Hace la tira de años íbamos andando por un camino de carro, mi primo Jorge y yo en un día nublado del mes de febrero, cuando vimos venir por ese camino a nuestra tía Agripina. La mujer, una cuarentona, morena y todavía potable, iba sentada en un tractor rumbo a una de sus huertas. Jorge, que era un muchacho de mi edad, delgado, moreno, de ojos azules, de estatura mediana y bien parecido, me dijo:
-Ahí viene la reina de la aldea.
-¿Reina? No es más que una puta barata.
Me reprendió.
-No hables así de la tía. Vale que es una presuntuosa, pero tanto como puta...
-Puta, y puta de las peores, puta de las que pagan en vez de cobrar.
-A ver, a ver. ¿Qué te hizo para decir semejante barbaridad?
-Quiso romperme el culo.
Se le escapó una sonrisa.
-Sí, hombre, ahora va a resultar que la tía tiene polla
-Ella, no, pero Sito, sí.
Sito era nuestro primo y ambos sabíamos que era maricón.
-¡¿Te quiso dar por el culo Sito?!
-Quiso.
-Cuenta.
-Estaba follando a su madre cuando llegó él y me quiso dar por el culo.
-¡¿Te cepillaste a Agripina?!
-Cepillé.
Me senté en una roca que había al lado del camino. Jorge se sentó a mi lado.
-Empieza la historia por el principio.
Por el principio empecé.
-Se estaba haciendo de noche. Agripina y yo estábamos terminando de hacer un pajar y me preguntó:
-"¿Ya te estrenaste con una mujer?"
-Aún no.
Jorge me interrumpió.
-Pero si tú ya has follado con cuatro chavalas, con cuatro que yo sepa.
-La estaba engañando a ver si caía, ya que a las mujeres les gustan los virguitos, pero quien estaba cayendo en la trampa era yo.
-Ah, era eso. Sigue, sigue. La cosa se pone interesante.
-Me dijo:
-"Entonces no sabrías qué hacer con una mujer si se te pone a tiro."
-Traté de evitar palabras fuertes, o sea, me hice el ingenuo, diciéndole: Claro que sí, le metería la cosa allí.
-"No basta con meterle la polla en el coño. A una mujer hay que saber besarla, comerle las tetas, comerle el coño, comerle el culo, y luego no se folla de cualquier manera."
-¿Ah no?
-"No. Te pago el doble de lo que te dije por hacer el pajar si me echas un polvo cómo yo te diga."
-Si me llega a decir que no me paga por ayudarle a hacer el pajar por follarla, aceptaría igual. En fin, que ya se había hecho de noche, aunque de cerca se veía perfectamente con la luz de la luna. Nos pusimos en la parte de atrás del pajar, la parte que da al monte. La tía se arrimó al pajar y me dijo:
-"Ven"
-Fui a su lado, me echó los brazos alrededor del cuello y me dijo:
-"Haz lo que te haga yo a ti."
-Me metió la lengua en la boca, levantó la mía con ella y me la lamió. Yo le hice lo mismo. Con mi lengua dentro de su boca me la chupó y luego hizo algo así cómo espadear con ella. Yo ya era un experto, pero...
Me volvió a interrumpir.
-Hombre, experto, lo que se dice experto...
-Sí, experto, dar besos con lengua no tiene ninguna ciencia.
-Demuéstramelo.
Jorge acercó su boca a la mía y me echó la mano a la polla. Se la quité y le dije:
-¡Quita, maricón!
-Vale, quito. Continúa con la historia.
-Luego de los besos con lengua pasamos al cuello y a los lóbulos de las orejas, a lamerlos, a chuparlos y a morderlos. Después me quitó la camisa, puso sus dedos pulgares sobre mis pezones y me magreó las tetas, me lamió los pezones y las areolas. A continuación se puso en cuclillas y me bajó los pantalones. Mi polla tiesa quedó delante de su boca, pero no me la chupó, me giró, me separó las nalgas, me lamió el ojete y me metió y sacó la lengua en él. Luego me dio la vuelta, lamió mi frenillo, lamió el meato, lamió la corona, chupó la cabeza y ya me corrí en su boca. No dejó que se perdiera ni una gota de leche, se la tragó toda.
-Joder, de imaginarlo me estremezco. Tu leche en mi boca. ¿A qué sabrá?
-¡A ti se te fue la olla!
-No me hagas caso y sigue contando.
-Ya no te hago caso, si te lo hiciera te metería una buena ostia y te quitaría la tontería.
-¿Qué pasó después?
Seguí hablado de mi tía.
-Al incorporarse se quitó el vestido y quedó solo con unas ligas blancas y unas medias negras . Tenía un cuerpazo, pero con pelos negros en las piernas, en las axilas, tenía pelos hasta en el culo, aunque cómo es obvio, donde más tenía era en el matorral que rodeaban su coño. Con mis dedos pulgares sobre sus pezones, unos pezones duros y tiesos, le magreé las tetas, unas tetas grandes, con grandes areolas oscuras, y después lamí y chupé sus pezones y sus areolas y se las mamé... Hice todo tal y como me lo había hecho ella. Luego me puse en cuclillas y le comí el coño.
Me interrumpió por tercera vez
-Eso me encanta hacerlo. Una que yo me sé cuando está a punto de correrse, la saca y me pone el coño en mis labios, yo saco la lengua, lo frota contra ella y se corre en mi boca.
-¿Siempre hace eso?
-Siempre.
-No me lo creo.
-Puedes creerlo, lo hace porque así no corre el riesgo de quedar preñada.
-Pero al follarle el coño...
-No le follo el coño, le follo el culo y ella se toca y se acaba corriendo en mi boca.
-Entiendo.
Me volvió a echar la mano a la polla y la encontró empalmada. Le quité la mano y con cara de mala ostia, le dije:
-Si me tocas otra vez te parto la cara.
No se dio por vencido.
-Deja que te haga una mamada.
-¿Te volvió maricón esa mujer, primo?
-No, me gustan las pollas y los coños.
-¿Desde cuándo le das a la carne y al pescado?
-Desde que me la mamó Sito.
-¿Y no te dio por el culo?
-No, no le dejé, pero a ti te dejaría.
-No hace falta que lo jures.
-Sabes, yo creo que algún día será normal ver parejas de maricones.
-Sí, y parejas de tortilleras. Será un mundo de piruletas y chupachups donde las mujeres llevarán las faldas tan cortas que al agacharse se le verán las bragas y otras llevaran unos escotes que se les verá la mitad de las tetas...
-Así se habla.
-Estaba siendo sarcástico, atontado.
Le resbalaba que lo insultara. Jorge iba a piñón fijo.
-¿Y de la mamada, qué?
-De la mamada, nada.
Me levanté y eché a andar hacia el monte, que era a donde íbamos antes de empezar a hablar.
-Acaba de contar el polvo con la tía.
-¿Por dónde iba?
-Le ibas a comer el coño.
-Pues después de decirme lo que le gustaba que le hiciera, me puse a la faena. Lamí su coño de abajo a arriba y la lengua se me fue llenando de jugos. Aún lamía cuando me dijo:
-No tragues los jugos, dame un beso y compártelos conmigo.
Me enderecé y llevé mi lengua a su boca. Me la chupó, nos besamos y luego volví a ponerme en cuclillas. Se giró. Separé sus gordas nalgas y con mi lengua lamí y follé su ojete un rato largo. Me sorprendió al decirme:
-"Métemela en el culo."
-Saqué la polla, me encogí un poco y le clavé el glande de una estocada, luego la fui metiendo poco a poco hasta llegar al fondo del culo... Me cogió las manos y me las llevó a las tetas. Magreándoselas la follé sin prisa, pero sin pausa, después me quitó una mano de las tetas, separó tres dedos y metió dos dentro de su coño. Comenzó a follarme con su culo a toda mecha. Me quedé quieto a ver si se corría y... ¡Vaya si se corrió! Su coño se cerró sobre mis dedos, su ano apretó mi polla y se corrió temblando y mordiendo la paja del pajar mientras yo le llenaba el culo de leche... Al darse la vuelta me arrodillé delante de ella y volví a lamer su coño. Esta vez me tragué los jugos de su corrida. Luego separé los labios de su coño con dos dedos y le lamí uno, le lamí el otro... Se los lamí cantidad de veces antes de clavarle la lengua en el coño y follárselo cómo le había follado el ojete. La tía ya gemía una cosa mala cuando le lamí el clítoris.
-¿El qué?
-La pepita. Luego dejé la dulzura y lamí de izquierda a derecha y de derecha a izquierda a toda pastilla hasta que se corrió cómo una loba.
Me detuve al lado de un pino, apoyé la espalda en él y saque la cajetilla de ducados. Sacaba un pitillo cuando mi primo se arrodilló delante de mí y me echó la mano a la polla. Le dije:
-Estate quieto.
-Déjate, hombre, deja que conozca el sabor de tu leche.
Estábamos en medio del monte y nadie nos iba a ver. Jorge tenía sed y yo tenía leche para darle. Así que sería algo así cómo una obra de caridad.
-Te voy a dejar mamarla porque me das pena, pero solo el tiempo que me lleve fumar el pitillo.
Me bajó los pantalones, me meneó la polla, la metió en la boca y me la chupó. Chupó y lamió los huevos... La cosa me empezó a gustar y dejé de echar caladas para que el cigarrillo durase más. El cigarrillo ya me iba a quemar los dedos cuando me corrí en la boca de mi primo. Jorge gimió cómo una puta y se tragó la leche de mi corrida.
Al acabar la mamada, Jorge, se puso en pie y me dijo:
-Estaba rica.
-Estaría, pero otra mamada no voy a dejar que me hagas.
-Cómo quieras. Dame un pitillo.
Se lo di, le di fuego y me dijo:
-Sigue contando.
Como si nada hubiese pasado, seguí hablado.
-Poco más hay que contar. Después de comerle el coño se echó sobre la hierba y la follé. Entonces fue cuando llegó Sito, me quiso dar por culo y la tía intentó sujetarme para que me diera. Me zafé de ellos y salí de allí por patas.
-¿El ojo negro que tiene Sito se lo pusiste tú así?
-Fue sin querer.
-Sin querer, queriendo.
-Algo así. ¿Y tu madre, que?
Se sorprendió con la pregunta.
-¿Qué le pasa a mi madre?
-¿Está buena?
Se mosqueó.
-Vamos a dejar a las madres en paz.
-Es que os vi, os vi dándoos un beso en la boca y muy encendidos.
Se alarmó.
-¡¿Cuándo?!
-Ayer, cuando fui a buscarte.
-¡¿No la querrás chantajear para follarla?
-No digas tonterías, tú también sabes lo mío con Agripina. ¿Tiene ganas con frecuencia?
-¿Por qué me lo preguntas?
-Hombre, al ser viuda...
-Dejemos el cuento.
Tres días más tarde, en pantalón de deporte azul, camisa roja, medias negras y calzando unas botas con tacos. fui a buscar a Jorge para ir a jugar al fútbol. La puerta de la casa estaba abierta, entré y vi a mi tía Luisa con el vestido subido acabando de afeitar los pelos de las piernas. Me di la vuelta y me fui caminando en las puntas de los pies para no hacer ruido, pero ya era tarde, me había visto. Sin taparse, me preguntó:
-¿Qué querías, Quique?
Me giré y le respondí:
-Venía a buscar a Jorge para ir a jugar al fútbol.
Con sus blancas piernas abiertas de par en par y enseñando sus bragas negras, me dijo:
-Ya se fue. ¿Tienes mucha prisa?
-No. ¿Qué se te ofrece?
-Pues, verás, llevo un mes diciéndole a Jorge que me ayude a mover hacia un lado el armario de mi habitación y siempre me da largas.
Sabía que me estaba invitando a ir a su habitación a follar, de lo contrario no me estaría enseñando las piernas y las bragas. Mi polla ya se revolvía dentro del calzoncillo cuando le dije:
-Pues vamos allá, a mover el armario y a lo que haga falta.
Se puso en pie y el vestido se le bajó. Sin retirar la palangana con la maquinilla de afeitar, el agua, la brocha y el jabón, se dirigió a su habitación. Yo fui detrás de ella mirándole para el culo, culo que supuse que sería el que me dijera Jorge que follaba. Al entrar en la habitación cerró la puerta con llave y luego la metió entre las tetas. Cogió en un cajón de la mesita de noche unas tijeras de podar, una venda, una mordaza y un cordel. Luisa, con cara de mala ostia, con las tijeras de podar en la mano derecha y con el cordel, la mordaza y la venda en la mano izquierda, metía miedo. Me arrimé con la espalda a la pared. Temblando, le pregunté:
-¿Qué vas a hacer?
Caminando hacia mí, me respondió:
-Desgraciarte.
-Si yo no te he hecho nada.
Me puso la punta de la tijera de podar en el costado derecho.
-No es lo que me has hecho, es lo que me quieres hacer. Ponte cara a la pared.
Me puse cara a la pared y Luisa me ató las manos a la espalda con el cordel. Sabía que estaba intentando asustarme, para luego follarme, pero no podía parar de temblar. Le pregunté:
-¿Y qué le voy a hacer?
Me puso la mordaza en la boca, la venda en los ojos y luego me dio la vuelta.
-Chantajearme. ¿Qué me ibas a pedir por no contar lo que hay entre mi hijo y yo? Seguro que me ibas a pedir el coño.
Entendí lo que le estaba pasando y me entraron las dudas. Lo que no entendí fue porque me había empalmado. Luisa debió ver el bulto de la polla en mi pantalón de deporte, ya que me dijo:
-Y encima te empalmas. Te la voy a cortar la polla y los huevos.
Me quitó la camiseta y me bajó el pantalón de deporte. Mis pectorales, bíceps, tríceps..., y mi gorda polla quedaron a la vista. Le gustó lo que estaba viendo.
-¡Joder con el cuerpo que tienes, Quique! Y esa polla, esa polla gordita, sería un crimen cortártela. Mejor sería gozar con ella, claro que una cosa es lo que sería mejor y otra lo que voy a hacer.
Se puso en cuclillas y sentí cómo con la tijera de podar me cortó dos mechones de vellos del pubis, uno por lado y el otro por el otro. La polla, en vez de bajarse, apuntó al techo. Mi tía me preguntó:
-¿Un último deseo antes de que te la corte y pase a mejor vida?
Estaba en un mar de dudas, por un lado pensaba que mi tía sería incapaz de hacer la barbaridad de cortarme la polla, y por la otra, sentí el filo de la tijera de podar abierta rodeando mi polla. Casi me fui por la pata abajo. Solamente pude asentir con la cabeza. Luisa se puso en pie y me subió la mordaza.
-Responde.
Acojonado, le dije:
-Sí, que no me la cortes.
-Era un deseo sexual para un condenado a muerte. ¿No te gustaría más que en vez de cortártela te matara a polvos?
-Sin duda alguna.
-Concedido el deseo. Si no te mato a polvos, por lo menos me lo voy a pasar en grande.
Me subió la mordaza, se volvió a poner en cuclillas, o de rodillas, no lo sé porque no podía verla. Lamió mis huevos y luego lamió mi polla de abajo a arriba. A continuación, sin tocarme la polla con las manos, me comenzó a hacer una mamada. No tardé más de un minuto en correrme en la boca de mi tía, Luisa se tragó la leche y después se puso en pie. Mi tía era una exhibicionista, lo digo porque me levantó la venda de los ojos para que viera cómo se desnudaba. Vi cómo se quitaba el vestido negro de lunares, cómo cogía la llave de la puerta de entre sus tetas y cómo la ponía encima de la mesita de noche. Luego vi cómo se quitaba el sujetador y dejaba libres unas tremendas tetas, aperadas y decaídas, con areolas marrones y gordos pezones. Después se quitó las bragas y vi la tremenda mata de vello negro que rodeaba su coño, y luego ya no vi nada porque me subió la venda. Me cogió de la mano y me llevó hasta la piltra. Al llegar a la cama me zapateó encima de ella y me quitó las botas y las medias. Después me quitó la mordaza y me pasó el pezón de una teta entre los labios. Saqué la lengua y lo frotó contra ella un ratito. Lo siguiente que sentí fue un fuerte olor a coño y luego algo mojado posarse en mis labios, obviamente era su coño, saqué la lengua y se lo lamí, pero enseguida lo apartó. Luego sentí la punta de su lengua entre mis labios, se la chupé unos segundos y de nuevo me la quitó. Después me puso entre los labio el otro pezón, o el mismo, no podía saber cual era, el pezón se paseó entre mis labios y lo lamí otro ratito. Lo siguiente que sentí fue que me cogía la polla y la frotaba, en el coño primero y en el ojete después. Metiendo el glande dentro del culo sentí el chapoteo de sus dedos dentro del coño. Mi polla acabó entrando toda en su culo. Oyendo a mi tía jadear cómo una loba, le llené el culo de leche. Nada más acabar de correrme, me quitó la polla del culo y me puso el coño en la boca. Saqué la lengua, frotó su coño contra ella y me dio en la boca una corrida bestial, diciendo:
-¡Toma, golfo!
Al acabar de correrse limpió con la sábana la leche de mi corrida de mi cuello y me dijo:
-Te voy a soltar y te voy a dejar marchar, pero ojo con irte de la lengua que ya sabes cómo las gasto.
Me soltó y me quitó la venda de los ojos. Vi otra vez a mi tía desnuda y me gustó lo que vi... Me gustó volver a ver sus grandes tetas aperadas y decaídas, con areolas marrones y gordos pezones. Me gustó ver su coño peludo, y cómo me gustó no me iba a ir sin echarle el último polvo. Me abalancé sobre ella, le agarré los pulsos y fui a por su boca. Luisa me hizo la cobra.
-¡Estás jugando con fuego, Quique!
¿Estaba jugando con fuego? ¡Y una mierda! Lo digo porque aparte de haberme hecho la cobra, no se resistió, o sea, no pataleó, ni se revolvió debajo de mí. Le dije:
-Deja que te haga gozar cómo nunca te han hecho gozar antes.
-¡Qué vas a hacer gozar tú, calamidad!
Seguí buscando su boca mientras le decía cosas cómo:
-Déjate y te hartarás de correrte en mi boca.
Luisa dejó de mover la cabeza hacia los lados, me miró y me preguntó:
-¿Y cómo harías eso, calamidad?
-Comiéndote el coño.
-Mucha lengua.
-Sí, mucha lengua.
-No lo decía...
Le callé la boca con un beso con lengua... Al principio, Luisa, no me devolvía los besos, pero luego ya me devoraba la boca ella. Al soltarle los pulsos, mis manos fueron a sus tetas. Las cogí por debajo y amasándolas, lamí, chupé y mamé, pezones areolas y todo el contorno de las tetas... Le hice un excelente trabajo. Al bajar a su coño lamí de abajo a arriba, saboreé los jugos y le dije:
-Me encanta el sabor de tu coño.
Se lo apreté con dos dedos, lo solté, lo olí y luego lamí de abajo a arriba lentamente, al llegar arriba, con la misma lentitud, lamí y chupé su clítoris. Mi tía, con las piernas abiertas de par en par, cerró los ojos y me acarició el cabello con la mano derecha. Después de incontables lamidas y chupadas, le pasé el dedo medio de la mano derecha entre los labios vaginales. Lo saqué pringado de jugos. Hice círculos con la yema del dedo en el ojete, después se lo metí y se lo follé con él. Follándole el culo con el dedo, le lamí el clítoris, lentamente al principio y a toda lecha al final y Luisa explotó.
-¡Me viene!
Se corrió convulsionándose y jadeando cómo una perra.
Al acabar de correrse, con la respiración acelerada, subió y bajó la pelvis buscando el contacto con mi lengua, y contactó. Dejé que el clítoris se frotara con mi lengua, le metí un dedo dentro del coño y le hice el "ven aquí" mientras Luisa se frotaba. La mujer, frotándose y sintiendo el dedo masturbar su coño, se echó las manos a las tetas y tiró y apretó los pezones, las magreó, las llevó a la boca y lamió los pezones.
Los gemidos de mi tía, y el coño apretando mi dedo cada vez que paraba de masturbarla, me pusieron con un empalme de caballo. Quise que acabara pronto para meter yo donde fuera, así que aceleré el mete y saca. Luisa se frotó más aprisa y me dijo:
-¡Me corro, me corro, me corro!
Subiendo la pelvis, arqueó el cuerpo, soltó las tetas, le echó una mano a la almohada y le metió un mordisco que le arrancó un pedazo de tela.
Le quité el dedo, le levanté el culo, le metí el glande en el ano y con media docena de clavadas ya le llené el culo de leche.
Luisa seguía corriéndose cuando se la quité del culo y se la quise meter en el coño. No hubo manera, ya que el coño al correrse se abría y se cerraba e imposibilitaba hacerlo.
Al acabar de gozar mi tía, volví a intentarlo, y entonces sí, entonces el coño aceptó la polla, pero ahora quien no la quería dentro era Luisa. Empujándome, me dijo:
-¡Quita, quita! Quita que me puedes dejar preñada.
No le hice caso. Le di a mazo. No sé si sería porque estaba demasiado caliente o porque era de orgasmo fácil, pero con menos de treinta clavadas, las manos de mi tía dejaron de empujar mis hombros y clavaron sus uñas en mi espada, al tiempo que exclamaba:
-¡¡Me corro!!
Aún estaba el coño con los últimos latidos, cuando la saqué y me corrí sobre su vientre.
Al acabar, boca arriba, me acordé a donde tenía que ir, me incorporó y le dije
-¡El partido!
-Partido te van a dejar a ti si vas a jugar después de la paliza que llevas encima. Anda, cómemela otra vez.
Llamaron a la puerta de la habitación, Luisa preguntó:
-¿Quién es?
-Soy yo, mamá.
Mi tía me miró, y me dijo:
-Vete a abrir, Quique.
Aquello me olía a chamusquina y se lo dije:
-Esto me huele a encerrona.
-Puedes vestirte e irte. Aquí encerrona no hay ninguna, eso sí, si te quedas vas a tener que follar con mi hijo y conmigo.
-Abro y me voy.
Salí de la cama y fui a abrir la puerta de la habitación. Al abrir entró mi primo Jorge, venía vestido con una camiseta roja, un pantalón de deporte azul, medias negras y calzaba unas botas con tacos. Me echó la mano a la polla y me preguntó:
-¿Te acojonó mucho mi madre?
Le quité la mano de mi polla.
-¡¿Sabías lo de la tijera de podar?!
-Claro, lo planeamos juntos.
-Debí suponerlo.
Fui a coger mis cosas para irme. Mi primo le dijo a mi tía:
-Te dije que contigo, si, pero conmigo, no.
-Pues quedarán los condones sin usar. ¡Con las ganas que tenía yo de una doble penetración! Que se le va a hacer.
Sabía que estaba hablando con mi primo, pero con idea de convencerme de que me quedara. A Jorge parecía darle igual.
-Bueno, pero podemos seguir tú y yo. ¿No?
-Claro, cariño.
Jorge se desnudó a la velocidad de la luz y se metió en cama con su madre. Luisa me dijo:
-Cierra la puerta al salir.
Lo de la doble penetración me había hecho cambiar de opinión.
-Me quedo, pero con la condición... A mi por el culo no me da nadie.
Jorge saltó de la cama.
-Ya cierro yo la puerta, mamá.
Me había metido en un lío de cojones, y nunca mejor dicho, pero no me arrepentí nunca. Fue una experiencia nueva.
Al meterme en cama con mi tía y con mi primo. Luisa nos dijo:
-Besaros. Es una fantasía que tengo..
No me podía negar. Al ver los labios de mi primo acercarse a los míos me dio algo así cómo grima, pero al juntarse los labios, mi polla se empezó a poner dura, y se puso dura porque sus labios eran tan tiernos, tan dulces y tan frescos cómo los de las chicas que había besado y su lengua, su lengua era una delicia. Luisa, viendo cómo nos besábamos, dijo:
-¡Qué cachonda me ponéis!
La mano de mi primo empuñó mi polla y comenzó a masturbarme. Mi tía, que se estaba masturbando, me cogió la mano derecha con su mano izquierda, me la llevó a la polla de Jorge, hizo que la empuñara y la movió de abajo a arriba y de arriba a abajo,. Cuando me soltó la mano lo seguí masturbando. Al rato era su boca la que mamaba mi polla y la boca de mí tía la que me besaba. Besándome, y sin para de masturbarse, me dijo:
-Quiero ver cómo folláis.
Jorge dejó de mamar, se puso a cuatro patas y me dijo:
-Dame, pero hazlo con suavidad que es mi primera vez.
Para que voy a negarlo, tenía su morbo darle por el culo, y si encima una mujer se masturbaba mirando cómo lo hacía, aún tenía más morbo. Le dije:
-O sea, que te voy a desvirgar.
-Vas.
Me puse detrás de él, le froté la polla en el ojete y luego se la fui metiendo poco a poco. Mi primo tenía el virgo en las orejas. La polla entraba apretada, pero no de aquella manera. Con la polla clavada en su culo, Jorge echó la mano a la polla y comenzó a masturbarse. Le di caña. Sus gemidos de puta comenzaron a sentirse. Luisa, dándose dedo y mirando cómo la polla entraba y salía del culo de su hijo, también comenzó a gemir. Yo no gemí, pero me corrí cómo un pajarito dentro del culo de mi primo. Jorge la machacó sintiendo mi leche dentro de su coño y también se corrió. Quien no se corrió fue mi tía, pero no lo hizo porque a ella no le gustaba correrse de cualquier manera. Esperó que acabáramos, luego se echó encima de mí, me puso el coño en la boca. Saque a lengua para que se frotara en ella, pero pasó de ella... Se corrió frotando el coño contra mi nariz y acabó dejándome la cara perdida de babas.
Al acabar quedamos los tres boca arriba tirando del aliento. Jorge y yo estábamos con las pollas tumbadas hacia un lado y Luisa con las piernas separadas y el coño abierto. Luisa le dijo a de su hijo:
-Cuando descanses vete a la cocina y trae algo para picar y para beber. Necesitamos recuperar fuerzas
Jorge dejó de descansar, salió de la cama y al rato volvió con una bolla de pan, con un queso de tetilla y con una jarra de vino tinto de dos litros que supuse que había echado de un garrafón que tenían en la cocina. Yo salí de la cama y fui a cerrar la puerta con llave. No me voy a parar en decir quien comió o bebió más, paso directamente al turrón.
Mi tía Luisa, arrodillada sobre la cama, machacaba mi polla con su mano izquierda y con la derecha machacaba la de la de su hijo. Las iba mamando por turnos, las dos a la vez..., las chupaba, las lamía. Cuando estaba bien cachonda, dejó de mamar y cogió dos condones en la mesita de noche, y nos los puso. Primero me lo puso a mí y después se lo puso a su hijo, luego se colocó a cuatro patas y le dijo a Jorge:
-Cómeme el culo.
Mi primo le lamió y le folló el ojete con mientras ella me mamaba la polla. Jorge hizo gemir a su madre desde el segundo uno. Se veía que sabía lo que le gustaba, y cómo sabía lo que le gustaba, al rato, le echaba las manos a las tetas y le clavaba la polla en el culo, Luisa se quejó:
-¡Me estás rompiendo el culo, cabrón!
Le agarró el pelo con la mano derecha, tiró hacia atrás y apretándole una teta con la izquierda, le dio a mazo.
-No mientas, puta, no mientas que sé que te gusta.
Le metió un bocado en el cuello. Luisa puso el grito en el cielo.
-¡¡Hijo de puta!!
Le tiró de los pelos con las dos manos, le dio aún más prisa y le dijo:
-¡Calla, sopla pollas!
Aquello me sorprendió, Jorge, al que más de una vez había visto corriendo con una zapatilla volando detrás de él, le había llamado puta a su madre. Pero luego supe que era todo un paripé, y lo supe cuando Luisa le dijo a mi primo:
-Ya estoy, cariño.
Luisa se puso de lado, alzó una pierna y me dijo:
-Métemela, Quique.
Se la metí. Entró tan apretada cómo en un virgo, y era porque tenía la polla de Jorge dentro de su culo. Luego Jorge le volvió a dar duro, Al para me dijo:
-Ahora dale tú.
Le di a mazo y se corrió. Entre convulsiones rompió a reír cómo si fuera una loca sin medicación. Luego las risas cesaron y quedó en completo silencio. Asustado, le dije a Jorge: .
-A tú madre le dio algo.
-No le dio nada, se corrió y se quedó dormida.
-¡¿Cómo?!
Me respondió con otra pregunta.
-¿Te corriste?
-Sí.
-Yo también, sácala y dejemos que duerma.
Aún dormía cuando me fui, y me fui porque mi primo quería guerra, y yo no estaba por la labor, pues dar era una cosa, recibir, era otra muy distinta.
Quique.
@quique que buen relato me gustaría que madre le follara el culo a los primos con una polla falsa y convertirlos en sus zorrillas sucias. Me pase toda la lectura con la polla bien dura estrella en tr
scripsit nyctidromus
sanguine et pulvis
n****@gmail.com




