Hola, mi nombre es Laura, soy alta, delgada, con tetas medianas, buen culo y dicen que muy guapa. Mi marido es camionero y no tengo hijos. Cómo bien sabéis, soy la madame del club de las mujeres casadas y muy necesitadas. Os voy a contar una de mis últimas aventuras sexuales.
Encontré a Salomé en el bar donde parábamos. Solo había tres parejas, aparte de nosotras, de la camarera y del barman. La música ambiente estaba bajita y las parejas estaban acarameladas. Salomé estaba en una esquina sentada a una mesa para dos. Me senté a su lado y le dije:
-¿Saboreando la soledad?
-Saboreando un gin & tonic, que la soledad me la acabas de joder. Hablando de joder, por tu culpa me jodieron hace un par de días.
-Lo amañé todo para darte el empujón.
-Y te llevaste tu comisión sin trabajar para ti.
-Tenía que parecer real. Le propuse el juego y resultó.
-Te había dicho que no soy una puta, cabrona.
La camarera me trajo una copa de ponche, cosa que hizo sin pedírsela y oyó como le decía a Salomé:
-Las chicas bonitas como tú no deberían decir tacos.
Me miró de las tetas para arriba, y luego me preguntó:
-¿Te me acabas de insinuar?
-Nada tendría de extraño que lo hubiera hecho, eres muy hermosa, Salomé.
-A ver, a ver, Laura. ¿Te pegaron algo las lesbianas que has probado?
-Algo, no, me pegaron mucho. Su dulzura, su pasión, su...
-Su vete a la mierda y déjame en paz.
Algo malo le había pasado.
-¿Qué te hizo Ramón para estar de tan mala uva?
-¿Se llamaba Ramón? Pues me entero ahora.
-¿Qué te hizo?
-Me hizo de todo.
-Me late que a ti te hizo alguien algo malo.
-Me lo hiciste tú, mala amiga. Me has podido arruinar la vida. Mi marido vuelve para casa definitivamente.
-¿Y?
¿Y si vuelve a llamar a mi puerta el cartero?
-No llamará.
-¿Y si llama?
-Tranquila, hablaré con él.
-¿Qué le pasó a tu marido para dejar el ejército?
-Pasó que le pegó a otro soldado.
-¿Cuándo regresa?
-Cuando salga del calabozo... En un mes, si tiene suerte.
-A mí también se me acaba la buena vida.
-No hables por mí, yo nunca me di buena vida, pero. ¿Por qué lo dices?
-Porque me enteré esta mañana de que mi marido va a montar una empresa de camiones con un socio y contratarán camioneros para trabajar para ellos.
-Pues sí que se te acaba, sí.
Me mandé la copa de ponche, y viendo que tenía el vaso casi vacío, le dije:
-Te invito a otro gin & tonic.
-Si me invitas, luego te tendré que invitar yo a ti a otra copa.
-Una noche, es una noche. A lo mejor, después de tres o cuatro pelotazos me ves bonita.
Le hice una seña a la camarera mientras Salomé me decía:
-Sabes de sobras que eres bonita, como también sabes que las mujeres no son plato de buen gusto para mí.
Envolví uno de sus rizos en mi dedo medio, y le dije:
-No puedes saber si un coño es plato de buen gusto si no lo has probado.
-No, pero me lo puedo imaginar... Y estate quieta.
-¿Te puedes imaginar a una mujer besándote, acariciando tus tetas y jugando con sus dedos en tu coño?
Percibí que se estaba sintiendo incómoda con la situación.
-Puedo, y no me gusta la idea.
-Yo puedo imaginarte desnuda en mi cama, haciéndote todo eso y luego bajar a tu coño y darte tres orgasmos.
Saco a la luz su sarcasmo.
-¿Y por qué no cuatro?
La camarera, poniéndonos las bebidas, le dijo:
-A mí me dio cinco.
La camarera se fue pavoneándose. Salomé, mirándole para el culo, me preguntó:
-¿Es una de tus clientas?
-No, también tengo amigas íntimas.
-A ti te gustan las mujeres más que a mí el chocolate.
Atusando mi cabello con una mano, le dije:
-Pues no podría decirte que sí ni que no porque no sé cuanto te gusta el chocolate.
Le toqué en una pierna. Sonrió y me dijo:
-¿Has oído el cuento ese de... Se está rifando una ostia?
-¿Y qué yo llevo todas las papeletas?
-Sí, ese mismo.
La camarera apagó la luz que teníamos en la pared a nuestras espaldas y quedamos en la penumbra.
-Esa se debe de pensar que soy como ella.
Mi boca buscó la suya y su mano derecha buscó mi cara. Se oyó el ruido de la bofetada en todo el bar. La volví a besar y me cayó otra.
Al quitarle la lengua de la boca se levantó y se fue sin decir palabra. Di por terminada nuestra relación laboral sin haber empezado, y no me importó, ya que al fin y al cabo, si no la hubiera besado le quedaba menos de un mes. Lo que me reprochaba era haber perdido su amistad. Al levantarme, seis miradas curiosas se clavaron en mí. Marina vino a mi encuentro, delante de todos me plantó un beso en los labios y me dijo:
-Acabo dentro de dos horas. ¿Voy a tu casa?
-No. Esta noche no estoy para fiestas.
Me fui para mi piso y me puse cómoda, o sea, me desnudé y me vestí con una bata de casa. Me eché un ponche. Encendí la televisión y me acosté en el sillón de tres plazas que tengo en la sala.
A los quince o veinte minutos, llamaron a la puerta con los nudillos, eché una ojeada por la mirilla y vi que era Salomé. Abrí la puerta y me dijo:
-Me gustaría hablar contigo.
-Claro, pasa.
Fuimos a la sala. Se sentó en el tresillo y con la cabeza gacha y las manos juntas sobre su regazo, me dijo:
-Tienes que perdonarme. No debí abofetearte.
Me senté a su lado. Le acaricié el reverso de su mano derecha, que tapaba el reverso de la izquierda, le acaricié el brazo y le dije:
-No tengo nada que perdonar, si acaso me debes perdonar tú a mí por haberte besado.
-¿Seguimos siendo amigas?
-Por supuesto. ¿Quieres que te prepare una ginebra con tónica?
-Si no es mucha molestia...
-No es molestia ninguna. Prepararé otro para mí.
Miró para mi copa de ponche.
-Mezclar te puede hacer daño.
-Necesito mezclar mucho para emborracharme.
Me puse en pie, fui al mueble bar, luego fui a la nevera para coger dos tónicas frías y dos trozos de limón, y después volví, le di su bebida y de nuevo me senté a su lado. Salomé echó un trago y me dijo:
-Está muy cargado.
-El mío también.
-¿Cuánto tiempo habías dicho que seguirás con el club?
-Algo menos de un mes. ¿Te interesa entrar?
-Si es menos de un mes, sí, pero tengo un problema.
-Tu suegro.
-¡¿Cómo lo has adivinado?!
-Lo he visto llamar a tu puerta cuando tú no estabas, y a una nuera no se le llevan flores. ¿Follas con él?
-No, pero más de una vez me empotró contra la pared y me quiso follar. Suerte tuve que en ninguna de ellas llegó hasta el final.
-¿No se te pasó por la cabeza, follarlo?
-¡No!
-Si vamos a empezar con mentiras, hablamos de otra cosa.
-No te miento.
-Mientes y mientes muy mal. A ver, Salomé. ¿A una mujer desatendida a la que empotran contra una pared y siente una polla entre sus piernas, no le pasa por la cabeza follar?
-Bueno, a veces ganas me dieron de follármelo, pero sabía que si lo hacía me iba a complicar la vida, así que lo amenazaba con decírselo a su hijo y a mi suegra.
-Y al irse te hacías una paja pensando en él.
-No, la hacía pensando en tu marido.
-¿Y en tu suegro, no?
-Solo una vez.
-¿Quieres follarlo por dinero?
-¡¿Es uno de tus clientes?!
-Sí, y quedamos en hacer un trío. ¿Te imaginas su sorpresa?
-No voy a follar con él, una cosa es la fantasía y otra muy distinta la realidad. Búscame otro que sea bueno follando.
-No hay problema.
Le puse un dedo en el mentón, le di un pico en los labios, la miré a los ojos, y le dije:
-¿Quieres que te lo haga el amor?
-Sí.
Le eché las manos a las tetas por encima de su camiseta roja y magreándolas la besé. Primero le di dos picos y luego metí la punta de su lengua en su boca, la acarició con la suya y después nos besamos largamente. Al rato le levanté la camiseta y vi sus gordas tetas con areolas oscuras y sus largos y erectos pezones. Le cogí las tetas por debajo y lamí y chupé sus pezones y sus areolas, un buen rato. Salomé me sonrió con picardía y luego se echó sobre la alfombra. Me quité la bata. Le quité la falda, las bragas, las medias y los zapatos... Le pasé el dedo medio por el coño y salió lleno de jugos, se lo llevé a la boca y lo chupó. Volví a magrear sus tetas y a lamer y a chupar sus pezones y sus areolas. Luego bajé besando su vientre. Salomé flexionó las rodillas y abrió las piernas de par en par. Se había afeitado el coño y apostaría lo que fuera a que lo había hecho después de llegar a casa y de haberla besado el bar porque estaba muy suave. Besé el interior de su muslo derecho. Al llegar al coño pasé de largo y le lamí el interior del muslo izquierdo. Llegué de nuevo al coño. Se lo abrí con dos dedos y vi como la vagina se cerraba y se abría. Le pasé la punta de mi lengua por el glande de su clítoris, lentamente y en círculos. Mi dedo pulgar también hizo círculos sobre su ojete. Salomé, que se había resistido a gemir, empezó a hacerlo de manera escandalosa. Al sentir que se iba a correr, me dijo:
-¡Me voy a correr, hija de puta!
Paré de lamer y le pregunté:
-¡¿Qué me has llamado?!
-¡Hija de puta!
Me echó las manos al cuello, me llevó la boca al coño y me frotó el coño contra la nariz hasta que le vino.
-¡Me corro, cabrona, me corro!
Se corrió y de su coño salió una corrida de jugos espesos y blancos cómo la leche que me dejaron la cara perdida
Jamás había visto a una mujer tan ardiente. Nada más acabar de correrse, me chupó la nariz, me metió la lengua dentro de las fosas nasales, me lamió la cara, me lamió el cuello, las orejas, luego me volvió a poner el coño en la boca y venga a frotarse, venga a frotarse y a frotarse... Esta vez, cuando se iba a correr, la cogí por la cintura y le enterré la lengua en el coño. Se siguió frotando y se acabó corriendo dentro de mi boca, diciendo:
-¡Traga, cerda, traga!
Al acabar de darme aquella delicia, se apeó, y me dijo:
-Tienes que disculparme, a veces pierdo el control.
-Me encantó ver tu lado salvaje.
-¿De verdad?
-Sí.
Se vino arriba.
-¿Quieres que te haga correr yo a ti?
-Esas cosas no se preguntan, se hacen
Me lamió el coño de abajo a arriba, tímidamente al principio, pero cuando me sintió gemir, se vino arriba de nuevo. Dejó de lamer, me dio un pico y me dijo:
-Hazte la muerta y deja que goce de ti.
Me hice la muerta cuando su lengua entró en mi boca y cuando magreó, lamió y mamó mis tetas, pero cuando volvió a lamer mi coño no pude evitar gemir.
Me puso boca abajo, me dio dos azotes en el culo y me dijo:
-Las muertas no gimen.
Me lamió el ojete y volví a gemir. Me dio otros dos cachetes.
-¡Qué no gimen, coño!
La falsa me volvió a lamer el ojete y después me lo folló.
-Me voy a correr, abusona.
Me volvió a dar otras dos cachetes.
-Las muertas no hablan ni se corren.
-Pues esta muerta se va a correr
Salomé me puso boca arriba y me dijo:
-A ver si es verdad.
Con menos de diez lamidas me corrí en su boca.
Luego de correrme me volví a sentar en el tresillo. Salomé se sentó a mi lado, puso su cabeza sobre mi hombro y me dijo:
-Me encantó tener relaciones sexuales contigo.
-No te hagas la fina que llevas un animal dentro.
No era de las que se callaban.
-Y tú una puta.
-Todas las mujeres llevamos una puta dentro, solo que unas cobramos por follar y otras follan sin cobrar.
Acabó el gin & tonic.
-¿Otro pelotazo?
-¿Vamos a seguir follando?
-Hasta que te seque.
-En ese caso necesito tomar líquidos.
La iba a secar, pero casi me seca ella a mí.
Dos días después, pasadas las diez de la noche, le abrí la puerta de mi piso a Gustavo, un cuarentón, alto, moreno, corpulento y agradable a la vista. Nada más entrar me preguntó:
-¿Aún no vino la otra?
-No.
-¿Es tan guapa como tú?
-Más, es más guapa que yo.
Metió la mano derecha en el bolsillo, sacó cuatro billetes de cien euros y me los dio. Los metí entre las tetas y le pregunté:
-¿Quieres tomar algo mientras no llega?
-Leche.
Fui a la cocina para darle un vaso de leche, pero no quería leche de vaca. Me echó las manos al culo, me giró y me comió la boca. Venía preparado, ya que sentí su dura polla entre mis piernas. Le pregunté:
-¿Te has tomado una viagra?
-Dos, me he tomado dos.
Me bajó las bragas, se bajó los pantalones y los calzoncillos, sacó la polla, me cogió por las nalgas, me levantó en alto en peso, me empotró contra la pared, me la clavó de un trancazo y después me dio caña... Al rato, cómo no me corría, me puso encima de la mesa. Flexioné las rodillas, me abrí de piernas y le dije:
-Cómeme el coño.
Oímos una voz que venía de la puerta de la cocina y que decía:
-¿No prefieres que te la coma yo?
Allí estaba Salomé con uno de mis picardías transparentes que echaba hacia fuera sus gordas tetas y que le daba por encima del coño. Gustavo, al ver a su nuera, exclamó:
-¡¡Ostias!!
Gustavo se había quedado boquiabierto, estaba como en shock. Salomé se metió entre su suegro y yo, se inclinó y comenzó a comerme el coño. Al inclinarse le puso la patata delante de la polla empalmada. Gustavo volvió en sí. La cogió por la cintura, se la clavó de un trallazo y después, dándole a mazo, le dijo:
-¡Y yo matándome a pajas, pudiendo gozar de esta maravilla de coño! Te debí forzar la primera vez que te empotré contra la pared.
Salomé le dijo;
-Folla y calla, calamidad.
Le dio más fuerte.
-Y tú no hables con la boca llena.
Al rato, cuando se iba a correr, le dijo Salomé a su suegro:
-¿No querías beber leche?
-Era un decir.
-¿Quieres beber leche de mujer o no?
-¿Tienes?
-Tengo. Cómeme el coño.
Dejó de follarla y le lamió y le chupó el coño, al tiempo que le magreaba las tetas. En nada, las piernas de Salomé comenzaron a temblar y del coño salió su corrida pastosa y del color de la leche. Gustavo, al verla salir, echó la mano a la polla y tragando la corrida la meneó y se corrió en el piso de la cocina. Yo, que no me había corrido, les dijo:
-Vamos para mi cama que la mesa está muy dura.
Gustavo, acabó de sacar los pantalones y los calzoncillos, se quitó los zapatos y los calcetines, la chaqueta y la camisa y nos fuimos para mi habitación. Nada más llegar me desnudé, puse los cuatrocientos euros sobre la mesita de noche y metiéndome en la cama, le dije a Salomé:
-Doscientos euros son tuyos.
-Luego los cojo.
Le pregunté a Gregorio:
-¿Tenías pensado que te hiciésemos algo en especial?
-No, sorprenderme.
-Métete en cama.
Gregorio se echó boca arriba sobre la cama. Le dije a Salomé:
-Yo la polla, tú los huevos.
Le puse el coño en la boca a Gustavo, me estiré, metí el glande en la boca y, sin manos y lentamente, se lo chupé. Salomé, al mismo ritmo, le lamió y le chupó los huevos. Tiempo más tarde, le quité el coño de la boca y me puse en posición para ser follada, Salomé cogió la polla, me besó en el ombligo y luego me puso la polla en la entrada de la vagina. Bajé el culo y a polla llegó al fondo de mi coño. Gustavo me folló sin prisa, pero sin pausa. Al rato sentí que me iba a correr. Los ojos se me cerraron. Sintiendo la lengua de Salomé dentro de mi boca y sus manos sobre mis tetas, me corrí como una puta que soy.
Salomé tenía un encanto especial, y era que disfrutaba con el sexo anal. Gustavo casi no se lo podía creer cuando lo montó, le puso la polla en el ojete y empujó con el culo para irla metiendo hasta el fondo. Una vez en el fondo, sí se lo creyó y comenzó a dar canela fina. Vi su cara de gozo y le ayudé a llegar. Comí su boca, comí sus tetas y le di cachetes en el culo. Al rato volvió la fiera que llevaba dentro. Le agarró los pezones a Gustavo y se los pellizco diciéndole:
-¡Más fuerte, maricón, más fuerte!
Le dio a romperte, pero no le llegaba.
-¡Más fuerte, pedazo de mierda, más fuerte!
Le dio para destrozarle el culo... Salomé, al comenzar a correrse, le echó las manos a la garganta y apretó tan fuerte que lo dejó sin respiración. Gustavo se corrió. Al acabar de correrse lo dejó respirar.
Me llevé un susto de muerte, pues al ver sus ojos de loca pensé que se las tenía guardadas y lo quería estrangular. No me convenció lo que me dijo a Gustavo, que fue:
-¿Te gustó mi actuación, suegro?
-Fue de Óscar. En mi vida me corrí con tanta intensidad.
Al irse Gustavo, le pregunté:
-¿Eres bipolar, Salomé?
-Sí, pero cuando follo, y muy de cuando en vez.
Salomé era un peligro con coño, o no, o qué sé yo.
Quique.
@quique que buen relato tío UD. Siempre poniéndome bien cachondo con tus relatos saludos desde Venezuela 🇻🇪🇻🇪
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