LIBRO 3. EPÍLOGO: LIBERACIÓN. CAPÍTULO V.
día 12 - 26.07.2012 - Carlos
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* ESTE RELATO ESTÁ DEDICADO AL CARLOS REAL,
A QUIEN MARÍA Y YO LE ENVIAMOS UN BESO MUY CARIÑOSO E ÍNTIMO*
Nuria salió del agua prácticamente cuando entramos nosotros. Parecía extrañamente distante, de repente. Se tumbó un poco aprovechando los últimos rayos de sol directo en el césped del jardín, aunque seguía haciendo un calor tan atorrante que, para cuando salimos nosotros dos, ella ya estaba casi totalmente seca.
Seca y bellísima, he de decir.
También Pablo pareció darse cuenta de lo subido que tenía el guapo mi novia. Bueno, dicen que cuando estás bien follada… ¿no? Joder, había prometido no volver a pensar en ello, me dije, enfadada. Mi enfado podía tener motivaciones añadidas, la verdad. Pablo había vuelto a ser, otra vez, un niño pequeño y bastante salido, aprovechando sin más los juegos en la piscina para propasarse con su prima. Una prima inusualmente necesitada de que aquellos juegos fueran a más, he de decir… Pero al menos estaba empezando a sentir que podía salir del pozo en el que me había hundido aquella tarde: por fin mi primo volvía a tratarme como a una persona, es más, como a una persona deseable.
Pero tener de nuevo a Nuria delante de nosotras. Jo… qué voy a decir yo, si a mí también se me hizo el chirri pepsicola de verla así de bella. Traté de tomar la iniciativa, antes de que cayéramos en la indolencia sexual recurrente de aquel extraño día, y les dije que deberíamos ir a la cocina a terminar de preparar la cena y empezar a llevar cosas al porche, porque María debía de estar a punto de llegar de vuelta.
- Y, por lo menos yo, estoy muerta de hambre – les dije.
- Sin duda – confirmó Nuria, demasiado seria – Yo soy capaz de cenar por 10 hoy… ¿mucho ejercicio, verdad, Pablito? – terminó, pasándole una mano cariñosamente a mi primo por el pelo mojado.
- Jopé, sí… - dijo él, divertido, sin acusar el puñal que parecía haberme lanzado ella. ¿O simplemente estaba volviendo a intentar enredarle en sus redes? En cualquier caso, no parecía haberle gustado que él y yo hubiéramos retomado nuestra normalmente fluida relación.
Pasamos adentro de la casa, sin preocuparnos porque Pablo y yo fuéramos goteando agua de la piscina sobre el suelo de piedra. En realidad, casi teníamos el cuerpo seco ya, salvo el pelo y, bueno, lo que venía siendo la ropa interior que llevábamos a modo de bañadores, en este caso unas braguitas blancas de tira bastante normalitas, aunque mojadas como estaban nos trasparentaban todo, lo que en el caso de mi primo era todavía más notable. Y peligroso, claro. Si había tenido dudas de por qué él me había pedido que le dejara unas bragas, allí tenía la respuesta. Apenas su polla dejó de sentir el frío del agua de la piscina a su alrededor, y recuperó la exageradamente cálida temperatura ambiental, empezó a expandirse nuevamente y, sin llegar para nada a ponerse ni siquiera morcillona, pronto se hizo perfectamente visible, llenando el triángulo delantero de mis bragas en su cuerpo con una nitidez y perfección que casi parecía ir desnudo con la pija pintada de blanco. He de decir que mis braguitas le hacían un culo precioso también, por cierto. Luego estaba Nurita, que llevaba mi pequeño tanguita blanco, aquello ya, era otra liga. Aquella mínima prenda destacando sobre su cuerpo moreno, con su piel brillante y lustrosa, de un marrón chocolate insoportablemente apetecible… Para cuando entramos en la casa, ella ya se había abrazado a mi primo otra vez, y no paraba de frotar su cuerpo contra la banca piel lechosa de él. La tira del tanga mojado le había desaparecido entre sus poderosas nalgas negras, y Pablo había apoyado allí su mano, acariciándole el culo a mi amiga con total naturalidad. A ella ni siquiera pareció molestarle cuando él empezó a separarle la raja con el dedo, y eso que los labios de camello que se le marcaban por la parte delantera del tanguita evidenciaban una más que evidente excitación. Pero aquello solo sirvió para lanzarla más, y en la cocina estuvieron otra vez venga a caricias, piropitos y besuqueos, y además ni siquiera conseguí que me echaran una mano para terminar de preparar todo. Y mira que lo intenté… más que nada para ver si conseguía separarlos, pero todos mis intentos fueron en vano.
Al final, solo fui capaz de que me hicieran caso cuando les pedí ayuda para ir llevando las cosas al porche. Decidí tratar de tomarme aquello con calma, porque estaba claro que iba a tener para rato, y temía ya hasta lo que podía terminar pasando aquella noche… Aunque, en todo caso, ver correr un poco el aire entre ellos, aunque fuera solo mientras poníamos la mesa, tampoco estaba mal.
Reconozco que yo seguía demasiado alterada, pero también era porque me estaba costando demasiado gestionar lo de haberme quedado a solas con ellos dos. Y era absurdo, además, porque estaba realmente en mi mejor momento con Nuria, y el ratito de la piscina con Pablo y la conversación de antes con él me tenía que haber dejado claro que, en realidad, nada había cambiado entre nosotros. Afortunadamente, si el problema era únicamente estar con ellos a solas, estaban a punto de llegar los refuerzos. Que, ciertamente, si había allí un problema no es que fuera en realidad aquel, pero lo cierto era que yo lo veía así, de manera que ver aparecer a María en el porche, recién llegada de la calle y tras subir del garaje y atravesar el salón, fue una sorpresa para todos, y especialmente agradable para mí.
- ¡¡Mer!! – grité, llena de felcidad.
- ¡Hola, preciosos! Pero… ¡quéééé biennnn! Uy, qué increíble
encontraros así, ¿no? Jejejeje… tan limpitos y con la cena a punto, además… ¡y más teniendo en cuenta cómo os dejé!
- Tampoco te has perdido nada, no creas… - me apresuré a aclarar, sin que nadie me hubiera pedido explicación alguna.
- ¿No? – rió, mirando el paquete exageradamente marcado de Pablo, cada vez más incontenible dentro de aquellas braguitas tan finas y delicadas. Se pasó sin disimulo la lengua por los labios mientras se la miraba, absolutamente a punto de reventar mis bragas. – Pues cualquiera lo diría…
- Pues ya ves – la corté – jueguecitos hemos tenido, claro… bueno, ya nos viste… pero en realidad luego hemos acabado en la piscina varias veces, ha hecho un calor…
- Ya, eso sí… - me respondió, algo extrañada, mirando a Nuria y a Pablo como tratando de obtener más información.
Sin embargo, ellos dos no podían demostrar mayor indiferencia respecto a lo que hubiera podido pasar aquella tarde. Nuria estaba terminando de colocar platos y cubiertos sobre la mesa del porche. Pablo, por su parte, se había separado de ella rápidamente, cosa que había motivado aquel retraimiento momentáneo de Nur, y él ahora miraba a María con lascivia, indiferente también a la tarea de disponer la comida y las cosas de la cena. Ciertamente, no era Pablo el único que resultaba sexualmente excesivo en aquel momento, aunque obviáramos la desnudez casi total de una Nuria exageradamente bella aquella noche, y hasta la mía, apenas oculta por unas braguitas como las que llevaba Pablo, y con mis peras considerablemente hinchadas por la excitación permanente, y otra vez con los pezones disparados como dos cohetes.
Pero es que Meri… ufffff. Si recordáis, os dije que se había ido al ginecólogo vestida sola con aquel vestidito mínimo, clarito casi blanco, escotado y con unos tirantitos súper finos, una falda casi por la cintura y sin absolutamente nada debajo. Vamos, que si cuando se fue ya estaba de infarto, ahora… Joder, a ver cómo os lo explico. Es que la tía venía como si la hubieran violado quince tipos en un callejón. El pelo revuelto, desastrosamente recogido con aquella pinza con la que se lo había colocado tan primorosamente antes de irse, sudada de arriba abajo, con la cara brillante y goterones turbios resbalando por sus axilas y su canalillo, y aquella humedad corporal que hacía además que el fino vestido se le estuviese pegando del todo al cuerpo, coño, que tenía la faldita medio trepada por sus caderas, ¡que le faltaba un milímetro para que se le viera el chocho por debajo sin necesidad de agacharse! Uno de los tirantes del vestido le había resbalado por su hombro, moreno y delicado, además, lo que con la amplitud del escote había dado como resultado que llevara un seno prácticamente por fuera. La puta Libertad guiando al Pueblo… y recalco lo de puta. Y todo esto, por no hablar de las manchas… En fin, llevaba la tela de su vestido muy arrugada y con aspecto sobado, pero es que además lucía tres o cuatro lamparones, oscuros todavía, aunque empezando a secarse con unos rodelones de sequedad blanquecina en torno al núcleo aún mojado de… lo que fuera, que mucho me temía lo que era. Y no solo aquello: también su carita, su pecho, y ¡hasta por sus muslos! se le notaban manchas pegajosas súbitamente resecas, que habían dejado restregones cuarteados sobre su cuerpo, como una especie de doble piel que se le estuviera despegando. Coño, que vale que se hubiera ido dispuesta a todo para conseguir sacarle a aquel tipo unas cuantas pastillas abortivas de esas del día después, pero… Mi mente empezaba a procesar, en realidad recordaba que Mer me había hablado ya alguna vez de aquel cerdo, supuestamente un viejo amigo de su padre pero con el que ya alguna vez ella había llegado a acostarse o lo que fuera, no recuerdo ahora a cambio de qué. Bueno, tampoco me iba a parecer mal aquello, claro está, pero… leches, ya se podía haber limpiado un poco después de… ¿no?
Con razón mi primito la estaba mirando con los ojos fuera de las órbitas. Con ese mini vestido, enseñando una teta y casi el coño, sucia de restos de lefa por todo el cuerpo… parecía una puta, desde luego. Como poco. Y era tan evidente que iba desnuda debajo....
- Bueno, es que como os vi tan lanzados cuando me fuir, pensaba que… - Mer dirigió ansiosa su mirada hacia mí, sin dejar de sonreír, aparentemente indiferente al crudo efecto que estaba causando su imagen en nosotros. Aquella mirada parecía estar deseando que le confirmara que me había pasado por fin a mi primo por la piedra. Ay, Meri, si tú supieras… me dije.
- Pues ya ves, que tampoco ha sido la cosa para tanto, nena… ni mucho menos. – Le escupió Nuria, con aire chulesco. – Justo tú lo vas a decir, zorra, pensé para mis adentros.
- Bueno, bueno, yo solo preguntaba, Nur… - contestó María, extrañada por el tono de Nurita.
- ¿Qué te ha dicho el ginecólogo? – le disparó mi primo. Mer se quedó de piedra, y nos miró, a las dos. Le había pillado por sopresa que le hubiéramos dicho a Pablo dónde había estado.
- ¿Por fin te lo has trajinado, no? – volvió a golpear Nuria.
- Nur… - traté de protestar yo. No sabía dónde iba mi novia, pero aquella actitud suya me daba miedo.
- No, si no sé ni para qué te pregunto – rió con tono cínico – si no ha más que verte, tía.
Meri se puso roja de golpe, pero no aquello tampoco la hizo molestarse en recomponer su vestido, ni su imagen en general. Pablo tenía toda su atención puesta en ella, la polla más hinchada cada vez, los labios abiertos como si fuera a preguntar…
- Mira, Nuria... lo siento, aquí estaba subiendo demasiado la temperatura, y yo necesitaba algo muy claro, muy concreto. Algo que aquí no iba a poder tener... – dijo, mirando sin cortarse un pelo el rabo hinchado de Pablo encerrado en aquellas braguitas mías. - por lo menos de momento – siguió, esta vez girando la cabeza hacia mí - a pesar de tener buen material... – bajó la cabeza mientras decía aquellas últimas palabras.
Cuando terminó de hablar, la tensión era absoluta. Yo me había acercado a ella mientras soltaba todo aquello por la boca, así que sin pensar me puse a reír a carcajadas, y le planté un beso en la boca.
- Tampoco tienes que explicarnos nada, Meri, si a todos aquí nos gusta follar… - mi novia volvió a hundir el dedo en la llaga, empezando a remover, además, en terreno prohibido. Pablo se revolvió, nervioso, como queriendo decirle algo a Nuria. – así que nos parece genial que lo hayas hecho… y más de una vez, por lo que parece – añadió, señalando las evidentes manchas que cubrían el cuerpo de María – que tienes lefa hasta en el carnet de identidad, tía, ¡jajajajaja! Bueno, eso suponiendo que lo llevaras, porque yendo así está claro que como no te lo hubieras metido en coño… ¡jajajajaja!
- Joder, Nuria, ya te vale – le dije por fin, molesta. Mer y Pablo la miraban, compungidos pero incapaces de detenerla. Estaba claro que yo era la única con capacidad para hacerlo, aunque lo cierto es que cuando Nur se pone así, no hay quien la pare.
- Tranqui, tranqui, si solo era una broma… ¿Le habrás asacado bien de pastillitas al menos, no?
- Sí – contestó Mer, secamente – tú por eso no te preocupes.
- Pues de eso se trataba. Bien hecho – le dijo, dándole una amistosa palmada en su hombro desnudo, como para tratar de relajar la tensión. – Ah, por cierto… que aquí mi amor dice que no, pero que sí que ha pasado algo gordo esta tarde… - Pablo se puso en tensión al escuchar aquello, mientras que yo sentí que me faltaba el aire – Lau y yo estamos saliendo – tuve que disimular que mi vida se hacía añicos como si sus palabras me hubieran golpeado con toda su fuerza, aunque agradecí que Nuria no hubiera dicho más que aquello.
- Ya lo sabía, Nuria – consiguió susurrar Mer con la boca seca.
- ¿Pero de verdad que te has follado al médico? – soltó de repente Pablo, sin venir a cuento. Mi primito, como siempre, a lo suyo. Como si hubiera pasado un ángel, el ambiente pareció perder espesor.
- Anda, preciosa, pasa de esta idiota y ayúdeme a terminar en la cocina, que ya esta la cena casi lista – me apresuré a decir para sacarla de allí cuanto antes. Quería hablar con ella a solas, además.
- Vale, sí… lo único, déjame que me ponga cómoda yo también, que vengo acalorada… - dijo, subiéndose con gesto tímido el tirante caído de su vestido, mientras se metía despreocupadamente el pecho dentro del escote – aunque veo que toca otra vez llevar braguitas, qué mal, porque muero de calor...
- Y lávate un poco – escuché susurrar a Nur. Afortunadamente, ni Pablo ni María parecían haberla oído.
Pero me había equivocado: María sí que la había escuchado. Su respuesta fue, sencillamente, mágica: agarró su vestido desde abajo, y se lo quitó con elegancia por la cabeza, quedándose en bolas en cuestión de un abrir y cerrar de ojos. Por supuesto que ninguno de nosotros esperaba ver aparecer allí unas bragas, pero aún así la visión de su cuerpo desnudo nos resultó impactante a los tres. De alguna manera se le nota que acaba de mantener sexo, y sexo del bueno, además. Saltaba a la vista que venía sucia, sucia de restos de semen y todo tipo de fluidos corporales; llevábamos dos semanas regándonos con ese tipo de flujos entre nosotros, por lo que el efecto su rastro sobre la piel era algo que teníamos bastante metido en la cabeza aquellos días. Pero, es que más allá de eso, Meri venía brillante, tersa, resplandeciente, y no solamente de sudor. Su coño se veía abierto aún, hermoso y salvaje, natural, deseable y lleno de un hambre voraz.
- Ya, tienes razón tía, que no es solo la lefa… pero, es que entre los polvos y este calor… - le lanzó a la cara a Nurita, con esa expresión de niñita inocente que Meri siempre ha dominado tan bien.
Mi primo estaba babeando mirándola, con una cara de salido casi preocupante. Su polla, bueno, imaginaréis cómo estaba aquello dentro de sus gayumbos… joder con Mer. Pero lo preocupante no era él, claro, sino mi novia, a quien la respuesta a sus borderíos parecía no haberle gustado mucho. Nur E parecía más que molesta. Cuando me quise dar cuenta, estaba cada una yendo en dirección contraria, Meri casi a la carrera atravesando el jardín, hacia su habitación, mientras que Nur se dio la vuelta y, rodeando la mesa del porche, avanzó hacia las sombras del salón. Pablo me miró dudando un momento, pero en seguida se apresuró a ir detrás de mi novia. No estoy del todo segura, pero sí casi convencida de que ella le había susurrado algo al pasar junto a él. Me llevaban los demonios con aquella actitud de Nuria, pero, aún temiendo lo peor, decidí que era mejor ir detrás de María por aquella vez. Quería asegurarme de que no se iba a tomar mal que yo me hubiera decidido por nuestra amiga después de tanto tiempo dudando…
Meri había hecho una pasada tan fugaz por la ducha, que cuando llegué ya estaba secándose con una toalla en medio de su habitación. Sin mirarme casi, terminó aquella operación y se calzó unas bragas negras, pequeñas pero bastante sobrias, para mi sorpresa. No se puso nada más, por supuesto.
- ¿Estás bien, Meri?
- Tranquila, preciosa… si ya conocemos las dos de sobra a Nurita… pese a todo, entiendo perfectamente que tú… - empezó a decir. No le di oportunidad de terminar la frase, porque de repente me vi pegándole un emocionado morreo de agradecimiento por su comprensión.
- ¡Ay Meri, Meri! ¡Qué alegría me da saber que no te sientes mal por eso!
- Si es que es verdad, Lauri, si ya lo sabía…
- Pero no podías saberlo, si ni yo misma…
- Lau, de verdad, y tú lo sabes… hay cosas que se notan.
No quise seguir dando vueltas a aquello, porque no necesitaba saber más que lo que ya me había dicho y demostrado. La volví a besar, porque estaba con aquella belleza lujuriosa pegada al cuerpo que la hacía resultar irresistible a la vista.
- Joder, Mer… estás muy caliente, todavía – le dije, realmente alucinada. La ducha que se había dado había sido cortísima, es cierto, pero su piel tenía una temperatura elevadísima.
- Jejejejeje… es que… ¡creo que me ha merecido la pena la visita al ginecólogo, preciosa! – me dijo con una de aquellas enormes sonrisas suyas.
- Joder, ¡pero cuenta, guarra! No entiendo, ¿no has dicho siempre que ese tipo era un asqueroso?
- Sí, bueno, ya sabes… os he hablado más veces de él, es cierto, en fin, es el típico señor mayor que se cree el no va más, que siempre ha tenido dinero y poder y se ha aprovechado de ello en todo momento.
- Ufff… a mí es que me ponen los señores mayores, Meri, ya lo sabes…
- A ti te pone todo el mundo, so putón – me respondió entre risas – y también te gusta que ese tipo de hombres salidos te metan mano sin venir a cuento…
- Es verdad, ahora recuerdo que nos habías contado que te había empezado a sobar todo y a meterte los dedos hasta el alma la primera vez que fuiste a una revisión con él.
- Sí, y a mí nunca se me olvidará cómo tú contaste casi como si fuera lo más emocionante que te ha pasado nunca cómo a ti te había llegado a follar un ginecólogo viejales en una situación parecida.
- ¡Ay sí, pobre! Se puso tan a mil que pensé que le daba un infarto…
- Joder, Lau, es que no consigo entender que te pueda gustar realmente algo así…
- No sé, tía, supongo que me da morbo.
- Pues a mí me dio un asco infinito, me sentí fatal.
- ¿Pero también porque es amigo de toda la vida de tu padre, no?
- Bueno, también – me admitió – pero lo he pasado fatal siempre, en situaciones similares. Tú no, tú siempre te dejas hacer de todo, y encima disfrutas.
- Oye, que Nurita también es bastante así, eh…
- Ya, vaya dos… por eso, dios las cría y ellas se juntan, si está claro – reímos las dos.
- Será deformación profesional – le dije, guiñándole un ojo.
- Desde luego que sois un buen par de zorras, sí, si te refieres a eso – me siguió – pero es que, además, tú siempre vuelves luego a por más, Lau. Que eso ni Nur, tía, que parece que te gusta que te violen…
- No sé, me pone que me quieran follar, tía, qué le voy a hacer. Pero, además, tú con este tipo has vuelto también más veces…
- Ya, Lau, pero es que me tuve que comer mi orgullo cuando me quedé embarazada del mierda de Javito, y resulta que ese médico era mi única manera fácil de conseguir la puta pastillita.
- Jijijiji, no me acordaba de aquello, qué fuerte tía… si yo pensaba que Javito era estéril, la verdad, hemos acabado tantas noches de fiesta haciéndolo a pelo con él que…
- Pues ya ves, para nada, será pichacorta, pero más te vale ir con cuidado.
- Si es que yo no sé por qué nos dio por no tomar la píldora en aquella época, tía. Pero oye, entonces tengo yo razón, volviste a por más con el ginecólogo…
- Que sí, preciosa. Pero que ha sido algo excepcional, totalmente. Cuando me han pasado cosas así otras veces, de que me toquen o me violen conocidos sin mi permiso, o desconocidos, jamás he vuelto por ahí, ni loca. Tú vuelves siempre, ¡guarra!
- Ya, no sé… es tan excitante… Entonces fuiste solo porque necesitabas la pastilla.
- Pues sí. Y no veas qué ascazo, tía. La primera vez ya me miró sonriendo con una cara de salido prepotente que me dieron ganas de vomitar, pero entendí que me iba a hacer llegar hasta el final.
- Te salió cara la pastilla, vamos.
- Tal cual. Mamada y dos polvos.
- Joder. Cotizas barato, nena… jijiji – me reí.
- Qué comentario más de Nur te ha quedado, preciosa, jejeje…
- Bueno, para que veas que todas somos un poco putas cuando hace falta… ¿y a que no fue para tanto?
- Sí lo fue, Lau. Te digo que para mí esas cosas…
- Pues sería para tanto, pero después de aquello has repetido más veces, ¿no?
- Joder, sí. Y cada vez se aprovechaba más. Que me ha hecho de todo ese tipo, Lau, le he tenido que dejar tocarme entera, comerme el chocho, no sé, todo.
- ¿Culo también?
- Sí, claro, todo. Y varias veces.
- Bueno, pues ni tan mal. Que te quiten lo bailado – traté de quitarle hierro a aquello, porque se estaba poniendo seria.
- Lau, tía, que es amigo de mi padre de siempre, que le conozco desde pequeña…
- Pero… ¿había intentado antes…? – pregunté, dudando si avanzar por aquel camino.
- Sí. Bueno, no sé. La verdad que ya sabes que de niña vivía en mi mundo, y que todavía sigo siendo demasiado inocente para todo…
- Ya, y más para el sexo - reí.
- Pues eso… - me contestó, seria.
- Bueno, cuando quieres ¿eh? Que conste. Porque cuando te pones, nos das mil vueltas.
- Bueno, claro. Que una aprende, preciosa… y más de estas cosas…
- No, si práctica no te falta – le sonreí. – Oye, pero entonces… ¿por qué has vuelto tan contenta y bien follada, si no te mola lo más mínimo este hombre?
- Pues… ¡es que no ha sido el único!
- ¡¡¡¿¿QUÉÉÉ??!!! – pregunté, asombrada. –Pero ¿cómo? ¡Cuenta, cuenta!
- A ver, el cerdo este, cuando me vio aparecer con ese vestidito y tal, ya supo que iba a lo que iba.
- Ya, normal.
- Bueno, qué te voy a decir, yo quería acabar pronto hoy, y volverme aquí con vosotros, así que había decidido no andarme con rodeos.
- Bien.
- Y, bueno, no sé si sería el calor o qué, pero el tipo no parecía hoy demasiado dispuesto a aprovecharse de mí como otras veces.
- ¿Pero…?
- Sí, sí. Tranquila, Lau, me folló, eso seguro. Me empezó a besuquear y manosear en cuanto llegué, y me hizo desnudarle y mamarle hasta ponérsela dura. Pero luego, él estaba sudando como un pollo, como algo congestionado. No sé, me pegó un polvo rápido, y ya no quiso seguir.
- Bueno, mejor para ti.
- Pues sí. Porque, además, te diré que es la primera vez que disfruto con él.
- ¿Ah, sí? ¿Te corriste…?
- Como una perrita, Lau.
- Joder.
- Nah, creo que es porque salí de aquí muy cachonda. Y excitada por todas partes, no sé, él no paraba de decir que iba muy abierta, que nunca había visto un culo así, bueno, debió notar que iba salida y que, además, me habían estado dando fuerte justo antes de ir allí. Total, que no sé si le dio asco pensar que iba recién follada, o que lo que le pone de verdad es humillar a las chicas que van a su consulta, que a mí nunca me había visto disfrutando y aquello pues no le va… así que nada, me la metió, me corrí, se me corrió dentro y chimpún.
- ¡Pastillita! - reí.
- Sí, tal cual.
- ¿Solo una? – pregunté, alarmada. Meri iba con la intención de pillar reservas… estaba claro que quería tenerlas para poder acostarse también con mi primo Pablo.
- Bueno, no. Pero una mierda, tía. El pavo me sacó una caja y me hizo irme mientras él se iba a duchar. Yo me vestí y la cogí sin mirar. Decidí que ya me lavaría al llegar aquí, tenía lo que quería y unas ganas tremendas de salir de allí.
- Pues oye, genial – le dije, algo aburrida, pensando que ya había terminado de contar su historia.
- La putada fue cuando miré la cajita, al salir de su despacho.
- ¿Por qué?
- Pues porque no tenía más que tres pastillas, tía. Yo que quería quitarme de líos por una temporada.
- ¡Qué cabrón! – le dije, sin acabar de entender qué problema tenía en volver más veces y dejarse follar para conseguir más.
- Pues sí, porque no habíamos quedado en eso. – Conocía aquella mirada de Mer… evidentemente, no se había quedado quieta después de descubrir el engaño.
- A ver, ¿qué hiciste?
- Pues, aprovechando que el cerdo este siempre me hace ir a estas horas, cuando ya ha terminado de pasar consulta, y se han ido la enfermera y la secretaria…
- Seguro que se las trajina, también.
- Lau…
- Lo siento, jijiji, ¡sigue!
- Pues eso, cuando me di cuenta volví para atrás, dispuesta a meterme en su despacho y buscar otra caja de estas, porque sabía que él ya no estaba allí.
- ¿Y…?
- Y que, bueno, ¿no sé si te dije que tiene la consulta en su casa?
- ¡Apareció su mujer!
- Qué va… mejor, ¡su hijo!
- ¡Noooooo! – dije entre carcajadas.
- ¡Pues sí! – respondió ella, riendo.
- ¿Te lo follaste? – no daba crédito, porque en el fondo habría sido también obligada para sacarle más pastillas. Además, que el médico debía ser bastante mayor, así que el hijo debía tener bastante más años que nosotras, y a María jamás le habían gustado tan mayores.
- A ver, a ver, sí. Pero no tan rápido, ¡déjame explicarte!
- ¡Dale! - Le apremié.
- Vamos a ver… Lo primero, dejar claro que me pilló por sorpresa…
- Ya, ya… - me metí con ella –eso seguro…
- En serio, preciosa… quiero decir… joder, ¡era un crío!
- ¿Un crío? Pero… ¿no es tan mayor el ginecólogo? Decías que debe tener bastante más que tu padre, ¿no?
- Sí, sí… pero por lo visto este hijo fue uno de esos despistes que les llegó descolgados y sin esperarlo.
- Anda, mira el ginecólogo – reí – en casa del herrero…
- Sí, ¡polla de palo! – me siguió mi amiga.
- ¿Pero cuántos años…?
- Años no sé, tía, me contó que está trabajando en un hospital, y estudiando oposiciones…
- Ah, mayor entonces, ¿no?
- No, no. Qué va. En el hospital le enchufó su padre, anda como de celador o algo así. Para mí que debe tener dieciocho justo, o poquito más, tía.
- Joder… un jovencito, mmmmm… - me relamí. Bueno, no era yo ni mucho menos la única que tenía vicio con los chicos jóvenes. De hecho, Meri siempre ha sido mucho más fetichista para eso, muy de yogurines, y lo sigue siendo.
- ¡Y tanto, Lau! Es que… es que no era solo la edad, tía, uffff, tiene un cuerpo de joven… ¡joder, que no veas qué culito!
- ¿Se lo comiste?
- Sí, sí, claro… y le metí los dedos y todo… el muy cerdo me contaba que tiene una fantasía con un amigo suyo, y que no le importaría probar… ¡jejejeje! ¡Me ha dicho que podíamos hacer un trío algún día, que le encantaría ver cómo se la como a su amigo mientras él me empotra por detrás!
- ¡Te habrá faltado tiempo para decirle que sí!
- Ahhhh… - respondió, misteriosa – eso habrá que verlo… de momento nos hemos dado los teléfonos y…
- ¡¡Tía!! ¿De verdad?
- ¡Sí! – contestó, emocionada.
- ¡Pero cuenta más! ¿Cómo pasó? ¿Cómo se llama él? ¿Y cómo es?
- Tranqui, tranqui, preciosa… que yo te cuento, pero de una en una. A ver, se llama Carlos.
- Anda, ¡como mi primo! – le dije, pensando en el hermano mayor de Pablo.
- Pues sí, tía, tal cual. Es que no debe de ser mucho mayor. Y, sin embargo, casi se parece más a Pablo…
- ¿A Pablo?
- Sí, preciosa… bueno, tiene algo más de cuerpo, claro, más adulto, pero ¡¡es tan joven!! Y no sé, tiene una carita de niño, además…
- ¿Ah, sí?
- ¡Sí! De niño salido, además…
- ¡Jijijiji! – por algún motivo, pensar en ese chico me hacía sentirme tan excitada como la propia María. Era como si, a pesar de no conocerle, ya me estuviera dando un morbo increíble.
- En serio, tiene una cara de vicio tremenda, y es súper guarro, a ti te encnataría.
- Ufffff… suena genial – concedí.
- Ya. Pues porque no le has visto la polla, además…
- ¡Qué dices!
- ¡Totaaaal, Lauriiii! ¡Joder! ¡Qué pollón, tía!
- Uffffff…
- Pero de las que te gustan a ti,preciosa…
- ¿En serio?
- Lau, ¡tiene la polla de tu primo Pablo!
- ¡No!
- ¡Te-lo-ju-ro! – me confirmó Mer, marcando cada una de las sílabas de aquella frase. – Y no es que esté obsesionada con la polla de tu primo, pero lo estoy. A ver, este chico igual la tiene un poco menos larga, pero muy poco, pero es que por todo lo demás ¡es casi exactamente igual!
- ¿Pero la tiene así de dura? – María conocía muy bien, ya entonces, mi obsesión por la dureza de las pollas, algo que me atraía como nada desde que conocí la polla de Guille, mi cuñado, y entendí que lo verdaderamente excitante para una mujer (o, al menos, para mí), no era el tamaño en sí, entendido como longitud total del pene, sino más bien el grosor y, sobre todo, la dureza, esa cualidad sobrenatural que era la que te garantizaba gozar como una perra desde el mismo momento que la tocabas o la comías, porque no existe un tacto comparable a una polla caliente y dura, dura de verdad, y ninguna polla como esas te va a abrir y te va a follar hasta hacerte ver las estrellas.
- Que sí, Laura. Como Pablo. ¡Como Guille! – María sabía bien lo que se decía, conocía por experiencia propia la polla de mi cuñado y había sabido disfrutar de ella igual que lo había hecho yo. – Bueno, no tan gorda como Guille, claro…
- Como la de Pablo, entonces.
- Que sí, tía. Y casi igual de bonita. Tiene un capullo enorme, y riquísimo, así como alargado, y se le pone todo rojo cuando está a punto de correrse…
- Uffff… - yo me estaba mojando de solo imaginármelo - ¿pero la lleva peluda también?
- Bueno, bueno, ¡te encantaría, tía! Menudo matojo, negro, largo y espeso… ¡puaj! – me explicó, riendo. Meri, por el contrario a mí, nunca había sido nada de pelo.
- ¡Muero de amor! – confesé.
- ¡Y cómo folla!
- ¡Puta! – la insulté, con envidia real – Pero entonces, ¿cómo fue?
- Pues eso, que me pilló entrando en la consulta, me llamó, y yo no tenía por dónde escapar, así que le seguí la corriente. Me empezó a decir nada más verme que sabía a qué había ido allí, y que no tenía que acostarme con el cerdo de su padre si quería conseguir pastillas, que él tenía varios botes y no le importaba darme uno.
- ¿Pero te pidió sexo a cambio?
- Bueno, no directamente. O sí, no sé. Lo cierto es que estaba claro lo que buscaba él, pero la verdad es que acabamos yendo por la directa.
- Cómo se te nota cuando quieres tema, Mer.
- Bien que me conoces, preciosa, jejejeje… - rió ella. – Yo en seguida empecé a hacerle todo tipo de preguntas personales sobre él, y dejé que me llevara hasta la otra parte de la casa, donde yo no había estado nunca, y que era donde él tenía una habitación enorme con una especie de salón y como un gimnasio para él solo…
- Están forrados, vaya…
- Bueno, ya sabes los amigos de mi padre…
- Bah, sí – dije, sin querer entrar en aquello. - ¡Sigue, sigue!
- Pues es que tampoco hizo falta mucho más, él me dijo que me podía dar un bote entero de pastillas si quería, pero yo ya me lo estaba queriendo tirar desde antes, porque me estaba mirando con una cara de salido que yo no podía más… no sé, luego me empecé a pegar a él, y él me empezó a sobar, primero por encima del vestido, y yo le besé y le empecé a morrear, y le cogí las manos para que me tocara el cuerpo…
- Joder, Meri… me estoy poniendo cachonda…
- ¿Te apetece…? - me miró ella, expectante.
- Pues te diré que, en realidad, sí… pero nos están esperando, y…
- Ya. – Me contestó, sin poder disimular su decepción.
- Es que, además, me da un poco de miedo dejar a estos dos solos…
- ¿Pero ha pasado algo?
- No, no… - mentí. - Bueno, mucho juego, sí. Cada vez más exagerado, ya sabes… pero no quiero que ahora…
- Ya, ya…
- Jo, pero termina… uffff, de verdad que este Carlos-Pollón me tiene perra, ¿sabes?
- Pues imagina a mí… tía, ¡qué forma de sobarme! Íbamos los dos cachondísimos, una cosa exagerada…
- ¿Se empalmó?
- ¿Qué si se empalmó? Waw… flipo. Es como Pablo, tía… tremendo pollón, y sin embargo fue calentarse y ¡ya me la estaba clavando con toda la ropa aún de por medio! Iba con una camiseta y una especie de chándal, no sé, si casi parecía un pijama, el caso es que en cuestión de segundos ya había montado tremenda tienda de campaña, Lau, no te imaginas lo que fue – la miré con gesto condescendiente – bueno, claro… ¡Pablo! Sí, sí que te imaginas lo que fue, si estás cansada de verlo… pero lo mejor es que él me estaba sobando y comiendo todo, no veas las ganas que tenía de probarme entera, el pobre, me hablaba de su novia, que debe ser bastante seca con él, por lo que me decía deben follar bastante, pero ella debe ser bastante convencional, en plan oral, follar y poco más, que ni pensar en el culo, por lo visto, y lo peor, que como la tiene tan grande pues parece que ella folla con miedo, porque se queja de que le duele o no sé qué…
- Gilipollas - dije yo, con desprecio.
- Ya te digo.
- Malgastar una polla así.
- La polla y el chico. No veas cómo folla…
- Joder, Meri. ¡Le amo! – reí.
- Te encantaría follarle. Y a él follarte a ti, vamos, le harías un hombre, Lau ¡jejejeje!
- Como si no le hubieras hecho ya un hombre tú… - le contesté, con sincera admiración por su cuerpo y sus dotes sexuales.
- Bueno, ¡sí! ¡Jejejeje! No te lo niego… le obligué a desnudarme, el pobre parecía que flipaba con su suerte, pero ¡qué tío! No se cortaba ni un pelo, al revés.
- ¿No le daba asco que estuvieras recién follada por su padre?
- ¡Al revés! Me decía que le daba morbo que fuera así de caliente, cuando empezó a meterme los dedos en el coño se puso a mil con toda aquella humedad, pero a mil Laura, y yo le decía que era mía pero también lefa de su padre y me empezó a decir que me iba a comer el coño igual, y que iba a flipar porque come el coño muy bien, que como las tías no le dejan follar mucho para que les haga daño ha tenido que comer mucho coño y que le encanta hacerlo y que me quería comer…
- ¡Diossss! ¡Es perfectooooo! – me revolvía de gusto imaginado su boca en mi sexo.
- Pues eso pensé yo…
- ¡A un hombre que hace buenas comidas nunca se le deja! – afirme, gritando y entre risas, antes de que ella jaleara nuestro lema.
- Ya… menos tú, que dejaste a Guille, tontita – me reprochó.
- Mer… - me quejé.
- Ya, ya, ¡lo siento! Sigo, perdona el cometario, preciosa – me concedió, dejando pasar, por aquella vez, nuestra eterna discusión sobre el tema que a mí me daba tanto por culo, porque no le faltaba razón, pero al final yo sabía que no me lo decía por mí sino por ella misma, que estaba que no cagaba por volver a liarse con mi cuñado. – Bah, me puso tan perra el niño ése que acabé tirándome de rodillas, en pelota picada, arrancándole el pantalón y el calzoncillo, que llevaba deformados con la tranca tiesa debajo…
- Uffff… me falta aire, tía…
- El que me faltó a mí cuando me la metí del tirón. Joder, es cierto que te tienen que molar las pollas grandes, porque el tío es muy bruto…
- ¡Es perfecto!
- Sí, para ti sí, puta. Y para mí, claro.
- ¿Hicisteis todo?
- Todo. Sin dejarnos nada. Ay, se notaba que el pobre tenía tantas ganas… debe pasarlo muy mal sin poder follar casi con su novia.
- Zorra – escupí yo.
- Ay, Lau, no seas así.
- No soporto las parejas, Mer. Entiendo lo tuyo con Portu, tía, porque folláis como conejos, y es normal que estéis juntos, que eso guay, y que además os dais total libertad también, o lo de Nuria, que es por mutuo interés compartido, pero es que lo de estar por estar pero no disfrutarlo en realidad…
- Joder, Lauri, que tú no sabes…
- ¡Claro que lo sé, Mer! Si son todos iguales… Bien que le pone los cuernos luego, ¿no?
- Joder, que lo digas tú que has roto un millón de parejas.
- Precisamente por eso. Bueno, da igual. Te reventó la boca, ¿no?
- Me reventó la boca, y luego me tiró al suelo y me hizo la comida del siglo, preciosa…
- Ufffff… ¡qué guay!
- Y luego me levantó, y me empotró, ¡me empotró! Contra la pared… no veas qué animal…
- Te encantaría que lo hiciera…
- Te habría encantado a ti, Lauri. Es tu tipo de polla total. Y sabe usarla…
- Y… ¿luego…?
- ¡¡¡SÍ!!! ¡¡A cuatro patas!
- ¡Joder!
- Bueno, tu novia me había dejado bien abierta, así que le resultó hasta fácil…
- ¿Está bueno?
- A mí me gusta… ¡jejeje! Y creo que a ti te pondría bastante, en serio, tiene esa cara de guarro canallita que te va tanto a ti. ¡¡Y es tan joven!!
- ¿Cuerpazo?
- Nah, ni mucho menos, pero… ¿quién lo quiere?
- Totalmente. ¡Pollazo! – afirmé yo.
- Pues eso. Y el resto, joven, y bastante buen culo, eso sí. Culo peludo, cierto, pero eso a ti hasta te gusta. Tiene cuerpo así como fuerte, cuadradote, no muy alto.
- Joder, Meri, ¡pero eso es la maravilla!
- Que sí, físicamente es mucho más tu tipo que el mío, sin duda.
- Pero te mola…
- Bueno, me puso cachonda nada más empezarme a hablar, esa mirada, esas ganas, no sé… y luego, ya follando…
- ¿Sexualmente es más tu tipo, no?
- Sí. Bruto, muy bruto. Aunque eso a ti también te va. En realidad, es el tipo de empotrador que te pone a ti también…
- Joder, pues habrá que…
- Te aseguro que él feliz…
- A mí no me hacen falta pastillas a cambio, ¿eh? Yo por un poco de pasta ya me ofrezco a aliviar su triste vida sexual ¡jijijiji!
- ¡Qué tonta eres! Mira, me ha dicho que luego me iba a pasar unas fotos, ¡si quieres te las enseño cuando me lleguen!
- Ay, Mer, no sé, pobre chico, tampoco…
- Que no, que le he hablado de ti, y me ha dicho que te las puedo enseñar…
- Ufffff… joder, pues igual le puedes mandar a cambio una de mi coño ahora, para que vea cómo me habéis puesto de caliente…
- ¡Jejejeje! Ay, Lauri… ¿eres o no eres zorra?
- ¡SÍ!
Seguimos riendo un rato, visiblemente excitadas.
- Oye, preciosa… ¿quieres que vayamos a ver a este par de cerditos? Me decías que no te fiabas de…
- ¡Ay, sí! Joder, que te has duchado volando, pero me temo que se nos ha ido el tiempo con la charla.
- Guay, pues vamos, pero… antes, una cosa: ¿te importa no hablarles de Carlos a Pablo y Nuria?
- Bueno, por mí bien, pero… ¿qué problema tienes con Nur? Si siempre os contáis todo.
-No, si no es con ella…
Miré a Meri durante un momento, aunque no me costó entender su petición. Aunque acabar de pegarse el polvo del año con el chaval aquel, seguía cachonda y, sobre todo, seguía obsesionada con mi primo. Ni una auténtica polla de diez le había conseguido quitar de la cabeza el cipote de Pablo. A mí, en cambio, aquel Carlos había conseguido hacerme olvidar, al menos por un momento, a mi primo.
...dicen de mí que tengo buen sabor
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@laualma que cachondo de relato saludos desde Venezuela 🇻🇪 con la verga dura 😘💋
scripsit nyctidromus
sanguine et pulvis
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