En la trastienda de una joyería, Arturo, un cuarentón, con una potente lupa miraba el diamante de un anillo.
-Sin duda son parte de las joyas perdidas de los Romanov. Esto quema más que un hierro candente.
Una joven caucásica, con el cabello rubio, los ojos claros y cubierta con un abrigo de piel de color marrón, le dijo:
-Relájate.
-¡Cómo voy a relajarme, Natasha !
-Relajándote. ¿No me puedes encontrar un comprador?
-Puedo intentarlo, pero no te prometo nada.
-¿Qué no me prometes, relajarte o encontrar comprador?
-Encontrar comprador, que relajarme...
-¿Cuánto me podrías conseguir si lo encuentras?
-Un par de kilos.
-¿Dólares americanos?
-Sí. ¡Sácala de la boca que me corro!
Natasha, que estaba arrodillada debajo de la mesa del joyero, no sacó la verga de la boca, siguió mamando y se tragó toda la leche. Luego se puso en pie. Tan tranquila como si se hubiera tomado leche caliente en un bar y yendo hacia la puerta de la trastienda, le dijo:
-Ahí te quedan. Cuando las vendas me haces una transferencia a donde tú ya sabes. Y no te olvides que me debes una corrida.
Un mes más tarde...
Arancha, una joven morena, flaca, de algo más de un metro setenta de estatura, de ojos color esmeralda cabello negro y muy corto. Vestida con unas bragas blancas, y un top corto del mismo color en el que se marcaban los pezones sus tetas medianas y se veía su ombligo, llegó a la sala de estar de su mansión donde estaban mirando la televisión su nuevo hermano, su nueva hermana y su nueva madre. El hijo llevaba puesta una bata de casa azul, ellas, batas rojas, y estaban sentados en un sofá de cinco plazas. El hijo estaba sentado a la izquierda de su madre y la hija a la derecha.
Alicia, la madre postiza de Arancha, una mujer de cuarenta y dos años, fuerte, morena, de ojos negros, cabello negro y largo, recogido en una trenza y de casi un metro sesenta de estatura, le dijo:
-Vete a vestir si quieres estar en la sala.
Arancha tenía aires de grandeza.
-En esta mansión estoy donde quiero y como quiero porque es mi mansión. ¿Lo pillas, enana? Mi mansión.
Mariano, el hermano postizo de Arancha, que tenía la misma altura que su madre, que era moreno como ella, delgado como un fideo, le dijo a su madre:
-Por favor, mamá, no empecéis otra vez. Día tras día discutiendo. Hacéis esta casa parezca un infierno. Deja que ande como quiera.
Elisa, que era morena y algo más baja que la madre y el hermano, pensaba igual que Mariano.
-Sí, mamá, déjala andar a su aire.
Arancha fue a por Mariano, al que no tragaba por ser un blandengue y a por Elisa, por caerle empalagosa.
-A ti te gusta ver cómo se marcan mis pezones en el top y mi coño en las bragas. ¿A qué sí, papa hostias? ¿Y a ti, a ti no es que te guste, cochina? A ti se te hace la boca agua. ¿A qué sí?
A Mariano y a Elisa se les pusieron las caras rojas como tomates maduros. Alicia se puso como una fiera. Se levantó, y brazos en jarra, le dijo a Arancha:
-¡Respeta a mis hijos!
-¿Acaso él no es un papa ostias? Le pegó el enano del circo, y ella no sabes lo que hace en su habitación por las noches si no te callarías la boca.
-Piensa el ladrón que todos son de su misma condición.
-Tu hija es una pajillera y tu hijo un pajillero.
-¡Mis hijos...!
-Las habitaciones de tu hijo y tu hija están a ambos lados de la mía y los siento pajearse.
-¡A ti te hago yo respetar la intimidad de la gente!
-Lo sabías. ¿Es que tú también te la rascas cuando no está mi padre en casa?
Alicia ya estaba cabreada, pero las últimas palabras de Arancha la dejaron fumando en pipa.
-¡Te voy a meter semejante tunda que se te va a quitar todo el veneno que llevas dentro!
Arancha, con caminar chulesco, fue a hasta donde estaba Alicia y sus hijos, se puso enfrente de ella, y mirando hacia abajo, le preguntó:
-¿Tú y cuantos más, enana?
Alicia agarró por la cintura a Arancha, al tiempo que se sentaba en el sofá. Mariano y Elisa se apartaron. Arancha quedó sobre sus rodillas. La mano de la mujer comenzó a subir y a bajar a toda ostia... Le dio las del pulpo en cada nalga.
-¡¡Plassss, plassss, plassss, plassss, plassss, plassss, plassss, plasss!!
Luego las del calamar.
-¡¡Plassss, plassss, plassss, plassss, plasssss, plassss, plassss, plasssss, plassss, plassss!!
Y de propina las que le debió dar la primera vez que se le puso alta.
-¡¡Plassss, plassss, plassss, plassss...!!
Mientras Alicia la calentara, Arancha chillara, llorara, y la amenazara, pero no le sirvió de nada, acabó con las nalgas del color de la cara de su hermano y de su hermana postiza.
Al acabar de darle, la soltó. Arancha se puso en pie, Alicia también se puso y le preguntó:
-¿Quieres llevar más?
Arancha, llorosa y desafiándola de nuevo, le respondió:
-¡Animal! ¿Gozaste zurrándome?
-Se ve que quieres más.
-Más quieren ver tu tu hijo y tu hija. Mira cómo tapa Mariano la polla empalmada con sus manos y mira que colores tienen los dos en la cara. Voy a tener que follarlos.
Alicia miró para su hijo y vio que estaba colorado con las dos manos en el regazo y que su hija estaba aún más colorada que él.
-Eso no lo digas ni en broma.
-Lo digo, y lo digo muy en serio
-¡Vete para tu habitación, o te cruzo la cara, Arancha!
-Cuando vuelva mi padre de La Coruña y le diga lo que me has hecho...
-Me la repampinfla lo que le digas a tu padre.
-Eso ya lo veremos.
-No hay nada que ver. Yo le doy algo que tú no le puedes dar.
-Hasta que encuentre a otra, si no la tiene ya.
Alicia se fue a por Arancha, que echando a correr hacia su habitación, dijo:
-¡Mejor que tú las hay a punta pala!
Una vez que se había ido Arancha, Mariano, que seguía empalmado tal y como había dicho su hermana postiza, le dijo a su madre:
-No has debido azotarla, mamá, le debió de doler mucho.
-Debí darle más fuerte, así no hubiera dicho las barbaridades que ha dicho.
Elisa no estaba de acuerdo con su madre.
-Yo creo que aún las hubiera dicho peores.
-A lo peor, sí. En fin, si mañana, o cuando sea, se os acerca con malas intenciones...
-No soy lesbiana, mamá.
-¿Y tú qué dices, Mariano?
-Que es mi hermanastra.
-Eso no impidió que... Quita las manos de donde las tienes.
-Es que...
-¡Que las quites o te azoto a ti también!
-Es que está aquí Elisa.
Alicia le dijo a su hija:
-Elisa, vete para tu habitación.
-Aún no hemos cenado.
-Ni vamos a cenar.
Elisa se fue. Mariano quitó las manos de donde las tenía y una polla gorda y larga, que había salido por la abertura que tenía en el calzoncillo, quedó al descubierto.
-¡Qué barbaridad! Ni se te ocurra...
-No, mamá, tranquila.
Alicia ya no las tenía todas con ella.
-¿Tranquila?
Mariano se puso en pie, guardó la polla y le dijo a su madre:
-Sí, tranquila, si no quieres decirme nada más, me voy para mi habitación.
-Vete. ¡Y ojo con el ruido que haces! Ya te habrás dado cuenta de que las paredes oyen.
-Hasta mañana, mamá.
-Hasta mañana, hijo.
La habitación de Mariano estaba al lado de la de Arancha. Pasó por delante de ella y sintió lloriqueos y golpes, era su hermana postiza que seguía enfadada y golpeaba la cabecera de su cama. Oyó como decía:
-Esa puta me las va a pagar.
Mariano, ya en su habitación, se dijo a sí mismo:
-A ver si es verdad que viene a por mí.
Mariano, luego quitarse la bata y de apagar la luz, se metió en la cama. Su polla seguía dura. Tenía que bajarla. Se quitó el calzoncillo y comenzó a fantasear. Le gustaba recrearse. Esta vez imaginó a Arancha desnuda, sentada en la mesita de su habitación. Se estaba masturbando mirando cómo se masturbaba él y tenía sus pies a ambos lados de su cabeza... Le dio cera a la polla y cuando se iba a correr su imaginación voló más lejos. Su hermana se sentaba sobre su polla. Arancha le daba el coño a comer, se lo lamìa, se corría en su boca... Y se corrió como un cabrón dentro del coño de su hermana.
En la oscuridad de su habitación, Elisa, con la yema del dedo medio de la mano derecha, acariciaba su clítoris. Sintió una mano tapar su boca y otra posarse en su coño. Abrió los ojos como platos y vio a Arancha, que le dijo:
-Soy yo.
Le quitó la mano de la boca, la destapó y vio que estaba desnuda, se desnudó ella, se echó a su lado y comenzó el lío. Elisa le rodeó el cuello con un brazo y tímidamente metió la punta de la lengua en la boca de Arancha, que reaccionó chupándosela... La tira de besos después, la tira y unos pocos más, Elisa se echó encima de Arancha. La que quería a follar a su hermana postiza, iba a ser follada por ella. Elisa besó y lamió su cuello y sus orejas, mientras frotaba sus tetas con la de Arancha. Arancha le acariciaba a ella el cabello, la espalda y las nalgas. Luego Elisa le lamió y chupó los pezones y las areolas y le magreó y le mamó las tetas durante casi diez minutos. No pasó por el vientre. Fue a por el coño directamente. Metió en la boca toda aquella almeja mojada, lamió de abajo a arriba cantidad de veces y Arancha se corrió en su boca.
Ya había consumado parte de su venganza, pues al fin y al cabo, aunque no la hubiese follado, la había pervertido.
Al acabar de gozar, Elisa, la besó con ternura y le dijo:
-Te quiero.
Arancha no lo esperaba y quedó cortada, pero solamente unos segundos, ya que luego le dijo:
-No digas tonterías. Sabes que te follé para darle en la cara a tu madre.
-No me follaste tú a mì, te follé yo a ti.
-Eso se puede arreglar. Échate boca abajo.
Elisa se echó boca abajo. Arancha le besó y le lamió las duras nalgas, luego se las separó con las dos manos y le lamió y le folló el ojete unos cinco minutos. Sintió sus dulces gemidos desde un principio. Pasado un tiempo pararon los gemidos. Sintió cómo su ojete se abría y se cerraba. Elisa se estaba corriendo. Arancha le puso la palma de su mano derecha en el coño y recogió todos los jugos de la corrida.
Al acabar de correrse hizo que se pusiera bocarriba. Le esparció los jugos por las tetas, luego se las magreó y le las mamó. Le apretó los pezones, le lamió el cuello, le lamió las orejas y le mordió los lóbulos. Después le besó y le lamió la tripa y el ombligo, y por último bajó a su coño. Un coño que estaba chorreando. Ni treinta lamidas tuvo que darle para que Alicia se corriese de nuevo.
Al acabar de gozar, le dijo:
-Follada.
-Ahora sí, hermanita.
-¿Hermanita? ¡Vete a la mierda!
Arancha se puso el top y las bragas y se fue de allí. Como iba caliente como una perra, en vez de volver a su habitación y darse dedo, se metió en la de su hermano postizo, para quitarse las ganas, y de paso seguir consumando su venganza, pero nada más entrar y cerrar la puerta, Mariano la agarró por la cintura y arrimando su polla empalmada a la raja de su culo, le dijo:
-Te oí con mi hermana y te estaba esperando.
De nuevo pensaba follar e iban a follarla. Le echó la mano a la polla y le preguntó:
-¿Pero tú qué coño tienes aquí?
-Algo que te va a llenar el coño.
Dejó que se diera la vuelta y fue a por su boca. Arancha levantó la cabeza y no pudo besarla. Le quitó el top, le agarró las tetas y se las amasó mientras se las devoraba. Luego le bajó las bragas y le comió el coño un tiempo. Cuando se iba a correr la puso contra la pared, le separó las piernas, de una estocada le clavó la verga hasta el fondo del coño y luego le dio a romper. Poco después se corrió dentro del coño de su hermana postiza. Arancha, sintiendo cómo le llenaba el coño de leche, le dijo:
-Tienes menos aguante que tu hermana, picha floja.
Aguante no había tenido ninguno, pero de picha floja, nada, ya que al acabar de correrse, la polla siguió dura y le dio palos, sí palos, le dio palos en el coño hasta que se corrió cómo una pija que era. Al correrse sus piernas temblaban, sus tetas temblaban, su vientre temblaba, todo su cuerpo temblaba. Se corría y seguía sintiendo los palos dentro de su coño, palos que siguieron después de correrse y que la llevaron a otro orgasmo brutal que hizo que sus jugos se mezclaran con la leche de su hermano. Suerte que tomaba anticonceptivos, que si no hubiera quedado preñada.
Al acabar de correrse le quitó la polla y la llevó a la cama. Arancha, tambaleándose, lo acompañó. Sentada en el borde de a cama, le preguntó:
-¿Tienes agua? Necesito beber algo.
Mariano fue al armario y en entre sus jerséis de invierno cogió una botella de jerez y un vaso, lo llenó y se lo dio. Arancha echó un trago largo.
-Esto es jerez, cabronazo. ¿Quieres emborracharme?
-El jerez es un reconstituyente.
Mariano echó un trago a morro.
-Como se entere tu madre que empinas el codo... ¿Tienes algo de comer? Es que con el jaleo me fui para cama sin cenar.
-Tengo galletas de coco en el cajón de arriba de la mesita de noche.
Comieron y bebieron. Luego Arancha siguió adelante con su venganza, venganza que le estaba resultando más placentera de lo que esperaba.
-Ahora me toca follarte. Con una corrida ya me doy por satisfecha.
A Mariano una vez le pareció poco.
-¿Tuya o mía, coño flojo?
-¿Qué me has llamado?
-Coño flojo.
-¿Y eso a qué viene?
-Si con una vez más ya te llega...
Se lo tomó a pecho.
-El coño flojo te va a llenar la boca y la polla de jugos.
-Va mejorando la cosa, ya son dos corridas más.
En vez de besarlo, que era lo que Mariano esperaba que hiciera, lo montó y le puso el ojete en la boca, luego le echó la mano a la polla, y meneándosela, le dijo:
-Lame y folla el ojete metiendo y sacando la lengua de él.
Mariano le dio lengua hasta que le quitó el ojete y le puso el coño mojado.
-Hazle lo mismo.
Le lamió y le folló el coño... Al rato se corrió y Mariano se corrió con ella.
Luego de correrse, Arancha, se sentó sobre la polla y folló a Mariano. Lo hizo a su ritmo y dándole las tetas a mamar. Tiempo después, a punto de correrse, quitó la polla, se giró, se la puso en la boca y le dijo:
-Saca la lengua.
Mariano sacó la lengua. Arancha frotó el coño contra ella y al correrse, le dijo:
-¡Toma coño flojo!
Luego de correrse, volvió a meter la polla dentro del coño. Mientras lo follaba, lo besó con lengua y le dio las tetas a mamar. Lo follo despacito, a prisa, despacito de nuevo, aprisa, a toda ostia y cuando se iba a correr lo volvió a follar despacito para sentir cómo la leche le iba llenando el coño.
Al quitarse de encima cogió la botella de jerez, se echó un trago a morro, y luego le dijo:
-Ahora, sí, ahora me voy, capullo.
No se iba a ir porque Elisa entró en la habitación, encendió la luz y cerrando la puerta con llave, le dijo:
-Tú no te vas a ninguna parte, hermanita.
Mariano le echó las manos a la cintura.
-Ahora viene lo bueno.
-¿Pero vosotros dos...?
Le respondió Alicia, antes de meterse en la cama.
-Sí, follamos.
-Si sois hermanos de sangre.
-La religión para los religiosos.
-Yo me voy de aquí.
Mariano también tenía algo que decir.
-Tú no te vas. Tú has querido robarnos la inocencia...
-¡¿Qué inocencia, cabronazo?!
-La que has pensado que teníamos.
Le cogieron un brazo cada uno. Elisa le calló la boca con un beso. Mariano le cogió una teta, y magreándosela, la mamó.
-¿Me estáis forzando, desgraciados?
Elisa dejó de besarla, le separó las piernas y luego le lamió el coño. Mariano subió encima de ella y le frotó la polla en los labios.
-No voy a chuparla.
Elisa dejó de comerle el coño y le lamió el ojete a su hermano. Arancha, viendo lo que hacía, le dijo:
-Eres una guarra, una guarra degenerada.
Mariano le dijo a su hermana:
-¿La mandamos a la mierda y follamos tú y yo, Elisa?
-No, quiero que te la mame y que me la coma otra vez.
Arancha seguía en sus trece.
-No voy a mamársela ni a comer tu coño.
Mariano dejó de frotarle la polla en los labios y en la cara y se echó junto a Arancha, que se puso de lado intentando escapar de la cama. Mariano la sujetó y no pudo escapar. Elisa empuñó la polla de su hermano y le dio un par de mamadas, después se la frotó en el coño a Arancha y luego se la puso en la entrada de la vagina. Mariano empujó, se la clavó hasta las trancas y a continuación le dio con ganas atrasadas. Al rato, Arancha, dándole la espalda, estaba encima de Mariano. Elisa la besaba con lengua, Arancha le devolvía los besos, luego, cuando ya Arancha gemía como una descosida, le comió las tetas.
-Me voy a correr, cabrones, me voy a correr!
Mariano, cogiéndola por la cintura, le dio a mazo. Elisa le lamió el clítoris, clítoris que tenía el glande fuera del capuchón, y Arancha se corrió retorciéndose como un muelle, jadeando y babeándose cómo una perra.
Al acabar de correrse Arancha, Elisa la quitó de encima de su hermano y se puso ella. Arancha, recuperándose de la paliza que le habían metido, vio la polla llena de jugos entrar y salir del coño. En otro momento la excitaría, pero estaba demasiado molida para excitarse. Oyendo los gemidos de Elisa, salió de la cama, puso el top y las bragas y se fue hacia la puerta. Moviendo la llave para abrirla, sintió a Elisa decir:
-¡Me corro en tu polla!
Mariano también se corría.
-¡Y yo en tu coño!
Salió de la habitación de Mariano, se metió en la suya y cerró con llave, no fuese que la mataran a polvos.
A la mañana siguiente, Alicia, sentada en una silla de la mesa de la cocina, esperó por Arancha. Arancha llegó a desayunar vestida con unas bragas blancas, con una camiseta blanca que tenía el logo de los Rollings Stones y descalza, le dijo:
-Tenemos que hablar antes de que cometas una locura, Arancha..
Arancha abrió una puerta de la alacena y cogiendo un bol y cereales, le respondió:
-Contigo no tengo nada de que hablar.
-Si tienes, hija, si tienes.
Arancha se enfureció.
-¡No me llames hija!
Cogió leche en la nevera, echó los cereales, los echó en el bol, le echó la leche y después puso a calentar agua para el café. Alicia esperó pacientemente a que se sentara a la mesa.
-Te he llamado hija porque soy tu madre biológica, Arancha.
La miró cómo se mira a algo despreciable.
-¡¿Qué dices, chalada?!
-Que de bebé te vendí al que ahora llamas padre y a la que tú creías que era tu madre, que en paz descanse.
-A ti se te fue la olla.
-No, cuando vuelva tu padre le puedes preguntar.
-Claro que le preguntaré.
Arancha tenía los cereales delante de ella, pero no los había tocado. Miró fijamente a su madre y luego le preguntó:
-¿No me estás engañando?
-No, soy tu madre.
-Cuéntamelo todo desde un principio.
Le contó que ella y su padre habían sido amantes y que se la acabó vendiendo porque se había quedado sin trabajo y no podía mantener tres hijos.
-... No te puedes imaginar cuánto lloré al tener que desprenderme de ti.
Arancha, seria como un palo, le preguntó:
-¿Por cuánto me vendiste?
-Esa pregunta es muy cruel, hija.
-¿Por cuánto?
-Por un trabajo de cajera en uno de los comercios de tu madre.
-¿Mariano y Elisa saben que somos hermanos de leche?
-No.
Arancha volvió a su habitación sin desayunar. Rebobinó y se dio cuenta de a donde la habían llevado su soberbia y su maldad. Ella, si lo hubiera sabido, no follaría con su hermano ni con su hermana, pero ya no había vuelta de hoja. Buscó un culpable de lo que había sucedido y lo encontró. Esa mañana le sonó el móvil a Arancha miró quien era y vio que era su padre.
-Dime, papá.
-Quiero que cojas un estuche rojo en la caja fuerte y me la traigas. No le digas nada a Alicia y no mires que hay dentro.
-Tenemos que hablar de algo muy importante, papá.
-Ahora no puedo, cariño, estoy con alguien. No te olvides, no abras el estuche ni le digas nada a Alicia.
A ver, pedirle que no le dijera nada a Alicia, era algo muy raro, pero lo podía hacer, pero pedirle que no mirara que había dentro del estuche, era como pedirle a un alcohólico que no bebiese un buen trago de coñac. Arancha abrió la caja fuerte, abrió el estuche y vio un collar, unos pendientes, un anillo y cuatro brazaletes. Las ocho piezas eran de oro blanco y diamantes.
Fue a su cuarto, se puso una camiseta negra, un mono pantalón blanco, unos tenis negros y se fue al garaje. Allí tenía su Mercedes AMG GT 2001. Desde su mansión al puerto de La Coruña, por la autopista, le llevaría menos de una hora. Arrancó y se puso en marcha.
En el camerino de un yate de cuyo nombre no quiero acordarme. Arturo, un hombre con el cabello negro las sienes blancas, el cuerpo de un jugador de water polo y joyero de profesión, vistiendo solo un bañador, en el que se marcaba su paquete, estaba sentado en el borde de una cama junto a una colombiana, alta, morena, con tetas grandes, cintura estrecha, caderas anchas y un buen culo. La colombiana era la viuda de un narco colombiano al que le habían dado jaque mate por ir de sobrado. Ahora era ella la que llevaba las riendas del negocio y se daba todos los caprichos que quería.
Arturo ya le había vendido joyas al marido de la colombiana, pero a ella, no, y con la mercancía que le iba a vender tenía que andar con mucho cuidado, por eso no la quiso llevar con él. Antes iba reconocer el terreno.
Cuando Arancha subió a la cubierta del yate, con una bolsa en la mano, se encontró con los cuatro guardaespaldas de la colombina. Los bicharracos, que ya estaban avisados, la dejaron pasar sin registrarla, aunque uno de ellos la acompañó hasta el camarote donde estaba su jefa y luego volvió cubierta. Arancha entró en el camarote y se encontró a la colombiana encima de su padre cabalgando como una loca. Preguntó, de modo sarcástico:
-¿Interrumpo algo?
La colombiana se quitó de encima y Arancha vio la tralla empalmada de su padre brillando con los jugos que lo cubrían, tralla que se apresuró a tapar cubriéndose con una sábana.
-No te esperaba tan pronto, Arancha.
Mirando para la colombiana, que no se había molestado en tapar su cuerpazo, le dijo a su padre:
-Se ve, se ve -sacó el estuche de la bolsa de mano-. Aquí tienes lo que me has pedido.
-Déjalo encima del mueble y sal de aquí mientras nos vestimos.
Arancha se fue al pasillo. Arturo fue a por el estuche, lo abrió y le enseñó las joyas a la colombiana.
-¡Son maravillosas!
-Vístete que tenemos que hacer las transferencias.
Luego de estar vestidos, él con un bañador y un albornoz y ella con la ropa que había traído puesta, Arturo llamó a su hija. Arancha volvió a entrar en el camarote y al verlos sentados sobre la cama y ver a ella escribiendo algo en un ordenador portátil, le preguntó a su padre:
-¿Que se cuece ahora?
-No digas tonterías o vuelves para el pasillo.
Arancha se sentó en un sofá y se calló la boca. La que habló fue la colombiana.
-Ya está. Dos millones en una cuenta y cinco millones en la otra. Compruébalo.
Arturo hizo la comprobación y le dijo:
-Correcto. ¿Lo celebramos con una copa de champán?
-Lo celebraría con esa copa y siguiendo con lo que estábamos haciendo, pero está tu hija aquí.
La colombiana metió el estuche en la bolsa que lo había traído Arancha y se marchó. Arturo sacó una botella de champán del frigorífico yle dijo a su hija:
-¿Quieres tomar conmigo una copa de champán, Arancha? Es sin alcohol.
-No sé si debería beber con un negociante de joyas robadas, aunque siendo su cómplice... ¿Cuánto me toca?
-Te toca callar la boca.
Arancha cogió dos copas de un armario, le dio una a su padre, le echó la mano a la polla y comenzó a vejarlo para vengarse de él.
-Me la tienes que llenar con algo para que me calle. Este me la tendría ocupada.
Arturo se llevó la sorpresa más grande de su vida. Apartándose de su hija, le dijo:
-¿Te has metido algo, Arancha?
-Una dosis de realidad y otra de desencanto. Lléname la copa.
Echando champán en la copa. le dijo:
-Que hayas descubierto que engaño a tu madre y que no soy todo lo honrado que pensabas que era no te autoriza a tocarme la polla como si fueras una cualquiera.
-Mis ganas de follar no dice lo mismo.
-Solo de muerto podrías hacerlo conmigo.
-Mamá se va alegrar de saber a qué te dedicas y de que le metes los cuernos.
-Me llega cierto tufillo a chantaje.
-A mí me huele a polvo de los buenos.
-¡Qué soy tu padre, desvergonzada!
-De eso ya hablaremos más tarde.
Le metió la mano debajo del albornoz, luego dentro del bañador, le sacó la verga y le metió la cabeza dentro de la copa de champán. Acto seguido bebió un trago, y después continuó hablando.
-Tiene un ligero sabor a coño, pero está rico.
-No te conozco, hija, no te conozco. Es como si hubieras sufrido una abducción extraterrestre.
Arancha siguió a lo suyo.
-¿No íbamos a tomar una copa juntos?
-Se me quitaron las ganas.
Arancha acabó la copa de champán. Le echó manos a un tirante del mono pantalón. Arturo le preguntó:
-¿Qué vas a hacer?
-Desnudarme.
-¡Hasta aquí hemos llegado! Dile a tu madre lo que quieras.
Arancha se quitó los tirantes, y bajando el mono pantalón, le dijo:
-¿Y a la policía también le puedo decir lo que quiera?
-¡No te atreverías!
-No quieras descubrir lo que me atrevería a hacer.
Se quitó la camiseta y los tenis negros. Se sentó en el sofá que había estado sentada antes, se abrió de piernas, se echó hacia atrás y mostrándole a su padre sus hermosas tetas y su coño semiabierto, le dijo:
-Desnúdate.
-No me hagas esto, Arancha.
-Peor fue lo que me has hecho tú a mí.
-Traer unas joyas...
Arancha se puso seria.
-¿Te desnudas o me visto y voy a hablar con la policía?
Solo se tuvo que quitar el albornoz y el bañador. La polla la tenía morcillona.
-¿Contenta?
-No, menéala mirando para mi coño hasta que se te ponga dura.
-No sabes lo que estás haciendo.
-Lo sé de sobras.
-No, no lo sabes. Tú tomaste algo y cuando te pase el efecto te vas a arrepentir de lo que me estás obligando a hacer.
A Arancha le llegó la leche a las tetas.
-¡No quiero oír otra palabra que no sea de complacencia! Menéala y ponla dura
No tuvo que menearla mucho para que la polla apuntase al frente.
-Ven aquí, arrodíllate ante mí, y ríndeme pleitesía besando mis pies.
Arturo fue junto a su hija, se arrodilló, le cogió un pie y le besó el empeine.
-Ahora el otro.
Se lo cogió y se lo besó.
-Cierra mis piernas, sube besándolas y al llegar arriba, abrelas y dame un beso con lengua en el coño.
Arturo subió besando sus piernas y al llegar arriba se las abrió de par en par y luego le clavó la lengua en elcoño.
-¡Ayyyy! Ahora lame.
Lamió su coño un ratito. Luego Arancha se pudo en pie, colocó las manos en el respaldo del sofá y dándole la espalda, le dijo:
-Vuelve a lamer mis piernas y al llegar arriba separa mis nalgas y dame un beso con lengua en el ojete.
Hizo lo que le dijo y al clavarle la lengua en el ojete, exclamó:
-¡Huyyyy! Sigue follándolo.
Le comió el culo. Arancha quiso vejarlo aún más.
-Follame el culo, si eres algo maricón, si no lo eres, me doy la vuelta y, de pie, me follas el coño.
Arturo ya se había olvidado momentáneamente de que Arancha era su hija. Le echó las manos a las tetas, le acercó la cabeza de la polla al ojete y se la clavó de una estocada. A Arancha, que le gustaba tanto el sexo anal como el vaginal, con el gusto, le quedó un ojo mirando para Pontevedra, el otro mirando para Lugo y del coño le cayeron cantidad de jugos. Mientras se la fue clavando se le quitaron las ganas de hablar, solo quería gozar. Al rato sintiendo latir la polla de su padre, le dijo:
-Quiero tu leche dentro de mi coño.
Arturo le sacó la polla del culo, cogió las bragas de su hija del piso, la limpió y luego se la clavó en elcoño de un golpe de riñón. Cogiéndola de nuevo de las tetas, le dio a mazo hasta que Arancha se corrió en su polla. Arturo le llenó el coño con tanta leche que acabó por desbordar.
Al acabar de follar con su hija, Arturo, cogió la botella de champán y. a morró, bebió hasta casi dejarla vacía.
-Me quieres decir ahora porque me has hecho cometer un incesto.
-No hay tal incesto. Tú no eres mi padre y si te he vejado es por haberme tenido engañada todos estos años.
-¿Y quién es tu padre, si se puede saber?
-El anterior marido de mi madre. Sí, mi madre, la que está en casa. Tú me compraste porque la que yo creía mi madre no podía tener hijos .
-¿Habéis discutido Alicia y tú otra vez?
-Sí, y me dijo que Mariano y Elisa eran mis hermanos de sangre.
-Ahora lo entiendo. La hizo buena, sin querer, pero la hizo buena.
-¿Qué hizo?
-Decirte una media verdad.
-¿Y cuál es la verdad?
-Que ella es tu madre, pero Mariano y Elisa son hijos de su marido, un tipo que la abandonó cuando tu eras un bebé.
Le preguntó:
-¿Y yo?
Le respondió:
-Tu eres fruto de una aventura extramatrimonial que tuvo conmigo.
Arancha no sabía donde meterse
-¡¿Qué he hecho?!
-Qué hemos hecho, Arancha, que hemos hecho, pues yo te pude haber puesto en tu sitio y no lo hice.
-No me digas que en el fondo deseabas hacerlo conmigo, papá.
-A lo mejor, muy en el fondo...
-Lo dices para que no me sienta mal. ¿A qué sí?
-Si fuera así ya te hubiera mandado vestir y me hubiera vestido yo.
-¿Sabes, papá?
-¿Qué?
-Que aún no has probado mis tetas.
Quique.





