Mi familia secreta
 
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(@penteox)
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Iniciador del debate   [#1870]

 Familia Secreta

Me llamo Alex, tengo 28 años y vivo en una casa grande en las afueras de la ciudad, con mis padres y mi hermana mayor, Elena. Desde afuera, parecemos la familia perfecta: mi papá, un empresario exitoso de 52 años, alto y atlético con ese aire de autoridad que siempre me ha intimidado y atraído a partes iguales; mi mamá, una mujer de 48 años, curvilínea y sensual, con una sonrisa que ilumina cualquier habitación; y Elena, de 30, una artista independiente con un cuerpo tonificado por el yoga y una personalidad libre que siempre ha sido mi confidente. Pero detrás de las puertas cerradas, somos algo mucho más... complicado. Somos una familia bisexual e incestuosa, donde los límites del amor y el deseo se han borrado por completo. Todo empezó hace unos años, y desde entonces, mi vida ha sido un torbellino de placeres prohibidos. Te lo contaré todo, desde mi perspectiva, sin omitir detalles. Prepárate, porque esto no es para los débiles de corazón.

Recuerdo el día en que todo cambió como si fuera ayer. Era un verano caluroso, y yo acababa de graduarme de la universidad. Volví a casa para pasar unas semanas antes de buscar trabajo. Mis padres siempre habían sido abiertos sobre la sexualidad; hablaban de ello en la cena como si fuera el clima. "La bisexualidad es natural", decía mi papá, mientras mi mamá asentía y me guiñaba un ojo. Elena, por su parte, había salido del clóset como bisexual en la adolescencia, y yo... bueno, yo siempre supe que me atraían tanto hombres como mujeres, pero nunca lo había explorado del todo.

Una noche, después de una barbacoa familiar, nos quedamos los cuatro en el patio trasero, bebiendo vino bajo las estrellas. El alcohol fluía, y las conversaciones se volvieron más íntimas. Mi papá empezó a hablar de sus experiencias en la juventud, de cómo había experimentado con amigos en la universidad. "No hay nada como el toque de un hombre", dijo, mirándome directamente. Sentí un calor subiendo por mi cuello. Mi mamá rio y añadió: "Y yo con mujeres. Es liberador". Elena, sentada a mi lado, puso su mano en mi muslo bajo la mesa, un gesto inocente al principio, pero que se volvió más insistente.

No sé quién dio el primer paso, pero de repente, mi mamá se levantó y besó a mi papá apasionadamente, luego se giró hacia Elena y la besó a ella también. Fue un beso profundo, con lenguas entrelazadas, y yo me quedé paralizado, excitado. Mi papá me miró y sonrió. "Únete, hijo. Somos familia". Elena me tomó de la mano y me jaló hacia ellos. Ese fue el inicio.

La primera vez que crucé la línea fue con Elena. Nos escabullimos al sótano mientras mis padres se quedaban arriba. Ella me empujó contra la pared, sus labios en los míos, su cuerpo presionado contra el mío. "He querido esto por años", murmuró. Sus manos bajaron a mi cinturón, desabrochándolo con urgencia. Mi polla ya estaba dura, palpitando ante la idea de follar a mi propia hermana. La besé de vuelta, explorando su boca con mi lengua, mientras mis manos subían por su falda, sintiendo la humedad entre sus piernas. No llevaba ropa interior. "Eres una puta", le dije en broma, y ella rio, mordiendo mi labio.

La tumbé en el sofá viejo del sótano, quitándole la blusa para revelar sus pechos perfectos, con pezones rosados y erectos. Los chupé con avidez, alternando entre uno y otro, mientras ella gemía y arqueaba la espalda. Sus dedos se enredaron en mi cabello, guiándome más abajo. Besé su vientre, bajando hasta su coño depilado, oliendo su aroma dulce y musgoso. Mi lengua lamió su clítoris, círculos lentos al principio, luego más rápidos. "Oh, Alex, sí... come a tu hermana", jadeaba. Inserté dos dedos en ella, sintiendo cómo se contraía alrededor de ellos, follándola con la mano mientras mi boca succionaba su botón hinchado. Vino rápido, sus jugos inundando mi boca, y yo bebí todo, excitado por el taboo.

Luego fue mi turno. Se arrodilló frente a mí, sacando mi polla dura de los pantalones. Era gruesa, venosa, y ella la miró con hambre. "Hermano, estás tan grande", dijo antes de envolverla con sus labios calientes. Chupó con maestría, su lengua girando alrededor de la cabeza, bajando hasta la base, tragándomela entera. Sentí el fondo de su garganta, y gemí, follando su boca suavemente. No duré mucho; eyaculé en chorros calientes, y ella lo tragó todo, lamiendo los restos con una sonrisa traviesa.

Pero eso fue solo el comienzo. Al día siguiente, involucramos a mis padres. Fue en la sala de estar, después de la cena. Mi papá se sentó en el sofá, desnudo, su polla semierecta colgando entre sus piernas musculosas. Era un hombre imponente, con vello en el pecho y una presencia dominante. "Ven aquí, hijo", me dijo. Me acerqué, nervioso pero excitado. Me arrodillé frente a él, y por primera vez, toqué la polla de mi padre. Era más grande que la mía, circuncidada, con una cabeza bulbosa. La acaricié, sintiendo cómo se endurecía en mi mano. "Chúpala", ordenó, y obedecí.

El sabor era salado, masculino, y me excitó más de lo que imaginaba. Lamí la longitud, luego la metí en mi boca, succionando mientras mi mano bombeaba la base. Mi papá gemía, sus manos en mi cabeza, guiándome. Al lado, mi mamá y Elena se besaban, sus cuerpos entrelazados. Mi mamá, con sus curvas voluptuosas, montó la cara de Elena, frotando su coño contra la boca de mi hermana. "Come a mamá, cariño", decía, mientras Elena lamía con entusiasmo.

Pronto, cambiamos posiciones. Mi papá me puso a cuatro patas en el suelo, lubricando mi culo con saliva y lubricante. "Relájate, hijo. Papá te va a follar". Sentí la presión de su polla en mi entrada, y dolió al principio, pero luego fue puro placer. Me penetró lentamente, centímetro a centímetro, hasta que estuvo completamente dentro. "Eres tan apretado", gruñó, empezando a bombear. Cada embestida enviaba ondas de éxtasis a través de mi cuerpo. Mientras tanto, Elena se posicionó frente a mí, abriendo sus piernas. "Come mi coño mientras papá te folla", dijo. Obedecí, lamiendo su clítoris mientras mi papá me follaba con fuerza, sus bolas golpeando contra las mías.

Mi mamá no se quedó atrás. Se unió, chupando mis bolas mientras su marido me penetraba. Luego, se movió para besar a mi papá, sus lenguas danzando mientras él seguía dentro de mí. El aire estaba lleno de gemidos, el olor a sexo impregnando todo. Eyaculé sin tocarme, mi semen salpicando el suelo, y mi papá vino poco después, llenando mi culo con su carga caliente. Se retiró, y sentí su semen goteando por mis muslos.

Desde esa noche, nuestras vidas se convirtieron en una orgía constante. No había tabúes. Una mañana, encontré a mi mamá en la cocina, preparando el desayuno en bata abierta, sus pechos expuestos. Me acerqué por detrás, besando su cuello, mis manos ahuecando sus tetas grandes y suaves. "Buenos días, hijo", ronroneó, girándose para besarme. La levanté sobre la encimera, quitando su bata por completo. Su coño estaba mojado, listo. La penetré de pie, follando a mi madre con embestidas profundas. Ella envolvió sus piernas alrededor de mi cintura, clavando sus uñas en mi espalda. "Fóllame más fuerte, Alex. Haz que mamá se corra". Aumenté el ritmo, sintiendo sus paredes contraerse alrededor de mi polla. Vino gritando, y yo la seguí, llenándola con mi semen.

Elena y yo teníamos sesiones solos también. Una vez, en su habitación, exploramos nuestro lado bisexual con juguetes. Ella me puso un strap-on, un dildo grande atado a su cadera. "Ahora soy yo quien te folla, hermanito". Me puse a cuatro patas en la cama, y ella lubricó el dildo antes de entrar en mí. Fue intenso, el plástico estirándome, pero el placer era abrumador. Mientras me follaba, alcanzó alrededor para masturbar mi polla, sincronizando los movimientos. "Te gusta que tu hermana te folle el culo, ¿verdad?". Asentí, gimiendo, y eyaculé en sus sábanas.

Involucramos a mi papá en tríos frecuentemente. Una noche, los tres hombres —bueno, papá, Elena con strap-on y yo— nos turnamos con mi mamá. Ella estaba en el centro de la cama, a cuatro patas. Mi papá la follaba por detrás, su polla gruesa entrando y saliendo de su coño. Yo me posicioné frente a ella, follando su boca. Elena, con el strap-on, lubricó y entró en el culo de mi mamá, un doble penetración que la hizo gritar de placer. "¡Sí, familia, fóllenme toda!". Rotamos: yo en su coño, papá en su culo, Elena en su boca con el dildo. Mi mamá vino múltiples veces, su cuerpo temblando, cubiertos todos en sudor y fluidos.

No todo era solo sexo; había momentos de ternura. Después de una sesión intensa, nos acurrucábamos en la cama grande de mis padres, desnudos, abrazándonos. Mi papá me besaba suavemente, su mano en mi pecho. "Te amo, hijo". Elena se acurrucaba contra mi mamá, chupando sus pezones como una niña. Era amor, puro y retorcido.

Pero no era solo dentro de casa. Una vez, fuimos de vacaciones a una playa privada. Allí, bajo el sol, nos desinhibimos más. Mi papá y yo nos besamos en el agua, sus manos bajando a mi traje de baño, masturbándome mientras las olas nos rodeaban. Elena y mi mamá se untaron aceite mutuamente, sus manos explorando cada curva, terminando en un 69 en la arena. Luego, nos unimos: yo follé a Elena mientras mi papá follaba a mi mamá al lado, intercambiando parejas a mitad. Mi polla en el coño de mi mamá, sintiendo su calidez familiar; luego en el de Elena, más apretado. Mi papá me folló mientras yo follaba a mi hermana, un tren de placer incestuoso.

Hubo experimentos más salvajes. Introdujimos bondage: atamos a Elena a la cama, con cuerdas suaves alrededor de sus muñecas y tobillos. Los tres la complacimos: mi mamá lamiendo su coño, yo chupando sus tetas, mi papá follando su boca. Ella vino una y otra vez, su cuerpo convulsionando. Luego, fue mi turno de ser atado. Mi papá me penetró mientras las mujeres me lamían por todo el cuerpo, sus lenguas en mis bolas, mi polla, mi cuello.

La bisexualidad se extendía a todos. Mi papá y yo tuvimos sesiones solos, explorando el lado gay. Él me enseñó a rimming: su lengua en mi culo, lamiendo y penetrando, preparándome para su polla. Yo le devolví el favor, saboreando su ano peludo, metiendo mi lengua profundo mientras masturbaba su polla. Follar con él era crudo, masculino: él encima de mí, embistiendo con fuerza, gruñendo como un animal. "Toma la polla de papá, chico".

Con las mujeres, era más sensual. Mi mamá me montaba en la ducha, el agua cayendo sobre nosotros, sus caderas girando mientras cabalgaba mi polla. Elena y yo hacíamos anal: ella amaba que la follara por detrás, su culo apretado envolviendo mi longitud. "Más profundo, hermano, hazme tuya".

A lo largo de los años, hemos mantenido el secreto, pero el lazo nos ha unido más. No hay celos; solo placer compartido. A veces, invitamos a extraños bisexuales para orgías, pero siempre volvemos a nosotros. Es nuestra familia, nuestra forma de amor.

Hoy, mientras escribo esto, estoy en la cama con Elena durmiendo a mi lado, su mano en mi polla flácida después de una sesión matutina. Mis padres están abajo, probablemente follando en la cocina. Esta es mi vida: prohibida, intensa, adictiva. Y no la cambiaría por nada


El relato fue modificado hace 11 meses por relatosonline

   
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laualma
(@laualma)
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joder, pues me has hecho mojarme… 😊 


...dicen de mí que tengo buen sabor
l****@yahoo.com


   
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