Un culo gordo y un ...
 
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Un culo gordo y un culito respingón

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José
(@quique)
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Topic starter   [#1339]

Tres, éramos tres, y ninguno era bueno. Uno era Antonio, apodado el Alemán, un primo mío, chulo de putas, que no medía más de metro y medio, que estaba trabajando en Alemania y que cuando venía de vacaciones se creía el chico de la película. Otro era mi primo Alfonso, apodado el Chismes, un tipo alto y delgado con voz de afeminado que criticaba a todo dios y que tenía más cuernos que una manada de vacas. El tercero era yo, que en aquellos tiempos estaba soltero y que la metía en cualquiera agujero, y cuando digo en cualquiera también me refiero al de la mujer del Chismes. Estábamos tomando unos vinos en un bar petado de hombres, hombres que iban al bar atraídos por una de las camareras, Rosa se llamaba, y estaba de coge pan y moja... Con aquel tremendo escote, con aquellas piernas, con aquel culito respingón... Con aquel todo que tenía. También había otra camarera que comenzara a trabajar allí hacía un par de semanas y que se llamada Roberta.

Antonio, delante de un vaso de vino tinto y mirando para Roberta, nos dijo:

-En dos años engordó una barbaridad.

A mí me molestaron sus palabras, ya que había follado a Roberta de delgada y de gorda, y si cabe, estaba más cachonda de gorda. Le dije:

-¿A ti que coño te importa cómo está? ¿Es que pensabas follarla?

Se hizo el importante.

-¡¿Yo?! No me van las ballenas. Debajo de esas ropas holgadas que lleva debe de tener unas lorzas más gordas que las que tiene el muñeco de Michelin.

El chismes, estaba con él.

-Es verdad, verla desnuda debe dar miedo.

-Vamos a dejarlo, vamos a dejarlo porque cómo se me caliente la boca...

Me conocían y sabían que además de la boca me calentaba yo y si la cosa iba muy lejos acababan lloviendo hostias cómo panes.

El Alemán cambió de víctima y fue a por Rosa.

-Quien está buena es tu hija Rosa, Alfonso.

El Chismes fue fiel a su apodo.

-Olvídate de ella, le gusta más el pescado que la carne. 

-Con que le guste un poco la carne... Sería cojonudo hacer un trío con ella. ¿Qué dices, Quique?

-Digo que estás hablando delante de su padre, cabrón

Dos horas más tarde, ya entrada la noche, El Alemán y el Chismes tenían dos pelotazos de cojones. Yo estaba contento, y estaba contento porque siguiera bebiendo vino tinto cuando ellos pasaran a tomar vino blanco. El Alemán dijo:

-¡Qué buena está Roberta!

Le pregunté:

-¿No era una ballena?

-¿Ballena? Es una sirena.

Estaba visto que el vino hacía que la viese de otra manera. Le seguí preguntando.

-¿Y las lorzas que debe tener debajo de la ropa?

-¿Qué lorzas? Lo que debe tener son roscas que me comería poquito a poco -cerró los ojos- ¡Qué rica debe de estar!

Roberta llegó con otra botella de vino blanco, oyó lo que dijo el Alemán, lo vio con los ojos cerrados y me preguntó:

-¿A quién se quiere comer este?

-A ti.

Se echó a reír.

-¿¡A mí?! Si no lo notaría encima de mí.

El Alemán se vino arriba.

-¡Si te pillo te reviento!

Puso la botella sobre la mesa y dijo:

-Son seiscientas pesetas.

-Muy barato me parece el polvo. 

-Lo que habéis bebido, payaso. No vaya a ser...

Se ofendió y la interrumpió.

-¡Quieta parada!

-Ya estoy parada.

Echó la mano a la cartera, le dio un billete de mil pesetas, y le dijo:

-Quédate la vuelta... Será por dinero.

Le cogió el billete.

-Gracias, generoso.

-Generoso es mi cipote, tengo un cipote muy generoso.

-No me llegaría ni para empezar.

El Alemán sufrió un arrebato de hombría.

-Agárrame, Quique, agárrame que si no me agarras la follo aquí mismo.

Se puso en pie y tuve que agarrarlo, pues si no lo agarro se cae.

Roberta se fue de vuelta para detrás de la barra riéndose cómo una tonta. 

A altas horas de la madrugada, cuando ya solo quedábamos en el bar, mis primos, las camareras y yo, fui a la barra a comprar tabaco y vi a Rosa tocándole el culo a Roberta y a esta sonreír con descaro. Les dije:

-Esta noche va a haber fiesta, golfas.

Recibí una invitación inesperada al decirme Roberta:

-¿Quieres unirte a ella?

No me lo podía creer.

-¡¿Lo dices en serio?!

-Yo con las cosas de comer no juego

No podía decir que no, el culito respingón de Rosa me traía loco.

-Claro que quiero, si a Rosa no le importa, claro.

Rosa tiró una caña, bebió un sorbo, se limpió la espuma de los labios con la lengua y dijo:

-Hace tiempo que tengo ganas de hacer un trío.

Media hora más tarde, y después de deshacerme de mis primos, entramos en los dominios de Roberta. Fuimos allí porque vivía sola en una casa que heredara de su abuela. Cómo no tenéis ni pajolera idea de cómo eran la mayoría de estas casas de pueblo, os la describiré. La casa era de una planta, con tres huecos, uno grande donde estaba la cocina de piedra, y dos artesas, una con el cerdo salado y otro con el pan que se hacía en el horno que tenía a un lado la cocina de piedra. Los otros dos huecos eran habitaciones. La casa no tenía cuarto de baño, estaba pintada con cal por dentro y por fuera y tenía cuatro ventanas de madera de roble.

Al entrar en la casa y cerrar la puerta, que estaba hecha con dos hojas de madera de roble, Roberta fue hasta la cocina y le echó mano a un cuchillo jamonero. Luego cogió una de las morcillas, que junto a los chorizos, colgaban de un cordel que iba de un lado al otro de la pared y que estaban atados a dos puntas. Rosa le dijo:

-Tanto meterme mano en el bar y al llegar a tu casa te pones a comer.

-Tengo hambre, empezar sin mí.

A mí me apetecía un vino antes de entrar en acción, así que dije:

-Y yo sed. ¿No tienes algo de beber por ahí? 

-Dentro de la artesa del pan hay un garrafón de vino tinto.

Rosa se cabreó por no haber ido a por ella.

-¡Manda huevos! ¡¡Con qué gente me he metido al mar! 

Roberta, con la boca llena, le preguntó:

-¿Y se puede saber con qué gente te crees que te has metido al mar?

-Con una gorda tragona y con un borracho.

Roberta posó la morcilla y el cuchillo jamonero sobre la cocina de piedra, limpió la boca con una manga del vestido y caminó hacia Rosa, lo hizo con una cara de mala hostia que metía miedo. Al llegar a su lado le echó una manopla a la garganta y le preguntó:

-¡¿Qué me has llamado?!

Rosa le echó la mano derecha al coño y le respondió.

-Gorda tragona, una gorda tragona que prefiere un morcilla a un coño.

-Ahora verás, flaca.

Yo me dije a mi mismo: "Esta la estrangula, la estrangula y después viene a por mí para no dejar testigos". Devolví el garrafón de vino a la artesa y fui cogiendo camino hacia la puerta. Roberta me vio y me preguntó:

-¡¿Adónde vas, Quique?!

Le mentí.

-A coger una buena vista.

-Pues siéntate donde la tengas.

Me senté en una silla. No iba a pasar lo que yo me imaginara, lo que pasó fue que Roberta le metió un morreó a Rosa, morreó que fue correspondido, y luego, entre pico y pico, le quitó el vestido, el sujetador y las bragas. Le lamió los pequeños pezones, le lamió y le chupó las areolas rosadas y chupó y magreó las gordas tetas. Luego bajó y lamió su coño peludo unas seis o siete veces, para acto seguido volver a lamer y a chupar sus tetas y acabar besándola en la boca.

Mis pelotas, que se había escondido con el acojone, viendo aquello, se pusieron gordas y la polla se me puso dura.

La cosa siguió, Rosa le iba a hacer a Roberta lo mismo que la chavala le había hecho a ella, solo que a ella le cogió la cabeza Roberta con una mano y le fue poniendo la boca sobre sus grandiosas tetas para que se lo hiciese. La cabeza de Rosa era del tamaño de una teta de Roberta, su lengua más pequeña que sus areolas marrones y sus pezones diez veces más grandes que los de Rosa. La muy zorra hizo que le comiera las tetas a conciencia, ya que cada vez que quería apartar la cabeza se la metía entre las tetas y se las restregaba en la cara de tal forma que la cabeza desaparecía entre ellas. Luego le bajo la cabeza al coño, un coño con una inmensa mata de vello negro, e hizo que se lo lamiera unas doce veces. Después, cómo si fuera una troglodita, se echó a Rosa al hombro y llevándola para su habitación, me dijo:

-Síguenos.

Rosa giró la  cabeza y me miró. Su mirada pedía polla. Fui tras ellas viendo aquellos dos traseros, uno gordo que movía sus nalgas de un lado al otro, y el otro respingón, bajo el que se veía un coño precioso. 

Al llegar a la cama la tiró sobre ella cómo si fuese un fardo. Se dio la vuelta y vino caminando hacia mí. Miró mi polla empalmada, la empuñó con una mano y con la otra comenzó a desabrochar mi camisa, Rosa salió de la cama, se puso detrás de mí y le echó una mano a mi cinturón. En nada estaba en pelotas y descalzo. Roberta me besó sin lengua, Rosa me besó el cuello. Una bajó besando y lamiendo mi pecho y la otra besando y lamiendo mi espalda. Roberta empuñando mi polla empalmada y masturbándola, me la mamó, Rosa, le dio tal repaso a mi culo, que si no llego a estar contento le llenó la boca de leche a Roberta. Cuando se pusieron en pie me cogieron cada una por una mano y me llevaron a la cama, Roberta, con una cinta en la mano, me dijo:

-¿Te atreves a quedar indefenso en nuestras manos?

Me hice el chulo.

-Me sobra polla para las dos.

Atando mis manos a la espalda con una cinta, me preguntó:

-¿Qué es lo que más te gusta de nosotras?

-De ti la boca, de Rosa el culo.

Rosa, atando mis pies con otra cinta, me dijo

-Me gusta que te guste mi culo.

Roberta abrió el cajón de a mesita de noche y sacó de ella una caja de metal de crema Nivea y el corazón de una espiga de maíz desgranado y cubierto con un condón. Untó las manos con la crema, después pringó el condón que cubría corazón de la espiga con la crema y me dijo:

-Así que te gustan los culos, eh.

El culo me empezó a andar para dentro y para fuera y no precisamente con la emoción.

Me puso boca abajo. Ya sabía para qué era aquella especie de consolador, era para romperme el culo.

-¡Noooo, por el culo, noooo!

Iba a ser que sí, ya que frotó el corazón de la espiga en mi ojete y dijo:

-Aquí dejamos que nos den, pero quien da también recibe.

-No seas cabrona, Roberta.

Ya estaba resignado a llevar por detrás, cuando me volvió a dar la vuelta. Boca arriba vi venir el culo respingón de Rosa hacia mi cara. Aquello ya era otra cosa. Le besé el ojete, se lo lamí y se lo follé. Luego Rosa se incorporó y vi cómo Roberta le iba metiendo el corazón de la espiga en el culo. Le entraba con una facilidad asombrosa. Le gustaba, ya que gemía y se magreaba las tetas. Al ratito Rosa frotó mi polla en el ojete, se sentó sobre mi polla, la metió hasta el fondo y comenzó a follarme al estilo de una batidora... Tiempo después sacó la polla del coño y me puso en la boca. Roberta se sentó sobre mi polla y la clavó hasta el fondo del coño. Sentía el ruido que hacían sus besos y el chapoteó de mi polla en el coño de Roberta y supuse que se estaban magreando las tetas. A los quince o veinte minutos Rosa se corrió en mi boca, y no de cualquier manera, pues derramó una cascada de jugos con los que casi me atraganto. Tragando sentí cómo el coño de Roberta apretaba mi polla y al soltarla la anegaba con los jugos de otra tremenda corrida. Yo no me corrí. Estaba empalmado, pero no era capaz de llegar. Un hormigueo en la polla producido por el alcohol me impedía hacerlo. Esto les dio alas. Rosa, dándome la espalda, metió mi polla en su culito respingón, puso sus manos sobre mi pecho, se abrió de piernas y me folló. Roberta volvió a untar de crema el condón que cubría el corazón de la espiga, se la metió en el coño y comenzó a follarla al tiempo que Rosa me follaba a mí. Todo iba a pedir de boca hasta que sentí que Roberta me soltaba los pies y me decía:

-Ahora viene lo bueno.

El "consolador" salió del coño de Rosa y la punta hizo círculos sobre mi ojete. Me relajé, dejé que aquella cosa entrara en mi culo y luego que me follara. Roberta, no sé con qué dedos, ya que no lo podía verlos, acariciaba el clítoris del coño de Rosa mientras me follaba el culo. Poco más tarde Rosa se corría y yo le llenaba el culo de leche. Ese día me di cuenta de que tenía algo de maricón, supongo que por eso será que me encantan los culos de las mujeres.

En fin, que después me desataron las manos y le dimos lo suyo a Roberta, yo en el culo y Rosa con la lengua y con el "carozo", que le decimos en Galicia al corazón de la espiga después de desgranada... Y aquí lo dejo.

P.D.-Este relato es una ficción, pero me encantaría que hubiese ocurrido de verdad.

P.P.D.-Gracias por leerme. 

Quique.

 



   
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nyctidromus
(@nyctidromus)
Miembro Erótico Autor
Registrado: hace 5 años
Respuestas: 933
 

que morbo de relato estoy muy cachondo 

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scripsit nyctidromus

sanguine et pulvis
n****@gmail.com


   
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