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La ninfómana y la aldeana

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José
(@quique)
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Galicia, años 40.

Abril era una muchacha de aldea de Orense que fuera a servir a la ciudad, Tenía diecisiete años, ojos negros, cabello marrón y largo (le llegaba a la cintura), estatura mediana, tetas grandes, unos kilos de más y era bruta, muy bruta... En la casa en la que fue a trabajar ya había otra sirvienta, Rosa, la mujer tenía treinta y cinco años, era delgada, morena, de ojos azules, alta, con buenas tetas y refinada. Hablaban sentadas en la cama de la habitación de Abril. Le preguntaba Rosa:

-¿Tenías novio en la aldea?
-No me corría prisa. ¿Lo tienes tú? A tu edad ya no se te va a quemar el arroz, ya debes tener la tartera quemada.
-Estoy divorciada.
-Algo harías tú o algo hizo él.
-Fue culpa mía. Soy ninfómana.
-¿Y no lo sabía cuándo se casó contigo?
-No.
-No me extraña. No tienes acento.
-¡¿De qué?!
-De extranjera.

Rosa, sonrió, y le dijo:

-Una ninfómana no es una extranjera.
-¿Ah no? ¿Y qué es?
-Una mujer que le den más, y más y más.
-Eso en mi aldea lo llamamos... ¡Aaaaaaaaasia viva!
-Sí, es algo así.

Se le llenó la boca de nuevo.

-¡Aaaaaaaansia viva! Yo la tengo de comer. ¿Tú de que la tienes?
-De un orgasmo tras otro.
-Suena bien, pero nunca lo comí.

Rosa no daba crédito a lo que oía.

-¿Fuiste a la escuela, Abril?
-Hasta los siete años. A los siete años la maestra me castigó sin recreo, rompí todas las libretas y al día siguiente estaba trabajando en el campo.

Rosa, que andaba salida, siguió a lo suyo.

-¿Cómo le llamáis en tu aldea a hacer un dedo?
-Sacar un moco.
-A ver, a ver. ¿Cómo le llamáis en tu aldea a masturbarse?
-Al revés.
-¿Le llamáis "al revés" a masturbarse?
-Si, le llamamos turbarse más.
-¡Hostias!
-A eso le llamamos igual.
-Te voy a explicar lo de ninfómana de otro modo a ver si lo entiendes. Una ninfómana es una mujer que cuando la monta un hombre no le llega con disfrutar una vez, tiene que disfrutar dos, tres... Y si su marido no la satisface...
-Pillado, eres una puta.
-Soy una enferma.
-No, eres una puta. Y te lo voy a explicar para que lo entiendas en lenguaje de pueblo. Una puta es una zagala, soltera o casada que jode con uno o más hombres porque se lo pide el cuerpo, y cuanto más se corre más veces se quiere correr.
-Ese es tu punto de vista.
-No, yo en la vista no tengo ningún punto. Además. ¿Qué tiene que ver la vista con el meter?
-No entiendes nada.
-Claro que entiendo. Tú lo que necesitas es al Evangelio para quitarte la tontería.
-No sabía que eras religiosa.
-¿Religiosa yo? Lo que soy es chismosa, muy chismosa.
-¿Te gusta criticar?
-¿Qué si me gusta criticar? En la aldea cuando me enteraba de algo jugoso a donde no llegaba yo mandaba recado.
-¿Y lo del evangelio?
-El Evangelio es mi primo y tiene cuerda para siete u ocho corridas.
-Vaya, pensaba que en las aldeas las chicas se daban a valer.
-Yo me daba a valer, si alguien me llamaba hija de puta cogía una piedra y le abría la cabeza.
-¡¿Qué bruta?!
-Sí. ¿Verdad? Llamarle a una hija de puta...

Rosa, le dio a la cabeza.

-Bueno, por lo menos saqué algo, ya sé cómo le llamáis a tener un orgasmo.
-¿Y cómo le llamamos?
-Correrse, aquí también le lamamos así.
-Parece que estoy en el extranjero. Seguro que a tirar una pera también le llamáis de otra manera.
-¿Define lo que es tirar una pera?
-Yo de fino nada.

Rosa supo que tenía que armarse de paciencia.

-Con definir quise decir que me digas que haces al tirar una pera.
-Se rasca hasta que viene el gusto y una se corre.
-Masturbarse.
-Pues si, me voy turbando más, y más, y más... Y al final me corro.

Ya no se molestó en explicarle nada.

-¿Cuántas veces llegaste al clímax tirando la pera?
-¡Qué raro hablas! En la aldea no decimos llegar al clímax, decimos el clima está para llegar, aunque a mí me da lo mismo que haya frío o calor, cuando me pica la rasco.
-El clímax... Es igual.
-No, no es igual, es parecido, yo follo mejor con calor que con frío.

Rosa, tanteó a Abril.

-¿Te comieron alguna vez las clavelinas?
-El cerdo del vecino.
-¿Y?
-Y después le corté una oreja con una hoz.

Rosa ya ya no sabía que hacer con ella.

-¡Las tetas, mujer, las tetas!

Abril, a malentendió, y se sorprendió.

-¿Quieres que te toque las tetas?
-Preguntaba si te comió alguien las tetas.
-Ya me parecía a mí que era muy raro que tiraras al río de cabeza.
-¿Te las comió alguien?
-El Evangelio.
-¿Y la margarita?

Abril ya iba espabilando.

-A ver, a ver. ¿La margarita es el coño?
-SÍ. ¿te lo comió el Evangelio?
-No, me lo comió la Ambrosia.
-Un bomboncito.
-Eso dijo ella con la boca llena de leche.
-Flujo.
-Flujía, flujía de su boca y caía sobre la hierba.

Ya entró a matar.

-¿Quieres que juguemos tú y yo?
-¿A comernos lo coños?
-Y nos podemos hacer unas peras.
-Ya me tardaba que me lo dijeras.

Abril, se levantó de cama y cerró la puerta de la habitación con llave. Al volver se desnudaron mutuamente al tiempo que se comían las bocas. Cuando las tetas de rosa quedaron al descubierto, Abril se las cogió con las dos manos, amasándolas y lamiendo y chupando pezones y areolas, le dijo:

-Están ricas.

Rosa le quitó el sujetador y comenzó a comer con lujuria aquellas tetas grandes, con areolas rosadas y enormes pezones. Abril le dijo:

-¡Eres... Aaaaaaaansia viva!

Rosa la empujó, le quitó las bragas. Vio su coño peludo, lo abrió con dos dedos y lo lamió cómo si fuera un helado. Abril comenzó a gemir, Lidia, la dueña de la casa, una treintañera, rubia y con un cuerpazo, que iba a hablar con Abril, al oír los gemidos, abrió la bata de casa, metió una mano dentro de las bragas, arrimó su espalda a la puerta y comenzó a masturbarse.

Unos minutos más tarde, le decía Abril a Rosa:

-¡Ya, ya, ya, ya, ya! ¡¡Yaaaaaaa!! ¡¡¡Me corrooooo!!!

Abril, sacudiéndose y jadeando, se corrió en la boca de Rosa. Lidia, tapando la boca con una mano, encharcó las bragas con los jugos de su orgasmo. Sus piernas temblaron tanto que perdió las fuerzas en ellas y acabó sentada al lado de la puerta.

Al acabar de correrse Abril, la besó y le dijo:

-Prepárate, una ninfómana se tiene que correr al menos seis veces.

Le devolvió el beso, y le dijo:

-Prepárate tú, una aldeana se tiene que correr al menos ocho veces.

Lidia, que las había escuchado, se levantó y cogió el pomo de la puerta... ¿Se uniría a ellas o les llamaría la atención?

Quique.

 


   
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nyctidromus
(@nyctidromus)
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que buen     relato


scripsit nyctidromus

sanguine et pulvis
n****@gmail.com


   
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