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 jdel
(@jdel)
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Topic starter   [#1557]

Esto ocurrió hace medio año, cuando conocí a esta chica por internet. Respondió a mi mensaje con su disposición y su correo electrónico. Yo estaba fuera toda la semana por trabajo, así que no nos veríamos hasta ese viernes.

La semana fue un ir y venir de mails. Le iba preguntando cómo era y qué buscaba y me iba respondiendo. Me envió un par de fotos que corroboraban lo que ya indicaba en su perfil: era una chica de constitución normal, de poco menos de 1,70, pelo negro, piel clara y cuidada, ojos oscuros y bonita sonrisa... que quería hacer lo que yo le pidiera, que necesitaba un hombre al que entregarse.

Yo le pedía que hiciera cosas y diligentemente me iba a respondiendo. Le escribí que al día siguiente tenía que ir al trabajo con lencería de encaje. Me desperté con un correo en el que me mandaba una foto con el pantalón abierto en la que se podían ver sus braguitas blancas con bordados desde el servicio del trabajo y me preguntaba si me gustaba.

- Sólo veo un poco de tu ropa interior, seguro que lo puedes hacer mejor.

Al rato, recibí un nuevo correo en el que se disculpaba y me enviaba una foto en la que se podían ver perfectamente sus braguitas blancas y su sujetador de encaje. Cubría sus pechos, de tamaño mediano y se apreciaban sus caderas y el inicio de sus piernas bien formadas.

- Ves como podías.

Para otro día le indiqué que debía describirme cómo quería darme placer el día que nos viéramos y recibí un relato por correo con todos los detalles de cómo me haría una felación. Escribía bien y me puse a cien.

- Seguro que tienes algún juguete con el que practicar - le dije.

- Claro - me respondió.

Recibí un video en el que le hacía esa misma felación a un consolador morado. Nuestro futuro encuentro prometía mucho.

Le dí instrucciones para el viernes y llego el día. Me acerqué al hotel que le había indicado. Subí las escaleras y llamé a la habitación. Ella abrió la puerta y dió un paso atrás. Miraba al frente.

- Hola.

Ella no respondió nada pero dejó entrever una media sonrisa. Me paré a mirarla. Iba con tacones negros, sin adornos, unas medias negras cubiertas por una falda negra por encima de la rodilla. Llevaba una camisa blanca más amplia. Me encanta, tal y como le había dicho. Sus ojos brillaban. Estaba expectante. Yo estaba excitado.

Pasé a la habitación y cerré la puerta. Ella seguía quieta en el pasillo de entrada. Me quité el abrigo y se lo di. Lo posó en una butaca que había más atrás y se volvió a mi otra vez. Yo la miraba a los ojos fijamente. Le pedí uno de los pañuelos largos que le había encargado.

- Date la vuelta.

Ella se giró. Me acerqué lentamente. Tenía su pelo a la altura de mi cabeza. Oía muy bien. Doblé varias veces el pañuelo y lo pasé por delante de sus ojos, atándolo por detrás de la cabeza y acomodando el pelo para que no estuviera tirante. Aseguré el nudo. Retiré el pelo de su cuello suavemente. Escuchaba su respiración. Le dí un beso en un lado del cuello, bajo la oreja.

Susurré en su oido - ¿Estás nerviosa?

Dió un pequeño respingo y dijo - Sí.

Posé mis manos sobre sus caderas y me pegué un poco más. Mi miembro ya estaba empezando a notar la excitación y mi pantalón rozaba ya con su falda por detrás. Le saqué la camisa de la falda lentamente y pasé mis manos por debajo de ella. Su piel era muy suave, como se podía intuir en las fotos. Encontré el cierre de la falda en un lado y lo solté, así como la cremallera. Bajé la falda lentamente a la vez que mis manos iban recorriendo sus piernas sobre sus medias, que sin ligueros, llegaban hasta mitad del muslo, como le había indicado.

Con la falda en el suelo, volví a subir mis manos por una de sus piernas hasta el comienzo de sus nalgas, cubiertas por lencería negra. Ella seguía quieta. Tenía su culo a la altura de mi cabeza. Pasé mis manos por sus dos nalgas mientras besaba la piel que dejaba libre su lencería de una de ellas. Seguía subiendo las manos por su lado, arrastrando la camisa blanca y dejando al descubierto poco a poco su piel, lisa, sin marcas. Subí sus brazos y saqué la camisa por arriba. La dejé sobre la butaca. Su sujetador también era negro a juego. Bajé mis manos por el lateral de su pecho mientras fui besando su espalda. Se le erizó la piel. Llegué al final de la espalda, al límite con sus bragas. Sentí su escalofrio.

Me puse de pie la cogí de la cintura y la guié hasta la cama. La senté en el borde.

 - ¿Dónde está el otro pañuelo?

Ella me respondió - Sobre la mesa.

Me levanté y me acerqué a la mesa. Cogí el segundo pañuelo. La miré. Ahí estaba sentada en la cama en tacones, medias negras, lencería de encaje y los ojos cubiertos. La tumbé en la cama y le estiré los brazos hacia arriba. le até las muñecas con el segundo pañuelo. No había nada en el cabecero para inmovilizarlas.

Sobre su oreja susurré - No las muevas de aquí - Ella asintió con la cabeza.

Volví a recorrer su cuello con mi boca. Bajé hasta su escote. Lo besé. Mi mano fue bajando mientras hacia su cintura, pasó por su cadera, llegó a su culo y se quedó en el muslo. Mi boca fue recorriendo el centro de su cuerpo. Llegó al ombligo. Su respiración se hizo más fuerte. Mi verga apriertaba contra mi pantalón. Ella estaba a mi merced, eso me encanta. Alcancé el borde de sus bragas. Olía su excitación. Fui besando sobre los encajes de sus bragas. Ya estaban húmedas. Fui besando el interior de sus muslos. Ella separó las piernas facilitándome el acceso.

Separé sus piernas del todo y me puse de rodillas entre ellas. Volví a besar sus muslos, cada vez más cerca de sus bragas. Las cogí por los lados y suavemente las fui retirando sobre sus medias, hasta que las libero y se quedan en el suelo. Descubrí su coño depilado salvo por una pequeña "mosca" de pelo sobre su raja

- Me ha hecho caso en todo - pensé.

Estaba húmeda. Besé su raja. Ella arqueó su espalda, pero no bajó sus brazos. Pasé mi lengua sobre su coñito. Jugueteé con su clítoris. Movía mi lengua cada vez más rápido. Ella empiezó a gemir. Estaba llegando al orgasmo. Noté sus fluidos. Explotó por primera vez. Seguí moviendo la lengua. Ella se movía un poco más. Iba soltando jadeos. El ritmo subió mucho. Noté como iba a tener otro orgasmo. Sí, ya llegaba. Los jadeos eran más rápidos. Estaba llegando.

Los jadeos se volvieron pequeños gritos - Sí.. sí... mmmm... - Ella explotó otra vez.

Me levanté. Mi paquete ya quemaba dentro de mi pantalón y apretaba. Ella siguió tumbada, recuperándose, con las piernas colgadas sobre el borde de la cama, con sus tacones, sus medias, el sujetador, la venda de los ojos y las manos atadas con un pañuelo. Necesitaba liberarme. Me quité los pantalones y la camisa. Mi verga iba a reventar el bóxer. La cogí de sus manos, las desaté y la incorporé sobre la cama. Me quedé de pie frente a ella. Se queda expectante. Mi verga estaba a la altura de su cara, aunque con la venda, no lo sabe. Cogí mi miembro y acaricié sus labios con él. Levantó las manos y suavemente me palpó hasta que tomó mi polla entre ellas.

 - Ya sé lo que haces con el consolador, a ver qué sabes hacer conmigo.

Posó sus boca en mi glande. Humedeció sus labios y lo fue recorriendo con pequeños besos. Bajó por el tronco y volvió a subir. Tomó mis testículos con una mano y empezó a masajearlos. Con la otra dirigió el tronco a su boca. Sacó su lengua y la fue pasando de arriba a abajo por la raja de mi glande. Recorrió el tronco de mi verga con la lengua. Yo estaba a cien. Volvió a subir al capullo y se lo metió despacito en su boca, rozándolo con sus labios y jugando por dentro con su lengua. Empiezó a chupar lentamente pero con fruición. Empiezó a meterla y sacarla lentamente en su boca a la vez que con la mano recorría el tronco de arriba a abajo. Cogí su cabeza. El ritmo iba subiendo. Como siguiera así iba a acabar enseguida. La retiré.

La eché otra vez sobre la cama. Cogí mi miembro y froté su raja con mi glande. Seguía húmeda. Estiró sus manos sobre su cabeza. Le metí la polla despacio. Sentía su calor y volvía a sentir su humedad. Fui empujando poco a poco. Ella empezó a jadear y a mover la cabeza, aun con su venda en los ojos. Aumenté el ritmo y mis embestidas eran cada vez un poco más fuertes. Ella empiezó a gritar. Yo estaba a punto de correrme. Ella agarró con fuerza las sábanas a los lados. Seguí empujando, más fuerte.

- Sigue... dame fuerte... Dios... - empezó a gritar.

Ella volvió a llegar al orgasmo y yo iba a explotar en breve. La saqué a punto para descargar sobre su vientre un chorro de semen. Entre espasmos salieron dos más. Se acarició con las manos y recogió un poco. Se chupó los dedos. Me tumbé s su lado en la cama.

 



   
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