Renata, cuarenta añ...
 
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Renata, cuarenta años, virgen y beata

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José
(@quique)
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Topic starter   [#1964]

Renata tenía cuarenta años, vestía de negro de la cabeza a los pies, era delgada y muy alta, más alta que cualquiera de los hombres de la aldea. Era virgen y beata, una de esas beatas que hasta a los curas les caen mal porque no salen de la iglesia, no era extraño que no la olieran ni los perros, a pesar de que vivía de las rentas de sus tierras y de sus casas.

Aquella mañana Renata y su hermana Paca, a la que le sacaba una cabeza, iban por el camino que llevaba al río con dos bañeras de ropa sucia sobre sus cabezas, le decía Renata:

-La chimenea me echa el humo hacia la casa en vez de echarlo fuera. Hoy tendré que echar mano de una lata de sardinas y hacer un bocadillo.

-Eso es que está atascada con hollín, tienes que limpiarla. Debiste ponerle bien la cubierta que impedía que se metiera el aire cuando te la dobló el viento.

-Un día por el otro... ¿Y con qué se desatasca?

-Paco desatascó la nuestra con un rastrillo después de subirse al tejado.

Renata le preguntó:

-¿Puedes decirle a tu marido que limpie la mía? Le pagaré lo que me pida.

-Claro, mujer, esta tarde te la limpia, y no te va a cobrar, aunque si le pones algo de pan, jamón y una botella de vino delante, te lo agradecerá.

- ¿Tinto o blanco?

-Tinto.

Paco, albañil de profesión y padre de dos hijos, era un hombre moreno, de estatura mediana y del montón. Llegó a la casa de su cuñada (la casa era de una sola planta) con un rastrillo y una alargadera al hombro y vestido con un mono azul. Renata lo estaba esperando en la puerta, al lado de una escalera que estaba apoyada en la pared.

-Ya te puse la escalera.

Paco, mirando para la escalera y para la chimenea, le dijo:

-Ya veo. Voy a desatascarla y a ponerle bien la cubierta antes de que empiece a llover.

En poco más de diez minutos ya tenía el trabajo de la chimenea hecho y empezaba el de Renata, pues parte del hollín había caído sobre la cocina de piedra y parte en el piso, un hollín que al estar mojado  le facilitó la tarea, bueno, la tarea se la facilitó el hollín mojado y que Paco se lo llevó en cubos a la huerta.

Después de asearse estaban a la mesa comiendo el jamón con pan y bebiendo vino tinto, él, ya que ella bebía agua. Le preguntó Paco:

-¿Y a veces no te sientes muy sola en esta casa, cuñada?

-Sí, pero me agarro a mis creencias en esos momentos.

-Tus creencias no te dan un abrazo cuando lo necesitas.

-No, pero reconfortan.

-Para mí eso no sería un consuelo.

-Porque tú eres como eres.

Paco siempre le había tenido ganas a su cuñada, así que iba a intentar seducirla.

-¿Te puedo hacer una pregunta íntima?

-No.

Se la hizo igual.

-¿Después de darte dedo y de correrte se lo confiesas al cura?

Renata se persignó, y como no le gustaba mentir, le dijo:

-Los pensamientos impuros son pecados.

-Tu hermana se dio dedo delante de mí para que yo aprendiera a dárselo, y yo no pesé que fuera pecado, al contrario.

-El matrimonio es para procrear, pero supongo que se pueden tomar algunas licencias, y deja ya de hablar de cosas con las que me siento incómoda.

No solo siguió sino que subió la apuesta.

-¿Nunca se te pasó por la cabeza tener un hijo?

Renata se volvió a persignar.

-No digas barbaridades.

-Ya no volverías a estar sola nunca más.

Renata era muy tranquila, pero estaba perdiendo la paciencia.

-Me estás faltando al respeto y lo estás haciendo en mi casa. 

Al decir la palabra casa, Paco tuvo una idea.

-Tienes las paredes de la casa sin recebar por dentro, me llevaría varios fines de semana recebarlas, tiempo suficiente para dejarte preñada.

Renata se puso en pie, y muy seria,  le dijo:

-Haz el favor de irte de mi casa.

-Aún no he acabado de comer y de  beber.

Le señaló la puerta con un dedo.

-¡Fuera!

Paco se levantó de la mesa.

-No le digas nada a tu hermana de lo que te he dicho.

-¡Fuera, y no vuelvas por aquí!

El lunes, yendo de nuevo las hermanas a lavar la ropa al río, le dijo Renata a Paca:

-Estoy pensando en recebar la casa por dentro. 

-Ya iba siendo hora.

-¿Tú crees que Paco me podría hacerlo los fines de semana sin cobrarme mucho? 

-Te va a cobrar los materiales, yo me encargo de hablar con él, eso sí, de comer le das tú los sábados y los domingos y tenle vino para la comida y una copa de coñac para el café.

-¿Que oñac le gusta?

-Veterano.

A las nueve de la mañana del sábado siguiente Paco llegó a la puerta de la casa de su cuñada vestido con su mono azul, con una visera en la cabeza y con su caja de herramientas en la mano derecha y un paraguas en la izquierda, llamó y le abrió Renata, que al verlo le dijo:

-Pensé que lloviendo no vendrías a trabajar.

Paco entró en la casa.

-Hay muchas formas de trabajar.

Renata pilló la indirecta, pero no dijo nada. Se fue a la cocina, donde tenía la taza de café con leche y sentándose para terminar de desayunar, le dijo:

-La arena y el cemento están en el cobertizo.

-¿Y el coñac?

A Renata le pareció una animalada tomar coñac a aquellas horas.

-¡¿Tomas coñac por la mañana?!

-Sí, para calentar motores.

-Está en la artesa junto al garrafón de vino tinto, y una copa la puedes pillar en la lacena.

Paco, que había dejado la caja de herramientas en el piso, fue a por el coñac, se echó una copa de Veterano, se sentó enfrente de su cuñada, tomo un sorbo, y luego le dijo:

-Si quieres tener ese hijo conmigo podemos empezar ya.

Renata había acabó de desayunar, se levantó de la mesa, y llevando la taza al fregadero, le dijo:

-Lo que quiero es que me recebes la casa. En caso de que me decidiera a follar contigo te lo diría.

Paco se puso en pie, fue a su lado y le echó las manos al culo. Renata se dio la vuelta y se encontró con la lengua de su cuñado dentro de la boca. Giró la cabeza y puso  cara de grima.

-¡Qué asco!

Paco le levantó el vestido, le bajó las bragas hasta las rodillas, y comenzó a lamerle el coño.

-Lo que estás haciendo es una guarrería.

-El sexo sin guarrerías no es buen sexo.

Renata comenzó a rezar.

-Para de rezar o me voy.

Dejó de rezar. y le siguió comiendo el coño.

-Esto es asqueroso.

-Pero a ti te está gustando.

-Eres un prepotente.

-Es mejor que ser un impotente. ¿Qué te gustaría, niño o niña?

-Aún no decidí si quedar preñada o no.

-Yo creí que al llamarme era para que te dejara preñada.

 -Es que... ¿Tú sabes lo que tendría que oír si tengo un hijo de soltera?

-Si un día llegas magullada del monte y dices que te violó un desconocido, lo que tendrás que oír son palabras de ánimo.

A Renata se le iluminó la cara.

-Una coa así es lo que necesitaba oír para decidirme

-Me alegra oír eso. Separa las piernas.

Separó las piernas. Paco le enterró la lengua en el coño y al sacarla lamió hacia arriba. 

-Voy a hacer que te corras en mi boca.

-Eso ya no sería una guarrería, sería una indecencia.

-¿Algo más que decir?

Renata ya estaba demasiado caliente, por eso le respondió:

-Sí, la puerta de la casa no está cerrada con llave.

Paco fue a ponerle la llave a la puerta. Cuando regresó a la cocina Renata no se había movido del sitio. Paco le levanto el vestido y le dijo:

-Sujétalo para que no se baje.

Renata no solo lo sujetó, si no que se lo quitó y también se quitó el sostén. Paco se puso en pie y vio su cuerpo casi tan blanco como la leche, con unas tetas medianas con areolas rosadas y pequeños pezones. Había visto el vello de sus sobacos cuando se quitó el vestido por la cabeza y ahora estaba viendo el tremendo matorral de su coño.

-¡Qué polvo tienes!

Renata ya estaba metida en harina.

-Nunca he visto a un hombre desnudo.

Paco se desnudó y cuando lo vio desnudo y con la polla tiesa, le dijo:

-Esa cosa me va a romper el coño.

-Podría correrme metiendo solo la puntita.

-Hombre, ya que estoy pecando, que menos que disfrutar.

Paco la besó con lengua, al tiempo que le metía el dedo medio de la mano derecha dentro del coño y comenzaba a masturbarla. Pasado un tiempo, lamiéndole los pezones y las areolas, Renata comenzó a gemir y a temblar. Paco, mirándola a los ojos mientras se corría, le dijo:

-Si supieras la cantidad de pajas que me he hecho imaginando tu cara al correrte...

Renata logró balbucear:

-Cochino.

Al acabar de disfrutar, Paco se puso en cuclillas para comerle el coño. Vio colgado jugos de él, jugos que parecían mocos. Le lamió el coño, y luego se lo folló con la lengua. Renata le echó las manos a la cabeza y acariciando sus cabellos, movió la pelvis para que la lengua saliera del coño y poder así frotarla contra ella. Estuvieron él a meter y ella a sacar hasta que las piernas le comenzaron a temblar de nuevo, y le dio una deliciosa corrida diciendo:

-Me corro en tu boca.

Al acabar de correrse y con la satisfacción del trabajo bien hecho, Paco se puso en pie, le dio un pico y le pregunto:

-¿Dónde quiere que te desvirgue?

-En mi cama.

Llegaron a la habitación de Renata. La cama estaba sin hacer. Se metieron en ella.

-Me da un poco de miedo que me hagas daño, cuñado.

Le puso la polla en los labios.

-Dale mimitos para que no te haga daño.

-¿Cómo?

-Lame la cabeza como lamen los perros y chúpala como te chupas los dedos.

-¡¿Es así de fácil hacer una felación?!

-Bueno, también se coge la polla y se mueve la mano hacia abajo y hacia arriba.

-Tengo oído decir que así es como hacéis los hombres las pajas.

-Oíste bien.

-¿Y qué más se hace?

-También se lamen y se chupan los huevos, aunque esos no te los voy a meter.

-Pero ahí está la leche. ¿No?

-Está.

Renata le meneó la polla y le lamió y le chupó con ganas la polla y los huevos. Al rato le preguntó:

-¿A qué sabe la leche, cuñado?

-No tardarás en saberlo si me la sigues chupando.

Dejó de chupársela.

-No la quiero en la boca, la quiero en el coño.

-En el coño la tendrás.

Paco se arrodilló entre las piernas de Renata, la agarró por la cintura, la levanto, le puso la polla en la entrada del coño y empujó y le metió la punta:

-¡Me acabas de reventar!

-Si solo te metí la punta. Te la meteré y te la sacaré  muy despacito hasta que me corra.

La punta de la polla fue entrando y saliendo. El coño se fue dilatando y en nada ya le estaba metiendo y sacando casi todo el glande. A Renata le estaba gustando.

-Métela un poquito más.

Le metió todo el glande.

Renata se volvió a quejar.

-¡Me has vuelto a reventar!

-¿La quito?

-Sí, y vuélvela a meter muy despacito.

Metiendo y sacando muy despacito la polla acabó entrando hasta la mitad.  Paco no pudo aguantarse más y le lleno el coño de leche.

-Me gusta sentir tu leche dentro de mí. 

-Y a mí correrme dentro.

-¡Métela toda!

Se la metió hasta el fondo del coño, y en el fondo se acabó de correr.

-No la quites. Ahora me quiero correr yo.  

Paco la tiró hacia él y la puso encima. Renata fue quitando y metiendo la polla muy despacito. Al rato, como no le venía, mojó dos dedos de su mano izquierda en la boca, se acarició el clítoris, y en nada le bañó la polla con una tremenda corrida.

Al acabar se quitó de encima y le dijo:

-Dejó de llover.

-Ponte a cuatro patas que van a caer chuzos  de punta.

-No creo que llueva...

No dejó que acabara de hablar.

-Llover, pero no agua, lloverá leche dentro de tu coño.

En cuatro fines de semana llovió tanta leche que a los nueve meses Renata tuvo una niña.

Quique.

 

 

El relato fue modificado hace 2 meses por José

   
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