José y María Antonia, cuarentón él y treintañera ella, estaban en la cama de su habitación hablando del hijo del primer matrimonio de José. Se llamaba Alberto y era un joven, alto, rubio, delgado, de ojos azules..., era un joven muy guapo al que su padre únicamente le conocía amigos. Le decía José a María Antonia:
-No voy a permitir que mi hijo acabe siendo maricón. Lo voy a llevar a una casa de putas para que lo espabilen.
-Podría coger una enfermedad.
-Hoy en día no es cómo antaño, las putas son más limpias.
-Son putas, putas que follan con todo aquel que les paga... Además, yo no creo que a tu hijo le gusten los hombres. Ser muy guapo y tener únicamente amigos no es sinónimo de que vaya a acabar siendo maricón
-Puede que no acabe siendo maricón o puede que ya lo sea.
-¡Ay, cómo eres! ¿Y si lo es, qué?
A José se le encendió la luz de alarma, se sentó en la cama y le preguntó a su esposa:
-¡¿Qué me ocultas?!
-Nada, lo decía porque hay millones de homosexuales, pero ya te he dicho que no creo que él lo sea.
-Hay una manera de saberlo sin qué lo lleve a putas.
-¿Qué manera?
-Que te insinúes...
María Antonia se incorporó.
-¡¿Te has vuelto loco?! Soy su madre.
-Te llama mamá, pero no lo eres, su madre murió hace diez años. ¿No querías cambiar de coche?
-¡Qué hijo de puta eres!
-Por mi hijo lo que sea.
María Antonia quería cambiar de coche.
-Supongamos que lo hago y me pide sexo.
-Le dices que no puede ser, que eres su madre.
-¡Ahora soy su madre, cabrón!
-¿Te vas a insinuar o no?
-Tengo una idea mejor.
-¿Qué idea es esa?
-Echarlo en brazos de Marieta la Fantástica.
-¿Y esa quién es?
-Una amiga mía. En un par de horas le quita la tontería, si es que la tiene.
-¿La conozco?
-La conoces, pero no te voy a decir quien es.
José le dio un pico a su esposa y le dijo:
-No sé que haría sin ti.
-¿Voy a cambiar de coche?
-Claro que sí, mujer.
Al día siguiente, José se fue a trabajar a las ocho y media de la mañana a su fábrica de conservas. Alberto estaba en la cocina tomando el desayuno, María Antonia, en bata de casa, sentada enfrente de él y mostrando el canalillo de sus grandes tetas, le dijo:
-Tu padre está muy preocupado por ti.
Alberto no podía quitar los ojos del canalillo
-¿Por qué?
-Porque piensa que no es de recibo que en un joven tenga solo amigos.
-Pues yo creo que es normal.
-Mira, me dijo que te hiciese preguntas para saber tu orientación sexual y te las voy a hacer. ¿Vale?
-Vale, mamá, pregunta.
-¿Te gustan las chicas?
-Sí, me gustan.
María Antonia, disimuladamente, desató el cinto, luego derramó café sobre la bata, se le levantó para limpiarse, la bata se le abrió y Alberto vio sus grandes tetas y su coño rodeado por una buena mata de vello negro. Por la manera que le miraba para las tetas y para el coño, no le quedó duda alguna de que maricón no era, tapándose le dijo:
-Perdona, cariño, el cinturón de esta bata es muy falso si no se anuda bien. ¿Y por qué no tienes novia si eres alto y guapo?
-Porque me cuesta hablar con una chica, especialmente si me gusta.
-¿Y los chicos te gustan?
-Claro, cómo amigos.
-Ahora me voy a meter en tu habitación, ¿Con quién fantaseas cuándo te masturbas?
-Prefiero no responder a eso.
-¿Fantaseas con chicos?
-No, pero hay cosas que no se pueden decir.
Se lo puso a huevo y María Antonia lo pilló.
-¡¿No fantasearás conmigo?!
Bajó la cabeza y no dijo nada. María Antonia había descubierto que su hijo se masturbaba fantaseando con ella.
-¿Me quieres decir que llevas años haciendo pajas a mi salud?
Volvió a guardar silencio.
-Eso no está bien, soy tu madre.
Sin levantar la cabeza, le dijo:
-Lo sé, pero no puedo evitarlo.
-Explícame eso.
-Pues empiezo fantaseando con una chica y en lo mejor apareces tú y siempre acabo corriéndome dentro de tu sexo.
-Tienes un problema conmigo.
-Yo no creo que sea un problema, lo que pasa es que me gustas mucho.
-Tú lo que necesitas es meter en algún coño, cariño.
-Eso fijo.
-¿Quieres estrenarte con una amiga mía a la que le va la marcha?
-No.
-¿Por qué no?
Volvió a guardar silencio y a mirar para las baldosas de a cocina.
-¡¿No querrás estrenarte conmigo?!
La miró a los ojos para decirle:
-Sí.
-Conmigo no puede ser, cariño, tiene que ser con ella o con otra.
-No sabría qué hacerle con una mujer.
-Te enseñaría ella lo que le tienes que hacer. ¿Qué dices?
-Digo que no sé. ¿Cómo se llama?
-Marieta la Fantástica.
-¿Es una chica de mi edad?
-No, es una mujer casada.
-¿Tiene unas tetas cómo las tuyas?
-Tiene.
-Entonces sí.
-Cuando pueda venir te aviso. Ahora muévete que llegas tarde a clase.
-No puedo levantarme, mamá.
-¿Por qué, cariño?
-No te lo puedo decir.
María Antonia imaginaba de qué se trataba.
-¿Se te puso dura y se te marca mucho en el pantalón?
Alberto bajó la cabeza.
-Sí.
María Antonia se dio la vuelta
-Anda, levántate y vete.
Alberto cogió la carpeta que tenía a sus pies y antes de irse le dijo:
-Mamá.
María Antonia intuyó lo que le iba a hablar de sus tetas y no le dejó hacerlo.
-Vete ya y no digas algo de lo que te puedas arrepentir.
Alberto se fue.
Dos días después, en las fiestas de la ciudad, José dormía la borrachera en la cama de su habitación y Alberto se estaba cambiando de ropa para ir a la verbena. Sintió como le tocaban un hombro, se giró y la vio. Vio a un bombón de casi un meto ochenta de estatura, con su largo cabello recogido en un moño, vestida con una lencería negra a la que le faltaban las bragas y en la que se veía un coño con una gran mata de vello negro. Alberto, boquiabierto, dijo:
-¡Mamá!
-No soy tu madre, soy Marieta la Fantástica.
Alberto estaba en calzoncillos y ya se había empalmado.
-Cómo se despierte papá y te vea así...
-Ese antes de tres horas no despierta. ¿Has estado con alguna chica, de esas que son facilonas?
-No.
-Si no has estado con una chica no sabes besar. ¿O sí?
-No, no sé besar.
-Marieta te va a enseñar.
Le echó las manos al culo y la apretó contra ella. Le dio unos picos, luego le pasó la punta de la lengua entre los labios, después la introduzco en su boca de forma sutil y luego jugueteó con la lengua dentro de su boca.
-Ahora bésame tú.
Lo hizo y acabaron lamiéndose las lenguas, chupándolas y calientes cómo un perro y una perra antes de copular. Alberto le dijo:
-Joder, mamá, besas de miedo.
-No es tu madre quien te está besando, es Marieta la Fantástica.
La orquesta había empezado a tocar y se oía perfectamente la canción "Ave María" de David Bisbal. María Antonia comenzó a bailar frotado el coño contra su polla. Mientras se comían las bocas lo fue arrimando a la pared, luego se le quitó la polla del calzoncillo y la metió entre sus piernas, la apretó con sus muslos y en nada sintió cómo se le mojaban de leche. Se separó de él, se dio la vuelta, le cogió la polla mojada y la metió dentro del coño. María Antonia separó sus largas piernas y le dijo:
-Dame duro.
Le dio con ganas atrasadas. No había pasado ni un minuto y ya Alberto se había corrido de nuevo, pero le siguió dando leña hasta que su madre se corrió. Al hacerlo se volvió a correr él. Por las piernas bajaron dos regueros de leche mezclada con jugos
Al acabar de correrse, le dijo la madre al hijo:
-Vamos para cama que voy a hacer de ti un hombre.
Alberto se quitó los calzoncillos y se metió en su cama, María Antonia se echó a su lado, bajó las copa del sujetador y aparecieron aquellas tetas, gordas, con areolas rosadas y pezones gorditos. Le dijo:
-Te voy a enseñar cómo hace feliz a una mujer. Méteme mano en las tetas y cómemelas.
Alberto le echó las temblorosas manos a las tetas y amasándolas, acercó la boca a ellas y se las mamó.
-Así no se comen unas tetas. Lame el pezón y la areola.
Hizo lo que le había dicho en la teta izquierda.
-Lame el otro y después mama las tetas.
Alberto lamió y mamó. María Antonia le cogía la cabeza y se la llevaba de pezón en pezón y en mitad del camino lo besaba con lengua, le chupaba el cuello, le daba el suyo a chupar y lo mismo hacía con sus orejas. Pasado un tiempo, le dijo:
-Ahora te voy a aprender a hacerle una paja a una mujer.
Le cogió la mano derecha, se la llevó al coño, le estiró los dedos medio y anular e hizo que se los metiera dentro del coño. Le cogió la polla. Alberto con unos cantos meneos ya se corrió en su mano. María Antonia lo besó con lengua mientras se corría. Al acabar de correrse Alberto, le dijo:
-Mete y saca los dedos del coño apretando hacia arriba y hazme todo lo que te aprendí a hacer.
María Antonia se abrió de piernas, cerró los ojos y disfrutó de los besos, de las mamadas y de la paja. Cuando sintió que se iba a correr, le dijo:
-Mete y saca los dedos de mi coño con rapidez.
Los dedos comenzaron a chapotear en el coño y en segundos, María Antonia, se corrió:
-¡Me corro cómo una cerda!
Tardó un par de minutos en volver a la carga, pero volvió con más ansia.
-Pon tu polla en mis labios.
Alberto le puso la polla en los labios, María Antonia abrió la boca, le dio unas lamida, se la chupó y en nada Alberto se corrió en su boca y en su cara.
Limpiando la leche con los calzoncillos, le dijo:
-Eres una máquina de fabricar esperma. En fin, ya sabes cómo hacerle una paja a una mujer. Ahora te voy a enseñar a comer un culo. Ponte a cuatro patas.
Se puso a cuatro patas. María Antonia le acarició los huevos y se los lamió. Le lamió el periné y le folló el ojete con la lengua. Luego empuñó la polla, tiró hacia atrás, lo ordeñó y Alberto le dio la leche. Siguió lamiendo su periné, lamiendo y follando su ojete, acariciando sus huevos y masturbado su polla. Esta vez tardó unos cinco minutos en correrse. María Antonia, se tragó la leche y después le dijo:
-Te toca comer mi culo.
María Antonia se puso a cuatro patas. Alberto le pasó la mano por el coño mojado y lamió y folló su ojete con la lengua. Pasado un tiempo, entre gemidos, le dijo:
-Métemela en el culo.
Alberto no se creía lo que le acababa de pedir su madre.
-¡¿En el culo, mamá?!
-Sí, en el culo, tu padre me la mete en el culo y me gusta.
-Ahora sé por qué mi padre cree que soy maricón.
Alberto le puso la polla en el ojete, empujó y la polla entró hasta el fondo, muy apretada, pero sin dificultad.
-Ahora méteme dos dedos dentro del coño y fóllame el culo con la polla y el coño con los dedos.
Los dedos entraron dentro de su coño y lo follaron mientras la polla le follaba el culo... Alberto sintió los dedos de su madre tocar con los suyos (María Antonia se estaba frotando el clítoris). Al rato se corrió cómo una cerda y Alberto se corrió con ella.
-Lléname, hijo, lléname.
Poco más tarde limpió con la sábana la leche que salía de su culo y luego se puso boca arriba.
-Ahora toca comer coño.
Abrió el coño con dos dedos. Alberto vio lo mojado que estaba.
-Está empapado.
-Así queda un coño después de correrse. Lame de abajo a arriba y prueba los jugos de una mujer.
Lamió, saboreó, y le dijo:
-Me gustan.
-Ahora lame por los lados.
Alberto lamió sus labios hinchados.
-Lame y folla el coño, cómo has lamido y follado el culo.
Alberto era un buen alumno. Le dio un repaso que la dejó con el coño palpitando. María Antonia le dijo:
-Dentro de nada ya no voy a poder hablar. ¿Ves este pequeño glande? -puso la yema de un dedo sobre él- ¿Lo ves?
-Sí.
-Es el glande del clítoris, algo que solo nos sirve a las mujeres para darnos placer. Comienza besándome y sigue comiendo y magreando mis teta. Luego come el coño cómo hacías antes y lame y chupa el clítoris. Cuando me sientas gemir cómo una loca, chúpalo, o aprieta tu legua contra él.
Alberto metió su lengua dentro de la boca de su madre y se dieron un beso largo, muy largo. Mientras se besaban le acarició las tetas y le masturbó el coño con dos dedos. Luego le comió las tetas. María Antonia ya no hablaba, todo se le iba en gemidos, gemidos que subieron de intensidad cuando la lengua de Alberto lamió su coño de abajo a arriba. Cuando lamió sus labios vaginales, cuando metió y sacó su lengua de la vagina... Y se convirtieron en un grito cuando lamió chupó su clítoris.
-¡¡¡Síííí!!!
María Antonia comenzó a convulsionarse. Apretó la cabeza de Alberto con sus muslos y dijo:
-¡Me corro, hijo, me corro en tu boca!
Alberto, cuando su madre acabó de gozar, sacó la cabeza de entre sus piernas y se quedó mirándola, María Antonia, sonriendo, le dijo:
-¡¿Qué?!
-Que eres la cosita más hermosa que han visto mis ojos.
-Esa es lo más bonita que me han dicho estando desnuda, cariño.
Alberto le dio un beso en un pezón.
-No hagas eso que en vez de aprenderte a follar voy a acabar aprendiéndote a hacer el amor.
-¿No es lo mismo?
-No, cariño.
-Enséñame la diferencia.
-No sé si...
-Hazme el amor
-Vale, échate encima de mí y métemela despacito mientras me besas.
Alberto se la metió lentamente. María Antonia le echó las manos a las nalgas y mientras se besaban dulcemente, le fue empujando el culo para así marcarle el ritmo. Unos minutos más tarde, Alberto, le llenó el coño de leche.
-Me encanta sentir tu leche dentro de mi coño. Acabas de hacer el amor contigo, ahora vas a follarme
Le puso los tobillos en los hombros y le dijo:
-Dame duro.
La folló a romper y poco después, Alberto se volvía a correr dentro de su coño.
-Así, cabrón, así, lléname.
María Antonia le puso la dos piernas sobre el hombro izquierdo.
-Sigue follándome.
-¿Por qué me has llamado cabrón?
-Porque estamos follando.
Alberto la volvió a follar a su aire y se corrió de nuevo. Con el coño echando leche por fuera, María Antonia se volvió a poner en la posición inicial, rodeó su cuerpo con las piernas y le dijo:
-Vuelve a hacerme el amor.
Se lo hizo y al rato se corrieron juntos.
Al acabar de correrse se limpió el coño y dijo:
-¡Eres el amante perfecto!
-Será porque tú eres la maestra perfecta. Oye. ¿Por qué te llamas a ti misma Marieta la Fantástica?
María Antonia le respondió:
-Porque follo fantásticamente.
-Fóllame, Marieta.
Se puso de lado, le cogió la polla con las dos manos y le lamió y chupó los huevos, luego subiéndolas y bajándoselas por el tronco, se la mamó, le lamió la corona y Alberto se corrió. Al correrse le chupó el glande hasta que la leche acabó de salir de su polla. Luego subió encima de él. Metió la polla hasta el fondo del coño y le dio las tetas a mamar. Primero le dio la izquierda y después le dio la derecha. Luego lo besó mientras lo follaba muy, muy despacito. Acto seguido se incorporó y comenzó a follarlo cómo solo ella sabía hacerlo... Dejaba que el glande saliera del todo y después iba metiendo la polla cómo si fuera un tornillo gigante, para lo que hacía círculos con su culo a medida que lo subía y lo bajaba. Alberto llegó a aguantar cinco o seis minutos, pero en uno de los enroscamientos se fue corriendo a medida que el culo bajaba. María Antonia, que ya estaba más que cachonda, movió el culo de atrás hacia delante y de delante hacia atrás, cada vez más aprisa, y acabó corriéndose cómo una cerda.
-Córrete conmigo.
Corriéndose con ella, le dijo:
-Me corro, contigo, mamá, me corro contigo.
De la habitación del final del pasillo salió una voz, que dijo:
-¿Dónde andas, María Antonia?
María Antonia andaba salida, pero se le jodió la historia, por ese día.
Quique.




