Incesto en una furg...
 
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Incesto en una furgoneta

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José
(@quique)
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Topic starter   [#1496]

Víctor hacía un mes que había salido de la cárcel después de haber cumplido cinco años de condena por culpa de un accidente de tráfico en el que había fallecido su esposa. Estaba de pie en medio de su habitación, vistiendo uno de sus viejos trajes de Armani, una camisa blanca y calzando unos zapatos negros. Enfrente de él estaba una golfa de algo más de un metro setenta, rubia, con trenzas y que llevaba puesta una chaqueta de lana gris, una blusa blanca, una minifalda de colegiala y unas medias negras con ligas incorporadas que llegaban a unos veinte centímetros del bajo de la minifalda, en esos veinte centímetros se veían los muslos de sus blancas, largas y moldeadas piernas. La golfa fue a su lado y comenzó a besarlo.

Julia, la hija de Víctor, dueña de todo lo que antes tenían su padre y su madre, entró en el palacete. Subió las escaleras. Al pasar por delante de cuarto de su padre oyó reír a una mujer, abrió la puerta, puerta que estaba entornada, y al ver la escena, dijo:

-¡¿Qué diablos está pasando aquí?!

Víctor le preguntó a su hija:

-¿Qué haces aquí, Julia, debías estar en Londres con tu marido?

-Y tú debías estar fuera de mi casa. El mes que te di para encontrar casa expiró hace dos días. ¿Quién es esa?

Víctor se sentó en el borde de la cama.

-Era mi cita para esta noche.

Julia fue junto a la golfa, la miró a los ojos y le preguntó:

-¿Eres una puta?

-Soy una scort.

-Eres una pilingui. ¿Cómo te llamas?

-Fantasía. 

-Pues vete recogiendo tus cosas, Fantasía.

La golfa le preguntó a Víctor:

-¿Quién es esta? 

-Es la dueña de la casa.

No hizo más preguntas.

-Yo me voy de aquí.

-Tú no te vas a ninguna parte, pagué por tus servicios y los voy a tener.

Julia le dijo a su padre:

-En mi casa, no.

-¿Y qué vas a hacer para impedirlo?

-Llamar a la policía.

La golfa se asustó.

-Yo me voy, no quiero líos.

Víctor dio su brazo a torcer.

-Vale, tú ganas, pero antes de irnos tienes que saber lo que ocurrió en el accidente.

-Ya lo sé. ¡Qué mi madre murió, borracho!

Víctor iba a hablar con ella, por lo civil o por lo criminal. La agarro por la cintura, quitó la corbata, la sentó una silla tapizada, con la corbata le ató las manos y luego la ató a la silla. Fantasía hizo una mueca con la boca, y luego le dijo a Víctor:

-Tú vienes mal de fábrica.

-¡¿Qué?!

-Que no puedes tratar así a una mujer por no querer escucharte.

Julia le dijo a Fantasía:

-Está enfermo.

Víctor fue a lo suyo.

-El día del accidente...

Julia  comenzó a decir en alto palabras sin sentido para no escuchar a su padre. Fantasía le dijo:

-Ahora sé por qué te ató, pero se le olvidó algo.

Se quitó el sujetador, la amordazó con él y le dijo a Víctor:

-Venga, habla, a ver que es lo que le tienes que decir a la dueña de este palacio, si es la dueña, porque ya no me creo nada.

Julia, después del accidente, había heredado la agencia de publicidad, el palacete y el dinero de sus padres...  El primer día que su padre pisó el palacete de nuevo, le había dicho varias cosas, pero las dos más importantes fueran, una, que lo odiaba por lo ocurrido, y dos, que le daba un mes para abandonar el palacete. 

Le dio un puesto de trabajo en la agencia, pero como un empleado más. En ese puesto había sufrido las burlas del marido de Julia, un muerto de hambre que había dado el braguetazo de su vida.

-Ahora no vas a tener más remedio que escucharme. 

Hizo lo mismo de antes para no escucharlo. Fantasía se metió en el lío. Le puso una mano en el mentón, le levantó la cabeza y le dijo:

-O escuchas, o me quito las bragas y te las meto en la boca. ¿Entendido?

Le liberó la boca para que le pudiera responder. Julia le respondió.:

-Tú acabas en la cárcel.

-¿Y por qué?

-Porque estás participando en un abuso.

-¡Coño! Pues es cierto. Mi primer trabajo de puta y me he metido en un jaleo.

-A ver cómo sales de esta.

-Sabes, no deberías amenazarme, la que está atada eres tú, no soy yo.

-Está bien, di lo que tengas que decir, Víctor.

-Enseguida termino. La noche del accidente, la que conducía era tu madre. Iba borracha y sin cinturón de seguridad y salió despedida  por el parabrisas después de chocar contra un árbol. Si cargué con la culpa fue por no manchar su memoria.

-¡Mientes! Te ves en la calle y mientes como un cabrón.

Fantasía se hartó.

-¡A toma por culo el chófer y la chalada! 

Víctor la cogió por un brazo.

-Tú no te vas sin hacerme la mamada.

Julia quiso volver a asustar a Fantasía.

-No le hagas caso que acabas en la cárcel, cómo acabó él.

Consiguió el efecto contrario. Fantasía le volvió a poner a Julia el sujetador de mordaza.

-Como dijo el otro, lo que tenga que ser, será.

Julia farfulló algo inteligible poniendo ojos de gata enrabietada. Fantasía le bajó la cremallera del pantalón a Víctor y sacó una polla normalita, pero gorda. 

-Delante de mi hija, no.

La golfa se sorprendió.

-¡¿Es tu hija?!

-Sí, aunque yo para ella ya no soy su padre.

-Entonces, si no eres su padre, no hay problema.

Metió la polla en la boca.

-Aquí, no, aquí...

Iba a ser allí. Se la mamó a un metro escaso de Julia, que giraba la  cabeza para no ver como la polla entraba y salía de la boca de la golfa, bueno, giraba la cabeza, pero miraba de reojo.

Fantasía le volvió a quitar la mordaza, mordaza que le quedó colgada al cuello.

-¿Estás aprendiendo algo?

Julia le dijo a su padre:

-Si detienes esa aberración y me dejas ir, te dejo quedar otro mes en casa y no os denuncio.

-No voy a detener nada.

-Un año, te dejo que te quedes un año.

-Ni un día más me quiero quedar en esa casa, si me quedara tendría que matar a tu marido.

Julia, viendo cómo caían las babas de la boca de Fantasía, y mojándose, que todo hay que decirlo, le preguntó:

-¿Por qué?

-Llevo un mes aguantando las vejaciones de ese hijo de puta que tienes por marido?

-No es un hijo de puta, y no creo que se haya metido contigo a mis espaldas.

-Se mete porque es un hijo de puta.

-¿Por putearte no es un hijo de puta?

-Si fuera solo eso...

-¿Qué es lo que no me quieres decir?

-Nada.

-Dilo de una puñetera vez.

-Que te engañe con tu secretaria.

-¡Mientes de nuevo! Mi Pichón no me engaña.

-¿Pichón? De pichón, nada, tiene una picha pequeña, delgada y torcida a la izquierda.

Fantasía seguía con la mamada, pero ya le interesaba más la conversación.

-Hazle caso, nada iba a ganar con engañarte.

Las palabras de Fantasía le dieron que pensar. Le preguntó a su padre:

-¿Y tú cómo sabes lo de su polla?

-Yo también me cepillo a tu secretaria, de hecho nos la cepillamos los tres, tu marido, yo y tú, o eso me dijo ella.

Fantasía quitó la polla de la boca, y dijo: 

-Joder, joder, joder, mira la mosquita muerta. ¿Quién iba a imaginar que le gusta comer coños? Si un día quieres, por cincuenta euros, tú mandas.

Hizo oídos sordos al comentario y le dijo a su padre:

-Aunque las dos cosas que me acabas de contar fueran ciertas, no volvería a follar contigo, papá.

La puta casi se atraganta con la polla al oír lo que había dicho. 

-De lo que se entera una mientras mama una polla.

Víctor le dijo a su hija:

-No busco recupera lo que tuvimos, lo que busco es tu comprensión.

A Julia le sonó el teléfono móvil. Víctor se lo quitó del bolsillo de la chaqueta y se lo puso en la oreja. Escucharon la voz del marido.

-¿Ya has llegado a casa?

-Sí.

-¿Ya se fue el parásito?

-Aún no, pero está a punto de irse.

-Ahora solamente falta que le quites el trabajo

-No tendría con qué vivir.

-Pidiendo en la calle lo quiero ver.

-¡¿Tanto lo odias?!

-No me gustan los expresidiarios.

Julia oyó un ruido muy parecido al que hacían las mamadas de Fantasía. Le peguntó:

-¿Qué es ese ruido qué he oído?

-Es tu secretaria que me está haciendo la maleta.

-Dile a Belinda que se ponga.

La muchacha se puso al teléfono.

-Diga, jefa.

-Estás despedida.

La pilló por sorpresa.

-¡¿Por qué?!

-Los sabes de sobras. Ah, y dile a la poca picha de mi marido que si se acerca por casa contrato a dos matones para que le partan las piernas.

-No hace falta que se lo diga, la está oyendo. Se lo contó su padre. ¿Verdad?

-No me apetece hablar más. 

El teléfono volvió al bolsillo de la chaqueta.  

A Víctor le comenzaron a temblar las piernas y se corrió en la boca de Fantasía.

Julia, alicaída, le dijo a su padre:

-Suéltame, Víctor.

Librándola de sus ataduras, le dijo:

-Ojalá no hubiera sido yo quien te sacara de tu ceguera.

Julia ya estaba en el siguiente nivel.

-Mañana vamos al notario y te devolveré lo que por ley te pertenece.

No iba a ir al notario con ella. Víctor, esa misma noche, se marchó del palacete con idea de no volver a ver a su hija.

 

Un detective privado había encontrado a Víctor. Trabajaba en un hospital inglés fregando suelos, limpiando aseos, lavando los platos... Era un doméstico mal pagado y vivía en una furgoneta vieja en un descampado. 

Una tarde, Víctor, volvió del trabajo y al entrar en la furgoneta vio a su hija sentada en una cama que había hecho con un sofá de tres plazas de esos que se abren. Su sorpresa fue inmensa.

-¡¿Cómo has dado conmigo?!

-Buscando. ¿Esta cosa rueda?

Víctor agachando la cabeza fue junto a su hija, se sentó a su lado y le respondió:

-No, pero así tampoco tengo que pasarle la ITV ni pagar el seguro. ¿Quién te ha traído aquí?

-Un taxista. Quiero que vuelvas a casa.

-No voy a volver a mi antigua vida.

Lo abrazó

-Te necesito. Estoy muy sola, papá.

Lo besó en los labios.

-¿Qué haces, Julia?

-Quiero que volvamos a ser los de hace cinco años.

-No me tientes que estoy muy necesitado.

Lo besó en la boca, le lamió una oreja y luego le dijo al oído:

-¿Cuánto tiempo llevas sin hacerlo con una mujer?

-Cinco años, tres meses y unos días. Tú has sido la última mujer con la que hice el amor.

Víctor vestía con un mono blanco que tenía una cremallera delante, Julia se la bajó y le echó la mano a la polla, polla que ya tenía dura, lo volvió a besar, y le dijo:

-En ropa interior no gastas mucho.

Lo dijo porque no llevaba nada debajo del mono.

-Trato de ir lo menos posible a la laundry.

Meneando su polla y lamiéndole una oreja, le preguntó:

-¿A dónde?

-A la lavandería.

Agachando la cabeza, se puso en pie, se quitó las bragas y luego se sentó en las rodillas de su padre. Besándolo, apretó la polla contra su coño y comenzó a subir y a bajar el culo para que la polla se frotase contra su clítoris. Se habían acabado las palabras. Ahora hablaban sus labios, sus lenguas y las manos de Víctor al magrear las tetas de su hija. 

Cuando regresaron las palabras, dijo Julia:

-Pídeme que la meta.

Luego de un largo beso, le dijo:

-Métela.

Levantó el culo, frotó la cabeza de la polla mojada de aguadilla en el coño encharcado y luego la frotó en el clítoris.

-La meto si regresas a casa conmigo.

Víctor le dio dos palmadas en el culo.

-Mete y calla.

La volvió a frotar en el coño y en el clítoris.

-Cuando me prometas que vuelves conmigo.

-Vas a hacer que me corra.

-Mentiroso.

Julia, frotando la polla contra el clítoris, sintió cómo se le cubría de leche. Frotó más aprisa y se corrió en la cabeza de la polla de su padre.

Al rematar la faena, le preguntó:

-¿Vas a volver conmigo a casa?

-No.

-¿Ya no me quieres?

-Porque te quiero es por lo que no voy a volver. Busca un hombre bueno y forma una familia.

Julia rompió a llorar.

-No me perdonas por haberme casado y por renegar de ti.

Víctor le echó la mano izquierda a un lado del cuello, le llevó la cabeza a su pecho y acariciando su cabello con esa misma mano, le dijo:

-Nunca sentí por ti nada más que cariño.

-¡¿Quieres decir que te gustó que me casara?!

-Sí, sabía que eso iba a pasar tarde o temprano, y me alegré, fue la única alegría que llevé en aquel maldito lugar, lástima que no escogieras bien.

Julia realmente necesitaba a su padre.

-Deja que te haga el amor como te lo hacías antes, deja que te demuestre que te sigo amando locamente.

-No tienes que demostrarme nada.

-Pero es que necesito hacerlo.

-Estamos en una furgoneta destartalada. No creo que sea el mejor lugar. 

-Yo creo que es un lugar romántico.

Sacó la cabeza de su pecho y le bajó el mono hasta la cintura. Luego se desnudó ella. Víctor volvió a ver las grandes y aperadas tetas de su hija, con areolas enormes de color carne y pezones medianos, y algo que nunca le había visto, una pelambrera negra rodeando su coño, lo que le hizo suponer que su hija llevaba tiempo sin follar, de lo contrario se hubiese depilado. 

-Quita el mono y los zapatos y échate sobre la cama.

Lo quitó y se echó sobre la cama. Julia se puso a horcajadas sobre si padre, cogió la polla, la puso en la entrada de la vagina y mirándolo a los ojos, bajó el culo lentamente hasta que la polla llegó a lo más profundo de su coño, luego se acostó sobre él, puso su cabeza en su cuello, se lo besó y luego le dijo:

-¡Cuánto te eché de menos!

Se volvió a incorporar y lo folló despacito y metiendo y sacando solo el glande. Víctor, viendo caer, por un lado de la cara su larga melena, y oyendo cómo gemía en bajito, le echó las manos a las tetas y se las magreó despacito, luego le acaricio las costillas, las nalgas, la espalda, el cuello y la atrajo hacia él para besarla con dulzura. Con dulzura también lo besó ella a él, al tiempo que metía un poco más de polla dentro de su coño. Luego, ella, le echó las manos a la cara, se la acaricio y después le dio un pico. Estaban tan cachondos que ya gemían los dos.

-Joder, papa, siempre me pasa lo mismo contigo, quiero ser dulce, pero yo no soy así...

-Lo sé, déjala salir, cariño.

Julia se enderezó, y con las manos sobre el pecho de su padre, comenzó a mover el culo como una fiera. La polla entró y salió del coño a la velocidad del rayo, hasta que se detuvo... Julia comenzó a convulsionarse, se derrumbó sobre él. Corriéndose, primero le mordió los labios y después le metió un chupón en el cuello que no se le iba a quitar en quince días.

Cuando su cuerpo se relajó,  dándole la espalda, le puso el coño en la boca, se echó sobre él y sin necesidad de cogerla con la mano, le chupó a polla erecta. Víctor, lamiendo su coño, mojó el dedo medio en sus jugos y con la yema le acarició el ojete. Al rato, Julia quería más.

-¿Quieres que te lo dé?

-Dámelo.

Le puso el culo en la boca, Víctor, le separó las  nalgas y le trabajó el ojete, mientras, ella, le meneaba la polla. Cuando su coño ya cantaba ópera, se giró y se lo puso en la boca. Ni un minuto tardó en sentir que le venía. Le preguntó:

-¿La quieres?

-Dámela.

-¡Vaya si se la dio! Se corrió en su boca descargando cómo pocas veces lo había hecho.

Luego se puso en posición para acabar el  69, pero no llegó a hacerlo, pues al tener el culo cerca de la polla, la cogió, la froto en el ojete, empujó, metió el glande y Víctor ya se corrió.

Julia, luego de quitar la polla y de limpiarse con un paño, le dijo:

-¿Por qué duras tan poco al darte el culo, papá?

-Porque siempre me has pillado muy maduro. La próxima vez haré que te corras tú también.

La furgoneta está ahora en el jardín trasero que tienen en un pazo de pueblo y aunque no funcione, a veces, la usan para largos viajes.

Quique.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 



   
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nyctidromus
(@nyctidromus)
Miembro Erótico Autor
Registrado: hace 5 años
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@quique  que buen relato


scripsit nyctidromus

sanguine et pulvis
n****@gmail.com


   
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