Perramente buena
 
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Perramente buena

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Sandra Rosalia
(@sandra-rosalia)
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Topic starter   [#33]

Por Sandra Rosalia.

Con las nalgas paradas de Lety aun engarzadas entre sus manos, la bella morena, babeando como una fiera enardecida, le dijo al esposo de aquella: "Cuídala: Esta perramente buena..."

 

Minutos antes, la ardiente mulata había asaltado a la incauta mujer casada dentro del tocador del restaurante, pegándole enorme susto, a donde deliberadamente le había seguido, atraída por su belleza al verla sentada con su marido en una mesa cercana a la de la mulata. Sin que la bella dama casada atinara a defenderse, ni comprendiera lo que estaba ocurriendo, la morena la atrapó de la bella cabellera negra, impulsándola hacia atrás, mordisqueándole los labios, ante la enorme sorpresa y espanto de Lety, quien tuvo que aguantarse las ganas de orinar debido al asalto de la esbelta y ágil pantera.

 

En un breve instante, la morena todavía besándola como una ventosa por cuello, tórax, boca y brazos, descendió una de sus manos, y apresó el clítoris de su víctima sexual, con sus dedos por encima de las bragas; provocándole un leve chillido sensual a la mujer, quien en ese momento se entregó -sin mas remedio- a quien en ese instante era su dueña y señora; desmayando sus enormes muslos a los lados, subida y sentada por la pantera, encima de los lavabos del sanitario; ofreciendo Lety su ardiente vulva cubierta con sus bellas pantaletas.

 

De súbito, la fiera procedió a subir el hermoso vestido entallado de terciopelo negro de Lety, y bruscamente sacó los bellos senos de ella, botándolos para ello del brassier, y violentamente procedió a mamarlos; mientras tanto, la víctima chillaba cual cerda acuchillada, y gemía de excitación, a la vez que fingía débilmente resistirse, incrementando el placer de ambas mujeres. Lety ya se encontraba para ese instante, completamente despeinada, y con su ondulada cabellera negra, desperdigada a los cuatro vientos.

 

De un tirón, la sensual y rapaz pantera, procedió a bajar las pantaletas negras trasparentes de su presa sexual, introduciendo un dedo dentro de la gruta babeante de esta. Después de un rato de bombearla con dos dedos, y ante la locura delirante de Lety, intempestivamente la bella fierecilla morena, procedió a mamarle su clítoris a la hasta ahora pasiva señora casada. Lety exclamaba:

 

- Ay cabrona...cabrona...dame más más por favor...

 

Lety fue incapaz de contenerse, y en medio de tanto orgasmo, se vio imposibilitada a contener su orina, y esta fluyó a torrentes celestiales dorados, empapando todo el rostro hambriento de la fiera de ébano, quien pareció gozar con la meada abundante de su presa sexual, y nada le importo quedar empapada de su rostro y tetas.

 

En eso, bruscamente penetro al tocador el gerente del restaurant, seguido del estúpido marido de Lety (como ella misma lo llamaba mientras me contaba esto), ambos atraídos por los gritos de esta que se escuchaban hasta afuera, observando atónitos la escena. De un brinco, Lety se colocó de pie, y arregló sus ropas como mejor pudo. Mientras que, a empellones, la morena era llevada hacia la puerta del negocio y arrojada fuera, a solicitud del marido, quien era un cliente asiduo del lugar; mientras que esta sonreía a todos con la cara empapada de orina, en su camino triunfante escoltada hacia la calle, y a la vez con su ensortijada cabellera desarreglada, por los fuertes agarrones que Lety le pegaba, con el fin de sostenerse, durante los intensos orgasmos. 

 

Años más tarde, Lety contaba a mi persona, que nadie en la vida había sido capaz antes, ni ahora tampoco, de provocar tan intensos y prolongados orgasmos como en el caso de la salvaje y hermosa morena.

 

Desafortunadamente para Lety, ella ignoraba todo de aquella mujer de fuego, y según su decir, estuvo durante varios meses, yendo al lugar del tormentoso encuentro sexual, con el fin de ver si se encontraban de nuevo, y la buscaba desesperadamente por las calles también, pero jamás la volvió a ver; y tuvo que conformarse con las insípidas relaciones sexuales con el marido de ella, a quien llego a detestar; y solo recordaba la forma en que la morena se despidió de todos, antes de ser expulsada del tocador del restaurant, cuando esta volteara a ver al estúpido marido de Lety, y con una sonrisa de triunfo le dijo a este: "Cuídala...esta perramente buena".

FIN.



   
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José
(@quique)
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Perramente bueno el relato.



   
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