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La Libertad III_25: día 11_mañana

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laualma
(@laualma)
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LIBRO 3. EPÍLOGO: LIBERACIÓN. CAPÍTULO V.

día 11 - 25.07.2012 - despertares

 

- ¿Qué tal, preciosa, cómo ha ido?

 

Me descubrí inesperadamente viva al escuchar de nuevo aquella suave y cantarina voz de María, que sentada junto a mí en mi cama se esmeraba por sacarme de mi profundo sueño acariciando mi desnudez. Pude escuchar la ducha en mi baño, clara y sonora. Sin duda la puerta del vestidor y la del baño estaban abiertas, así como la del pasillo, por la que acababa de entrar María. Igual que estaban abierta la persiana y el propio ventanal del jardín, como atestiguaba la luz radiante que invadía el cuarto, acompañada por una fresca brisa mañanera que había llenado el espacio de aire renovado y limpio. A pesar de ello, el olor de mi sexo (y el del sexo y el cuerpo de Pablo también, de eso no cabía duda), lo impregnaban todavía todo con una claridad intratable. Me di cuenta en ese momento de que Pablo no estaba conmigo, y me sentí sola, abandonada, pero recordé lo que acabábamos de hacer y, simplemente, di gracias por seguir todavía viva. El ruido de la ducha debía estar sin duda protagonizado por él…

 

- Joder, Mer pues… uffff… bieeeen ¡jijijiji! – no pude evitar sonreírle – pero ¿qué hora es?

- Tranqui, es pronto todavía… - Meri me devolvió la sonrisa con esa dulzura de la que solo su rostro de luz es capaz. – si en realidad no hace ni diez minutos que habíamos venido a… ¿te has quedado dormida?

- Ufff… pues creo que sí – contesté, interrumpida súbitamente por un feroz ataque de tos al constatar mi cuerpo que tenía todavía las vías respiratorias colmatadas de semen.

- Joder, Lau… ¿estás bien?

- Sí, sí, no es nada… solo que… - nuevo ataque de tos, aunque esta vez más contenido y rápidamente controlado al escupir mi boca un coágulo de lefa viscosa sobre mis muslos desnudos. Sentí la mano de mi amiga chapoteando precisamente allí mientras insistía en asegurarse de que me encontraba bien – sí, de verdad, Mer… ya sabes como es esto… cuesta un poco recuperarse a veces, pero…

- Ya, no hace falta que lo jures… joder, Lau, ha sido…

- Ufff… sí, brutal, de verdad…

- Pero oye, ¿habéis…?

- ¡No! No, de verdad… joder, Mer, ha sido increíble, absolutamente bestial, hacía tanto tiempo que no… de hecho, es que he hecho cosas que creo que no había hecho nunca, pero…

- Me vas a decir que no te lo has follado…

- Pues no, no me lo he follado…

- A ver, tía…

- ¡Que de verdad!

- Pero si tenías que ver la cara de felicidad que tenías hace un segundo, mientras dormías… conozco de sobra esa cara de putita saciada que se te pone cuando te han follado bien, Lau…

- Pero que no, tienes que creerme, joder… y no digas follar, no con él…

- Joder, Lau, si tú lo dices tengo que creerte, pero reconocerás que cuesta… - insistió mi amiga mirando mi coño desnudo y sucio de costras de lefa reseca.

 

Ciertamente, la evidencia de haberlo dado todo con mi primo aquella noche era total, ahí los dos en bolas, a solas, durante tanto tiempo...

 

- Pero Meri, que ya sabes lo que hay y cómo está siendo todo estos días, de verdad, que esto que ves no quiere decir nada, bueno, o quiere decir lo que quiere decir, hemos hecho absolutamente de todo, sí, pero la única vez que algo de su cuerpo ha estado realmente dentro de mí, quitando su lengua en los morreos, ha sido, ehhh… eso que has visto tú antes…

- Pues no es poca cosa, precisamente…

- Vale, sí, pero una cosa es que disfrutemos de nuestros cuerpos, y otra hacer el amor directamente, a pelo. Ya os he explicado muchas veces lo que pienso...

- Bueno, sí… pero has ido cambiando un poquito bastante de opinión estos días, ¿no crees?

- Jiji, sí, eso es cierto... – reí, antes de ponerme repentinamente seria - ¿tú crees que hago mal, Mer? ¿estaré metiendo la pata con él?

- Mira, preciosa, si te digo la verdad no creo que sea malo, no peor que muchas de las cosas que has hecho hasta ahora, liarte con otros de tu familia, incesto y cuernos, con amigos…

- ¡Y con amigas! – añado, poniéndonos a reír esta vez las dos a carcajadas. 

- Ey, ¿qué pasa? – la voz rasposa de adolescente de mi primo nos descubrió en aquella situación.

- ¡Hola, Pablo! – no pude evitar decir yo, demasiado rápido y con demasiada felicidad fuera de lugar en mi rostro.

 

Pablo había entrado por la puerta del vestidor, directo desde el baño. Llegaba todavía secando su desnudez con una toalla, pero al ver que María se giraba hacia él para saludarle también, se enrolló rápidamente la toalla en la cintura, pudorosamente. Sin embargo, por algún motivo había cogido una toalla de manos, que en aquel momento resultaba incapaz de disimular convenientemente el exagerado bulto de su larga polla, ni siquiera plenamente en reposo todavía, ya que con aquella protuberancia la tela resultaba escasa hasta para el relativamente pequeño cuerpo de mi todavía demasiado joven primo. En cualquier caso, estando yo todavía plenamente desnuda y expuesta sobre las sábanas, cubierta por lo demás de todo tipo de líquidos y restos de origen innombrable, me resultó hasta extraño el gesto instintivo que él acababa de tener: hasta hasta ese punto habíamos llegado ya en nuestra liberación sexual de aquellos días, que visto lo visto parecía estar acercándose ya a un desenlaza que podía ser definitivo.

 

Y lo cierto fue que el que Pablo hiciera ese tan repentino como inútil gesto de tratar en vano de cubrirse la que, sin duda, era la mejor parte de su anatomía, me pareció todavía más absurdo cuando en ese preciso instante me di cuenta de que Meri, quien había venido en camiseta (y aquello sí que me había parecido el colmo de la decencia), en realidad no lleva nada debajo. Pero nada, nada. No me había dado cuenta al despertar, porque estaba todavía medio adormilada mientras hablaba con ella, tumbada como seguía en la cama, desnuda bajo sus caricias. Pero, al incorporarme cuando Pablo hizo su entrada, y mirar a Mer para estudiar su reacción, me di cuenta de que sus perfectas tetitas se marcaban exageradamente en la tela de su camiseta blanca, levantada vigorosamente por sus pezones erectos y que, por lo demás, iba completamente desnuda de cintura para abajo… y su camiseta era digamos que bastante más corta de lo normal… Así que, al girarse hacia Pablo al entrar este, retrocediendo sentada en la cama para quedar a la vista tanto de él como mía, pues pude comprobar que nos estaba enseñando hasta el alma con total desparpajo, y hasta bien adentro, además. 

 

- Hola, precioso… - le dijo María con la mejor de su sonrisa y una mirada escandalosamente insinuante. Pero María acababa de ver lo que acababa de ver, y comprendí al instante que yo no era ya nadie para privarla de desear, cuanto menos, lo que yo misma acababa de disfrutar. Por mucho que fuera mi primo, yo sabía que a esas alturas ella tenía ya el mismo derecho que yo a eso… - Anda, ven, siéntate aquí con nosotras – le pidió, acariciando la superficie revuelta y sucia de mi cama junto a ella con su mano izquierda. La derecha la tenía todavía tendida entre mis muslos, donde sus deditos se estiraban indolentemente para jugar de una forma muy leve con los charcos viscosos que tenía, peligrosamente cerca de mi rajita…

- ¿De qué estabais hablando? – preguntó él mientras, dejándome boquiabierta, aceptaba sin más la invitación de Meri sentándose en mi cama junto a ella. Al hacerlo, su demasiado pequeña toalla se abrió de arriba abajo en la raja de su pierna, quedando su muslo desnudo tocando el muslo desnudo de Mer que llevaba directo a su coño desnudo y reclamando atención. Los tres pudimos ver que la raja de la toalla se hacía todavía más grande al crecer considerablemente aquel bulto que era incapaz de ocultar entre las piernas de él.

- Pues… de ti, precioso… de ti y de tu prima – le soltó Meri sin más… Joder, qué peligro, pensé. La conocía bien, y mi amiga estaba peligrosamente excitada.

 

¿Cómo podíamos seguir una conversación iniciada con lo que ella acababa de decir sin que se nos fuera inmediatamente todo al carajo?

 

Afortunadamente, nuevamente la campana volvió a salvarnos a todos, en forma aquella vez de mi amiga Nurita. Que fuera Nuria el sujeto de nuestra salvación, en realidad, me llenaba más de temor que de tranquilidad, claro está, pero por lo menos me permitía una huida hacia delante… otra más, sí, me dije. Y en seguida constaté que, efectivamente, aquello iba a ser una huida hacia delante en toda regla. Estaba claro ya que las dos me habían visto comerle el rabo hasta los huevos a mi primo mientras él me follaba el culo a saco con los dedos. Dado que yo había terminado por perder el conocimiento con mi última corrida, ni siquiera podía saber en verdad hasta dónde habían llegado a ver o a escuchar ellas, pero estaba claro que aquello las tenía brutas sin paliativos, y que a aquellas alturas ya no podía pretender que no quiseran tomar, sin más la parte que les correspondía.

 

- ¿Pero qué pasa, primito? ¡¡Jajajaja!! – entró escandalosamente en escena mi amada Nur - ¡¡CAMPEÓN!! – le dijo sin parar de reír mientras se sentaba directamente junto a él, al otro lado de María.

 

Afortunadamente, fue entonces mi otra amiga la que trató de reconducir la situación antes de que derrapara finalmente pendiente abajo, derivando la conversación que Nuria amenazaba con llevar directa al abismo hacia el prosaico hecho de que teníamos el desayuno esperándonos en la mesa, insistiendo en lo mucho que nos iba a hacer falta recuperar fuerzas y otras absurdeces semejantes que le ayudaron a inundarlo todo con su parloteo, suficientemente frenético como para tragarse las intenciones de Nur. A diferencia de Meri, ella había venido directamente en bragas, exhibiendo feliz sus planas peritas ante mi primo, que llevaba días perdiendo el culo visiblemente por ellas (y era normal, porque destilaban morbo de forma literal). A mí me puso nerviosísima, de entrada, su total naturalidad, pero claro, yo estaba totalmente en bolas y parecía la menos indicada para decirle nada. Y desde luego que no me apetecía lo más mínimo tener que ponerme nada de ropa en aquel preciso instante. En fin, por lo menos Nurita era la única que no le estaba enseñando el chocho, pensé…

 

La puta de Nuria, pese a los intentos de María de controlar la situación, había decidido no cortarse un pelo, y mientras Meri parloteaba apoyada por mí, se dedicó a tontear abiertamente con mi primo, sin parar de soltar comentarios sobre cómo me había follado la boca, aunque no vinieran ni mínimamente a cuento, largando además caricias en sus muslos cada vez más atrevidas por la parte baja de su toalla, por otra parte ya excesivamente floja y temblorosa. Tanto que la raja de la apertura de aquella mínima prenda se había terminado por abrir peligrosamente casi por completo. Al ver aquello fue cuando saltaron todas mis alarmas. Bueno, y la polla de mi primo también saltó… Joder, Nur iba a acabar por ponernos brutos a los cuatro. Su blanca verga había pegado un bote involuntario en la última incursión de Nuria muslos arriba bajo su toalla, separando por fin los dos extremos de la tela a cada lado de la raja ya absoluta, dejando por fin a la vista su preciosa polla que, al menos, todavía solo estaba morcillona. De algo me tenía que haber servido pasar horas haciendo que aquella preciosidad se corriera sin parar, me dije.

 

Solo cuando me recuperé del shock de ver aquello me di cuenta de que María me estaba mirando a mí. Al principio pensé que buscaba mi reacción ante el atrevimiento excesivo de Nuria, pero luego me sorprendió ver que me estaba mirando el coño desnudo. Joder, muerta de nervios como estaba no estaba siendo consciente de que tenía los pezones como rocas y el coño echando humo… el tonteo de Nuria estaba siendo más efectivo todavía conmigo que con mi primo.

 

- Tía, Lau, que estás manchando… - me soltó María, señalando con un movimiento de mentón mi entrepierna. Efectivamente, bajo mis pezones brutalmente erectos pude ver una creciente mancha de humedad que empezaba a oscurecer mis sábanas, y que podía notar manando libre, casi a chorro abierto, desde mi sexo hasta la cama.

- Joder Laurita, pero ¿es que no te ha llegado con que te la metiera antes tu primo, o es que se te ha corrido tan fuerte que estás escurriendo lefa? – la barbaridad de Nurita sonó como una bofetada en mi cara, y fue recibida con otro saltito de la polla de mi primo, un poco más cerca de la erección total…

- ¡Que no me la ha met…! Que no hemos hecho el amor, joder… ya os he dicho que Pablo y yo no hemos vuelto a hacer el amor desde hace una año – solté de sopetón, sin ser capaz de valorar ni de pensar siquiera lo que estaba diciendo.

- Se dice follar, preciosa… - me sonrió María, casi descojonada al ver la que estaba liando Nurita.

- ¡Jajajajaja! Pero a ver si te va a tener que enseñar María también a llamar a las cosas por su nombre, Laurita… ¿me estás diciendo de verdad que no te has metido esta hermosura esta noche, tía? – su mano se deslizó directamente sobre el sexo de mi primo, pasando a hacerle sus intempestivas caricias directamente sobre la parte más sensible de su muy juvenil anatomía.

 

Aunque supongo que no fue siquiera el contacto con su mano ella lo que terminó de dispararle el rabo al pobre, sino directamente el tenernos allí a las tres, virtualmente desnudas con él, y hablando sin disimulos de follarle… aunque fuera para negarle ese privilegio. Ver su cipote empalmado bajo la suave mano de mi novia fue la gota que colmó el vaso. Yo no podía más, estaba excitada y empezaba a pensar ya en todo tipo de barbaridades. De hecho, en realidad estuve tentada de pedirle a Nuria que se lo follara ella allí mismo si tanto lo deseaba pero, afortunadamente, lo que me salió fue:

 

- Nur, ¿te quieres duchar conmigo?

 

Hubo un momento de silencio tenso después de que yo dijera aquello, en el que casi se podía escuchar el susurro de las caricias de Nuria en la polla de mi primo. La mirada que me echó él en ese momento no supe descifrarla bien, pero podría decir que contenía una mezcla de asombro, decepción, enfado, hartazgo, celos y simple y dura excitación sexual. Tan simple y dura como estaba su polla en ese momento, en el que Nurita, sin más, se levantó y abandonó su posición junto a él, arrastrando sus dedos traviesos en una última caricia a ese cipote invencible, que los siguió hasta donde pudo, alzándose al máximo desde la raja abierta de la toalla que hacía ya rato que había dejado de servir para ocultar nada.

 

¿Por qué razón había soltado yo esa propuesta? ¿Por qué me había empeñado en volver a parar a una Nuria que iba ya disparada a pegarse el primer revolcón de la mañana con Pablito? Si, al fin y al cabo, la tarde anterior ya habían masturbado juntas ella y María aquella verga brutal, ¿por qué no dejar que repitieran las escena para empezar la mañana, aprovechando que le habían rodeado, empalmado y desnudado? Yo esperaba mucho ya de aquel día, ¿por qué volver a poner palos en las ruedas otra vez a nuestro deseo? ¿Estaba jugando acaso a volver a calentar a mi primo a base de celos y de someterme ante él a juegos explícitos con mis amigas? En realidad no era para nada mi intención, después de lo de la tarde anterior, el volver al camino de los celos, pero he de admitir que la furia y los evidentes celos que se revelaron en aquella mirada suya me complacieron enormemente, al sentir que, pese a la incitación total por parte de Nuria que acababa de vivir, yo seguía teniéndole en mis manos, y al parecer con una capacidad de dominio completo… después de tanto tiempo. ¿Cómo podía haber sido tan tonta aquellos días? ¿Por qué tantas dudas? Si algo estaba claro era que su deseo por mí había seguido tan sólido y perfecto como lo fuer desde nuestra primera vez, por más que el deseo por mis amigas se hubiera enredado y hecho presa también en su joven cuerpo, ¿pero quién no desearía a María y a Nuria si estas se le declarasen de una manera tan rotunda y clara? Si no hacía tonterías iba a poder controlarle a mi gusto, y durante mucho tiempo. Pero tenía que dar el paso ya, cuanto antes.

 

Y creo que es que justamente ése era mi miedo en ese momento, no se trataba de querer dar celos a Pablo, sino que mi petición expresa a Nuria para conseguir separarla de él se debía, en realidad, a que el ambiente de aquella mañana era ya radicalmente diferente al de la tarde anterior. Una paja de ellas en aquel momento ya no podría ser igual, jamás podría serlo, a la que le hicieron la tarde anterior. La misma naturalidad de María y la agresividad de Nuria hacia él lo demostraban, nuestro mundo había girado ya todo lo que era necesario que girara, pero ahora ya nos mirábamos todos cara a cara. La situación había cambiado, y seguramente lo había hecho ya de manera definitiva. Cualquier paso podía ser el último, pero yo necesitaba avanzar todavía un poco más…

 

Sin embargo, aunque me había dado cuenta de lo revolucionados que estábamos todos, no tenía ni de lejos cogida la escala del momento en el que nos encontrábamos realmente.

 

Al ver a Nuria de pie frente a mí, pensé que sencillamente había decidido complacerme en mi petición. Perderme un rato con ella era quizás lo que más me podía apetecer realmente en el mundo en ese momento, y hacerlo bajo la ducha no solo me parecía conveniente, sino que me seguía amparando en ese mundo de excusas absurdas en el que todavía creía que podía conseguir ocultar mi incapacidad de decisión con Pablo. Pero es que Nuria había optado por complacerme tan solo parcialmente, básicamente en lo que concernía a abandonar por un rato sus pretensiones sobre mi primo. Por lo demás, me iba a follar como yo deseaba, sí, pero no me iba a llevar a la ducha ni iba a seguir participando de mis juegos y excusas baratas.

 

No me había dado tiempo ni a iniciar mis movimientos para levantarme de la cama cuando lo que ella hizo me dejó definitivamente congelada e inmóvil de puro pánico.

 

- Pues claro que quiero ir contigo, mi amor…

 

Pero las palabras de mi novia no vinieron acompañadas de nuestra salida conjunta de mi habitación sino que, sencillamente, ella se agachó rápidamente para despojarse de sus braguitas, que lucharon brevemente para tratar de quedarse pegadas a su chumino pelado mediante un poderoso pegote de flujo empegotado y medio reseco, que terminó finalmente por separarse de la intimidad máxima de su piel en forma de varios hilos de baba espesa con delicioso aspecto. Pero las babas de sus bragas no iban a ser para mí, sino que, por la actitud decidida de Nurita al avanzar hacia mi cuerpo semi tumbado en la cama, parecía claro que me acababa de tocar el premio gordo: iba a poder tomarlas directamente de su coño. Antes de que pudiera decir yo nada, ya la tenía tumbada sobre mi cuerpo, las dos desnudas y enfebrecidas, sometida a todas sus caricias y tocamientos y con su lengua anclada en mi garganta, impidiéndome hablar, imposibilitándome quejarme o protestar, si es que acaso hubiera podido desear algo parecido…

 

Yo no podía saberlo, claro, pero debí de intuir que Nuria estaba cavando mi tumba en aquel preciso instante. Sin embargo ¿cómo poder reaccionar, cómo poder pensar siquiera si, además de haberme despertado completamente erotizada, envuelta por aquella nube de sexo perfecto que había vivido con mi primito, la excitación de los cuatro se había disparado al juntarnos y ahora tenía a Nuria entre mis piernas, comiéndome con deleite y la más absoluta eficacia mi sexo, que por lo demás estaba ardiendo y excitado en grado absoluto? Me revolvía desesperada, gimiendo y apretándome a ella, apretando su cabeza a mi pubis, sintiéndome tan caliente y excitada mientras María y Pablo me miraban que parecía que ríos de leche fueran a empezar a manar de mis pezones endurecidos como si los hubieran fraguado de repente en hormigón armado sobre mis pechos. Ni siquiera fui capaz de decir nada cuando vi a mi primo pegarse a la espalda de María y abrazarla desde atrás, bajo sus tiernos pechos primero, sobre sus tetas calientes después, amasándolas con su experimentado y vigoroso tacto sobre la camiseta de ella, que lejos de poder oponerse empezó a quejarse y gemir y retorcerse casi como yo, mientras me seguía mirando y Pablo seguía mirando cómo Nur me devoraba y todos nos poníamos cada vez más cachondos y María, no solo no era capaz de oponerse a él, sino que le ofrecía ya su cara, girándola hacia él que le besaba el cuello y la mejilla, y yo deseé ser ella cuando Meri le ofreció su boca que él buscaba y los dos se besaban en los labios y se los comían el uno a la otra y se lamían las lenguas con las lenguas, y sin duda ella sentía la poderosa verga de mi primo clavada en su espalda, y solo cuando la mano de él cometió la osadía de hundirse en la entrepierna el gesto de ella se congeló en duda y rabia, mirándome arrepentida de manera inmediata después de haberse contorsionado y gemido y cerrado los ojos suspirando como en un orgasmo, acompañado de un sonoro chapoteo de la mano de él apretando y resobando con fuerza el pubis y la vulva desnudas de mi amiga bajo su insuficiente, corta y absurda camiseta.

 

Admiré a María cuando le empujó con su fuerte espalda, aunque no era capaz de entender lo que pasaba, yo que me veía ya al borde mismo de la orgía del fin del mundo, aquella sonora bofetada de ella en su cara, aquellos gritos, su salto fuera de la cama tirando de él, arrastrando casi su joven cuerpo, obligándole a patadas a arrastrarse, humillado, en dirección a la puerta del baño… María por fin, volviendo un momento hacia nosotras, pidiendo perdón e insultándome por follarme a Nuria delante de él, arrepentida y enfurecida, desesperada e incrédula de mi estupidez, recogiendo la toalla de él que había quedado tirada en la cama, abandonándonos por fin con sus tetas hinchadas perfectamente formadas bajo su pequeña camiseta blanca, empapada de tan sudada, y con el coño desnudo brillante de flujos deliciosos…

 

Creo que quizás podáis entenderme un poco, comprender quizás mínimamente mi falta de reacción por lo que acababa de pasar si os digo que tenía una mano entera de Nuria en mi coño y que ella se estaba desayunando literalmente mi cuerpo mientras sucedía todo. Y siguió en ese plan, follándome a saco, sin que yo pudiera casi ni respirar hasta que todo por fin hubo pasado…

 

Y no, no había pasado todo todavía, en absoluto. En un momento, mi primo volvió a irrumpir en tromba en mi habitación, escandalosamente empalmado, pillándonos a Nurita y a mí haciendo la tijera en el suelo del baño, flipando de ver cómo ella me cabalgaba a lo bestia, y Meri detrás de él golpeándole, diciéndole “que pares, que vuelvas aquí”, detrás de él, azotándole con la toalla que poco antes había tratado vanamente de cubrir su cuerpo, tirando de su cuerpo y de sus brazos mientras él pasa como si nada y Nur no deja de follarme, y Mer nos mira espantada, pero él pasa como si nada, hasta que su cuerpo cede, y retrocede trastabillando tironeado desde atrás por María que lo devuelve al baño mientras Nur y yo no paramos de follar mientras sale, y María consigue encerrarse con él en el baño, dejando tras de sí la toalla y cerrando la puerta de un portazo.

 

A partir de aquel momento, mi cuerpo fue como un trapo en manos de mi amante, tan desatada y exageradamente cachonda que se dedicó sin más a poseerme con esa plenitud y desmesura que solo Nurita es capaz de alcanzar cuando el sexo le nubla la cabeza y el alma. Todavía podría haber quedado sorprendida, o acaso humillada, al ver entrar de nuevo a María por la puerta del vestidor, siempre con su camiseta ajustada, aunque esta vez literalmente empapada y subida encima más allá de sus tetas, con los ojos fuera de sus órbitas y el gesto desencajado, mientras se limpiaba los labios y la boca de un líquido blancuzco y cremoso con el dorso de su mano y su antebrazo, agachándose al tiempo para recoger aquella puta toalla de Pablo que nos perseguía y nos castigaba aquella mañana, y yo no podía decir nada, no era capaz de hacer nada porque los maravillosos dedos de Nuria me estaban extrayendo a mí misma el zumo, y sentía manar de mi toto un torrente de natas espesas y tan cremosas como las que manchaban la cara y ahora el dorso de la mano de María, que se volvía a girar hacia un Pablo desnudo bajo el quicio de la puerta y mirándome, y le gritaba que se pusiera de una vez los putos calzoncillos, y por lo menos mi primo parecía tener su verga ya apaciguada, pero claro, a qué precio, pero claro, aquellas manchas en la boca de María, pero mi primo, pero su lefa, pero su orgasmo en la cara de ella, pero, pero, pero, pensaba o dejaba de pensar mientras me corría y mis zumos escurrían sobre el suelo cada vez que los dedos de Nura, hundidos hasta el fondo de mi chocho, recorrían lentamente el camino hacia mi exterior volviendo a hacerme temblar y a llorar y a pedir más y más y más y más y más…

 

*       *       *

 

Solo después de que Nuria se hubiera saciado realmente a placer en mí, y después me hubiera arrastrado hasta la bañera para meterme debajo del grifo de agua fría, empecé a recuperar por fin la consciencia de lo que había pasado. Mientras nos secábamos y terminábamos de arreglarnos después de la ducha lo hablé brevemente con ella. Le expliqué todo lo que había pasado en nuestra noche, lo que pensaba yo en aquel momento y lo que esperaba de nuestro día, lo que quería de él y de ellas. Inexplicablemente, mi amiga consiguió calmarme con asombrosa facilidad. Yo estaba aterrada por todo lo que había pasado, claro, y temblaba de pánico al imaginar lo que podía haber llegado a pasar entre mi primo y María. Pero Nuria fue clara al decirme que era imposible que ella hubiera llegado a hacer nada ya que, de haber querido hacerlo realmente, lo hubiera hecho sin más delante de mí, junto a mí o directamente encima mío, tal era el nivel de excitación al que habíamos llegado aquella mañana. Me resultó pasmosa también la facilidad con que yo le reconocí a Nuria que tenía razón, admitiendo y, lo que es más importante, reconociendo en mi fuero interno, que en honor a la verdad nada de lo que acababa de pasar era ya excepcional, una vez que habíamos llegado al punto en el que estábamos, y que no era menos cierto que yo moría de ganas por ir todavía más lejos aquel día, ya que ésa había sido precisamente mi determinación aquella mañana, la decisión íntima que había tomado en medio de aquel intenso despertar.

 

Supongo que la mayor parte de lo que Nuria me dijo en aquel momento lo debía de haber hablado también con Mer en algún momento de la noche, porque yo tenía más que sospechas de que mi otra amiga pensaba exactamente igual que mi novia. Cuando Nur y yo aparecimos en la sala para salir hacia el porche, donde mi primo y María habían preparado finalmente todo el desayuno, la escena que nos recibió no hizo sino confirmar dichas sospechas: estaban los dos tumbados juntos en el sofá de la sala, pero no como dos medio desconocidos precisamente, sino como una pareja de amantes haciendo tiempo antes del próximo polvo. Afortunadamente su nivel de desnudez no había ido más allá de lo último que habíamos podido ver, ya que Pablo mantenía puestos sus gayumbos, aunque fueran siempre ese tipo de slip bastante pequeño que le marcaban todísimo al ser tan ajustados, y María seguía con su camisetita, que al menos ahora llevaba bastante seca y completamente bajada, por más que aquello le dejara absolutamente al aire su potorro pelado y su perfecto y respingón culito. Ambos yacían abrazados en el sofá mientras miraban la tele, Pablo detrás de María, dándole besitos en el cuello y la mejilla, que ella recibía sin más en medio de un animado parloteo de ambos, trufado de risas y carcajadas. La escena casi habría podido pasar por “no erótica” si mi amiga no hubiera tenido el coño al aire, y la mano libre de mi primo (ya que la otra se perdía en el sofá bajo sus cuerpos) no hubiera estado acariciando indolentemente el culo de ella, haciendo evidentes aunque rápidas y, seguramente, poco peligrosas incursiones por la raja de tan precioso trasero.

 

Poco más puedo decir de ese momento, que fue en verdad como un fogonazo, ya que María saltó como un resorte en cuanto nos sintió aparecer. Tampoco trató de disimular ni justificar nada, imaginé que tenía claro que les habíamos visto, pero tampoco pareció importarle ni demostró que pensara que nos importaba a nosotras. Lo cierto era que nosotras llegamos abrazaditas y completamente desnudas, sin poder reprimir un empalagoso besuqueo y toqueteo continuo que, eso sí, pareció incomodarles algo más a ellos. Y, pese a todo, aquella fue la tónica que iba a presidir nuestro desayuno en la mañana en la que todo parecía por fin posible, cuando nos sentamos los cuatro a la no más que tibia ya sombra del porche. Afortunadamente, la noche y la madrugada nos habían dejado hambrientos a los cuatro, y en un primer momento nos centramos en comer con desmedido apetito, pareciendo que todos dejábamos por un momento de lado nuestro apetito sexual. Sin embargo, según se iban colmando nuestros estómagos, nuestras pulsiones más básicas volvían a abrirse camino. Hubo un rato en el que, cuando ya nos centrábamos en disfrutar de nuestros cafés y de los últimos bocados de comida, mi primo pareció redescubrir mi cuerpo y el de Nuria, provocadoramente desnudas las dos frente a la no del todo púdica vestimenta de ellos. Sin embargo, tal y como estábamos sentados, habíamos quedado ambas al otro lado de la mesa con respecto a él, por lo que no podía vernos mucho más que las tetas. Cierto era que todos volvíamos a estar calientes, por lo que Nur y yo estábamos empitonadas de nuevo, y eso era algo especialmente escandaloso en mí, claro estaba, y no había pasado ni mucho menos desapercibido a mi primo. Para colmo, con el calor y la calentura, las dos teníamos el torso sudoroso y los pechos brillantes y turgentes, lo que inevitablemente nos hacía particularmente apetitosas a su mirada. Claro está que mi primo siempre había perdido el culo por mis tetas, y desde que las tocó por primera vez, casi por accidente en nuestro primer encuentro, que parecía tan lejano ya aunque hubiera pasado poco más de una año solamente, nunca dejaba de perseguirlas y pretenderlas. Por otro lado, Pablo estaba también tremendamente colgado por las casi inexistentes tetas de mi novia, cosa que tampoco me podía resultar extraña: vale que Nuria era prácticamente plana, aún todavía en aquella época, pero todo su cuerpo, delgado, fibroso y muy moreno, había tenido siempre un morbo especial, y ese torso con tan poco volumen pero sublime era quizás la parte de ella que más morbazo tenía, en realidad. Y mi primito, que como casi cualquier hombre se había encoñado con ella nada más verla, tenía verdadera obsesión por aquellas tímidas aunque atrevidas tetitas desde que se las vio por primera vez, en realidad casi nada más llegar a aquella casa.

 

Pero claro, por mucho que se pusiera palote con nuestras tetas, vernos solo los pechos cuando estábamos desnudas por completo junto a él no dejaba de ser un verdadero suplicio para Pablo, y aquello todavía fue a peor cuando, con nuestro estómago por fin satisfecho, Nur y yo volvimos a atontarnos juntitas de manera visible e indisimulada delante de ellos. Mi pobre primo no podía evitar sentir unos celos tremendos, por mucho que en realidad yo ya no estuviera intentando provocarle en ese sentido. Sin embargo, tenía la suerte de que María se había sentado a su lado, y mi amiga seguía inesperadamente juguetona con él. Aunque, en un primer momento, él no había podido evitar caer en la tentación de nuestras tetas, teniendo en cuenta además que aquella era la única parte de la anatomía de Meri que permanecía tapada con su camiseta como única prenda, al terminar el desayuno ella demostró lo persistente de sus calores a base de ofrecerle a mi primo la visión directa y sin tapujos del espectáculo de su coño y culo al aire. Cierto que Pablo no lo tenía tan fácil, ella estaba sentada bastante cerca de él, y poder verle los bajos le obligaba a buscar la perspectiva y esperar el momento. Así pues, tras constatar la imposibilidad de ver nada de nuestros cuerpos de cintura para abajo, y al comprobar que ni Nuria ni yo pensábamos hacer ya mucho más caso a nada que no fuéramos nosotros, Pablo empezó a volverse loco por robarle aunque fueran fugaces visiones de su sexo a María. Pero, como Nur y yo ya estábamos tontas perdidas la una en la otra, María terminó por relajarse definitivamente, y pareció atreverse a avanzar en lo que fuera que hubieran estado haciendo en la sala antes de llegar yo con Nurita. Y fuera donde fuera que nos dirigiéramos, parecía que ya no íbamos a hacer más que avanzar en esa dirección: María demostró que tenía pocas ganas de cortarse ni un pelo con él, por mucho que estuviera yo delante. En realidad, nuestra escenita en mi cama delante de ellos dos parecía habernos obsesionado a todos, pero particularmente les había dejado muy excitados a ellos dos, y quizás a Meri más que a nadie. Mientras ella se recolocaba la silla, para poder levantar los pies sobre las rodillas de mi primo, brindándole con ello visión directa y sin el menor impedimento a la raja de su coño abierto y de su culo, no pude evitar preguntarme por qué había llegado a pasar cuando ella le llevó a él al baño… evidentemente, él se había corrido, y estaba claro que Merita había sido la instigadora de lo que fuera que hubiera hecho para conseguir bajarle la calentura a Pablo: su premio, y yo misma lo había visto, fue nada menos que aquel lefazo que llevaba en la cara cuando volvió a entrar en mi habitación.

 

No sabía que demonios habrían llegado a hacer, y dudaba hasta de si realmente quería saberlo. Pero, independientemente de lo que fuera, por cómo se miraban y tocaban, estaba claro que María iba a por Pablo y, lo que era más gordo, mi primo también iba a por ella…

 

- Mmmmm, qué bien se está aquí ahora, ¿no? – musitó la pequeña zorrita mirando a mi primo directamente a los ojos, mientras le abría bien las piernas para que él pudiera verle hasta la boca del útero, si se terciaba.

- Y tanto, Mer – me metí yo en su comentario… - ya verás, creo que hoy puede ser un día muy especial para todos – le sonreí con franqueza, y tanto ella como Pablo se sonrieron mutuamente al escucharme decir aquello.

 

María quería todo de él, eso estaba claro. Bien, pues igual era el momento de darle un poco más… Pero, ¿podría confiar en mi amiga? Bueno, Nuria me había asegurado que aquello estaba fuera de toda duda, Meri me iba a ser fiel, la misma tarde anterior, cuando le entregué por fin la polla de mi primo para que se la pajeara, ella renunció a llegar más lejos de lo que le había pedido yo y, por caliente y puta que pudiera estar ella ahora, yo en el fondo creía lo que me había dicho Nuria de que lo más seguro era que no hubiera llegado a nada serio cuando se había encerrado con él en el baño un rato antes. De todas formas, que no hubiera pasado nada aún no significaba que no fuera a pasar nada en adelante, porque estaba claro, y también por mí, que algo iba a pasar, y yo tenía que esforzarme por encontrar la mejor manera de que lo que tuviera que suceder, sucediera. No contaba con que ella misma me lo iba a poner en bandeja, mientras acariciaba con sus pies la parte alta de los muslos de mi primo, llegando a tentar su paquete ya muy abultado sobre la tela de sus gayumbos e incluso tentando por los elásticos de aquel slip, mientras él directamente le masajeaba tanto sus pies y tobillos como la parte baja de sus piernas y las pantorrillas (en realidad, ellos dos se comportaban exactamente igual que Nur y yo, acaramelados y tonteando sin parar, con juegos físicos crecientes y, cada vez, más evidentes):

 

- Oye, hoy ya no vamos a poder pasar de comprar comida, que llevamos ya dos días sin salir y estamos agotando las provisiones... – me sorprendió mi caliente amiguita, con ese inesperadamente práctico y funcional comentario que, sin duda, escondía muchos dobles mensajes en su trasfondo.

- Pues conmigo no contéis -  le contestó Pablo en primer lugar.

 - Ya lo suponíamos primito – repuse yo – que, nos tienes siempre aquí pendientes de a ver quién se queda a cuidar al niño…

- Joder, prima…

- ¿Y con quién se quiere quedar hoy el señorito? – la pregunta de María cortó en seco la propuesta de mi primo y abrió de par en par la puerta a lo que debía ser el desenlace de aquella creciente tensión sexual que venía amenazando con hacernos arder a todos desde la madrugada.

- ¿Qué con quien quiero?

- Sí, Lau ha dicho que sigues necesitando niñera – continuó Mer con una sonrisa maliciosa, mientras su pie derecho hundía visiblemente sus cinco dedos más allá del elástico inferior del calzoncillo de Pablo. Nuria se puso nerviosa al ver aquello, e interrumpió las suaves caricias en mis pechos y los besitos que me estaba dando para abrazarme de repente, muy pegada a mí, y bajando su mano hasta mi entrepierna donde la cerró con fuerza sobre mi vulva, clavándome la tela de las bragas dentro del chocho. Pablo se revolvió nervioso, también, antes de responder:

- Bueno, por querer, quiero con mi prima… – soltó con voz quebrada, pero manteniendo el tipo a pesar del asalto a su paquete que había lanzado María - …pero seguro que es ella la que no quiere... – Yo me puse roja al oírle aquello, y Meri retiró sin más los dedos que se habían asomado en el interior de su calzoncillo. Sentí que Nuria me miraba, mientras relajaba la presión de su mano en mi coño. Pero ya era tarde, entre su tocamiento, la actitud de Meri y el comentario de mi primo, yo ya había mojado.

- No, no, no… - dije mientras me levantaba – no, primo... que luego pasa lo que pasa... no podemos quedarnos solos, de verdad Pablo... que luego somos incapaces de contenernos – terminé, sin querer molestarme ya en seguir escondiendo nada.

 

Mi repentina franqueza cayó como un terremoto sobre ellos. Especialmente sobre mi primito, claro, supongo que porque, además de conllevar una sinceridad brutal, mis palabras habían ido acompañadas de una innecesaria negativa preventiva. Pablo se quedó boquiabierto, y boquiabierto y con su incipiente erección rápida y completamente replegada al máximo empezó a recoger las cosas del desayuno, compungido, para huir con ellas hacia la cocina.

 

- Resumiendo, que yo me voy a comprar comida ahora. Y Nuria viene conmigo, que tampoco me fío de ella – terminé, tremendamente confiada al ver la reacción que habían provocado mis palabras.

- ¡Laura! ¿Pero serás puta? - exclamó mi amiga. Creo que siguió soltándome diversas borderías de las suyas, pero yo ya no la escuchaba, pendiente como estaba de la reacción de María.

 

Ella se había quedado mirando al suelo y recogida en su silla cuando mi primo se levantó, entre confundido y airado, y ahora me escuchaba aparentando indiferencia. Pero yo había tomado ya mi decisión, y ahora me estaba entrando el ansia por ponerla en práctica cuanto antes; no quería que se enfriara el clima que habíamos conseguido alcanzar. Así que, ignorando los exabruptos de Nur, me levanté metiéndole prisa para que se arreglara y pudiéramos salir de allí cuanto antes. Al final, y gracias precisamente a María, había conseguido comerlo ni beberlo que el día se pusiera precipitadamente en marcha, casi de forma inesperada. Aunque os confieso que en aquel momento sentía algo parecido al miedo por lo que pudiera pasar realmente cuando nos marcháramos.

 

Aprovechando que Nuria estaba tardando un poco más en arreglarse, seguramente que porque quería que se le pasara un poco el cabreo que le había provocado mi comentario sobre ella, yo, ya vestida con un vestido ligero y sin sujetador, me acerqué un momento a María, que había colocado una tumbona con una toalla al sol mientras Pablo terminaba de recoger todo el desayuno y se esfumaba sin más de nuestra vista. Mientras mi amiga se quitaba la camiseta y se untaba todo el cuerpo de crema, quedándose para ello completamente en pelotas, yo me dispuse a la difícil operación de tratar de sonsacarle sobre lo que había hecho con mi primo en el baño mientras Nurita me follaba en mi habitación. Me vi obligada a ganarme su confianza en ese momento, y para ello, lo que hice fue pedirle que me dejara ayudarla a extenderle la crema por el cuerpo. El contacto de mis manos en su espalda desnuda hizo circular de nuevo el calor y el deseo entre nosotras, y para cuando le di un rápido pero intenso masaje en su culo todas sus posibles barreras habían caído ya. Y así, mientras esparcía la crema con vigorosos movimientos por sus preciosas tetitas, ella me explicó, de manera muy neutra y resumida, que se había visto obligada a encerrarse con Pablo en el baño para tratar de calmarle, porque él se había puesto excitadísimo cuando Nurita se abalanzó sobre mí en la cama, y que había tenido que abofetearle un par de veces porque él estaba intentando pasarse con ella (no me llegó a decir qué hizo él exactamente, pero más o menos entendía que debió intentar saltarle encima un par de veces con todo, lo que estando él desnudo y ella solo con la camiseta, casi se puede interpretar como intento de violación, que ya era mucho más de lo que había intentado conmigo… y os aseguro que sentí una envidia enorme de María por ese motivo, si bien mi envidia estaba muy lejos de poder ser confundida con los celos). Después de eso, y tras una primera tentativa de calmarle a base de duchas frías, que acabó con la camiseta de ella empapada, lo que empeoró realmente las cosas, ya que se le puso tan traslúcida que ya parecía casi desnuda del todo, y él trató de arrancársela y la dejó con la tela subida casi a la altura del cuello y totalmente en bolas y empapado el resto. Con ese nivel de tensión, ella solo pudo ya optar por lo que yo misma le había obligado ya a hacer la tarde anterior, y que Nurita de hecho le había hecho ya dos veces: la paja terapéutica, para sacarle la leche y bajarle la calentura de una. Ella misma me confesó, sin necesidad de que yo la presionara, que en el curso de aquella masturbación casi obligada a mi primo ella misma estaba tan caliente que no pudo evitar dejarse llevar por la pasión más de lo aconsejable pero, siempre según ella, por lo visto eso no significó más que dejarse abrazar y tocar por todas partes mientras le masturbaba, y que al final de tan juntos que estaban empezaron besándose primero y morreándose a saco después. Cuando le pregunté si llegó a comérsela, María me dijo que no, que lo que había pasado en realidad es que él la tenía abrazada de lado cuando empezó a correrse, y que ella no podía evitar mirar aquella polla dura y enorme que le temblaba entre las manos, y que así se acabó comiendo en la cara toda la corrida de Pablo, que por la excitación y las buenas mañas de mi amiga, volvía a ser copiosa y vigorosa otra vez. Me confirmó sin dudar que había aprovechado para probar su semen en aquel momento, y que de hecho el resto que le vi limpiarse yo cuando volvió a mi habitación para coger la toalla de Pablo era solo eso, el resto de lo que le había caído encima, porque incluso después de tragarse ella casi como un acto reflejo lo que le había estallado en la cara, dejó que mi primo le limpiara con la boca lo que le había resbalado por el cuello y por las tetas. Con la toalla que había recuperado, le habría limpiado el cipote a él después, porque dijo que quería evitar limpiárselo directamente con las manos, porque tenía miedo de no aguantar y acabar chupándole para recoger el semen y terminar comiéndole la polla. Por último, me explicó que se habían duchado juntos y desnudos, claro, y que aunque ya no hicieron nada más sí que se estuvieron besando, con morreos y todo lo imaginable, y sobeteando todo el cuerpo también, aunque ella me dijo que tuvo cuidado de evitar que él se empalmara otra vez, o de que ella misma volviera a ponerse más caliente de lo aconsejable.

 

El rápido relato de María terminó con ella preguntándome si me importaba. No me pidió perdón, ni se mostro preocupada, arrepentida o mínimamente compungida. No, tan solo me preguntó eso, si me había importado. Su bellísimo cuerpo desnudo, brillante por la crema que yo misma le acababa de esparcir hasta por el último y más escondido de sus rincones, temblaba bajo mis manos mientras su mirada brillante y llena de alegría, en realidad, se clavaba en mí, expectante. Llegué a entender que, más que pedir perdón, lo que en realidad quería ella era pedirme permiso…

 

- Tranqui, Meri… naturalmente que no me importa… verás, sé que tenéis toda la razón en lo que pensáis, y te prometo que hoy lo vamos a pasar muy bien todos… - acompañé con un tierno pico en sus labios aquellas palabras, que salieron de mi boca mientras yo las escuchaba casi como si las hubiera pronunciado otra persona. – Pero, de todas formas, aunque quiero hacer un esfuerzo para que no tengáis que pasarlo mal por mi culpa, todavía necesito un poco de tiempo…

- ¡Claro, preciosa!

- Y… bueno, sé que ahora puedo confiar en ti, porque estás portándote tan bien…

- Pero Lau, por supuesto, es que… ¿cómo quieres que…? – cerré su boca con un beso, esta vez más largo y hondo que el tímido piquito anterior.

- Te lo voy a compensar todo, ¿sabes? Y mucho antes de lo que te imaginas…

- ¡¡LAURA!! – la voz tronante de Nuria nos cortó en seco nuestro íntimo momento - ¿pero tú no tenías tanta prisa? ¡Hostias!

 

Como os podéis imaginar, mi salida de casa con Nuria no fue precisamente tranquila, ni mucho menos cariñosa. Me costaba creer que a ella le pudiera haber molestado tanto mi comentario de antes, y en realidad me daba por pensar que lo que le había cabreado de veras era que yo había elegido a María para quedarse con Pablo. ¿Pero acaso se creía que tenía algún derecho especial en ese sentido? Joder, como si yo estuviera obligada a darle aquel premio por el mero hecho de haber iniciado una relación… llamémosla “especial”, o más intensa de lo normal. Porque, además, lo cierto era que yo estaba también muy confusa por lo que había dicho y hecho, y os aseguro que en aquel momento no sabía para nada cómo seguir, de veras. Simplemente había cogido al vuelo el comentario de María sobre que teníamos que comprar comida para tratar de romper una mañana que había empezado con demasiada fuerza, fiándome además de mi intuición y de lo que la propia Nuria me decía sobre la actitud de Meri. Porque, evidentemente, los cuatro éramos una olla a presión a punto de estallar, pero lo cierto seguía siendo que, de las tres, ella era todavía la que me inspiraba más seguridad. Bueno, eso y que, en último caso, Nuria había tenido ya demasiadas oportunidades, y de alguna manera sentía que debía ser más justa con María y empezar a compensarla desde ya.

 

De todas maneras, Nuria no estaba tampoco enfadada conmigo, sino simplemente arisca y de mal humor. Bueno, quien conoce a Nur sabe que tenerla de mal humor es casi como tener un huracán al lado, pero en cualquier caso por lo menos parecía claro que no había nada realmente personal en su cabreo, y que más que un enfado real era más bien pura ansiedad lo que la tenía de aquella manera. Pero, por lo menos, no tuve que aguantar más que varios gruñidos y alguna mala cara en nuestro rápido camino hasta el centro comercial. Cuando bajamos del coche, me di cuenta de que mi amiguita había optado por acompañarme casi desnuda, ya que iba con un mínimo top de un tono anaranjado oscuro, con formas redondeadas que ceñían sus enanas tetas contrastando con el color intensa y perfectamente bronceado de su piel, y por debajo un mini pantaloncito de fina tela blanca que confirmaba sin dejar resquicio alguno a la duda que iba sin ropa interior, y que estaba cachonda, para más datos. Lo cierto es que yo no iba mucho más vestida, ya que me había puesto un ligerísimo vestido azul oscuro con un amplio escote, generosamente abierto al balcón de mis tetas, libres también de sujetador, mientras que por abajo la brevísima faldita regalaba sin esfuerzo alguno unas nítidas vistas de mi culo desnudo y, si se terciaba, de mis labios abultados desbordando un minimísimo tanguita de rayas de colores.

 

Sin embargo, el propósito de nuestras vestimentas resultó ser muy diferente, ya que yo me había vestido allí con el mero ánimo de no tener que sentir demasiado la molestia de la ropa en el rato que durase nuestra escapada, después de haber pasado una fantástica mañana en bolas, mientras que Nur, tal y como declaró mientras entrábamos en el centro, se había vestido como una puta porque quería hacer de puta: mi amiguita me sorprendió diciéndome con tono seco y sin posibilidad de réplica que necesitaba pasar por el videoclub. A mí no me podía repugnar más la idea, así que le dije que yo me iba directa al supermercado a por la comida, y que ya la esperaría a la salida.

 

Su regreso me pilló ya en el coche, pero he de decir que realmente había tardado poquísimo en volver, por lo que quedó patente que aquella vez había sido solo un polvo rápido, un moja moja fugaz con la que tratar de aplacar mínimamente la fiebre de su coño. Y, de hecho, al entrar en el coche estaba visiblemente más contenta, a pesar de que me contó que había sido todo tremendamente peor que la otra vez, y que además estaba solo el dueño, pero que al menos le había servido para aliviarse que era a lo que había ido. Ella sabría, pensé… aunque no pude evitar preguntarme si no me habría venido bien a mí también una mojada rápida como la suya.

 

Cuando por fin volvemos a la casa, Pablo y María estaban en el jardín, los dos mojados de la piscina, Mer con braguitas y él con los mismos calzoncillos que había llevado en el desayuno. Según nos dijeron, se acababan de bañar y ahora descansaban los dos juntos en el césped, aunque convenientemente separados y cada uno en su toalla. Todo parecía normal, la verdad. Hasta el hecho de que Meri hubiera vuelto a las braguitas, aunque fuera sin suje, resultaba bastante más tranquilizador que el desnudo integral que lucía a nuestra salida, evidentemente, pero también que su atrevida imagen de desnudo integral malamente cubierto que había lucido en el desayuno, con aquella ridícula camisetita que se había puesto al despertarse de su noche de sexo con Nuria como única prenda. Porque, a ver, que fuera sin suje era ya casi lo más normal del mundo, y casi me hubiera preocupado más que lo tuviera puesto, pues eso solo podía significar que, o bien tenía algo que ocultar o de lo que arrepentirse, o bien se había visto obligada a taparse para protegerse de mi primo. Pero, de ser así, seguramente habría vuelto sin más a la camiseta pero con braguitas, o directamente al bikini. Sus braguitas tampoco eran de lo más escandaloso, porque no eran tanga, sino más bien bastante amplias y altas, pero también eran de una tela blanca y muy fina, que con el agua de la piscina que las tenía empapadas se le traslucía todo perfectamente. Aunque por delante, con su pubis pelado y su coño en reposo aquello no generaba el menor problema (el coñito de Meri, cuando no está abierto y caliente, apenas deja asomar sus labios menores tímidamente por fuera de su poderosa pero discreta vulva). Sin embargo, su soberbio culo seguía con aquellas bragas mojadas dando el mismo maravilloso espectáculo que, por otra parte, llevaba dando toda la mañana. Por si fuera poco, con sus movimientos la tela empapada en agua se le estaba enrollando sobre los elásticos de las bragas, especialmente por el superior, de manera que aquella tela traslúcida se estaba pareciendo cada vez más a un tanguita tremendamente sugerente y erótico.

 

Pero, como digo, aquello parecía casi la mejor de las opciones posibles en aquel momento, así que me despreocupé de ellos con total sinceridad, ya que en ese momento en realidad no pensaba tanto en lo que pudiera haber pasado, como en lo que podía pasar a partir de allí. Sin embargo, y por algún motivo, quizás por esa sensación de seguridad absoluta en la integridad y fidelidad de mi amiga, sentí unas ganas tremendas de visibilizar mi agradecimiento hacia ella. Para hacerlo, y tras sacarme por la cabeza mi arrugado y sudado vestidito (el calor que hacía aquella mañana era irreal) y quedarme vestida solo con mi pequeñísimo tanguita, avancé hacia Mer y, como para marcar territorio, le di un sonoro pico delante de ellos.

 

- Ey, ¡que yo también quiero! – protestó Pablo. Por lo menos se había tomado la molestia de decirlo riendo, me dije. Aunque tampoco me pilló por sorpresa porque, de alguna manera, yo estaba esperando que él tuviera alguna salida así… Yo me acababa de quitar el vestido realmente cuando me agaché a besar a mi amiga, de manera que lo llevaba todavía recogido entre mis manos a la altura de mi pecho, tapándome púdicamente las tetas con él. Cuando Pablo dijo aquello, yo me giré hacia él, dejando caer el vestido para mostrarme desnuda ante su mirada nerviosa. El niño estaba algo trempado dentro de sus apretados gayumbos…

- Pero claro, primo.. Yo también te he echado tanto de menos, Pablo...

 

Pude escuchar su jadeo y el gemido ahogado de mis amigas cuando, casi desnudos ambos, abracé su tibio cuerpo de adolescente y le di un morreo de campeonato, un tórrido beso que para nada venía a cuento en aquel momento. O, quizás, sí que venía a cuento. Quizás es que la realción entre nosotros cuatro solo podía producirse de una forma abiertamente sexual a aquellas alturas.

 

- ¿Ves? Para ti más, mucho más… - le dije con voz   acaramelada mientras le volvía a besar.

 

Lo que no me esperaba era que él me quitara la cara, como hizo, retrocediendo torpemente arrastrándose sentado y de espaldas hacia atrás. Su nerviosismo era perfectamente evidente y exagerado. Pero, significara lo que significara su actitud huidiza, se había puesto completamente cachondo debajo de sus gayumbos, cosa que a mí me excitó peligrosamente. Tan peligrosamente que no pude contener la tentación de avanzar gateando detrás de él y colocarme gatunamente sobre su cuerpo, que temblaba y transpiraba intensamente cuando le metí la mano derecha dentro del calzoncillo, tocándole la polla en un suave pajeo mientras notaba cómo rápidamente le empezaba a crecer y ponérsele dura de verdad, hasta que terminó por salírsele de la ropa interior, incapaz de contener aquel monstruo junto con mi mano y mis lascivos movimientos de madre putita asaltando al mejor amigo de su hijo como queriendo comprobar si todos esos rumores que dicen sus amigas sobre el tamaño de su enorme polla eran verdad...

 

Sin embargo, al descubrirse allí, violentado de aquella manera por mí, delante de ellas, completamente expuesto con su polla desnuda desplegada inexorablemente fuera de su guarida, la valentía de mi primito se vino abajo cuando, demostrando que no era más que un niño pequeño y asustado me empujó y, revolviéndose debajo de mí se escurrió gritando “¡No, no, no!” y se arrastró por el césped hasta levantarse, “¡Laura, quita!”, trastabillando y con su polla dura dando bandazos al aire mientras conseguía levantarse y correr torpemente rumbo a su cuarto y al baño otra vez... igual que en los primeros días.

 

- Joder, Laurita… - suspiró María.

- Tía, igual necesitabas tú más que yo lo de pasar por el videoclub… - soltó Nur, en un tono demasiado serio como para que tratara de hacerlo pasar por una broma.

- ¿Habéis vuelto al videoclub? – inquirió María, mientras me miraba nerviosa…

- Solo yo – aclaró Nuria.

 

Mer no preguntó más, sino que sencillamente se giró y se dirigió a la casa, aunque en su caso en dirección contraria a mi primo, rumbo al salón, donde se tiró en el sofá a mirar su móvil.  me separa y se va corriendo... 

 

- Me voy a pegar una ducha, que estoy llena de babas del cerdo ése – dijo Nuria, todavía con un tono demasiado serio, pero con una media sonrisa en sus bellos labios y un brillo más que prometedor su mirada intensa de color miel.

 

Bueno, por lo menos Nuria había vuelto ya, me dije mientras ella se alejaba en dirección al dormitorio de mis padres, todavía vestida (si se puede llamar “vestida” a ir con la ropa que llevaba). Y quizás lo mejor que podía haber pasado era que mi primito se hubiera acojonado conmigo… la verdad que esa actitud me parecía confirmar que realmente no debía de haber pasado gran cosa con María. Además, me hubiera preocupado mucho más que Mer hubiera estado rara o enfadada pero, más allá del momento de confusión al verme asaltar a mi primito, en realidad parecía muy entera, tranquila y de buen humor, por más que se hubiera escapado al salón para estar a solas. Sin embargo, que mi primito hubiera vuelto a su actitud infantil de los primeros días, sin ser capaz de actuar como un hombre cuando una de nosotros le hacía algo abiertamente sexual ante las otras, escapándose a meneársela como un escolar en su primera adolescencia (por más que eso fuera precisamente lo que era), no era algo que me turbara lo más mínimo, ya que no dudaba que a aquellas alturas solo podía ser ya una reacción meramente circunstancial. Que mi primo iba a dar la talla, lo sabía yo de sobra.

 

En fin, me dije mientras decidía pasar de los tres y me dirigía con mi cuerpo casi desnudo y bastante caliente a la cocina. Reconozco que me había pasado mucho con él, pero es de lo que se trataba ¿no? de calentar hasta reventar, al menos hasta que yo misma reventara y mis absurdos tabús cayesen de una maldita vez... Y, joder, he de admitir que, no sé por qué, en aquel maldito momento, allí delante de ella, me habían entrado unas ganas insoportables de follármelo cuando tuve su polla dura en la mano. Me mordí el labio inferior hasta hacerme sangre cuando, desde la cocina, vi que Pablo volvía a salir al jardín, con el bulto de sus calzoncillos ya controlado, sin duda después de aliviarse una vez más en el baño. Me costó reprimir mis ganas, pero finalmente conseguí centrarme en recoger la comida que había comprado en el supermercado y preparar una comida rápida para los cuatro, sola y en bragas. Unas bragas cuya mínima tela llevaba ya a esas alturas completamente anegada en flujos…


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nyctidromus
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@laualma mami puta cada vez que te leo siempre ternimo tan cachondo y con el nabo tan duro que termino machacandomelo, incluso me la meneo leyendote. Saludo de tu viciosillo y salido lector


scripsit nyctidromus

sanguine et pulvis
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@nyctidromus sii


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