I
Teo, un cincuentón, alto, delgado, de ojos negros y bien parecido, en bañador y acompañado por Bea, su nueva hija, una joven morena, de ojos negros y con un cuerpazo, que tenía el cabello rapado al tres, y que vestía con una falda envolvente con los colores de la bandera de Galicia, con un biquini rosa. También llevaba una toalla en su mano derecha, llegaron a la piscina del pazo. Sobre una de las hamacas estaba la crema protectora. Teo la cogió y se la iba a echar, pero Bea se la quitó de la mano.
-Deja que te la dé yo.
-Tú misma.
-¿Por qué habéis vuelto tan pronto de la luna de miel?
-Tu madre te echaba de menos.
Echó crema en sus pequeñas manos, las frotó y luego se la dio en el cuello, en sus fuertes hombros y en su ancha espalda, después echó más crema en la las manos, se las metió por dentro del bañador y le echó crema en las nalgas.
-Tienes el culo duro, para tu edad.
Teo la miró de lado.
-Estás jugando con fuego, Bea.
-Tu fuego ya hace tiempo que se acabó, si acaso te quedará una llama pequeñita.
-Tú juega, juega.
Le dio crema en las piernas y después pasó a darle por delante, en los brazos, en el pecho, en el vientre, y luego le metió la mano dentro del bañador, le cogió la polla morcillona y se la untó con crema.
-No sigas que esto va a acabar mal.
Bea lo vaciló.
-No creo, ni se te empina.
La polla debía tener oídos, porque se puso dura.
-¿A quién no se le empina?
Bea soltó la polla.
-No te hagas ilusiones que no te voy a dejar meter.
Estiro la toalla sobre la hierba, se echó boca arriba, se quitó la parte de arriba del biquini. Teo vio sus gordas tetas con areolas claras y gruesos pezones.
-Tienes unas tetas maravillosas.
-No querrás que se quemen. Empieza a darles crema.
Si viene por ahí tu madre y me encuentra con las manos en la masa, me cruje.
-Aún tardará un par de horas en regresar de la peluquería.
Le dio crema en los brazos, en los hombros, en las costillas y después le dio crema en las tetas, más que darle crema le dio un tremendo magreo. Bea abrió los lazos que sujetaban la parte de abajo del biquini.
-Dame también entre las piernas.
Teo le cubrió el coño pelado con su mano derecha, metió el dedo medio entre los labios vaginales, le mamó la teta izquierda y le hizo una paja que la dejó sin aliento y con las piernas temblando.
Aún tiraba del aliento cuando la puso boca abajo, y no para darle crema, la puso para darle caña. Bea cerró las piernas.
-Te dije que no...
La polla le entró en el coño como un obús.
-¿Qué no, qué?
Bea se puso brava.
-¡Quítala, cabrón!
No la iba a quitar. Apoyó las manos en la hierba, como si fuera a hacer flexiones, y luego le dio a mazo.
Bea, al principio, se calló, luego gimió y al ir a correrse, le anunció el orgasmo, de aquella manera.
-¡Quítala, quítala, quítala, que no quiero correrme!
Teo aún aceleró más, lo que hizo que comenzara a correrse. Paró con la polla en la entrada del coño y bombeó leche dentro. Bea echó el culo hacia atrás con fuerza y exclamó.
-¡Me corro!
Al acabar de correrse, y con la polla clavada en su coño, le preguntó:
-¿Quieres correrte otra vez?
-No, no quiero que me vuelvas a violar.
Teo oyó una voz que lo dejó helado.
-¡Sal de encima de mi hija, desgraciado!
El hombre giró la cabeza y vio a su esposa con cara de mala hostia. Su matrimonio había durado doce días y le iba a costar un ojo de la cara.
Esa noche ya iba a dormir en un hotel.
En el pazo, y en la cama de matrimonio, estaban abrazadas la madre y la hija.
-Me da un poco de pena, mamá, Teo no es mala persona.
-En nuestro trabajo no nos puede dar pena nadie.
-¿Me quitas la pena?
-Si te acabo de comer el chochito y la corrida fue genial.
-Ya, pero la pena es muy grande,
-¡Ay, putita, putita, putita!
II
Carla tenía treinta y seis años y un cuerpazo, era morena, de ojos oscuros, medía un metro setenta y dos y su cabello era negro y largo. Bea, la hija de Carla, era diecisiete años menor que su madre, y era un cuadro de ella, lo único que las diferenciaba era el cabello.
Aquella noche de verano las vividoras tenían un negocio entre manos.
En el salón del pazo se oía música relajante. Madre e hija estaban sentadas en un tresillo del salón de su casa con una copa de pippermint en la mano derecha. Sentada entre Carla y Bea estaba Sara, una jovencita rubia, de ojos azules, muy bonita y que tenía otra copa de pippermint en la mano izquierda. Le preguntó a Bea:
-¿Y cómo es él, prima?
-Maduro y atractivo.
-¿Vais a estar presente la tía y tú?
Le respondió Carla:
-No solo vamos a estar presentes, sino que vamos a participar.
Sintieron el timbre de la puerta. Carla se puso en pie, posó el pippermint en la mesa camilla y se fue al recibir al pardillo.
Carla regresó a la sala junto a un cuarentón alto, moreno, de ojos negros y con buen cuerpo, al que le dijo:
-Ahí tienes a tu rubia virgen.
-Es más bonita de lo que esperaba.
Sara bajó la cabeza.
-¿Quieres beber algo, Tino?
-No, quiero que empecemos la faena.
Quitó del bolsillo interior de la chaqueta un fajo de billetes de quinientos euros y se los dio a Carla, que los cogió, y guardándolos en un cajón, le dijo:
-Empieza cuando quieras.
Tino abrió la bragueta y sacó una polla gorda y lustrosa. Bea le dijo a la muchacha:
-Mira que cosa más rica.
La muchacha levantó la cabeza.
-Es muy gorda, me va a reventar, prima.
-Piensa en los seis mil euros cuando te la meta. Anda, coge su polla.
Sara, tímidamente, cogió la polla, polla que besaron la madre y la hija, después se besaron entre ellas y a continuación besaron a Sara.
Al acabar de besarla, el hombre le metió la polla en la boca. Sara se la mamó. Carla y Bea se la lamieron por los lados. Luego se la mamó Carla y después Bea... Lo pusieron a tono, y de paso se pusieron a tono ellas.
Tino con la polla bañada en saliva, le dijo a Carla y a Bea.
-Poneos en pie, desnudarme y desnudarla.
El pardillo pagaba, el pardillo mandaba, y las listas obedecían. Así que Carla desnudo a Sara, Bea desnudó a Tino y después se desnudaron ellas.
Tino, mirándolas, dijo:
-Joder, no sé cuál tiene mejor cuerpo, si la madre, si la hija o si lo tiene la rubia. Que empiece la función.
Carla y Bea cogieron a Sara de la mano y la llevaron a la habitación de los invitados. Tino iba detrás de ellas mirando para los culos, y viendo como las nalgas iban de un lado al otro.
-¡Esos sí que son culos y no el de mi mujer!
Carla y Bea giraron la cabeza y sonrieron.
Al llegar a la habitación, Carla se echó boca arriba sobre la cama. Bea le preguntó a Sara:
-¿Playa o montaña?
Sara no entendía nada.
-¡¿Qué?!
-¿Qué si le quieres comerle el coño, o las tetas y la boca, prima?
-Pensé que iba a ser yo...
-Pensaste mal. ¿Elige?
-Coño, quiero comerle el coño a tu madre.
Sara subió a la cama y se arrodilló entre las piernas de su tía para comerle el coño. Bea se echó al lado de su madre para comerle las tetas y la boca. Tino se arrodilló detrás de Sara, que se empezó a poner nerviosa.
Sara pasó la lengua por el coño de Carla esperando recibir un trallazo que le rompiera el coño, pero lo que sintió fue la lengua de Tino lamiendo su coño y lamiendo su ojete.
Al principio no las tenía todas con ella, pero poco a poco fue perdiendo el miedo. Su lengua jugó con el coño de Carla del mismo modo que la lengua de Tino jugaba con el suyo, o sea, lamiendo los labios, clavándosela dentro del coño, lamiendo su clítoris. Esto, unido a lo que le estaba viendo hacer a su prima con la madre, la pusieron de un cachondo tan subido que deseó que Tino la follara, pero Tino quería que se corrieran antes la madre y la hija, e iban a empezar a hacerlo, ya que Carla le dijo:.
-Ya estoy, Tino.
Tino dejó de comerle el coño a Sara, la apartó y se puso en su lugar. Levantó a Carla cogiéndola por la cintura, se la clavó de una estocada y le dio a mazo. Al ratito, Carla, apretando su coño contra el cuerpo de Tino, se arqueó, y dándole una tremenda corrida, le dijo:
-¡Mira como se corre una mujer de verdad!
Sara, viendo como se corría su tía, casi se corre ella. Bea también estaba buena de ir, tan buena de ir estaba que al acabar de correrse su madre, se abrió de piernas y le dijo a Tino:
-Fóllame que te voy a durar menos que mi madre.
Había pagado para eso, para hacer que se corrieran. Le hizo lo mismo que le había hecho a la madre y ni un minuto tardó Bea en correrse.
-¡Me corro para ti, Tino, me corro para ti!
Le bañó la polla tal y como se la había bañado Carla.
Al acabar de correrse quedó espatarrada al lado de su madre.
Sara sabía que le tocaba. Ya no tenía miedo, de hecho, cuando Tino le metió en la boca la polla pringada de jugos de la corrida de Bea, se la mamó con lujuria. Luego de que le limpiara la polla, le dijo:
-¿Estás lista para ser desvirgada?
-No sé si estoy lista, pero tan cachonda como en este momento nunca había estado.
Carla, abandonando la cama, dijo:
-Voy a hacer un pis.
Tino puso a Sara en la misma posición que había puesto a Carla y a Bea, le acercó la polla a la entrada de la vagina y le clavó el glande de una estocada. A Sara se le cerraron los ojos de golpe y chilló:
-¡¡¡Ayyyyy!!
Al abrir los ojos los tenía llenos de lágrimas. Tino siguió metiendo. Sara siguió chillando.
-¡¡¡Ayyyyyy, ayyyyy, ayyyyyy....!
Tino disfrutando con el dolor que le estaba infligiendo a Sara, no se dio cuenta de que Carla le estaba quitando fotos con su teléfono móvil y qué iba a acabar haciendo un video de ese polvo.
-Te acabará gustando.
Cuando Sara dejó de chillar, Bea la besó en la boca, una boca salada por las lágrimas que había bajado por ella, la besó y le magreó las tetas.
-Tiene razón, te acabará gustando.
Sara hizo una confesión que los dejó pasmados.
-Ya me gusta, he descubierto que me gusta el dolor y también que me excita oír mis gritos.
-¡¿Crees que te puedes correr?
-Ya me he corrido dos veces, y me voy a correr otra vez.
Dicho y hecho.
-¡Me corro!
Tino, viendo sus ojos en blanco, se emocionó tanto que le llenó el coño de leche.
Al acabar estaba tan satisfecho que les dio una buena propina.
Unos días después, Tino, recibió unas fotos y un video con una nota, en la que le pedían una cantidad importante de dinero, Tino dijo:
-¡Hijas de puta!
No le quedó más remedio que pagar.
Quique.




