en nuestras caras. 

-¿Por qué tengo la impresión de que lo de pintarnos desnudos no se te acaba de ocurrir?

Albino hizo como que no la oyera.

-Sería el comienzo de una colección de muchos otros cuadros en los que tú me pintarías a mí y yo te pintaría a ti.

-No me has respondido a la pregunta. ¿Por qué tendré esa impresión?

No le quedó más remedio que responder.

-A lo mejor es porque ya llevo un tiempo pensándolo.

-Lo sabía. ¿Y por qué le has dado tantas vueltas?

-Tenía miedo a que te lo tomaras mal.

-Pues no has debido tenerlo.

-Esto ya está acabado.

Belinda fue a ver el cuadro.

-Genial. Has hecho otra maravilla. Me atrevería a decir que la copia es mejor que el original.

-No creo, pero la modelo es más hermosa, eso sin lugar a dudas.

El día siguiente Albino y Belinda fueron al estudio, vestidos con dos batas blancas. Albino al llegar junto a su caballete se quitó la bata. Belinda se sorprendió del cuerpo que tenía su hermano, era cómo el del David de Miguel Ángel, solo que con más pelotas y mucha más polla. Albino le preguntó:

-¿A qué esperas?

Belinda, también al lado de su caballete, que estaba a metro y medio del de su hermano, se quitó la bata. Albino vio su maravilloso cuerpo, con tetas redondas de tamaño mediano, cintura estrecha, anchas caderas y un coño totalmente rasurado. La polla de Albino se levantó para saludar aquel hermoso coño. Belinda, mirándole para ella, sonrió y le dijo:

-Eres de erección rápida.

-Ante tanta belleza cualquier hombre lo sería. Empecemos.

-¡¿Vas a pintarme con ese empalme que tienes?!

-No te voy a pintar con la polla, aunque me gustaría pintarte de blanco.

Aquel no era el hermano serio que ella conocía.

-Si la conversación que vamos a tener va por esos derroteros, no tardo en ponerme la bata y largarme de aquí.

-Hablaremos de lo que tú quieras, pedacito de cielo.

Belinda empezaba a cansarse.

-¡Ay que coño!

Albino se puso jocoso.

-Precioso, el coño, precioso.

Lo amenazó.

-¡Mira que me voy!

-Vale, vale, me dejo de tonterías.

Pasado un tiempo, Albino seguía con la erección. Belinda miraba como la polla, al latir, con sus venas marcadas en ella, subía un par de centímetros y luego volvía a su posición horizontal. La muchacha estaba muy excitada, su clítoris había aumentado de tamaño, sus pezones los tenía duros y su coño se había mojado. Mordió el labio inferior al ver como del meato de la polla de su hermano salía una gota de aguadilla y caía al piso. Sintió cómo por el interior de sus muslos bajaban unas gotitas de flujo vaginal. Apretó las piernas y le vinieron unas ganas locas de masturbarse. Belinda le dijo a su hermano:

-Tengo que ir al servicio.

-Hazlo aquí.

-¡¿Quieres que orine aquí?!

-No, quiero que te masturbes aquí.

Belinda, nerviosa, balbuceó:

-Yo no iba a...

-¿No ibas a hacerte un dedo?

En un ataque de sinceridad, le respondió:

-Bueno, sí, iba.

-¿Nos masturbamos juntos?

Albino puso la paleta encima de una silla, empuñó la polla y despacito comenzó a deslizar la mano por la polla de delante hacia atrás y de atrás hacia delante. Belinda, colorada cómo una grana, después de posar la paleta en otra silla, acarició su clítoris con un dedo, y le dijo:

-No debía hacer esto.

No debía, pero lo hizo. Unos cinco minutos más tarde, del meato de Albino, salía un chorro de leche que voló por el estudio hasta caer en el piso, a este siguieron otros chorros más pequeños. Viendo esto, Belinda empezó a correrse. Por el interior de sus muslos le bajaron dos regatos de jugos que le llegaron a los tobillos.

Albino se acercó a su hermana, que le dijo:

-No, Albino, no.

 Albino se agachó y fue lamiendo sus jugos desde los tobillos al coño. 

-No sigas, no.

Le lamió el coño, besó y lamió su ombligo. 

-Déjame.

Belinda, sin moverse del sitio, seguía resistiéndose de aquella manera y aquella manera aún excitaba más a su hermano:

-Te voy a comer viva.

-No lo hagas, no.

Le apartó el cabello que cubría sus redondas tetas. Se las cogió con las manos y se las magreó.

-Para, para.

Magreando las tetas y mamándolas jugó con su lengua en los pezones, luego le echó las manos al culo y buscó los labios de su hermana. Belinda no los apartó, pero antes de que la besara, le dijo:

-No lo hagas.

La besó con lengua. La levantó en alto en peso, la arrimó a una de las paredes del estudio y le dijo:

-Coge la polla y frótala en tu coño.

-No debía.

No debía, pero frotó la polla en la entrada de la vagina, Albino la dejó caer un poquito y la polla entró hasta el fondo de su coño. Belinda rodeó el cuello de su hermano con los brazos, y mientras él la subía y la bajaba, ella le comió la boca, lo hizo hasta que quitó las manos de su cuello, se echó hacia atrás y dijo:

-¡Me corro!

Albino, cogiendo a su hermana por la espalda y por el culo, vio cómo gemía, como se estremecía y cómo soltaba una tremenda corrida que anegó su polla y sus pelotas.

Al acabar de correrse la echó encima de una gran mesa que había en el estudio, le separó las piernas y su lengua le dio un repasó a los labios, a la vagina y al clítoris hasta que se corrió en su boca. Luego se la clavó de un trancazo, le echó una mano a la garganta y le dio caña hasta que se volvió a correr.

Al soltarla cogió aire, y le dijo:

-¡Casi me matas de gusto!

La siguió follando y en nada la sacó e iba a correrse en su vientre. Belinda le dijo:

-En la boca, dámela en la boca.

Corriéndose en los labios de su hermana, le dijo:

-Y yo que creía que eras una mea pilas...

-Mear, meaba yo por ti si me dejases.

Al abrir la boca le cayó leche dentro, la tragó y se lamió la de los labios. Viendo cómo lamía su leche, le dijo:

-Te dejo que me hagas lo que quieras si tú me dejas que te la meta en el culo.

Belinda se puso en pie.

-Esa moneda tiene dos caras. Si quieres que deje que me des, tienes que dejar que te la meta yo a ti.

-¿En el culo?

-En el culo, en la boca...

-¿Y qué me meterías?

-Lo mismo que le meto a mi novio.

-¿Y eso es...?

-Lo sabrás cuando suceda.

-No te conozco, Belinda.

-En tus manos está el conocerme. Me voy a duchar, luego haré la merienda y después, si quieres, te hago cochinadas.

-¡¿Qué si quiero?! Ya me tarda.

 

Albino estaba sobre la cama de su hermana, con los brazos y las piernas abiertas. Tenía atadas las manos a los barrotes de la cabecera y los pies atados por encima de los tobillos a los pies de la cama. Belinda, desnuda y de pie al lado de su cama, se frotó las manos con aceite de baño, se metió en cama, le metió la punta del dedo medio de su mano derecha dentro del ojete y le folló el culo despacito. Albino le dijo:

-No te andas con rodeos.

-Calla y goza.

Le lamió la axila derecha, luego la izquierda y después el cuello de abajo a arriba y de arriba a abajo por ambos lados. A continuación le lamió los lóbulos de las orejas, se los chupó y se los mordió suavemente. Le metió la mitad del dedo dentro del culo y se lo siguió follando. A Albino le estaba gustando, prueba de ello era que la polla se le había puesto dura. Belinda le besó los ojos, lamió el puente de la nariz, se la chupó y le metió la punta de la lengua dentro de las fosas nasales, la tira de veces. A continuación le metió todo el dedo dentro del culo y besó a su hermano con lengua dos o tres minutos. Albino ya gemía cómo una puta cuando le preguntó su hermana:

-¿Quieres correrte en mi boca?

-Sí, y que te tragues mi leche.

-Pues prepárate.

Belinda metió el glande en la boca y se lo mamó mientras le follaba el culo con el dedo. Poco le duró... Vio cómo Albino se ponía tenso, cómo se le cerraban los ojos de golpe, luego sintió un fuerte chorro de leche impactar contra su paladar y después sintió cómo le iba cayendo en la boca la leche de la corrida, leche que se fue tragando a medida que le caía.

El coño de Belinda echaba por fuera cuando le puso el culo en la boca a su hermano. Albino, lamiendo y follando su ojete, sintió cómo el coño pringaba de jugos su frente, esto hizo que se volviera a excitar y que su polla se volviera a poner dura... Cuando le quitó el culo de la boca pensó que le iba a dar el coño a mamar, pero no lo hizo. Lo puso a centímetros de su boca, se metió dos dedos dentro y se masajeó el punto G hasta que un chorro de meo salió disparado y le bañó la cara. Luego sí, luego le puso el coño en la boca, lo frotó contra su lengua y poco después se la pringó con los jugos de una inmensa corrida.

Cuando se quitó de encima de su hermano fue para espatarrarse en la cama y decir:

-¡Por fin he hecho mi fantasía realidad!

A Albino lo pilló empalmado y fuera de juego.

-¿Es que con tu novio no haces estas cosas?

-¿Y qué sepa que soy una puta? No digas tonterías.

-Habías dicho...

-Sé lo que he dicho, y no, no me la vas a meter en el culo, mi novio lo notaría, la tiene más delgada que la tuya.

-Si te da por el culo, ya sabe que lo eres. De ahora en adelante no me creeré nada de lo que me digas.

-Saldrás ganando.

Subió encima de su hermano, cogió el aceite de baño encima de la mesita de noche, echó un poco sobre la polla, lo extendió con las manos, frotó la polla en el coño y luego la frotándola en el ojete, le dijo:

-Este nunca será tuyo.

Bajó el culo y el glande entró dentro de su culo. Cachondeándose de su hermano, le dijo:

-¡¿Qué has hecho, bandido?!

-¡Qué cabrona eres!

La metió hasta el fondo, lo folló y poco después se corría Albino. Belinda tardó en correrse. Cuando lo hizo, dijo:

-¡Me vuelven loca los orgasmos anales!

Y aquí lo dejo. Tengo que hacer algo... Sí, eso mismo. Vosotras sois más duras, pero yo soy tan perro que me caliento escribiendo.

Quique.

 



   
1
Citar
(@viajero56)
Miembro Activo Autor
Registrado: hace 4 años
Respuestas: 59
 

jajajaja muy buen relato y sobre todo bien caliente.



   
ResponderCitar
Compartir:
Criptomonedas

El valor de invertir en Criptomonedas

Guía 2026: Ventajas de Invertir en Criptomonedas y Activos Líderes Invertir…

Bonos de casino: qué saber antes de elegir

Elige inteligentemente: comparativa de bonos con depósito y…