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La Libertad III_10: día 07_mediodía

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laualma
(@laualma)
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LIBRO 3. EPÍLOGO: LIBERACIÓN. CAPÍTULO V.

día 07 - 21.07.2012 - mediodía

 

 

El paso por el supermercado fue rápido, en realidad no había mucho que comprar, o igual era que se me habían quitado las ganas... Lo cierto es que lo único que me apetecía era estar fuera de casa, sin pensar en nada más que no fuera estar a solas con ella. Y, lo peor, era que todo estaba siendo tan alucinante como podíamos esperar. Incluso más. Seguramente más de lo que nunca soñamos. Parecíamos adolescentes, jugando por los pasillos del súper, metiéndonos mano bajo la ropa, besándonos y escandalizando al personal. Hasta entonces, pocas veces me había comportado así en público con un tío (salvo estando "de servicio", y siempre fuera de mi ciudad y zonas conocidas) y nunca, jamás, con una tía. Nunca en público. Nunca así.

 

- ¡Ey, mira eso! - dijo de repente mi amada, cuando pasábamos junto a la sección de piscinas. Un poco discreto sillón hinchable, no demasiado grande, había llamado su atención. 

- ¿El sillón?

- Sí... ¡sería guay! ¿no?

- Guay sí... - dije yo, dubitativa. Siempre me habían molado esos trastos en plan para fiesta en piscina, aunque invariablemente odiaba a las tías que se subían ahí para lucir palmito, y amaba a los tíos que hacían lo mismo. Ante tal relación amor odio era difícil saber qué hacer.

- Para tu piscina ¿no? ¿por qué no lo llevamos? - sinceramente, me moría por las colchonetas en las playas, por ejemplo, pero lo del sillón flotante en una minipiscina...

- ¡Sí! ¡genial! - me escuché decir. Pero ¡qué demonios me pasaba! No quería para nada aquel cacharro... ¿O sí? quizás ahora yo también podría lucir palmito ahí subida, jeje, tenía a buena parte de mi más ferviente club de admiradores en casa, así que... Aunque seguro que a ellas también les daba por pavonearse ahí subidas... Bueno, Mer era de las pocas tías que había amado subida en un sillón de piscina. Y Nur otra, pero también era de las que más había odiado, por lo de lucir palmito precisamente, cosa que repente no me molestaba tanto...

- ¿Qué te parece, uno de estos transparentes o el gris grande?

- No, no, transparente, transparente... el gris es feísimo, y no lo quiero tan grande... - noté que me estaba excitando de nuevo, imaginando a Nuria dando vueltas a la deriva en mi piscina, desnuda, sudada, cachonda, mientras Pablo y yo la mirábamos desde la orilla, tumbados desnudos en el césped, comiéndonos a besos, tocándonos, haciéndonos el amor... Nuria, Nurita desnuda en ese sillón en mi piscina... - El naranja, el naranja me gusta...

- ¡Genial!

 

No cabía duda. Estaba enchochada. Estaba enchochada por mi amiga, si había admitido comprar ese trasto, habría admitido hasta un pato de baño gigante si me lo hubiera propuesto ella, de hecho sabía que haría cualquier cosa que me pidiera...

 

Cuando salimos del supermercado, Nuria insistió en ir al coche a dejar las cosas y aprovechar para moverlo e ir hasta la parte donde estaba el videoclub.

 

- ¿Estás de broma? No merece la pena mover el coche para eso...

- ¿Con el calor que hace? Luego me lo agradecerás...

 

La última vez que mi cerebro había intentado llevarle la contraria, mi coño empezó a mojarse al imaginarla flotando sobre un sillón naranja. Así que me dije que sería mejor seguirle la corriente. Sospeché, además, que podía tener que ver con su sorpresa. Aunque no había vuelto a mencionarla... Pasé de hacerlo yo, porque estaba segura de que ya era algo inminente, jiji. Decidí esperar, pero he de reconocer que me tenía loquita, y que me estaban entrando ganas a mí de darle a ella una sorpresa y pedírselo ya... A no ser que... ¿sería esa su sorpresa? ¿me lo querría pedir ella acaso? Pero eso no tenía sentido, pensaba yo mientras conducía en silencio hacia la parte donde estaba el videoclub, estaba claro que ella quería conmigo, me lo había dicho ya varias veces... No, no, ella ya había dicho que se trataba de una sorpresa relacionada con mi necesidad por recibir una buena polla cuanto antes ¿Qué demonios sería? No paraba de darle vueltas mientras contestaba mecánicamente a sus preguntas, en una conversación intrascendente que guiaba nuestros pasos hacia el videoclub. Me extrañó la actitud de Nuria, me pareció que me rehuía cuando me acerqué a ella, melosa, al salir del coche. Pero yo estaba demasiado absorta como para dar importancia a aquello.

 

Así que, por fin, entramos en el videoclub. Deseaba acabar cuanto antes con aquel trámite, para salir de allí y poder descubrir de una vez qué demonios estaba tramando mi amiguita. Afortunadamente, y aunque en aquella época A.N. (antes de Netflix) todavía era normal alquilar dvds, siendo pleno verano y por la mañana, un videoclub era lo más parecido a un desierto, claro, aunque eso tampoco iba a impedir el inexplicable tedio que es siempre elegir una película. Por lo menos podríamos preguntar al chico del videoclub, aquel sinsustancia con pinta de pardillo. Bueno, feo tampoco se puede decir que fuera, pensé cuando entramos, al ver una niñata que estaba de charla con él, claramente tratando de tirarle los trastos. Siempre hay un roto para un descosido, como suelen decir. Y eso que él no parecía muy interesado en ella, ni en su rollo pseudo cinéfilo. En cualquier caso, el pardillo aquel nos debía una por el disco defectuoso de la noche anterior, que nos dejó sin peli (aunque no puedo decir que tenga queja de la alternativa que improvisé...)

 

Tratando de acabar cuanto antes, le recordé a Nuria una posible sugerencia para la peli que nos había hecho María. El problema es que no recordábamos bien el nombre, por lo que no pudimos encontrarla.

 

- Podías preguntarle al pardillo este, cuando acabe con la niñata.

- Jaja, ¿te has fijado? Esa tiene más ganas de echar un polvo que tú y que yo...

- Sí, además no me extrañaría que fuera virgen, y no por falta de ganas, eso está claro… qué manera de zorrearle, la niña.

- ¡Ya te digo! Fea es un rato, pero no me negarás que tiene buena pinta de putón.

- No te dejes guiar por las apariencias, jiji - reí.

- ¿Lo dices por nosotras? Si parecemos putones, y está bien, porque lo somos, ¿no? Lo que no tengo yo muy claro es que vaya a llegar muy lejos, él no tiene pinta de estar interesado ¿no?

- Pues debería. Lo que tiene pinta es de ser un pasmado que no se va a comer un rosco en su vida.

- Cómo te pasas Lauri ¿no?

- Ya, jiji. Ya… La verdad es que es bastante mono. Demasiado para ella, creo que ese es el problema. Pero pinta de pardillo tiene ¿o no?

- ¿Y dónde dejaste eso de “no te dejes guiar por las apariencias”?

- Sinceramente, Nur, no le veo pidiéndonos amablemente que salgamos, echando el cierre, y cepillándose a la guarrita sobre el mostrador. A ella sí, en cambio… que parece de las de to' pa' dentro, y sin pensarlo. – pasar tanto tiempo pegada a Nuria me estaba haciendo empezar a hablar como ella…

- Sí, morena. De las nuestras, entonces. - Nuria sonreía con demasiadas ganas. No me dio tiempo a preguntarle por qué, la zorrilla estaba saliendo de la tienda.

- Mira, mira, que ya se va. Anda, pregúntale.

 

Nurita, que es así, es incapaz de preguntar directamente por algo, así que como siempre se acercó al mostrador y se puso a hablar con el chaval aquel, que si el tiempo, que si el calor... Hubiese preguntado yo, para abreviar y escapar de una vez de allí pero, la verdad, aquel día me sentía un poco antisocial, así que decidí armarme de paciencia, y me dediqué a rebuscar entre tanto nombre alguna peli que me sonara y que pudiese apetecer a los cuatro. Lo cierto es que, si compatibilizar los gustos cinematográficos de nosotras tres ya era complicado, meter en la ecuación a un niño como mi primo ya me resultaba imposible, ya que todas las pelis adecuadas a su edad eran insufribles y pastosas comedias familiares que no estaba dispuesta a tragarme.

 

Andaba bastante absorta en la búsqueda, por lo que, cuando escuché a Nurita decir aquello, me costó creer que lo había escuchado correctamente.

 

- Oye... - noté perfectamente la inflexión de su tono de voz, lo había acaramelado exageradamente, de repente, sin venir a cuento - y dime... - ¿a qué cojones venía ese tono? - ¿tienes porno?

 

Casi se me cae la peli que tenía entre las manos.

 

- Q...qu...¿quééé? - el pasmado se había quedado aún más sorprendido que yo. Su extrañeza era lo único que me hacía dudar de mi absoluta certidumbre de haber escuchado mal.

- Porno. Que si tienes películas porno.

 

Nurita y yo nos habíamos hartado a ver porno juntas. Y con Javito, que era el que nos había iniciado; muchas veces nos veíamos varias pelis los tres juntos, en aquella temporada que nos dio por pasarnos los tres largos fines de semana encerrados follando en plan trío. Al final el problema era que tanto él como ella estaban encoñados conmigo, y yo terminé por agobiarme. Aunque me quedó la afición al porno, eso sí. Bueno, y a ellos dos, ¡aunque mejor por separado! Jijijij… De vez en cuando veía cosillas con quien podía disfrutarlas, la Bergeret, Lu, incluso Guille. Lore era muy entusiasta, hasta empezó a hacer una pequeña colección descargándolas discretamente en su ordenador. De vez en cuando me animé con Carlos incluso, también, tirando de internet. Con Meri alguna cosa vimos, también de internet, aunque ella nunca fue muy partidaria. Nuria lo sabía, por lo que me extrañaba que preguntase que...

 

Además, joder, estaba Pablo, claro... ¿Nuria pretendía que viéramos una peli porno con un niño? ¿Es que no le llegaba con protagonizarla delante de él? Joder..

 

- Porno, no... me temo que...

 

Nuria se estaba recostando peligrosamente en el mostrador. ¿Qué estaba haciendo esta tía? El tonto se quedó callado como un muerto. No me extrañaba, lo cierto era que, en esa postura, sin sujetador y con esa camiseta, a mi amada se le tenían que estar viendo perfectamente las tetas o, al menos, los pequeños bultos que en ella cumplían esa función.

 

-       Es que aquí... no tengo - volvió a la vida mudito, sin dejar de mirar sin cortarse las tetas a mi amiga - pero os puedo conseguir... - parecía que estaba pasando costo el imbécil. Sin duda estaba alucinado al verse acosado por dos tías seguidas el mismo día. Sin duda eran las dos primeras en su vida y, encima, la segunda estaba buena de verdad, y era mayor que él, en lugar de una niñata con pretensiones de guarra. ¿Qué pretendía la zorra de Nurita?

- ¿Sí? - su voz se hizo aún más almibarada y aniñada. - Bufff. - Se estiró escandalosamente la camiseta, enseñando a aquel pobre chaval todo su torso desnudo. - Qué calor... Estoy sudando, creo que esto me pone... cachonda ¿sabes? jijiji.

 

Me daba pena ese pobre tío, no entendía por qué Nurita jugaba así con él. Yo me había acercado a ellos, pero él no era capaz de apartar la vista de las tetas de mi amiga ¿sería acaso las primeras que veía en vivo en su vida?

 

- Espera, espera... es posible que tanga... ¡que tEnga! perdona, perdona... - patético, pensé alucinada; Nurita, mientras, se soltaba el pelo y empezaba a darse aire moviendo la camiseta. No sabía como era capaz de hacerlo, pero estaba sudando y se le marcaba la piel morena de las tetas y los pezones en la tela de la camiseta - es posible que tenga algo por aquí, tendría que ver...

- ¿Sí? - dijo con voz fingidamente alegre y sorprendida ella. El pobre chico había picado por completo.

- Sí, bueno, no... tengo que mirar - dijo acercándose a ella y susurrándole aquello al oído, como si fuese un secreto. No se cortó en mirarle bien las peras. - Pero no me importa hacerlo... eres... tan guapa... - joooder, qué triste eres, chaval... me dije a mí misma.

- Jijiji. - Nurita reía como una colegiala nerviosa por perder la virginidad con su mejor amiga. A mí me sonaba absurdamente falso, pero yo conocía bien a Nuria y todas sus técnicas de ligue, y aquel idiota pues se lo tragó sin más, adormilado como estaba por la vista de la piel sudada de los pechitos de ella y por su deliciosa sonrisa. - Pero, oye... no sería mejor que... quiero decir, ¿es seguro? ya sabes, si entra alguien y te ve... no quiero que vayas a tener un problema por algo así.

 

El chico levantó la cara asustado, mirando hacia la puerta, como si fuese a entrar la policía en ese mismo momento y le fuera a pillar traficando con tan peligrosísimo material prohibido. Hay que joderse.

 

- Mierda, tienes razón... - No podía creer lo que estaba viendo...

- Tranquilo, se me ocurre una cosa... ¿no podrías echar el cierre un momento?

- ¿El cierre? - preguntó, como si no supiera lo que era aquello.

- Sí... además así puedo ponerme un poco mas cómoda, que me estoy muriendo de calor...

 

Aquella frase tan sobada funcionaba siempre como una especie de contraseña para cualquier tío. Todos reaccionaban igual, Nur y yo la usábamos siempre que queríamos pasar a la acción rápido con algún tío bueno, o en la época en que trabajábamos... Pero al pardillo no pareció afectarle.

 

- Puedo subir el aire acondicionado, si quieres.

- No, no tranquilo... tú ocúpate del cierre, de la temperatura ya me ocupo yo - Joder, es que era increíble, ¡se lo estaba camelando por la directa! Nuria se desabotonó los tres absurdos botones que tenía su camiseta en el escote, a modo decorativo. Sus tetas podían ser pequeñas, pero es que se había quedado sin tela para cubrirlas. Mi amiga quedó, en medio de la tienda, con los pechos, pequeños pero apetecibles, al aire, morenos y cubiertos de sudor. Lo peor era aquella cristalera del frente de la tienda, que suponía su única separación con el resto del centro comercial que, afortunadamente, seguía casi vacío. Pero Nuria iba a por todas - …cuanto menos gente pueda vernos, mejor, precioso…

 

El chico comprendió por fin lo que se le venía encima aunque, evidentemente, no daba crédito. Por lo menos, al ver las tetas de mi amiga al aire, supo que hacer.

 

- Espera, espera... -dijo trastabillando, saliendo fuera y tirando de la persiana metálica para abajo.

 

Ya estaba, habíamos quedado encerrados allí. Con aquel pobre chico, y mi amiga pidiendo guerra. Yo flipaba. ¿Aquella era realmente la sorpresa de Nur?

 

Nurita se había quitado la camiseta y la falda, que de poco servía ya. Unas braguitas pequeñas, sucias, mojadas, manchadas y retorcidas eran la única separación entre la tierra y el paraíso para aquel tipo. La verdad, no estaba mal, pensé. Y la siguiente iba a ser yo. Claro que él era la sorpresa que me tenía preparada Nur, era increíble, la verdad... jiji. Hubo un momento de incertidumbre, el chico parecía no saber cómo actuar, dio dos pasos y se quedó parado, a poco más de dos metros de mi amiga, casi desnuda y visiblemente cachonda, con una más que visible (y notable) erección, marcándose cada vez más en sus horribles bermudas, dos tallas mayores de la que le correspondía. En fin, parecía que sería capaz de pasarse el día entero ahí, con esa tentadora fruta madura a su alcance, pidiendo ser devorada a mordiscos de lujuria. Afortunadamente, Nuria tiene armas más que de sobra para estos casos y otros aún peores. Lo cierto es que las tiene de manera innata, siempre supo cómo engatusar a cualquiera para que cayera en su redes, o entre sus piernas. En ese sentido, he aprendido de ella más que de nadie en este mundo, pero también he de decir que tanto ella como yo hemos aprendido mucho de la práctica conjunta que, a todos los niveles, compartimos durante un tiempo, y eso se nota, más aún con un niñato como aquél.

 

Así pues, mi amiga empezó a frotarse el coño con su mano izquierda sobre las bragas, con fuerza, metiéndose la mano en su amplia raja, frotando contundentemente la maltrecha tela de sus braguitas, que se deformaban arrastradas por la presión de sus dedos y de su palma, dejando ver sin disimulo su pubis pelado y, en general, la mayor parte de lo poco que su cuerpo no había mostrado todavía en aquel lugar. Nuria es tan directamente ninfómana o más que yo. Sólo la Bergeret nos puede ganar, la gran zorra, aunque ella siempre dice que es por motivos profesionales, centrados en su afán por estudiar todo lo que tenga que ver con el sexo...

 

Por mi parte, yo estaba caliente y, no lo niego, ansiaba ya follarme al pardillo aquel, como podía ansiar cualquier polla que me pusieran a tiro en aquel instante. Si aquella era la polla que me había elegido Nuria, para mí bien valía. Físicamente lo necesitaba, y el numerito de Nur había surtido su efecto, evidentemente. Y, por supuesto, ella no actuaba. Una vez iniciado el juego, siempre nos pasaba lo mismo, entrábamos en él de cabeza sin problema alguno, lo vivíamos con ansia y veracidad y con todas nuestra ganas, entregadas en cuerpo y alma. Siempre que follamos lo hacemos de verdad. Así estaba ahora Nuria, caliente y cachonda de verdad, como si ese tipo fuese el hombre de su vida, que se le ponía a tiro después de largos años de persecución y deseo. Y eso, a Nurita, si lo siente se le nota. Se le sale el sexo por los poros, suda lujuria, su coño rezuma morbo y deseo. Su olor, el olor de su sexo, de su coño, impregnaba ya de hecho absolutamente todo en local.

 

Mientras poco menos que se masturbaba el chocho, enseñándolo todo, con una mano, con la otra se magreaba las pequeñas tetas con fuerza, como si fueran las más imponentes berzas del mundo. El pardillo babeaba, literalmente, mientras tironeaba de sus bermudas, no sabía si intentando abrírselas o recolocárselas para acomodar su polla erecta, ya por comodidad o por intentar, absurdamente, disimular aquello.

 

- Ahhhhh, no puedo más, sigo caliente, tan caliente...

 

Nuria se lanzaba salvajemente al ataque definitivo. Podía ir a por él y tumbarlo en medio asalto, pero le gustaba jugar, quería conseguir que él diese el paso, eso era lo divertido. Y hacerlo le ponía aún más cachonda, yo bien lo sabía, para ella el sexo es siempre una estimulación salvaje a todos los niveles, y su temperatura aumentaba exponencialmente con el juego erótico. A mí me pasa parecido, es cierto. Por eso llevaba días jugando con Pablo. Lo divertido es el proceso, si hubiésemos follado desde el principio habríamos perdido tantas cosas... incluido el juego con Mer y Nur... Habría perdido la mañana aquella con Nuria. Habría perdido descubrir aquel sentimiento tan brutal hacia ella, si no hubiese jugado con ella y con mi primo de esa manera...

 

- Síííhhh ¿tú también estás caliente, verdad amorrrhh? - la manita de Nur ya se había metido por las bragas, tocando abiertamente su coño empapado. Él tenía que estar viendo su sexo, oliéndolo. Se sacó la mano, que se veía cubierta de sus fluidos viscosos. Los olió, los lamió con la lengua, y se los esparció por el pecho, por las tetas... Creo que él musitó algo, en plan joder, o algo parecido, revelando sin más que estaba totalmente anulado por mi amiga. Debía tener la polla reventar. - Vaoooos, ¿a qué esperas?, ven aquí, refréscame, chúpame, necesito que me enfríes o...

 

"Chúpame" Qué grande era Nurita. El pobre infeliz no pudo soportarlo, hasta casi debió correrse al escuchar aquello. Viendo a Nurita comportarse como una verdadera furcia, virtualmente desnuda, exhibiendo su cuerpo y su lujuria así, ante él y para él, terminó de reventarle la cabeza y, como un autómata se abalanzó sobre ella, obedeciendo sus órdenes. Sus manos de pulpo se aferraron al cuerpo de mi amada, su cuerpo sudoroso se pegó a la piel sudada de mi diosa, su boca babosa empezó a escupir saliva, a lamer groseramente su cuello, sus tetas, su pecho, su cara, su boca. Nurita abrió la boca, le buscó con la lengua, le atrapó y le morreó como nadie en su vida había hecho y como nadie más se lo volvería a hacer. El pobre infeliz, ya podría dedicarse a recorrer los mejores burdeles de este mundo buscando una puta remotamente parecida a la que tenía entre manos, que jamás iba a lograr igualar aquel momento.

 

Nurita empezó a desabrochar con manos expertas la camisa de cuadros y manga corta de nuestra polla del día, a acariciar su torso levemente musculado, de piel blanca, de niño, cubierta de un vello poco denso, largo, apetecible aunque encharcado en sudor. Le tocó, le besó, le lamió, se comió sus pezones. Él la sobaba ya por todas partes, y a ella le gustaba, estaba disfrutando, no sólo por su propio calor, sino que él estaba tocando partes de ella lo suficientemente bien como para hacerle subir poco a poco hacia el cielo. Al final iba a resultar que nuestro amigo era aprovechable… Yo ya me había quitado la falda, estaba híper cachonda, me tocaba el coño como una guarra sobre mis braguitas súper sucias, desquiciada deseando ver de una maldita vez la polla tiesa de aquel tío. No sé si él se dio cuenta ya de eso, que ya le tocaba, o quizás es que sentía que le iba a reventar, o que pensó por fin que estaba a punto de follar por primera vez, o yo qué sé pero, por fin, se decidió a rebuscar los botones de su bragueta para liberar a su niñito, jiji.

 

Nurita había intentado hacer el trabajo, pero aquello estaba tan apretado que no fue capaz, cachondísima además como estaba. Por fin, consiguió soltar su último botón, y aquella prenda demasiado ancha cayó al suelo por su propio peso. Unos anticuados calzoncillos boxer con un horrible estampado quedaron a nuestra vista. La tela no era tela normal, sino que parecía un poco tipo slip, de esa un poco elástica. Y su erección se marcaba en el centro, enorme, brutal, reventando aquella prenda, extremadamente sexual... Las manos de mi amiga volaron ávidas a aquel prometedor paquete, y empezaron a toquetearle con ansia. Él gemía desesperado, meneando la cabeza como incapaz de soportar tanto placer. Una enorme mancha de humedad se marcaba alrededor de la bragueta de los calzoncillos, que estaba abierta, con uno de los dos botones desabrochado y otro faltante, sin duda desde hacía demasiado tiempo. Y entonces pasó, entre sus movimientos, el manoseo de Nuria, y la presión interior de su miembro, que parecía que no paraba de aumentar, su chorra encontró el camino de salida, saliendo disparada hacia el exterior de su cueva, rodeada de una mar de largos y gruesos pelos negros, retorcidos pero no rizados.

 

Una polla clara, bien definida, que me recordaba a la de Pablo en pequeño, pero estaba súper roja de la presión. No era pequeña, en realidad, tamaño medio, digamos, pero para mí todo lo que fuese mayor que la de Javito siempre era más que aceptable (y con la de Javito he pasado ratos memorables, he de decirlo). Y, lo mejor, dura, super dura, completamente tiesa, nada de curvatura. Como la de Guille, mi pola perfecta, aunque algo más pequeña, claro, y, sobre todo, no tan gruesa. Pero apetitosa, contundente como una barra de hierro al rojo.

 

Envidié a Nurita profundamente cuando sus manos se cerraron en torno a ese trofeo. Inmediatamente, empezó a resobarle, recorriendo el duro vástago e intentando introducir sus dedos por el orificio de la bragueta.

 

- Ay, ay... ¡tía joder! ¡qué buena estás! ¡qué bien sabes! - soltó el baboso, retorciéndose de placer, empapando a mi amiga con su saliva, que caía a chorros sobre los pechos de ella, siempre cubiertos por las soeces manos de él, hasta que ella volvió a meter su cara debajo, abriendo la boca al máximo para recibir los fluidos de aquel ser pegado a la deliciosa polla que mi amiga manoseaba a conciencia, sin llegar a pajear, más bien tocándola, disfrutando su forma, su textura, su dureza y temperatura...

 

Las babas del tipo llenaron la boca que aquella mañana me había comido el coño, y ella sacó la lengua a su búsqueda, y encontró litros de baba y una lengua enorme, como un calamar gigante que acabó por meterse en su boca hasta su tráquea, y ella tragaba y tragaba, hasta que él, mareado por las ansias y el calor de Nuria, o a punto de la explosión por el leve pero experto trabajo de sus manos, se dobló por la mitad, separando su miembro de golpe, dejando a Nuria descompuesta, hasta que el calamar la emprendió soltando baba con las tetas, las pequeñas tetitas de Nuria, que se revolvía como si estuviese en medio de mil orgasmos provocados por la gran polla. Mi cuerpo hervía, no sabía qué tenía aquel tipo,

sin duda no era él, éramos nosotras, era la situación, lo que llevábamos acumulado con Pablo, y entre nosotras mismas. Los resultados multiplicados de tan poca cosa eran más que evidentes ahora en Nurita, que empezó a empujar la cabeza desaforada y melenuda hacia abajo, resbalando por pecho, torso, abdomen...

 

- Vamooos ¡vamos joder! -

 

Mi amiga se desesperaba, hasta que, de pronto, empezó a gritar sin motivo aparente, le separó y, en convulsos y extraños movimientos, intentó quitarse las bragas. Pero no podía, creo que eran demasiado pequeñas, y estaban tan empapadas y sucias que se le habían quedado pegadas... Nuestro amigó intentó separarse de Nurita dando saltos, y casi se cae, quedando de rodillas ante ella. En su gesto más valiente hasta el momento, estiró las manos, y dulce y suavemente, tiró de la prenda empapada hacia abajo. No sé si se dieron cuenta, pero las bragas salieron con un pastel tremendo que hubiese hecho las delicias de Meri. El olor a sexo era insoportable, insoportable olerlo y no participar, quiero decir.

 

Fue en ese momento en el que me quité la camiseta. Sudaba copiosamente.

 

El baboso acercó la cara, sin atreverse, como incrédulo, al coño de mi amiga. Seguramente nunca había visto nada igual. Tan pelado, tan delicioso, tan bello. Tan deseoso y carnoso, tan abierto y mojado. En un gesto animal, estiró el cuello, repasando su ganchuda nariz por la raja abierta de Nurita, haciendo un escandaloso ruido de aspiración. Increíble, si le había impresionado lo que había visto, más aún lo que estaba oliendo... pensé que se lo iba a comer, seguramente Nurita también lo pensó... porque mi amiguita, que no había parado de retorcerse y dar pequeños saltitos todo el rato, de repente, gimió, jadeó, gritó, se dobló y se echó hacia atrás, dándose un golpe contra la pared, que afortunadamente tenía justo detrás. El restregón nasal le pilló allí, y el grito que dio fue exagerado. Conozco demasiado bien a Nurita, y el calentón que tenía no era ni medio normal. La tía estaba soltando sexo a raudales, acumulado durante toda una semana, a pesar de haber follado como una perra conmigo por la mañana, ahora explotaba sin remedio, sin capacidad de control. Yo lo entendía muy bien, demasiado bien, porque yo misma estaba como una moto, mucho más que en mis mejores momentos. Lo mío con Nur nos había llevado a esto, y ahora estábamos las dos echando humo. Ella más, porque había tocado polla, había sido besada y sobada por un hombre ansioso, sería todo lo pardillo que fuera, pero estaba excitado por ella, con todo salido, y se la iba a follar. Sin duda, el amago de ataque a su coño fue la puntilla, y supuso, pese a la habitual flema y templanza de mi amiga, que sabía controlarse para ser un témpano en caso de necesidad, traspasar el punto de no retorno más allá de todo lo soportable. Nunca la había visto así, nunca vi a su cuerpo hacer algo parecido. Primero se encogió, retorciéndose, para luego, en un brutal alarido, estirarse hacia atrás, hasta quedar pegada a la pared. Su pubis se estremeció, como con vida propia. Arqueó la cintura, su vulva empujó hacia fuera, y un largo y denso chorro fue escupido desde lo más hondo de su vagina. Ya, no más. Sólo uno, pero mucho más largo y abundante de lo normal, y más tratándose de Nurita, que nunca había sido de grandes eyaculaciones. Aquello cayó directamente sobre el careto del sorprendido tipo, que cerró los ojos y abrió la boca, levantándose con el pene tieso bamboleante fuera de sus calzoncillos intentando limpiarse los ojos con las manos. El flujo de mi amiga resbalaba por su cara metiéndose en su bocaza abierta.

 

Era alucinante, pero acababa de pasar, Nurita se había corrido sin que casi la tocase ese cerdo. Yo estaba junto a ellos, dudando si saltarle encima al uno o a la otra, vestida solo con mis braguitas junto a mi amiga desnuda... pero ella llevaba ventaja. Cuando él se recuperó, se le acercó, ella pegó la vulva contra su polla:

 

- Vamos tío, joder, a qué esperas para usar esto...

 

las manazas de mi amiga volvieron a aferrar nada delicadamente el pene duro. Él se retiró por un momento, agachándose rápido para sacarse los espantosos y sucios calzoncillos, dando también pequeños y ridículos saltitos, ya que su ansia le impedía ejecutar adecuadamente tan fácil maniobra. La prenda se quedó por un momento enganchada en su cipote. Nuria no le dejó reaccionar, le arrancó los calzoncillos del rabo y se lo agarró, tirando de éste hacia sí. El cuerpo asombrado que iba detrás se le vino encima, y se besaron aparatosa, honda y babosamente un corto rato, mientras ella manoseaba exageradamente aquella barra de hierro candente que golpeaba su cuerpo, como si fuese a penetrarla taladrándole el vientre. Pero Nurita no soltaba aquella verga ni un segundo, ya que realmente lo que ella quería era la polla y no al tipo, y le apretaba el glande mojado, le retorcía la piel y los testículos duros y apretados. Cuando parecía que por fin iba a suceder, él se retiró de nuevo, doblándose sobre ella y apoyándose en la pared... 

 

- Ohhhh... ¡ooooooh no tía! ahhhhmmmm

- ¡No! ¡no se te ocurra! ¡no! ¡espera! ¡¡¡no te corras gilipollas!!!

 

Nuria se había dado cuenta perfectamente de lo que estaba pasando. El pobre tipo era un picha floja, y ella era una experta en tratarles, no en vano las dos habíamos practicado tanto con Javito, jijiji. Pero, era tal su grado de excitación que, pese a que nuestro pardillo estaba a punto de venírsele encima sin siquiera haber metido, ella se había corrido incluso antes. Esta vez la picha floja había sido ella, jiji, increíble, era algo casi impensable, y más con un personaje así... mi amiga estaba en un momento crítico, pero supo sobreponerse, no en vano deseaba fervientemente ser penetrada. Yo la entendía, la entendía taaan bien, no había estado ni siquiera en su situación, sino solamente mirando, y mi cuerpo estaba ya hecho estragos, sabía que podía reventar tan fácilmente como ella.

 

Nuria tomó las riendas un momento, lo suficiente como para remontar aquello, aun a sabiendas de que el tiempo jugaba en su contra, él se iba a correr sólo por el mero hecho de tenerla a ella delante desnuda, y con el coño manando olor, y ella podía quedarse absurdamente tirada si tardaba más de la cuenta al haber caído de esa manera en un orgasmo y absurdo. Así que le cogió la cabeza con una mano y le apretó contra ella, relamiendo su cara y su boca, él se dejó hacer, hasta que volvió a sacar al calamar, pero siempre retirando el culo para evitar que ella pudiese tocarle la verga temblorosa, al borde de un triste orgasmo exterior al paraíso. Pero Nurita no iba a cagarla así, por mucho que quisiera polla sabía que el pichafloja no iba a aguantar, así que le dio el tiempo justo para recuperarse mientras ella aprovechaba cada precioso segundo para, con su manita libre, meterse un par de dedos por la raja, hundiéndolos en la vagina mientras acariciaba sus labios y su clítoris para ponerse a tono para lo que sabía que iba a ser un viaje corto. Su cara congestionada y deformada por el placer (es alucinante la capacidad automasturbatoria de mi amiga, es capaz de tocarse resortes que nadie más puede encontrar en su cuerpo; he intentado hacerle cosas parecidas, conozco su coño casi tan bien como el mío, pero lo que ella es capaz de hacerse a sí misma es un misterio total para las demás…) me hizo ver que estaba a punto. Iba a pasar ya. Ahora. Por fin. Me pegué a ellos como una lapa.

 

- Vamos... ¡vamos cabrón! ¡métemela! ¡métemela ya!

 

El pobre idiota no supo qué hacer. Levantó la cara y la miró a los ojos. Con expresión resignada, ella tiró de su cuerpo, agarrándole con la cintura. Abrió las piernas y se acomodó, bien apretada contra la pared. Él apretó su cuerpo, flexionó levemente las rodilla. Perfecto. El cipote apuntaba hacia arriba, explosivo, impensablemente duro. Pero aquél estúpido parecía incapaz de atinar, parecía incapaz de entender cómo hacer para follar, parecía que no tenía ni puta idea de cómo era un coño de mujer ni por dónde debía meterla… Nuri intentaba cogérsela para guiarla dentro, pero si separaba sus manos de la cintura de él, aquel estúpido parecía que se desmoronaba, y ella se veía obligada a recogerle, perdiendo la oportunidad, cada vez más urgente ante la inminente descarga de semen, de metérsela para dentro. Mi amiga resopló cabreada, y cerró los ojos, abrazándose fuerte al cuerpo desnudo y sudoroso de él. Los sudores de ambos, chorreando a mares, se mezclaban, y me mojaban a mí, tan cerca de ellos. Nuria apretó sus brazos cerrados sobre él.

 

- Vamos, empuuuuja.

 

Él cerró los ojos. Y se apretó contra ella. Más y más. Yo estiré mi mano, pasando tras el culo de Nurita. Alargando los dedos al máximo, sentí su entrada, abierta, abierta de par en par. Era increíble, chorreaba, manaba sus flujos a chorro sobre el miembro que estaba a punto de penetrarla. Bajando un poco las yemas, noté aquel líquido viscoso cayendo hirviente sobre el glande de él. Le estaba tocando el capullo, tan tenso, tan suave, tan duro, caliente, a aquel joven desconocido. Puedo decir que en ese instante el pobre pardillo me resultaba de todo menos despreciable. No creo que se diese cuenta de que yo también le estaba tocando la polla, en realidad creo que no se había dado cuenta aún de mi presencia, a pesar de que estaba allí, casi desnuda, cuerpo con cuerpo con él, compartiendo calores, deseos y sudores. Sin necesidad de tocar a Nuria, coloqué aquel admirable capullo justo bajo la entrada chorreante de mi amiga. Sabía que su vagina estaba ahí, y sabía que estaba abierta y ansiosa. Sujeté el duro miembro con delicadeza… aquel gilipollas no iba a tener tan a tiro el cielo en su puta vida, así que más le valía empujar de una vez…

 

Y, por fin, se decidió. Incorporándose, sentí su vástago avanzar hacia el interior de mi amiga abierta. Nuria gimió y se mordió los labios, cerrando los ojos y suspirando hondamente al sentirse penetrada. Pude sentir la dura y caliente verga avanzar milímetro a milímetro en el coño abierto y extra lubricado de Nurita. Él se puso totalmente erguido, empujando a mi amiga, taladrándola y clavándola en la pared, tomando levemente la iniciativa al quedar ella colgada de su pene, levantando las piernas para rodear la desnuda cintura de él mientras yo acariciaba su masculino y musculado culo, blanco y cubierto de suave vello mojado en sudor, muy firme según se apretaba para hacer fuerza para empujar, repasando su raja sudorosa y, sin duda alguna, olorosa...

 

Poco a poco, tras alcanzar la máxima penetración, el puto crío empezó a follarse a mi amiga, empujándola a espasmos irregulares hasta introducirle dentro el pene por completo. Sujetándola en vilo contra la pared, aplastada contra un póster de una peli de Almodóvar, el pardillo empujaba y empujaba, sin echarse para atrás, en realidad sólo seguía y seguía empujando dentro de ella como si pudiera llegar a sacarle la polla por la boca. Sin embargo, algo debía estar haciendo bien porque Nuria gritaba, no gemía ni jadeaba, sino que gritaba corto y agudo, frenético como una coneja follando, y movía los brazos con desenfreno por la ancha espalada del chico, golpeándole y pellizcando sus hombros, mientras cerraba los ojos y, mordiéndose con fuerza los labios, agitaba la cabeza a un lado y a otro. Todos ellos eran síntomas de un buen orgasmo en Nuria, los conozco por habérselos provocado tantas y tantas veces, jiji, pero todos a la vez rara vez se producían, e indicaban que se acercaba una corrida mayúscula.

 

Por fin, él se decidió a algo más, y empezó a moverse de manera mínimamente parecida a un tío follando. Desde luego, la postura no era la más fácil, hay que reconocerlo, y menos para una iniciación (¿sería realmente virgen, lo estaría estrenando Nurita? me pregunté, es tan difícil saber eso con los tíos...), pero es que había estado prácticamente inmóvil desde que la penetró. Y, a pesar de ello, mi amiga parecía estar pasando un rato sublime, como si se la estuviese cepillando un semental. Entonces, digo, él empezó ya con un extraño metesaca, supongo que por la inexperiencia y por lo complicado de la postura, casi imposible de ejecutar si no te sujetan en vilo con los brazos (me han follado, y bien, infinidad de veces así, pero cuando he tratado de hacérselo yo a alguna de mis amigas, con la prótesis, me ha resultado difícil precisamente por eso, por lo que me costaba sujetarlas en vilo). Así que aquello eran como pequeños saltitos, tímidos espasmos apretando el culito para conseguir meneársela un poco. A pesar de todo, el coño de mi amiga era una caldera a punto de estallar, y sospechaba que él no andaba mucho mejor, o incluso debía estar peor, ya que no atinaba casi ni a besar a Nuria mientras se lo hacía, aunque también es verdad que los dos movían la cabeza de manera compulsiva y sin control.

 

Fue entonces cuando el tipo se dio cuenta de mi presencia, ya que al apretar el culo para follarse a Nuria, fue plenamente consciente de que tenía mi mano hurgando su raja y jugueteando alrededor de su ano. La retiré rápidamente, de manera inconsciente. Él me miró. Sin darme cuenta había llevado mi mano a mi cara para olerla y chuparla. Es algo que siempre hago al tocar un culo, un coño o una polla. El olor de su culo era intenso, penetrante, reconcentrado. Hace mucho que estas cosa sólo me provocan placer, el más intenso placer y el morbo más exagerado. Al fin y al cabo, darse un beso es algo que puedes hacer casi con cualquiera, pero no a cualquiera le tocas el culo... los sexos, los culos, mejor con pelos, sudados, con olor, las axilas, los pechos peludos, los grandes pezones, las pieles sudadas, manchadas de flujos, la saliva, hasta el pis… y hasta las heces… todas esas eran experiencias prohibidas, reservadas a la más estricta intimidad, aunque fuese meramente puntual, como ahora. Nunca hubiese pensado al entrar a ese videoclub que desearía oler el culo de aquel pringado, pero ahora no había nada en el mundo que me pudiera causar más placer que meterme en la boca el dedo manchado de su mierda y relamerme con gusto. Y justo eso estaba haciendo cuando fijó sus ojos en mí. Me avergoncé de ser pillada así, aunque dudo que él tuviese la más mínima idea de lo que hacía en realidad. De todas formas, intenté disimular haciendo avanzar más mi mano, hasta que me encontré con la cabeza de Nurita. Tiré de ella, y la besé a boca abierta, larga y soezmente, como habían estado haciendo ellos hacía un instante. Y eso encendió del todo al tipo. Aceleró sus extraños y espamódicos movimientos de pseudo metesaca dentro de mi amiga mientras ella y yo nos besábamos.

 

Nada le pone más a un tío, sobre todo un principiante con pinta de panoli como este, que dos tías montándoselo, y si se lo montan mientras le follan o le comen la polla, ya están en tus manos de por vida, dispuestos a darte su vida si es preciso.

 

- Joooder, tía, síii, cómetela, mmmmhhhh ¿te gusta a tí también eh? zorrilla...

 

No falla, era Nuria la que se le había tirado encima, a la que se estaba zumbando, pero la zorra era yo, que era la que la besaba a ella... simple, tan simple como todos, como casi todos.

 

Afortunadamente estaba muy acostumbrada a esas reacciones, sé lo que significan y a qué se deben. Y lo cierto es que ya casi me molestaría más no oírlas de un espécimen como este, que era el típico que haría y diría estas cosas. En resumen, que me llamó zorra y me puse aún más cachonda. Si cabe.

 

- Estás buena tú también, joder, y qué tetas tienes puta, ahh, ahhh, ahh, ahhh...

 

A partir de aquí sólo jadeos, jadeos y mucho calor. Él empezó a jadear rítmicamente siguiendo su empuje en el interior de Nuria, pero sus jadeos no hacían más que perderse, envueltos en los de Nuria, que en cuanto le solté la boca empezó a emitir esos hondos y fuertes gemidos animales, rítmicamente, marcando el ritmo a la penetración y a los grititos de él. He de reconocer, pese a todo, que estaba flipadísima con la capacidad de aguante que estaba demostrando de repente aquel niñato. Y más porque la reacción de Nuria era desmesurada para el tipo y el tiempo de follada de aquel personaje. Y, sin embargo, podía ver como mi amiga estaba perdidamente al borde de un orgasmo descomunal.

 

Yo me empecé a acariciar el sexo también, ya por dentro de las bragas. No daba crédito a mi humedad, era imposible también que estuviese así, ¡si no me habían tocado siquiera! Hasta entonces, porque él, haciendo un alarde, sujetó a Nuria sólo con su polla y la mano derecha, utilizando la izquierda, que era el lado por donde estaba yo, para empezar a sobarme las berzas.

 

- Joder tía, qué tetas, qué tetazas.

 

Siempre mis tetas… jijiji… era la única parte de mi anatomía contra la que Nurita no tenía nada que hacer (bueno, eso y el culo, porque ella nunca dejaba que la sodomizara nadie, y en cambio a mi me encantaba siempre poner el culito). Las sobaba y estrujaba como un animal, con sus fuertes y duras manazas sudadas, me las estaba destrozando, se notaba que no había tocado a una tía en su vida. Pero lo peor era que era eso y no menos lo que mis pechos necesitaban, me dolía, sí, pero al mismo tiempo estaba tan salida que necesitaba algo así para, para... ohhhh no...

 

De repente, se me abalanzó encima, sin dejar de follarse a Nurita, su cabeza se estiró hacia mí, y cuando quise darme cuenta tenía al ávido calamar incrustado en el fondo de mi garganta. Su lengua era caliente, áspera, como la de una vaca, y hurgaba dentro de mi boca con la destreza de una mano, mientras su mano destrozaba mis tetas y mis pezones con la fuerza de una garra y la precisión de una lengua.

 

Todo aquello me sacó inesperadamente de quicio. La mano que jugaba con mi coño se cerró con fuerza en torno a mi vulva intentando contener lo incontenible. Mis piernas temblaron, aunque afortunadamente pasó rápido. Joder. Joder. ¡¿Qué coño había sido eso?! Es que no era posible. No, no podía haber llegado a correrme. Pero sí. Había sido un principio de orgasmo. O un mini orgasmo. O... ¿Solamente con besarme y tocarme las tetas? No, no era posible. Pero mi coño amenazaba con explotar, me di cuenta de que era así, cuando volví a concentrarme en la agradable sensación en mi boca y en mis tetas. Aquella lengua, aquella forma de besar, aquella ansiedad... me gustaban horriblemente, me ponían infinitamente cachonda... Oooooooohhh…

 

No.

 

No, no.

 

Noooo nooo… ¡NO!

 

No podía ser cierto.

Me corría, estaba a punto del orgasmo.

Aquel pringado estaba a punto de hacer que me corriera con tan solo un morreo y un masaje (o mas bien un destrozo) de tetas. A mí, ¡que llevo más horas de sexo encima que todo un burdel!

 

- Ahhhhaaahhhh ¡coñocoñocoñocoño! ¡AAAARHHHFHHHGGG!

 

Salvada por la campana. El gilipollas se retiró de mí, me sacó aquel animal viscoso de la boca y me dejó las peras, enrojecidas y destrozadas, aunque muy a tono. Se estaba corriendo por fin, aunque no llevaba ni tres minutos dentro de Nuria... bueno, todavía había aguantado más que Javito en sus actuaciones estrella... lo cierto es que yo hubiera apostado al principio por una corrida instantánea al entrar en el coño de Nuria. Al retirarse, en pleno grito orgásmico, expulsó por su boca una considerable cantidad de baba. Era surrealista lo que babeaba, literalmente, el pobre muchacho. La mayoría me entró en la boca, dentro, aunque me manchó la cara y me resbaló por el cuello y las tetas... joder, iba a salir oliendo a saliva de aquel tío... de todas formas, como soy tan puta y ya he dicho que esas cosas me ponían mucho, me excitó mucho sentir toda aquella baba de él en mi boca, la degusté y la tragué, muy, muy excitada.

 

Afortunadamente, eso sí, había conseguido controlar mi excitación. Me separé de ellos, mientras Nurita apretaba sus brazos en torno a la cabeza del chico, intentando besarse pero sin éxito, los dos cabeceaban y gritaban, arañándose y pellizcándose, incapaces de controlar sus respectivos orgasmos. Y puedo afirmar, con completa seguridad, que el de Nurita estaba siendo antológico. ¿Gilipollas, el tío? Podía ser, pero nunca hubiésemos esperado algo parecido, ni de lejos... Y yo seguía cachonda, muy cachonda, y más que nunca en mi vida, quería probar aquel cipote, Nuria había abierto el camino, pero lo había hecho para mí, era mi presa, mi sorpresa...

 

A aquel animal con eyaculación precoz le habían bastado un par de minutos para hacer correrse a Nurita, a ella, la diosa del aguante, de hacer sufrir durante horas a los tíos más resistentes... Y prácticamente sin menearse dentro de ella, allí, quieto, clavado, con aquel cipotón incrustado en sus entrañas... Nurita resbalaba por la pared, manchada de su sudor, intentando que su cuerpo se recuperara de la brutal conmoción del orgasmo. El chico se había arrugado, doblándose y cayendo poco a poco al suelo, hasta que ambos estuvieron despatarrados, a mis pies, hechos un giñapo. Él se había salido de ella, con la polla floja, pero no pequeña. Tenía un buen tamaño para no estar empalmado, demasiado bueno, una magnífica pinta, sucia como estaba del flujo mocoso de la corrida de mi amiga, apetitosa, gruesa e hinchada... pero no, debía ser porque la tenía morcillona todavía, no me creía que la tuviera así totalmente en reposo... un cuerpo bastante indiferente, ni gordo ni fuerte, ni delgado ni musculoso, ni peludo ni afeitado, excepto en el pubis, envuelto por una larga cabellera de pelo fuerte, negro, apenas rizado, espeso, sucio de flujos y semen, me volvía loca mirarle allí... su cuerpo sudaba y temblaba, empezó a reptar, boca arriba, hacia atrás, separándose de Nurita.

 

Pero Nurita estaba empotrada en el ángulo entre el suelo y la pared, incapaz de moverse, incapaz de reaccionar, con el coño más abierto que le había visto nunca, de donde manaba abundante semen mezclado con sus propios líquidos. De todas maneras, él no miraba a Nurita, a pesar de que la visión de su coño abierto era desconcertante, su coño, el coño máximo, su coño de puta, vencido, taladrado, perforado por un aprendiz, con terribles consecuencias... Pero el pardillo me miraba a mí, solamente a mí, ahora. Por fin, porque era mi turno.

 

Yo le seguí, quitándome las braguitas con urgencia. Estaba claro lo que quería de él, aunque él ponía cara de no comprender. Tú mismo chaval. Y no vayas a pensar que hoy es tu día de suerte, chaval, me dije, simplemente es nuestro de día de polla, y tú eres nuestra polla. No había más. Mi coño peludo al aire rugía, mis labios se estremecían de ansiedad, y rezaba por que mi pene, perdón, mi clítoris, no se desbocase demasiado. El acojonado espécimen que tenía a mis pies siguió reculando hasta que chocó con el borde del mostrador. Ya no pudo más, y allí se paró, esperando mi llegada, marcándose cada vez más una sonrisa desquiciada y un gesto de loco a medida que yo me iba acercando poco a poco. Me daba lo mismo su cara de loco, me lo hubiese dejado hacer por un psicópata ahora, no habría sido capaz de decirle que no a nadie. Una semana de negación con Pablo, este era el precio que tenía que pagar por eso. Y lo iba  a hacer, gustosa. 

 

- Jodeeeer... tú sí que estás buenorra, morenaza, qué buena estás con esas tetas de diosa que tienes... ¡joder que pezones de puta de porno!

 

¿Yo sí que estoy buena? Esto sí que era grande, ¿me estaba diciendo que me prefería a mí que a Nurita, que estaba más buena que ella...? Ayer mi primo y hoy el gilipollas... en mi vida me habían dicho eso una sola vez, todas y cada una de las ocasiones en que me compararon con Nuria había salido perdiendo. Mi complejo de inferioridad con ella era legendario, a pesar de que mis atributos físicos pudieran ser individualmente mejores. Nunca, nunca. Y ahora dos veces seguidas. Puede que este tío no fuera nadie, puede que este tío fuera un mierda. Pero las veces que me amargaron la vida tampoco eran tíos muy especiales, la mayoría. Pero afecta. NUNCA. Es que era muy fuerte. Hasta el día anterior. Hasta aquella bendita mañana. Creo que este sentimiento mío había marcado siempre, hasta entonces, muy profundamente mi relación con Nuria, seguramente hasta el punto de condicionar mi decisión de no querer nunca nada firme con ella. Hasta entonces. Tenía gracia que, en el momento en que por fin había visto la luz con ella, en que había cambiado de opinión y tomado por fin mi decisión... en aquel momento había sido la elegida, frente a ella, dos veces seguidas...

 

Bien, niño, te voy a follar como nunca te lo hará nadie, pensé.

Caminé sobre él, dejando su cuerpo entre mis piernas. Pasé sobre su pene medio laxo, consideré bajar ahí, pero decidí seguir. Más, un poco más... Sí. Ahí. Apoyándome en el mostrador, flexioné las piernas. Bajé mi coño y lo apoyé en su cara. El chocho peludo peinando su nariz, su rostro. El coño mojado, los labios hinchados, la vagina abierta, untando su boca, sus labios. De repente, noté aquel animal. Justo lo que me moría por sentir: su lengua rasposa, el calamar con vida propia, había salido de nuevo a pasear. En mi coño. Me pegó un lametón fuerte, extraño, apretando con fuerza en toda la vulva, casi como si hubiera sido una mano en lugar de una lengua. Y se retiró, agachando levemente la cabeza, casi como si hubiera sufrido un calambrazo. Yo me aparté, temerosa. Porque para mí había sido también como una especie de descarga. Joder. Mejor no seguir por ahí... me tentaba demasiado lograr que me lo comiera, seguro que no lo había hecho en su vida, su actitud debajo de mí así lo indicaba, además. Pero me temía que si me volvía a poner aquella lengua sobrenatural encima, entonces sí que yo no iba a durar un segundo...

 

Pffff… Yo no soy en absoluto precoz, jamás lo había sido... tengo que estar horriblemente caliente para que me pase tan rápido... joder... no, no, era por Nuria, era por Pablo. Incluso Meri. No podía ser por aquel chaval que no tenía ni medio polvo… Una semana, mi coño que estaba que mataba por una polla, porque Pablo me follara, mi súbita comprensión del deseo infinito que sentía por Nuria, nuestra densa y sexual mañana... Aquel gilipollas no tenía nada que ver, o muy poco. Seguro. Ya estaba bien. No debía volver a pensar en su lengua, en aquella lengua, porque solo pensar en aquel órgano brutal con vida propia me ponía al borde mismo del orgasmo. Me senté sobre él, sobre su tripa. La tenía más dura de lo que aparentaba. Me aferré a sus brazos. En general estaba más fuerte de lo que aparentaba. Empecé a frotarme contra su abdomen, lujuriosamente, con el coño muy abierto, deslizando en círculos a medida que me iba desplazando, poco a poco, hacia atrás, hacia su pubis.

 

- Joder tía, jajaja, menudo chocho peludo que tienes ¿eh? peladito por abajo, menudo chumino de puta... -¿Quién se creía aquel subnormal? Pero ¿por qué me estaba diciendo aquello...? - Tú sí que eres zorra ¿verdad? eres muy zorra y tienes las mejores tetas de este mundo zorra...

 

¡Mierda, mierda y mierda! Sería posible... aquello me estaba poniendo muy bruta, aquellos insultos...

 

Me eché más para atrás. Del todo, hasta notar su vello púbico acariciando mis labios, me froté un poco más, y encontré su polla, chocando contra mi sexo. Ya, ya, mi niño, ya llega, ya te doy carne de comer, salchichita para mi coñito... 

 

No iba a cometer el error de Nuria de pensar que aquel inútil era capaz de encontrar por sí solo el camino de entrada. Levanté el culo, y metí una mano entre las piernas. Se la agarré, con fuerza. Efectivamente, la tenía morcillona, en absoluto laxa, de hecho no me iba a costar revivirla. Agaché la cabeza, acercando la boca a su oído:

 

- Escúchame bien, mi amor, prepárate porque esta putita te va a echar el polvo de tu vida, vas a pasarte el resto de tus días yendo de zorra en zorra buscando un coño como el mío... si lo de la puta de mi amiga te ha gustado, vas a saber ahora lo que es una verdadera puta caliente… - le metí la lengua en la oreja, que estaba horriblemente sucia, mordiendo y retorciendo mi lengua por todos sus recovecos, relamiendo sus tropezones mientras le apretaba con fuerza la polla. - Vamos, sigue, llámame zorra, cabrón, que me pone cachonda...

- Zo...zo...rra...

 

Era de esperar… su momentánea hombría se había deshecho como lágrimas en mi flujo en cuanto me había mostrado como una verdadera hembra ante él. Una lástima, porque ahí me dio el calentón, y según tomaba yo la iniciativa el pobre hombre perdió hasta la capacidad de articular palabra.

 

Me arqueé para acercar más mi vulva a su sexo y, guiándolo siempre con la mano me lo refroté por todas mis partes, esperando que terminase de hincharse. Estaba muy caliente. Lo apretaba fuerte con la mano, aplicándole una suave presión masturbatoria, mientras seguía y seguía frotándome contra él, untándome el sexo con su glande, con sus restos y los de Nuria. Mi flujo caía sobre su cuerpo, sin freno. Y así hasta que, por fin, aquello se fue hinchando y endureciendo poco a poco. Yo estaba tan abierta que no necesitaba gran dureza para hacerle entrar. Empecé a dar pequeños botes con el coño sobre el cipote, que ya estaba empinado, aunque blando. Sujetándolo siempre con la mano, fue poco a poco entrándome, primero la puntita, el glande, hinchado, mojadísimo y muy caliente. Y luego, milímetro a milímetro, el resto del nabo, conforme se le iba poniendo duro. Cuando me quise dar cuenta, ya me lo había metido todo para dentro, había sido penetrada por ese capullo (me refiero al tío).

 

Agaché la cabeza entonces, dispuesta a buscar por fin a aquel calamar que tan bruta me ponía, quería darme el lote con él mientras lo hacíamos. Y, entonces, pasó algo inesperado. Él empezó a follarme a golpes secos, breves y fuertes, completamente absurdos, pero su pene hinchado se colocó de tal manera en mí que no era capaz de tumbarme sobre él sin morir de placer, yo no entendía qué demonios me podía estar tocando por allí, pero si intentaba besarle me iba a destrozar en dos segundos, así que me eché al máximo para atrás, hasta el punto de casi no sentir nada, para evitar la humillación de una corrida rápida. Me negaba a irme tan precozmente... ¿Pero qué coño nos estaba pasando a las dos aquel día con ese inútil?

 

Tuve que utilizar toda mi capacidad de concentración, todos mis recursos para tratar de anular las brutales sensaciones que removían mis entrañas. Simplemente me la había metido, sin más. ¿Cuándo me había pasado algo así? Estaba claro que el orgasmo me lo estaba provocando la ausencia prolongada de la polla de mi primo en mi interior, antes que la presencia, aquí y ahora, tan material, tan contundente, de este desconocido, de este don nadie que me estaba haciendo vibrar y sentir placer como pocos ý pocas habían hecho antes.

 

Me gustara reconocerlo o no, yo también iba a recordar este polvo como uno de los más memorables por los días de mi vida.

 

Sus torpes empujones, incomprensibles pero eficaces, resonaban como mazazos en mi interior, un interior donde, pese a todo, había logrado hacer el silencio... Comencé a moverme de nuevo, despacio, muy despacio, acompañando, o más bien guiando, su follada. Me encontré gimiendo y moviendo la cabeza como había visto hacer a Nurita tan solo unos segundos antes. Me alucinaba la hondura del placer que me estaba provocando, era una sensación de extraña plenitud. Tenía una buena polla, sí, pero dentro de la media, más bien normalita tirando a bien, sobre todo por su excepcional dureza y contundencia... quizás, sí... esa dureza, esa falta total de curvatura... en aquello que su verga se parecía a Guille, uno de los tíos con los que más he podido disfrutar en la cama siempre, siempre he pensado que su polla y mi coño se compenetraban especialmente bien, pero quizás era eso, él la tiene también muy, muy dura y muy recta, con esas excepcionales venas suyas, aunque algo más grande y, sobre todo, más gruesa, y ese grosor extra hace mucho, muchísimo, más incluso de lo que puede hacer el doble tamaño de la de Carlos, por ejemplo, pero sí, dura y recta, sin duda era el secreto, su secreto... probé a intentar tumbarme de nuevo, mientras él seguía golpeteando torpemente en mi interior... su falta de curvatura impedía el acomodo en mi vagina, me destrozaba por dentro, me estiraba como si me estuviese follando un caballo semental, no, no podía agacharme... una lástima, porque ansiaba tanto besarle...

 

Me incliné de nuevo hacia atrás, apoyándome con las manos en el suelo, con los brazos estirados hacia mi espalda. Intenté coger una postura que me permitiera tomar la iniciativa, ser yo la que me follase a aquel imbécil de polla gloriosa. Era absurdo, si me inclinaba para delante sentía tal placer que temía acabar en cuestión de segundos (era una pena, porque deseaba tanto que me volviera besar y a chupar la cara, me moría por sentir de nuevo esa lengua de animal en mi cara, en mi boca), pero si me echaba hacia atrás todo se remansaba de tal manera que temía que él se me viniera dentro antes de conseguir correrme, y no podía permitir que se me escapara aquella corrida, bajo ningún concepto. A pesar de todo, si bien su golpeteo era prácticamente inútil, al menos en mi postura actual, lo cierto era que el placer no dejaba de ser inmenso... mi cuerpo estaba viviendo lo mismo que Nurita muy poco antes que yo, comprendí entonces hasta que punto había sido real su placer, pese a resultar incomprensible visto desde fuera, ya que difícilmente se podía haber llamado a aquellos movimientos follar, pero el tipo, de alguna manera, conseguía poco a poco meterse más en tu interior, clavarte más y más hondo su rabo duro en la vagina. Me dio la sensación de que me estaba metiendo hasta los huevos dentro, lo que tampoco me extrañaría tanto, considerando lo abierta que estaba.

 

El resultado era aquello sobrenatural sensación de plenitud, me sentía llena, llena por todas partes, no había punto de mi vulva, de mi vagina, que no estuviera ocupado por él, su miembro me colmataba por dentro, como si una vez en mi interior se hubiera hinchado como un globo, amoldándose hasta al más pequeño resquicio de la anatomía interna de mi sexo. De aquella manera, el más mínimo movimiento repercutía amplificadamente en mis terminaciones nerviosas, provocándome profundas oleadas de placer que se repetían sin freno. Lo malo era que, a pesar de todo, mi cuerpo iba a necesitar al menos una cierta evolución para poder llegar al clímax, y parecía que ni él ni yo éramos capaces de movernos...

 

- Jodeeerr tííía ¡qué bien lo haces! ¡qué bien follas! me estás matando zorra, me vaaas a matar, vas a hacer que me vaya, te voooy a llenar de lefa ese coño de zorra que tienes...

 

Por qué me calentaba escuchar decir esas barbaridades a aquel asqueroso, lo ignoraba. Mi cuerpo estaba reaccionando de una manera muy extraña a su extraña manera de joder, mi vientre se estremecía y a mi pobre cuerpecito le daban espasmos, de manera que, a cada convulsión incontrolada de mis entrañas, la excitación aumentaba más y más... era como si yo misma estuviese haciéndome el trabajo, como si mi propio cuerpo, por dentro, me estuviese follando a mí misma, ya que yo no me movía y él casi tampoco. Lo raro es que él parecía como si le estuviese metiendo una caña brutal, era igual que con Nuria, nos íbamos a correr los dos casi sin movernos... Sus largos brazos se habían estirado, y sus manazas me aferraron las tetas. Yo procuré acercárselas, sabía que me iba a hacer el destrozo de antes, como efectivamente estaba haciendo pero, igual que antes, no era menos lo que mi cuerpo necesitaba. Caricias se las podía meter por el culo, en cambio un magreo así sí que contribuía a que mi cuerpo experimentase algo parecido a una buena follada. Cada milímetro de mí que estaba en contacto con él, ya fuese en el interior o en el exterior de mi cuerpo, estaba sometido al más insoportable placer posible. Y el más insoportable placer, en todo el coño, las tetas, la cara interior de los muslos, parte de mi pecho y torso... era realmente demasiado. Estaba viviendo una de las más brutales experiencias sexuales de mi vida, y no era capaz de entenderlo ¿quién era ese tío, cómo habíamos llegado a aquello?

 

Lo peor era que él estaba al borde del desquicie... no estaba mal, llevábamos ya casi cinco minutos, casi iba a parecer hasta un polvo decente por duración (me temo que, por placer, iba a ser más que sobresaliente). Pero poco podía decir yo, que sabía que no iba a aguantar mucho más. Mi interior seguía revolviéndose, provocando los más intensos estallidos de placer.

 

Comprendí al fin lo que pasaba, el por qué del inusitado placer que estaba sintiendo yo, y que le estaba provocando a él. Me di cuenta de que, efectivamente, mi coño había adquirido vida propia, sus paredes internas, los labios, cada uno de sus resortes, todo había entrado en vibración, aleteando alrededor de la polla de aquél tío, que me llenaba colmatándome y me ofrecía justo lo que mi cuerpo llevaba días anhelando con desespero. Estaba masturbando a aquél inútil con mi coño, y mi coño se estaba masturbando con su cipote clavado hasta el fondo de mi sexo, a base de retorcerse sobre él las peredes internas de mi cuerpo. jooooooder qué pasada... hacía tanto tiempo que no me pasaba... Hubo una época que estuve a punto de poder controlar esa forma de follar, habría sido una pasada para coronarme como la reina de las putas, y la mejor pagada, pero nunca conseguía que fuese algo automático, siempre tenía que concentrarme para controlar los músculos de mi vagina, de manera que podía, eso, hacer algo parecido a masturbar un cipote alojado dentro de mi coño, pero lo malo es que aquella forma de hacerlo implicaba que yo no sintiera prácticamente nada. Sin embargo, había veces, o bien por estar especialmente excitada (vuelvo a hablar de contados casos aislados o, de manera recurrente, solamente Guille y Javito, gente de esa con la que siempre disfrutaba al máximo, todo me ha pasado con ellos, incluido esto, y poco más, ni siquiera con Carlos, César o algún otro semental por el estilo...) o bien por vivir una temporada de febril actividad sexual con tíos, es decir, de tener el coñito bien estimulado por penetraciones de órganos masculinos. Pero estoy hablando de varias semanas a razón de no menos de cinco polvos diarios. Entonces sí, entonces aquello va sólo, como en esas noches de absoluta locura con Guille o Javi (o los dos, jijiji). Mi coño echaba a volar, y jugaba su juego particular que me volvía tan loca a mí como al dueño del miembro que me estaba pasando por la piedra, y eso se sumaba a su (o mi) follada, por lo general frenética y desmesurada. Ni qué decir que eran unos polvos memorables. Muchas veces lo hablé con Nuria, ella tenía más facilidad que yo para que le pasara con cualquiera, pero era totalmente imprevisible, y dependía siempre de una gran excitación. Para mí, ya digo, eso era igual, como estaba pasando ahora, pero era mucho, muchísimo menos frecuente. Al menos tenía mis bazas de Guille y Javi, y de las épocas locas (Nuria jamás sentía esto de manera repetida, yo en esos casos podía estar haciéndolo durante días). El caso es que tuvimos una época de obsesión por poder controlarlo. Los tíos con los que lo hablamos flipaban, sobre todo si les tocaba experimentarlo, pero ninguno había oído hablar nada de ello. De las tías casi ninguna lo conocí ni mucho menos lo había experimentado, excepto Lu, pero dijo que le pasó durante un mes seguido, cuando empezó a practicar el sexo de manera libre con extraños y amigos después de casarse (instigada por mí, Nuria, María y nuestras amigas comunes), pero pensaba que tenía que ver más con la súbita liberación que le supuso aquello, ya que se pasaba el día cachonda de manera permanente. Luego cesó, y nunca más volvió a pensar en ello. Y luego Sandra, la loca Bergeret. Ella sí lo conocía, incluso nos llegó a explicar los fundamentos pseudo científicos del tema. Pero jamás lo había experimentado, y era un tema que le obsesionaba. Así que tuvimos que dejar de hablarlo con ella. Bueno, llevábamos mucho sin disfrutar de algo así, pero de repente aquella mañana tan memorable nos había pasado, ¡a mí me estaba pasando! Siempre nos lo contábamos, así que estaba segura que Nuria llevaba tanto como yo sin experimentarlo. Y con aquel inútil lo acababa de hacer, de eso estaba segura, porque era la única explicación de su forma de correrse y de hacer correrse al tipo, sin casi movimiento externo, sin metesaca. Como yo ahora. Pero mi coño vibraba de tal manera, que sólo eso y el magreo de mis tetas nos estaba poniendo en órbita a ambos. Lo malo era que más a él, claro. Desde que empezó mi aleteo vaginal, el panoli se revolvió de tal manera, daba tales gritos, que no quedaba duda de que no iba a tardar en venirse. Además, llevaba ya más de siete minutos, y aquello debía ser un alarde para él.

 

- Tía, tía, eres un regalo del cielo ¡joooder qué bien me follas, qué gusto daas! Y estás tan buena ¡eres un ángel!

 

Sonreí mientras me afanaba en moverme lo más lujuriosa y efectivamente. Vaya, el cerdo sabía echar piropos también... Quería complacerle, quería darle placer, quería hacerle ver las estrellas, como las estaba viendo yo, fuese él el responsable o no. Oooooooh Cada vez que me movía me moría, pero aunque todo era muy intenso, todo era lento, también. Supongo que se debería al hecho de que acababa de eyacular no hacía diez minutos, y eso aumentaba su capacidad de aguante. Debía disfrutarlo.

Sentí entonces unas nuevas manos sobando mi cuerpo. El olor, ese olor, ácido, penetrante, sudor, sexo, y dulzura como de mañana, como de primavera, Nuria, mi Nurita, mi amante, mi compañera, su cuerpo caliente, su coño abierto, desbordado... 

 

- Mi amor... vamos, disfruta, disfruta - me susurraba al oído mientras me comía y chupaba la oreja. Su lengua jugando en mi oído, los mordiscos y chupetones en mi cuello... no contaba con aquello, y casi se me va de las manos, de las piernas... per afortunadamente pronto buscó mi boca, y empezamos a besarnos lenta y profundamente...

- Sois tortis, joder, sois bolleras, pero qué manera de follar, qué zorras... joder qué suerte... tía, tus tetas, me mmmaaatasss...

 

A pesar de Nuria, mi cuerpo seguía muy concentrado en él, en darle placer con mi coño, pivotando todo mi ser alrededor de aquel vástago que tenía incrustado en lo más íntimo de mi anatomía... y Nurita alargó las manos, abrazándome desde la espalda, cogiendo las de él y enseñándole a tratar adecuadamente mis pechos... oooohhhh qué gusto, sí, mmmhhh, ella sabía hacerlo tan bien, me conocía tanto... y la rudeza del tipo me estaba dejando ya las berzas un poco maltrechas, me venía bien un cierto descanso. Sentí entonces una de las manos de ella bajando por mi costado, deslizando en mi sudor hasta aterrizar en mi culo. Me acarició las nalgas y, sin pensarlo ni un segundo, me metió un dedo entero, del tirón, dentro del culo. Ooooohhhhh. Mi corazón se desbocó. Allá íbamos. Era increíble lo que estaba aguantando, y lo que aguantaba él. Nunca hubiese dado tanto por él, y menos en el plan que estaba yo. No era lo máximo que podía hacer, ni mucho menos, estaba muy por debajo de mi máximo (recuerdo que cualquier intento de cabalgarle realmente, de echarme siquiera hacia adelante me podía provocar un orgasmo inmediato), pero mi aleteo y mi excitación estaban obrando maravillas en su cuerpo. Nuria me follaba con fuerza el culo con su dedo. Sabía lo que quería, era tan consciente como yo de que a aquel tío le quedaba poco, llevaba ya más de diez minutos... Ella y yo, cuando estábamos con tíos, siempre nos ayudábamos cuando notábamos que alguno no iba a aguantar, para que la que lo tenía dentro pudiera, al menos, correrse antes. Era lo mejor para todos, y era genial para todos, hacía el trío más efectivo que nada. Fue algo que aprendimos con Javito, después de que el pobre se llevase muchas decepciones. Desde entonces todo fue genial con él, jiji.

 

Como estaba yendo todo genial ahora, follándome a aquel tipo y con Nuria dándome por culo, me estaba metiendo el dedo alegremente por el ano, bien hasta el fondo, y no era algo tampoco que a ella le encantase hacer, la verdad es que todo lo que tuviera que ver con el culo le echaba un poco para atrás, al menos hasta aquella mañana conmigo, que se había portado tan bien y lo había disfrutado tanto, jiji... Total que el pardillo y yo estábamos pasando un gran momento, la verdad es que ya no me parecía tan pardillo tampoco, sería el momento, pero me estaba follando como los ángeles o, al menos, yo lo estaba disfrutando así. Al final, hasta el pobre chico estaba haciendo el esfuerzo de moverse dentro de mí, de penetrarme rítmicamente, intentando amagar algo parecido a una follada, aunque parecía que nuestros cuerpos estaban soldados entre sí, la verdad que yo apretaba tanto mi coño contra su pubis como él me empujaba la polla hacia lo más profundo de mi vagina. Creo que esto era porque la lujuriosa reacción de mi sexo, aleteando y masturbando libremente al suyo, se notaba más cuanto más pegados estábamos el uno al otro. En un esfuerzo supremo, separé lo que pude los muslos entre sí, hundiéndome al máximo sobre él. Este avance hasta el máximo provocó que su polla alcanzase lo más hondo de mis entrañas, en la postura que teníamos debía estar metida directamente en mi útero, me llenó tanto que sentí mil explosiones en mi interior, en mi sexo, en todo mi cuerpo.

 

A partir de aquí mis recuerdos son borrosos, porque ya estaba en pleno orgasmo, aunque se tratara nada más que de los prolegómenos del primero de los que me iban a azotar en los siguientes minutos. El caso es que no sé cómo, pero fui capaz de, haciendo una fuerza increíble con los muslos, levantar levemente mi pubis, haciendo retroceder a mi vulva dejando fuera de mí no más de un tercio de su polla, era todo lo que conseguí, no di para más, para luego dejarme caer. De golpe. Vi las estrellas, literalmente, claro. Lo repetí, varias veces, envuelta ya no en uno sino en sucesivos orgasmos, quizás dos, quizás tres, quizás muchos más, qué más daba. El caso es que, por fin, sentí que él acompañaba mis movimientos, por fin intentaba coger ritmo, aunque sin fuerza, torpe, pero me estaba follando de verdad. Joder, mucho me temía que acababa de enseñar a follar a aquel tío, y lo alucinante es que me estaba provocando un orgasmazo, así, sin tener ni puta idea ni haber hecho ni media por su parte. Me casaría con él si no supiera a qué se debía tal maravilla, es que mataría por vivir con cualquier tío que, al menos cada noche, me hiciese sentir algo parecido a como me sentía en ese momento...

 

Yo estaba agotada, me resultaba difícil moverme por la corrida, además tenía a Nuria todavía dentro de mi culo, ella tenía que darse cuenta de que me estaba yendo a mares, me tenía abrazada por la espalda, tenía que sentir el orgasmo en mi cuerpo, me conoce demasiado bien como para no darse cuenta. El caso es que decidí detenerme, para ver si él era realmente capaz de... subí mi cuerpo, jodeer lo qué costaba, subí y subí hasta casi sacarle de dentro por completo, luego bajé un poco, sintiendo como mi coño se incendiaba al recibir el contacto de su falo, mientras las paredes de mi vagina se movían como una lavadora centrifugando. Y sí, cuando me detuve pasó, el tío, el imbécil, el pardillo, movió por fin el culo, hacia dentro de mí, y me la metió, metió y sacó, metió y sacó, lo poco que daba nuestra postura, lo poco que yo le permitía, yo mantenía el coño en alto, y él venga a meter, no sé, la punta, poco más, yo bajé un poco, volví a subir, y así avanzamos acompañados hasta conseguir algo parecido a un ritmo suave de buena follada, yo no podía más, no tenía fuerza, pero Nurita me ayudaba, con su dedo en mi ano y su mano en mi culo movía mi cuerpo acompañando nuestra follada, mientras me seguía comiendo el cuello a besos y mordiscos, y él no dejaba de sobarme las tetas, con las manos tomadas ahora por la mano libre de mi amiga, que le guiaba en sus evoluciones por mis órganos mamarios.

 

- Eres una furcia... - me susurraba Nuria al oído, lo suficientemente alto como para que nuestro compañero de juegos lo oyera.

 

Me da igual lo que digas, pensé. Al fin y al cabo para eso habíamos venido, a que nos echaran un polvo, porque estábamos las dos más salidas que el pico de una mesa. Yo más, claro. Y lo cierto es que cuando me pongo en modo furcia, no me gana nadie, ni siquiera ella, puedo ser la más furcia entre las furcias...

 

- Jooooder tía, joooder tía... ¿qué me estás haciendo puta?

 

Estaba claro que no iba a salir de aquella... Poco me importaba, estaba disfrutando del sexo como una loca, los tres lo estábamos haciendo... y él no iba a aguantar más, eso estaba claro. No sólo el comentario, notaba su temblor, su polla zumbando en mi coño, absorbida por el aleteo de mis labios, de mi vagina completa, además se le había congestionado la cara y resoplaba con fuerza. Pero casi mejor, yo hacia rato que estaba en tiempo de descuento, haciendo lo imposible por no correrme de manera definitiva, había pasado como 20 minutos cabalgando sobre aquella polla, merendándome a aquel tipo, 20 minutos de buen sexo, de sexo realmente bueno, y eso era mucho más de lo que podía haberme esperado...

 

Zafándome de Nurita, empecé a inclinarme hacia delante. Ella se dio cuenta que yo quería acabar ya, así que me dejó ir con un tiernísimo beso, salió de mí y se retiró. Él no se enteraba de nada, siguió con sus manos tocando mis pechos, pero no tenía fuerza para nada más que para menear levemente el culo, impulsando su pene en mi vagina. Perfecto, eso era perfecto. No necesitaba nada más, de hecho, era aquello justamente lo que yo quería...

 

Me fui inclinando y, a medida que lo hacía, sentía más y más la verga de ese tío por las paredes de mi sexo, los orgasmos se iban encadenando aumentando más y más su intensidad, hasta que mi pecho tocó el suyo, y mi boca se abrió a su lengua. Quería su lengua. Me ponía putísima deseando una última vez aquel calamar buceando en mi interior, baboseándome la cara por completo, inundando mis tetas de puta empitonada. Ansiaba sentirle dentro, en mi boca, el violento calamar, enfurecido, al haber sido atrapado otra vez, luchaba y luchaba empujando con fuerza, con su textura rugosa, de lija, áspera, seca... se me metía hasta la garganta, rebuscaba en cada rincón de la cavidad de mi boca... oooooooh…

 

¡me venía, me venía, me ven...!

 

Ni que decir tiene que el orgasmo, el definitivo, fue de campeonato, de los de recordar toda una vida, estremeciéndote de placer todavía al sentirlo, al notar cómo tu cuerpo convulsiona aún como si esas oleadas de placer siguieran haciendo temblar cada parte de tu carne. Él casi se paró, antes del golpe definitivo, frenó su ritmo regular y lo cambió por furiosas embestidas sin orden ni casi fuerza, pero mi coño hizo el trabajo por ambos. Yo me frotaba contra él, casi instintivamente, para sentir su cuerpo bajo el mío, deslizando con suavidad por gracia de la suave película de sudor que se había extendido entre ambos, retorciéndome de placer de una manera mecánica, por lo que mi coño se pivotaba también en torno a su eje, manteniendo un leve vaivén rítmico. Pero lo bueno era el movimiento mismo de mi propia vagina, que como si de un sillón de masajes se tratara, golpeteaba, se estremecía, vibraba, aleteaba sobre la polla de él, dura como la roca, llevando los cuerpos de ambos al grado máximo en cuestión de segundos.

 

Cuando reventó, él dio dos gritos secos y me metió un empujón brutal, subiendo incluso sus piernas, clavándome de golpe todo dentro, el muy animal casi me la saca por él estómago. Sentí su leche caliente llenarme justo cuando mi interior daba la gran y definitiva explosión, y yo gritaba y le besaba babeando sobre él, dando alaridos y llorando de rabia y felicidad como una quinceañera que ha perdido la virginidad con el presunto niñato de su vida y, además, le ha salido bien (no fue mi caso aquella lejana pérdida de virginidad mía, ni por edad ni por salir bien, ni siquiera por placer, aunque no estuvo mal, pero retrospectivamente me quedó claro que fue un desastre monumental -no por él ni por mí, en realidad, pero eso es otra historia con... ¡ups! otra de mis primas… jijiji- y la puntuación de aquella mi primera vez, finalmente, no habría llegado nunca ni al aprobado raspado, aunque en su momento me pareció lo máximo... en fin, bendita juventud, lo que cuenta en ese momento es la experiencia, lo mágico del primer momento y, ahí, sí que no me puedo quejar... y me abrió, literalmente, las puertas a una nueva vida, un mundo nuevo, jiji...).

 

Acompañamos nuestra corrida común con hondos besos, tremendos gritos, golpes, arañazos, espasmos... De verdad que fue algo tremendo, no es nada fácil sacarme algo siquiera levemente parecido, no puedo explicar cuááánto disfruté... y el polvo había sido larguito, desde luego lo había sido y más para lo que me esperaba... El final fue dulce, muy dulce, los besos seguían, suaves, las caricias, mientras los sexos, todavía unidos, se iban apagando poco a poco, diluyéndose, dejando fluir libremente nuestros flujos, que se mezclaron rebosando mi vagina... era sencillamente imposible que todo aquello me cupiera en el interior, supongo, jiji.

 

Joder, no esperaba tal capacidad de aguante de aquel tipo, realmente estaba siendo una caja de sorpresas, no solamente por lo que había durado, que seguro que se había visto favorecido por ser la segunda corrida seguida, sino por la potencia y cantidad de la misma, y eso ya no casaba bien con lo de ser la segunda corrida seguida. Mantuve la situación un largo rato, reconozco que me resultaba tan placentera que no quería despegarme de él pero por nada del mundo. El pobre, no paraba de sudar (ni yo tampoco, le sudaba directamente encima...) ni de resoplarme, más que besarme, en la boca. En un momento dado se removió un poco, debía estar incómodo en el suelo, conmigo encima, no soy precisamente un peso pluma, e hizo un amago de salirse.

 

- No, no, espera, - le susurré cubriéndole de besos - no te salgas todavía... - le besaba con auténtica pasión, él respondía, abriendo sus labios y sacando la punta del calamar, que yo chupaba y sorbía, intentando tirar de ella.

 

Pero el chico estaba cada vez más catatónico. Sin embargo, me moría de pensar en sacarle de mí... no tenía claro por qué, realmente, supongo que sencillamente estaba a gusto. Nuria me respetó, la oía por el local, no paraba de moverse. Aproveché la situación, estirándola más allá de los límites de lo oportuno, de lo normal. El pobre chico, si ya estaba flipando, ahora sí que no debía saber qué pensar.  

 

Al final fui yo misma la que no era capaz de mantener la postura, estaba acalambrada y todo me dolía. Así que decidí deslizar de lado sobre él, para intentar quedar recostada junto a él, y recuperarme recostada en el mostrador. Iba a necesitar unos minutos antes de poder levantarme. Sentí su ausencia en mi coño como si fuese una de esas veces que te acuestas con alguien después de haberlo deseado mucho. Supongo que había deseado mucho la situación, no al chico, pero la personalicé en él... bueno, en cierto modo era parecido. Sintiendo como mi pobre coño soltaba bocanadas de líquidos viscosos intenté componerme un poco, sentándome como pude utilizando el mostrador de respaldo.

 

Allí estaba, desnuda, sudada, con el coño soltando lefa de un tipo que no conocía de nada, y que tenía hecho un trapo, tirado a mi lado. Vi las piernas morenas de Nuria pasar junto a mí, hacia el fondo del mostrador, con su coño pelado con la piel tan solo un poco menos morena que el resto de su cuerpo. Esta cerda siempre se ponía morenísima, y en dos días tomando el sol en bolas ya casi no tenía marca ni nada. Me escuché jadear a mí misma. Daba miedo; la verdad, había resultado todo bastante inesperado, bastante inaudito. 

 

Cuando me quise dar cuenta, él se había girado hacia mí, y me acariciaba sin recato, el cuerpo en general, pero no podía evitar lanzarse a por mis tetas una y otra vez. Lo peor era que no había aprendido nada de Nurita, y ahora, después del polvo, su rudeza y su ansia me resultaban todo menos excitantes. Sin embargo, no era yo quien para reprimir al pobre chaval. Me resultaba un poco bizarro estar allí, desnuda, dejando que aquel tipo me metiese mano, pero es que acababa de pegarme un polvo, uno de los buenos y, la verdad, ahí yo no le había puesto pega ninguna, así que no tenía sentido ponérsela ahora. Además, yo necesitaba descansar, recuperarme. Al fin y al cabo, el problema era que yo había entrado allí sin esperar nada, y todo había sido muy rápido. Si Nuria me lo hubiese dicho, pues ya era ir con el chip puesto, igual que cuando lo haces cobrando, y no hay más. Pero bueno, había pasado ya por muchas situaciones extrañas, incluso varias veces había sido forzada (a iniciar algo, al menos, en realidad eso y no más, siempre que alguien me ha forzado a hacer algo al final acabo invariablemente desmadrada yo solita, no soy un buen ejemplo para esas cosas me temo). 

 

- Joder tía, estás rato buena, ya te lo he dicho muchas veces, pero es que es verdad... 

 

Sonreí al chico. La verdad que no me molestaban sus absurdos piropos, solo esperaba que ahora no se me pusiera baboso.

 

- De verdad, y ha sido un polvo increíble, ¡guau! ¿quién lo hubiese dicho hace un momento, verdad? - ¿quién? pobre idiota, como si no estuviese claro que estaba todo preparado, yo no tenía ni idea pero ¿quién iba a decirlo? Pues Nurita, claro estaba. Lo que no entraba dentro de la lógica era pensar que un calzonazos como él iba a aguantar ni medio segundo el asalto de una tía como Nuria, así que fue lanzarse ella al ataque y, lógicamente, se lo pasó por la piedra ella, y después yo. ¿Quién lo iba a decir? Pues nadie hubiese apostado en contra de Nuria, mira tú. - Follas muy bien tía. - No me esperaba lo que pasó entonces, él se estiró para tocarme el coño - joder, qué pasada de coño peludo, no como tu amiga, no tiene ni un pelo la jodía... jejeje, pero a mí me gustan como tú, peludas y tetonas, jejejeje - y yo, que demasiado a menudo resulto hipersensible a los piropos, estiré un brazo para tomarle la cabeza, me acerqué a él y, cerrando los ojos, le besé otra vez, con demasiada más pasión de la que podía resultar aconsejable para el momento.

 

Reconozco que no fue aquel un beso lujurioso, ni mucho menos, un beso de estar en plena faena, como antes, no. Fue un beso cariñoso, un beso de empezar en serio, despacio con alguien, disfrutando, sin ansias, o un beso de después de hacer el amor con alguien con el que tienes total confianza. No era un beso procedente, era un beso inapropiado. No era el momento. Pero él me lo contestó, con ternura, casi sin meterme la lengua, sólo la puntita, mientras yo pasaba la mía sobre sus gruesos y tiernos labios, y nos besábamos, nos besábamos.

 

Bien, quizás todo habría quedado ahí si no... fueron dos cosas las que pasaron: primero, él, que estaba rebuscando el paraíso entre los pelos de mi caliente coño, se quedó de piedra cuando rozó mi vulva, ardiente, húmeda y temblorosa. Su mano se detuvo al contacto con el blanquecino flujo que manaba de mí. Desde luego,  para haberle metido una buena corrida mía a ese tío, si casi no había eyaculado, en realidad era todo flujo vaginal producido antes y después del orgasmo, lubricante puro, jiji. Genial. Y, para colmo, al girarse hacia mí, su polla entró en contacto con mi muslo. No estaba blanda en absoluto pero, sobre todo, estaba muy mojada, caliente, pegajosa... Al sentirle, no pude evitar ponerme tensa. Y al sentirme él, se puso más tenso aún. Yo estuve a punto de ver claro que era el momento de parar, tenía la salida puesta en bandeja, un par de besitos más y nadie vería rara la separación. Lo peor sería seguir. Pero, como soy así, su miedo, en lugar de alertarme, me encendió. Horror. Me tumbé más hacia él, y dejé más libertad a mi boca para hacer de las suyas. Estaba hecho, sentí su cipote crecer de nuevo. Aunque él seguía muerto.

 

- Vamos, joder, tienes en la mano el coño más glorioso de este universo, no te quedes así tío -  sentí una mano dirigiendo los dedos inertes del chico hacia mi raja. Mmmmmmmmmhhh. Nurita. Había llegado el séptimo de caballería, y se empezaban a escuchar ya las trompetas. Oooooooo. - Así, cariño, muy bien, ¿ves como sabes? aprendes rápido mi amor...

 

Mi amiga se mofaba de él, seguramente se reía también de mí. A mí me hacía gracia, tenía toda la razón. A él, bueno, dudo mucho que se hubiera dado cuenta de algo, se había quedado absorto en mi coño, pocos debía haber tocado a juzgar por su sorpresa, pero Nuria estaba haciendo el trabajo sucio para ambos, cogiendo sus dedos uno a uno y colocándolos allí donde sabía que eran necesarios, tocando todos mis resortes con las yemas cálidas aunque muertas del chico al que yo besaba cada vez más desesperada, conforme iba creciendo más y más mi excitación. Y cuanto más excitada más me echaba encima de él para besarle, tocar su cuerpo, sentir su piel, y cuanto más me echaba encima de él, lo que sentía no era sólo su piel, sino también su polla, su polla creciendo, su polla creciente. Estaba trempado, otra vez. Casi no había tenido reposo, lo justo para dejar a su pene escurrir fuera de mi coño y, nada más salir, ya estaba en alto, listo para otro asalto. Y conmigo frenética de nuevo. Gracias a Nurita también, aunque ella ya casi se había retirado.

 

La mano de él parecía haber perdido el miedo a mis humedades, a mis órganos más íntimos, como quien vence el gusto por una comida de aspecto extraño, desconocido, gelatinoso, adentrándose con deleite en el mundo de la compleja casquería guiándose, por fin, más por lo sabroso que por lo visceral. No se puede decir que tuviese gran maña, cuando sus dedos escaparon del control de Nurita me apretaron y hurgaron sin ningún tipo de criterio, estrujándome los labios menores, que tenía absolutamente desbordados, supongo que a la búsqueda de la entrada de mi vagina. Sin embargo, todo aquello no dejaba de ponerme, en mi situación muy mal tenía que hacerlo, muy poco cuidado tenía que tener para propiciarme dolor en lugar de placer. Yo estaba ya casi incorporándome, buscando un cambio de postura para dar un paso más, mi cuerpo me lo pedía a gritos. No me podía creer que estuviese cachonda otra vez, de verdad que cuando Nuria empezó pensé en un polvo rápido para arreglar la semana y vuelta a casa, pero no me esperaba algo así... Después de reírme de aquel tipo, después de menospreciarle, ahora me iba a comer mis palabras. Y me temo que algo más.

 

Estaba ya levantando mi pierna para pasarla por encima suyo, dispuesta a repetir la postura de antes para echar otro polvo. Creía que era lo mejor. No estaba segura de querer meterme esa polla en la boca, además, para eso sí que tenía ya a Pablo... no lo había hecho aún, me refiero aquella seman,a claro, desde que todo empezó de nuevo, pero sabía que era un límite que seguramente sí iba a rebasar, pasara lo que pasara (aunque Nuria me había hecho poner todo en duda, ahora que prácticamente me había decidido por hacerlo). Por otra parte, justamente lo que necesitaba era polla en mi coño, no en mi boca, un buen polvo que me calmara, porque eso me ayudaría a pensar lo de Pablo de una forma mucho más objetiva. ¿Sería capaz de repetir lo de antes, conseguiría que aquel tipo volviera a hacerme ver las estrellas? Lo bueno de repetir postura era que sabía que podría controlar velocidad e intensidad, él tenía suficiente polla como para, aún sin hacer nada, permitirme conseguir un buen orgasmo por mí misma.

 

La sorpresa, la nueva sorpresa, vino ahí. Justamente, me pilló con la pata en alto, el coño abierto, sobre su cuerpo, lo sentía gotear largos chorros espesos y calientes. Lo curioso fue que él me siguió con la mano, pegada a las ingles, cuando yo empecé a incorporarme, y hasta que pasé al otro lado. Y así, semi incorporada sobre él y totalmente abierta de piernas, él se dedicó a sobarme el coño que, abierto, con los labios desparramados y sin parar de gotear, no podía mostrarse más agradecido. Entonces él volvió a quedarse bobo con mi pubis, tenía el pelo sudado y emplastado de flujo y lefa, los gruesos pelos largos se pegaban a mi piel, a mi vientre, a mi vulva, él jugaba con ellos, me frotaba el pubis con la palma abierta, que luego deslizaba por la raja jugando con todo lo que encontraba a su paso, sin miramientos, si saber ni lo que hacía. Yo estaba tan excitada que poco me importaba, si eso te pilla en frío, duele, pero tan en caliente, porque estaba bien calentorra, yo personalmente me trago lo que sea, aunque luego me arrepienta. El caso es que el cerdo le fue cogiendo gusto a mis partes y, cuando me quise dar cuenta, se estaba entreteniendo tanto con mi clítoris que se me empezó a salir fuera. No es que me preocupase lo más mínimo, lo malo es que entré en una fase de hipersensibilidad que me hizo ponerme a gritar, casi ladrar, y mi cuerpo reaccionó convulsamente, no tuve forma de remediarlo, saltando para atrás apartándome de su mano.

 

- ¡Eh zorra! no te escapes ahora, que lo estábamos pasando bien... 

 

Yo había llegado a dar un paso atrás, estaba casi incorporada, y él se giró rápido, repentinamente felino, con actitud de perseguirme. Desnudo él. Desnuda yo. Cómo me ponen esas cosas. 

Di un paso atrás, choqué con una silla, la suya, detrás del mostrador.

 

- Ven, ven vamos... - le dije, incitándole con lujuria. No tenía ojos más que para esa preciosa polla que venía hacia mí. Me la iba a clavar otra vez, iba a echarme otro polvo, no era capaz de creer mi suerte. Él venía salido, se le notaba - Vamos, dame más, por favor, quiero más... - me pregunté si me lo comería primero...

 

La verdad, todo era incertidumbre, me veía de nuevo con el entre las piernas, pero no dejaba de ser una suposición, igual se me venía encima antes de tocarme... Vi a Nurita detrás de él, fugazmente. La había perdido de vista, ni me había dado cuenta de cuándo había desaparecido. La polla del tipo vibraba, es que no era posible tenerla tan dura después de los dos polvazos, lo tenía ya encima, estiró la mano, tocándome suave los muslos, el calambrazo que sentí fue brutal, para caer desmayada. Mientras me aferraba a la silla con una mano para no caerme, estiré la otra sobre mi pubis, empapado, con el vello muy mojado, estiré más los dedos, hasta tocarme el clítoris trempado. Puede que no tanto como antes con Nur, pero suficiente. Me lo tapé con la mano, y avancé mis dedos hasta el final del mismo, tirando fuerte de mis pliegues y mis labios para abrirme bien el coño.

 

- Joooder tía, eres impresionante...

- Aquí, aquí es donde tiene que ir, mi amor...

 

Era alucinante, pero sólo tocarme el clítoris y un poco el coño y yo ya sentí que me estaba corriendo otra vez. Entonces noté de nuevo sus groseros dedos allí. ¡Zas! Primera explosión.

 

Y luego todo veloz, hiper rápido, alucinante. Cuando me quise dar cuenta, lo tenía encima, lo tenía dentro. Todo del tirón, tumbado sobre mí, de un solo empujón de su culo me la metió entera, completita, dentro. Y fuera. Y dentro. Y fuera.

 

- Toma, toma, puta, ¿esto es lo qué querías? ahhhhhh zorra, ¡toma! ¡toma y toma! ¡Ahhhhhhh!

 

Alucinante, el tipo me estaba follando, pero me estaba follando

viva, no daba crédito, me embestía con fuerza una y otra vez, cuando se cansaba se pegaba a mi vulva y daba empujoncitos pequeños y rápidos. Y lo mejor es que estaba tan dura y caliente que me estaba haciendo maravillas por dentro, la sentía genial, a fondo, el disfrute era máximo. De hecho, si él gritaba, lo mío era ya desmesurado, empecé a dar alaridos, y a moverme de lado a lado, girando espasmódicamente la cabeza. Poco más que hacer. Estaba en pleno orgasmo, pero no me di cuenta hasta que ya era tarde. ¡Mierda, qué vergüenza! Era muy raro que me corriese tan pronto, y menos en un polvo de un tío, y menos siendo el segundo. Pero allí estaba, y me puse tan violenta, y él me follaba tan violento, los dos gritando tantísimo, y él venga a llamarme puta y zorra, y yo venga a jadear y gritar y ahhh ahhh y nos intentábamos besar pero no éramos capaces de mantener la boca abierta, los ojos abiertos, y su polla en un continuo y frenético metesaca, hasta que se le salió del todo, y ya no fue capaz de entrar de nuevo, a pesar de que me atacó con fuerza varias veces, pero yo no paraba de gritar y de moverme, y mi coño chorreaba mojando su silla. Él casi se cae al ser rechazado por mi cuerpo loco por enésima vez.

 

- ¡Serás puta!... joder tía, te estás corriendo como una perra, ¡encima de mi silla!

- Ahhhhhh, ahhhhh, ahhhhh - parecía que me había vuelto idiota, incapaz de articular palabra.

- Vamos, ¡ven para aquí, zorra! ¿Te pongo mucho, verdad? Te mueres de ganas de tener mi polla, se te nota en la cara de puta que tienes..

 

El tipo me cogió de la muñeca, y tiró de mí con inusitada fuerza, por lo que me vi repentinamente estampada contra el mostrador. Mi cuerpo no era capaz de obedecerme y, para evitar caerme, sin parar de jadear me di la vuelta, quedando boca abajo apoyada sobre el mostrador. Enseguida le sentí, apretado contra mi culo, y de nuevo embistiendo con fuerza una y otra vez, como si fuera otra persona, potente, violentamente sexual, deliciosamente salvaje, pero él estaba demasiado nervioso, demasiado empalmado, y yo en plena corrida (¡qué vergüenza, ni dos minutos había durado!), incapaz de reaccionar, incapaz de ayudar. Él se puso más y más nerviosos, hasta que me pegó una arremetida tal que me dejó clavada contra el mostrador.

 

- ¡AAAAAhhhhh! - me había hecho realmente daño.

- ¡Eh tío! espera, vamos, vamos cariño... no espera, espera, déjame un momento... - sentí unas cálidas manos...

- Joder puta, qué haces...

- Tranquilo, mi amor, confía en mí, yo la conozco bien...

 

OOOoooooooh... síííhhhh esas manos, por mi culo, mi raja mi... oooooooooh… Nurita había vuelto al rescate, pero... ¡me estaba comiendo el culo! Sin duda, él la vería hacerme cosas por detrás, debía estar pensando que me comía el coño pero no, era el culo, me estaba comiendo el culo ¡Nurita! Aquella mañana estaba haciendo un completo, con lo que era ella, jiji...

 

- Pero qué coño haces furcia, joder, os va el rollo bollo de verdad, eh, cómele, cómele el culo zorra si te gusta, pero déjame, ese chocho es mío tía, me lo estaba follando, que estoy a medias, joder... 

- Paciencia, sólo un segundo ¿vale? ¡Eh! jajajaja, no, no, espera, fuera, fuera, jajaja

- Mhhhh qué boquita rica tienes, pero no tanto como el coño de la puta de tu amiga, cómo folla tía, qué pedazo de chochazo tiene, enorme, y tan, tan... ¡ohhhh! joder con tus manos ramera, tú también tienes ganas de más polla de la buena ¿eh?

 

Yo estaba casi desmayada, me costaba saber lo que hacían esos dos detrás mío. Notaba a Nuria comerme el culo, él intentando meterla, supongo que ella le entretuvo con las manos... no habíamos acabado el polvo pero, sinceramente, yo estaba muerta, aunque sentir la lengüecita de mi amada en el ojete me llenaba de placer, ¡cómo me ponía que Nurita se estuviese esforzando tanto con mi culito, y con el suyo! jiji. 

 

- Vamos, vamos, por aquí, tranquilo...

- Ahhh ahhhhh sííhhhh putahhh

- Jajaja vamos, tranquilo, eso es... - podía notar el capullo terso y mojado, la punta de su cipote jugando por mi vulva, Nuria debía de estar repasándoselo por allí, hasta que lo apoyó bien en mi agujero y me lo colocó preparado para entrar de nuevo. Mi coño parecía tirar de su herramienta con ansia, quería más, mi cuerpo quería más, aunque mi cabeza daba signos de no poder soportarlo. Me agarré con fuerza al mostrador, preparada para soportar el embate. Aquel animal me incrustó la verga entera de nuevo del tirón, mi coño se tragaba todo con furia, ya podía estar follándome un elefante.

- Cuidado, cuidado mi amor, trátala bien... - pero ni caso podía hacer aquella bestia a Nuria, se estaba poniendo frenético, empezando a follarme con una fuerza que nunca hubiese imaginado en él, a juzgar por sus dos primeros polvos. Afortunadamente, aunque yo estaba destrozada, la postura me ayudaba, su tranca entraba fácil y gustosa a pesar de su dureza y tamaño, a pesar de su potencia. - Joder tío, qué animal eres, ¿quién lo iba a decir? pero sigue campeón, que a esa zorra le está gustando, lo estás haciendo bien, dale fuerte, ¡dale! - Nurita le jaleaba, sin duda pegadita a su culo.

 

Él me follaba sin contemplaciones, no hacía más, ahora sí que se dedicaba a meterla y sacarla con precisión y contundencia. Inmejorable. Inmejorable porque, contra lo que podía pensar, me estaba haciendo volver a la vida, mi coño empezaba a rugir y, acompañando los gritos desenfrenados de él, yo empecé a gemir largo y hondo. Pese a su fuerza y velocidad, mi coño estaba sintiendo aquella follada lentamente, como un lento y gustosísimo viaje al centro mismo del placer. 

 

El resto de la escena fue más o menos igual, yo incrustada contra el mostrador, aplastada, jadeando largo y profundo como una vaca pariendo, soltando baba sobre la superficie de madera laminada, con el coño abierto de par en par, casi colgada de la verga de aquel tío que me salía entera y luego me entraba de golpe hasta el estómago, casi una vez por segundo, arrollándome en cada embestida, mientras él me sudaba encima, me sobaba toda sin piedad y gritaba como un niño pequeño llorando. Me dolía la cabeza de tanto gusto, sabía que el orgasmo definitivo iba a llegar, pero ya estaba envuelta en una sucesión de explosiones más que descomunal.

 

En un momento dado, vi a Nurita pasar junto a nosotros, hacia el fondo del mostrador. Al fondo había una pequeña pantallita, como un miniordenador con cuatro imágenes en blanco y negro de distintos rincones de la tienda. En una de ella salía yo, siendo brutalmente follada por el dependiente. Vi a Nuria rebuscar, tirando de cables, hasta que dio con la pequeña cajita de un disco duro. Me miró. Yo estaba reventando ya, literalmente. Me dejé morir, intentando renunciar a todo pensamiento mientras ese tío seguía taladrándome el coño desde atrás con saña. Hubiese dado todo porque me dejase descansar ya, pero lo cierto es que se lo había ganado. Además, me apetecía que se me corriese dentro, quería salir llenita de leche de allí, era lo menos, después de tan buen sexo ¿no? Pero... ¿cuándo pensaba correrse este hombre?

 

Bueno, lo cierto era que yo había tardado tan poco... otra vez me había ido casi al principio, y había quedado después de aquello allí, corrida, inerte, colgada de su polla, como un mero instrumento para aliviar las ansias de aquel hombre por el que no habría dado una mierda y que había terminado por arrollarme… y eso que no llevaría mucho más de cinco minutos, no lo creo, pero se me estaba haciendo eterno, tenía el chocho ya insensible, a pesar de que sentía en el vientre todavía las contracciones y espasmos de la corrida. Por fin él empezó a soltar alaridos histéricos. Como llevaba todo el rato moviéndose con extremada fuerza y velocidad, no noté nada raro en sus movimientos que me anunciara su orgasmo, pero de pronto sentí la corrida inundarme a mares por dentro. Brutal, muy bueno. Me había llenado pero bien. Levanté la vista. Nuria me mostró el disco duro que había encontrado. Lo cogió, y tiró de los cables. La pantallita parpadeó y se puso negra. Ella sonrió. Se acercó a nosotros y dijo sonriente:

 

- Te cojo esto ¿vale? que no quiero que ahora te mates a pajas toda la vida viéndonos en vídeo.

 

Él no dijo nada, era incapaz de articular palabra, aunque pareció farfullar algo parecido a un "vale".

No sé muy bien lo que pasó después, yo estaba medio zombi después de los dos polvazos y las tremendas corridas. Le sentí salir nada más correrse, con la polla todavía dura. Escuché a mi amiga:

 

- Joder, cómo me gustan las pollas duras con sabor a corrida del coño de Lau.

- Espera... ohhh joder no... mhhhhh síííhhh - al tío le costaba pronunciar correctamente.

 

Después, tengo un lapsus, como si me hubiera quedado dormida. 

 

Abrí los ojos. Estaba apoyada sobre el mostrador, semi tumbada, aunque con los pies apoyados en el suelo. Con la boca abierta, había llenado todo de baba. Me incorporé, sintiendo mi piel sudada despegarse de la melamina del tablero superior. Mi cuerpo había quedado dibujado en su superficie, como la sábana santa, por efecto del sudor. Las dos tetas redondas se marcaban, aplastadas, en el centro. Me giré. Él estaba contra la pared, apoyado en el póster de la peli de Almodóvar. Con los ojos cerrados, gemía, moviendo la cabeza. Sus manos sujetaban la cabeza de Nurita contra su pubis. Ella, arrodillada frente a él, con las braguitas puestas, le estaba haciendo una mamada de categoría. Estaba claro que era el final, ella quiso darle la propina, y tomarse algo de postre, pero el numerito había acabado.

 

Mientras Nuria le hacía la mamada, yo me puse las braguitas. Era alucinante, si me hubiesen preguntado hacía media hora hubiese dicho que por nada del mundo me habría liado con aquel tipo, es que era el típico que no me decía nada, y con la cabeza puesta en Nuria y Pablo, sinceramente, en aquel momento no me estaba apeteciendo realmente un carajo pensar en follar por follar. Pero mira, qué sorpresa. Increíble pero cierto, había sido lo mejor que podía haber hecho. Estaba claro que mi Nuria sabía muchas veces lo que yo quería… mejor que yo misma. Me iba a acordar de ese par de súper polvos durante mucho tiempo. Podemos decir que me iba bien jodida y bien contenta, jiji.

 

Aproveché para terminar de elegir una peli para la noche, paseándome en bragas por el local, mientras mi amiga terminaba de comerle la polla al dependiente. Por los ruidos de Nuria y los gemidos de él todavía les quedaba un poco para acabar. Nurita se estaba dando un atracón. Pensé en lo difícil que debería estar siendo para ella también, y para Meri claro, pero más para Nuria, que siempre es la salida number one, el estar con Pablo en bolas todo el día por casa, escuchándome a mí mis historias de su súper polla. Si se le notaba que se le hacía la boca agua cuando le veía el cipote duro, o yo le hablaba de él. Literalmente, la conozco, y se le ponía cara de mamada. Por eso tenía el rabo de aquel tío en la boca ahora, tenía la misma necesidad de llevarse una polla a la boca que yo de meterla en mi coño. Por lo menos, ahora íbamos a salir de allí completamente saciadas las dos.

 

Cosas de la vida, después de haber pegado dos buenos polvos no tardé nada en encontrar una película perfecta. Debía ser que estaba de mucho mejor humor, jiji. La dejé sobre el mostrador. Allí había un móvil estupendo, de esos última generación, con esas cámaras de fotos tan maravillosas (en aquella época no eran aún tan absolutamente normales como ahora). Al mirar hacia delante, me vi reflejada en un enorme espejo que había detrás del mostrador. Desnuda, de mostrador para arriba estaba desnuda, claro. Las peras al aire. Saber sumar uno más uno. Dos. No podía evitar ser un poco mala. ¡No! En realidad, muy buena, jiji. Si quería darle las gracias al pardillo (no tanto, no tanto, jiji) por el buen rato… le habían gustado mucho mis tetas ¿no? Pues dicho y hecho. Ya tenía un bonito recuerdo de Lau en su teléfono. Foto de "yo estuve aquí" para enseñar a los amigos. No tuve que esforzarme, al primer intento quedó perfecta, súper erótica. Se veía claramente que era el video club, y se me veían perfectamente las tetazas con los pezones hinchados, duros, rojos de tanto sobarlos y comerlos él. Mi cara no se veía, sólo los labios y la barbilla. Le estaba haciendo un regalo, no me estaba vendiendo.

 

Los ruidos de la pareja de amantes se aceleraron. Me puse la camiseta, y recogí mi falda y el resto de la ropa de Nuria, dejándolas sobre el mostrador. Tiré otra foto del tío con Nurita enganchada a su polla. Se iba a hartar de presumir con los cerdos de sus amigotes. A Nuria tampoco se la veía, salía de espaldas, nada de tetas, con las bragas puestas. Aunque, como las llevaba muy mojadas, se le transparentaba todo el culo. La cara, levemente girada, apenas se le veía, aunque se reconocía perfectamente que era muy guapa, y se veía muy bien que tenía toda la polla de él en la boca. Gran foto. Él abrió los ojos justo cuando la estaba sacando. Reconoció su teléfono, y sonrió.

 

Lo siguiente para mí fue ya sumar dos y dos, jiji. Me había echado tantos piropos, y parecía que le había gustado lo de la foto... yo estaba juguetona, y viendo lo que transparentaban las braguitas mojadas de Nuria, pensé que las mías debían ser un espectáculo. Efectivamente, al mirar hacia abajo, me di cuenta de que toda mi pelambra se traslucía.

 

- ¿Te gusta mi coño? - le pregunté. No contestó, los dos siguieron a lo suyo, no sé siquiera si me escucharon. Estaba cerca del final, en cualquier caso.

 

Tiré una foto de mis bragas, donde se veía perfectamente lo que había debajo. Luego me las bajé, y me fotografié el coño en vivo, para él. El tipo empezó a gritar. Ya se venía. Nuria aceleró el ritmo. Él intentó apartarla:

 

- Tía, tía, joder... ¡qué no aguanto más!

 

Nuria, por supuesto, se aferró a sus piernas, y se incrustó en el mimbro erecto y a punto de eyacular de él. No iba a dejar que la apartaran ahora, que venía lo más rico.

 

Bajé un poco más el móvil, y tiré otra foto. ¡Perfecta! Mis bajos, nunca los había visto tan bien, en una foto así, Guille me había hecho miles de fotos del coño, también Javito y la siempre investigadora Sandra, pero la mía que acababa de hacerme me había quedado genial, con la vulva depilada, los labios salidos, el pelo del pubis asomando por arriba y los lados.

 

El tipo abrió los ojos en un gesto de incredulidad. Yo no supe si era por verme hacer lo que estaba haciendo, o por lo que le estaba haciendo Nuria. Suponía que, en ese preciso instante, sería más bien por ella, claro. Pero yo estaba juguetona y, ya que estaba en situación, me decidí a hacer una última barbaridad. Conecté el flash del móvil, me agaché, abrí lo que pude el coño y... ¡todo para dentro! Clic.

 

Bueno, la foto no estaba mal. Esto sí que era inédito, nunca jamás había visto el interior de mi vagina. Supuse que como curiosidad fisiológica no estaba mal, aunque la foto resultaba algo gore. Ahora sí que el tipo estaba alucinado, y creo que ya sí que tenía algo que ver yo, jiji, así que el pobre gilipollas no aguantó más y le reventó a Nuri dentro de la boquita. Como ella quería. Dejé el móvil, cubierto por un espeso flujo viscoso, como un moco blanquecino con tropezones más densos y blancos. Si fuese él me lo metería en la boca en cuanto saliésemos por la puerta, pesé… los restos de mi cuerpo debían tener un sabor realmente apetecible en aquel momento.

 

El resto, lo que era de esperar, alaridos de él, ruidos guturales de ella tragando... Mi amiga lo debió pasar un poco mal, porque el tipo, que al principio parecía que no quería correrse en su boca, luego recapacitó y decidió que debía ser lo mejor que podía hacer en su vida, así que empezó a embestirla mientras le agarraba con fuerza la cabeza, tirándole del pelo. Nurita hizo lo que pudo, pero él era un poco bruto o, sencillamente, estaba fuera de sí. Y, pese a todo, a su pinta de pardillo y los tres polvos que nos había pegado, parecía que guardaba todavía una más que generosa ración de lefa para mi amiga.

 

Cuando, por fin, Nurita se levantó, tenía toda la carita manchada.

 

- Toma - le dije acercándole su pequeña falda. Yo ya me había puesto la mía, y me había calzado, estaba ya totalmente vestida. - Espera, tienes lefa suya por toda la cara - le dije, mirándole a él. Se puso rojo, y aún más cuando estiré la mano, rebañando un buen chorreton de la ejilla de mi amiga, y llevándolo a mi boca. - Mmmmmhhh joder, es bien rico - dije relamiéndome. Él estaba visiblemente nervioso. Nuria se había puesto la falda, él seguía en pelota, con el rabo a media asta. - Ven mi amor, que sigues muy manchada, así no puedes salir - le dije, besándole primero en la mejilla, luego dándole un pico en la boca. - ¡Qué buena está!, no podemos dejar que se pierda... - y empecé a lamer su cara lujuriosamente, y a besarla, a besarnos como locas, sacando las lenguas, queriendo resultar lo más obscenas posible para dejar a aquel pobre estúpido enamorado por los días de su vida.

- Joder, pero qué pedazo putas que sois, sois bolleras de verdad, jooooder...

 

Lo cachondo fue que el tipo debía estar flipando, pero no se cortó en sobarme de nuevo las tetas por encima de la camiseta. Por supuesto, yo me dejé. Cuando nos cansamos del numerito, y se nos acabó la lefa para rebañar, nos separamos, cubiertas de saliva, con hilillos de baba colgando entre las bocas de ambas. Yo señalé al mostrador, a la película que había elegido.

 

- ¿Te importa?

 

El tío pareció caer de otro planeta. Tras unos largos segundos de aterrizaje, dijo:

 

- Eh... ¡Ah! Sí, sí, claro, perdona.

 

Desnudo, golpeando con la polla aún algo dura las paredes del mostrador, tirándolo todo y sin saber qué hacer, consiguió por fin sacar una caja con la peli, y coger el bolígrafo.

 

- Tu número de soc...

- Eh, eh, eh... no se le pregunta eso a unas señoritas después de... ¿verdad? quiero decir... preferimos venir nosotras cuando, jaja, ya me entiendes, guapo... - le soltó Nuria, mientras terminaba de vestirse, con su voz más melosa.

 

Había estado rápida, ya que yo había estado a punto de soltar mi número. Y eso habría sido soltar mi nombre y teléfono, todo en una. ¡Horror! Los polvos habían sido memorables, vale, y me había encantado hacer el amor con él, pero había algo en su actitud, quizás no tanto en su físico, que me continuaba resultando desagradable. Vamos, que no tenía la menor necesidad de repetir, habiendo opciones mejores a tiro. Quien sabe, quizás otro día, si volvía a entrar en paro biológico, jiji...

 

- Ya... sí... ¡claro! Jajajaja ¡joder!, soy gilipollas, tía, perdona...

- Sí. - Le cortó ella, tajante.

- Bueno, bueno... oye, pero... mira, ¡toma! llevaos estos bonos, son de diez pelis, os los doy gratis.

- Mira, que generoso, diez pelis... - dijo mi amiga, con evidente ironía.

- No, no mira, toma... y... toma... - temblando, el pobre chico nos soltó dos bonos más. Y, tal era el temblor, cayeron luego otra tarjeta, y otra más. Total, 50 pelis gratis. Jijiji.

 

Pobre idiota, desde luego dudaba que yo las fuese a cobrar, no pensaba volver por allí salvo en caso de extrema necesidad, pero ya me encargaría de que alguien las usase, si hacía falta las repartía en la entrada del Carrefour. Al fin y al cabo, me había comportado como una puta para él ¿no? Bien, puede que tuviera razón, quizás no se le pasaba por la cabeza que yo también pudiera estar disfrutando... así que, algo tendría que cobrarle, jiji. Teníamos la peli, teníamos los bonos, estábamos vestidas, y no teníamos nada más que hacer allí. El pobre hombre nos miraba, embobado, sin saber cómo seguir.

 

- Bueno qué ¿te has quedado gilipollas de los polvos con mi amiga o es que sigues con toda la sangre en la polla? - dijo Nuria, riendo con una ternura inapropiada para lo bruta que había sido su frase.

- Perdona, perdona... ¿qué?

- Que si nos abres el puto cierre… - dijo ella, con tono de resignación, antes de que ella la liase más. Aunque su cara evidenciaba ya cierto cabreo, que resultaba casi peor que las barbaridades de su boquita, que parecía a punto de dejar de aparentar querer seguir enmascarándolas con su dulce sonrisa.

- Sí, sí, claro, perdona.

 

El tipo salió de detrás del mostrador. Completamente desnudo, sucio de mí, de ella y de sí mismo, sudado. Y la polla todavía no se le había terminado de bajar. 

 

- Eh... casi ponte esto al menos ¿no? jajajajajaja.

 

Nurita se reía abiertamente de él, mientras le entregaba sus horribles calzoncillos estampados. Se los puso, y la visión era un poco deprimente, su cuerpo nada atractivo con su cipotón reventando el paquete de un espantoso calzoncillo, cuyo indescriptible estampado iba oscureciéndose a medida que aquel nabo medio duro terminaba de soltar los últimos restos de su corrida. Pero él estaba tan nervioso, agobiado sin duda por mi careto y la risa hiriente de Nuria que, sin pensar lo que hacía, en dos zancadas alcanzó el cierre y lo subió de golpe.

 

Nuria y yo nos miramos y nos empezamos a reír a carcajadas. Salimos de la tienda, él vino detrás de nosotros. Llorábamos de la risa.

 

- ¡Adiós guapo! ¡Juajuajuajuajua! 

 

El pobre tipo estaba en gayumbos, con una visible erección y una mancha aún más evidente a la altura del cipote, en medio de un centro comercial ¿se podía ser más idiota? Tenía suerte, era verano y por la mañana aquello estaba arrasado a no ser por... ¡dos monjitas que venían hacia nosotros!

 

- Juajuajuajuajuajuajua.

 

Nuria y yo salimos literalmente corriendo de allí, eso sí, partidas de la risa.

 

Nos giramos un poco más adelante. Una de las monjas nos miraba, con cara de preocupación. Sin duda preocupada por lo que nos pudiera haber hecho aquel pervertido. La otra se encaraba con él, que no contento con la que tenía, se había puesto a gritar, patético, en gayumbos allí en medio. Esperaba que la cosa no fuese a más, que el pobre espabilase, se metiese adentro y echara de nuevo el cierre. Sólo faltaba que alguien llamara a seguridad, y los curiosos empezaban a fijarse ya en él. Afortunadamente, Nurita, que había estado brillante, había cogido la grabación de la cámara de seguridad de la tienda, pero imaginaba que debíamos estar fichadas en todas y cada una de las demás cámaras del edificio.

 

Seguimos corriendo, sin poder parar de reír, hasta la entrada del aparcamiento. Allí paramos, intentado recuperarnos y, sin mediar palabra, nos abrazamos y empezamos a besarnos con pasión. Con demasiada pasión. Eso incluía, no al principio, pero fue llegando, manoseos, sobeteos, gritos y aspavientos. A los cinco minutos, ya un par de tipos se habían parado, mirando más o menos disimuladamente. Siempre dos tías besándose, y más así, despiertan más bajos instintos que varias parejas hetero follando en una plaza, es que es tremendo... Tiré de Nuria hacia la entrada del parking.

 

- Tía, eres increíble...

- ¿Yo soy increíble? Tía tenías qué verte, qué forma de darlo todo... has dejado gilipollas a ese tío, nunca te había visto follar así con un desconocido.

- ¿Sabes? Creo que tenías toda la razón trayéndome aquí, me hacía taaaaanta falta ¡Jijiji! La volví a besar, pero sin detener nuestros pasos hacia el coche.

- Entonces... ¿te ha gustado?

- Bueno, él era manifiestamente mejorable...

- Bueno, ¡tampoco estaba tan mal! …para lo que queríamos…

- La polla, el resto... ¡puaj!

- Exagerada...

- Puede, creo que es cierto que es algo subjetivo, pero tenía algo que me daba asco, y no sé decir que, quizás la cara de cateto, no sé. Aunque la polla era un primor, sí, tamaño razonable y sobre todo ¡buen rendimiento!, jijiji.

- ¡Buen rendimiento! Rendimiento 10, a juzgar por cómo...

- Vaaale. Reconozco que, aunque parecía lo contrario, al final ha resultado que no follaba nada mal...

- Y también iba sobrado de lefa, reconócelo...

- Sí, eso sí. ¡Ahora mismo soy una hucha de esperma! jijiji Ahhhhh ¡qué gustazo! Ha estado bien. Y ha aguantado bastante, al menos conmigo. 

- Sí, no es de récord, pero ha estado muy por encima de la media de este tipo de tíos ¿no? ¡Vamos, un éxito! ¡Te quejarás, ramera!

- Jijiji. No, no puedo. Gracias por la sorpresa, Nur. Pero hubiese merecido la pena aunque hubiese sido un picha corta con eyaculación precoz, jiji.

- joder, Lau, cómo venías...

- ¡No! jijiji. Qué va. Es que... ha sido todo tan excitante, ...contigo - me puse súbitamente roja - creo que hubiera merecido la pena vivir contigo esta aventura en cualquier caso.

- ¿De veras? ¿Lo hubieses hecho sólo por darme el gusto, Lau?

- Por supuesto - afirmé sonriente – haría cualquier cosa por ti, mi amor…

 

Nuevo beso, largo y apasionado, junto al coche.

 

Por fin entramos al vehículo y, momentáneamente en silencio, arrancamos y salimos de allí. Todavía era pronto, muy pronto en realidad. Habíamos comprado poco y muy rápido y el episodio del videoclub, pese a los tres polvos y la mamada, no había llevado en total ni una hora, aunque mi primer polvo había sido largo, bastante más de lo esperado, jiji.

 

- Venga, bah, no estaba tan mal, reconócelo. - Me soltó Nuria al entrar en el coche.

- Si quieres que te lo diga, te lo digo. Pero en mi vida hubiese salido de mí hacer lo que he hecho hoy. Y menos disfrutarlo así, jiji. Pero vale, reconozco que era follable, al menos, más que follable ¿te vale?

- Tampoco me voy a matar a defenderle, como comprenderás. En realidad se me ocurrió ayer precisamente por eso, por la pinta de pardillo que tiene. Pero también de salido, tía, no sabes cómo nos miraba a la Meri y a mí todo el rato.

- Pues será a ti, porque Meri y yo ya habíamos estado el día anterior, y nada...

- Ya, será por cómo se ha puesto contigo hoy, que si qué buena estás, que si qué tetazas, que si cómo follas de bien, que si eres la tía más guapa de su vida... - ¿Era yo o Nur estaba levemente picada? - no sé, igual no os miró, vale, pero igual es que no le mirasteis tampoco vosotras; yo sí lo hice ayer, porque ya estaba con la idea de buscar alguna polla para sobrellevar este absurdo calentón que nos estás haciendo soportar, y me di cuenta de que este tío nos miraba como un cerdo, sus ganas de follar se le marcaban en la cara, en el paquete... ya sabes que yo tengo un sexto sentido para esto.

 

Era cierto, eso:

 

- Bueno, en tu caso es casi el primero de los sentidos...

- No, el sexo... el sexo sentido ¡jajajajaja!

- Jijiji... qué tonta eres… Así que un salido. Ese era tu regalo para mí, hoy, un puto salido…

- Bueno, ayer me di cuenta de cómo estaba el chaval, y pensé que sería una buena válvula de escape si... Con sinceridad, Lauri, lo mío con Pablo el otro día y... en fin, ayer mismo, por la noche, no sé yo... tú... tienes que comprender lo que es eso, sí, es un crío, pero ya empieza a estar desarrollado, y merece la pena, no sólo por su cipotón, que también, pero es que tiene algo más, ¿sabes, no?, ese morbo especial, joder sabes que ese niño va a ser un follador dentro de dos días, porque es un follador nato, por eso te folló hace un año en cuanto le dejaste ver cómo eres en realidad, y sabes que ni Mer ni yo hemos tenido grandes experiencias, experiencias con rabos grandes digo, más allá de César y Jaime, bueno Mer sí con el moreno aquel, ella y su vicio con los negros, pero las dos nos morimos por un buen pollón como el de Pablo, y es que ahora de repente nos estamos hartando de verlo, de probar su semen, no sé, es una locura, y tú nos has contado lo bien que lo hace, lo bien que folla, y lo bien que come coños, y la delicia de mamársela, y, y... Tienes que entender que Meri y yo estemos así, ¿verdad? Aún así... sabes que no podemos hacer nada, estamos atadas de pies y manos, si tú no quieres, incluso si tú quieres pero no quieres que nosotras... ya sabes... metamos con él...

- Ya... bueno, sí, Nur...

 

Me costaba creer a ciegas aquella afirmación, todas nos conocíamos, y sabíamos que, llegado el momento, perdíamos los papales y no respetábamos nada si de sexo se trataba. Bueno, eso no era cierto. No respetábamos casi nada. Era cierto que, llegado el momento, caíamos, pero normalmente éramos capaces de evitar ese momento. Pero no siempre, y un ejemplo era yo con mis primos, sobre todo con Pablo. ¿En qué punto estaban ellas con él? Era cierto que Nur me lo había entregado, literalmente, ayer por la noche, en la piscina, cuando podía haber hecho cualquier cosa, seguramente mi reacción habría sido participar, sin pensar. Y eso lo habría cambiado todo. Pero reaccionó de otra manera, con cariño, con respeto. Algo insólito en ella.

 

- Te aseguro, no sé Meri, pero te aseguro que yo... Lau... no sería capaz de hacerte daño así como así... ¿lo sabes, verdad?

 

Nos estábamos poniendo serias, de repente.

 

- Nur, sí... fue... fue muy bonito ¿sabes? lo que hiciste anoche con él... conmigo... en la piscina, ya sabes...

- Cuando te lo llevé por la polla, jaja... - mi amiga trataba de recuperar el tono distendido, pero yo, más que seria, me había puesto cariñosa.

- Fue algo especial, sentir eso de ti... y luego... el resto de la noche, y esta mañana, Nur, no sé, de verdad que eres especial, eres muy especial para mí...

- Lauri...

- Tengo ganas de disfrutarte estos días porque... no sé creo que tú y yo tenemos que hablar...

- Lau...

- Pero no ahora, vale... cambiemos de tema, anda...

- ¿Cambiar de tema? Joder Lau, no sé, como no hablemos de la polla de tu primo, jajajaja...

- Jijijiji... eso, eso, que veo que es lo único que tienes en la cabeza... no es que sea cambiar demasiado te tema pero...

- "Tenemos", mi reina, lo único que "tenemos" en la cabeza - puntualizó Nuria. - Que tienes tú una empanada importante.

- Pues tienes razón.

- Podías levantártelo de una puta vez, y nos dejabas a nosotras mojar como dios manda... que le tengo unas ganas a esa verga...

- Jijiji... ¡pero cuéntame! porque esta mañana cuando ha aparecido en la puerta de la habitación se te ha corrido encima, el muy cerdo...

- Por un momento pensé que no te habrías dado cuenta, morena... aunque eso era casi imposible... tenía miedo de que te enfadaras...

- ¿Contigo? ¿Después de lo de anoche? no... ¡Y menos mal! Jijiji.

- Caliente, Laura, caliente, y muy dura... ¡y esa forma de correrse, de escupir, de chorrear lefa!

- En tus tetitas calientes... jijijiji

- Jajajajajaja

- ...

- ...

- Te lo quieres follar. De veras que te lo quieres follar ¿no?

- ...

- Lo entiendo, lo entiendo, Nur. Si en realidad es culpa mía.

- Sí, eso es cierto. Tú nos trajiste, nos contaste, nos calentaste. Y dejaste que pasara todo lo demás.

- Lo siento...

- ¿Lo sientes? ¿De verdad?

- Ya. Crees que es lo que quiero que pase... ¿no?

- Pues es una posibilidad.

- Seguro.

- Desengáñate, Lau, no sé como está Meri, ni siquiera qué estará haciendo ahora, porque podría esta haciendo cualquier cosa...

- ¿Meri? no...

- ¿Meri? Ahora mismo, tan caliente y tan puta como la que más, mi amor... - en mi cabeza resplandeció la imagen de María con mis bragas cubiertas de semen de Pablo en la cara, medio loca... - pero te digo, independientemente de Meri, que la única manera de asegurarte de que no pase nada es acabar con esto, mandarnos de vuelta a casa. En realidad, lo mejor sería hacerle desaparecer a él.

- Pero no puedo, no están sus padres, le estoy cuidando y...

- Tampoco quieres, ¿verdad?

- No. Supongo que tampoco quiero. Pero sobre todo - le dije mirándola a los ojos - no quiero que tú te vayas, cueste lo que cueste... ¡vosotras! - añadí, dándome cuenta de mi pequeña metedura de pata.

- Pero Lau, tú y yo sabemos que, si entramos en esa casa con él, antes o después, una, al menos una, se lo va a acabar trajinando... Y lo suyo sería que fueses tú...

- Yo... pero... ¿tú?

- Una no es de piedra, Laura, ya me conoces. - La imagen de mi primo en la cama, desnudo, rodeado de mi cuerpo y el de mi mejor amiga, me excitaba como nada, se me grabó en la mente a medida que nos acercábamos a mi casa, que ya había aparecido en el horizonte, como había hecho notar ella. - Lo único que me para es que, si tu no lo estás haciendo, no consigo entender por qué es, porque dices que no quieres nada con él pero vivís a diario en una peli porno... pero no puedo, Lau, por más que quiera... creo que si lo hiciera me matarías o... peor, dejarías de hablarme... y eso sí que me mataría...

 

No lo podía creer...

 

- ¿Nur? ¿Estás... estás llorando?

- Lau... - dijo ella, en un gemido casi imperceptible.

 

La cogí fuerte de la mano.

 

- Te quiero Nur. Te quiero mucho. Más que a mi primo ¿sabes?

 

Mientras esperaba a que se abriera la puerta del garaje, la besé con pasión. Sentía de repente una extraña serenidad, una sensación de calma inesperada. En parte supongo que por haber liberado tensión con los extraños polvos con el tipo ese. Estaba fatal, lo había disfrutado demasiado para lo que había sido en realidad, no era más que una polla, un animal sin ninguna gracia, al final habíamos conseguido ponerle un poco a tono, el último conmigo casi parecía algo digno, pero es que yo estaba tan caliente...

 

Pero, sobre todo, Nuria; pensaba mientras sentía su lengua jugando con la mía en el interior de mi boca, mientras los labios se buscaban, y se atraían, y se juntaban... Nuria, lo que estábamos viviendo, me llenaba de tal alegría que era capaz de acabar con cualquier tipo de preocupación.

 

- Gracias por todo, Nur. Estoy mucho más calmada ¿sabes? - le dije mientras aparcaba.

- Me alegro que, a pesar de lo poca cosa, lo hayas disfrutado... ¡un polvo es un polvo! jajaja.

- Sí, jiji. Aunque no lo decía sólo por eso... pero bueno, es cierto que ha estado bien, sí ¡hacía tanta falta!

- Pues espero que te dure el efecto relax en el coño, so zorra...

- Sí, ya sabes ¡hasta esta tarde! jijiji.

- Jajajjaja.

- Oye... - pensé de pronto, súbitamente alarmada - ese lelo no tendría nada raro... ¿te acuerdas el herpes vaginal que cogimos con el raro aquél?

- Qué bueno estaba, sí... rollito hippie, como te gusta a ti... ¡y pagó bien!

- Ya, no sé... me da no se qué, de repente, haberlo hecho sin preservativo... no sé, no parece haber mojado en su vida, si parecía virgen por muchas cosas, pero tampoco parecía el tipo más limpio del mundo, ¿no?

- Es lo que tiene ser modernas, ¿no? y guarronas, jajajaja. Bueno, yo aunque tome la píldora por Nacho, sabes que, igual que tú, suelo usar condón siempre que estoy con desconocidos, pero te confieso que cada vez mido menos...

- Ya, si Mer me dice algo parecido, que sólo lo hace a pelo con Portu y contados otros...

- Seguro que a tu primo se lo cepillaba a lo bruto sin pensarlo.

- Joder, sí, pero es que mi primo no tiene problema alguno, es como Carlos, ¿por qué crees que empecé a tomar yo la píldora con él? Bueno, reconozco que también me apetecía tener más libertad con otros, como Javito, e incluso Guille si volviera a darse el caso...

- ¿Pero con Guille no habías...? - me preguntó mientras cogíamos las cosas del maletero y nos dirigíamos a la escalera para subir arriba.

- Sí, bueno, hace mucho que no... aunque ya sabes que gasté más en píldoras del día después con él que en condones con el resto... ¡joder! No sé, Nur, yo tampoco es que tenga gran cuidado, lo sabes, ahora con cualquier amigo o cualquiera que tenga algo de confianza, me lo hago sin preocuparme demasiado, pero desconocidos... que me pasa como a ti, que como me pille el calentón no mido, pero es que ya estuvo suficientemente bien lo del herpes, no sabía que decirle a mi madre...

- Eso es culpa tuya y de tu manía de ir siempre al médico con mami.

- Ya, soy un poco ñoña...

- Jajajajja. No parecías nada ñoña hoy, si te hubiese visto tu mami montando al pardillo, jajajajaja ¡¡menuda cabalgada!!.

- Vale, no te pases pedazo de putón, que la culpa fue tuya.

- ¿De lo de hoy o del herpes? jajajajaja.

- De las dos. Anda, calla, que ya estamos - dije subiendo las escalera.

- Espera, Laura, toma - me dijo ella, dándome una cajita cuadrada que había sacado del bolso.

- ¿Qué es esto, Nuria? - le pregunté, reconociendo al instante el disco duro de la cámara de seguridad del videoclub.

- La grabación de nuestra orgía, corazón, jajajaja, como tú eres la que más sale y más... ya me entiendes, jajajaja, creo que es mejor que tú te la quedes y hagas con ella lo que quieras, yo me fío.

- Pero es que no tengo muy claro ni cómo sacarla de aquí.

- Pues no sé, tía.

- Igual se lo paso a Javito, seguro que él sabe, y éste por una peli porno nuestra, ¡mata!, jijiji…

- Pues no es mala idea, no, jajaja. Pero me avisas ¿eh? Que yo también hago un papel bueno: "zorra 2", jajaja

- ¿Te imaginas? "Pardillo" "Zorra 1" "Zorra 2" jijijijiji.

- Jajajajajaja ¡y "Monja 1" y "Monja 2"! jajajajaja.

- jijijiji Anda, calla, que ya estamos - dije mientras abría la puerta que daba acceso a la casa.

 

Sentí una rara impresión al abrir la puerta y entrar, como si lleváramos un largo tiempo fuera de allí y regresáramos al hogar después de un viaje de varios meses. La casa olía fuertemente a ropa limpia. Claro, la lavadora... Supuse que Meri estaría tendiendo, o acabaría de tender hace poco. Jiji, tenía ganas de ver esa colada única y exclusivamente de ropa interior. Avanzamos hacia la cocina, donde dejamos las cosas, todavía mirándonos, tocándonos tímidamente las manos, riéndonos. Parecíamos realmente unas enamoradas, lo cual me preocupaba, ya que nos conocíamos desde hacía tanto y habíamos hecho tan absolutamente todo, que me parecía casi irreal. Al soltar las compras, escuchamos ruidos y risas en el pasillo. Debían estar tendiendo, fuera, en el jardín, junto a la ventana del pasillo abierta. Meri reía a carcajadas, y Pablo ponía voces, no se entendía bien lo que decía, pero por el tono parecía que estuviera más bien haciendo el payaso.

 

- Deben de estar tendiendo - le dije despreocupadamente a Nur.

 

No se habían enterado de que habíamos vuelto. Por un momento, me asaltó la punzada de duda, por lo que acababa de hablar con Nuria en el coche, por lo que había dicho ella, las cosas que había dicho de Mer: "no sé como está Meri, ni siquiera qué estará haciendo ahora, porque podría estar haciendo cualquier cosa". Era cierto. "Tan caliente y tan puta como la que más". Las palabras de Nuria resonaban en mi cabeza. ¿Qué habrían hecho estos dos en nuestra ausencia? Casi me lancé al pasillo, buscándoles con real ansiedad.

 

- ¡Hola! - grité, como queriendo que me oyeran para que pararan, por si había que parar algo.

- ¡Estamos aquí! - escuché la voz cantarina de Meri, al fondo del pasillo, proveniente del exterior, junto al tendedero. Parecía que no había causa de alarma.

 

Pasé la puerta de mi habitación casi a la carrera y allí, frente a la puerta de Pablo, se veía a través de la ventana abierta el pequeño patio-jardín trasero de la casa, con la zona de tendido junto a la ventana, justo antes de la del fondo, la ventana fija que da al baño de mis padres y donde Pablo nos había espiado, primero a Nurita sola, y aquella mañana también a ella conmigo... Y, en la ventana, partiéndose de risa mientras tendía, estaba María, mirando hacia la puerta de la habitación de mi primo.

 

- ¡Hola guapas! - escuché la voz de él, poniendo un falso tono de mujer.
- ¡¡¡PABLO!!! - casi me da algo, mientras Nurita explotaba a carcajada limpia detrás de mí.

 

Nunca hubiese esperado algo parecido, la imagen más estrambótica posible. Y, lo peor, con una carga erótica tan brutal, que temía que no iba a salir de la cabeza de estas tres jóvenes ninfómanas hasta que nos la sacara de allí mi primito a pollazo limpio.

 

- ¿Pero tú estás gilipollas o qué? - Noté que me estaba enfadando demasiado, la risa de Meri y la cara de Pablo se quedaron secas.

 

Solamente la cantarina carcajada de Nurita continuaba a mis espaldas, poniéndome de los nervios. Pero creo que mi enfado no era para menos.

 


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nyctidromus
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@laualma que pedazo de relato mami 

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laualma
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@nyctidromus qué pedazo de polla… qué pedazo de hombre!


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@laualma las ganas que tengo de que te la comas entera mami


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@nyctidromus tú crees que podré con toda? la tienes regrande! me gustaría mucho poder comértela toda hasta los huevos

 


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@laualma claro mami te cabe todita; y si te pones muy viciosilla te puedes porn un arnés con polla y me pones a mi a comer polla


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@nyctidromus el arnés lo uso mejor para follarte el culo que la boca, viciosilla


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@laualma uff mami ya mi culito se abre y cierre con pensar que me lo follas duro


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@nyctidromus antes le daré bien con la lengüecita


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@laualma uufff rico 🔥🔥🔥 sii tu lengua follandome el culito me empalma tanto y tan rico que hasta me correría con tu lengua en el culo🔥🔥🔥🔥


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@nyctidromus pues si te gusta tant mejor, porque a mí me gusta follar culitos


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@laualma siempre he querido que una mujer me folle el culo está noche me voy solo masturbar analmente pensando que me estás follando tu con lo que quieras mami rica 🔥💧🍆


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@nyctidromus ricooooo


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@laualma me metí los dedos suave primero y después fui follandome más duro, imaginando que eras tú con tu polla plástica dando caña..... Uff 🔥💧🔥💧


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@nyctidromus ufffff


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@laualma lo el pensar en ti lengua follandome el ojete me pone muy duro, ahora solo imaginarme estar de rodillas chupando tu pollón falso atado a tu cintura mientras me das unos azotes en el culo casi me hace correrme gimiendo como putilla viciosa y sucia


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@nyctidromus eres una guarra


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@laualma para ti soy tu macho con polla gorda y tu puta anal con ganas follar. Te lamo desde los dedos de los pies hasta tus cabellos, me follo goloso tus tetas y tus agujeros íntimos duro, llenándote de lefa tu viciosa boca


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@nyctidromus soy una guarra


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@laualma Y eso me pono muy perro mami que esa guarrilla y putilla


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