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Susurros del pueblo - Capítulo 4: El reencuentro en la fiesta

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morboso
(@morboso)
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El verano dio paso al otoño, y Alex regresó a la ciudad, llevando consigo el recuerdo de Julián como un tesoro guardado en el pecho. Se escribían mensajes, compartían canciones, y hablaban por teléfono hasta la madrugada, pero la distancia dolía. Alex se sumergió en la universidad, pero ninguna fiesta ni nuevo amigo podía llenar el vacío que Julián había dejado.
 
Cuando llegó el invierno, la abuela de Alex lo invitó a pasar la fiesta del patrón del pueblo, una celebración que llenaba Santa Clara de música, farolitos y bailes en la plaza. Alex no lo dudó; era su oportunidad de volver a ver a Julián.
 
Llegó al pueblo una noche fría, con el aire cargado de aromas a tamales y ponche. La plaza estaba viva, con luces colgando entre los árboles y una banda tocando en el kiosco. Alex buscó a Julián entre la multitud, su corazón latiendo con anticipación. Lo encontró cerca de la fogata central, tocando su guitarra para un grupo de niños que aplaudían. Cuando sus ojos se encontraron, fue como si el tiempo no hubiera pasado.
 
Julián dejó la guitarra y corrió hacia él, abrazándolo con tanta fuerza que Alex sintió que podía respirar de nuevo.
 
—Viniste —susurró Julián, su voz quebrándose.
—No podía perdérmelo —respondió Alex, sonriendo.
 
Pasaron la noche bailando, riendo, y compartiendo ponche, pero la tensión entre ellos crecía con cada roce accidental, cada mirada. Cuando la fiesta comenzó a calmarse, Julián tomó la mano de Alex y lo llevó a un rincón del pueblo, una pequeña cabaña que su familia usaba para almacenar harina. Estaba vacía esa noche, con solo un catre y una lámpara de aceite que proyectaba sombras danzantes en las paredes.
 
No hubo palabras, solo la necesidad de estar juntos. Julián empujó a Alex contra la pared, besándolo con una pasión que hablaba de meses de ausencia. Sus manos eran más seguras ahora, desabrochando botones, explorando la piel que ambos habían extrañado. Alex respondió con la misma intensidad, sus dedos deslizándose por el pecho de Julián, sintiendo el latido de su corazón.
 
Cayeron sobre el catre, sus cuerpos entrelazados en un frenesí de caricias y susurros. Julián besó cada centímetro de la piel de Alex, desde su mandíbula hasta su abdomen, mientras Alex se perdía en la sensación, sus manos aferrándose al cabello de Julián. La lámpara parpadeaba, pero el calor entre ellos era suficiente para iluminar la noche. Sus movimientos eran más confiados, más íntimos, como si cada toque fuera una promesa de no volver a separarse. Cuando el placer los alcanzó, fue un estallido que los dejó temblando, abrazados en el silencio de la cabaña.
 
Después, mientras yacían juntos, con la manta de la cabaña cubriéndolos, Julián habló. —Voy a ir a la ciudad en primavera. Quiero estar contigo, Alex. Donde sea.
 
Alex lo besó suavemente, sintiendo que el futuro, por primera vez, no lo asustaba. —Te estaré esperando.
Y bajo la luz titilante de la lámpara, con el eco lejano de la fiesta, supieron que su historia estaba lejos de terminar.

Morboso


   
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