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La Libertad III_05: día 05

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laualma
(@laualma)
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LIBRO 3. EPÍLOGO: LIBERACIÓN. CAPÍTULO V.

día 05 - 19.07.2012

 

Soñé toda la noche con él. No hacíamos nada juntos, me limitaba a verle pajearse delante de mí, más o menos a escondidas yo, más o menos oculto él, a veces los dos cara a cara en pleno frenesí masturbatorio, aunque siempre sin hablar, siempre sin tocarnos. Cuando en algún momento que, invariablemente, llegaba antes o después de su orgasmo (porque yo nunca me corría, necesitaba de alguna manera su contacto físico directo para hacerlo, cosa que me desquiciaba completamente), yo intentaba tocarle la polla (o su cuerpo en general, pero es que sólo me interesaba la polla), él salía corriendo y desaparecía. Así una y otra vez, sin poder llegar nunca a tocarle, ni correrme yo siquiera. Si me quedaba mirando, me excitaba muchísimo, pero siempre me faltaba algo.

Por la mañana, cuando desperté, tuve la certeza de que, efectivamente, no me había corrido en toda la noche. Aunque no había sido todo lo consciente que podía, mis amigas me habían dejado seca, bebiendo de mí hasta la saciedad. De alguna manera, mi cuerpo había perdido ese nivel de excitación continuo que había empezando a alcanzar en la larga y fructífera sesión de sexo de aquella noche que, por otra parte, tampoco dejó mayor huella en mí. Todavía tumbada en la cama, junto a los cuerpos desnudos de mis amigas, saqué dos conclusiones de aquellos primeros días con Pablo: la primera, todo lo excitante que tenía estar con mis amigas y amantes, se venía abajo por la presencia inaccesible de él; la segunda, me moría de ganas por estar con él, aunque sabía que era algo que no podía ser. Era paradójico, porque el único obstáculo para estar con él era yo misma. Así que, de aquellas dos conclusiones, saqué una determinación final: me daría un par de días más para reconsiderar mi actitud hacia mi primo. Empezaba a pensar que estaba haciendo una tontería con él, podría haber tenido algún sentido pararle al principio, los tres primero días o, por lo menos, justo después, al menos después del verano... pero le había dado ya demasiado campo, nos habíamos dado demasiado... Eso era ya algo imposible de borrar. Aún así, seguía creyendo que debía mantener mi negativa al sexo vaginal como tal pero, ¿no era demasiado negarle (negarnos, insisto en incluirme...) cualquier otro tipo de contacto? En el fondo lo hacía por miedo a mí misma, él ya sabía que iba a intentar una y otra vez acostarse conmigo, eso no iba a cambiar, lo que me daba miedo era no poder pararle. ¿Realmente merecía la pena? Quiero decir ¿y si finalmente caía, qué? Porque ¿no era más que probable que, simplemente, me muriese de ganas por volver a hacerlo con él? Pero esa una posibilidad que no dejaba de provocarme un enorme malestar, creo que porque suponía constatar la certeza de que mi deseo sexual había pasado finalmente a situarse por encima de mi voluntad, y se ve que yo, por entonces, aún mantenía un importante resto de moral.

 

Unos golpes en la puerta me obligaron a levantarme, cosa que, por otro lado, venía un largo rato retrasando de manera injustificada. Obviamente, era Pablo, así que rebusqué mi ropa mientras le pedía a gritos que se esperase. Meri y Nurita se despertaron, y se revolvieron en la cama. Me embutí en mi exiguo conjunto de braguita y sujetador, y abrí la puerta, sin preocuparme por mis amigas. ¿Desidia, ganas de jugar, ganas de provocarle, un cierto enfado con él, con ellas? No sabía muy bien cuáles eran en realidad mis motivos para abrirle la puerta sin pedirles a ellas que se taparan. ¿Quería dejarle ver, quería que viese cómo dormíamos allí las tres, que tuviese una prueba de lo que hacíamos por las noches? Porque, evidentemente, los ojos de Pablo pasaron sobre mí, al abrir la puerta, cayendo directamente sobre la piel brillante de las dos ninfas que habían compartido lecho conmigo. No es que ellas se preocupasen tampoco mucho por tapar su desnudez, sino que sencillamente se estiraron, se revolvieron, se abrazaron y se quedaron en bolas, hechas un ovillo sobre la cama, ante los perplejos ojos de mi primo. Yo sabía que, con ellas, iba a pasar justamente eso.

 

- Ayyy...mmmm ¡qué sueño! ¿qué pasa Pablo? - ignoré la mirada perdida de mi primo hacia los cuerpos de sirena de mis amigas, por lo que se sintió confiado para mantenerla de manera indefinida, mientras me decía:

- Sólo quería saber si pensáis despertaros, es muy tarde, y me muero de hambre...

- ¿No has desayunado? - de repente Pablo pareció atar cabos, y empezó a mirarme a mí y amis amigas, alternativamente...

La situación empezaba a parecerse un poco a la del día anterior por la mañana, yo empecé a calentarme, y mi cerebro se puso en marcha intentando valorar las posibilidades para estos dos días de prueba que me había dado. ¿Hasta dónde pensaba llegar? Quizás lo mejor era tomar un poco de distancia, y para eso dejarle distraer un poco la mente y la vista con Nuria y María podía ser bueno, y hasta divertido. Aunque debiese tener cuidado con Nurita, pero después de su fulgurante inicio de los tres primeros días, supuse que ella misma andaría con pies de plomo. Casi me daba más miedo en ese momento Meri, después de lo de la tarde anterior...

- No, estaba esperando... por cierto, que está la nevera casi vacía...

- ¡Mierda! es verdad... - exclamé al recordar que hoy tendríamos que ir a comprar - me temo que nos toca una incursión en el Carrefour, que estamos pelados....

- ¡Qué rollo! yo paso de ir... - dijo mi primo, sin dejar de mirar a mis amigas. Me giré para comprobar que seguían desnudas. Tal cual, abrazaditas como dos amantes.

- Pues lo siento señorito, pero solo no te puedo dejar, que me mata tu madre.

- Yo puedo quedarme - escuché a mis espaldas.

 

Me giré. Nuria se había incorporado, y se desperezaba sacando las pocas tetas que tenía. Aún así, el cuadro era tremendamente erótico, con María tumbada desnuda, enseñando el culo a su lado, con la raja abierta y afeitada que dejaba ver a la perfección los delicados labios rosados que salían de su conchita, que estaba dada de sí después de la larga noche amatoria.

 

- De verdad, no me importa quedarme cuidando de él, en realidad no tengo muchas ganas de ir de compras... - dijo Nuria con voz de protesta, como sorprendida de que la mirásemos perplejos. Aún así, no dije nada al respecto, decidí actuar también yo con naturalidad, en línea con mi decisión de última hora. En cierto modo era lo que estaba pensando ¿no? tomar distancia, y Nuria mejor que María. Pues muy bien.

- Está bien, pues queda decidido, yo me voy con Meri, y vosotros dos os quedáis. Meri, si tienes algo que objetar, hazlo ahora o calla para siempre.

- Mmhmmmmt - gruño ella, sin moverse.

 

El pene creciente de mi primo estaba en un nivel de excitación que era ya peligrosamente alarmante para todos. Sentí que mi cuerpo recuperaba su calor, y su humedad. Parece que estaba recuperando las baterías desgastadas por mis amigas, gracias a la energía de Pablo.

 

- Pues eso es lo que hay. ¿Os ducháis, mientras vamos preparando el desayuno? Luego nos iremos a comprar, Meri, así que mentalízate. - dije, dando una última ojeada a su cuerpo brillante de sudor, junto al de Nuria, que seguía desnuda y sentada con las piernas cruzadas, dejando ver sus partes sin recato.

 

Pablo acababa de conocer su nuevo coño, con esa fina tira de pelo recortadito que se había dejado. Era su peinado habitual, a pesar de que mi primo la hubiese conocido peludita como prácticamente nunca lo había estado. Me resultaba curioso que, quitando nuestros momentos nudistas en la pisci, Pablito había visto ya varias veces en pelota picada a mis amigas de manera directa, mientras que a mí todavía no me había catado entera, a pesar de que ya le había enseñado todo e incluso habíamos llegado varias veces al contacto físico, él no me había visto completamente desnuda aún desde que llegamos. En el fondo, no os sorprenderá saber que aquello no dejaba de darme un punto de celos.

 

- Venga, ¡moveros! - les grité algo malhumorada, repentinamente, al pensar en eso - y tú ven acompáñame, que ya has visto demasiado - le ordené a él, cortando el momento con una brusquedad que no venía a cuento con mi actitud inicial.

 

Naturalmente, nadie dijo nada, porque la situación había sido bien particular, a pesar de la aparente naturalidad con la que los cuatro la habíamos vivido. Pero sospecho que yo era la única que sentía aquella naturalidad como algo real. No sólo disfrutaba la situación, es que directamente tampoco me iba a preocupar de que nos viese en bolas, no desde luego a mí, que se había hartado de verme y follarme, sino tampoco a mis amigas, si a ellas no les importaba, y él lo disfrutaba. Desde luego, no después de la decisión que acababa de tomar. De alguna manera, me sentía aliviada por haberle levantado a Pablo la prohibición total (después de que él se la hubiese saltado en varias ocasiones seguidas, en realidad...) Y este momento de cierta intimidad espontánea, dejarle ver la desnudez de mis amigas, de una manera tan natural, en fin, era dar un paso en esa nueva dirección que me acababa de marcar, y un paso que podía ser determinante.

 

Lo que estaba claro era que yo necesitaba aclarar del todo mis intenciones, respecto al "fin de la prohibición". Aunque ya estaba casi decidida, básicamente, a que él y yo haríamos algo antes de marchar a de veraneo con nuestras familias en cosa de unos diez días... al fin y al cabo, aquella era la mejor, por no decir la única manera posible de saber si yo deseaba algo más... Quedaba por ver hasta dónde llegaríamos, o más bien hasta dónde seguiríamos avanzando, jiji. La otra cosa que me preocupaba, era que no había que ser muy brillante para tener meridianamente claro que habíamos dormido las tres desnudas en una cama de matrimonio. De ahí, las conclusiones que sacase cada uno eran otra cosa pero, vaya, que verde y con asas. No sabía cómo articular eso, nuestro rollo lésbico, mis amigas en bolas, todas esas cosas me venían de perlas para calentarle pero, ¿y luego? ¿qué pensaba hacer yo al respecto?

 

- Ayúdame con el desayuno, venga - esperaba que con un poquito de movimiento se me pasase esta tentación de no parar de pensar. Necesitaba actuar más y darle menos vueltas a todo.

 

Mi primo obedeció en silencio. Me llamó la atención que, de repente, mientras preparábamos las cosas para desayunar en la cocina él estaba haciendo esfuerzos imposibles por tratar de ocultar su marcada e irremediable erección. ¿Qué pasaba? ¿Acaso no quería que me diese cuenta de que se había puesto cachondo otra vez al ver a mis amigas en bolas? Pero eso sólo podía ser porque temía perder algo… ¿acaso le preocupaba si yo me ponía celosa?... jiji, no podía ser verdad... Me pareció tan lindo...

 

- ¿Terminas tú? Voy a ducharme...; estaré desnuda por el vestidor, así que no te acerques por las habitaciones, ni husmees mucho por el jardín, ¿vale?

 

Más claro agua. Era la primera vez que le pedía algo así, de hecho porque otras veces hasta quería que me pillase, en realidad; pero ahora era diferente, necesitaba pensar un poco con la cabeza fría, y notaba que la situación había empezado a ponerme cachonda. y, sobre todo, tampoco me pareció malo poner un poco de freno a Pablo, después de la escenita de antes, e intentar calentarle simplemente poniéndole a pensar de nuevo en mi cuerpo desnudo, jiji.

 

Después de desayunar, Mer y yo fuimos a comprar, y tardamos casi tres horas. Cuando volvimos con el coche cargado de alimentos y otros productos, Nurita, gran milagro, había hecho la comida, improvisando una pasta con lo poco que encontró disponible. Yo estaba nerviosa, ansiosa porque llegase la hora de la siesta y poder encerrarme otra vez con mi primo. Todavía no había decidido qué hacer, porque primero quería ver cómo se comportaba él en la siesta. Sólo esperaba que no se quedase con Nuria, o que intentase algo en el cuarto de ellas, como los dos días anteriores, porque eso sí que sería un jarro de agua fría...

 

El caso es que, revolucionada como estaba por el giro de 180 grados que había dado mi actitud hacia mi primo, no me di mucha cuenta de que Nurita estaba rara, como muy seria. Luego lo pensé, era evidente, además se había puesto una camiseta holgada, nada sexy, encima del sujetador exageradamente transparente que se vistió por la mañana. Bueno, yo no había dicho nada cuando la vi salir así de la habitación, ni durante el desayuno; después de empezar el día en pelota picada delante de mi primito, quizás tampoco me parecía tan grave que se hubiese puesto ese conjunto oscuro de tela ligera, finísima y muy muy transparente, que dejaba ver a la perfección todo su cuerpo, los oscuros pezones pequeños pero súper protuberantes, sus formas escasamente redondeadas, además de su pubis rasurado, y la fina línea de vello púbico recortada. Afortunadamente, las braguitas estaban reforzadas, por lo que lo más jugoso de su sexo quedaba oculto, y por la parte de atrás eran braguitas, y no esos casi-tanga que muchas veces lleva mi amiga. Pero bueno, ya digo que yo estaba a lo mío.

Pablo también estaba raro, poco hablador, pero es que aquellos días le pasaba a menudo que alternaba su habitual parloteo sin freno con extraños momentos de mutismo, que yo atribuía a su imaginación, que debía de estar perdida en lujuriosas escenas debidas a nuestra constante provocación, así que ni me llamó la atención.

 

Meri y yo les contamos en la comida que habíamos visto un videoclub nuevo al lado del Carrefour del centro comercial, y que se nos había ocurrido que era una buena idea ir a diario para comprar comida fresca y lo que pudiese hacer falta, alquilar alguna película y dar un paseo. A ellos les pareció bien, bueno, en realidad tampoco dijeron mucho a eso, ni a nada, en todo el rato. Meri y yo mantuvimos la conversación, sin dar mayor importancia a su mutismo. Pablo sólo señaló que él pasaba de ir, como norma general. Tampoco me iba a preocupar por lo que dijese un adolescente, así que decidí que haríamos turnos para quedarnos con él. Nurita me miró cuando lo dije, parecía triste, pero de eso no me di cuenta hasta más tarde. A esas alturas yo ya estaba, básicamente, ansiosa. Cuando acabé de comer, pedí a mis amigas que me hiciesen el favor de recoger, porque quería echarme la siesta en mi cuarto.

 

Directamente, y delante de ellas, le pregunté a mi primo:

 

- Pablo, ¿vienes?

 

Él se levantó automáticamente y sin decir ni mu, dejando una pieza de furta a medio comer en su plato. Meri y Nuria se miraron, mientras aquella cogía la fruta a la que mi primo había pegado ya tres o cuatro bocados y la masticó relamiéndose deleitosamente.

Entramos en mi cuarto, que se mantenía en penumbra, por el ventanal del jardín. Yo cogí la camiseta que tenía en la silla y, sin separarme de Pablo, me quité el apretado sujetador y me puse la camiseta. Al hacerlo me quedé sin llegar a darle la espalda por completo, estaba como girada a tres cuartos, por lo que él pudo verme los pechos medianamente bien.

 

- Es que me resulta muy incómodo dormir con sujetador ¿no te importa, no? - evidentemente, no tenía por qué pedirle permiso para hacerlo, ni menos enseñarle las tetas para cambiarme. Solo quería asegurarme de que mi primito me daba buenos motivos para pasar luego a mayores.

 

Me tumbé en la cama, boca arriba, y cerré los ojos. La camiseta se me quedó algo subida, lo justo para enseñar las bragas al completo. Llevaba todavía las braguitas antiguas que me puse ayer, pequeñas, apretadas y muy cortitas, además de visiblemente manchadas de restos variados. Se debían estar viendo también a la perfección mis pelillos asomando por la parte de arriba. Esperé, pero no tuve que esperar demasiado. Estaba pensando en cambiar mi ritmo de respiración, para que pareciese que me había quedado dormida, pero no hizo ni falta. Mi primo estaba entendiendo perfectamente qué era lo que yo le estaba pidiendo. Pablo, que ni siquiera había llegado a tumbarse en su cama, se arrodilló en la mía. Me volvió a subir la camiseta hasta la cadera, como la tarde anterior. Luego se envalentonó, y me levantó la camiseta por encima de los pechos.

 

Con el mismo cuidado que el día anterior, besó e incluso chupó mis pezones, mientras me acariciaba el coñito por encima de las bragas con un dedo tembloroso, y pasaba sus yemas calientes por la línea de vello púbico que asomaba de mis bragas. No se atrevió a más, o quizás no aguantó más. Se corrió con una mano sobre una de mis tetas, dejando mi torso y mis bragas empapadas de su semen caliente después de correrse a chorro sobre mí. Me resultó emocionante, excitante, aunque un poco decepcionante por la rapidez. Era algo anormal en mi primo... por fuerte que parezca, le conocía bien ya, su cuerpo y sus respuestas sexuales, y solamente cuando está de veras excitado lo hace tan rápido... ¿le había puesto tan cachondo el momento? Bueno, en realidad, pensé, si lleva meses deseando tirarse a su prima, y ahora esta viene y le empieza a dejar, a enseñarse, a sugerir, incluso a tocarle la polla como había hecho la tarde anterior, jiji. Pablo se tumbó al lado de mí y se durmió. Yo estaba tremendamente feliz, y terminé por perder la noción de la realidad.

 

Al poco rato, me desperté nerviosa, y me levanté. Vi que había pasado una hora, así que debía haberme quedado dormida. Pablo estaba como un leño, con la polla totalmente en reposo dentro de sus slips. No me atreví a meterle mano, ni siquiera a rozarle, aunque me apeteció peligrosamente. Pero si él estaba disimulando y no dormía, aquello podría ser mi perdición. Me quité la camiseta, que dejé sobre la almohada de Pablo, junto a su cara, maliciosamente, Recuperé mi sujetador y me cambié de braguitas, echando las sucias al vestidor, y colocándome por una vez unas normales, negras, de tira. No quería ponerlo muy a huevo si luego me decidía a... Me limpié un poco los restos de semen de Pablo, y fui donde mis amigas, porque me moría de ganas por contarles.

De alguna manera, todo estaba saliendo bien, yo me encontraba a gusto con Pablo, y lo nuestro avanzaba; sobre todo, yo me había convencido de que quería hacerlo, todavía tenía muchas dudas al respecto, pero había disfrutado como una niña a punto de perder la virginidad cada uno de los acercamientos de mi primo aquellos días y, lo que era más importante, sin remordimientos absurdos como los de la semana anterior. Y lo de mis amigas, y él con ellas, bueno, un poco de picante para un momento especial, jiji, en el fondo me daba un morbo tremendo Nurita con él, me da un morbo tremendo siempre ver a Nur o Mer con cualquier tío que yo les ponga delante, pero Nuria y Pablo, mmmh, no sé por qué me resultaba una mezcla taaan excitante, jiji.

 

La puerta del cuarto de mis padres estaba sorprendentemente abierta, y ya desde el pasillo pude verlas sobre la cama. Me escandalizó su indiscreción, pero logré contenerme. Mi extraordinario buen humor suavizaba aquel día todas mis aristas. Además, ellas no dormían, pero tampoco estaban follando. María le estaba dando un masaje a Nurita, sentada en la cama, con Mer de rodillas a su espalda. Nuria se había quitado la camiseta, así que estaban las dos de nuevo en ropa interior, aunque Nur llevaba desabrochado el sujetador. Pero, sobre todo, para los cánones que reinaban entre nosotros esos días, se puede considerar que iban recatadamente "vestidas". En realidad, era todo pudorosamente casto, para tratarse de ellas, tuve que reconocerlo. Observé, no obstante, que la persiana, las cortinas y la ventana también estaban abiertas, no sabía si porque no estaban durmiendo ni haciendo nada del otro mundo, pero aún así, no me hizo mucha gracia perder esa defensa ante las miradas indiscretas, sobre todo después de haber comprobado la tarde anterior lo fácil que era espiar las habitaciones desde el jardín...

 

Entré, cerrando la puerta.

 

- Muy contenta vienes, Lau ¿tienes algo que contar? - dijo Mer, sorprendiéndome. Evidentemente, se me leía de par en par la sonrisa en la cara.

- Jiji, ¿tanto se me nota...? - sí, llegaba desbordante, quería dar la campanada y dejar a cada uno en su sitio, supongo. Tonta de mí, como pude comprobar enseguida.

- Bueno, y qué ¿otra vez te ha sobado el culo?

- No, hoy han tocado las tetas, y algo el coñito, jiji - seguía crecida sin motivo alguno.

- ¿Y luego, se ha corrido? - a Mer le encantaban esos detalles.

- Si, se estaba pajeando desde el principio, y se ha venido encima de mí, como las otras veces.

- ¡Genial tía! Y a ver si eso consuela un poco a Nurita, que estaba preocupada.

- ¿Por qué? ¿Ha pasado algo? - aquello me descolocó.

- Mejor que te lo cuente ella.

- ¿Qué pasa Nur? - entonces caí... ¡mierda! si lleva así desde... ¡esta mañana cuando se quedo a solas con mi primo! - ¿No irás a decirme que ha pasado algo esta mañana, Nur? - pregunté, repentinamente seria y alarmada.

- Lau, lo siento, de verdad que...

- ¡¿¿Te lo has tirado??!

- ¡¡NO!! Pero, ¿cómo eres tan bruta?

- Bueno, bueno, perdona, pero... ¿entonces? ¿qué es eso tan grave? Después de enseñarte esta mañana como un putón delante de él ¿no le habrás hecho una paja? ¿o le has mamado la polla?

- Eh, Lau, tranquila - dijo María, tratando de calmar mi repentina excitación. Sus suaves besos en mi cuello me hicieron bajar otra vez a la tierra. Pero Nurita se había mosqueado:

- Pues mira, si llego a saber que te importaba tan poco, igual lo hubiese hecho.

- Bueno, bueno, tampoco es eso, pero... reconoce que no has tenido problema en exhibirte, es que no sé qué puede ser tan grave, después de eso... - estaba soltando la mala leche que me había guardado por la mañana al ver su descaro, y me costaba contener el creciente ataque de celos. No, no podía ser joder, Nuria, si es que era siempre ella, y justo ahora cuando yo, cuando Pablo y yo... ¡joder!

- Venga, Nur, cuéntaselo primero, y luego ya veremos. La verdad, tampoco yo creo que sea para tanto... - intentó terciar de nuevo María.

- Bueno, yo no sé ya si es grave o no. Nos estamos volviendo locas, Lau, nos estás volviendo loca tú, y él, y el extraño rollo que os traéis... Puede que Mer tenga razón, y no sea nada, seguramente yo lo pensaría igual en su lugar pero... pero me siento mal, Lauri... - soltó casi llorando, mientras se incorporaba, intentando retener el sujetador que tenía desabrochado, y que colgaba de sus brazos dejando sus pequeñas tetas a la vista.

 

Su debilidad me tocó en blando, y su semidesnudez me excitó tanto como era habitual en mí con ella; mi enfado se mitigó, la acaricié y besé dulcemente en los labios, ayudándola a recolocarse aquella ligera prenda de ropa interior, y a abrocharle el cierre de la espalda.

 

- Venga, Nur, no pasa nada, vamos, cuenta... - dije, intentando mantener la calma... no tenía sentido enfadarme era cierto; además, sobre todo, no podía dejar que pensasen que estaba celosa, ¡eso era lo último!

- Nurita tiene razón - insistió María en su labor de mediadora - supongo que estamos las tres un poco tontas con tu primo... - no sabía hasta que punto se intentaba cubrir a sí misma de un posible futuro desliz con mi primo mediante esa rotunda afirmación.

- Sí, y yo la primera, por eso os pedí que vinieseis. Pero es verdad que ahora tampoco me estoy cortando tanto, él se divierte, nosotras nos divertimos, y no creo que pase nada. Reconozco que no veo las cosas tan graves como hasta hace sólo unos días. Quizás me habéis convencido de tanto decirme que debería aprovechar mi buena suerte... aunque tampoco quiere decir esto que haya cambiado totalmente de opinión y quiera ahora acostarme con él, ¿eh? Una cosa es irnos a la cama y otra unos mimitos, jiji - mis amigas ya sabían dónde había quedado esa antigua teoría mía, porque ya por esas fechas era bien raro que unos besitos míos no acabasen en sesiones de sexo de lo más completas - Y, por otro lado, tampoco os voy a poner a vosotras un cinturón de castidad para que no... En fin, sigue Nur...

- No sé, quizás lo que me sienta mal es la sensación de haber querido aprovecharme de tu primo, pensaba que a su edad y, pese a todo lo que nos has contado, es psicológicamente bastante crío y por lo tanto podía jugar con él sin miedo ninguno.

- ¿Jugar con él? ¿Bastante crío? Pero Nur, ¿no has escuchado todo lo que os he contado? Está claro que no ha sido así, y ha sido él el que ha terminado jugando contigo ¿verdad?

- Bueno, en parte podemos decir que sí...

- Pero si os he contado todo lo que Pablo... ¡Ese crío es un peligro público! No hay más que veros a vosotras, y eso que no le habéis catado aún, ¡y mira cómo os ha puesto ya!

- En todo caso, la culpa sería tuya, preciosa, por contarnos todo de una forma tan gráfica... -dijo Meri, sonriendo como si nada, después de soltar tremenda acusación.

- Bueno, sigue - le pedí a Nuria, ignorando el comentario de María.

- Pues nada - por fin comenzó su relato - al rato de iros vosotras, nos pusimos a ver la tele...

- ¿En ropa interior? - pregunté bruscamente.

- Sí, claro... - joder con la golfa, pensé, aunque en el fondo aquello me tranquilizó, pues por un momento temí que hubiesen pasado a mayores, volviendo a la desnudez de su despertar... Aún así, no pude evitar soltar la bordería:

- Ya, pues con lo sugerente que ibas...

- Laura...

- Reconoce que te pusiste así precisamente porque te quedabas sola con él... - me estaba lanzando al ataque.

- Sí, bueno, ¡no!...

- Déjala seguir, Lau.

- Vaaale. - En el fondo era mejor así, porque si María no me llega a detener yo la hubiera despellejado allí mismo...

- Lo siento, Lauri, pero esto es difícil para mí, ¿vale? Intenta aguantar un poco, te lo pido por favor... Sigo. Pues eso, que viendo que la tele era un rollo, Pablo me propuso un juego.

- ¿Un juego? - intenté utilizar un tono lo más neutro posible, aunque mi voz quebrada dio a la pregunta un aire histérico. Nuria ignoró esos matices, respondiendo con total tranquilidad:

- Sí, uno debía tumbarse boca abajo y el otro debía dibujarle una letra en la espalda con el dedo. Luego debía pasar la palma de la mano como para borrarla, escribir otra letra y así sucesivamente hasta completar una frase. El que estaba tumbado debía decir qué frase había escrito el otro.

- ¡Qué cabrón! Si jugado a eso mil veces con él de pequeño...

- Pero, ¿quieres decir, cuando...?

- No, no, me refiero a que es un juego de toda la vida, ... ¡no!, no, nunca lo hemos hecho cuando nos liábamos, si es eso lo que preguntas... - ¿y a qué viene esa pregunta, zorra? me dije para mí misma - ¿Y qué pasó entonces? - le pedí, ansiosa.

- Yo le propuse venir aquí, y tumbarnos en esta cama para jugar, ya que era más cómodo que en el sofá. Así que vinimos, él se tumbó en la cama boca abajo y yo me senté a su lado.

- Todo muy recatado, por el momento - reí. Pero mi risa era nerviosa todavía. Los dos, casi desnudos, en una cama... joder, joder... - Vamos, ¡sigue! - le rogué.

- Sí, en realidad sí parecía bastante inocente, obviando el vestuario, claro. Pero eso a estas alturas parecía ya casi intrascendente, un juego dentro del juego - la retórica filosófica intentando justificar su provocativa semidesnudez con un chaval al que también ella poco menos que triplicaba la edad, me pareció repugnante. No tanto como todo lo que yo misma había hecho con ese crío, a ese crío, y lo que deseaba seguir haciendo con él... decididamente, era la menos indicada para recriminar a Nuria su impúdico comportamiento.

 

Descendí de mis pensamientos y mis neuras, y procuré atender al relato de mi amiga. Parecía que empezaba a ponerse caliente:

 

- Pero Pablo me dijo entonces que mejor me sentara a horcajadas sobre sus piernas.

- Uyuyuy. ¿Y tú? - esto sólo podía acabar de una manera: mal.

- Yo lo hice.

- Vale. Bueno, en realidad no es una postura rara para jugar a eso, o para dar masajes... supongo que lo único raro es ir casi en bolas, pero bien. ¿Y luego?

- Luego, letra a letra escribí con el dedo una frase sobre su espalda.

- ¿Qué pusiste?

- Nada especial.

- ¿¿Qué pusiste??

- "Tu-prima-Laura-es-muy-guapa"

- ¡Serás...!

 

Meri rió a carcajada limpia:

 

- Tendrás queja, Lau - le echó otro cable a Nuria. En realidad me parecía excitante. Demasiado. De alguna manera, ese pensamiento de Nuria en un momento así dibujaba un delicioso y provocador triángulo entre nosotros tres, ella, mi primo y yo.

- ¿Y él lo adivinó?

- Sí, adivinó la frase, a la primera, y me dijo que era cierto, y que algo tan evidente era muy fácil de adivinar. Entonces se incorporó y me dijo que le tocaba a él. Parecía ansioso, no sé, tan seguro de sí mismo, y yo tan sin saber qué hacer, que obedecí y me quité de encima de él, y me tumbé en la cama boca abajo, en el fondo más muerta de miedo que otra cosa...

- ¿Y eso?

- Joder, Lau, es que con lo que has contado y lo que hemos visto de tu primo...

- Sí, mi primo, como si tu fueses la mosquita muerta...

- Vale, vale. Es cierto, la situación me resultaba excitante, erótica, qué se yo... ¿y qué quieres? Ya me conoces. No voy a estar como una monja, y menos si nosotras nos pasamos el día follando, tu primo se dedica a pasearse casi desnudo delante nuestro exhibiendo el rabo más brutal que he visto nunca, y luego se la machaca encima de ti, y tú disfrutas como una adolescente en celo viniéndonos con el cuento después... - su descripción de los hechos era aplastantemente veraz.

- Vamos, que estabas caliente... - me salí por la tangente. Estaba empezando a calamrme, y su historia me resultaba ahora tan excitante como divertida.

- ¡Estoy caliente! Joder Lau, lo estoy, como una moto, sí, pero desde el primer día, con el primer polvo que pegamos y con el cerdo de tu primo masturbándose mientras me espiaba en la ducha... ¡le vi en pelotas y empalmado nada más llegar! me muero por probar ese trozo de carne, Lau, y tú lo sabes... y sabes que si no lo he hecho ya es solo por ti.

 

Esa declaración, el cariño que sabía que me tenía, no tuve más remedio que besarla, nos dimos un morreo brutal, sincero y apasionado. Quería tantísimo a esa niña. En el fondo me dolía que lo pasase mal ella tanto como Pablo, supongo que lo que sentía hacia ella era muy cercano al amor, mucho más intenso aún que lo que podía sentir hacia María o había podido llegar a sentir por Lucía, aunque siempre me costase tanto reconocerlo. Su última afirmación, además... acababa de reconocer que su aventura de esta mañana no había ido mucho más lejos, así que...

 

- Vale, vale, vale... Perdona, Nur, es que este tema me tiene...

- Pues ahora me "tiene" a mí también ¿vale? - dijo compungida. No tenía respuesta para aquello, así que volví a besarla.

 

Demasiado empalagoso, debió pensar María:

 

- Venga, parad ya de comeros la boca como dos putas salidas, y tú sigue contando Nuria - nos cortó el rollo, pragmática aunque con un punto de cabreo. Nur se limpió los labios de nuestras babas y las lágrimas que le habían asomado a los ojos, y continuó:

- Pues tu primito se me sentó a hocajadas sobre los muslos. Al principio me tocó el culo, suavemente, como si nada, bueno, en realidad me pareció que lo hacía, no sé... creo que me apretó con las manos, y que frotó su... su entrepierna también sobre... eh... no sé, ya digo que estaba nerviosa, ahora no tengo claro si eso pasó o... de hecho tuve que resistir la tentación de girarme y decirle que parara, porque de repente dudé si lo había hecho o simplemente era yo la que lo había imaginado. Estaba muy nerviosa, como si de golpe hubiese vuelto a la adolescencia, cuando deseaba follar por primera vez...

- ¿Deseabas follar?

- Lau, si sigues así me paro y te quedas con las ganas...

- Perdón, perdón. Me callo. - Le sonreí sinceramente a mi querida amiga. El ambiente empezaba a calmarse.

- El caso es que, culo o no culo, Pablo me dijo que para poder dibujar las letras sobre mi espalda, tenía que desabrocharme el elástico del sujetador. Antes de poder decir yo nada, él ya lo estaba haciendo, con sorprendente maña. Tampoco me pareció relevante, en cualquier caso, ya que yo estaba tumbada boca abajo, y bien apretada contra el colchón.

- Bueno, eso y que tampoco tienes realmente tantísimo que enseñar, mi amor… - solté con tono de broma, intentando soltar un poco la tensión de mi amiga.

- ¿Pero serás puta? ¿Tú quieres que siga o qué?, ¡cacho perra!

- Sigue por dios, sigue…

- Bueno. Pues él empezó a escribir en mi espalda y, cada vez que borraba una letra, lo hacía con una larga caricia desde la nuca hasta el mismo borde de mis bragas.

- ¿Tú qué sentías? - preguntó Meri pícaramente.

- ¿Estabas cachonda? - insistí yo. Nuria me miró molesta. Sabía que quería picarla.

- Estaba caliente, Lau, ya te he dicho. Llevo cinco días caliente como una tetera.

- ¿Y en ese momento, con él? - repitió Meri, también con la misma intención que yo.

- Muy caliente, sí. Seguramente, si no hubiese sido tu primo y no hubiese sido un crío, sí que habría estado deseando follar, lo reconozco. Aquellas caricias ya eran de por sí bastante placenteras. A medida que yo adivinaba una palabra completa la decía en voz alta.

- ¿Qué escribió? - pregunté, con el tono más amable que pude.

- "Su-amiga-Nuria-también-está-muy-buena". - Mi cara se torció, sin poder evitarlo.

- Lo siento, Lau... - ahora era ella la que sonreía, con malicia. María me cogió de la mano, y me besó en el hombro.

- No pasa nada, vamos sigue. No podemos estar así por esta tontería. Ya os dije que no me importa lo que hagáis con él, por una parte. Por la otra, me da miedo retroceder en el tiempo y estar otra vez con las comeduras de cabeza sobre si todo esto no es lo peor que he hecho en mi vida. Y más ahora que pensaba que empezaba a superarlo... bueno ¡sigue! que me muero de curiosidad...

- Sigo, sigo. Aquello me dejó tan sorprendida que realmente no supe qué decir. Sencillamente, seguí el juego. Él me felicitó. Y lo hizo dándome un azote en el culo. Ese sí que lo sentí claro. Me levanté dispuesta a protestar, a pararle, pero su seguridad era total, hasta tal punto que me desarmó, con una enorme sonrisa me dijo que le tocaba y se tumbó...

- ¡Qué cerdo! - dijo María.

 

Su exclamación ahogó mi tímido intento de preguntar por el sujetador de Nuria. No se me oyó la pregunta, o el inicio de pregunta, porque no llegué a terminarla... Pero aterrada imaginé aquel sujetador resbalando sobre la cama mientras ella se incorporaba amenazante y mi primo sonreía ante el trofeo que se le ofrecía, abiertamente, de los tiernos pechos desnudos de mi amiga.

 

- Y que lo digas. - Nuria estaba suficientemente nerviosa como para proseguir su relato a toda prisa, sin dejar lugar a que yo plantease aquella pregunta de la que prefería no saber una respuesta que tenía por segura. - De hecho cambiamos el turno varias veces, y cada vez que Pablo terminaba de escribirme una frase me daba un azote en el culo y me decía: "Me toca".

- ¡Caray con el niño! - rió María.

- Bueno, supongo que tampoco eso era para tanto, no sé, creo que a estas alturas estoy acostumbrada a tonteos mucho más agresivos que un cachete en el culo...

- ¿Pero no protestabas ni decías nada?

- Me hacía la tontita, en plan quejándome con un débil "¡Ay!". Pero es que, realmente, lo peor no era eso, lo peor empezó a venir por las frases...

- A ver... - susurré.

- Después de lo suyo, yo tampoco podía escribir que "me-gustan-los-pájaros", en fin, será pequeño, pero no es un crío. No lo es, desde luego, y en gran parte gracias a ti, Laurita.

- Ya, ya... Pero tú entonces… ¿qué le escribiste después?

- "Sus-tetas-son-más-grandes"

- ¡¡¡¡¿¿¿Quéeeee???!!!! ¿Mis tetas son más grandes? ¿Serás Pu...?

- Ya, fue una tontería, lo siento, lo siento, estaba nerviosa, y eso fue lo primero que se me vino a la cabeza... - La muy zorra, con sus tetas al aire claro que era fácil que le saliese esa frase...

María se reía a carcajadas.

- Bueno, Nur, me tomaré como un piropo que en una situación así lo primero que se te venga a la cabeza sean mis tetas - dije, intentando sonreír.

- Claro, él no se cortó, viendo que yo le había abierto la puerta se creció, y me escribió sin cortarse: "Pero-tú-me-pones-muy-caliente".

- ¿No dirías entonces nada de mí no? - seguía riendo María.

- ¡Ja! Las ganas que tú tienes, putilla - le dije yo, riendo también.

- No, no, en mi turno, después del cachete en el culo, le escribí "Pues ahí tienes la piscina", tratando de calamar la situación...

- Pero él... - le animé a seguir.

- Pero él no estaba calmado en absoluto, ni quería calmarse...

- ¿Qué te puso?

- "Tu-culo-me-la-pone-dura" - no pude evitar que se me escapase una sonrisa imaginándole tremparse con la polla tan cerca del culo de ella, si no directamente encima; aquello me gustaba, es más... ¡me excitaba! no podía evitarlo, pero es que Pablo y Nuria me resultaban una combinación taaan erótica.... - Te gustará saber que ahí sí decidí cortar por lo sano, le dije que no podía seguir escribiendo guarradas, y salí como pude de debajo de él. No te vayas a creer, que me costó, y mucho.

- Te creo, te creo Nur - dije sonriendo.

- Lo peor es que para entonces él estaba empalmado, realmente empalmado... le sentí la verga dura y caliente frotarse contra mis espalda, mi culo y mis muslos al revolverme bajo su cuerpo para escapar. Él no hizo nada para disimularlo, más bien diría que se frotaba expresamente contra mi cuerpo con... con aquella parte del suyo...

- Con su polla - puntualicé.

- Noté que me ponía como un tomate, - siguió Nuria, ignorándome - y yo no supe qué decir mientras él, tranquilamente, me prometía portarse bien y me pedía perdón...

- Así que seguisteis. - El cabrón de Pablo debía tener realmente cara de niño bueno viendo a mi amiga en braguitas y caliente debajo de su cuerpo, sí...

- Sí, seguimos... es que no sabía bien qué hacer, supongo que por una parte me apetecía demasiado, mi cuerpo me lo pedía, veía esa erección tan húmeda en su calzoncillo, delante de mí, al alcance de mi mano… de mi boca, y por otra me daba vergüenza cabrearme, parecer una niña asustada por un crío como él, reconocer que no podía controlar a un chaval salido, no sé... - yo sabía demasiado bien que Pablo provocaba ese tipo de reacciones, pero sabía también cuánto más pesaba la primera de las razones en personas como Nurita o yo misma...

- Me senté sobre él, - siguió - y le escribí "Eres-un-niñato-salido". Pero no sirvió de nada, yo ya estaba perdida. Al incorporarse, seguía empalmado, la polla se le había subido y le asomaba media verga por fuera del calzoncillo; y a mí me había puesto súper bruta, tanto que no dije nada, sino que me volví a tumbar, sumisa, en la cama, aparentando que era capaz de ignorar lo que acababa de ver... - joder, joder, qué momentazo, pensé, ella en braguitas, con las tetas al aire, seguro que los pezones como rocas, y mi primito con medio rabo empalmado asomando ya fuera de sus slips, básicamente desnudo ya, vamos, los dos frente a frente y calientes como monos...

- Nur... - su historia me estaba poniendo cachonda a mí, no entendía cómo había sido capaz de resistir la tentación de comerle la polla o pedirle que se la follase. Nuria siguió contando, escupiendo excitadamente las palabras:

- Cuando me volví a tumbar, nada más sentarse sobre mis muslos, me bajó las bragas dejándome el culo al aire. Yo me quejé, claro, incluso le llamé cerdo, o alguna estupidez semejante. Pero no fui capaz de más.

- Nurita, antes de que sigas quiero decirte que, a pesar de todo, de la locura que me estás contando, de verdad que te entiendo, es que ya sé lo que es vivir eso con él, y sé que no es nada fácil decir que no... - le dije, sintiendo realmente lástima por ella...

- Ya, qué nos vas a contar tú... pensé en ti, mi amor, comprendí perfectamente por todo lo que habías pasado, por lo que debes de estar pasando todavía ahora... joder, me había puesto la punta de su cipote, desnuda, dentro de mi raja, apoyada entre mis nalgas, piel con piel, y yo estaba tan caliente... estuvimos así, sintiendo ese contacto tan caliente y tan brutal, callados y sin movernos durante un rato, os podéis imaginar lo que me costó no pedirle que siguiese, que me follara...

- Gracias, Nur - musité, acariciando sus muslos.

 

Sentí que me llenaba un intenso calor en mi interior, mi coño ardía deshaciéndose en sudor y espesa humedad, mientras me imaginaba la verga dura de mi primo, caliente como un hierro al rojo, apretando contra la raja de Nuria que, incapaz de resistir, se iba abriendo mientras aquella brutalidad de carne y calor se hundía en sus entrañas, el cipote entero en su virginal culo, y los dos llorando de placer.... Era para volverse loca, y ella lo estaba mientras contaba, y seguía y seguía contando, enloquecida:

 

- Sin decir más, me limité a ponerme bien las bragas, después de que tu primo disfrutase de mi culo en vivo a medio metro de su cara, y a distancias negativas de su polla, con su cipote y mi culo en contacto y mi sexo separado lo que mide un calzoncillo de espesor del resto de su polla. Yo no era capaz de adivinar lo que escribía, hasta me daba miedo pensar la barbaridad que se le podía ocurrir... Así que, viendo mi estado, tras repetir una palabra varias veces sin que yo fuese capaz de adivinarla, volvió a la carga, bajándome las bragas de nuevo.

- ¿Aguantaste esta vez? - pregunté, sabiendo de antemano la respuesta.

- No - no podía ser de otra manera, tratándose de Nutita. - Esta vez, en lugar de subírmelas, me salió mi lado juguetón y, meneando el culo le dije: "Ponme bien las bragas o no juego". No podía soportar quedar por debajo de ese niñato, así que quise provocarle.

- Error - dijimos Meri y yo al tiempo.

- Pues sí. Lo que le falta a ese pervertido es que le den cuerda. Y sí, yo me moría también por seguir sintiendo esa verga en mi culito, si es eso lo que estáis pensando... Naturalmente, él en lugar de subirme las bragas, el muy cerdo, me metió una mano entre las piernas. Y me temo que debió encontrar un buen regalo, porque yo ya estaba cachonda, ahora sí Laura, y llevaba un buen rato en realidad... me temo que... chorreando, demasiado húmeda para poder disimularlo...

-Nuria... - yo misma estaba mojando en ese preciso momento, escuchándola...

- Así que allí se quedó él, metiéndome la mano hasta la bola y notando en sus dedos la humedad de mi chocho. - No sé si preferiría que mi amiga no fuese tan explícita, aunque oírla hablar así de Pablo me ponía tremendamente, tenía que reconocerlo...

- ¿Cómo reaccionaste entonces?

- Al principio no pude evitarlo, me dejaba, incluso me meneé y me froté un poco, es que no sabéis qué gusto sentí...

- Sí, sí lo sé Nur...

- Ya os vale, que ahora me vais a dar envidia, y luego es peor - sonreía Mer.

- Sin embargo, ahí tu primo cometió su único error, sin saberlo... Su forma de tocarme el sexo bueno...era muy placentera pero... de alguna manera era algo que podía controlar, por lo menos en ese momento. Lo que me había vuelto loca era sentir su cipote desnudo meterse en la raja de mi culo, la piel de su polla tocando la de mi culo, tan cerca de... Si hubiese seguido haciéndome eso no respondo de lo que hubiese pasado después. Pero le pudo la ambición, y eso me permitió enfriar mi cabeza, y frenar; enseguida le grité que se quitase, conseguí hacerlo, y menos mal, porque me daba miedo seguir más, porque sabía que ya prácticamente había perdido el control...

- ¿Todavía tenías el control?

- Cierto, Lau. Me temo que realmente en ese momento ya no lo tenía, pero todavía pensaba que sí...

- Ya.

- La suerte fue también la inexperiencia de él. Luego me di cuenta de que, si yo estaba así, él debía estar mil veces peor, sin duda no se creía lo que le estaba pasando, hasta dónde había sido capaz de llegar conmigo. Debía estar alucinando con lo cachonda que me había puesto, flipando de que fuera tan puta.

- Estando acostumbrado a Laura, debe pensar que ser así de puta es lo normal - soltó Meri, y realmente no lo estaba diciendo en plan de coña. Pero yo la ignoré, muerta de ansiedad por escuchar el final de la historia, que Nuria había seguido relatando como si nuestra amiga no hubiera dicho nada.

- Yo creo que, deseando no forzar la nota y echarlo todo a perder, tu primo se levantó de la cama y me dijo: "Pues ahora soy yo el que no juega". Se fue a tu habitación, y cerró la puerta. También es cierto que el pobre debía estar a punto de estallar, tía que el cipote le había rebosado completo del calzoncillo porque lo llevaba tieso y duro como un puto palo, que hasta le asomaban los huevos gordos esos que tiene… no te imaginas las ganas que tuve de comérsela toda mi amor…

- ¿A mi habitación? ¿Y eso? ¿Por qué no se fue a la suya?

- Pues no sé, pero entró por esa puerta, lo sé porque me levanté y fui detrás de él cuando salió, aunque no quise llegar más lejos de esta habitación… y el caso es que en seguida le escuché abrir la puerta de vuestro baño, dando un golpe contra el bidé, aunque después no cerró...

- ¿No cerró? ¿entonces tú...?

- No, no, en ningún momento se me pasó por la cabeza entrar allí.

- ¿Nada más, entonces?

- Bueno, nada nada... yo, claro... ehh... que estaba a mil Lau, joder que me ardía el coño… en fin, la ventana de nuestra habitación estaba abierta, así que salí por allí y...

- Y él estaba en el baño con la ventana abierta, no me digas más...

- ...¡sí!, sentado en la taza del váter...

- ...pelándosela a dos manos...

- ¡Joder! - soltó Meri.

- Es que era tal cual, como dice Laura. Hoy sí que se la pude ver bien, no como el primer día, que me pilló de sorpresa, yo estaba cortada, intentando disimular y... hoy podía mirarle sin miedo, después... después de...

- Pero Nur... - intenté cortarla, sin éxito.

- ...tiene una verga de palmo y pico, y se la meneaba con las dos manos, y todavía le sobraba...

- Nuria... - Me estaba entrando la risa imaginando la escena. Porque la había vivido dos veces y la conocía de sobra... La primera muy poco tiempo atrás, después de que me espiara mientras lo hacía con su hermano, la segunda tan solo el día anterior, por la mañana, y él estaba sentado en el mismo sitio, en la taza del váter y, evidentemente, ¡él me vio en el espejo mirar cómo se la meneaba!, jiji.

- Que sí, que sí, el muy cabrón estaba con la ventana abierta de para en par, completamente en bolas, y yo le veía desde atrás, encima de él, ya que la ventana está junto al váter, aquel cipote tan cerca, totalmente empalmado, brillante de flujos, y lo peor, en el espejo del lavabo se reflejaba todo, estaba en bolas, joder, con aquello entre la manos, entre las piernas, no sé... el muy cabrón se había puesto a jadear sonoramente para atraer mi atención...

- Nuria, ¿eres consciente de que él también podía verte en el espejo, verdad? - conseguí preguntarle... Nurita se puso roja, evidentemente roja, a pesar de su envidiable moreno veraniego.

- Al principio no me di cuenta, supongo que cuando caí ya era tarde... era como sí, como si el muy cabrón lo hubiese hecho intencionadamente, como si lo tuviese planeado, sabiendo que si yo le espiaba desde allí él me vería tan bien como yo le veía a él...

- ¿Hasta dónde llegaste? - pregunté con cautela, temiendo la respuesta. Porque sabía hasta dónde habría llegado yo ayer de no haberme parado el ruido de mis amigas saliendo de su habitación, a mis espaldas.

- Lo siento Laura - Nurita agachó el rostro, compungida - yo ya había perdido la cabeza, estaba como loca, insisto, cachonda como en mi vida, con la polla más grande y bonita que nunca había tenido al alcance de mi mano, pero sin atreverme a tocársela... Lo siento Laura, se me piró, se me fue de las manos, aún con él mirándome, mirándonos el uno al otro, mientras él continuaba con su espectáculo, yo me metí una mano bajo las bragas y empecé a hacerme un dedo, qué un dedo, una de las pajas más bestias de mi vida.

- ¿Te desnudaste?

- No tranquila, a eso no llegué, aunque como comprenderás, pajeándome como me estaba pajeando, se me debía de estar viendo todo el coño... La verdad es que no sé, ni me di cuenta, supongo que él sí, porque no me quitaba ojo en el espejo, pero yo no podía dejar de mirarle la verga... te juro que en ese momento para mí lo de menos es si me estaba viendo el coño o no, Lau, si es que me habría dejado hacer de todo por aquel crío...

- Bueno, vale, te vio el coño, cierto, nada importante, si al fin y al cabo no es nada que no hubiera visto ya

- él... y media humanidad - rió Meri en plan cabrón con una de sus sonrisas más cautivadoras - ¿Os corristeis? - siguió hurgando mi amiga en la herida.

 

Y menos mal, porque yo ya no era capaz de hablar. La escena era muy fuerte, tanto más al pensar que, aunque Nuria había obviado el dato, yo seguía convencida de que ella había estado en todo momento sin sujetador. Había dicho que se lo había desabrochado Pablo la primera vez que le escribió en su espalda... yo misma le acababa de recoger y ayudar a colocarse esa prenda, que se le cayó cuando se incorporó después de que Meri le estuviese dando masajes en la espalda, desabrochando el cierre previamente, claro; en cuanto se incorporó la prenda se le quedó colgando y, aunque la mantuvo cogida con sus manos se le veía todo, y así pasa siempre, si no se vuelve a cerrar... estuve tentada de preguntar, pero es que ya conocía la respuesta. Muy fuerte, él pajeándose desnudo, ella también con las bragas bajadas, suponía que, pese a lo que ella decía no menos de por las rodillas, si no por lo tobillos o, directamente desechadas ya en la cama, aunque ahí prefería no dudar de su versión, o ya sería lo último. Nurita acababa de superar mi paja de ayer con Pablo, yo no me atreví al desnudo integral, y ella en cambio habría alcanzado al menos había llegado a un 90%.

 

- Lo que quieras, Meri... si queréis sigo... - no hizo falta decírselo, la mención de Meri a su relajada moral no era algo que pudiese afectar a Nuria, más que nada por lo que tenía de cierto - ...lo que os digo, yo iba directa al orgasmo. Él en cambio movía su polla muy lentamente. Estaba jugando conmigo, joder, el muy cabrón estaba jugando conmigo... y claro, yo exploté sin control ninguno, y el muy cerdo esperó a ver el orgasmo dibujado en mi cara, reflejada en el espejo, para desencadenar el suyo, justo después, como si tuviese el control absoluto sobre su cuerpo y sobre el mío. Fue alucinante Laura, imagino lo que te supone renunciar a él, porque sentir esos disparos de leche dentro del coño debe ser lo más de esta vida, qué manera de escupir lefa tías, qué cantidad y qué calidad... ¡y qué fuerza! Brutal. Su corrida fue tremenda, tanto que se dobló, no sé si se tiró al suelo. A mí me estaba dando algo, pero aproveché para recular y volver a esta habitación... Cerré la ventana y me encerré en el baño. Estuve un buen rato llorando, temblando, no quería saber nada de él. Cuando se me pasó, me calmé. Y el muy cabrón estaba viendo la tele, tan tranquilo, la oía perfectamente desde aquí...

- ¿Estás segura de eso? ¿No estaría por ahí escondido?

- No, no, salí del baño, abrí la ventana, me asomé, le vi tirado en el sillón del salón, como si nada...

- Joder. Joder. ¡Qué cabrón!...

- Bueno, Laura, es un crío, y la situación pues, es lo que es, supongo... - empezó a argumentar María, aunque se la veía aliviada de que yo dirigiese mi rabia hacia él y no hacia Nurita.

- No, no, no me entendéis. Es un cabrón. Es que es cierto lo que dice Nuria, estaba jugando con ella, ¿no lo ves? no tiene ni la mitad de años que nosotras, y le estaba dando mil vueltas a una tía con la experiencia sexual de una ninfómana...

- ¡Eh! Gracias, Lau - protestó Nur

- ¿Por qué dices eso? ¿Cómo... cómo puedes estar tan segura? - preguntó María

- Porque es que está jugando con nosotras, igual que lleva jugando conmigo desde el primer día. Insisto en que parece que no os habéis enterado de lo que os he contado sobre él... no ya nuestras primeras veces, o que una y otra vez él y yo hayamos... No, ya sólo lo de la semana pasada, yo tan decidida a nunca más volver con él y... miradme ahora... me tiene loca y... Si es que ese niño tiene un instinto sexual que supera el de nosotras tres juntas…

- Que ya es decir… - susurró Nuria, todavía alterada por su relato y lo sucedido.

- Bueno, pues no os he contado lo de ayer...

- ¡¡¿Qué?!! - preguntaron las dos histéricas...

- Nada, sólo que ayer por la mañana, cuando nos despertamos, yo salí de la habitación antes que vostras, y mi primo os vio en pelotas cuando abrí la puerta, porque estaba en el pasillo... - por algún motivo improvisé aquella absurda respuesta.

 

¿Hasta dónde era conveniente que diera munición a mis amigas con mis historias? Porque estaba claro que eran la principal razón de que ellas estuvieran así, más aún que el propio Pablo.

 

- Sí, nos dimos cuenta, Lau - dijo Nuria algo molesta. Ahí tenía razón, ya que había sido yo la que ayer provocó que mi primo las viese desnudas, y esta mañana volví a favorecer o permitir lo mismo. Es cierto que ellos tres sólo se dejaron hacer, yo fui la auténtica celestina. Así que debía asumir mi parte de culpa en lo que había pasado esta mañana entre ellos. Contarles, al menos en parte, lo de ayer, algo que habría preferido mantener en secreto, sería mi penitencia:

- A ver. Pues… después de aquello, yo le di su slip, ese que se dejó en el cuarto de baño, cuando te espió masturbándote - Nuria bajó la cabeza, consciente de su buena parte de responsabilidad - y que luego tu y yo dejamos empapado, a base de corrernos encima, jiji - ahora mi amiga rió, recordando esa noche tan especial para las dos. - Reconozco que lo hice en buena parte para calentarle pero, joder, es que se calienta taaan rápido...

- Y mira que me dijiste que lo habías echado a lavar, cacho puta... - Nurita se había vuelto a poner roja... me di cuenta de que le debía resultar excitante que mi primo se la machacase oliendo sus flujos, aunque él no lo supiera (yo creo que sí lo sabía, conoce de sobra mi olor como para no distinguir qué había otro superpuesto en aquella tela mojada, tan diferente... y aunque no pudiese saberlo, estoy convencida que él pensaría que ese otro olor tenía que ser, a la fuerza, de Nutia y no de María); eso era un paso ¿eh Nutita? me dije a mi misma, el olor y la humedad de tu chochazo en la carita y la boquita de mi niño... - ¿Pero vamos, sigue, qué pasó? - me preguntó ella, nerviosa al ver que yo me había parado, como si estuviese en las nubes... en las nubes de tus olores, cariño mío, pensé... puede que a veces me diesen ganas de estrangularte, mi amor, pero me vuelves loca, tanto como mi primo...

 

Pese a mi inoportuno acaloramiento con mi amiga, conseguí centrarme y seguir:

 

- Pues exactamente lo mismo que has contado, que se metió en el baño, y se empezó a masturbar con la ventana abierta.

- ¿Y tú entraste y le pillaste?

- Bueno, no exactamente, en realidad le vi desde el mismo sitio que tú, volví a intentar espiarle desde la ventana.

- ¿Intentar? ¿Él se dio cuenta?

- Bueno, creo que caí en la cuenta del espejo a tiempo, además él estaba con los calzoncillos en la cara y... no sé, diría que no se dio cuenta... - mentí, no sé por qué, pero decidí guardarme por lo menos esa parte... creo que no quería tener que contar cómo caí en la tentación de mostrarme también yo a él al ser descubierta - aunque con lo que has contado, me temo que sí debió pillarme, debe ser casi imposible no hacerlo. Por lo menos, me retiré a tiempo, pensando que podía verme... ¡y no me dio por hacer nada raro!

 

Me sentí un poco mal diciendo aquello, parecía que Nuria se estaba masturbando todo el rato excitada por mi primo, cuando yo misma me masturbé con él ayer, después de pedírselo expresamente... Decidí que eso sí seguiría siendo absoluto secreto, así como lo del afeitado de su pubis; por ahora bastaba con que supiesen lo que me hacía en las siestas cuando, teóricamente, pensaba que yo dormía, tampoco quería darles más información de la necesaria.

 

- O sea, - recapituló Nuria - que el muy cabronazo nos ha cogido ya la matrícula a las tres, y después de practicar contigo, que eres su zorros número uno, me hizo el lío a mí para que le pillase en pelotas corriéndose, a ver cómo reaccionaba...

- ¡Y tú vas y te corres delante de él! jejejje - María se partía, mientras yo sonreía embobada, cautivada por la belleza y el morbo que me estaba dando Nurita, además de haber tocado el cielo con ese comentario suyo de que yo era la zorra número uno de mi primo…

- Pues eso, eso es lo que os decía, que me da igual lo que hagáis con él, pero tened cuidado, porque parece que estás jugando con él, pero es muy listo, y cuando te quieres dar cuenta, es él el que está encima tuyo... y en todos los sentidos, jijiji... - dije arqueando las cejas; no pude evitarlo, mi dramática advertencia se me acabó convirtiendo en una carcajada, consciente de que yo misma estaba incumpliendo todas mis recomendaciones.

 

El relato de Nuria me había dejado claro que mi primo estaba como un perrito en celo, y antes o después yo iba a recibir mi premio por ello... Decidí extremar las precauciones, tanto por él como por ellas, o corría el riesgo de que me arrebatasen el premio gordo, y bien sabía que mi cuerpo quería tomar todavía algo más de él. Ya vería qué, y hasta dónde, jiji. Sumé al marcador nuestro tanteo empatado de hoy, actualizándolo a ocho-seis. Lo de Nuria había sido glorioso, sin duda, y más comparado con mi ligera actuación de hoy, pero el tanteo parcial no iba a dejar de ser un empate. Para mí ya era bastante derrota, ahora que por fin me veía despegando de ella. Pensar en esas seis pajas de mi primo motivadas por mis amigas no dejaba de ser un duro trago, pero también tenía unas dosis de morbo que me emborrachaban de solo pensar en ellas. Por otro lado, todavía podía dar de sí la tarde, pensaba mientras unos golpes en la puerta interrumpían las risas de las tres: la bestia se había despertado.

 

- ¡Pasa Pablo! - le grité, consciente de que estábamos las tres con la ropa interior, y sin ningún tipo de posición comprometida.

- ¿Qué hacéis?

 

Que lo preguntase él... venía con el pelo revuelto, bañado en sudor, y la polla medio hinchada en sus calzoncillos. Era curioso, había hecho lo que había hecho conmigo y con Nurita por la mañana, y aquí se presentaba, como si nada. ¿Pensaría que podíamos estar hablando de él, contándonos lo que nos hacía cuando nos pillaba a solas? ¿Se imaginaría que le deseábamos tanto como él a nosotras? A veces me parecía absurdo todo esto, con lo fácil que sería montarnos los cuatro una orgía ahora mismo, ponernos a follar durante varios días y dejarnos de tonterías.

 

- Nada, sólo hablábamos... - le dijo María, con su mejor sonrisa - ¿quieres bañarte? pareces acalorado.

- Sí, lo mejor será que vayamos los cuatro a la pisci - añadí, intentando imponerme a mi amiga - ¿hace un calor horrible aquí, no? Además, así se te baja esa erección, primito, que me vas a escandalizar a mis amigas, jiji. Ven, dame la mano... ¿Vamos? - necesitaba imperiosamente tomar la iniciativa y, al menos por el momento, la había recobrado simplemente con mis comentarios sobre la polla de Pablo y llevándomelo de la mano, y eso aún después de que mi mejor amiga contase cómo había dejado que le tocase el coño antes de masturbarse uno delante de la otra.

 

Me lancé al agua, y sentí a Pablo entrar en la piscina detrás de mí. Cuando se lanzaron Nuria y María, hubo un momento de relajación extraño, los cuatro en el agua en una extraña situación de igualdad. Por un momento, planeó una sensación de complicidad que, más que obviar lo que estaba pasando, lo puso de manifiesto con cruda normalidad: el deseo era mutuo y compartido, todos queríamos lo mismo y no había nada malo en ello. Al salir del agua, los cuerpos mojados, las gotas brillando al sol de la tarde sobre las pieles relucientes, la mínima ropa interior que llevábamos los cuatro trasparentada hasta el límite, mostraba nuestros sexos, mi chocho peludo, el fino arreglo de Nuria, el coño pelado de María, la enorme verga de Pablo que aún encogida por el frío se negaba a reducir su impresionante tamaño, mis berzas hinchadas, de pezones generosos y puntiagudos marcando la tela, como se marcaban en los ya de por sí trasparentes sujetadores de Nuria y María, más pequeños pero más oscuros y muy muy duros... Durante un rato, simplemente, nos dedicamos a disfrutar, sentados y casi desnudos en el borde de la piscina, de los cuerpos de los otros y, sobre todo, Pablo de los nuestros y nosotras del suyo. Hasta que me levanté, sacando pecho y coño orgullosamente y, volviendo a lanzarme al vacío, dije:

 

- Primito, ¿no me darías uno de esos masajes tuyos? Tengo la espalda hecha polvo... y tengo ganas de sentirte - añadí, con tono absurdamente enigmático.

 

Era el momento de dar un pasito más.

 

Sin esperar su respuesta, me agaché y le cogí de la mano, llevándole al césped, sobre una toalla. Delante de él, delante de mis amigas, me quité el sujetador, aguanté un momento sus miradas desnudas sobre mis pechos al aire, y me tumbé boca abajo, aunque semi incorporada sobre los antebrazos, con las tetas colgando. Ya podía esmerarme si quería dejar atrás el episodio con Nurita.

 

- Para que me puedas dar el masaje yo creo que es mejor que me lo quite ¿no?

 

Me diréis que ahí sí me pasé un poco, y bueno, puede que esto hubiese resultado exagerado, pero necesitaba excitar de verdad a Pablo y centrar en mí la atención por un rato. Además, era mi particular venganza por ese sujetador perdido que Nurita había eliminado de su historia. Bueno, y por masturbarse virtualmente desnuda delante de él. Y por dejar que mi primo le tocase el culo... ¡y el coño! Tal cual. Iba a necesitar toda mi artillería para centrar de nuevo a Pablo en mi cuerpo.

 

Pero todo fue sorprendentemente fácil, suave y lubricado, en todos los sentidos, jiji. Sus manos deslizaban por mi espalda sin necesidad de crema, igual que su pubis sobre mi abultado culo, frotamiento que no sólo no se molestaba en disimular, sino que lo hacía especialmente intenso, pausado, fuerte y placentero. El agua que mojaba nuestro cuerpos y escasas ropas disimulaba las humedades que empezaban a brotar de nuestro interior... Sólo unas horas después de que lo estuviese haciendo con Nurita, su polla empezó ahora a encontrar acomodo en la raja de mi culo a medida que se empalmaba, y pronto noté su desmedido capullo, caliente y húmedo, rozando mi piel desnuda. Y eso lo hacíamos bajo la atenta y babeante mirada de mis amigas. Yo ya había sentido esa misma sensación y, como siempre, deseé que ambos estuviésemos desnudos y que me penetrase el culo realmente. Eso sí, era la primera vez que recibía un masaje así, íntimo y a fondo, ni de mi primo ni de ninguna otra persona, con público. Público atento, mis dos amigas, tumbadas en el césped junto a nosotros nos miraban sin perder ni un detalle, acariciándose cada una sus partes sin demasiado disimulo.

 

Pero diría que Pablo no fue consciente de sus indiscretas miradas, se había tumbado casi sobre mí y ya no se molestaba en masajear mi espalda, sencillamente me la sobaba, bajando sus manos cada vez más hacia mis pechos, empezando a abarcar con sus manos el nacimiento de mis tetas, mientras me enculaba por detrás con movimientos largos y profundos de sus ingles hacia las mías, restregando todo lo largo de su verga por mi raja abierta. Yo tenía las bragas perfectamente en su sitio, aunque al estar mojadas de la piscina el contacto era, en cierto modo, mayor, más claro y nítido que a través de lo que podría ser con la tela seca; por lo demás, no muy distinto era lo que debió sentirle Nurita aquella mañana. Hace un ratito mi amiguita tenía el vergote de mi primo en su culito, ahora era yo quien le tenía, y lo estábamos haciendo delante de ellas, y sin duda con Pablo mucho más envalentonado que con ella, además de que yo misma seguía empujando también mi culo contra él para multiplicar el contacto, de manera que él podía entender que todo quedaba claro, quien era quien y hasta dónde podíamos llegar cada uno: todos éramos conscientes de que la llave estaba en mi mano, ahora en mi culo; un solo gesto mío y mi primo me penetraría delante de ellas, me empalaría hasta el fondo y el resto, estando los cuatro calientes como estábamos en este preciso instante, caería por sí mismo.

 

Creo que Pablo llegó muy lejos, le sentía temblar mientras jadeaba sin sonido, calentándome el cuello con su ardoroso aliento. Pero no le paré por miedo a que eyaculase encima de mí, eso podía haber sido glorioso, le paré porque yo misma estaba a punto de correrme… Era horrible, Nuria me había puesto a mil con su relato, y ahora esto... no, no quería, no podía ser... No podía permitirme perder el control, no delante de ellas, cualquiera de ellos tres podía, pero yo necesitaba tener todo medido porque, no, no estaba preparada, por lo menos aún no, para perder el control y dejarme, no era lo que tenía pensado, aunque quería hacerlo con Pablo, o hacer algo, no sé qué, todavía no lo sabía, pero tenía que pararle, no era el momento, no, no lo era, pensé, enloquecida por sus jadeos, los míos y los de mis amigas...

 

- Mmmmmmh, vale, vale, Pablo, ¡qué gustito! ¡cuánto tiempo! ¡vale! ¡para por favor! ¡ohhhhh! ¡PARA! - mis amigas me miraban entre confundidas y cabreadas, Pablo se detuvo, asustado - vamos, ¡vamos, levanta! - protesté, haciendo rodar mi cuerpo bajo el de él. Por un momento quedó entre mis piernas, sentí su sexo duro y caliente sobre mi pubis, y el húmedo glande echando líquido pegajoso en mi tripa. - Vaaamos, Pablo , ahora levanta, - dije encogiendo las piernas…

 

Mi primo se incorporó, quedándose de rodillas ante mí, mirándome pasmado las tetas. Su verga emergía casi completa del calzoncillo retorcido, medio bajado, impotente ante tan colosal elemento. Tal y como debía de haberla visto Nuria por la mañana… Mis amigas no tenían ojos para otra cosa. María babeaba, literalmente, con la boca abierta. A Nuria parecía no importarle tener una mano dentro de las braguitas y un dedo, visiblemente, dentro de su vagina. Joder, la conozco demasiado bien como para no saber que, en ese momento, ella ya había tomado de sobra la decisión de fallarle.

 

Pero Pablo no se daba cuenta de eso. Sólo me miraba a mí, a mis tetas, convulsas todavía mientras intentaba controlar mi respiración. Pablo flipaba, mirando mis tetas, consciente de que le estaba dejando hacerlo directamente, sin tapujos ni trucos, por vez primera desde que lo dejé con él, y encima delante de ellas, además de que habíamos vuelto a sentirnos, a sentir nuestros cuerpo, después de tanto tiempo, y el resultado había sido glorioso, habíamos estado a punto de...

 

Pero yo había logrado sobreponerme, controlar mis deseos, mis instintos...

 

- Bueno, primito, ahora creo que lo mejor es que vayas al baño. Te has calentado tú, y me has calentado a mí, por no decir de ellas dos... Pero se te ha puesto la polla como un palo y creo que lo mejor sería que...

- ...

 

Nuestro silencio parecía tener personalidad propia, como si allí hubiese una persona más con nosotros.

 

- ...ya me entiendes...

- ...

- ...Vamos, venga. Necesitas correrte, Pablo. - No tuve el menor reparo en señalar la obviedad.

 

Acababa de echar abajo, destrozándolas, varias barreras y tabúes entre nosotros. Tenía ahora que reconsiderar la situación, volviendo a definir un marco estable para nuestras relaciones si quería evitar realmente un desmadre absoluto, pero sentí que aún podía continuar un poquito más con mis destrozos...

 

Ante la inapelabilidad de mis instrucciones, con la evidencia de su monstruosa polla dando bandazos, erecta y libre al cálido aire de la tarde, mi primo reculó, miró a mis amigas que seguían perplejas los movimientos ingobernables de su miembro, se giró, y salió corriendo hacia mi habitación, por donde entró al baño para empezar a meneársela de manera implacable, supuse. Nueve-seis. Lo había conseguido, el tanteo empezaba a ser ya definitivo, el final del partido se acercaba y yo llevaba una ventaja casi imposible de remontar, no solo en el marcador sino, sobre todo, en lo que a posibilidades reales se refería. Pero ahora era otra mi preocupación.

Lo que había empezado como una fuerte malestar con Nuria, al no aplacarse ni un poco con el baño, dada mi caliente compañía, había reventado por completo bajo la fricción del rabo de mi primo. Yo también necesitaba correrme. No podía ponerle freno, eso ya no era posible, de manera que sólo quedaba darle salida, pero necesitaba ayuda, ya que yo sola no iba a poder. Y, como decía, mi ánimo destructivo aún no se había apagado por completo. Me quité las bragas soezmente y, llamé a Meri:

 

- Ven, Meri, vamos, acércate, necesito que me hagas correrme o me va a dar algo... - vi reflejarse el horror en su rostro y, sobre todo, en el de Nuria.

 

Detrás de ellas, y sin que se diesen cuenta, la ventana del baño se abrió de un golpe, ofreciéndole a mi primo, cuya silueta vi recortarse nítidamente en la penumbra interior, la visión de mi cuerpo completamente desnudo en el jardín, para alimentar la excitación de su verga conforme la iba llevando al orgasmo. Correspondí a sus ansias, abriendo tanto mis piernas, mi raja, mi chocho, como él había abierto la ventana. Eso fue lo que vio Meri, mi chocho abierto y chorreante, llamándola a gritos.

 

- Vamos ven, por favor, necesito que me comas el coño ya...

- Sí, Lau...

 

No dijo más. No lo necesitaba, ya digo que había puesto a todos contra las cuerdas, al borde del desquicie. Nuria hubiese atendido también cualquier orden mía, en realidad se pajeaba abiertamente junto a nosotras, aunque cuidando que sus braguitas mantuviesen ahora en secreto su sexo, propósito para el que, supuestamente, estaban pensadas, si bien su expresión enfadada revelaba lo incómoda que se sentía, lo molesta ante mi comportamiento, quizás humillada por haber ninguneado de tal manera su brutal encuentro con mi primo de esta mañana; por primera vez en su vida la había dejado atrás, la había vencido, superado, aniquilado, aunque era cierto que yo partía con buena ventaja, claro, pero yo sabía que eso le dolía, y también que ahora ella fuese la única que no podía dar ya ningún espectáculo ante nadie, lo mío era innombrable, también Met lo estaba dando todo en nuestro numerito lésbico, lo de Pablo, que todas sabíamos lo que hacía y lo que miraba, aunque solamente yo mantenía con él el contacto visual, había sido también demoledor, con aquella verga dura y enorme disparada más allá de sus slips ante la mirada atónita y deseosa de mis amigas, pero solamente ella, Nuria, se tenía que conformar con saciar su apetito sexual personalmente, sin ayuda y sin gloria alguna...

 

Meri obedeció mi orden sin rechistar, se tumbó, la cabeza entre mis piernas, y me hizo una de sus más memorables mamadas. ¡Cómo me lo comió! Quizás el estar siendo vistas por mi pequeño primo, mientras eyaculaba en mi baño, me hacía disfrutar aún más, quizás todo el ambiente, todo aquello... no podías más, me corrí perreando en la boca de mi amiga, me fui copiosamente dentro de María, que disfrutó como una niña comiéndome y bebiéndome. No se cortó un pelo. Bueno, yo tampoco me corté en jadeos, movimientos convulsos en su boca, restregándome en su cara... Nuria, ajena a todos nosotros, y sin duda caliente como un hierro al rojo, asumió su derrota (momentánea, efímera, intrascendente) lanzándose al agua fría de la piscina para terminar de aplacar su ardor, mientras yo me corría acompañando una eyaculación de Pablo que no podía ver pero daba por segura, ante los estertores de la oscura silueta que se revelaba en la ventana del baño, confirmando ese nueve-seis que me había anotado en su huida.

 

Mis convulsiones cesaron, la ventana se cerró, yo me quedé dormida, desnuda, con Meri encima y Nuria junto a nosotros, calmada y fría después de su largo baño, en el cual, mediante un fuerte ejercicio físico, había conseguido lo mismo que yo con mi violentísimo orgasmo. Acababa de ofrecerle a mi primo una fugaz visión de mi vida sexual real, ahora ya era plenamente consciente de mi homosexualidad, y de la de mis amigas, sabía que me lo montaba con otras tías, sabía que era bisex. Como él, en realidad. Él nunca se cortó con su hermano. Ni con Mateo. Él era como yo, le daba a todo, y lo daba todo por el placer, aunque él había demostrado desde el primer momento poseer una libertad total que a mí me había parecido siempre utópica, inalcanzable. Pero aquella tarde, por vez primera, fui capaz de vislumbrar por fin lo que significaba aquella libertad, fui capaz de tocarla y entender que también podía ser mía. Únicamente tenía que quererlo.

 

Cuando me desperté, Meri seguía dormida sobre mí. Empezaba a oscurecer. Mientras ella se deperezaba, yo recuperé mi ropa interior, cubriéndome rápidamente. Pasada la excitación, me resultaba incómoda mi desnudez. Pero Meri tampoco debía estar muy segura de lo que acaba de hacer conmigo, delante de mi primo. No era la mejor manera de conseguir su polla mostrarse como una bollera de esa forma, podía estar pensado... jiji, no contaba yo con que eso fuese un problema para el maricón de Pablo, quizás para su hermano, que aún iba por la vida de machito, pero Pablo había aprendido desde el principio a disfrutar con todo... No sé lo que se le pasaría a Meri por la cabeza pero, claro, lo que menos me preocupaba en esos momentos era cualquier remota posibilidad de triunfo de mi amiga con él. Ya tenía bastante en qué pensar con mi propio futuro sexual con ese crío.

 

En fin, nos levantamos, terminé de vestirme mientras Meri se recolocaba sus prendas interiores, y fuimos a la sala. Pablo y Nuria veían una película de dibujos en el sofá. Tumbados ambos, con las piernas medio enlazadas, semidesnudos los dos, con su ropa interior, pero sin más. Ni pizca de tensión sexual en el ambiente. La polla de mi primo sorprendentemente tranquila y correctamente situada en sus calzoncillos (aún así era tan grande, tan evidente, deseable, mmmm... el deseo empezó a asomar de nuevo en mi vientre con eso, con tan poco...)

 

Pero, básicamente, mi numerito de antes había funcionado, por lo menos por ahora nos había aplacado, y falta nos hacía después de la siesta. La posibilidad de una orgía había sido más que real en la habitación, antes de salir a la piscina. Ahora todo era distinto. Había sido todo muy fuerte, pero tan controlado por mí, que todos estaban ahora sometidos a mi nueva actitud, a mi indiferencia, ninguno se atrevería a hacer nada sin que yo moviese una ceja antes. Dejamos a los tortolitos viendo su peli, y Meri y yo entramos a preparar algo ligero de cenar, con la intención de llevarlo al salón y comerlo mientras veíamos la película que alquilamos por la mañana. Por supuesto, el hecho de estar todos en ropa interior, era ya lo más normal del mundo. Después de empezar a mostrarnos mojados, con lo que esas prendas perdían casi totalmente su poder de ocultación, e incluso directamente desnudos en múltiples ocasiones, lo cierto es que estos momentos donde realmente llevábamos slips, bragas y sujetadores puestos y secos, resultaban ya el colmo del recato, jiji.

 

Cuando tuvimos todo preparado, entre los cuatro lo llevamos al salón y lo colocamos en la mesa de centro, sentándonos en el sofá a comer con voracidad; estábamos realmente hambrientos, y de buen humor, por lo que parecía. La peli empezó en el reproductor de dvd, pese a que tampoco le hacíamos demasiado caso, mientras reíamos y comíamos, los cuatro en ropa interior cenando amigablemente por tercer día consecutivo. Aquello estaba empezando a ser una bonita costumbre. Aunque hoy no era un día normal, no podía serlo. En fin, no deja de ser una locura decir que cenar los cuatro en ropa interior puede ser normal, pero eso no era lo extraño. No, lo extraño era ese calor pastoso que se había extendido entre nosotros, esa tensión húmeda, que nos mantenía calientes y sudorosos, de manera que el contacto fortuito de un cuerpo y otro ya no producía calambres, ni chispas, ni nada parecido, sino todo lo contrario, un deseo remolón hacía que nuestras pieles sudadas se pegasen al menor contacto, resbalando entre sí con deleite, lentamente.

 

La peli era mortalmente aburrida, por lo menos a mí me lo pareció. Estaba más pendiente de ellos, del calor creciente en la amplia habitación, a pesar de ser de noche y estar todo abierto, a pesar de no haber sido un día especialmente cálido, el ambiente era opresivo, tropical, cargante. Pronto me di cuenta de que todos me miraban, todos se miraban, las miradas resbalaban por los cuerpos como las manos, los brazos, los muslos, las piernas, a cualquier mínimo roce seguía un largo recorrido por el cuerpo desnudo del otro, del que fuese, mientras los otros observaban excitados el clamorosamente lento desarrollo de aquella larga caricia. Nos habíamos sentado, de manera instintiva, igual que la primera vez que lo hicimos los cuatro aquí, cuando Pablo se hizo dueño del sillón dejándonos a nosotras el gran sofá donde los cuerpos se mezclaban más y sus interacciones eran más ingobernables. No sé si le desterramos nosotras al sillón o fue él, por miedo o precaución, no sé si nos quería observar desde lejos o por nuestra parte ansiábamos tener vía libre al contacto carnal entre nosotras. Pero así nos sentamos esa primera vez, y así seguíamos, Pablo solitario, aunque estirado, con sus piernas desnudas sobre la mesa, y sobre el sofá, y sobre nosotras... y yo reinando en el medio del sofá, con Nuria a mi zurda, junto al sillón de mi primo, y María a mi diestra, siempre pegada a mí, apoyada en mi hombro, acariciándome siempre...

 

Las piernas de Pablo descansaban sobre Nuria, pero llegando hasta mí; quiere hacerlo, es lo que busca, tocarme, sentirme, a mí y no a ella, pensé. Tonto. La tiene tan a mano, deseosa, y no lo aprovecha. Porque sólo tendría que estirar su mano, o centrar el roce de sus piernas en ella. Nurita se encontraba a punto de desmoronarse, lo sé, podía sentirlo. La conozco, no habría resistido un ataque de mi primo. Meri me acariciaba cada vez más, de una manera que hacía cada vez menos posible de disimular su deseo. Pero yo también estaba caliente. Y tampoco habría resistido un ataque serio de Pablo, una de sus sensuales aproximaciones, con miedo, casi temblando, pero decididas al centro mismo de mi deseo... Pero él no lo hace, no lo va a hacer. Tonto.

Yo le iba a enseñar cómo comportarse. Nurita estaba muerta de ganas, su cara pidiendo a gritos sexo, todo su cuerpo lo pedía. Es curioso, también yo moría por una verga, moría por sentir una polla, y más como la de Pablo, bien adentro de mi coño. Pero, lo cierto, en ese momento necesitaba, por encima de todo, experiencia. Sexo de la máxima calidad. Meri me estaba poniendo tan bruta, sólo con esas caricias en mi tripa, en mis muslos. Y ahora esos tiernos besitos. Pero Nuria, Nuria, Nuria... Cuando se está muriendo de deseo, como en ese momento, está taaaaan preciosa. Lo que sentí entonces por ella es fuerte, muy íntimo, muy especial. Mi primo, mi pequeño primo... tiene tanto por aprender... hoy le voy a enseñar algo, un poco más, pensé, pero... hoy no es su día. Todavía. Aunque, hay que reconocerlo, me había dejado muy sorprendida lo que le había hecho a Nurita y, al mismo tiempo, me había llenado tanto a mí por la tarde... ¡sin casi hacerme nada! Mmmmm, qué paquete tiene el cabrón.

 

Pero Nuria, Nuria, Nurita... podía oler su coño, estaba manando flujos, sudando a la vez tanto que mi primo no se daría cuenta, pero seguro que la tuvo que sentir con su pierna, seguro que se tuvo que mojar de su humedad, y habrá pensado que era solamente sudor. Pero no, se podía oler tan claramente su sexo, su olor a hembra, a ella. Estaba completamente en celo, cachonda, deseando follar. Igual que yo. Y no lo iba a desaprovechar, no, yo no, aunque me supusiera...

 

Me olvidé de mi primo.

Me daba igual que estuviese delante, mirando, viéndolo todo. Ya sabe como soy, ya lo ha visto prácticamente todo.

Me moría por follar.

 

Cuando me quise dar cuenta, me había tumbado sobre Nuria, y le estaba metiendo la mano en el suje, tocándole las tetas, besándolas y mordiéndolas y, como locas, delante de todos, mi amada amiga y yo nos comimos la boca. María continuaba mientras su delicada aproximación y, siguiéndome en mi movimiento, acabó tumbada sobre mí y me empezó a hurgar las bragas. Sin sacar mi lengua de la boca de Nuria, mordiendo y chupando sus labios con lujuria, levanté la vista, y le guiñé un ojo a Pablo, que lo miraba todo, absorto. Pero no se trataba de un gesto de invitación, sino de mera complicidad. Aquella no era su fiesta, pero no por ello dejaba de excitarme que nos estuviera mirando. El muy cabrón, me iba conociendo bien. Sin moverse del sillón, cogió un cojín del suelo para taparse la entrepierna. Supuse que se había empalmado y se le estaba saliendo por arriba, como antes, con Nuria, conmigo. Me miró, yo le miré; dejé de besar un momento a Nuria, "vamos", musité, pero ella me buscaba y me encontró, no sé cuál de las dos me estaba tocando las peras, que escapaban de mi sujetador, y él empezó al mismo tiempo a hacer movimientos rítmicos. ¡Se estaba haciendo una paja mirándonos, una paja con nosotras tres! Le dejé hacer, claro, no me podía excitar más estar que estuviera admirándonos, el muy cerdo, disfrutó tanto de nuestro numerito. Sólo yo enseñé algo más, aunque las manos de ellas me agarraban las tetas de tal manera que debía estar casi más tapada que con el sujetador. Quise ofrecerle todavía más así que, ya sin mirarle, bajé las bragas de Nuria, y le empecé a tocar, el pubis, la vulva, hasta meterle un dedo.

 

Pablo se puso a jadear en cuanto empecé a hacerle aquello a mi amiga. Y su ritmo creció vertiginoso. Pero Nuria ya estaba absorta en mí, mi mano en su coño era justamente lo que anhelaba, le estaba dando a su cuerpo algo que venía pidiendo a gritos desde su encuentro con mi primo de esa mañana. Y, justo cuando ella le tenía al lado al borde del orgasmo, mi amada amiga se olvida completamente de él. Para mi amiga ya solamente existía yo, Pablo era, en ese momento al menos, cosa del pasado. También lo era para mí… al menos en ese momento. Tengamos paz por esta noche, me dije. Le dejé seguir hasta que se corrió; se levantó, supuse que para ir al baño a limpiarse, o por pura vergüenza, debía de estar pringadísimo, aunque a oscuras no se le veía, pero sí su bulto desproporcionado, erecto entre sus piernas. No pude evitar dejar a mis amantes, mirarle, casi le sigo cuando se levantó. Ellas me miraron, sorprendidas. Le miraron a él.

 

Me metí las berzas en el sujetador. Estaba sudando, empapada por completo. Sabía que todo el mérito de lo sucedido era mío, hasta dudaba de que ellas fuesen conscientes de hasta dónde había llegado en aquella paja Pablo, que sin duda se estaba haciendo otra más ahora en el baño. Aún así, no podía negar la obviedad de que ellas habían participado abiertamente, por lo que este punto era en justicia tan suyo como mío. Lo anoté, a efectos estadísticos: diez-siete. En realidad, el juego me daba ya bastante igual, quizás lo empecé en un momento de pánico pensando que Nurita podía..., en fin, eso; pero siempre tuve que claro que yo era la ganadora segura. Eso sí, no dejaba de darme morbo hacer el recuento de las proezas de mi primo. Y si contase también las veces que nos habíamos hecho corrernos entre nosotras por las noches, jiji. Era too much para cinco días, no podía negar que lo estábamos pasando bien. Pero bueno, que estábamos a lo que estábamos, así que ¡vamos al lío!

 

No me apetecía andar con disimulos ni juegos, así que di instrucciones claras:

 

- Id a vuestra habitación, vamos, antes de que él vuelva. Ahora voy yo.

 

Nadie dijo nada, nadie preguntó. Ellas obedecieron, parecían de otra galaxia, no entendían, no sabían. Corrieron a cumplir mis órdenes, mientras yo recogía todo sin orden ni cuidado alguno, llevándolo como pude de un viaje a la cocina, la bandeja repleta. Cuando reapareció Pablo, me encontró allí, la peli parada, todo recogido, a oscuras, el sofá vacío, pero aún caliente y húmedo. Él tenía el calzoncillo aún tenso, muy abultado por una semi erección, y bastante mojado de la reciente corrida.

 

- Era tan mala que no merecía la pena verla, teníamos ganas de ir a la cama - le dije sobre la peli, aunque ni siquiera me había preguntado.

 

Mi comentario no venía a cuento. Ninguno había mirado la peli en ningún momento. Pero Pablo sabía desde el principio que, aquella noche, él no tenía nada que hacer conmigo. Lo que sin duda le ha descolocado por completo ha sido todo lo demás. Todo lo que vio, que fue mucho. Había besado y masturbado a otra tía para él. Es cierto, estábamos muy calientes aquella noche.

 

- Además, que faltaba muy poco y se veía venir el final. Anda, ¿terminas de recoger? - necesitaba darle alguna explicación más, pero es que no había nada que explicar, nada más que lo obvio.

 

Tenía ganas de follar. Y eso no se lo iba a decir, no así, porque no es con él con quien quería hacerlo. Pero me moría por hacerlo, y ya, así que no esperé su respuesta, moviendo el culo me alejé por el pasillo y le dejé en la cocina con aquello empantanado.

 

Cuando cerré la puerta de la habitación de mis padres, Pablo estaba al fondo, mirándome. El sonido del pestillo me liberó del magnetismo de su mirada de sorpresa, decepción e implorante deseo. Mer y Nur ya habían empezado a follar. Aquella noche no hubo arnés ni cosas raras. Atranqué puerta y ventana a cal y canto y me tumbé con ellas, sumergiéndonos en una sesión de sexo lésbico a pelo, con la entrega más absoluta, hasta el amanecer.

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nyctidromus
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@laualma que relato me has calentado la polla todo el relato tendre que hacerme una paja pensando en tu lengua, en tus dedos, en tus tres agujeros de placer y erotimismo mami y en lo que con ellos me puedes hacer

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@nyctidromus ver cómo se corre una verga tan impresionante como la tuya debe ser muy excitante... y pensar que pueda hacerlo y pueda ponerse así de dura por mí me dan ganas de seguir escribiendo toda la vida para que nunca dejes de correrte pensando en mí... te quiero siempre duro mi deseable fan

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@laualma siempre voy a estar duro para ti me cachonda escritora y siempre me empalmare con relatos tus tetas tu peluchito de coño y tu culo lubricado y viciosi

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@nyctidromus dame

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@laualma claro que te voy a dar lengua y polla en tus tetas gordas y tus agujeros viciosos mami puta

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@nyctidromus puta

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@laualma tu puta calienta pollas y salido y vicioso mi puta diosa

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@nyctidromus mm

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@laualma uff mami estoy mas salido que un balcon como decimos en Venezuela putilla mia

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@laualma siempre me pones cachondo mami calienta pollas

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