Mi padre adoraba mi...
 
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Vaciar todo

Mi padre adoraba mi culo y acabé dándoselo

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José
(@quique)
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                                           I

Mi nombre es Valeria, soy morena, alta, de ojos azules, nariz aguileña, tengo el cabello negro y largo, que casi siempre llevo recogido en una cola de caballo. Mis tetas son importantes y mi culo gordo. Vivo con mi padre, que se llama Lorenzo y que es un  hombre moreno, de ojos negros y  muy fuerte... Bueno, así éramos hace unos años, ahora ya hay barriga y esas cosas, pero me apetecía contar la historia de sexo que vivimos, y si me animo os cuento también un polvo con Lola, que era nuestra vecina.

Todo comenzó un sábado del mes de agosto. Mi padre y yo estábamos detrás de nuestra casa, sentados en dos banquetas y a ambos lados de un caballete. Cortábamos un tronco de pino con una gran sierra de mano. Mi padre estaba descamisado y sudando, pues aunque estábamos a la sombra, el día era muy caluroso. Yo, con una camiseta de asas, sudada por delante y por detrás, le decía:

-Tienes que comprar una moto sierra, este trabajo es matador.

-Las motosierras son caras y encima funcionan con gasolina y necesitan aceite, que también cuestan dinero.

-Vas a ser el más rico del cementerio, Lorenzo.

-Estoy ahorrando para comprar una cosa, Valeria.

-¿En este mundo o en el otro?

-No me hables así que anoche tuve un sueño en el que me moría.

-¿Cómo fue el sueño?

-Soñé con Lola, nos peleábamos y me estrangulaba hasta dejarme sin respiración. Menos mal que desperté, pero desperté con un desasosiego...

-Ese sueño es fácil de interpretar.

-¿A sí?

-Sí.

-¿Y qué significa?

-Que como sabes que Lola está colada por ti...

-Deja a Lola en paz.

Lola era nuestra vecina y estaba soltera.

-Interpretaba el sueño y Lola es la causante.

-¿Por qué?

-Porque a ti también te gusta Lola, pero tienes miedo a que te pase lo que te pasó con mi madre.

-Tonterías, tu madre se fue porque era un coño caliente.

-Y tú ves en Lola a otro coño caliente.

-Porque tú lo digas.

Luego de cortar el último pedazo del tronco de pino, y antes de poner otro en el caballete, mi padre se puso en pie, cogió el porrón, en el que había echado vino blanco del país, y se echó un trago largo, luego limpió la boca con el dorso de la mano y me lo pasó. Me mandé pequeño trago; para mandarlo tuve que levantar los brazos, mi padre vio los pelos de mis axilas y tuvo  una erección. Se sentó para que no le viese el bulto en el pantalón, pero ya era tarde. Me dijo:

-Coloca otro tronco sobre el caballete, Valeria.

Cogí el tronco sin ninguna dificultad y lo puse sobre el caballete. Mi padre me preguntó:

-¿Cómo te va con Joaquín?

-Como siempre. 

-¿Sigue pidiéndote que te cases con él?

-Sí.

-¿Y por qué no te casas?

-¿Tantas ganas tienes de verme fuera de casa?

-Sabes que no, pero tienes que mirar por ti. Tiene una herrería, sus padres le dejaron dos casas, un monte y varias huertas, no es feo y está loco por ti. ¿Dónde vas a encontrar a alguien mejor?

-Cuando tú encuentres a una mujer, me caso.

-Por eso me hablaste antes de Lola... Si esperas a que me junte con ella, te quedas para vestir santos.

-Ya hace diez años que te dejó mi madre.

-¡Cómo pasa el tiempo! 

-Sí, el tiempo no se detiene ante nadie ni ante nada.

-¿Cuánto tiempo llevas ya con tu novio?

-Va para un año.

-¿Te pasa algo con él para no dar el paso?

-No me pasa nada.

-¿No será que no sabe usar la juguetona? Porque tema seguro que ha habido, con ese culo que tienes, si no lo hubo es porque es subnormal.

-¿Qué le pasa a mi culo?

-Que tienes el mejor culo de España y parte del extranjero.

-Voy a acabar pensando que mi culo te fascina.

Esta vez echó un trago del porrón sin levantarse.

-¡Qué bueno está!

-Estará, pero no bebas más, papá.

-Me refería a tu culo.

-¡Papá!

-Es la verdad, hija. ¿Follas con él o no?

-No voy a responderte.

-Seguro que follas. Si te hubiera puesto mirando al mar al menos un par de veces cada vez que te ha follado, ya te hubieras casado con él. ¿A qué sí?

Había acertado, pero me acordé de la erección y anduve con pies de plomo.

-No digas tonterías.

Siguió erre que erre.

-Debe ser frustrante.

-Frustrado, sí que estás tú.

-¿Te has corrido alguna vez con él?

Le volví a repetir:

-No bebas más vino, papá.

-Me late que no.

Habíamos acabado con aquel tronco. Aproveché para cortar la conversación.

-Voy a coger otro tronco.

Un par de horas más tarde teníamos los troncos cortados y tocaba llevarlos a la leñera. Mi padre me dijo:

-Ya tenemos leña para el resto del año.

Camino a la leñera, le respondí:

-Sin tiempo no era. Tengo las manos llenas de bochas.

Luego de echar los troncos en la leñera, me dijo:

-A ver, enseña.

Le enseñé las palmas de las manos y al ver las bochas me las besó.

-¿Qué haces, papá?

Me echó una mano al culo.

-Duro, está duro cómo me imaginaba. ¡Qué maravilla!

Le di la espalda para irme.

-Déjame, estás borracho.

Me echó las manos a las tetas, y magreándolas, me besó el cuello.

-Me pone el olor de tu sudor.

-¡Tu boca huele a vino que apesta! Suéltame.

-Llevo muchos años sin follar.

-Yo no tengo la culpa.

Mi padre bajó una mano a mi coño. Me encogí y sentí entre mis nalgas su polla empalmada. Me dijo:

-Déjate querer.

Me levantó la camiseta y volvió a magrear mis tetas por encima del sujetador. Me giré y le metí una bofetada que le puse la cara del revés. Me la devolvió y me dijo:

-Quieras o no quieras, te voy a dar lo que no te da el sopla pollas ese.

Me bajó una copa del sujetador. Me lamió el pezón y la areola y después chupó. Bajó la otra copa y me hizo lo mismo. Me estaba mojando sin poder evitarlo. Rompí mi silencio para decir:

-Hoy mismo hablo con mi novio para irme de esta casa.

-Eso es lo que quiero, que te vayas a vivir con él.

Me encaró y me quiso besar. Le hice la cobra. Me amasó las nalgas, al tiempo que besaba y lamía mi cuello, luego me echó sobre una veintena de sacos que usábamos cuando íbamos a coger piñas, se puso encima de mí y volvió a comerme las tetas. Yo no hablaba. Quería aparentar que no sentía ni padecía. Quería que a mi padre le pareciese que le estaba mamando las tetas a una muerta, pero no estaba muerta, no, las muertas no se mojan, y cuando mi padre me levantó el vestido y me tocó el coño por encima de las bragas blancas vio que estaban mojadas. Este descubrimiento lo excitó aún más de lo que ya estaba. Hizo que me abriera de piernas, acarició el interior de mis mulos, luego me metió la mano dentro de las bragas y dos dedos dentro del coño. Me masturbó y queriéndome besar, me preguntó:

-¿Te gusta?

Me gustaba, pero mi respuesta fue hacerle la cobra. Me levantó el  brazo izquierdo y me lamió la axila peluda.

-Si quisieras te lamía así el coño hasta que te corrieras en mi boca.

Claro que quería, pero seguí guardando silencio. Me lamió la otra axila y luego volvió a comerme las tetas.

-En mi vida había visto un coño tan encharcado ni unas tetas tan perfectas.

Me lamió una oreja y el cuello, después, mientras me masturbaba, se pegó un atracón de tetas que me dejó los pezones duros como cuernos. 

Poco después me corrí, sin un gemido, pero me delataron mi coño y mi pelvis, el coño al apretar sus dedos y bañarlos de jugos y la pelvis al dar tres pequeños latigazos.

Al acabar de correrme, mi padre se desnudó. Vi su polla, que era más grande y más gorda que la de mi novio, y luego oí como me decía:

-Te voy a hacer correr más veces.

Me quitó las bragas y vio mi coño extremadamente peludo. 

-Tu coño es el más bonito que he visto... Es una pieza de caza mayor. ¿Me dejas que te lo coma?

Me echó las manos a los tobillos. Yo flexioné las rodillas y me abrí de piernas. Aquello era un sí más grande que una catedral.

Dulcemente, lamió los jugos de la corrida, lo hizo después de abrir el coño con dos dedos y lamiendo un labio primero y el otro después, luego lamió de abajo hacia arriba. Al llegar al clítoris, desplazó con la yema de un dedo el capuchón hacia atrás y me lamió el glande con la punta de la lengua. Después me clavó la lengua en la vagina repetidas veces, para a continuación levantarme el culo con las dos manos y lamer y follarme el ojete con la lengua. Follando mi ojete, mi pelvis volvió a dar tres pequeños trallazos y me corrí de nuevo. Mi padre lamió el coño y se tragó los jugos de la corrida.

-Tus corridas son las más ricas que he probado.

Seguía sin hablar, pero mis corridas hablaban por mí.

Ahora te voy a follar.

Me levantó cogiéndome por la cintura con las dos manos, me metió la polla, despacito, pero hasta las trancas y después me dio duro. Al rato paró para preguntarme:

-¿Te gusta?

No le respondí, pero al quitarme las manos de la cintura seguí arqueada. Mi padre lo interpretó como un sí, que es lo que era, y me volvió a dar a mazo. 

Al sentir que mi coño apretaba su polla, paró de darme caña y me preguntó:

-¿Te gustaría que te apretase la garganta mientras te corres?

Seguí guardando silencio, un silencio que ya era cómplice de todo lo que me hacía mi padre. Me folló duro y cuando mi coño le volvió a apretar la polla, me echó las manos al cuello y no me dejó respirar hasta que acabé de correrme.

Cuando paró, mi cuerpo se estaba convulsionando y mi pelvis daba pequeños trallazos. La  sensación de ahogo y el tremendo placer que había sentido me habían llevado al mejor orgasmo de mi vida, que dicho sea de paso, me los daba yo misma.

Al acabar de convulsionarme buscó mi boca con la suya y la encontró, pero su lengua no llegó a entrar en ella porque chocó con los dientes. Me imploró.

-Uno, deja que te de un beso, por favor.

Abrí la boca un poquito y su lengua entró en ella. Olía a vino que apestaba, pero estaba tan cachonda que me encantó sentir su lengua jugar con la mía. Al apartar mi boca le la suya, me dijo:

-Eres la cosa más bonita que a parido una mujer.

Me volvió a follar hasta que no pudo más. La sacó, se corrió en mi vientre, y después me preguntó:

-¿Quieres la propina?

Claro que la quería, quería esa propina y las que me diera... Como no le respondí, me puso a cuatro patas y se puso detrás de mí.

-Acariciando mis nalgas, me dijo:

-Tu culo aún es más hermoso de lo que imaginaba. ¡Lo adoro!

Realmente estaba pillado por mi culo. Me lamió las nalgas y luego las separó para ver bien mi ojete.

-¡Lo que se está perdiendo el gilipollas!

 Me metió y me la sacó la lengua del ojete, lo hizo cantidad de veces. Luego lamió el periné y después lamió mi espalda de abajo a arriba y de arriba a abajo. Separó las nalgas, besó mi ojete y me dijo:

-Si quisieras te lo preparaba con mantequilla y luego te lo follaba hasta dejarte los ojos en blanco.

Pensé que eso podría tener su cosa, pero en casa no había mantequilla. Me metió dentro de la vagina los dedos medio y anular de la mano derecha y el medio  de la izquierda, luego sacó el medio de la  mano izquierda, y mojado de jugos me lo metió dentro del culo. Acto seguido me masturbó, lentamente, al principio, y a prisa al final... Cuando me vino el gusto me derrumbé sobre los sacos y me corrí entre fuertes convulsiones. Si mi padre viese mi cara vería que tenía los ojos en blanco, o eso creo, pues los abrí y no veía nada. 

Al volver en mí, oí cómo me preguntaba:

-¿Quieres más?

Lo miré con cara de pocos amigos y le pregunté:

-¡¿No te llegó, desgraciado?!

-A mí, sí, pero a ti...

Le mentí con descaro.

-A mí me sobraba todo. Te dejé hacer para que no me volvieras a pegar, pero no me coges en otra, de eso puedes estar seguro.

-¿Te vas a ir de casa?

-¿No es lo que buscabas?

-Sí, pero después de saborearte, me quedó la boca tan dulce que cambié de opinión.

-Yo también cambié de opinión. Ahora quiero casarme con Joaquín.

-No te hará feliz.

-¿Y tú sí, depravado?

Mi padre bajó la cabeza y con voz tristona, me respondió:

-Supongo que no.

-Supones bien.

-¿Me perdonarás algún día lo que te he hecho, hija?

-¡Jamás!

-Estaba muy perjudicado...

-Sabías bien lo que hacías y lo que decías, degenerado.

-¿Lo de degenerado lo dices por lo del culo? Si solo fue un dedo.

Quise saber si había dicho en serio de lo de prepararme el culo.

-¿También decías en serio lo de la mantequilla?

-Sí... Hacía tiempo que me relamía pensando él, por eso me fui la lengua al ver de cerca el ojete.

Fingí estar ofendida.

-¡Pervertido!

                                           II

Era otro día de esos del mes agosto en que se freían huevos sobre las rocas y en casa se sudaba la gota gorda. Estaba tumbada en un sillón cuando llamaron a la puerta.

-¡¿Quién es?!

-Soy Lola. Venía a ver si me puedes dar un poco de sal, Valeria.

-Pasa.

Lola, que era una mujer en la treintena, morena, con el cabello corto, guapa de cara, de mí misma estatura, con buenas tetas y buen culo y objeto del deseo de los hombres del pueblo, llegó a la sala vestida con una falda de color marrón que le daba por encima de las rodillas, una blusa blanca, calzando unos zapatos negros con poco tacón, pintada, cómo era costumbre en ella, y con un pocillo en su mano derecha. Le dije:

-Vamos a la cocina a por la sal.

-Vamos.

Ya en la cocina le pregunté:

-¿Quieres tomar algo?

-No.

-Lo decía porque quería hablar contigo.

-¿De tu padre?

-Sí.

-Hablemos.

-Siéntate.

Nos sentamos a la mesa una delante de la otra.

-Verás. Cómo sabes, tengo novio.

-Y no quieres casarte por no dejar a tu padre solo.

-Contigo da gusto hablar. Pues era eso. Tú le gustas y mi instinto de mujer me dice qué él te gusta a ti.

-Claro que me gusta, es una buena persona, o eso parece, pero tu instinto de mujer te ha fallado. Lo último que desearía sería pasar el resto de mi vida con tu padre.

Me dejó de lado.

-Como venías tanto por casa, creí que estabas loquita por él.

-Venía por otra casa.

-¿Qué cosa?

Lola se confesó conmigo.

-Tengo treinta y dos años, Valeria. ¿Te crees que si me gustaran los hombres no había estado ya con alguno?

-Entonces venías...

-Sí, venía por ti. Me gustas mucho.

Cogí su pocillo, me levanté y fui a la alacena a coger la sal. Tenía la sal en una mano y el pocillo en la otra cuando Lola me echó as manos a la cintura. Me di la vuelta. Abrí la boca para llamarle la atención, pero no me dio tiempo, su lengua entró en mi boca y lamió la mía. La separé de mí empujándola con el cuerpo porque las manos las tenía ocupadas, y le dije:

-Eres una enferma.

Se puso mimosa.

-Tú me pones enferma.

Me echó las manos al culo y me volvió a besar con lengua, pudo hacerlo porque de nuevo quise hablar. Mentiría si dijera que no me estaban gustando sus besos, pero no podía dejarme vencer por mis bajos instintos. La separé de mí muy lentamente, y le dije:

-Tienes un problema, Lola, y yo no te lo puedo solucionar. Mejor será que te vayas.

-Tú eres la única que me lo puede solucionar.

Su mano izquierda magreó mis tetas. La derecha me levantó la falda, se metió dentro de mis bragas y se encontró con mi coño húmedo.

-Deja que te haga gozar.

Posé el pocillo y la sal en la encimera. Saqué fuerzas de mi flaqueza, le quité la mano, la empujé con fuerza, y le dije:

-¡Se acabó! O te vas de mi casa por las buenas o te saco yo por las malas.

-Vaya genio que tienes. Si eres así de brava en la cama vas a destrozar a quien pilles por delante.

No supe si comerle la boca, si bajarme las bragas y decirle "come," o si quedarme con las ganas de gozar que había provocado en mí. Opté por esto lo último. Señalando la puerta con un dedo, le dije:

-¡Fuera!

-Vale, me voy. Tendré que seguir destrozando los dedos, mientras pienso en ti, pero que sepas que te deseo más que a nada en este mundo.

Sus palabras aún me calentaron más.

-¡Fuera, coño!

Se fue contoneando las caderas y sin el pocillo, donde no me había dado tiempo a echar la sal. 

Aquella calentura que estaba sintiendo en el coño no era buena dejarla así. Me fui a mi habitación y me desnudé. Me coloqué de lado y metí una mano entre las piernas Al pasar el dedo medio de mi mano derecha  por los labios del coño, supe lo terriblemente mojada que estaba. No tardé en meter dos dedos dentro... Al rato estaba boca arriba, pensado en Lola y diciendo en alto su nombre, y oí su voz.

-Aquí estoy.

Con el sobresalto me dio un vuelco el corazón. Me senté en la cama y tapando las tetas con un brazo y una mano y el coño con la otra mano, le pregunté:

-¡¿Qué haces aquí?!

Se acercó a la cama y me respondió:

-Volví a por mi pocillo, oí que me llamabas y vine a ver que querías.

-¡Vete de mi habitación!

Se sentó en el borde de la cama.

-Deja que acabe lo que estabas haciendo. 

-Vete, no quiero que me toques.

Me pasó un dedo por los labios.

-¿Para que vamos a fantasear una con la otra pudiéndonos tener?

-Eres  perversa.

Tan pronto como me puso una mano sobre el hombro me dejé caer hacia atrás, y lo hice por tres motivos, el primero porque Lola estaba como un queso de tetilla, el segundo porque tenía curiosidad por saber que se sentía haciéndolo con una mujer, y el tercero porque me lo pedía el coño. Lola me dijo:

-Desnuda eres la perfección hecha mujer.

 Se echó a mi lado, me quitó la mano del coño y me besó con una dulzura cómo jamás me habían besado. Su lengua no acariciaba la mía, la adoraba, sus labios no besaban los míos, los idolatraban y sus dedos no acariciaba mis pezones, los veneraban. Entre besos y caricias, me dijo:

-Estoy haciendo un sueño realidad.

No sé si a ti, que estás leyendo esto, te gusta que te digan cosas bonitas mientras te besan y te acarician, pero a mí me hacen sentir especial

Pero volvamos a lo mollar... Me metió un dedo en el coño, dedo que tardó una eternidad en entrar y otra eternidad en salir. Luego de sentir como mi vagina se lo apretaba, me dijo:

-Estás casi a punto.

Le eché los brazos al cuello y la besé con lujuria.

-Con ternura, cariño, con ternura se disfruta de todo con más intensidad.

Se separó de mí y luego lamió mis pezones con tanta delicadeza que su lengua parecía una pluma al rozarlos. Yo me moría por correrme. Abrí los ojos. Mirándola a la cara, le cogí la mano que tenía en mi coño, le saqué el dedo, lo llevé a mi boca y lo chupé, luego le estiré dos dedos, se los chupé y después se los llevé a mi coño y le dije:

-Haz que me corra.

Me clavó los dedo de un trallazo cómo si de una polla se tratara, luego me machacó el punto G con las yemas de sus dedos, punto que hasta ese momento no sabía que tenía. De mi coño comenzó a caer el diluvio universal y me corrí entre fuertes convulsiones.

Al acabar de correrme me besó y luego me dijo

-Te voy a sacar hasta la última gota de jugos que tengas en el coño.

Le devolví el beso.

-No creo que me queden jugos.

Metió su cabeza entre mis piernas. Al sentir su aliento en mi coño, éste se abrió y se cerró. Pensé que me lo iba a lamer despacito, pero su lengua se convirtió en una Thermomix y no le duré nada, pero nada de nada... Al correrme me vino con tanta intensidad que cogí la almohada y le metí tal bocado que le quité un pedazo de la funda. Mi coño desbordó tanto que cuando Lola acabó conmigo y levantó la cabeza, por su cara bajaban diminutos regueros de jugos. Me dijo:

-¡Vaya si te quedaban!

Quedé agotada. Lola se quito la blusa y se limpió la cara con ella. Después se arrodilló entre mis piernas y se quitó el sujetador. Mirándome a los ojos se magreó las tetas y jugó con sus pezones. Luego se quitó la falda y las bragas y comenzó a masturbarse con dos dedos. Ahora me miraba para la cara, para las tetas y para el coño. Me puse cachonda de nuevo, me magreé las tetas y luego me masturbé con ella... Pasado un tiempo se echó encima de mí y frotó sus pezones contra los míos. Luego, dándome la teta derecha a mamar, me preguntó:

-¿Me comerías el coño si te lo pongo en la boca?

No lo dudé. Quería conocer el sabor de un coño que no fuera el mío.

-Sí.

Me dio la teta izquierda a mamar... Después se giró, puso su coño en mi boca y me dijo:

-Saca la legua.

Saqué la lengua, frotó su coño contra ella y duró poco más de lo que había durado yo. Se corrió y entre espasmos y gemidos, me dijo:

-¡Bebe, bonita, bebe!

Al acabar de correrse se inclinó y comenzó a comerme el coño, yo seguí comiendo el suyo... Pasado un tiempo estábamos sudando cómo dos cerdas y hozábamos cómo tales metiendo nuestras lenguas en las pocilgas que eran nuestros coños, sí pocilgas, porque olían a rancio y estaban asquerosos.... Entre efluvios y gemidos, me dijo:

-Avisa cuando te vayas a correr para parar de comerte el coño. Quiero que nos corramos juntas.

-Ya estoy muy cerca.

-Méteme dos dedos en el coño y otro en el culo y fóllame los dos agujeros.

Hice lo que me dijo y al ratito me dijo:

-¡Me muero de placer, cariño!

Al Comenzar a correrse me chupó el coño y me corrí con ella.

-¡Y yo, Lola, y yo!

Al acabar de corrernos tuvimos que dejarlo, por ese día, pues  la temperatura era propicia para que nos diera un jamacuco.

                                               III

Llevé tres días evitando mi padre, para lo cual había dejado de desayunar, de comer, de merendar y de cenar con él. Me limitaba a hacer la comida, a hacer las camas, a limpiar la casa, a ir de compras, y bueno, como ya sabéis, uno de esos días había follado con Lola.

Al cuarto día era mi cumpleaños. Oí a mi padre hablar fuera de la casa con un vecino y me fui para mi cuarto. Mi padre me buscó y me encontró en la cama haciendo que leía La Isla Misteriosa. Puso un paquetito sobre la cama y me dijo:

-Felicidades, hija.

Ni lo miré, pero le hablé.

-Tienes una tortilla en el horno y una botella de vino tinto sobre la mesa.

-Gracias, hija, y perdona de nuevo por lo que te hice.

No abrí la cajita hasta que no sentí el ruido de la Montesa Impala de mi padre alejarse le la casa. Al abrirla vi unas llaves.

-¿Qué abrirán?

Salí de mi habitación. Al llegar a la cocina vi un Vespino de color blanco con un candado puesto.

Eché las manos a la boca en señal de sorpresa, y esbocé una sonrisa.

-Hoy cae con todo el equipo.

Le quité el candado al ciclomotor, lo saqué de casa y fui a ver a mi novio a la fragua. Joaquín, al verme, dijo:

-¡Qué chulada! Ya estás motorizada. ¿Por qué te la regaló tu padre?

Me sentó cómo una patada en todo el coño que no se acordara de que era el día de mi cumpleaños, pero solo le dije:

-Me la regaló porque soy su hija. Me voy a la playa.

De camino a la playa, con el viento dándome en la cara y con mi cabello volando, me acordé de las palabras que me había dicho mi padre poco antes de pasarse conmigo. "Estoy ahorrando para comprar una cosa." Eso significaba que no me la había comprado para que lo perdonara. Al llegar a la playa le puse el candado a la moto y me fui hacia el agua. Me quité las sandalias y con ellas en la la mano me di un paseó por la orilla bajo la mirada de cientos de gaviotas, pues ese día el sol se había ido de vacaciones y la gente no había ido a la playa. Me vinieron a la cabeza escenas del polvo que me había echado mi padre.

-Tengo que provocarlo para que me folle otra vez, pero sin que se note que quiero follar con él.

De regreso a casa, aparqué el Vespino delante de la tienda donde compraba a fiado y salí de ella con vino, con  los ingredientes para hacer una tarta y con varias miradas de envidia.

Mi padre llegó a casa a las diez de la noche porque estaba haciendo horas extras en la carpintería. Vino a la cocina y me vio de espadas. Esa noche me había perfumado. Tenía el cabello suelto y llevaba puesta una falda negra, ceñida al cuerpo, que me daba bastante por encima de las rodillas, una blusa blanca y calzaba unos zapatos negros de tacón de aguja. Me preguntó:

-¿Va a venir tu novio a cenar?

Me giré,  lo miré, le sonreí, y le dije:

-No, vamos a cenar tú y yo solos.

-¡No te puedes ni imaginar cuanto me alegra volver a verte sonreír! ¿Te va a venir a buscar Joaquín para salir?

-No, al acabar de cenar me iré para cama. ¿No te bañas antes de cenar?

-Sí, me voy a dar un baño.

Le volví a dar la espada.

-No tardes que la cena ya está lista.

Mi padre volvió afeitado, oliendo a Varón Dandy y vestido con el único traje que tenía, uno de color marrón con rayas negras. Yo, que ya había puesto la cena sobre la mesa, al verlo, le pregunté:

-¿Tienes una cita con alguna mujer?

-No, pero no quise desentonar. Al perfumarte y ponerte tan guapa...

Mi padre había sacado sus propias conclusiones, que por otro lado, no eran difíciles de sacar.

-Siéntate y cenemos antes de que se enfríe.

Mi padre se sentó a la mesa, se echó un vino tinto, y me preguntó:

-¿Has estado con tu novio?

-Sí.

-¿Qué te regaló?

-Ni se acordó de que era mi cumpleaños. Cada día se me atraganta más.

-Es un poco extraño que no se haya acordado de una fecha tan señalada.  ¿Por qué no se lo recordaste tú?

-Si ni siquiera...

Me acordé de algo, me callé y seguí comiendo.

-¿Ni siquiera, qué?

-Que nunca le dije cuando cumplo años.

-Eso lo explica todo. ¿Qué has hecho hoy aparte de las cosas de casa y de visitar a tu novio?

-Fui a la playa a mojar los pies.

-¿Se te olvidó el bañador?

-No estuvo el día cómo para bañarse.

-No, lo cierto es que no.

Mi padre echó un trago de vino y luego me dijo:

-No creo que haya otra persona que cocine el pollo estofado mejor que tú.

-Seguro que hay.

-Lo dudo.

Entré en el asunto que me interesaba.

-Vamos a cambiar de tema. ¿Por qué me diste aquella bofetada con tanta fuerza?

-Se me fue la mano.

-Que no se te vuelva a ocurrir tocarme la cara.

-Fue un arrebato. Es que...

-¿Qué?

-¡Qué te deseaba tanto!

-¿Deseabas?

-Y deseo, pero no te volveré a violentar.

-No me lo creo.

-Puedes creerlo, ese día estaba borracho, si no estuviera borracho no te hubiese tocado de ninguna de las maneras.

-Los borrachos dicen siempre la verdad y a veces hasta tienen razón en sus conclusiones y en una tenías razón.

-¿En cuál?

Con disimulo, le empecé a enseñar cual sería el postre.

-No debería decírtelo.

-Ya que has empezado... ¿En cuál?

-En que con mi novio no me corro.

-Eso no alivia mi desasosiego por lo que hice.

-Tampoco debía decirte lo que te voy a decir, pero te lo diré. Me gustó todo lo que me hiciste. Disfruté de cada una de tus caricias. ¿Te consuela oírlo?

-Sí.

-¿Sí, a secas?

-Es que si te digo lo que me has provocado se acaba la cena.

-Dilo, digas lo que digas, no se acabará.

-Me has provocado una erección.

-No era esa mi intención... Desde luego, que poco te hace falta para ponerte cachondo.

-Solo me pasa contigo.

-Mejor será volver a cambiar de tema. ¿Cuánto tiempo te llevó ahorrar para el Vespino?

-Un año y medio. 

Desde luego, querer, me quería, aunque a su manera.

-Ahora hay que comprar la motosierra.

-Sí.

-¿Y qué tal en el trabajo?

-Bien...

Después de cenar puse la tarta, soplé las velas y le dije a mi padre:

-A ver si se cumple mi deseo.

-Sea cual sea, ojalá se te cumpla.

Al acabar de comer la tarta, mi padre se fue para la sala de la televisión. Yo recogí la mesa y después yéndome para mi habitación, le dije:

-Por cierto, papá, compré una tarrina de mantequilla por si te apetece hacer algo con ella.

-Gracias, hija.

Mi padre siguió mirando la televisión. Habían pasado cinco o seis minutos cuando le debió venir a la cabeza lo que me había dicho que me haría en el culo con mantequilla, si le dejara, ya que oí exclamar:

-¡Coño!

Sentí abrir y cerrar dos puertas del mueble de la cocina y después lo vi entrar en mi habitación con la tarrina de mantequilla en su mano derecha. Él me vio  en cama, tapada con una sábana y me  dijo:

-¿Quieres que juegue contigo? Si quieres que juegue, destápate.

Como no me destapé se dio la vuelta, y yéndose dijo:

-No doy una coño, no doy una.

Le dije:

-Papá.

-¿Qué?

-Mira y dime que te parece.

Me destapé y mi padre vio mi cuerpo desnudo. 

-¡Joder, no puede haber belleza mayor que la tuya en este mundo!

Puso la margarina encima de la mesita de noche y luego comenzó a desnudarse, quitando la chaqueta, le dije:

-Para, papá, déjame a mí.

Salí de la cama, me puse enfrente de él, y dándole picos, fui quitando de los ojales los botones de su chaleco. De los botones de su chaleco pasé a los de su camisa. Al tenerlo desnudo de cintura para arriba, me agaché y le chupé los pezones. Luego le saqué el cinturón y a continuación le bajé los pantalones y los calzoncillos, luego, con su polla mirando al techo, le quité los zapatos... Acabé colocando su traje encima de una silla. Estaba inclinada colocando el traje cuando sentí sus manos en mi cintura y la polla en la entrada de mi coño. Eché el culo hacia atrás y clavé la polla hasta el fondo de mi coño. Un gemido de placer salió de mi garganta. "¡Arrrrrg!" Agarrándome por las tetas me folló duro. Yo quería algo más fuerte, así que también lo follé a él echando con violencia el culo hacia atrás. Parecíamos una loca y un loco follando. El loco queriendo romper mi coño y la loca queriendo romper su polla y sus huevos, pues los huevos se estrellaban contra mi ojete mojado. Aquella follada frenética no podía durar mucho, y no duró. Al sentir mi padre que me iba a correr, me echó la mano izquierda a los pelos y tiro con fuerza. Con mi cabeza echada hacia atrás, le dije:

-¡Me corro, me!

No pude acabar porque me echó la mano derecha a la garganta, me la  apretó y no me la quitó hasta que no acabé de correrme.

La corrida había sido brutal. Cuando quitó la polla y se corrió en mis nalgas, me enderecé. Sentí salir del coño los jugos de mi corrida, qué mientras mi padre me besaba con lengua, bajaron por el interior de mis muslos, llegaron a mis tobillos y acabaron en el piso de la habitación, los que llegaron, porque otros seguían manchando mis muslos.

No me quedó más remedio que dejar de besar a mi padre, coger una toalla en el armario, limpiar mis muslos, la leche de las nalgas y después el piso.

Al acabar de limpiarme y de limpiar el piso, vi que mi padre ya se había metido en mi cama. Su polla parecía un pájaro muerto y tenia la cabeza de lado. Me eché a su vera, le toqué a la polla con un dedo, y le dije:

-Igualita que una que yo me sé. Se corre, se echa a dormir y ya no hay más polla en una semana.

Mi padre me dio un pico y me dijo:

-La mía no es cómo esa que describes, la mía está tomando la siesta y cuando despierte te va a poner el coño fino.

-Me late que ese no levanta la cabeza ni para ver cómo está el tiempo.

Mi padre subió encima de mí. Sentí su polla muerta sobre mi coño mojado. Me besó con legua, bueno, nos besamos con lengua, luego me agarró las tetas, las juntó, las estrujó y teniéndolas estrujadas, me lamió los pezones y me chupó las areolas, luego las separó, metió su cabeza entre ellas y las lamió y las chupó por los lados.... Al rato sentí su polla latir en mi coño. ¡Ya la tenía dura! Fue tanta mi curiosidad que le dije a mi padre:

-Deja que vea tu polla.

Se sacó de encima y al ponerse boca arriba y vi al bicho de un ojo solo mirando hacia mí.

-¡Increíble!

-No es increíble, es lo normal. Dame el coño.

-¿Qué?

-Que me des el coño.

-Ya te lo estoy dando.

-En la boca, dámelo en la boca.

-¡¿Quieres que te ponga el coño en la boca?

-Sí, quiero lamerte el ojete y el coño.

Me pareció algo muy raro que le pidiera eso tan guarro a su señorita, pero luego me di cuenta de que yo ya no era su señorita, ahora era su putita. Le  puse el coño en la boca.

-Voy a sacar la lengua, cuando lo haga frota tu coño y tu ojete contra ella, búscala, y córrete en mi boca.

-Me va a llevar mucho tiempo correrme.

-Tómate tu tiempo. No hay prisa.

Sacó su gran lengua y me la enterró en el coño. Comencé a mover el culo de atrás hacia delante y de delante hacia atrás, y esto hizo que la lengua saliera, lamiera el ojete, el coño, el clítoris, y luego que volviera a entrar en la vagina... Le cogí el tranquillo a la cosa y lo que al principio hacía despacio lo fui haciendo cada vez más aprisa. ¿Sabéis esa sensación en la que ves que te va a venir, que te va a venir y no te acabas de correr? Pues esa misma sensación fue la que sentí al ir acelerando los movimientos de mi culo... Cuando la lengua ya no entraba en la vagina, sino que iba a toda hostia desde el ojete al clítoris, pasando por los labios vaginales, en ese momento que mis gemidos ya eran escandalosos, algo explotó dentro de mí y me corrí en la boca de mi padre. El goloso volvió a enterrarme la lengua en el coño para no perderse ni una gota de mi corrida.

Al acabar me dijo:

-Siéntate ahora en mi polla.

-Me vas a matar de placer, papá.

-No hace falta que follemos. Solo quiero tener mi polla dentro de tu coño.

Me senté en su polla, y con ella enterrada en mi coño, me eche hacia delante, puse mi cabeza en su hombro izquierdo y le susurré al oído:

-¿Por qué quieres tener tu polla dentro de mi coño sin hacer nada?

-Porque es como estar en el Paraíso.

Al rato comencé a follarlo despacito y al hacerlo froté mi clítoris contra su cuerpo.

-No te muevas, papa, solo bésame.

Nos besamos con tanta melosidad que si alguien nos hubiese visto  y no supiera que éramos padre e hija, diría que estábamos enamorados. Entre besos, me preguntó:

 -¿Te gusta estar así?

-Estaría así durante horas.

-Por mi parte puedes estar así el tiempo que quieras.

-¿No te vas a correr?

-No.

 De repente, sin previo aviso, sentí que me venia.

-Pues yo sí, de hecho ya me estoy corriendo.

-Mírame mientras te corres.

Lo miré, pero lo vi borroso.

Al acabar de correrme, me acarició el cabello, me dio un pico y me dijo:

-Pareces un angelito cuando te corres.

.¿Sabías que eres el primer hombre que ve mi cara al correrme?

-Es agradable saber que uno es el primero en algo.

-Eres el primero en más cosas.

-¿En que cosas?

-En comerme el coño, en comerme el culo, en lamer mis axilas, en tirarme del pelo, en asfixiarme al correrme, en follarme el culo...

-Hablando del culo. ¿Me lo das ahora?

-Estaba deseando que me lo pidieras.

-¡¿De verdad?!

-Sí, no me quito de la cabeza el sexo anal desde que me follaste el culo con el dedo.

-¿Curiosidad?

-Y morbo. Mi culo es tuyo. ¿Cómo me pongo?

-Ponte a cuatro patas.

Me puse a cuatro patas, mi padre lamió mi ojete y luego metió y sacó la lengua de él. Al rato cogió el tarro de la mantequilla, lo abrió y clavó el dedo medio de su mano derecha en la mantequilla. Con el dedo engrasado pasó la yema por mi ojete haciendo círculos sobre él y después me lo metió todo dentro del culo y me lo folló, al tiempo que pasaba dos dedos de la otra mano por mi coño y me daba besos en las nalgas. Me preguntó:

-¿Te gusta?

-Sí.

Estuvo un tiempo metiendo y sacando el dedo y girándolo alrededor y hacia los lados. Era obvio que estaba haciendo hueco.. Luego me quitó el dedo poquito a poco. Cuando solo quedaba la puntita mi ojete lo apretó para no dejarlo salir. Bromeando, le dije:

-Parece que mi culo le cogió cariño a tu dedo.

-Eso parece.

 Clavó dos dedos en la mantequilla, pasó las yemas por el ojete y sentí cómo se me abría y se me cerraba pidiendo ser follado. A continuación montó un dedo sobre el otro y los metió dentro de mi culo. Mojó el dedo pulgar de la otra mano en los jugos de mi coño y mientras me follaba el culo y me besaba las nalgas acarició mi clítoris con la yema. 

Pasado un tiempo y notando como los jugos de mi coño bajaban por el interior de los muslos, la sentí venir y se lo dije:

-Si me sigues frotando el clítoris, me corro.

Siguió frotando el clítoris y follándome el culo y me corrí. El culo, haciendo las funciones de mi coño, apretaba los dedos. La corrida fue larga y muy intensa.

Al acabar de correrme, me preguntó:

-¿Te gustó?

-Me encantó.

-¿Sigo?

-Sigue.

A los dos dedos siguieron tres y a los tres, cuatro... Llegó un momento en que mi culo ya aceptaba lo que le metieran y yo no paraba de gemir. Me lo estaba pasando en grande, de hecho me iba a correr de nuevo cuando me preguntó mi padre.

-¿Quieres que te meta la polla?

-Mete.

Untó la polla con mantequilla y luego untó mi ojete. Frotó la polla en el ojete y después me la metió. La polla se deslizó por el conducto dándome placer. Mi padre, oyendo mis gemidos, me dijo:

-Mastúrbate y corrámonos juntos.

Quise meter dos dedos dentro del coño, pero no me entraron. Su polla dentro de mi culo no dejaba espacio. Iba a acariciar mi clítoris con los dedos, pero una ola de calor comenzó a recorrer mi cuerpo, a esa ola siguió otra de placer que hizo que me fallaran los brazos, que cayera de bruces sobre la cama y me sacudiera cómo si estuviera poseída. No sé si se me pusieron los ojos en blanco o no, lo que sé es que recobré el conocimiento tiempo después y con el culo lleno de leche.

Bueno, aquí lo dejo, solo deciros que seis meses después me casé con Joaquín, y que de vez en cuando voy a comer a la casa de mi padre, sola, claro. Con Lola perdí el contacto el día que se fue del pueblo.

Quique.

 

 

 

 

 

 



   
1
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nyctidromus
(@nyctidromus)
Miembro Erótico Autor
Registrado: hace 5 años
Respuestas: 933
 

@quique que buen relato incesto y lésbico los más morbosos estrellas para ti ⭐⭐⭐⭐⭐ saludos desde Venezuela 🇻🇪🇻🇪🇻🇪🇻🇪


scripsit nyctidromus

sanguine et pulvis
n****@gmail.com


   
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