Hace muchos años yo era contrabandista de tabaco y viajaba mucho. En un viaje que hice a Manchester conocí a Evelyn, una inglesa que era intérprete.
Evelyn era un monumento de mujer, alta, rubia, de ojos verdes, era preciosa y tenía un cuerpo de infarto, a pesar de ser diez años mayor que yo, me enamoré de ella como un colegial. Logré que viniera a trabajar a España ganando una pasta y a los tres meses, luego de gozarla y re gozarla, me casé con ella.
Sabía muy poco de la vida de Evelin, por saber ni sabía que había estado casada y que tenía una hija. La hija se llamaba Emily, tenía diecinueve años y vivía con su padre.
En aquellos tiempos un contrabandista de tabaco rubio a gran escala tenía mucho poder, y el ex de mi esposa no era muy valiente... En fin, que le di una sorpresa a mi mujer trayendo a Emily a España a vivir al pazo con ella y conmigo.
Emily era alta, delgada, rubia, de cabello corto, tenía los ojos verdes, y cara de ángel, pero se comportaba como una diablesa. Andaba por el pazo media desnuda, y digo media desnuda porque los shorts que se ponía, al no llevar bragas, a veces dejaban ver el vello rubio de su coño, y en los tops se marcaban los pezones de sus tetas medianas.
Sin querer fui un instrumento que usó la muchacha para vengarse de la madre. Evelyn callaba cuando se me insinuaba, callaba y yo no sabía el motivo.
Al tercer día de llegar al pazo, Emily iba a rizar el rizo. Estando e la sala, sentada ella en un sofá, sentado yo en otro sofá enfrente de ella y m mujer en el mueble bar echándome una copa, la miré y la muchacha, sabiendo que su madre la miraba de reojo, sonrió, apartó el short para un lado para que viese su coño y luego se tocó una teta. Ni así reacciono Evelyn.
Mi fuerte no era resistirme a los encantos de una mujer, y menos de una muchacha con un culo tan apetitoso, ya que los culos de mujer eran, y son, mi debilidad. Pero, por otro lado, no quería perder a mi mujer, y fue por eso que esa tarde urdí un plan para gozar de la descarada sin que ninguna de las dos se enterara. Os cuento.
Emily, su madre y yo tomábamos un vaso de leche caliente antes de ir para cama. Esa noche calenté yo la leche y le eché un par de somníferos en cada taza. Se tomaron la leche en la sala de estar y luego se fueron para sus habitaciones.
Nada más meterse Evelyn en la cama se quedó profundamente dormida. Esperé unos diez minutos y luego, en calzoncillos, fui a la habitación de Emily. La muchacha tenía la luz de la lámpara de la mesilla de noche encendida. Vestía un pijama azul con short, y estaba dormida boca abajo sobre la cama. Junto a su mano izquierda vi una revista abierta donde se veía una foto de Alain Delon.
Me subí a la cama, le bajé un poco el short, le eché las manos a las duras y redondas nalgas y se las masajeé suavemente. Luego le bajé un poco más el short, le separé las nalgas y vi su ojete, su ojete y la raja de su pequeño coño, olí el ojete y dije:
-Huele que alimenta.
Lamí el ojete y lo penetré con la punta de la lengua. Emily gimió en bajito y levantó su culo respingón. Le separé las nalgas y vi como el ojete se abría y se cerraba. Mi polla dura como una roca, mojaba el calzoncillo. Le saqué el short, le separé las piernas, le levanté el culo y me harté de lamerle y de follarle el ojete. Luego saqué la polla del calzoncillo, la empuñé y se la froté en el ojete. Vi como Emily subía y bajaba el culo y oí como gemía en bajito. Luego vi como de su coño comenzaban a salir jugos blancos y cremosos. No pude evitar lamerle el coño y tragarme su corrida.
Mi idea era la de gozar de su culo, no de follarla, pero estaba tan perro que luego de tragar, se la metí dentro del coño. Le entró tan apretada que no fui capaz de metérsela toda... Al sentir que me iba a correr, dentro del coño, la saqué y me corrí en sus nalgas.
Limpiándole el culo con mi calzoncillo me sentí mal por lo que había hecho. Le puse el short y regresé a mi habitación donde dormía mi mujer.
A la mañana siguiente, mientras desayunaba, llegó Emily en pijama a la cocina. Se echó una taza de cereales con leche, se sentó a la mesa, y me preguntó:
-¿Duerme mi madre?
Tomé un sorbo de café y luego le respondí:
-Sí.
-Mejor, así te puedo contar una cosa.
-¿Qué cosa?
-Mi madre no es esa que está ahí, ten mucho cuidado con ella.
-A ver, Emily, me enseñas el coño, te tocas una teta y ahora esto, más te vale explicarte.
-Digamos que mi madre y yo tenemos cuentas pendientes.
-Y quieres meterme el diente para saldarlas.
-Antes le metía el diente a una piedra. Lo que quiero es desquiciarla para que me mande de vuelta con mi padre.
De repente se me fue todo el sentimiento de culpa por lo que le había hecho la noche anterior.
-Así que me has estado usando como a un pelele.
-Digamos que me has servido para mi propósito.
Entró Evelyn en la cocina, y me preguntó:
-¿Qué propósito es ese?
Quedé en blanco. Emily se puso en pie, y yéndose me dijo:
-Dile lo que te acabo de decir.
Evelyn me preguntó:
-¿Qué te dijo?
Me vino a la mente lo de su padre.
-Que quiere regresar con su padre.
-Pues que se vaya, ya estoy de ella hasta el coño.
Al día siguiente, que era domingo, el servicio libraba y Evelyn se había ido a visitar a su madre a Manchester, cosa que hacía una vez al mes.
Emily estaba en una hamaca junto a la piscina, llevaba puesto un bañador de dos piezas de color azul, una pamela a juego y unas gafas de sol. Yo, con un bañador meyba y con gafas de sol, llegué a su lado. Llevaba en las manos dos semáforos muy fríos; para quien no lo sepa, un semáforo era una bebida con granadina en el fondo, licor 43 en el medio y menta arriba. Le di uno y me senté en la otra hamaca, Emily se sentó en la suya y le dije:
-Si me dices que te pasó con tu madre, mañana mismo podrás regresar con tu padre.
-Te voy a fastidiar la vida y no quisiera, la verdad es que me caes bien.
-Quiero saber que pasó, y me lo vas a decir o no regresas con tu padre.
No le quedó más remedio que largar.
-¿Te dijo mi madre por qué se divorció mi padre de ella?
-No. ¿Por qué se divorció?
-Se divorció de ella porque la pilló en su cama follando con mi novio.
No la creí.
-¿Qué fue lo que te hizo tu madre para odiarla tanto?
-Te lo acabo de decir.
-Dudo mucho que eso fuera cierto.
-Solo tienes que preguntárselo a ella, y si te dice que es mentira pregúntaselo a mi padre. ¿Me vas a llevar con él?
-Si lo que me has dicho es cierto, sí.
Emily mandó un trago largo del semáforo, puso cara de felicidad y dijo:
-This is delicious.
-No sé qué has dicho, pero bebe despacio o vas a coger una cogorza.
Emily se mandó el resto del semáforo, puso el vaso en la hierba, se echó sobre la hamaca y me dijo:
-Sabes, en el fondo no estás nada mal.
-Ya te hizo efecto el semáforo.
-A lo mejor crucé en rojo.
-Aunque lo digas en broma.
El licor 43 le soltó la lengua.
-¿Quieres que te cuente un sueño que tuve anoche?
-No.
-Es un sueño húmedo.
-Me lo temía. No me lo cuentes.
-Te lo voy a contar igual. Soñé que me comían el culo.
Empecé a darle cuerda.
-¿Y?
-Y me corrí.
-¿Estás intentando seducirme, Emily?
Emily se bajó un poco las gafas, me miró por encima de ellas, sonrió y me preguntó:
-¿Es que te gusta comer culos?
-Por lo que se ve a ti te gusta que te lo coman.
-Nunca me lo han comido en la vida real.
-Ya.
-No has respondido a mi pregunta. ¿Sabes comer un culo?
-Esa no era la pregunta, pero no te voy a responder a ninguna de las dos.
-Eso quiere decir que no te gustan y si no te gustan no saber comerlos.
-Eso quiere decir que no quiero meterme en camisas de once varas.
-Tú lo que eres es un pazguato que no tienes idea de como se come un culo.
Me importó un pimiento que me llamara pazguato, pero aproveché para darle más cuerda. Quité las gafas de sol y le dije:
-¿Pazguato yo? Mira, bonita, un hombre debe saber comerle la boca, el coño y el culo a una mujer, porque si no sabe, esa mujer buscará a quien sí sepa, y ahora me voy que esta conversación se está yendo de madre.
Recogí el vaso de Emily y el mío, que estaba mediado, y me fui.
Me fui, pero regresé para recoger mis gafas de sol, aunque no llegué a su lado, me quedé mirándola detrás de la hamaca.
Emily tenía la mano derecha dentro de la parte de abajo del bañador y la teta izquierda al aire. Oí como decía:
-I need to cum.
Vi como su mano derecha se movía dentro de la braga del bañador y como la izquierda magreaba la teta. Saqué la polla y comencé a menearla.
Poco después bajó la braga del bañador hasta las rodillas, sacó la teta izquierda y luego fue turnando los magreos y frotamientos con las penetraciones, penetraciones hechas con dos dedos.
-Cómeme el culo, Ramón, cómemelo.
Emily estaba pensado en mí. Aquello me puso negro. Ganas me dieron de follarla allí mismo, pero al momento pensé que era mejor esperar hasta la noche.
Al final, apretando el pezón derecho, metió y sacó a toda mecha los dos dedos de la mano derecha. El coño comenzó a hacer ruidos.
-Chof, chof, chof, chof, chof, chof, chof, chof.
Emily arqueó el cuerpo y con una patilla de las gafas detrás de la oreja, la otra colgando y la pamela de lado, arqueó su cuerpo y dijo:
-¡I cum. I cum. I cum. I cum!
Se corrió como una bendita y yo como un animal.
Al acabar de gozar sacó los dedos del coño pringados de jugos blancos y cremosos y los chupó.
-¡Qué rica estoy!
Cuando volvió a casa, yo ya no estaba.
Pasaba de las diez de la noche cuando regresé al pazo. Fui a la cocina para hacerme una leche caliente. La estaba calentando cuando llegó Emily. Venía vestida solo con una camisa blanca y estaba descalza.
-Bienvenido, forastero.
Me giré, la vi y pensé para mí mismo que esa noche no se me escapaba viva, pero le dije:
-¿Esa camisa no es mía?
-¿Me pongo sexi para ti y me preguntas por la camisa? Un hombre de verdad ya se hubiera abalanzado sobre mí y me hubiera empotrado contra la pared.
-Un hombre de verdad no empotra contra la pared a su hija.
-Tú no eres mi padre, mi padre está en Manchester.
-Si eres la hija de mi esposa, eres mi hija, vuelve a tu cama.
Emily se arrimó a la pared y se rascó la espalda contra ella. Le pregunté:
-¿Qué te pasa ahora?
-Que me pica la espalda.
Fui a su lado.
-Date la vuelta, loca.
Se giró y le rasqué la espalda.
-Más abajo... Más a la izquierda... Ahora toda la espalda.
Al rascarle toda la espalda gimió con el gusto que sentía.
-Me encanta sentir tus uñas en mi espalda.
Se quitó la camisa y quedó totalmente desnuda.
-Ráscamela directamente.
-Me estás buscando la ruina.
-Estamos solos en casa. Nadie se va a enterar.
Se la rasqué. Emily, gimiendo como si se fuese a correr, echó la mano derecha hacia atrás y palpó mi polla. La encontró dura.
-Ya estás empalmado.
Me estaba dejando meter mano, cuando sentí un ruido extraño que venía de la cocina de butano, mire y vi que la leche había salido del cazo y había apagado el fuego del hornillo.
-¡Allá va la leche a tomar por culo!
Emily pensó que era otra clase de leche.
-¡¿Te vas a correr con tan poco?!
Fui a cerrar el mando de la cocina.
-Era esa leche, ya me parecía mi que no era normal que te fueras a correr con tan poco.
Al girarme vi sus redondas tetas con areolas rosadas, abultadas y con pequeños pezones, su fina cintura, sus bellas caderas, sus largas y finas piernas. Vi las uñas de sus pies pintadas del mismo color rojo que el de las uñas de sus manos y del de sus labios, vi la pequeña mata de vello rubio de su coño, y le dije:
-Me voy a dar un festín contigo.
-Y yo contigo.
Me cogió de la mano, puso la cabeza en mi hombro y luego fuimos juntos a su habitación. Emily se echó sobre la cama, que estaba deshecha, y miró como me desnudaba. Luego de ver mi cuerpo desnudo y musculoso y mi polla empalmada, me dijo:
-Estás bueno.
-Tú sí que estás buena, estás que rompes la pana.
Me eché a lado de Emily, la besé y le magreé las tetas. Ella me echó la mano izquierda a la nuca y la derecha a la polla y me devolvió los besos con lengua mientras me masturbaba. Nos besamos un porrón de tiempo. Luego, sin dejar de magrearle las tetas, le lamí los pezones y le mamé las abultadas areolas. Emily me acarició el cabello y comenzó a gemir. Al rato me dijo:
-Mamas de maravilla, creo que me podría correr solo con mamarme las tetas.
Dejé de mamar.
-Ponte boca abajo.
-¿Me vas a comer el culo?
-¿Tú qué crees?
-Que sí.
Emily se puso boca abajo y su culo respingón quedó a mi merced. Le lamí las nalgas y el coxis, luego se las abrí y le lamí el ojete la tira de veces. Después se lo penetré con la lengua muchas veces más, y a continuación lo lamí y lo follé como si el ojete fuera una vagina y mi lengua una polla.
Emily, entre gemidos, me dijo:
-¡I´am going to cum!
-¿Qué?
-¡Que me voy a correr!
Dejé de trabajarle el culo. Le junté y le separé las nalgas y vi como le latía el ojete. Quité una mano y le di con palmadas en la nalga.
-¡Plas, plas, plas, plas!
Le separé las nalgas, las junté, las volví a separar... El ojete seguía latiendo y Emily no paraba de gemir. Le di con la palma de la mano en la otra.
-¡Pas, plas, plas, plas!
Emily estaba que echaba por fuera.
-Ay, que me corro.
Le volví a separar las nalgas, le clavé la lengua en el ojete y este comenzó a abrirse y a cerrarse a toda hostia.
-¡Me corro, me corro, me corro!
Corriéndose fue levantando el culo y acabó a cuatro patas.
Al acabar de correrse le eché las manos a la cintura, le metí la cabeza de la polla en el coño y después, lentamente, le metí el resto de la polla.
Como si no lo supiera, le dije:
-Estás muy cerrada.
-Solo follé con el novio que tuve, y tenía la polla pequeña, es por eso que lo tengo apretado, pero después de hoy ya no podré decir lo mismo.
Empecé a darle cera.
-¿Tomas precauciones?
-Sí, puedes correrte dentro.
Le eché las manos a las tetas y la fui follando despacio, al principio, al tran tran, después, y luego, cuando los gemidos de Emily me anunciaron un inminente orgasmo, le di a romper y nos corrimos juntos.
Cuando le quité la polla, Emily se puso boca arriba, echó la mano derecha al coño, de donde estaba saliendo la leche y los jugos de su orgasmo, metió dos dedos dentro de la vagina, los sacó perdidos de jugos y los lamió y los chupó:
-¿A que soy una guarrilla?
-En eso te pareces a mí.
-Me gusta parecerme a ti en algo, papi.
-¿Ahora soy tu padre?
-Si me voy a quedar aquí tendrás que ser mi papito.
-Ahora te quedas.
-He encontrado lo que siempre quise encontrar.
Me metí entre sus piernas, le lamí el coño, y le dije:
-Si te quedas te vas a cansar de darme corridas en la boca.
-No, nunca me cansaré de correrme en tu boca.
Le abrí el coño con las yemas de los dedos pulgares y se lo limpié a lametada limpia.
-Eres único.
Seguí lamiéndole los labios vaginales de abajo a arriba, primero, uno, luego el otro. Los lamí varias veces antes de clavarle la lengua en la vagina una y otra, y otra vez...
-¡Me encanta!
Y más que le iba a encantar, ya que lo siguiente fue lamerle y chuparle el clítoris.
-Ay que me corro, ay que me corro. ¡Me corro!
Arqueó su cuerpo y de su vagina comenzó a salir el jugo cremoso, jugo cremoso que me papé como si fuera la crema de un pastelito.
Al acabar de descargar, me dio un beso con lengua y luego me preguntó:
-¿A mi madre se la metes en el culo?
-Cuando le apetece, sí.
-Quiero probar.
-¿Qué quieres probar?
-Por el culo.
-¿Estás segura?
-Sí.
Pillé un cojín, se lo coloqué debajo del culo, y luego le puse los dedos a los lados del ojete, se lo abrí y comencé a lamerle y a clavarle la lengua en él. Emily me miraba con una sonrisa en los labios. Luego de dejarle el ojete latiendo, le metí el dedo medio de la mano derecha en el culo y comencé a follárselo y a moverlo alrededor para ir haciendo hueco. Emily puso dos dedos sobre el clítoris y comenzó a frotarlo con ellos.
-Soy una viciosa. ¿A qué sí?
-Eres un encanto.
Tres o cuatro minutos más tarde le quité el dedo, le metí dos dedos y seguí follándoselo y ensanchándoselo. Pasado un tiempo Emily apretó el clítoris con el dedo, lo movió alrededor y arqueándose y convulsionándose, se corrió. Al salir los jugos cremosos de su coño, se los lamí y los fui tragando.
Al acabar de correrse, le saqué los dedos, le eché las manos a la cintura, la levanté y le metí el glande en el culo, se lo metí muy despacito. Evelin me miraba y mordía el labio inferior. Al entrarle la corona de la polla, la pupila de su ojo izquierdo desapareció y el ojo quedó en blanco. El ojo derecho se abrió desorbitadamente. Parecía que la había dejado tuerta, pero no, al meter la polla un poco más puso ojos de bizca, luego los cerró, dobló el dedo pulgar de su mano izquierda, lo llevó a la boca y lo mordió mientras yo le acababa de enterrar la polla en el culo. En ningún momento la sentí quejarse, aunque era obvio que le estaba doliendo. Con toda la polla dentro de su culo, le pregunté:
-¿Qué tal?
Abrió sus preciosos ojos verdes y me respondió:
-Horrible, terrible, horrendo, espantoso y horroroso.
-Y doloroso.
-Sí, y doloroso.
-Mete un dedo dentro del coño y empezarás a gozar.
Quiso meter el dedo medio y no pudo.
-No me entra.
-No has puesto suficiente empeño.
Lo intentó de nuevo y le entró.
-Ahora mastúrbate.
-Estoy atascada.
-Acaricia con dos dedos el clítoris y te desatascarás.
Hizo lo que le dije, y poco después mirándome a los ojos, me dijo:
-Mueve un poco la polla dentro de mi culo.
La saqué y metí un poquito, luego un poco más, y más, y al rato, metiéndola y sacándola casi toda, los dedos de Evelin volaron sobre su clítoris y el dedo entró y saló a cien por hora de su vagina. Convulsionándose y gimiendo, los ojos se le pusieron en blanco y los jugos cremosos de su corrida bajaron por mi polla, por mis huevos, y acabaron en la cama. Le correspondí con una tremenda corrida que le llenó el culo de leche.
Cuando le quite la polla del culo me eché a su lado y le pregunté:
-¿Lo repetirás?
Evelyn, limpiando su culo respingón con una sábana, me respondió:
-Sí, pero hoy no, me escuece mucho el culo.
Sentimos llegar un coche.
-¿Quién coño andará ahí?
Emily salió de la cama, miró por la ventana y me dijo:
-Es un taxi y la que está a su lado es la bruja, regresó antes de tiempo.
La bruja era su madre y la noche, que iba a ser larga, acabó siendo corta, pero quedaban muchas noches más.
Quique.





