Hada y el fontanero
 
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Hada y el fontanero


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 pern
(@pern)
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He sido toda mi no muy larga vida fontanero, caprintero, albañil, electricista, un chapuzas. Me dedico a las reparaciones en domicilios. A lo que haga falta y pidan los clientes.

A pesar de los tópicos y de las historias del porno nunca había follado en el trabajo. Llegaba, hacia lo mío, me pagaban y seguía con el siguiente aviso. Pero este verano la gente debe estar muy disparada.

Ayer llegué a un chalet donde tenía un arreglo pendiente. Al llamar me abrió la puerta, un ángel, una morenaza que tenia puesta la parte de arriba de un bikini mas bien pequeño. Además de un pantalón corto, pero corto por todas partes, en la cintura le quedaba muy por debajo del ombligo y por los muslos, bueno, bastante por encima del comienzo del culo.

Y la señorita estaba fantástica en todo lo que enseñaba. Era perfecta, las piernas largas, los muslos bronceados, el culo firme respingón y por lo que parecia muy duro. El vientre era plano, los pechos abundantes aunque sin exagerar, lo suficiente como para que el sujetador que tenía puesto parecía que no le hacía ninguna falta en realidad.

Y una cara preciosa, aunque algunos rasgos un poco artificiales como si se hubiera operado algo. Los labios muy carnosos, sensuales, gruesos. La nariz recta y fina, los ojos los tenía azules profundos como para terminar de ahogarse en ellos. Eso si antes no lo hubiera hecho en todo lo demás.

Y la melena negra que le llegaba a la mitad de su desnuda y perfecta espalda un poco musculosa para mi gusto. Sonriendo ante la cara de bobo que debía haber puesto me condujo al lugar de la averia.

En la que no podía concentrarme de ninguna manera. Mi mente volvia una y otra vez a lo mismo, lo jugosa que estaba la anfitriona. El que no se separara de mí no ayudaba mucho a mi concentración. El poder echarle un vistazo a sus muslos o vientre de vez en cuando no hacía que me centrara en la faena.

Ademas esta requería cierto esfuerzo físico. Eso unido a los devaneos de mi mente por el cuerpo de la chica y al calor que hacía en la estancia hizo que casi de inmediato comenzase a sudar. Le pregunté si podía quitarme la camiseta y me respondió que como estuviera más cómodo. Me la saqué y la pasé por los sobacos depilados para quitarme algo del sudor.

Y ella parecía que aumentaba su interes hacia lo que estaba haciendo o hacia mi. No estoy mal del todo, puedo presumir de unos pectorales decentes y de un vientre plano. Y gracias a haber realizado algunos trabajos al aire libre ese verano de un buen bronceado. Por lo menos en lo que ella podía ver hasta ese momento.

Si yo no podía quitar ojo a sus tetas, ella tampoco dejaba de mirar mi torso. Así que viendo que yo no podía avanzar mucho me propuso hacer un descanso y tomar un refresco.

- No se te está dando bien. Puedes parar y nos tomamos un refresco u otra cosa.

Me dijo con una sonrisa pícara. Dándome la espalda al inclinarse en el frigorífico la visión de su culo glorioso y casi desnudo terminó de ponerme la polla dura.

Y al girarse para entregarme la lata eso fue lo primero en lo que ella se fijó. Nuestros dedos se rozaban en ese momento. Ella me miró a los ojos con toda la intención levantando la vista desde mi rabo.

Algo como un escalofrio me recorrió. Me puse la lata fria en la nuca luciendo así los músculos del brazo y los pectorales levantando el codo, dejándole ver la axila depilada. Fijándome en que sus ojos no dejaban de mirarme.

-Pareces muy acalorado.

No pude mas que asentir a tal afirmación.

-Si pudiera aún me pondría más cómodo.

-¿Y por qué no lo haces?

-Por que lo que tengo debajo de esto no es muy grande.

-¿Vas desnudo?

-No, sonriendo, llevo un tanga.

-Uau, eso no es lo habitual en los chicos.

-No lo es, pero a mi me gusta.

-Pues me gustaría verlo.

-No es problema, pero a mí también me gustaría ver tu tanga.

Uniendo la acción a la palabra estaba comenzando a desabrochar y a bajarme los vaqueros que me estaban quemando sobre la piel. Estaba allí casi desnudo con la polla dura marcandose y casi saliendo del tanga.

Pero estaba claro que tenía que ponerle descaro asi que en vez de cubrirme me giré y le dejé ver mi culo desnudo y apreciar todo mi cuerpo cuanto ella quiso. Con su sonrisa descarada también desabrochó sus shorts y comenzó a bajarlos despacio.

Se giró para mostrarme su perfecto culo y ahí me dí cuenta que en realidad ella no tenía nada debajo del pantaloncito, pero su trasero era verdaramente glorioso. Apenas me dejó verlo un momento y volvió a subirlo.

-¿Eso era lo que querias ver?.

-Es precioso y para empezar, pero me gustaría ver absolutamente todo lo demas.

No se los cerró del todo, solo se subió la cremallera sin dar el botón. Entre los pliegues de la tela, sobre el pubis, se podía distinguir la tinta de un tatuaje, aunque no estaba claro lo que era. Casi una promesa. Yo no me puse los pantalones estaba mucho más cómodo así. Volví al trabajo aunque ella seguía meneando las caderas delante de mí.

Casi había terminado cuando sentí un chorro de refresco helado corriendo por mi espalda. Y detrás sus dedos acariciando mi piel húmeda de refresco y sudor. Siguió bajando por mi columna hasta que se apoderó de mi culo.

- Te has decidido tú, si llegas a tardar un poco más me hubiera lanzado yo.

Pegó la cadera a mis nalgas y pasó la mano por mi polla por encima de la tela del tanga. Me incorporé y giré para coger su cintura y besarla. Abrió los labios para recibir mi lengua en la boca. La suya pasó a la mia jugando en mis dientes y hasta el paladar.

No separó las manos de mis nalgas mientras las mias desataban el cordón del sujetador. Por fin pude apoderarme de sus tetas desnudas y amasarlas a gusto. En ese momento separó el beso y puso las manos en mi pecho.

-Tengo algo que decirte.

-¿Ahora?

-Si, si quieres seguir adelante, sí. Yo no soy una chica.

-¿Que eres?.

-Soy transexual, todavía tengo polla.

No es que yo no me hubiera dado cuenta, pero hacerme el despistado me estaba dando buenos resultados. Así que continué en mi papel de inocentón y pedí más pruebas.

-Eso tengo que verlo y tocarlo. Eres una mujer preciosa.

-Gracias, ese era mi plan.

Cerré sus labios con un nuevo beso al que ella volvió a responder con entusiasmo y con su lengua. Mi polla respondió poniendose aun mas dura.

Bajé despacio su short y de entre sus piernas fue asomando poco a poco su polla no precisamente pequeña y aún no muy firme. En el pubis tenía tatuada una pequeña hada con sus alas y todo. Se la acaricié soltando el pantaloncito que cayó al suelo y ella soltó un suspiro. Le acaricié el escroto suave sosteniendo sus testículos.

-Si no lo veo no lo creo. Nunca hubiera pensado que escondias este secreto.

Mentí como un poseso.

-¿No te importa?

-¿Pero que dices? Me encanta, eres una mujer preciosa y me encantaría probar algo nuevo contigo.

Ahí también exageré un poco aunque supongo que mi amigo que se pone tanguitas y sujetadores para que le folle su duro culito no es realmente un transexual. Pero no iba a ponerme técnico a esas alturas.

Me sonrió como respuesta. Y viendo que tenía sus huevos en la mano era evidente que los dos pensábamos en pasarlo bien. Ya no se conformaba con meterme la lengua hasta la garganta. Se dedicó a lamer mi cara, el cuello, las orejas, lasciva como ninguna mujer con la que hubiera estado.

- Me apetece comerte enterito.

-Y a mí lamer cada centímetro de tu piel.

De mi cuello pasó a mis hombros y pecho. Humedeciendo la piel con su saliva. Mordisqueó mis pezones poniéndolos aún más duros de lo que ya estaban.

Me empujó hasta tumbarme sobre la mesa de la cocina. Lamía mi vientre, metiendo la lengua en el ombligo. Se sentó en una silla entre mis muslos para estar más cómoda. Y siguió lamiendo la piel de mis piernas, ya no paró hasta llegar a mis pies.

Eso sí que era algo que nunca me habían hecho. Y me estaba encantando incluso por las cosquillas. me chupaba los dedos casi como si fueran nuevas pollas que me hubieran salido allí. Mientras que la de verdad apuntaba al techo dura como una piedra. Esperaba las caricias de esa lengua juguetona y lasciva.

Volvió a subir lamiendo la piel de mis pantorrillas y la cara interna de los muslos. Me hizo separar más las piernas. Y poco a poco levantarlas, con lo que mi culo quedaba más expuesto. Me hacía una idea de lo que venía y la verdad es que me gustaba lo que suponía.

Con una expresión de pura lascivia antes de meterse mis huevos en la boca se chupó un dedo. Empezó a jugar con él en mi ano mientras chupaba mis testículos. Subía por el tronco de mi polla con la lengua hasta llegar al glande.

No solo me acariciaba el ano. También pasaba la lengua por allí. Yo solo podía gemir. El índice empezó a entrar dentro de mí. Me encantaba que jugaran con mi culito mientras me hacían una mamada. Es de lo más morboso.

- Nena, si sigues así me voy a correr. Es lo mejor que me han hecho nunca.

-¿Así que quieres desatascar mis tuberías?

-A eso había venido. Pero esto es mucho mejor.

Se separó lo suficiente como para que me bajará de la mesa de la cocina.

- Estaríamos más cómodos en el sofá.

De pie frente a ella, volví a besarla en la boca. Mientras firme me conducía hacia su salón. De un empujón me tiró a su sofá. Tenía claro lo que quería. Se subió sobre mi pecho sin dejar de mirarme a los ojos. Lo que yo tenía frente a los míos era su preciosa polla.

Solo tenía que adelantar un poco la cabeza para meterla en la boca. A la vez que agarraba sus duras nalgas con las dos manos. Así mis dedos podían llegar a su ano y acariciarlo.

Pasé la lengua por el capullo para hacérselo desear un momento más. Y luego me la metí en la boca. Solo hasta donde pude, no soy de garganta profunda. Fue ella la que la sacó de mi boca y me puso la huevos allí. Se los estuve chupando un rato.

Comerme ese rabo mientras miraba hacia arriba y veía esas tetas perfectas y sus preciosos ojos azules era toda una experiencia. Y no debía estar haciéndolo mal del todo por los gemidos y tacos que salían de su boquita.

Mi polla seguía bien dura, apuntando al techo. No me hacía falta ni tocarla para que se mantuviera así. Pero ella sí la tenía bien cogida. Supongo que tenía el lubricante a mano porque me la estuvo repasando con el pringue.

También tuve que apartar los dedos de su ano para que ella misma se lubricara. Allá vamos, pensé. Se fue moviendo sobre mí bajando por mi cuerpo.

Sujetando mi rabo, colocó su cadera encima de mi pelvis. Fue bajando despacio empalándose. Me sorprendió la facilidad con la que entraba mi polla en su recto. Pero cuando sus nalgas se apoyaron en mis muslos contrajo los músculos apretando mi nabo.

- Sabes lo que haces.

- Y me encanta hacerlo.

Su sonrisa lasciva me lo decía todo. Sus ojos azules estaban perdidos en algún limbo de placer. Su polla dura apuntaba directa a mi rostro. No pude resistir y la sujeté con la mano. No tenía ni que moverla, según subía y bajaba la cadera la estaba masturbándo con suavidad. Le acariciaba los testículos.

Con todo lo que llevaba encima sé que no aguanté mucho. Pero pareció no importarle. Le llené el culo de semen. Se giró y me ofreció la grupa.

- ¡Cómemelo!.

- Con gusto.

Y me lancé a lamer el agujerito, morder las nalgas con suavidad, chupar los testículos. Y hasta seguir mamando de su polla.

- ¿No quieres follarme?

- Desde luego que sí. Pero creo que mis tuberías van a necesitar mucha más atención. Por ahora sigue que me esta encantando. Uffff.

Continué, claro. ¿Como iba a negarme?. Y además me estaba encantando. Terminé un rato mas tarde con su lefa en mi boca. Pero no pasó mucho tiempo allí pues me la saco con su lengua. Mezclándolo con nuestras salivas en un muy lascivo beso.

Conseguí reparar la avería. Y no pude cobrar, bastante lógico por cómo lo había pasado con ella.

 

 

 

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Larga y próspera vida


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