Incesto preconcebid...
 
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Incesto preconcebido

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José
(@quique)
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Topic starter   [#1485]

Paco y yo éramos dos primos bien llevados. Paco era hijo de soltera y mi padre había muerto. Él trabajaba cuando lo necesitaban y yo estudiaba. Las malas lenguas de la aldea decían que además de primos éramos hermanos, por el gran parecido que teníamos,  facial y corporal, ya que en lo físico éramos los dos altos y fuertes.

Una tarde estábamos en la huerta de la parte de atrás de la casa de mi primo. Allí había un tendal con ropa a secar y entre esa ropa había un par de bragas blancas y un sujetador de mi tía Josefa, al verlas le dije a Paco:

-Si te digo algo me matas.

Paco, que me había visto mirar para las bragas de su madre, me respondió:

-De matarte, nada, yo también miro para las bragas de mi madre cuando las echa a secar.

Me animé y le dije:

-Te doy lo que quiera por ayudarme a conseguir unas bragas usadas de tu madre.

-Ayúdame a follarla y las podrás conseguir tu mismo.

-Estás bromeando.

-Estoy hablando muy en serio.

Aquel no era mi primo. Me lo habían cambiado.

-Tú no estás bien de la cabeza.

Se lo tomó a broma.

-¿De la de arriba o de la de abajo?

-Yo no le veo la gracia. Me acabas de decir que quieres follar con tu madre.

Sacando un cigarrillo Winston de la cajetilla de tabaco, me preguntó:

-¿Y tú no quieres?

-Sí, pero no es mi madre.

-Pero es tu tía. ¿Me vas a ayudar o no?

Entré en su juego.

-¿Cómo te podría ayudar?

David puso cara de pensar, lo que ya había pensado, y luego me dijo:

-Un día vamos a mi casa. Tú, con a disculpa de ir a mear, te vas a la cesta de la ropa sucia, coges unas bragas usadas de mi madre , te haces una paja con ellas y le dejas las bragas perdidas de leche. Mi madre se imaginará que es tuya y acabará buscándote.

-Para romperme la crisma.

-Para follarte. Mi madre es una viciosa. Se mata a pajas todas las noches. Cuando no se hace dos, se hace tres o cuatro.

-¿Y tú cómo sabes eso?

-Porque la oigo. Ya tengo la polla media rota de tanto machacarla. ¿Me ayudarás? Si folla contigo no le va a quedar más remedio que follar conmigo.

Era obvio que iba a chantajear a su madre si su plan salía bien. Aquello no estaba bien, pero mi tía estaba tan buena...

Dos días después, pensando que mi tía Josefa había ido al monte con mi primo, pues así lo habíamos acordado, entré en la casa y fui directo a la cesta de la ropa sucia. Busqué entre la ropa y encontré unas bragas que estaban amarillas por dentro. Las olí y me olieron a meo, me olieron a vicio, me olieron a lujuria. Saqué la polla empalmada, cerré los ojos, y oliendo las bragas y pronunciando el nombre de mi tía, comencé a apalizar la polla, sí, a apalizarla, pues desde el segundo uno le di a romper. En nada me corrí soltando un chorro de leche que casi llega al techo. 

Cuando abrí los ojos vi a mi tía Josefa mirando para mí. Tenía cara de asesina y su tono de voz asustaba, cuando me dijo:

-Voy a hablar con tu madre de esto. Tú no vuelves a hacer otra ¡Fuera de mi casa! Y no vuelvas por aquí.

Las cosas no habían salido cómo mi primo había imaginado. Acojonado, le supliqué:

-No me delates, por favor.

-Vienes a mi casa, coges mis bragas, te haces una  paja y quieres que te tape. ¡Ni harta de vino te taparía!

Había pasado un día y mi madre no me había llamado la atención. Falté al instituto y fui a la casa de mi tía para agradecerle que me tapara. No estaba en casa. Fui a las cuadras y la vi, estaba echando hierba en la cuadra de la vaca con una horca de cinco puntas. Se había quitado el jersey y su camiseta blanca de asas dejaba ver los pelos de sus axilas. Al verlos, me acaloré. 

-Hola, tía.

Josefa se giró, vio el bulto en mi pantalón, me miró con cara de pocos amigos y me dijo:

-¡Te dije que no volvieras por aquí!

-Venía a darte las gracias por taparme.

-Ya me las has dado, vete y no vuelvas.

El vello de sus axilas me habían puesto cachondo y ver el canalillo de sus tetas me empalmó. Tenía que entrarle.

-Te deseo, tía.

-¡Como no te vayas te desgracio!

El horno parecía que no estaba para bollos, pero no me amilané, puse la carpeta con los libros en el suelo y mirando para sus tetas me fui hacia ella.

Mi tía Josefa, que era una mujer de treinta y nueve años, morena, de estatura mediana, con buenas tetas, con un culazo y que llevaba su cabello negro y largo recogido en una coleta, puso la horca hacia delante y me dijo:

-¡Cómo te acerques te clavo, David!

Me acerqué hasta que las puntas de la horca tocaron con mi cuerpo. Sin miedo, le lamí el canalillo. Mi tía se endemonió.

-¡Te voy a clavar!

Como no le hacía caso, mi tía, quitó una mano del mango de la horca y levantó el brazo para abofetearme. Le sujeté el brazo y le lamí la axila.

-Tengo unas ganas locas de follar contigo, tía.

-Espero que tu madre esté pagando la funeraria.

-Sé que no me vas a clavar, serías incapaz de matar a tu sobrino.

Le quité la horca de la mano y la eché en una esquina. Luego tiré a mi tía sobre la hierba y me eché encima de ella. La agarré por las muñecas, le estiré los brazos, le lamí las dos axilas, y le dije:

-Así es como te quiero lamer el coño.

Mi tía Josefa, revolviéndose debajo de mí y poniendo cara de gata enrabietada, me dijo:

-¡El culo me vas a comer, depravado!

-Cada cosa a su tiempo.

La puse boca abajo, le subí la camiseta, le abrí el sujetador y luego le lamí la espalda y el cuello. 

-¡Tú acabas en un reformatorio!

La puse de nuevo boca arriba y le sujeté las manos. Al ver sus grandes tetas con areolas marrones y gordos pezones, le dije:

-Son más hermosas de lo que me imaginaba en mis pajas.

-¡No se te ocurra mamarlas!

-Calla que te va a gustar.

Le lamí los pezones y las areolas y le chupé las tetas.

-¡Cabrón!

Se las seguí comiendo y ella siguió revolviéndose. Al hacerlo mi polla se frotaba con su coño y se ponía cada vez más dura. Mi tía seguía amenazándome.

-¡Los grises te van a poner negro cuando te denuncie!

Busqué sus labios, Josefa entreabrió la boca, y cuando mi lengua contactó con la suya, la agarró con sus dientes y la mordió, pero sin hacer sangre. Al soltármela me dijo:

-La próxima vez te la arrancó de un mordisco y te dejo mudo.

Me acojonó, pero no tanto como para cejar en mi empeño de follarla. Le dije:

-No te besaré de nuevo, pero lograré hacer que te venga. Quiero ver tu cara cuando te corras. Necesito esa visión para mis pajas.

Dejó de revolverse debajo de mí y mirándome a los ojos, me preguntó:

-¿Te dio un aire esta mañana?

-No me dio nada.

-Tú no le pides permiso a la boca cuando hablas. ¿Cómo conseguiría un tarado cómo tú que se corra una mujer cómo yo?

-Comiéndote el coño.

-¿Comiéndome, qué?

-El coño, bueno, el coño y las tetas, el culo... Y la boca, si te dejaras.

Le di un beso con lengua y no me la mordió

-No me voy a dejar. Suéltame las manos y trataré de olvidar lo que me has hecho y lo que me has dicho.

Le solté las manos y la muy falsa me metió dos bofetadas que me dejó ardiendo las mejillas.

Me jodió que me hubiera engañado, así que levanté el brazo y le dije:

-A mí no me toca nadie la cara. Vuélvelo a hacer y te sacudo.

Mirándome a los ojos, dijo:

-¡¿Me vas a pegar, mindunguis?!

-Vuelve a darme, ya verás si te pego o no.

-No tienes cojones.

Me volvió a calentar la cara con dos bofetadas. Le cayeron cuatro de vuelta. Con cara de estupefacción, me dijo:

-¡Me has pegado!

La besé, sin lengua, y después levanté la mano.

-Venga, vuelve a pegarme.

-No que tú disfrutas dando.

-¿Te vas a dejar?

Mi tía tenía más ganas de follar que yo, si no las tuviera, no me respondería:

-No me queda más remedio.

-Desnúdate.

-Como no me desnudes tú...

Hice que se sentara, le solté el cabello, le quité la camiseta, el sujetador, la falda y las bragas y luego la eché boca arriba sobre la hierba. Me desnudé y luego me eché a su lado. Una mariquita subió por su teta derecha, le soplé y la mariquita salió volando, Luego le comí su esponjosa teta derecha... Le lamí y le chupé sus pezones y sus areolas mientras magreaba la teta izquierda. Poco después bajé besando y lamiendo su vientre. Lamí y besé su ombligo y luego le besé y lamí los pliegues donde su pierna se unía al coño. Froté la cara contra su felpudo y después, sin presionar, pasé la punta de la lengua de abajo a arriba entre los labios del coño. A continuación besé el corte, separé los labios con la lengua y volví a lamer de abajo a arriba. Mi tía, con la cabeza ladeada y los ojos cerrados, empezó a gemir... El clítoris ya había salido del capuchón. Lo vi y lo lamí con suavidad. A Josefa le empezaron a temblar las piernas. Chupé su clítoris y mi tía fue levantando la pelvis. A medida que la levantaba fui chupando más fuerte y la mujer, gimiendo cómo una loca, se corrió en mi boca, lo hizo convulsionándose y moviendo la pelvis de abajo a arriba y de arriba a abajo.

Al acabar de disfrutar, me dijo:

-Estarás contento, cerdo.

-No lo estaré hasta que me hagas una mamada.

-Si me metes la polla en la boca, te la arranco de un mordisco.

-Pues no sé cómo voy a correrme. Meter no me vas a dejar que te la meta.

-Haz una paja y acaba de una vez.

-Si no queda más remedio... Ponte de lado dándome el culo.

Se puso de lado. Agarré la polla y se la froté en el coño y en el ojete. Me dijo:

-¡Ni se te ocurra meter!.

Al poco de estar frotando, la punta de la polla se fue metiendo dentro del coño y del culo. La verdad es que solo un poquito, pero se fue metiendo. Mi tía no decía nada. Vi cómo mordía el canto de una mano y me di cuenta de que si seguía frotando y metiendo la puntita en los dos agujeros, se iba a correr. Aproveché que estaba a punto de explotar para decirle:

-¿Subes?

-¿A dónde quieres que suba?

-Encima de mí.

-¡¿Estás loco?!

-Sé que estás a punto de correrte. 

-¿Y tú cómo sabes eso?

-Porque ya follé lo mío. Venga, sube, báñame la polla con tu corrida y deja que vea tu cara mientras te corres.

-No voy a negar que me has puesto muy cachonda, pero no puedo hacer lo que me pides.

Seguí frotando y metiendo y sacando la puntita de la polla en el culo y en el coño. Le repetí:

-Sube, bésame, fóllame y córrete mirándome a los ojos.

Entregó la cuchara.

-No te corras dentro de mí, si lo haces, te mato.

Puso el glande de la polla en la entrada de la vagina, me besó largamente mientras iba metiendo la polla. Con toda dentro se enderezó, puso sus manos sobre mi pecho y poco después, moviendo su pelvis con mucha lentitud y mirándome a los ojos, se corrió. Al verla con los ojos cerrados, gimiendo y sacudiéndose, la saqué y me corrí fuera. Luego la cogí por la cintura y le fui acercando el coño a mi boca, coño que fue  dejando un reguero de jugos por mi cuerpo. Cuando el coño llegó a mi boca y saqué la lengua, me la bañó con los últimos jugos de la corrida.

Al acabar de correrse me dijo:

-No me puedo creer que haya follado contigo.

-¿Quieres seguir?

-¡No! 

-¿Y esta noche?

-¿Qué le pasa a esta noche?

-Pásala conmigo.

-¡Ni harta de aguardiente!

-Te haré correr tantas veces como quieras.

-Eres un diablo.

-¿Entonces, sí?

-Entonces, no. No estoy tan loca. Mi hijo Paco duerme en la  habitación que está al lado de la mía.

-¿Y?

-Y nos iría.

Paco ya la estaba oyendo, es más, nos había estado oyendo desde el principio, ya que no había ido a trabajar, y en aquel momento se estaba guardando la polla, Yo, que lo sabía, no que se estaba guardando la polla, sino que sabía que nos estaba oyendo, le dije:

-Si no hacemos ruido, no.

-Es muy arriesgado.

-Yo voy a hacerte la visita, si no veo la ventana abierta, regreso a mi casa.

-A ver si te va a ver salir tu madre.

-Ya me vio salir de noche. Sabe que ando follando con la que cae, lo sabe porque una niche me siguió y nos vio.

-¿Con quién te pilló?

-Con una amiga suya, casada que tiene el marido embarcado. Ahora ya no son amigas

-Ya sé quien es. ¿Te gustó follarla?

-Sí, le gusta que le venden los ojos, que la aten y que le den en el culo.

-¿Azotes?

-Azotes y polla.

Su cara era de sorpresa total.

-¡¿Le gustó que se la metieras en el culo?!

-Sí, tanto le gustó que se acabó corriendo.

-Me acabas de poner la piel de gallina, mira.

Miré y vi que efectivamente se le había puesto la piel de gallina.

-¿Quieres correrte así?

-¿Dándome por el culo?

-Luego de habértelo comido.

-¿Y me vas a azotar?

-¿Quieres que te azote?

-Quiero que me hagas lo que le hiciste a ella.

-Aquí no tengo con que atarte y con que amordazarte.

-Eso lo dejamos para la noche. Ahora házmelo sin nada.

-Ponte a cuatro patas.

-¿Cómo una perra?

-Tal cual.

Se puso a cuatro patas. Le separé las nalgas, le enterré la lengua en el coño mojado, la saqué, le lamí el periné y al llegar al ojete le enterré la lengua dentro. Luego repetí esa secuencia hasta que mi tía, entre gemidos, me dijo:

-No me extraña que Camila te dé el coño mientras su marido está fuera. Contigo se pasa de maravilla

Le froté la polla en el coño, le metí el glande, lo saqué, se lo froté en el ojete, empuje y el glande entró dentro de su culo. Entró muy apretado, pero no se quejó. Le azoté el culo dos veces.

-¡Plassss, plasss!

 Luego le dije:

-Empuja.

Empujó un poquito.

-¡Plassss, plassss!

-Empuja.

La metió otro poquito.

-Saca y empuja.

-¡Plassss, plasss!

La sacó un poco y la volvió a meter.

-¡Plassss, plassss!

Le eché las manos a las tetas y magreándoselas y escupiendo en mi polla para facilitar la follada, le dije:

-Fóllame a tu aire.

Tiempo después mi tía gemía mientras metía y sacaba la polla de su culo. Quité una mano de sus tetas. Con cuatro dedos froté su coño mojado, clítoris incluido, y mi tía Josefa explotó.

-¡Me corro!

Al correrse su ojete quiso estrangular mi polla, pero lo que consiguió fue exprimir hasta la última gota de su leche.

Mi tía quedó encantada con la follada de culo.

La huerta que me llevaba hasta la habitación de mi tía la cruzaba un riachuelo que tenía un estrecho  puente. Lo crucé y luego llegué a la ventana de su habitación. Mi primo estaba en cuclillas con su espalda apoyada a la pared. No lo saludé. Salté de la ventana a la habitación y vi a mi tía en la cama, una cama que tenía barrotes de hierro en el cabezal y a los pies. Mi tía se quitó la sábana de encima. Estaba completamente desnuda. Me descalcé y me metí vestido en la cama. Lo primero que hizo fue echarme los brazos alrededor del cuello y comerme la boca, luego bajó una mano y me agarró la polla por encima del pantalón. Salí de la cama y me puse en pelotas. Cuando volví a la cama, salté encima de ella. Los muelles del somier de aquella cama hicieron un ruido infernal. Mi tía me dijo en bajito:

-Nos va a oír mi hijo. 

La cogí por una mano. Nos pusimos en pie. La coloqué cara a la pared. Puso las manos en la pared, separó las piernas y echó el culo hacia atrás. Froté mi polla en la entrada de su vagina, empujó con el culo y la polla entró hasta el fondo de su coño como entraría un cuchillo caliente en la mantequilla. Para tener el coño tan mojado, mi tía debía haber estado haciendo maniobras orquestales en la oscuridad. La agarré por las tetas y le di sin medida, le di a lo loco, le di sin freno. En nada, Josefa, se corrió. Al correrse sus piernas temblaron una barbaridad, sus uñas arañaron la pared y le metió tal mordisco a un brazo que le quedarían en él las marcas de los dientes. 

Al acabar de correrse me masturbé con la punta de la polla dentro de su ojete y en menos de un minuto se lo llené de leche, lo de llenárselo de leche es un decir, porque la leche  no llego a entrar dentro de su culo, sino que bajó por sus piernas.

Luego cogí en el bolsillo de mi pantalón dos vendas y con ellas le vendé los ojos y le até las manos a la espalda, después la llevé a la cama, la eché sobre ella, y le dije:

-Te voy a comer viva.

Era la señal para que entrara mi primo. Entró en la habitación, se desnudó y luego vino hasta la cama en la punta de los pies para que su madre no lo sintiera llegar. En la punta de los pies me fui yo y me senté en una silla.

Paco casi se descubre, pues al ver el coño de su madre, entreabierto y encharcado de jugos, se frotó las manos en señal de contento. Josefa dijo:

-No sabía que te gustara tanto mi coño.

Obvio que no le pudo responder, lo que hizo fue meterse en la cama, arrodillarse entre sus piernas y lamerle el coño. Con la lengua fuera de la boca y cubierta de jugos, me miró, se relamió y sonriendo volvió a lamerle el coño. Luego de varias lamidas, Josefa dijo:

-Méteme la lengua dentro del culo y del coño mientras vas lamiendo.

Paco, luego de oír la petición de su madre, me miró pidiendo ayuda. Por señas le dije que le levantara el culo. Luego hice un círculo con dos dedos y metí y saqué la lengua de él, después subí la lengua hacia arriba y volví a meter y a sacar la lengua del círculo. Lo pilló a la primera, le levantó el culo con las dos manos, le folló el culo con la lengua unas seis o siete veces, subió lamiendo y después le metió y le sacó la lengua otras tantas veces de la vagina y acabó lamiendo su clítoris.

Mi primo lo estaba haciendo mejor que yo. Josefa dijo:

-Qué bueno eres, maricón! No sigas que me corro, no sigas que me corro. ¡Aaaaaah!

Josefa se corrió. Al correrse, le frotó el coño en la nariz y se la puso perdida de jugos.

Al acabar de correrse su madre, Paco, fue directo a meterle la polla en la boca para que se la mamara. Le hice señas con los brazos para que no lo hiciera, pero mi primo no me hizo caso, y eso que habíamos acordado que él solamente le comería las tetas y le follaría el culo, ya que si se la metía en el coño, cómo su polla era más delgada y más pequeña que la mía, se iba a dar cuenta de que le había dado el cambiazo. Dicho esto, si iba a descubrir el cambiazo en el coño, ni modo que no lo notara en la boca. Fue metérsela en la boca y escupirla. Sin levantar la voz, se sentó en la cama, echó con el cuerpo de ella a Paco. Alarmada, me preguntó:

-¡¿A quién coño has traído contigo, cabrón?!

Teníamos un plan B, por si pasaba lo que había pasado. Fui hasta la cama y le dije:

-A alguien de confianza. Es alguien que jamás se se irá de la lengua.

-¡¿De quién estás hablando, desgraciado?

-Del que me acompaña cuando quiero hacerle una doble penetración a alguna mujer.

-No quiero que nadie me la meta en la boca mientras me joden, y  menos si es alguien que no conozco.

-No es en la boca, es en el coño y en el culo, y lo conoces.

-¿Quién es el cabrón aprovechado?

-Es el mudo.

-¡¿Jacinto?!

Jacinto trabajaba de noche vigilando una nave, Josefa lo sabía, y por eso me venía al pelo.

-Sí, el marido de Virginia, la que te mueve los marcos de la huerta y encima se cachondea.

-Coño, pues para ser mudo le da bien a la lengua. Yo si tuviera un marido así pasaba más tiempo jodiendo con él que jodiendo al prójimo.

-Podrías vengarte de ella.

-No podría vengarme de ella, voy a vengarme de ella.

Nos metimos en la cama. Yo le magreé y le comí una teta y Paco le magreó y le comió la otra. Estábamos a quien mejor lo hacía y a mi tía le encantaba, tanto le encantó, que acabó diciendo:

-Que uno baje y me coma el coño.

Le dije:

-Mejor será que te comamos el coño y el culo.

La ayudamos a ponerse en pie sobre la cama. Yo me arrodillé delante de ella y Paco se arrodilló detrás. Otra vez anduvimos a la competencia. Yo, comiéndole el coño y magreándole una teta y Paco, magreando la otra teta y comiéndole el culo. No sé quién lo hizo mejor, pero la mejor parte me la llevé yo cuando se corrió en mi boca.

-¡Qué puta soy!

Al acabar de gozar, me eché boca arriba sobre la cama. Paco puso a su madre encima de mí. Era un peso muerto, que estaba muy vivo. Cogí la polla y se la clavé en el coño. Sin moverme, la besé. Josefa movió el culo hacia abajo y hacia arriba, para follarme. Paco, viéndola, le separó las piernas, la cogió por la cintura y levantándola y bajándola, hizo que la polla entrara y saliera de su coño al ritmo que él le marcó. Al rato, mi tía ya desesperaba por no poder follarme como ella quisiera

-Suéltame las manos, Jacinto. 

Le dije a mi primo con la cabeza que no la soltara. Si la soltaba, lo más probable era se quitase la venda; descubriría que estaba follando con su hijo y nos correría a hostias a los dos. Le dije a mi tía:

-Antes te vamos a hacer la doble penetración.

-Ir con cuidado, no vaya a ser que en vez de hacerme gozar, me desgraciéis.

Hablé con mi primo.

-Métesela en el culo cuando yo te diga. Ya sabes como va la cosa -no sabía, por eso se lo expliqué-. Cuando tú saques, yo meto, y cuando tú metas, yo saco.

La saqué, dejando la puntita dentro, y él se la clavó en el culo, luego, al quitarla, se la metí yo. Al principio la follamos lentamente, pero luego fuimos aumentando la velocidad de las clavadas. Paco siguió mi ritmo hasta que lo perdió, mejor dicho, hasta que lo perdimos, pues al final ya metíamos y sacábamos al mismo tiempo.

 Cuando mi tía se corrió. Mi primo paró de darle. Paró porque se estaba corriendo dentro del culo de su madre. Sintiendo las convulsiones de mi tía en mi cuerpo, sintiendo su coño, apretando y soltando mi polla y oyendo sus gemidos, me corrí dentro de su coño.

Al acabar de corrernos, mi primo se quitó de encima de su madre y yo me quité de debajo de ella. Josefa estaba con los ojos cerrados y con una sonrisa en los labios. No nos dimos cuenta de que se había quedado roque hasta que se puso de lado y siguió durmiendo.

No quedó preñada, pero por mi estupidez no volvió a follar conmigo. Siempre me decía lo mismo, que era demasiado peligroso.

Quique. 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 



   
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