Un polvo peligroso
 
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Un polvo peligroso


José
(@quique)
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La primavera estaba cerca de acabarse y el sol picaba con fuerza. Fui a la playa. No había mucha gente, por lo que sobraba dónde echar la toalla, la puse bien alejada de la persona más cercana, que era una cuarentona flacucha. La verdad es que deseaba estar a solas, pero siempre pasa lo mismo, cuando uno quiere estar a solas viene alguien a joder la marrana. Ese día fueron una sobrina de mi mujer y una amiga las que echaron la toalla a escasos dos metros de la mía. La sobrina de mi mujer y su amiga tenían poca más treinta años, y eran morenas. Sara, la sobrina de mi mujer, tenía el cabello muy corto, los labios gruesos, medía un metro sesenta y estaba maciza, la otra era más alta y estaba rellena. Yo, boca arriba, sobre la toalla, con las gafas de sol puestas, vi cómo se quitaban la ropa y como quedaban en bañadores de una pieza. La gordita, una tal Begoña, guapota, soltera y sin compromiso, mirando para mi paquete le dijo a Sara:

-Está de vicio.

Sara, disimulando, le dijo a ella:

-Vi playas mejores.

Se había jodido la paz. Sara y Begoña no paraban de mirarme para el paquete y me ponían nervioso, además hablaban por los codos y no precisamente de moda. Por poneros un ejemplo os diré algo que le dijo Begoña a Sara.

-Pues el último orgasmo que tuve fue anoche, y lo tuve yo solita.

-Ese no vale, pajillera, yo me refería a tenerlo con un hombre.

-Con un hombre lo más parecido a un orgasmo lo tengo cuando me quito el sujetador y las tetas se van cada una a su bola. 

Sara le dijo que ella ya se cansara de hacerlo con su marido... En fin, que pasadas un par de horas y después de haberse remojado, Begoña, recibió una llamada, se fue y dejó sola a Sara. Yo estaba fumando un Winston. Me miró de nuevo para el paquete y luego me dijo:

-Fumar, perjudica seriamente la salud, señor.

-Si, fumar, beber y follar, perjudican seriamente la salud, y no fumar, no beber y no follar, mata.

Reconoció mi voz y me dijo:

-¡No sabía que eras tú, tío! Con bigote y gafas de sol estabas irreconocible.

-Pues el irreconocible quisiera reconocerte.

-Tampoco te tomes tantas confianzas.

-Son las confianzas que me dio oírte hablar con tu amiga. En bajo no estabas hablando. Me has estado calentando por el oído sin saber que era yo.

Se hizo la decente.

-¡¿Me crees capaz de engañar a mi marido?!

-Tú sabrás, pero con la mierda de vida que llevas, si te quieres dar un capricho... Conmigo podrías hacer todo lo que le has dicho a tu amiga que te gustaría hacer con un hombre.

-No, gracias.

Pensé que no tenía nada que hacer.

-Pillado. Voy a darme un chapuzón. ¿Vienes?

-No sé nadar.

-Yo te aprendo en un par de minutos.

-No aprendí en treinta años y voy a aprender en un par de minutos...

-Tan cierto cómo que es primavera que aprendes a nadar.

-Bromeas.

Le extendí una mano, la cogió, se levantó, luego la soltó y nos fuimos al agua. Allí le dije que se agachara, le eché una mano al mentón, se estiró y comenzó a nadar al estilo perro. Al ratito quité la mano de su mentón y ya nadaba sola. Cuando se puso en pie tenía una sonrisa de oreja a oreja.

-¡Ya sé nadar!

-Sí, poco, pero sabes.

Me volvió a mirar para el paquete y me preguntó:

-¿Llevas una funda?

-No.

-No te creo, ahí llevas algo...

Bajé el bañador, le enseñé la polla, y le dije:

-No llevo nada.

En vez de decirme que me tapara, me dijo:

-¡Qué gorda es!

-¿Te llenaría el coño?

-¡Y de qué manera!

Subí el bañador.

-Si te animas no tienes más que decirlo.

Ya se me ofreció.

-¿Ya alquilasteis el piso que dejó libre tu hijo?

-Aún no.

Yo había ido andando a la playa, pues vivía a trescientos metros de ella, pero el piso que íbamos a alquilar quedaba a unos dos kilómetros.

-En mi coche no nos lleva dos minutos llegar allí.

Vamos al turrón.

Cuando Sara se desnudó en el piso vi que estaba de toma pan y moja. Sus tetas eran grades, redondas, tenían areolas marrones y pezones gordos y su coño estaba depilado totalmente. Le dije:

-Estás para comerte.

Cogió del bolso el lubricante, un huevo vibrador con control remoto y un consolador blanco y los dejó sobre la cama, le pregunté:

-¿Cómo andas con eso en el bolso?

-Era para... Qué más da.

-¿Era para follar con Begoña?

No me dijo que sí ni que no.

-Ahora es para follar contigo. 

Vino a mi lado, me cogió la polla con las dos manos e hizo amago de hacerme una paja mientras su boca se unió a la mía en un beso con lengua. Al echarle una mano al coño se separó de mí, y me dijo: 

-Las manos quietas hasta que llegue tu turno.

-Pero...

-Ni pero, ni peras

Se fue al lado de la cama, cogió el huevo y pasándolo por sus pezones y por sus areolas, me dijo:

-Mastúrbate viendo cómo me masturbo yo.

-Pero..

Me puso las peras a cuartos

-El polvo será cómo yo quiera, si no es cómo yo quiera, me voy

Iba a hacer todo lo que me mandase y dejar que me hiciera todo lo que quisiera. Era su fantasía. Así que empecé a masturbarme viendo cómo el huevo recorría sus tetas, cómo bajaba por su vientre, cómo llegaba a su coño y cómo lo recorría. Luego lo metió dentro de su coño. Sara miraba cómo mi mano se deslizaba sobre la polla y mirando para ella me dijo:

-Mira cómo se corre una golfa.

Miré y vi sus piernas temblando, su cara de placer, y oí sus dulces gemidos. Después de correrse se puso en cuclillas delante de mí y me dijo:

-Quiero que te corras en mi boca.

Sin tocarme la polla con las manos, la metió en la boca y me la mamó hasta que le llené la boca de leche, leche que guardó en su boca y que después echó en una servilleta de papel. Me preguntó:

-¿Con qué podría vendarte los ojos?

-Hay pañoletas en el cajón de abajo del armario.

Cogió dos pañoletas, una de color rojo y otra de color negro, con la negra me vendó los ojos y con la roja me ató las manos a la espalda. Sentí cómo se ponía a mi lado. El pezón de una de sus tetas se metió entre mis labios, saqué la lengua y lamí hasta que me dio teta, teta que lamí, chupé y mamé hasta que metió el pezón de la otra teta entre los labios. Le lamí el pezón y le trabajé la teta del mismo modo que le había trabajado la otra. Luego me pasó el coño por la nariz y metió la punta dentro del coño. Me la dejó pringada de jugos. Después me la puso en la boca. Saqué la lengua y Sara la enterró dentro de su coño. Gemía cómo una loca mientras me follaba la lengua... Al rato, frotando su coño, contra mi mentón, contra mi lengua y contra mi nariz, se vino en mi cara, diciendo:

-¡Me corro!

Luego de correrse, cogió mi polla empalmada, la puso en la entrada del coño, dejó caer el culo lentamente y la polla, apretada, le entró hasta el fondo. Me folló lento, aprisa, lento, a toda hostia, me folló buscando el orgasmo... Cuando sintió que se iba a correr, paró de follarme, me quitó la venda y me dijo:

-Disfruta de la vista.

Volvió a darme caña. Vi cómo sus tetas volaban de delante hacia atrás y de detrás hacia delante y cómo su pelvis iba y venía. Me entraron unas ganas locas de cogerle el culo y ayudarle en sus frenéticos movimientos, pero desgraciadamente tenía las manos atadas a la espalda... Se detuvo con la polla metida hasta el fondo del coño, con los ojos cerrados y entre espasmos me dijo:

-¡Me corro en tu polla!

Al acabar se echó a mi lado y me puso boca abajo. Con el dedo medio de su mano derecha acarició mi espina dorsal. Al llegar al culo acarició mi ojete con la yema del dedo. Luego me dio un beso con lengua en el ojete. Me gustó una cosa mala. Me separó las nalgas con las dos manos. Su lengua lamió mi ojete y entró y salió de él cantidad de veces. Luego, metiendo un dedo dentro de mi culo, me preguntó:

-¿Te gusta lo que te hago?

-Mucho, me gusta mucho

-Ponte a cuatro patas.

Me puse a cuatro patas. Lamiendo y follando mi ojete con su lengua, me echó la mano a la polla y me masturbó. A estas alturas de la película yo ya gemía cómo una mujer. Cogió el huevo, lo encendió y me lo pasó por la espalda, por las nalgas, por los huevos y por la polla empalmada. Cuando vio que me iba a correr, cogió el consolador, le echó lubricante, lo frotó en mi ojete y después lo metió y lo sacó poco a poco mientras me masturbaba. De nuevo vio que me iba a correr. Me quitó el consolador de culo, hizo que me diera la vuelta, metió la polla entre sus tetas y sacudiéndolas, me dijo:

-Dame tu semen.

 Le bañé las tetas de leche. Luego me soltó las manos y me dijo:

-Átame y venda mis ojos.

 Con una pañoleta le  até las manos a la espalda y con la otra le vendé los ojos. Le limpié la leche con la sábana y luego le dije:

-Te voy a hacer arder.

-Mejor hazme correr.

Estirada sobre la cama, desnuda e indefensa, invitaba a abusar de ella, a hacerla sufrir, y así lo iba a hacer. Le abrí las piernas, me arrodillé en medio de ellas, cogí la polla y se la froté en el clítoris, de abajo a arriba y haciendo círculos sobre él... Bajaba al coño, lo frotaba en la entrada de la vagina, metía la cabeza, la sacaba y volvía al clítoris. Con el glande dentro de su coño, Sara me dijo:

-Métela hasta el fondo.

La cogí por la cintura, la levanté, se la clavé hasta la mitad y se la saqué.

-¡Toda, cabrón, métemela toda dentro!

-¿La quieres toda dentro?

Sara se desesperaba. Yo disfrutaba viéndola sufrir.

-¡Sí, cabrón, sí!

Me eché a su lado derecho y le puse el glande en los labios. Abrió la boca para mamarlo, pero solo le metí la puntita. La lamió y la chupó.

-¡Dámela toda, cabrón, dámela toda!

Se la metí en la boca y dejé que la mamara un ratito, luego le froté el glande en los pezones y en las areolas, después en el ombligo y a continuación se la volví a frotar en el clítoris. Sara se iba a correr. Sus escandalosos gemidos así me lo decían. Me volví a arrodillar entre sus piernas, la volví a coger por la cintura, la levanté y se la clavé hasta el fondo, Sara, con voz desgarrada, dijo:

-¡Ay que me corro!

Le di duro y explotó:

-¡¡Me corro, me corro, me corro!!

Vi cómo se retorcía y vi su cara de gozo. Esa visión tan sensual hizo que me corriera y que le llenara el coño de leche.

Al acabar de corrernos fui a por su boca y saboreé su lengua, luego fui a por sus tetas y saboreé cada beso, cada lamida, cada mamada. Mientras hacía esto metía dos dedos dentro de su coño perdido de leche y jugos y la masturbaba. Pasado un tiempo, cuando ya la tenía a punto, metí mi cabeza entre sus piernas. Le lamí los labios y el coño se fue abriendo cómo una flor. Lamí de abajo a arriba, le metí y saqué la lengua en la vagina, luego le lamí el clítoris, se lo chupé y exclamó:

-¡Me voy a correr!

La puse boca abajo, le lamí el ojete y en nada se corrió cómo una loba, diciendo:

-¡Me muero de gusto!

Al acabar de correrse lamí su espalda desde el coxis hasta la nuca, la puse a cuatro patas, le di unos cachetes en el culo y luego seguí lamiendo su ojete al tiempo que le magreaba las tetas. Le saboreé el culo con calma, con la misma calma que le había saboreado la lengua y las tetas. A Sara le encantaba. Gozaba cómo una cerda. Tiempo después le eché lubricante al consolador, y se lo pasé por el ojete, luego se lo fui metiendo poquito a poco. Centímetro a centímetro acabó entrando hasta el fondo. Después le saqué la mitad y ya fue ella la que se folló el culo. Yo solo le echaba más y más lubricante al consolador. Viendo cómo el consolador entraba y salía del culo, se me puso dura cómo una roca. Eché lubricante en mi polla, saqué el consolador y le metí el glande. Sara me dijo:

-¡Cómo llena!

De nuevo, centímetro a centímetro, se la metí hasta la mitad... Sara siguió metiéndola y después folló mi polla con su culo. Al rato cogí el huevo, lo encendí, se lo froté en el clítoris y en segundos comenzaron a temblarle las piernas. Corriéndonos, dijo:

-¡¡Qué corrida!!

Al acabar, le pregunté:

-¿Por qué no haces esto con tu marido?

-Presume de ser muy macho. Si se lo hiciera y se corriera me pegaría un tiro para que no se lo pudiera contar a nadie.

Desatándole las manos, le pregunté:

-¡¿Tiene pistola?!

-En el negocio en que se acaba de meter le hace falta.

-¿Qué clase de negocio es ese?

Quitó la venda de los ojos y me respondió:

-El negocio de la harina colombina y del chocolate marroquí.

Se me quitaron las ganas de seguir follando.

Quique.

 
El relato fue modificado hace 1 hora por José

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