Incesto mexicano
 
Compartir:
Notificaciones
Vaciar todo

Incesto mexicano

2 Respuestas
2 Usuarios/as
1 Reactions
5,472 Visitas
José
(@quique)
Miembro Erótico Autor
Registrado: hace 5 años
Respuestas: 444
Topic starter  

 

Hola, José, mi nombre es Erika y te quiero contar mi historia  porque ni mi marido ni yo nos atrevemos a escribirla.

Mi esposo, desde que éramos novios, siempre con los celos, que por qué si se me quedaban viendo el culo, que por si platicaba con alguien un tiempo se enojaba, que porque me ponía tanga para salir no quería,  pero yo lo hacía, me iba al gym y llevaba tanga. Él no lo sabía, pero a veces me ponía tangas cuando salíamos. Siempre miré que cuando él se enojaba porque yo me ponía algo corto o pegado y me miraban y salíamos mal, en la noche terminábamos cogiendo. Yo me empecé a dar cuenta de eso, pero nunca le dije nada.

Con su viejo todo empezó porque yo llevando una short muy corto, me agaché y el hombre se me quedó mirando. Según él, su viejo se me quedó mirando enfrente de él con descaro, pero se enojó conmigo porque yo tenía la culpa por salir así de casa. Esa fue la primera vez con su viejo. 

En la noche salió el tema. Yo lo busqué en la cama y lo empecé a besar y le dije: 

-No estés enojado por lo que pasó.

Le empecé a tocar la verga y me dijo:

-Es que me dio coraje porque estando yo enfrente de él no te quitaba la mirada.

-Solo miraba. ¿Si fuera al revés tú no ibas a mirar?

-Supongo que sí.

Mi marido ya tenía la verga dura y le dije:

-Amor. ¿Se me miraba bien?

 Sonrió y me dijo:

-Sí, se te miraban un poquito los cachetes de las nalgas.

-No te enojes, es natural que mirara, pero tú eres el que me tiene.

-Sí, pero seguro se masturbó pensando en tus nalgas. 

Yo estaba caliente y le dije:

-¿Tú crees?

-Tus nalgas se miran bien ricas.

-Estoy muy caliente.

La cogí la verga y la metí en la boca.

Me dijo:

-Pregúntale si le gustan  tus nalgas.

 -¿Y si me dice que sí? 

-Le das las gracias.

Al día siguiente me dijo:

-¿Ya le has preguntado?

-Sí.

-¿Y qué te dijo?

 -Que sí, que le gustaban.

 -Lo sabía.

Así platicábamos las veces que teníamos sexo, hasta que una noche me dijo:

-¿Por qué no intentas algo con mi viejo a ver que pasa?

-¿Y si termino cogiendo con él? 

-No creo, mi viejo es muy feo y tú no coges con feos.

Ni con feos, ni con nadie, nomás había cogido con un chico a los dieciséis años y luego ya cogí con mi esposo.

Todo fue planeado con mi esposo. Acordamos que tenía que decirle a su viejo si podía revisar la lavadora y provocarlo a ver que hacía. Se lo dije y quedó de ir al siguiente día a ver que le pasaba a la lavadora. Ese día lo recibí con una bata transparente sin brasier y con una tanga de tres cuartos de nalga. El hombre se quedó sorprendido y me miró con ojos lujuriosos. Venía atrás de mí, estoy segura de que me miraba para las nalgas. Me dijo: 

-Estás bonita. Se miran los resultados en el gym.

-Todavía siento que a mis nalgas y a mis piernas les falta

Empezaron las caricias. Su mano subió de más y tocó mis nalgas, besó mi cuello, metió las manos por dentro de mi bata y me acostó en  un sillón grande, después, me agarró, me la llevó a la verga y me dijo:

-Toca.

Parecía tener una verga bien buena. Sonrió y me agarró del pelo y me quiso llevar la boca a aquel sitio, pero no pudo hacerlo porque yo giré la cabeza. Después me tocó las nalgas y como la bata solo estaba amarrada, él metió las manos y me acaricio las chichis, que aunque son pequeñas, son bien levantadas y duras. Me dejé llevar. Me besó el cuello y con una mano me acariciaba un pezón de mi chichi y con otra mano me apretaba las nalgas. Yo me seguía dejando llevar. Mi idea era solo la de calentarlo, esa era la idea, pero sabía el riesgo de que pasara otra cosa. Aclaro esto porque era algo que los dos planeamos. Era una fantasía que se dio poco a poco. El viejo de mi marido no me agradaba. Físicamente no era mi tipo, ya que yo soy chaparrita y bonita y él era mucho más grande y feo, no tenía nada que ver conmigo.

Pero todo se estaba poniendo diferente. Me bajó el tanga y empezó a pasarme la lengua por la  concha. Yo ya estaba entregada. De primero era mi respiración acelerada, después empecé a gemir. Como a los ocho minutos solté el primer orgasmo. Grité como loca y lo agarré del pelo. Era algo, pero que muy rico. Aquella lengua había sabido como moverse y donde moverse. Al acabar me dijo:

-Sácala y mámamela.

 Me puse de rodillas. Al bajarle el pantalón me sorprendió, la tenía más larga que la de mi esposo, pero lo que más me llamó la atención fue que era mucho más gruesay eso me gustó. Le pasé mi lengua por la cabeza y después por toda la verga como si fuera una paleta, luego me la llevé a la boca y empecé a chuparla, ya en la boca la sentía más gruesa. Lo volvía loco lo que le hacía, pero quería mi concha.

-Quiero sentarme yo y que tú te sientes en mi verga.

Me puse en pie, se sentó. Me iba a subir cuando me dijo:

 -Así no, de espaldas. Quiero estar viendo tus nalgas, mami.

 Me empiezo a sentar y me entra muy justa.

-Es demasiado gruesa. 

-Acuéstate.

 Me acosté en el sillón, me abrió las piernas y empezó a metérmela. Me ardía un poco. Cuando iba por la mitad, me la metió toda de golpe y se rio.

-Con razón andas con ganas, de seguro que el güey no te coge, mira qué apretada estás, mami.

-Me coge, pero tu verga está más buena, me llena más, papi.

Empezó a meter y a sacar. Se sentía muy rico. Yo estaba gritando muy fuerte. Estoy segura de que se escuchaban hasta fuera mis gritos. En eso él paró y se volvió a sentar en el sillón. Yo me subí y con la verga dentro de mi concha, empecé a subir y a bajar y a gritar.

-Así, mami, mira qué rico te mueves, así mami, qué rica la aprietas.

-Tu verga está bien rica, papi, y bien gruesa, me gusta mucho.

Estuve matándome como diez minutos, así, subiendo y bajando y gritando.

En la forma que estaba cogiendo y como lo estaba disfrutando, mi esposo jamás lo había hecho. 

-Ponte de perrita, mami.

Me puse en cuatro. Lo primero que se escuchó fue una nalgada fuerte, pero muy fuerte, que me dolió, pero que me gustó. Eso era lo que ocupaba, alguien así que me dominará. Me la empezó a meter y pegar nalgadas. ¡Qué rico que sentía cuando me la metía toda y sus bolas pegaban en mis nalgas! Así estuvimos cogiendo. Después me acosté y le puse las piernas en sus hombros. Me la metió con ganas hasta que me vine. Fue un orgasmo largo. Cuando le le vino a él,  la sacó y me los aventó en mi estómago y en mis pechos.

Al acabar nos sentamos y estuvimos platicando.

-¿Te gustó, mami?

-Mucho, papi.

-¿Cuándo nos volvemos a  ver?

-Yo te aviso.

Lo acompañé hasta la puerta. Antes de abrir nos besamos, me me tocó la concha y me dijo:

-Mantenla calentita para mí.

Se fue sin haber mirado la lavadora.

 

La historia estaba buena, pero no se me hacía creíble. Un hombre celoso no deja que su mujer caliente a otro tío, y más a quien había ido a calentar. Se lo dije y para mi sorpresa me escribió el esposo. 

 

Hola, mi nombre no importa, pero soy el esposo de Erika. Empecé a leer relatos hace poco y leí el de usted. En realidad quería contar una experiencia que tuvimos con mi esposa, pero yo no me atrevía a escribirle y le dije a ella que lo escribiera y se lo mandara. Por lo que sé no se cree su historia. Mi esposa no me ha dejado leer lo que le escribió, así que le contaré mi versión.

Esto apenas pasó, o está pasando. Somos una pareja joven, tenemos pocos años de casados y somos activos en el sexo, pero hace poco todo cambió. Mi esposa no trabaja, yo soy el que trabaja. Le cuento un poco.  Le voy dando algunos detalles. Mi esposa es chaparrita, no tiene un cuerpazo, está más o menos. Yo siempre he sido celoso con ella y a veces nos peleamos por su forma de vestir, es que la miran mucho. Ella va al gym en las mañanas y la mayor parte del día lo pasa en casa. No tenemos hijos, así que normalmente los fines de semana vamos a fiestas o bailes y en ocasiones, estando ya tomado, salimos mal porque la miraban o porque alguien le sonrió. Yo, a veces, tomo de más y ella se enoja.

 Compramos casa apenas hace unos meses porque allí vivía mi viejo, con su segunda esposa. Nos gustó por ser un lugar tranquilo. Miramos que en la mayoría de las casas vivían puras gentes ya grandes. Al mes de que nos mudamos compramos plantas para adornar el jardín

Fue un sábado en la mañana cuando de la casa de al lado salió mi viejo a saludarnos. Dijo que nomas cualquier cosa que ocupemos con gusto nos ayudaría. Mi viejo es electricista y tiene su compañía. Su segunda esposa estaba mala y no se podía mover mucho. Fue cuando mi esposa le comentó que le gustaría conocerla y si ocupaba algo, ella estaba todo el día en la casa. Mi viejo, muy amable, le agradeció. Todo bien. Conoció a la mujer. A mi esposa le dio lástima y me dijo que si podía visitarla, le dije que estaría bien. Mi esposa me comentaba que se iba al gym en las mañana y de regreso llegaba con ella un rato. A mí se me hacía un buen gesto de mi esposa.

Un sábado estábamos limpiando el patio y mi esposa traía un short corto, que no me gustaba nada que saliera a fuera con él. En eso salió mi viejo y empezamos a platicar. Mi esposa limpiando miraba como mi viejo la miraba. Me empecé a molestar, pero no dije nada. Mi esposa en ocasiones se agachaba sin doblar las rodillas y casi se le empezaban a ver las nalgas. Mi viejo la miraba como si nada. No quise verme mal y decirle algo a él o a mi esposa, pero me pareció una falta de respeto de mi viejo. Al poco rato nos metimos y le dije a mi esposa: No vuelvas a salir así, me dijo: Me siento bien así, no estoy haciendo nada malo. 

Yo en la noche me había tomado unas cervezas y tenía ganas de sexo, ella ya estaba acostada y la empecé a tocar y a besar. Me dijo que primero teníamos que hablar y me dijo: Me gusta ponerme ropa cómoda y no la pongo para provocar, yo no tengo la culpa de que me miren. Yo le dije: Pero a mí me da coraje ver como te miran. Me dijo: Nada ganas con enojarte quien me disfruta eres tú. Yo le dije: Pero mira como te miraba mi viejo, te comía con los ojos. En eso ella me empezó a agarrar el pene. Yo ya lo tenía bien duro. Me quitó el pantalón y me la empezó a chupar. Cuando se subió arriba de mí me dijo en la oreja: No seas celoso, él no gana nada con ver. Eso me recordó las miradas de mi viejo y no sé qué pasó, pero se me puso más dura. Mi esposa se dio cuenta por qué me preguntó: ¿Qué tienes hoy que la tienes bien dura? Recuerdo ese momento por qué luego me dijo en la oreja: ¿Te excitaste por cómo me miraba tu viejo? En eso la abrazo más fuerte y  acabé rápido. Ninguno de los dos comentó.

Un fin de semana, mi viejo nos invitó a su casa. Mi esposa se puso una falda. Llegamos y empezamos a tomar. Tomamos los tres. Todo bien, pero lo que no me gustaba era como mi viejo miraba a mi esposa, lo hacía sin descaro. La segunda esposa de mi viejo se tomó unas pastillas, se fue a dormir y quedamos los tres tomando. Mi esposa ya había tomado bastante. En ocasiones abría las piernas y mi viejo la miraba. A mi esposa le gusta mucho bailar y ya tomada, más. Me dijo que bailáramos y bailamos. A mí se me hacía mal estar bailando y dejar a mi viejo de lado. Le dije a mi esposa que no quería bailar más, y en eso le dijo ella a mi viejo. Bailaron abrazados. Vi como sus dedos empezaban a bajar de más. Bailaron como dos canciones y nos fuimos a la casa. Llegando a la casa empezamos a tocarnos y ella me preguntó: ¿Por qué andas tan caliente? Le dije: No sé. Cuando ella estaba arriba de mí me preguntó. ¿Te gusto cómo tu viejo me bailo? Le dije: Sí, pero tiene los dedos muy largos. Me dijo: Sabes que sentí su pene en mi vientre y que lo tenía duro. En eso se me sale preguntar:¿Te gustó sentirla? Me dijo: Sí, se sentía dura. Le dije. ¿Te lo traigo para que lo calientes un poco más? Me dijo. ¿Eso quieres,? Le dije: No sé. Me dijo: Yo si quisiera calentarlo a ver que hace. Así fue como lo platicamos y llegamos a un acuerdo, con condiciones, la condición de ella era que lo iba a calentar, pero que no quería que yo estuviera presente y la mía que mi viejo no supiera que yo sabía de eso... ¿La cree ahora?

 

Los creí a los dos, a ella y a él.  Me disculpé con ella y en uno de los correos que me mando, me preguntó:

-¿Me cogerías delante de mi marido?

-No, tendría el culo expuesto y no conozco a  tu marido.

 

Estaba en la barra de un bar dándole vueltas a un vaso de Albariño, Rías Baixas, que había pagado por bueno, y que no lo era tanto. El barman, que secaba un vaso con un paño detrás de la barra, sonrió mirando para alguien, lo que me hizo girar la cabeza. Era ella. Venía embutida en un pantalón de pitillo de color negro, subida a unos tacones, con una chupa vaquera, una blusa blanca y  en su mano derecha llevaba una bolsa de viaje. 

Yo iba como le había dicho, informal, con unos vaqueros, una camisa blanca y unos zapatos negros. Llegó a la barra, donde habíamos quedado en encontrarnos, me miró y me preguntó:

-¿Eres José?

-Sí, Erika.

-Eres mayor de lo que me platicaste.

-Poco paso de los cincuenta. Tú pareces una cría.

-Yo tengo la edad que te había dicho.

-Pues no lo parece.

-Hay un taxi ahí fuera esperando para cobrar.

Salí afuera para pagarle la carrera al taxista, y cuando volví ya Erika estaba tomando una agua natural.

Todas las miradas de los presentes iban a parar a su culo, un culo precioso que se marcaba en el ajustado pantalón, todas menos la del barman, que estaba enfrente de ella, y la mía, que se perdía por el escote de su blusa.

No me voy a enrollar, solo diré que del bar nos fuimos a un restaurante, almorzamos, que en su país, por el horario, sería la cena, y de allí nos fuimos a la habitación del hotel de Santiago de Compostela que había pillado para el fin de semana.

Erika había llegado ese viernes y regresaba a México el domingo por la mañana y bien temprano. 

Ella era mucho de tratos y habíamos hecho uno, yo le tenía que pagar el billete de ida y vuelta en el avión y el taxi desde el aeropuerto de Santiago, y ella tenía que venir sola.

La  verdad es que daba el dinero por perdido, pero no fue así. Allí estábamos en la habitación del hotel, ella quitándose la chupa, y yo abriendo una botella de champán. Le pregunté:

-¿Qué tal el viaje?

Se sentó en el borde de la cama y me dijo:

-Largo, fue de más de dieciséis horas.

-¿Estarás cansada?

-Un poco.

-Si lo deseas dejamos la fiesta para mañana.

-No estoy tan cansada.

Le llevé su copa, se la di, me senté a su lado con otra copa de champán en la mano, y le dije:

-En persona te ves más bonita. 

Tomó un sorbito de champán, sonrió, y luego me preguntó:

-¿Cómo de bonita me ves?

-Tus ojos los veo más luminosos. Tu boca más apetitosa. Tus senos más grandes. Tu cuerpo lo veo más sensual, tan moreno, con tantas curvas... No me extraña que levantes pasiones por donde caminas.

-Me miras con buenos ojos.

-De eso nada, en mi mirada está el deseo y la maldad de quien lleva un mes sin catar un... una concha, como decís en tu país.

-Yo, hace unas horas.

-¿Se la mamaste a tu marido para despedirte?

-Con ese cornudo tendré sexo cuando le cuente lo que hicimos tú y yo, eso si no se masturba.

-¿Se la mamaste a tu amante?

-Mi amante tampoco tiene concha.

Me dejó a cuadros.

-¡¿Fue con una mujer?!

-Sí, fue con una azafata. 

Aquella confesión me intrigó.

-Cuéntame como ocurrió.

Quiso quitar rédito de la historia, pequeño, pero rédito.

-Quítame los zapatos si quieres que te cuente.

Me puse en cuclillas y mientras le quitaba los zapatos comenzó a hablar. Tengo que decir que las palabras exactas no la puedo reproducir porque metía por el medio mexicanismos. Me dijo más o menos así:

-Fui al closet a orinar y vi que no había papel, se lo dije a una azafata, alta, morena y muy guapa. Vino con el papel y se metió en el closet, luego salió, y cuando entré yo se metió conmigo, cerró la puerta y le pasó el seguro.

-¿Habías estado antes con una mujer?

-No.

-¿Qué te hizo?

-Me tapó la boca con una mano, luego la quitó y me besó con lengua. Aquel beso era diferente a todos los que me habían dado.

-¿Te gustó el beso envuelto en perfume?

-¿Y tú cómo sabes lo del perfume?

-Los besos entre mujeres se supone que son envueltos en perfume. ¿Te gustó?

-Sí, me gustó...

Se calló porque comencé a masajearle, los pies.

-Sigue hablando.

-¿No me huelen mal los pies?

Le chupé el dedo gordo de su pie derecho, y luego le respondí:

-No. Sigue contando.

-La azafata se puso en cuclillas, me bajó el  pantalón, y cómo no llevo calzones, mi concha quedó delante de su boca. Me dio unas lamidas en la concha. Luego se puso en pie, se quitó las bragas, me cogió una mano y me la llevó a su concha. Estaba muy mojada. A saber qué había estado haciendo. Después llevó mi mano a mi boca. No me preguntes por qué,  pero lamí los jugos.

Le chupé todos los dedos del pie izquierdo y después le pregunté:

-¿Sería por qué estabas cachonda?

-Te dije que no preguntaras. 

-¿Qué pasó después?

-Que sin casi darme de cuenta estaba en cuclillas delante de ella lamiendo mi primera concha. No hizo falta que lamiera mucho, la azafata ya venía muy cocida, y en nada, se vino en mi boca. Luego se puso en cuclillas ella y...

-Ponte en pie.

Se bebió el champán, puso la copa en el piso y luego se levantó, le bajé los pantalones. Tenía las piernas más bonitas que había visto en mi vida, su vientre era plano y su coño pequeño, le di una lamida, y le dije.

-Sigue contando.

-Me echó las manos a la cintura -se las eché yo a ella- y lamió de abajo arriba metiendo la mitad de la lengua dentro de mi concha -lamí de abajo a arriba como había dicho-. Luego me metió dos dedos dentro de la vagina - se los metí-, y masturbándome, lamió y chupó mi clítoris -le metí dos dedos en la vagina, la masturbé y le lamí y le chupé el clítoris-, y poco después, meeee, meeee, meeee. ¡¡Me vengo!

Lo dijo cayendo de espadas sobre la cama y pegando un grito que lo debieron oír hasta en la recepción del hotel. Me metí entre sus piernas, le enterré la lengua en el coño y gocé sintiendo sus últimas contracciones. Después le levanté el culo con las dos manos y le lamí y le follé el ojete. Luego le lamí y le follé la vagina. Volví a follar, a lamer y a follar el ojete, después lamí desde el ojete al clítoris con celeridad y se volvió a correr. Esta vez no  pudo gritar porque en el momento en que levantó la pelvis, anunciando el orgasmo, le tapé la boca con una mano. No es que a mí me molestara que gritara, al contrario, pero nos podían echar del hotel por escandalosos.

Al acabar de correrse, y mientras se recuperaba, le dije:

-Te corres con una fuerza brutal.

-Sí, tengo unos orgasmos maravillosos.

Al ratito se puso en pie, acabó de desnudarse y luego me denudó a mí, lo hizo sin darme ni un triste beso. Los debía de tener todos reservados para mi polla, pues cuando la agarró, la comió a besos y a mamadas. ¡Mamaba de lujo! Estaba en cuclillas enfaenada con la polla, cuando le dije:

-No sacudas ni mames más si no quieres acabar con la boca llena de leche.

Me la sacudió y me la mamó aún con más celeridad. Cuando comencé a correrme, la quitó y la frotó en las tetas, lo que hizo que le quedaran perdidas de leche.

Al acabar la faena, me preguntó:

-¿Dónde está el cuarto de baño?

Le señalé la puerta. Fue al cuarto de baño y se lavó. Cuando regresó, echó otra copa de champán y me dijo:

-¿Y ahora qué vas a hacer conmigo?

-Te podría decir que voy a hacer contigo lo que hace la primavera con los cerezos.

-Ya me lo has dicho.

-Pero no voy a hacer eso porque yo no soy un sentimental cómo era Pablo Neruda, yo soy un hombre duro.

-Me gustan los hombres duros. Yo soy sumisa.

Me eché boca arriba.

-Fóllame.

-No sé por donde empezar.

-Improvisa.

Se echó a mi lado. Me puso la teta derecha en la boca. Mi lengua se deslizó por su pezón, luego por el pezón y por la areola  y después se la mamé. Erika me miraba y mordía el labio inferior. Luego me dio la teta izquierda. Se la trabajé como la otra. Me agarró la polla y empezó a bajar y a subir su mano por ella. Seguí lamiendo y chupando. De una teta iba a La otra...  Erika hacía esfuerzos para no gemir. Pasado un tiempo, le dije:

-Ponme el coño en la boca.

Me lo puso.

-¿Y ahora?

Ahora, al sacar la lengua, quiero que frotes tu coño contra ella y que acabes dándome una corrida en la boca.

Se frotó moviendo el culo hacia delante y hacia atrás, al tiempo que yo le magreaba las tetas y le apretaba los pezones. Al principio ni gemía, pero al rato su coño resbaló sobre mi lengua como resbala un patín sobre el hielo, solo que en el coño no había hielo sino babas calientes que iban cayendo dentro de mi boca. Comenzó a gritar, y le dije:

-No grites que nos echan del hotel.

Tapó la boca con una mano y no tardó ni un minuto en convulsionarse y en correrse en mi boca.

Al acabar de correrse, me dijo:

-Me gustó mucho, quiero más de eso, papi.

-De momento no hay más. Móntame.

No rechistó, me montó, cogió la polla y la puso en la entrada del coño.

-¿La meto o la metes?

-Métela y dame duro.

Con sus manos apoyadas en mi pecho peludo, mirándome a los ojos y dándome con encono, me preguntó:

-¿Así?

-Más fuerte y más rápido.

El coño ya salpicaba y mis pelotas estaban encharcadas, cuando  balbuceo:

-¿Aaaa, aaaaa, aaaasí?

-Más fuerte y más rápido.

No pudo darme más fuerte ni más rápido porque comenzó a correrse. Le apreté la garganta para que no chillara. Se sacó de encima de mí para librarse de la mano, pero no lo logró. No la dejé respirar hasta que acabó de correrse, lo hizo en posición fetal, convulsionándose y con los ojos en blanco.

Al quitarle la mano de la garganta, y en posición fetal, se la volví a meter y la follé lentamente. Me dijo:

-Me vas a matar de placer.

-¿Quieres que pare?

-No, sigue.

Seguí follándole el coño un rato. Luego, cómo tenía el ojete a tiro, saqué la polla del coño y se la froté en él. Frotando, empujé y la mitad de cabeza de mi polla le entró en el culo. Volví a empujar y entró toda la cabeza. Le entraba en el culo cómo en un coño estrecho. Por cierto, tenía un culo diez, con sus nalgas redondas y duras, con su... Con que se la clavé toda y le gustó, ya que comenzó a gemir de nuevo.

Al rato se estiró y se puso boca abajo, al hacerlo yo me puse encima de ella, y con los brazos estirados y las palmas de las manos sobre la cama, le di caña. Erika gemía, pero sus gemidos no eran de pre orgasmo. El que se iba a correr era yo. Así que saqué la polla del culo, le separé bien las piernas, me puse entre ellas y besé y lamí el cuello. Necesitaba besarla en la boca. Le eché una mano al mentón, le giré la cara y la besé en la boca. Aquel beso me supo a gloria bendita. A ella no le debió disgustar, ya que se giró, se puso boca arriba, me echó las manos al cuello y me besó apasionadamente. Después me echó una mano a la nuca, me llevó la boca a su teta derecha y me dijo:

-Hazme feliz.

Me había pedido que la  hiciera correr y no podía defraudarla.  Le eché las manos a las tetas, unas tetas duras, pequeñas, tirando a medianas, con areolas oscuras y bellos pezones. Magreándolas, besé, lamí y chupé sus pezones y sus areolas. Volví a besarla. Después lamí, besé y lamí de nuevo sus pezones. Luego besé y lamí el contorno de las tetas, volví a besarla, y por último fui a por su coño, no con la boca, con la polla. Se la enterré hasta las trancas y besándola, la follé despacito, luego a medio gas y al final le di a romper hasta que pasó lo que tenía que pasar. 

Al comenzar acorrerme yo, también comenzó a correrse ella. Sus uñas se clavaron en mis nalgas, y entre sus labios y su lengua le fueron metiendo una chupada a mi lengua que casi me quedo sin ella. Se estaba corriendo con una fuerza demencial, y yo muy pocas veces le había llenado el coño con tanta leche a una mujer, cómo se lo estaba llenando a ella.

 Después de corrernos, y luego de tomar otra copa de champán, se fue a duchar, después fui yo, y cuando volví ya estaba durmiendo.

Ese día no follamos más, y por la noche, tampoco, pues al cenar bebió demasiado. Nos quedaba el sábado, pues el domingo ya se iba muy temprano.

  

El sábado por la mañana desperté y Erika no estaba en la cama. Tenía ganas de mear y fui al aseo, desnudo y empalmado. Allí estaba Erika frente al espejo, peinando su corto cabello negro con una mano y sujetando una toalla con la otra. Vestía una enagua negra, corta y abierta, por un lado, y calzaba unas sandalias negras con tacón grueso. Bromeé con ella.

-¿A dónde vas vestida así?

-Quería estar sexy cuando despertaras.

-Eso no es estar sexy, eso es estar matadora.

Colgó la toalla en mi polla y dijo:

-¿Habla el torero o el toro?

-Habla el que te va a cornear

Cogí la toalla, la doblé e hice amago de darle. Se dio la vuelta para esquivar el golpe y me puso su precioso culo a tiro. Le di en las nalgas, 

-¡Zasssss, zassss!

Echó las manos al culo y se puso sarcástica.

-Ahora me besas el culo donde me has hecho daño o no cojo más contigo.

Yo empalmado, ella poniéndome el coño delante... Era obvio que quería que la follara allí mismo. No le iba a dar lo que quería, de momento. Así que lo que hice fue besarle el culo donde le había dado. No le gustó.

-¡Serás puñetero!

Le separé las nalgas y le lamí el ojete.

-Eso ya está mejor, papi, sigue, papi, sigue.

Le cayeron dos palmadas en sus preciosas nalgas.

-¡Plassss, plassss!

-Me gusta que me nalgueen.

-¡Plassss, plassss, plassss, plassss!

Le follé el ojete con la lengua.

-Con cuidado que tengo el agujero muy frágil.

Me cansé de que me vacilara. Le di la vuelta, luego la agarré en alto en peso y se la clavé en el coño.

-Despertaste bravo.

Había despertado con ganas de mear y empalmado, pero fue verla y se me habían quitado las ganas de mear. Le di las de Caín, las de Abel, y las mías, todas juntas y de carrerilla. Al rato, con sus tetas espachurradas contra mi pecho y abrazándome con sus brazos y con sus piernas, me dijo:

-¡Mira como me vengo, mira!

Sentí como su coño apretaba mi polla, como lo soltaba, como lo bañaba y cómo lo volvía a apretar... Así estuvo, hasta que su último gemido se ahogó en mi cuello. Yo no me corrí, supongo que sería porque no había meado, que fue lo primero que hice cuando acabó de correrse y luego de ponerla en el piso.

Volvimos a la cama. Erika se quitó las sandalias, y en enagua se metió atravesada en la cama boca arriba y con la cabeza en el borde. Yo me senté al lado de su cabeza

-¿Nos vestimos y vamos a desayunar al restaurante del hotel?

-A mí me gusta tomar mi lechita caliente en la cama.

-Aquí no hay leche.

Me echó la mano a la polla morcillona.

-Si que hay.

-Va a ser que sí, que hay.

Con los pies en el suelo y las piernas abiertas, coloqué mi culo entre su cuello y sus tetas. Abrió la boca, le metí la polla dentro y mamó. Le cogí la cabeza con las dos manos y subiéndosela y bajándosela le follé la boca, que por cierto, estaba de su coño, ya que se me había olvidado lavarla.  En mi vida había tenido una mujer en aquella posición y me gustaba verla así, sumisa, dejándose follar la boca y sabiendo que cuando me corriera aunque quisiera escupir la leche no podría. 

Moví su cabeza de abajo a arriba con celeridad, sintiendo como Erika me apretaba la polla con sus labios y con su lengua. Cuando me corrí, le dije:

-Desayuna, bonita.

Se tragó hasta la última gota. Luego me puse en pie y ella volvió al baño, supuse que a lavar la boca.

Al rato nos fuimos a desayunar. 

Cómo el hotel tenía vistas a la catedral y ella la había visto, fuimos a darle una visita. Luego visitamos media docena de bares, y acabamos contentos, y es que las copas de mañana se suben con rapidez.

Volvimos a la habitación del hotel y allí confirmé lo que me había contado su marido, al estar contenta, le gustaba bailar. Hasta sin música quiso hacerlo, pues al lado de la cama, me echó las manos al cuello, y me dijo:

-Baila conmigo.

-¿Sin música?

-Cántame algo al oído.

-No sé cantar, pero sé poner canciones.

Puse en el móvil la canción "Erótica", de Madonna, luego le eché las manos a las nalgas y la apreté contra mí. Erika me besó y bailamos pegados y lentamente, tan lentamente bailamos,  que apenas nos movíamos. Las que se movían eran nuestras lenguas. 

No había acabado la canción cuando me empujó sobre la cama, cama que ya la había compuesto. Echó las manos bajo la falda y se quitó la tanga blanca. Después me bajó  la cremallera del pantalón y sacó mi polla empalmada. Con las sandalias puestas, me montó y me folló, para que fueran su coño y mi polla los que siguieran bailando cómo habíamos bailado, lentamente. Cinco reproducciones de la canción y cientos de dulces besos después, me dijo:

-Vente conmigo.

Se corrió ahogando sus gemidos en mi boca. Esta  vez no apareció la gritona, pero su corrida fue espectacular. Acabé con los huevos encharcados de jugos, pero no me corrí.

Nada más acabar de gozar la puse a lo largo de la cama y metí mi cabeza entre sus piernas. Le separé los labios del coño con dos dedos y luego se los lamí, el izquierdo primero y el derecho después. Luego jugué con mi lengua en la entrada de la vagina. A continuación lamí su clítoris y le dije:

-Ponte boca abajo.

Se puso boca abajo. Le subí la falda y lamí entre sus nalgas. Erika separó las nalgas con las dos manos y le di un repaso a su ojete que se lo dejé abriéndose y cerrándose.

Cuando le froté la polla en el ojete, me dijo:

-Esta vez quiero venirme así, si puede ser

-Claro que puede ser.

La puse a cuatro patas. Le eché las manos a las tetas y le clavé el glande en el coño. Lo saqué, lo metí, lo saqué... Estuve un ratito metiéndolo y sacándolo. Esperaba que Erika empujase hacia atrás con el culo y se metiese toda la polla, y así fue. Cuando se puso cachonda de verdad, empujó con el culo y la metió hasta el fondo, y no poco a poco, la metió de un viaje. Se vino arriba, y me dijo:

-No te muevas, déjame a mí.

No me moví, la dejé hacer.

Su precioso culo se movió de atrás hacia delante, como lo haría una sierra, "ras, ras, ras, ras..." Lo movía sin aprisa, pero sin pausa. Al final se metió dos dedos dentro de la vagina, y masturbándose, me dijo:

-Rómpeme el culo.

Jalándole el cabello con la mano derecha  le follé el culo a tropecientos por hora. En nada, gritó:

-¡¡Me vengo!!

Le eché la mano izquierda a la garganta, apreté y le dije:

-¡Calla, coño!

Viendo como se corría y como se sacudía, le llené el culo de leche.

Al acabar nos dimos un respiro. Ella me contó su vida y yo le hablé muy poco de la mía, pero con unas y con otras, llegó la hora del almuerzo. 

No volvimos a la habitación hasta la noche, pues después de comer nos fuimos de copas por los bares. 

Esa noche estábamos dos muy perjudicados y no hubo tema. 

Eran las ocho de la mañana cuando desperté. Sentí el ruido de un secador en el baño y supuse que era Erika secándose el cabello. La esperé en la cama.

Salió desnuda del cuarto de baño. Repetir que estaba buenísima sería repetirme, pero me repito. ¡Qué buena estaba! Le pregunté:

-¿A que hora pillas el avión?

-A las once y cuarto

-Quedan tres horas

Una hora, si descontamos el viaje al aeropuerto y el tiempo que hay que estar allí antes del vuelo.

En una hora se pueden hacer muchas cosas.

Metiéndose en la cama, me pregunto:

-¿Cómo qué?

Podías tomar la iniciativa, por variar.

Erika se echó a mi lado, empuñó la polla con su mano derecha y cogió los huevos con la izquierda. Acariciando los huevos, me lamió la polla de abajo a arriba, por un lado, por el otro, por el otro... Luego me lamió y me chupó los huevos. A continuación me lamió el glande y me lo chupó, después chupó la  polla casi entera y  acabó besándome en la boca. 

Ya la tenía dura como una roca cuando me cogió por los pies y me levantó las piernas, mi polla quedó mirando para el techo. Tiré los pies hacia atrás y le dejé a polla lista para que me follara. La enterró en el coño y me folló con ansia. Al rato supo que así no se iba a correr. Me dijo:

-Arrodíllate en la cama

Me arrodillé y abrí las piernas. Encarándome, metió la polla en el coño, y sus nalgas, como si fueran alas de mariposa, volaron de delante hacia atrás y de atrás hacia delante haciendo que la polla entrara y saliera de su coño. No me pude resistir. Le aplaudí el culo sin fuera mientras me follaba.

-Passss, plassss, plassss, plassss.

Ya le gustaba sin nalgadas y ahora con nalgadas aún le gustó más.

-¡Mas fuerte, dame más fuerte!

Tenían que ser las nalgadas porque follándome fuerte ya me estaba follado ella a mí. Le di:

-¡¡Plassss, plassss, plasssss, plasss!!!

Sintió que se iba a corre y comenzó a gritar. Ya no me importaba que gritara, pues abandonábamos el hotel, así que le di con más fuerza.

-¡¡¡Plasssss, plassss, plassss, plassss!!!

-¡¡¡Me vengo!!!

No se corrió ella sola, nos corrimos los dos, yo en silencio y ella chillando como una loca sin medicación.

Al acabar, se dio la vuelta, me dio un pico y me dijo:

-Estos dos días que hemos estado juntos no los voy a olvidar mientras viva.

-Ni yo, Erika, ni yo.

Erika. Sin Nombre y Quique.

 

 

 

 

 

 


   
nyctidromus reaccionó
Citar
nyctidromus
(@nyctidromus)
Miembro Erótico Autor
Registrado: hace 4 años
Respuestas: 925
 

@quique que buen relatos

scripsit nyctidromus

sanguine et pulvis
[email protected]


   
ResponderCitar
Compartir:

Descubre
Relatos Eróticos Relatos Eróticos Relatos Eróticos Relatos Eróticos Relatos Eróticos Relatos Eróticos Relatos Eróticos