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El club de las mujeres casadas muy necesitadas 2

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José
(@quique)
Miembro Erótico Autor
Registrado: hace 7 años
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Topic starter   [#1432]

 Mi nombre es Francisca, soy morena, de estatura mediana, cabello negro y corto y estoy rellena. Me apodan Paca la Jamona y con cuarenta y cuatro años soy la mujer de mayor edad del club de las casadas muy necesitadas. Mi marido es marinero y hace la campaña del gran sol. Mis dos hijos ya se han casado e ido de casa. Os voy a contar uno de mis polvos.

Pasaban de las seis de la tarde cuando le abrí la puerta de mi piso a un joven seminarista que no parecía tener más de veinte años. Era larguirucho, delgado, moreno, agraciado, facialmente. Vestía con un pantalón gris, una camisa negra, un jersey gris y calzaba unos zapatos negros.

Con una amplia sonrisa en los labios y echándome a un lado para dejarlo entrar, le dije:

-Pasa, figurín, pasa.

El joven entró en el piso y oyó cantar Ever and Ever Forever. Luego, al llegar a la sala vio un tocadiscos con un plato y un L P encima y me preguntó:

-¿Quién es ese que canta?

-Demis Roussos.

-No está mal.

Fui al grano.

-Mal, no estaría que me dieses mi dinero.

Me dio los doscientos euros en cuatro billetes de cincuenta, los puse en el cajón de un mueble y le pregunté:

-¿Quieres una copa antes de empezar?

-Doble.

-¿De qué?

-¿De lo que sea?

Fui al mueble bar, eché dos copas dobles de brandy Lepanto, le di una y le dije:

-Brindemos por un buen polvo.

Brindamos. Se mandó el brandy de un trago y le quedó cara de avinagrado, yo hice lo mismo y me quedó cara de lo que soy. Luego le pregunté:

-¿Dónde quieres hacerlo?

-En su habitación.

La cosa que más me da por el culo, después del tanga, es que me traten de usted, y me da por el culo porque me hace sentir vieja, así que le dije:

-¡Como me vuelvas a tratar de usted te devuelvo el dinero y le vas a dar por el culo a otra.

-Perdona, no volverá a ocurrir

Fuimos a mi habitación y al lado de la cama, le dije:

-Desnúdate. Se desnudó. Cuando quitó los calzoncillos ya estaba empalmado. Tenía un aparato del montón, ni muy largo, ni muy gordo.

-Menéala para saber cómo te gusta que te la pelen.

Se sentó en el borde de la cama y comenzó a menearla. Me desnudé. Vio mis gordas tetas con sus impresionantes areolas marrones y sus enormes pezones y comenzó a darle más aprisa. Al quitarme las bragas y ver la selva negra entre mis piernas, aceleró aún más. Al estar desnuda me arrodillé delante de él. Le puse la lengua encima del glande. Vi como me miraba para las tetas y poco después sentí como su leche salía a presión.

Al terminar de eyacular cogí unos clínex encima de la mesita de noche, me senté a su lado y, limpiándolo, le pregunté:.

-¿Te enseñó Laura a comer unas tetas?

El seminarista me respondió:

-No, ella y yo no follamos, me dijo que para desvirgamientos y sexo anal eras tú la experta.

-¿Eres maricón?

-No sé.

-Ya veo, quieres probar un coño y un culo para comparar y quieres que te enseñe a hacerlo.

-Sí, eso es lo que quiero.

-El cliente manda. Empezaré por lo básico.

Lamí su cuello y su oreja, por un lado, luego por el otro, después lo besé con lengua, más tarde besé sus pezones, lamí de abajo a arriba los pezones y las areolas y se las chupé, luego le agarré la polla, que ya estaba dura de nuevo, le lamí y le chupé las pelotas y después se la mamé. Luego me eché boca arriba sobre la cama, me abrí de piernas, flexioné las rodillas y pasando un dedo entre mis labios mojados, le dije:

-Lame aquí, de abajo a arriba.

Lamió, pero no entonó. Abrí el coño con dos dedos de la mano derecha, puse uno sobre el clítoris y le dije:

-Cada vez que llegues arriba párate un poco y lame y chupa este botoncito.

Empezó a entonar. Luego le dije que metiera y sacara la lengua de mi vagina cada vez que iba subiendo. Poco más tarde si no lo mando parar ya me corro. A mí me gusta disfrutar lo máximo posible, por eso le dije:

-Ahora hazme el resto de lo que te enseñé a hacer.

Besó, lamió y chupó mis pezones y mis areolas y amasó mis tetas, sin yo decirle que lo hiciera. Luego me lamió el cuello y las orejas. Después lo hice volver al coño. Me lo comió tal y como le había enseñado. A punto de correrme. Le cogí una mano, le estiré el dedo medio de la mano derecha, se lo chupé y le dije:

-Métemelo y sigue comiendo mi coño si quieres ver como se corre una mujer.

Mi idea era que me lo metiera en la vagina y me lamiera y me chupara el clítoris, y el clítoris me lamió y me chupó, pero el dedo me lo metió en el culo. Vio cómo me corría, pero no vio correrse a una mujer, vio correrse a la loca que llevo dentro cuando tengo un orgasmo salvaje.

Ahora os confesaré un secreto. Tengo un defecto que muchos hombres ven como una virtud, y es que después de correrme por primera vez, necesito correrme dos o tres veces más. 

No perdí el tiempo, me senté encima del seminarista. Cogí su polla, la froté en el coño y su polla probó coño por primera vez. Lo follé con dulzura y le di las tetas a mamar, bueno, a veces, pues otras le aplastaba la cara con ellas y le decía:

-Te voy a ahogar, curita -le decía esa y otras lindezas.

Aplastándole la cara con mis tetas, se corrió como un pajarito. Lo follé más aprisa para que la polla no perdiese cuerpo, y no lo perdió. Al rato, en posición vertical, frotando mi clítoris contra su pelvis y magreando mis tetas le di una paliza a su polla que no se volvió a correr porque me corrí yo antes y no le di tiempo.

A acabar me puse a cuatro patas y volví a darle instrucciones.

-Separa mis nalgas con las dos manos y lame mi ojete.

Hizo lo que le había dicho.

-Ahora lame y mete y saca la lengua del ojete.

Lo hizo tan bien que el ojete me acabó pidiendo su polla a gritos.

-Agarra mis tetas y clávamela en el culo.

Me la metió lentamente, no sabía si para no hacerme daño, o para no hacerse daño él. El caso fue que lentamente me la clavó y lentamente me folló. Mientras magreaba mis tetas, le pregunté:

-¿Te gusta más por el coño o por el culo?

-No sé, cada cosa tiene su encanto, lo que si sé es que me gustas tú.

Sus palabras me hincharon cómo se hincha un pez globo, y no debía, ya que me estaba dando por el culo, pero supongo que el ego es así. Le dije:

-Dame a romper.

Me folló como si fuese el último polvo de su vida. Yo metí dos dedos dentro del coño y me di dedo. Al rato, el seminarista, al correrse, me apretó tanto los pezones que chillé. Chillé con el dolor y con el placer que recorrió mi cuerpo, pues el dolor me había provocado un orgasmo brutal.

Ya pasaba de la hora que habíamos acordado, pero el seminarista quería más coño, y cómo metió su cabeza entre mis piernas, pues dejé que me lamiera la corrida del coño, y luego no le iba a decir que parase, sería una descortesía por mi parte. Yo soy muy respetuosa cuando me quieren hacer correr. Le dije:

-Tienes cinco minutos extras, aprovéchalos.

Al volver a comerme el coño no lo hizo como yo le había enseñado, sino que me metió tres dedos dentro del coño y haciéndome el "ven aquí" me masturbó. Me masturbó al tiempo que lamía el glande de mi clítoris con la punta de la lengua. El seminarista me había engañado, ya había follado antes, pero no era el momento de decírselo, era el momento de gozar. Pasaron cinco minutos... Pasaron diez, y seguía dándome placer. Cuando sentí que me iba a correr, se lo dije:

-Si sigues me corro.

No siguió, me frotó la polla en los labios vagiales, luego la frotó en la entrada de la vagina, y a continuación me la metió de un trallazo. Le eché las manos al cuello, lo atraje hacia mí y le comí la boca. Me folló con tal velocidad que ni diez segundos tardé en correrme. Corriéndome, le clavé las uñas en el culo. Le arañé la espalda... Lo dejé marcado. Él me dejó el coño lleno de leche.

Aquel seminarista haría un buen cura. Sabría qué hacer con sus feligresas.

Quique.

 

 

 

 



   
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nyctidromus
(@nyctidromus)
Miembro Erótico Autor
Registrado: hace 5 años
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@quique que buen relato tío 


scripsit nyctidromus

sanguine et pulvis
n****@gmail.com


   
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