Tanga en el patio, ...
 
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Tanga en el patio, las chicas


pern
 pern
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¡Ups!. Estaba tendiendo la ropa en la ventana y se me ha caído un tanga al patio. Me asomo a ver dónde está y comprobar si puedo recuperarlo. Ha quedado un par de pisos más abajo.

He tenido que sujetar el escote de mi camiseta suelta y muy recortada por si alguien me miraba por las ventanas del patio.

Me jodería perderlo, es de los más caros que tengo. Solo un poquito de encaje muy fino. Fue un regalo de una exnovia. Bueno tendré que bajar a recuperarlo.

Me puse un pantaloncito de deporte y una apretada camiseta, apenas un top deportivo. No conocía a la gente que vivía allí. Pero bueno, que mas daba, iba cómoda pero sexi.

Al cabo de unos segundos una sombra tapa la luz en la mirilla. Ella, una guapa pelirroja, al abrirme su puerta, estaba con un tanga y una camiseta amplia y larga lavada tantas veces que parecía transparente.

Creo que me quedé mirándola con la boca abierta. Tiene una bonita sonrisa. De labios finos y sensuales una nariz respingona, los ojos azules. Una larga melena rizada roja y lo sensual de su cuerpo que se aprecia bajo la camiseta de tirantes.

Prometía, los pechos no muy grandes, comparados con los míos, duros, cónicos y con un claro pezón rosado. Marcaba la cintura estrecha y plana, la cadera amplia y unas larguísimas piernas bronceadas.

  Conseguí recuperarme lo suficiente como para sonreírle y explicarle la situación:

- Hola, verás,  es algo tonto, se me ha caído un tanga y ha quedado enredado en una de tus cuerdas.

- Adelante. Ahora voy a buscarlo. Siéntate. ¿Quieres un refresco?

  Me invitó a pasar y ponerme cómoda en su salón. La miraba alucinada alejándose camino de la cocina,  moviendo su culito que desnudo se trasparentaba en la camiseta y el tanga no lo cubría.

Volvió con mi prenda en la mano, un levísimo encaje muy sensual que me había costado carísimo. Bien pagado en la cama, o en el asiento trasero de un coche, o donde nos pillaba con ganas.

  Volvió sonriendo y comentando.

- Es una prenda muy delicada. ¿Sueles usarla mucho? O ¿de este tipo al menos? ¿Tan sensual?

- En ocasiones especiales y para quien me guste mucho.

- Pues me encanta, es preciosa. ¿Te importaría que me la probara?.

Es una chica decidida que no se corta por nada.

- Adelante claro y volví a sonreír.

Mirándome a los ojos se bajó el que tenía puesto. Una prenda de algodón mucho más normalita pero tan pequeño como el mío que aún sostenía entre sus dedos. Pude verlo perfectamente.

Con la camiseta recogida en la cintura por encima del ombligo dejaba asomar unos finos labios delicados bajo su pubis depilado.

Sin ningún tipo de vergüenza y que en segundos taparon mi prenda. Levantó la camiseta hasta la cintura para dejármelo ver e incluso se giró. Pude apreciarlo desde todos los ángulos. Incluso el leve cordoncillo rojo escondido entre sus poderosas nalgas.

- Te sienta de maravilla.

Le dije.

- Pero seguro que tú también tienes más prendas así.

- Pues claro ¿quieres verlas?.

- Tengo un rato ¿porque no?.

  Me condujo a su dormitorio y abrió un par de cajones con lencería fina, bonita y elegante como la mía. Acaricié algunas de las prendas pues esa es la única palabra posible para lo que hice.

Primero me fijé en un body de encaje que no parecía tapar mucho. terminado en tanga,  con la espalda desnuda y un escote en v que pasando entre los pechos parecía llegar casi al pubis.

Por debajo de la lencería mis dos pudieron tocar otros objetos algo más duros, cilíndricos de innegable forma fálica. Estaba acariciando sus juguetes. Aunque tapados por sus prendas no llegué a verlos, en ese momento.

Después me llamó la atención un conjunto con liguero, de gasa, casi trasparente, precioso y sus medias a juego. Lo notó.

- ¿Quieres probártelo?.

Mi sonrisa lo dijo todo, al sacarme la camiseta mis pechos libres botaron un poco con mis pezones ya bien duros. Al bajarme el pantaloncito arrastre con él el sencillo tanga de algodón, que tenía puesto.

Quedé desnuda del todo ante su voluptuosa figura. La mía es un poco mas delgada, estilizada, fibrada. Sus tetas algo mas pequeñas pero mas duras, las mías parecían mas esponjosas, tanto que rebosaban por encima del borde del sujetador. Pero aún así su lencería no me quedaría mal del todo las diferencias no eran tan grandes.

Correspondiendo a la confianza que ella había tenido antes no me daba vergüenza. Al deslizar las sensuales prendas por mi piel me notaba caliente, excitada. El conjunto me quedaba bien. El borde de encaje de las medias copas del sujetador acariciaba mis pezones.

Hasta las finas medias, ajustadas a mis pantorrillas y muslos, sujetas por el liguero. Me di una vuelta ante ella, que recostada cómodamente en la cama no perdía detalle. Sus largos muslos desnudos sobre la colcha. Su coñito apenas cubierto por el encaje rojo de mi tanga.

- ¿Qué tal?.

- ¡Fantástica! como para darte un muerdo.

- ¿Y a qué esperas? ¿Una invitación?.

Le dije y por fin se acercó a mí y yo a ella hasta que nuestros pezones se tocaron con el único estorbo del algodón de su camiseta y el ribete de encaje del sujetador que me había prestado. Mis dedos fueron automáticamente a su pubis de donde aparté el tanga con dos dedos.

  Acariciando sus labios suaves y finos. Mientras ella posaba los labios, los de su boca,  dulces sobre los míos. Que abrió apalancando con su lengua hasta encontrar la mía.

Subir por la cintura las dos manos arrastrando y llevándome la camiseta, descubriendo el vientre plano y luego sus cónicos y duros pechos hasta sacarla por encima de su cabecita.

Mantuve sus muñecas sujetas sobre ella mientras la besaba profundo llegando hasta su garganta con mi lengua. Aproveché para saborear más de su piel.

Lamiendo el fino cuello, los níveos hombros e incluso las depiladas axilas. Terminé besando sus preciosos pechos y mordisqueando sus duros pezones.

Ella entre tanto se había agarrado a mi culo. Con uno de sus muslos entre los míos.  Masajeando con fuerza mis nalgas duras. Estaba empezando a buscar bajo el cordoncillo del tanga con uno de sus dedos el ano.

Eso me hizo salivar más sobre su lengua y que escaparan ríos de flujo en su tanga prestado. Así que le dije:

- Tendré que volver a lavarlo.

Ella riendo dijo:

- No sé.  Preferiría conservarlo con tu sabor. Me lo quedo y tú te llevas ese conjunto.

- Seguro que podemos compartir más ropa.

Y uniendo la acción a la palabra consiguió empujarme al sofá con las piernas bien en alto y acercar su lengua en mi coño donde se clavó sin piedad.

Recorriendo mis labios y buscado el clítoris entre ellos sin usar los dedos. No le resultó difícil, el mío es grueso y cuando me excito sobresale un poco. Es entonces cuando me pongo a gemir y suspirar.

Ella oía mis demostraciones de lo bien que lo estaba haciendo, lo que hacía que se esforzase aún mas. Bajaba por el perineo hasta clavar la lengua en mi ano, lo que me vuelve loca. Mis rodillas ya pegadas a los hombros.

-¡Que bien lo haces! Si llego a saber esto antes. Ni salgo a la calle. Habría bajado a tu piso.

- Hoy me has pillado sola y caliente.

- Pero contigo es fácil que me sienta así bastante a menudo.

Devoraba mis jugos abundantes llegando a lubricar con ellos y su saliva mi culo. Clavó en él uno de sus dedos mientras volvía a mi xoxito. Me derramé en su boca, me corrí como una loca gimiendo y suspirando.

Tras lo cual quedé relajada en el sofá ella subió sobre mí despacio acariciando mi vientre y pechos con ternura hasta volver a juntar nuestras lenguas en un suave beso. Sin importar que mi sabor estuviera en sus labios volví a deleitarme con sus pícaros besos.

Su lengua en mi boca hacia maravillas. Y yo le respondía con la mía buscando saliva. Como ella estaba encima de mí podía recorrer su espalda suavemente con las manos. Bajaba acariciando la línea de la columna con las yemas de los dedos hasta las pétrea nalgas.

Me había encantado ese culito desde que entre en su piso. Amasarlas, acariciarla, recorrer esa suave piel y separar las nalgas para jugar con los dedos en su ano.

Un gemido suave en mis oídos cuando la yema del índice rozó a acariciar el estercolero aro de músculo. Parece qué le gustaba y yo estaba deseando lamerlo.

- Te voy a comer enterita.

- Pues no se a qué esperas.

Tuve que separarla lo suficiente como para tumbarla en el sofá, donde tenía tan suculento manjar a mi merced.

Quería empezar por sus delicados y limpios pies. Chupar cada uno de sus deditos, lamer la planta y el empeine.  Y subir despacio por sus pantorrillas. Sin separar la lengua de su suave piel.

Tuve que girarla y ponerla boca abajo para alcanzar las medias lunas de su portentoso pandero. La sin hueso saboreando cada centímetro de su epidermis. Mordisquear las marmóreas nalgas. Ella misma las sujetó con sus manitas y las separó para darme acceso al ano.

Tenía que estar recién duchada para que estuviera tan limpia y oliera tan bien. No lo dude un segundo más para clavar la lengua y pasarla por toda la raja. Levantó la grupa para darme acceso a toda la zona.

Del clítoris al coxis, no deje nada por saborear. Sus suspiros, gemidos y orgasmos me decían que lo estaba disfrutando.

Seguía lamiendo y saboreándola, no quería parar. Pretendía seguir dándole todos los orgasmos que mi bella vecina se merecía.

- ¡Tregua! Me vas a matar a polvos.

- Eso pretendía. Pero podemos continuar otro día.

- Desde luego. No me perdería esto por nada, ahora que se lo buena vecina que eres.

Desde luego nos lo pasamos bien juntas de vez en cuando y seguimos cambiando lencería.

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Larga y próspera vida


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