Primera parte
En 1980 Venancio era un cuarentón bien plantado, que tenía montada una empresa de pintores donde trabajaba Ernesto, su hermano menor. Un verano que tenían mucho trabajo y Venancio necesitaba pintar su casa, mandó a Ernesto para pintarla a conciencia, por fuera y por dentro.
Violeta, la esposa de Venancio, era una treintañera, alta, fuerte, guapa, que llevaba su largo cabello marrón recogido en un coleta y que tenía las tetas grandes y un culo cojonudo.
El primer día de trabajo estaba Ernesto en cuclillas preparando la pintura. Violeta, estaba sentada en una silla enfrente de él. Tenía las piernas abiertas, y cómo la falda negra que llevaba le daba por encima de las rodillas, enseñaba las piernas y sus bragas blancas. Le preguntó:
-¿No le has visto las piernas a tu mujer últimamente, Ernesto?
-¿Por qué me haces esa pregunta, Violeta?
-Porque estás mirando para las mías?
Ernesto se puso a la defensiva.
-Yo no...
-Tú sí. ¿Te gusta lo que ves?
Ernesto ya se dejó de tonterías.
-Sí, y más que me gustaría ver.
-Eso me dice que estás necesitado.
-¿Te estás riendo de mí?
-Para nada. ¿No te da tu mujer todo lo que necesitas?
Ernesto se levantó, se puso detrás de su cuñada, le echó las manos a las tetas y se las magreó. Violeta dejó que le metiera mano.
-Se ve que a ti mi hermano tampoco te da todo lo que necesitas.
-¿Qué te parecen mis tetas?
-Me parecen maravillosas.
-¿Son las mejores que has magreado?
-Con diferencia.
Ernesto, magreando las tetas y besando su cuello, le preguntó:
-¿Hace mucho que no te toca así mi hermano?
-Semanas.
Violeta, además de la falda negra, llevaba puesta un cárdigan de lana gris sin nada más por debajo. Las manos de Ernesto lo levantaron y volvieron a magrear sus grandes tetas.
-Tus pezones ya están duros.
Quitó una mano y fue sacando de los ojales los botones del cárdigan. En ese momento lo sorprendió al decir:
-Cuéntame que hizo mi marido en la casa de putas.
No le negó que su hermano iba a putas.
-No soy un chivato.
-Si no me dices lo que hizo, te quedas sin follar.
-¿Qué se hace en una casa de putas, Violeta?
-Sí. ¿Qué se va a hacer? Albergaba la esperanza de que os llevara a los otros y que él no mojara.
Ernesto quiso justificarse.
-Yo fui con ellos por cumplir, pero no me gustan las putas.
-¿Y cumpliste con la puta?
-Las putas no se corren.
Magreó las tetas con las dos manos, tetas que hora estaban al aire. Luego mojó dos dedos en la boca. Le acarició los pezones con las yemas y luego se los cogió con dos dedos de cada mano y se los frotó. Al ratito, besó su nuca. Después tiró de la silla para atrás y se puso enfrente de ella. Violeta vio el tremendo bulto que hacía la polla en el mono. Le bajo la cremallera de abajo y la polla erecta quedó mirando para su boca.
-¡Pedazo de pepino tienes ahí!
Cogió la verga con una mano y se la mamó. Ni tres minutos tardó Ernesto en llenarle la boca de leche a su cuñada, leche que Violeta se tragó.
Al acabar de correrse Ernesto, le dijo Violeta:
-Sigue con lo que estabas.
Se agachó y le magreó las tetas y le lamió y le chupó los pezones. Luego le metió unas deliciosas mamadas. Después le preguntó:
-¿Quieres correrte con mi lengua?
-No, quiero correrme con tu verga.
Violeta se levantó, puso las manos sobre la mesa y se abrió de pierna. Ernesto le levantó la falda, metió la mano dentro de sus bragas y se encontró con una charca de humedad, en las bragas y en el coño. Le quitó las bragas y le clavó el cipote de un zurriagazo. Violeta gimió, giró la cara y le dio un pico. Luego sacó la lengua y Ernesto se la chupó... Comiéndose las bocas, le dio caña hasta que la puso a punto. Cuando vio que se iba a correr, le pregunto:
-¿Quieres correrte ya?
-Sí.
Le dio a mil por hora y Violeta se corrió cómo una golfa, diciendo:
-¡Me voy!
Al acabar de gozar lamió su coño de abajo a arriba con la la lengua plana... Poco más tarde Violeta ya estaba desatada.
-Lame también mi ojete.
Le lamió el culo y el coño hasta que le dijo:
-Mi ojete se cierra y se abre. ¿Qué querrá?
-Lo que le voy a dar.
Le metió la verga, despacito, pero de un tirón. Luego la cogió por la coleta, tiró hacia atrás y comiéndole el cuello y follándole el coño con dos dedos, le dio a mazo hasta que no pudo aguantar más y le llenó el culo de leche. Al correrse, dejó de darle. Violeta lo folló a él con el culo y no tardó en decir:
-¡Me corro otra vez!
Al ratito, Venancio entró por la puerta. Al sentir sus pisadas, Violeta cogió las bragas y salió corriendo hacia el servicio. Ernesto estaba arrodillado revolviendo la pintura cuando su hermano entró en la cocina.
-¿Y mi mujer?
-Por ahí anda. ¿Vienes a ayudarme?
-No, vengo a ver si necesitas algo.
-Pues no, no necesito nada.
Después de comer, Venancio, se fue a resolver unos asuntos. Ernesto se echó a tomar la siesta en el sofá. Violeta fue a tomarla a la cama, siesta que no iba a tomar, ya que nada más echarse sobre la cama, abrió los botones del cárdigan y luego amasó sus tetas. Mojó dos dedos en la boca y acarició los pezones recordando lo que le había hecho su cuñado. Después levantó la falda y acarició el coño por encima de las bragas. No tardó en quitarse las bragas, mojar dos dedos en sus jugos vaginales y de darle un buen repaso a su clítoris. A punto de correrse, dijo:
-Necesito una lengua.
Ernesto, que había sentido el ruido de los muelles de la cama, fue hasta la habitación. La vio en acción, y le dijo:
-¿Necesitas ayuda?
Lejos de avergonzarse por haberla pillado con las manos en la masa, sin abrir los ojos, le dijo:
-Cómeme el coño.
Ernesto fue a la cama, metió la cabeza entre sus piernas y le lamió el coño encharcado. Ni un minuto tardó Violeta en correrse en la boca de su cuñado.
Al acabar de correrse quiso follarla, pero le dijo:
-Esta tarde te haré algo que vas a recordar mientras vivas.
Por la tarde, a la hora de la merienda. Venancio llegó a casa y encontró a Ernesto sentado a la mesa junto su mujer. Venancio se sentó enfrente de ellos para merendar. Hablaban de la pintura cuando Ernesto comenzó a ponerse nervioso. Tenía sus motivos. La mano derecha de su cuñada le estaba cogiendo la verga, verga que se puso dura al instante. Al rato se la sacó y lo masturbó lentamente y de modo que su marido no notase el movimiento del brazo. Poco después Ernesto se corrió. Para disimular tuvo que fingir una tos brava. Venancio, le dijo:
-Tienes que cuidar esa tos. No es normal tenerla en verano.
Violeta había pringado la palma de su mano con la leche de la corrida. Cogió el tarro de la mermelada, y fingiendo que la tapa estaba apretada, la llevó debajo de la mesa, se limpió la mano con el mantel y luego abrió el tarro.
A irse Venancio, y aún sentados a la mesa, le dijo Ernesto a su cuñada:
-¡¿Estás loca?! Por poco me da un infarto.
-Te dije que te haría algo que ibas a recordar mientras vivas.
-Así voy a vivir poco. Mi hermano se acabará enterando y me cortará el cuello.
-Es un riesgo que tienes que correr. Si quieres follar conmigo tendrás vivir peligrosamente.
-Va a ser que no.
-¿Qué va a ser que no?
-Que viva peligrosamente.
Ernesto nunca supo que su cuñada lo había utilizado para saber lo que quería, para vengarse de su marido por ir a putas y para darse al cuerpo una alegría.
Segunda parte
Encarnación, la esposa de Ernesto y cuñada de Violeta, era una mujer de veintisiete años, muy morena, flaca, con la carita menuda, guapa y con todo más que bien puesto. Estaba en bata de casa de seda rosa en la cama de Violeta, que también estaba en bata de casa de seda, pero de color azul. Las dos batas eran cortas. Violeta le acababa de pintar la última uña de los pies a su cuñada. Le sopló en ella y le dijo:
-Listas.
-¿Qué estarán haciendo a estas horas en Suiza?
-Ultimar los detalles del generoso contrato que les ofrecieron por un año.
-O no. Puede que a estas horas mi marido esté liado con alguna suiza.
-¿Qué te hace pensar eso?
-Me han dicho que Ernesto me está engañando con otras.
-¿Quién te fue con el chisme?
-Enriqueta.
-Sabes que tu marido siempre le gustó a Enriqueta.
-Lo sé, pero estoy segura de que no es por mal meter.
-Claro que no, es para bien meter, para bien meter ella.
-No creo.
-¿Por qué dices eso?
-Porque últimamente Ernesto pasa de mí cuando vamos para cama.
Violeta puso el pinta uñas encima de la mesita, se sentó en la cama y con la espalda apoyada en la cabecera de la cama, le preguntó:
-¿Ya le has dado el culo?
Encarnación le respondió:
-No, ni se lo daré.
-A lo mejor es por eso que lo busca fuera.
-¡¿Tú se lo ha dado a Venancio?!
-Y ahora me gusta tanto por el culo como por el coño.
-¡¿Te corres dándote por el culo?!
-¡Y de que manera!
-Exageras.
-Ni un poquito.
Encarnación se dio cuenta de que su cuñada se había desviado lo que estaban hablando.
-¡¿Cómo ha sido capaz de desviar la conversación?!
Como si no supiera que lo había hecho le preguntó:
-¿Lo hice?
-Sí. ¿Por qué no quieres hablar de lo que te estaba comentando?
Violeta resopló, la miró y dijo:
-A veces no estamos preparadas para saber la verdad.
-Tú sabes algo.
-Mientras solo pienses que te engaña...
-Pero es que estoy en un sinvivir, Violeta.
Violeta le insinuó que sabía lo que estaba pasando con Ernesto.
-No sé si decírtelo, es muy jodido saberlo.
-Sabía que sabías algo. Cuenta, por favor, cuenta.
-Te lo diré. Tu marido y el mío van a putas.
-¡¿A putas?!
-Sí, cariño, sí. Teniendo dos mujeres bonitas cómo nosotras, se van de putas.
Encarnación, que también estaba con la espalda apoyada en la cabecera de la cama, rompió a llorar. Violeta le echó la mano a la nuca y puso la cabeza de su cuñada en su hombro.
-Sabía que aún no estabas preparada.
-¿Es que se está alguna vez?
Las batas dejaban ver parte de las tetas. Violeta le miró para las tetas a su cuñada, que ahora se veían mucho mejor.
-¡Joder, qué atracón me pegaba!
Encarnación, sorprendida por las palabras de su cuñada, la miró a los ojos.
-¿Con qué? ¿De qué me hablas?
-De tus tetas.
Encarnación se separó de ella, le dio un empujón con su mano derecha. Juntó la bata para que no se viera nada de sus tetas, y con una media sonrisa en los labios, le dijo:
-Me parece que no voy a dormir contigo, tienes mucho peligro.
-Lo hice para que dejaras de lloriquear, pero no debías de escandalizarte tanto, dicen que un polvo entre mujeres está muy rico.
-No digas barbaridades.
Violeta se abrió la bata, le dejó ver su coño rasurado y sus gordas tetas con areolas rosadas y generosos pezones, y le dijo con voz sensual:
-Mi boca en tu boca, mis tetas frotándose con tus tetas, mi coño frotándose con tu coño...
Aquella voz sensual y el paisaje de lujuria que estaba viendo hicieron que Encarnación empezase a excitarse.
-¡¿Pero tú te estás oyendo?! Tápate.
-Mi lengua en tus tetas, mi lengua en tu ojete, mi lengua en tu coño... Tú corriéndote en mi boca.
-A ti te dio un aire.
Violeta, riéndose, se tapó y le dijo:
-¿Se te pasó la llorera?
-¡Qué cabrona eres!
-Cabrona hasta la muerte. ¿No te calentarían mis palabras y ver mi cuerpo desnudo?
-Hace falta mucho más que palabras y ver a una mujer desnuda para calentarme.
Encarnación le volvió a poner la cabeza en el hombro. Violeta le puso la mano en la cabeza y se la acarició. Al ratito, Encarnación, le levantó la bata y le pasó el dorso de la mano por la pelvis. Violeta, sin dejar de acariciar la cabeza de su cuñada, le quitó la mano y se bajó la bata.
-Perdona si te excité, pero no era mi intención hacerlo.
Encarnación metió la mano entre sus muslos y los acarició. Violeta le dijo:
-No estaría bien.
Encarnación, con voz de mimosa, le dijo:
-¿Por qué no?
-Porque podría gustarnos.
-A mí ya me está gustando.
Se puso de lado, le volvió a subir la bata y con tres dedos comenzó a acariciarle el coño. Violeta mirándola a los ojos le acarició una mejilla. Luego, mientras la masturbaba, Encarnación, frotó su coño mojado contra una pierna de su cuñada. Violeta le dio un pico, dos, tres, cuatro, luego se abrió la bata y le puso las tetas a tiro para que se las mamase. Encarnación dejó de masturbarla, volvió para su lado de la cama y la vaciló.
-Perdona si te excité, pero no era mi intención hacerlo.
Violeta rompió a reír.
-¡Serás cabrona!
-Algo menos que tú.
-¿No te das cuenta de que estás en mi cama, semidesnuda, y que soy más fuerte que tú?
-Sí, pero no eres lesbiana.
-Una mujer caliente es de todo.
Violeta se abrió de piernas, le cogió una mano a su cuñada y se la llevó a su coño.
-Sigue, anda.
-¿Y si nos acabamos enviciando?
-Eso espero, pues si no nos acabamos enviciando, tendremos un año de sequía.
-Vendrán de vez en cuando.
-Unas gotas no calman la sed.
-¿Y si nos enamoramos?
-Si llegamos a ese río ya veremos si tiene puente.
-¿Cómo...?
-Come.
Encarnación ya estaba demasiado cachonda cómo para poder dar un paso atrás. Metió la cabeza entre las piernas de su cuñada y le dio lengua en el coño. Encarnación. Al principio lamió con timidez, pero pasado un tiempo, cuando la lengua se sentía entre los jugos, cómo pez en el agua, lamió con lujuria. Violeta se corrió gimiendo cómo una posesa y dijo:
-¡Qué corrida!
Al acabar de correrse, Encarnación, subió besando a su cuñada en el vientre, luego le besó los pezones, le mamó las tetas y a continuación la besó con lengua. Violeta le dio la vuelta y se puso encima de ella. La besó con lengua, le besó el cuello, le lamió las orejas, le levantó los brazos y le lamió las axilas, y luego le dio tal repaso a sus tetas que le dejó el coño goteando. Bajó lamiendo y besando su vientre, se detuvo un ratito en el ombligo y luego la puso boca abajo. Subió lamiendo y besando las 24 vértebras de su espina dorsal, después lamió y besó su cuello y luego bajó besando y lamiendo por donde había subido... Besó y lamió sus nalgas, luego hizo que levantara el culo, le separó las nalgas y le dio un beso negro en el ojete. Encarnación le dijo:
-No seas cochina.
Le lamió el ojete y le metió y le sacó la lengua de él. Al parar le preguntó:
-¿Le vas cogiendo el gusto a la cosa?
-Bueno...
Se lo volvió a lamer y a follar.
-¿Bueno, qué?
-No está mal, pero es una guarrería.
Al rato, Encarnación, se deshacía en gemidos.
-¿No decías que era una guarrería?
-Y lo es, pero se siente delicioso.
-Fóllate el coño con los dedos.
-Si lo hago me corro.
-¿Para qué carajo te crees que te estoy comiendo el culo?
Encarnación se masturbó el coño sintiendo la lengua de su cuñada entrar y salir de su culo. En un plis plas, su cuerpo comenzó a sacudirse. Entre convulsiones y gemidos, le dijo:
-¡Me corro, cuñada, me corro!
Luego de correrse la volvió a poner boca arriba. Le metió el dedo medio de su mano derecha dentro del culo y se lo folló al tiempo que le lamía el clítoris. Encarnación no tardó en gemir y en mover la pelvis hacia todos los lados, buscando el orgasmo. Cuando Violeta vio que se iba a correr, le quitó los dedos del coño, y le clavó la lengua. Encarnación siguió moviendo la pelvis a su aire y le dio en la boca una deliciosa corrida, diciendo:
-¡Me vuelves loca!
En la casa de Venancio se empezaran a cocer habas. No tardarían en cocerse en la casa de Ernesto.
Tercera parte
Facundo, el padre de Ernesto, era un hombre viudo, alto, moreno, fuerte, de ojos negros y pelo cano que ya no cumplía los sesenta años. Estaba en la sala de estar de la casa de su hijo tomando un café con pastas con su nuera. Estaban sentados en dos sofás, la una enfrene del otro, y separados por una mesa camilla. Le decía Facundo:
-...Yo no dejaría a mi mujer por mucho dinero que me ofrecieran.
-Usted es viudo.
-Por eso sé el valor que tiene una mujer.
-Hay que ganarse la vida, suegro y...
-Y podía haberte llevado con él. A una mujer no se debe dejar sola. Hay mucho buitre.
-Sé cuidarme.
Encarnación, que llevaba puesta una camiseta blanca ajustada, donde se macaban los pezones de sus tetas medianas, lo que le decía a Facundo que su nuera no llevaba sujetador, se inclinó para coger una pasta y le dejó ver a su suegro más de lo debido. Facundo mirando para las tetas, dijo:
-Eso no quita que seas un bombón de licor y...
A Encarnación le dio la risa.
-¿Por qué de licor?
-Porque cualquier hombre se puede emborrachar solo con mirarte.
-Vamos a tener la fiesta en paz, suegro, vamos a tener la fiesta en paz.
Encarnación se puso en pie y el corte de su coño y la gorda vulva se marcó en el pantalón del chándal, lo que le decía a Facundo que su nuera no llevaba bragas. Le miró para ella y le dijo:
-¡Cómo se puede tener la fiesta en paz viendo semejante pastelito!
Encarnación iba a buscar el licor café, pero cambió de idea.
-¡Váyase de mi casa!
Facundo haciendo el salto de la rana se puso de rodillas enfrente de su nuera, de un tirón le bajó el pantalón del chándal y luego metió todo el coño en la boca, al tiempo que le echaba las manos al culo. Encarnación, con la lengua de su suegro clavada dentro de su coño, le perdió el respeto y le dijo:
-¡Suéltame, cabrón!
Cómo no la soltaba, le cogió los pelos y tirando de ellos, la separó de ella. Después estiró un brazo y señalando la puerta con un dedo, le dijo:
-¡¡Fuera, viejo pervertido!!
Facundo, con cara de salido, se puso en pie y trató de agarrarla. Encarnación se movía al otro lado de la mesa camilla.
-¡No te me acerques, desgraciado!
El hombre se movía con los brazos extendidos y mirándole para el coño, pues a Encarnación ni tiempo le había dado a subir el pantalón del chándal. En una de estas le dio un empujón y Encarnación cayó sentada sobre el tresillo donde había esta sentado Facundo. Se abalanzó sobre ella y la besó. La muchacha forcejeó con él para quitárselo de encima, pero era cómo si una pulga quisiera quitarse de encima un adoquín... Al no lograr besarla con lengua, le echó la mano a la camiseta, se la levantó y le mamó. la teta izquierda. Le cayó una lluvia de puñetazos en la espalda.
-¡¡Déjame, perro!!
El perro había cogido la presa y no la iba a soltar. De la teta izquierda pasó a la derecha. Mamando le echó la mano derecha al coño. Le metió dos dedos dentro de la vagina y comenzó a masturbarla. Encarnación dejó de darle puñetazos en la espalda y le dijo:
-No tienes vergüenza.
Dejó de comerle las tetas, le acabó de quitar el pantalón del chándal y luego le separó las piernas. Encarnación, con el coño el aire, le dijo:
-¡Cuando le diga a tu hijo lo que has hecho, te va a matar!
-Calla y goza.
Lamió el coño mojado de abajó a arriba.
-Tu hijo te va a cortar el cuello.
-No creo que le digas nada.
-Se lo diré, puedes apostar los huevos a que lo haré.
-Me da igual si se lo dices. Mira, bonita, te voy a follar, sí o sí, así que tu verás, o lo disfrutamos los dos o lo disfruto yo solo.
Le enterró la lengua en el coño y luego le lamió el clítoris y se lo chupó.
-Estás loco.
-Diez años sin sexo vuelven loco a cualquiera.
Le echó las manos a las nalgas, le levantó el culo, le metió y le sacó la lengua en el ojete y luego lamió el coño hasta legar al clítoris, lo lamió, lo chupó y volvió al ojete. Después le echó las manos a las tetas, y magreándoselas, lamió y chupó los pezones, las areolas, y luego se las mamó. Volvió a su boca y la besó, esta vez abrió la boca, pero no le devolvió los besos. Facundo hizo el recorrido a la inversa y cuando llegó al coño sacó la polla empalmada. Encarnación le dijo:
-Sigue comiéndome el coño, pero no me la metas.
Se la clavó el el coño.
-¡Cabrón!
-¿Te gusta?
-¡No!
La cogió en alto en peso y la folló. Encarnación, con los brazos alrededor de su cuello y la cabeza sobre su hombro aguanto los trallazos hasta que no pudo más. Facundo sintió como la vagina de su nuera apretaba y soltaba su polla, como la bañaba con una copiosa corrida, como sus teas temblaban pegadas a su cuerpo, y se corrió con ella.
Al acabar de correrse lo dos, la puso en el piso y le dijo:
-Sabía que te iba a gustar.
-¡Como me dejaras preñada te mato! ¡¡Fuera de mi casa!!
Guardó la polla y se fue.
Cada lunes, durante tres semanas, Facundo le estuvo mandándole ramos de doce rosas a su nuera, con una tarjeta que decía:
-Perdón.
Una mañana, Encarnación, levantó el teléfono y le dijo a su suegro que esa tarde fuese a tomar café.
Cuando Encarnación le abrió la puerta, Facundo vio que su nuera llevaba puesta la misma ropa de la última vez. Al cerrar la puerta y darse la vuelta la cogió por la cintura y la besó en el cuello.
-No te llame para follar.
La soltó.
-Pensé...
Pensaste mal.
Fueron a la sala. Facundo se sentó en el tresillo. Encarnación se sentó en un sofá.
Echando una taza de café, le dijo:
-Creo que estoy preñada.
Facundo se tomó el café de un trago.
-¡No jodas!
-Yo no jodí, me jodiste tú, por eso eché veneno en el café.
Facundo se empezó a poner mal.
-Por eso tenia un sabor tan raro. ¡Me voy a morir!
Encarnación puso cara de mala.
-Nos vamos a morir los dos, cabrón.
-¿Tú también has tomado el veneno?
-Sí, no podía soportar la humillación por la que me hiciste pasar.
-¡¿Qué he hecho?!
-¡Ay que mal me encuentro!
Encarnación estaba actuando, no lo había envenenado, lo que que había hecho es poner una pastilla de viagra en la cafetera, por eso el sabor raro que había notad Facundo. Fingió que se iba a desmayar.
-Llévame a mi cama. Quiero morir allí.
La cogió en brazos, la llevó a la habitación y la puso sobre la cama. Facundo vio de nuevo los pezones de sus tetas marcándose en la camiseta, el corte del coño de sus gordos labios marcándose en el pantalón del chándal y su polla se puso dura.
-¡Hay que joderse! Y no voy a morir empalmado.
Encarnación sonriendo, le dijo:
-Desde luego...
-¿Qué?
-Que mal te sienta el café con cafeína.
Facundo se dio cuenta de que lo había estado engañando.
-¡Serás hija de...! Casi logras que me de un infarto.
-Anda, desnúdate y ven... Hoy tengo muchas ganas.
Se desnudó. Luego, lo primero que hizo al echarse a su lado, fue besarla. Se encontró con unos labios frescos y una lengua traviesa Estuvieron un rato largo besándose. Luego le quitó la camiseta, le agarró las tetas con las dos manos y magreándolas le dio un tremendo repaso. Encarnación comenzó a gemir. Facundo le echó la mano al coño y vio que la humedad ya había traspasado el pantalón de chándal. Le metió la mano dentro, sacó los dedos empapados de jugos, los pasó por los pezones y luego se los lamió y se los chupó. Encarnación se quitó el pantalón del chándal, le echó una mano a la cabeza y le llevo la boca a su coño. Facundo, la primera vez, le pasó la lengua de abajo arriba con mucha lentitud, la segunda, algo mas aprisa, la tercera aprisa y después la lengua se convirtió el un torbellino que no paró hasta cuando se Encarnación se corrió en su boca.
-¡Qué bueno eres bandido! Traga, traga, traga...
Al acabar de correrse, le dijo Facundo:
-Ponte a cuatro patas que me quiero hartar de ti.
Se puso a cuatro patas. Facundo le acarició las nalgas y luego se las separó.
-Veo que tu culito aún es virgen.
-Y va a seguir así.
Le lamió el ojete repetidas veces y luego le paso la yema del dedo medio de su mano derecha de arria a abajo y de abajo a arriba, lo volvió a lamer repetidas veces y después le metió la punta del dedo.
-¿Qué hacer, pervertido?
-Pervertirte.
Le quitó el dedo. Le lamió el coño encharcado media docena de veces y luego volvió a lamerle el ojete. Después metió y sacó la lengua de él. Al volver a meter la punta del dedo dentro. Encarnación apoyó la cabeza sobre la cama y separó las nalgas con las dos manos. El dedo entró entero dentro de su culo. Entró, salió, volvió a entrar y Encarnación comenzó a gemir. Follándoselo le dijo:
-Méteme la polla en el coño, suegro.
Facundo le frotó la polla en el coño luego la agarró por las tetas y le dio caña. Encarnación no duró nada, y él tampoco, pues se corrió con ella y le llenó el coño de leche.
Al acabar de correrse seguía con la polla dura. La saco del coño y se la frotó en el ojete del mismo modo que se lo había frotado con el dedo. Encarnación le dijo:
-Ni se te ocurra metérmela en el culo.
Dejó de de frotarla y le volvió a lamer el ojete y meter y a sacar la lengua de él. Luego le metió la punta de dos dedos. El culo ya los aceptó de buen grado, pues acabaron los dos dentro. Y el burro volvió al trigo, o sea, a lamer y a penetrar el culo con la lengua y luego a frotar la polla en el coño. Pasado un tiempo Encarnación ya estaba que echaba por fuera.
-Métemela.
-¿Dónde?
Volvió a poner la cara sobre la cama, echó las manos a las nalgas, las separó y le respondió:
-En el culo.
Le puso el glande en el ojete, empujó lentamente, y la polla entró en el culo sin producirle dolor.
Le folló el culo con el glande unos minutos, luego se la fue metiendo despacito, metiendo y sacando, sacando metiendo..., y sacando y metiendo acabó con toda la polla dentro del culo y gozando cómo una cerda. Aún tardó, pero cuando se corrió lo hizo a lo grande.
-¡Ay que me muero de gusto, ay qué me muero de gusto!
No se murió, pero quedo tan tocada que ese día o quiso follar más.
Cuarta parte
Marcela y Joaquín, la comadre y la compadre de Violeta, se iban de crucero. Marcela hablaba por teléfono con Violeta.
-... ¿Qué me dices?
-Que no. ¿Por quién me has tonado?
-Por mi compañera de juergas.
-Eran otros tiempos.... Fóllalo tú. Al fin y al cabo no lo pariste.
-No podría, es como si fuera mi hijo.
-Y yo soy su madrina.
-Ya, pero es una putada lo que quieren hacer con él mi marido y mi suegra.
-Por mí cómo si quiere hacer de él un maricón.
-Que llegue a ser cura viene a ser lo mismo.
-¡Qué no le voy a abrir lo ojos, coño!
Marcela se dio por vencida.
-Que se le va a hacer, yo lo intenté.
-¿Cuando os vais?
-El sábado te lo llevo.
Braulio, el ahijado de Violeta, era un tirillas, muy alto, con gafas negras de pasta. Estudiaba en un colegio de curas y era un empollón. Incluso ahora que estaba de vacaciones, se pasaba el día empollando la Biblia. El tirillas no tenia vida social, todo era leer, comer, beber y dormir.
El domingo por la noche, estando sentados a la mesa para cenar. Violeta, que llevaba puesta una camiseta negra con un gran escote y una minifalda blanca, le dijo a su ahijado:
-¿No tienes amigos, Braulio?
Braulio, que llevaba puesto un pijama, le respondió:
-Sí, pero en el colegio.
-¿Y no salen a divertirse?
-No, son chicos serios.
-¿Serios? Son idiotas que se están perdiendo lo mejor de la vida.
Braulio se dio por aludido.
-No soy un idiota.
-¿Has tenido alguna novia?
-No, las mujeres no me atraen.
-¿Y los hombres?
-Los hombres, menos.
-¿Y no te sienes solo? Yo me siento sola sin mi marido en casa.
-Mis libros me hacen compañía.
-Los libros son fríos... A ver, Braulio. ¿Has besado a alguna chica?
-No.
Se inclinó hacia delante.
-¿Has visto tetas reales?
Braulio le miró para las tetas a su madrina.
-No.
-Y un coño menos, claro.
A Braulio se le puso dura la polla y la tapó con una mano.
-No debías decirme esas cosas, madrina.
-¿Te excita oírlas?
Bajó la cabeza y no le respondió
-¿Cuántas veces te masturbas a la semana?
Braulio se empezó a sentir incómodo.
-¡Madrina!
-¿Qué pasa?
-Que de esas cosas no se habla.
-Pues esta noche vamos a hablar. ¿Cuántas pajas te haces por semana?
-Ninguna.
-¿No sabes cómo se hace una paja?
-Sé cómo se hace, me lo explicaron.
-¿Y?
-Y para hacerla hay que imaginar que estás con alguien, y eso es pecar con el pensamiento.
-¡Manda huevos! Os tienen comido el coco.
-Tú no cree en Dios, ¿verdad?
-Yo creo en el Dios de Espinoza.
-¿Qué Dios es ese?
-Un Dios que entre otras cosas te diría... Yo nunca te dije que había nada malo en ti, o que eras un pecador, o que en tu sexualidad había algo malo. El sexo es un regalo que te he dado y con él puedes expresar tu amor, tu éxtasis, tu alegría...
-Ese es el Dios de un loco.
-¿Einstein estaba loco?
-Einstein era un genio.
-Pues el Dios de Spinoza era el Dios de Einstein.
-Bueno, supongo que cada uno puede creer en el Dios que quiera.
-Si yo me pusiera podría hacer que vieras en mi a Afrodita. ¿Sabes quién era?
-Sí, Afrodita era la diosa griega de la belleza, de la sensualidad y del amor, y por más que tú te pusieras jamás podría ver en ti a esa diosa.
-¿Acaso no soy bella?
-Sí que lo eres.
-¿Acaso no soy sensual?
-Lo eres y supongo que harás muy bien el amor.
-¿Entonces por qué no podría serlo?
-Porque tú eres real y Afrodita fue una invención.
Violeta se puso en pie. Se subió la camiseta y se quitó el sujetador. Acto seguido subió la minifalda y se bajó su tanga negro. Se había dejado crecer los pelos del coño. Braulio mirando para ella, le dijo:
-Me está incitando a pecar, madrina.
-¿Sería así Afrodita si fuese real?
Braulio se levantó para irse. Lo empotró contra la pared y le metió la lengua en la boca, luego le echó la mano a la polla. Braulio se la quiso quitar. Violeta le dio un guantazo en las manos, luego le bajó el pantalón del pijama. El tirillas tenía un buen cipote. Se lo cogió, se lo sacudió unas siete veces y se corrió cómo un pajarito.
-¡Qué rápido!
-Me gustaba tanto...
-No has respondido a mi pegunta.
-¿Qué pregunta?
-Si Afrodita sería como yo, si fuera real.
-No creo que fuera tan hermosa ni tan sensual como tú.
-¡Coño, llevabas un seductor dentro!
Se separó de él, cogió un paño en la mesa y limpió la leche del piso de la cocina. Braulio, con la polla tiesa, le dijo:
-Quiero más, madrina.
Violeta, caminando hacia al cuarto de baño para lavarse las manos y tirar el paño en el cesto de la ropa sucia, le dijo:
-No hay más. Si te hice la paja fue para quitarte de ese mundo de ilusos en que te metieron en el colegio. Ahora búscate a una chica.
-No sabría que hacer con ella.
-Te enseñará ella, y le gustará hacerlo, te lo aseguro.
Cuando volvió Violeta del aseo le dijo Braulio:
-No se me baja la polla.
-¡¿Sigues empalmado?!
-Sí.
-A ver, levántate.
Se levantó y Violeta vio la polla de punta estirando el pantalón.
-Has debido masturbarte para bajarla.
-Te estaba esperando.
-Te voy a hacer otra paja, pero será la última.
Se arrodilló delante de él, le bajó el pantalón del pijama, cogió la polla, se la sacudió, y en nada vio que se ponía tenso. Metió la polla en la boca, la mamó y Braulio le llenó la boca de leche, leche que se tragó.
Al acabar de correrse, la polla seguía dura. Siguió masturbándolo y mamando y poco después Braulio se volvía a correr en su boca. Tragó la leché, la quitó de la boca, se incorporó y le dijo:
-Sube el pantalón que me estoy poniendo mala.
-¿Demasiada leche?
-Demasiado de todo.
Tiempo después se fueron cada uno para su cama. Violeta iba por su segunda paja cuando se encendió la luz de su habitación. Allí estaba Braulio, desnudo y con la polla tiesa mirando para delante.
-No puedo dormir, madrina.
Mirándole para la polla, le dijo:
-Boca abajo, fijo que no.
-Ni boca abajo ni boca arriba.
Violeta se quitó la sábana de encima y le dijo:
-Ven.
Braulio vio las tetas de su madrina y su polla goteó, y al llegar a la cama y verle el coño peludo volvió a gotear. Le preguntó:
-¿Puedo tocar tus tetas?
-Puedes tocar mis tetas, puedes tocar mi coño, puedes besarme, puedes hacer lo que quieras conmigo.
Agarró las tetas con las dos manos y con la vista puesta en los pezones y en las areolas, las amasó. Violeta le echó la mano derecha a la nuca, se la llevó a su teta izquierda y le dijo:
-Chupa.
Debió ser el instinto, pero se las mamó cómo si llevara toda su vida mamando tetas. Violeta, al rato se puso de un cachondo tan subido que necesitaba polla.
-Para.
Se echó encima de él, le aplastó la polla con el coño y luego le lamió y le chupó los pezones.
-Me gusta ser la primera.
-Y a mí que lo seas.
-Gime si te gusta lo que te hago.
Siguió lamiendo y chupando y Braulio comenzó a gemir. Al rato dejo sus pezones y lo besó con lengua. Braulio le devolvió los besos, de aquella manera, pero se los devolvió. Mientras se besaban frotó el coño mojado contra la polla y el tirillas se volvió a correr.
-Te hace falta muy poco para correrte. ¿Quieres aprender a comer un coño?
-Quiero.
Violeta se puso boca arriba, flexionó las rodillas, se abrió de piernas, y le dijo:
-Separa los labios de mi coño con tu lengua y cuando estén separados mueve la lengua hacia arriba hasta que te mande parar -hizo lo que le dijo durante un par de minutos-. Ahora lame y chupa un labio y después lame y chupa el otro -los lamio otro par de minutos-. Mete y saca tu lengua de mi coño -se la metió y se la sacó varias veces-. Ahora lame aquí le señaló el clítoris con un dedo- lame de abajo arriba, hacia lo lados y alrededor -lamió unos tres minutos-. Y ahora haz todo lo que te le dicho de corrido.
Le comió el coño tal y como le había dicho y poco más tarde le decía Violeta:
-¡Me corro en tu boca!
Después de correrse estuvo un ratito tirando de la respiración. Al recuperarse del inmenso placer que había sentido, le cogió la polla pringada de leche y se la meneó, al tiempo que la frotaba en sus areolas y en sus peones. Luego le lamió el glande y se lo chupó... Ya lo conocía, así que cuando sintió que se iba a correr, le apretó un poco los huevos para que no se corriera. Después le chupó los huevos y le lamió la polla de abajo a arriba y de arriba a abajo y luego le dijo:
-Ahora te voy a desvirgar, pero antes toca enseñarte algo.
Se puso de lado y agarró en el cajón de la mesita de noche una caja de condones ya empezada. Cogió uno. Braulio le preguntó:
-¿Me vas a enseñar a poner un preservativo?
-Veo que sabes lo que es. Sí, te voy a enseñar a poner un condón.
Le quitó el envoltorio, lo preparó, se lo puso en la cabeza de la polla y luego lo fue bajando.
-Ahora me voy a poner boca arriba para que me folles y pierdas tu virginidad.
Se puso boca arriba, se abrió bien de piernas, le cogió la verga, la puso en la entrada del coño y le dijo:
-Métemela.
Braulio la metió de un chupinazo, le dio ocho trallazos más y ya se corrió. Violeta, cuando Braulio le sacó la polla del coño, le quitó el condón miró la leche de la corrida y le dijo:
-Tienes que aguantar más. Debes darme tiempo para que me corra.
Cogió otro condón y se lo dio.
-Ahora ponlo tú.
Un minuto escaso tardó en correrse otra vez.
-Joder, Braulio, pareces un conejo, menos mal que la polla sigue dura -cogió otro condón-.No queda más que este. Aguanta hasta que me corra yo.
Para asegurarse la corrida lo montó ella a él. Fue peor. La dejó con la miel en los labios... Braulio quitó la polla.
-¡¿Qué haces?!
-Quitarla.
Le cogió la polla, le quitó el condón y lo folló a pelo. Esta vez sí se corrió.
-¡Me corro, me corro, me corro!
Se corrió sacudiéndose y jadeando como una perra. Fue tanto su gozo que no sintió la leche de su ahijado llenar su coño... La vio bajar por la polla cuando la quitó.
-¡¿Qué has hecho?!
-Correrme después de correrte tú.
-Me has podido dejar preñada. Anda, vete para tu habitación.
Braulio, apesarado y empalmado, volvió a su habitación.
A la mañana siguiente cuando Braulio llegó a la cocina para desayunar se encontró a su madrina lavando una sartén en el fregadero. Le dijo:
-Buenos días, madrina.
Violeta se giró y le espetó:
-Ni son buenos ni son días, ya pasa de las doce.
Braulio vio que llevaba otro escote de infarto y otra minifalda. Le echó las manos a las tetas y le arrimó la verga al coño. Violeta le dijo:
-Déjame, si no me dejas te meto un sartenazo que te dejo tonto.
No la iba a dejar, le levantó la camiseta y su boca se abalanzó sobre su tetas. Violeta, levantó un brazo, y con la sartén en la mano lo volvió a amenazar.
-¡Qué te dejo tonto!
Siguió devorándole las tetas y "¡Clanc!" Le cayó un sartenazo en todo el coco que dio con sus huesos en el piso. Violeta se asustó.
-¡Lo maté!
Bajó la camiseta. Puso la sartén en el fregadero, luego se puso en cuclillas y le levantó la cabeza. Braulio abrió lo ojos y le dijo:
-Pegas fuerte.
Violeta respiró aliviada.
-¡Que susto me has metido!
Se puso en pie, Braulio miro para arriba y vio sus bragas negras. Se sentó, le echó las manos a la falda y se la levantó.
-¡Baja la falda o vuelvo a coger la sartén!
Se puso en pie, le volvió a levantar la camiseta y magreado sus tetas tuvo la osadía de meterle la lengua en la boca. "¡Ñaca!" Le metió un mordisco que le debería quitar las ganas para un mes.
-O te estás quieto o acabas en el hospital.
-Ayer noche...
-Ayer noche, fue ayer noche.
-¡Me gustó tanto que te corrieras en mi boca...!
-Y a mí tan poco que te corrieras dentro de mi coño...
Violeta se puso a lavar la sartén de nuevo. Braulio se dio por vencido. Fue a la alacena y cogió los cereales y el azúcar y luego en la nevera cogió la leche.
-No desayunes mucho que a las dos comemos.
-Mi idea era desayunarte a ti, pero...
-¿Qué pasó con el muchacho que tenia miedo a pecar?
-Lo mataste, y ahora, por lo que se ve, lo quieres enterrar.
-¡Uy que filósofo!
-Ríete de mí cuanto quieras, pero no se puede crear una ilusión y luego borrarla de un plumazo.
-Y dale.
-A ver, madrina. ¿Crees que es normal crear un monstruo para luego encadenarla en un cárcel de indiferencia?
-Lo que creo es que te di en la cabeza con demasiada fuerza.
-Nada tiene que ver el golpe con lo que has despertado dentro de mí.
-Ahora viene lo de que te has enamorado de mí.
-Si el deseo de tenerte entre mis bazos y de perderme entre tus abrazos, es estar enamorado, pues sí, estoy enamorado de ti.
-¿Tú te crees que tengo tu edad para andar con esas tonterías?
-Dicen que el amor no tiene edad.
-Te está enfriando el desayuno.
-Le eché leche fría a los cereales.
A Violeta le estaba gustando lo que oía, pero le dijo:
-Pues cómelos y deja de decir disparates.
-No me volverás a dejar beber tu ambrosía. ¿Verdad?
-¿Qué ambrosía ni que perro muerto?
-Hablaba de lo los fluidos de tu orgasmo.
-Sabía de que hablabas.
-¿Y?
-Y estoy de ti y de tus chorradas de inmaduro hasta el coño. Si en el fondo solo me quieres echar otro polvo, caradura.
-¿Acaso el amor y el sexo no son familiares cercanos? ¿Lo echaremos?
-Si lo echamos será cuando a mí me salga del coño.
-Eso quiere decir...
Violeta cogió la sartén.
-¡Eso quiere decir, que o desayunas y callas, o vas a tener que comer papilla el resto de tu vida!
-¡Que bella te pones cuando te enfadas!
"¡Clanc!" Le dio un sartenazo, con menos fuerza que antes, pero valió para que se callara y para que desayunara.
Esa noche, Violeta, fue a la habitación de su ahijado. Vestía un picardías de color rojo tan escotado que dejaba ver casi todas sus tetas y tan corto que dejaba ver los pelos del coño. A entrar en la habitación vio a su ahijado en cama y de espaldas a la puerta. La sábana que lo cubría se movía. Era obvio lo que estaba haciendo. Al ir descalza no hizo ruido. Se puso enfrente de el y vio que tenía una foto en la mano izquierda. Braulio no la había sentido caminar, pero al estar enfrente de él olió su perfume. Abrió los ojo y al verla se llevó tal sorpresa que la foto le cayó al piso. Violeta la miró y vio que era una foto suya de hacía un par de meses. Braulio le dijo:
-Te necesitaba.
-Ya veo, pero no vuelvas a andar en mis cosas.
-No andaré.
-Promételo.
-Te lo prometo.
Le quitó la sábana de encima, se sentó encima de el, y le dijo:
-Demuéstrame lo que sientes por mí.
Braulio se incorporó le echó las manos a las mejillas, le dio un pico, la miró a los ojos. y le dijo:
-Eres la mujer mas hermosa que he visto en mi vida.
-Mientes, pero que todas las mentiras que me digas sean como esta.
La besó en el cuello, le lamio las orejas y después en la boca, lo hizo con lengua, pero con dulzura. Luego le bajó las asas del picardías y con la misma dulzura que la había besado, besó, lamio y chupó sus pezones y sus areolas. Violeta le quitó la chaqueta del pijama y sonrió. Braulio le dijo:
-Tienes una sonrisa divina.
-Me gusta que te guste.
Se abrazó a él para que sintiera sus tetas sobre el pecho y después se echó boca arriba sobre la cama con las piernas abiertas. Braulio se quitó el pantalón del pijama y luego metió su cabeza entre las piernas de su madrina. Lamió con la misma dulzura que se la había besado... Se tomo su tiempo en los labios vaginales, lamiendo y chupando. En el clítoris, lamiendo y succionando. En la vagina, metiendo y sacando la lengua. Así estuvo hasta que Violeta, entre gemidos, le dijo:
-Me voy a correr. ¿Quieres que te de mi néctar?
-Lo estoy deseando.
-Échate boca arriba.
Se echó boca arriba. Violeta le puso el coño en la boca. Metió dos dedos dentro del coño, se trabajo el punto G y al correrse le llenó la boca, la cara y el cuello de jugos.
Al acabar de correrse, lamiéndole lo jugos de la cara, le dijo:
-Yo no sé hacer el amor, sé follar y soy una guarra follando.
-No eres una guarra, eres una delicia de mujer.
-Te haré cambiar de opinión.
Le agarro la polla, la frotó en el ojete y luego, mirándolo a los ojos, metió la puntita dentro del culo. Braulio estaba tan caliente que se corrió, y al hacerlo empujó y le metió la cabeza de la polla. Violeta quedó unos segundos con los ojos desviados.
-¡Joder! Un poco más fuerte y me dejas bizca.
-Lo siento.
Sacó la polla del culo, la limpió con el picardías, le dio un par de mamadas, la olió y le dijo:
-Me gusta la mezcla de olores que tiene.
-A mí me gustaría que la siguieras mamado.
-¿No prefieres metérmela en el coño?
-Claro que sí.
Violeta se puso a cuatro patas.
-Fóllame el coño, pero no lo hagas despacio. Quiero que me folles cómo a una perra. Que me folles a lo bestia. Quiero que me des sin conocimiento y que te corras dentro tantas veces que mi coño acabe echando por fuera.
-¿Estás segura de que dices?
-Sí, quiero que me dejes el coño como un bebedero de patos.
No hizo más preguntas. La agarró por la cintura y durante un par de minutos le dio hachazos como para romperle el coño. Al ver que le venía se lo dijo:
-Me voy a correr, madrina.
-Yo también.
Le siguió dando y se corrieron juntos.
Tiempo más tarde, Violeta, después de haberse corrido tres veces y sintiendo la leche cubriendo su ojete y mojando la parte de abajo del culo, le dijo:
-Malo será que con cinco corridas dentro de mi coño no haya quedado preñada.
-Si no es mucho preguntar...¿Por qué no le pediste a tu marido que te hiciera un hijo, madrina?
-Es mucho preguntar.
Lo maridos de Violeta y de Encarna, o sea, los cornudos, vendrían a darles una vista unos días después. Las zorritas se encargaron de que se corrieran dentro de ellas.
Quique.
@quique que buen relato uuf las segunda parte que cachondo de sexo lésbico
scripsit nyctidromus
sanguine et pulvis
n****@gmail.com




