Incesto en la cabañ...
 
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Incesto en la cabaña

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José
(@quique)
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Registrado: hace 7 años
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Topic starter   [#1403]

 Estaba tomando una cerveza en la barra de un bar cuando vi entrar por la puerta a mi sobrina María del Mar, a la que yo llamaba Mar. Venía acompañada de su novio, un joven alto, moreno y bien parecido que cerró un paraguas negro y lo puso en el paragüero. Mar también me vio a mí. Vino a mi lado y antes de pedir nada, me dijo:

-Llueve con ganas.

La miré y la deseé una vez más, pues era una joven morena, de estatura mediana, tirando a alta, con todo más que bien puesto y guapa a rabiar. Le dije:

-Falta hace para el campo.

-Eso es verdad.

Pidieron de beber y luego hablaron entre ellos. Puse la oreja y supe que el novio estaba más tieso que la mojama y que no la podía llevar a un motel, el puente que se avecinaba. En fin, que me fui haciendo mis planes después de pagar la cerveza y despedirme de ellos.

Al día siguiente vino a mi casa a por sal para la comida. Estaba solo, pues mi mujer estaba trabajando. Llenaba de sal el pocillo que había traído y le dije:

-Ayer no pude evitar escuchar que tu novio no te puede llevar a un motel.

Sonriendo, me dijo:

-¡Ay, tío, tío, que te veo venir y no me gusta lo que veo!

-No tienes ni idea de lo que te voy a decir.

-Tengo veintiséis años y ya no me chupo el dedo.

-Ya lo sé, chupas otras cosas más jugosas. Pero no te quería proponer nada indecente.

Me cogió el vaso de vino blanco que estaba tomando, lo bebió de un trago, y luego me dijo:

-¿Entonces que quieres?

-Es para ofrecerte algo, pero luego de decirte que es, lo tienes que guardar en secreto.

-Tampoco acepto dinero por sexo.

-No van por ahí los tiros.

-Suéltalo de una vez.

-Promete que guardaras el secreto

-Prometido.

-Tengo una cabaña en el monte que podéis usar el próximo puente.

-¿Y a qué se debe tanta generosidad?

-No tiene agua corriente ni luz eléctrica, pero tiene una cama, una mesa, sillas, una chimenea, una cocina, cubertería, vajilla, una leñera...

-¿Te pregunté a qué se debe tanta generosidad?

-Y tiene...

-Responde a mi pregunta.

-Es un sitio muy íntimo.

-Ya veo que no vas a responder. Si acepo luego querrás que vaya contigo. ¿Es eso?

-Es eso.

-Y decías que no buscaba sexo conmigo. ¡Qué cabrón!

-Tenía que intentarlo.

Echó otro vaso de vino, bebió la mitad y me preguntó:

-¿Cómo se llega a esa cabaña?

 

La cabaña estaba iluminada por el fuego de la chimenea. Música romántica de un vinilo sonaba en un viejo tocadiscos, que funcionaba a pilas. El aroma a roble quemado inundaba la habitación... Era el sitio perfecto para perderse en la lujuria, aunque nos lo habíamos tomado con calma porque éramos conscientes de que teníamos todo el fin de semana por delante.

Después de haber bebido medía botella de champán y de haber hablado de todo un poco, incluido del novio de mi sobrina, del que había quedado hasta el moño, el puente que habían estado allí, salí a cambiarle el agua al canario. Cuando volví a entrar en la cabaña, encontré a Mar arrodillada en la cama, con sus manos apoyadas sobre las piernas y con una media sonrisa en su boquita de piñón. Su cabello castaño oscuro le bajaba por el costado derecho. Levaba encima un sujetador rojo y unas bragas a juego, en medio de ambas se veía su precioso ombligo. Me quité la chaqueta e iba a quitar la camisa, cuando se quitó el sujetador, y cogiéndolo a modo de capote, me dijo:

-¡Eh, toro!

-¿Quieres jugar?

Levantando y bajando el sujetador con los brazos estirados delante de las tetas, y sonriendo, me volvió a vacilar.

-¡Eh, toro, eh, eh!

Me lancé a por sus tetas. Me hizo una finta, me atrapó con el sujetador por la parte de atrás del cuello y me llevó la boca a sus tetas. Se las mamé con ganas atrasadas. A Mar las burbujas le habían dado ganas de jugar, ya que volvió a coger el sujetador, se escapó de la cama, se arrimó a la pared y venga con el toro:

-¡Eh, toro, eh, eh, eh!

Me fui a por ella y entre al trapo, al de sus bragas, porque se las quité, la levanté en alto en peso, Mar llevó la polla a la entrada de su coño, y se la clavé de un chupinazo.

-¡Fóllame cómo si no hubiera un mañana, tío!

Le di duro. Le di a romper... Su boca devoró la mía. Mis huevos se encharcaron con los jugos de su coño y bajaron por mis piernas. Cuanto más le daba, más le gustaba y más jugos echaba, pero no se corría. La puse en el piso y le di la vuelta. Mar se apoyó con las manos en la pared y separó las piernas. Se la volví a clavar, pero esta vez le di despacito. No le gustó, ya que empezó a mover su culo de atrás hacia delante y de delante hacia atrás a una velocidad de vértigo. Lo que al final la llevó disfrutar de un orgasmo tan intenso que por la manera de temblar pensé que le iba a dar algo. Cómo no le dio, le di yo, le di una corrida que le anegó el coño de leche.

Al acabar de corrernos. Mar, se fue para la cama y yo a por el chamán. Saqué la botella de champán de la cubitera y eché otras dos copas, fui hasta la cama y le ofrecí una. Mar se la mandó de un viaje, posó la copa sobre la mesita de noche y, contenta, me dijo:

-¿Bailamos, tío José?

Acabé el champán y posando la copa junto a la suya, le respondí:

-Si lo que quieres es bailar, bailemos..

Mar salió de la cama, me dio un picó y luego me quitó la camisa, los calcetines y los zapatos, el pantalón y por último los boxers. Después me rodeó el cuello con los brazos, metió una pierna entre las mías, puso la cabeza en su cuello, yo le eché las manos a la cintura y comenzamos a bailar. El rocé de la polla entre sus labios vaginales y el contacto de los cuerpos desnudos fue poniéndonos cachondos. Mar buscó mis labios y los encontró deseosos de besar. Los besos con lengua al principio eran dulces, pero luego se volvieron apasionados. Los brazos del cuello pasaron a la espalda y las manos de la cintura se fueron al culo y apretaron las nalgas. Acabó la música, había que darle la vuelta al L P. La vuelta que dimos fue hacia el lecho. La dejé caer sobre la cama. Mar se puso a lo largo de ella, flexionó las rodillas, se abrió de piernas, y me dijo: 

-Adivina que quiero que me hagas.

Luego de meterme en la cama, besé el empeine de un pie, luego el otro, acto seguido una pierna, la otra, después las rodillas y luego fui dándole pequeños mordiscos en ambos muslos hasta llegar al lado del coño. Lo olí profundamente y seguí subiendo besando y lamiendo su tripa y su ombligo. Al llegar a las tetas, besé sus pezones y seguí subiendo hasta su boca, le di un pico, y luego un beso con lengua, a continuación besé su cuello, luego le lamí una axila, después besé el otro lado del cuello y lamí la otra axila. Volví a las tetas, lamí sus pezones y sus areolas y después se las mamé un ratito. Volví a bajar besando y lamiendo su tripa y su ombligo. Al llegar al clítoris, echó su pelvis hacia arriba, para que se lo lamiera, pero la dejé con las ganas. Le di la vuelta y la puse boca abajo. Le lamí los talones, luego la parte de atrás de sus piernas, mordisquee sus muslos, luego sus nalgas, después se las separé y le lamí el ojete un par de veces, para luego subir besando y lamiendo su columna vertebral hasta llegar a la nuca. Volví a besar su cuello por ambos lados y bajé besando y lamiendo por donde había subido. Al llegar a las nalgas, se las volví a mordisquear, se las abrí y le di una buena ración de besos negros en el ojete. Mar llevaba tiempo gimiendo, pero al comerle el culo sus gemidos ya eran de pre orgasmo... La puse boca arriba y vi que su coño rasurado estaba encharcado, por dentro y por fuera. Metí mi cabeza entre sus piernas, le levanté el culo con las dos manos, lamí lentamente desde el ojete al clítoris y me dijo:

-Fóllame el coño con la lengua cómo me follaste el culo.

Le metí y saqué la lengua del coño la tira ce veces. Luego apretó mi boca contra su coño.  Movió la pelvis hacia arriba, hacia abajo, hacia los lados y alrededor y al poco, cuando la sintió venir, me dijo:

-¡Me voy a correr, tío, me voy a correr!

Segundos después se corrió en mi boca entre convulsiones y gemidos.

Luego de su última convulsión, saqué mi lengua de su vagina, saboreé los jugos de su corrida y después le abrí el coño con dos dedos, lamí sus hinchados labios vaginales varias veces y a continuación le hice una paja en el clítoris con mi lengua y con mis labios. Por si nunca os lo han hecho, os diré cómo se la hice. Puse mi lengua sobre su clítoris, luego hice una "O" con los labios y le acabé mamando el glande cómo si fuese una polla. Me explico, al chupar retiraba la capucha del glande y luego lo volvía a cubrir... El glande se tapaba y se destapa y al destaparse se rozaba con la lengua. Se lo estuve succionando un tiempo, y luego, cuando el glande ya estaba fuera de la capucha y erecto cómo un titán, eché la capucha hacia atrás con dos dedos y se lo chupé hasta que se corrió cómo una fuerza bestial.

Le llevó un tiempo recuperase del tremendo placer que había recorrido su cuerpo, mientras lo hacía yo besaba el interior de sus muslos. Cuando sentí que su respiración volvía a ser normal, le lamí el coño de abajo a arriba, sin llegar a rozar su clítoris, luego mezclé esas lamidas con folladas de vagina con la punta de la lengua. No tardó en echarme una mano a la parte de atrás de la cabeza y empujar cuando le metía la punta de la lengua para que se enterrase toda la lengua dentro de su coño. Poco después, volvió a mover la pelvis para que su clítoris se rozara con mi lengua, y me dijo:

-¡Me matas de gusto, tío, me matas de gusto!

Al acabar de correrse saqué mi cabeza de entre sus piernas, me arrodillé delante de ella, cogí la polla empalmada y se la froté entre los labios vaginales, en la entrada de la vagina y en el clítoris. Me preguntó:

-¿Te vas a correr así?

-Sí.

-Pudiendo meter... No te entiendo.

Tiempo más tarde, me dijo:

-La que se va a correr soy yo.

Fue decirlo y cubrirle el clítoris y los labios vaginales con la leche de una tremenda corrida. Le bajaba la leche por el ojete cuando le cogí las nalgas, y se las levanté. Mar, me dijo:

-¿No irás a...?

Mi lengua lamió desde su ojete hasta su clítoris por aquella pista resbaladiza unas treinta o cuarenta veces, y la pista resbaladiza se convirtió en una de patinaje cuando Mar se corrió en mi boca, diciendo:

-¡Me muero!

Al acabar de correrse me eché a su lado y le di un pico, la respuesta al pico fue meterme la lengua en la boca y darme un beso largo, muy largo y luego decirme:

-En mis veintiséis años de vida jamás me había corrido cuatro veces seguidas comiéndome el coño.

-Para todo hay una primera vez.

-Cierto.

Me levanté de la cama, cogí su copa y la mía y fui a llenarlas de nuevo. Rosa me preguntó:

-¿A cuántas mujeres has traído aquí?

Volví con las copas y le di la suya.

-Ese es otro de mis secretos.

-¿Dónde crees tu mujer que estás?

-En Madrid, en un asunto de negocios.

-No das puntada sin hilo.

-Las cosas hay que hacerlas bien, si no se hacen bien, es mejor no hacerlas.

-Eso es verdad.

Se sentó encima de mis piernas y luego lamió y chupó mi mamila derecha, luego la izquierda y después se puso entre mis pernas y lamió mi polla morcillona, la lamió estando acostada, lamió y chupó los huevos, lo hizo a conciencia. Cuando cogió la polla con su mano derecha ya estaba casi dura. La lamió de abajo a arriba, lamió el frenillo y vio cómo del meato salía aguadilla, se la lamió, lamió el meato, luego la corona y después le mamó el glande, antes de meterla casi toda en la boca... La polla ya estaba dura, cómo una piedra, cuando la  metió dentro de su coño, después de haberla frotado en la entrada de la vagina. Apoyó sus manos sobre la cama y con su melena colgando me folló bajando y subiendo el culo. Pasado un tiempo me cogería las manos por los pulsos y me iba a poner las tetas en los labios. Primero me puso la derecha. Le lamí el pezón y la areola y cuando quise mamar paró de follarme y me la quitó de delante.

-No seas impaciente, golfo.

 Me puso el pezón izquierdo en los labios, le lamí el pezón y la areola y cuando quise mamar la teta paró de follar y me la volvió a quitar de delante. 

-Descansa, golfo, descansa.

Llevaba casi media hora follándome y vacilándome y en todo este tiempo no la sentí gemir ni una sola vez, y me extrañaba porque sentía mi polla encharcada de jugos dentro de su coño. ¿Sería que hacía las paradas cuando se iba a correr?

Lamiéndole el pezón derecho y la arela hizo otra parada, la follé yo a toda ostia, y dijo:

-¡Ay que me corro!

Me soltó las manos, apretó la teta contra mi boca, su vagina apretó mi polla y mientras yo mamaba su teta, se corrió a lo grande.

Nada más acabar la quité de encima, me senté delante de ella con mis piernas por fuera de las suyas y se la clavé hasta las trancas, luego la cogí por las muñecas y le di más leña de la que le dieron a Napoleón en Waterloo. Se acababa de correr y pensé que no se iba a correr otra vez, pero a los cinco o seis minutos, mientas le llenaba el coño de leche, me bañó la polla con una copiosa corrida. Ver su cara de gozo y ver cómo se estremecía hizo que mi corrida fuera muy larga y muy intensa.

Luego de corrernos fui a echar un leño de roble al fuego y al volver nos bebimos las copas de champán. Quedaba toda la noche, pero no tendría problemas de erección. En el bolsillo interior de mi chaqueta guardaba una caja de viagra. A ver, eran veintiséis años contra muchos años y alguna ayuda debía tener. 

Quique.

 


   
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nyctidromus
(@nyctidromus)
Miembro Erótico Autor
Registrado: hace 5 años
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@quique que buen relato que sobrinita tan cachonda 


scripsit nyctidromus

sanguine et pulvis
n****@gmail.com


   
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