Hoy Hace una semana de mi aventura con los pescadores en la playa, durante este tiempo no he dejado de recordar esas escenas de sexo rico, salvaje y clandestino. No le he dicho nada a mi marido por temor a qué no me deje salir a lo mío y que pueda hacerme una de celos que no deseo en este momento.
Sin embargo hablé con Adriana , la chica que me hace los masajes antiestres que tanto me gustan. Le conté los detalles desde el primer día. Ella me pidió que la próxima vez la invitará. Que quería comprobar lo que le decía y participar si era posible.
Lo cierto es que pase por ella a las 5 de la tarde y ambas llegamos a la playa cuando aún había mucho sol. Nos cambiamos en mi vehículo y nos pusimos tangas divinas y un pareo cada una que combinaban con nuestra piel.
Adriana es una morena alta, esbelta, bella y culona, pocas tetas pero lo compensa muy bien su tracero rico.
Comenzamos a caminar y de inmediato éramos el centro de atracción. Silbidos, piropos y muchas invitaciones a tomar tragos o a sentarnos juntos a caballeros que nos miraban con morbo y deseo.
Seguimos avanzando hasta la playa de los pescadores. Menos frecuentada por bañistas pero aún así tenía algo de gente.
Vimos a los dos amigos tomando ron a la orilla de la playa y contando el dinero fruto de la faena del día.
Al acercarnos nos saludaron cómo de costumbre... Saladitos ellos...
- Hola bebe, que linda estas. Nos tienes olvidados, una semana sin saber de ti
- Hola lindo, sabes que lo bueno se hace esperar...
- Veo que traes compañía. Cómo te llamas tú?
Adriana levantó su mano y con sensual movimiento les dijo
- Me puedes decir Adri
Comenzamos a dialogar sobre su día de trabajo, lo que ambos hacían y lo que más les gustaba del mar. Ellos nos respondían sin quitar la mirada de nuestros cuerpos y alternando con tenues caricias que se escapaban en medio de la gente que nos veía.
Mi sexo latía con intensidad porque estaba impaciente. Ya quería que el sol dejara espacio para que pudiéramos iniciar lo que los 4 deseábamos.
Ya oscureciendo y después de habernos tomado varios rones, Miguel el más fornido, fue pon un encerado, que es una gran lona gruesa que usan los camioneros. La coloco sobre la arena a modo de piso y encima extendió unas sábanas. Aquello olía a sexo, a puntería a lujuria y a mar.
Sentados sobre el improvisado cuadrilátero, seguimos conversando. Relajados y animados por el alcohol, nuestros ombros se rosaban de vez en cuando y ya las caricias eran más relajadas porque la cómplice oscuridad se había hecho presente.
Miguel comenzó a besarme con fuerza y rudeza. Ramón inicio el manoseo con Adriana. Allí confirme que estábamos encendiendo bien. Esto tenía buena pinta.
En pocos movimientos Miguel estaba mamando mis tetas, sus dedos estaban en mi vagina y su rústica pien me hacía sentir la virilidad de aquel macho que ya me había montado encima varias veces. Esto se estaba convirtiendo en un adorable vicio.
Recuerdo que voltee a mirar a Adri y ya Ramón la tenía en perrito penetrada por su culo. Lo que al parecer es su especialidad.
A mí me puso mi macho en la misma posición pero me cogió por la vagina, quedando Adri y yo frente a frente....
- Que te dije... Ves que esto es un vicio, una locura
- Si. Que vaina mas rica y sabrosa. Gracias por traerme,
Y de pronto me comenzó a besar en la boca en señal de agradecimiento. Ellos al ver ese espectáculo comenzaron a follarnos con más fuerza mientras las dos seguíamos el morreo divino y sin desperdicio. Esa nena si que sabía besar.
Mi sexo estaba ocupado pero la novedad de Adriana me tenía atónita. Ambas nos levantamos sin abandonar la penetración y seguimos besándonos y manoseando nos los pechos. Esto se ponía bueno.
Los machos acabaron dentro de nosotras, nos desencajamos y decidimos cambiar de pareja. Ellos estaban extenuados y debían recuperarse por lo que tome de la mano a Adri y la acosté en el centro del encerado, entrecruce mis piernas con las de ella y comencé a darle un rica frotada a su sexo con el mío. Nos dimos hasta que le saque dos orgasmos. Se estremecía sin control y yo hacia lo propio.
Nos cansamos, nos besamos y bajamos el eros. Habían algunas personas viéndonos a lo lejos pero perdí cuidado. Ellos no saben lo que se estaban perdiendo.
Luego de varios tragos se concreto el cambio. Estos chicos querían probarlo todo.
Entregué mi culo a Ramón porque no quería salir de allí sin que me probará y sin yo darme ese gusto. Una follada sabrosa con besos negros que alternaba muy bien.
Miguel se cogía a Adriana sin piedad. Barría el cuadrilátero con ella mientras gritaba de placer y tenía repetidos orgasmos. Mi amiga estaba gozando rico.
Ya todos logramos el éxtasis de sexo y lujuria que búscanos. Ocurre que llega un momento en el que los cuerpos no dan más y sabes que estás satisfecha. Mi amiga me miró y dijo ¿Nos vamos Bella? A lo que respondi poniéndome de pie y colocándonos los pareos.
Los chicos se despidieron y nosotras nos fuimos al auto, riéndonos y haciendo comentarios llenos de picardía.
Esto no pararía, ahora tenía una cómplice y me daba confianza.
Adriana me insistió que lo había disfrutado pero que no me perdonaría si no la invitaba para la próxima.
Yo estaba complacida, sin saber que cuento le diría a mi marido. Sea como sea, estaba satisfecha y ya no podía parar.




