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La Libertad III_18: día 08_masajes

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laualma
(@laualma)
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LIBRO 3. EPÍLOGO: LIBERACIÓN. CAPÍTULO V.

día 08 - 22.07.2012 - masajes en el centro comercial

 

 

Cuando desperté de nuevo, cuando fui consciente, mejor dicho, de estar realmente despierta, ya había amanecido. Y desperté como de una horrible resaca, de una borrachera desmesurada que me había hecho cometer la más horrible locura, una borrachera de sexo que me había impedido controlar mis propios límites autoimpuestos, pero que me había permitido ser un poco más yo misma, ser de verdad quien yo quería ser. Solo un poco más, porque todavía no había legado a dar el último paso, ni mucho menos. Permanecía en la fase de autoconvencerme pensando que aquello era lo que quería, pero que no podía precipitarme, como si fuera preciso acaso andar con tan extremo cuidado para acabar saltando por un precipicio… En todo caso, estaba convencida de que alargar la tensión entre los cuatro nos permitiría, al menos, disfrutar más del proceso y del momento en que todo pasara, además de ayudar para hacerlo todo más natural y, sobre todo, inevitable. Porque los restos de prejuicios que aún se esparcían como parásitos en mi cuerpo me hacían pensar todavía que aquella era la única manera de justificar lo injustificable: hacer que todo pasara como si no pudiera ser de otra manera. Aún me iba a costar un poco darme cuenta de que, en realidad, todo lo que ocurría a mi alrededor, por extremo que fuera, estaba provocado en realidad, siempre, por mi desaforado deseo, por mi incontrolable apetito sexual. Y que aquello, en realidad, me gustaba, que era lo que yo quería. Que eso es, ni más ni menos, lo que yo verdaderamente soy, lo que he sido siempre.

 

La cabeza me daba vueltas, como saliendo de un horrible sueño. Otra vez. Llevaba toda la noche soñando con una sola imagen, repetida hasta la saciedad: la bella María en tanga, arrodillada sobre la cabeza de Pablo pajeándose sobre él, corriéndose salvajemente en su cara, en su boca, mientras él se masturbaba a dos manos su descomunal verga tras ella, como un inmenso tronco de árbol donde mi amiga prácticamente se apoyaba para no caerse del placer que reventaba en su interior. Y Pablo aquella vez ya no preguntaba que si se estaba meando, como había hecho conmigo en el jardín la tarde anterior, no, esa vez no, esa vez la bebía, la bebía entera, consciente, sabiendo lo que hacía, lo que era y lo que suponía, porque la deseaba, la deseaba más que a nada en el mundo, y se lo decía, te deseo, y seguía, y te quiero follar, y Meri, claro, también quería, y se levantaba, y se ponía sobre la verga, y se dejaba caer, sentándose lentamente, resbalando empalada por aquella tranca monumental... y yo estaba en el ojo del capullo de mi primo, y veía el coño abierto y chorreante de María, cayendo sobre mí, cegándome, dejándome sin luz y sin aire, a medida que caía y se iba cerrando todo su sexo sobre mí...

 

Mis ojos se abrieron como un resorte.

 

Cuando desperté, estaba abrazada a Pablo. Abrazada a él, a su cuerpo desnudo, por detrás, por la espalda. Su polla recogida, pero en su tamaño natural, que no es poco, aplastada contra las sábanas deshechas. No la podía ver, pero la imaginaba obscena, enorme y descarada contra el blanco de las sábanas. Un blanco cada vez menos puro, cada vez más manchado de sudor, flujo y ahora también de semen, de mierda y suciedad acumulada, acartonando la tela y empapándola de un indescriptible y embriagador olor que impregnaba también la habitación y nuestros propios cuerpos. Empezábamos a oler parecido los cuatro, de tanto mezclarnos.

 

Bajé la mano a su entrepierna: calor, pelo enredado, sudor. Caliente y siempre húmeda, pero todos lo estábamos, empapaditos en sudor, y su rabo no iba a ser diferente. Lo recogí en mi mano, lo apreté, intenté alojarlo en una guarida segura guardada por mí. No era para menos, mi primo dormía pegado a mí, pero girado y abrazado a María, que yacía también de costado, pero girada hacia él. La mano izquierda de Pablo se perdía bajo el cuerpo de ella, a la altura de su pecho. Sobre ella descansaba la teta, generosamente, derecha de Meri, hecha un sándwich con la otra mano de Pablo, que se la agarraba así con normalidad absoluta. Detrás de María dormía Nuria, abrazándola también desde atrás y agarrándole el otro pecho. Yo alcé discretamente la cabeza para contemplar el cuadro. Tremendo y súper erótico, una pena que no pudiese ver más que a María y sus dos pechos prisioneros. Y su desnudo integral. A Nuria casi no la veía, pero también se llegaba a vislumbrar que estaba sin braguitas. La desnudez que Pablo era patente en mi mano cerrada sobre su sexo, pero no me preocupaba, porque él dormía, dormía profundamente, demasiado profundo como para afectarle aquello, sin tener en cuenta que debía haberse dejado toda la potencia esparcida sobre mí durante la noche. Hasta él debía haberlo hecho, porque aquél niño insaciable no había dejado de amarme, de gozarme durante horas.

 

Me había visto obligada a hacerlo así. Aunque, milagrosamente, había vuelto a lograr evitar la penetración, por una segunda noche, pero aunque hubiera sido arriesgado no podía permitirme que Pablo se despistara ni un segundo, por eso le atrapé en mí, en mi cuerpo, violándole una y otra vez hasta acabar con su vigor. Una cosa era llevarle a la cama con mis amigas y, otra muy distinta, entregarlo directamente a la lujuria de ellas. No, ellas funcionaban a muchas más revoluciones que mi relación con Pablo. Primero debíamos acelerar nosotros hasta poder alcanzarlas… Yo ya no sabía si iba a aguantar, todo era difícil, y el nivel de exigencia aumentaba por momentos. Mantenerle centrado en mí sin entregarle mi cuerpo completo, durante toda la noche, había sido un acto heroico. Estaba agotada, y no debía ser la única. Pablo roncaba, y Nurita roncaba aún más.

 

María me miraba. Me sobresalté. Nerviosa, solté el rabo de mi primo, separándome de él. Al sentir libertad y espacio libre, su cuerpo rodó hacia donde yo estaba, quedando boca arriba, con el pene cayendo laxo, largo, oscuro, mucho más oscuro de lo que recordaba, de lo que había sido nunca, cayendo sobre los cojones entre sus piernas abiertas. Me puse de pie intentando evitar el contacto con él. Me sentía ridícula, con mis braguitas manchadas allí, delante de aquellos tres cuerpazos desnudos. Mi pequeño primo Pablo y mis dos mejores amigas. Desnudos. Habíamos tenido sexo los cuatro aquella noche. No, no los cuatro, realmente. Dos y dos. Pero juntos. Los cuatro. Obviamente, hubo algún cruce. Pablo le estaba agarrando una teta a María hasta hace un momento. Ya no. El pubis de Mer brillaba, perlado de gotas de sudor que parecían el rocío de la mañana. También tenía restos de flujo de Nurita y semen de mi primo, ese pubis. Hasta en el coño lo tenía. Hasta dentro de ella, el semen de mi primo... Mi amiga me miraba, con sus enormes e increíbles, bellísimos ojos almendrados de brillante color verde amarronado. Me latía el corazón a mil. ¿Ahora qué?

 

Yo no podía seguir allí, me sentía agobiada. Mal. Pero no podía salir corriendo, dejarles solos, ni obviar ni negar lo que había pasado. No quería arrepentirme de ello. Porque no lo hacía. Pero sentí el vértigo de lo inmediato. ¿Ahora qué? ¿Cómo no ponernos a follar los cuatro ahora mismo? Ya. No tenía sentido seguir esperando…

 

María me ayudó. Se deshizo del débil abrazo de Nuria y salió de debajo de ella, que ya rodaba intentando ocupar el espacio que María dejaba libre. Mer la eludió, y Nuria quedó tendida boca abajo, con su mano muerta buscando a tientas el contacto cálido y sedoso del cuerpo desnudo al que había estado aferrada. En su giro, aquella mano cayó sobre el torso de Pablo. Como un ciego buscando su camino, la mano tanteó, acarició, y bajó, bajó. No podía ser, Nuria seguía roncando... Oooooooh. La mano se detuvo, finalmente, con las yemas hundidas en el revuelto vello púbico de Pablo. El final de la Historia. Mer y yo suspiramos aliviadas, a la vez, al verla detenerse. Reímos, no pudimos evitarlo, y nos costó contener la carcajada.

 

- Ven. - dijo Mer, contenta, tirándome de la mano. Parecía que la noche la había dejado renovada, y los ánimos oscuros que habían atenazado a mi amiguita durante la jornada anterior se diría que eran ya cosa del pasado.

 

Me llevó al cuarto de baño, cerró la puerta y echó el pestillo. Cerró la otra puerta también, la que daba al vestidor. Las puertas, con cuarterones acristalados, tampoco ocultaban demasiado, era más una especie de declaración de intenciones. Y yo no puse ni media pega, que supuse que es lo que ella buscaba. Complicidad, intimidad.

 

- Se nos ha echo un poco tarde... - me dijo María, con una sonrisa traviesa. Miré la hora.

- No tanto... ¿por qué lo dices?

- Quiero decir, para ir...

- ¿Ir a dónde? ¿Quieres salir...? ¡Ah! jijijiji, sí, ya te pillo... ¡se me olvidaba! - había caído en la cuenta. El día anterior le había prometido a una desesperada Meri que la iba a acompañar hoy al centro comercial, para favorecer su encuentro con el del videoclub y poder desquitarse de aquellas ganas que, como a todos, nos tenían bastante arrasados. - ¿Está segura, no? – le pregunté, recordando con cierto asco mi propio encuentro con aquel tío.

- ¿Estás de broma? ¡Muero por un polvo, Lau! ¡De quién sea! Te aseguro que me da todo exactamente igual. O me llevas allí o me follo al cartero como se le ocurra pasar por delante de tu casa…

- Ya, pero... ¿no has tenido suficiente esta noche?

- ¿Suficiente? Mira, estoy molida tía, pero ahora más que nunca necesito un rabo bien grande. - María se puso roja. -Dentro, quiero decir… no solo..

- Ya, ya… casi mejor que no sigas… jijiji Oye, ¿y no querrás que yo te dé...?

- Jejeje ¡Ay Lau, qué zorra eres…! No será porque no me encante que lo hagas, pero… No, de veras, necesito más... ya me entiendes lo que quiero decir... ¡venga, lo prometiste!

- Sí, sí, es cierto. Y sabes que me gusta cumplir mis promesas. Lo haremos, y tienes razón, mejor espabilar para que no se nos haga tarde.

- ¡Bieeeeen! Oye, pero… ¿tú no querrás también, al final? ¿Sigues pensando lo mismo? Quiero decir… tía, debes estar destrozada, toda la noche dale que te pego, pero al final ni un polvo. ¡¡¡Nur y yo no paramos de preguntarnos cómo eres capaz de aguantar!!!

- Pues al revés, estoy destrozada, pero de molida, arrasada, físicamente incapaz de casi nada. - Recordé el polvo con Lucas. Al final me había venido muy bien dejarle que me follara para poder luego pasar la noche en blanco con Pablo, reconozco que fue útil. Eso y estar agotada, ya solo el continuo estado de duermevela, el sopor agotador, habían hecho que pudiera superar la tentación definitiva. - Joder, dime otra vez que no he hecho nada de lo que tenga que arrepentirme... porque estaba tan ida por momentos que es como si hubiera follado drogada, no me acuerdo de la mitad de la noche, tía.

- Jejeje Bueno, pues según como lo mires… pero, desde luego, yo de ti estaría arrepentida... jejeje Ha sido muy raro, nada de sexo oral, ni vaginal, ni anal... jamás te había visto así, Lau. En realidad sólo masturbaciones, y creo que siempre tú a él, o tú sobre él más bien, como si te lo estuvieras tirando todo el rato, pero sin llegar… ya me entiendes. No estoy segura de que te haya llegado a poner la mano encima, siquiera. En fin, raro, pero o cierto es que parece que en realidad solo con eso te lo has pasado de cine, y él también, porque estabais los dos como locos...

- Ya, bueno, es que la situación... - dije, poniéndome repentinamente seria.

- Bueno, la situación y que estáis que no cagáis el uno por la otra…

- ¿Y vosotras? – me apresuré a cortarla, porque no me estaba gustando el camino que llevaban sus comentarios.

- ¿Nosotras? ¿Estás de broma? Pocas veces he hecho tanto y tan bueno en una sola noche, de veras... para no haber follado nunca sola con Nurita, la verdad que...

- No, no. Quiero decir, vosotras... con él...

- ¡Ah! Eso. Jejejeje Puedes estar tranquila, Lau. Ya has visto que me tenía cogida una teta. Pues así toda la noche. A mí y a ella. Caricias, tocamientos, bastante light todo realmente. Y, sobre todo, nunca el sexo, o por lo menos él directamente... A ver, porque es que eras siempre tú la que ponías sus manos en nuestros sexos, o su polla directamente. Nosotras nos reíamos, pero no hacíamos nada, no podíamos... erais como una pareja de enamorados, no nos prestabais más atención que quien folla con una peli porno de fondo, una peli porno que por lo visto éramos nosotras... Nur y yo hemos aprovechado para meterle mano también, claro, aunque era más por el gusto de estar por fin todos juntos... Pero no entiendo, Lau ¿de verdad dices que no recuerdas...?

- Sí, sí, sí... pero no sé, está todo confuso en m cabeza, ¿sabes?, borroso, como si tuviese una horrible resaca.

- Ah... Bueno, tú te quedabas dormida y te despertabas, en ciclos continuos. Pero es que diría que habéis estado follando toda la noche, aún más que nosotras, ¡jejejeje! y luego dices que no hacéis nada cuando os acostáis juntos, serás putón...

- Pero Meri, si ya te he explicado...

- ¡Jejejeje! Que sí, mi amor, que sí... Si ya te digo que lo peor es que, en realidad no habéis hecho nada, y esta noche hemos podido verlo en directo, justo a nuestro lado. Solo espero que tu coño, cuando despierte por fin de verdad, te obligue a acompañarme con el tipo ese del videoclub, jejeje.

- Ay, no, eso sí que no, ya te lo digo. No me puede dar más pereza... Pero te dejaré en la puerta, jijiji, ¡mi amiguita Meri no se queda hoy sin que le den un merecido repaso!

 

Abrí la ducha.

 

- ¿Te duchas conmigo?

- Por supuesto... jejeje... pero no estoy para muchos trotes, ya te aviso... y me tengo que reservar para mi príncipe, jejeje...

- ¡Puaj! Bueno, no te preocupes, yo también necesito un día light. Pero me apetecen tanto unos besitos con mi amiguita...

- Jejejeje... - Meri rió. Naturalmente, ella sabe bien lo que quiero decir cuando digo “besitos...”

 

Nuestra ducha fue tranquila, puede ser, pero no casta, eso ya lo digo. Besos, caricias, sexo oral, y todo tipo de penetraciones imaginables. Todo suave, amable, cariñoso. Sensual. Disfrute y placer pausado, meditado, deseado. Porque en aquellos momentos, debo decirlo, me deshacía por estar así con María. Me daba igual estar sintiendo, por primera vez en mi vida, como una especie de infidelidad hacia Nuria. Por mucho que fuera ella… no iba a desaprovechar una ocasión así con una diosa como María. Su cuerpo era como una prolongación del mío, fundidas las dos en un solo sexo compartido. Mer ha sido mi primera relación lésbica, y para mí es muy importante mantenerla, y mantenerla así. Pero declaro que aquel arrebato no pudo mover ni un milímetro el pasional deseo que sentía por Nuria en aquellos momentos. Era increíble sentir lo que sentí con Mer, y aún así lo claro que lo tenía todo con Nuria. Pero así era, a pesar de la deliciosa intimidad que estaba sintiendo con Meri, seguía pensando exactamente igual que el día anterior con Nur. Lo que hacía dos días era impensable para mí, aquella mañana era una certeza que me parecía que iba a ser eterna. Mi determinación de seguir adelante con ella hasta el final era absoluta, y no la iba a demorar demasiado. Si al final era, que iba a ser, no demoraría el anuncio más allá de aquella misma semana, no pensaba dejar a Nuria pasar las vacaciones sin sentir exactamente lo mismo que yo. Ahora lo veía todo tan claro... Mer nunca iba a tener el morbo de Nuria, eso era así. Tenía mil virtudes, y su potencia sexual era innegable, igual que su belleza. Pero Nur tenía un morbo que tiraba para atrás. Ahí sólo podían ponerse a su altura la Bergeret y, a su modo, Lu. Pero de ellas, sólo con Sandra podía esperar la intensidad de Nuria, y aquella capacidad de sorpresa continua. Quizás en el fondo Sandra, y no María, era mi duda mayor, mayor que Lu sin duda, ella que nunca fue más que un incontrolado arrebato para mí como yo lo fui para ella. Por más que me resultara impensable, por más que quisiera negarlo, de repente me parecía que María nunca había sido una opción real, que todo estaba terriblemente claro. Pero si lo aceptaba, no podía dejar de reconocer que me gustaba y la deseaba en parte por lo mucho que se parecía a Nuria. Mer era una buena mezcla de Nuria y Lu, y eso era suficiente, eso era todo. Pero, puestas una al lado de la otra...

 

Nuria era Nuria. Nurita, y eso siempre será así.

 

Pensaba en todo aquello mientras me secaba, y nos besábamos, y nos seguíamos besando y tocando y amando. Al fin y al cabo, tampoco las cosas iban a cambiar tanto. Seguiría con Sandra, seguiría con Lu, seguiría con Mer. Solamente iba a estar aún más cerca de Nuria, y eso era bueno.

 

Terminamos por fin, era inevitable asumir que aquello no daba más de sí, y que había que salir. De alguna manera, me pareció que Meri tenía el mismo miedo que yo por abrir la puerta del baño y ver lo que nos encontrábamos detrás. Habíamos dejado solos, abrazados y desnudos a Nuria y a mi primo.

 

- ¿De verdad que no ha llegado a pasar nada entre vosotras y Pablo esta noche?

 

Meri me miró raro.

 

- ¿Estás de broma? ¿Y lo preguntas ahora, después de dejarle media hora en bolas con Nurita desnuda en la cama, abrazaditos?

- ¿¡Pero ha pasado algo!?

- ¡No! Ya te lo dije antes, Laura, es que NO podía haber pasado nada. Lo vuestro... lo vuestro es demasiado impenetrable... Es imposible que pase nada con nosotras, estando tú... bueno, y cuando no estás, ya ves que te respetamos... lo que podemos, al menos.

 

La imagen de María pajeándose y corriéndose sobre mi primo desnudo martilleaba todavía mi cabeza. Porque aquella imagen era real, fue real. El día anterior cuando me la contó no le di importancia, porque temía muchas otras cosas, como poco que él la hubiese pajeado a ella... Pero mi amiga se había corrido en la cara de mi primo, eso había pasado ya, había sido real. Se había masturbado en su cara, con su precioso y delicado potorro abierto echándole todo encima. Él había probado directamente sus flujos, la había tenido a tiro de lengua... Era demasiado, no le di importancia, pero realmente habían llegado ya demasiado lejos, y casi podía considerar un milagro que Pablo no hubiera hecho nada más después de aquello. Sabía, en cualquier caso, que algo así solo podía significar una cosa: debía espabilarme. No podía dormirme en los laureles con Pablo, y menos si yo misma continuaba echando leña al fuego constantemente. Como ahora. Era cierto, esa noche, para mi primo, mis amigas follando no habían sido más que un delicioso adorno, un excitante mar de fondo que la acompañaba en mi tan ansiada entrega, pero Pablo solo había estado conmigo.

 

Y sí, en el fondo estaba tranquilísima respecto a él y Nuria, lo consideraba un valor seguro, hoy por hoy. Sin embargo, aún así me daba miedo abrir esa puerta, y ese miedo me inquietaba, porque dejaba claro que, en realidad, no veía nada tan seguro. En realidad, también era que abrir aquella puerta significaba abrir la puerta a nuestro futuro, como si fuera la campanada que iba a marcar el inicio de una frenética carrera que, a aquellas alturas, ya solo podía tener un final.

 

Mientras pensaba aquello, fui capaz por fin de abrir la puerta.

 

Los dos seguían en la cama, los dos desnudos y sin demostrar necesidad alguna por ocultarse. En esa situación, mi aparición orgullosa mostrando mi cuerpo en bolas no tuvo el éxito habitual. Aunque de algo sirvió.

 

Nurita estaba sentada, apoyada la espalda desnuda en el cabecero, la pierna junto a Pablo estirada en la cama, la otra encogida, y su brazo del lado de Pablo puesto sobre éste, que lo acariciaba incesantemente en suaves y cosquilleantes caricias. Esas caricias y cosquillitas eran algo que mi primito me llevaba haciendo a mí toda la vida, siempre vestidos, claro, pero lo hacíamos desde que tiene uso de razón. Inesperadamente no sentí celos. Eso a pesar de que los dos se deleitaban en contemplar, sin cortarse, cada uno el cuerpo desnudo del otro: la visión del coñito de Nuria, con esa postura de sus piernas, debía resultar completa e inmediata para Pablo, recostado de lado, casi boca arriba, pero suficientemente girado hacia ella. Mientras, la verga de Pablo había adquirido consistencia, mayor longitud, mayor cuerpo. Quiero decir, que se había empezado a empalmar, debía estar excitado, aunque todavía no abiertamente cachondo. Y Nuria, con su mirada fija en el miembro, sin el menor amago de disimulo, parecía pretender ayudar, empujar para poner aquella columna en alto, mientras que mi primo parecía atento por si en algún momento salía de los protuberantes labios de mi amiga una lengua, algún líquido, qué sé yo. En aquella situación, los dos tumbados juntos, sin mirarse a la cara, sino mirándose impúdicamente los sexos, acariciándose, y abandonados a una banal conversación, recordaban a una pareja de novios estable y madura, mucho más que a la indescriptible locura sexual en que habíamos convertido la casa de mis padres aquellos días.

 

- ¡Hola dormilones!

- ¡Cómo tardabais! - Nurita giró la cabeza, pero se cuidó de no mover el cuerpo. Sin duda, quería seguir ofreciéndose cual puta a mi primo Pablo.

 

Cuando aparecimos nosotros, Pablo parecía que de repente ya no sabía a qué coño mirar, sobre todo por mí, que había cogido una crema corporal y me untaba vigorosamente las piernas ofreciéndole la vista de mi coño desnudo con mayor cara dura aún que Nuria, si cabe. Meri pareció sentirse un poco apurada por la situación, así que cogió ropa rápidamente de la maleta y volvió al baño para vestirse allí. Me pareció insólito, pero yo estaba disfrutando brevemente de la capacidad de mi coño por eclipsar al de Nurita, jiji. Mi pobre primo parecía nervioso, me miraba a la cara de hito en hito, pero sus ojos mariposeaban entre nuestras dos conchas salvajes que se aireaban alegres ante su atribulada mirada. Tenía claro el morbo que le daba mi coño peludo a mi primo, me lo había dicho, y creo que era la razón de que le turbase tanto, pero también me había dicho que no le molaba que lo tuviera a medio afeitar, que para eso le parecía mejor tenerlo pelado entero... como Nuria y Mer. No acababa de compartir su punto de vista, pero me habían entrado unas ganas locas de complacerle. A él y a Nuria, que siempre me pedía que me afeitase por completo. En aquel momento tomé la decisión de hacérmelo entero, aunque sólo fuera un rasurado fácil, sin más historia... Deseaba que Nuria viera que lo hacía por ella, darle una prueba de por dónde iban los tiros ya mismo y, de paso, ofrecer a mi primo una nueva sensación, estaba seguro de que me disfrutaría aún más, con más morbo, si me veía distinta... Me resultaba excitante y escandaloso a la vez pensar así.

 

- ¿Os habéis estado divirtiendo? - preguntó Nur sin rubor.

- Pues un poquito, ya sabes... - dije yo, con menos pudor aún.

 

Abrí las piernas y me froté un poco de crema en las ingles y en los labios mayores. Aparentando indiferencia, me quité algún pelillo que sobresalía con los dedos, y me abrí los labios como explorando o buscando algo. Pablo se levantó casi imperceptiblemente, dispuesto a no perder detalle. También su polla, tras un leve temblor, parecía que tomaba por fin el camino ascendente. Nuria iba a hablar, pero se cortó y, bajando la pierna que tenía flexionada y juntando ambas, dio por finalizado su periodo de “abierto al público”. Retiró la mano que tenía sobre mi primo y la colocó encima de su pubis, como si allí no hubiera pasado nada. Mi amiga había entendido la lección, y se había dado por vencida. El poder de mi coño se había demostrado considerablemente mayor al suyo, y la polla de mi primo subía para celebrarme. El pobre Pablo se giró, compungido, poniéndose boca abajo para tapar su incipiente erección, pegando varios pequeños saltitos para colocársela. La situación empezaba a revelar su realidad por las costuras, con tímidos fogonazos. Parecíamos tranquilos, pero nadie lo estaba allí.

 

- Te cojo unas braguitas, ¿vale? - le dije a Nuria, tomando unas que ya tenía fichadas: un tanga de tiras, blanco y bastante transparente, pero con la parte de delante suficientemente grande, y con un refuerzo inferior mínimo, por el contrario. No me podía quedar mejor aunque, evidentemente… no era una prenda para ir sin afeitar, jiji.

 

Pablo bajó la cabeza, y Nuria sonrió incómoda.

 

- Como quieras, pero tía, que sepas que se te sale todo el pelo…

- ¡Vamos vístete Lau, que yo ya estoy lista! - Meri salió del baño, cortando la recriminación que estaba dirigiendo mi amiga a mi vello púbico. Mer vestía una faldita cortísima, y una especie de camiseta gruesa, de media manga y muy muy escotada, dejando ver los hombros completamente descubiertos, con aquel escote amplio además de grande... la camiseta de por sí ya marcaba increíblemente sus peras, con aquellos pezones suyos siempre duros, marcadísimos contra la tela. La muy zorra no llevaba sujetador. Bueno, era de esperar, la verdad que en verano deja de usarlo muy a menudo, y teniendo en cuenta que iba a lo que iba... Estaba de auténtica locura...

- ¡Mer, estás tremenda! - le dije.

 

Nurita se había girado por completo hacia nosotros. Su culo desnudo quedó casi en la cara de Pablo, que parecía cada vez más nervioso.

 

- Pero Meri... ¡Huau! Te follaría aquí mismo si no hubiera menores mirando, jajajaa...

- Nur... - le dije enfadada.

- Ey, no te mosquees, Lau... ¿Tenéis plan de videoclub o qué? jajajaja... tendrás que decir, tía… qué pasa, ¿no te llegó lo de ayer?

- No, no te confundas... yo voy de acompañante, tengo cositas que hacer, - dije guiñándole un ojo - pero aquí la amiga quiere conocer... eso que vimos ayer, jijiji...

- ¿De qué habláis? - preguntó mi primo, al que escuche por primera vez aquel día hablar en alto, con voz gangosa, mañanera.

- De nada, Pablo - cortó María - Oye, queríamos marcharnos ya, la verdad que se nos ha hecho un poco tarde... ¿te parece que tomemos algo allí para desayunar, Lau?

- Sí, sí, perfecto, jijiji... ¡qué ansia!

- Lauri...

- Jijiji... tranqui, ya vamos... ¿no te importa quedarte con Pablo, Nur?

- ¿A mí? Claro que no, lo pasaremos bien.

- Vosotros veréis, pero que sepas que tiene que estudiar, - le recordé, mirando a mi atónito primito. Parecía no creerse su suerte, le íbamos a dejar allí, con ella, en la cama, ¡los dos en bolas! - así que venga, vestíos y desayunad rapidito, a ver si le da tiempo a hacer algo, porque cuando vuelva mi tía me va a matar como no haya avanzado un poco sus ejercicios…

- Bueno, Laura, si quieres hacer de madre te quedas tú... que tampoco tengo problema en ir yo a echar una mano a Mer... jajaja.

- No, no, de ninguna manera, Lau, nos vamos ya ¡venga!

- ¡Joder, Mer, sí que tienes prisa! ¡¡¡Portaos bieeeennn!!!

 

Nuria y yo reíamos con ganas mientras Meri tiraba de mí habitación afuera.

- Oye, que me tendré que vestir...

- ¡Vamos, pues date prisa!

 

Entré a toda prisa al vestidor desde la habitación de Pablo, y me puse mi vestido blanco mallorquín sin pensarlo. Se me transparentaba mucho, y se me marcaban y veían al trasluz siempre los pezones, razón por la que no me decidía a usarlo sin sujetador a no ser que fuese una ocasión especial. Pero aquella mañana lo era, me apetecía mostrarme, delante de quien fuera. Casi siempre me ponía ese vestido sin sujetador cuando quería calentar a Guille, le vuelve loco, y siempre acaba picando, jiji. Meri, en cambio, ni se fijó. Me calcé las chanclas, y casi tuve que salir a la carrera detrás de ella. Entramos en el coche corriendo, y salimos disparadas de la casa.

 

- Me muero por follarme al tío del videoclub - me dijo Meri, como en una confesión.

- ¿En serio? - reí, irónica.

- Vaaaale. Lo siento, estoy demasiado caliente, es así, y volver a ver la vergaza de tu primo no me ha ayudado ¿cómo podéis estar los tres tan tranquilos? Y Nurita y tú exhibiéndoos sin vergüenza...

- Oye, oye, para... que aquí nadie se exhibe... - me molestó un poco aquel comentario.

- Ya...

- Joder, Mer…

- ...

- ...

- Oye, Lau...

- Dime.

- No te... ¿no te da cosa dejarles así, solos y...?

- ¿Desnudos?

- Sí.

- Bueno, relativamente. Quiero decir... dejarles, o dejaros, en ropa interior tampoco era mucha mejora ¿no? Y llevamos toda la noche desnudos y follando, así que...

- Joder, Lau, pues por eso precisamente, ¿de verdad que no te preocupa Nuria?

- Pues si quieres que te diga la verdad, no tanto. Me preocupa más Pablo, fíjate lo que te digo, y tampoco te creas que me preocupa tanto. Pero Nurita no creo que haga nada, nada de lo que se tenga que arrepentir, al menos. 

- Eres ambigua con eso...

- ¿Ambigua? Yo lo veo muy claro...

- Por ejemplo... lo de ayer mío... ¿crees que yo tengo algo de lo que arrepentirme?

- Ehhh...

- ¡Dudas!

- ¡No! Quiero decir, no dudo. Y no tienes nada de lo que arrepentirte. Si ya te lo dije ayer.

- Pero parece que te estés menos convencida de eso que de que Nurita no vaya a hacer nada ahora ¡joder, si están desnudos!

- Pero Mer, ¿qué es lo que quieres, que volvamos?

- Ey, ni loca...

- De veras, Nurita no va a hacer nada, créeme.

 

De repente, Meri parecía nerviosa por mi seguridad. No podía no confiar en Nuria, sabía bien por lo que estaba pasando ella conmigo. Bueno, tenía la certeza de que algo pasaría, claro... pero nada grave, porque a la jora de la verdad, ella no se atrevería a hacerlo... no al menos hoy. Aunque me preguntaba hasta qué punto no la estaba poniendo a prueba. Y casi rezaba por no tener que ponerme a prueba a mí si ella caía... porque ahí sí que no sabía lo que podía pasar... Pero no podía evitar tener muchos más recelos de Meri, algo me decía que ella estaba en realidad mucho más desestabilizada con mi primo que ninguna, y que era la de menos de fiar de las tres en ese sentido. No podía quitarme de la cabeza la imagen de su coño escupiendo flujo sobre Pablo... ¡qué mierda!

 

- Dime Meri... ayer por la noche... cuando te metí el cipote de mi primo por las bragas ¿qué sentiste?

- Joder Lau... ¡casi me matas! ¿cómo me preguntas eso? pero es que… ¿cómo fuiste capaz de hacerme eso? joder, que es que luego dices...

- Bueno, en realidad ahora la que estás diciendo eres tú, no yo, yo no digo nada, no he dicho nada de lo de Nuria el otro día, ni de ti ayer, ni de lo de Nurita y sus masajes ayer por la tarde, que casi la lía...

- Tía, es que te pajeó a saco delante de nosotras...

- Ya, y yo le pajeé a él al lado vuestro por la noche, y encima de ti, Mer... y ahí tú sí que no dijiste nada...

- ...

- Y... Nurita... llegó a meterte su capullo en la raja, ¿verdad?

- Lauri, de verdad, yo no podía hacer nada, nada...

- Tranqui, tranqui, que no es ningún reproche, de verdad, era sólo esa curiosidad... Ya te digo que no me hago ningún problema, de verdad.

- No sé por qué me cuesta tanto hablar de eso. Creo que tienes razón, la que no he superado lo de ayer soy yo. Por eso necesito tanto una polla. ¿De verdad que no te apetece follarte al tipo ese? 

- ¡Estás de coña! Puaj, ni muerta, me llegó y me sobró lo de ayer... - mentí. Si no hubiese sido por lo de Lucas, de veras que por la noche no respondo... - de momento aguanto sin rabo - volví a mentir. No estaba ni mucho menos tan estable, pero eso era natural, no lo dudaba; en cualquier caso, también era cierto que lo de Nurita el día anterior me había dado una estabilidad brutal, y los polvos de la mañana y la tarde me habían armado el día de una manera absolutamente insospechada al principio de la semana, dándome fuerzas para casi todo. - Además, quería aprovechar para hacer unas cosas - terminé.

- Pero no hay nada que comprar ¿no?

- ¿Comida? No, de eso vamos sobrados. Tú dedícate a lo tuyo, folla con ganas y cuando te canses o te hartes me llamas y nos vamos. ¿Has traído preservativos?

- Tía, no... es que como con Portu ya no uso... y, francamente, no había contado con ningún extra estos días, jejeje.

- En fin. Bueno, tú verás. Si no lo decía por embarazo, que ya sé que eso lo llevas cubierto… Lo digo no vaya a ser que ese cerdo te pegue algo. Nosotras salimos un poco mosqueadas ayer, aunque no creo que haya problema.

- Bueno. Pues nada que, si os ha pegado ya algo a vosotras, lo que no me vayáis a pegar a mí... jejejeje. - ¡Horror! Pensé en la posibilidad de un contagio múltiple, implicando a Pablo, Lucas, quizás a Carlos luego... algo así sería difícil de explicar a mis padres y mis tíos... ¡ups! Pero no, no iba a pasar nada, pese a todo el tío parecía limpio y, sobre todo, poco promiscuo, jijiji, ¡si debía llevar meses a dos velas! 

- Tú verás, hay una farmacia justo al lado del videoclub.

- ¿Seguro que no vienes?

- Seguro... ¿qué pasa, te vas a echar para atrás ahora por ir sola? Ni que fuera la primera vez... ¿Dónde está mi pequeña amiga ninfómana?

- No, no, tranquila. Simplemente me gustaría más si vinieses tú también, eso es todo, puro morbo y pura diversión.

- Ya.

- Además, como a pesar de todo te gustó tanto ayer...

- Pura necesidad, ya te conté, debía estar todavía peor que tú hoy, que ya es decir...

- Jejeje, sí. Aunque también es verdad que porque quieres... 

- No empecemos...

- Tía, es que cada vez que pienso en la verga de tu primo.

- Ya, no me hables... ¡Menos mal que tengo a su hermano! jijiji

- ¡Mira qué eres zorra, Lauri! jejejee

- Bueno, es verdad, o cómo crees que sería capaz de aguantar con ese megapollón al lado si no tuviera una aún mayor a mano, jijiji... ¡y aún así me cuesta! 

- No me extraña.

- Tenemos que hacer una de negros un día, que Nuria siempre me pone pegas...

- ¡Uy! yo encantada, ya sabes, jejeje. Todavía me acuerdo el día ese que empezaste como una loca "quiero un negro, quiero hacérmelo con un negro" jejejeje.

- Ya, me moría por comprobar por mí misma el mito del pollón, llevaba demasiado tiempo con picha cortas que no servían para nada, y me moría por probar una polla grande...

- Y la encontrasteeeeee, jejeje, mira que yo te decía que mis experiencias habían merecido la pena, pero que en el fondo nunca es para tanto. Pero tú acertaste de lleno.

- Ya, fue una buena época.

- Flipo cada vez que recuerdo ese día...

- Dímelo a mí, me dejó sin respiración, nadie me ha follado nunca igual, quizás si tuviera que decir cuál es realmente mi mejor polvo diría que ese... ¡pero eso sólo te lo podría decir a ti! Aunque iba tan mal que casi ni me acuerdo, tía…

- Ya, demasiado heavy todo aquella noche como para ir aireándolo, nos pasamos tres pueblos...

- Tampoco tuvimos la culpa de que se montara tremenda orgía, ni sé de dónde apareció el tipo aquél con esa herramienta... es que me faltaba el aire cada vez que me la metía...

- Y puedo decir que se cansó de hacerlo, literalmente...

- Ya.

- Ya... ¡y tanto! Que yo me quedé sin catarle...

- No tienes queja, que ibas a pares tú...

- Sí, pero todos querían pasar por ti primero. Pocas veces me he sentido tan inferior a alguien, que les tenías locos, so zorra.

- No fue para tanto. Además, en realidad a ti y a mí siempre nos ha pasado eso con Nurita, jiji.

- Ya, menos ayer con Pablo.

- Por una vez... ¡pero de algo me tenía que servir que fuera mi primo, además de para hacerme sentir mal! Ves, por eso estoy relativamente tranquila... él todavía quiere algo conmigo, y sabe que no lo conseguirá jamás liándose primero con ella, eso lo sabe.

- Lauri...

- Y tú no te quejes tanto, de verdad, que nadie te reprocha nada, y vas servida, que te vas a quitar las ganas de polla en media hora, y además aquel día te follaste a medio África.

- ¿Te puedes creer? No paraba de ver pasar cajas de condones ¿de dónde salían?

- ¡¡¡Todos XXL!!! ¡¡¡Vivan las pollas grandes para los coños grandes!!! jijiji.

- También yo me muero por las pollas grandes, ¡a la mierda las que dicen que el tamaño no importa! ¡Sobre todo por el culo!

- Jijij, sí, pero a mí me matan también por delante, y por la boca, mmmmmhhhh...

- Ves, a ti te cunde más, yo soy más de culo, para eso.

- Pero sí, a parte del tamaño, es que tienen morbo ¿no?, no sé, follan distinto, me apetece repetir algún día, que les tenemos muy abandonados...

- Ya, eso sí, si en el fondo lo de las pollas grandes es siempre más por morbo que otra cosa pero ellos, joder es que es cierto eso que dices, follan diferente, super morboso… Aunque ya te digo que a mí ahora lo que me apetece de verdad es una gran polla blanca, ¡jejejeje!

- Jijiji… no paras, ¿eh? Pues que sepas que tendrás que esperar a que vuelva César, entonces, o seguir probando suerte.

- Ya, es lo malo de la pareja estable... no tengo la misma facilidad de probar...

- Eso es porque no le has introducido todavía del todo, mira Nurita. Como no te espabiles acabas como Lu, en mundos paralelos.

- Bueno, igual, igual, ya no. Que anda que no se ha divertido contigo y con Nur, y en tu casa el finde aquel...

- Ya, pero no se lanza, no se lanza. Le vamos a tener que encerrar con Javito, que ese no falla, jijiji.

- ¡Qué cabrona! Y dirás que contigo no se lanza, que le tienes perdiendo el culo… qué bien me vas a venir para espabilarle, jejejeje. Pero bueno, a falta de poder probar, y teniendo en cuenta que Cesitar no tiene pinta de pasar por aquí en tiempo... además, que lo siento por él, pero nuestro ídolo pollón se ha venido abajo totalmente, quiero decir, buen tamaño, pero mi ídolo pollón ahora es otra cosa, jejeje.

- Joder, Meri, ¡no me vas a decir ahora que vas a tener a mi primo pequeño como ídolo sexual!

- Laurita, nos vas a matar como no espabiles...

- ¿Pero no ves cómo sois vosotras las que estáis todo el rato con el tema?...

 

Nos quedamos un momento calladas. Me fijé en ella: de repente tenía una cara de salida tremenda, más que evidente. Súbitamente, con aire decidido, soltó:

 

- ¿Sabes qué? Me voy a quitar las bragas.

- Joder Meri...

- ¿Qué?

- No sé. Que mira que eres putón.

- Quién fue a hablar. ¿Voy a lo que voy no? Pues cuanto más fácil y claro, mejor.

- Tú misma. Pero te aconsejo que te las pongas a la vuelta, al menos - le dije mientras ella se despojaba de su prenda, que guardó retorcida y olorosa en su pequeño bolsito - no quiero que manches demasiado el coche del semen disuelto de ese cerdito.

- Mi amor... con la de manchitas que debe tener este coche ya de tu sucio coñito...

- Zorra... jijiji - reí.

De repente la conversación se detuvo. En realidad, llevábamos todo el rato charlando como si nada, pero siempre al borde del precipicio, y era obvio que en un momento u otro aquello iba a acabar mal. Prefería dejarlo ya, porque estaba claro que Meri estaba como loca con mi primo, y era por su polla, se moría por probar la enorme polla de Pablo. Tenía claro que el problema con ella era mucho mayor que con Nuria, aunque todavía no tan claro cómo de mayor era... En fin. Me preocupaba, pero de una manera indefinida, ya que no acababa de tener claro el tipo de peligro ni su magnitud. Estuvimos ya en silencio hasta llegar al centro comercial, aunque lo cierto es que estábamos ya casi allí, así que el silencio no se hizo incómodo. Lo malo fue que empecé a comerme la cabeza con Nuria, yo ya no hacía más que preguntarme por qué no se había puesto al menos unas braguitas antes de que saliéramos, o Pablo sus calzoncillos. La verdad, que decidieran quedarse solos y en pelotas había sido algo que me había impresionado, aunque lo hubiera disimulado, y todavía me empeñase en demostrar que no le daba importancia alguna ante Meri. Pero reconozco que me preocupaba, por más que confiara en Nuria: tanta libertad era peligrosa, al menos sin vigilancia... Sólo esperaba poder controlar aquello, pasara lo que pasara... que no me extrañaría nada que algo pasara. Estábamos cada vez más en la cuerda floja, y yo no sabía si iban a ser capaces de resistir la tentación, solo por darme el gusto a mí... Al menos, no era Meri la que se había quedado en bolas en casa con mi primo... sólo esperaba que se le pasara el calentón con el del videoclub, aunque no tenía gran confianza en ello.

 

Mientras aparcábamos consideré llamar a casa para controlar. Pero no, no podía hacerlo, habría sido demasiado evidente, además de absurdo casi seguro, a no ser que acertara justo en el momento... en cuyo caso no cogerían, claro... ¡ay! mejor era dejarlo…

- Entonces no tenemos que comprar comida ¿no?

- No, realmente no hace falta nada ¿desayunamos? Te invito a un cafecito y un croissant, hay un sitio aquí que están bastante ricos.

- ¡Sí! Tengo hambre, ¡y necesito energía! jejeje.

 

El desayuno fue rápido y, sobre todo, tranquilo, ya que por una vez desconectamos y estuvimos hablando de otros temas sin absolutamente nada que ver con sexo ni con la polla de mi primo. Aunque cada segundo que pasaba, a María se la veía más histérica.

 

- Bueno, pago y nos vamos, que se nos va a hacer tardísimo. ¿Nerviosa?

- Pues un poco, si quieres que te diga la verdad.

- Eso quiere decir que lo vas a disfrutar. Tranqui, ya te digo que te lo vas a comer, al pobre.

- ¿Y qué piensas hacer tú mientras?

- Quería mirar unas cosas, pero no te preocupes, hago tiempo hasta que termines. ¿Hora y media?

- ¿Estás loca? ¡Ojalá! Le echaba media hora…

- Jijiji. Bueno, no te creas, Nur y yo estuvimos una, o algo más.

- Ya, pero erais dos. Ponle una, si quieres.

- Bueno mira, tú cuando salgas me llamas, y yo vengo. Quedamos aquí mismo ¿vale?

- ¿Aquí? Pero... ¿dónde es esto?

- Mira, ahí enfrente. ¿Ves la farmacia que te decía? Pues al ladito.

 

A Meri se le iluminó la cara.

 

- Suerte preciosa - le dije. - Luego me cuentas.

 

Le di un beso en los labios y me separé de ella. Mira la Meri, me dije, se iba a follar tan feliz. Cuando me alejaba, eché la vista atrás y la vi entrando en la farmacia, jiji, me había hecho caso. Justo en ese instante el tipo del videoclub salió de su guarida. Creo que la había reconocido, tanto Nuria como yo habíamos estado ya allí con ella, aunque aquel pobre infeliz no sabría de qué iba el tema, claro, sin duda no era la amiga que se esperaba. Pobre cabrón, se lo iba a pasar bien otra vez, de eso estaba segura.

 

Pero yo a lo mío, primera parada... ¡tienda de lencería! Había decidido que ya no podía seguir así, demasiado tiempo que no me compraba nada atrevido, es algo que empecé a hacer animada por Nurita mucho tiempo antes, pero luego pasé, porque en un momento dado me dio corte, sobre todo cuando empecé a usar ese tipo de prendas por "trabajo", y luego me recordaban demasiado a esos momentos y, de algún modo, me gustaba diferenciar... Nur siempre me decía que era tonta, que ese tipo de lencería estaba bien hasta para una misma, que ella se calentaba mucho a sí misma con aquella ropa, si hasta acabó liando a Meri, que toda la vida había pasado, siempre con su ropa interior de adolescente... Lo cierto es que hacía tiempo que yo había cambiado de opinión, y me estaba comprando ya algunas cosas especiales, aunque no demasiado atrevidas, lo malo es que las había dejado todas en mi casa de la ciudad, aunque tampoco es que tuviera grandes maravillas. Así que había llegado el momento de resarcirme, me lié a comprar y arrasé con tangas y semitangas, encontré el conjunto naranja de Nur en marrón, que me recordaba a uno similar que tuve hacía años, aunque el tanguita era más discreto y grandecito, un conjunto que me gustaba aunque no pude casi usar, ya que un día lo encontré misteriosamente roto, supongo que por culpa de la lavadora y la mala calidad de la ropa hoy día. Compré otro conjunto de encaje morado, braguitas y sujes blancos casi transparentes, otras braguitas-tanga como de tiras entrelazadas de encaje que dejaban amplios agujeros directamente sobre el pubis, semitangas azules, blancos, rosas y de rayas que llegarían a ser míticos, al margen de alguna braguita que me gustó, normal pero con estampados tipo rayitas o florecitas. Y uno de los grandes éxitos durante mucho tiempo, un conjunto de seda gris claro con lunarcitos negros, con tela finísima y realmente transparente, este sí que no dejaba lugar a dudas, porque de su ya de por sí escasa tela solo me tapaban algo los lunares, jiji. Realmente era para llevar depilada, porque con pelo era un escándalo, aunque naturalmente a lo largo del tiempo lo acabaría llevando de todas las maneras posibles. El suje era bastante normalito, si no fuera por la transparencia total, ya digo, pero de forma tradicional, bien grandecito, mientras que las bragas, aunque eran grandes, eran altas, no es algo que me gustara normalmente, pero me hizo gracia en estas, porque tenía esa banda alta, sobre el coño, decorada con tres tiras de volantes, y luego por debajo se te veía todo con la transparencia, e igual por detrás, además de que la parte que tapaba el culo era más pequeña que en unas braguitas normales, y los agujeros de las piernas también estaban bordeados por un volantito, me parecía súper provocativa, claro no era para llevar con pantalones bajos como suelo llevar yo, pero para vestidos eran perfectas. O para ir solamente en bragas, jijiji. En fin, me llevé media tienda y gasté un capital, pero lo cierto es que lo hice en un tiempo récord.

 

En cosa de un cuarto de hora estaba fuera. No las tenía todas conmigo, pero era demasiado tiempo para esperar por esperar. Y estaba claro que tanto Pablo como Nuria me preferían depilada. También María, qué duda cabe. Además, el destino salió a mi paso: un poco más adelante habían abierto un nuevo salón de belleza. Aún no daba crédito, me iba a depilar porque mi primo Pablo me había dicho que prefería mi coño todo peludo, pero que ya puestos, si me depilaba a medias, prefería que lo hiciera completa. Vamos, que mi primito quería que me dejara el potorro como el de mis amigas. Surrealista, surrealista era que lo hubiera dicho, y más surrealista era que le fuera a hacer caso. Pero allí estaba, delante de aquel salón de belleza con pinta un tanto cutre, que no había visto jamás pero que, en realidad, casi parecía que llevara allí toda la vida de pasado de moda que parecía todo. Aún así, yo ya estaba decidida a hacérmelo enterito. No me lo quise pensar más, y entré.

 

Nada más entrar, me di cuenta de que aquello no iba a ser normal, pero podía ser divertido. Supongo que la extraña y brutal semana que estaba viviendo me imposibilitaba tener una vida medianamente normal: estaba demasiado impregnada de sexo como para que no pasaran cosas como las de la mañana anterior en el videoclub, o como para que un encuentro con Lucas no se me fuera de las manos en cuestión de segundos y acabara dejando que me follase, sin más. Así, tuve esa misma sensación, al poner un pie en aquel sitio, de que algo iba a pasar. No había cerrado aún la puerta cuando me salió al paso una señora, sin duda la dueña, madura, casi mayor, aunque de buen ver, de muy buen ver, exuberante, con enormes tetas. Quiero decir, llevaba una bata de trabajo, pero muy ligera, blanquita, que dejaba traslucir abiertamente un cuerpo exagerado y, aparentemente, totalmente desnudo por debajo. Y cuando digo totalmente, quiero decir que de milagro si llevaba bragas.

 

No pude evitarlo, me excité de inmediato, y eso me resulto extraño hasta a mí. Vale que estaba como estaba, que llevaba demasiado ya encima, pero es que aquella mujer, con esa pinta de madame de burdel... Era curioso, lo había pasado bien, muy bien por voluntad propia con tíos bastante mayores, reconozco que siempre me han puesto. Pero todo empezaba como tonteo, nunca había sido una excitación tan súbita y repentina como la que acaba de sentir con aquella señora. Y es que, además, con mujeres jamás, nunca había tenido nada con una mujer mayor, todo lo más mi tía Isabel, la madre de Bego, pero no es tan mayor, y fue distinto, todo a raíz del lío con mi prima Begoña, aunque creo que yo le molaba a mi tía de siempre, al menos en cierto modo, pero supongo que igual que yo, ella jamás había pensado que algo así pudiera llegar a pasar entre nosotras, pero luego todo fue muy natural, incluso con la propia Bego.

 

Así pues, me encontraba con una sensación nueva, como casi todo aquellos días, hasta la forma de follar con Nurita, tan habitual, tan eterna, estaba teniendo algo de nueva... por lo que quizás debería pensar que no tendría que haberme extrañado lo de excitarme a la mínima, incluso con una ¿cincuentona?, una muy atrevida, eso sí, pero me extrañé. En la vida me había pasado, sin duda sería por la excitación acumulada en casa durante una semana, pero es que me excité muchísimo y, al igual que la mañana anterior en el videoclub, sentí deseo, lo cual no dejaba de ser significativo. Y, sobre todo, peligroso. En definitiva, la buena señora me había dejado completamente aturdida, y eso fue algo que ella notó, claro, y lo peor es que sabía que ella había entendido perfectamente a qué se debía. Es algo que vas aprendiendo, a reconocerte con las personas que, como tú, están absolutamente locas por el sexo, y ella me había calado, mucho antes que yo a ella. Cuando le pregunté, se quedó turbada, al escupirle directamente, a la cara y sin tapujos, que quería afeitarme el sexo.

 

Su provocador aplomo se vino abajo de golpe, mientras me explicaba, con una mezcla de nerviosismo fuera de lugar y un incomprensible enfado, que trataba de ocultar por todos los medios, que para “eso que yo quería” normalmente me atendería ella misma, pero que justamente la pillaba saliendo en aquel instante. Me preguntó si me importaba esperar una hora, y le expliqué que no podía, ya que era justo el tiempo de que disponía. Una punzada de tensión me atenazó la columna vertebral, y pude reconocer la sensación: era la tensión que siempre me atacaba cuando notaba que algo estaba a punto de pasar. ¿Estaba esa señora pidiéndome sexo a gritos? ¿Era una locura absoluta, o me estaba apeteciendo también a mí, desesperadamente, hacerlo con ella, conocer su coño y saborear aquellas tetas en cuyo canalillo se perdía mi vista irremisiblemente? Me dijo que tenía revisión con la ginecóloga, que era algo inaplazable... yo no entendía a qué venía tanta explicación, aquel dato sobraba a todas luces, era todo demasiado raro, empezaba a ponerse pastoso, y yo me di cuenta entonces de que había otra chica joven, junto al mostrador, de tetas impresionantes también, tipazo y cara de despistada, aunque no de tonta.

 

La miré, esperanzada. Iba vestida de blanco como la madame, pero con pantalones (bastante ajustados y ligeros, de fina tela) y una especie de blusa con botones hasta la mitad, que llevaba todos cerrados menos el primero, por lo que casi no se veía ni el arranque del canalillo de sus generosas tetas, pero la llevaba tan apretada y ajustada (parecía casi como de tela elástica, amoldable a sus sugerentes curvas), que unos grandes pezones se marcaban erectos en sus pechos, evidenciando que tampoco ella llevaba nada debajo tampoco; de hecho, de prieta que iba, se diría que la prenda estaba hecha como a medida para sujetarle las soberbias berzas, justo al contrario que la madame, que llevaba un escote exageradamente holgado. Me imaginé aquel increíble cuerpo de enormes tetas y juvenil belleza inclinado sobre mí, tocando mi coño desnudo para depilarme. Podría verle hasta el alma por aquel escote...

 

- No la mires tanto, querida. Lucy tiene la hora cogida ahora, ¿verdad amor? - le preguntó la madame al cuerpo.

- Sí, sí claro - respondió sonrojándose, y dándose la vuelta.

 

El cuerpo estaba a punto de huir por el pasillo del fondo de la sala de espera, un corredor que debía llevar a las consultas cuando, justo en aquel momento, apareció allí un maromo de impresión. Joder con el sitio, pensé, aquí normalito ni uno... ¿y qué hacía un tío así en un salón de belleza femenino? Porque estaba claro que trabajaba allí, iba vestido con un uniforme parecido al del cuerpo, con unos pantalones blancos tan ligeros, finos y ajustados como ella, pero su blusa en cambio era holgada y abierta, parecida a la de un enfermero. Los botones, en cambio, los llevaba abiertos hasta abajo, como a un palmo del cuello, dejando ver un peludo torso. Curioso que un gay de salón de belleza y depilación no fuera afeitadito por completo, pensé.

 

- Yo estoy libre como un taxi, cari. - La madame se giró asustada al escucharle. Ahora estaba claro, al escucharle, y fijarme un poco más, ni siquiera mucho más, pude confirmar que el tipo era lo más gay de este mundo. Extremadamente gay, pero estaba muy bueno, había que decirlo. No era mi tipo, pero tenía un cuerpazo de impresión, más que cualquier gay que haya conocido, incluso casi que cualquier tío que hubiera cruzado dos palabras conmigo.

- ¡Pablo!

- ¿Te olvidabas de mí, cari?

- Te tengo dicho que no me llames cari... - le dijo la madame, visiblemente molesta.

 

Obviamente, la situación era extraña, pero ellos se comportaban como si fuese el pan de cada día, a pesar de que se respiraba una hostilidad soterrada. El cuerpo me echó una última mirada, sorprendentemente triste, y terminó por desaparecer en una de las consultas, pasando airada junto al gay, mientras la madame terminaba por rendirse:

 

- Pablo te atenderá. Si no te importa, claro... - su tono era fúnebre ahora.

- ¿Importarme? - susurré, desconcertada. Fue una pregunta absurda, pero estaba tan sorprendida que veía todo aquello desde fuera, como una película.

- Se supone que es un hombre, y vienes a hacerte el chocho, mi amor. - Vaya, a ella no le gustaba lo de cari, pero ya me estaba llamando amor a mí... la excitación creció, pero estaba tan aturdida que fui incapaz de responder. Me sentí estúpida.

 

Pero daba igual, el destino me había vuelto a alcanzar...

 

- ¿Hombre? - dijo el gay con tono de locaza exagerado - ¿pero cómo me dices eso, cari?

- En fin, creo que eres de las que no te disgusta precisamente que un hombre te toque el coño, reina, aunque sea uno como este. - Yo sonreí como una boba a la barbaridad que me acababa de soltar, mientras sentía que se me humedecía el coño. Yo solita me estaba metiendo en la boca del lobo, no podía negarlo, empujada por mi coño caliente. - Me hubiese gustado atenderte, guapa, otra vez será. Te dejo con Pablo entonces, estás en buenas manos, a pesar de todo, eso es verdad, puedes estar tranquila. Espero poder verte al menos antes de que te vayas... Pablito, hazle un masaje gratis a la niña… hay que tener contentas a las nuevas clientas para asegurarnos de que vuelvan.

 

La madame se giró sin decir más, desapareciendo por la puerta de detrás del mostrador. Miré al chico. Pablo, joder, qué puta coincidencia. No se parecía en nada a mi primo, eso es cierto, salvo por lo del gusto en recibir por el culo claro, pensé. Bueno, ya estaba hecho, no me iba a dar la vuelta ahora. Y nunca diría que no a un masaje gratis, además. Una cosa era cierto, no me iba a disgustar que aquel maromo me depilara el coño, como poco disfrutaría mirando, y hasta prefería sentir sus manos firmes, su cuerpo musculoso, que no el tacto a viejo de la mujer... por mucho que hubiera tenido un seguro final... feliz, jijiji. Y oye, aquel Pablo al menos me iba a dar una merecida tregua sexual al cuerpo, pensé, por más que me vaya a derretir en sus manos mientras me hace el coño... ¡y qué decir del masaje gratis! Bien mirado, me alegraba de haber ido allí, porque es que cambiaba ponerme bajo las manos de aquel ay por cien polvos con el del videoclub sin pensar. Sería raro, el tío sería lo más gay del mundo por mucha envidia que me diera, pero lo mirara por donde lo mirara, todo era bueno, y aquel día yo estaba de súper buen rollo, muy optimista y cargada de buenas vibraciones. El precio era además increíblemente barato, no cabía duda que era mi día de suerte. Solamente esperaba no mojar demasiado cuando me tocara, jiji. Nerviosa aún, pero menos excitada, avancé hacia él.

 

- Vamos allá - me dijo.

 

Su tono de marica se había serenado hasta casi desaparecer, aunque tenía bastante ademán, imposible no darse cuenta. Una pena, me dije, que alguien así sea solo homosexual... ¡con lo perfecto que es ser bi, como yo! Lo divertido que es darle a todo, jijiji. Era increíble lo absolutamente inconsciente que estaba de lo que me rodeaba, el ambiente, las tensiones, el sexo latente eran evidentes en aquel extraño lugar, pero yo estaba tan erotizada, tan acostumbrada a vivir 24 horas al día durante la última semana en un ambiente aún más opresivo y erótico, que casi no me daba cuenta. O quizás, dándome cuenta, no me resultaba extraño, y menos aún preocupante. Así pues, me fui detrás del Pablo gay, feliz y contenta. Siempre me gusta cuidarme, es algo que me pone de buen humor.

 

- Es más grande de lo que parecía, esto... - comenté, al ver la sucesión de puertas blancas en el largo pasillo por el que discurría mi masajista particular.

 

Me fijé en que su cuerpo era, efectivamente, tan impresionante como me había parecido desde el primer momento. Tenía un culazo de infarto, súper marcado en aquellos finos y apretados pantalones blancos, que se lo ceñían escandalosamente. Se me hizo la boca agua, metafóricamente, y el chichi agua también, pero esto de verdad. Me notaba más húmeda de lo aconsejable para que me depilara aquel tipo.

 

- ¿Solo estáis tres? - pregunté, intentando cambiar de lugar mis pensamientos.

- Es que has venido pronto, y en verano, cari. Ahora sólo estamos Lucy, Alicia la jefa, y yo. Pero llegamos a ser seis a la vez, y en temporada alta hacemos turnos, ¡como los hospitales! – Pablo-gay rió escandalosamente su propia gracia. Bien, además de Pablo, Lucía y Alicia, dos de mis grandes mitos sexuales, amigas, amantes... preferí no preguntar el nombre de las otras, por miedo a que se llamaran Nuria, María y Sandra. Supuse que serían chicas. - ¿Chicas todas, además de ti, claro?

 

En aquel momento, al pasar junto a una de las consultas escuché un hondo gemido de placer. Aquello me trastornó, no me lo esperaba y, envuelta en los vapores del deseo y la locura como llevaba toda la semana, no me pareció extraño empujar levemente la puerta de donde venía el sonido, que estaba mínimamente abierta. Lo que vi me dejó sin habla. La tal Lucy, desnuda por completo, con aquel cuerpo de escándalo cubierto de sudor, sobando el cuerpo de otra mujer también completamente desnudo. Sus tetas enormes se alzaban provocadoras mientras ella miraba para arriba, con los ojos cerrados. Gracias a todo, así no podía verme ¿por qué acababa de hacer aquella estupidez? Pero no había tenido mal olfato... Lucy estaba en aquella postura porque, adiviné, la paciente tenía sumergida la cabeza entre sus piernas abiertas. El olor a sexo de hembra en celo me abofeteó en la cara. La paciente, que le estaba haciendo una extraordinaria mamada a la peluquera, estaba tendida en una camilla, boca arriba, y con las piernas en dirección a la puerta, a mí. Me quedé pasmada viendo aquel desnudo perfecto, con el coño abierto de aquella desconocida, perfectamente depilado, como todo su cuerpo, lubricado y llamándome a gritos.

 

El Pablo-gay se giró divertido, y con un grácil movimiento se estiró para cerrar la puerta. Luego, como si nada hubiese sucedido, continuó nuestra conversación. Me costó centrarme y entender de qué iba todo aquello, recordar de qué estábamos hablando:

 

- Sí, somos todas chicas, jajaja... No te preocupes, bromeaba. Pero tranquila que no tengo problemas de identidad sexual, por eso me dieron trabajo aquí. Te advierto que me gustan las mujeres menos que a cualquiera de ellas, jajajaja. Y los hombres, en cambio, más que a un tonto un lápiz.

- Bueno, pues en eso coincidimos, jiji - le dije traviesa, animada por su locuacidad deshinibida. Me abrió el paso a su consulta. Me gustó, blanca, radiante. Lástima que no tuviese luz natural, pero claro, dentro del centro comercial... 

- Bien, pues tranquila que estás en buenas manos, puedes confiar.

- No lo dudo. - Le dediqué mi mejor sonrisa. Aunque no sabía si alegrarme o echarme a llorar, la verdad que casi hubiese pagado porque aquel Pablo me hiciera algo más que un masajito, después de todo… jiji, pensé. Allí estaba, enfrente de la camilla.

- Bueno, empezamos por el masaje ¿no, cari?

- Sí, supongo que será lo mejor... apetece más que afeitarse, claro...

- Dímelo a mi - me dijo abriéndose la blusa todo lo que pudo.

 

Era realmente velludo, había que reconocerlo. Y, lo peor, me acababa de fijar en que su ceñidísimo pantalón le remarcaba un paquete enorme. Estaba bueno, muy bueno, musculoso, peludo, pollón... ¡gay! ¿por quéééé?

 

- ¡Guauuuuu! – no pude evitar expresar mi admiración por aquel hombre.

- Como verás, soy un gay atípico.

- Jiji ¿de veras?

- Bueno, ¿has conocido algún otro que trabaje depilando tías?

- No sé, no me parece tan raro.

- Quizás porque tú también eres atípica. Por especial, digo.

- ¿Yo? De lo más normalito, jiji.

- No creo. Pocas chicas como tú se dejarían depilar por un chico, por muy gay que fuera.

- En realidad… no me importaría que me depilara un no gay tampoco, jiji... - reí divertida - ...sobre todo si es tan guapo como tú. - Me arrepentí al instante de lo que acababa de decir.

- Tú también estás buenísima, y lo sabes, cari, jajaja ¿como te llamas? Si no te importa...

- Laura y ¡no!, no me importa, prefiero que me llames así, por mi nombre, en vez de cari…

- Ves, especial, muy especial, además de comestible, ¡guapa, más que guapa! jajaja. Vamos a empezar ¿te parece Laurita? Porque como sigamos así va a perecer que nos estamos tirando los tejos. ¿Te quitas el vestido y te tumbas boca abajo? 

- No sé que pensar, después de tanto piropo me pides que me desnude...

- Jajajaja ¡tienes razón Laurita! Pero te he dicho que te quites el vestido, corazón, no que te desnudes, jajaja...

- ¡Ay! Jijijiji…

- Tranqui, que puedes quitarte también el sujetador, si te sientes cómoda. Eso va al gusto de cada una, hay clientas que se lo dejan puesto, yo lo puedo apartar para el masaje. Pero si prefieres te lo quitas, y luego te pondré una toalla, aunque las braguitas sí tendrán que ir fuera para la depilación, claro, y...

- Tranquilo - le corté, subiéndome la falda del vestido, y tirando hacia arriba para sacármelo por la cabeza. - No tengo problema, prefiero estar cómoda - dije, quedándome tan sólo con el tanguita de Nuria, malcubriendo con su descarada transparencia la mata de pelo de mi coño. Estaba deseando hacer eso. Pablo-gay me miró de arriba abajo sin disimular.

- Guau, ahora me toca a mi decir, ¡¡¡guauuuu!!! Jajajaja, Laurita, pues muy bien, di que sí, tú eres de las mías, hay que saber disfrutar. ¿Quién quiere sujetador con este calor? Y cuando una chica como tú tiene tetas como para poder permitírselo, es lo mejor, di que sí... Túmbate boca abajo, que voy a hacer lo posible por darte un buen masaje. Te mereces el mejor masaje posible, que tienes un cuerpazo que está pidiendo a gritos recibir placer…

 

Ufffff… era todo tan evidente… A pesar de todo, me sentía taaan bien por hacer lo que había hecho, siempre me ha gustado parecer descarada y desinhibida ante desconocidos (o ante conocidos en situaciones desconocidas, jiji). Pero realmente yo no era así, no lo era al menos todavía en aquella época, así que me suponía siempre un importante esfuerzo hacerlo. De manera que ahora estaba feliz, pero nerviosa, casi desnuda delante de aquel tío de impresión, que me iba a masajear después de echarme un cerro de piropos encima. Me tumbé en la camilla boca abajo, dándome cuenta de lo que se agravaba la situación. Llevaba el tanga de Nuria, un tanga de tiras, con apenas un triangulito absurdo en la unión de las tiras por detrás. Por otra parte, sentía la tira de abajo remetida por el culo, y el chocho medio al aire, con los labios salidos y enredados con la tela. En resumen, aún no habíamos empezado y ya le estaba enseñando el culazo y medio chocho de regalo a aquel hombre. Y lo peor era que estaba deseando quedarme en bolas para él. 

 

- Hace calor aquí, de todas formas ¿no?

- Sí, jajaja, a Alicia, que le gusta tenernos calientes, jajaja. En invierno nos tiene la calefacción a tope, y en verano, ya ves, a sudar de calor, pero ella dice que es bueno porque tonifica los cuerpos y esas cosas, además de relajar a su modo al personal... las clientas, como tú ahora, se prestan más fácilmente a quedarse sin ropa sin vergüenza, del calor que tienen...

 

No dije nada. Me parecía un poco extraño todo aquello, como demasiado... sexual. Pero también era verdad que yo estaba fuertemente erotizada, influida por mi obsesión con Pablo-primo y por la semanita de sexo que llevaba encima.

 

- En fin, a ti es de las que da gloria bendita verte en bolas, nena, aunque sea gay. Yo soy muy de piropos, Laurita, tú si te molesta me dices, pero te insisto en que tienes un cuerpazo que para sí lo querrían muchas...

- Jiji, gracias, a este paso me va a gustar todavía más escucharte que que me toques... - dije provocativa. Me gustaba jugar, sabiendo que no iba a pasar nada. Aunque soñaba con que pasara, lo soñaba con profundo placer y profundo terror.

- Pero si todavía no te he empezado a tocar... - me dijo susurrante, mientras escuchaba sus manos frotarse empapadas en aceite. ¿También él jugaba? me pregunté, mientras sentí un escalofrío en las espalda al caerme un chorro de aceite encima, que me empezó a esparcir enseguida con fuerza.

 

Hacía calor, y el aceite me había estremecido por su temperatura más fresca, quemándome la piel. Pero fue perfecto, porque diluyó el temido momento del primer contacto. Lo había hecho muy bien, la verdad, y ahora me frotaba con un vigor que me estaba reconstituyendo el cuerpo agotado de tanto sexo con una facilidad pasmosa. Metí la cabeza por el agujero de la camilla, mirando al suelo. Me sentía un poco incómoda, ya que tenía puesta una sábana de papel en vez de tela, y yo estaba un poco sudada, de manera que aquel papel se me pegaba al cuerpo, pero procuré no pensar en ello, necesitaba tranquilizarme. Cerré los ojos e intenté relajarme, obviando que estaba desnuda en manos de un tío pibón. Una pena, porque estaba claro que iba a ser la única vez en la vida que un tío así me iba a poner las manos encima de medio cuerpo, incluyendo el coño. Aunque sólo fuera para depilarme, jiji... Pero ahora, a concentrarse en el masajito, mmmhhh, qué fuerte, qué vigor, era francamente agradable y, por cierto, cero erótico. 

 

Me empecé a relajar por fin, sacando mi mente de allí, disfrutando del masaje... lo malo que mi mente voló sin poder evitarlo de masaje en masaje, me acordé de los masajes de espalda de Pablo, de los de Carlos, de Nurita, de Guille... casi ninguno de ellos acababa tranquilamente, de hecho Guille había acabado en su momento con toda posible resistencia por mi parte sólo con aquellos masajes, primero fue la espalda, hombros, luego yo ya le pedía brazos, manos, él se lanzó a los pies, yo le fui pidiendo piernas, y ya estaba claro dónde queríamos acabar los dos... mhhhhh no, no, nunca debería haberme acordado de Guille, de sus masajes, no contaba con ello, venía relativamente saciada después de todo lo del día anterior, pero la tensión sexual constante de aquellos días me tenía en una nube, y ese calor... es que ya estaba caliente antes de tumbarme, claro, con toda la carne que se ofrecía fuera en la recepción, con la perspectiva del buenazo gay tocando mi cuerpo como ahora hacía, pero es que su masaje estaba haciéndome revivir de manera tan intensa aquellos primeros masajes de Guille, que enseguida me empecé a poner abiertamente cachonda.

 

El simple contacto de sus firmes y fuertes manos me estaba poniendo a mil, no sé por qué pensé que no cuando empezó, pero el contacto era erótico, quizás levemente de momento, quizás había tenido que prender la mecha, recordar lo que eran estas cosas con Gille, aquella forma de masajear suya, de llevarme al cielo con el simple roce de las manos en la espalda, brazos, piernas... no, eso no lo había sentido igual desde él, hacía ya tanto, porque nuestros encuentros ya no eran, o eran distintos, y nadie más había conseguido hacerme sentir algo así, parecido, con un masaje, hacerme tanto con tan poco, nunca más hasta este tipo, un gay, un maldito gay guapísimo del que no iba a sacar más que un brutal calentón, Pablo-gay, aunque Pablo-primo era el que más se había acercado a provocarme algo parecido, y si no había sido más era por nuestra particular y complicada relación, pero mira la tarde anterior, aunque claro, con Nurita guiándole... aunque el masaje de Nuria lo aprendimos de Guille, joder, siempre él, y Pablo-primo con su misma sensibilidad en ese sentido, que sin duda es por la entrega total cuando tocan, esa manera de tocar que se muere por dar placer pero que, como me explicaba siempre Guille, también le servía a él para recibirlo, él siempre me decía que sentía un inmenso placer por el mero hecho de tocarme, de recorrer mi cuerpo, cualquier parte, hasta un pie, el contacto, la cercanía, la intimidad, no sabía, el tacto de mi piel siempre le ha vuelto loco, siempre me ha dicho que tengo un tacto que no ha sentido en nadie mas que en mí, pero era así, soy bien consciente de ello, lo había vivido tantas veces, y eso es lo que me ponía tan cachonda de él, su deseo tan desmedido por mí, que fuera capaz de calentarse así con sólo tocarme, Guille era capaz de empalmarse y empezar a mojar sólo tocándome los pies, y más de una vez ha llegado a correrse por completo solo por tocarme las tetas o el sexo... bueno, me hacía correrme a mí también ahí, claro, pero él se venía conmigo y sobre mí sin tocarse, sin que yo le tocara tampoco... increíble. Y este maldito cabrón homosexual me estaba recordando a él, me estaba volviendo loca, o yo ya lo estaba, sus manos ahora por la parte baja de la espalda, las caderas, sobrepasando ya la tira del tanga, y volviendo a subir fuertes, abarcándome completa, hasta los hombros, cuello, brazos...

 

Sin darme cuenta, empecé a hablar, y de manera inevitable me vi entablando una conversación abiertamente erótica con aquel desconocido que me sobaba el cuerpo desnudo, rendido ante él.

 

- Mmmmm… qué ricoooo… ¿Sabes? Me recuerdas a un lío que tuve, un chico que daba unos masajes de muerte, y te aseguro que el tuyo no se queda atrás...

- Ay, pues muchas gracias, Laurita.

- ¿Sabes qué? A veces me hacía correrme con sólo tocarme - le confesé abiertamente.

- Bueno, si yo consiguiera lo mismo, serías la primera chica a la que hago correrse, jajaja... aunque no me extraña, Laurita, tienes un cuerpo extraordinariamente sensible.

 

Y así, de la manera más tonta, como si fuese algo natural, sus manos empezaron a recorrer mis nalgas, apretándolas y estrujándolas con fuerza. Naturalmente el masaje de nalgas me lo había hecho también Guille mil veces (y creo que eso en cambio es algo que solamente él, hasta aquel día, me había hecho de una forma tan abierta y evidente), y luego también Guille me acababa recorriendo siempre una y mil veces la raja, hasta que me corría, y entonces él empezaba a penetrarme uno o varios de mis agujeros a la vez.

 

Y digo también, porque Pablo-gay ya me estaba pasando los dedos por la raja del culo, y algo más, ya he dicho que llevaba ese tanga por donde se me salía todo y, joder, notaba sus dedos alrededor de mi ano, como si me lo estuviera estimulando para el sexo, aunque ni falta que me hacía, porque yo me sentía súper abierta, lo había ejercitado suficiente aquellos días para meterme dentro al gay más superdotado de esta tierra, y eso aquel marica lo tenía que estar notando, debía de estar preguntándose quién me entraba ahí, por qué lo tenía así, mientras me tocaba el culo, el ano, la raja, y casi el coño como lo haría Guille en uno de sus masajes, pero la diferencia era que con esos masajes él y yo estábamos practicando el sexo, mientras que aquella mañana se supone que había entrado en un salón de belleza, un espacio neutral, seguro, y sin embargo ya me sentía como una tonta subiendo una vez más camino del orgasmo, de un nuevo orgasmo que no debería haber existido jamás, mientras no podía dejar de hablar, y le contaba a aquel tío todo lujo de detalles de mis masajes con Guille, le contaba cosas que jamás le he contado a nadie sobre Guille, sobre mi relación por él, sobre las noches de deseo inconfesable que he pasado sin dormir pensando en él, sobre su manera de follarme y tocarme y quererme como nadie más sabe hacer en este mundo, y no sabía hasta donde estaba llegando tumbada en aquella camilla, porque ni atendía a lo que le decía, porque me estaba matando, pero creo que le debí de soltar todo de golpe, y hablarle de los masajes de culo, de ano, las penetraciones... No sé hasta qué punto llegué, pero sé que me pasé cinco pueblos, es una mierda no recordarlo, pero no me acuerdo, soy incapaz, es un vacío en mi memoria, como una borrachera, pero lo que fue es un subidón, un calentón brutal de sexo descarnado. Hasta qué punto debieron llegar las guarrerías que solté, que el único recuerdo que tengo de aquella parte de la conversación es que el tipo me dijo que tenía uno de los coños más espectaculares que había visto jamás, otra evidencia más de que me lo estaba viendo, como evidente era que me lo estaba sobando. A mí me daba igual, el tío era gay, sabía que no iba a haber nada, pero es que lo que me estaba haciendo ya me estaba matando de gusto, y si hubiera sido un hetero y me hubiera hecho más, con todo el gusto del mundo yo me hubiera dejado violar allí mismo, claro...

 

Sentí que se retiraba de mi ano, que no de mis nalgas y muslos, y pensé que el peligro había pasado, que podría respirar tranquila una vez acabado el masaje... Notaba casi como si la sangre volviera a circular por mi cerebro, lo que acababa de vivir lo había vivido como si me estuvieran ahogando, asfixiando, y no tuviera posibilidad de ser consciente de lo que tenía a mi alrededor porque estaba perdiendo todo sentido. Bien, pues por fin podía respirar, podía pensar. Pero mi error fue ese, precisamente, pensar que todo había acabado, y que ahora vendría la depilación y podría salir de allí, sin más, a la calle. Antes de que me diera cuenta, me estaba diciendo algo de un masaje especial, al principio no le entendí, me pidió que me diese la vuelta, tal cual, y yo obedecí, sin problemas, al fin y al cabo no tenía sentido hacerme ahora la tontita, o pedirle una toalla para taparme las tetas, después de todo lo de antes, a pesar de que me encontrase escandalosamente erotizada. Pero tenía que resistir, aquello era una prueba y un juego casi a partes iguales. Total, que ya estaba ofreciéndole tetas y coño, en fin, el tanga no daba para ocultar aquello, me sentía sudada y vulnerable, pero él seguía frenético, no parecía importarle ni darse cuenta de nada. Pensé que me iba a empezar a hacer el coño, y estuve a punto de bajarme las bragas, cuando entendí lo que estaba pasando: me había ofrecido continuar el masaje por delante, en plan propina, y parece que yo había accedido... genial, pensé, claro, pero... ¡qué miedito!

 

- Esto sólo lo hago con las clientas especiales, cuando me lo piden, pero es que tu cuerpo me lo está pidiendo a gritos, Laurita, - decía mientras me sobaba las tetas, y el convirtiendo el juego y el tonteo en algo ya descaradamente sexual, - es increíble cómo lo disfrutas, jajajaja - ¿estás bien, estás cómoda amor?

- Sí, sííí, sigue... - fue lo único que acerté a decir, al igual que solamente fui capaz de estirarme para poder sentirle mejor, para ofrecerle más cuerpo, más piel si cabe - no te cortees, Pablo, mmmhh ¡qué manos! - No, no era yo quién hablaba, ¿verdad? ¿realmente acababa de decirle eso a aquel tío? 

 

Sus manos me recorrían vientre y torso, muslos, tetas, pasando también sobre el coño, entrando hacia el interior de los muslos, qué se yo, lo cierto es que no se cortaba ni diferenciaba entre unas partes u otras. Yo moría. Físicamente.

 

- Espera un momento Laurita... - me dijo de repente. Yo salía como de un túnel, de nuevo mi cerebro sin oxígeno trataba de despertar entre brumas.

 

Le sentí rebuscar algo en una estantería, luego volvió, me pidió que levantara un poco las piernas, y cuando me quise dar cuenta me vi levantada en vilo. Me estaba elevando el cuerpo, para sacar de debajo de mí la destrozada sábana de papel, mierda, la debía de estar haciendo papilla, con mi sudor y... Ooooooh. Me di cuenta entonces de lo mucho que estaba mojando, era increíble, claramente tenía que estar muy cerca del orgasmo, pero no me había dado cuenta, mientras mi coñito manaba a chorro delante de aquel tío, por sus caricias y toqueteos. Claramente me estaba viendo mojar, claro, debía estar flipando viendo lo mojadas que estaban mis bragas y cómo había dejado la camilla. 

 

- Lo siento... - dije cortada, - mira que me han dado masajes, pero pocos así - intenté sonreír.

- Ya, menos el lío ese que me contabas que te hacía correrte como una perra cuando te los daba, jajaja... No te preocupes Laurita, es genial que estés sintiendo algo así, quiere decir que hago bien mi trabajo. - Era curioso, su aplomo ya no parecía tan real como antes, era como si su falta de pudor estuviera desapareciendo, sí, eso, parecía, empezaba a parecer nervioso... empezaba a parecer... ¡excitado! No era posible... - Mira, te pongo una sábana de tela, para no tener problema con tu humedad, y ya está cari...

 

De nuevo dejé de pensar, mientras deseaba que la tierra me tragara allí mismo, y él continuaba masajeando como si nada, con descarada intención sexual. Evidentemente, yo poco podía hacer en un sentido o en otro, así que simplemente me dejé llevar, y empecé a gemir y jadear abiertamente sin importarme ya ni tener nada que disimular. 

 

- Casi voy a empezar con tu coñito... - ¿joder qué decía? - mi madre, casi no vas a necesitar lubricación, Laurita, vas como una moto tía - ¿pero aquel tío me iba a depilar o me iba a follar?

 

Ooooooh... noté que me estaba desnudando por completo, me estaba quitando las bragas, y al hacerlo la tira del tanga remetida entre mi sexo me recorrió toda la vulva en un ardiente estremecimiento, que me impidió hacer nada que no fuese demostrar el placer que estaba sintiendo. 

 

- Ahhhhhh...

 

Efectivamente, Pablo-gay seguía con el masaje, impúdico, sobre mi vulva y mis labios. No, no, era demasiado, demasiado para un sitio como aquél, jamás lo habría podido imaginar...

 

- Voy a seguir con mi masaje... - aquello disipaba mis dudas, inexistentes ya, por otra parte. - Esto es especial, realmente especial, sólo para mis clientas más selectas, de veras, si se entera Alicia me mata, jajajaja... Pero mira, alguien ha hecho ya un trabajo bastante bueno aquí... mejor, me quita lo más difícil, jajaja...

- ¿Qué me haces...? Ahhhhhh... - aquella forma de tocarme, Guille, Nuria, Pablo-primo, pero sobre todo Guille, masaje de vulva, de labios, brutal, brutal como sólo él me sabe hacer, y allí estaba, con aquel tío, notaba mis labios menores desbordando, creciendo y llenándolo todo, y mi clítoris, mi clítoris, mi clítoris... no, no, no, solo esperaba que aquello no se me fuera a disparar precisamente ahora... 

- Voy a ponerte un protector de vulva... - era increíble, parecía mezclar lo profesional y lo sexual, la depilación y el masaje con total normalidad, masturbándome vivamente mientras examinaba mi coño rasurado y valoraba la calidad de la actuación. Le vi venir con un plástico rosa chillón, alargado, como la piel de una fruta exótica, y noté cómo me la intentaba encajar en la vulva. Hurgó un rato y luego le vi sacar el cacharro ese y dejarlo en un pequeño lavabo. - joder, Laurita, ¡¿qué tienes aquí tía!? es increíble, totalmente increíble, nunca había visto anda igual, este chochito es de campeonato amor - su dedo se entretenía en ese preciso instante en mi prominente clítoris, que afortunadamente había parado de crecer, aunque se había quedado en un tamaño considerable – deberían darte un premio al mejor coño del mundo, cari ¡el premio Nobel del chochamen!

- Me vas a matar de gusto, Pablo... - reconocí, entre gemido y gemido, que sonaban como tristes y desesperados hipidos casi. 

- Tranquila, que esto es gratis, de mi cuenta, regalo de la casa, si tendría que pagar yo por algo así, jajaja, entiéndeme, es una broma, es que ahora entiendo a tu amigo, yo también disfruto sólo con tocártelo tía, jajajaja, que lo tienes que hasta parece una polla, desde luego, la tienes más grande que alguno que yo me sé, cari, que he estado con cada cual, si tú los vieras, jajaja, cari, este coño es de revista, en serio, hazme caso que yo entiendo, una preciosidad, tú en el porno triunfas...

 

Todo aquello lo soltaba sin dejar de pajearme, de manosearme, de meterme por todas partes sus voraces dedos, respetando tan sólo mis agujeros, es decir, el terreno explícitamente sexual. Yo jadeaba, me retorcía, saltaba, pero intentaba mantener un mínimo de normalidad, ahora que mi cuerpo había cogido ritmo y calor, acostumbrado ya al momento sexual que estaba viviendo, permitiendo que mi mente se abriera, se relajara y pudiera al menos pensar un poco al margen de las oleadas de sensaciones exageradas que me estaban acosando. 

 

- ¿Estás de broma, verdad? - intenté reír, pero sólo me salían gemidos – ya me gustaría, pero creo que para porno yo no doy la talla... - increíble, era la primera vez que alguien me decía algo así, y miedo me daba, porque me bastó que Nuria me propusiera en serio lo de la prostitución de lujo, después de haber estado hablando de eso con la Bergeret, para que me lanzara sin pensar, así que aquel comentario de Pablo-gay era lo que me faltaba a mí en un momento de erotismo desatado como el que estaba viviendo aquellos día... 

- Sí la das, seguro, desde luego que por lo menos como doble de coño sí, te digo yo que cuanto más escultural y más tipo de modelo tiene una tía, más insulso e infantil es su coño...

- No es cierto... - conseguí jadear...

- ¿Conoces muchos?

- Te sorprenderías...

- Jajajajaja... ¿te gusta follar mi amor? - me preguntó sin tapujos...

- Desde luego, me gusta lo que más... - no podía decir otra cosa, allí, desnuda y jadeante bajo sus manos... Casi no daba crédito, cada vez que le decía algo era una huida hacia adelante, y él era un completo desconocido, bueno, no sería el primero, me he hartado de decirlo, las veces con Sandra, o sola, como puta de lujo o como puta barata, la estancia en la "granja" de Cerdeña... Joder, pero con aquel tío estaba siendo raro, distinto, había complicidad, como un noviazgo acelerado... ¡con un súper gay!

- Tengo que darte un teléfono de un amigo que hace películas, por si te animas, jajajaja... ¡yo lo he hecho cuando necesito pasta! jajaja, y hay dinerito que ganar ahí, Laurita, jajaja...

- ¡No! ¡No es verdad! ahhhh...

- Jajaja, tú piénsalo, aunque sea solo como doble, ya te lo digo... mmmh... bueno, voy a empezar directamente, afortunadamente estás bastante bien todavía, es una mierda, pero no hay problema, te lo voy a hacer a pelo, tía, no hay protector de ese tamaño tan grande... 

- ¿Quééééhhh? - no entendía, ¿me iba a afeitar o qué? Parecía que estaba buscando un preservativo para follarme.

- Que te digo que no hay protector de vulva donde meter esta joya, Laurita, en serio te lo digo, que lo tienes enorme, precioso, descomunal, jugosísimo - reía, jugueteando con mis labios menores con una naturalidad tal que parecía como si fuesen suyos. - Pero que no te preocupes, que no hay problema - cuando me quise dar cuenta, me estaba embadurnando de crema, y había empezado a rasurarme eficazmente, de manera rápida y profesional, mientras que mi cuerpo estaba todavía viviendo los estertores de la masturbación.

- ¿Te dejo una tira? 

- No... no... nada lo quiero todo bien peladito... ohhhh por favoooor... - era increíble, deseé que me empezara a afeitar de una vez y parara de tocarme de esa manera, porque no lo iba a soportar mucho más, me revolvía en la camilla, tenía que agarrarme fuertemente a ella para intentar quedarme quieta, tranquila, pero no podía, en cada espasmo mis brazos se movían por sí solos, como todo mi cuerpo, casi como si me estuviesen aplicando fuertes corrientes eléctricas...

- A ver, vamos a tener que parar un poco Laurita, necesito que estés bien quieta ahora, estoy con la cuchilla en tus partes más delicadas y por nada del mundo querría hacerte daño aquí...

- Síííííhhhhhh - me sentía tonta, una niña en sus manos, era incapaz de hacer nada...

 

Me dejé llevar, me dejé hacer, como si estuviera en la peluquería, como si nada de esto estuviera pasando... y en el fondo deseando que hiciera algo más, que terminara de una maldita vez el afeitado y entrara a matar. No podía dejarme así... En pocas y rápidas pasadas noté que me dejaba el pubis liso, inmaculado, pero luego se esmeró, cuidadoso, con la vulva y los labios mayores, retirando todo el pelo que había empezado a crecer y el que yo me había dejado mal afeitado. Siguió un poco por la cara interior de los muslos, y me hizo levantar el culo para bajar hacia el esfínter, haciéndome toda la raja y parte de las nalgas...

 

- ¿Quieres que te haga también el culito? - ¡Qué facilidad para preguntar! me dije... Nunca me habían propuesto algo así, nunca me lo había hecho, aunque Ro siempre me decía que debía aumentar mi depilación hacia el culo todo lo posible, porque soy bastante "peludita" por esa zona, por así decirlo.

- Vale, me parece buena idea...

- Bien, pues tienes que darte la vuelta, Laurita, otra vez, pero esta vez ponte a cuatro patas, bien cerca mío... ¡cómo si te fuese a dar por detrás! jajaja...

- Pues no serías el primero... - intenté provocarle, desesperada. Me estaba dando cuenta que ansiaba su contacto nuevamente...

- No me extraña, Laurie, tienes un culazo de concurso mi amor, y de esto yo sí que entiendo, jajaja - sus manos me lo recorrieron sin ninguna necesidad profesional, por puro gusto y por puro morbo.

 

Yo, naturalmente, no dije nada, al contrario, me meneé sugerentemente para darle a entender que consentía, que me gustaba. Que quería más. Noté el tacto frío de la crema, me la estaba extendiendo en suaves masajes circulares, en ambas nalgas, y entonces empecé a notar algo húmedo y caliente en la raja, subiendo desde el chocho hacia el culito. Me extrañó, porque ese calor no podía ser de la crema, y su tacto firme pero esponjoso no parecía el de un dedo... pero la sensación era agradabilísima, y se volvió insoportablemente placentera cuando eso empezó a girar frenéticamente alrededor del ano, lubricándome, empapándome, acariciando y estimulando mi entrada, hipersensible y muy abierta. Empecé entonces a escuchar los extraños ruidos húmedos, como de animal tragando, y sentí sus fuertes manos agarrarme con fuerza los muslos mientras que aquello se clavaba en mi entrada y el resto de su cara se apretaba contra mi trasero. ¿Cómo me había costado tanto darme cuenta de que me estaba comiendo el culo? Porque cuando me quise dar cuenta, tenía su lengua, enorme, fuerte, hábil, incrustada dentro del ano, me había traspasado el esfínter sin dificultad, ya he dicho que lo llevaba abierto de par en par, y ahora mugía dentro de mí, agitándose y comiéndome toda. Yo pateaba, golpeaba la camilla con las manos, y gritaba, casi lloraba.

 

Aquel tipo hizo lo que quiso conmigo, hasta que se cansó. Luego, sencillamente, salió, me pegó una serie de lametones por la raja y las nalgas, y terminó de extenderme la crema en el culo.

 

Dejé caer mi cabeza sobre la camilla, y me quedé con el culo abierto, en pompa delante de él. Estaba exhausta. Luego él, como si nada, se separó de mí, y se puso al lado de mi cara a buscar algo en la estantería.

 

- A ver, necesito otra cuchilla para el culito... - no sé de  qué hablaba, no sé qué dijo... la comida de culo me había dejado muerta y, además, absolutamente impresionada.

 

Lo del masaje podía entenderlo, había estado casi dentro de lo aceptable, una vez superados ciertos límites. Pero la comida de culo, aquello había sido una declaración abierta de sexo, lo cual desbarataba todo. ¿Un gay 100% me acababa de comer el culo? Era increíble, absolutamente, pero naturalmente yo estaba dispuesta y deseosa de aquello, y de más. Lo que me desmontaba del todo era que él era gay, no podía querer nada conmigo, no lo entendía...

Y, entonces, lo vi. Mientras rebuscaba en la estantería, su cuerpo quedó junto a mi cara, con el paquete a la altura de lo ojos.

 

Pablo-gay estaba a medio empalmar, no cabía duda, la delgada tela del pantalón, elástica y fina, como si fuese un bañador o un calzoncillo tipo bóxer, de esos ajustados, revelaba su pene extendido hacia su pierna derecha, largo y grueso, no demasiado duro, pero si hinchado. La enorme cabeza del glande se remarcaba especialmente en la punta, con su ancho cuello sobresaliendo alrededor del tronco, marcándose provocador contra la tela blanca. Y, alrededor del capullo, una generosa mancha oscura de humedad. No había duda, aquel tío estaba excitado, y mucho, ¡se había puesto palote conmigo! Deseé tocársela, dudé si estirar la mano y hacerlo, eso era ya tomar partido, y lanzarme además, a por un gay, ¡qué locura! era suicida, pero la polla tenía una pinta tan apetitosa...

 

Pero Pablo-gay no me dio oportunidad, antes de decidirme a tocarle, él ya se había girado para volver a su lugar, frente a mi culo, aunque esta vez sencillamente empezó a rasurar, rápido en las nalgas, de nuevo lento y detallista en las zonas sensibles. Permanecimos en un tenso silencio, que duró poco. Cuando me quise dar cuenta, me estaba limpiando el culo con una toalla.

 

- Vale, ya está, puedes darte la vuelta.

 

Dudé si hacerlo. Temía que, de quitarle mi culo de delante y cambiárselo por mi coño y mis tetas, su libido homosexual se vendría abajo. Iba a perder toda oportunidad. Pero nunca había tenido ninguna, estaba claro, no tenía sentido. En cualquier caso, además no sabía qué hacer, y estaba tardando mucho en tumbarme de nuevo, estaba quedando muy largo... Resignada, cedí, y me di la vuelta, tumbándome de nuevo boca arriba en la camilla. Desnuda, completamente desnuda. Él me miraba. Parecía dudar...

 

- ¿Quieres un poco de loción para suavizar?

- ¡Sí claro! - de inmediato me arrepentí, había sonado demasiado entusiasta, pero no había podido evitarlo...

 

Pero antes de terminar de decirlo, él estaba de nuevo embadurnándose las manos con aceite, y empezaba otra vez el masaje, el más erótico que se pueda concebir, en absoluto trató de relajar mi pubis rasurado, de masajear con suavidad para calmar el escozor del afeitado, sino que se lanzó a por los labios, de nuevo al clítoris, sobando grosera y sexualmente, de frente a mí, metiéndose entre mis piernas abiertas, hasta acabar, por fin, directamente dentro, masaje interno, con su grueso dedo corazón, como la tarde interior me había hecho Pblo-primo, como Nur, como siempre Guille, se notaba que no lo había hecho nunca, su extraordinaria habilidad de masajista se convirtió en una torpe intentona en mi interior, pero yo estaba tan caliente, le deseaba tanto, que gocé como nada aquella masturbación, puesto que enseguida empezó un fuerte mete saca, pasando de aquel masaje que no sabía hacer, y total tenía lo que quería, yo gritaba como una perra, jadeaba a gritos sin importarme que se me oyera fuera de la consulta, porque seguro que se me oía, él seguía y seguía masturbando y yo le respondía, abiertamente lo hacíamos todo los dos, sin más, yo desnuda, entregada, incapaz de hacer nada más, sometida a aquella locaza que se había vuelto aún más loca con mi cuerpo...

 

Y aquel fue el momento en que él perdió la cabeza del todo, y la perdió precisamente hundiéndola entre mis piernas, quién lo iba a decir, quién podía pensar, y eso sí que lo hacía bien, lo dominaba, sentí su cara su boca besando, sus dientes mordiendo, su lengua chupando, lamiendo y penetrando, rápidos lametazos, penetraciones profundas y fuertes felaciones de mi clítoris, de nuevo semi empalmado. Yo no sabía cómo habíamos acabado así, no era capaz de entenderlo, estaba a punto de consumar, pero para mí tenerle así ya era el fin.

 

Por eso lo que vino luego fue ya apocalíptico, no me lo esperaba en absoluto, todavía me asombro de recordarlo... En medio de la brutal mamada, él dio un respingó, se puso totalmente recto y, movido por un frenesí incontrolado, se arrancó la blusa. ¡Qué cuerpazo! Pectorales de infarto cubiertos de negro pelo espeso, que bajaba hasta sus perfectos abdominales, era musculoso pero no hiper marcado, algo gordito incluso, si acaso, peludo, mi tipo perfecto... esa pelambre negra que se perdía ombligo abajo... ¡El maricón se me acaba de abrir el pantalón! Su cipote salió de golpe, dando un bote, esas pollas grandes que parece que nunca se empalman del todo, que parece que están siempre a medio gas aunque estén totalmente empalmadas, curvada, blanda y suave... todo lo que quedaba por debajo de su cintura estaba rasurado por completo, incluso las pelotas. Nunca me lo había hecho con un tío así, peludo y con el sexo afeitado, sólo con jovencitos lampiños, tipo mi primo, que se afeitaban el poco vello que tenían en axilas y en el sexo... Aquel tío era impresionante, pero ¿por qué una loca como él se había desnudado, por qué se había sacado la polla, que tenía ahora empinada, metida entre mis piernas y rozando mi sexo?

 

La respuesta, obvia, no se hizo esperar. Sencillamente se dejó caer un poco hacia delante, y mi coño le engulló sin compasión, milímetro a milímetro, tragándolo ávido, caliente como estaba aquel miembro, posiblemente no completamente empalmado, pero generoso y hábil, fuerte, de la mitad del tamaño de Carlos, lo cual ya es mucho, pero gruesa y con una curvatura mortal…

 

- AHAHAHAAAAAAAAHA Laurita perdónamehhhhhh...

- ¡Sigue, sigue, sigue! - ¿Perdóname? No había nada que perdonar. Salvo que me estaba matando, quizás... Ooooooooh ¡menudo polvazo!

 

Me folló como un potro, aquel tío hablaba de pelis porno, pero es que follaba como si estuviera en una de ellas, y además lo hacía bien, cuántas veces me había encontrado con algún gallito, o algún flipado que se creía el rey del sexo, y te dejaba como si nada mientras él se iba sin pensarlo a la primera... Y ya le gustaría a muchos aquel pollón, sería marica pero... joder, joder, ahhhhhhh ¿este tío de verdad era gay? parecía que llevaba mil años follando tías, qué animal, qué gusto... me cogió las piernas y me las levantó, pegándomelas al pecho, nunca había sido capaz de encontrar gusto a esa postura, pero en aquel momento estaba súper abierta, él me follaba salvajemente pero penetrándome como si fuese agua, mi cuerpo no ofrecía obstáculo, aunque sentía su polla rozando mi vagina en toda su extensión, dándome todo el placer posible, parecíamos de veras una escena de película, con las patas levantadas, él me chupaba los pies mientras me follaba... ¿quieres porno? me dije, pues ahí vamos, empecé a tocarme las tetas con una mano, mientras bajaba la otra al chocho y empezaba a pajearme el clítoris. La imagen debía ser total, y los ruidos la acompañaban a la perfección.

 

Todavía no entiendo cómo no entró nadie a ver qué pasaba, porque estuvimos un buen rato, de verdad que fue un polvo total, y lo que es mejor, perfecto, profesional, el tío era un maestro absoluto... Por supuesto, yo tuve varios orgasmos sucesivos, mientras él seguía dale que te pego en mí, abriéndome bien las piernas, tumbándose sobre mí, comiéndonos a besos los cuerpos, la cara, pasión total... hasta que mi lengua intentó entrar en su boca, momento en que él retiró su cara, si bien siguió meneando su polla en mi interior hasta correrse también él. Fue extraño, lo de hacerme una cobra así, era algo que yo hacía con clientes especialmente desagradables, pero ahora, no sé... imagine que tenía que ver con su condición de gay, es que era raro estar así... aunque con mi primo Luis, mi primer gay, me he besado hasta hartarme... no sé, pasé del tema, y me centré en disfrutar mientras él terminaba. Cuando notó que le llegaba, me avisó para salir, pero yo le pedí que me lo hiciera dentro. Él dudó, pero finalmente se vino en mí, riéndose como una loca. 

 

-       Ahhhhh AAHHAhA ¡AHAHAHAAAAAAAH! ¡¡¡Eres única Lauritaaaaaahhhh!!! - se corrió, besándome por toda la cara (muy, muy cerquita de los labios, jiji), hasta caer rendido sobre mí. Estuvimos así un ratito, descansando, hasta que él se levantó, con aire compungido. Supuse que ahora vendría alguna lamentación que otra, así que preferí no tenerlo en cuenta, bastante tenía con la tremenda sensación de vacío que me dejó su pollón al retirarme. - Vamos a ducharnos, tenemos que estar listos y con todo recogido antes de que vuelva Alicia.

 

No dije nada, le vi meterse en una pequeña cabina de ducha y, levantándome con dificultad después de la brutal sesión de sexo, le seguí. Sencillamente, deseaba una ducha más que nada después del intenso ejercicio. Y si era con él, mejor que mejor, en esa pequeña cabina malamente íbamos a caber los dos sin apretarnos bastante. Naturalmente, nos duchamos sobándonos complacidos, sin parar, enjabonándonos uno a otro y aprovechando para conocer a fondo la anatomía de la persona que nos había provocado un placer tan especial, tan intenso y desmedido, tan arrollador. Evidentemente, los dos estábamos todavía flipados, alucinando. Él por razones obvias, pero es que yo tampoco había vivido jamás nada tan intenso e inesperado a la vez. Había sucedido todo a una velocidad incomprensible, y ambos nos habíamos visto superado por nuestro deseo de manera visible, hasta el punto que parecía que nada de lo que nuestras voluntades pudieran pretender iba a ser ya capaz de detener lo que finalmente pasó. Las veces que lo había hecho con desconocidos había sido siempre un mero divertimento, por supuesto me había encontrado de todo, había tenido agradables sorpresas, también, pero como aquello con mi nuevo amante gay, jamás. 

 

- Lo siento, de verdad... no sé qué me ha podido pasar...

- Ehhhh, tranquilo, ¡pero ni se te ocurra sentirlo! ¿de veras crees que no me ha gustado? ¿que no me he dejado hacer de todo, que no lo deseaba con todas mis fuerzas?... bueno, reconozco que quizás yo me he llevado la mejor parte, lo tenía fácil, imagino que para ti será más difícil, así que no te martirices por mí, ¿vale?

- No, no, no... es eso, justamente eso, que yo... lo he disfrutado, estoy alucinado, de repente me he puesto cachondísismo, me has puesto cachondísimo, pero es que me he puesto tan caliente que se me ha nublado la mente y ya no podía parar... es que si no hubieses querido yo no sé de qué hubiera sido capaz...

- Es que dudo mucho que no hubiera querido...

- Ya, pero yo, un marica...

- ¡Oh! no te preocupes, jijiji... Tampoco eres el primero... jijiji

- ¡¿No?! ¡¡Maldita seas, cari!! ajajajaja ¡será verdad!

- Lo es... de hecho, se trata de un primo mío, jijiji... seguro que te gustaría...

- Pero no puede ser, no puede ser Laurita, ir por ahí destrozando a pobres maricas... Nunca me había pasado algo así, pero te lo juro, si es que no me han atraído las mujeres ni de pequeñito, de hecho llevo tanto tiempo sin acostarme nada más que con mi pareja que esto es lo más parecido a unos cuernos que le pondré nunca, aunque sinceramente, no creo que le preocupe ni que te fuera a ver como una amenaza... pero me siento mal...

- Ey, lo siento, eso sí que no era mi intención...

- No, no... si no te creas... nos damos cierta libertad, ya sabes, ajaja... es necesario, y nos funciona, aunque a veces hay un punto de celos, lo reconozco, eso quería decir, que no creo que éste sea el caso... mhhhh hay ciertas cosas que siguen claras, si me entiendes, esto ha sido una anomalía... una placentera anomalía, pero es que tú Laurie, tú eres una mujer anómala, especial, tan especial...

 

En aquel momento me sorprendió su manera de tocarme, volvía a ser arrebatadora, exagerada, me sobeteó los pechos con ansia, con manos de tío, con formas de peli porno, y ahora sí que me besó, me dio uno de esos besos de infarto, hondos, amenazando con asfixiarme con su larga y experta lengua que hundió en el fondo de mi garganta. Por alguna razón se había pegado un calentón otra vez, pero también yo me había puesto cachonda. Cuando me soltó, liberándome de su férreo abrazo, me di cuenta de que mis manos estaban agarrándole el rabo. No terminaba de empalmársele del todo, pero estaba cachondo. Y pasó lo que pasó, cuando me dicen tres cosas bonitas, yo soy así, me pongo bruta y no tengo freno, así que cuando se quiso dar cuenta me tenía comiéndole el cimbel, allí de rodillas delante de él. Fue muy rápido, y sin llegar nunca a empalmarse del todo se corrió abundantemente en mi boquita, llena de rabo y de semen de una manera que si antes me sentí ahogada con su húmeda lengua, lo de ahora era ya una pasada, aunque como siempre, tragué y tragué, que en eso soy experta, como siempre, todo pa' dentro. 

 

Y luego de aquello, nada, más besitos, cariños, piropos, pero yo notaba que él se estaba agobiando por el tiempo, teníamos que salir ya de allí, evidentemente un masaje y una depilación no podían durar tanto, y además mis gritos de zorrita emputecida habían sido más que evidentes.

 

- Quizás tú te dedicarás a volver locos a maricas pero ¿sabes? yo no creo que vuelva nunca a repetir algo así, y necesito decirte que me ha gustado... no creo que lo repita, porque no creo que vuelva a encontrar a otra mujer tan especial como tú, a una hembra de tu talla, Laura. No me arrepiento, al revés, estoy feliz... sólo quería decirte eso, eso y bueno, que estoy limpio, también, no quiero que pienses... que puedas pensar, tener miedo de... te aseguro que lo estoy, si necesitas que te lo demuestre yo...

- Tranquilo, tranquilo, Pablo - dije acariciándole - tu palabra me basta. Me sequé, y recuperé mis braguitas (las de Nuria). 

- Es que... ¡qué locura! ni me he dado cuenta de buscar un condón, ¡mierda! lo siento, no estoy acostumbrado, podemos ir a una farmacia ahora si quieres para... 

- No, no, tranquilo, yo ya tomo mis precauciones, y si tú me aseguras que estás limpio ya me llega, los dos lo estamos, y no hay riesgo de... secuelas, jiji, así que lo hemos disfrutado y ya ¿no? Lo único malo es que sólo vaya a ser esta vez... - puse carita de mohín.

- ¡Laurita, no seas mala! jajajaja.

 

Me vestí, y él también. No llevaba ropa interior, eso explicaba su paquetazo, tan voluptuoso, evidente, tan marcado, esa forma de manifestarse su glande en relieve en la fina y elástica tela blanca del pantalón...  Vaya sitio, este sitio sí que era especial. Pero no tenía tiempo para complacerme, a pesar de que estaba feliz con mi coño afeitado, que tenía prisas por lucir, pero sobre todo feliz porque aquella vez sí que me sentía repleta, por primera vez en toda la semana, me había dejado más que llena ese tipo, y no sólo físicamente (llena por un polvo perfecto y llena físicamente mi vagina de su esperma) sino que me sentía eufórica. Demasiado quizás, y ese podía ser el único problema. Sin embargo, él ya había abierto la puerta y salido, delante mío, sin esperarme ni mirar atrás. Efectivamente, la salida fue un poco rara. La Madame estaba en el pasillo, inmóvil, como esperando. La señora era guapa, mayor pero muy guapa, con una atractivo exuberante, provocador, con esas berzas de escándalo, mucho más guapa y más mayor que mi tía Isa, mi experiencia femenina más madura. Al fondo, desde la recepción, Lucy, el impresionante Cuerpo nos miraba. El silencio era sepulcral. ¿Había sido yo la única clienta que había entrado jamás en aquel extraño lugar? Parecía que lo habían montado solo para follarme. 

 

- ¿Qué tal se ha portado el niño? - preguntó con voz seca Alicia.

- ¡Uy de niño nada! Es todo un profesional, me voy contenta y satisfecha - contesté, exagerando provocadoramente. Pablo-gay me miró alarmado. Deduje que estaba metiendo la pata. La hostilidad de la Madame hacia él debía ser más seria de lo que imaginaba.

- Bueno, niña, siento no haber podido atenderte yo, una clienta de categoría merece siempre el mejor trato. Cógete una tarjeta al salir, y no hace falta que me pagues, estás invitada por las molestias, a condición de que te vuelva a ver por aquí pronto...

- Bien... gracias - dudé qué decir, quería despedirme de Pablo-gay, pero pensé que lo mejor era salir de allí corriendo - creo que lo haré, de veras que he quedado contenta y... bueno, tengo algo de prisa... Muchas gracias, y hasta luego... Gracias, Pablo - musité al pasar junto a él. Su mensaje de antes había sido claro, taxativo, ésta iba a ser nuestra última vez. No entendía por qué. Me juré volver a buscarle, otra vez, quizás después del verano. El polvo que me había echado era demasiado como para no querer repetirlo. Alicia me miró enojada. Salí de el extraño lugar, sintiendo la mirada incisiva de los tres clavándose en mi espalda.

 

Para acabar esta historia del masajista, debería contar que, efectivamente, volví pasado el verano, casi ya en octubre, buscándole. Quise dejar pasar tiempo, no era cosa de agobiar, pero tenía ganas de verle, de volver a hacerlo con él, y no me importaba, de hecho prefería que supiera que tenía un cierto interés, aunque fuese exclusivamente sexual, en él, en su cuerpo, en su polla. No en vano, habíamos hecho de todo menos que me diera por culo, justo la que debía de ser su especialidad (aunque me lo había comido taaaan rico, jiji) ¿cómo no iba a estar muertita de ganas? Pasado el verano, el pelo del chocho me había crecido lo suficiente, así que me decidí a volver (yo me lo quería dejar largo, estaba encoñadísima con mis primos, y es que ellos son tan maravillosos que me lo prefieren así, al natural - Pablo, claro, y Carlos también, jiji, quién lo iba a decir, igualito que Guille, en fin, aunque él ya no era problema, no contaba...; pero el caso es que iba a celebrar mi "boda" o fiesta de emparejamiento con Nurita, y quería tenerla feliz, también estaba encoñadísima con ella, de hecho fue un otoño prolífico y promiscuo, jiji). Total, que decidida a afeitarme completamente de nuevo, qué mejor que hacerlo con él.

 

Pero al llegar, el sitio parecía otro. En el mostrador, una chica pavisosa, sin interés, con una bata espantosa bajo la cual se veía claramente que llevaba ropa, aunque no parecía tener mucho que enseñar, en cualquier caso. ¿Dije pavisosa? Mira, más bien feuca, directamente. Y tonta, parecía que le costara entenderme. El caso es que me acabó por entender, y sólo fue capaz de decirme que Pablo-gay ya no trabajaba allí. ¿Cómo era posible? Naturalmente no acertó a darme ninguna explicación así que, abatida, me di la vuelta, y me dispuse a salir, odiándola con todas mis fuerzas. Ella se quedó perpleja, no entendía por qué me iba sin mi tratamiento, pero no digné en darle explicaciones. Y entonces, cuando ya estaba abriendo la puerta, escuché a mis espaldas la característica voz de la Madame. 

 

- ¡Espera niña, espera! - la reconocí al instante. Me giré. El sitio volvió a ser el que era, la Madame, con su bata mínima, incapaz de contener su exuberancia, lo puso en su lugar. Sólo una cosa era nueva, parecía más relajada, el ambiente no era tenso y opresivo como la última vez. De hecho, me sonrió.

- ¿Quieres que te lo haga yo, mi niña? Te lo debo de la última vez. Si tu quieres te haré gratis… todo lo que vinieses buscando de él - La pavisosa me miró, con una mezcla de rencor y repugnancia. Yo estuve a punto de preguntar a Lucía por Pablo-gay, pero me pudo el deseo. Sabía que sacarle a relucir supondría acabar con todo posible acercamiento.

- Claro - dije sonriendo. Acababa de vender mi alma al diablo, me dije, pero era justo lo que quería hacer. No hacerlo tampoco iba a devolverme a Pablo-gay y, al fin y al cabo, también había deseado hacerlo con la Madame desde que la vi. Quién sabe, quizás pasando un rato con ella a solas pudiera sacar alguna información sobre él.

 

No fue así. Simplemente, fue todo lo bizarro que pudo ser, y más. No es el lugar, ni menos el momento ahora, de contarlo con detalles (que los hubo, muchos y escabrosos). Lo cierto es que, tras encerrarnos en su consulta, empezamos a tocarnos y besarnos sin más. Es decir, lo primero fue el sexo, y ya luego me acabó afeitando, claro, masajeando y demás… y luego, oues hubo aún más sexo. Hicimos de todo, y todo lo hicimos a su manera, yo me dejé llevar, me dejé hacer, aunque no es que estuviese para nada en modo pasivo, pero a una sumisa por naturaleza como yo le resultaba imposible no dejarse someter por una hembra como aquella. Resumiendo, acabamos ambas muy satisfechas, agotadas, después de una tórrida sesión que finalizó en un aparatoso 69. Limpiándome la boca con la mano, le dije sonriendo:

 

- Ha estado muy bien... - queriendo preparar el ambiente para una conversación.

- Claro mi amor, siempre lo estás. Tú eres como yo, lo sabes, disfrutas siempre y sin problema... aunque eres demasiado joven, y eso te hace ser demasiado impulsiva... pero también eres demasiado bella, y lo serás siempre.

 

Alicia se relamió mis esencias de los labios, recogió su bata y se tapó con ella lo que pudo. Su piel estaba perlada de sudor, pero no pareció importarle. Recordé lo que me había dicho Pablo-gay de la temperatura en el local, siempre elevada. La Madame estar acostumbrada al calor... y a la desnudez. No entendí muy bien la intención del comentario que me había soltado, pero no dejaba de parecerme un reproche, que supuse que se refería a lo que pasó con Pablo-gay, por lo que preferí no contestar.

 

Y fin de la historia. Me dijo que podía ducharme si quería, que ella se iba ya, sin más, como si nada, como si todo aquello hubiese sido, efectivamente, tan solo parte de un masaje, todo aséptico, profesional, a pesar de haber ocurrido solo después de uno de los polvos lésbicos más sucios y bizarros de toda mi vida. 

 

- Dejaré dicho a Olga en recepción que no te cobre. Adiós, guapa.

 

Tan abrupta fue su partida que no acerté ni a despedirme. Me vestí a toda prisa, aquella vez no tenía ningún interés en ducharme, y menos sola, en aquel sórdido lugar. El sitio me daba repelús ahora, y me dolía que aquella señora me hubiese dejado así tirada, no era capaz de entender nada. Además, prefería no ducharme, llevaba su olor en mi piel, y era una fragancia que me embriagaba, mi cuerpo reaccionaba de una manera muy extraña a aquella mujer, demasiado incontrolada y difícil de entender para mí. Cuando salí al pasillo, ella había desaparecido. No volvería a verla en mi vida.

 

Pregunté a la tal Olga, la Pavisosa, dónde estaba su jefa. No fue capaz ni de contestar. Yo estaba confundida, y me fui de allí sin decir nada más, sin mencionar nada de pagar, sin decir ni adiós. Y entonces, a la salida, me asaltó el Cuerpo. Con sus tetazas y, ella sí, el uniformito ligero de la otra vez, como el que habái vestido Pablo-gay, camisa y pantaloncitos ajustados, de tela blanca fina, elástica y tirando a transparente... No llevaba bragas, ni suje, y aquello era tan evidente como lo había sido la vez anterior… bueno, como mucho igual llevaba un tanga, pero en ese caso sería un tanga mínimo y, al menos en su trasero, inapreciable por completo.

 

- Toma, Pablo me dejó este mensaje para ti. Cógelo y vete, si me ve Alicia me mata.

 

Se dio la vuelta y desapareció. Miré el sobre que me había dado: ponía su nombre, Lucía, y una dirección, supuse que la de ella. Abrí el sobre, y en un arrigado trozo de papel, Pablo-gay me contaba que se había ido a vivir a Latinoamérica. Que estaba convencido de que yo volvería a buscarle antes o después, y que solamente iba a echar de menos de España precisamente por eso, por volver a verme a mí... Pero que prefería que fuera así, que iba a hacer de mí “mito sexual eterno”, así me llamó. Tiré el papel, pero conservé el sobre con la dirección de Lucy, y me fui de allí.

 

Me pasé el día volada, borracha del aroma dulzón de Alicia. Al día siguiente me duché, y borré para siempre su huella en mi cuerpo y en mi mente, sencillamente la olvidé. No a Pablo, claro, ni tampoco a Lucía, a Lucy… pero de eso hablaré ahora. Jamás volví por aquel lugar tan peculiar, y tiempo después, algo menos de dos años, diría, vi que el salón de belleza había desaparecido, siendo sustituido por una zapatería bastante hortera. Pregunté, pero los dependientes no sabían nada del anterior negocio, ni menos qué podía haber sido de su dueña.

 

Naturalmente, menos de una semana más tarde de mi último paso por lo que todavía era entonces el salón de belleza, yo estaba llamando al telefonillo de Lucy.

 

- Lucía, soy Laura - dije cuando respondió. Me abrió sin decir nada. Era una casa antigua, de esas del centro, muy bonita. Cuando llegué al piso, la enorme puerta con gran mirilla redonda de latón estaba abierta. Pasé y cerré. 

- Estoy aquí, Laurie. - Seguí su voz y llegué a un luminoso salón, donde Lucía estaba sola y radiante, apenas cubierta con una bata de seda con un vistoso estampado en colores oscuros. - Francamente, pensé que jamás te volvería a ver.

- No fuiste muy explícita en tu intención de hacerlo.

- No sabía si tú... en fin.

- ¿Si yo qué? Mira, francamente, tampoco yo sé muy bien qué estoy haciendo aquí.

- ¿De verdad? Yo creo que lo tienes muy claro.

- ¿Sí? ¿Y tú?

- Laurie, quizás pienses que has venido hasta aquí porque querías saber. - Sus palabras me hicieron dudar, especialmente por el aplomo con que las dijo.

- ¿Sabes algo que quieras contarme?

- ¿Sobre Pablo?

- No veo sobre qué, si no.

- Lo de Pablo fue un asunto feo. Poco después de pasar tú por allí, la primera vez, todo se puso muy complicado en el trabajo, sobre todo entre Alicia y él, bueno, y entre Alicia y el mundo. Pero él también estaba raro, y no era solo porque la jefa la hubiera tomado exageradamente con él. Un día tuvo una violenta discusión con ella. Al poco, dejó de venir, y ya no supimos más.

- Pues no es gran cosa.

- Aunque parezca mentira, Pablo no era muy hablador. No sobre sí mismo, quiero decir. Se podía pasar el día cotorreando, pero al final era difícil llegar a conocerle.

- Hablas de él en pasado.

- Pablo es pasado, Laurie. Salió de nuestras vidas. De tu vida. Jamás os volveréis a encontrar, eso debes ser capaz de asumirlo.

- ¿Qué te hace pensar que quiero encontrarme con él?

- Volviste buscándole.

- Puede que solamente quisiera que me atendiera otra vez él, sin más.

- Sí, y también puede que hoy solo hayas venido realmente a preguntarme por él. ¿Sabes? Una cosa sí me dijo, poco antes de marchar. Estaba mal con su novio, muy mal, por lo visto, después de varios años de relación. Supongo que se le echó todo encima, eso, el trabajo y... bueno.

- ¿Sabes dónde se fue?

- No creo que sepa más de lo que te debió poner en la carta.

- No era una carta. Y no decía nada, nada útil, en realidad. Sólo que estaba en Latinoamérica.

- Ya, siempre dijo eso, que se quería ir a Argentina a montar su propia consulta. ¿De veras no te decía nada más?

- Nada que me permitiera encontrarle, si quisiera hacerlo… o si tú fueras tú la que lo quisieras. - Dudé, por un momento, si su enigmática actitud obedecía en realidad a que era ella la que buscaba información de mi parte.

- Dime, Laurie: ¿realmente has venido aquí buscándole a él?

 

Me quedé parada sin saber qué responder. La pregunta era clara, y solo tenía una contestación posible. Evidentemente, Lucy no podía saber nada más que lo que el propio Pablo-gay me había contado, de otra manera seguramente me habría terminado por enterar y, para eso, él mismo me lo hubiese dicho en su mensaje. En realidad, aunque me moría por volver a verle, sabía que le había perdido para siempre y, la verdad, a aquellas alturas prefería mantenerle así, como una alucinante experiencia de una mañana de un tórrido verano. Desde luego, malamente iba a poder olvidarme de él jamás, pero en mi cabecita iba a estar bien guardado. Yo no he sido nunca nada de obsesionarme con la gente, para mí las cosas que son, son, y con lo que no puede ser no merece la pena perder el tiempo.

 

No, estaba claro que Lucy sabía bien cuál era mi verdadera motivación: si me había decidido a ir allí, si finalmente lo había hecho, era únicamente porque quería verla a ella. Estaba claro, lo supe cuando vi su dirección en el mensaje, y ella misma me lo estaba confirmando ahora; ella no tenía nada que contarme, ni yo tenía nada que contarle a ella. Tampoco teníamos mucho más que preguntarnos, ni teníamos especiales ganas de seguir hablando. Sencillamente, había ido allí por ella, y ella me estaba esperando. Aunque, sin duda, su atuendo no era algo especial por mí, aquella chica debía disfrutar de su exuberancia con la misma naturalidad con la que las dos íbamos a disfrutar del sexo. La ligera prenda era incapaz de contener sus senos en su interior, únicamente se anudaba con un cinturón, endeble, también de seda, y la parte superior se le abría sin que ella hiciera nada por tratar de esconderse. Pude ver perfectamente sus tetas, y no me privé de hacerlo; las dos fuimos explícitas en nuestra complacencia, yo de mirar, ella de ser mirada. Lucy estaba visiblemente empitonada.

 

Todo estaba claro pues, así que, simplemente, después de su pregunta y como obedeciendo a un llamado imperioso, me acerqué a ella, cerré los ojos, abrí la boca, y la sentí. Lucía apretó sus labios contra los míos, y nuestras lenguas se juntaron, a medida que su leve batín de seda resbalaba lenta pero implacablemente al suelo. La toqué, toqué sus ubres, su cuerpo sedoso, firme, suave y delicioso. Parecía bastante más joven que yo. Llevaba el chumino afeitado, claro, totalmente. Su desnudez total comparada conmigo, vestida de la calle, complicó un poco el inicio. Pero ella me desnudó sin prisas, deleitándose a cada paso. Yo, previsora, había ido con ropa ligera, sin sujetador, y con uno de mis nuevos tangas. Una vez estuvimos las dos desnudas, hicimos el amor, apasionada pero lentamente. Disfruté, disfruté mucho con ella. No fue nada comparado con la locura de Pablo-gay. Pero nunca me molesto en comparar a las personas, ni a sus formas de tener sexo conmigo. Ella era excitante, nuestra relación lo era, enigmática y sexual, sin más. Mientras hundía sus pitones en mi boca ávida, no podía evitar evocar el ímpetu de la Madame, que para mí había sido en aquella historia el morbo personificado, pero la forma de tener sexo de Lucía era especial, tan suave pero a la vez tan firme, y sabiendo lo que hacía, lo hacía con calma, como para poder disfrutarlo todo mejor, a fondo.

 

Terminamos tarde, ya de noche. Ella me ofreció algo de comer, pero yo me encontraba saciada, tan sólo quería ducharme, estaba empapadita en sudor y sexo, y aquella noche tenía que volver a dormir en casa de mis padres, y yo estando con ellos no quería volver así.

 

Cuando salí de la ducha, ella estaba en el balcón, apoyada de lado contra la ventana. La calle estaba oscura, como la casa, tan sólo la luz de una lejana farola iluminaba levemente su voluptuoso cuerpo, de nuevo envuelto en su batín de seda, que llevaba entonces indolentemente abierto, por completo, mostrando toda su femineidad. Fumaba pausada y sensualmente. 

 

- ¿Ya te vas?

- Sí, lo he pasado muy bien. Me alegro de haber venido.

- Tenía razón Pablo, eres una chica especial - dijo besándome con la boca abierta. Me estremecí de nuevo por su contacto, realmente su físico un tanto aniñado, como de manga japonés, no hacía esperar aquella forma tan vampiresca de comportarse. Me retiré del balcón, dispuesta a irme.

 

En aquel momento, me fijé que en la casa de enfrente, al otro lado de la calle, una vía más bien estrecha, donde otro balcón estaba abierto de par en par. Daba a un dormitorio a oscuras donde un chico joven, aunque mayor que mi primo Carlos, se pajeaba desnudo sentado al borde de la cama, contemplando la escena de la que Lucía y yo éramos protagonistas. Era fibroso y velludo, y tenía un largo falo que se meneaba con parsimonia, como quien hace algo mecánica y desapasionadamente, aunque su cara reflejaba emoción, vicio. Lucy observó que yo contemplaba la escena alarmada, y se rió.

 

- ¿Te sorprende? - La miré. Exhibía su desnudez ante aquel tipo con total desvergüenza. - No te hacía así, Laurie.

 

Recordé mi primera casa en aquella ciudad, en la que me había independizado, cuando disfrutaba saliendo en braguitas a la terraza para ser observada por los chicos de enfrente; y luego, cuando viví con Sandra, que nos lo empezábamos a montar siempre allí, y nos desnudábamos delante de ellos para escandalizarles. Claro, la cosa acabó como acabó, con ellos metidos en nuestras camas… ¡y nosotras pensando que eran maricas!, jiji. Y luego, la vez aquella que un señor mayor se lo hizo después de que yo le enseñara a mi amiga Lidia las tetas por primera vez, y yo al verle me desnudé y me toqué para él hasta corrernos los dos. Todas aquellas experiencias fueron desarrollando mi natural instinto exhibicionista hasta convertir esa afición en una de mis parafilias más habituales.

 

- No, si en realidad... tienes razón, jiji. Siempre he vivido en casas con terraza, y te aseguro que las he aprovechado…

- Me divierte imaginar lo que pensará al verme, sencillamente. Y me complace verle soltar ríos de semen por mí también, claro.

- Ya. ¿Nunca has pensado en algo más con él?

- ¿En follármelo? Ese es maricón.

- ¿Maricón? No lo parece - dije, mirándole.

- Un maricón es el que no coge lo que quiere cuando lo tiene delante, lo otro no es un maricón, Laura.

 

Me quedé callada. Todo era demasiado raro, demasiado extremo. Había estado bien, pero preferí cortar. Me había gustado echar un polvo con ella, pero sabía que no quería nada más allí. Sin más, me despedí, y me marché.

 

No logré resistirlo, y a los tres días estaba de vuelta. Llamé al timbre, y ella me abrió y me recibió en la puerta. Aquella vez, directamente desnuda. Llegué por la mañana temprano, y no salí de aquella casa hasta 24 horas más tarde. Pasamos día y noche juntas, y puedo jurar que no paramos de follar. Su forma de hacerlo cada vez me parecía más enigmática, más perversa, más oscura. Había algo de bizarro en todo aquello, para empezar mi propia presencia allí. No es ahora el lugar ni el momento de contar ese día, que merecería de por sí todo el protagonismo de un relato propio. Pero ahora no, ahora debo contar cómo volví con Pablo-primo, y de Nuria, porque el relato de mis primos se había convertido ya también en el de ella. Así que es hora ya de que vuelva a ellos, de que vuelva con ellos.

 

Para terminar, decir solamente que, aunque deseé hacerlo, me prohibí a mí misma volver a ver a Lucy. Ella no me buscó, naturalmente. Yo no le di nunca opción a hacerlo, ni ella la pretendió. La abandoné, pues, siempre en su guarida, acechando a que otra presa cayera en sus redes. Su morbo era absoluto, pero ella no era para mí, así que bastante fue habernos disfrutado como lo hicimos. Por supuesto, de Pablo-gay nunca jamás supe, aunque en todos mis viajes y estancias en Latinoamérica sueño todavía que lo vuelvo a encontrar. De Alicia, como expliqué antes, nunca mas supe, y no había vuelto a acordarme de ella hasta que me puse a escribir esta historia. Supongo que, cuando pulse el botón de “publicar” en la web, la volveré a olvidar, una vez más, y esta vez seguramente será ya para siempre. Quién sabe…

 

Y vuelvo ya a la realidad, al presente, cuando salí por primera vez del salón de belleza, con la mirada de los tres clavada en mi espalda y mi cabeza dando vueltas... Confieso que la sensación que me envolvía en aquellos momentos fue una de las más extrañas de mi vida, creo que nunca me he sentido así con un rollo puntual, pasajero, tanto como lo podía ser ése. El tiempo me acabaría dando la razón, ya que no fue un rollo normal, sino muy especial, que además iba a dar lugar a experiencias tan singulares como la del propio polvazo con el gay, la pasión con la cincuentona, y el sexo bizarro y oscuro con uno de los cuerpos más despampanantes con los que he estado jamás aquella enigmática araña siempre en su tela, siempre al acecho de nuevas presas. Supongo que algo de eso latía en mi inconsciente, aunque la sensación principal en aquel momento era eminentemente física. Naturalmente, me sentía colmada, colmadísima, no podía llevar más semen en el cuerpo, y aquel hombre me había tratado como casi nadie sabía hacerlo, como casi nadie había sido capaz de hacer. Imaginar por ello la posibilidad de otra dimensión sexual, cuando me creía de vuelta de todo, me estremeció. Quizás debido a eso, aunque estuviese sexualmente satisfecha, aunque realmente no tuviera ninguna necesidad física, mi cuerpo me pedía más. Lo sentía, me daba cuenta, era así. Saber que alguien podía ser capaz de hacerme esas cosas, me impulsaba a buscar desesperadamente cualquier experiencia con tal de repetir aquel placer. Si aquel Pablo no hubiese sido gay, creo que hubiese considerado entrar de nuevo en el salón de belleza a pedirle directamente más, pero no tenía sentido, bastante loco había sido ya todo.

 

Por un momento pensé que lo mejor sería buscarme algún jovencito salido, de la edad de mi primo Carlos, que son siempre los más fáciles: no preguntan, se dejan hacer de todo y te hacen de todo sin preguntar ni pedir permiso. Además, son rápidos en correrse y, si tienes suerte y eliges bien, pueden ser hasta eficaces para darte un mínimo placer carnal. Y si no, por lo menos te pueden alegrar la vista, el tacto, el gusto y hasta el olfato. Para ser honesta, me daba bastante igual la eficacia en aquel momento, porque de todas maneras, sabía que nada ni nadie podía hacerme revivir lo que me acababa de pasar allí dentro. Únicamente tenía el deseo de hacer algo sucio, de que algún salido profanara mi cuerpo para romper aquella puñetera sensación de plenitud, de manera que me pudiera servir de intermedio entre Pablo-gay y Pablo-primo. Porque temía que, de no ser así, iba a acabar buscando en mi primo lo que acababa de recibir allí. Y es que él era uno de los más firmes candidatos a hacerme revivir tal plenitud. Seguro que si me dedico a rondar los baños pesco a alguno, eso siempre funciona, me dije.

 

Miré la hora en el móvil. ¡Mierda! Era demasiado tarde, había pasado ya más de hora y media desde que dejé a Ro. Solamente imaginarla con el cerdo del videoclub me conmovió, me dio un asco profundo lo que hice con él la mañana anterior, y más una vez visto lo que podía haber hecho con mi gay. Pero ya digo que nunca comparo: me habría vuelto a dejar follar por el salido de los dvd una y otra vez, reconozco que disfruté los polvos del día anterior, pero no quitaba que, en ese momento, pensar en algo así me pareciera ya más una pérdida de tiempo que otra cosa...

 

El repentino sonido del móvil, vibrando y destelleando en mi mano, me sacó del ensimismamiento. Era Mer, sin duda era la señal de que ella acababa de terminar, también.

 

Fin del juego, volvíamos a casa.

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@laualma mamacita UD siempre empalmandome con tus relatos eres tan putilla 🔥💧 desearía chuparte los pelillos que sobresalen de tu tanga zorrilla calienta braguetas

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@nyctidromus te tengo caliente siempre

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@laualma siempre al leerte me empalmó siempre calentandome la polla con tus guarradas y las de tus amigas putas

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@laualma uff 🔥💧💧🍆 lo que quisiera haceros a ti y a putas amigas zorras me estoy tocando mientras estoy escribiendo

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@laualma te paso la polla por toda la cara te doy unos pollazos en tus mejilla y después te follo dura la boca mami puta para correrme en tu boca y después gozar de tus tetas ricas

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@laualma si mami comerme esas tetas de zorra. Comerte la boca y meterte mi lengua en tu garganta

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@laualma uff mami me estoy meneando la polla

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@nyctidromus sii

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@laualma uff mi zorra que ricas tetazas

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@nyctidromus oh

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@laualma uff mami zorra que cachondo estoy

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@nyctidromus .

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