Me llamo Antonia, tengo 49 años, una carita tierna, mis pechos son exuberantes, grandes y hermosos, tez blanca, voz sensual, alegre y conversadora. Una piernas largas y bien torneadas, en fin, una hembra divina.
Estoy casada con un hombre de ensueño, grande y apuesto, liberal y culto. Siempre fantaseando sobre sexo y muy abierto a mis caprichos, sobre todo en la cama.
Vivimos solos en un departamento a las afueras de Caracas, Venezuela. En nuestro nido de amor hemos hecho verdaderos desastres, tríos con chicas, juergas con amigos y mucho sexo de calidad.
Desde hace varios meses comparto con mi vecino, un hombre muy apuesto y atractivo de 58 años, que cuando lo miro, siempre tengo deseos de algo más.
Rogelio nos manda con frecuencia videos eróticos que Aníbal y yo vemos en la cama y terminamos cogiendo duro ... A nombre de Rogelio.
El, mi vecino, me saca conversación y en una de esas le confesé mi encantó por los bikinis de encajes... El quedó sorprendido y me prometió que me daría una sorpresa.
Un día me escribió un mensaje que decía:
- Vecina, buenas tardes. Tengo una sorpresa para usted...
- Hola Rogelio, que rico... Y que será?
- En una hora voy a su casa y le muestro.
Esa tarde mi esposo estaba trabajando, así que decidí recibir a mi vecino en casa, sola.
Me coloque ropa muy cómoda, despelotada como me gusta lucir. Tenía una falda corta, un hilo pequeñito, una blusa de encajes blanca y sin brasier... Un atraco de mujer. Me perfume y me hice una cola en mi cabello.
Tocaron el timbre de mi departamento. Por la voz y el perfume sabía que era mi vecino.
- Antonia, cómo estás?
- Divina como siempre
- Ya veo, estás espectacular.
Y paso adelante, camine hasta la sala y notaba que me detallaba con su mirada.
- Tenga su regalo, me dijo, al tiempo que me entregaba una caja hermosamente decorada.
- Espero que le guste... Ábralo , me dijo
En la caja había un hilo negro de encajes hermoso y muy sexy
- Es mi deseo que le guste y que no se sienta ofendida por el presente...
Mi cabeza empezó a dar vueltas, me encantaba el detalle pero quería sacar partido de esto para llamar aún más su atención.
- Está hermoso vecino, es encantador. Dame un segundo y me lo pruebo
Me fui a la habitación y me puse el hilo, me quedaba increíblemente bien... Me acomode la falda y salí a la sala de nuevo.
- Me queda muy bien, y poniéndome de espaldas a Rogelio me levanté la mini, dejando que El me viera mi cuerpo adornado por esa prenda negra.
- Antonia, que bien te quedó. Dijo totalmente impresionado.
- Me encanta Rogelio, y aún con la falda alta, me gire y lo abrace, me puse de puntillas y le di un beso en el cachete.
- Gracias,
El me abrazo por un instante y bajo son manos a mis nalgas. Me separé de él y baje la falda a su sitio.
Camine hasta la cocina para destapar una botella de vino y brindar por la ocasión, con dos copas yo dije:
- Brindó por ese detalle suyo vecino, y el dijo
- Brindó por su belleza Antonia.
Se acercó, tomo un sorbo y me besó el la boca con delicadeza y determinación.
- Usted está hermosa y me gusta verla siempre así.
Seguimos tomando hasta acabar la botella, el no paraba de hacer elogios a mi cuerpo y yo estaba ya desesperada. Quería montarme a ese macho que me estaba cortejando.
De pronto me puse de pie, tome su mano y lo levanté de la cómoda, le dije:
- Ahora quiero yo hacerle un presente a usted...
Lo lleve a mi habitación y en el trayecto me afloje la blusa y dejé mis pechos al aire. Entramos y lo puse de frente a mi...
- Yo quiero regresarle de esta forma su delicadeza.
Me puse de rodillas y le saque su verga del pantalón. Grande, grueso y jugoso. No me lo imaginaba tan divino. Comencé a mamarlo con desesperación. Era tan grande que no encontraba la mejor forma de comérmelo. Debía acostumbrarme a semejante falo.
El me sujetaba por la cola de mi cabello y me decía que siempre había escuchado como hacíamos mi esposo y yo el amor y que eso le exitaba demás.
Yo estaba empapada, me acariciaba mi coño mientras se lo chupaba. Ya no quería que se fuera sin que me hiciera suya.
Lo lancé sobre la cama y me quite el hilo, quedando solo con la faldita en la cintura.
Me monte mientras El sostenía su verga en posición para que al sentarme en su tronco entrara directo en mi vagina...
Uffffff. Hasta el fondo de una, le dije.
Esa verga parecía un torpedo, una vez adentro todo comencé a follarlo con desespero. Entre mi exitacion y la botella de vino, comenzaron a sobre venir mis orgasmos... Uno dos, tres... Ya no paraba, estábamos tirando sabroso y no quería que esto terminará.
Manoseo y beso mis pechos. Me apretaba las nalgas con afán. Besaba mi boca con frenesí. Ese hombre me estaba gozando.
Rogelio se giró y me acostó en la cama, estaba disfrutando su atractivo. Bajo hasta mi coño y comenzó a comérselo. Me hizo un oral de antología. Trago mis fluidos y me hurgó toda la vagina con su lengua.
- Que rico papi, me encanta como la chupas, sigue sigue, me gusta
Ya con desespero se monto sobre mi, lo que yo deseaba, me penetró con delicia y comenzó sus embestidas de macho a punto de estallar.
Le pedí al oido que se fuera adentro, que quería sentir su leche llenando mi vagina...
Y así fue, mis palabras aceleraron su ritmo hasta alcanzar mi meta.
Una acabada monumental, sus gritos de placer me hicieron acabar también y arroparlo con mis alaridos de gozo.
Descansamos un rato, dejamos que nuestros cuerpos regresarán a la calma mientras que mi vagina no paraba de chorrear su leche.
Nos besamos para bajar la emoción y me confesó que deseaba esto con locura.
Se vistió y salió del departamento. Yo me quedé en la cama. Estaba encantada con lo que vivimos y debía decidir si recibir a mi marido así o ducharme y quitarme el olor de Rogelio de mi cuerpo...
Preferí ponerme el hilo y aguardar la llegada de mi macho para que indagara lo que me había ocurrido.
Luego de ese día Rogelio me visita dos veces por semana, me trae presentes sexys y divertidos y yo le correspondo cómo me gusta hacerle.




