Susurros del pueblo...
 
Notificaciones
Vaciar todo

Susurros del pueblo - Capítulo 5 y 6: El campo de maíz al amanecer

1 Respuestas
1 Usuarios/as
0 Reacciones
745 Visitas
morboso
(@morboso)
Miembro Activo Autor Verificado
Registrado: hace 7 años
Respuestas: 30
Topic starter   [#1815]
 
La primavera llegó al pueblo de Santa Clara como un suspiro de vida, con los campos de maíz creciendo altos y verdes bajo un cielo despejado. Julián cumplió su promesa y, tras ahorrar lo suficiente, viajó a la ciudad para visitar a Alex durante un fin de semana. Pero fue Alex quien insistió en regresar al pueblo para las fiestas de primavera, ansioso por recuperar el lugar donde todo comenzó. Ahora, de vuelta en Santa Clara, caminaban juntos por un sendero rural al amanecer, con el sol apenas despuntando y el rocío brillando en las hojas de maíz.
 
Julián, con su camiseta ajustada y una sonrisa que aún hacía que Alex se sonrojara, lo guió hacia un campo propiedad de un amigo de su familia. Las plantas de maíz formaban un laberinto natural, sus tallos altos creando un refugio privado. El aire olía a tierra fresca y a la dulzura de las mazorcas jóvenes.
 
—Quería mostrarte algo especial —dijo Julián, deteniéndose en un claro donde habían extendido una manta la noche anterior, planeando un picnic al amanecer—. Pero creo que no puedo esperar al desayuno.
 
Alex rió, pero la risa se convirtió en un jadeo cuando Julián lo atrajo hacia sí, sus labios encontrándose en un beso que sabía a café y a deseo. La urgencia de meses separados se desató, y cayeron sobre la manta, rodeados por el susurro de las hojas de maíz mecidas por el viento. Las manos de Julián eran audaces, desabrochando la camisa de Alex con dedos rápidos, mientras Alex tiraba de la camiseta de Julián, ansioso por sentir la piel que había extrañado.
 
Sus cuerpos se entrelazaron, la manta suave bajo ellos contrastando con la intensidad de sus movimientos. Julián besó el pecho de Alex, trazando un camino de calor con su lengua, mientras Alex se arqueaba, sus manos aferrándose a los hombros de Julián. El roce de sus cuerpos, el calor de sus pieles, era un lenguaje que no necesitaba palabras. Julián deslizó una mano más abajo, explorando con una mezcla de ternura y posesión, y Alex respondió con gemidos que se mezclaban con el canto de los pájaros al amanecer.
 
El clímax los alcanzó como una ola, dejándolos jadeando, abrazados bajo el cielo que se tornaba dorado. El maíz los envolvía como un secreto compartido, y Alex, con la cabeza apoyada en el pecho de Julián, sintió que podía quedarse allí para siempre.
 
—No sé cómo voy a soportar estar lejos de ti otra vez —murmuró Alex, vulnerable.
Julián lo besó en la frente. —No estarás lejos por mucho tiempo. Estoy planeando algo, confía en mí.
 
Capítulo 6: El mirador bajo la tormenta
 
El verano siguiente, Alex y Julián estaban más sincronizados que nunca. Julián había conseguido un trabajo tocando en bares de la ciudad, lo que le permitió mudarse cerca de Alex, aunque ambos regresaban al pueblo siempre que podían. Una tarde de julio, con el aire cargado de la promesa de una tormenta, decidieron subir al mirador de la colina que dominaba Santa Clara. Era un lugar donde los jóvenes del pueblo iban a ver las estrellas, con una vista panorámica de los tejados de teja y los campos dorados.
 
El cielo estaba cubierto de nubes grises cuando llegaron, y el viento traía el aroma de la lluvia. Extendieron una sábana bajo un roble solitario, pero apenas se sentaron, una gota fría cayó sobre la mejilla de Alex. Rieron, pero en lugar de correr a refugiarse, Julián lo atrajo hacia sí, besándolo con una intensidad que desafiaba la tormenta que se avecinaba.
 
—No hay nadie aquí —susurró Julián contra sus labios, sus manos ya deslizándose bajo la camiseta de Alex, sintiendo la piel cálida a pesar del aire fresco.
 
El deseo los consumió mientras las primeras gotas de lluvia caían, empapándolos. Alex tiró de la camisa de Julián, sus dedos temblando de anticipación, y pronto estaban piel contra piel, la sábana olvidada bajo ellos. La lluvia intensificó la sensación de cada caricia, cada beso. Julián exploró el cuerpo de Alex con una devoción casi reverente, sus labios trazando líneas húmedas por su cuello y pecho, mientras Alex respondía con una urgencia que lo sorprendía a sí mismo, sus manos deslizándose por los músculos tensos de la espalda de Julián.
Se movieron juntos, el trueno retumbando en la distancia como un eco de sus corazones. La lluvia los envolvía, pero el calor de sus cuerpos era suficiente para mantenerlos encendidos. Cuando el placer los alcanzó, fue un estallido que los dejó temblando, abrazados bajo el roble, con la tormenta rugiendo a su alrededor.
 
Después, mientras la lluvia amainaba, se tumbaron bajo la sábana, empapados pero felices. Julián tomó la mano de Alex, entrelazando sus dedos.
 
—Quiero que vivamos juntos —dijo de repente, su voz firme a pesar del nerviosismo en sus ojos—. En la ciudad, en el pueblo, donde sea. Pero juntos.
 
Alex sintió que su pecho se llenaba de calor. —Sí —respondió simplemente, sellando la promesa con un beso.

Morboso


   
Citar
Etiquetas del relato
Compartir:
Criptomonedas

El valor de invertir en Criptomonedas

Guía 2026: Ventajas de Invertir en Criptomonedas y Activos Líderes Invertir…

Bonos de casino: qué saber antes de elegir

Elige inteligentemente: comparativa de bonos con depósito y…