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Vaciar todo

Incesto triple

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José
(@quique)
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Topic starter   [#1315]

                    Luisa se estrena con su prima

Luisa, una muchacha morena, ni fea ni guapa, de estatura mediana, ojos negros, larga melena marrón recogida en dos coletas, con buenas tetas y un buen culo, estaba recogiendo la ropa de un tendedero hecho con cordeles que tenían en la huerta trasera de su casa. Su prima Nieves, que era más alta que ella, muy bonita, pelirroja, flaca, con pocas tetas y poco culo y que estaba a su espalda, le tocó el culo y le dijo:

-Si tú quisieras...

Luisa, quitando una pinza de unas bragas, sonrió y le dijo:

-¿Qué?

-Que si tú quisieras darme un poco de culo y yo pudiera cogerlo...

-Yo te lo daría, pero cada una tiene que conformarse con el suyo.

Nieves le echó las manos a las tetas y le dijo:

-¿Me darías también de estas?

-También.

Le echó la mano al coño.

-¿Y de este?

Luisa se dio la vuelta.

-Para, para. ¿No estarás hablando...?

Nieves le metió un beso con lengua que le hizo temblar los labios. Luego le dijo:

-Estoy hablando de comerte viva.

-Ya te he dicho varias veces que no me gustan las mujeres.

-¿Cómo sabes que no te gustan si nunca has probado con una?

-Esas cosas... Además, si se enterase alguien sería un escándalo.

-La huerta está amurallada. No nos verán.

-Nunca se sabe.

Aquel dejarse ir de su prima animó a Nieves.

-Vamos para casa. Nadie se enterará. Bueno, tú sí, porque voy a hacer que te corras cómo nunca te has corrido antes.

-Mi madre no tarda en volver del monte.

La volvió a besar, y besándola le metió la mano debajo de la falda y dentro de las bragas.

-Nos da tiempo.

Sintiendo cómo le entraba un dedo en el coño, le dijo:

-Es qué...

Le levantó la falda, le quitó el dedo del coño, le bajó las bragas hasta las rodillas y le lamió el coño un par veces. Luisa le dijo:

-Para, para. Vamos para casa que aquí nos pueden ver.

Luisa subió las bragas, dejó la ropa a medio recoger y se fue para casa. 

Nada más entrar en la casa de Luisa, Nieves, por detrás de su prima, le quitó la camiseta y el sujetador y los tiró al piso del pasillo. Le dio la vuelta y la besó con lengua. Luego le cogió las tetas con las dos manos y se las magreó. Luisa, temblando, le dijo:.

-Me siento sucia.

-¿Lo dices por qué te mojas?

-Sí.

-No pienses, disfruta.

Nieves le metió la cabeza en medio de las tetas y después se las magreó, lamió, chupó y mamó con lujuria. Comiéndoselas le preguntó:

-¿Quieres comer las mías?

Luisa quiso experimentar.

-Sí.

Nieves se quitó la blusa y el sujetador y le dijo:

-Mámamelas.

La boca de Luisa se acercó tímidamente a la teta derecha de Nieves y le lamió el pezón. Nieves le cogió la cabeza y le aplastó la boca contra su pequeña teta, una teta que tenía una pequeña areola rosada y un diminuto pezón. Luisa, amasó y mamó esa teta y después la otra. Nieves le preguntó:

-¿Qué sientes al comer mis tetas?

-Me siento puta, muy puta.

-¿Te gusta sentirte puta?

-Sí.

Poco después Nieves le quitó la falda y las bragas a su prima. La colocó cara a la pared, se puso de rodillas y le comió el culo con ganas atrasadas, mordiendo sus nalgas, lamiendo su ojete y follándoselo con la lengua. Luego hizo que se girara y cambió la voracidad por la lentitud... Lentamente, lamió la raja del coño con la punta de la lengua, la lamió de abajo a arriba y de arriba a abajo. Luisa abrió las piernas para que se le abriese también el coño y la lengua lamiese sus labios vaginales, y eso fue lo que pasó, que la lengua poco a poco fue lamiendo los labios más internamente. Luisa gimió de placer cuando la lengua, muy despacito, entró en su vagina, salió, volvió a entrar, volvió a salir..., y luego ¡zas! Los labios y la lengua atraparon su clítoris y lo chuparon. Luisa se corrió cómo un río. Por sus temblorosas piernas bajaron dos diminutos riachuelos de jugos claritos que le llegaron a los tobillos.

Al acabar de correrse Luisa, Nieves se puso en pie, le comió la boca y luego le dijo:

-Dime cuanto te gustó correrte en mi boca.

-Mucho, pero mucho, mucho, mucho.

-¿Tanto como para comérmela tú a mí.

-Ponte cara a la pared.

Nieves se puso de cara a la pared. Luisa le bajó la falda y las bragas, se puso de rodillas delante de ella  y le devoró el culo, tal y como su prima se lo había devorado a ella. Luego hizo que se girara y le devoró el coño hasta que se corrió.

Ester, la madre Luisa, entró por la puerta de la casa y vio a su sobrina jadeando, con el cuerpo arqueado y la cabeza echada hacia atrás y a su hija de rodillas comiéndole el coño. Cerró la puerta para que no las vieran desde el camino y luego les soltó una bronca de las que hacen historia.

 

                           Ester le da el coño a su tío

 

Ester, que era una mujer separada, morena, de estatura mediana, tetona, culona y aún de buen ver. Vistiendo una camiseta blanca y escotada, una falda de tablas que le daba por debajo de las rodillas y calzando unas zapatillas, fue a hacerle una visita a su tío Jacinto. Lo encontró a la sombra que daba una parra que tenía enfrente de su casa. Estaba sentado en una silla, a pecho descubierto, en bañador y calzando unos tenis. Al verla, le preguntó:

-¿Qué te trae por aquí, Ester?

-Necesito que me hagas un favor.

-Cuenta de que favor se trata.

-¿Podemos hablar dentro de tu casa?

Jacinto, que era un hombre alto, moreno, de ojos azules, fornido y que en sus tiempos había sido prostituto, le dijo:

-Claro.

Entraron en casa. Jacinto se echó otro vaso de vino, se sentó en una silla de la mesa de la cocina y le preguntó:

-¿Qué favor es ese?

Ester se sentó a la mesa y le contó lo que le había visto hacer a su hija y el miedo que tenía de que acabase con una mujer y no con un hombre.

-Seguro que lo has hecho por curiosidad.

-No, según ella lo hizo porque tenía ganas, pero dice que le gustan los hombres y yo no la creo.

-No me has dicho cuál era el favor.

-Quiero que me folles delante de mi hija, a ver si se excita, y si se excita viéndonos, quiero que la folles y le quites las ganas de volver a hacerlo con otra mujer.

-¿Luisa sabe lo que tramas?

-No, pero si aceptas, al llegar a casa la preparo para el momento.

-Así que ese es el favor.

-Sí, y es un favor porque no tengo con que pagarte.

-Tienes, mujer, tienes.

-¿Con qué quieres que te pague?

-Echándome un polvo, aquí y ahora.

Ester llevaba dos años y medio sin follar, así que no se lo tuvo que pensar, le dijo:

-Si eso es lo que quieres...

-Sí, eso es lo que quiero. Vete a cerrar la puerta con llave.

Ester fue a cerrar la puerta y cuando volvió ya Jacinto se había metido en su habitación. Al no verlo, preguntó:

-¿Dónde andas, Jacinto?

-Aquí, ven.

Ester fue a la habitación de su tío y lo vio desnudo y con la polla en la mano. Le preguntó:

-¿Me desnudo?

-Muy lentamente.

Ester se subió lentamente la camiseta blanca y se quedó en sujetador. Luego le bajó la cremallera a la falda de tablas y la dejó caer. Se quitó las zapatillas, se sentó en una silla y quitó la liga y la media de una pierna, luego la de la otra. Se puso en pie, sacó el sujetador y le mostró sus tremendas tetas, unas tetas con areolas oscuras, grandes areolas y gordos pezones. Después se giró y quitó las bragas enseñándole su gordo culo, al girarse de nuevo tenía una mano tapando el coño, lo que no evitaba que por los lados se viesen los pelos. Jacinto le dijo:

-Quita esa mamo de ahí que no me dejas ver el bosque.

Al quitarla quedó al descubierto una tremenda mata de pelo castaño, Jacinto y le dijo:

-Ven.

Ester se metió en cama y le preguntó:

-¿Qué quieres que te haga?

-Dame una teta a mamar.

Le puso la teta izquierda en los labios, Jacinto se la amasó mientras, lamía, chupaba y mamaba. Esto hizo hasta que se hartó.

-Dame la otra.

Se la dio y se volvió a hartar de teta.

-Ahora dame las dos.

Se la dio, y se las magreó, lamió y chupó otro buen rato.

-Ahora dame el culo.

Ester le puso el culo en la boca, Jacinto, cogiéndola por la cintura, lamió su ojete y se lo folló. El coño de Ester comenzó a gotear.

-Estás bien cachonda.

-¡Cómo para no estarlo!

-Dame ahora el coño.

Le puso el coño en la boca, se lo lamió, y mira si estaba cachonda, que en nada se corrió en la boca de su tío.

Al acabar de correrse le dijo Jacinto:

-Hazme una mamada.

Ester se echó a su lado, cogió la polla y le hizo de todo... Lamió su glande, lamió su frenillo, la mamó, la meneó, lamió y chupó sus huevos. Lamiendo los huevos, le dijo Jacinto:

-Hazme una cubana.

Ester metió la polla entre sus tetas y se la masturbó con ella. La mujer estaba cachonda otra vez. Deseaba oír las palabras mágicas, y las oyó:

-Ahora fóllame.

Subió encima de su tío. Puso la tiesa polla en la entrada de su coño y la clavó hasta el fondo de una culada. Luego, con las manos en su pecho peludo, movió el culo de atrás hacia delante y de delante hacia atrás a una velocidad de vértigo hasta que se quedó quieta. Con los ojos cerrados, entre convulsiones y gemidos casi inaudibles, le dijo:

-Me corro.

Jacinto dejó que acabara de correrse, luego le dio él a mil por hora y Ester se volvió a correr en la polla de su tío.

Al poco, le dijo Ester a su tío:

-No voy a ser capaz de hacer que te corras.

-Saca la polla del coño y métela en el culo.

-Me va a doler.

-Tranquila, no te dolerá.

Ester, a regañadientes, sacó la polla del coño. Jacinto la empuñó y luego la frotó en el ojete, después metió la puntita, se masturbó y se corrió dentro de su culo.

Antes de marcharse, Ester, le dijo Jacinto:

-Esperarme con un café y una tarta.

 

                      Todo queda en familia    

                  

A las cinco de la tarde del día siguiente, Jacinto llamó a la puerta de la casa de su sobrina. Ester le fue a abrir, al verlo le dijo:

-Pasa, tío.

Jacinto entró en la casa. Ester cerró la puerta y con su tío detrás de ella fue hasta la sala, donde estaba su hija Luisa sentada en un sillón de cuatro plazas. Enfrente de ella tenía una mesa camilla sobre la que había una cafetera, tres pocillos, azúcar, cucharilla, servilletas y una tarta sobre una mesa camilla. Ester se sentó junto a su hija y le dijo a Jacinto:

-¿Te pongo el café?

Jacinto, yendo hacia ella, le respondió:

-Mejor sácame la polla y hazme una paja.

-Así, sin más...

-Sí, así, sin más preámbulos.

Ester le bajó la cremallera del pantalón, empuñó la polla, que estaba a media asta, y meneándola le dijo a su hija:

-¿Ves? Así es como se le hace una paja a un hombre.

Luisa, que vestía una camiseta azul y un vestido gris que le daba por encima de las rodillas, mirando cómo la meneaba, sonrió, y le dijo:

-La tiene muy grande y muy gorda.

-No es muy grande ni muy gorda, es normal

Jacinto cogió la tarta. Enterró en ella la polla empalmada, la sacó, puso la tarta donde estaba y le dijo a su sobrina:

-Enséñale a tu hija cómo se hace una mamada.

Ester lamió la crema de la tarta. Lamió la cabeza, lamió los huevos, lamió desde los huevos hasta el frenillo y después la metió en la boca y la mamó. Luisa le dijo a su madre:

-Me estoy mojando.

-Eso es bueno, hija. ¿Ves cómo los hombres también te gustan?

-Si siempre me gustaron, madre. 

Ester no se bajaba del burro.

-No lo suficiente por lo que he visto. 

Siguió acariciando los huevos con una mano y mamando con ganas atrasadas. Cuando sacó la polla de la boca, le dijo:

-Yo también me estoy mojando, hija. Coge tú la polla y menéasela.

Luisa, sonriendo tímidamente, empuñó la polla y deslizó su mano por ella. Al ratito le dijo su madre:

-Ven, ponte en mi sitio y mámasela.

Luisa ocupó el sitio de Ester. Jacinto volvió a enterrar su polla en la tarta. Luisa la mamó de un modo diferente a su madre. Sacó la lengua y pasó la cabeza de la polla por ella, luego lamió la polla a todo a lo largo, desde el glande a la base y desde la base al glande... Después de quitarle la nata, sin manos, la metió en la boca y la mamó.

Ester miraba y sonreía. Le dijo

-Lo haces muy bien para ser tu primera vez.

Luisa le cogió el gusto a la cosa, luego de chupar sin manos un par de minutos, la volvió a empuñar y se la meneó mientras se la chupaba. Ester le dijo:

-Chúpale los huevos.

Volvió a frotar la polla en la lengua, la levantó y le lamió y le chupó los huevos. Ester, al ratito, le dijo:

-Vuelve a tu sitio que quiero enseñarte más cosas.

Luisa volvió a su sitio. A Ester se le notaban las ganas, ya que, mamándosela cada vez más aprisa, comenzó a magrear las tetas con su mano izquierda. Poco después Jacinto le amasaba las tetas y Ester, entre gemidos, le dijo:

-¡Quiero tu leche en mi boca!

Al ratito, Luisa vio como a su madre le salía leche por la comisura de los labios. El coño se le abrió y se cerró varias veces y casi se corre.

Jacinto, al acabar de correrse, con una mano le amasó las tetas a Ester y con la otra le metió mano en el coño por encima de las bragas... Cuando le quitó las medias, las bragas ya estaban encharcadas. Le pasó sus dedos a mil por hora por encima del clítoris y Ester se corrió cómo una perra.

-¡Me muero!

Jacinto le preguntó a Luisa:

-¿Quieres ver cómo hago correr otra vez a tu madre?

-Sí.

Desnudó a Ester y le pasó la polla por los pezones y las areolas de las tetas. Luego se las untó con la crema de la tarta y se las comió.

Luisa levantó la falda, estiró las piernas y pasó su mano por el coño por encima de sus bragas bancas, unas bragas que estaban encharcadas, pero encharcadas de verdad, ya que por la parte de abajo estaban más mojadas que secas. Luego, viendo cómo Jacinto lamía el coño de su madre, metió la mano dentro de las bragas y dándose dedo, dijo 

-O me corro o me da un telele.

Se dio dedo despacito oyendo los gemidos de su madre y viendo su cara de gozo. Así estuvo hasta que Jacinto le metió la polla en el coño a Ester. Al ver como la polla entraba en el coño, sus dedos entraron y salieron del suyo a mil por hora y se corrió cómo una loba, diciendo:

-¡Qué paja! 

Ester, al sentir a su hija, miró para ella, vio su mano dentro de las bragas, vio sus convulsiones y se corrió. 

Jacinto dejó a la madre, se desnudó y fue a por la hija. La echó a lo largo del sillón, le quitó la camiseta, el sujetador y las bragas. Miró su coño peludo, y le dijo:

-Tienes un coño precioso -comenzó a lamerlo-, y está muy rico.

Estuvo saboreando el coño un par de minutos. Luego se sentó enfrente de ella, le cogió una mano, se la llevó a la polla y le dijo:

-Frótala en el coño.

Luisa frotó la polla en su coño. Lo hizo de abajo a arriba y despacito. Jacinto le magreó las tetas mientras su sobrina se masturbaba con la polla. 

Ester se sentó en la mesa camilla para ver mejor. Al rato le quitó la polla de la mano a su hija, la chupó y luego se la siguió frotando entre los labios vaginales y en el clítoris, solo que ella, al llegar a la vagina, hacía círculos en la entrada antes de subir al clítoris. Después de un tiempo dejó la polla quieta en la entrada de la vagina, una vagina que se abría y se cerraba esperando ser penetrada. Jacinto empujó y la polla entró hasta el fondo del coño. Dejó las tetas, la cogió por la cintura, la levantó y le dio canela fina hasta que Luisa se corrió.

Después de correrse Luisa, Jacinto cogió tarta con la mano derecha y se la untó en las tetas y en el coño. Le comió las tetas y el coño hasta dejarlos limpios de tarta. Luego la puso a cuatro patas, volvió a coger tarta con la mano derecha y le untó las nalgas y el ojete con ella. Lamió las nalgas y continuó lamiendo desde el coño hasta el ojete, donde se paraba y metía y sacaba la lengua. Luisa paró de gemir cuando Jacinto le frotó la polla en el ojete.

-¿Es necesario que me la metas en el culo?

-No.

Se la puso en la entrada del coño y cogiéndola por la cintura se la cavó y le dio a mazo hasta que Luisa, convulsionándose, se derrumbó sobre el sillón y gritó:

-¡Me corro, me corro, me corro, me corro!!

Ester, mirando cómo se corría su hija, se dio dedo. Jacinto no le dio tiempo a darse mucho. Se sentó en el sillón y le dijo:

-Ven y fóllame para que vea tu hija como se hace.

Ester, dándole la espalda a su tío, cogió la polla, la puso en la entrada del coño y echando el culo hacia atrás, la metió hasta el fondo. Después, al tiempo que Jacinto le magreaba las tetas, lo folló cada vez más aprisa hasta que se corrió en su polla. Luego se dio la vuelta y comiéndole la boca lo volvió a follar hasta que sintió que se iba a correr. La quitó, se subió al sillón, le puso el coño en la boca, y frotando el clítoris se corrió en su boca.

Ester, al acabar de correrse, se sentó en el sillón. Luisa, que estaba otra vez que echaba por fuera, se sentó sobre la polla de Jacinto, le echó las manos al cuello y le preguntó:

-¿Te follo o me follas?

-Si quieres aprender lo mejor es que me folles tú a mí.

Luisa subiendo y bajando el culo folló a Jacinto con la idea de hacer que se corriera, pero Jacinto era perro viejo y la que se corrió fue ella... Se corrió dos veces. Cuando sintió que se iba a correr por tercera vez, hizo lo mismo que había hecho su madre, se puso de pie en el sillón, le puso el coño en la boca a Jacinto y frotando el clítoris contra su lengua se corrió en su boca. Jacinto, al sentir la corrida de Luisa en la lengua, meneó la polla y se corrió. Ester al ver salir la leche se abalanzó sobre la polla cómo una loba y se la tragó.

Jacinto, después de correrse, quiso café. También tomaron café Ester y Luisa. Tarta no tomaron, pues de tarta ya estaban servidas.

Quique.

 

 

 

 

 



   
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(@viajero56)
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Registrado: hace 4 años
Respuestas: 59
 

Que buen relato y sobre todo bien explicado y caliente.



   
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