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El doble desvirgamiento de Tina

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José
(@quique)
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                                     Primera parte

Tina vivía con su padre en una aldea de la Galicia profunda. La muchacha, que no llegaba al metro sesenta de estatura y que era morena, de ojos marrones, cabello negro y muy largo, y que estaba maciza, no tenía ni puñetera idea de lo que era el sexo, por saber no sabía ni hacerse un dedo. Lo suyo era cuidar de su padre, un herrero al que llamaban Lucho y que tenía cuarenta y pocos años. Era viudo y se mataba a trabajar porque estaba haciendo una casa nueva, ya que el caserón en el que vivían era suyo y de tres hermanos más.

Un sábado por la tarde llegó a la herrería de Lucho, una muchacha con una maleta en su mano derecha. Al verlo a pecho descubierto golpeando con el martillo una herradura sobre el yunque, le dijo:

-Hola, tío Luis.                                                 

El hombre, que era moreno, de estatura más bien baja, fuerte y más peludo que un oso, se giró, vio a una muchacha, morena de ojos azules, de estatura mediana, muy bella, vestida con una falda marrón y una blusa blanca, con un cuerpazo y con una maleta en la mano, le dijo:

-¿Me has llamado tío?

La muchacha puso la maleta en el suelo.

-Sí, soy Loli, la hija de su hermano Antonio.

La miró a la cara y vio un parecido con su cuñada.

-¿Y tus padres?

-En Madrid.

Lucho puso la herradura y el martillo sobre el yunque.

-¡¿Te mandaron sola?!

-Por quince días. Es un castigo.

-A ver, a ver, a ver. ¿Tu padre cree que es un castigo vivir donde se crio?

-Desde luego aquí no volvió.

-Ni escribió, pues sí que lo debe creer.

Lucho cogió la maleta, y sin dale un beso de afecto, o un abrazo, le dijo:.

-Sígueme hasta la casa.

Al caserón se subía por una escalera de piedra pegada a la pared y que estaba justo al lado de la herrería. Era un caserón de piedra. Tenía seis habitaciones, una cocina, una sala, y el retrete.

Tina estaba preparando la merienda en la cocina. Vio venir a la muchacha y a su padre con la maleta en la mano y se puso en lo peor.

-¡¿Qué hace esta mujer en mi casa?!

-Es tu prima Loli, y esta también es su casa. Viene por quince días.

A Tina le cambio la cara. Se limpió las manos con un trapo,  después le ofreció la mano derecha y al estrecharle la mano le llegó un olor muy agradable. 

-Perdona, pensé que eras una de esas, ya sabes.

Loli le dio la mano.

-Soy demasiado joven para tu padre, ¿no crees?

-No, no creo, en esta aldea eso de la edad no se mira. ¿Qué te has echado para oler tan bien?

-Un perfume de Guerlain.

-No oí hablar de él, pero bueno, yo tampoco hablo mucho con la gente. ¿Tienes hambre?

Lucho le cambió el chip a su hija.

-Primero dale una habitación.

-¿Cuál?

-Cualquiera de las que están libres, yo voy a terminar lo que estaba haciendo.

-¿No vas a merendar?

-Sí, llévame la merienda a la fragua.

-Pensé que al estar aquí la prima....

-Has pensado mal, las cosas van a seguir haciéndose como se hacían.

A Loli no le extrañar las ultimas palabras de su tío, ya que ni una sonrisa le había dedicado.

Luego de merendar todos, Tina fue a ayudarle a Loli a deshacer la maleta. Mientras Loli colocaba un vestido en el armario, Tina vio una revista cuya portada le llamó la atención, pues se veía a una chica con las tetas al descubierto. Era una de aquellas revistas pornográficas que estaban prohibidas en el régimen franquista. Tina fue pasando las páginas y vio fotos de chicos follando a chicas, a chicas mamando pollas, a chicos comiendo coños, a chicas comiendo coño, vio de todo, y leche, mucha leche sobre las tetas, en la boca, y en el vientre de las chicas. Cuando cerró la revista estaba más roja que la boina de un falangista. Loli, que la había visto mirar la revista, le dijo:

-Esa revista va debajo del colchón.

Tina, no era curiosa, pero aquello que había visto, la había sobrepasado.

-¿Eso que se ve es real?

-Como la vida misma.

-¡¿Hacen esas cosas los hombres y las mujeres?!

-No me digas que estás sin estrenar.

-¿Sin estrenar lo qué?

-Estás, estás sin estrenar, eres un virgo.

-Ahora entiendo, sí, soy virgen. ¿Tú no?

-¿Pero tú cuantos años tienes?

-Veintidós, pero no has respondido a mi pregunta.

-Tienes dos años menos que yo, y yo ya hace tres años que no tengo el virgo ni en las orejas.

-Bueno, cada una es como es. ¿Y para qué quieres una revista así?

-Para masturbarme.

Tina le preguntó:

-¡¿Para qué?!

-Para... ¿Quieres que te lo explique?

-Explica.

-¿Con una clase?

-Con lo que sea.

-¿Estás segura?

-Segura y preparada.

Loli fue junto a su prima y le dio un beso con lengua que la dejó más rígida que una estatua, después le levantó la falda y le metió la mano derecha dentro de las bragas. Se encontró con el coño acolchado y encharcado. Con dos dedos empapados de jugos le frotó el clítoris, y en segundos Tina se corrió. Al correrse sus piernas comenzaron a temblar, quedaron sin fuerzas y cayó sentada de culo al lado de la cama, donde acabó de correrse. 

Al volver en sí de aquel extraño y delicioso trance, se incorporó y luego salió corriendo de la habitación.

Esa noche, cenando, Tina miraba a su prima, recordaba lo que le había hecho, y se mojaba. Lucho notó que algo pasaba entre su hija y su sobrina, pero no quiso preguntar. La conversación durante la cena giró en torno a Madrid.

Al día siguiente, luego de desayunar, Tina, para evitar encontrase con Loli, cogió la tabla y la bañera con la ropa y se fue a lavar al río que pasaba por detrás de su huerta. Allí recordó el tremendo gusto que había sentido, se volvió a mojar, y se preguntó a sí misma:

-¿Sentiré el gusto si me toco yo?

Se puso en pie, se arrimó a un chopo, metió la mano dentro de las bragas, luego frotó el clítoris con dos dedos con ansia viva y de nuevo sus piernas le fallaron, comenzaron a temblar y dio con su culo sobre a hierba. Sentada en la hierba, siguió frotando su clítoris y se corrió dos veces más.

Al regresar a casa, y tendiendo la ropa, vio a su prima hablando con su padre y por la cabeza le pasó el perfume y cosas raras.

Tiempo después Tina tuvo que hacer la comida y fue Loli la que se encontró con ella.

-¿Por qué me rehúyes?

En vez de responderle le hizo otra pregunta.

-¡¿Qué te traes con mi padre?!

-Nada que deba preocuparte.

-Mi padre lleva quince años sin acercarse a una mujer y no quiero que ninguna mujer se le acerque.

-¡¿Tu padre lleva quince años a pajas?!

Tina seguía en su mundo.

-Las pajas son para los animales. Yo hago bien de comer, -la miró con mala cara - pajas, las pajas las comerá tú.

Loli se estaba divirtiendo.

-Yo las hago, y muy ricas.

-Tu lo que estás es muy loca.

-Y estaré, en cualquier caso ya te he dicho que no debes preocuparte.

-Yo decido que me preocupa y que no me preocupa.

Loli se sentó en una de las sillas que había alrededor de la mesa.

-Pues para que decidas, te diré que no me gustan los hombres, me gustan las mujeres.

Tina le dijo lo primero que le vino a la cabeza.

-Si lo saben en la aldea te apedrean.

-En Madrid las tortilleras también están perseguidas, por eso mis padres me enviaron aquí.

-Eso es muy raro. ¿Pero qué tienen que ver las tortillas con lo que estábamos hablando?

Loli tuvo que explicárselo.

-Les llaman tortilleras a las mujeres que les gustan otras mujeres.

Esta vez no le cupo el pan en el cuerpo.

-Aquí les llaman putas. 

-La gente es así, pero estoy segura de que algún día podremos ir cogidas de la mano sin que nadie nos diga improperios.

Tina se rio de su prima.

-Sí, y los hombres acabarán dándose por el culo unos a otros.

-Los maricones ya se dan por el culo.

-¿Y los maricones de dónde son?

-De Mariconlandia, no te jode.

-No, no me jode, y no te creo, por muy extranjeros que sean.

-¡Joder qué verde estás!

Tina se asustó.

-¡¿Me he puesto verde?!

-Estar verde es una expresión que significa que sabes muy poco de la vida.

Tina respiró aliviada.

-¡Qué peso me quitas de encima! 

-Dime una cosa, Tina. ¿Tú no tienes amigas?

-No.

-¿Es que no jugabas con las otras niñas en la escuela?

-Yo no fui a la escuela, venía una profesora a casa un día por semana.

-¿Y es por qué?

-Porque de niña estuve muy enferma.

-Vaya, siento oír eso. Pues ahora, si quieres, ya tienes una amiga.

-No me interesa tener una amiga por quince días.

-No vengo por quince días, me mandaron para aquí hasta que se me quite lo de tortillera, y como no se me va a quitar...

-Le has mentido a mi padre.

-¿Es qué tú no le mientes nunca?

-Sí, le miento, pero no en cosas importantes.

-¿Le vas a decir la verdad?

-No, se la dirás tú cuando lo creas conveniente.

-Gracias. ¿Por qué huele tan bien la tortilla que estás haciendo?

-Debe ser por la cebolla.

-Pues huele que alimenta. Por cierto, al escapar y luego rehuirme no he tenido la ocasión de disculparme por lo que te hice ayer.

-Lo que no sé es porque escapé y no te puse un ojo morado.

-Porque te gustó. A mí me pasó lo mismo la primera vez que me comieron el coño.

Tina se escandalizó.

-¡¿Qué te comieron, qué?!

-El coño. Una chica me hizo con la lengua lo mismo que te hice yo a ti con los dedos.

Tina puso la cara que se pone a morder un limón.

-¡Qué asco! 

-Eso mismo pensaba yo hasta el momento en que sentí una lengua en mi coño.

Tina pensó que le estaba mintiendo.

-¿Y cómo te dejaste si te daba asco?

-Me forzaron entre tres chicas en el piso de una de ellas. Una me comió la boca, otra me comió las tetas y la otra me comió el coño. Acabe corriéndome como nunca antes me había corrido.

-Cualquiera hubiera salido corriendo.

-No salí corriendo, me corrí. Correrse es eso que sentiste ayer. En fin, que ese día los hombres acabaron para mí. Si un día quieres que te haga todo eso, no tienes más que decírmelo y te lo como todo.

Tina se hizo la importante.

-El culo es lo que me vas a comer, cochina.

-El culo es una de las cosas que más gustito nos da que nos coman, yo me corro cuando me lo comen.

Tina puso cara de asco.

-Tú no eres una cochina, tú eres una cerda, eres una marrana, eres una guarra.

-Te faltó llamarme cerda.

-Y una cerda.

-No habías de decir lo mismo si... mejor me callo.

Tina puso la tortilla en un fuente redonda y grande.

-Ahora dilo.

-Es que te vas a molestar.

-Como si te importara que me molestara.

-Eso también es verdad. 

-Pues dilo.

Quería que se lo dijera y se lo dijo:

-No habías de decir lo mismo con mi lengua entrando y saliendo de tu ojete.

-No podría decir nada por qué eso nunca ocurrirá.

-¿Estás segura de eso?

Loli se levantó y fue hacia su prima. Tina se puso a la defensiva.

-Esta vez si intentas propasarte te cae una hostia en un ojo y te dejo tuerta.

Tina estaba con la mano derecha levantada cuando Loli llegó a su lado. 

-¡Que te cae!

Loli le echó las manos a las tetas. Tina, en vez de atizarle, se escabulló, pero Loli la arrimó a la mesa de la cocina, le volvió a echar las manos a las duras tetas y comenzó a magrearlas.

-¡Que te arreo!

La besó con lengua, al tiempo que le quitaba el delantal. 

A Tina se le fue lo bravo. Empujándola sin mucha fuerza, le dijo:

-Déjame, no seas mala.

Le quito la blusa azul.

-Dime que quieres que te lo coma todo.

-No, no quiero.

No quería, pero se estaba dejando. Loli le quitó el sujetador y vio sus gordas tetas, unas tetas con areolas medianas y oscuras y con gruesos pezones.

-Dime que quieres que te las coma.

-No voy a decir nada.

Al no decir nada lo había dicho todo. Le echó las manos a la parte inferior de las tetas, y palpándolas lamió los pezones y areolas, primero la teta izquierda y después la derecha y a continuación se las mamó, lamió y chupó. Luego le bajó la fada y le quitó las bragas y vio su coño peludo.

-¡Menuda pelambrera tienes ahí!

La giró, le separó las nalgas y le lamió el ojete. Acto seguido se lo folló con la lengua, luego de humedecer dos dedos en sus jugos, le frotó el clítoris con ellos, sin dejar de follarle el culo con la lengua. Tina apretó el culo, sus piernas temblaron, e iba a caer de culo, pero esta vez se agarró a la mesa y gimiendo se corrió como una perra.

Al acabar de correrse, la giró, le pasó la lengua entre los labios del coño corrido, se incorporó y le dijo:

-Bésame y prueba el sabor de tu coño.

Loli sacó la lengua. Tina, tímidamente, sacó la suya, lamió la de su prima, la chupó y después se besaron.

-¿Quieres que te coma ahora el coño?

Tina bajó la cabeza para responder:

-Sí.

Loli se puso en cuclillas, le echó las manos en la cintura, le lamió los labios del coño media docena de veces y el clítoris alguna más.

-Estás muy rica.

Tina ya se desató. Le puso las manos en la cabeza, le llevó la boca al coño, y le dijo:

-Haz que me corra otra vez.

Loli quiso enterrarle la lengua en el coño, pero apenas le entró la puntita.

-Me había olvidado de que eres virgen.

Le abrió el coño con dos dedos y vio como el diminuto orificio de la vagina se abría y se cerraba. Nunca había comido un coño virgen y lo iba a disfrutar. Lamió el interior de los labios y el orificio de la vagina y volvió a meter la puntita de la lengua dentro de él. Al rato, cuando ya entraba un trozo de la lengua, y sin previo aviso, a Tina el cuerpo le dio un latigazo, y esta vez volvió a dar con el culo en el piso.

Al acabar de gozar, la tumbó en el piso, se arrodilló entre sus piernas, le levantó el culo con las dos manos y le lamió el coño con una intensidad desmesurada. Tina se corrió como una perra, y no una, ni dos, se corrió tres ves, y no se corrió más veces, porque oyeron una fuerte voz que venía de a fragua, y que decía:

-¡¿Es que hoy no se come?!

Mal sabía Lucho que su sobrina ya estaba comiendo el coño de su hija.

Después de comer, Tina y Loli se fueron a tomar la siesta a sus respectivas habitaciones. Lucho no perdía el tiempo tomado la siesta.

Se sentía el ruido del martillo sobre el yunque cuando Loli llegó a la puerta de la habitación de Tina. La vio echada sobre la cama, y le preguntó:

-¿Puedo entrar?

-¿Qué quieres?

-Hablar contigo.

-Pasa.

Entró en la habitación, cerró la puerta y luego se sentó en el borde de la cama. Tina le preguntó:

-¿De qué quieres hablar?

-Sabes de sobras que no he venido a hablar.

-Me lo imaginaba. ¿Qué quieres hacer?

-Quiero que veas como me doy placer a mí misma.

-¿Y por qué no te lo das en tu habitación?

-Porque así no aprenderías a hacer una paja como es debido, y además porque me gusta que me miren, cuando me toco y cuando me corro.

-Eres muy rara, pero si voy a aprender....

Loli se puso en pie y fue desabotonado la blusa blanca, al tiempo que miraba a los ojos a su prima.

-Eres muy hermosa.

-Si tú lo dices, seré hermosa.

Se quitó la blusa, y como venía sin sujetador, Tina vio sus tetas medianas con areolas color carne y con pequeños pezones. Puso la blusa sobre la mesilla de noche, luego se inclinó para quitarse los zapatos y Tina vio sus tetas colgando.

-¿Quieres tocar mis tetas, prima?

-No, de eso ya tengo yo.

Se quitó la falda y luego las bragas. Tina vio su coño peludo, no era tan peludo como el suyo, pero le llegaba bien. Luego se echó al lado izquierdo de su prima, y sin decir palabra, cerró los ojos y comenzó a magrear las tetas, y a apretar y tirar de los pezones. Tina se sentó en la cama y le preguntó:

-¿No te duele?

-Sí, pero me gusta que me duela, el dolor me excita.

Tina, además de ingenua, era un poco bruta.

-Si quieres te doy una hostia.

Loli, con una sonrisa en los labios, le dijo:

-No es esa clase de dolor el que me excita. ¿Por qué no vas haciendo lo que haga yo?

-Estoy vestida.

-Desnúdate.

-Habría que ponerle la llave a la puerta.

-Pónsela.

-No, mejor no.

-Como quieras.

Loli bajó la mano derecha al coño, su dedo medio acarició el clítoris hacia abajo y el dedo se acabó metiendo dentro de la vagina. Salió cubierto de jugos. Lo lamió por los lados y luego lo chupó. Tina le dijo:

-¡Qué cochina eres!

-¿Sabías que esto es lo que se hace para chupar una picha?

-¿Y para qué se chuparía una picha?

-Para sacarle la leche.

-¿Y echa mucha leche?

-Cantidad.

-Dime que otras cosas se hacen para ordeñar a un hombre.

-En otro momento te lo digo.

Acarició el clítoris y volvió a bajar. Subiendo, bajando y magreando y apretando y tirando de los pezones con la otra mano, empezó a gemir. Tina ya estaba muy cachonda cuando le preguntó:

-¿Te vas a correr?

-Sí, pero ayudaría si me besaras.

-Si te beso me sentiría rara.

-Si no quieres besarme, no me beses.

-No es eso.

-¿Y qué es? 

-Vale, te besaré.

Tina la besó con lengua, y como Loli no le devolvía los besos, le comió la boca con lujuria para que lo hiciera, como lo hizo, le preguntó:

-¿No te gusta mis besos?

Tina llevaba mucho camino andado, por eso le dijo:

-Sí, me gusta mucho, pero me gustaría más que me comieras las tetas como te las comí yo a ti.

-No, eso no, tú eres tú, y yo soy yo.

Loli quitó las manos de las tetas y del coño y fingió tristeza.

-No te gusto, es eso. ¿Verdad?

-Sí que me gustas, pero...

-Pero no lo suficiente.

-Sí, mujer, me gustas mucho.

-Demuéstramelo.

Tina se rindió.

-Vale, te comeré las tetas.

Tina le comió las tetas como su prima se las había comido a ella.  Loli comenzó a gemir con ganas. Tina se emocionó.

-¿Te vas a correr?

-Sí, muérdeme los pezones.

Se los mordió. Loli se dio dedo a mazo y le dijo:

-¡Me voy a correr!

Tina quería ser la que la hiciese correr.

-Espera, espera, no te corras aún.

Fue a ponerle la llave a la puerta. Se desnudó en un tris, y en vez de echarse a su lado, se metió entre sus piernas y comenzó a lamerle el coño. Loli no podía ver el coño de su prima, porque si lo hubiera visto vería como goteaba sin parar, no lo había visto, pero intuyó lo cachonda que estaba. Le cogió la cabeza a Tina, la puso a su lado, luego haciendo un 69 lateral se comieron los coños y en poco más que nada, se corrieron una en la boca de la otra.

Habían acabado de correrse y aún estaban saboreando sus coños cuando Loli oyó una voz muy familiar.

-Soy Carmen, la mujer de tu hermano.

-Esa es la voz de mi madre. ¡Vistámonos que nos pillan con las manos en la masa!

                                 Segunda parte

Tina y Loli estaban sentadas en el borde de la cama de la habitación de la segunda, que estaba acabando de hacer la maleta. Tina le peguntaba:

-¿Y a dónde vais a ir tu madre y tú?

-A Barcelona. Una hermana de mi madre tiene allí un pequeño comercio. Trabajo no nos va a faltar, y aunque nos faltase, lo importante es estar lejos de mi padre.

-Debe ser un cabronazo.

-Lo es. Creo que me va a gustar Barcelona.

-¡Qué suerte tienes de conocer mundo!

-Estaré en contacto contigo, y si un día decides abandonar esto no tienes más que hacérmelo saber.

-No puedo dejar a mi padre, me necesita.

-Algún día conocerás a alguien, te casarás...

-Ahora con todo lo que me enseñaste ya no necesito conocer a nadie, y con esa revista que me dejas, menos.

Le dio su frasquito de perfume.

-Esto es para ti.

A Tina se le iluminó la cara.

-Gracias. No sé cuando tendré ocasión de usarlo, pero gracias, muchas gracias.

Loli cerró la maleta, que estaba encima de la cama. Luego se miraron, se besaron sin lengua y después le dijo Loli a Tina:

-Te voy a echar de menos.

-Y yo a ti.

Loli cogió la maleta y bajaron hasta la fragua. Media hora más tarde, madre e hija desaparecían en el mismo taxi que había traído a la madre

Los domingos eran el único día que no trabajaba Lucho. Habían comido un pollo asado y bebido vino tinto. Tina se había pasado un poco con el vino, aunque no tanto como para no poder lavar los platos. Quien se había pasado, y bien pasado, había sido Lucho.

Se había ido a la sala y se había sentado en un sillón de mimbres. Tina llegó a a sala con la escoba en la mano derecha  por si había que barrer algo. Lucho estaba durmiendo. Lo vio recostado en el sillón con las piernas separadas y los brazos colgando. También vio un bulto en el pantalón, y este bulto se movía. 

-A que va a se la picha.

Tina nunca había visto una polla real. Con su padre borracho y durmiendo era un buen momento para ver un. Se puso en cuclillas delante de su padre y muy lentamente le fue quitando los botones de los ojales de la bragueta. Al quitar el último, tiró por el calzoncillo hacia abajo y la polla salió como un tiro. Se llevó un tremendo susto. En bajito, dijo:

-Hostias, es como la más grande de la revista.

Pasado el susto inicial, y viendo como se movía, la cogió con dos dedos. Lucho, que debía estar teniendo un sueño húmedo, empujó hacia arriba y el glande salió de la piel que lo cubría.

-Es como una culebra, sacó la cabeza a ver que estaba pasando. ¿Cómo me dijo Loli que se hacía?

Movió los dedos hacia abajo y hacia arriba y vio que del meato le salía aguadilla.

-Me mintió, no sale leche, sale agua.

Le lamió la aguadilla del meato y después le mamó la cabeza. Al mamarla Lucho se corrió y la leche comenzó a caer en la boca de Tina. Sacó la polla de la boca, vio como salía la leche, la volvió a meter en la boca  y se tragó la leche.

Al acabar de correrse, Lucho se despertó y vio a su hija limpiándose la boca con el dorso de la mano.

-¡La madre que te parió!

La agarró, la puso sobre sus rodillas, le levantó la falda, le echó para atrás las bragas y con su manopla derecha le dio con rabia.

-¡¡¡Plasssss, plasssssss, plassssssss, plassssss, plasssss, plasssssss, plassssss, plassssss, plasssss. plasssss!!!

Mirándole para el culo, que se lo había dejado en carne viva, tiró con ella en el piso como si fuera un saco de piñas, y le dijo:

-¡Eres una perdida! ¿Quién te enseñó a chupar una verga? ¡Dime quién fue ese hijo de puta que lo mato!

Tina, que no se había quejado de la paliza, y que estaba llorando, subió las bragas, arregló la falda y salió corriendo de la sala.

Lucho no volvió a ver a su hija en el resto del día. Al llegar la noche se preocupó. La buscó, la llamó, pero nada. Al final cansado de buscar dentro y fuera del caserón, se fue a la fragua, se sentó y echó las manos a la cabeza.

-Esta se me ha matado, y todo por mi culpa. ¡¿Qué he hecho?!

Estaba con sus tribulaciones, cuando oyó una voz que le decía:

-¿Me perdonas, papá?

Lucho se levantó, fue junto a su hija, la abrazó, y le dijo:

-No vuelvas a darme otro susto como este.

-¿Entonces me perdonas?

-No hay nada que perdonar, hija, la culpa fue mía, si no me hubiera emborrachado nada hubiera pasado. Vamos para casa que es muy tarde.

Lucho dejó de matarse a trabajar, cogió un ayudante y pasó más tiempo con su hija, pues se dio cuenta de que la tenía abandonada.

El ayudante era un joven de la aldea, normal y corriente, que le ponía ojitos a Tina. Lucho lo veía y no le agradaba aquel mindundis para su hija, pero lo trataba bien. Tina iba a usar al muchacho para lo que quería, que no era otra cosa que follar con su padre.

Un sábado por la noche, antes de cenar, y mientras tomaban un vino, sentados a la mesa de la cocina, le dijo Tina a su padre:

-Papá, quiero que me cuentes algunas cosas de la vida.

Lucho intuyó por donde venían los tiros.

-Si es de las relaciones entre un hombre y una mujer, yo no soy la persona indicada.

-Es que si un día me caso voy a parecer un saco de patatas en vez de una mujer.

-Los hombres buscan mujeres inocentes.

-Yo quiero ir aprendida, aunque luego finja que no sé nada de nada.

Lucho ató cabos, a su manera.

-¿Te gusta mucho el aprendiz?

-No es que me guste una barbaridad, pero al no haber otro. Dime. ¿Le duele mucho a una mujer cuando lo hace por primera vez?

Lucho se alarmó.

-¡¿No estarás pensando en dársela a ese muerto de hambre?!

-No, solo es curiosidad. ¿Duele mucho?

Lucho se echó otro vino.

-A tu madre casi no le dolió.

Como si no lo supiera, y poniendo cara de tonta, le preguntó:

-¿Las mujeres echamos leche como los hombres?

-Esa pregunta ya se pasa de la raya.

Tina insistió.

-¿Echamos leche cuando les viene el gusto? ¿O a las mujeres no nos viene el gusto?

-Claro que os viene el gusto, pero no echáis leche, la leche la echáis por las tetas después de parir, y no hagas más preguntas de esas.

-¿A quién le puedo preguntar si no es a ti?

-A nadie, esas cosas se aprenden con el tiempo.

-Creo que ya sé a quién le puedo preguntar más cosas de estas.

Lucho se puso en pie de guerra.

-¡Ni se te ocurra hablar de esas cosas con el aprendiz!

-¿Qué pasaría si le preguntase?

-¡Que te reventaría y después lo reventaría yo a él!

-¿Tú reventaste a mamá?

-No, no la reventé, ni por el coño, ni por el culo.

Tina le echó una sonrisa picarona a su padre.

-¿Has dicho por el culo?

-He dicho algo que no debía haber dicho.

-¿Y le gustaba que le dieras por el culo?

Lucho se puso serio.

-¡Hasta aquí hemos llegado!

-¿La besabas con lengua, le comías las tetas, le comías el coño y se corría en tu boca?

Lucho quedo boquiabierto.

-¡Al aprendiz lo mato! ¡¡Lo mato!!

Tina se quitó la careta.

-No fue Toño quien me enseñó esas cosas, ni quien me dio la revista con la que me hago las pajas.

Lucho estaba a punto de explotar.

-¡¿Qué tú, qué?! ¡¿Qué revista?!

-No te muevas de aquí que ahora vengo.

Se fue, regresó oliendo a perfume, se sentó donde había estado sentada, echó la revista sobre a mesa, y le dijo:

-Esta revista.

Lucho cogió la revista, la ojeó, y luego dijo:

-Loli.

-Sí, fue Loli. ¿Me vas a pegar otra vez?

El hombre se armó de paciencia.

-No voy a volver a cometer ese error. ¿Qué es lo que buscas, Tina?

-Quiero que me desvirgues, papá.

Lucho le dijo con sarcasmo:

-¿Y no quieres que te deje preñada también?

-Si quieres dejarme preñada, déjame, me gustaría echar leche por las tetas.

Tina se puso en pie, se quitó el vestido y quedó completamente desnuda. Lucho ya estaba empalmado, pero al ver a su hija desnuda, con aquellas tetas tan ricas, con aquel coño peludo, con aquel cuerpazo, se le puso la polla dura como una piedra. Dijo lo que le vino a la boca.

-No sé qué voy a hacer contigo.

-Sí que sabes, y lo vas a hacer.

Se subió a la mesa, se sentó, luego se echó sobre ella, flexionó las rodillas,  puso el coño a menos de un metro de su padre, y le dijo:

-La cena está lista, papá.

Aquel plato que tanto le gustaba, y que llevaba quince años sin catar, aunque fuera el de su hija, no lo podía rechazar, le dijo:

-No voy a rechazarte porque no quiero causarte un trauma, por eso voy a hacer lo que voy a hacer, por eso y por nada más.

Lucho sacó la polla empalmada, la empuñó y le frotó el glande entre los labios del coño. Se lo frotó de abajo a arriba y de arriba a abajo, haciendo paraditas en el clítoris, en el que lo frotaba haciendo círculos. Tina, gozando como una perra, y entre gemidos, le dijo:

-Desvírgame, papá, desvírgame.

-No te voy a desvirgar, solo voy a hacer que te corras. 

Siguió frotando. Al rato Tina se corrió y su padre le cubrió el coño de leche.

Luego de correrse le pasó su lengua de buey por el coño, que estaba doblemente corrido. Tina le dijo:

-Bésame. Quiero conocer el sabor de tu leche mezclada con lo que echo yo.

La besó con la lengua asquerosa, Tina se la chupó y después le dijo:

-Me gustó. ¿A ti te gusta el sabor de tu leche?

-Esa es una pregunta a la que no te voy a responder.

Le gustaba, es más, era adicto. Quince años lamiendo su mano después de correrse, lo habían hecho adicto a su leche.

Después de besarse, le echó las manoplas a las tetas, las juntó, le lamió y le chupó los pezones y las areolas y después volvió a lamer su coño. Tina estaba obsesionada con perder la virginidad.

-Quiero que me desvirgues.

Lucho ya no se negó a hacerlo.

-¿Y si te duele?

-Pues me duele, a mí el dolor me excita.

Era mentira que el dolor la excitara, pero Lucho la creyó. 

-En ese caso vamos a acabar con esto.

Lamió a toda pastilla y Tina se corrió en su boca, se corrió retorciéndose y gimiendo.

Al acabar de correrse, lucho cogió el tarro de la manteca y le dijo:

-Coge esto que va a hacer falta.

Tina cogió el tarro de la manteca. Luego Lucho la cogió en brazos, la llevó a su habitación y la dejó caer como un fardo encima de la cama. Después se desnudó y se metió en la cama.

-Ponte a cuatro patas.

-¿Quieres que sea tu perra?

-Quiero que te pongas a cuatro patas.

Se puso como le había dicho.

Lucho abrió el tarro de la manteca, metió tres dedos dentro, y luego le echó manteca en el coño y en el ojete. Lamiendo su coño le metió un dedo en el ojete y se lo folló con él, después fueron dos dedos, y a continuación fueron tres. Gemía sin parar, cuando dejó de lamerle el coño para lamerle el ojete. Le metió un dedo en la vagina, luego dos dedos, después tres, y masturbándola con tres dedos, el culo le dio un latigazo. Tina se derrumbó sobre la cama y se corrió de nuevo entre convulsiones y deliciosos gemidos.

Aún gemía cuando la puso boca arriba. Le magreó las tetas con las manos llenas de manteca, luego se echó manteca en la polla, se arrodilló entre sus piernas, le echó las manos a la cintura, la levantó, y estando arqueada le clavó la cabeza de la polla en el culo. Tina exclamó:

-¡Auuuuuuú!

-Aúllas como una loba.

-¡Por ahí no es!

Se la sacó despacito, y despacito se la volvió a meter.

-Si que es, te estoy desvirgado el culo.

Tina sentía como si estuviera cagando par dentro (estando estreñida), pero no le rascaba, ni  sentía dolor.

-Yo no quería que me desvirgaras el culo.

Lucho sacó la polla del culo y le clavó el glande en la vagina..

-¡Coñoooooo!

-¿Te dolió?

-No, pero llena una cosa mala.

Se la sacó despacito, y después le metió y le sacó la mitad del glande en el culo varias veces. A continuación le hizo lo mismo en el coño, poco a poco los dos agujeros fueron aceptando el glande y luego el resto de la polla, a esto le ayudó que le fuera echando manteca a medida que iba entrando.

Con la polla en lo más profundo de su coño, le preguntó:

-¿Quieres correrte follándote el coño o follándote el culo?

-¿Y no puede ser primero en un sitio y después en el otro?

-A ver si aguanto.

Le siguió follando los dos agujeros, siempre despacito, sin forzar la máquina, y esto le ayudó para no correrse. Al final ya no pudo aguantar más, y no pudo aguantar más porque teniendo la polla dentro de su culo, Tina le dijo:

-¡Me corro, papá, me corro!

-¡Y yo!

Tina no sitio la leche dentro de su culo, lo que sí sintió fue los latidos de la polla al correrse, latidos que se unían a los de su coño mientras echaba babas en cantidad.

Lucho al acabar de correrse, le sacó la polla del culo y se echó boca arriba sobre la cama, Tina hizo lo mismo, luego con la cabeza apoyada en su pecho peludo, y tocándole con un dedo en la polla, le dijo:

-Se murió.

-No se murió, está dormida.

-¿Y como se despierta?

-Le gusta mucho que la despierten lamiendo y chupando sus huevos y después dándole mimos.

Tina era ingenua, pero no había que ser muy espabilada para saber que su padre quería que se la mamara. Loli no le había hablado de los huevos, pero si era lamerlos y chuparlos la cosa era sencilla. 

-Pues si le gusta despertar así. le daré lo que quiere.

Levantó a la picha durmiente cogiéndola con dos dedos, luego la empuño, y le lamio y le chupó los huevos, al chuparlos como no quería quedarse corta, le chupó primero el izquierdo, luego el derecho, después los dos juntos... Le dio una buena mamada a los huevos e hizo que la polla se pusiera morcillona. Tina la miró y le dijo a su padre.

-Va despertando.

-Ponme el coño en la boca  y luego mámamela.

Se dio la vuelta. Al abrirse de piernas y ponerle el coño en la boca cayeron en los labios de Lucho cunas gotas de jugos, Paso la legua por los labios, le echó las manos a las caderas y le lamio el coño, Tina, empuñando la polla, lamió la cabeza y después se la mamó. En segundos la polla se puso dura. Tina, sintiendo como su padre le comía el coño y con el tronco en la mano, se puso tan cachonda que se volvió a dar a vuelta se puso a horcajadas sobre su padre, agarró la polla, la puso en la entrada de la vagina, bajó el culo y la polla entró hasta el fondo de su coño. Lucho vio como sus pupilas  de los ojos de su hija desaparecían bajo los párpados y un gemido que le puso la polla más que dura. Le echó las manos a la espalda, la atrajo hacia el y le mamó las tetas, al tiempo que se las magreaba. Tina no se movía, era como si la polla le hubiese quedado atascada dentro del coño. Lucho movió las caderas debajo  de ella mientras le comía las teta y Tina ya se corrió. Corriéndose, y muy bajito, dijo:

-Me corro, papa.

Lucho dejó de comerle las tetas, la besó y se encontró con uno labios húmedos que en ningún momento respondieron a sus besos, y no respondieron porque Tina no estaba allí, estaba viajando por un mundo de placer.

Cuando acabó de descargar en la polla de su padre, quedó como muerta, Tino la puso debajo de él, sacó la polla muy lentamente, y luego la folló con tanto cuidado que parecía que tenia miedo de romperla.

Los besos y las caricias también eran dulces, todo fue dulce hasta que Tina, sin quitar la polla del coño echó a su padre hacia un lado, luego se puso encima y le folló con ímpetu, lo folló para romper su coño y para romperle la polla. Tanto ímpetu hizo que Lucho se corriera dentro de ella y que ella se corriera mientras le llenaba el coño de leche.

Al acabar de correrse, le dijo Lucho a su hija:

-Has podido quedar preñada.

-Sí, y sería un escándalo.

Al día siguiente Tina le dio el coño al aprendiz y nueve meses después echaba leche por las tetas.

Por lo que se ve Tina no era tan ingenua como parecía.

Quique.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


El relato fue modificado hace 12 meses por José

   
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