Secretos de familia
 
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Secretos de familia

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comopollas
(@comopollas)
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Iniciador del debate   [#1812]

Dos hermanos comparten habitación y acaban haciendo algo más que hablar antes de quedarse dormidos. Todo va bien hasta que el padre los pilla.

Secretos de familia

En casa no contábamos con el espacio suficiente como para que cada uno de mis hermanos tuviese su propia habitación. En mi caso, al ser el menor entre todos ellos y no tener ni voz propia ni nadie que se preocupara de lo que pudiera ser mejor o peor para  me tocó compartir cuarto con mi hermano, el mayor de los tres que tengo, al que desde que recuerdo lo he visto pajearse en la cama.

Supongo que el placer de tener algo de privacidad cuando se forma parte de una familia numerosa es una de las primeras cosas que se pierde y las circunstancias superan los deseos individuales de cada uno de los miembros en sacrificio del bien común. Quizás no fuera mi deseo, pero en cierto momento tomé conciencia acerca de qué aquello que solía hacer mi hermano cuando la oscuridad de la noche nos envolvía le debía resultar en cierto modo muy placentero.

En aquella época, mi hermano no era más que un chavalín de no más de un metro cincuenta y seis de estatura y unos 44 kilos de peso, su pito normal tirando a grande, unos 12 cm de rabo, algo fino a la altura del capullo, como buen adolescente había descubierto las pajas y confiado en que yo ya dormía no paraba de darle al manubrio cada noche.

De refilón lo veía cómo se desnudaba cada noche y cuando no se  ponía el pijama sabía que esa noche habría "fiesta", así que venciendo mi propio cansancio esperaba en silencio; cuando me creyera dormido sabía que mi hermano no tardaría en liberarse del peso y la presión de las mantas. Aveces se la veía bien tiesa en ese mismo instante o  tal vez esperaba espectante para mirar cuando diera la luz para limpiar de su abdomen los restos de esa sustancia extraña que entre gemidos acababa soltando sobre su abdomen.    Me encantaba ver su polla en ese estado también como alrededor de la misma le crecía una mata de pelo negro muy enmarañado. Mi pito era lampiño, flacucho, enano en comparación con el suyo, (mi pollita en erección tenía el tamaño longitud más próxima a lo que era el dedo gordo de mi mano). En secreto enviadaba su suerte. No puede decirse que mi hermano mayor calzara un pollón, lo cierto es que  que tenía uno en desarrollo y aquello apuntaba maneras…

Cómplice de su secreto pajeríl, intentaba emularlo y yo también andaba todo el día, dale que te pego, eso te marca, el no entender como tu pito no alcanza las mismas dimensiones, pero mi pollita se me ponía bien tiesa, aun cuando no tenía ni ganas de mear.

Como buen hermano, fuí cómplice durante años de su onanismo, pero el efecto secundario de todo aquello era que yo también estaba constantemente excitado.

Un adolescente normal anda a cualquier hora del día cachondo. Se pajea mañana tarde y noche hasta caer rendido por el sueño. Si te despiertas en mitad de la noche, la receta para volver a conciliar el sueño es otra paja y a seguir durmiendo otra vez. Por tanto emulaba los logros de mi hermano mayor y la media de cuatro o cinco pajas diarias nos resultaba fácil de mantener, sobre todo en verano, cuando por un lado ayudaba la falta de obligaciones escolares y por otro la ligereza de ropa. Con la llegada del calor veraniego mama no nos ponía pegas al hecho de que durmiéramos sin el pijama puesto. A veces se quedaba totalmente sopa despues de correrse y muchas ni siquiera se volvía a poner el calzoncillo. La actitud egoísta e irresponsable de mi hermano mayor me obligó a ver semejante escena.

Jamás conté que mi hermano mayor era un cochino de ese calibre y como un reloj me despertaba antes del alba para observar con envidia su empalme mañanero. A veces incluso en su despertar me llegó a pillar despierto mirando de forma obscena hacia su pito. Nunca me dijo nada, ni me advirtió de que aquello que hacía al mirar hacía su cama estuviera mal. Su irresponsabilidad al dormir siempre desnudo desató en mí perversos deseos. El hecho de que fuera el más pequeño dentro de mi familia, me convertía en el acto en alguien que no era preguntado acerca de mis preferencias; simplemente sucedió sin más, hasta el punto de afirmar que no sabría precisar si acabé convirtiéndome en un maricón por el hecho de tener que dormir con mi hermano mayor o simplemente ya venía así de "fábrica" y mi hermano mayor solo se aprovechó del envase para depositar su semen en el interior😈.

Siento algo de vergüenza todavía al confesar que gracias a mi hermano mayor aprendí, no solo lo que era la masturbación, sino que también descubrí lo que eran las mamadas. El incesto es un verbo que raramente se conjuga, en primer lugar por la dificultad y riesgos que tiene su práctica, pero creo que todavía influye más en su condena los vergonzantes reproches sociales que tiene esta conducta.

Se podría decir que mi hermano Antonio y yo éramos los mejores amigos, y puede que influyera en esa amistad los fuertes vínculos que tal relación incestuosa puede llegar a producir. Todavía recuerdo con una mezcla a partes iguales de nostalgia y excitación la primera vez que Antonio y yo hicimos algo altamente sexual.

La edad que tendría yo es difícil de precisar, pero tened en cuenta que mi hermano Antonio me saca casi seis años y esto sucedió en esa época de despecho y rencor hacía el mundo en general que le entra a todo adolescente pajillero al que le acaba de dejar la novia. Ana, su novia, no quiso hacer algo inapropiado. Tenía miedo de quedarse preñada, así que rompieron. 

Nadie daba charlas sobre educación sexual; para mis padres a pesar de lo perjudicadas que andaban las camas de nuestra casa con tanta corrida reseca, el sexo adolescente no existía. Mis hermanos aunque  tuvieran novia, no hacían nada inapropiado con ellas, más allá de besarse a escondidas en alguna esquina. Lo de ir a la farmacia a comprar condones les daba cague hasta a los mozos de la edad de mi hermano mayor y por todo ello no llego a pasar al siguiente nivel con ella.

Antonio al dejarlo con Ana retomó con más fuerza y vigor las pajas, pero aun así andaba muy triste por casa durante aquellos días. Ni siquiera le apetecía salir de fiesta con los amigos y le habían quitado la moto mis padres porque había vuelto a casa bastante borracho en un par de ocasiones. Yo no sabía como levantarle el ánimo, de hecho odiaba a su novia por haber rechazado a un macho como ese. De hecho, cuando esa mañana se despertó y me encontró en medio de una paja febril mientras miraba hacía su cama simplemente me observó sin decir nada. El sabía que era maricón y alguna vez de forma cariñosa me lo había dicho al ver como le miraba la polla con deseo, pero ese día simplemente se quedó ahí despierto mirando y en cierto modo calculando cuál podría ser el beneficio de tener a alguien como yo durmiendo en la cama de al lado cada noche.

🌩️Miedo a las tormentas

Quienes parece nunca se atrevieron a decir nada, fueron mis padres, que pese a encontrarme un día sí y otro también, durmiendo en la misma cama con mi hermano mayor, acabaron aceptando nuestras excusas con la mayor naturalidad.

Me daba miedo la oscuridad, también las tormentas, y Antonio cuando algo de eso sucedía dejaba que me metiera con él en su cama con tal de no despertar a toda la familia ante algo tan insignificante.

Ni siquiera se llegaron a fijar en cómo mi hermano mayor rara vez dormía con los calzoncillos o el pijama puesto, ni tampoco en cómo mi boca pastosa tenía alrededor de la comisura de mis labios unas manchas blanquecinas y algo resecas. Por un lado estaban las pruebas y por otro el delito. Pero para mi, aquello que hacíamos juntos cada noche no tenía nada de malo.

La primera vez que Antonio se metió en mi cama totalmente desnudo y con su rabo tieso como un garrote no me atreví a a decir nada. (Puede que lo deseara más que él). Así que mientras escuchaba su respiración entrecortada y yo andaba conteniendo mis primeras arcadas, desleché a mi hermano Antonio por primera vez.

- La tengo, súper tiesa hermanito, de recordar cómo me la chupaste anoche-me había dicho mi hermano mayor en un surro en mi oreja esa segunda noche.

Yo simplemente me di la vuelta en mi cama en la que se había introducido mi hermano mayor en pelotas y se la agarré. Estaba feliz como nunca antes lo había estado al notar su calor corporal, de percibir el olor que desprendía su suave piel y sobretodo de saber que su garrote vibraba entre mis manos deseando que volviera a repetirse aquello que tanto nos había gustado a ambos.

Sabía que todo aquello terminaría de forma abrupta. Yo era, sin duda, quién mas iba a perder, mi hermano Antonio había vuelto con la novia y ya no tenía esa necesidad incipiente por tener sexo con ella. Se había convertido en el novio formal incapaz de propasarse que todo padre desea para sus hijas. Mientras que yo me pasaba las noches aplacando el deseo de follarse a su novia mamándole el rabo. Si terminaba por relatar a mis padres cómo su pequeño, no solo se quitaba el miedo a la oscuridad metido en la cama del hermano mayor, sino también ya de paso entregado en una viciosa e incansable práctica. Ellos habrían puesto el grito en el cielo. Puede que mi hermano Antonio hubiera recibido alguna ostia por ser tan sinverguenza. 

Mejor no contar nada, mejor ser maricón pero sin que nadie más lo supiera. Me sentía un maricón vicioso, totalmente enganchado al sabor de su rabo y me encantaba. A veces me quedaba dormido entre sus piernas justo después de haber notado cómo descargaba entre sacudidas y espasmos de placer dentro de mi boca. Otras veces era yo el que me lanzaba a su cama medio somnoliento todavía, pero con unas ganas irrefrenables de despertar a la bestia✊💦.

Recuerdo haber experimentado el acto de chupar nuestras pollas el uno al otro. Por supuesto, Antonio sabía que no había nada de riesgo en que yo me corriera en su boca, pues mis orgasmos siguieron siendo secos durante mucho tiempo y aunque es cierto que él prometió que me diría cuando estuviera a punto de correrse, lo cierto es que en raras ocasiones lo hacía.

Aquella noche como en las anteriores, los truenos y relámpagos de la tormenta que se estaba produciendo aquella noche en el exterior no presagiaron el evento que estaba a punto de ocurrir. Cuando mi hermano mayor comenzó a agitarse de forma convulsiva y al instante sentí un pequeño chorro de líquido en mi boca, pensé que solo eran eso imaginaciones mías. Me había prometido que me iba a avisar al correrse por lo que chupé. De nuevo su polla convulsionó, hasta en cuatro o cinco ocasiones más y también seguí chupando. Cuando terminó de agitarse me había tragado toda su leche y aquello le gustó tanto que a partir de entonces solo quería eso. Le encantaba correrse en mi boca y el sabor aunque diferente al de su polla tampoco es que me pareciera en nada desagradable. Cada mañana su leche era la primera que tomaba, antes de la del desayuno, así que cuando notaba  como su mano se colocaba sobre mi infantil nuca sabía que deseaba impedir que  mi cabeza se apartase.

Las luces del alba iluminaban nuestros rostros, el suyo dejándose llevar por el placer que le proporcionaba mi hambrienda boca, el mio disfrutando de esa increíble sensación al sentirme usado. Tragué tanta leche durante esos años compartiendo cuarto con él que se podrían haber hecho varios quesos con la misma. 

Éramos felices sin que el mundo fuera consciente de nada, y solo volvía a la triste realidad cada vez que mi hermano mayor me arrebataba esa polla algo menos dura de entre mis labios para decirme que aquel acaba de ser, con diferencia, el mejor orgasmo que había tenido en su vida. Entonces me golpeaba la culpa y los remordimientos.

Yo solo era un maricón y mi hermano mayor un heterosexual con una novia demasiado estrecha. 

👹Vicios ocultos

Lo que suele ocurrir con los vicios, es que a partir de un determinado momento estos se vuelven incontrolables.

Me encantaba chupársela a mi hermano mayor y mi deseo por mamar su polla y tragarme toda su leche ya no se limitaba a esos silenciosos encuentros nocturnos, sino que también los llevábamos a cabo cada vez que nos quedamos a solas en casa.

En una familia tan numerosa como la nuestra, estos episodios de soledad diurna rara vez se producían, por lo que entenderéis que nos entregábamos a aprovechar estas ocasiones con mucho más deseo que conocimiento.

Aquel día a mi padre le había sucedido no sé qué problema en la fábrica y habían tenido que salir todos antes de tiempo, cuando entró en casa encontró extraño el silencio reinante, pero mucho más siniestro fue ver a dos de sus hijos: Antoñico, el mayor y Juanillo el pequeño totalmente desnudos en la habitación. Su boca se abrió al instante dispuesto a poner el grito en el cielo; esos dos cochinos andaban haciéndose el uno al otro una mamada en un 69 que provocó en su cabeza muchos más sentimientos encontrados de los que un padre ante esta situación pudiera llegar a tener.

Estaban sus dos pequeños, porque así los llamaba a todos, independientemente de la edad que tuvieran, justo en el punto en que no podían parar ni separarse pese a haber oído los pasos que se acercaban. Así que el padre se quedó plantado en la puerta y esperó.

Juanillo, al alzar la mirada, con la polla de su hermano mayor todavía en sus fauces, retorciéndose a la vez que descargaba toda esa leche. Quisó gritar, avisar a su hermano de lo que sucedía. Los ojos a punto de salirse de las órbitas, tanto como los del padre que lo miraban desde el umbral de la puerta. No tragó el semen, pues el reflejo era el de intentar sacarse ese ya enorme pollón del hermano mayor de la boca. Llevaba tantos años mamando aquel ya descomunal cipote que había perdido la cuenta de los centímetros que aquel tieso cipote había llegado a crecer. 

Alimentado por tanta testosterona su pito también había ido engordando y creciendo en proporción, ahora Juanillo tenía un considerable nabo, y soltaba también su buena cantidad de leche. Antes de que la puerta se abriera eso mismo estaba haciendo en el interior de la boca de su "heterosexual" hermano. Corriéndose.

El miedo lo asaltó, el miedo a perderlo todo. Con toda esa lefa saliendo como un sifón por sus fosas nasales quiso llorar, pedir perdon por todo, aunque no tuviera que pedirlo por nada. Ni siquiera fue capaz de fijarse en el ligero bulto que se había formado a la altura del paquete en el pantalón gris del uniforme paterno.

Antonio que en ese instante se había sacado el rabo de Juanillo de su boca, solo para decirle sonriente que le acababa de pegar el mariconcete una mamada de escándalo, miró hacía la puerta y al ver a padre se le borró esa sonrisa en el acto.

Hubiera sido mejor que el padre gritara, que los insultara o incluso que les diera algún correazo, en lugar de ello el padre guardó silencio.

Durante toda la cena, su papá trató de obligarles a hablar haciendo preguntas, pero estas parecían no tener nada que ver con lo que sus ojos habían presenciado. Al hermano mayor le preguntaba por sus entrenamientos y al pequeño por si tenía hechos todos los deberes. Ambos hijos esfrozándose por no dar respuestas de una sola palabra, las del otro quizás un poco mas largas que las propias.

En definitiva, todas, vagas respuestas, llenas de temor, esperando que en cualquier momento el padre soltase la bomba. Pero no sucedió tal cosa. El resto de los miembros masculinos de la casa y la madre devorando los filetes ignorándolo todo.

Esa noche en la habitación solo hubo silencio, el deseo de mamar polla y el de ser mamado se había esfumado. El pequeño no podía conciliar el sueño. El mayor fingiendo que lo hacía. Al final, Antonio cayó rendido por el sueño. Mientras escuchaba los ronquidos del otro la cabeza del pequeño era un hervidero de pensamientos, sabía que algo iba a suceder tarde o temprano. Papá tomaría alguna medida sobre lo que había visto. Tal vez lo mandara a  a vivir con los abuelos o le obligaría a cambiar de habitación.

Algo tenía que pasar seguro.

Al final el sueño lo venció, pero incapaz de levantarse al día siguiente no escuchó como sus hermanos uno a uno iban abandonando la casa, también la madre se fué, pues llegaba tarde al trabajo. Su padre por el tremendo lío montado en la fábrica, tampoco trabajaría hoy. Así que se supone que era él quien se encargaría de despertar al pequeño para llevarlo al colegio.

Pero cuando vino a hacerlo traía otras intenciones...



   
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(@armansor)
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buen relato 

continua la zaga ? 



   
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