El polvo en el baño
Vanessa era una enfermera, joven, morena, delgada, de poco más de un metro sesenta de estatura, que tenía los labios sensuales, el cabello marrón, las tetas medianas y un culo precioso y que se había ido a vivir con su tío y con su prima luego de haber descubierto su madre que tenía una relación incestuosa con su hermano.
Eran más de las once de la mañana. Víctor, que era un culturista cuarentón, alto, moreno, al que le había desaparecido la esposa en un crucero, y que tenía una joyería, estaba en cama cuando su sobrina entró en la habitación y se puso a barrer. Lo miró y le dijo:
-En este chalet, por más que se barra, siempre hay que barrer.
-Ya te he dicho varias veces que debíamos contratar a una asistenta.
-No quiero que nadie haga lo que yo puedo hacer.
-Tú deberías volver a trabajar en el hospital.
-Tengo seis meses de excedencia, no me corre prisa.
Vanessa, que estaba descalza, llevaba puesto unas bragas blancas y un top marrón de tiras que le quedaba flojo. Al agacharse para meter la escoba debajo del armario, se le marcaron en las bragas el gordo coño y el corte, giró la cabeza, vio que Víctor la estaba mirando, y le preguntó:
-¿Qué miras, tío?
-Nada.
Al rato, al agacharse para meter la escoba debajo de la cama, le enseñó casi la totalidad de sus tetas. A Víctor se le puso tiesa la polla, le salió por la abertura del calzoncillo e hizo una pequeña pirámide con la sábana. Vanessa vio la pequeña pirámide que hacía la erección y no pudo evitar reírse.
-Andas salido.
-Llevo un mes sin sexo, y viendo lo que estoy viendo, no es extraño que me excite.
Vanessa seguía riendo.
-Lo entendería, si no fuese que te estás excitando conmigo.
Víctor se incorporó.
-Mejor será que me dé una ducha fría.
-Espera que te preparo un baño, para relajarse es lo mejor.
Vanessa juntó el polvo, lo arrimó a una pared y luego se fue a prepararle el baño a su tío. Poco después lo llamó.
-¡Ven que ya está listo!
Víctor, en pelotas y tapando la polla con las dos manos, entró en el cuarto de baño. La bañera solo tenía unos cinco dedos de agua. Se metió dentro. Vanessa abrió el agua de la ducha, la dejó correr hasta que la notó en su punto y después le dio la alcachofa, Víctor, echó agua en la cabeza y luego le preguntó:
-¿Quieres echar champú en mi cabeza y lavarla?
-Si no quitas las manos del pájaro...
-No las quitaré.
Le echó el champú en la cabeza y se la frotó. Luego le cogió la alcachofa y le enjuagó la cabeza.
-¿Me lavas ahora la espalda con la esponja y el gel?
Vanessa se rio.
-¿Y no quieres que te lave también el pájaro?
Le tocó una teta y le preguntó:
-¿Lo harías?
Estate quieto.
Cogió la esponja, la mojó, le echó gel y le enjabonó la espalda.
-Tienes una espalda muy ancha.
Víctor, imaginó que lo de barrer, lo de enseñarle las bragas y lo de enseñarle casi todas las tetas era porque su sobrina quería echar un polvo. Le echó la mano izquierda a su teta derecha y la mano derecha al coño.
-No sigas tocándome.
La siguió tocando.
-No sigas, tío.
Le bajó el asa derecha del top y vio una teta mediana con una areola rosada y un pezón gordito. Se la chupó. Vanessa no se apartó de él.
-No hagas eso, hombre, no seas malo.
Le bajó la otra asa y le mamó la otra teta, todo esto sin dejar de tocarle el coño. Después le echó una mano a la nuca y le dio un beso con lengua. Vanessa atizó más el fuego, al decir:
-Me estás calentando.
Le volvió a mamar las tetas.
-Eres un diablo.
-Desnúdate y métete en la bañera.
-No, una mujer decente no hace esas cosas. Voy a seguir lavándote.
Al enjabonarle el pecho vio que tenía la polla erecta. Era una buena verga. La cara risueña que había tenido hasta ese momento, se volvió seria al ver aquella cosa descapullada.
-Es muy grande.
-Enjabónala.
-No puedo enjabonarla, si lo hago acabaremos follando.
-¿Y no es lo que quieres?
-No.
-¿Para qué mientes? Tú tienes ganas de echar un polvo y yo también. Démosle una alegría al cuerpo.
-No debía, pero bueno, un día es un día.
Puso la alcachofa en su sitio. Cerró el agua, echó gel en las manos, se desnudó, se metió en la bañera, se arrodilló delante de su tío y se le frotó la polla con las dos manos.
-Si vamos a follar, hagámoslo bien, tío.
-Di, joder.
-¿Por qué?
-Porque oírlo de una preciosidad como tú debe sonar más obsceno.
-Si vamos a joder, jodamos bien, tío.
-Sabía que me iba a sonar osceno.
Vanessa le puso una teta en la boca y Víctor se la mamó, luego le cogió la mano que había estado tocando su coño y se la metió dentro de las bragas. El hombre se encontró con más babas en el coño de las que se encontraría en un saco de caracoles.
-Tienes el coño en su punto para ser devorado.
Vanessa sacó la lengua, se la metió en la boca a su tío y lo besó con lujuria. Víctor le metió dos dedos dentro del coño y la masturbó mientras se comían las bocas. Al rato le dijo Vanessa:
-¿No decías que tenía el coño a punto para ser devorado?
-Sí, me gustan los coños encharcados de babas.
Vanessa se levantó y le puso el coño en la boca.
-Haz que me corra.
Víctor apretó su lengua contra el coño y se lo lamió de abajo a arriba cada vez más aprisa. Segundos después, Vanessa, le clavó las uñas en la espalda y exclamó:
-¡Me corro!
Se corrió entre fuertes gemidos y tremendas convulsiones.
Al terminar de correrse, le miró para la polla, la agarró y mirándolo a los ojos, comenzó a menearla.
-Ahora te voy a hacer correr yo a ti.
Víctor no se quería correr con una paja, le dijo:
-Hazme una cubana.
Vanessa echó gel en las tetas, metió la polla entre ellas y apretándolas con las dos manos, lo masturbó.
-¿Te va?
-Me va.
Al rato le dijo:
-Ya estoy cachonda de nuevo, si aguantas un poco me vuelvo a correr.
-Aguanto lo que haga falta.
Se sentó sobre su polla, la enterró en el coño, le rodeó el cuello con los brazos, y comiéndole la boca, lo folló, moviendo el culo de delante hacia atrás, de atrás hacia delante, alrededor y dándole las tetas a mamar. Pasado un tiempo, Víctor, le dijo:
-Si no paras me corro.
Vanessa sintió que le venía.
-No te corras, no te corras, no te corras, que me viene, que me viene. ¡Me vino!
Se corrió con la cabeza echada hacia atrás, las tetas echadas hacia delante, con el cuerpo arqueado, y entre espasmos y gemidos.
Cuando paró el resuello, sin decir palabra, sacó la polla del coño, la agarró por la base y lamió de abajo a arriba varias veces, para luego lamerle el glande, masturbarlo y mamársela hasta que su boca se llenó con la leche de una tremenda corrida. Con la boca llena de leche, oyó una voz que preguntaba:
-¡¿Dónde andáis?!
Era la voz de Macarena, la hija de Víctor, que había vuelto de una noche loca y que llegaba algo perjudicada. Víctor le dijo a su sobrina:
-No hagas ruido, no vaya a ser que nos descubra.
Macarena, que venía con ganas de orinar, abrió la puerta del cuarto de baño y vio a Vanessa desnuda y echando la leche de la corrida en la palma de la mano, y a su padre, en pelotas dentro del baño. Les dijo:
-Mi padre y mi prima follando. ¡Lo que hay que ver!
Vanessa se quedó mirándola sin saber qué decir. Víctor, sí supo.
-No el algo que te concierna. Cierra la puerta y vete.
Macarena entró en el cuarto de baño.
-Tengo que descargar.
Vanessa le dijo:
-Vete a hacer tus necesidades al aseo de arriba.
Se levantó el vestido, se bajó las bragas, se sentó en la taza, y dijo:
-Este es mi chalet y cago donde me sale del culo.
Se oyó una batería de pedos y despues un tufo apestoso a mierda inundó el cuarto de baño. Víctor le dijo a su hija:
-¡Estás podrida!
Salieron a toda mecha de allí, desnudos y tapando la nariz. Macarena, al verlos salir, habló sola.
-Alguna se va a arrepentir de haber follado a mi padre antes de que lo follara yo.
El escarmiento
Habían pasado dos días. Vanessa despertó boca abajo sobre la cama esposada por la espalda, atada a la cama con unas cuerdas, que separaban sus piernas y sus brazos y con una mordaza en la boca. Lo último que recordaba era estar tomando un café en la cocina. Macarena estaba de pie junto a la cama. Sobre la mesilla de noche había puesto pinzas para los pezones, un consolador delgado de plástico ABS. Un arnés con una polla negra de látex. Un látigo. Un guante de puño y lubricante con base de agua, pero esto no lo podía ver Vanessa, que al girar la cabeza y ver a Macarena vestida con una camisa y un pantalón de color negro, dijo:
-¡¿Ummmmm?! (!¿Qué me has dado, desgraciada?!
-Has despertado, puta durmiente.
-¡Ummmmmm! (¡Puta tú, asquerosa!)
-Te voy a quitar las ganas de follar con mi padre.
Se metió en la cama y luego entre sus piernas, le abrió las nalgas con las dos manos y le dio un repaso al ojete con la lengua.
-Por como se te abre y cierra el ojete se ve que te gustó. ¿Creías que iba a hacer que te corrieras? ¡Craso error!
Echó lubricante en los dedos pulgares y le metió el izquierdo en el culo, luego le metió los dos y le folló el culo con ellos. Luego pilló el lubricante y el consolador, y después de lubricarlo se lo enseñó y le dijo:
-Comienza lo bueno.
-¡Ummmmm! (¡Me cago en tu sombra!)
La vaciló.
-No tienes mucha conversación, zorra
Le fue metiendo el consolador dentro del culo, consolador que entró como si fuera un supositorio XXXL.
-¿Te duele?
Vanessa no dijo ni mu. Le folló el culo, un rato y después se quitó el pantalón y los zapatos, cogió el arnés, se lo puso, le lubricó la polla y luego se la clavó en el culo.
-¡Grita, guarra!
Vanessa no le dio esa satisfacción.
-Acabarás gritando.
Follándole el culo con violencia, le apretó el clítoris con dos dedos pulgar e índice de su mano derecha. Sintió los primeros gemidos de Vanessa. No se extrañó, y no se extrañó porque ella era masoquista, pero le preguntó:
-¡¿Sigues gozando, cabrona?!
Cogió el látigo y le azotó la espalda y el culo, no con mucha fuerza, pero con la suficiente para que le doliera.
-Zassss, zassss, zassss, zassss...
Los gemidos de Vanessa se hicieron más notables. Macarena le dijo:
-Aún va a resultar que eres masoquista.
Dejó la punta de la polla dentro del culo y le siguió apretado el capuchón del clítoris.
-¡Chilla, coño!
Vanessa comenzó a correrse, echó el culo hacia arriba, metió toda la polla dentro del culo. Se corrió entre tremendas convulsiones. Macarena, viendo como se corría, le dijo:
-Serás puta...
Macarena, luego de que se corriera su prima, se había puesto de un cachondo subido, y se corría, o le daba algo.
-Esto que voy a hacer no entraba en mis planes, pero tengo que quitarme el calentón
Se quitó el arnés, puso a Vanessa boca arriba, le colocó el arnés con la polla. Se quitó la blusa, subió encima de su prima y se metió la polla en el coño. Follándola, le dijo:
-¡Fóllame, puta, fóllame!
Vanesa la miraba, veía como las gordas tetas de su prima subían y bajaban, veía su cara de salida y deseó poder morderle las tetas para causarle dolor, sí, de pronto le entraron ganas de ser una sádica. Su coño se alborotó y comenzó a lubricar una cosa mala. Sintió como le bajaba la humedad por el ojete y como este volvió a latir. Macarena, poco después, se corrió como una loba y acabó echada sobre su prima.
-¡Qué corrida más rica!
Cuando se recuperó y se incorporó, cogió las pinzas, se las puso en los pezones de las tetas y tiro de la cadena que las unía.
-¡Chilla, o te arranco los pezones!
Ni un sonido salió de la boca de Vanessa.
-Eres bien dura, golfa, vas a acabar gustándome, no, no es que vayas a acabar gustándome, ya me gustas.
Fue bajando hasta poner su boca en el coño de su prima, lo olió y le dijo:
-Hueles a puta caliente.
Le enterró la lengua en el coño, y luego se la sacó y se la metió la tira de veces. Cuando vio que se iba a correr, paró de lamer, y le dijo:
-¿Te pensabas que me gustabas, ramera?
Macarena cogió el guante de puño y lo lubricó bien lubricado. Vanessa la miró con los ojos desorbitados y le dijo:
¡¿Ummmm?! (¡¿Qué me va a hacer?!)
Macarena, con cara de sádica, y sin saber que le había preguntado, le espetó:
-Te voy a dejar el coño como el cráter de un volcán.
-¡Ummmmm! (¡Nooooo!)
Frotó el guante de puño en el coño. No tardó en dilatarse la vagina y dejar que entrara un poco el puño, luego entró otro poco, y al final entró entero. Le había dolido, y mucho, pero nada comparado a cuando se deslizó por el conducto vaginal, fue como si la desgarraran por dentro, como si le estuviera mordiendo las entrañas un animal... fue una animalada. Le quitó la mordaza.
-¡Quiero oírte gritar!
A Vanessa le caían unos tremendos lagrimones, pero no chilló. Macarena, sonreía viendo las lágrimas y la cara descompuesta de su prima, se metió tres dedos dentro del coño y se comenzó a masturbar. Al rato, Macarena, se corría como una perra.
Tiempo después, el puño y el brazo follaban el coño como si fueran la polla de un caballo. Vanessa gozaba como una perra. Había descubierto su lado oscuro. Macarena le dio el mejor orgasmo de su vida. Largo, potente y demoledor, demoledor porque le hizo perder el conocimiento.
Cuando despertó estaba libre. Macarena, sentada en la silla de su tocador, y vestida, le preguntó:
-¿Y ahora qué vas a hacer?
Con cara de pocas amigas, le respondió Vanessa:
-Vengarme.
¡Ay que miedo! ¿Y cuándo será eso?
-Cuando menos te lo esperes, perra.
La venganza
Pasaba de la media noche cuando Vanessa le abrió la puerta del chalet a su hermano José, un joven alto y fuerte, pero no muy agraciado facialmente, o sea, que era feo. Vanessa le metió un beso a tornillo y después le puso una máscara de goma, luego, en bajo, le dijo:
-Hazle todo lo que quieras.
-¿El tío sigue de fiesta?
-Si no no estuviera de fiesta no te hubiera llamado.
José, con su máscara de payaso, fue detrás de su hermana hasta la puerta de la habitación de Macarena.
-Ahí duerme.
Vanessa se quedó en el pasillo. Iba a poner la oreja. José, que llevaba una bolsa de deportes en la mano, abrió la puerta, entró en la habitación y fue hasta la cama.
Macarena estaba boca arriba sobre la cama y vestida con una combinación de seda de color blanco.
José encendió la luz de la lámpara de la mesilla de noche y le tapó boca con una mano. Macarena despertó y abrió los ojos. El susto fue de los que no se olvidan. José, cambiando la voz, le dijo:
-Si te portas bien y no gritas, te hago sufrir, te follo y me voy. Si no te portas bien y gritas, te estrangulo, te follo y me voy.
Le quitó la mano de la boca. Macarena lo miró con miedo, pero no gritó.
-Así me gusta. Puedes hacer una pregunta, una sola.
-¿Por qué yo?
-Porque te tengo ganas desde que empecé a hacer pajas, por eso, y no vuelvas a hablar, si no te pregunto.
Abrió la bolsa de deporte y quitó cuatro cuerdas, con ellas le hizo cuatro nudos esposas y luego las ató a los cuatro pies de la cama. Después quitó una botella de aceite de masajes con sabor a coco y derramó aceite en sus tetas hasta que se pegó el camisón a ellas y dejó ver los pezones y las areolas de sus redondas tetas.
-Tienes unas tetas cojonudas.
Le pasó las yemas de los dedos medios de las manos sobre los pezones. Macarena mirando como jugaba con ellos quiso cerrar las piernas para apretar su coño con ellas, pero se las había separado antes de atarla y fue imposible. Le pellizcó los pezones, varias veces. Macarena se estaba mojando a pesar de que al mirarle a la cara a su violador veía a un payaso con cara de sádico. Después, José, le amasó las tetas, lento, aprisa, acariciando, palpando... Así estuvo unos cinco minutos, en los que Macarena levantaba la pelvis para que su clítoris se rozara con algo, y con lo único que se rozó fue con la combinación, obvio que eso no le llegaba, pero no podía evitar levantar y bajar la pelvis y de cuando en vez, retorcerse. José, al ver lo cachonda que la había puesto, le preguntó:
-¿Quieres que te coma el coño?
No pudo negarse.
-Sí.
La vaciló.
-No te he oído.
-Que sí, que quiero que me comas el coño.
José le echó la mano al aceite, le levantó la combinación y derramó aceite sobre sus bragas de seda blanca hasta que se quedaron pegadas al coño.
-¿Quieres que te masturbe?
-Sí.
De nuevo se mofó de ella.
-No te he oído.
Macarena se enfadó, pues no le gustaba que la vacilaran.
-¡O juegas limpio o dejo de colaborar!
-Lo veo justo.
Le subió la combinación, apartó las bragas para un lado y le dejó caer aceite en el clítoris desde una altura de más de un metro. Macarena, levantando y bajando la pelvis, comenzó a gemir.
-Suéltame una mano que quiero correrme.
José le soltó la mano derecha, y le dijo:
-Tienes veinte segundos para correrte.
Macarena le echó la mano a la nuca y le llevó la boca al coño. José sacó la lengua, la muchacha frotó el coño contra ella y e corrió como una perra.
Al acabar de correrse le bajó las asas de la combinación. Tenía los pezones de punta y más duros que las astas de un toro. Se desnudó, luego le frotó la cabeza de la polla en los pezones y las areolas y poco después se corrió sobre su pezones y sobre sus areolas. Macarena, con los pezones y las areolas cubiertas de leche le dijo:
-Ahora límpialas.
-¿Con qué?
-Con la lengua me las deberías limpiar.
Macarena lo había dicho de aquella manera, pero José se lo tomó al pie de la letra. Lamió la leche de la teta izquierda y luego con la lengua pringada de leche quiso besar a Macarena. La muchacha le hizo la cobra.
-Asqueroso.
Después lamió la leche de la teta derecha y de nuevo quiso besarla, esta vez, a Macarena ya no le pareció asqueroso el beso, le metió la lengua en la boca, se besaron y se tragaron la leche.
Al terminar de besarse le dijo José:
-Ahora me la vas a chupar y a poner dura.
Macarena le dio de su propia medicina.
-No he oído nada.
-Habías pedido juego limpio.
-¿Juego limpio? ¿Con alguien que lleva una máscara de payaso y que me está violando?
Le cayeron dos bofetadas, de banda a banda.
-¡Paffff, paffff!
-¡Chupa, guarra!
Abrió a boca, la polla morcillona le entró en ella y Macarena le clavó los dientes. José, acojonado, le dijo:
-No, no, no...
Le echó la mano a la careta y se la quitó.
-Mira quién era, era el adefesio.
Al hablar había podido quitar la polla de la boca y respiró aliviado.
-Joder, pensé que me quedaba sin polla. ¡Esta me la pagas, caníbal!
Le ató la mano. Se arrodilló entre sus piernas, la levantó cogiéndola por la cintura y le la clavó la polla tiesa en el coño.
-¡Toma, perra!
Macarena, con la polla enterrada en su coño, y subiendo y bajando el culo, le dijo:
-La perra... -le miró a los ojos. ¡Mira que eres feo, coño, pon esa horrorosa máscara de payaso, hombre, pon esa horrorosa máscara que a ti te favorece.
Lo había dicho para enfadarlo y que reaccionase con violencia y lo consiguió. José quitó la polla del coño de su prima y se la clavó en el culo.
-¡Ay, cabrón! Me acabas de romper el culo.
No se lo había roto, pero pensando que lo había hecho, sacó la lengua, la mordió y le dio a mazo. Macarena le dijo:
-Así, con la lengua fuera, con ojos de loco y con cara de velocidad, haces guapo a Igor, el jorobado de... El jovencito Frankenstein.
José se puso furioso
-¡Tú a mí no me vacilas más, guarra!
Le dio leña para parar un tren, bueno, hasta que se acabó la leña y la locomotora descarriló dentro del coño. Macarena, sintiendo cómo le llenaba el culo de leche, le dijo:
Suéltame una mano para tocarme.
-No se oye nada.
El puño de Vanessa
Vanessa entró en la habitación. Macarena, al verla, le dijo:
-Debí imaginar que estabas detrás de esto.
-Te dije que me iba a vengar.
-¡La madre que te parió! Has hecho que me violara tu hermano.
-Tú me violaste a mí.
-Vale, estamos a la par. Dile que me suelte.
-De eso nada. ¿Recuerdas como acabó tu escarmiento?
-¿No irás a...?
-Sí, voy a meterte el puño y el brazo en el coño, pero antes me voy a correr.
Vanessa se desnudó, se metió en cama, empujó por su hermano, luego lo montó, le cogió la polla y la frotó en el coño. Macarena, le dijo:
-¡Manda huevos! Ver para creer, la puta se folla a su hermano.
Vanessa se enojó.
-¡A que te doy de hostias!
-Atada de pies y manos, bien podrías.
José le dijo:
-Sigue con lo que estabas.
Siguió frotando a la polla en el coño, y al rato, sin llegar a ponerla dura, se corrió. Al correrse sobre la polla, esta se puso tiesa. Mientras se corría, José se la metió, y después de correrse, le dio a mazo hasta que se volvió a correr.
Macarena había visto lo que hacían y esperaba su turno con el coño como una sopa.
Vanessa le dijo a su hermano:
-Suéltala, yo no soy tan cabrona como ella.
Macarena quería lo suyo, por eso le dijo:
-Tú lo que eres es una una apocada de mierda.
El insulto logró el efecto que buscaba.
-¡¿Qué me has llamado?!
-Mojigata de mierda.
Se dio cuenta de que su prima quería que la follara con el puño.
-¡Puñetera enferma!
Echó aceite en la palma de una mano, frotó las manos, juntó los cinco dedos y empezó a metérselos en el coño.
-¿Te gusta?
Macarena ya se tiró a la piscina.
-Me va a gustar más cuando el puño esté dentro de mi coño.
Ya entraban y salían los cinco dedos y se movían alrededor para ir dilatando el coño, cuando Macarena le dijo a José:
-Apriétame los pezones, pégame en las tetas y dame la polla a mamar
Le apretó los pezones y le dio cachetes en las tetas, pero la polla no se la dio a mamar, no fuese que quedara sin ella.
Poco después, Vanessa, le metió el puño dentro de la vagina. Macarena le dijo:
-Sigue, sigue hasta el fondo.
Le metió el puño hasta el fondo. A Macarena le dolió, pero poco después ya gozaba sintiendo el puño y parte del brazo entrando y saliendo de su coño. Suplicó:
-¡Un beso con lengua, que alguien me dé un beso con lengua!
La besaron con lengua los dos y se besaron con lengua entre ellos. Luego, José, le metió la polla en la boca a su hermana. Vanessa se la mamó mientras se masturbaba y le follaba el coño a su prima.
Pasado un tiempo, José, se corrió como un lobo en la boca de su hermana, Macarena, casi se muere de gusto al correrse en el puño de Vanessa, y Vanessa se corrió como una gatita, apretando la mano con sus muslos.
Al acabar la desataron y siguieron follando un par de horas más.
Fue una noche de cochinadas y de lujuria.
La noche de Reyes
La noche de Reyes, Macarena y su padre estaban solos en casa. Vanessa se había ido porque su madre había pillado una pulmonía y mandó llamar a su hija para que atendiera la casa.
Se oía un villancico en la sala que cantaban en la televisión. Macarena, en bata de andar por casa, roja, larga hasta los pies, preparó dos whiskies on de rocks, uno para su padre y otro para ella. Se lo llevó al sofá, se lo dio, se sentó en el brazo del sofá, echó un trago, posó el vaso, en la mesa camilla, le rodeó el cuello con los brazos, y sonriendo, le preguntó:
-¿Tendré todo lo que le pedí a los Reyes Magos?
Víctor, que llevaba puesto un un batín azul, le quitó los brazos de su cuello y le dijo:
-Siéntate en otro sofá, que te veo venir.
Se sentó enfrente de él, y poniendo morritos, le dijo:
-No me has respondido.
-¿Tú que crees?
-Que hace poco que he cumplido la mayoría de edad y ya tienes excusa.
-No necesito ninguna excusa. Soy tu padre y lo que pretendes que haga contigo es algo indecente.
Víctor removió los cubitos de hielo con el dedo, lo chupó y luego se mandó un buen trago. Macarena le preguntó:
-Eso qué has hecho con el dedo me ha excitado
-¿Por qué te ha excitado?
-Porque imaginé que me metías un dedo en el sexo mojado y que luego lo chupabas.
Victor no se escandalizó.
-Sigues erre que erre.
-Es qué sé que tarde o temprano conseguiré lo que busco.
-Lo que vas a conseguir es que me canse y que te zurre.
-A Vanessa le diste polla.
Víctor se lo tomó con calma.
-Vanessa no es mi hija.
-Pero es tu sobrina, la hija de tu hermana.
-No es lo mismo.
-No te hagas el puritano que es de tu misma sangre.
-Eres igualita a tu madre cuando tenía tu edad...
No le dio tiempo a que acabara la frase.
-He visto fotos, y no estoy de acuerdo, yo estoy más cachonda que ella.
-Te decía que eras igual a ella en lo machacona, y no, no estás más cachonda que ella, tu madre era única, tú eres una copia de ella.
-Me han dicho muchas cosas desagradables, pero que soy una copia, nunca me lo habían dicho.
-Si no quieres oír, no te metas en camisas de once varas.
Macarena bebió su whisky y se fue de la sala.
-Que duermas bien. A pesar de tu comportamiento, mañana tendrás los regalos, pero solo los regalos.
-Falta menos de una hora para la media noche.
-Los tendrás mañana por la mañana, estarán junto al árbol de Navidad..
A las doce y un minuto, Macarena, abrió la puerta de la habitación de su padre y encendió la luz. Víctor vio a su hija con los brazos en aspa y las manos en el marco de la puerta.
-Vengo a por lo mío.
Víctor se sentó en la cama.
-Pareces una perdida.
Macarena llevaba puesta una lencería blanca con encaje en las bragas, en el sujetador y en el liguero que sujetaba unas medias blancas,y calzaba unas zapatillas con diseño de conejo, de peluche y de piso blanco, de goma.
-La perdida quiere que la desnudes y que la vistas con los regalos como le había pedido a los Reyes Magos .
-Tú no eres mi hija, eres una puta.
Macarena fue junto a la cama, se quitó una zapatilla levantó la mano, y le dijo a su padre:
-¡Si me vuelves a llamar puta, te pongo la cara como un mapa de carreteras!
Víctor se levantó de la cama, le agarró a zapatilla, se la quitó, se sentó en el borde de la cama, la puso en sus rodillas y le dio con ganas
-¡¡Plasssss, plasssss! -Puta, puta, puta- ¡Plasssss, plassss, plasssss, plasssss!
Macarena estaba en su salsa.
-Acabas de hacer que me moje.
-¡¡¡Passsss, plassss, plasssss, plasssss, plassss, plasssss, plasssss!!!
-Qué débil eres.
-¡¡Plasssss, plassss, plassss, plassss!!
-¡Sigue, flojo, sigue!
Víctor estaba viendo el culo de su hija y lo veía en carne viva. Sudando como un cerdo, se preguntó como sería posible que no le doliera. La puso en pie y le dijo:
-Tienes que ir a un psiquiatra, Macarena, lo tuyo no es normal.
-Lo que voy es ir a un médico para que vea como me has dejado el culo.
-¿Me estás amenazando?
-Estoy, si no cumples mis deseos ahora mismo te acaban poniendo el culo fino en la cárcel.
-Eres...
-Soy la que te va a joder, de un modo, o del otro.
Víctor entregó la cuchara.
-Tú ganas.
Abrió el cajón de la mesilla de noche y sacó varias cajitas, Abrió una y le puso a su hija en el cuello una gargantilla de oro con lágrimas colgando.
-Por esta preciosidad te mereces un beso.
-No quiero un beso tuyo.
Macarena sacó el genio.
-¡Tú vas a querer lo que me salga del coño!
Le echó las manos al cuello y le dio un beso con lengua que le puso la polla morcillona.
Abrió la segunda cajita y le dio unos pendientes de oro y de aro grande. Macarena se los puso.
-Esta maravilla de pendientes se merecen que veas mis tetas.
Se quitó el sujetador y dejó que su padre le viera las tetas.
Abrió la tercera caja y sacó un solitario con un pequeño rubí y se lo dio. Macarena se lo puso.
-Esta locura de anillo merece que te deje que me toque las tetas
Se las tocó y las encontró duras. Luego sacó dos cajas, en una había un reloj de oro y en la otra una pulsera hecha del mismo material. Macarena se puso el reloj y Víctor le puso la pulsera.
-Estos impagables regalos merecen que te deje magrear y comer mis tetas.
Se las magreó y se las comió, de aquella manera. Luego quitó la penúltima cajita, sacó de ella una gran cadena de oro y se la puso alrededor de la cintura.
-Esta bella cadena merece que te enseñe el coño.
Se quitó el liguero, las medias y las bragas y le enseñó su coño peladito.
Víctor pilló la última cajita y sacó de ella dos pulseras de oro para poner encima de los tobillos.
-Estas preciosidades merecen que te deje lamer mi coño.
Le lamió el coño sin ganas y malamente.
-Pareces un papanatas comiendo su primer coño. Así no me va. Ponte de rodillas
Víctor se puso de rodillas. Macarena se arrodilló dándole el culo y le cogió la polla, la puso en la entrada del coño y metió el glande, luego, moviendo el culo alrededor, fue metiendo la polla como si fuese un tornillo. Con la polla metida hasta la trancas, movió el culo hacia abajo y hacia arriba, lo movió a toda pastilla para que su padre se corriera, pero Víctor, con los brazos pegados al cuerpo, parecía una estatua de mármol. Poco después, Macarena, echando por fuera y lo digo literalmente, pues su coño salpicaba al ir de abajo a arriba y de arriba a abajo, le dijo:
-Si no te quieres correr tú, me correré yo.
Sacó la polla del coño, la frotó en el ojete y después fue echando el culo hacia atrás y la polla fue entrando, despacito. Al tenerla toda dentro, le dijo:
-Nalguéame con fuerza.
Le dio para hacerle daño, para escarmentarla
-!!Paffff, paffff, paffff, pafff...!!
El dolor y el placer la llevó al orgasmo.
-¡Me corro, papá, me corro!
Al terminar de gozar, quitó la polla del culo y le preguntó:
-¿Te follaba así mi madre?
-Tu madre no era una pervertida.
-No me extraña, no sabes ni comer un coño, que ibas a pervertir tú.
-Claro que sé, si no fueras mi hija...
-Ya has follado con tu hija, pedazo de mula, y tenías tantas ganas de follar conmigo de las que tenía yo de follar contigo.
-Deliras.
-Delirar, delirabas tú hace tres meses.
-¿Qué pasó hace tres meses?
-Que te vi haciendo una paja en tu cama y pronunciando mi nombre.
-Ahora sé porque llevas tres meses queriendo consumar conmigo. No me acuerdo de eso, pero si es verda lo que dices, no eras tú en quien pensaba.
Macarena no se creyó la explicación de su padre.
-¿Por qué no dejas de hacerte el padre responsable me comes el coño, cómo es debido, y luego me echas un buen polvo?
-Eres muy mala.
Macarena estaba buena, y lo sabía.
-Y estoy muy buena.
Se puso boca arriba, flexionó las rodillas, se abrió de piernas y le dijo:
-Dame un orgasmo oral.
-Me voy a arrepentir de esto toda la vida, pero si no te como el coño aún me arrepentiré más.
Víctor se metió entre sus piernas, le metió dos dedos dentro del coño, y luego, masturbándola, le lamió el clítoris. Macarena movió la pelvis hacia todos los lados y poco después se corría en la lengua de su padre.
Al acabar de correrse, y aun tirando del aliento, Víctor, le sacó los dedos del coño y se los puso en los labios.
-¿Ya los has probado?
-Cada vez que me masturbo.
-Eres una guarra.
-Y la mamo mejor que cualquiera de las mujeres con que has estado.
-Eso me gustaría comprobarlo.
Macarena le agarró la polla.
-Huele raro.
-La acabas de quitar de tu culo, debías limpiarla.
-Ni por ir a por agua.
Le bajó el prepucio, y le lamió el meato, meato del que empezó a salir aguadilla. Lamiéndole la corona salió más aguadilla. Después le lamiéndole el glande, le acarició. le lamió y le chupó las pelotas.
-Ponte cuatro patas.
Se puso a cuatro patas, le agarró la polla, tiró para atrás, le estranguló cabeza y le mamó y le chupó los huevos.
-Tienes unos huevos que da gusto comerlos.
-Y una polla ahorcada.
-No, por mucho tiempo.
Le clavó la lengua en el ojete y lo masturbó. Víctor comenzó a gemir.
-Te voy a ordeñar como si fueras una vaca.
Lo ordenó tirando de la polla, echándola hacia atrás y mamándole el glande... No tuvo que ordeñarlo mucho tiempo para que le llenara la boca de leche, leche que se tragó.
Luego de haber gozado, estando los dos con la espalda apoyada en la cabecera de la cama y fumando un cigarrillo, le dijo Víctor:
-¿Me dejas quitarte una foto?
Macarena le echó una calada al cigarrillo.
-¿Para qué quieres quitarme una foto?
-¿Para qué crees que puede ser?
-No te hace falta una foto, me tienes a mí.
Víctor echó la ceniza del cigarrillo en el cenicero que tenía en su mano derecha.
-Tú te echarás novio, y yo volveré a mis noches solitarias.
-Te sobrarán mujeres y yo, de momento, no me voy a echar novio.
-Tú lo has dicho, de momento. Deja que te haga esa foto.
-Para que te hagas una paja, hay algo mejor. Pilla la cámara de video en el armario.
-¿Qué vamos a hacer?
-Tú, grabar, yo, me voy a masturbar.
Víctor apagó el cigarrillo y fue a por la cámara de video, Macarena, apagó el suyo y se puso en la misma posición que se había puesto cuando le pidió que le comiera el coño. Al encender su padre la cámara de video, Macarena, le dijo:
-¿Listo?
-Sí.
Ladeó la cabeza, miró a su padre con cara de niña traviesa, se echó las manos a las tetas y las magreó lentamente. Después cogió los pezones con los dedos pulgares e índices de cada mano, y tiró de ellos un ratito, luego magreó la teta la izquierda con la mano izquierda, y con cuatro dedos de la mano derecha hizo movimientos circulares sobre el coño. Vio como la polla de su padre cogía más cuerpo y sonrió. Magreando la teta, se metió los dedos medio y anular dentro de coño y se dio cera. Poco después viendo la polla de su padre oscilar de abajo arriba y de arriba a abajo, sacó los dedos del coño, mojó con los jugos ambos pezones y los acarició con las yemas de los dedos. Poco después se abrió totalmente de piernas, levantó las rodillas y volvió a magrear la teta izquierda y a darse caña. Dándose caña, le preguntó:
-¿Habías visto algo así, papá?
-Sí, en mis fantasías contigo.
-Cochino.
Cerró los ojos y comenzó a gemir en bajito. Tres o cuatro minutos más tarde abrió los ojos y vio la polla de su padre, la tenía tiesa y apuntando a su coño. Volvió a cerrar los ojos, se masturbó con más intensidad y sus gemidos subieron de tono. Ya no magreaba la teta izquierda, ahora se apretaba los pezones con los dedos. Su pelvis se comenzó a mover hacia arriba, y le dijo:
-¿Listo para grabar el el momento estelar?
-Listo.
La pelvis se movió sin control, sus gemidos se hicieron escandalosos, y luego exclamó:
-¡Me corro para ti, papá!
Víctor, grabando como se corría, se moría por follar a su hija, pero se contuvo.
Al acabar de correrse, Macarena, se puso a cuatro patas, metió una mano entre las piernas, dos dedos dentro del coño y se volvió a masturbar. No había transcurrido ni un par de minutos cuando le dijo:
-Métemela en el culo, papá.
Víctor apagó la cámara de video. La puso sobre un mueble, subió a la cama, se puso detrás de su hija, le metió la lengua en el culo unas veinte veces, y luego le clavó la polla en el culo, despacio, pero toda de un tirón. Con toda la polla enterrada en el culo, Macarena, le dijo:
-Dame duro.
Le echó la mano izquierda al cabello, se lo jaló y le dio a mazo. Poco tardó Macarena en decir.
-¡Me corro!
Le apretó la garganta y la dejó sin respiración mientras se corría.
Se corrió mirando al techo, con los ojos chuecos y entre gemidos y convulsiones.
Luego de correrse, la colocó boca arriba y después la puso sobre él. Le metió la polla y le dio despacito para no correrse. Al principio, Macarena, no daba ni tenía, bueno, sí, daba, le daba la boca para que se la comiera, y pasado un tiempo, ¡joder si tenía! Tenía coño para dar y regalar. Le puso las manos en el pecho a su padre y le dio al culo a mil por hora, o sea, que el culo iba de atrás hacia delante y de delante hacia atrás en décimas de segundo. Las tetas tenían vida propia, iban de arriba a abajo y de abajo a arriba como van las orejas de un cocker spaniel en plena carrera.
Macarena miraba a su padre a los ojos para ver como le iba cambiando la cara, pero, sin querer, la cara le fue cambiando a ella. El ceño se le frunció y los ojos se le entornaron. Antes de empezar a correrse, le dijo:
-¡Dámela, dámela, dámela ahora, dámela, papá!
Víctor comenzó a correrse. El primer chorro de leche le entró en el coño, el segundo se fue al aire, y se fue porque Macarena había quitado la polla del coño y se lo había puesto en la boca, Víctor, descargando, le enterró la lengua en el coño encharcado. Macarena movió su culo alrededor y le dio en la boca una deliciosa corrida.
Tocaba descansar, fumar un cigarrillo e ir a por un par de Whiskies. Luego seguirían celebrando el día de Reyes.
Quique.





