LIBRO 3. EPÍLOGO: LIBERACIÓN. CAPÍTULO V.
día 08 - 22.07.2012 - mamada
Cuando entré en mi habitación, atravesando el ventanal que daba al jardín, pude escuchar a Pablo cascándosela en el baño, y por el tono y sonido de sus gemidos me pareció que se estaba corriendo ya, o estaba a punto de hacerlo. Tenía poco tiempo para prepararme aunque, en realidad, no necesitaba tampoco demasiado para hacer lo que tenía pensado.
Algo más calmada después de la paja que le había hehco con los pies a mi primo, delante de ellas, me había decidido a tratar de alargar al máximo toda aquella situación. Me estaba pareciendo todo tan excitante que me apetecía disfrutarlo al máximo, pero tenía bien claro que si no frenaba un poco mis impulsos, uno de los cuatro acabaría reventando antes de tiempo. Aunque también estaba obligada a medir mucho mis acciones, porque lo que no podía ya era relajar el ritmo ni andarme con remilgos ahora, había alcanzado un nivel de calentura tal que las cosas con mi primo me resultaban suaves y agradables por primera vez en mucho tiempo, como si al fin mi deseo hubiese terminado por imponerse a mis insufribles y absurdos prejuicios. Además, que quería que me viera el coño, que al fin y al cabo me lo había depilado para él… bueno, para él y para Nur, claro.
Así pues, me quité las bragas mientras escuchaba a Pablo machacársela a saco en el baño, cabalgando sobre los últimos estertores de su orgasmo. Dejé mi prenda íntima, bastante mojada por cierto, sobre su almohada y me tumbé sin más en mi cama, boca arriba, haciéndome la dormida. Naturalmente, era del todo imposible que me hubiera dormido tan profundamente en tan solo el tiempo que mi muy excitado primo había tardado en hacerse una gayola, pero aquello ya formaba parte de nuestras reglas para los juegos de la hora de la siesta. Me moría de ganas de que me viera el pubis y la almeja completamente pelada y que entendiera que tenía que dirigirse precisamente ahí, porque ése era el regalo que tenía preparado aquella tarde para él. Durante nuestras conversaciones eróticas en la comida yo les había dicho, como si nada, que mientras Mer estaba en el videoclub yo había aprovechado para hacerme el coño entero, y que ahora iba peladita por completo. La cara de asombro y babeo de mi primito al escuchar aquello era para haberla grabado, así que tenia muy claro que él debía estar deseando verme precisamente aquella parte de mi anatomía.
Por fin pude sentir la puerta del baño abrirse muy lentamente. Pablo entró directo a mi habitación, y noté que se detenía en la puerta, sin duda admirando mi cuerpo desnudo tendido en la cama, aprovechando que yo dormía, o me hacía la dormida… Evidentemente, si le estaba esperando así, él sabía de sobra lo que aquello significaba, así que aquella tarde no debió de costarle mucho tomar una decisión al respecto. Sin embargo, mi pequeño primo todavía me seguía el juego, ya fuera por miedo o por instinto sexual, como queriendo alargar nuestro placer compartido, siguiendo así mis pasos (y reconociéndome, de alguna manera, como su maestra sexual). Yo sabía lo que me tocaba en ese momento, en cualquier caso: si me hago la dormida y le dejo hacer pues él... sencillamente iba a hacer. Eso sí, iba a seguir sin dar el paso definitivo, el mismo paso que yo todavía no me atrevía a pedirle...
Ahí estaba yo, pues. Una tarde más. Sin embargo, aquella tarde había dado el paso de esperarle completamente desnuda: mi coño pelado quedaba al aire, ofrecido a su vista como el más preciado de los manjares. Pablo no se hizo de rogar, me cogió por los tobillos, me abrió las piernas y, desaforado, viendo lo que había hecho por él, contemplando por primera vez en su vida mi coño sin el menor estorbo o impedimento posible, abierto, mojado, impúdico, excitado, hinchado, salido, excesivo, empezó a pegarme su cara al chumino, besándolo y lamiendo, separando los labios, mordiendo el clítoris que había salido, raudo y feliz, a recibirle. Una mamada en toda regla que Pablo había empezado aquella vez sin dudar ni molestarse en dar el menor rodeo, en comprobar si yo dormía o no, en desarrollar los más mínimos prolegómenos.
A mí me estaba matando, y de repente me sentía tan expuesta que temí por un momento que intentara follarme, ya que no me veía capaz de detenerle si intentaba una penetración directa. Pero tampoco me habría importado que lo intentara, por otro lado; a aquellas alturas todavía dudaba de mi capacidad para dejarme follar por él otra vez, y que me lo hiciera por la fuerza seguía siendo siempre mi sueño, mi mayor deseo... pero era tan niño aún para decidirse a algo así.
Sin embargo, aquella tarde mi primo cambió inesperadamente de actitud cuando yo ya no daba nada por contar con algo de iniciativa por su parte: cuando se dio cuenta de que estaba ya cerca del orgasmo, mientras masajeaba mi clítoris con una mano y su polla con la otra, se tumbó junto a mí cuan largo era, jadeándome con fuerza junto a mi cara. “Laura, sé que estás despierta”, aquella fue su forma de decirme esto, de decirme que solo esperaba que abriera al menos los ojos como señal de consentimiento, para llegar hasta el final, para entrar a matar, para hacérmelo todo.
No sé cómo fui capaz de aguantar, no lo sé, no sé cómo resistí abrir siquiera una rendija en mis párpados, pero aguanté, apreté las manos y retorcí los pies, gimiendo con la boca abierta y los ojos fuertemente cerrados, intentando que mi cuerpo no se arqueara más de la cuenta mientras mi primo me volvía a subir a un enésimo orgasmo que, pese a todo, parecía que nunca terminaba de llegar... era raro, pero a pesar de que yo necesitaba correrme a mares desde que le hice la paja en el jardín después de comer, parecía que él estaba controlando sus toqueteos sobre y en mi cuerpo para evitar que yo reventara antes de tiempo. Quería correrme, pero cuando parecía que iba a hacerlo, Pablo corregía rumbo y ritmo y me llevaba así en una montaña rusa sexual que estaba dejando mi cuerpo destrozado por completo. Y así, tumbado junto a mí, comiéndome la boca como un cerdo buscando trufas, fue conduciendo por fin a mi sexo a un suave e inesperado aterrizaje que no había llegado a tener ningún orgasmo pleno como escala previa.
Cuando notó que me calmaba Pablo se incorporó, sin dejar de machacársela nunca. Comenzó a besarme las tetas, la boca, metiéndome soez la lengua hasta la garganta. Yo le dejaba hacer todo, le abría mi coño y mi boca, pero manteniendo mi cuerpo siempre inerte para él. Pablo se movía, yo podía sentir su mano junto a mi cabeza como tratando de coger algo, mis bragas, noté que se las llevaba a la polla, y por un momento hasta conseguí ver sin que se diera cuenta cómo se las enroscaba alrededor de su capullo… Mi primo se iba a correr en mis bragas, así es cómo lo hacía… Pablo volvió a besarme y a pajearse, y por fin noté que se corría, y su saliva escurría en mi boca mientras yo visualizaba en mi mente su nabo hinchado dejando mis bragas empapadas en semen. El muy cabrón, había abortado mi orgasmo antes de nacer, pero bien que había llevado a feliz término el suyo.
Mi primo se fue soltando un largo suspiro. Le noté tumbarse, jadeando con fuerza para recuperarse, sentí cómo se removía hasta que, de pronto, un golpe junto a mi cara, una plasta viscosa de humedad, y un fuerte olor a lefa caliente. Noté cómo su respiración se iba calmando: aquello me de dejó alucinada pero, sí, mi primito se estaba quedando literalmente dormido. Como un bebé después del biberón. Lo de la noche anterior, la paja de Nuria por la mañana, la mía en la comida, y luego mi propio cuerpo entregado por completo ahora en la siesta… yo desnudándome de nuevo para él, por fin, con el chocho depilado porque él me lo ha pedido, dejándole hacerme todo menos penetrarme, ¡joder! su mamada había sido... gloriosa. Pero no…
Pablo se había dormido. Me giré hacia él, tratando de abrir los ojos. Me costó darme cuenta de qué era aquella crema pastosa que me lo impedía: mi primo había dejado mis bragas junto a mi cabeza, donde yo las dejé en realidad, pero aquella vez pegadas a mi cara y empapadas en su semen. Como una puta desesperada hundí mi nariz en ellas, sacando la lengua para beber su esencia, cual perrita. Estaba caliente, todavía, tan reciente y tan potente que me bastó para emborracharme en su olor y en todos sus sabores... Por si fuera poca la evidencia de cómo había dominado la situación, buscando en aquella ocasión quedar claramente por encima de mí, Pablo me había dejado la prueba, húmeda y caliente, de nuestro definitivo retorno al incesto, de mi nueva caída en el abismo de la depravación, que yo sabía que aquella vez ya iba a ser de manera total y absoluta. Mi primo me estaba dando demasiado buen sexo como para desaprovecharlo. Me martirizaba que el muy cabrón me hubiera dejado intencionadamente sin correrme, pero no podía permitirme el lujo de pajearme. Supuse que eso era lo que él pretendía, que me empezara a masturbar pegada a él, que diera rienda suelta a mi calentura junto a su cuerpo desnudo… aquello solo podría terminar de una manera, claro: conmigo agarrando su verga dura o endurecida por mí y arrastrándola a la boca de mi concha, como la noche anterior había hecho Nuria metiéndole la cabeza de su falo en la ostra baboseante de María. Una vez allí, él solo tendría que empujar para…
Me dormí atormentada, con su olor en mi cara, mi coño rugiendo pidiendo guerra, y mi mano sobre su paquete.
Estuve durmiendo hasta tarde, profundamente, hasta que desperté sobresaltada por el ruido en la piscina. Pablo estaba roncando todavía a mi lado. Me levanté con cuidado, llevando mis bragas sucias en la mano, y las tiré al cesto de la ropa sucia de mi vestidor después de relamer su esencia (si mi primo se molestaba en buscarlas cuando se despertara quería que tuviera claro que, a pesar de mi aparente frialdad durante la siesta, había recibido su regalo, y lo había disfrutado). Me puse bragas limpias y salí al jardín por la habitación de mi hermana. Nuria y María estaban en el agua, sorprendentemente todavía en braguitas y sujetador. Al verme me empezaron preguntando que qué tal, pero como yo respondía sin más que bien, pues ahí directamente me preguntaron ya si había habido algo. Parecían ansiosas, expectantes, aunque he de reconocer que lo de verme salir corriendo detrás de Pablo justo después de haberle magreado la polla con los pies en la comida, pues tampoco era tan raro que pensaran que yo había llegado a follármelo por fin. Así que, aunque no me apetecía hablar del tema, pues les reconocí que sí me había estado metiendo mano y comiendo, pero que todo había sido todavía como siempre: ni más, ni menos. Aunque yo sabía bien que no ha sido precisamente como siempre, yo no quería pensar en ello pero mi cuerpo se empeñaba en recordarme que le debía un buen orgasmo después de todo lo que Pablo me había hecho, sin dejarme culminar. Estaba extrañamente excitada, pero para ellas bien les llegaba lo que ya les había dicho, no tenían por qué saber también aquello. Sin embargo, mi extraña y violenta excitación me impedía pensar con claridad. Lo de la siesta había sido un pequeño patinazo que me demostraba que yo no podía estar siempre por encima de ellos. No tenía claro cómo seguir, y no quería ni mucho menos meter la pata.
Una cosa sí tenía clara, pese a todo:
- Oye, que podéis quitaros los sujetadores, eh… sé que a ninguna de nosotras nos gusta especialmente esa prenda, jijiji… y sé lo mucho que os gusta ir enseñando las tetas, sobre todo tú Mer… y a estas alturas lo que menos me preocupa ya con él es que pueda vernos los pechos, francamente.
Aquella sencilla petición fue suficiente para, por fin, olvidar para siempre aquella horrible prenda en los días sucesivos. Pero igual que yo misma había decidido el día anterior para mí, tampoco quería ya que ellas fueran hacia atrás una vez tomada la decisión. No tenía ningún sentido pretender parar aquello después de todo lo que habíamos hecho ya. Aunque, al menos por un ratito, sentí que iba a ser mejor poner el freno. Necesitaba controlar mi calentura… ¡sería bastardo el niñato de mi primo! Su jugada de dejarme sin correrme me estaba matando; consideré por un momento la conveniencia de encerrarme un momento en el baño para… pero no, no veía cómo justificar una salida así ante mis amigas.
Además, mientras estaba pensando en ello, Pablo salió por fin al jardín con nosotras, así que sin más me uní a los tres en un agradable rato de piscina, entrando en el agua mientras mis dos amigas se despojaban alegres de sus sujetadores, ante la atónita mirada de mi primo. El muy cochino se deleitaba mirando nuestros cuerpos, sobre todo mis tetas y las de mis amigas. Tanto Nuria como María aprovecharon para mostrarse insinuantes ante él, cosa que no podía dejar de parecerme natural una vez llegados al punto al que habíamos llegado.
Pablo intentó tocarme varias veces, o provocarme para que yo calentara un poco el ambiente, pero mi propio ánimo estaba ya demasiado caliente como para añadir más leña al fuego. Así pues, y aunque en realidad era lo que menos me apetecía, me tocó mostrarme fría como el hielo para tratar de demostrar que tenía la sartén por el mango… y a él por los cojones. Porque, efectivamente, pese a su apariencia bravucona conmigo él no se atrevía a nada con ellas delante de mí si no era yo la que empezaba, como había hecho las anteriores veces en la piscina. Tampoco ellas parecían dispuestas a dar ningún paso con él conmigo delante, así que, pese a lo tórrido de la imagen, los cuatro cuerpos casi desnudos, cubierto sólo pubis y culos por exiguas telas blancas, empapadas y transparentes. Nuria tenía unas arrolladoras ganas de jugar, en todo caso, pero intentó desfogarlas conmigo evitando en todo momento a mi primo (en un momento me abrazó directamente por detrás, metiéndome una mano en las bragas mientras me besaba el cuello y me decía las ganas que tenía de probar ya mi coñito depilado, que llevaba pensando en ello desde que les dije en la comida que me lo había hecho entero y que ahora con las bragas mojadas que hacían que se me viera todo perfectamente es que ya no podía aguantar).
Al final, incomprensiblemente para él, todo eran de repente actitudes evasivas para con mi primo. Pablo ya no sabía qué hacer ni cómo actuar, estábamos las tres en tetas con él, por primera vez con total normalidad, y además yo misma estaba visiblemente cariñosa con él, no me importaba que me vea casi desnuda (como me dijo Nuria, lo de mis bragas mojadas era más bien una completa farsa como ropa interior, porque se me veía absolutamente hasta el ama), ni siquiera rozarme e incluso tocarme con él cualquier parte del cuerpo que no fuera el sexo… Pero, si llevásemos bañador, en realidad todo sería casi perfectamente normal, podría ser una tarde de piscina en familia como otra cualquiera. Demasiado normal todo para lo que, sin duda, estaba esperando mi primo de nosotras en aquella tarde.
La tarde pasó pues, sin más, entre inocentes juegos de agua y charlas intrascendentes tumbados en el césped. Cuando parecía que, al fin, el sol empezaba a declinar y darnos un poco de tregua con su implacable calor veraniego, propuse empezar a preparar las cosas para la cena para poder cocinar con calma y cenar pronto. Además de tener unas ganas horribles de correrme, estaba muerta de hambre. Así pues, nos levantamos, pero en un imprevisto cambio de planes dejamos por un momento a Meri y Pablo en la cocina preparando las cosas, porque antes de entrar en la casa Nuria me había cogido por detrás un poco violentamente, diciéndome al oído "quiero probarte ese coño, puta". Mmmmm Me encanta Nuri cuando me dice esas cosas, y claro, una no se puede resistir a determinados placeres...
Farfullando alguna excusa dejé que mi amiga me llevara al dormitorio de ellas, donde me tiró sobre su cama para empezar a acariciarme y besarme con pasión. Justo al entrar, escuchamos sorprendidas a mi primo tropezando en el marco del ventanal que daba al jardín, delatándose a sí mismo a pesar de habernos seguido sigilosamente. Joder… ¿Y Mer le había dejado ir detrás de nosotras? Bueno, estaba claro que ella tampoco era su niñera…
- Da igual, déjale, no cierres la ventana - le dije sonriente a mi amiga".
Nur me guiñó un ojo, arrancándome las bragas y lanzándose sin más a hacerme una mamada de campeonato. Su boca y su cara se movían, sin embargo y pese a nuestra mutua excitación, suave y dulcemente, disfrutando mi coño pelado con hondura, recogiendo todo el sabor salado de la piel perlada y perfectamente lisa de mi pubis, así como de las profundidades cavernosas de mi ardiente vagina, enredando su lengua y sus labios con los carnosos pellejos que marcaban los pliegues de mi vulva, completamente encharcados de mis flujos, de mis corridas en la boca de Nuria y de sus abundantes babitas que me mojaban toda mientras su lengua atacaba con furia un clítoris cada vez más empalmado y sensible. Me corrí por fin, bajo la atenta supervisión de mi primo, como queriendo enseñarle dónde terminaba el orgasmo que él había renunciado a arrancarme horas antes. Sin embargo, no pude dejar de sentir una odiosa sensación de celos que me hizo constatar que, por mucho que deseara a Nuria, era a Pablo a quien me gustaría tener con su cabeza apretada entre mis carnosos muslos sudados, apretándole contra mi potorro incendiado. Joder, joder, ¡joder! Aquel orgasmo era de Pablo, y tenerle allí delante de mí, en lugar de ayudarme, en realidad solo estaba sirviendo para calentarme más con él, para anular por completo el efecto de la magistral mamada de mi amiga y dejarme más caliente e insatisfecha que nunca… Mi necesidad de rematar de una puta vez con mi primo me tenía allí, abierta de patas ante él, y completamente destrozada.
Y cabreada. Muy cabreada.
Mi amiga Nuria flipó cuando la aparté casi a golpes de mi coño, dejándome caer junto a ella, resollando, desnuda, sudorosa y oliendo a perra.
- Laura… - empezó a decir, señalando a medias a Pablo, que se resobaba el falo que se le quería empalmar bajo sus calzones, mientras miraba la cara de mi amiga brillante de mis flujos y mi propio cuerpo desnudo por completo, abierto ante él, tembloroso por el reciente orgasmo.
- Nur, dime qué coño habéis hecho tú y Pablo esta mañana. Y no me mientas…
- ¡¿Qué?!
- ¿Cómo que qué? Esta mañana habéis hecho mucho más que esa paja que él me ha contado ¿verdad? – de repente, aquello era una evidencia total para mí. Que mi primo se quedase de repente blanco, inmóvil, dejando caer su mano desde su entrepierna (lo que provocó que su desmesurado bulto estuviera, por un momento, a punto de escapar de su apretado slip).
- Pero prima…
- ¡Ni prima ni hostias, Pablo!
- Lau…
- Joder, ¡que me lo cuentes de una vez, Nur!
- ¿Pero qué pasa, chicos? – mis gritos habían hecho venir a una alarmada María desde quién sabe dónde estaría (y algo me decía que debía estar espiando la escena desde no precisamente lejos), aunque su dulce voz no fue suficiente para calmar los súbitamente acalorados ánimos.
- Tía, Lau, yo creo que es mejor que te lo cuente luego, tranquilamente…
- Que no Nur, que eso ya me lo dijisteis antes, joder…
- Pero Lau, igual luego mejor, solas las tres… – intentó terciar Mer, señalando a Pablo con la cabeza. La carita de mi primo había pasado del blanco nieve a un rojo intenso.
- Pues precisamente, prefiero que esté él también delante…
- Joder, Lau… por favor… - Nuria empezaba a implorar, pero su voz denotaba que había asumido que mi petición era inquebrantable – hostia, tú ganas, ¡qué puta cabezona estás hecha!
- Habla de una vez – ordené. Y, por fin, ante la atónita mirada de María y la aterrada mirada de mi primo, Nurita empezó a contar…
El caso es que, como era de esperar, aquella mañana pasó lo que tenía que pasar con aquellos dos, desnudos y tontorrones, solos en la casa y metiditos en la misma cama. Mi propia experiencia con Pablo había sido siempre igual: las cosas pasan, aparentemente de la forma más tonta, inocente, tanto que no te das cuenta casi de lo que está pasando hasta que de pronto revienta todo y te encuentras haciendo lo impensable cuando ya no es posible dar marcha atrás. Como se verá, por la historia de Nuria, así como también por sus propias historias anteriores, así como las de Mer, no es tan cierto que mi primo tuviera esa capacidad total de anular voluntades... al menos no con todo el mundo: no con otras que no sean yo. Quiero decir, es muy hábil para enredarte, tiene morbo, atractivo, y ese brutal pene y ese descomunal apetito sexual para un crío de su edad, al final caes, te dejas querer... pero, por alguna razón, todavía hoy pienso firmemente que solo conmigo ocurría eso tan raro de que todo iba fluyendo con normalidad hasta desatarse la tormenta, solo una vez que ya habías pasado el punto de no retorno. Bueno, no sé… he de reconocer también que en el caso de ellas, por parte de Nur y Mer pero también por parte de él, no dejaba de operar en cierto modo una extraña fidelidad de los tres hacia mi persona. No dejo de preguntarme qué hubiera pasado cualquiera de las veces de no existir esa sombra constante de mi persona, de mi voluntad, sobre sus actos. Nunca lo sabré, aunque tengo una idea clarísima al respecto, aunque también soy consciente de esa diferencia entre mi relación y la de ellas con él.
Pero bueno, me dejo de elucubraciones, y retomo el relato de mi amiga, un relato brutal y excitante que me moría por escuchar, de saber de una puta vez qué había pasado aquella mañana.
- Pues a ver, lo primero, y si quieres que te diga la verdad, Lauri, me sorprendió bastante tu naturalidad cuando os marchasteis dejándonos solos y... en bolas, en la cama. Joder, si en realidad me sorprendió tu naturalidad para traerle anoche a nuestra cama y hacerlo junto a nosotras... no sé, bueno, vale, quizás sólo en parte, no lo niego, si quieres que te diga la verdad, creo que en realidad justamente eso es lo que esperábamos Mer y yo desde el principio, que hicieras con él todas esas cosas que nos has contado y que tanto te gustan, y que tanto apetece hacer con tu primo nada más verle la polla, pero también es verdad que me extrañó bastante tu actitud, fue raro que no terminaras nunca de hacer nada definitivo con tu primo a pesar de estar todo el rato tonteando con él… - Nuria miró a Pablo de reojo, y me volvió a mirar a mí con gesto inquisitivo, como si no diera crédito a que fuera a dejarle hablar así delante de mi pequeño primo.
- Sigue, no te preocupes – la animé, dejándole clara mi postura otra vez.
- Vale, vale, pues sigo… eso, que solo jugabais, bueno, si es lo que nos cuentas que hacéis en las siestas, y por las noches, pero ayer era todo tan caliente, me pareció increíble que no hicieras más, y al mismo tiempo que jugaras así con él, con nosotras, que nos lo pusieras tan a mano... En cierto modo, me dio la sensación de que habías admitido ciertos límites ya, y que esos límites nos abarcaban también a nosotras... así que... quiero decir, no sé, es que para empezar también estuvo ya la paja de ayer por la tarde, y entonces...
- Ey, ey, ey, espera... ¿qué paja? - preguntó Meri extrañada.
- Bueno, la paja... Ya… joder, lo siento, que tú estabas durmiendo la siesta, y no sabes...
- Lau... - protestó Mer mirándome.
- ¿Qué pasa?
- No... no fue ella... él apareció en el salón cuando ella y yo habíamos ido a... en fin, ya sabes, queríamos follar y como te molestábamos aquí, porque querías dormir, porque estabas agotada de tu aventura con él por la mañana...
- Ey, para, para... ¿aventura? ¿por lo del videoclub? Qué coño, pero da igual eso ahora, el caso es que yo al primo no le hice ninguna paja…
- Pero si ayer por la tarde fue Laura la que… - la voz gangosa y enronquecida de mi muy nerviosos primito amenazó con descubrir mi secreto.
- Basta, Mer. - Le pedí. - Fui yo quien animé a Pablo a sentarse con nosotras, a sacarse la polla y dejar que Nuria le pajeara, sí – ignoré la mirada de sorpresa de Nurita - ¿Algún problema? No empecemos con envidias chorras, por favor, pasó así y punto, igual que podía haber pasado contigo… no se trata de establecer turnos ni cuotas, ¿vale? No vayas por ahí. - Meri se calló, mostrándose muy confundida aunque abiertamente molesta. Claramente, tenía su opinión al respecto, pero sabía lo poco que me interesaba, así que se la tuvo que tragar, cosa que no le sentó nada bien. Me daba igual, estaba ansiosa de saber... - Vamos, Nur, empieza de una puta vez, mi amor...
- Vale, sí... pues ya conocéis de sobra la situación, sólo quería que entendieras un poco lo que se me pasaba por la cabeza en esos momentos... aunque, la verdad, me tienes cada vez más perdida, Laura. Pero bueno, el caso es que estuvimos aquí, en la cama, tumbados, desnudos, sin más, hablando durante un rato. Nos mirábamos sin disimulo, sí, no lo voy a negar… joder, si mira cómo te está mirando ahora tía, que sigues ahí con el potorro todo abierto y manchado, que le has dejado que me viera mamarte el coño, Lau…
- Que te olvides de eso ahora y sigas, joder…
- Es que eres la leche… en fin, pues mira, tú misma nos habías dejado así, de manera que ambos éramos conscientes de que, al menos eso, mirarnos y comernos con la mirada mutuamente, nos estaba permitido ¿o no? Y claro, una cosa lleva a la otra, que tampoco somos de piedra, Lau, y dado que estuvimos así un largo rato, fue casi inevitable que, llegado el momento, las caricias con los ojos dejasen paso a las caricias con las manos. Empezó él, creo… - mi muy compungido primito fue incapaz de negar nada - Estoy casi segura. Le noté primero muy suave, casi imperceptible, por las cara externa de mis muslos y por mis costados. No voy a ocultar que me gustó aquello, de hecho lo deseaba, estaba animada y, bueno, con las típicas ganas mañaneras también, quizás… tampoco se lo oculté a él, más bien se lo demostré mediante una amplia sonrisa. Para luego empezar a responderle, claro, haciendo lo mismo que él.
- ¿Empezaste a acariciarle?
- Sí, tía… joder, tú querías que te lo contara, ¿no?
- Que sí, que sí, que no pasa nada, hostia… sigue, anda…
- Vale, pues el caso es que… yo me estaba menado, ¿vale? Así que, calentorra o no, tuve que levantarme un momento para ir al baño. El caso es que, al volver aquí, pues Pablo se había tumbado atravesado boca arriba, de lado a lado en la cama… de hecho estaba con la cara hundida en el sitio donde yo había estado sentada, como si estuviera oliendo…
- ¡Eh, joder, Nuria, cómo te sobras! – acertó a protestar mi primo.
- Bueno tío, dirás que no estabas…
- ¡Vale, vale! – tercié cabreada – Pablo, si quieres estar aquí, calladito ¿me entiendes? – le dije mientras me acariciaba ostensiblemente la almeja abierta delante de él. Parece que aquella promesa valía mucho más que tratar de defender su indefendible honor ante Nuria, así que mi primo calló y otorgó. – Dale, Nur…
- Sí. Bueno, da igual, el caso es que él estaba tumbado, boca arriba y de lado a lado, ¿sí? No solo me había quitado mis sitio, sino que me había dejado sin sitio… Yo me quejé al verle, claro, de manera instintiva, porque no tenía donde ponerme, pero él me respondió riendo la tontería esa de “Quien se fue a Sevilla perdió su silla". El caso fue que yo, pues bueno, estaba de buen humor, claro, con el ronroneo ese de por las mañanas que te apetece jugar, y viéndole allí desnudo, con todo ese cipotazo que tiene, que lo tenía para abajo totalmente eh, pero es que igual tiene pollón – Nurita miró con demasiada intención a mi azorado primito - pues, en lugar de pasar de él me dio por seguirle el juego…
- Ya…
- Joe, Lau… si quieres que te lo cuente, te lo cuente, pero paso de malos rollos ¿eh? – no pude evitar que mi tono resultara desagradable, pero es que las alusiones demasiado explícitas de mi amiga al rabo de mi primo me había molestado un poco.
- Sí, sí, tienes razón, perdona… que no hay mal rollo, de verdad… de verdad, primo – le dije a Pablo también, mirñandole sonriente.
- Guay, pues sigo… decía que me dio por seguirle el juego, y empecé a meterme con él y a reírme yo también, hasta que acabé… pues sentada sobre su tripa. Pablo empezó a empujarme, así como siempre jugando, y diciéndome que me quitara de encima suyo, y yo le dije que no me pensaba quitar hasta que él se levantase de mi sitio. Lo que pasó entonces… a ver, fue todo sin querer, en realidad, por mucho que podías pensar que es que jugando así, desnudos y tal, pues solo podíamos acabar de una manera, pero sin quitaros la razón también que quede claro que no fue nada intencionado… y eso, que al decirle yo que no me movía, empezamos a forcejear en broma y… bueno, digamos que ocurrió algo inesperado… porque cuando me quise dar cuenta yo había pasado de estar sentada sobre su tripa a estarlo directamente sobre su polla… Aquel fue el final de nuestra pelea, claro…
- Hostia Nur, que estabas en bolas…
- Pues por eso digo…
- Ahí, con toda la hucha abierta encima de su polla ¡jejejejeje! – dijo Meri con tono más que travieso. Pablo miraba las puntas de sus pies con nerviosisimo, sin saber dónde meterse.
- Meri, coño…
- Sigue, Nur…
- Uffff… qué difícil… sigo, sigo. Al sentirme así encima de su rabo, él me reto, diciéndome que mejor ya no me quitara. A mí me jodía mucho que un crío como tú, Pablo, me retara así, para qué te voy a engañar… que te doblo la edad, tío…
- Y más, Nuria, y más – suspiré, temiendo la que se avecinaba.
- Ya… no sé, Lau, ya te digo que tenía mi tontería esa de por las mañanas, ya sabes lo mucho que me gustan a mí los polvos mañaneros… estaba desnuda con él, sentada encima de ese pedazo polla, que seguía en reposo, claro… pero con mi coño encima…
- Abierto… - Meri parecía estar pasándoselo en grande. Estaba claro que se había decidido a hacerme pagar mi osadía de regalarle una paja con Pablo ayer a Nurita.
- Pues sí, estaba abierta y estaba bastante cachonda, qué quieres que te diga. Y encima va y me da por ponerme chulita estando así, por soltarle que si no quería que me quitara pues que entonces íbamos a ver quien de los dos tenía más “paciencia”… joder, ya sabéis lo bocachancla que puedo llegar a ser, y lo poco que pienso cuando estoy caliente…
- Y sentir la polla de Pablo en tu coño abierto te estaba poniendo a mil, ¿no, preciosa? – le pregunté, por un pequeño momento arrepentida de aquél incómodo interrogatorio al que la estaba sometiendo.
- Exacto, Lau… tú sabes lo que me pasa cuando me noto así… joder, casi sin darme cuenta, cuando le dije aquello yo ya estaba restregándole el coño abierto sobre el cipote y dando saltitos para sentirle abrirme mientras se le iba poniendo dura… mientras como una idiota le decía "¿a que fastidia, eh?". Joder, Lau, ocurrió lo inevitable: su picha creció y creció bajo la presión de mi coñito cada vez más caliente… era brutal, porque yo podía notar piel con piel su erección creciente embutida justo en la raja... Solo cuando se empalmó del todo me di cuenta de lo que había hecho. Me quería morir, Laura, te lo juro. Ahí ya me callé y se me quitó la calentura y toda la tontería. Y, sin embargo, fui incapaz de dejar de moverme. Me apoyé sobre sus hombros, y sin poder detenerme empecé a refregarme contra él… joder, noté hasta que me puse colorada cuando me cogió por la cintura, pero no podía parar… hasta que abrió la boca ¡joder, si no llega a hablar me folla! – la polla de mi primo saltó embutida en su slip al escuchar a Nurita decir aquello – “Está bien, primo, tú ganas…” le dije aterrada, separándome de él temblando… joder, que le brillaba la polla de mi flujo cuando me separé de él, tía… - Nuria estaba al borde del llanto, pero a pesar de ello seguía su relato, dispuesta a cumplir mis órdenes hasta las últimas consecuencias.
- ¿Qué hiciste entonces?
- Nada, tía. No podía ni moverme, estaba acojonada por lo fuerte que había sido todo, por lo que había hecho, por lo que había estado a punto de hacer… - Mi primo se removía, sin duda estaba deseando salir de allí, pero por algún motivo no se decidía a escapar – Me quedé ahí en esa esquina de la cama, con las piernas encogidas y sin saber qué hacer… Estuvimos un rato demasaido largo así, mientras yo veía cómo su polla brillante de mis flujos se iba poniendo más pequeña poco a poco… Sin saber por dónde salir le propuse hacer cualquier cosa, porque me estaba rayando estar en silencio, y no sé ni cómo decidimos contar chistes. No cometáis nunca un error así con este cerdo, - cuando me quise dar cuenta, a mis insulsos y estúpidos chistes, él iba contando los suyos cada vez más subidos de tono. Se había sentado junto a mí, apoyados los dos de nuevo en el cabecero de la cama, y él tenía las piernas encogidas como yo. Bueno, habíamos empezado a hacernos caricias por los brazos otra vez, sí, pero en plan muy inocente la verdad… El caso es que sus chistes cada vez eran más brutos y, en una de esas, va y me suelta "¡jopé con los chistes verdes, Nuria!, ¡mira cómo se me ha puesto!" y va el muy cerdo y justo entonces baja las piernas y… ufffff joder, Lau, que la tenía tiesa del todo, todo el rabamen ahí empalmado y venido arriba que parecía un tronco enorme y duro… ufffff, le llamé de todo, claro, que no sabía dónde meterme, es que no daba crédito que me hiciera aquello después de lo que acabábamos de hacer unos minutos antes… pero yo no me iba de allí, Lau… no, ni le quitaba ojo de encima, si me estaba costando no saltarle encima… él se dio cuenta de todo, claro, porque entonces, con esa cara de niñito bueno, empezó a pedirme que le ayudara, que por favor le echara una mano, que tenía que hacerle ese favor…
- ¿Qué te pidió, exactamente?
- Pues eso, que le hiciera una paja. Eso que te contó él ayer es que fue verdad, pasó tal cual.
- Se la hciiste, entonces.
- Bueno, me resistí… lo intenté. Un buen rato, no te creas. Él me sublicaba a ratos, me insultaba otros, se reía de mí…
- Y te retaba.
- Me retaba, claro.
- Ya. Y ahí te pilló.
- Pues sí. Joder, estaba temblando, pero es que no podía más… la tenía ahí, tan a mano… la deseaba tanto… Pufff… temblaba como una niñita cuando se la toqué, aunque él estaba peor, porque empecé a moverla arriba y abajo, muy suave al principio, y de repente me pareció que iba a correrse así, en seguida… Puffff… sé que hice mal, Lau, pero estaba literalmente en el cielo. De verdad que parecía una primeriza, preguntándole si lo estaba haciendo bien y si le daba gusto…
- Bueno, Nur – quise cortarla… se me estaba haciendo un mundo escucharla, imaginar aquella escena, allí desnuda y sudada entre sus dos bellos protagonistas… joder, ¡qué ganas de que me follaran los dos! – Hasta aquí en realidad no hay nada nuevo, Pablo no me lo contó ayer con detalle pero ya me había dicho que habías llegado a eso… Y, francamente, me sorprende tanta tontería por una paja sin más, si es que ayer ya te lo había puesto en bandeja yo para que le hicieras una... ¿Por qué tanta pega para contármelo? ¿Qué tuvo de especial? ¿Cómo le pajeaste?
- ¿Cómo? Pues… ¡!a dos manos!!, rió ella, haciendo el gesto con sus puños cerrados, unos sobre el otro, entre fuertes carcajadas suyas y nuestras – no, en serio, es que menuda verga, da para dos manos y más, ya me dirás si no cómo quieres pajear algo tan brutal…
De repente me di cuenta de que me había quedado riendo sola. Meri miraba como molesta hacia el suelo, igual que Pablo. Nur se había quedado callada como una tumba.
- ¿Qué pasa? – pregunté temerosa.
- Nada… es que… eso no fue todo, Lau. Lo peor viene ahora…
- Joder…
- Mira, Lau… No era sólo el placer que me producía sentir la brutal dureza de su inacabable nabo bajo el sube y baja de mis manos. Era tan excitante el simple hecho de estar allí, arrodillada en la cama a su lado, desnudos, haciéndole una paja así... Era nuestro sueño de toda esta semana hecho por fin realidad. Al cabo de un rato el niño empezó a gemir y me di cuenta de que le estaba subiendo la leche y yo… le pregunté si se le iba a salir ya, y Pablo me dijo que sí moviendo nervioso la cabeza, y entonces me acorde de su corrida de ayer cuando le paejeé contigo, de lo bestia que le salió, que se corrió en plan semental y tan fuerte en tu cara, Lau… y ahí me tenías, toda atenta con los ojos muy abiertos fijos en la rajita de su capullo al tiempo que aceleraba a lo bestia las manos.
- ¡¿Qué hiciste, perra?! – susurré…
- No pensaba lo que hacía cuando me la metí en la boca, Laura…
- ¡¡¡¡¡¿QUÉ?!!!!!
- La leche se le empezó a salir a borbotones, chorreándome a lo bestia fuera de la boca, por toda las manos hasta las muñecas y goteando sobre mis piernas. Casi no me dio tiempo a mamarla, tía, el pobre niño estaba tan cachondo que se me vino encima casi al momento…
- Joder… ¡joder! ¿pero tú que hiciste después?
- Pues no sé, tía, cuando pude levantar la cabeza estaba como drogada, me faltaba aire con todo aquello en la boca, ahí bien llena de carne y de leche, y cuando conseguí sacarme aquella serpiente de dentro, antes de que pudiera darme cuenta el muy guarro me había plantado un beso en los morros, que tenía todavía empapados en su lefa, pero no le importó lo más mínimo, y se reía y me repetía gracias, gracias, una y otra vez… yo estaba como si me acabaran de despertar del coma, tía, repitiendo como un autómata que aquello no estaba bien, que solo era un crío, y él emocionado, sin parar de besarme, que hasta se lanzó sobre mí, me tiró a la cama, y venga a frotar su cuerpo desnudo contra el mío, joder, y cuando me quise dar cuenta me empezó a tocar el culo con las manos, yo me abrazaba a él y se ve que debió pensar que me gustaba, pero yo quería parar ya solo que estaba confundida, excitada, y… de repente…
- ¡¿Qué?!
- Pues que me metió un dedo en el culo…
- La carcajada de Mer atronó la habitación…
- ¿Pero? ¿Pero…?
Yo flipaba. Nuria diciendo que mi primo le había metido un dedo en el culo. Que le había gustado, decía. Que lo había disfrutado. Que el coño echando humo, y tal. Joder. Puta zorra. Le había comido la polla. ¡Le había comido la polla! Ni paja ni hostias. Y yo allí con aquel calentón que me había dejado el puto cerdo que ni la mejor mamada de Nuria me lo había podido quitar del cuerpo. Qué mierda todo. ¿Pero por qué no le había comido la polla yo en la siesta? ¿Pero por qué no me lo follaba ya mismo? Yo era la única culpable de todo, no ellos. Culpable de que mi mejor amiga le hubiera comido la verga a mi primo en mi ausencia. Culpable de que mi primo prefiriera propasarse con mis amigas cuando yo no estaba delante que hacerlo conmigo cuando me ofrecía como puta a él en las siestas. ¿Pero por qué de repente me jodía tanto entonces que Nuria hubiera hecho, precisamente, lo que yo llevaba días deseando? Allí mismo, viendo el insolente paquete de mi primo, se me hacía la boca agua… la punta del cipote había rebasado por completo el elástico de su slip, incapaz de contener la exagerada erección que le había provocado escuchar el relato de Nuria. ¿Qué me impedía a mí hacer lo mismo que ella?
Sin duda mi reacción fue la que menos se podían esperar ninguno de los tres. Apenas recuerdo cómo me levante ni cómo avancé con paso firme hacia él, inconsciente de mi desnudez total, o precisamente exhibiéndola con orgullo para él. Empujándole fuera de la habitación, a través del ventanal, hacia el jardín que se envolvía ya en la luz mate que precede al crepúsculo. Y allí, su diosa se arrodillo por fin ante el altar de mi primo, despojándole de su inútil slip, y empezó a mamar como la puta que realmente era, sintiendo cómo, por fin, toda su vida cobraba sentido mientras aferraba con la boca aquel trozo de carne hinchada, despiadada, salvaje, que le violaba violentamente la garganta…
No era la primera vez que le hacía un garganta profunda a Pablo. Sí era, seguramente, la primera vez que se lo hacía de una manera tan desaforada, tan visceral, tan poco profesional, arrodillada ante él, que seguía de pie, dejándole que él tomara el control de mi cuerpo con sus manos, aferrando mi cabeza e incrustándome contra su miembro, culeando con fuertes golpes de pelvis en mi garganta, dios, me iba a matar, pero ¡qué muerte tan deliciosa!
Sentía a Nuria y María rodearme para admirar cómo le hacía la mamada más perfecta, la más absoluta, a mi pequeño primo. Cómo me la metía toda, entera, completa y dura del todo. No podía moverme allí, clavada a él, mamaba como podía con la lengua, chupando, desesperada, mientras él me cabalgaba enfurecido directo a su orgasmo.
El mío había llegado ya, mucho antes. Casi sin necesidad de tocarme me había ido a chorro cuando él hundió su tranca hasta el fondo de mis entrañas y pude notar sus huevos hinchados golpeando en mi barbilla. Había tenido que cobrarme yo misma el orgasmo que Pablo me había dejado a deber en la siesta, y que me tenía insaciablemente insatisfecha desde entonces.
Todo fue muy rápido. Diría también que muy sensual. María y Nuria se masturbaron también mientras yo se lo hacía a Pablo. Como digo, él se corrió insólitamente rápido –sin duda, el efecto excitante de las palabras de Nuria contando su historia había obrado su efecto en todos nosotros.
Su violenta corrida me sorprendió tragando polla con avaricia. Le tenía tan dentro que fui incapaz de gestionar aquello. La lefa caliente se me salía por la nariz, y yo ya no podía respirar. Casi vomitando, traté de sacarla, pero Pablo bramaba en mi interior y tuve que luchar con fuerza para quitármelo de encima. Creo que alguna de mis amigas tiró de mí, sentí unas manos que se metían en mi boca para sacarme de dentro aquella serpiente. Cuando la vi por fin fuera, estaba sorprendentemente medio bajada, bellísima cubierta de semen y babas, y yo seguía chupando, lamiendo, y aquello no dejaba nunca de soltar semen, y yo lamía el tronco, bajando a los huevos, el pobre Pablo había caído, aullando, sentado sobre sus piernas dobladas hacia atrás, lo que me abría camino para atacarle como una fiera desde abajo, lamiéndole los laterales de los muslos, junto a los huevos, se los chupaba, estirando con saña su escroto, metiéndomelos enteros en la boca, mamándolos, subiendo de nuevo por el tronco…
Estaba tan emputecida, tenía tantas ganas acumuladas de aquello, que es que ya no podía parar. Después de mi primera mamada, propiciada por la de Nur de aquella mañana, sin poder despegarme de su polla morcillona acabé haciéndole una segunda comida sin parar ni dejarle descansar un segundo, joder, solo mi primo es capaz de eso, su polla a medio gas se volvió a hinchar otra vez dentro de mi boca de manera automática, mientras yo se la mamaba voluptuosamente, con toda la lascivia de que era capaz. Estaba muy consciente ya, en aquella segunda mamada, de lo que hacía. En la primera, quizás sí que me había abalanzado sobre él inflamada por mi deseo y por la ira contra Nuria, pero reconozco que en aquella segunda ocasión me estaba dando cuenta perfectamente de qué hacía y de cómo lo hacía, era consciente de todo y buscaba dar y extraer todo el placer posible de la manera más puta posible. Pablo estaba desarmado, desarbolado, y era incapaz ya de intentar siquiera controlar mi cuerpo, yo era la única dueña de mis actos y tenía bajo mi poder absoluto todo lo que ocurría en el jardín en ese momento. Le estaba comiendo la polla con lujuria, como realmente nunca se lo había hecho a él antes, porque aquella segunda vez ya no comía para saciar mi hambre, sino meramente para provocar, para provocar a ese primito mío incapaz de violarme, de obligarme a abrirme de piernas para él, para provocar a mi amante que me ponía los cuernos con mi primo, para provocar a Mer, a la que no pensaba dejar caer en aquel victimismo inaceptable.
Pero yo no era la única que se había recuperado del shock que había supuesto el relato de Nuria para los cuatro. Mi amiga había tenido la polla dura de mi primo contra su coño abierto: doy fe que cuando una siente algo así, ya no lo olvida jamás. Y, naturalmente, no va a parar hasta que no consiga tenerla dentro. Por completo.
Ya os he dicho muchas veces que Nurita siempre sorprende. Y, aunque no debiera haberme sorprendido lo que hizo, una vez más lo consiguió. Solo el hecho de sentir sus bragas calientes caer junto a mi cuerpo me puso como una moto, porque comprendí lo que iba a hacer. Mi insólita respuesta a su brutal relato había dejado claro únicamente una cosa: para mí ya nada tenía vuelta atrás, y había declarado oficialmente la bienvenida a las mamadas en aquella casa. Con ello, no solamente había renunciado de forma pública a censurar los actos de mi amiga, sino que les había dado mi bendición a ella y mi primo en su improvisada unión oral. Es cierto, debo reconocerlo, que Nuria se había quedado muy a medias aquella mañana, sin duda por fidelidad a mí. Recibir mi bendición por lo que había hecho era, sin duda, un buen momento para desquitarse de la calentura insatisfecha de la mañana.
Y así, mi amante Nuria, tan desnuda ya como Pablo y como yo, se tiró al suelo con nosotros tumbándose junto a mi primo que convulsionaba bajo la fiereza de mi animal felación. Yo era incapaz de predecir a Nuria, siempre lo he sido con ella, pero aquel día me costaba especialmente saber hasta dónde iba a estar dispuesta a llegar en cada ocasión; ya me había equivocado por la mañana, así que igualmente podía equivocarme en ese momento… Para mi sorpresa, la actitud de mi amiga fue muy diferente de la que habría podido esperar de ella, porque simplemente rodó por el césped hasta quedar tendida junto a él, pegados sus cuerpos ardientes, sudorosos, excitados, y sin más empezaron a besarse, a comerse la boca de una manera tan cerda que me sorprendía ver a mi pequeño primo hacer aquello, a frotarse y a sobarse, abrazados como dos enamorados, como dos cuerpos que se desean y por fin son capaces de encontrarse y no piensan dejar ni un milímetro de su anatomía por conocerse… Y, sin embargo, ni una intentona por su parte de alcanzar su polla, que seguía hundida en mi garganta. Mientras yo emitía gemidos guturales, en medio de un enorme placer y un incipiente ahogamiento, mi amada Nuria respetaba mi terreno y se procuraba su propio disfrute sexual sin interferir el mío. Al mismo tiempo, la tercera en discordia, María, emitía palabras soeces dirigidas a Nuria y a mí, quejas y bufidos que fueron poco a poco quebrándose en gemidos y jadeos entrecortados cuando, tan práctica como es siempre, decidió mutar su monumental cabreo hacia nosotras por una feroz masturbación sobre su atribulado coñito que, aquella vez, se había quedado sin compañía para el baile.
Pero no podía quejarse mi amiguita del soberbio espectáculo que le estábamos ofreciendo, con mi primito tumbado en el suelo, iluminando el cielo con su desnudez y su falo brutal por enorme y brutal por lo bello, recubierto de mis babas y fluidos, por sudores de Nuria y por su propia excitación derramada; yo mamaba como una perra, arrodillada sobre él, adorando a ese dios en que se había convertido su cuerpo entremezclado con el de mi amada Nuria, enroscada sobre él, tendidos ambos de costado y vibrando sobre el suelo, mientras ella le abraza, le acaricia todo el cuerpo y le agarra su cara infantil tan tiernamente, antes de devorarle otra vez la boca como la arpía que siempre ha sido… y yo mirándola, mirando su coño abierto tan cerca de mí, que parece que estaba dirigiendo sus piernas a mi cara como buscando enseñarse, envenenarme con su olor de furcia, y todo aquello me desquiciaba todavía más mientras le agarraba a él apasionadamente la polla tiesa y se la comía como una loca.
No tengo duda de que la forma de sobar y besar a mi primo por parte de Nuria, tan femenina, tan entregada, consiguió sacar de él el hombre que llevaba dentro, ella es única haciendo eso, removiendo las hormonas masculinas de los tíos, poniéndolos brutos como nadie, convirtiéndolos en bestias, en putos sementales, en toros bravos dispuestos a todo para montar a su hembra… Nuria jugaba a emputecer a mi primo, sí, pero la hembra de Pablo en aquel momento era yo. Y así, aquella segunda mamada que había empezado por no ser yo capaz de parar, con su polla a medias, terminó con él totalmente venido arriba, envalentonado, con su polla desmedida y su hombría desatada, empalando mi boca con todo su vigor y su ira, y ya no era yo la que mamaba, sino casi realmente él quien me obligaba a hacerlo, de forma ruda, rotunda, implacable, desagradable, horriblemente excitante. Yo estaba tan puta, soltando mi placer a chorro sobre el césped mientras me follaba a mí misma con las manos, que todavía era capaz de hacerle gestos y guiñarle los ojos para provocarle aún más. La forma de explotar de Pablo en aquella segunda mamada fue desconocida para mí, gritando, retorciéndose, eyaculando como una manguera de incendios en mi boca… joder, otra brutal corrida, y tan seguida, tan continua con la primera… ufff increíble ¿podía ser multiorgásmico mi primito? No tenía sentido, era ilógico lo que era capaz de hacer aquella polla… me tenía rendida a sus pies, literalmente, no solo por mi propia postura física, sino que estaba deshecha, entregada a él, lamiendo su verga con mimo, limpiando aquella tranca, sus muslos y abdomen, sus peludos cojones.
¿Estaba consiguiendo calmarme, por fin? Me costaba descender del cielo al que mi pasión repentina y arrebatada por Pablo, por la polla de Pablo, me había subido. Por lo menos sentir que su polla empezaba a descender ayudó a emprender una desaceleración en mi arrolladora actitud sexual hacia él. Joder… ¡temendo! Sentí que él se desinflaba gimiendo, temblando, resollando, tan rápido como rápida había sido su empalmada. Parecía que le había desinflado, que le había agotado… sería la primera vez en mi vida, y esperaba que así fuera porque yo misma estaba físicamente demolida, inservible.
Como una zombie me levanté, tropezando, y me volví para la habitación, casi sin ver por dónde pisaba. Me dejé caer en la cama, cansada como nunca, deseando dormir durante días enteros para recuperarme de aquella tensión y de aquel derroche de pasión. Pero me sentía nueva, al mismo tiempo, satisfecha. Feliz.
Casi me había quedado dormida, nada más cerrar los ojos, cuando sentí la tibia calidez de Nuria tenderse junto a mí sobre las revueltas sábanas. Abrí los ojos y sentí sus labios cálidos y húmedos cerrarse con suavidad sobre los míos. ¿Su cara? ¿estaba enfadada, acaso? Quizás preocupada, o triste… No. Estaba asombrada. Asombrada conmigo…
- Cada día alucino más contigo, amor… la verdad es que eres un espécimen único para el sexo… - me acabó diciendo con una sonrisa – y no puedo estar más feliz de estar contigo – sentí un estremecimiento helado de pasión recorrer toda mi columna vertebral de arriba abajo al escuchar aquello; un estremecimiento que acabó con una especie de latigazo en mi chocho y mis muslos mojados por un cálido chorro licuado de placer - Necesito una ducha fría… te dejor con Meri, ¿vale? Creo que necesita que le des también a ella un poco de tu cariño – un nuevo y delicado beso en mis labios hizo que las palabras que yo iba a pronunciar se perdieran definitivamente en el fondo de mi garganta.
Al girar mi cara hacia las sombras de la habitación pude ver surgir el cuerpo desnudo y brillante de mi otra amiga poniéndose el arnés.
- Qué bien me conoces, amor - le dije.
- Imaginaba que te haría falta, Lau... ha sido muy fuerte lo que acaba de pasar. Dime, ¿qué prefieres, por delante o por detrás?
- La verdad que me da igual, solo quiero sentirte, Meri, necesito tu calor...
María se tumbó junto a mí y me hizo voltearme, besándome el culo y abriéndome la raja. Sus manos y su boca, su lengua, parecían estar por todo mi cuerpo, vigorizando y excitando mis muslos, mi espalda, mi cuello, mis piernas, mis glúteos… hasta que por fin la sentí descargar su peso sobre mí, aplastando sus pequeñas tetitas contra mi espalda y empezando a empujar dentro de mí. Abrazándome por detrás, mientras me comía la boquita, me empezó a penetrar el coño de una manera tan suave y deliciosa, con tanto cariño… Mi primer orgasmo fue muy rápido, pero ella no iba a parar allí, quería más de mí, así que volvió a voltearme dispuesta a entrar en mí de nuevo, levantando mis piernas. Yo estaba tan deshecha que no era más que una muñeca, un instrumento de placer en manos de mi experimentada amiga. Y me gustaba, porque sentía que se lo debía, le debía aquella entrega total, más aún teniendo en cuenta el innecesario cuidado y cariño con el que me estaba tratando.
Mientras me pegaba aquel segundo polvo yo, en medio de mi enésimo orgasmo, dejé caer la cabeza de lado, medio desmayada de placer. No me sorprendió verle a él en el ventanal del jardín, abierto de par en par, aunque sin que por ello corriera la más mínima corriente de aire, lo que hacía que el espeso aire de la habitación pareciera todavía más tórrido y empantanado que de costumbre, con aquel espantoso hedor pegajoso de mi sexo impregnándolo todo. Tras una larga sesión de sexo, Meri culminó exhausta dentro de mi culo, que me había puesto en pompa después de hacerme quedarme en cuatro para ella, mientras me manoseaba el coño a dos manos. Y así me fui con ella varias veces, mientras él lo contemplaba todo desde fuera, pajéandose y corriéndose de nuevo, sobre el cristal, que dejó chorreando de su suciedad justo antes de escapar de allí, trastabillando por el jardín.
Nuria nos encontró enredadas en la cama, acariciándonos y hablando muy suave, sonriéndonos con ternura. Sin echarnos muchas cuentas nos pidió que nos limpiáramos un poco mientras ella se ocupaba de la cena y de tratar de recuperar a Pablo de una forma “poco conflictiva”, según dijo, y se fue de allí sin más, vestida tan solo con unas braguitas. A pesar de que Mer y yo seguíamos muertitas de deseo, nos encontrábamos absolutamente agotadas y saciadas, así que nos dimos una ducha rápida aunque cariñosa, las dos juntas, en el baño de mis padres.
Cuando salimos, mi amiga se enfundó unas bragas limpias casi sin secarse. La verdad era que hacía tanto calor que más bien apetecía ir así, mojadita por la casa. Sin embargo, yo estaba tan cansada que quise disfrutar un momento arrebujada en la suave toalla de ducha, sentada sobre la bañera y apoyada en la pared. Mer me dijo que iba a ayudar a Nuria, y salió sin darme un besito siquiera. Yo sabía que ella quería ir ya a controlar que nuestra amiga no estuviera haciendo nada más con mi primo, así que no se lo tuve en cuenta. Mi primo. Qué ganas de follarle, por dios. La verdad, me dije, que menos mal que me había tirado a Lucas la tarde anterior, porque de otra manera habría sido imposible aguantar esta tarde. Mi polvo con el masajista por la mañana también había ayudado, claro, pero aún así la experiencia inesperada con Lucas había tenido ese punto extra que da lo prohibido… ¡Y me lo había querido perder!
Recordando la pequeña polla del niño entrando en mi coño, sentí que mi cuerpo empezaba a recobrar su vigor y su deseo. Nuevamente volvía a correr aquel calor demoníaco por mis venas. Sin pensar, dejé caer la toalla y aproveché que mi teléfono estaba en el baño para hacerme una foto en el espejo. No me costó conseguir el encuadre que quería: una bonita y bastante clara foto de espaldas, sacando culo, y por aquellos tiempos tenía un perfecto culo respingón que hacía las delicias de mis amigos, mi piel cubierta de un moreno intenso y casi sin marcas del bikini, mi larga cabellera negra, mojada y brillante, cubriéndome la cara por completo, lo que me hacía irreconocible, cayendo por las espalda casi hasta las nalgas que se ven abiertas, apetitosas, con la raja brillante y prometedora. No me pensé dos veces pulsar el botón de enviar con la foto en un mensaje que tenía al pequeño Lucas por destinatario. Por supuesto que no me iba a olvidar de él…
Cuando llegué al salón ellos tres estaban acabando de poner la cena. Nos pusimos a comer sin más, y lo cierto es que los cuatro necesitábamos reponer fuerzas, así que por una vez conseguimos estar todos más atentos de la comida que de otra cosa, a pesar de que, naturalmente, ya sólo íbamos cubiertos por nuestras tradicionalmente exiguas braguitas y un apretado slip por parte de mi primo. Por otra parte, la noche estaba insultantemente calurosa, por lo que hasta aquella mínima ropa parecía estar también de más.
Pese a todo, la cena transcurrió con toda normalidad. De hecho, incluso una vez que terminamos de comer conseguimos ver una buena parte de la peli, hasta casi el final, sin sobresaltos ni interrupciones. Pero el calor climatológico era inasumible, claro. Y nuestro propio calor no le iba a la zaga, y sin duda había ido creciendo de manera exponencial durante la cena y la película, a medida que nuestros cuerpos iban recuperando las energías perdidas. Sin desmerecer a mi primo, ni tampoco a María, diría sin temor a equivocarme que, por lo menos aquella noche, Nuria y yo éramos con diferencia las que estábamos más calientes. En aquella situación, que en un momento muy cercano al final de la peli ya no pudiéramos más y desconectáramos, pues debió ser lo esperable. Supongo que con todo lo que llevábamos encima en aquellas 24 horas, para mí lo de menos era ya que mi primo me viera acaramelándome con mi amante. Y tengo claro, además, que para Nuria hacerlo delante de él era directamente excitante. Y aunque yo no estaba en esas (pero tampoco me importó), mi amiga estaba con ganas de caldear el ambiente otra vez. Que el ritmo no pare, debía pensar. Que no pare, por dios, me decía yo también para mis adentros…
- Llevo todo el día pensando en tu chocho pelado, so puta – me dijo en un momento en que conseguimos despegar nuestras trémulas bocas, con su mano hundida dentro de mis bragas. Que no se molestara en susurrarme algo así al oído dejaba claro hasta qué punto quería que mi primo escuchara aquello. Igual que el que yo la dejara manosearme bajo la ropa interior y morderme los pezones endurecidos, bajo la fuerte luz de los focos del salón, delante de Pablo, dejaba claro hasta qué punto yo misma consentía su actitud, deseosa de que triunfase en sus lascivos propósitos. – Joder, zorra, quiero más, tienes que darme más…
Las palabras de Nuria delante de ellos me marcaron de tal manera que para mí fue como si me hubiese plantado un hierro al rojo con su sello en todo lo alto de las nalgas. Nuria me estaba tomando en propiedad públicamente, y yo estaba dispuesta a entregarme a ella por completo. Mi coño latía, y me estiré sobre ella ofreciéndoselo, abultado bajo la tela de mis bragas, con los labios hinchados y salidos, poniéndole todo mi caramelo en bandeja antes su dulce boquita que se deshacía en babas por mí. Nuria, por supuesto, no es de las que desaprovechan un caramelito así…
Pablo abrió las piernas para mostrarme su erección luchando por violarle los calzoncillos cuando mi amiga empezó directamente a masturbarme. Allí ya nadie decía nada, los cuatro queríamos follar y tanto ellos como yo otorgamos ante la sádica Nuria que no paraba de manosearme. María se quitó las bragas al mismo tiempo que Nuria terminaba de desnudarme a mí, y mientras nuestra amiga empezaba a tocarse la pepita, sin preocuparse por mi primo, Nuria, delante de los dos, se arrodilló ante mí y comenzó a elevarme y a sacarme toda la leche a base de feroces chupetones a mi clítoris rabioso y duro, mientras no dejaba de introducirme yo no sé cuántos dedos pudieron ir dentro aquel día…
Recuerdo a mi primo como a fogonazos, como una sucesión de fotos fijas, parecido a esas veces que, en una discoteca, las luces flasheantes te deslumbran y solo te permiten una visión intermitente, fragmentada, interrumpida. Su nabo tieso rebasando la tela de sus calzoncillos mientras admiraba a Nuria haciéndome todo aquello, sus manos acariciando su visible erección mientras disfrutaba, desencajado, de aquella erótica escena que le ofrecían aquellas lesbianas calientes en un adorable acto lésbico lleno de morbo y pasión…
Todo flota en una nebulosa alrededor de mí. No puedo parar a Mer, que se abalanza también dispuesta a devorar mi cuerpo, enredadas las tres como tres furcias delante de mi primo, en el salón y sobre el sofá, frente a él pero sin preocuparnos ya por su edad, su parentesco, su manera de masturbarse e insultarnos mientras nos mira follar. No nos preocupamos de Pablo ni de nada, y menos yo que ya me estaba corriendo violentamente, jadeando y sin ningún disimulo.
- Déjame verte zorra, me muero de ganas yo también, seréis cabronas...
Pero una cosa es no preocuparme de mi pequeño primo, y otra muy diferente no querer darle todo el placer que merece… Aparto pues a Nuria de mí y le muestro el coño pelado y mojado por la reciente corrida. Aprovechando el momento de libertad de mi sexo, ahora es Mer quien se agacha ante mí y me lo mama con deleite, mientras Nuria termina de desnudarse y se pone a pajearse rápida y eficazmente, mirando conmigo cómo mi pobre primito revienta y se tiene que llevar su polla hinchada al baño para evitar manchar todo, pues el semen le ha cubierto medio cuerpo: extasiado como estaba con nosotras, su hinchado falo se ha corrido a chorros en modo geiser, soltando una brutal carga sobre su infantil carita en aquella sin duda asombrosa corrida… joder, si fuera capaz de describiros lo que sentimos Nuria y yo al ver a mi primo haciéndose él solito un facial, soltándose todo aquello sobre su carita de niño pervertido… ufffff lo brutas y cerdas que nos pusimos, ¿verdad Nurita?
Cuando nos pudimos recuperar, me di cuenta de que nos habíamos corrido las tres, porque también Meri se había estado masturbando mientras me lo comía. Ay, mi pobre primo, y pensar que le hacíamos ir al baño a descargar sus eyaculaciones, mientras que nosotras tres acabábamos de dejar todo el sofá perdido de nuestras leches ácidas, sabrosas y calientes... Cuando me repuse, recuperé mis bragas y me levanté para ir a buscarle. Me flipaba que todavía fuese capaz de guardarnos un mínimo respeto y no intervenir directamente cuando nos veía así, follando delante de él. Si me preguntaran si hubiese querido que él diera el paso aquella noche, empezando a tocar y besar a Meri mientras Nuria me lo hacía a mí, por ejemplo, pues no hubiera sabido qué decir, la verdad. Pero, en cualquier caso, sí sé que me admiraba profundamente que él no hubiera amagado con hacer algo parecido, siquiera.
- Voy a ver qué tal está Pablo, ¿vale? ¿Os importaría ir recogiendo todo esto...?
Mis pobres amigas, que seguían excitadísimas, se quedaron con un palmo de narices al escuchar aquellas palabras, porque de pronto pareció que la noche brutal de sexo que se estaban imaginando se había roto bruscamente. Para quien me conociera, y ellas me conocían mejor que nadie, era obvio que quería dormir con Pablo, y no con ellas.
Aquella noche mi primito parecía bien dispuesto a sorprenderme, porque cuando llegué a mi cuarto me di cuenta de que él no estaba allí, ni tampoco ya en el baño. Asomándome con cuidado me di cuenta de que estaba en su propia habitación, tumbado sobre la cama, y todavía con los calzoncillos puestos. Rápidamente pasé por el baño para limpiarme y prepararme para él. Naturalmente, no me importaba hacer ruido ni encender luces, porque precisamente quería que supiera que era yo la que estaba allí. Salí con el corazón en la boca, y me asomé de nuevo a su cuarto mirando por los cristalitos de la puerta de cuarterones, pero esta vez abriendo directamente y metiendo mi cabeza dentro. Pablo se me quedó mirando.
- ¿Primo, te importa que duerma contigo hoy?
Sin decir nada, él se levantó de su cama y se dirigió hacia mí. Yo no necesitaba más… Me di la vuelta y entré en mi cuarto, tumbándome en mi cama. Pude notar cómo me seguía. Me tumbé boca arriba en la cama, sonriéndolo. Él se paró allí un momento, mirándome las tetas, sonriendo también. Es la primera vez que me ofrezco así ante él en estos días sin tratar de fingir que estoy dormida. Pero sin duda mi primo se había ganado todo eso y mucho más aquel día. Por fin pude sentir su ansiado cuerpo tumbarse junto a mí…
- Espera, Pablo – le dije incorporándome. - Así estarás más cómodo, - seguí diciendo alegremente mientras comenzaba a bajarle muy despacio los calzoncillos, deleitándome con la visión y el tacto de sus fuertes piernas. Su polla empezaba a levantarse y su olor a inundar la habitación. Mientras, mi coño volvía a humedecerse en mis braguitas y a mí se me hacía la boca agua.
Está bien, me dije, la siesta será tu momento, Pablo, pero la noche va a ser siempre el mío. En aquel instante me sentí profundamente agradecida a Nuria por haberle comido el rabo a Pablito aquella mañana, porque al hacerlo había conseguido demoler, y aquella vez ya iba a ser para siempre, mi insostenible tabú de la felación con mi pequeño primo. En un primer momento me metí del tirón toda su polla, aún algo flácida, dentro de mi boquita insaciable. Por completo. No pude evitarlo. Estaba demasiado golosa. Uffff… deliciosa, sencillamente.
Pocas veces le había comido así la verga al niño, como una auténtica puta de calle, una mamá caliente y entregada dispuesta a todo por su pequeño…
Pero no podía empezar tan fuerte, joder, era tan solo el principio de la noche y yo ya estaba ahí, dándolo todo... De hecho, con su verga dentro de mi boca, dudé de repente hasta de la conveniencia de comérsela sin más aquella noche, ¿acaso lo de la tarde no había sido ya demasiado? Y, de alguna manera, para mí los momentos del día y los lugares todavía significaban algo, todavía tenían un por qué: la tarde y el jardín eran momentos de interpretación, de reafirmación frente a ellas; las siestas eran el momento supremo de Pablo, cuando jugábamos siempre él y yo a avanzar un paso más pese a mis continuas negativas. Y, como decía, por último, las noches eran mi momento, en definitiva nuestro, suyo y mío, donde trataba de acercarme a nuestra esencia, a cómo yo quería que fuera de verdad nuestra relación. Y, de momento, no tenía tan claro cómo quería que fuera, o sí lo tenía claro pero tenía aún miedo de alcanzarla, de hacerla realidad; en definitiva, sabía cómo quería que fuera, pero no quería que fuera tan rápido...
Fue complicado, porque él se empalmó por completo, claro, excitado por la muy maravillosa perspectiva que yo le había puesto en bandeja. Y, sin embargo, incomprensiblemente, inaceptablemente por mi parte, de repente yo había decidido ir más despacio. Es que no tengo justificación, lo sé, siempre jugando así con él. Siempre provocándole más de lo humanamente soportable. Me merecería que me hubiera violado, que me hubiera empotrado contra la pared violentamente en aquel mismo momento…
Sin embargo, que yo quisiera ir más despacio sin previo aviso, no significaba necesariamente que quisiera ir suave, precisamente. Porque, de alguna manera, mi cabecita ya había establecido por su cuenta la opción de reeditar nuestra noche anterior, con todo lo que hicimos en la cama de mis padres junto a ellas. Así pues, sacándomela de la boca, me tumbé junto a él, recostada, y empecé a pajear suavemente, muy suavemente, aquella tranca durísima y empapada de mis babas, lo que hacía que mi masturbación corriera todavía más suave por su verga si cabe, mientras cubría su cuerpo, su car, su boca de besos y bonitas palabras… hasta que mi pequeño primo, agotado por las emociones tan absurdamente desmedidas de aquel día, se vino encima de mí, sin parar de pesarnos y mientras yo le dejaba que me tocara las tetas con todas sus ganitas.
Mi calentura había vuelto a llenarme por completo mientras le hacía todo eso, así que para cunado se corrió yo ya estaba otra vez como una moto, de manera que cuando sentí el calor viscoso de su semen llenando mis manos, le agarré fuerte la polla, estirándosela y repasándola por mis bragas. Tenía clavada en mi mente aquella imagen de la noche anterior, en que yo le había metido la punta del nabo en las braguitas casi bajadas de María mientras le terminaba de masturbar, y Nuria había ayudado a meterle el glande hinchado y la corrida por los labios a nuestra amiga.
Joder… aquella imagen… y aquellas braguitas mías, blanquitas y de tira, pero con años ya, tanto que me quedaban algo pequeñas, ajustadas, apretadas contra mi excitada vulva, tanto que apenas lograban tapar mi coño malamente, y aquella verga tan jodidamente dura siempre de mi primo, con todo el cipote duro y tieso, con el capullo salido fuera, el prepucio marcado y recogido debajo, empapadito de esperma, aquel falo brutal estirándose, rebozándose contra mi tela mojada, de él pero también de mí, aquel glande tan gordo, afilado, hábil para separar mis labios al pasar y al repasar, todo mojándose a lo bestia de repente, el glande durísimo rozando contra la tela, esa suave tela de mis braguitas que querría arrancarme, quemarlas para nunca más tener que llevarlas con él, hasta la suave tela de mi ropa interior es ruda para tan delicada piel, la piel hinchada y tensa como cuero de tambor del capullo de mi primo, y su cipote que sube y baja contra mi coño, siempre frotando la vulva abierta, siempre al bajar hundiéndose un poco en mí, metiendo su gorda cabeza entre mis piernas con todo mojado…
¿Era yo o mi primo se iba a volver a correr? Joder, estaba siendo tan brutalmente erótica aquella forma de llevarle al clímax…
Cuando le vi así de nuevo, otra vez híper cachondo, al borde de otra corrida, (¡no podía ser!), agarré fuerte su nardo para meterme directamente el capullo por dentro de mis bragas, por dentro de mis labios… por dentro de mi coño. Le quería dentro y corriéndose, como el día anterior, como recordaba verle ayer con Mer, pero esta vez conmigo, en mi coño, dentro de mí, entrándome no por arriba de mis braguitas, sino directamente por abajo, entre mis muslos. Como follan los hombres.
Su capullo empezó a verter el semen directamente en mi vulva, en la pura boca de mi vagina, eyaculándome con la punta metida entre los labios que parecían luchar por succionarle, por meterle más dentro de mí, más hondo, ¡bien adentro por dios! ¿O era acaso yo misma la que empujaba, la que trataba de clavarle en mí de una vez y para siempre! Los dos convulsionamos por ese contacto tan especial, tan íntimo. Lo que siguió aquella noche ya fue una reedición continua de aquel momento, aquel brutal momento en el que nuestros sexos por fin se habían vuelto a encontrar tan libremente. Pablo iba a aceptar hacerlo así, despacio, a mi manera, pero es que las descargas que sentíamos cada vez que juntábamos nuestros órganos sexuales eran tan desmedidas, que hasta dudo que hubiéramos sido capaces de aguantar las consecuencias de una penetración total sin morir en el intento…
A partir de ahí, por tanto, y siempre con mis bragas puestas (aunque absolutamente empapadas y casi inservibles), yo me tumbé sobre él, besándonos y dando rienda suelta a todo tipo de contacto puntual y total de nuestros cuerpos, para los que yo me demostraba absolutamente receptiva y, sobre todo, sustanciosamente abierta de par en par. Y mientras, mezclando aquella nueva y excitante sensación con él, me dedicaba a masturbarle una y otra vez con mi cuerpo completo, por tercera noche.
Fue todo tremendamente íntimo y cariñoso, con momentos extraordinariamente sexys y calientes… nunca olvidaré esa imagen de su capullo enorme y tenso escupiendo lentamente semen dentro de mi coño, un semen espeso y amarillento que desbordaba mis labios y mis bragas manchándolo todo, rezumando a través incluso de la empapada tela.
Yo también tuve numerosos orgasmos con él haciendo todo aquello, claro. Recuerdo un momento dado en que tuve que correrme, que lo hice frotándome el coño salido por las bragas sobre sus piernas. Me resultaba escandaloso, excesivo, pero quería acabar, y cuando acabé, pues volvía a hacerle pajas a él, una tras otra, sentada encima de su cuerpo... Joder, menuda nochecita allí, a solas él y yo en mi cuarto. Aquellas corridas tan íntimas, aquellas descargas de mi primo frotándose sobre mi sexo, sobre mis bragas, entre mis labios…
El pobre Pablo se dejó llevar por mí en todo, dándome una y otra vez todo lo que yo le pedía. Simplemente, se dejaba hacer. Así hasta que vi que literalmente ya no podía más, aunque su generosa polla seguía todavía escupiendo semen como una loca… En aquel momento, simplemente, nos dormimos, juntos, abrazados, amantes, y nos despertamos una y otra vez, para volver, para repetir la misma jugada, aunque en algún momento él decidió tomar la iniciativa, besándome, sobándome las tetas y el culo bajo las bragas, embistiendo sin parar mi coño precintado por mis bragas, una y otra vez, sádicamente con su duro cipote. Yo no podía pararle, no era capaz, muerta de deseo literalmente soñaba con que se rompieran de una vez aquellas putas bragas, que a golpes de cipote me rajar las bragas y el coño y me la endiñara hasta que se me saliera su lefa por la boca… Pero mi coño era sagrado para él, todavía, aquella noche… y yo no estaba dispuesta aún a darle vía libre por allí: solo el azar o la violencia le iban a permitir reventarme hasta el fondo, como quería.
Naturalmente la noche no acabó ahí, porque con él nunca es así: de madrugada le sentí moverse otra vez, su pene siempre duro y tieso me golpeaba, ¿cómo era capaz de reunir tanto vigor aquel chiquillo? Y mientras me hacía gemir con sus tocamientos me gritó rodando contra la pared y me hizo ponerme boca arriba, tumbándose encima de mí. Empezó a besarme, a morrearme, a besarme cara y orejas, ojo cuello boca, nariz, bajando por el cuello y las clavículas hacia el pecho, bajándose de encima de mí y haciéndome notar su cipote caliente entre nosotros, frotándose contra mis muslos desnudos… yo estaba chorreando mientras el muy cerdo me chupaba las tetas, me besaba las tetas, me lamía las tetas, me mordía las tetas, me mordía los pezones empalmados, me chupaba los pezones endurecidos, me lamía los pezones hinchados como canicas, me besaba los pezones doloridos de tan duros como me los había puesto. Me sobaba el cuerpo, el vientre y los costados, la espalda y los muslos y todo el culo, metiéndome las manos por dentro de las bragas, intentando ir hacia delante, pero yo no le dejaba, y él me sobaba el culo a conciencia, logrando bajarme algo las bragas el magreo, sobre todo por detrás, y yo me notaba casi desnuda con las bragas colgando pero bien, justo tapada en lo imprescindible, apenas ya solo mi sexo, ya solo mi entrada escandalosamente abierta...
Pablo, a aquellas alturas, ya no cometió el error de volver a intentar nada hacia delante, sino que siguió con mis tetas, volviendo a subir en su insaciable recorrido por mi cuerpo. Me mataba. No podía pensar, no podía respirar, cada roce de su cuerpo con el mío era como un orgasmo nuevo. Se centró otra vez en mi cara, pero al hacerlo pude sentir de nuevo su cipote desnudo en mi entrada. Me cubrían apenas las bragas, bajadas, chorreantes, arrugadas, casi ellas mismas remetidas dentro de mi sexo. A pesar de ellas, él se puso a empujar. Yo le estaba sobando a él mientras nos besábamos apasionadamente. Igual que él me sobaba a mí, siempre, sin parar, toda, pecho, costados, piernas, pero yo voy directa a su culo, tan desnudo, tan libre de calzoncillos por fin, y yo sí que voy hacia delante, y él me deja todo... Después de meses le toco la polla cuando estamos a punto de hacerlo todo, a punto casi de follar. Le agarro el sexo a mi primo, le toco el miembro, el cipote duro, cliente, a reventar. Pablo me busca. Me empuja dentro. Más fuerte. Más hondo. Yo no opongo resistencia. No puedo. Estoy súper caliente e implacablemente abierta. Me abro. Me abre más. Más. Tiemblo, grito, me estremezco.
No. No. No.... es el sueño, otra vez el sueño, el sueño de siempre, el sueño de las otras noches, que vuelve, sueño que me la está metiendo como en el sueño. Las bragas, sueltas, flojas, no le pararan, me la va a meter, con bragas y todo, pero me la va a meter. No puede ser cierto. ¿¡Lo soñé!? Era todo tan parecido a mis sueños anteriores, pero era todo a la vez tan real, mucho más real, mucho más intenso… aquel calor tan demencial y tan intenso, que no era solo el calor de nuestros cuerpos sudados, el calor de nuestros sexos empapados, sino el calor de aquella noche en que el tórrido mes de julio se había desatado una vez más, y ese resbalar de las pieles humedecidas permanentemente, ese chapoteo en mi coño, esa suave aspereza de sus caricias y besos, tan reales… ese dolor de sus mordiscos y chupetones en mi cuello…
¿Dolor? ¿Mordiscos? Blanco y en botella… ¿es como de cuento, no? La niña pequeña que se pellizca para constatar que no está soñando. En aquella ocasión, la niña pequeña era yo, pero los pellizcos me los estaba dando mi primo en forma de excesivos mordiscos en el cuello, mordiscos con largos y jugosos chupetones de esos que, invariablemente, dejan marca… Y todo daba un placer desmedido, pero, por más que a mí el dolor hacía tiempo que me daba ya placer, aquellos mordiscos doler, dolían.
Estaba despierta.
Aquello estaba siendo real. Todo real. Mi pequeño primo la tenía casi metida en mi coño y estaba a punto de follarme.
¿Cómo acababan mis sueños? Joder. ¿Pero yo quería que me follara? ¿No iba a hacer nada para pararle? Porque aquella vez era real…
Pero no le paro. Le recorrí la verga con las manos, tratando de constatar la materialidad de mi deseo, del peligro inminente que me amenazaba. Dios mío, estaba taaaan duro… Joder, ¡y tan caliente! Me entretuve demasiado en tocarle completo, hasta el pubis, también sus muslos a ambos lados del miembro. Mi primo se estremeció fuertemente al sentirme. Demasiada curiosidad: no podía ser, ¿realmente acabaría pasando todo como en el sueño?
Pablo se estaba dejando llevar por completo, animado no ya por mi falta de respuesta, sino por mis evidentes caricias a su cuerpo y a su miembro. Demasiado suaves, demasiado cargadas de cariño. Pablo empezó a follarme con las bragas dentro.
¿Mi respuesta? Dulces gemidos, hondos jadeos… Me estaba dejando llevar con él, sin más. Pablo me estaba haciendo el amor usando con mis bragas como condón.
No.
No.
No.
Si yo no lo paraba, nadie lo iba a hacer por mí. Si yo no lo paraba, se iba a correr en mi coño, con la polla metida dentro. Cada vez me dolía más la aspereza de la tela de mis bragas, que entraba cada vez más hondo hecha un rebuño en mi vagina.
- Laura, déjame, déjame hacerlo porfi… estoy a punto de correrme, prima… - la voz rasposa de mi primo sonó sucia y acuática en mi oreja, con su lengua follándome el oído de una manera que me hacía reventar de placer.
Me acojoné, claro, me entró el pánico, y al final reaccioné, pero reaccioné mal reaccioné tarde y reaccioné estúpidamente asustada. De repente me escuché a mí misma gritando el no.
Mi pobre primo se detuvo al instante, y diría que no lo hizo realmente por hacerme caso, sino sinceramente aterrado por la violencia y el pánico de mis gritos. ¡No, no, no, no, nooooo! Insistía, empujándole como una loca por el pecho, intentando apartarle de mí, golpeándole como si fuera un loco intentando violarme. Ojalá lo hubiera hecho, mi primo. No. Sabía cómo iba a acabar si no le sacaba de mí inmediatamente. Me estaba corriendo. Aquello no era un sueño, a pesar de ser mi sueño…
Pablo estaba también al limite, pero casi llorando obedeció, retirándose de mí, reculando, arrastrando su dura verga hacia la trémula carne llorosa de mis muslos. Su repentina ausencia me dejó vacía, literalmente muerta, incapaz de reaccionar. Mis bragas se me fueron piernas abajo, enredadas en su cipote, dejándome desnuda, con las bragas atascadas en las piernas.
Me corrí del todo mientras se salía, me corrí tan fuerte que mis golpes y empujones en su pecho se convirtieron en un nuevo abrazo exagerado, desmedido, en el que todo mi cuerpo se pegó y entrelazó al suyo. Creo que nunca me he sentido tan bañada en humedades de todo tipo follando con alguien como con mi primo aquel día. Líquidos de todo tipo nos envolvían por completo y nos mezclaban, nos hacían un mismo cuerpo viscoso y excitado. No quería dejarle así, no quería privarle de su premio, lo estaba haciendo tan bien, mi pobre niño…
Mis manos bajaron a sus pelotas. Las tenía hinchadísimas, con los largos pelos empantanados en gelatinosos pegotes de sustancias inconfesables. Mis dedos se aferraron a sus bolas como si me fuera la vida en ello, y empecé a tocárselas, a estrujar sus testículos, a masajear sus hinchados cojonazos dispuesta a ordeñarle como a un animal, a sacarle toda aquella leche que había estado preparando para mí, para llenarme el coño hasta inundarme el útero, aquel semen con el que estaba dispuesto a preñarme, a marcarme como su puta, su propiedad, su zorra bastarda, su prima putita que estaba loca por ser follada pero era tan tontita que no era capaz de dejarse joder nunca… Joder, cómo tenía de llenas y de calientes aquellas pelotas mi primo, al sobárselas notaba que hervían, que se movían en mis manos como si tuvieran vida propia… Me lo iba a echar todo encima. Pablo estaba al límite.
Me corrí otra vez tocándole los huevos así.
- Ven, ven, Pablo, ven – le supliqué, tirando de su polla, empujándole el culo hacia mí.
Y así, sentado sobre mi cuerpo, le hice una fuerte y decidida paja a dos manos: como decía Nurita, aquella era la mejor manera de masturbar a un hombre como Pablito. Se me corrió como un niño (superdotado) en las tetas desnudas, esparciéndome desquiciado su semen por el pecho mientras aprovechaba para sobarme como un absoluto salido.
Fue todo tan tierno…
Aquel sueño horrible, ¡había terminado por ser taaaan hermoso!
Ahora si, nos dormimos, agotados, abrazados… amándonos.
La noche más dulce puso fin al día más largo.
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@laualma que relato siempre me empalmo con tus relatos, mami responde a este relato solamente ya se me esta haciendo dificil leer la gran cantidad de tus respuestas, siempre me empalmo cuando veo las notificaciones en el correo mamacita de desearia tu coño y tetas húmeda y gordas para pajearme con mas mas fuerza
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@laualma claro que quiero follarte mami viciosa ganas tengo de enterrar mi polla en tu encharcada intimidad
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