Me llamo Victoria, tengo treinta años y soy una ex modelo, morena, flaca, de tetas medianas, cintura estrecha, caderas anchas y un buen culo. Conocí a Vicente, el que ahora es mi marido, en el palco de una sala VIP de Madrid. La primera vez que me habló me pareció un cincuentón hortera, de esos que babean por mujeres, que en edad, podrían ser sus hijas, pero a los quince minutos supe que era millonario y ya lo vi alto, elegante... Tan bien lo vi que hace seis meses que me casé él.
En esos seis meses había vivido una vida de lujos, anormal, pero excitante, anormal porque la hija de mi marido me había calado y no hablaba conmigo, y excitante porque Pedro, el hijo, hablaba más por señas que a viva voz. En ese tiempo mi marido y su hija Mercedes, que era una joven morena, de ojos negros y con un bonito cuerpo, habían ido doce veces a reuniones en Londres. A mí me parecían muchas reuniones, y cómo al irse me dejaban a solas en el palacete con "Manos largas, Pedro", pues en una de estas veces que estábamos solos en la sala de estar, estando yo sentada en un sofá, se me acercó por detrás y me agarró las tetas, reí con descaro para darle alas, y luego le dije:
-Voy a tener que hablar con tu padre.
-Si quisieras decirle que te meto mano ya se lo hubieras dicho.
Quería quitar de él y nada mejor que calentarlo para que se le soltara la lengua. Le dije:
-Me gustaría follar contigo, pero no quiero meterle los cuernos a tu padre.
-Mi padre te los está metiendo a ti.
Ya lo tenía donde quería. Me di la vuelta y me plantó un beso en los labios.
-Lo dices para que te deje follar.
Sin parar de magrear mis tetas, me dijo:
-Sí, lo digo para que le metas los cuernos conmigo, pero no te miento, va a Londres a follar con su querida.
-¿No hay reuniones?
-No.
-¿Y tu hermana?
-Tiene un rollo en Londres.
No lo creí.
-Ya me enteraré de lo que se está cociendo.
Me levanté y quise irme para mi habitación, pero Pedro no me dejó. Me agarró por la cintura, me tiró sobre el piso y se sentó sobre mi espalda.
-Déjame ir, maricón.
-Ahora por llamarme maricón te voy a romper el culo.
Me quitó la camiseta y me abrió el sujetador.
-Te voy a empotrar por el culo.
-Eso es lo que crees tú, maricón. A la que te descuides te voy a hacer un mapa en la cara con mis uñas.
Se dio la vuelta sin dejar que me moviera, me bajó la falda y las bragas, luego, se volvió a girar. Poniendo sus manos sobre mi espada me mordió el culo y después me lamió el ojete. Yo cuando me excito me mojo demasiado, y eso delata mis ganas de follar. Antes de que viera cómo chorreaba mi coño, le dije:
-Si me dejas ir ahora, no le digo nada a tu padre.
Aún me devoró el culo con más ganas.
-Vas a ser mía, quieras o no quieras.
-¡Eres un hijo de mala madre!
-Y tú una zorra, cuyo coño está goteando. Déjate follar.
Mi coño, tal y como había pensado, me había traicionado.
-No me dejaré, a no ser que me cuentes lo que quiero saber.
-A lo mejor te cuento algo más.
-¿Importante?
-Muy importante.
-Si es importante, dejo que me folles, pero el coño.
-Vale.
-Suéltame.
Me dejó libre. Me puse de lado para que me comiera el coño. Me comió el coño y el culo... Al rato, sintiendo el inmenso placer que me daba su lengua al entrar y salir de mi culo y de mi coño, me corrí en su boca.
Al acabar de correrme tenía ganas de más. Me puse a cuatro patas y le dije:
-Fóllame el coño, el culo, déjalo en paz.
Me echó las manos a las tetas y me folló con fuertes clavadas y haciendo una parada entre clavada y clavada, luego me clavó sin hacer paradas y al final me dio las mías, las de su prima y las de su hermana.
Al sentir que me iba a correr, la sacó y me la metió en el culo, lo hizo despacito, tan despacito la metió que antes de llegar al fondo del culo, me corrí, y al correrme yo se corrió él.
Al acabar le pregunté:
-Cuéntame eso tan importante.
-¿Hay algo más importante que no revelar secretos familiares?
El guapito de cara me había engañado.
-¡Eres un cabrón!
-Salí a mi padre.
A pesar de haberme engañado seguí follando con él, No lo pude evitar, pues me hacía correr todas las veces que quisiera.
Hacía casi un año que no estaba con una mujer y las manos suaves de Roberta frotando mi espalda en el baño me evocaron bellos recuerdos. Eché mi cabeza hacia atrás y con la espalda apoyada en la bañera, le dije:
-Frota también mis tetas.
Roberta, que era una mulata, delgada, alta, con un cuerpo estilizado, con dedos largos y grandes manos, frotó mis tetas.
-Masajéalas.
-Ay, señora, que no quiero perder el trabajo.
-Lo que pase en este cuarto de baño, quedará en este cuarto de baño. ¿Has estado con otra mujer?
-Sí, señora.
-Entonces sabes cómo seguir.
Roberta echó gel en sus grandes manos, me cogió las tetas, me las magreó hasta dejar los pezones duros cómo piedras, y luego me dijo:
-Póngase en pie, señora.
Me puse en pie, volvió a echar gel en las manos y me amasó las nalgas y me acarició el ojete con la yema de un dedo, luego me metió el dedo medio de su mano izquierda dentro del culo y tres dedos de su mano derecha dentro del coño y me masturbó, al tiempo que comía mis tetas. Sabía lo que hacía, pues no me masturbó de cualquier manera, lo hizo muy lentamente. Despacito entró y salió el dedo de mi culo, despacito entraron y salieron los dedos de mi coño y despacito acarició mi clítoris con la yema de su dedo pulgar. Al decirle mis gemidos que me iba a correr, dejó de mamar mis tetas. Me miró a los ojos y luego me puso sus gruesos labios a milímetros de los míos. Al correrme, mis labios se posaron en sus labios, su lengua entró en mi boca y se la chupé con fuerza mientras me corría.
Después de correrme me volví a sentar en la bañera y le pregunté:
-¿Cuántos años llevas trabajando aquí?
-Dos años.
-En dos años habrás visto muchas cosas.
-Sí, señora, pero el deber de una doncella es ver, oír y callar.
-Quiero que me saques de una duda.
-Si está en mis manos...
Las mentiras, a veces, hacen aparecer la verdad, así que le dije:
-Me dijo Pedro que Mercedes va a follar con su padre a Londres. ¿Es eso cierto?
Frotando mi espalda con una esponja, me dijo:
-No sé. ¿Pero, por qué se lo diría?
-Para que no me sintiera culpable, si follaba con él.
-¿Y no le dijo nada más?
Fue pura intuición, pero acerté cuando le dije:
-Que follaba contigo y... Y sigue tú si quieres que te suba el sueldo.
-Y con su hermana, y antes de llegar usted don Vicente cogía conmigo y con la señorita Mercedes
Iba a comerle el coño a Roberta, pero se me quitaron las ganas. La burladora estaba siendo burlada, y saberlo, me jodió. ¡Cómo me jodió! Soy puta, trepa y todo lo que queráis, pero a la puta, a la trepa, a la que queráis, quien se las hace, se las paga.
Una calurosa tarde noche de verano volvió mi hijastra Mercedes de Londres, donde había estado follando con su padre. Llegó a casa y sentí sus pasos acercarse a mi habitación, supongo que para llevar el equipaje a la suya. Cuando pasó por delante de mi habitación debió oír hablar a su hermano conmigo porque sentí abrirse la puerta y luego la oí decir:
-Vaya, vaya, vaya, a la cabrona le va la marcha.
Pedro, que estaba en pelotas y con las manos manchadas de chocolate líquido, le dijo:
-¡Lárgate!
Debió extrañarle que yo no dijera nada al oír su voz, ya que vino hasta la cama y le preguntó a su hermano:
-¿Qué le has hecho?
Embadurnando mi cara de chocolate, le dijo:
-Estás interrumpiendo la creación de una obra de arte.
Mercedes me odiaba, pero aquello le debió parecer demasiado.
-¡¿Qué obra de arte, desgraciado?! ¿Con qué las has drogado?
Embadurnando las tetas, le respondí:
-La titularé: Campo veraniego para la siembra del pecado.
-Sí, y lo expondrás en el museo de la ubre. ¡Te has vuelto loco!
Embadurnando mi coño con chocolate le dijo:
-Tu sarcasmo me resbala.
Sentí el ruido de la cámara de un teléfono móvil.
-Había pensado en ti para mi campo primaveral para el pecado.
A Mercedes no le debió parecer mal la idea, ya que cambió de tema.
-¿Cómo le vas a quitar la pintura del cuerpo?
-No es pintura, es chocolate. ¿Me ayudas a quitárselo?
Podía sentir sus ojos clavados en mi cuerpo desnudo. Los segundos que tardó en responder se me hicieron eternos. Le respondió con otra pregunta:
-¿Cómo?
-Con la lengua.
-No digas tonterías.
-¿No te gusta Victoria?
-Sabes que la odio.
-Digo si no te gusta como mujer.
-Como mujer no está mal, pero no podría darle placer a alguien que detesto.
Pedro me pasó un dedo entre los labios del coño y le enseño el dedo bañado en jugos.
-Está empapada.
-No le voy a comer el coño a esa puta.
Abrí los ojos, la miré y le pregunté:
-¿Te has cansado de follar con tu padre?
Se llevó una sorpresa tremebunda. Miró para su hermano con ojos de asesina y le dijo:
-¡Me has vendido por un polvo con una puta!
-Yo no le dije nada, se lo has dicho tú, sin querer, pero se lo has dicho.
Me miró y aún se enfureció más.
-¡Serás pécora!
-Sí, lo soy. Siempre lo he sido. Me he follado a más hombres y más mujeres de las que te vas a follar tú en tu jodida vida. ¿Algún problema?
Al oír la confesión se vino abajo.
-No, no me causa ninguna sorpresa.
Pedro le dijo:
-Podrías ayudarme a quitar el chocolate de su cuerpo.
-Ni harta de ron con cola.
A mí me gustaba la idea y se lo dije:
-A mí me gustaría que lo hicieras, pirata.
-Sabiendo lo que sabes...
Le volví a mentir, para matar dos pájaros de un tiro.
-Yo también estuve enamorada de mi padre.
Se sorprendió.
-¡¿De verdad?!
-Sí.
-Eres un pozo de sorpresas.
Pedro lamió mi cara... Mercedes, plantada al lado de la cama, vio cómo su hermano dejaba de lamer mi cara y lamía y chupaba mis tetas. Se debió poner cachonda, ya que se quitó la chaqueta del traje y los zapatos, y sin decir ni una palabra, se metió en cama y lamió el chocolate de mi monte de venus, luego el de mi clítoris, tras él, el de mi vulva, después pasó la lengua por el coño y luego me dijo:
-Me jode reconocerlo, pero estás muy rica.
Pedro dejó de lamer y me puso los huevos en la boca, se los lamí y se los chupé, luego me metió la polla en la boca y se la mamé con lujuria. Se arrodilló detrás de su hermana, le levantó la falda, le bajó las bragas, la agarró por las tetas y mientras la golosa lamía mi coño de abajo a arriba, le clavó la polla en el coño, lo hizo despacito para que Mercedes pudiese lamer a mi gusto. Sentí su lengua lamiendo mis labios vaginales, lamiendo mi clítoris y entrando y saliendo de mi vagina, vagina que cerrándose para no dejarla salir me llevó un orgasmo brutal. Me corrí jadeando y sacudiéndome una barbaridad. Pedro viendo cómo me corría le dio duro a su hermana y justo al acabar de correrme, se corrió él dentro del coño de su hermana y Mercedes le bañó la polla con una larga corrida.
Al acabar de corrernos me eché boca arriba y seguí con mi plan.
-Hagámonos unas fotos para cuando esté sola.
Pedro me dijo:
-Pajillera.
Mercedes quería salir bonita.
-Espera a que me desnude.
Se desnudó y con mi teléfono móvil hice fotos besándonos los tres, besándose los hermanos, metiéndose mano... Hice fotos hasta que me cansé. La primera parte de mi plan ya se había desarrollado. Faltaba el segundo. Todo dependía de saber la clave de un celular, pero para eso había tiempo. Esa noche tocaba disfrutar.
Mercedes se había colocado en medio de su hermano y de mí. Nada más acabar las autofotos, Pedro la besó en a boca. Yo le besé el pezón izquierdo y después jugué con mi lengua en su areola y le magreé y le mamé la teta. Pedro bajó a comerle la otra teta y al dejar él la boca se la comí yo. Entre beso y beso, me dijo:
-Ni te puedes imaginar las ganas que tenía de arrancarte los pelos del coño y de la cabeza.
-¿Se te quitaron las ganas de pelear conmigo.
-Bésame y calla.
Nos seguimos besando hasta que dejé su boca y fui a por su teta izquierda, que en ese momento había dejado su hermano. Mamando le pasé tres dedos por el coño mojado, luego le metí un dedo en la vagina y después se lo di a chupar a su hermano. Pedro se puso boca arriba, y me dijo:
-Ven, Victoria.
-Subí encima de él y lo follé al tran tran mientras lo besaba. Nunca pensé que Mercedes fuera tan deliciosamente guarra, pero lo era. Sentí cómo separaba mis nalgas y luego cómo lamía mi ojete.
No le llegó, ya que me lo folló con la lengua. Paré de follar para disfrutar de la follada de lengua, pero Pedro me folló a mil por hora. Sintiendo cómo me taladraba el coño, y sintiendo la lengua dentro de mi culo, me corrí cómo una cerda.
Al acabar de correrme, froté el glande de la polla en mi ojete. Mercedes me dijo:
-Oye, que era mi turno.
-¿Qué prisa tienes? Tenemos toda la noche.
-También es cierto.
Le dije a mi hijastro:
-Déjame a mí, Pedro.
Fui bajando el culo y la polla fue entrando en el culo con sutileza. Era cómo si estuviera entrando en un coño apretado. Mercedes le puso el coño en la boca a su hermano, me echó las manos a las tetas y luego nos besamos. Pedro todo lo que hizo fue sacar la lengua, el resto lo hicimos nosotras. Yo metí y saque la polla del culo frotado mi clítoris contra la pelvis de Pedro y Mercedes frotó su coño contra la lengua. Pasado un tiempo de folladas, lamidas y magreo, me dijo Mercedes:
-¿Qué te apuestas a que me corro antes que tú?
No me apostó nada, me dijo:
-Burra la última.
Comenzaron los culos a moverse de delante hacia atrás y de detrás hacia delante cómo si estuvieran electrificados y me corrí cómo una puta en menos de un minuto. Mercedes seguía frotándose, pero no llegaba. Me bajé de la montura y le dije:
-Todo tuyo.
Mercedes se dio la vuelta, cogió la polla, la limpió con la sábana, la puso en la entrada del coño, la clavó de un viaje y luego lo cabalgó. A ver, no es que yo sea una guarra, pero tenía que devolverle el favor a mi hijastra, así que le comí el culo... Al rato, cuando se iba a correr, sin decir una palabra y con cara de salida, se quitó de encima de su hermano, hizo que me echara boca arriba, me puso el coño encharcado en la boca, yo saqué la lengua, frotó el a toda pastilla el coño contra ella y se acabó corriendo en mi boca.
Pedro no se había corrido y seguía con un empalme brutal. Empuñé su polla, giré la cabeza y fui lamiendo la polla hacia arriba, lamiendo y dándole pequeños mordiscos, al tiempo que con la otra mano le acariciaba las pelotas. Jugué así un ratito y luego pasé mi lengua por el agujero de su meato, que ya echaba líquido pre seminal. Luego recorrí su glande con la lengua haciendo paradas para lamer varias veces su frenillo. Mercedes se cansó de mirar, me sacó la mano de los huevos y comenzó a jugar con ellos, lamiéndolos y chupándolos. Le apreté la polla y del agujero salió más líquido pre seminal. Lo esparcí con la legua por el capullo, después lo metí en la boca, lo mamé y acto seguido la metí casi toda dentro de la boca. Al sacar la polla de la boca, Mercedes besó su cabeza, por un lado, y luego la mamo, para luego hacer lo que le había hecho yo, meterla casi toda dentro de la boca. Al sacarla la polla de la boca se la volvió a besar. Vi cómo cerraba los ojos y eso me calentó más de lo que ya estaba, pues se notaba que le gustaba mamar. Aparté la polla y besé a mi hijastra. Luego nos turnamos, cuando una agarraba la polla y la mamaba, la otra le lamía el tronco y las pelotas... De vez en cuando nos besábamos. Lo estábamos pasando cojonudamente haciéndole la mamada, y ya os podéis imaginar cómo lo estaba pasando Pedro... Unos minutos después, teniendo yo la polla dentro de la boca, me dijo:
-¡Me corro!
Me dio tiempo a sacar la polla de la boca, pero no de apartarla de mis labios, en ellos se corrió, en ellos y en mi cara. Me dejó la cara perdida.
Al acabar de correrse, le eché una mano a mis bragas para limpiarme, pero Mercedes no me dio tiempo a usarla. Pasó la lengua por mis labios y me limpió la leche de ellos, se la tragó y después lamió la leche de mi cara. Con su lengua llena de jugos me besó, y lo que a muchas de vosotras os parecerá una guarrada, a mí me puso muy, muy, pero que muy cachonda, y se lo dije.
-Joder, Mercedes, me has dejado el coño haciendo chiribitas.
-Eso tiene fácil arreglo. Colócate para recibir una comida de coño.
Me puse como te pondrías tú, sí, tú, la que está leyendo esto, y me la comió así, sí, así, como te gustaría a ti que te la comieran, y me corrí en su boca, sí, me corrí en su boca cómo te correrías tú si estuvieras en mi lugar, cosa que puedes hacer, pues todo es ponerse a fantasear.
En fin, que Mercedes no le dijo nada a su padre y yo me olvide temporalmente de mi plan, que a estas alturas del partido, sabiendo lo que me gusta el dinero, ya sabréis cuál era.
Quique.
@quique que relato tio
scripsit nyctidromus
sanguine et pulvis
n****@gmail.com





