La Libertad III_11:...
 
Notificaciones
Vaciar todo

La Libertad III_11: día 07_comida

26 Respuestas
2 Usuarios/as
13 Reacciones
2,515 Visitas
laualma
(@laualma)
Miembro Súper Activo Autor
Registrado: hace 7 años
Respuestas: 464
Topic starter   [#1400]

LIBRO 3. EPÍLOGO: LIBERACIÓN. CAPÍTULO V.

día 07 - 21.07.2012 - comida

 

Delante de nosotras, en la puerta de su habitación, estaba mi primo, casi desnudo, vestido única y exclusivamente con un mínimo conjunto de tanga completo, de tiras, y mini sujetador, todo de encaje anaranjado con los bordes de finas tiras de seda naranja... "Menudo putón, porque va de puta para arriba" pensé. Ni más ni menos lo mismo que pensé la noche anterior, cuando vi a Nuria aparecer con ese mismo conjunto, suyo, naturalmente, en el salón donde la esperábamos Pablo y yo. Los dos nos excitamos, él de hecho se empalmó, aunque verla así, verla llegar a aquel extremo de usar la más explicita de sus lencerías con mi pequeño primo, a mí me molestó bastante en ese momento, debo reconocerlo. Como ahora me pasaba al ver esa ropa en el cuerpo de Pablo.

 

- ¡Joder, primo!, ¿tú estás tonto?, ¿qué haces con eso? - Era increíble, con aquel mini mini sujetador, parecía que hasta tenía más pecho que Nurita, aunque sus tiernos y rosados pezones, transparentándose tras la liviana tela no tenían nada que hacer contra los negros pezones de abultadísima areola de mi amiga.

 Pero aquellas braguitas, aquellas braguitas... el mini tanga de Nuria, un minúsculo y transparente triangulito naranja, con una mínima parte reforzada abajo, que a ella apenas le podía tapar la noche anterior el chumino... pero tenía el coño afeitado, y es un pubis de tía, liso, suficientemente liso y rasurado, aún contando con que mi amiga tiene ese monte de Venus tan pronunciado, pero en cualquier caso tan diferente de aquel... despropósito, aquel desmadre púbico que amenazaba con hacer reventar mi primo con su verga, que no estaba –como de costumbre- todo lo en reposo que debiera... El muy cerdo, sin duda salía de cambiarse, de su habitación, seguramente... había un reguero de tangas de ellas, sujetadores y braguitas mías, lencería atrevida de mis amigas... joder, joder, joder, ¡no podía apartar la vista del paquetón de mi primo! Ni yo ni ellas, no sólo lo transparente, se le traslucía todo, el pelo, el rabo, pero además, tan pequeño ese tanga, con ese rabazo a medio empalmar, se le salían los huevos por los lados, aplastados, peludos, pelo por arriba, la descomunal polla se le veía retorcida, comprimida, apretada por aquel exiguo trozo de tela, intentando desbordarlo por todas partes...

 

- ¿Pero, qué estabais haciendo? - pregunté de nuevo, ahora mirando a Meri.

 

No contestó, no contestaron, pero era obvio. El reguero de prendas íntimas por el suelo, llegando hasta el baño: mi primo Pablo le estaba haciendo un pase de lencería femenina a mi amiga del alma María. A ellas dos parecía hacerles mucha gracia... Joder, ¡qué coño pase de modelos! Se estaba exhibiendo, mostrándose casi desnudo, o peor, delante de ella... tan... tan... ¡tan provocativo, joder! Yo misma estaba poniéndome brutísima, a mil, de ver aquello. Mi serenidad sexual recién recuperada saltó por los aires al ver aquel provocativo semidesnudo de PAblo, estaba como un queso, y esa polla de semental... Hijo de puta... ¡sólo deberías desnudarte delante de mí! ¡¡¡Eres para mí!!! pienso... ¿Qué habría pasado antes, habría pasado algo? ¿Qué coño habrían hecho antes de...? No aguanto, no aguanto más...

 

- Joder, Pablo ¡quítate eso de encima de una puta vez!

 

Error. Error, claro, era imposible no verlo... Naturalmente, mi primo no había entendido mi cabreo y, con mi desagradable orden, le acababa de poner en bandeja el darme tremendo corte, de afearme mi absurdo cabreo, y de poder lucirse ante ellas, además. Maldito crío, siempre había sido más listo que un diablo. No tardó ni medio segundo en desabrocharse el sujetador con mano experta, lo que me asombró, y me dejó paralizada mientras caía la prenda al suelo por sí misma, al tiempo que él flexionaba las rodillas, metiendo los pulgares entre las tiras del tanga y sus caderas. Y, en un no visto y no visto, se quedó en un desnudo integral delante de nosotras tres. Era evidente, si no tenía nada que perder y sí mucho que ganar, y debía además estar deseando hacerlo, impulsado por el deseo latente de tres zorras con hambre de su polla, que le estaban pidiendo a gritos que lo hiciera. Si yo fuera realmente valiente, y realmente tuviera la seguridad en mí misma que debería tener, en ese momento me hubiese desnudado y le hubiese montado, llamando a mis mejores amigas para que se acercaran a disfrutar con y de nosotros.

 

Pero no soy así o, básicamente, no lo era aún entonces, y mi miedo y mi ira crecieron, a medida que sentía mi corazón y mi sexo desbocarse a la luz de la brutal belleza carnal de Pablo, desnudo, que había ganado todos los puntos posibles para las tres en tan sólo el par de segundos que le costó despojarse de la ropa interior de Nuria. Su joven cuerpo imberbe, la luz del verano, su expresión entre miedo, arrogancia, satisfacción, los músculos apenas formados, aunque con un cuerpo nada de niño, más bien muy prometedor y, sobre todo, ese anómalo e impensable miembro viril tan viril, tan maduro y rotundo en un cuerpo a veces casi femenino... Podía sentirme el corazón galoparme el pecho con violencia, debido a la anormal mezcla de excitación y cabreo.

 

- ¡Estabais haciendo un puto pase de modelos! Pero ¿qué pasa? ¿os habéis vuelto locos? Vamos Pablo, ¡FUERA! ¡Largo de aquí!

 

Mi primo me miró, con la barbilla temblando y los ojos amenazando con anegarse de lágrimas. Pero aguantó, firme, soberbio. Su polla creció un poco más, quedando horizontal frente a él y empezando a descapullar. Sentí que se me hacia la boca agua, y podía sentir esa misma sensación en las bocas de mis amigas, en sus labios brillantes, entreabiertos. La tensión, por un segundo, fue máxima, el fantasma del sexo nos había vuelto a arropar a los tres, por tercera vez ya, y temí que fuese la definitiva, no sé qué habría pasado si él no hubiera cedido. Pero cedió. Sometido, quizás más por su inexperiencia que por mi autoridad, mi primo, temblando y visiblemente enfadado, aunque tratando de mantener la dignidad (lo cual incluía evitar que su pollón chocara con nada en su huida) salió de allí, metiéndose a la carrera en su cuarto, y de ahí al vestidor, que cerró de un portazo.

 

Miré a éstas, que bajaron la cabeza. Nuria continuaba riendo, tenía los pezones clavados en la tela sudorosa de su camiseta, sin duda se había pegado un buen calentón, igual que yo. Me sentía sucia, sudada, llenita de mis flujos y los de ella, y empapuzada de lefa del cerdo aquel, que mhhh, qué rica, me llenaba las entrañas; en cualquier caso, mi suciedad no me preocupaba, al contrario, al recordar su origen me ponía más cachonda, igual que ver aquellos dos círculos húmedos en torno a las areolas hinchadas de los pezones de mi amada... Pero no era Nurita la que me preocupaba, sino María.

 

Recogí el conjunto naranja de Nuria. Como me temía, las bragas estaban más húmedas de lo que sería deseable. Sin duda mi primito también llevaba un rato calentito. Tenía que hablar con Mer, pero antes...

 

- Espera un momento, ¿vale? - le dije, mientras rebuscaba unos calzoncillos limpios en el cesto que ella tenía al lado para tender.

 

Me decanté por unos slip que sabía que le quedaban especialmente bien, ya que yo también empezaba ya a conocer bien su ropa interior, jiji, eran algo pequeños, así que le apretaban y le marcaban mucho, por delante y por detrás, además de dejar su vello púbico al filo de la tela... mmmmmhhh…

 

- Voy a llevarle esto a Pablo, al menos.

 

Realmente, no tenía ni idea de si le quedaba ropa interior limpia, seguramente sí, además me daba la sensación de que había repetido más de un día, pero... no quería dejar nada al azar, ni arriesgarme a que saliese otra vez en bolas ,haciéndose el inocente pidiendo un calzoncillo.

 

Así que, llevando todavía la lencería de mi amiga en la mano, además de los slip de Pablo, entré hasta el vestidor, y abrí la puerta. Pablo estaba sentado en el suelo, junto al espejo. Afortunadamente, la oscuridad y frescor de aquel lugar me relajaron, a pesar de su desnudez. A pesar de ello, el recuerdo del momento en que estuvimos él y yo precisamente allí, la noche anterior, desnudos... era demasiado fuerte. Decidí ser breve:

 

- Toma, ponte esto, no quiero que sigas en bolas. - Le lancé los slip, y no le dije nada más, ni que debía vestirse, ni que esperaba que no lo repitiera, ni le pedí explicaciones.

 

Las explicaciones quería oírlas de Meri, en realidad. 

 

Embobada, mirando como mi primo se ponía aquella prenda, escondiendo su goloso rabo en tan poca tela, me di cuenta entonces de que llevaba el arma del delito en mis manos. Sin saber que hacer, me deshice de ella, dejando tanga y sujetador sobre mi cajonera del vestidor. Ya la repondría luego, ahora no podía pensar en ello. Me acababa de dar cuenta de la prenda que le había dado a mi primo, eran los slip que llevaba nuestra primera vez... y le quedaban súper pequeños ahora. Buffffffff. Mejor salir de allí, pensé.

 

- Y esto ni tocarlo ¿entendido? - añadí, pensando siempre en lo peor. - Métete en mi cuarto - sí, eso le dije, en mi cuarto, no sé por qué no le mandé al suyo, no era porque viniésemos de allí, ni porque estuviese Meri al lado, se podía cerrar la puerta... creo que era porque era mío, mi cuarto, y todo lo que hubiera dentro sería también mío, incluido Pablo... no sé, quizás me estaba volviendo loca, o me había afectado el calor o los dos polvos de esta mañana. - Quiero que te quedes ahí, tranquilito, con puertas y cortinas cerradas, ¿me oyes? Ya vendré yo a hablar contigo - me pareció oportuno decir aquello pero, en realidad, no sabía por qué le había dicho aquella frase tan de madre, porque no sabía qué demonios podría o querría decirle yo.

 

En cualquier caso él, compungido, me obedeció, y se metió dentro sin rechistar. Le vi echar la cortina, y escuché cerrarse la puerta cuando yo cerraba la del vestidor. Lo cierto era que con esos calzoncillos estaba imponente, Pablito, me dije, pensando en su culito desapareciendo por la puerta. Joder, si lo que me apetecía era en realidad entrar en mi cuarto y follar con él, no salir a discutir con Mer... Aunque tenía sincera curiosidad por saber cómo coño habían llegado a aquello. Y, sobre todo, saber qué coño podrían haber llegado a hacer antes.

 

- Joder... - musité, al salir al cuarto de Pablo. Recogí el reguero de ropa interior procurando no darle demasiada importancia. Saliendo de nuevo al pasillo, donde ellas seguían inmóviles y mudas, se la di a Nuria.

- Toma Nurita, ¿te importa tender? Meri y yo tenemos que hablar. Vamos, anda, preciosa: entra por la cocina.

 

La esperé allí, y me la llevé al salón, donde le pedí que me empezara a contar.

 

- Pues el caso es que, bueno, cuando os marchasteis él y yo terminamos el desayuno en silencio, vuestra salida a la carrera nos había dejado bastante cortados, claro, lo del morreo y el sobeteo delante de él, pues te puedes imaginar... Creo que Pablo tenía un buen calentón, y estaba más concentrado en bajárselo que en comer. Yo tampoco estaba tranquila, acababa de hacerme una paja con tus braguitas sucias de él, ya sabes...

- Sí, Mer, todavía las llevas. - Mi amiga se puso roja. Obvié cualquier comentario hacia su camiseta mojada, que dejaba ver sus peras a la perfección, imaginé que aquello debió ser contraproducente para él a la hora de bajar su erección. - Vamos, sigue, no pasa nada.

- Bueno, cuando acabamos yo me puse a recoger como una loca, sin esperarle. Estaba un poco nerviosa por la situación y por... por...

- ...¿por lo mío con Nur?

- Sí. Por eso, tía... ¿o qué esperabais? por cierto… ¿estáis? - no me esperaba tener que responder a esa pregunta tan pronto, y menos que a nadie a María.

- Mira, Mer no creo estar en condiciones de decirte nada sobre eso justo ahora. Pero si hay una persona a la que deba serle sincera sobre esto, es a ti. Y si tengo que decirte si estoy o no, pues sí: estoy.

 

María miró al suelo.

 

- Pero eso te lo digo hoy, mañana igual no es así. De todas formas, prefiero que te vayas haciendo a la idea, en realidad es que he llegado a la conclusión de que siempre ha sido así, por más que tú y yo… da igual. Las cosas son como son, y yo siempre he odiado que me esperarais. Pero bueno, eso no toca ahora, sigue contando tú, por favor... – Mer estaba nerviosa, compungida, y lo peor es que yo tenía claro que lo que acabara de pasar con Pablo en realidad le importaba una mierda, porque su cabeza estaba en mí, y en lo mío con Nuria. A pesar de ello, se armó de valor y siguió, obedeciendo mi orden.

- Pues eso, que en ese momento estaba nerviosa, no sabía que hacer con él, de repente me sentía rara, con un tío así… un niño, bueno… pero llevamos toda la semana... ya sabes, deseándole, si es que se le salía la polla de los gayumbos tía... y yo sin poder hacer nada... sentía que te había sentado mal lo de las bragas... - hizo una pausa, como esperando que yo se lo confirmara, pero preferí no echar mas leña al fuego - y lo de Nuria, bueno, era todo una tremenda cagada, y yo no quiero cagarla contigo, mi amor, preciosa, sabes que no quiero, así que me tomé a pecho lo de recoger, la lavadora y tal, y que todo estuviera limpio e impecable para cuando volvieras... Cuando él me vio recoger, empezó detrás de mí y, poco a poco, empezamos los dos a recoger el desayuno y limpiar la cocina, pero a fondo, que ya sabes que lleva acumulando mierda una semana... Al acabar, estábamos los dos bañados en sudor. Él me dijo que hacía calor, dentro de la casa digo, así que me sugirió seguir fuera, y yo le hice caso porque no sabía qué hacer, y salimos. Empezamos a recoger el jardín. Cuando yo andaba por la zona de la entrada a nuestra habitación, él me vino desde un punto cercano a la piscina, del lado del salón. Había estado recogiendo cosas del suelo, y allí estaba el tanga y el mini sujetador naranjas de Nuria, de cuando nos desnudamos los cuatro para bañarnos en bolas ayer por la noche... yo los había visto por la mañana, en fin, recogí los míos cuando estuve en el jardín, los suyos no, quizás fue un error... “¡Mira!”, me dijo él. No sé, me lió, ya sabes cómo se pone, empieza a hablar, es un liante... yo estaba como acongojada esta mañana, pero él no paró de hablar desde que empezamos a recoger, y cuando me vino con aquello, riendo, casi parecía natural estar allí hablado sobre ese tanga y ese suje de encaje de Nur. “Estaba guapa Nuria ayer con esto, ¿verdad?” le pregunté, como si nada... joder, Lauri, lo siento, me dices que te lo cuente, no es para tanto, por lo menos esto... si te pareció normal ayer que Nuria apareciese con eso puesto, y luego se quedara en bolas... como tú.... como todos, en fin, pero siguiéndote a ti...

- Vale, Meri, vale. Sigue, por favor, no pasa nada - le dije, intentando sonreír. - ¿Seguíais los dos vestidos, verdad?

- Pues sí, pero ese era el problema. Fuera ya no hacía más calor que dentro, desde ayer no han parado de subir las temperaturas... los dos sudábamos. Recordar lo de anoche, verle con las bragas de Nuria, no sé, me puso caliente... Le pregunté si le importaba que me pusiera un sujetador en vez de la camiseta, porque estaba sudando. De hecho, creo que se me empezaban a marcar las tetas demasiado, y me estaba poniendo nerviosa, porque él hacía rato que no paraba de mirarme allí...

- Ya, él es así, ése es el peligro...

- Me recuerda demasiado a ti, Lauri.

- ¿A mí? - le pregunté, extrañada.

- Sí, a ti. Para ti todo tiene que suceder como un juego, como si no hubiera otra posibilidad. Las cosas caen por su propio peso, no quieres forzarlas, o por lo menos no quieres que parezca que las fuerzas...

- Ya, te entiendo.

- Yo soy más directa.

- Sí, tú y Nuria más todavía. Bueno, lo de Nuria es otro cantar, pero tú vas al grano, no te cortas ni te lías, si quieres algo…

- Salvo ahora.

- ¿Salvo ahora?

- Es una de esas veces que quiero algo, pero creo que no puedo... creo que no debo cogerlo...

- Ya, entiendo. Sigue, venga. Me extraña casi que no le propusieras quedarte en tetas, con lo que tu eres, precisamente.

- Pues claro que lo pensé, preciosa, si sería lo que habría hecho con cualquier otra persona, pero precisamente me corté por... ti. Pero espera, porfa... Yo le dije eso, pero casi no me pare a esperar respuesta. Me di la vuelta para entrar a nuestra habitación, estaba incómoda porque ese niñato me hubiera puesto caliente con unas braguitas de Nuria, en fin... Total, que cuando iba a entrar, como continuando el juego, me dijo, en el momento exacto, en ese momento que mi cabecita ya estaba a punto de estallar, que por qué no me ponía ese sujetador. Le dije que no, pero sin más explicación, y él volvió a preguntarme, viniendo hacia mí. Demasiado cerca, pensé, yo estaba sudando a mares. También él, la cabeza le chorreaba y tenían una enorme mancha de sudor en el pecho. No pude evitar mirarle el paquete, lo tenía hinchado, más de lo debido. “¡Eh, que no te he preguntado por mis gayumbos!” dijo, con un tono y una mirada absolutamente inocentes. Como si no pasara nada, ya sabes, pero dejándome claro que yo le miraba a él la polla como él me miraba a mí las tetas, y que eso debía parecernos normal, por algún motivo. No sé cómo lo consigue, a mí me temblaban las piernas, cuando me hace eso, y es un niño… “Venga, ponte este, anda...”, me insistió. Le dije que no podía ser, que aquello no era un sujetador, que era un mini sujetador, que casi no cubría más allá de los pezones, y que no estaría bien que me lo pusiera con él delante. Me preguntó por qué, con la misma cara de no entender realmente nada... “Ayer lo llevaba ella, con el tanga, y ninguna de vosotras dijo nada, ¡si se le veía todo el coño, María! y tú también ibas... estabas muy guapa ¿sabes? Además, tú sabes que a mi prima no le importan estas cosas...” “Bueno Pablo”, intenté cortarle. “Que no, en serio, que no le importan”. Hubiese dicho algo, si hubiera sabido qué, de verdad, Lauri… “Si además fue ella la primera en ponerse en bolas luego”. “Pablo, por favor...” Lo tenía encima, Laura, es que no sabes lo que era... “Bueno, es cierto que a Nurita, con esas tetas tan pequeñas que tiene, con esto casi no enseñaba nada, a no ser porque es súper transparente, pero las braguitas sí que eran otra cosa, ¿verdad? Qué manera de salírsele el coño ¿a ti también te gustaba verla así, verdad?” “Ay, sí, Pablo, puede ser... para qué te lo voy a negar…” “Y a ti se te iba a ver mucho más, ¿verdad? las tienes mucho más grandes que Nuria, aunque no tanto como la tetona de mi prima Laura...” No podía más, Laura, te lo aseguro, su rabo seguía creciéndole dentro de los gayumbos, y yo sudaba ya de tal manera que notaba la camiseta empapada contra la piel. Estaba nerviosísima, y me pareció absurdo estar negándole algo así cuando casi le estaba enseñando ya mucho más, y más aún cuando el cabrón parece que se conoce ya nuestros cuerpos casi tan bien como nosotras mismas…

- Vamos, que te lo pusiste – le solté a bocajarro, incapaz de evidenciar lo sumamente molesta que me estaba poniendo todo aquello

- …

- No me lo vas a negar, ¿verdad, Mer? Que nos conocemos…

- ¡Pues claro! Joder, Laura, es que no había posibilidad de otra cosa. Hechos consumados Lauri, si de hecho así me liaste tú nuestra primera vez, así justamente acabamos follando, justo aquí al lado, en tu habitación, con tus jueguecitos y tu forma irresistible de ir subiendo el tono poco a poco... Y él es igual, coño, que yo ya no sé si lo ha aprendido de ti o es que os viene de familia... Pero si es que hasta tal punto lo había hecho bien, que cuando cogí el sujetador, “anda trae para acá, que eres muy pesado”, me di cuenta que el muy cerdo me había arrinconado junto al ventanal de la habitación, de manera que ya no tenía sentido, como pensaba, entrar allí a cambiarme, porque me iba a igual a no ser que bajase la persiana, y me parecía fuera de lugar hacer eso, ni mucho menos iba a entrar al baño o esconderme en mi habitación, sería ridículo por exagerado, recuerda, Lau, que ya nos hemos desnudado delante de él varias veces antes, y que aunque al principio tratábamos de ahuyentarle para guardar las apariencias… joder, con lo de ayer por la noche en la piscina es que ya no hay vuelta atrás. ¿Me iba a avergonzar ahora de quitarme la ropa delante de él? Joder, Lau, si sabes bien lo poquito que me cuesta a mí ponerme en bolas… Total, que con aquello en las manos, consideré darme la vuelta sin más para hacerlo, directamente delante de él, cambiarme con él al lado pero sin dejarle ver. No sé por qué, pero de repente para mí ya había dejado de ser un dilema si le iba a hacer caso y me iba a probar la ropa interior de Nur o no, cuando me quise dar cuenta, me había enredado más en pensar en cómo hacerlo que en la conveniencia de hacer algo así… No podía pensar, te lo prometo, es que después lo analizaba y era como si me hubiera controlado la voluntad como a una niñata, porque estaba haciendo lo que él quería sin ser capaz de resistirme ni un poco… Ya, y antes de que lo digas, tienes razón si estás pensando que eso no me quita a mí toda la culpa, si actuaba así es porque estaba caliente como una zorra ¿pero quién no lo está en esta casa de locos? Tía, Lauri, que nos tienes a los tres gilipollas con tus idas y venidas, eso también tienes que asumirlo…

- Vale, vale, ya hablaremos de eso, pero sigue ahora, porfa, te ibas a poner la lencería de Nur con él delante…

- Sí, sí… esa era mi idea, hacerlo sin más, aunque por lo menos darme la vuelta para… Pero no sé, no sé por qué Laura, pero no fui capaz de girarme. Cuando me quise dar cuenta, estaba frente a él, ofreciéndole directamente mis tetas desnudas al quitarme la camiseta mojada. La lancé tranquilamente sobre la cama. Ese momento, casi desnuda, con tus braguitas, delante de él… no me hagas explicar por qué, pero sentí que fue para mí el de mayor serenidad de la mañana. Sabes que no tengo problema en enseñar las tetas, Laura, quizás alguien tan pequeño, tu primo, ya sabes, pero en la playa no tengo ni medio problema, lo mismo me da que sea nudista o no, y lo he hecho con críos y niños pequeños delante de conocidos también, joder, que es lo más natural del mundo… reconocerás que aunque a ti te daba palo eso al principio, ahora te parece normal también...

- Sí, sí, y me encanta, lo sabes, y sabes que te estoy muy agradecida por haberme ayudado a quitarme ese pudor estúpido, aunque yo soy incapaz todavía de hacer eso delante de mi familia, salvo con mis primos y tal, claro, pero lo del topless solo he llegado a hacerlo aquí en las pisci, con mis padres delante y poco más… y ya playa nudista, pues sabes que con familia, más allá de las escapadas que me hacía con Carlos el año pasado, únicamente me he atrevido con mi hermana y Guille y sus niñas, pero que eso lo hice también para incitarle a él, en aquella época que retomamos fugazmente lo nuestro después de tanto tiempo… pero vamos, que salvo ese rollo más familiar, sabes que yo ya tampogo tengo reparo en enseñar las tetas en la playa o en casi cualquier sitio, y eso te lo debo y me alegro, y más lo del nudismo que me parece una pasada en playas y en la naturaleza en general… Bah, si es que tienes razón, no debes sentirte tan mal por que te viese las peras, vamos, ni debes sentirte mal por enseñárselas incluso, no es la primera vez, y es cierto que ayer fui yo la que empezó, y no dejaba de ir buscando lo que busca - le sonreí.

- Coño, Lauri, no sabes lo que me alivia escucharte eso, tía, porque ya no sabía qué pensar… - Mer demostró su alivio con una de sus más brillantes e irresistibles sonrisas - pues, más calmada al sentir que todo era mucho más natural de las movidas que me estaba montando yo en mi cabeza, me puse aquello. Joder, tía, no sé cómo cabe Nur ahí dentro. Me apretaba, pero el efecto en mis tetas era mucho peor que en las suyas, efectivamente. No se me podía ver más, por dentro y por fuera. Además, seguía sudando, por lo que el sudor mojando la tela acentuaba aún más su transparencia. Él sonrió, dijo que estaba buenísima, frotándose descaradamente el rabo, a punto de reventar su slip, y se dio la vuelta para seguir currando. Yo estaba zombi, me costaba reaccionar, pero como él pasaba de mí, al final seguí yo también tratando de terminar de arreglar el jardín y la piscina. “Qué bueno, no llevas nada de ropa tuya”, me dijo él al rato. “Vas con el sujetador de Nurita y las bragas de mi prima”. Me puse como un tomate. Lo siento, Laurita, ya sé que fue una gilipollez lo de las bragas...

- Que sí, que sí, que ya lo has dicho, anda sigue.

- Pues eso, que estuvimos recogiendo todo el jardín, luego la casa, el salón, la salita, y demás. Seguíamos sudando y, la verdad, que ninguno se cortaba en mirar al otro. En un momento dado, él me dijo que si me importaba que se quitara la camiseta. Yo le dije que por supuesto que no. Hacía un calor de muerte, y tampoco es que su pecho ni su abdomen sean su punto fuerte, ya me entiendes…

- Ay, pero claro, sí, si es que es un crío el pobre…

- Ya, un crío con un paquete del quince…

- Sí, si en realidad lo de decirle que se pusiera la camiseta no era porque fuera más vestido sino porque así por lo menos le podía tapar un poco más la polla… joder, es que es surrealista, Mer…

- ¿Me lo dices o me lo cuentas, preciosa? Pues eso. Él decía que tú le habías pedido llevarla, y yo le dije que a mí también, pero entonces, no sé por qué, yo me puse a justificarme, y le dije que eso era para el desayuno solamente, que ya llevábamos días en bañador... en ropa interior, me corregí sobre la marcha a mí misma. Fue horrible, Lau, así sudado, qué ganas de chuparle, de comerle todo, de sacarle el rabo que ya casi se le salía. Se me debió de notar que me excité demasiado al verle, era absurdo pero me pasó, empecé a sudar excesivamente, y a temblar. Me preguntó si estaba bien, yo le dije que tenía calor, que me apretaba el sujetador. “Quítatelo”, me dijo, cogiéndola al vuelo. “Total, ya te he visto las tetas antes”. “Sí, es cierto... ya me las has visto... no creas que es una cosa que me importe, ¿sabes?” me vi como una niña dándole explicaciones, tía, no podía ser, a un criajo como él... Me jodió tanto sentirme así, y en el fondo estaba tan puta, te lo reconozco, que me quité aquello, disfrutando como una loca de enseñarme para él... lo siento, Lau, lo siento de veras. Tú sabes como soy, no te voy a engañar. Al fin y al cabo, tampoco soy nada diferente a ti o a Nuria. Él cogió el sujetador, y lo puso en la repisa de la ventanita de tu baño, donde había dejado las bragas del tanga del mismo juego de Nurita, también. Pensé en recogerlo cuando no mirara, hacer como si nada hubiera pasado cuando llegarais... Pero se me acabó yendo la olla; estuvimos un rato casi sin hablar, hasta que terminamos, no hablábamos pero nos comíamos con los ojos, nos sonreíamos, siempre a la distancia, ¿sabes? pero era todo muy intenso. Yo me repetía que debía controlarme, que no podía caer, que tenía ese compromiso contigo, que no era más que un crío… pero eso lo decía en bolas casi, si no fuera por tus bragas, y tu primo, que iba enseñándolo todo, y que visiblemente se relamía mirándome...

- Es un cabrón, no se corta nada.

- No. Afortunadamente, acabamos. Le dije que yo iba a recoger la lavadora, y a poner otra de toallas, y que luego me iba a duchar. Él me contestó que se iba a meter ya mismo a la piscina, que eso le refrescaba más. Lo cierto es que pensé que lo peor había pasado, pero no. Cuando me quise dar cuenta, después de sacar la ropa interior y dejarla preparada para tender, y meter todas las toallas a lavar, sentí extraño no haberle escuchado hasta entonces. Fui hacia la piscina. Él estaba de pie, junto al borde, mirando hacia la casa, hacia la puerta de la salita. Cuando me vio entrar, se agachó, y volvió a levantarse. Estaba desnudo, me miró un momento, como exhibiéndose. Ninguno de los dos decíamos nada. Luego se tiró, por fin. Me quedé un rato embobada, de verdad, mirándole desnudo. Ese rabo es, es...

- Ya, ya sé cómo es su rabo, Meri, pero ¿tú qué hiciste ahi?

- Pues me costó un mundo, pero al final le dije que iba al baño, porque estaba toda sudada y prefería darme una ducha. De verdad, Lau, me costó tantísimo no desnudarme yo también en ese momento y lanzarme con él al agua.

- Pero eso es justo lo que el quería ¿lo sabes no?

- Sí, ahora sí, pero como comprenderás eso entonces no lo tenía tan claro como ahora. Sólo sabía que yo lo quería hacer, lo que me pedía a mí el cuerpo...

- Y no lo hiciste... supongo que ahí debo darte las gracias, Mer. Aunque igual, seguramente no habría pasado gran cosa, aunque sí algo, no sé... pero ¿no sería al final peor la decisión de ir a ducharte, verdad? que con mi primito, miedo me da...

- No, no creo... bueno, parecida, simplemente, supongo. SI es que en el fondo creo que da igual lo que yo haya hecho, él siempre habría buscado una manera para… Tu primo no es de los que se rinden, creo yo. Pero, como dices, seguramente no hubiese pasado demasiado, en realidad, en la piscina. Es que parece que él no tiene realmente mayor propósito que el de ir echando leña al fuego, a ver si estallas de una vez. A ver si estallamos las tres, supongo… Si te parece te sigo contando, pero ya te adelanto que, es que es lo que te digo, que puedes estar tranquila, porque digamos que no hemos hecho nada grave de lo que tenga que arrepentirme realmente ahora, contigo.

- Grave. ¿Y no tan grave?

- Bueno. Si te parece yo sigo, y ya juzgas tú misma. ¿Te pareció grave lo que hizo Nuria antes de ayer?

- No lo hizo Nuria - dije molesta, intentando justificarla.

- Bueno, cierto. Pero se dejó hacer, accedió a todo y al final... tomó su iniciativa ¿no? – Meri pareció molesta por mi defensa de Nur. Igual tenía razón que tampoco era lo más oportuno, por mi parte, pero me salió así… - No sé, da igual, Mer. Tú sigue.

- Lo digo porque creo que en mi caso hoy ha sido igual, yo no lo he buscado, aunque no he sabido evitarlo, en absoluto. Quizás me puedes echar en cara no haberle parado los pies, reconozco que estaba excitada y en el fondo, y no tan en el fondo, le deseo, pero... joder, Lauri, no puedes decirme que lo mío ha sido peor que lo de ella porque ahora tú y ella estéis... estéis... ¡joder! - la voz se le ahogó a mi amiga. Yo no sabía qué decir...

- ... - tampoco yo era capaz de hablar.

- ... - El silencio empezaba a ser ahora demasiado incómodo.

 

Nos mirábamos a la cara, sus ojos estaban vidriosos y yo notaba molesta que a los míos también empezaban a acudir las lágrimas. Vale que era Meri, pero aquella sensación me molestaba profundamente.

 

- Está bien, puede que tengas razón, en realidad no me importa tanto, ¿vale? se lo dije a ella y te lo digo a ti.

- Ya, pero Lauri, tú dices que no te importa, pero debes saber que a nosotras todo esto nos esta volviendo un poco locas...

- Y, sobre todo, no mezcles una cosa con la otra, te lo pido por favor. - Mi voz sonó repentinamente seria. 

 

Su semblante se oscureció, pero las lágrimas se retiraron tanto de sus bellos ojos verdes como de los míos. Le pedía no mezclar, y me daban ganas de escupirle a la cara que la actitud de Nuria no estaba siendo en absoluto como la de ella, que ella no parecía estar pasándolo tan mal... Pero eso sí que habría sido mezclar las cosas, así que me abstuve de hacer un comentario que, por otro lado, sabía que podía volverse contra mí. Era cierto que Nuria estaba bastante relajada, pero no era menos cierto que eso era así porque ella, como de costumbre, había empezado a coger ya lo que consideraba suyo por derecho propio. Seguramente, tan sólo lo que, de manera tan inesperada, estaba forjándose entre nosotras podía haberla disuadido la noche anterior de pasar a mayores. Pero es que, al margen de lo de dos días antes, estaba lo de la tarde pasada, el masaje de mi primo a mi amiga, con conversación subidita y corrida de él sobre ella incluidas. Y, no olvidemos, ella ya se había sentido libre para enseñarle su vulva y tocarle la verga. Solamente su decisión, consciente y voluntaria, de entregármelo a mí había evitado la noche en la piscina un final a todas luces distinto, seguramente también para Meri, que de haber sido así  suponía que en ese momento estaría mucho más feliz abrazadita a mi cuerpo desnudo, o al de él, no lo sé, que ya ni sabía por cuál de los dos suspiraba más ahora. Con Nuria si lo tenía claro, en cambio, y es eso lo que me llevaba a defenderla de una manera tan visceral.

 

- Te pido por ahora que olvides todo lo demás, ¿vale, preciosa? Tan solo sigue contando. Y ya sé muy bien lo que estás haciendo por mí, descuida. - Sonaba todavía un poco seria de más, pero una franca sonrisa de mi boca y unas suaves caricias a mi amiga en puntos estratégicos (conozco a la perfección todos sus puntos clave) terminaron por suavizar definitivamente la situación.

- De acuerdo, Lau. Sigo. No creo tener nada de lo que arrepentirme. Como te digo me fui a la ducha. En concreto, a la bañera del cuarto de baño de tu habitación...

- Joder Meri...

- Ya. Lo siento, y reconozco que ese fue mi verdadero error. Pero, joder, ayer Nuria, y antes de ayer... lo siento, no es por ella, bueno, también tú, no es que te estés cortando mucho, ayer fuiste tú la que te desnudaste primero... Joder, si es que es lo que te digo, ayer no sólo me vio desnuda, me vio follando desnuda con otra tía, y mi cuerpo en realidad lleva ya viéndolo toda la semana. Que sí, joder. Me apetecía exhibirme.

- Te pegaste a la ventana.

- Sí.

- Con las pequeñas de los lados abiertas ¿no?

- Sí. Sí, Laura. Con todo el equipo. Francamente, esperaba una reacción parecida a la del primer día con Nuria, que él se asomara y se hiciera una gayola viéndome desnuda, nada más, tan solo esa tontería. Yo también necesitaba sentirme deseada, ¿sabes?

- ¿Y pasó? ¿Lo hizo?

- Pues no  Lau. No pasó. No te imaginas lo frustrante que es estar pavoneándote detrás de ese vidrio y que no responda.

- Pues no te creas, que sí me lo imagino... pero bueno. Tienes que tener en cuenta que él debía estar flipando, se había puesto en bolas para ti, y tu no habías dicho ni mu... eso ya es un rechazo en toda regla, por tu parte, y pienso que, después de aquello, tenía que ser difícil para él entender qué coño significaba el que tú te enseñases así. ¿Y qué hiciste?

- Bueno, me parecía tan ridículo que decidí parar aquello cuanto antes. Al final me di una ducha corta, helada. Me sentó bien. Pensaba qué hacer cuando saliera, creía que no me quedaba otra que pasar del tema y esperar que llegarais cuanto antes, cuando un hecho totalmente fortuito lo cambió todo.

- ¿Qué pasó?

- Como te digo, él no me hizo ni caso, hasta el punto que no sólo no le vi aparecer por las ventanas mientras me duchaba sino que, cuando terminé, le escuché fuera chapoteando en la piscina. Me parecía increíble, puede que tengas razón en lo que dices, pero entonces aquello me resultaba incomprensible. En fin, estaba molesta, más que enfadada. Confundida, se puede decir. Opté por salir de allí y, entonces, me di cuenta de que no tenía toalla.

- Acababas de poner una lavadora...

- Exacto. Y no había sacado otras limpias. No había nada en el baño con lo que secarme.

- Mierda. - musité. Creo que no me oyó, o no me tuvo en cuenta.

- Así que, casi sin pensarlo, me puse a llamarle a gritos para pedirle una toalla. Me salió instintivo, no me di cuenta de lo que hacía... Antes de poder si quiera reparar en mi situación, su cabeza asomó por la ventana.

- Joder Mer... No, no… Lo siento, perdona, sigue. - Decidí tener cuidado y estar calladita, ahora venía lo bueno.

- Pues eso, cuando me quise dar cuenta, allí estaba él, mirándome desnuda en tu bañera. Casi podía esconderme, no me habría costado demasiado, él no podía meter mucho la cabeza por esa ventanita. Pero me pareció ridículo, después de todo. No te creas, tuve que armarme de valor, sentí que, en el fondo, estaba traicionándote de alguna manera, pero te puedo jurar que estaba decidida a no llegar mucho más lejos. Sin embargo, su cara al verme, fue un poema Laura, se le notaba feliz, le había llamado para que me viera en bolas, debía estar flipando, después de toda su insistencia de la mañana.

 

Me sentí rara. Quizás había pensado que entre ellos dos no pasaría nada sólo por ser siempre Nurita mucho más activa, pero era absurdo. Además, yo misma les había cargado de munición, calentándoles con la escenita con Nuria en el desayuno, aunque eso había sido algo casi incontrolable para mí en ese momento, lo reconozco aunque me pese, pero también lo de la lavadora de ropa interior, la nochecita con Pablo, darle mis bragas sucias a ella... Yo misma les había preparado el menú de los platos que habían ido degustando durante toda la mañana. Y tenía razón ella, su forma de actuar era más mía que de ella, era cierto que se estaba cuidando mucho de un ataque directo a mi primo, que seguro que sólo tenía un final, y era en la cama. En fin. Meri seguía contando...

 

- El caso es que, como te digo, no me corté un pelo, me puse de cara a él y, con la mejor de mis sonrisas, le pregunté que si podía traerme una toalla. Creo que aquello le confundió, dudó por un momento, hasta que se separó de la ventana. Salí un poco del baño, y traté de asomarme, a duras penas entraba en mi campo de visión... joder Lau, tú estás acostumbrada, pero tu primo completamente desnudo es un puntazo, gana mil puntos de golpe... - Meri se estaba excitando - porque seguía desnudo, claro, se estaba secando rápidamente con una toalla de playa, ese rabo, por dios, ese descomunal rabo, estaba medio empalmado, sabes, larga, gruesa, bamboleándose de un lado a otro... tía, casi se me da un vuelco el corazón cuando se apartó de allí, le perdí la pista, hasta que escuché ruidos en el vestidor. Debía estar buscando la toalla. Hasta que, de repente, le escuché llamar a la puerta. Pasa, le pedí, sin más. Yo estaba temblando, desnuda, en la bañera, esperándole expectante. Para mi sorpresa, sólo abrió un poco y metió el brazo con la toalla. No sé de donde saqué el valor para pedirle que me la acercara, “por favor”, le dije, “estoy en la bañera y no quiero mojar el suelo”. Me di cuenta de que él me estaba viendo desnuda sin problemas, reflejada en el espejo de los lavabos, que nos ponía frente a frente a los dos, a pesar de estar él detrás de la puerta. Sentí cierta vergüenza al ver el pequeño charco formado junto a la ventana por donde acababa de aparecer hacia unos segundos. Era evidente que yo había salido a mirarle. Pero luego ya todo paso muy rápido. Él no se cortó, y ante mi invitación abrió la puerta del todo y se entregó abiertamente a observarme con evidente lujuria. El cabrón, se había puesto de nuevo los gayumbos, tan apretados, pero debía estar tan mojado de la piscina que aquello era taaan transparente. Pude ver sin problemas cómo su polla crecía allí dentro. Él pasmaba para mí, parecía clavado al suelo en el umbral de la puerta, pero no mucho menos clavado que yo, alucinando con su cuerpo, deseándole. Su sonrisa era total, franca, casi una risa. Aquello me animó. “Pasa, no seas tímido”, le dije yo, consiguiendo vencer mi propia inmovilidad. No podía estar así por un niñato al que le doblaba la edad, en ese momento te entendí tan bien, Laurita... Pero yo ya estaba recuperando la compostura, ejerciendo mi papel, y el entró fácilmente en el suyo. Yo estaba lanzada, que si “a mí no me importa que me veas desnuda” ¿sabes? que si “además, ya sé que me has visto otras veces”, o “¿es que crees que no sabemos que nos espías cuando tomamos el sol?” Por fin, él reaccionó y, como un zombi, empezó a dar lentos pasos hacia mi, ofreciéndome la toalla en todo momento. De nuevo parecía lo que era, un niño pequeño y asustado por lo desconocido. Demasiado, pensé que le vendría bien algo de animo. “¿Sabes?” le dije, “también a ti te hemos visto desnudo y... lo cierto es que estás muy bien, sobre todo porque tienes un cuerpo, eh, no se... muy desarrollado para tu edad”. El sonrió aún más, y su polla tembló. Creció un poquito más todavía. “La polla, ya sabes”, le dije, lanzada ya por completo. Sentí cómo los pezones se me ponían duros como rocas, y el coño empezaba a humedecérseme. Estaba cachonda, cachonda Lauri, ¿entiendes? Necesitaba un paso mas, así que me di la vuelta, ofreciéndole mi culo, y le dije “anda, sécame la espalda ¿quieres?”

- ¡Ay, Meri! joder, es tan tuyo ese truquito…

- Ya, tía... bien lo sabes tú… Estaba cachondísima, de verdad. Más bruta que un arado. Y lo peor, pensando que podía provocarle...

- ...sin pagar un precio.

- Exacto.

- Acuérdate de Nur.

- Ya. No te creas que no lo he pensado, creo que me ha pasado exactamente lo mismo que a ella. A pesar de tus advertencias, a pesar de lo que hizo con ella... He caído en el mismo error, convencida de que es un crío, un crío salido al que podría manejar a mi antojo para pasar un rato agradable y quizás... quizás daros envidia, o una lección, o qué sé yo...

 

Me resultaba pesado pensar que María pudiera haber actuado así por despecho a lo mío con Nuria, casi prefería que fuese, sencillamente, porque los cuatro llevábamos una semana metidos en casa, más salidos que una mona. La pobre estaba de nuevo temblando, con los ojos húmedos.

 

- Vamos, vamos, mi niña. Sigue contando. Sabes que, en el fondo, esto me da más morbo que otra cosa. Soy incapaz de decirte nada a ti, que eres un trozo de pan. Y en temas de sexo, comparada conmigo, todavía más. - Quise obviar toda mención a su salida de tono respecto a Nuria y a mí para no complicar el tema. La mención a nuestra común pasión por el sexo contribuyó a relajarla y a hacerle escapar una de sus preciosísimas sonrisas.

- ¿De veras que no te importa?

- ¡Sigue contando, María, que me tienes a medias, y en lo mejor!

- Vale, perdona, mi amor... Pues ahí estaba yo, ofreciéndole el culo desnudo a tu primito... joder, al niño se le veía nervioso, como si no supiera cómo reaccionar para salir de aquélla, pero el muy cabrón no dudó ni medio segundo en obedecerme. - No pude reprimir una sonrisa, entendía perfectamente lo que un ofrecimiento como el que María le había hecho podía significar para él en estos momentos. - Total que ahí estaba él, con el paquete cada vez más abultado, secándome la espalda en tu bañera... Te lo juro que estaba nerviosa como si volviera a tener dieciséis años  - (sólo decir que María perdió la virginidad bastante antes que yo, justo al cumplir esa edad, aunque luego empezamos a vivir la plenitud sexual total juntitas, jiji) - en pelota picada mientras un tío con tremenda polla a punto de explotar me frotaba la espalda... joder ¡joder! El caso es que pretendía ser yo la que llevaba las riendas en todo momento, así que le solté, en plan chula un “oye, Pablo, y qué es exactamente lo que haces detrás de las plantas, en la parte de arriba de la piscina, cuando nos espías desnudas?” Él se quedó parado un momento, y contestó que qué decía, que el no nos espiaba, que no sabía por que decía eso yo, para seguir frotándome, cada vez mas abájo. Era evidente que quería llegar a mi culo así que, pensando que mi primer ataque había tenido éxito, me decidí a lanzar el segundo. No me daba cuenta de que, desnuda por completo com estaba, era con diferencia la más expuesta. Bueno, ya sabes que desnudarme no me supone ni medio problema, por eso no le daba importancia, aunque la tenía. En fin, animada como estaba, te digo, le dije que estaba bien, que no merecía la pena hablar de aquello, y que había temas más divertidos. Pero lo cierto es que yo me encontraba absurdamente desarmada ante ese crío. Y entonces, así a bocajarro, le pregunté que si le gustaba mi culo, meneándoselo en la cara, como quien dice. Él no dijo nada, absolutamente nada. ¿Y este es el gallito que tiene a Laura acojonada? pensé. No sé, estaba crecida, y estaba cachonda, así que no me faltó tiempo para decirle que podía secarme el culo también si quería. 

 

María hizo una pausa, pero yo, a pesar de lo explícito del momento, permanecía callada, a la espera. Así que ella continuó.

 

- Tras un pequeñísimo instante de duda, él se decidió, lo hizo, empezó a frotarme el culo... joder Lau, qué momentazo, qué manos, qué forma de tocar... podía sentir la ansiedad de sus manos en mis nalgas, recorriéndomelas, apretando, estrujando... se nota que no es el primer culo que toca - dijo, sonriéndome. Yo no hice ningún gesto al respecto. Sabía que su sonrisa no era más que un señuelo porque justo en ese momento llegaba lo mejor... - y cuando me quise dar cuenta ya me había abierto la raja, hurgándome taaan bien, qué gusto me dio, esas manos tan hábiles, esos dedos largos, sensibles, se esforzaba por buscar el camino, la entrada, Laurita, yo no me di cuenta que algo en mi se estaba rompiendo ya, aquello se me había ido de las manos en el mismo momento en que él me tocó, pero yo no lo sabía, solo quise tentar un poco más la suerte, estaba convencida de que todo iba a ir bien y necesitaba sentirle un poco más... Me incliné un poco hacia delante, Laura, y separándome las nalgas con las manos le pedí que me secara bien ahí, con una voz que me salió demasiado jadeante, imprevistamente. Esa fue la señal que me dijo que estaba perdiendo el control, pero ya era tarde. Cuando él tenía ya la mano con la toalla bien metida entre mis piernas, noté como todo mi cuerpo se echaba a temblar. No podía ser, me dije, corta esto Marí, córtalo ahora o será demasiado tarde. Hasta que, de repente, lo que empecé a notar fue su mano, directamente, sobre mi piel. Tal cual, Lauri, su mano en mi raja, frotando una y otra vez, adelante, atrás, y yo cada vez más abierta y lubricada, temiendo por mi integridad, y con toda la razón, porque cuando me quise dar cuenta ya tenía un dedo, supongo que el pulgar, dentro de mi culito, y entonces ahí sí que ya no fui capaz de oponerme a nada, te puedes imaginar, qué gustazo inesperado, y claro, ya fui incapaz de oponerme cuando noté el resto de los dedos corriendo adelante a por mi vulva, jugando sin más con mis labios, como casi ningún tío sabe hacer... supongo que se tiene que notar haber aprendido con tu coño, joder... todavía tiemblo, todavía tengo la sensación de su mano en mi coño, deliciosa sensación, sí. Es que era alucinante, tía, con lo que me mola a mí lo del culo, pero lo que me empezó a hacer en el coño, tía, poquitas personas saben tocarme así, y lo hacía como si tal cosa... Supongo que no te sorprenderá que te confiese que me giré, que empecé a decirle que qué bien lo haces mi niño, qué bien aprendido lo tienes con tu prima, que qué gustito, y cosas de esas. Casi quería que me besara, me giré más para alcanzar su cara, pero él estaba como loco con mi coño y mi culo, y lo único que al final le llamó la atención fueron mis tetas, Pablo no perdió el tiempo y, en cuanto las tuvo a tiro se lazó sobre ellas y empezó a comérmelas, ¡de qué manera! en segundos estaba cubierta de sus babas, con los pezones duros como diamantes, y él chupaba, y comía, y mordía, y me decía qué buena estás, Meri, y yo temblaba, y en ese momento me di cuenta de que estaba tan caliente y abierta que estaba dispuesta a todo, hasta a dejar que me hiciera el amor, porque esa forma de tocarme sólo podía acabar con él en la cama. ¿Te das cuenta, Lau? Tu primo, tu primo pequeño, que le conozco desde que nació, comiéndome las tetas, yo llevaba toda la semana que no cagaba por él y se me ha puesto a comerme las tetas... bueno, y lo de abajo, lo del coño, pero me las besaba con tanto cariño, como con cuidado, con deleite, se recreaba en los pezones, joder no veas lo duros que los tenía... Parecía emocionado haciéndome eso, como si realmente lo del coño fuese normal, y lo de las tetas el gran paso...

- ¿Y qué pasó? - pregunté, seria, intentando disimular mi asombro y mi excitación. Y mi envidia, por no decir celos. 

 

Mi primo le había tocado el coño ya a mis dos mejores amigas, y las había tenido a ambas a tiro de piedra para acostarse con ellas. Pero es que, además, imaginar aquella escena, aquella forma de tocarle el culo a Mer y, sobre todo, de comerle las peras... ¡joder!, me había puesto bruta otra vez, estaba demasiado excitada aquellos días, es cierto, y mojaba con facilidad, pero allí estaba de nuevo, con el coño encharcado, imaginando al sátiro de mi primo doblegando a otra pedazo hembra que le duplicaba la edad con creces. 

 

- Pues nada, pero te aseguro que, si no pasó nada, fue por pura casualidad. Tu primo se pegó un calentón importante, claro, sobre todo viendo cómo yo... ehhh... cómo yo me dejaba, y entre los nervios, el ansia, no sé, se ve que se vino arriba, se me acercó lo que pudo, pero estaba fuera de la bañera, quiso más, levantó una pierna, se metió dentro y, cuando nos quisimos dar cuenta, entre ambos estaba su enorme pollón tieso y duro, sin duda se había empalmado por completo, claro, pero no contaba con que aquello ya no daba más de sí en sus gayumbos, que hacia rato que estaban a reventar y, cuando levantó la pierna para entrar en la bañera, pues sencillamente su polla se le desbordó, sencillamente. Así, sin más se le salió disparada de los calzoncillos. Tiesa, completamente tiesa, claro, descapullada, gorda y dura y levantada hacia arriba. Nos quedamos los dos jadeando, como tontos, sin saber qué decir. Aquello era demasiado grande, demasiado evidente. Quizás esa fue su perdición, al tiempo que mi salvación. Me había sacado el dedo del culo, aunque su mano todavía sobaba mi coño. Pero yo no podía ya obviar aquel monstruo, su cipote estaba allí, tía, y estaba claro que o lo tomaba o lo dejaba. Y ya no sé si fue por un ataque de pánico o de sentido común, pero, riendo, le quité la toalla, me giré, y terminé de secarme delante de él. Exhibiendo mi desnudo integral, pero ya sin más contacto. El aire corría entre nosotros, y mi cuerpo bajó varios grados su temperatura. Pero el suyo… el suyo debía estar a mil, tía, su verga seguía dura, empinada. No pude evitarlo, Laura, lo hice, tenía que hacerlo, poniendo la mano como si le fuese a pajear, le recorrí el miembro duro a tu primo, de arriba a abajo, del glande terso y empapado de sus flujos hasta sus cojones hinchados, llenos del semen que lleva guardando para llenarte el coño Lauri, cuanto antes... Fue solamente una vez, pero tengo su tacto, su calor, impregnados en mi mano mucho más de lo que puedo recordar las pollas de tíos con los que me he acostado decenas de veces... te juro que no le habría tocado si no hubiese sido prácticamente una necesidad física... Fue sólo eso, no quise más, quiero decir, preferí no seguir, ahí sí pude detenerme, me envolví en la toalla y, sonriendo, le dije, como si fuera una verdadera estúpida, “vaya vaya, Pablo, creo que sé de alguien que en cuanto yo salga se va a poner a tocar la zambomba...”

- ¡Qué cabrona! - Reí. La verdad que no podía reprocharle nada, y había sido bastante cauta, en realidad.

- Joder, es que era evidente que no iba a poder hacer nada, de otra manera. Estaba demasiado duro, aquello. Eso fue un poco raro, porque él no se movía de allí.

- Quizás quería meneársela en el baño ¿no?

- Sí, eso pensé yo...

- Quizás incluso contigo de público...

- Ya, como Nurita... ¿No? ¿Vosotros también lo hacéis así, os pajeáis el uno para el otro? - yo no le contesté, sólo me reí - No, pero estaba el ambiente demasiado subido como para dejarle pajearse ahí mismo. Quiero decir, yo necesitaba eh... desfogarme también, y no quería pensar en un numerito como el de Nuria, encima sin separación física entre ambos. El caso es que tampoco quería irme yo, porque no estaba segura de dónde ir para estar segura de no tenerle encima. Total, que dudé si insistir en que debía hacerse una gayola cuanto antes (al final me dio miedo porque podía pensar que es que quería verle), pero al final me decidí por, sencillamente, decirle que por favor saliera, que me quería vestir. Ya, fue, absurdo, lo sé. Podía haberle echado directamente, o haberme ido yo y encerrarme en mi habitación, lo más lógico, para vestirme. Además ¿qué sentido tiene, estando completamente desnuda, echar a alguien porque te vas a vestir? Sí echas a alguien para desnudarte, pero yo ya lo estaba, seguía desnuda, para él, con la toalla en la mano... en fin. Claro, además yo no tenia ropa allí, había entrado vistiendo sólo tus bragas, que luego lancé al cesto de la ropa sucia, no quería volver a verlas, lo había pasado fatal con ellas puestas y los comentarios de tu primo. 

- Pero bueno, al grano, ¿qué hizo él?

- Pues fue el que primero se dio cuenta de eso. Así que, sin hacerme caso, saltó junto a mí y alargó la mano por la ventana que está junto al váter, y cogió el conjuntito de Nuria.

- Jooooder con el puto tanga...

- ... y el puto mini sujetador, sí. Te puedes imaginar ¿y por qué no te vistes con esto? va y me suelta, y yo venga a poner excusas pero claro, imposible, y a todo esto yo cada vez más cachonda, y él con el pollón que ni mucho menos se le bajaba, y yo no era capaz de desviar la mirada de allí, prácticamente sólo los cojones quedaban dentro de los calzoncillos, toda la verga estaba fuera... 

- En fin, que acabaste diciendo que sí, esta claro.

- Pues mira, no, lista. Y quizás hubiese sido mejor, porque ahí fue donde se volvió a liar todo otra vez...

- Bueno, se hubiese liado de todas maneras, seguro. Con esa polla...

- Sí, y con lo listo que es tu primo, también. Te digo, el niñito me dijo que se lo pondría él, entero, las dos piezas, pero solamente si luego me lo ponía yo. Te lo juro que flipé, estuve a punto de decir que sí, pero no podía ser, es que era imposible que le cupiera, y menos si antes no se bajaba aquello... Bueno, no sé, le dije que no, pero se ve que como me vio dudando, pues dobló su apuesta...

- ¿La dobló?

- Sí. Me dijo que si primero me la ponía yo, luego él me haría un pase de modelos con nuestros mejores conjuntos, terminando con el de Nurita...

- El pase de modelos... ¡dijiste que sí!

- Claro. Eso fue lo que viste cuando llegaste, era el ultimo número...

- Puta...

- Bueno, que ya ves que hice lo que pude... Sí te reconozco, en parte accedí por terminar con aquello, pero en parte también porque me hacía gracia, y porque me apetecía seguir viéndole desnudo, seguir viéndole la polla...

- Ya. Pero no paso nada más entonces, ¿no? cuando yo llegué era el remate final, y estabais tranquilos.... bueno, demasiado ¿qué pasó con su erección?

- Sí, bueno, ese fue el pequeño detalle... Cuando yo accedí, cuando le dije que sí, le pedí que se fuera, que necesitaba tiempo para arreglarme, y le dije que aprovechara para... para...

- Para meneársela.

- Bueno, sí. Creo que, exactamente, le dije que para sus asuntos.

- Hija, Mer...

- Bueno, ya, no fui capaz de decirle a un niño como él que se fuera a cascar una paja.

- Pues lo de la zambomba bien que te fue.

- Sí, y quizás habría sido mejor repetir.

- ¿Por?

- Bueno, el caso es que él salió... y yo cerré, puerta y ventanas, y me puse la ropa de Nuria, me moría por hacerlo, a pesar de él, te advierto, ya sabes lo fetichista que soy, y cuando la vi ayer a ella con esa ropita, mmmmm, deseé que me dejase un momento a solas para poder probármela, así, mojadita como estaría todavía de ella, porque allí en ese rincón del porche donde se la quitó anoche había escapado de tu recolección de prendas para la colada... que no te puedes imaginar lo sucio que estaba el tanga, Nuria sí que iba cerda ayer, toda la tira llena de mierda de su coño, tía, y en el final del triangulito restos de un pastel todavía fresco. 

- ¡Qué zorra la Nuri! Y eso que tampoco le dio mucho tiempo ayer a llevarlo... ¿viste cómo se rascó delante de él? Claro que tú tampoco ayudabas, Mer...

- Pues anda que tú. Era de esperar que hicieras algo parecido a lo que hiciste, pero lo cierto es que tardaste mucho menos de lo que esperábamos en reventar, y nada menos que poniéndote en bolas e invitándonos a los demás a hacer lo mismo.

- ¡Qué dices! ¿Lo habíais hablado, verdad? Ella te había calentado, te dijo que vinieses en plan furcia, y te calentó para que la besaras y la sobaras delante de Pablo... ¡qué putas! ¡si lo sabía! él se me ofreció, ¡estuve a punto de caer!

- Bueno, lo de ponernos nuestras mejores galas a la vez, evidentemente fue a propósito, sabíamos que tendrías una de tus "reacciones" aunque, como siempre, al final tu también nos sorprendiste. Pero no pienses que teníamos ninguna intención rara ¡eh! en realidad la idea era más o menos lo que pasó, que tú te fueras con el y... y que...

- Y que mojáramos, ¿no?

- Exactamente. Sí, eso sí. Lo siento, al menos hasta ayer nos moríamos por ello. Aunque nos tienes alucinadas de lo mucho que estás aguantando, Lau. No sé, ahora pienso... empiezo a entender que de veras esto es algo difícil para ti, y que nosotras no dejamos de verlo como un juego..

- Bueno, bueno, bueno, Meri. Tampoco es para tanto. Podéis estar tranquilas, que una es ya mayorcita, ¿vale? Y tú, sigue contando, que quiero saber el final.

- Vale, vale, termino, si no queda tanto. Quedamos en que yo estaba sola en tu baño, encerrada, con el conjunto de Nuria, super erótico y cachondísima. Y con una necesidad de pajearme que te puedes imaginar, así que me puse y, evidentemente, aquello fue solo. No me costó nada correrme con esa ropa de Nuria, empecé primero a tocarme los labios directamente con los dedos, intentando hacer lo que me había hecho Pablo y pensando en él, pero me puse demasiado nerviosa y al final pasé, y empecé a tocarme sobre las bragas, y el tacto de la tela del tanga de Nur, y sus flujos pringosos y resecos metiéndoseme entre mis pliegues, me fui enseguida, bastante copiosamente, todo sea dicho, porque estaba muy caliente y muy cargada, de todo lo que había pasado esa mañana. El tanga estaba como si acabara de salir de la piscina, y se transparentaba todo... bueno, yo creo que a Pablo también se le transparentaba antes... eh... eso era ya todo mío, me temo. Limpié el charco del suelo con la toalla, y salí. De veras que estaba más calmada, Lau. Y esperaba que él también lo estuviera… pero no.

- ¿No?

- Pues mira, cuando salí, le pillé dando vueltas por su habitación, como si estuviese merodeando, no sé decirte, intentando escuchar o ver algo del baño. El caso es que tampoco fue algo relevante dónde estuviera, sino que lo fue mucho más el como. Porque es que él seguía trempado, con esa vergaza fuera del calzoncillo, parecía desnudo, aquello no era más que una fina tira de tela que a duras penas contenía tan solo sus cojones hinchados, que se sentían rebullir bajo el cipote. Empecé a preguntarle, casi instintivamente que si no se había pajeado todavía, pero antes de acabar él me cortó para decirme lo buenísima que estaba yo, y lo impresionante que me quedaba el tanga de Nuria. Fue tan vehemente diciendo aquello, que a mí me dejó cortada, además, yo había pensado en salir en plan estríper y marcarme un baile, ya que iba... En fin, Lau, lo siento, lo hice, lo mejor que pude, pero creo que a él bien le llegaba… le debería haber llegado, me refiero ¿pero tú cuántos años nos dijiste que tenía ahora? que no, tía, que no, que no puedes pretender que eso sea normal, no puedes pretender que seamos capaces de entender que un crío así puede estar tan salido y además ser capaces de manejarnos a nosotras, que tenemos el coño pelado ya de echar polvos Lau… Que además, independientemente de eso, te digo que nada más verme se empezó a acariciar como si nada el cipote, sin darme tiempo ni a abrir la boca, de repente se había tumbado y se la estaba meneando delante mío, aquella barbaridad. Aunque no la tenía ni mucho menos como cuando te vi ayer con él, eso es verdad, pero verla ahí en exclusiva para mí, y encima en acción… era alucinante, super caliente, y yo me excité mucho, claro, y le solté todo el repertorio, apretándome las tetas, que casi se me salían del mini sujetador, y las nalgas, enseñándole el triangulito del tanga, donde se me marcaba muchísimo el coño caliente. A cambio, él se pajeaba para mí, rápido, y jadeaba mirándome, era todo tan fácil, excitante, y parecía que sin riesgo ninguno. Me animé, y subí una pierna sobre su cama, me incorporé sobre su cabeza, apoyándome con la pierna en el cabecero y, frotándome con fuerza con mi dedito sobre la tela, empecé a pajearme muy rápido en su cara. Bueno, quería hacerlo solo un segundo, él se estaba exhibiendo al completo, y quería gratificarle, pero me di cuenta de que estaba peor de lo que imaginaba y, cuando me quise dar cuenta me estaba yendo, me estaba corriendo encima de él... Fue surrealista, Lau, tú sabes que a mí esas cosas no me pasan, tú que conoces mejor que nadie el control que tengo yo sobre eso… pero me notaba muy caliente, pero pensé que no tanto, y me tiré del tanga, para incrustármelo en los labios, subiendo el triangulito, me quede como en bolas casi, tenía el coño super abierto, encima de su cara, sentí que se me salían los labios con el trozo de tela incrustado en la vagina. Vamos, que cuando me quise dar cuenta era tarde, y estaba goteando  espesas gotas en su cara. Se ve que él sabe de qué va el tema por ti, pareció no extrañarle sino que abrió bien la boca para beber mis líquidos. Yo estaba aterrada, muy avergonzada, y amagué con retirarme, pero mi cuerpo reaccionó antes, me dobló en un espasmo y le soltó a tu primo un largo y oloroso chorretón en toda la cara. Yo bajé como pude de la cama, porque pude sentir, ademas, que él se estaba corriendo ya. Joder, aquello sí que fue escandaloso... bueno, soltó un primer trallazo super largo y muy muy abundante, que rebotó con fuerza en la pared, en el corcho ese que está lleno de fotos, que las dejó cubiertas de esperma que rebotó, creo que alcanzó hasta el techo, no sé si la lampara, sentí salpicaduras en la cara cayendo de arriba. Luego se puso en modo fuente, se apretó el capullo, parece que así controló el ímpetu de su corrida, pero no la cantidad. Bueno, supongo que no es nada que no conozcas, pero yo jamás había visto nada parecido a eso, Lau. Todavía me pongo cachonda recordándolo.

- Vale, vale. ¿Y luego?

- Pues poco más, ya. Yo me aparté, intentando calmarme como pude, deseando que se fijara lo menos posible en mí pero, al mismo tiempo, sin yo misma poder apartar la vista de su cuerpo, de su polla eyaculando. Él resoplaba, resoplaba como un loco, se estremecía, tumbado en la cama. Cuando paró, cerró los ojos, y se quitó el calzoncillo, dejándolo junto a su culo. Estaba desnudo, por completo, cubierto de semen hasta más no poder. Disfruté un rato de su cuerpo desnudo, era la primera vez que podía contemplarle así, libremente, sin prisas... recién corrido. Me siento un poco rara, Lau, pero me has pedido que te contara todo... bueno, ¿hemos pasado ya muchas veces por esto no? Contarnos nuestras experiencias con el novio de la otra ya es normal para nosotras, ¿no? Si te hiciste a nuestros dos novios en la noche de bodas de Nurita, ya total, más que eso... Y, ademas, pues bueno, que yo no había tenido todavía la oportunidad de verle así en acción… pajeándose… bueno, quiero decir, corriéndose… Bueno, no te lo voy a describir, de sobra sabes como es... sólo que... me sorprendió su capullo, grande, tan bien formado, sonrosado... parecía un niño, Lau, un niño desproporcionado, con sus grandes cojones con largos y fuertes pelos todavía bombeando, se les veía moverse, subir y bajar... Yo… yo es que tenía tantas ganas de verle así… llevaba tanto acumulado… Estaba cachonda, Lauri. Cogí sus gayumbos y empecé a limpiarle, claro; los empapé por completo y todavía seguía cubierto de lefa como si yo no hubiera hecho nada, aquello ya no absorbía más, y yo no sabía qué hacer, tenía la mano, el brazo empapado en lefa, pensé bajar la cabeza y empezar a chupar, a beber a borbotones para limpiarle, pero eso sí me pareció peligroso, me dio miedo porque hasta ahí yo había podido controlarme, y ya no me apetecía cagarla, además es que casi estábamos los dos como si realmente acabáramos de echar un polvo, habían sido unas corridas muy buenas, fuertes, demasiado esperadas, retenidas toda la mañana, y estábamos como un poco cuando te da el bajón después de follar, bueno qué te voy a decir, si a ti eso no te pasa nunca, y dirás que a mí tampoco aunque sabes que sí, por más que lo normal es que siempre siga como una moto después de correrme… El caso es que le sacudí por el hombro, y le pedí que fuese al baño a limpiarse. “Ahora te voy a traer la ropa para tu pase de modelos, reí”, tratando de no crear drama sobre lo que nos acababa de pasar. Él me sonrió, me miró y me dijo que yo iba a tener que desnudarme de nuevo para él, que lo último que se iba a poner era el tanga de Nur. Yo le dije que me moría de ganas de verle con eso puesto, y era verdad, Lau. Pero si eso te parece mal, pues es que estaba con tu primo en bolas, así que juzga tú misma qué es más grave. Le dije que yo también me iba a cambiar, y a tender toda la colada, que quería tenerlo todo recogido para cuando tú llegaras. Él todavía me tiró los trastos diciéndome que no sabía si yo le gustaba más desnuda o con el tanguita.

- Ya, bueno. Pues muy bien. ¿Y algo más?

- En esencia, no. Yo me fui, me quité el incomodísimo conjuntito de Nuria, que se me estaba clavando por todas partes, y más con este calor, y me puse lo que llevo ahora.

- ¿No se te ocurrió nada mejor que recuperar mis braguitas?

- Lo siento, es que estaba tan cachonda llevando las de Nurita, que me apeteció... ya sabes. - Le sonreí. Supongo que debería tener asumido que he elegido un buen par de putas como mejores amigas, es lo que hay. - Bueno, pues después de eso, además me puse un sujetador, y seleccioné las prendas más eróticas o atrevidas de entre la ropa interior limpia de la colada, a lo que sumé el conjunto naranja de Nur, y las deje en su cama. “Toma, esto va a ser, Pablo”. Tu primo salía del baño, desnudo, completamente desnudo, pero con la polla casi por completo relajada, y aún así era grande y gruesa... 

- Vale, vale, Meri, no empieces otra vez... joder, que cada vez que te pones a hablar de la polla de mí

primo…

- Sí, sí, ya termino. Me salí fuera a tender, y él se fue probando las prendas, y cada vez salía al pasillo y me lo enseñaba, y luego volvía a la habitación, se la quitaba, desnudándose una y otra vez sin pudor delante de mí, y se probaba otra. La verdad, tenía su punto erótico, pero acabó siendo más divertido que erótico, te lo aseguro. Hasta que llegasteis vosotras, claro. Justo con el último. Ese fue especial, bueno, ya lo visteis. Él mismo se puso cachondo de solo probárselo... supongo que seguía mojado de mí, debía estar también manchado de Nuria… oliendo todavía a su coño, y con toda la historia que lleva encima, y que se le veía todo, que digo todo, pues era peor que todo lo anterior... bueno, si tú ya lo sabes, que además le visteis al llegar, así que juzga por ti misma. Creo que ninguno esperaba un efecto semejante, pero ¡dime tú que no ha valido la pena!

 

Contra todo pronóstico, estallamos las dos en una violenta carcajada con aquella última afirmación de Mer. No, no podía negar que la situación tenía un punto de cómica y, al final, era tan divertida como erótica, pero realmente tampoco mucho más sexual que el tono general de estos días, estando yo por medio, por mucho que no pudiera negar que mi primo había vuelto a aprovechar su momento para dar un paso más allá. Otro más, y nada desdeñable. Y yo no podía seguir ignorando que uno de aquellos pasos terminaría por ser el último, inevitablemente. Bueno, la imagen de mi primo con el tanga de Nuria, buffff, en fin, eso sí eran palabras mayores, hasta yo me había puesto tan bruta en cuestión de segundos que había dudado... pero no, no, no podía reprocharle nada, en realidad. Si hasta había sido relativamente prudente. Y, lo que es peor, había conseguido controlar, al menos en parte, al monstruo, por primera vez me daba la sensación de que María no se salía con la suya siempre, jiji. Aunque, para ser sincera, también es cierto que mi pobre primo, a la hora de la verdad, estaba siendo exquisitamente cuidadoso con nosotras, quiero decir, se había lanzado a meterle mano a mis amigas (¡meterle mano! ¡y de qué forma! tocarles el coño a mano abierta, así a lo bruto, y ¡comerle las tetas a Mer!) pero, a la hora de la verdad, nos había respetado, incluso a mí, que me había hecho de todo en la cama, tanto en las siestas como la última noche. Yo creo que tenía que tener bastante claro que cualquiera de las tres le habríamos dejado si hubiera tomado él la iniciativa. Desde luego, hubiéramos sido incapaces de hacer nada para pararle, de eso estoy segura. Y me cuesta creer que solamente por miedo o pudor mi primo se estuviese parando, si no demostraba miedo o pudor alguno en ningún momento, más bien al revés. La única opción es que, realmente, estuviera respetando nuestra negativa, nuestro reparo, o sencillamente esperando a que también nosotras diéramos el paso, la luz verde para asegurar que el disfrute iba a ser pleno, compartido y buscado por ambos. No sé, además de su falta de pudor, creo que Pablo estaba demostrando una sensibilidad y respeto muy por encima de lo esperable a su edad (igual no es que eso tampoco es cosa de la edad, porque muchos no seran capaces de algo así en su vida). Y eso me hacía tener aún más ganas de recompensarle, jiji. ¿Cómo no me iba a follar a mi niño? Si es que era verdad, como decía Nuria: yo perdiendo el tiempo con el del videoclub... jiji aunque también era aquello precisamente lo que me tenía de tan buen humor, haberme follado a aquel desconocido. Estaba claro que nosotras también teníamos que contarle aquella historia a nuestra amiga, así que  decidí contárselo a Meri, ya, cuanto antes.

 

- ¿Pues sabes qué? ¡Nuria y yo hoy hemos tenido polla!

- ¡¿Pero qué me dices, Lau?!

- Lo que oyes.

- Pero... ¿habéis?

- Follado. Sí. Lo que te digo. Y yo dos veces, y ella una vez, y además una mamada.

- Pero ¿con quién?

- ¿Te acuerdas del tipo del videoclub?

- ¡No!

- ¡Sí! jijijiji Reconozco que es pereza...

- ¡Es lo peor!

- Pero te he de decir que lo he disfrutado.

- Creo que te hacía falta, jejeje.

- A las dos, sí. Bueno, por tu historia, deduzco que a ti también.

- Jejeje, Lau, bueno, tú cuenta, no te digo que mañana no aproveche, jejeje. Pero... joder, si ese sin sustancia parece de los que no tienen ni polla.

- Pues la tiene, la tiene... Aunque es cierto que ha sido raro; aunque resulte difícil de creer hasta para mí, han sido unos polvazos exageradamente buenos, pero yo creo que es porque estoy muy cachonda y llevo días así y sin follar, y se me ha juntado todo. Pero Nuria insiste en que el tío es realmente bueno, o que al menos lo ha sido conmigo, o que me va especialmente, no sé...

- Pues ahí sí que no te entiendo, Lau, teniendo una joya como la que tienes en casa, que te desea como nada, y acabar follando con ese, por mucho gusto que te haya dado... Joder, no te digo nosotras, que ya ves que ganas no nos faltan, tía, pero tú ya podías aprovechar.

- Otra con el cuento, Nurita igual todo el rato con que me tire al pobre crío.

- ¿¡Pobre crío!?

-Bueno, déjalo, por favor. En realidad, no sabes lo que me cuesta, a veces. Menos mal que estáis vosotras, mis dos amigas. - Mer me miro un tanto alucinada. 

 

Normal, debía estar pensando que su presencia estaba siendo casi más peligrosa que benefactora, porque estaban tan calientes como yo, y no hacían mas que calentar aún más el ambiente, a mí y a Pablo, de manera que aquello solo iba a poder acabar de una manera. Pero es que, a esas alturas, yo ya era lo que quería. Sí, lo habéis leído bien, me había decidido a que volvería a follar con mi primo. Tuve mis dudas por lo de Nuria, sí, pensé que con nuestras mutuas ganas igual me olvidaba del resto del mundo, pero había visto ya que algo así no iba a ser posible; además, aunque lo fuera, ellas me lo iban a recordar cada segundo durante los días siguientes. Y, justamente, cada vez tenía más claro que ellas iban a ser el vehículo perfecto que terminara por empujarme a mi primo entre las piernas, como algo inevitable casi, lo que me permitiría justificarme ante él, ante ellas y ante mí misma. Una vez más, Laurita jugando a esconderse detrás de los hechos consumados. Meri me lo acababa de decir y, sí, es que tenía que asumir que yo soy de esa manera para estos temas, y que tampoco iba a cambiar nunca. Al fin y al cabo, tampoco me había ido mal así. Era triste, pero necesitaba una justificación evidente, porque follármelo directamente, a pelo, era demasiado fácil, pero era algo que me iba a pasar factura más pronto que tarde, y eso lo sabía. No podía ser de otra manera, y no podía negar, aunque intentara sepultarlo en el fondo de mi conciencia, que solamente por eso las había traído aquí. Podía haber estado completamente sola con Pablo, todo el tiempo, y haber follado como perros desde el principio, él lo hubiese hecho sin dudar, pero es que eso sí que habría sido imposible para mí, yo jamás podría haber hecho algo parecido en aquel entonces, qué se le va a hacer, soy así, aunque sea un poco falso. Aunque yo pueda parecer una falsa. Pero sabía que lo acabaría haciendo, sí, seguro, no cabía otra. Y ellas me iban a servir  de coartada, pese a lo bizarro de la situación, para convencerme de que, al menos, intenté evitarlo. Nunca llegaré a saber, de veras, cuánto de verdad o mentira había en ese intento de mantener mi dignidad y la moralidad familiar.

 

- De verdad, Mer, estoy muy contenta de que estéis aquí, y no me importa que las dos hayáis tenido vuestros... eh... deslices con él, te digo que me parece comprensible, incluso natural, y sabes que no me molesta, o por lo menos sabes hasta qué punto me preocupa, realmente. Quiero decir que, como decías antes tú, siempre hemos compartido todos nuestros novios y líos sin problemas, ¿verdad? Siempre. Y ahora, es sólo que... tengo este maldito dilema moral, nada más. Y necesito apoyarme en vosotras y si vosotras falláis...

- ¿Si nosotras fallamos? ¿Qué quiere decir si nosotras fallamos, Lau?

- Bueno, si vosotras falláis o... ¡si vosotras folláis! - reí.

- Lauri, de veras que no sé si te entiendo con todo esto...

- Bueno, tranqui, Meri. Con que yo llegue a entenderme supongo que podremos darnos por contentas todas. En cualquier caso, te repito que si vosotras llegarais a fallar… el único problema sería mío, y creo que no sería justo que os reprochara nada, porque tenéis razón, y no lo voy a hacer. ¿Lo entiendes mejor así? - intentaba, de alguna manera, allanar el camino, ponerlo más fácil para ellas, y para mí, después de todo lo que me había negado. Pero era cierto que no era fácil o que, en cualquier caso, yo me estaba liando pero bien.

- No, no me refería a eso, Lau...

- Entonces ¿por qué lo dices?

- Bueno, es sólo que... a veces te veo como una auténtica loba con él, por más niño que sea, y otras como una monja beatorra, con él y con nosotras, y entonces somos nosotras las que quedamos como pervertidas, y él, como un depravado, y se me hace muy raro, porque parece que no sabes lo que quieres, o que pretendes confundirnos,

o jugar con nosotros, cuando precisamente tú solita te has montado todo esto... y, la verdad, se diría que lo has preparado justo para lo contrario de lo que teóricamente querías o... ¡o al revés! yo qué se...

- Mira Mer, ¿te importa? Creo que ya preferiría no seguir hablando de esto. - La cara de Mer no expresó conformidad precisamente con mi petición. Mi amiga conocía perfectamente esos cortes de raíz con los que yo, demasiado a menudo, impedía seguir hablando cualquier cosa que me pudiera resultar mínimamente incómoda. Y es que me parece que mis amigas tenían bien claro cuál era mi problema: naturalmente, me moría por meter con mi primo, pero era incapaz de justificármelo a mí misma. Supongo que lo que no entendían, pese a todo, era que  mi plan realmente estaba funcionando y, en breve, esa justificación estaría servida y a mi disposición. - Ey, mira, ¡ahí viene Nur! ¡Hola Nurita! - sonreí como nunca ante la oportuna aparición de nuestra amiga. Salvada por la campana, pensé; justo a tiempo.

- ¡Hola, amores! - Nuestra amiga se había puesto cómoda, es decir, se había despelotado, quedándose en bragas (bastante sucias por cierto después de nuestro episodio con el tío del videoclub, aunque como eran oscuras todavía tenían un pase; las mías, blanquitas, debían estar desastrosas, así que tomé nota mental de que debía pensar en ello cuando me desvistiera). Se había puesto, eso sí, sujetador, y bastante discreto. Se conoce que no tenía muy claro el estado de ánimo de la casa después de lo de Mer y Pablo al llegar nosotras de hacer las compras. Sinceramente, por mí bien podía haber venido en bolas del todo. Yo con Nuria ya no media lo más mínimo, estaba enchochadísima con ella y todo me daba igual. De hecho, me moría por verla desnuda y por follar con ella. Le pegué una sonrisa desaforada, que ella contestó. Mer me miró con recelo, pero aún así se esforzó por disimular. - Ya he tendido todo, tenéis que ver qué gusto de colada, todo ropa interior, jajajja.

- ¡Bueno, bueno, Nur!, anda cuéntame tú sobre ese tipo del videoclub, que Lau no me quiere dar más detalles...

- ¡Oye puta! que yo te iba a contar, pero no me has dado tiempo...

- ¿Qué pasa? ¿que habéis estado todo este rato hablando del niño...? Joder, pues sí que cunde... Mer, cacho zorra, me tienes que contar tía... Oye ¿no estoy metiendo la pata, no? Nada de lo que arrepentirse, imagino…

- Tranquila, Nur, no ha pasado nada... ahora te cuenta Meri. - Mi pobre amiga siempre tan animal, como para que hubiera pasado algo grave...

- Sí, pero antes vosotras... - protestó Marí.

- Bueno, en realidad los mejores detalles los puede dar el coño de Laurita, pocas veces le has visto con tanta acción como hoy...

- ¡Nooooooo!

- ¡Sí! jajajajja

- Bueno, mira, - les dije entre divertida y fastidiada- creo que me voy a perder las primeras risas, y ahora vengo, cuando empecéis con lo serio y toque reírse un poquito menos de Laura. Voy a avisar a Pablo, que le tengo castigado al pobre, jiji, y así aprovecho y le pongo a currar para que empiece a preparar cosas, mientras nosotras nos ponemos al día, jiji. - Me levanté, guiñándoles un ojo.

- Venga, Nur, cuenta, cuenta, que quiero saber todo de ese pollón en el coño de Laurita...

- Jajajajaj, ¡joder con la Merix! parece que tú también necesitas polla ¿eh? te ha dejado calentita el niño, ¿verdad?

 

Afortunadamente, yo ya me estaba alejando y Nuria sí que se ahorró ahí una de mis peores miradas de odio. Allí las dejé, contándose sus hazañas, mientras me dirigía a mi habitación. Abrí la puerta: Pablo estaba tumbado en mi cama, en calzoncillos, con los brazos detrás de la cabeza y mirando al techo de mi cuarto, cuajado de estrellitas fluorescentes.

 

- Anda, Pablo, puedes salir, tampoco pretendo tenerte aquí castigado.

- ¿Estás cabreada conmigo por...? - me preguntó incorporándose.

- No, no, claro que no. Ya sé que no era más que un juego. Pero... debes de tener cuidado con los juegos... sabes bien que a veces nos cuesta parar y se nos puede ir de las manos...

- Laura, yo te qu... - me soltó, casi a punto de ponerse a llorar. Me sentí brutalmente vulnerable al verle así.

- No, Pablo, déjalo, de verdad. Olvídalo, ¿vale? Ya hablaremos. Prefiero seguir como si no hubiera pasado nada, ¿bien? Tú y yo, digo... seguir... igual. - Necesitaba mandarle un mensaje, pero no demasiado claro... ¡Mierda! era tan difícil, era tan niño, tenía tan poca experiencia, no entendía realmente cuál podía ser su forma de pensar. - Bueno, da igual. Oye, lo que te voy a pedir, llámalo en penitencia, si quieres, es que recojas todo lo que hemos comprado Nuria y yo, y empieces a preparar la comida, ¿de acuerdo? Había pensado hacer algo de pasta, así que calienta agua, corta cebolla, esas cosas. Yo voy un momento con éstas y ahora vuelvo y te ayudo ¿vale?

- Está bien... - Se puso de pie. Ni falta hace decir que estaba buenísimo, casi desnudo, con su polla abultando leve e indecorosísimamente sus ajustados slip. ¡Qué ganas de ventilármelo, joder...!

 

Estoy tremendamente cachonda, pensé mientras volvía donde mis amigas. Tan rápidamente volví que me di cuenta de que debería de haberme cambiado yo también y quedarme en ropa interior, ya que hacía mucho calor, y me sentía rara vestida entre ellos tres, aunque total… para lo que llevaba. Cuando entré en el salón, Meri y Nur reían a carcajada limpia, mientras Nuria iba desgranando nuestra pequeña aventura de hoy. La conversación estuvo divertida, la verdad que al contarlo después todo aquello sonaba super exagerado, pero había que vernos cómo habíamos salido por la mañana de casa mi amiguita y yo. Por supuesto, hubo muchas cosas que no contamos, como lo de la grabación de seguridad que tenía en mi poder, dentro del disco duro, o el rollo exageradamente morboso y acaramelado que nos traíamos Nurita y yo. Al final, como era de esperar, todo se volvió en irónicos ataques contra mí.

 

- Joder, es que tenías que haber visto a la zorra de Lau, qué manera de montarle, aunque luego él se vengó, desde luego que se vengó y le metió una follada en toda regla, y Laurita gritando, aaaaaahhhh, como si fuese virgen y le estuviesen partiendo el himen.

- Nurita estaba celosa, porque el tío no hacía más que repetir que yo estaba más buena, ¡y que follo mejor! - reí.

- Es que es verdad - me dijo Meri, cómplice.

- Bueno, bueno, en plan bollera sí, que esta es una de las mejores tortilleras que conozco, pero déjame una polla y hacemos un concurso cuando quieras, reina...

- Tranqui, preciosa - le dije -que yo no quiero competir contigo. Ya sabes que cuando no es por motivos profesionales, yo follo sólo por puro placer, y te aseguro que esta mañana placer no me ha faltado; sería un completo desconocido el que nos hemos pasado por la piedra, y puede que lo hayamos hecho como dos auténticas putas, pero ha merecido la pena, y para mí han sido dos polvos memorables, aunque también te insisto en que al pobre chico le tengo ya más que olvidado, jiji, y...

- ¡Laura! - me cortó Nuria, secamente. Seguí la dirección de su dedo, que apuntaba hacia el ventanal del jardín.

- ¡Mierda! - musité. Mi primo nos observaba, impertérrito, vestido con sus abultados slip, desde el marco de la ventana abierta. - ¿Qué pasa Pablo? ¿Qué quieres? ¿Llevas mucho tiempo ahí? - le pregunté, atropelladamente. Oh, mierda, no podía ser que hubiese oído, mierda, mierda y mierda. Sólo le faltaba saber que su prima era una puta oficial, menos mal que hace ya tiempo que Nuria y yo retiramos los anuncios y sólo funcionamos para contactos privados, pero... joder, ¿me había oído? Seguro, no podía ser de otra manera, se habría enterado de que me iba pasando por el arco del triunfo a cualquier desconocido con mis amigas por el mero gusto de follar… debía estar pensando que nos reíamos de él, aquí, haciéndole creer que iba a pillar algo pero manteniéndole a dos velas, mientras nos íbamos nosotras cada mañana a follar como perras con el primero que pasara. Mierda, por mi cerebro pasaron mil imágenes, mil posibilidades...

- No, no, acabo de... eh, llegar - la voz quebrada de Pablo me sacó de mis turbios pensamientos. Había ido al grano, contestando primero a la última pregunta, echando balones fuera. Estaba convencida de que había llegado a escuchar algo, aunque no sabía cuánto podía haber sido. Mis amigas estaban calladas como tumbas, despatarradas en los sofás con su escasa y ligera ropa, la situación era tan extraña como acostumbrábamos. - Ya he... ya he acabado -siguió Pablo - quería saber qué tengo que hacer ahora.

- Ah, vale… Espera, que te ayudo.

 

Me levanté, pesada, y me fui con él a la cocina. Estaba todo recogido, y multitud de ingredientes dispuestos, muchos de ellos preparados, el agua hervía en una gran cazuela. Preparar la pasta fue rápido y fácil. Yo seguía vestida, aunque tenía la camiseta tan sudada que los pezones, y en general las peras, se me marcaban horriblemente. Pablo me miraba con descarada lujuria y, por primera vez, me hizo sentir incómoda. En realidad, ya lo estaba. Creo que, por primera vez en mi vida, estaba con mi locuaz primo sin hablar absolutamente de nada. Yo estaba de un humor nuboso, por no decir cabreada, era incomprensible tal despiste, tal metedura de pata por mi parte... ¡cómo me había relajado tanto! Pero es que así estábamos, no me había importado que él me viese haciéndolo con mis amigas, y parece que pensé que eso era lo peor que él podía saber de mí... Pablo estaba, sencillamente, pensativo. Llegado un momento ya me cansé, y le pedí directamente que fuera poniendo la mesa, para quitármelo de delante. Cuando estaba yendo hacia el jardín, con un montón de platos, me di cuenta de que estuve a punto de cagarla otra vez. Salí corriendo delante de él:

 

- Espera, voy a decirle a éstas que te echen una mano.

 

Justo a tiempo. Efectivamente, tal como sospechaba, mis amigas charlaban partidas de la risa del episodio de Mer y Pablo. Las corté secamente.

 

- Por favor, ¿ayudáis a mi primo a poner la mesa?

- Sí claro - dijo Meri, levantándose asustada al verle venir detrás de mí. A saber qué barbaridad acabaría de soltar sobre él o su polla justo en ese momento, la conozco como si fuera su madre...

 

Yo desaparecí en el acto, quería acabar de una vez en la cocina, así que me esforcé mientras ellos montaban la mesa, prácticamente en silencio. El ambiente era tenso, pero yo no me esforcé en aliviarlo, ni en intentar acabar antes para cambiar la situación. Cuando terminé con lo mío, tranquilamente, fui hacia el jardín. Estaban los tres fuera, ellas en el césped, cociéndose al sol, él como un señor, exhibiendo cuerpo y paquete sentado en una silla de plástico, bajo la sombrilla, pero sudoroso pese a todo. Mientras consideraba qué hacer, vi mi propio reflejo en el ventanal de la sala, antes de salir. Estaba tan literalmente bañada en sudor, que la fina camiseta clara se me había pegado al pecho, dibujando mis formas, trasluciendo mi piel, multiplicando el efecto sexual de mis pezones duros. La falda, retorcida, dejaba ver mi muslo hasta el culo, se me veían las braguitas, aunque no demasiado, lo que estaba bien, pues sentía que llevaba tal pastel de flujos y esperma allí, que hasta a mí me daba vergüenza. Bien ¿qué problema había en salir así? Necesitaba recuperar el protagonismo y, además, pensaba que la única forma de desbloquear esa situación tan extraña que se había creado era una nueva huida hacia delante: como siempre, había decidido volver a elevar un poco la temperatura sexual del ambiente. Cuando salí, como esperaba, los tres se quedaron boquiabiertos, mirándome sin disimulo. 

 

- Joder, Laurita, estás sudando como un pollo, - dijo Mer, sentada con las piernas cruzadas, en una postura triste y recatada.

 

Nurita, en cambio, estaba recostada con indolencia, y las piernas soezmente abiertas. Se le veía perfectamente el potorro abierto desde donde yo estaba, a pesar de que llevaba unas bragas perfectamente normales, pero estaba tan visiblemente abierta y cachonda que aquello era ingobernable en esa postura que no se preocupa en absoluto por ocultar nada. Aunque, como digo, sólo yo podía verlo.

 

- ¿Vamos a comer ya, Lau? Todavía es pronto.

- Como comprenderás, yo antes necesito un baño - le dije - estoy muerta de calor, y como dice María, asfixiadita. No sé por qué no me he cambiado al llegar. Ahora vuelvo. - Dije cortando súbitamente, girando en redondo y saliendo de allí volada. Acababa de decidir algo que llevaba dando vueltas hacía rato. 

 

Yo era la única persona de la casa que aquel día no había llevado el conjuntito naranja de Nurita. Y era injusto, porque sin duda a mí me quedaría mejor que a cualquiera de ellos, lo sabía... Así que corrí a mi cuarto, entré al vestidor ya prácticamente empelotada, y allí, desnuda, lo tomé en mis manos. Sentí como una descarga, estaba notando esa sensación brutal que invade a Mer, a mi primo o a Guille cuando tienen sus ataques fetichistas. La tela era increíblemente fina, suave y transparente. Y las braguitas, si a aquello se podía llamar así -tres finos cordones y un triangulito mínimo de tela- resultaban absurdas hasta como tanga. Y lo peor, seguían totalmente empapadas, con costra de flujo de Nuria de ayer noche, y restos líquidos más frescos de hoy de María y mi propio primo. Me miré en el espejo: demasiadas tetas, las tenía hinchadas de la excitación, además, y estaba empitonada; mi vulva, prominente en exceso, como siempre; mi mata de pelo... uffff. Iba a ser un escándalo, pensé mientras me lo empezaba a poner. Cuando volví a mirar, empecé a notar como mi coño chorreaba con descaro. Estaba cachonda, me estaba poniendo cachonda a mí misma, de verme así vestida en el espejo.

 

La verdad es que estaba muy buena, la imagen que me devolvió el espejo era escandalosamente erótica. Me he tenido que poner conjuntitos bastante atrevidos para más de un "servicio", pero siempre se trataba, precisamente, de ocultar más para luego ir desvelando, aunque algunos de ellos eran tremendos, pero creo que ninguno como aquel en aquel momento, tan, tan pequeño y transparente. Y, lo peor, yo estaba tan cachonda, tan sexualmente salida, tenía las peras hinchadas, con las areolas infladas y los pezones disparados, la vulva disparada, enorme, con todos los labios salidos, el clítoris empalmado (aunque, al menos, no se me había salido aquella vez). Y todo ello era imposible que quedase oculto bajo tan poca ropa. Me ajusté bien la tira trasera del tanga metiéndomela por la raja del culo, sentí cómo se me clavaba en la entrada de la vagina, que apenas empezaba a quedar cubierta por el ensanchamiento triangular de la parte delantera. Las tiras laterales se me clavaban en las caderas, más anchas y rellenas que las de mi delgada amiga Nurita; la prenda me quedaba visiblemente pequeña, por lo que las tiras laterales estaban más bajas de lo debido, y también la parte superior del triángulo central, claro. El pelo púbico se me salía impúdicamente por arriba, y no sólo eso, también por los lados aunque los llevaba bastante recortados, pero es que aquello era tan mínimo. Por si fuera poco, la fina tela, como de encaje de seda, como una especie de vaporoso visillo, era tan tan fina, que el duro pelo de mi coño la atravesaba sin dificultad, de manera que lo que no salía directamente hacia fuera por arriba y por los lados, lo hacia de forma directa a través de la tela. Al menos por debajo iba pelada, aunque es que ahí ya se me salían los labios, que tenía hinchados de excitación, oscurecidos y gordos como colgajos de piel de escrito; me pasaba como a Nur e incluso peor, sólo quizás Mer, con su coño de niña, podía llevar más discretamente aquello, aunque seguro que se le metía dentro de la raja hasta por delante, pero Nuria y yo, con todo salido, era imposible que no nos asomara colgando por fuera. Bueno, con ella ya había podido comprobarlo, y ahora me tocaba a mí lucirme, pensé mientras mi humedad se juntaba con las de las otras tres personas que habían pasado ya por aquella prenda aquel día. 

Era tan excitante salir así vestida para mi pequeño y salido primo y mis dos mejores amigas y amantes...

 

Las tetas, por su parte... ¡bufffff! Bueno, aquello tan emanó en mi delantera se había convertido en una ridícula pezonera, pero como además era tan transparente y yo los tenia muy hinchados, los resaltaba mucho más de lo que los ocultaba. Y lo bueno es que, al contrario de lo que pasaría con un cubrepezones, aquello no dejaba de ser un sujetador. No es que me haga demasiada falta todavía, siempre estuve orgullosa de la no tan discreta manera de mis tetas de desafiar la ley de la gravedad, pero siempre ayudaba levantarlas un poco y darles forma. Se me veía la carne de los pechos hinchados por todas partes, y en el centro aquellas duras flechas enrojecidas bajo la fina tela naranja, que no solo se traslucían a la perfección, sino que también se moldeaban eróticamente en la mínima tela.

 

Escuché chapuzones y risas en el agua, fuera. Mi piel, que quitando pezones y el triángulo de vello de mi pubis era completamente visible, estaba mojada y brillante, absolutamente cubierta de sudor. Al igual que la noche anterior Nuria, me di cuenta de que mi coño había empezado a manar su olor de una forma descaradamente indiscreta. Estaba muy, muy caliente, debía meterme dentro del agua cuanto antes.

 

Salí fuera. Mer y Pablo estaban ya en el agua, cada uno a su bola. Nuria, mojada por completo, pelo incluido, estaba sentada en el bordillo, justo en frente del ventanal de mi habitación, por donde yo acababa de salir. Fue la primera en verme. Yo avancé despacio, conscientemente despacio, aunque me costaba hacerlo porque, incomprensiblemente, me daba algo de vergüenza. Pero quería que me viesen bien, así que me forcé, y fui hablando para fijar en mí la atención. Y no tardé en tener los tres pares de ojos mirándome alucinados y con completo y descarado deseo.

 

- ¡Joder Laurita! - soltó Nuria.

- ¡Huaaaaaaaauh! - susurró mi primo. Meri metió la cabeza dentro del agua.

 

Yo disfruté durante unos segundos la sensación de éxito total, me daba taaanto morbo hacer aquellas cosas, conseguir que todo se detuviera y empezara a girar en torno a mí, vertiginosamente, después de disolverse la tensión como había pasado después del episodio de María y Pablo... Sin embargo, esta vez pretendía que la cosa no llegara muy lejos, era más el divertimento de dar un paso mas en la liberación de mostrar mi cuerpo desnudo sin pudor a los tres, y hacerlo la primera... Pero, como era habitual, el tema se me iba a acabar yendo de las manos sin que me diese cuenta, aunque aquellas vez todo empezara de manera totalmente casual, en realidad, y el resto, aunque inesperado, o impensado más bien, acabó siendo totalmente natural y muy, muy agradable.

 

El caso fue que, cuando yo ya había disfrutado suficiente de mi éxito, y sabiendo que tenía toda la tarde para lucirme y mostrarme, y sobre todo que mi cuerpo sudando y mi chocho soltando su olor eran bastante exagerados en aquel preciso momento, y contando con que tampoco quería que aquello se desmadrara de manera inmediata, me decidí a entrar en el agua. Naturalmente, como no pretendía nada, no me lo pensé especialmente, y sencillamente di dos zancadas y me lancé al agua de cabeza, como hago siempre. Pero lo que pasa es que, siempre que hago eso, si no voy desnuda, por poca ropa que lleve siempre llevo algo más, y de mi talla además, claro. 

 

Quiero decir, que pasó lo que tenía que pasar, lo obvio. Lo natural, podría decir. Y, naturalmente, al entrar abruptamente al agua, sentí como el sujetador se me abría, dejando escapar no ya tanto mis peras, si no si acaso mis pezones, que era lo que había estado cubierto en algún momento. El caso es que mis tetitas quedaron entre los tirantes y los pequeños triangulitos del sujetador, retorcidos e inservibles, y emergí enseñando mi frontal completo, justo delante de mi primo, sin poder cubrirme ni evitar que me viese perfectamente desnuda. Evidentemente, a aquellas alturas mis tetas no eran ninguna novedad para él, y sin ir más lejos las había visto y disfrutado ya suficientemente durante toda la semana. 

 

Pero lo peor no fue aquello, que al fin y al cabo no era nada que no me haya pasado un millón de veces (y no siempre involuntariamente, claro, jiji), sin ir más lejos aquella misma semana delante de Pablo, directamente el primer día, todavía con bikini normal, y mis dos amigas de testigos, claro: se me salió una pera sin querer. Así que bueno, digamos que hasta ahí, todo normal... porque lo raro no fue eso, lo raro fue... me costó darme cuenta, fue una sensación distinta, porque esa sí que absolutamente nunca me había pasado, claro... el tema es que, al entrar en el agua, el tanguita tampoco aguantó, a pesar de no tener casi tela y ser tan fina, pero se conoce que el empuje del agua en el triangulito ya fue demasiado, y lo llevaba tan bajo, tan poco firme al ser tan pequeño que, aunque las tiras se me clavaban en la carne de las caderas no estaban lo suficientemente arriba como para poder agarrarse... quiero decir con todo esto que, aunque pueda resultar extraño, se me salieron las bragas al meterme en el agua. 

De verdad que no me había pasado jamas, ni había visto nunca nada parecido. Quizás los tíos, sí, cuando se les hincha la redecilla esa que llevan recogiéndoles los huevos, y se les baja el bañador, pero son esos bañadores tan largos que, aunque se les bajen y se les vea hasta el alma, es imposible que luego los pierdan. Porque claro, yo perdí las braguitas. También es lo que tiene bañarse con braguitas tanga y no bañador tanga... Una vez sobrepasados mi culo y mi cadera, los muslos y las piernas ya no supusieron obstáculo alguno. Noté el tirón en la tela y las tiras al entrar en el agua, pero como era tan poca tela casi no me di cuenta de que se quedaba atrás, si acaso el roce de la tira trasera saliendo de mi raja. Y luego, ya, solamente un extraño roce en mis pantorrillas y pies. 

 

Sorprendida como estaba cuando emergí con las tetas al aire delante de Pablo, de forma totalmente inesperada, pues no me detuve a analizar lo que me había ocurrido por abajo. Sin embargo, era consciente de que había pasado algo raro allí. Pensé en ello, lo descarté, pensé en taparme las tetas que mi primo escudriñaba riendo abiertamente:

 

- ¡Se te han salido las peras prima!

 

Y, sin embargo, de manera inconsciente, mis manos bajaron a mi pubis cuando querían subir a mis pechos. Joder ¡estaba desnuda! pensé aterrada, sin entender. Me di cuenta entonces de que la mirada de Pablo, pese a tener a un palmo mis pezones duros señalándole directamente, se desvió por detrás de mí. Me giré y vi un trozo de tela naranja ondeando en el agua, hundiéndose poco a poco. Miré hacia mis pies, y vi mi coño desnudo, peludo, a la vista de ellos tres. Y, antes de poder si quiera reaccionar, mi primo salto delante de mí, zambulléndose violentamente. Ni que decir tiene que, si lo hizo con los ojos abiertos, debió pasar por una hermosa panorámica de mi coño. Pero no era eso lo que me preocupaba, lo peor era la sensación de estar haciendo el ridículo. En realidad, poco me importaba estar en bolas dándolo todo, eso era lo de menos, a aquellas alturas. Si al fin y al cabo hacía siglos que había perdido cualquier tipo de pudor por quedarme desnuda en prácticamente cualquier lugar o situación. Pero lo ir de provocadora y perder toda mi ropa por el camino, no dejaba de ser un poco absurdo. En menos tiempo del que estaba utilizando yo para reaccionar, Pablo ya se había sumergido, y salía ahora sonriente con mi tanga en la mano, que me entregó sin yo pedírselo.

 

- Gracias primo - le dije yo, en tetas y con el coño al descubierto. No dejaba de ser surrealista. - Joder ¿qué mal, no? ¡Me he quedado en bolas! jiji. - Me hizo gracia la situación, de repente. María me miraba alucinada, sin moverse de su rincón.

 

Nur se había metido en el agua, y se acercaba hacia donde estábamos Pablo y yo, andando bajo el agua. Intenté ponerme rápidamente el tanga, con las peras todavía colgando fuera de la pezonera, pero no fui capaz, supongo que más por nervios que por otra cosa. Me estaba entrando la risa floja y, además, estaba súper feliz de la manera tan tonta en que había concentrado toda la atención sexual en mí sin comerlo ni beberlo. Sólo vestir el conjuntito de Nuria ya era algo brutal, pero demasiado obvio, e imagino que se hubiese agotado en sí mismo enseguida. Sin embargo, con aquel numerito, jiji, ¡estaba siendo perfecto! Así que, justo cuando llegaba Nurita, levanté los brazos, empujando las mínimas piezas de tela del sujetador hacia su posición original y, mientras me giraba y me acercaba al borde de la piscina me fui recolocando las pezoneras para quedar "púdicamente" cubierta. Ellas se quedaron paradas mientras yo me movía, pero sin embargo mi primito me vino detrás. Me debía estar viendo el culo desnudo bajo el agua, claro, pero eso no era algo que en absoluto diferente a lo que podía ver antes de que perdiera el tanga. Lo que sí que iba a ser nuevo, una auténtica maldad por mi parte iba a ser lo que estaba a punto de hacer, jiji. Me senté en el borde de la piscina, empujándome de espadas con los brazos. 

 

Mi coño desnudo y peludo emergió delante de Pablo. Y, al sentarme, me abrí bien de piernas delante de él. Me quedé así un largo rato, mientras a mi primo se le abría más y más la boca, y yo aprovechaba para desenredar las tiras del tanguita. Oí un "serás puta", no sé si proviniente de Nur o de Mer, ahogado por la exclamación sin complejos de Pablito:

 

- ¡Vaya chochazo que tienes, Lau! - me hizo gracia, él jamás me llamaba otra cosa que no fuera Laura, tampoco me hacía especiales alusiones a mi cuerpo, y menos a mi sexo, excepto cuando hacíamos el amor, en su época, jiji.

 

Había sido bastante vulgar por su parte, podía haber dicho otra cosa, en vez de chocho, y menos chochazo, joder, que era un crío. Por supuesto, a mí me excitó lo suficiente como para merecerme la pena la barbaridad que estaba haciendo para él. Con toda la calma, me puse las braguitas, enseñándole con calma a mi primo el interior de mi anatomía más íntima. Iba siendo hora de que pensara en tomar un contacto más serio y directo con mi sexo, pensé, así que la pérdida de las braguitas en la pisci había sido la mar de oportuna. Cuando estuve completamente vestida (es un decir, claro), me levanté sin más y me fui a buscar mis chanclas, tiradas en medio del césped.

 

- Bueno, yo necesitaba un chapuzón para quitarme el calor, pero creo que ya me ha bastado, tengo más hambre que calor ahora ¿os parece que comamos?

- Lo que tú digas, Laurita, lo que tú digas... - murmuraba Nuria, acercándose al borde. 

 

María salía por el fondo de la piscina, subiendo por las escaleras, con la cabeza baja, mientras Pablo saltaba con fuerza cerca de donde yo estaba. Cuando salió, volví a sentirme impresionada sexualmente por su cuerpo. Estaba claro que se me había pasado, al menos en gran parte, el efecto del ratito que había tenido esta mañana con el chico del videoclub, y ya empezaba a estar otra vez con ganas de polla. Tenía el slip medio bajado, lo justo como para que le asomara el inicio del pelo rizado de su sexo por la parte superior, y eso que yo misma se lo había recortado bastante bajito. La tela de los calzoncillos, mojada y apretada, ya que le quedaban también más bien pequeños, le marcaba una polla recogida e hinchada que estaba más bien empezando a empalmarse. Pero todo su cuerpo pedía sexo, los músculos jóvenes, duros, mojados y brillantes, el plano abdomen, sus pechos apenas formados, con los pezones pequeños y duros... me acordé de la imagen de mi primo comiéndole los pezones duros a María en la ducha, me había parecido súper erótica, pero era abiertamente sexual, un niño comiéndole las tetas a toda una mujer... sin embargo, al revés... era casi un juego, hacerle cosquillas en las tetillas a tu primo...

 

- Primito, estás bien bueno ¿sabes? - le solté a bocajarro, acercándome a él. - Vas a ser un cañón cuando crezcas, tienes un muy buen cuerpo, me parece - le dije, y le empecé a acariciar la espalda velozmente, intentando que no resultara demasiado evidente ni erótico. Hasta que pasé a la parte delantera...

- ¡Prima! - ... y él se extrañó, y yo no pude evitarlo, no pude detenerme, aunque sabía que era un paso más de lo que habría sido conveniente, lo miraras por dónde lo miraras... Agaché la cara junto a su torso, saqué la lengua, y empecé a lamerle los duros botones de su pecho con la punta, luego le relamí pezones y todo el pecho, bebiendo el agua que resbalaba por su piel...

- ¡Cómo me gustas...! - dije, pretendiendo que solamente me escuchara él, pero sin poder controlar mi tono de voz, mientras chupaba con fuerza las tetillas de mi primo, empezando ya a mordisquearlas.

- ¡Laura, Laura! - gritó él. Yo no le hice caso, claro, era incapaz de parar, y mi mano ya bajaba por su vientre, disparada hacia la abertura de su slip que ya se había hecho descaradamente amplia, empujada por su erección ya bastante seria, y que no podría evitar que mi mano entrara impunemente en contacto con su rabo.

- Joder Laura, ¡cómo te sobras! - creo que escuché a Nuria.

- ¿Pero que coló es lo que pretende comer esta zorra ahora? - añadió María casi a gritos.

- ¡Para, Laura! - protestó Pablo, empujándome con cuidado. Yo hice amago de volver haca él, pero él se separó. El calzoncillo, completamente separado de su cuerpo y permitiéndome verle el sexo desnudo desde arriba, estaba a explotar, incapaz de aguantar más. 

- Pablo...

- Prima... mira... mira cómo estoy... - dijo señalando su cipote a punto de reventar el slip y salir al aire - ¡cómo me has puesto!

 

Sin más, se inclinó de lado, y se dejó caer al agua, girando según entraba en la piscina, y alejándose nadando bajo el agua. Sentí cómo María pasaba por mi espalda, llamándome zorra lo suficientemente alto como para que lo escucharan los demás (aunque afortunadamente Pablo estaba bajo el agua en ese momento).

 

- Voy a por la pasta - dije - ¿Nur, me ayudas con el resto?

Cogí una toalla del suelo, junto a donde se secaba Meri, y me sequé el cuerpo velozmente, para pasarle la toalla a Nurita, que hizo lo mismo antes de venir corriendo detrás de mí, que ya había entrado en la casa.

 

Sacamos la comida, dejé la pasta en la mesita auxiliar, y colocamos las cosas que habíamos preparado para picotear antes. Nuria se sentó mirando hacia la piscina, enfrente de ella me coloqué yo, a la izquierda de la mesa, del lado de la mesita auxiliar. A mi derecha quedaba un plato libre, pero Meri prefirió sentarse junto a Nur, en la cabecera de la mesa a mi derecha. 

 

Empezamos a comer mientras Pablo seguía chapoteando en el agua.

 

- Tía, cómo te pasas con el niño, menudo zambombazo le has metido, casi le revienta la polla, después de enseñarle el chochamen vas y le empiezas a meter mano... jajajja ¡eres una crack, Laurita!

- Sí, pero luego bien que te quejas, - protestó María, que no aparentaba haberse tomado lo que yo acababa de hacer con la banal alegría que demostraba Nur.

 

Pasé de ella, evidentemente, Nuria había optado por tomarse a broma el momento, y aprovechar a su vez para disfrutar de un buen rato. Pero es que ésa y no otra era la forma de ser de Nur… pensé en ese momento que ella jamás reaccionaría como lo estaba haciendo Mer, por mucho que pudiera entender que a ésta se la estuvieran comiendo los celos al ser consciente de que mi decisión de tomar por fin a Nuria como amante oficial podía ser definitiva. Bueno, me dije, es que quizás precisamente por eso, por esa forma de ser tan radicalmente libre, más todavía que Mer, infinitamente más que yo (al menos que mi yo de entonces) la había elegido a ella… Mi amada me miraba las tetas con descaro, mientras se relamía la comida de los labios. En esas llegó por fin Pablo, secándose violentamente, y se sentó a mi lado, en el hueco que le habían dejado libre. Bueno, en realidad lo cierto fue que se sentó excesivamente a mi lado, porque a su derecha, entre él y María había quedado bastante espacio, donde habíamos colocado el pan y las botellas de agua.

 

- Tía, reconozco que te queda mi conjunto mejor que a mí - dijo Nurita en tono admirativo - estás absolutamente cañón, tanto que creo que me va a costar comer tranquila teniéndote al lado, jajajajaj ¡ya estoy sudando! - Bien,  Nurita había decidido que no iba a cortarse conmigo, y aquello me gustaba.

- Sí, te queda mejor también que a mí, - rió mi primo. Increíble... si también él se animaba a seguir el rumbo de mi amiga… Solo esperaba que a partir de ahí aquello no se desmadrara mucho... - y que a Meri - añadió todavía riendo. Supongo que, de alguna manera, era impensable para un crío como él no colgarse la medallita.

 

La cara de Meri se volvió todavía más sombría con aquel comentario, evidentemente. Nuria le preguntó:

 

- Ah, pero… ¿tú también te lo has probado? - la muy zorra lo tenía que saber, estaba convencida que Meri se lo tenía que haber llegado a contar antes, ella no le ocultaría nunca algo así a Nuria… ¿o sí? ¿acaso no le había contado a ella todo lo que me dijo a mí? - joder, voy a tener que alquilarlo, visto lo solicitado que está, me parece que me sacaría un dinerito... ¿Sabes, Pablo? Pues yo creo que a ti no te quedaba nada mal, considerando que eres tío y tienes un buen pollón, claro, y el tanga no da para tu talla de verga, pero ya ves, jajajaja, yo no tengo tampoco muchas más tetas que tú, jajaja... - Pablo se atragantó, incapaz de contestar… mi amiga aceleraba demasiado rápido para un niño de su edad - Aunque Lauri, si te lo quieres quedar es tuyo, merece la pena, la verdad es que estás de escándalo, menudo cuerpazo tienes zorra...

 

A mí me hacía gracia Nuria, hablando como un carretero, como siempre. No me importaba que soltara esas burradas delante de Pablo, la verdad, ni sobre ella, ni sobre mí, ni siquiera sobre él, en cierto modo era una manera también de mantenerle a raya, algo cohibido ante su apabullante personalidad y tanta mención libre al sexo, a mi primo, por atrevido que fuera, le resultaba imposible seguirla porque no dejaba de estar increíblemente tierno todavía, aunque cada día que pasaba se le veía más a gusto en nuestras conversaciones que subían y subían de tono. 

 

- Muchas gracias por el piropo, Nur, aunque no sé si las usaría tanto como tú, mi amor...

- Seguro que sí, mi niña, aunque no tanto como merecería, jajajaja.

 

Bueno, afortunadamente el buen rollo por nuestro lado de la mesa compensaba la seriedad de Meri; yo sabía bien por qué era, ella estaba mosqueada conmigo por haberme exhibido así y por haber provocado tan a lo bestia a mi primo delante de ella. Estaba claro que lo consideraba una venganza por lo de esta mañana, y ante mi toma de partido por Nur, evidentemente nada de aquello le estaba haciendo ya ni gracia. De alguna manera, que yo le echara en cara de esa manera mi superioridad con mi primo, después de haberle reconocido también la superioridad de Nuria conmigo respecto a ella, debía haberle parecido la puñalada definitiva. Bueno, probablemente es que podía haberlo sido. Lo bueno era que, al menos, Nuria se ocupaba también de mantenerle el ánimo, y también Pablo procuraba hacerle comentarios fáciles y amables, preocupado sin duda, pensando que ella estaría así precisamente por él, por todo lo que, en el fondo, él le había obligado a hacer esta mañana.

 

- Venga, pasadme platos, que os sirvo.

- Te doy el de Meri - me dijo Pablo, estirándose a cogérselo, mientras yo me levantaba y me quedaba de pie junto a la mesita auxiliar. Pablo se sentó en mi silla y me dio el plato de María. 

 

Y, entonces, volvió a pasar algo inesperado. No estoy nada acostumbrada a estos tanguitas de tira, ya lo he dicho, en realidad me resulta molesta tenerla clavada en la raja demasiado tiempo, aunque como en ese momento estaba caliente me daba gustito, pero para demasiado tiempo no la aguanto. Sólo los he llevado alguna vez para algún cliente, en alguna ocasión especial, que me los han tenido que dejar porque yo suelo optar por otro tipo de lencería más elegante que la de Nuria, que muchas veces es más de enseñarlo todo a la primera... De tangas los que tenía yo entonces eran siempre con triángulo también por detrás y, por supuesto, más grandes. Quiero decir con todo esto que no fui consciente de que, al girarme hacia la mesita auxiliar, le puse directamente a Pablo el culo desnudo en la cara, y menos de que, al agacharme, toda mi raja abierta, con los labios desparramados y el orificio del ano arriba del todo, quedaron libremente expuestos para mi primo, y al alcance de su mano. 

 

Supongo que, para él, estirar la mano fue lo natural. No sé, estaba tan tonta que no me molestó sentirle en el muslo derecho, frotando y apretando cada vez con más fuerza. Me estaba metiendo mano, pero con cierta discreción, pensé, quizás en venganza por lo de antes... no tenía sentido que me molestara, ni que protestara... hasta que empecé a sentir calor en el chumino... ooooooohhhh. Noté que subía un poco la mano, poco a poco, muy poquito, estaba aún lejos, pero algo en mí empezaba a removerse. ¡Mierda!, me di cuenta de que tenía todo abierto y al aire... Giré la cara, y pude ver la expresión horrorizada de Nuria. 

 

Imaginé a mi primo babeando, con aquello delante, dándose cuenta, babeando, de que lo tenía en su mano, de que me tenía en su poder, de que yo iba a ser incapaz de rechazarle... ¡No, no, no! ¿Cómo acabaría aquello? Su mano subió y subió, no lo suficiente, pero ya estaba en la parte más alta del muslo y ohhhhhhhh, noté un dedo, el pulgar, estirándose y empezando a acariciarme el culo desnudo. ¿Iba a hacerlo? ¿Hasta donde pretendía llegar? Temblando le pasé el plato a Nuria:

 

- Toma dame el tuyooooooohhhh... - me mordí los labios conteniendo un gemido, sus dedos estaban ya tocando mis labios abiertos, mientras el pulgar se posaba sobre el ojete, tan dilatado que sería incapaz de contenerle si intentaba entrar empujando tan sólo un poco. Noté que le mojaba la mano, mientras empezaba a llenar el plato de Nuria.

- ¡Pablo! ¿pero qué cojones haces, tío...? - soltó Nuria, incrédula. Él se detuvo, le noté dudar...

- ESPERA... - grité yo, en un tono fuera de lugar - espera... - no me creía lo que le estaba pidiendo. Estiré el plato lleno a Nuria, y se lo pedí a mi primo. - Dame el tuyo, Pablooooohhh - él volvió al ataque con más fuerza, mientras con la mano derecha me daba su plato.

 

Yo resoplaba, era increíble pero me estaba calentando demasiado rápido. Llené como pude el plato, tirando la mitad fuera, porque empezaba a templar... El muy cabrón empezó a juguetear con la tirita del tanga a la entrada de mi ano, apretando mientras el canto de la mano contra mi coño.

 

- Dame... dame el mío... ohhhhhhhh - lo llené jadeando, aunque él casi ni se movía, pero a mí la situación me había puesto taaan bruta...

En cuanto pude, me giré, haciéndole salir de mi entrepierna, y le pedí que se levantara de mi silla y me dejara sentarme. Él empezó a levantarse, pero dijo con voz compungida:

- No... no puedo, Laura...

- ¡Vamos, déjame, Pablo! - dije algo molesta... aquello había sido un poco más de donde me habría gustado llegar, pero...

 

Oh, oh, cuando se levantó, me di cuenta un poco mejor de por qué mi primo había protestado. Estaba tremendamente empalmado otra vez y, evidentemente, cuando se levantó, aquello se le salió de golpe. Exactamente como me lo había descrito María un rato antes. Las tres nos quedamos mirando pasmadas a aquel tremendo trozo de carne. 

 

- Lo... lo siento yo... - Pablo empezó a removerse en la silla. Y, sin embargo aquella situación empezaba a tener algo de normal.

- Tendrás que hacerte una paja - dijo María, seria. 

- ¿Una... eh? Sí, sí...

 

Pablo empezó a levantarse.

 

- ¿Por qué no te la haces aquí? - le soltó Nuria.

- ¡Tú estás loca! - protestó María.

- ¿Y qué más te da? Al fin y al cabo, se ha corrido ya delante de todas… - la feroz puñalada de Nuria a María me demostró dos cosas: la primera, que efectivamente ésta había llegado a contarle el episodio entero; la segunda, que aquélla estaba firmemente decidida a utilizar toda su artillería para afirmar su poder y conseguir sus objetivos de aquella semana, que no éramos otros que mi primo y yo. Y, desde luego, no iba a permitir que ninguna salida de tono de María se lo fuera a joder por celos, dudas o malos rollos.

- A... ¿aquí? pe... pero... - Pablo me miró, y yo le sonreí. Una sonrisa que fue bastante más que una invitación a obedecer a Nuria. Luego, bajó la vista a mis tetas y, sin dejar de mirarme, empezó a levantar la mano.

 

Creo que las tres alucinamos cuando mi primo empezó a acariciarse la punta del cipote, muy despacito... No, no podía ser verdad aquello...

 

El encantamiento duró unos segundos, y al final se rompió por la parte más débil, que resultó ser precisamente él mismo.

 

- No, no, no puedo, no puedo... hacerlo así... - y violentamente se levantó, apartó la silla, y salió corriendo hacia el baño, entrando por mi habitación.

- Jooooder, tía - rió Nuria.

- Lo siento - musité yo, molesta, mirando a Mer. Ella no dijo nada.

- No, si qué vas a sentir - me cortó Nurita. Si ya sabemos cómo estamos, pero tía, controla, o no acabáis la comida, jajaja... 

 

En resumen, que Nuria cogió el tema y ya no lo soltó. A mí no me importaba, la verdad que agradecía que alguien llenara el vacío de conversación. Pero Mer no  soportó la banalización de la situación que estaba haciendo Nur y, al poco rato, se levantó y dijo que no tenía más hambre. Se justificó diciendo que si el calor, que necesitaba dormir un poco, que tampoco tenía mucha hambre en el desayuno... Nur y yo nos miramos, y la miramos a ella, pero ninguna de las dos dijo nada. Cuando ella se iba ya hacia su habitación, mi primo salía de nuevo al jardín, ya más calmado, con la polla en su sitio, y una enorme mancha de humedad en todo el centro de sus calzoncillos. La verdad, mejor para Meri haberse ido, pensé.

 

Nuria le miraba y me miraba divertida. Tuve miedo de que la liase y, sin embargo, empezó una conversación muy oportuna, no recuerdo sobre qué, pero que pareció muy pertinente, salió fácil, y dio aire a la situación, obviando magistralmente lo que acababa de pasar. Todo siguió así hasta que Pablo, algo nervioso, acabó preguntando dónde se había metido María.

 

- Estaba cansada y no tenía hambre, del calor - le contestó Nuria. A él pareció no convencerle la situación. Me di cuenta de que algo iba mal pero, afortunadamente, de nuevo fue Nuria la que recondujo el momento, haciendo confesar a mi primo que estaba preocupado porque Nuria estuviera enfadado con él por algo que había pasado aquella mañana. Le acabamos confesando que sabíamos todo, por supuesto.

- Y, además, no te precupes - le insistió Nuria - María no está para nada enfadada contigo ¿por qué habría de estarlo? Bueno... a estas alturas creo que está claro que... ni nosotras ni tu prima somos unas monjitas, y estamos en verano, de vacaciones, al fin y al cabo... Tú ya eres mayor, Pablo, estas cosas pasan, pero no tienen mayor importancia, si hubiese sido algo serio pero, hacerse una paja, o jugar un poco como os gusta a Lau y a ti, jajaja, eso no es preocupante, cielo...

 

Fue increíble, pero mi primo acabó tranquilizándose, y también yo, hasta el punto de que cuando me quise dar cuenta, estábamos los tres tan normalmente hablando de lo que había hecho con María aquella mañana, como si nada. Solo Nuria era capaz de conseguir que sucedieran ese tipo de cosas. Y, para mi estado de ánimo en ese momento, y el estado de cosas con mi primo, la verdad que ese paso adelante y ese grado de libertad recién admitido entre nosotros era, ni más ni menos, que el punto donde yo quería estar entonces.

 

Solo cuando acabamos de comer, me di cuenta de que todo había sido, una vez más, una estratagema de Nuria. Una vez terminada la fruta, yo le ofrecí café, pero ella se levantó, y nos dijo:

 

- Yo creo que prescindo, estoy perfecta, he comido de miedo Lauri. Pero me voy a ir a animar un poco a Meri, no vaya a ser que Pablo tenga razón; aunque no creo que esté mal, sí que parecía un poco seria. Además me apetece. Animarla, ya sabes - soltó, pasándose soezmente la mano abierta por la parte baja de las bragas y guiñándonos un ojo. A mí me hizo gracia, evidentemente trataba de provocar a Pablo, cosa que, como es natural, consiguió.

- Anda, vete yendo - le dije - que ahora voy yo. Nuria me sonrió. Demasiado, pensé, había algo raro...

 

¡Puta! Me di cuenta ya cuando era demasiado tarde. La cabrona de ella, después de los dos numeritos exagerados entre Pablo y yo, había decidido tomarse la justicia por su mano, no cabía duda. Él seguía a mi lado, sin saber cómo seguir, como esperando instrucciones. Sería zorra, se había dedicado a subir el tono con su conversación, a quitarle hierro a lo de liarse, a ponernos a hablar abiertamente de sexo, por blando que fuera, a los dos primos... Claramente había allanado el camino para que pasara algo, y ahora nos dejaba solos pensando que nos acabaríamos liando, quién sabe hasta dónde. Pues no te digo que no pudiera haber funcionado su plan, claro estaba, pero al darme cuenta ya pasé de ello, no había nada que me apeteciera menos, pensé. Seguro que, además, lo que estaba pensando ella era que yo no iba a aguantar ni medio minuto, y que acabaría follando ya allí mismo con él, con el objetivo seguro de metérselo ella misma entre las piernas aquella misma noche a más tardar... No pensaba darle ese gusto, aunque... tenía que reconocer que me alucinaba la habilidad de Nuria y, por otra parte, me estaba dando cuenta ahora de que me tenía en realidad mucho más caliente ella que él. O que, por no sé realmente qué motivo, al desaparecer Nurita decidí que tenía más ganas de seguir haciendo el amor con ella que de quedarme con Pablo... no sé, volvía a sentirme enchochada de ella, y deseaba hacer algo para agradecerle lo de aquella mañana, y hasta su actuación en la comida que, en el fondo, me había encantado. No sabía muy bien qué hacer, pero por ahora necesitaba quitarme de encima a mi primo. Súbitamente, me levanté, y le pedí que me ayudara a recoger... 

 

Sólo cuando ya estábamos los dos en la cocina, me di cuenta de que él estaba raro, nuevamente. Pero no quería indagar demasiado. Me había hecho un par de preguntas un poco raras sobre esta mañana, y yo no sabía por dónde iba a salir, sinceramente pensaba que él tenía que haberse dado cuenta igual que yo de la maniobra de Nuria, así que seguro que estaba trabajando para liarme de alguna manera. Bueno, yo esperaba estirar la situación, pero no me eseraba que él acabara preguntando tan directamente:

 

- Dime Laura...

- ¿Qué quieres Pablo? - pregunté con tono aburrido.

- ¿Es verdad que esta mañana tú y Nuria habéis estado con un chico?

No me esperaba eso, no tan directamente. Joder, estaba convencida que me iba a salir con que si me acostaba con él para la siesta, y no sabía cómo salirme por la tangente y, de pronto, me sorprendió con eso...

- ¿Por qué preguntas eso?

- No, quiero decir... que si...

- ¿Que si qué?

- ¿Has hecho el amor dos veces con un tío esta mañana?

- ¡Pablo! - me enterneció mi primo... evidentemente, me había escuchado por la mañana, y en el peor momento, como había temido...

 

No sabía hasta dónde habría entendido, pero parecía que sí lo suficiente. Pero lo que estaba claro es que yo no había dicho nada de hacer el amor, no... ¿con el pobre chaval del videoclub? ¡Vamos, anda! Habría hablado de follar, de joder como monas, no sé, había pegado dos polvazos tremendos, y eso es lo que estaba diciendo, nada de hacer el amor... pero se ve que Pablo había aprendido de mí todo el vocabulario principal, jiji, y yo con ciertas personas soy la más ñoña para estas cosas. Evidentemente, lo que había podido hablar con él sobre lo que hacíamos él y yo, o con Carlos, lo habría rebajado mayormente como hacer el amor, antes que usar cualquier otro tipo de expresión más fuerte. Ahora mi primo mantenía conmigo ese mismo código, pero aplicado a lo que yo había hecho por la mañana, no podía sonar más fuera de lugar.

 

- ¿Por qué... por qué preguntas...? Joder, has oído algo, ¿verdad?

- Sí, Laura, es que cuando estabas hablando con María tú has dicho que...

- ¡Yo no he dicho nada! Joder, primo, y ya sabes que no me gusta que espíes así, no sé qué has escuchado, ni qué te has inventado... hostias, Pablo, mira: me he tirado a muchos tíos en mi vida ¿pero te interesa eso acaso? Y a muchos puede que no los conociera de nada, sí, y que no haya vuelto a hablar con ellos en la vida... tu prima folla, y folla mucho, todo lo que puede, como cualquier persona... ay, joder... A ver... contigo sí que he hecho el amor dos veces, Pablo, fue una estupidez pero... reconozco que me gustó... no me hagas ahora que no quiera volver a hablar contigo nunca de nada de esto, ¿vale? necesito estar bien contigo, primo, no puedo estar dándote explicaciones... porque necesito... te necesito... ¡joder!... ¡no sabes lo que has oído, y no tenías que haber escuchado nada! - la última frase la dije en un tono más alto y enfadado de lo normal, mucho más enfadado en realidad de lo que yo pudiera sentirme. - No sé, Pablo, no te preocupes tanto por mí, ni por lo que hago ¿vale? No me gusta que estés tan pendiente de mí, ni que me espíes, no quieras saberlo todo... quizás sería mejor que anduviéramos con más cuidado, que yo anduviera con más cuidado. Tiene razón Nur en lo de los jueguecitos, sabes que no me importa una mierda lo de Nuria, ni lo de María pero... sabes también que si se enterasen nuestros padres de algo, me matan, y luego te mato yo...

- Pero Laura, yo no estaba diciendo nada de eso, jo, sólo quería saber si tú hoy...

Era increíble... ¿¡estaba celoso!?

- Da igual, Pablo... mira, creo que me voy a ir a echar la siesta...

- ¿Te ha molestado?

- ¿Tu pregunta?

- No. Lo de antes...

- Eh... - joder, Pablo, menudos saltos de tema, pensé... - mira primo, no sé, te repito lo mismo... no podemos permitirnos el lujo de que nadie se entere de... Joder, si no ha pasado nada, en realidad, son jue... jueguecitos, sí... ¿vale? No me puede molestar porque no ha pasado nada... y tú no deberías obsesionarte conmigo, ni mucho menos con cosas que no son.

- Pero Laura, tú y yo... ayer...

- ¿Ayer? ¿Qué pasó ayer, Pablo? Quiero decir... no sé, vale, ¿qué quieres decir tú? ¿que te he hecho una paja ayer? lo reconozco, estaba caliente, también confundida, no sé, ahora ya sabes lo mío con ellas, eso... eso sí es real, Pablo, pero esta mañana no... quiero decir, yo no... bueno, María, tú, me refiero, no habéis... es cierto que tú y yo follamos... joder, hicimos el... ¡da igual, coño! Por eso el que yo te masturbara ayer pues no... no significa nada, porque además... bueno, ya te lo he explicado muchas veces, te he contado por qué hay cosas que no pueden ser... Porque lo nuestro, lo mío, no, no.... joder Pablo ¡qué difícil! Mira, siento si has podido pensar que... antes, en fin, estábamos jugando, igual que tú y María habéis jugado por la mañna, eso, o igual que tú con Nuria jugasteis a los masajes el otro día...

- Pero... ¿cómo? ¿masajes? ¿Nuria? No, Laura, no sé que te ha podido decir ella, pero...

- Eh, eh, eh... tranquilo... Vale ya, ¿sí? Deberías aprender a ser más prudente, además. ¿Pero qué digo? ¡Lo que deberías es dejar de hacer el guarro, primo! que te sacamos muchos años, mi niño... ufffff. Vale, mira. Ahora me apetece estar con Nuria... con ellas, quiero decir... - Pablo me miró raro cuando mencioné de manera especial a Nur; el puto crío siempre fue muy listo, y estaba claro que sabía que había pasado algo importante entre nosotras - Solamente te he hecho una paja, primo ¿está claro? Lo que pueda haber habido antes entre tú y yo, es el pasado, yo lo tengo en mi cabeza, en mis recuerdos, y nada más. Y aquí... mira, a mí no me importa que me veas desnuda, sinceramente, y podemos estar jugando, de broma. Y ya ves que mis amigas en eso son iguales que yo, o peor. Pero no te montes películas, ¿vales? Solamente te he hecho una paja. ¿Sí? No pienses nada raro, anda. Lo que me hayas podido hacer tú, eh... eso de correrte encima de mí ayer por la mañana, cuando estudiabas, o anoche en la cama... (obvié todo lo demás, lo que me hacía cuando supuestamente yo dormía no contaba, porque oficialmente no existía), no sé, todo eso yo no pretendía que... pero es que, a veces, no sé cómo pararte, primo... Y creo que lo de la paja no debería haberlo hecho, tampoco. 

 

Pablo parecía destrozado, abatido. Me di cuenta al instante de que me había pasado, me sentí fatal. Joder, ¿por qué le había soltado toda aquella mierda, de repente? Pensé que lo tenía ya todo superado, que me había quitado de encima por fin aquella pátina moralista absurda que me impedía... No, es que directamente me había convencido de que iba a joder con él otra vez ¿pero por qué me costaba todo tanto? ¿Era por lo de Nuria? ¿Por la negativa reacción de Mer, acaso? No sé, la preguntita sobre el del videoclub, el discurso de Pablo, me había desarmado, como siempre, además me había pillado ya pensando cómo hacer para irme de allí sin él, cuando me di cuenta de que Nuria me había dejado a los pies de los caballos, con esa puta ansia suya que la lleva siempre a tratar de acelerarlo todo. Estaba claro que yo no había sabido reaccionar... joder, si justo antes estaba yo pensando en él,en cómo hacer para... y ahora... ahora parecía que le había cortado cualquier posibilidad de acción, después de... de exhibirme para él en la piscina, de haberle comido y tocado medio cuerpo, ¡que le había chupado el pecho delante de ellas!, y de dejarle meterme mano así, en la comida, delante de ellas también... Era todo tan raro...

 

Quizás Nuria había forzado demasiado, pero es cierto que yo me había pasado mucho, y la había cagado... Joder, lo que tenía ahora eran unas ganas increíbles de irme con ella (que no con ellas), y abrazarla... seguía con esa necesidad de gratitud hacia ella... Y Pablo... entendí que acababa de echarle por tierra todo lo que habíamos avanzado aquellos días, una semana brutal, y de repente por mi culpa ya nada servía, después de ser capaz de manejarme y hacer que me dejase meter mano delante de mis amigas en la comida, acabábamos de volver al principio, parecía, después de estar ayer a puntito de metérmela por la noche, o tal vez lo había soñado, o deseado... Pero fue incapaz de nada, después de lo caliente del baño y a comida, de lo bien que había salido, y ahora debía estar pensando que la había cagado con su celoso y cotilla comentario. Pero no, tenía que asumir mi cagada, ya no quedaba otra. En todo caso, yo quería ahora frenar, Nuria había intentado lanzar todo para terminar por fin, de un solo golpe, con nuestra espera compartida, y me di cuenta de que había estado en el filo de la navaja. Sí. Tenía que ser así. Lo mejor era darle distancia, claramente, frenarle, y así además largarme ahora con ella, que era por lo que realmente me moría de ganas. Y sólo me quedaba esperar no haberme pasado de frenada. Y, si luego realmente quería remontar aquel desastre, si todavía estaba empeñada en volver a tropezar una y otra vez en la misma piedra, pues siempre podía confiar en la persistencia y cabezonería de Pablo, no me quedaba otra. Mi negativa había sido dura y bastante humillante, puede ser, pero no podía haber sido para tanto como para haberle perdido para siempre. Teníamos además varios días por delante, y en todo caso dudaba mucho que mi primo y mis amigas se fueran a calmar ahora...

 

Terminamos de recoger en silencio. Yo no paraba de darle vueltas a la cabeza para ver cómo podía arreglar aquello, hasta consideré volver del revés la situación accediendo a dormir con él, pero confieso que, en el fondo tenía miedo. La intuición sexual de Nuria nunca falla, y si ella pensaba que hoy podía ser el día, me daba miedo tentar la suerte. Yo estaba como una puta, es que no era solo Pablo. Si yo dejaba que me pusiera una sola mano encima, estaba condenada sin lugar a duda. No, no veía la manera de hacer algo sin meterme en un lío... En el fondo, sí me apetecía un poquito estar con él, pero no, no podíamos follar. Aún. Y quería esta con ella. Él y ella. Si me decidiera... podíamos estar los tres juntos, aquello podía ser glorioso. ¡Qué locura! ¿Cómo medir algo así, cómo hacerlo como un "jueguecito" sin que se me fuera de las manos? Jiji, eso sería un regalazo para Nuria... ¿un regalo de boda quizás...?

 

Estaba agotada, de repente. No quería pensar más en el tema.

Avanzamos por el pasillo. Él se metió en mi cuarto. Yo no dije nada, aunque estaba claro que debería haber entrado en el de él, pero ¿qué más daba? Me despedí de él y seguí hacia el cuarto de ellas. Pablo no dijo nada, y yo no miré hacia atrás. Avancé ofreciéndole el desnudo integral trasero de mi cuerpo, con sólo una tira horizontal a la altura de la parte baja de mis homoplatos, y otra a la altura de mis caderas (una tercera tira, vertical, desaparecía por completo, enterrada entre mis ávidos y húmedos glúteos). La puerta del cuarto de ellas estaba cerrada, lo que era raro si teníamos en cuenta la tónica habitual de las últimas veces, pero es que el día se estaba volviendo raro: mi aparición en tanga y cubre pezones había resultado ser una bomba nuclear, que en un primer momento nos quemó, pero ahora parecía haber arrasado con todo. No me di cuenta, pero el ambiente era ya altamente inflamable cuando decidí hacer aquello, por lo que yo debería de haber intentado controlar más mi intensidad.

 

Al entrar, vi a Nuria girándose hacia mí, sentada en la cama.

 

- Tía, hay que ver ¡pareces un palo! - protestaba.

- ¿Qué pasa? - pregunté, cerrando la puerta. La ventana estaba abierta, pero la persiana estaba prácticamente cerrada por completo. El ambiente estaba oscuro y cargado, en todos los sentidos.

- Nada, joder, Mer... que está verdaderamente amuermada. ¿Y tú?

- ¿Yo qué? Yo no estoy amuermada, si te refieres a eso. Al revés... - le sonreí traviesa.

- Mierda, tía, ¿no lo estás? pero entonces... ¿y Pablo?

- ¿De verdad pensabas...?

- ¡Cómo que si pensaba! ¿Pero tú te has visto antes, so zorra?

- Bueno, no empecemos. Vamos a dejarlo, vale. Ya sabes lo que hay. - Venía ya cabreada, y ver allí a Mer en aquel plan me había jodido todos los planes y hundido todas las ganas. La bordería que le solté a Nuria era lo que menos hubiera deseado hacer en aquel momento, pero mi estado de ánimo había tomado vida propia. Sentía mis hormonas hirviendo furiosas, a punto de rebelarse... cuando caigo en esas espirales, está claro que nada bueno es esperable.

- Bueno, bueno, quizás me equivoqué, morena. No le demos más vueltas, ¿vale? - Nuria, esa fuerza de la Naturaleza... ¿estaba acaso plegando velas ante mi más que previsible aunque inoportuno huracán? Joder, eso era tan poco común en ella... que justamente fuera Nur quien estuviera intentando aplacarme a mí, en vez de al revés como pasaba siempre, dejaba claro lo excepcional de la situación.

- ¿Y Meri? - pregunté, sin saber muy bien qué le pasaba, ni hasta qué punto era serio.

- Lo siento, joder, es que después de lo de... ya sé que no es motivo, que no importa pero... sencillamente estoy sin ganas para... necesito dormir, no sé, descansar un poco al menos. Un poco de tiempo, de verdad... ya se me pasa, no os preocupéis. Ahora no estoy de humor, es sólo eso.

 

Ojalá sea verdad, pensé. Ojalá una simple siesta pudiera hacer que los cuatro podamos borrar este absurdo momento, y volvamos a ese instante de efervescencia de la noche de ayer en el que habíamos hecho hervir la piscina de pasión, deseo y lujuria...

 

Nuria me miró. Lo cierto era que yo seguía con ganas de todo, menos de siesta.

 


...dicen de mí que tengo buen sabor
l****@yahoo.com


   
1
Citar
nyctidromus
(@nyctidromus)
Miembro Erótico Autor
Registrado: hace 6 años
Respuestas: 933
 

@laualma MAMASITA que rico relato estuve todo el relato meneandomela esperando terminar de leer para correrme imaginando que te llenaba de lefa tu dulce rostro imaginando lo sexy guarrilla te vieras con mi leche en ti


scripsit nyctidromus

sanguine et pulvis
n****@gmail.com


   
ResponderCitar
laualma
(@laualma)
Miembro Súper Activo Autor
Registrado: hace 7 años
Respuestas: 464
Topic starter  

@nyctidromus la verdad que se me pone bastante cara de putilla viciosa cuando me hacéis eso, pero es que realmente tengo mucho vicio con el semen, no lo puedo evitar


...dicen de mí que tengo buen sabor
l****@yahoo.com


   
1
ResponderCitar
nyctidromus
(@nyctidromus)
Miembro Erótico Autor
Registrado: hace 6 años
Respuestas: 933
 

@laualma me colocas tan duro leerte eso mami con lo que me gusta hacer faciales aunque no se que te produciría más placer un facial o que te llena la boca y la garganta con mis lefazos 🔥🔥🔥🔥💧💧💧🍆🍆🍆 mami me tengo que meter al lavabo para menearmela


scripsit nyctidromus

sanguine et pulvis
n****@gmail.com


   
ResponderCitar
laualma
(@laualma)
Miembro Súper Activo Autor
Registrado: hace 7 años
Respuestas: 464
Topic starter  

@nyctidromus jo, es que a ver quién iba a ser capaz de dejar desaprovechar la oportunidad de probar una lechita rica y caliente recién ordeñada...


...dicen de mí que tengo buen sabor
l****@yahoo.com


   
1
ResponderCitar
nyctidromus
(@nyctidromus)
Miembro Erótico Autor
Registrado: hace 6 años
Respuestas: 933
 

@laualma que me colocó como burro 🔥 me corro en tu cara después te lamo recogiendo toda la leche para morrearte dártela de mi boca


scripsit nyctidromus

sanguine et pulvis
n****@gmail.com


   
ResponderCitar
laualma
(@laualma)
Miembro Súper Activo Autor
Registrado: hace 7 años
Respuestas: 464
Topic starter  

@nyctidromus uff, eres insaciable!


...dicen de mí que tengo buen sabor
l****@yahoo.com


   
1
ResponderCitar
nyctidromus
(@nyctidromus)
Miembro Erótico Autor
Registrado: hace 6 años
Respuestas: 933
 

@laualma siempre me pongo goloso al leer tus relatos mami Lau


scripsit nyctidromus

sanguine et pulvis
n****@gmail.com


   
ResponderCitar
laualma
(@laualma)
Miembro Súper Activo Autor
Registrado: hace 7 años
Respuestas: 464
Topic starter  

@nyctidromus qué genial ponerte tan duro


...dicen de mí que tengo buen sabor
l****@yahoo.com


   
1
ResponderCitar
nyctidromus
(@nyctidromus)
Miembro Erótico Autor
Registrado: hace 6 años
Respuestas: 933
 

@laualma siempre mami😘😍 🔥🔥 y es genial poner como burro leyendo tus relatos tengo que escribir un sobre como me comes la polla para después darte en tus agujeros viciosos de zorra


scripsit nyctidromus

sanguine et pulvis
n****@gmail.com


   
ResponderCitar
laualma
(@laualma)
Miembro Súper Activo Autor
Registrado: hace 7 años
Respuestas: 464
Topic starter  

@nyctidromus tu polla me pone zorra


...dicen de mí que tengo buen sabor
l****@yahoo.com


   
1
ResponderCitar
nyctidromus
(@nyctidromus)
Miembro Erótico Autor
Registrado: hace 6 años
Respuestas: 933
 

@laualma y a mí tus relatos tus palabras sucios y tus agujeros y tetas calientes para comerme los y follartelos


scripsit nyctidromus

sanguine et pulvis
n****@gmail.com


   
ResponderCitar
laualma
(@laualma)
Miembro Súper Activo Autor
Registrado: hace 7 años
Respuestas: 464
Topic starter  

@nyctidromus mmmmm pues folla


...dicen de mí que tengo buen sabor
l****@yahoo.com


   
1
ResponderCitar
nyctidromus
(@nyctidromus)
Miembro Erótico Autor
Registrado: hace 6 años
Respuestas: 933
 

@laualma te doy polla como loco haciendote correr, me siento en tu cara para que me comas el ojete mami rica


scripsit nyctidromus

sanguine et pulvis
n****@gmail.com


   
ResponderCitar
laualma
(@laualma)
Miembro Súper Activo Autor
Registrado: hace 7 años
Respuestas: 464
Topic starter  

@nyctidromus ñam ñam


...dicen de mí que tengo buen sabor
l****@yahoo.com


   
1
ResponderCitar
nyctidromus
(@nyctidromus)
Miembro Erótico Autor
Registrado: hace 6 años
Respuestas: 933
 

@laualma para que me folles después bien follado cómo te follo a ti y tu polla nunca se va a cansar 🔥🔥💧💧🍆🍆


scripsit nyctidromus

sanguine et pulvis
n****@gmail.com


   
ResponderCitar
laualma
(@laualma)
Miembro Súper Activo Autor
Registrado: hace 7 años
Respuestas: 464
Topic starter  

@nyctidromus ufffff


...dicen de mí que tengo buen sabor
l****@yahoo.com


   
1
ResponderCitar
nyctidromus
(@nyctidromus)
Miembro Erótico Autor
Registrado: hace 6 años
Respuestas: 933
 

@laualma las ganas que tengo que me folles el ojete mami me pongo cachondo imaginando que me penétras Mami mi culo vibra


scripsit nyctidromus

sanguine et pulvis
n****@gmail.com


   
ResponderCitar
laualma
(@laualma)
Miembro Súper Activo Autor
Registrado: hace 7 años
Respuestas: 464
Topic starter  

@nyctidromus putita


...dicen de mí que tengo buen sabor
l****@yahoo.com


   
1
ResponderCitar
nyctidromus
(@nyctidromus)
Miembro Erótico Autor
Registrado: hace 6 años
Respuestas: 933
 

@laualma uff si quiero que me folles cómo a puta barata mami y me pongas comerte tu coño y culo mami🔥🔥🔥🍆🍆🍆💧


scripsit nyctidromus

sanguine et pulvis
n****@gmail.com


   
ResponderCitar
Página 1 / 2
Compartir:
Criptomonedas

El valor de invertir en Criptomonedas

Guía 2026: Ventajas de Invertir en Criptomonedas y Activos Líderes Invertir…

Bonos de casino: qué saber antes de elegir

Elige inteligentemente: comparativa de bonos con depósito y…