Se la metió en el c...
 
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Vaciar todo

Se la metió en el culo de una estocada

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José
(@quique)
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Registrado: hace 7 años
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Topic starter   [#1832]

La morena tenía veinte y pocos años y era preciosa. En aquel momento llevaba puesto un vestido rojo, corto y calzaba unos zapatos del mismo color con altas plataformas y sujeto con tiras a sus bellas piernas. Estaba sentada en el malecón del puerto y llevaba un bolso rojo en bandolera. Sus rodillas las tenía flexionadas y miraba como se ponía el sol, mismo parecía ser la chica de una postal. Bruno, que era un cincuentón, todavía potable, iba camino a uno de los bares del puerto fumándose un Winston, al verlo fumando, le dijo:

-¿Me das un cigarro?

Se acercó a ella, sacó la cajetilla y el mechero y se los dio. La muchacha cogió un cigarro, lo encendió, le echó una calada y después le devolvió el tabaco y el mechero.

-Gracias. ¿Eres de aquí?
-Sí, tú no, desde luego.
-Mi acento me delata por donde quiera que vaya.

Sonrió y vio sus dientes perfectos, pero no solo sus dientes eran perfectos, su cara redonda, sus ojos negros, su cabello negro, sus labios pintados de rojo, sus piernas, sus tetas, todo en ella era perfecto.

-Sí, con ese acento se nota que eres mexicana. Bueno, me voy que tengo que buscarle las cosquillas a alguien.

-¿A tu mujer?
-No son ese tipo de cosquillas.

Ni lo escuchó.

-Yo sí tengo cosquillas, y muchas.

La morena se estaba insinuado con descaro y Bruno se olvidó de lo que iba a hacer.

-Tú tienes de todo.
-Tengo, pero todo tiene su precio.

Sus palabras no lo sorprendieron.

-Eres una chica de esas que cobran.
-Sí, soy una puta.
-Las que son como tú no suelen estar a estas horas en el puerto.
-Soy nueva en la ciudad.
-¿Y cuánto cobras?
-Depende, Rodolfo.
-Bruno, mi nombre es Bruno. ¿De qué depende?
-De las veces que me hagas acabar. Si me haces acabar una vez, cincuenta euros, si me haces acabar dos veces, veinticinco euros, si me haces acabar tres veces, no te cobro, y si no acabo, son cien euros, y en cualquiera de los casos pones tú la cama.
-¿Y si te hago correr cuatro veces me pagas tú a mí veinticinco euros?

Volvió a sonreír.

-No me hagas reír.
-Reír me vas a hacer reír tú a mí. ¿Qué clase de puta hace descuentos si hacen que se corra?
-Una puta que se sabe vender.
-Explícate mejor.
-Todos os ponéis gallitos, queréis que acabe y acabáis vosotros. Yo nunca acabo con un cliente. ¿Lo entiendes ahora?
-Entiendo que me quieres picar. ¿Te dejas hacer cualquier cosa?
-Y hago cualquier cosa que me pidan.
-¿Durante cuánto tiempo?
-Hasta que te hartes de mí.

Hartarse de ella era lo que quería Bruno.

-Podemos ir a un yate que hay cerca de aquí, el dueño es amigo mío y está en Francia.
-¡Que poca imaginación! Podrías haber presumido de tener un yate. Hacerte el importante. A lo mejor hasta te lo haría gratis.
-Tú no me vas a hacer nada. Yo soy de los que disfruto viendo como se corren las mujeres con las que estoy. Nunca fui con una mujer como tú y va a ser un reto hacer que te corras cuatro o cinco veces.

La muchacha se rio de él.

-¡No me digas que eres un marciano!
-No te digo.
-¡No me digas que tienes dos pijas!
-No te digo.
-Así que me harás acabar cuatro o cinco veces.
-O seis, Adelita.
-Adelita se fue a la guerra. Llámale Paquita a la chamaquita.
-¿Vamos, Paquita?

A la mexicana le entraron las dudas.

-Te veo muy seguro de ti mismo, por si es verdad lo que me has dicho, que lo dudo mucho, pero por si es verdad, aunque me hagas correr varias veces, me tendrás que pagar los cien euros.
-Descuida, tendrás tu dinero. ¿Vamos allá, Paquita?
-¡Ándele!

Al rato estaban en uno de los dormitorios del yate. Era un dormitorio grande y tenía de todo, desde ducha a mueble bar, pasando por la cama, la televisión y los muebles. Bruno, poniendo música en la cadena musical, le preguntó:

-¿Quieres beber algo?
-Mejor tomamos algo después, follar me da sed.

El vestido rojo era de asas. Bruno se puso detrás de Paquita, besándole el cuello le bajó las asas y el vestido cayó al piso. Paquita le preguntó:

-¿Tienes preservativos?
-No uso de eso.
-Tengo yo en el bolso.
-Te he dicho que no uso de eso.
-Eres muy confiado.
-Los polvos se echan a pelo o no se echan.

Le quitó el sujetador y sin dejar de besarle el cuello, le magreó las tetas.
Paquita se separó de él y se echó sobre la cama.

-Aquí se hacen mejor las cosas.

Bruno fue al armario y cogió unas cuerdas y un antifaz para dormir, luego fue junto a Paquita y le cogió una mano.

-Eres fetichista.
-Soy de todo un poco.

Le ató las manos por las muñecas y luego ató el otro extremo de la cuerda a la parte de arriba del somier, luego le quito las bragas y a continuación la ató por encima de los tobillos, y después ató el otro extremo de la cuerda a la parte de bajo del somier. Para acabar, le vendó los ojos con la pañoleta, la miró, y le dijo:

-Vas a gozar como nunca has gozado.

Paquita se volvió a reír de Bruno.

-Miedo me da morir de tanto placer.

Cogió dentro del armario un maletín donde había cantidad de juguetes sexuales. Agarró un enchufe anal vibrador, un vibrador de látex con punta fina, un bote de lubricante, aceite para masajes y los puso encima de la cama. Derramado aceite de masaje sobre sus tetas y sobre su vientre, le dijo:

-Empieza la función.

Le masajeó el vientre y la cintura. Del vientre subió a las tetas, las masajeó bien masajeadas, desde las tetas, que eran grandes, esponjosas y que tenían areolas rosadas y buenos pezones, bajó hasta los pies, y luego subió y bajo la tira de veces por el interior y el exterior de los muslos hasta llegar a sus hombros, pasando por las tetas. Después le echó aceite sobre la pelvis y sobre el coño pelado.

-¿Te va lo que te estoy haciendo?
-Sí, y creo que aún me va a ir más.

Con su mano derecha masajeó alrededor del coño y con la mano izquierda magreó sus tetas.

-Me estás poniendo cachonda perdida.

Masajeando alrededor del coño le metió el dedo medio entre los labios, lo presionó sobre el clítoris y comenzó a masturbarla.

-Estás empapada.

Paquita comenzó a gemir.

-¡Qué bueno eres!

Le metió el dedo dentro de la vagina, le acarició el punto G, y los gemidos subieron de tono. Bruno cogió el enchufe anal, se lo metió en el culo y lo encendió.

-Méteme algo en la boca, joder, méteme algo en la boca.

Bruno sacó la polla y se la puso en los labios. Paquita abrió la boca y la mamó con ganas. Bruno le magreó las tetas con las dos manos. Al rato, Paquita dejo de mamar, y arqueando el cuerpo se corrió como una bendita.

-¡Me corro!

Magreó sus tetas mientras recuperaba fuerzas, luego cogió el vibrador, lo encendió, y se lo puso a un lado del capuchón del clítoris, se lo puso al otro lado, se lo puso encima. Anduvo de un lado al otro... Paquita, con el enchufe anal vibrando dentro de su culo y el vibrador vibrando sobre su clítoris, duró poco más de un suspiro. Retorciéndose con el placer, no pudo evitar decir:

-¡Me corro, me corro, me corro!

Al acabar de sacudirse, Bruno apagó el enchufe anal y después puso su lengua sobre el glande de clítoris, que había salido del capuchón. Lo lamió, al tiempo que le magreaba las tetas. Al rato, Paquita le dijo:

-Si continúas lamiendo me corro de nuevo.

Siguió lamiendo y se corrió.

-¡Me corro otra vez!

Bruno pensó que Paquita, o llevaba mucho tiempo sin correrse antes de estar con él, o era de orgasmo fácil, ya que le había durado menos de lo que dura un helado al sol.

Al acabar de correrse la besó por primera vez. Paquita le devolvió el beso y le dijo:

-Cómeme el coño como es debido. Hace mucho tiempo que no me lo comen.

Bruno le comió las tetas, y después siguió bajando. Al llegar abajo puso a funcionar el enchufe anal y luego lamió el coño como si fuera un cucurucho de helado. Lo sacó de la duda que tenía, era de orgasmo fácil, ya que en muy poco tiempo, y convulsionándose, dijo:

-¡Me corro en tu boca!

Esta vez acabó tirando del aliento. Bruno se despelotó, subió a la cama, cama en la que había una gran mancha de humedad. Se arrodilló entre sus piernas, le puso la polla empalmada sobre la pelvis y luego le hizo cosquillas en las costillas.

-Ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja. Para, para, para, ja, ja, ja, ja, ja.

Riéndose, levantó la pelvis. Bruno le clavó la cabeza de la polla. Paquita le dijo:

-Métela toda.

No se la metió más, lo que le hizo fue cosquillas en las axilas.

-Ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja...

Paquita, retorciéndose, se iba follando a sí misma, pero no le llegaba.

-Métemela un poquito más.
-No hay más.

Se puso mimosa.

-No seas malo.
-Soy malo, muy malo.

Le hizo cosquillas, sin parar, y con el ji, ji, ji, y el ja, ja, ja, Paquita se corrió sin poder hablar.

Cuando dejo de hacerle cosquillas tenía la pañoleta mojada de tantas lágrimas que había echado al reírse. Se la quitó. Paquita levantó la pelvis, y dijo:

-Métemela toda. Quiero correrme otra vez.

Bruno quería que sufriera.

-Arréglate con el glande.

A Paquita no le gustó lo que había oído.

-¡Métemela, cabrón, métemela!
-No me vuelvas a llamar cabrón que te reviento.
-No tienes polla suficiente, cabrón.

Bruno puso cara de mala leche.

-¡Qué no me llames cabrón, puta!
-¡Cabrón, cabrón, cabrón, cabrón, cabrón!
-Tú te lo has buscado.

No tuvo más que bajar la polla un poquito y ¡zas! Se la metió por el culo de una estocada. Paquita chilló:

-¡Aaaaaaaah!

La agarró por la cintura y le dio a mazo, le dio sin conocimiento. Le dio como a cajón que no cierra.

-¡Puñetero maricón! ¡¡Me estás rompiendo el culo!!
-Y ahora te voy a romper el coño.

La mala leche era cambió de lado.

-¡Ni tres pollas como la tuya me lo romperían!

La sacó del culo, le ametralló el coño, y poco después Paquita explotó.

-¡Me corro, me corro, me corro, me corro!

Bruno le llenó el coño de leche.

Al acabar de gozar le dijo Paquita:

-¿Qué decías que había de beber, abusón?
-No te lo había dicho, pero hay vinos españoles, cerveza holandesa, licores de varios países y champán francés.
-Saca el champán.

Tres días después, en la casa de Bruno, hablaban con la mujer de este una sobrina que tenía mucha confianza con ella.

-Al final hice el juego de rol, tía.
-Si se entera tu marido te manda a la mierda.
-Si me diera lo que necesito no andaría con juegos.
-Solo por curiosidad. ¿De qué hiciste, Francisca?
-Llámale Paquita a la chamaquita.
-¿Hiciste de mexicana?
-De puta mexicana.
-¿Y él?
-Él hizo de chulo.
-Los chulos suelen ser malos amantes.
-Este, no, este me hizo correr seis veces.
-¡Seis veces! ¿Lo conozco?
-¿No querrás...?
-Nunca se sabe. ¿Lo conozco?
- Yo creo que tú crees que sí, que lo conoces, pero no, no lo conoces.
-¡Ay, Francisca! Tú y tus galimatías.

Quique.


El relato fue modificado hace 12 meses por José

   
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