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"Cualquier tecnología lo suficientemente avanzada es indistinguible de la magia"
Tercera ley de Clarke.
El túnel al multiverso es una tecnología desconocida y aún incontrolada. Los científicos no se ponen de acuerdo en sus bases teóricas.
Pero sus efectos son bien conocidos en la institución que lo estudia gracias a los informes de los conejillos de Indias, ups, perdón, las personas que lo cruzan con destinos inesperados: Otras épocas, lugares e incluso mundos de fantasía, de novela o de cine.
Esta colección de extractos de esos informes hace hincapié en las vivencias más eróticas de la protagonista narradas por ella misma.
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Al salir de la piscina solo con un breve bikini vi el resplandor del túnel dimensional. Otra vez, alla vamos. Las salidas por suerte suelen ser suaves si no esta vez la arena del puñetero desierto en que fui a caer me hubiera hecho polvo la piel.
El sol caía a plomo, parecía mediodía. Las iba a pasar canutas como la noche me pillara sin haber encontrado un refugio.
Esta vez el refugio me encontró a mí. Acercándose desde las dunas venía un fulano vestido únicamente con un tanga hecho con piel de algún mamífero, la prenda hasta conservaba el pelo. Llevaba a un costado una enorme cimitarra colgada de un tahalí de cuero sin apenas curtir. Iba montado sin silla en un precioso caballo negro como una noche sin luna.
Sin muchas palabras me agarró del antebrazo y me subió a la grupa. Aún tengo que darle las gracias a una manta tejida con el pelo suave de algún animal y no salí con los muslos completamente despellejados.
A eso y a que la cabalgada no duró mucho. A unos cientos de metros empezamos a ver vegetación. Un poco más allá algunos árboles y junto a un regato de aguas cristalinas una choza construida con troncos de palmera
Tanga de cuero, no tenía otro nombre para él, se bajó del caballo de un salto. Se acercó al arroyo para lavarse sin sacarse el tahalí del que prendía la enorme espada a un costado de su cadera. Tuve que bajarme yo misma de la bella bestia, me refiero al caballo, por supuesto. De la otra bestia esperaba no tener que bajarme tan pronto en cuanto consiguiera montarlo.
Era hombre de pocas palabras. No me estaba haciendo ni puto caso. Las gotas de agua resbalaban por su piel bronceada.
El tío era inmenso, parecía hecho de músculo. Un culturista no hubiera conseguido esa figura ni machacándose en el gimnasio veinticuatro horas al día. La melena rubia cubría unos hombros que como los de Atlas hubieran podido sostener un planeta. Tenía más tetas, bueno, más grandes que las mías pero rellenas de fibra. Eso no era un torso sino un barril de Ribera de Duero.
El cuero apenas curtido del taparrabos ocultaba algo de buen tamaño. Sobre esas nalgas no solo se hubieran podido partir nueces, se podrían usar como yunque y forjar hierro. Supongo que muchas horas a lomos de su semental conseguirían eso.
Sus muslos habrían podido sostener ellos solos todo un templo griego. Con los músculos cincelados en la piel, parecían columnas corintias.
Vale, admito que estaba impresionada y más que un poco excitada. Me estaba devanando los sesos para saber quien podría ser ese fulano y en qué época había ido a caer. El que más me sonaba desde luego era Conan el Cimerio o puede que incluso Tarzán de los monos o John Carter de Marte, Barsoom. Pero el cimerio había sido el molde de un montón de guerreros de fantasía.
En ese momento no me hubiera extrañado ver un dragón volando por allí. Una malvada y horrenda bruja salir de detrás de una roca. O ver llegar a Red Sonja con su bikini de escamas de acero y su melena llameante en un caballo blanco. Hubiera sido un bonito trio.
El fulano no había abierto la boca en todo el rato. Así que no sabía en qué idioma hablarle. Y mis intentos de comunicación no estaban dando mucho resultado. Lo intenté con todos los idiomas que sabía. Y en alguna otra ocasión ya he dicho que no se me dan mal las lenguas. A ese paso tendría que usar la mía de otra forma, lo que me parecía bastante bien.
Así que no sabría su nombre hasta que no se decidiera a hablar. Lo intenté con todas los idiomas que conocía y soy buena con las lenguas. Todavía no había probado con la mía, claro. Un idioma universal.
Me señaló la choza con un gesto y entré a explorar. Junto a la chimenea de piedra había un lecho cubierto de suaves pieles. Apenas una mesa hecha con madera casi sin tallar, alfombras de piel, pellejos con líquidos colgados de la pared y cojines por el suelo. Eso es ¿Una estatua de Crom? No creo, pero esa no era una buena pista, no sabría que aspecto tendría su dios.
Creo que estaba muy cansada de haber estado nadando toda la tarde, dentro de no se cuanto tiempo y en otro mundo o universo. Me quité el sujetador del bikini y me tumbé boca abajo en un montón de pieles. Me estaba quedando adormilada en esa suave cama.
Mi culo desnudo por el tanga tuvo que ser lo primero que vio cuando entró en la choza. Y parece que no le disgustó en absoluto. Pues se arrodilló a mi lado y empezó a besarlo. Me despertó con unos labios que eran mucho más suaves de lo que parecía a peineta vista.
¡Joder!. No hablaba mucho el tío pero como usaba la boca. En segundos se me olvidó el cansancio y empecé a excitarme. La húmeda y caliente lengua parecía que quemaba mi piel allí por donde pasaba.
Pronto empezó a deslizarse por las nalgas, humedeciendo mi epidermis. Las separó con las manos haciendo hueco para su cara que parecía tallada en granito. Su lengua muy húmeda y tan caliente que quemaba mi ano.
El cordón del tanga no supuso ningún obstáculo a sus fuertes manos. Se desintegró al primer tirón dejando mi ano al alcance de su voraz lengua. Me encantaba como me comía el culo. Me hacía gemir y suspirar.
Otra vez tendría que volver a mi tiempo en pelota picada. Por que por allí no se veía mucha tela precisamente.
Pero me aparto del tema. El culturista de la edad de piedra me tenía tan cachonda que pocos segundos después me estaba corriendo solo con su lengua metida en el culo. Más bien de la edad de hierro tanto por la espada como por la dureza de una polla que alcanzaba a tocar con el pie.
Había estirado una pierna y alcanzaba a palpar el taparrabos con la planta. Y no solo la prenda, a esas alturas el glande y más de media polla asomaban por la cintura del tanga. Mi primera impresión parecía acertada, aquello era grande y bien duro.
Ni siquiera dejaba caer todo su considerable peso sobre mí. Pero notaba su piel en la mía. Para ser un bárbaro era muy considerado. Empezó a subir por mi espalda lamiendo mi piel. No sé cómo es la lengua de una vaca pero por el tamaño... igual se le parecía. La notaba por todas partes de los riñones a los hombros, por la línea de la columna.
Me aparté la melena hacía adelante y siguió por la hombros, el cuello y hasta la nuca. Considerando que su taparrabos sólo estaba sujeto por un par de lazadas a esas alturas ya se había deshecho de él. Así que lo que yo estaba notando ardiente en mis nalgas era su rabo.
Ya sé que no se lo estaba poniendo muy difícil precisamente. Él tenía que haberlo notado por mis jadeos de locomotora asmática. Pero para indicárselo mejor hice fuerza con los muslos para levantar el culo y que mi cadera quedara a la altura precisa.
No tenía ni idea de por donde pretendía penetrarme. Pero lo recibiría con gusto por cualquiera de los dos orificios. Visto el trabajito que me había hecho con la lengua seguro que disfrutaba de su rabo.
Un segundo más tarde notaba el glande en los labios de la vulva. Hizo presión despacio pero yo me abría como una flor, sin esfuerzo. Eso sí jadeando y sintiendo un enorme gusto. Una corriente de puro placer que me llegaba del coño al cerebelo. Empezó a moverse despacio sin prisa y yo lo notaba Sujetaba mi cadera con sus manazas o las bajaba por mis costados hasta agarrar mis tetas. Pellizcaba mis pezones con suavidad.
Estaba como en una nube y él aguantaba con ese rabo duro y enorme sin correrse. Así que me salí avanzando un poco en el lecho de pieles. Solo con un gesto le hice tumbarse y yo me puse sobre él.
Le coloqué las manos en mis tetas mientras yo me apoyaba en sus impresionantes pectorales y le pellizcaba los pezones. Por su cara de vicio y sus jadeos que ahora sí podía ver le estaba gustando. Aún más cuando clavé su rabo en mi interior. Poco a poco fui bajando mi cadera hasta notar su glande en el cuello del útero.
Era yo la que subía y bajaba despacio recreándome en las sensaciones de mi vulva. Supongo que en aquel oasis no me oiría nadie más que él porque silenciosa no fui precisamente. Ya llevaba varios orgasmos cuando por fin se corrió en mi interior. Agotada me derrumbé sobre su poderoso torso besando su piel con ternura. Y me correspondía acariciando mi melena y espalda suavemente.
Incluso creo que llegué a dormitar un buen rato sobre su poderoso cuerpo. Aunque no me dejó hacerlo mucho tiempo porque parecía obsesionado en usar la lengua sobre mi cuerpo. Manejándome como una muñeca me colocó haciendo un sesenta y nueve sobre él. Así que me dejó la poderosa polla justo frente a mi rostro.
Mientras volvía a sentir la lengua rasposa en los labios y el clítoris me puse a lamer el poderoso tronco que tenía ante mí. Ni habiéndose corrido hacía unos segundos aquello había perdido fuerza y dureza. El monolito seguía bien duro. Tendría que esforzarme en darle más placer mientras él volvía a comerme entera.
Normalmente me gustan las pollas sin pelo pero en este caso salía de una buena mata de vello negro. Me daba igual, repasé con la lengua sus huevos, el tronco hasta meterme el glande en la boca. Mientras él sacaba su propia lefa de mi xirri con la húmeda. Me seguía dando orgasmos, me seguía corriendo en su boca. Y cada vez que separaba la lengua de su piel solo podía gemir.
Yo tarde un poco más en conseguir que de aquella fuente manara un incontenible chorro de semen. Me llegó al fondo de la garganta y aún así pude saborearlo. El jadeaba mientras seguía expulsando leche como si fuera el cuerno de la abundancia. Me giré para besarlo, para convertir nuestros sabores en un nuevo cruce de lenguas. El bárbaro era de pocas palabras, pero desde luego las demostraciones en su caso eran con hechos y una polla bien dura.
Cuando desperté por fin en la chimenea se estaba asando algún tipo de cuadrúpedo que no pude reconocer. Pero desde luego estaba sabroso. Me paseé un rato por la choza completamente desnuda, bueno como estaba él. Tampoco se había puesto el taparrabos. Tras la sabrosa comida salí a lavarme al estanque. Incluso por nadar un rato en el agua cristalina. Aún sin las comodidades modernas el sitio era paradisíaco.
Todo ello además de las vistas del cuerpo de culturista que se paseaba por allí en pelota picada. Bueno y los polvos que echamos los días que pasé con él en el lecho de pieles de su cabaña. Dimos algunos paseos en su semental a la luz de la luna, desnudos del todo. Aunque no conseguí arrancarle ni una palabra. No sé si era mudo o solo no me entendía cuando yo le hablaba. Pero usaba la lengua de maravilla en sus besos o comiéndome el coño y el culo. Y cada centímetro de mi piel.
Unos días más tarde volví a mi tiempo y mi casa cubierta únicamente por la piel de un animal. Ni siquiera los científicos de la institución has sabido decirme de qué especie fue cuando estaba vivo. Cómo en casi todos mis viajes las preguntas eran más que las respuestas. Pero me voy acostumbrando.
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Larga y próspera vida





