Una palabra sin valor
Eran las dos y media de la madrugada. Llegué a la sala de estar, descalza y vestida con una enagua de color negro que me daban muy por encima de las rodillas y me encontré con mi padre, que era un cuarentón, resultón, y que estaba sentado en un sofá, con una copa de coñac en la mano derecha y una botella casi vacía sobre la alfombra. Le dije:
-Te está matando poco a poco, Umberto.
Mi padre, que tenía un pedal del diez, me respondió:
-¿A quién le importa?
-A mí, a Consuelo.
-Pues consuélame la polla, Consuelo.
-Soy tu hija, borrachín.
-No estoy tan borracho cómo para no saber quién eres.
Esa madrugada no conocía a mi padre. Desde que lo haba dejado mi madre se emborrachaba todas las noches, pero nunca me había faltado al respeto.
-¡¿Y me dices que te consuele la polla?!
-No tengo perjuicios.
-¡Yo sí, degenerado, tengo perjuicios y principios!
-Tendrás perjuicios, pero principios, lo dudo mucho.
-¿Qué?
-¿Qué? Que vieron entrando con tu prima Sandra en el hostal Acolá.
Mi prima Sandra era lesbiana, por eso me estaba toreando.
-Fuimos a una reunión.
-Sí, de bajadas al pozo.
-De viejas amigas.
-Eso díselo a tu marido cuando te llame.
-No tengo porque decirle nada.
-Yo, sí.
-¿Y a ti qué te importa lo que haya hecho yo?
-¿Cuántos polvos echasteis?
Se le estaba viendo el plumero.
-¿Qué buscas, papá?
No se anduvo con rodeos.
-Que me confortes.
-Soy tu hija, cabrón, sería incesto.
-Cuéntame algo que no sepa.
-Que eres una alimaña.
Se mandó una otra copa de coñac.
-Eso ya lo sabía. Date la vuelta.
-¿Para qué?
-Para verte bien el culo.
-¿Me estás chantajeando?
-¿Tú qué crees?
-Que eres un mal nacido.
Me di la vuelta, giré la cabeza y vi cómo se relamía mirando para mi culo.
-Gírate e inclínate hacia delante.
-¿Para qué?
-Tú inclínate.
Me incliné, mis tetas quedaron colgando y se volvió a relamer mirando para ellas.
-Moviendo las caderas con sensualidad, levanta la enagua y enséñame las bragas.
-Esas ya son palabras mayores.
-¿Tengo que recordarte a tu prima?
-No hace falta, desgraciado.
Moví las caderas sensualmente. Con la enagua levantada y enseñándole las bragas, me empecé a excitar,
-Ven aquí, baja las bragas y ponme el coño en la boca.
-No te voy a poner el coño n la boca.
-Sí que me vas a poner, por cuenta que te tiene.
-Tú no tienes vergüenza.
-No, hace años que la perdí.
No había manera, si no hacía lo que me decía destruiría mi matrimonio. Fui a su lado, bajé las bragas. Levantó la cabeza y le puse el coño en la boca. Mi padre lamió mi coño con su gran lengua, una, dos tres, diez veces y alguna más y mi coño se encharcó. Me preguntó:
-¿Quieres correrte así?
Quería, pero le dije:
-No.
-Entonces, vamos.
-¿Para dónde?
-Para mi cama.
-Si no queda más remedio...
-¡Cómo te voy a poner el coño, Consuelo!
-Eso será si se te levanta, que lo dudo.
Mi padre quiso levantarse, pero no pudo.
-Se ve que ha cambiado mi centro de gravedad. Échame una mano.
Lo ayudé a levantarse y luego, mal y como pude, lo llevé a la cama y allí lo dejé caer sobre ella. Mi padre, me dijo:
-Desnúdate y desnúdame.
Quité la enagua y las bragas.
-Tienes el cuerpo más hermoso que he visto en mi vida.
-Ahórrate los cumplidos.
Le saqué los zapatos, el pantalón y la camisa. Mi padre se bajó los calzoncillos y vi una polla gordita tomando la siesta. Me dijo:
-Está durmiendo, pero con unas mamadas se pondrá duro.
Llevaba más de un mes sin catar una polla porque mi marido se había ido a hacer un máster de empresariales en la universidad de Columbia, y como mi padre me había puesto cachonda con sus lamida de coño, decidí gozar de aquella polla, eso si se le levantaba, aunque le dije:
-Te voy a follar porque me tienes pillada por donde más duele, pero yo no mamo tripas, ni me corro con un chantajista.
-Me late que sí, que te vas a correr.
-Ni en tus sueños, y creo que tú tampoco te vas a correr. Vamos a perder el tiempo.
-Tú dale, que aquí no se va a perder nada.
-Lo que me obligas a hacer es infame.
-Lo es, pero lo vamos a disfrutar.
-No me creo nada.
Me puse a horcajadas sobre mi padre, que me dijo:
-Frótala en el coño.
Le cogí la polla con con mi mano derecha y comencé a frotarla entre los labios vaginales y en la entrada de la vagina.
-Con la otra mano magrea las tetas y juega con tus pezones...
Hice lo que le había dicho.
Al rato yo tenía el coño encharcado y a él la polla se le había puesto dura. Mi padre, mirándome, dijo:
-Ahora dame las tetas a mamar.
Me incline. Me agarró las dos tetas con sus grandes manos y las magreó y las mamó con ganas atrasadas... Cuando se hartó de tetas me dijo:
-Métela.
Fui bajando el culo y la polla me fue abriendo el coño. Cuando la tenía toda dentro me dijo:
-Ahora fóllame buscando correrte.
Seguí con mi tontería.
-No me voy a correr contigo.
Me agarró por la cintura y me folló el coño non ganas atrasadas:
-Te vas a correr quieras o no quieras.
¡Joder si me corrí! Me corrí cómo una perra en celo.
Luego de correrme, me quité de encima. Mi padre me dijo:
-Mámamela.
-No sé para qué.
-Yo sí lo sé, mama.
Sin tocarle la polla con las manos le lamí el glande, me supo a mi coño. Ese sabor me encanta, Lamí y chupé sus huevos pringados con mis jugos, luego lamí de abajo a arriba y de arriba a abajo los laterales de la polla. Cando empuñé la polla ya estaba tan cachonda que se la mamé y lo masturbé con ganas. Se la mamé y lo masturbé hasta que me dijo:
-Ahora fóllame dándome la espalda que quiero ver tu culo mientras la polla entra y sale.
Estaba deseado volver a tener su polla dentro de mi coño, en la posición que fuera, pero tenía que disimular antes de meterla.
-¿Para qué si no te vas a correr?
-Eso es lo que tú te crees, sube.
Lo monté dándole la espala, lo volví a follar despacito, sin prisa, pero sin pausa. Sin prisa bajaba y subía el culo y sin pausa la polla entraba y salía de mi coño... Ya llevaba un tiempo dándole cera cuando sentí como la leche de la corrida de mi padre inundaba mi coño. Le di duro y con los últimos latidos de su polla, me corrí yo. Me corrí echado la cabeza hacia atrás y apoyado mis manos en el pecho de mi padre.
Al acabar de correrme me quité de encima. Limpié el coño con las bragas, me puse la enagua y me fui.
Sin querer, queriendo
Dos días después... Ya pasaba de la media noche y no era capaz de conciliar el sueño. Empecé a calentarme de forma casual. Os cuento. Tratando de buscar una posición cómoda para dormir, me puse en posición fetal y metí la mano derecha de canto entre las piernas y la apreté con ellas. La otra mano la tenía encima de la teta derecha y como la enagua que llevaba puesta era de seda, sentí el pezón en la palma de mi mano.
-¿Y si me doy una satisfacción?
Giré la palma sobre el pezón y empecé a sentirme extremadamente relajada, tanto me relajé que creí que me iba a quedar dormida.
-Va a ser que lo que voy es a dormir.
Moví la pelvis hacia delante y hacia atrás para ponerme cómoda. El canto de mi mano se rozó con mi clítoris y de nuevo me pasó por la cabeza darme placer, pero deseché la idea porque necesitaba dormir.
-Duerme y déjate de pajas, Consuelo.
Claro que una propone y la situación dispone. Al echarme boca arriba, ladear la cabeza y poner los brazos en cruz, me picó una teta, la rasqué y luego bajé rascando mis costillas y mi pierna. Me pidió el cuerpo acariciarlo y subí acariciándome.
-Va a ser que sí.
Mis dos manos subieron y bajaron acariciando mi cuerpo con mucha lentitud, luego se posaron en mis tetas y las magrearon tiernamente.
-¡Qué buena estoy y que viciosa soy!
Me senté en la cama y me saqué la enagua.
-Una corrida siempre relaja el cuerpo.
Volví a acariciar todo mi cuerpo, al tiempo que me movía, era cómo si estuviera bailando con la oscuridad. El caso fue que me sentía bien acariciando mis tetas y jugando con mis pezones. Luego mi mano derecha se metió dentro de mis bragas. Mi largo dedo medio patinó entre los primeros jugos que había salido del coño, y con esos jugos en la yema del dedo, acaricié primero el labio izquierdo de mi coño, luego el derecho y después lo metí dentro de la vagina, lo saqué, lo llevé a los labios, de la boca, y los chupé.
-Que cochina soy.
Cuando me quité las bragas ya estaba de un cachondo subido, pero de un cachondo subido muy tierno, de esos que te dice que con poco que toques te vas a derretir. Me abrí de piernas todo lo que me daban y metí el dedo medio de mi mano derecha dentro de la vagina, luego de follarme el coño un ratito, lo saqué pringado de jugos y acaricié mi clítoris con él. Después metí dos dedos y me follé el coño otro ratito, luego los saqué y volví a acariciar el clítoris con ellos, por último metí tres dedos y me follé el coño.
-Me voy a correr.
Ya no saqué los dedos para acariciar el clítoris porque las piernas se me juntaron, se me pusieron tiesas cómo palos y solté una deliciosa corrida. Al correrme no pude evitar gemir, pero lo hice en bajito para que mi padre no me oyera.
Me había masturbado por primera vez sin haber pensado en nadie. Debió ser porque lo hice, sin querer, queriendo.
Como dos perras
Nada más cerrar la puerta de la habitación del hostal, mi prima Sandra, que era como Selena Gómez, en rubia, me puso contra la pared, me lamió una oreja, y me dijo:
-Voy a hacer que te arrepientas de haberte casado.
Me quito el jersey, la blusa y el sujetador y después lamió mi espalda. A continuación me quitó la falda, me bajó las bragas, me echó una mano al coño mojado y frotó coño y ojete, al mismo tiempo volvía a lamer mi espalda, me echaba la otra mano a la teta izquierda, y me decía:
-Dime que me has echado de menos.
-Te he echado de menos.
Me acabó de quitar las bragas y la falda y me dejó solo con mis zapatos negros de tacón alto y las medias con las ligas. Luego me giró, y al estar cara a cara, me besó con tal intensidad que mismo parecía que me quería comer la lengua. Después agarró mis tetas con las dos manos, las separó, las juntó y a continuación me las devoró cómo había devorado mi lengua, o sea, lamiendo y chupando. Acto seguido se puso en cuclillas, metió dos dedos dentro de mi coño, me masturbó y lamió mi clítoris, clítoris que se había endurecido y agigantado. Comencé a gemir sin importarme donde estaba, mejor dicho, había olvidad donde estaba, por eso mis gemidos eran tan escandalosos.
A Sandra lo que más le gustaba era tragar los jugos de las corridas, por eso, cuando vio que me iba a correr, sacó los dedos y enterró su lengua en mi coño. Luego, sin sacar la lengua de todo, me lamía el clítoris y la volvía a enterrar. Repitió la secuencia hasta que fue mi pelvis la que se movió de abajo a arriba y de arriba abajo y sacó y metió la lengua, lengua sobre la que cayó una copiosa corrida. Mientras me corría, mis piernas bailaban el Can Can y el resto de mi cuerpo se sacudió.
Al acabar de correrme se incorporó. No sé cuál de las dos tenía una sonrisa más amplia antes de besarme con legua. Su boca olía y sabía a mi coño, un olor y un sabor que me ponen perra.
Desnuda, me dirigí a la cama del hostal. Sandra se vino desnudando por el camino y llegó a mi lado en cueros. Le dije
-Te toca gozar.
La empujé. Quedó boca abajo sobre la cama. Le separé las piernas, hice como que la follaba frotando mi pelvis entre sus nalgas y la nalgueé, sin fuerza. Me dijo:
-No te has olvidado de lo que me gusta.
Le besé y le lamí la espalda, le lamí y le mordí y le lamí las orejas. No le hizo falta más para comenzar a gemir, aunque ella no era tan escandalosa cómo yo.
Le froté las tetas en la espalda. Giró la cabeza y nos besamos. Besándonos, le eché la mano al coño y le hice lo mismo que ella me había hecho a mí, frotar el coño mojado y el ojete. Poco después se puso a lo largo de la cama. Cogió la almohada, la colocó debajo de sus pequeñas tetas y puso el culo en pompa. Me arrodillé detrás de ella y lamí el coño encharcado y también el ojete.
-Tú sí que sabes.
Se puso a cuatro, se abrió de piernas y levantó el culo. Lamí y follé su ojete... Follándoselo, entre gemidos, me dijo:
-Por estas cosas es por las que te adoro.
Echó su mano derecha al coño y mientras mi lengua entraba y salía de su ojete frotó con tres dedos el clítoris y el coño encharcado, lo frotó cada vez más rápido, y se corrió cómo una fuente.
Al acabar de correrse, y aún respirado con dificultad, se sentó sobre mis rodillas, y con sus pequeñas tetas espachurradas contra las mías, me echó una mano a la nuca y me besó con lengua. Mi boca le supo a su culo y a su coño, cosa que debía gustarle, si no fuera así no me besaría tan largamente. Tan largamente me besó que me puso perra perdida. La bajé de mis rodillas, me eché boca arriba sobre la cama y le dije:
-Haz que me corra otra vez.
Sandra se arrodilló entre mis piernas y lamió mi coño como si fuera un helado de cucurucho, de abajo a arriba, despacito. Luego lo metió entero en la boca y lo chupó... Mientras mi prima lamía y chupaba, yo me magreaba las tetas, me apretaba los pezones y movía mi pelvis buscando más contacto, pero fue inútil. Sandra iba a hacer lo que le saliese del coño... Parte de lo que le salió del coño quedó en mi teta izquierda, luego de frotarlo contra ella, y otro poco cayó en la derecha. Después me mamó las tetas y a continuación me dio las suyas a mamar. Me gustaban sus tetitas, con sus pequeñas areolas y sus pequeños pezones. No cabían en mi boca, cómo mi coño cabía en la suya, pero casi. Se las mamé con lujuria, y no porque las tetas sean algo que me vuelve loca, se las mamé con lujuria porque estaba más caliente que el palo de un churrero en día de verbena. Sandra también estaba caliente, por eso me dijo:
-¿Quieres hacer un 69 de lado?
-Yo lo que quiero es correrme.
-Y yo.
Se colocó de lado con su boca cerca de mi coño, me puso el suyo cerca de la mía, me levantó una pierna, me lamió el coño con suma lentitud y luego levantó su pierna para que yo se lo comiera a ella. Ni lentitud ni hostias, le enterré la lengua en el coño y se lo lamí cómo ella me había enseñado. Sentí cómo su coño apretaba mi lengua y cómo su lengua se enterraba en mi coño. No duramos ni cinco minutos. Yo me corrí sacudiéndome y apretando su cabeza con mis piernas, ella se corrió apretando mi cabeza con las suyas y temblando.
Cuando nos sepamos y nos sentamos sobre la cama, vi que su cara estaba perdida con mis jugos. Pasé un dedo por mi cara y supe que la tenía igual. Nos las limpiamos como dos perras, o sea, a lametadas y luego, desnudas, nos pusimos a habar de nuestras vidas. Tanto hablamos que se nos fue la hora, pero como mi iba a estar dos años en Columbia, tiempo habría para darnos más alegrías.
Un puto amargado
Sentados en dos sofás en la sala de estar, le dije a mi padre:
-O dejas de beber o las vamos a tener.
Estiró un brazo con la palma de la mano hacia abajo y me dijo:
-Mira cómo tiemblo.
-Mira tú, papá... Yo no estoy aquí para aguantar los achaques de un borracho.
Se enfadó.
-¡Voy a seguir bebiendo lo que me salga de los cojones!
-Pero...
-¿Me he vuelto a meter contigo?
-No.
-¡Pues corta el rollo, coño!
-Sé que no hablas tú, habla el coñac.
-Hable quien hable, si no te gusta lo que ves, te jodes.
-Eres un puto amargado.
-Amargado, sí, pero cuidado con lo de puto, no vaya a ser que te putee.
-Ya me estás puteando.
-Esto no es putearte, putearte es follarte cómo si fueras una puta .
-Voy a tener que irme para la casa de mi madre.
Me puse en pie. Mi padre se coloco detrás de mí y me echó una mano a la cintura y arrimó cebolleta.
-Tú no te vas a ningún sitio sin recibir mi polla una vez más.
Me revolví cómo una serpiente cuando la tocan y le dije:
-¡Déjame ir, cabrón!
-Sería un idiota si te dejase ir.
-Sabía que esto iba a pasar.
Me pasó un dedo por detrás de una oreja y después me la lamió.
-En nada te pondré el coño chorreando.
-No, no me lo me pondrás.
-¿Qué dirá tu marido cuando le cuente lo de Sandra?
-¡Cabrón!
-Cada uno juega con las cartas que tiene.
Me quitó la camiseta y el sujetador y luego, amasando mis tetas, me mordió el lóbulo de una oreja.
-Deja que te haga correr como a una guarra
-Antes muerta.
-Ya te corriste cómo una guarra, no digas tonterías.
Cogió la corbata que había dejado sobre el respaldo del sillón, me ató las manos a la espalda y y me empujó contra el sofá.
-Eres un mal nacido.
-Ahí me has dado, pero no me ha dolido.
Se sentó a mi lado y me magreó y mamó la teta izquierda.
-Serás hijo de puta.
-Puta tú que ya se te pusieron los pezones como astas de toros.
Me echó una mano al coño por encima del vestido.
Lo amenacé.
-Si sigues, ni Sandra ni ostias, chillo pidiendo ayuda.
Mi amenaza había caído en saco roto.
-¡¿Quieres que te amordace, zorra?!
-No, tú, no.
-Pues si no quieres que te amordace, calla la boca.
Metió la mano debajo de mi falda, después la metió dentro de las bragas y luego dos dedos penetraron mi vagina.
-Estás empapada, perra.
-No te equivoques, no soy yo la que se moja, es mi cuerpo que va a su bola.
Mi padre quiso besarme, pero no se lo permití.
-Antes de besarte lamería un cenicero lleno de colillas.
-Cuando estés bien caliente ya me besarás.
Sintiendo los dedos entrar y salir de mi vagina, le respondí:
-En tus sueños, maleante.
Me bajó la falda, me quitó las bragas y luego magreó mis tetas, masturbó mi coño y lamió mi oreja. Al rato me preguntó:
-¿Vienes para mi habitación por las buenas o te llevó por las malas?
Estaba cachonda, pero me hice la difícil.
-Ni a rastras serías capaz de llevarme.
Como si fuera un cavernícola, me cogió por el pelo, tiró y me arrastró desde el sillón hasta el piso. Aún me puso más cachonda.
-¿Por las buenas o por las malas?
Me puse en pie, me cogió de una mano y me llevó a su habitación, allí me echó sobre la cama y me dijo:
-Ponte a cuatro patas y separa bien las piernas.
-¡Vete a la mierda!
Me cayeron una porrada de nalgadas.
-¡Plassss, plassss, plassss, plassss, plassss, plassss...!
Me puse cómo me había dicho y mi padre me acaricio las nalgas y las tetas.
-¿Son caricias lo que necesitas?
-Sí, pero no las tuyas.
Vio lo mojado que tenía el coño y me volvió a meter los dos dedos dentro.
-¿Te gusta, puta asquerosa?
Me gustaba hasta que me llamara puta. Disimuladamente, le dije la verdad.
-Tanto como que me pegues, desgraciado
Me nalgueó con la otra mano.
-¡Plassss, plassss!
-¿Quieres que te coma el culo?
-No, maricón.
Me sacó los dedos del coño. Me echó las manos a las tetas y magreándolas. Me lamió el ojete, luego me metió la punta de la lengua dentro y me dijo:
-Echa el culo hacia atrás y fóllatelo con mi lengua.
-¡Y una mierda!
-¡Plasss, plassss!
-Fóllatelo.
-¡Y dos mierdas!
¡¡Plasss, plassss, plassss, plassss!!
-¡Que te folles el culo, coño!
Eché el culo hacia atrás y la lengua entró dentro de mi culo, una, dos, tres, cinco, diez, veinte veces y alguna más. La situación me superó y comencé a gemir y a decir:
-No debía, no debía, no debía...
No debía, pero me corrí y mi culo y mis piernas comenzaron a temblar.
-¡Qué maravilla!
Mi padre me lamió el coño mientras me corría.
Al acabar de correrme, me dijo:
-¡Me encanta el sabor de tus jugos!
Fingí estar enfadada, cuando le dije:
-¡Cerdo asqueroso!
Aún me temblaban las piernas cuando me clavó la polla en mi apretado coño.
-¿Cómo te gustaría que te diese, lento, rápido, duro...?
Seguí fingiendo estar enfada, al responder:
-¡Cómo le das a tu madre!
La ofensa puso de mala uva a mi padre. Me la sacó del coño, me la puso en la entrada del ojete, y me dijo:
-A tu abuela le doy por aquí, puta.
Se me cerró y se me abrió el ojete, y no con con el miedo a que me la metiera, pero le dije:
-Suave, Umberto, dame suave y por el coño.
-¡Te voy a dar como me salga de los mismísimos cojones!
Me la volvió a clavar en el coño, me agarró por la cintura y me dio con tanta rabia que parecía que le debía dinero.
-¡Vas a echar leche hasta por las orejas, pendón verbenero!
Lo que tiene darle leña a destajo a una mujer es que hay que saber parar a tiempo, y mi padre supo parar la primera vez que me corrí, pero a la segunda, se corrió él dentro de mi coño y no me dio tiempo a correrme de nuevo.
Al ponerme boca arriba, le dije:
-Suéltame que quiero quitarme tu olor de encima.
No me escuchó, o no quiso escucharme.
-Flexiona las rodillas y abre las piernas.
-¿Quieres ver salir tu leche de mi coño, depravado?
-Quiero comértelo.
-Tú no estás bien de la cabeza.
-Si quieres que te desate las manos, haz lo que te he dicho.
Flexioné las rodillas y me abrí de piernas cosa que estaba deseando. Mi padre al verme con el coño asqueroso, exclamó:
-¡Qué visión!
-Estás realmente enfermo.
Me metió unas lamidas tan ricas que me dejó la vagina pulsando. Luego su lengua se movió un tiempo en círculos sobre mi clítoris y después, con la ayuda de los labios, lo chupó... Me corrí, gimiendo, arqueando el cuerpo y convulsionándose, exclamé:
-¡Tirano!
Al acabar de correrme, me desató las manos y me dijo:
-Si un día tienes ganas de follar conmigo...
-¿Qué?
-Que me harías muy feliz follarte con tu consentimiento.
-¡Tú eres bipolar! O eres bipolar, o estás loco.
-Ni estoy loco ni soy bipolar. Es que me has calado muy hondo...
-Ahora va a resultar que el abusador siente algo por mí. ¡Qué soy tu hija, depravado!
-Es algo tan fuerte que no puedo controlarlo.
-Mañana hago las maletas y pasado mañana, a mas tardar, me voy con mi madre.
-Te echaré mucho de menos.
-Te queda la botella.
Mi padre bajó la cabeza.
-Sí, es la única que no me abandona.
-¡Te has puesto triste!
-Cuando uno ha tenido a dos reinas entre los brazos y ambas lo abandonan es porque como hombre no vale mucho.
-¿Ya no somos dos putas?
-Nunca habéis sido putas, siempre habéis sido reinas.
-Reinas... A ver, papá. ¿Desde cuándo siente deseos de follar conmigo?
-Hace mucho tiempo, pero las ganas de follar contigo se han convertido en otra cosa cuando me has dicho que te vas.
-¿Qué se han hecho?
-Me da vergüenza decirlo.
-Un sinvergüenza con vergüenza. ¡Lo que hay que oír! Dilo, coño.
-Solo te diré que no se sabe cuanto se quiere a alguien hasta que se pierde.
-Tú no sabes lo que dices.
-¿Por qué?
-Porque no se puede perder lo que nunca se ha tenido.
-Te he tenido, de aquella manera, pero te he tenido.
-Me voy para mi habitación que me estás empezando a...
-A dar pena, sí, cómo hombre doy pena.
-¡Serás cabrón! Estás utilizando armas de destrucción masiva.
Salí de la cama con las bragas en mi mano izquierda, cogí la enagua y me fui.
Cuando se persigue un sueño
-¿Ya has hecho las maletas, Consuelo?´
-Sí.
Vestida con una bata roja de terciopelo y calzando unas zapatillas del mismo color, me senté en un sillón enfrente de mi padre, cabalgué una pierna sobre la otra y tapé las piernas. Mi padre me dijo:
-Ojalá pudiese decirte que lamento lo que te hice, pero no me gusta mentir.
-Mentir no te gusta, pero chantajear a tu hija para abusar de ella, te encanta.
-Fue algo deplorable, pero...
-Nada de lo que digas o de lo que hagas puede cambiar lo sucedido. ¿Algo más?
-Sí, pero no lo vas a entender.
-Di que es a ver si lo entiendo.
-A veces, Consuelo, cuando se persigue un sueño, se cruza una línea que nunca se debió cruzar.
-No, no lo entiendo, los borrachos no persiguen sueños, persiguen lo que los desvaríos de sus cabezas les digan. Por cierto. ¿Cómo es que no estás bebiendo? Es la primera vez en mucho tiempo que no te veo por la noche con una botella de coñac delante.
-Emborracharse no conduce a nada porque por las mañanas el borracho tiene que enfrentarse de nuevo con la realidad.
-Con tu realidad.
-Con mi triste realidad... ¿Sabes? Ya no me da miedo estar solo, ahora lo que me da miedo es el vacío que vas a dejar dentro de mí.
-Sabías que estaba casada, sabías que quería a mi marido, y lo peor de todo es que soy tu hija... Tú te has buscado ese vacío.
-Es cierto y pagaré por ello.
Empecé a tejer la tela de araña que acabaría por atraparlo.
-Puede que te ayude a llevar esa cruz saber que vibré entes tus brazos.
-No, no me ayudará porque vibraste, pero sin querer.
-No mientas, te vas a hartar a hacer pajas con mi recuerdo.
-Eres muy cruel conmigo.
-¿Cómo te atreves a hablar de crueldad después de lo que me has hecho?
-Tienes razón, no debería ni mirarte a la cara.
-En fin, he venido a despedirme, no vine a oír tus lamentos ni tus tonterías. Me voy para mi cama.
-Que descanses, Consuelo.
-Si no apareces por mi habitación, descansaré.
Me levanté para irme.
-¿Y si apareciese?
-Supongo que no descansaría.
Mi padre se puso en pie y vino a mi lado
-Consuelo.
-Sí.
-Déjate esta noche. Sé mía por propia voluntad.
Me dio un pico. No me separé de de él.
-Si eso hiciera, nunca me lo perdonaría.
Percibió mi cambio de actitud y me dio dos picos.
-Si eso hicieras, mañana no te querrías marchar.
Le di cuera para que se fuse ahorcando poco a poco.
-Tengo un marido. No funcionaría, papá..
Me dio un beso con lengua. No le correspondí. Luego me dijo:
-Hay una botella de champán en la nevera.
-¿Que tiene que ver el champán con mi marido?
-Olvida que estás casada.
Me dio otro beso con lengua al que tampoco correspondí.
-Eso no se puede olvidar.
-¿Lo olvidaste mientras follábamos la última vez?
-En ese momento, sí.
-Entonces, sí se puede.
Me volvió a besar con lengua y esta vez le correspondí. Al momento me hice la arrepentida de haber correspondido al beso.
-No puedo, no puedo hacer el amor contigo, eres mi padre, Umberto, eres mi padre.
-¿Pero te gustaría?
No le iba a decir que no, no fuera que se me espantara.
-Sí, me gustaría, pero no puedo. Me voy para mi habitación.
Mi padre llegó a mi habitación con una botella de champán en la mano derecha y dos copas en la mano izquierda. Me encontró tapada con una sábana. Me dijo:
-Toma una copa conmigo para despedirnos cómo es debido.
Ya había caído en mi tela de araña.
-Vale, pero una sola.
Me senté en la cama y tapé las tetas con la sábana. Mi padre me preguntó:
-¿Estás desnuda?
-Iba a dormir y a veces duermo desnuda.
Puso el champán y las copas encima de la mesilla de noche y se sentó en el borde de la cama.
-Deja que te vea desnuda.
-Ya me has visto desnuda.
-Pero no porque tú me quisieras enseñar tu cuerpo.
-¿Tanto te gusta mi cuerpo?
-Me gusta más que nada en este mundo.
Me quitó la sabana de encima sin que yo hiciera nada por impedirlo. Luego me echó hacia atrás, me pasó la lengua entre los labios, después me besó con lengua y a continuación me besó el cuello, me echó la mano al coño, me masturbó con dos dedos y me preguntó:
-¿Quieres que te haga correr?
Ya me dejé ir.
-Quiero.
Mirándome a los ojos, me dio caña con los dedos en el coño... Cuando mis gemidos le anunciaron el inminente orgasmo, sacó los dedos del coño, puso su cabeza entre mi piernas, metió todo el coño en la boca y me enterró la lengua en la vagina... Al ratito me corrí cómo un pajarito, y le dije a mi padre lo que tanto deseaba oír:
-¡Me corro!
A continuación, mi padre, se quitó la ropa, y una vez desnudo, me preguntó:
-¿Me la chupas?
-Me sentiría muy puta.
-Pensé que te gustaría.
-Y me gustaría mamártela, pero...
No quiso violentarme más.
-Vale, tomemos esa copa, si no puedes, no puedes.
-Lo siento, papá.
-Más lo siento yo.
-Ahora me siento mal por no poder... Voy a hacerlo.
Empuñé la polla, lamí el glande y le mamé su polla erecta sin dejar de masturbarlo, le lamí y chupé los huevos... Le hice una mamada como la que ya le había hecho, una de esas mamadas que solo unas pocas sabemos hacer..
Al rato, cuando mi padre sintió que se iba a correr, me dijo:
-Ponte a cuatro patas.
-Me da vergüenza.
-Ya te vi el coño y el culo.
Paré de masturbarlo y de mamársela y me puse a cuatro patas delante de él. Mi padre me enteró la lengua en el coño, la quitó, lamió el periné y luego la enterró en el ojete... Hizo el recorrido cantidad de veces, hasta que me preguntó:
-¿Dónde quieres que te la meta, en el coño o en el culo?
-Donde más rabia te dé.
-No te muevas.
No me moví. Me folló el culo con la punta de la polla... Pasado un tiempo, cuando vio que me iba a correr, me la metió en el coño y me dio a romper, el resultado fue que nos corrimos juntos.
El champán entra en el juego
Mi padre pilló la botella de champán, y quitándole el tapón, me dijo:
-Hora de tomar la copa.
-Sí, una copa no vendrá mal.
Yo estaba de lado. Me puse boca arriba sobre la cama para incorporarme. El tapón salió disparado hacia el techo. El champán brotó a presión y mojó la cama y me bañó las tetas y el vientre. Sacudiendo las manos y mirando para las tetas, exclamé:
-¡Está congelado!
Mi padre devolvió la botella a la mesilla de noche. Vio que yo me había sentado en la cama, que mis areolas marrones se habían contraído y que mis pezones estaban tiesos y me dijo:
-Tienen que estar ricas tus tetas bañadas con champán.
No se a ti que estás leyendo esto te comieron alguna vez las tetas bañadas con champán, pero a mí no me las había comido, así que le dije:
-Si quieres saber lo ricas que están, no tienes más que lamerlas.
Lamió alrededor de las tetas, sin tocarlas, luego lamió y chupó los pezones y después me preguntó:
-¿Alguna vez te has corrido comiéndote las tetas y jugando con tu ojete?
-No.
-Cierra los ojos y relájate.
Cerré los ojos. Mi padre masajeó mis tetas lentamente durante un par de minutos. Luego me puso dos dedos de la mano derecha en los labios. Abrí la boca y los mojé con la lengua. Él mojó el dedo medio de la mano izquierda con su lengua y acarició mi ojete haciendo círculos sobre él. Con los dedos de la mano derecha acarició mis pezones, hizo círculos sobre ellos y los aplastó. Después tiró de ellos y a continuación los giró y los apretó con el dedo pulgar e índice de tal modo que parecía que los quería "enroscar y desenroscar." Comencé a gemir. Unos minutos después me lamió y me chupó el pezón izquierdo, me magreó la teta, al tiempo que tiró, aplastó y "enroscó y desenroscó" el pezón de la otra teta. El dedo de la mano izquierda se fue introduciendo dentro de mi culo... Mis gemidos, y la follada de culo ya habían empalmado a mi padre. Sentí la humedad de la cabeza de la polla en mi cadera izquierda, la empuñé y empecé a masturbarlo con la misma lentitud que él me estaba comiendo las tetas y follando el culo. Mi coño estaba encharcado. Sentí mis jugos como bajaban hasta el ojete y como engrasaban el dedo, lo que hacía que este entrase y saliese del culo como una polla entraría y saldría de un coño apretado... Al rato me corrí, y al hacerlo arqueando mi cuerpo y convulsionándome, dije:
-¡Me corro, papá, me corro!
Luego de gozar, bebiendo dos copas de champán, me dijo mi padre:
-No te vayas con tu madre.
-Vas a tener que convencerme. No me gusta deshacer maletas.
-Haré lo que quieras para que no te vayas, hija.
-No me llames, hija, que me haces sentir cómo el culo.
-¿Cómo quieres que te llame?
-No sé, princesa, princesa estaría bien.
-No te vayas con tu madre, princesa.
-Persuádeme.
-Haré cualquier cosa que me pidas...
-¿Cualquier cosa?
-Pide por esa boquita de fresa.
-Échame el polvo de mi vida.
-¿Oral, vaginal y anal?
-¿Me correré tres veces?
-Te correrás más de tres veces.
-A ver si es verdad.
El completo
Mi padre se quedó mirándome, le pregunté:
-¿Qué has visto que te llame tanto la atención?
-A ti. Es que eres...
-Descríbeme. ¿Qué es lo que estás viendo?
-Veo a una mujer con su cabello castaño, enredado, con preciosos ojos verdes, con una nariz perfecta, con sensuales labios, con unas tetas medianas con areolas marrones y grandes pezones, de cintra estrecha, de anchas caderas, con su coño totalmente rasurado, con piernas tonificadas..., veo a una mujer diez. Casi no me puedo creer que te tenga desnuda delante de mí dispuesta a dármelo todo.
-Ni yo que me haya entregado a ti, pero son cosa que pasan.
Nos besamos largamente, luego me preguntó:
-¿Por dónde prefieres que empiece?
-Cogiendo tres pañoletas en el último cajón del armario, atándome, amordazándome y vendándome los ojos.
Volvió a la cama con las pañoletas. Me ató las manos a la espalda, me amordazó, me vendó los ojos y luego pilló mi teléfono móvil, teléfono que tenía encima de la mesilla de noche. Puso la emisora Clasics FM y luego vino directamente a por mí.
Se arrodilló entre mis piernas. Me metió el dedo medio de su mano derecha dentro de la vagina y lo sacó pringado de jugos. Mojó en la boca dos dedos de la otra mano y con ellos me echó la capucha del clítoris hacia atrás. Con la yema del dedo medio acarició el glande del clítoris con mucha lentitud. Apretó la capucha con los dos dedos, y cómo si fuera el prepucio de una polla lo movió de atrás hacia delante y de delante hacia atrás mientras me hacía uba paja. El coño echando jugos y yo gimiendo le decían a mi padre que no tardaría en correrme, y así fue, al rato, levanté la pelvis, me apoyé en los pies, me arqueé y gimiendo y sacudiéndome, me corrí como una golfa.
Mi padre, al acabar de correrme y de volver a ponerme en la posición inicial, me levantó las nalgas con las dos manos y me lamió el coño corrido sin tocar el clítoris. Luego me lamió el ojete y el periné. A continuación me clavó la lengua en el coño y me subió y me bajó el culo para que fuese la vagina la que sacara y metieras la lengua. Así estuvo un tiempo hasta que fui yo la que subió y bajo el culo para que la lengua recorriera mi coño y llegara hasta mi clítoris... Acabé corriéndome como antes, o sea, apoyando los pies en la cama, arqueándome, abriéndome de piernas, gimiendo y sacudiéndome con el placer.
Al acabar de gozar, me levantó un poco la mordaza, me sentó, me dio a beber un poco de champán, y después me preguntó:
-¿Lista para seguir disfrutando?
-Sí.
Me ajustó la mordaza, me echó hacia atrás, se arrodilló entre mis piernas, me levantó cogiéndome por debajo de la cintura con su brazo izquierdo, me frotó la polla en el coño y luego me la metió, me la sacó y me la frotó en el ojete. Después me la fue metiendo dentro del culo, despacito, milímetro a milímetro, para que no me doliera, y no me dolió, al contrario, me gustó, y me gustó porque ni culo ya había sido follado unas cuantas veces... Pasado un tiempo ya la sacaba y la metía haciéndome gemir, pero vio que así no me iba a correr. ¿Recordáis el "enroscar y desenroscar" de los pezones?, pues eso mismo me hizo en el capuchón del clítoris y me corrí como una loba.
Al acabar de gozar estaba hecha polvo. Me costaba trabajo hasta respirar. Mi padre me quitó la mordaza. Respiré profundamente y le dije:
-En verdad que me estás echando el polvo de mi vida.
-¿Quieres otra copa de champán?
-Y un cigarrillo.
-El cigarrillo lo echaremos los dos después de corrernos.
-Quítame la venda de los ojos y desátame las manos.
Me quitó las pañoletas. Nos tomamos dos copas de champán. Luego me preguntó:
-¿Algún capricho ante de que te folle el coño?
Ya que podía pedir por boca me iba a aprovechar.
-Fóllame el culo otra vez, papá.
-Los deseos de mi princesa son órdenes para mí. Ponte a cuatro.
Me puse a cuatro patas. Mi padre se arrodilló detrás de mí, y me dijo:
-Tienes un culo precioso.
Me separó y me juntó las nalgas varias veces y luego, con las nalgas separadas, lamió y follo mi ojete con la punta de la lengua. Me encantaba lo que me hacía, pero quería ir más lejos.
-Azótame el culo mientras me lo comes.
Lamió, folló y me dio.
-Plas, plas.
-Más fuerte.
-¡Plassss, plassss...!
-Sigue así que me encanta.
Siguió lamiendo y follando mi culo con la punta de la lengua, un rato largo. Ya me escocían las nalgas cuando le dije:
-Métemela en el culo, nalguéame y jala mi cabello.
Me agarró el cabello y tiró, luego me fue metiendo la polla en el culo, al tiempo que azotaba mis nalgas.
-¡Plassss, plassss...!
Me la había clavado despacito, pero una vez que la tenía dentro, la fue sacando y metiendo cada vez más aprisa hasta darme sin conocimiento... Sin conocimiento me dio hasta que oyó las palabras mágicas.
-¡Me voy a correr, me voy a correr! ¡¡Me corro!!
Paró de darme, pero no me soltó el cabello. Así pudo verme gimiendo con la boca abierta y con los ojos en banco.
Al acabar de correrme me soltó el cabello, me sacó la polla del culo, la limpió con una sábana y luego me echó las manos a las tetas, y magreándolas, me la enterró hasta el fondo de mi coño corrido. Ya no hubo nalgadas, lo que hubo fue un mete y saca, frenético, que mi padre detenía cada vez que se iba a correr para darme tiempo a mí a llegar. Poco después, al parar, le dije:
-Sigue que ya me corro.
Me dio otra vez sin conocimiento y entre gemidos y convulsiones, nos corrimos juntos.
Acabé tan reventada que ni cigarrillo quise, ese día, pues no me fui para la cada de mi madre.
Quique.




