día 04 - 18.07.2012
El despertar junto a mis amigas la mañana siguiente fue lento, entre caricias y besos.
En la casa, por otra parte, no se oía ni medio ruido así que, aunque me pesara, acabé por levantarme de la cama, agobiada pensando en qué podía estar haciendo Pablo. Además, el calor de la mañana hacía irrespirable el aire cargado de nuestra habitación que permanecía completamente cerrada -para evitar las miradas indiscretas de mi primo- y, por ello, saturada del olor a nuestros cuerpos, nuestro sudor, nuestro sexo agrio y sin freno.
Me duché en el baño de mis padres, mientras escuchaba los suaves jadeos de mis amiguitas que seguían aún follándose lentamente. Cuando terminé en la ducha, ellas habían entrado a la gran bañera de mis padres, donde seguían haciendo el amor mientras intentaban limpiarse, cosa que dudaba que pudiesen conseguir si continuaban en ese plan. Pero al poco se calmaron los ánimos, y antes de que yo saliese del baño ellas ya estaban fuera, completamente saciadas, terminando de arreglarse sin hacer ya demasiado caso del cuerpo desnudo de las otras.
Abrí la puerta del baño, y busqué mi ropa interior por la habitación. Como allí no tenía recambio, tuve que ponerme la del día anterior que, a pesar de que tampoco la había llevado demasiado tiempo, sí estaba bastante guarrilla ya por el calor y los calentones que tuve viendo a mi primo masturbarse delante de Nurita, además del que me pegué yo solita esperándole en mi cama como una estúpida a la hora de la siesta. Mientras me vestía, si a eso se le puede llamar vestirse, oí una puerta, creo que la de la habitación de mi hermana o la mía, abrirse. Ambas daban al mismo pasillo que terminaba en la puerta de mis padres, y esta quedaba enfrentada a su vez con la del cuarto de baño de mis padres que se abría al fondo de esta habitación. Miré para atrás: mis dos amigas seguían a lo suyo, arreglándose delante del espejo del lavabo, frente a esta puerta abierta, todavía completamente en bolas. A mí las mañanas siempre me ponen de buen humor cuando he pasado buena noche, y el optimismo que me inunda en esos momentos suele anular siempre mi buen juicio. Así que, sin pensarlo, corrí a la puerta de la habitación, y la abrí de par en par, no sin antes recoger la ropa interior de Pablo, todavía húmeda de Nurita y de mí.
Pillé a mi primo saliendo de MI habitación, cosa que me chocó, ya que teóricamente debería haber dormido donde mi hermana. Quizás le había dado un arrebato fetichista por mi cama, o sencillamente era cierto que dormía mejor en mi habitación, que ciertamente tenía las dos camas con los colchones más nuevos de la casa.
Tampoco me dio tiempo a pensar demasiado: Pablo estaba impresionante, de nuevo en gayumbos, aquellos slips apretados que llevaba todavía en aquella época, en aquel caso ese modelo antiguo con las dos tiras verticales alrededor de la polla, con una de las costuras abiertas a modo de bragueta por la que es tan fácil que se les acabe escapando algo a los tíos con buen rabo, jiji... y ese cuerpecillo, tan poca cosa aún pero tan prometedor y, sobre todo taaan joven. Después de la nochecita que me había dado Nuria, yo me puse cachonda en el acto, sobre todo al darme cuenta de que él estaba levemente empalmado. También él se fijó en mí a conciencia, claro, con mi ropa interior exhibiéndome ante él, y mirándole sin pudor alguno directamente a su sexo. Aunque cuando di dos pasos, y le dejé ver lo que había detrás… mis dos amigas desnudas por completo, inconscientes del todo de su mirada escrutadora, en esa doble visión de espaldas y de frente en el enorme espejo del baño de mis padres… Al descubrir Pablo el pequeño gran regalo que yo le había preparado para empezar bien el día (en parte con cierta mala conciencia por haber pasado de él tan escandalosamente aquella noche, en parte siempre con esos celos por Nurita que me llevaban corroyendo toda la vida) salí por completo de sus intereses inmediatos.
Pero en mis planes no estaba quedarme tan fuera del foco de su atención nada más empezar el día. Avancé hasta él, sonriente:
- Buenos días, primito, tienes buen aspecto...
- Sí, tú también, Laura - dijo volviendo a deslizar sus cálidos ojos azules por mi piel desnuda, siquiera un instante antes de perderse en las curvas y en los rincones más oscuros de mis amigas. Me giré. La imagen era clara, nítida, completa: las dos Venus delante del espejo, por lo que las veía perfectamente… por delante y por detrás.
- Oye, disimula un poco, por lo menos que no se te note... jijiji - fui clara en dejarle ver que no me parecía mal que las estuviese mirando desnudas, y que tampoco me importaba que lo hiciese delante de mí y sin cortarse, sino que mi única preocupación era que le pillasen y se le fuese a acabar el espectáculo - y contrólate, que se te está poniendo dura... - añadí, mirando y señalando con mi mentón a su ya más que evidente erección. Una vez más dejaba clara nuestra particular relación, no teniendo reparos en plantear temas sexuales con él, siempre que no se tratase de nosotros dos.
Pablo se puso como un tomate, sin saber que decir, así que solté mi último bombazo:
- Toma, ayer te dejaste tus calzoncillos en el baño de Nurita y Mer - le dije poniendo la prenda todavía empapada en sus manos. Me fui hacia el salón sin detenerme a esperar su reacción.
- ¡Hola Pablo! - escuché a Meri y a Nuria riendo a carcajada limpia a mis espaldas, justo antes de que cerrasen su puerta, entre risas. Lo siguiente que escuché fue la puerta de mi habitación abrirse golpeando la estantería de detrás, a mi primo entrando torpemente, tropezando, golpeándose, hasta que por fin la puerta de mi baño se cerró de un portazo, cerrojo incluido.
Sin poder contener una sonrisa de satisfacción, salí al jardín desde la sala, buscando la ventanita del baño que quedaba junto a mi habitación. ¡Mierda! Estaba cerrada. Rodeé el baño con el corazón en un puño, porque estaba oyendo claramente sus poco disimulados jadeos, sin duda estaba ya a ello y... ¡sí! la ventanita simétrica al otro lado de la bañera estaba abierta de par en par. Era perfecta, ya que daba justo sobre el váter, donde precisamente se había sentado esta vez mi excitado primo, frente al enorme espejo del lavabo, que reflejaba su cuerpo desnudo, los calzoncillos de hoy en sus tobillos, los calzoncillos de ayer, regados con nuestros flujos, en la cara (como tuvo mis braguitas hacía ya más de dos meses, después de espiarme mientras estaba con su hermano Carlos en la sala de esta misma casa, y yo le espié a él meneársela igualmente en aquel baño) olfateándolos con deleite y metiéndoselos en su boca, mientras con la otra mano se zumbaba violentamente el enorme pollón completamente empalmado, con el glande hinchado tan duro y rojo que parecía que se lo iba a arrancar en una de sus arremetidas. Nunca los había visto así, ni a mi primo ni a su polla. Me puse a mil inmediatamente.
Luego, todo sucedió muy rápido, demasiado. Si acaso los acontecimientos no se estaban ya precipitando en una violenta cuesta abajo desde el primer minuto, se podría decir que aquel fue uno de esos momentos en que claramente los impulsé, yo solita, hacia un destino inexorable que, debo admitirlo, ya había estado ahí desde siempre... Cuando levanté los ojos de su polla para ver mejor la escena completa, me encontré con que se había retirado de la cara sus slips y, con expresión emborrachada por los efluvios que de allí emanaban Pablo me miraba fijamente desde el espejo (con una cara entre satisfacción y alucine al darse cuenta claramente que estaban los míos, señal de que me había pajeado con su ropa interior y pensando en él, pero también otros distintos, nuevos, más fuertes, que él sabía bien que serían de mi amiga Nuria, -me pregunté entonces brevemente si realmente él habría llegado a verla frotarse sus partes con su prenda íntima, y por eso sabría a quién pertenecía ese aroma embriagador- porque lo hubiese visto o no Pablo, tampoco podían ser de otra). No sé cuánto tiempo estuvo viéndome allí, cuánto tiempo fue consciente de que le espiaba haciéndose una paja tremenda, emborrachándose de mis olores y los de mi amiga, que habíamos dejado impregnados previamente en su ropa interior (¿tendría siquiera sospechas de cómo habíamos llegado a dejar así esa prenda, realmente? ¿hasta dónde entendía que nos pasábamos las noches follando las tres juntas? ¿cómo se imaginaba un crío de su edad el sexo entre tres mujeres como nosotras?) Y, justo en ese preciso instante, cuando estaba tan caliente que iba a empezar a masturbarme yo también, y me importaba una mierda que él me viera, o quizás hasta lo deseaba, escuché a mis espaldas que la persiana de la habitación de mis padres crujía empezando a levantarse. Salí de allí corriendo, no por Pablo sino por no ser vista así por mis amigas, maldiciendo perder la oportunidad de satisfacer a Pablo, al menos contemplando su masturbación sin reparo, disfrutando los dos del momento, él de mi interés y yo de su generosidad, sin contar que acababa de dejarle a merced de mis lujuriosas amigas, que se disponían a salir al jardín ni más ni menos que junto a esa ventana abierta, a pesar de haber farfullado yo a mi primo que la cerrase, antes de emprender mi huida, pero ¿cómo iba a ser capaz de reaccionar nadie en una situación parecida?
Con el corazón reventándome en el pecho hirviente, me metí en mi cuarto por la puerta del jardín, sintiéndome flotar al escuchar la ventanita del baño cerrarse violentamente (Pablo también había escuchado a mis amigas salir junto al baño y se había cuidado mucho de ser pillado una segunda vez). Mientras escuchaba a mis amigas pasar junto a mi habitación, me acerqué a la puerta del baño donde Pablo, pese a todo, remataba la faena. Una sonrisa me iluminó el rostro, al escuchar mi nombre entrelazado con sus gemidos al tiempo que se corría:
- Laurahhh, mmmhh, Laurahhh, primitammmhhh...
Me puse tan nerviosa que sólo pensé en salir de allí, no quería que ellas me pudiesen pillar espiándole, y menos en medio de una corrida diciendo mi nombre, pero estaba satisfecha, al constatar que de nuevo me había puesto por delante en el marcador de mi secreta competición con Nuria, con un ajustado cinco-cuatro. Entonces empecé a oír que ellas me llamaban, buscándome por el salón, la cocina, el jardín... Cuando iba a salir, sorteando la cama nido donde dormía mi primo la siesta, me fijé en que los cajones de mi mesilla estaban medio abiertos... ¡mierda! seguro que era eso lo que había estado mirando Pablo, joder, los tenía llenos de cosas personales, recuerdos, cartas, diarios... pero, con él, casi lo que más miedo me daba... ¡mierda!, naturalmente, lo había descubierto: una caja de preservativos, y de las grandes, (Control Nature, mi marca de confianza, jiji, podría haber hecho publicidad cada vez que los usé y sacarme un sueldo, con lo que invertía en esas épocas en ellos no habría sido tontería, aunque casi siempre conseguía que me alguien me los pagara, con el sencillo método de disparar la excitación de los tíos que me interesaban aún más que la mía propia, y así llegaban siempre dispuestos a cualquier cosa con tal de...). Siempre tenía varias de aquellas caja la tenía guardada en la mesilla de noche mi casa pero, como pasaba muy a menudo tiempo en la casa de mis padres, pues mi mesilla de noche de allí también me servía de caja fuerte de mis secretos, y un buen sitio para esconder igualmente los preservativos de emergencia... en fin, nadie iba a mirar allí, nadie que pudiese tener acceso a ella lo haría, al menos. Pero mi primo, no, mi primo era sin duda la última persona que debería haber visto aquello, y sin duda lo había visto, ya que la caja estaba abierta y los sobrecitos con formas circulares marcadas en relieve esparcidos por el cajón. ¡Si ni siquiera los usaba ya casi!
Desde que mis encuentros con Carlos pasaron de ser de esporádicos a frecuentes, empecé a tomar la píldora (tiene gracia que la primera vez que he tomado la píldora haya sido por mi primo, y no por una pareja estable, que tampoco he llegado a tener como para tomar esa decisión... tampoco con Carlos habría sido demasiado, pero aprovecho para aclarar que tomé la decisión porque me daba taaanto placer hacerlo con él a pelo que me estaba dejando un capital en las pildoritas del día después...), y sólo usaba ya condones con encuentros esporádicos con amigos y otros líos de más o menos confianza, pero ante los que prefería guardar más precauciones que las meramente anticonceptivas. En realidad, en esa época prácticamente sólo follaba a pelo con mis primos y algunos follamigos de confianza, pero es que en esa época era con quien más lo hacía, con diferencia, sobre todo con Carlos. Claro, luego al saberte protegida, pues muchas veces por urgencia, por ganas, por insistencia del otro, o sencillamente por verme forzada de improviso y sin darme tiempo a nada, pues cada vez fui dejando de usar cada vez más aquellas molestas gomitas.
Bien, no me daba tiempo a pensar, temía que me viniesen mis amigas por delante y mi primo por detrás, puesto que en cualquier momento él iba a salir del baño, así que abrí la puerta, puse cara de no haber roto un plato, pese a sentir húmeda la entrepierna y mis pezones clavándose en el sujetador (llevaba todavía el sujetador sin relleno, maldije ahora el momento en que me lo puse para provocar a Pablo), y salí saludando a mis amigas.
- ¡Hola! Por fin estáis... ¿desayunamos? me muero de haaaambre... jijiji
Pablo no dio señales de vida hasta media mañana. Nos dio tiempo a desayunar tranquilamente. Parecía que solamente yo tenía la cabeza llena de Pablo y su enorme pollón; mis dos amigas estaban eufóricas después de nuestra orgía desenfrenada de la noche anterior, y sólo tenían ojos para nosotras tres, nuestros cuerpos y lo que habíamos hecho (y lo que aún podríamos hacer, con tantos días por delante), y no cesaban en sus alusiones poco indirectas, miradas y caricias más o menos explícitas. El estar las tres en ropa interior, con los cuerpos morenos y brillantes de sudor, no hacía sino aumentar nuestro erotismo peligrosamente. Así que, cuando Meri propuso salir ya a la piscina, puesto que el calor empezaba a ser asfixiante, no dudé en apoyar su idea. Estaban empezando a soltar sus manos y sus comentarios de manera demasiado peligrosa y, si había determinadas cosas que hasta me daba morbo que Pablo viese, para provocar su lujuria juvenil (como podía ser a mis amigas en bolas en su cuarto de baño), otras en cambio preferiría morirme antes de que llegase a saberlas nunca. Por de pronto, los detalles más escabrosos de mi homosexualidad eran una de ellas, porque una cosa era que le hubiera hablado de mi bisexualidad a él y a Carlos después de ver follar entre sí a los dos hermanitos, y otra reconocer ese sexo oscuro y desenfrenado que me gastaba con mis amigas. Pasaba de alimentar su morbo con ese tipo de cosas tan bestias para un chaval de su edad. Aunque desde luego en los días que llevábamos juntos los cuatro había tenido muy poco cuidado con todo eso, y le estaba empezando a dar demasiados indicios sobre hasta dónde llegaba mi relación con mis amigas. Pero es que aquellas semanas, o me acostaba con él y era una asaltacunas incestuosa y salida, o me acostaba con ellas y era una bollera putorra y salida, y se supone que no quería ser asaltacunas, así que... (lo de incestuosa y salida ya lo tenía asumido, jiji). En este sentido, el momento y el lugar me parecían extremadamente peligrosos para ponerse a hacer tonterías demasiado evidentes otra vez, ya que él podía reaparecer en cualquier instante.
Le pedí a Nurita que me ayudase a recoger el desayuno, mientras Meri iba al baño a satisfacer, esta vez, sus necesidades más terrenales. Le dije que fuese al de la entrada, porque lo tenía al lado, aunque en realidad lo que quería era tenerla controlada, ya que no me apetecía que se fuese hacia el fondo de la casa con Pablo desaparecido por esa parte. Me intrigaba su paradero, no le había vuelto a escuchar desde que se estaba corriendo en el baño diciendo mi nombre. Y en esas, al quedarnos a solas, Nuria (que parecía haberse olvidado completamente de él), me preguntó discretamente por sus slips.
- ¿Y eso?
- Pues que los he estado buscando por todas partes, y no los veo...
- ¿Pero qué pasa, que te los quieres llevar de recuerdo?
- No seas idiota tía, es que como los encuentre, vamos, que está claro que algo hemos hecho esta noche con ellos, y no me gustaría que el niño...
- Jijiji, ¡pero si te vio ayer masturbarte con ellos, so puta!
- ¡Tendrás valor! Encima de que has sido tú la que los has dejado empapados, ¡que te corres como un grifo, Lau!
- Bueno, bueno, tranquila, los he echado a lavar, no se enterará - improvisé, suponiendo que eso haría mi primo, igual que hizo con los que se manchó después de correrse mirando a Nuria mientras dormía. - Hay que ver, cuando me corro en tu boca no te molesta tanto... -
La voz alegre de Meri nos sorprendió, cortando la conversación para hacernos terminar y salir a la pisci de una vez. Me giré, rompiendo la tensa y lujuriosa mirada que sostenía con Nurita. Sabía que mi último comentario había pinchado en blando subiendo varios grados la temperatura de su deseo.
Así que allí estábamos, de nuevo en la pisci, las tres solitas. Meri no tardó ni medio segundo en decir lo de "¿nos ponemos en bolas no?"
- ¡Cómo te conozco Meri!, estaba convencida de que no ibas a tardar ni medio segundo en decir eso.
Mi tono al decirle eso a mi amiga fue más bien seco, algo desagradable, pero sin embargo aquella vez fui yo la que empezó a desvestirse primero, quitándome a toda prisa el suje y las braguitas (bastante manchadas) para quedarme completamente desnuda, mientras mis amigas luchaban con los respectivos cierres de sus conjuntos de lencería. Aquella mañana, Pablo o no Pablo, me moría de ganas por quedarme desnuda. Lo que me pasaba es que me había quedado muy cachonda después de lo su paja en el baño, y necesitaba algún tipo de placer físico de forma inmediata. Desnudarme, sentir el aire y el sol en mi piel, mostrarme desnuda y disfrutar de los cuerpazos de mis amigas, sus tetas al aire, sus sexos sedientos, era por el momento un alivio escaso pero suficiente. La promesa que los lascivos ojos de Nuria me habían hecho antes de salir, me bastaba para poder ir tirando, al menos un ratito corto...
Estuvimos un rato hablando de intrascendencias, y tratando de elucubrar si Pablo estaría espiándonos o no, aunque estaba todo tan muerto que acabamos convencidas de que no podía ser así. Yo empecé a aburrirme, y seguía demasiado caliente en relación a lo que parecían estar ellas dos, o el propio Pablo, lo que empezaba a ponerme nerviosa. Me puse a pensar en el dedo que me hizo Nuria en aquel mismo césped tan solo dos días antes, y noté cómo unas gotas de placer se escurrían por mi raja. No iba a aguantar mucho si seguía así, pero por algún motivo no quería ser la primera en hacer algo, además de que no me atrevía a ser tan explícita a cielo abierto, con mi primo siempre a punto de aparecer por cualquier esquina.
Y, sin embargo, tuve que aguantar, porque no fue hasta bastante después cuando escuchamos claramente el ruido de la puerta de su habitación, y le vimos aparecer en la sala, yendo directo a la cocina, sin mirar fuera.
- ¿Queréis algo de beber? - saltó Meri - voy a por agua...
- ¡Oye! – protesté… llevaba un rato demasiado largo esperando a que por fin pasara algo, y me reventaba que de repente fuera a ser Meri quien se aprovechara del desbloqueo de la espera por parte de mi primo.
- Tranqui, Lau - me dijo suavemente, aunque con un tono excesivamente neutro - así aprovecho y le pido que no salga, ¿no? Que no querrás que nos vea desnudas - sonrió pícaramente, mientras cogía una toalla. Eso sí, antes de enrollársela alrededor del cuerpo, la dobló por la mitad por lo que, cuando se la puso en torno a su pecho, la parte baja casi no era capaz de ocultar el final de su culito macizo y respingón.
Nuria y yo casi contuvimos la respiración mientras estuvo dentro, y es que no podíamos ver nada dado el sol despiadado que caía en esos momentos sobre nosotras, en contraposición a la penumbra del interior. Ella, por otra parte, no dejaba de mirarme mi desnudo cuerpo, supongo que en ese preciso momento tenía casi más ganas de seguir lo que habíamos empezado por la noche que de cualquier otra cosa, y más después de nuestro particular flirteo de antes. Pero yo me estaba muriendo por saber lo que hacía Meri. No tardó nada en volver a salir, con la botella de agua y unos vasos, muerta de risa...
- ¿Qué ha pasado? - le pregunté sin disimular mi nerviosismo...
- Tranquila, que no ha pasado nada, jejeje... pero tu pobre primo está en lo peor de la adolescencia...
- ¿Qué has echo Meri?
- Por cierto que, aunque no haya podido confirmarlo como Nurita, cada vez me creo más todo lo que nos has contado, la verdad que está cañón el niño, y debe tener una polla realmente grande, ¡cómo se le marca con esos calzoncillos! Mmmmm, tengo ganas de poder verla ya en vivo, como vosotras...
- ¡Meri...!
- Nada, nada, si solo entré y le pregunté dónde se había metido todo este tiempo... me dijo que se había puesto a leer en la cama y que se había quedado dormido... - pensé que bien podía ser cierto, a juzgar por la quietud total en que había estado - y que se había despertado muerto de hambre, y ahora iba a ponerse unos cereales, momento en el que aparecí yo.
- ¿Y tú? - reía Nuria, en parte también al ver mi cara de enfado.
- ¿Yo? Nada, le dije que quería una botella de agua, abrí la nevera, y... me aseguré de coger la botella de más abajo, jejeje - rió, girándose y agachándose de la forma en que había hecho delante de Pablo, de manera que pudimos verle a la perfección todo el culo, con la raja abierta y el chocho pelado, húmedo, hinchado.
- ¡Joder Meri! - protesté.
- ¡Jajajajaja! ¡Joder con la Merita! Sí señora, un auténtico reclamo - por alguna razón, a mis amigas les parecía muy gracioso. Me entraron ganas de preguntarle si se le había trempado la polla.
- ¡No pasó nada, Lau! Fue sólo una pequeña travesura, para asegurarnos de que no nos molesta. El pobre se quedó pegado, muerto de miedo, sin saber qué decir, mientras me daba la vuelta y le soltaba con mi vocecita más dulce "no vengas ahora a la piscina que estamos tomando el sol desnudas" jejeje.
- Joder, ¡como si no le hubiera quedado claro al ver tu raja al aire, preciosa!
Miré para arriba, detrás de los setos. Algunas ramas se movían, rítmicamente, de manera extraña.
- Bien, Ro, creo que lo has conseguido, ya está arriba dándole a la manita.
Mis amigas se hincharon a reír.
- Vaaale, reconozco que resulta halagador tener a ese pequeño mirón deleitándose así con nuestros cuerpos no, ¿no os hace sentiros terriblemente sexis? - reí yo ahora, tumbándome y abriéndome de piernas en dirección a mi primito, mientras subía el marcador de ambas hasta un seis-cinco, aunque este se lo había currado Meri, pero estaba claro que la paja nos la dedicaba a las tres. Las cerdas de mis amigas seguían riendo, pero se apresuraron a imitar mi postura. Ya que nos ponemos, que disfrute de veras, pensé.
Pasamos la mañana así, tomando el sol y jugando ruidosamente en el agua, mientras mi primo nos espiaba, detrás del seto o desde otros lugares de la casa. De nuevo nos entretuvimos en intentar descifrar dónde andaba, cosa que no siempre éramos capaces de hacer. Pensé por un momento lo increíble que tenía que ser esto para él, vernos salir de la piscina con los cuerpos desnudos cubiertos de gotitas de agua, sin poder él ni asomar la nariz, debía ser un delicioso tormento para mi precoz primo. Supe a buen seguro que debió de hacerse varias pajas más esa mañana, aunque no alteraba nuestra relación en el marcador, ya que lo hacía por las tres, así que no le di más importancia. Habíamos decidido expresamente convertirnos una vez más en objetos de su deseo, de manera que ¿qué tenía de extraño que se masturbase excitándose al vernos? Tampoco es que nos cortásemos un pelo, más bien nos exhibíamos, además de que en cierto momento nuestra conversación empezó a desviarse por temas calientes que, seguro, el debía estar escuchando nítidamente.
- Tu primo debe estar disfrutando de lo lindo ¿no? - dijo Meri en un momento dado.
- El pobre, está más salido... - rio Nuria - aunque no me extraña, teniendo a ésta como prima...
- ¡Ya estáis con esa! Con lo que os hago disfrutar… y tú en el fondo eres peor, Nurita, que quieras o no le estás llevando por el mismo mal camino que yo al pobre niño, jiji - reí. - ¿Sabéis qué? Esta mañana le he vuelto a pillar masturbándose, después de cruzarme con él... - hice hincapié en el "vuelto", que quedase claro que ya había pasado más veces, jiji.
- Es normal - dijo Meri - le debemos tener caliente, además de las ganas que te tiene que tener ¿de verdad que no piensas volver a hacer nada con él hasta los dieciocho?
No contesté.
Meri añadió:
- Flipo con el tamaño de su paquete. Si fuese tú no creo que aguantase, después de haberlo probado, a la mierda las moralinas.
- ¡Sí! Es increíble su polla, estoy con Mer - le apoyó Nuria.
- No lo sabéis bien... os insisto que lo más parecido que nos hemos follado ha sido a César, pero éste cuando tenga su edad le va a dar mil vueltas...
Sabiendo que Pablo nos tenía que estar oyendo, decidí aumentar el tono de las confidencias, ya que estábamos en esas. Pronto debió aprender que ninguna de las tres éramos precisamente unas monjitas, hablamos de innumerables pollas, que habíamos disfrutado juntas o por separado. Yo hacía especial énfasis en todo lo que habíamos hecho juntas, imaginaba la cabeza de Pablo volviéndose loca imaginando lo que estos tres cuerpos eran capaces de hacer cuando nos encerrábamos por las noches en la habitación de mis padres. Seguimos contando y riendo, pollas, cuerpos de chicos y chicas, folladas, mamadas, sexo anal y todo tipo de detalles y anécdotas. Cuando llegó la hora de comer, nos habíamos puesto muuy brutas. Aunque yo seguía pensando en él, en realidad, porque lo de Meri en la cocina con la toalla cortita y el saberle espiándome y pajeándose viéndome desnuda, me había desbocado el deseo apenas esbozado después de lo de la paja, mientras que mis amigas no dejaban de comerse mutuamente con los ojos; hasta Nuria parecía haber perdido el interés por mí, sin duda porque yo debía estar ya "en otro mundo", pasando abiertamente de ella. Tanto que decidí que cada cual a lo suyo, y me ofrecí para hacer la comida mientras ellas iban "a ducharse" a la habitación de mis padres. Que se fueran a follar; yo quería estar con él, y a solas.
Me puse la ropa interior, y me aseguré de que Pablo viniese a ayudarme. Le costó centrarse, pero al rato había conseguido estar conmigo como si no hubiese pasado nada en toda la mañana. Me sentí un poco mal por obligarle a aquello, pero no quería arriesgarme a que se fuese a mirar lo que debía estar pasando ahora mismo en la bañera de mis padres. Una cosa era imaginar y otra...
Me fijé en él con detenimiento. Cada minuto que pasaba me resultaba más irresistible, y su paquete más y más deseable.
Esa fue precisamente la consecuencia más visible de nuestro numerito nudista y erótico de la mañana, después del cual, Pablo cambió de actitud hacia sus constantes erecciones, sin duda al conocer nuestro insolente interés por su miembro, por su paquete, que él siempre había intentado disimular cuando tenía una erección, algo bastante difícil dado el brutal tamaño de su polla y que su excitación era casi constante. En resumen, que llevaba cuatro días sufriendo, haciendo todo lo posible por ocultarlas (sentándose y cruzando las piernas, dándose la vuelta o incluso yéndose a su cuarto o al baño cada dos por tres, suponíamos que a meneársela). Pues bien, aquello se acabó. Si nos había gustado su paquete, ahora íbamos a tener ración triple, pues en lugar de intentar ocultar sus erecciones, ahora las empezó a exhibir constantemente. Incluso empezó a hacer las escapadas al cuarto de baño no ya para tranquilizarse, sino para colocar su polla de tal manera que la tienda de campaña que montaba en sus calzoncillos quedara lo más abultada y tensa posible. No le debieron pasar inadvertidas las miradas de reojo que recibía su paquete por parte de las tres a partir de esa tarde. Yo intentaba cortarme, la verdad me costaba mucho mantener una actitud coherente, iba dando bandazos entre el deseo y la provocación, y el pánico y el pudor exagerado. Pero Nurita nunca tenía mis problemas existenciales, y sí un hambre voraz de polla, así que cuando mi primo empezó a actuar así sus miradas al paquetón de Pablo eran casi continuas. Meri pasaba más desapercibida, pero también se estaba poniendo las botas. La conozco sobradamente para saber que estaba a su nivel más alto de excitación, a pesar de su aparente sangre fría. También era cierto que ella nunca llega a obsesionarse como yo o a estar tan salida como Nur.
El momento más evidente de la creciente provocación sexual de mi primo hacia nosotras, cuando todavía estábamos dándonos cuenta de su cambio de actitud, fue en respuesta a un intento mío por provocarle. Después de su “ducha” con Mer, Nuria llevaba unas braguitas extraordinariamente bajas lo que, sumado a su extrañamente abundante mata de pelo, provocaba que por la parte superior del elástico se escapase abundante vello rizado y oscuro con asombrosa facilidad. Aquello no solo era inaudito para Nuria, sino abiertamente erótico e intencionado para cualquiera. Básicamente se estaba dedicando a enseñarnos el coño a los tres, incluido a mi primo. Yo no podía permitir aquello, aunque ya no sabía si debía pararlo por pudor y decencia con mi primo, o por puros celos con Nuria. Aún así, ella había conseguido calentarme tanto con su jueguecito, que elegí para hacerlo evidente un momento en que estábamos los tres, ya que quería ver a Pablo mirándolo directamente, y no de reojo como llevaba todo el rato haciendo. Así que, tocándole esa espesa mata de pelo duro y negro a mi amiga con la yema de los dedos, le dije a Nuria, mientras hundía levemente la mano en sus bragas:
- Oye, ¿tú no te ibas a depilar ayer? porque tienes una pelambrera exagerada, Nur, que pareces yo, tía.
Ella se puso roja al sentir mi mano en su chocho y la mirada asustada de Pablo en sus ojos, y no contestó. La mención a la depilación de ayer había sido muy mala pasada por mi parte, además. Pablo, a su vez, tampoco reaccionó pero, en cambio, su cuerpo sí lo hizo. Alentada por la respuesta muda, pero corporalmente expresiva de ambos, hundí la mitad de mi mano en las bragas de mi amiga, dejando allí mis dedos muertos, inmóviles, pero claramente situados sobre su coño. Fue la primera vez que vimos la polla de él casi totalmente erecta dentro de su ropa interior, sin que hiciese nada por ocultarlo. Aquello se abultó tanto, que empezamos a poder ver buena parte del contenido de su slip, a medida que la tela se iba separando de su cuerpo. Noté el coño de Nuria subiendo de temperatura, y mis pezones y los de María se marcaron de pronto, endurecidos, contra la tela de nuestros sujetadores. Al final, Pablo acabó por retirarse, ya que su cuerpo descontrolado se estaba haciendo demasiado evidente, y dadas las dimensiones le resultaba un problema mantener todo en su sitio sin más, además de haberse puesto muy nervioso viéndome tocarle el coño a su diosa Nuria con tanta tranquilidad.
Comimos mucho aquel día, y cuando terminamos estábamos los cuatro muertos de sueño, nosotras tres agotadas por una noche más que larga, Pablo por cualquier otro tipo de tensiones o esfuerzos físicos que no me molesté en valorar. Yo me desentendí de los restos de la comida, necesitaba urgentemente desmayarme en mi cama, por lo menos un ratito, desconectar de la situación de elevada tensión sexual que me había montado yo solita en mi casa.
Antes de nada, pasé por el vestidor después de visitar el baño, porque me urgía cambiarme la ropa interior, que ya empezaba a tener vida propia. No es solo que se me estuviera quedando pegada la tela a los labios del coño, es que empezaba a soltar una peste a mí bastante evidente, porque yo soy de las que cuando me excito mucho puedo llegar a oler a coño una pasada. Vi en el cesto de la ropa sucia de mi vestidor los slips de Pablo, endurecidos de la cantidad de restos resecos que llevaban encima. Eché sobre ellos mis propias braguitas, también saturadas de restos orgánicos, y mi sujetador y, en pelotas, rebusqué algún conjuntito que pudiera estar a la altura. La verdad que lo tenía difícil, porque los putones de mis amigas habían venido surtidas de sus más provocativos y transparentes conjuntos; afortunadamente yo, al jugar en mi propio campo, disponía de un arsenal suficiente (con la lencería no me había pasado como con los bikinis, que quedaron olvidados en mi casa de la ciudad, cosa rara, ya que, al menos teóricamente, ese verano le debería dar mucho más uso a la ropa de baño que a la lencería...), aunque consideré que ciertas cosas era un poco exagerado sacarlas. Al menos todavía. Encontré en cambio un conjunto antiguo, gris, con el sujetador sin relleno, aunque de tela más dura que el otro. Ese era mi mayor preocupación, ya que, al fin y al cabo, casi enseñaba más y, sobre todo, se me marcaban más las formas con el bikini que con los sujetadores con relleno. Lo malo es que los que eran realmente sin relleno y finos, eran prácticamente transparentes, vamos, de gritar fóllame ya, o mejor salir en top less, que resultaba casi más virtuoso. Nuria y Meri estaban todavía, al menos, en un discreto punto medio (o medio-alto, más bien). Lo bueno del conjunto gris es que era viejito, como dije, lo suficiente como para quedarme un poco pequeño, por lo que calculé que mis tetas desbordarían escandalosamente, igual que lo haría mi culito, demasiado crecido para estas bragas ya pequeñas... ¡Genial! pensé.
Aún así, en el último momento decidí no ponerme el sujetador para la siesta, sino una camiseta, ya que me resultaba más cómodo, y calculé que el conjunto podía ser lo suficientemente erótico para Pablo. Cuando me tumbé, me puse a pensar en lo que nos estaba pasando; en realidad, la única tensión sexual cierta era con él, porque con mis amigas era más bien todo lo contrario a tensión, ya que no habíamos contenido ni la menor necesidad de sexo entre nosotras, jiji; bueno, quizás es cierto que la tensión añadida de ellas con Pablo, y de Pablo con las tres se notaba en el ambiente, pero a mí realmente la que me pesaba era la mía, y es en la que me tenía que centrar. Así que tampoco era tan distinto de si hubiésemos estado los dos solos aunque, claro, tenerlas a ellas básicamente me daba una buena vía de escape. Era demasiado tarde ya, para cuando quise darme cuenta estaba otra vez dándole vueltas a la cabeza, pensando en él, pensando en cosas que no quería pensar. No podía negar, a estas alturas, que yo algo quería, o al menos sí que pretendía dejarle a él hacer algo... al menos para eso sí servirían mis amigas, para que me diese tanto corte la situación que me frenase a mí misma por pura vergüenza con ellas. Pero tenía que parar de dar vueltas, tenía que obligarme a no pensar, estaba convencida de que justamente eso era lo peor que podía hacer.
Me concentré en los sonidos de la casa, Nuria y Meri acababan de entrar en su habitación, escuché la puerta, leves risas, poco más. ¿Sería posible que no hubiesen bajado la persiana... ese punto débil podía ser aprovechado por Pablo... le escuchaba también a él, terminando en la cocina, parece que mis amigas le habían empaquetado toda la recogida de la comida a él. Mucha historia con su pollón, pero a la hora de la verdad, las tres le dejábamos pringando con el trabajo, jiji. Cuando acabó, me giré en la cama, quedando como siempre tumbada de costado y de cara a la pared. Imposible dormirme, no podía estar más nerviosa. No sé por qué, aquella tarde me parecía que algo había cambiado, aunque tampoco había pasado nada, bueno, yo sí había estado algo más sugerente con él, él me había visto mirándole en el baño, aunque mi huida no debió resultarle muy alentadora, a pesar de haber huido de mis amigas, y no de él; también él estaba algo más explícito, siempre en calzoncillos, tan sugerente, y con esas erecciones brutales que ya había pasado completamente de intentar ocultar... Me quedé congelada cuando sentí abrirse la puerta, muy despacito, como queriendo hacer el mínimo ruido ¿para no despertarme? Era raro, la cama nido estaba en medio de nuevo, no se podía abrir la puerta del todo, si quería entrar lo mejor era hacerlo desde la habitación de mi hermana a través del vestidor... La puerta se cerró. Entonces me di cuenta: no quería entrar, no venía a por mí, tan sólo quería asegurarse de que estaba dormida para... ¡hijo de puta!
Me incorporé en la cama, temblando, a medias de miedo, a medias de ira. ¿Y si me equivocaba y entraba ahora desde el vestidor? No. Oí claramente la puerta del cuarto de mis padres, abriéndose despacio... Cabrón. Salté de la cama lo más silenciosamente que pude, y salí de mi habitación por el ventanal que daba al jardín. Con sigilo, me asomé tras el saliente del baño, tanto los ventanales de la habitación de mi hermana como los de la de mis padres estaban abiertos de par en par, con las persianas subidas. Pasé con cuidado por delante del ventanal de mi hermana, efectivamente Pablo no estaba allí. Entonces, con sumo cuidado, aterrada pensando que era imposible que nadie escuchase el ruido atronador que producía mi corazón golpeando en mi pecho, me asomé con cuidado a la habitación de mis padres, tratando de quedar lo más oculta posible por las cortinas, de manera que mi silueta a contraluz no resultase muy evidente (tenía grabada en la cabeza la del propio Pablo en el ventanal de la sala, espiándome también desde detrás de las cortinas mientras masturbaba a su hermano mayor). ¡Las muy putas! Mira que no bajar la persiana... sólo esperaba que no estuviesen... Conseguí controlar mi respiración al asegurarme de que mi posición era la menos peligrosa posible, mientras mis ojos trataban de acostumbrarse poco a poco a la penumbra interior. Por otra parte, la situación en este caso jugaba a mi favor. Estaba espiando a un espía, por lo que Pablo estaba más pendiente de no ser pillado por ellas que de lo que pudiese pasar fuera de aquella habitación. Y, desde luego, mi primo, de pie delante de la cama, completamente alucinado por su suerte, no tenía ojos para más que para los dos cuerpos tendidos encima de la cama.
Afortunadamente, estaban las dos dormidas. Recordé agradecida que ellas se habían pegado un polvo antes de comer cuando dijeron que se iban a duchar juntas. Sin duda aquello tuvo que bajarles la calentura, lo que unido al cansancio acumulado de varias noches de sexo intenso, las había dejado con más ganas de descansar realmente que de otra cosa. No quería pensar lo que habría pasado de haberlas pillado en plena acción, Nur y Mer cachondas y follando, en pleno éxtasis ¿qué pasaría si de repente entraba ese miembro en el juego, se les ofrecía, inocente, y...? No, dormidas, estaban dormidas. Bueno, además al menos Nuria, con bragas y sujetador, estaba irresistible claro, pero Meri... la puta de María, ante mi sorpresa, y más aún para Pablo, estaba boca arriba ¡completamente desnuda! No acertaba a concretar si podía ser realmente cosa de Nurita, que hubiese querido jugar un poco con su amiga antes de quedarse frita, o sencillamente de la propia María y sus instintos nudistas. Y yo con mi triste camiseta vieja... En cualquier caso, disfruté también de esa visión un rato, al igual que mi primo, a quien los ojos se le salían de las órbitas mientras admiraba el cuerpo desnudo de María, alelado ante la proximidad de su chocho abierto, pelado, de ese cuerpo turgente, brillante, sin un solo pelo, esas tetas firmes y jugosas, esa carne aún tan joven y taaaan deseable. Para decir la verdad, disfruté más que mi primo, pues a mí era, sin embargo, su cuerpo y no el de mis amigas el que me quitaba el sentido aquella tarde, y también yo podía en ese momento disfrutarlo sin ser advertida, su cuerpo insultantemente joven, casi desnudo, y con esa polla que crecía por momentos en su insuficiente slip.
La verga se le disparó de tal manera que la tela se separó de su cuerpo, podía ver sus huevos por el agujero que quedaba en el lateral, y por arriba le asomaba algo de pelo rizado... empecé a babear por la boca y por el coño. Así estaba, hasta que a mi primito se le ocurrió algo mejor que estar mirando como un pasmado. Se acercó aún más a la cama, quedando pegado a sus pies. Y allí de pié, al lado de la cama, viendo las tetas y el coño de María, no pudo resistir la tentación de sacarse la polla, o lo poco que faltaba, pues casi había salido ya por sí misma del calzoncillo a reventar, y empezar a meneársela. Tal cual. El espectáculo era alucinante, ahora sí que le tenía pajeándose en primer plano, se la pude ver mucho mejor que por la mañana, enorme, es que era casi como la de Carlos ya, también los testículos le habían crecido, y tenía mucho más pelo... y pensar que yo había tenido a su pobre primo Davis por el superdotado de la familia… Pablo le había arrollado en cuanto a tamaño y vigor de polla se refiere. Era alucinante, el cuerpo le había cambiado muy poco, casi no le había empezado a salir vello aún, y tenía en cambio el sexo más desarrollado que David, que le doblaba la edad de lejos.
Mi primito se la meneaba despacio, disfrutando del momento, aunque los movimientos para dominar esa bestia no dejaban de ser violentos. Pensar que cualquiera de las dos podría abrir los ojos en cualquier momento y pillarle allí de pie, con la polla en la mano, me excitaba muchísimo. A pesar de tener la certeza de que, si alguna se despertaba, no le iba a molestar para nada lo que estaba haciendo mi primo... qué va: si alguna le pillaba, en aquella habitación iba a practicarse sexo y del serio, y a mí no me quedaría otra que renunciar a mis complejos y entrar, unirme y... mmmmmhhhh... ¡qué placer verle diossss... mmmh! Al cabo de unos minutos eternos, en el momento en que yo había empezado a ceder, bajando mi mano para empezar a acariciar muy suavemente mi entrepierna, se ve que Pablo, sin embargo, lo pensó mejor, y debió decidir que estaba corriendo un riesgo demasiado grande. Bueno, al fin y al cabo tenía más de una semana por delante pero... a mí me hizo polvo. Además, a pesar de no haberse corrido, no podía negar que este había sido un punto para Meri, más aún después de su exhibición con el número de la toallita. Estábamos empatadas, pues. Vuelta a empezar. Pablo se guardó como pudo aquello en sus slips, y se giró muy despacio.
Oh, oh... ¡volvía a la habitación!
¿A la mía? No podía saberlo, pero era lo más probable, así que me levanté con toda la rapidez que la cautela aconsejaba. Sobresaltada, me pareció que Meri abría los ojos justo cuando él se giraba... ¿los había abierto realmente, o nunca estuvo dormida, tal vez? La posibilidad de ser vista por ella me obligaba a tener aún más cuidado... Afortunadamente, las precauciones que tenía que tomar él para salir de la habitación y cerrar la puerta eran mayores que las que necesitaba yo para mi trayecto por el exterior. Aún así, poco me faltó, estaba todavía recolocándome en mi cama, sobre la que me había lanzado casi de un salto, cuando le sentí entrar en silencio desde el vestidor. Estaba allí, no cabía duda, aunque era casi imposible saberlo, de tanto cuidado que había tenido. Pero aunque leve, su respiración permanecía agitada (eso sí, apenas más que la mía), y era lo único que le delataba. Yo estaba muy alterada, y descubrí allí tumbada, cuando reventó mi tensión, que no sólo lo estaba de excitación, sino también, como siempre, de celos... Por segundo día consecutivo, Pablo había buscado ya a mis amigas en lugar de a mí. Sólo habíamos tenido un leve encuentro, y parecía que ya no me necesitara. Lo que contrastaba, por otra parte, con su actitud salida, caliente y provocadora conmigo. Me entró un abatimiento increíble por un momento, hasta que pensé en la realidad... fuese cual fuese su mayor deseo ahora, lo cierto es que había venido finalmente a mí. Estaría muy caliente, y yo sabía que conmigo no se iba a andar con tantas contemplaciones como con ellas si quería aliviarse...
Entonces me di cuenta. Era mi momento, ahora sí, solos nosotros dos. Y él venía empalmado, no le había dado tiempo a relajarse esa trempada total, monumental, absoluta, de lo cachondo que se había puesto en la habitación de mis amigas... Así debía ser, porque noté claramente que se subía en mi cama desde el principio, sin hacer ni amago de pasar siquiera por la suya. Mis piernas entre las suyas, temblando los dos nerviosos, aunque él no percibiría mi miedo, porque el suyo debía ser mucho mayor... ¿Qué me iba a hacer? Y lo peor... ¿qué quería yo que me hiciese? ¿llegaría a...? porque yo estaba vendida, necesitaba tanto sentirle, que me tocase de nuevo... La suerte me acompañaba, con la urgencia de la huida no había podido colocarme, estaba casi tal cual había caído en mi cama, boca abajo, como dormida, y con la camiseta completamente subida hasta la cadera. Era consciente de que me tenía que estar viendo la raja del culo asomando por las bragas, tan pequeñas que sentía mis nalgas apretadísimas marcando sus formas en la tela tirante, aunque la rajita debía estar harto de vérmela, porque siempre se me ve aún cuando voy vestida, por mi costumbre de usar pantalones bajos, pero ahora le estaba poniendo en bandeja medio culo: lo tenía fácil. Así que se arrodilló en la cama a mi lado y continuó pelándosela. Así, tal cual, directamente. Sentí que me sudaban las axilas, los muslos. Apenas podía contener mis temblores. Podía sentir el movimiento rítmico de su paja en el vaivén del colchón. Pero después del día intenso que llevábamos los dos parece que a él, lo mismo que a mí, aquello le sabía a poco y actuó en consecuencia. Ver a Meri completamente desnuda enseñándole todo el chocho tiernito que tiene, con esos labios sonrosados perfectamente admirables al no tener ni un pelito… Pablo tenía que morirse por tocar coño. Y si no tenía el de mis amigas a mano, o con ellas aún no se atrevía, yo le había servido el mío en bandeja, una vez más.
Solo tenía que ser un poco hábil para conseguirlo, pero estaba claro que conmigo arriesgaba siempre mucho menos que con mis amigas en caso de que yo le pillara. Aún así, nunca en su vida ha debido tener más cuidado que en aquel momento. Con el índice y el pulgar de ambas manos cogió el elástico de mis bragas y lentamente tiró de él hacia abajo hasta dejar todo mi culo al aire. El flujo empezó a manar de mi coño aunque, casi con total seguridad, él no se daría cuenta. Si mi corazón sobrevivió las aceleraciones de aquel día, podrá resistirlo todo, el momento estaba siendo mágico. Con una mano zumbándosela, se agachó y besó mis nalgas apretadas, que cedieron ante los embates de su lengua, para dejarle entrar en mi raja sudorosa, mi ano, mi vagina chorreante. Creo que se acababa de dar cuenta de que estaba bastante cachonda, no podía ser de otra manera: le acababa de abrir el camino a mi coño, de nuevo, por primera vez desde la prohibición; mi firme determinación hacia sus propuestas sexuales acababa de desmoronarse. Pablo debía ser consciente de ello, de lo trascendente del momento, tenía que saber que yo no dormía, sino que, como siempre, disfrutaba y consentía, a pesar de mi torpe disimulo. Así que, queriendo coronar aquella paja con algo especial, puso su mano izquierda muy lentamente sobre una de mis nalgas, sobándomela con ganas, y con la otra zumbándose la polla se corrió sobre mí, con la imaginación de ambos sin duda puesta ya en atrevimientos mayores. Me limpió los restos más evidentes, que hizo desaparecer chupándolos de su mano, de mi entrepierna y de mi culo con su propia lengua, como yo misma le había enseñado. Me subió las bragas, y se tumbó a mi lado, agitado, en su propia cama. Cuando le sentí calmarse, consciente de que no podría dormirme, ni siquiera permanecer tranquila mucho más tiempo, me levanté de la cama, y fui hacia el baño.
No habían pasado ni cinco minutos, estaba claro que era casi imposible que yo no me hubiese dado cuenta de lo que me había hecho; de alguna manera le estaba mandando a Pablo un mensaje de reconocimiento y aceptación. No sabía si quería o no enviar realmente aquel mensaje, no sabía si quería que él tuviese tan claro que todo aquello me encantaba o que, al menos, no me importaba (porque lo que estaba claro es que le había dejado hacer sin poner ni medio reparo, así que ya no tendría sentido hacerle reproche alguno, lo que había pasado había sido por voluntad compartida, de ambos). Pero lo real es que sentía el pringue de su semen en el culo, bajo las braguitas, y en mis piernas. Y que no quería pensar en otra cosa, había sido excitante, y me excitaba más llevar su fruto aún caliente en mi entrepierna, no me iba a dejar comer la cabeza por negros remordimientos. Sin duda, aquello había sido demasiado para cuatro días, pensé, mientras trataba de quitarme los restos que goteaban desde mi culo. Hace un momento me quejaba de mi mala suerte porque pensaba que él pasaba de mí, que se había vuelto loco por mis amigas, pero estaba claro de que su obsesión por mí seguía en todo lo alto, y que la mía por él, visto mi fugaz momento de celos, también estaba mucho más viva de lo que había querido reconocerme esos últimos meses. Llevamos cuatro días, y me ha vuelto loca, aunque el contacto haya sido tan fugaz... pero ¿cómo estará él? porque él sí que lleva cuatro días de escándalo, nos ha visto a las tres desnudas, ha oído y visto ya ciertas cosas "importantes" entre nosotras y, sobre todo, ha tenido tres momentos de gloria con Nuria y, en parte, otro áun más brutal con Meri… la ha tenido desnuda, tan cerca, tan a tiro, tan… María… "Laura, deja de darle vueltas, simplemente ha sucedido..." trataba de obligarme a no pensar... hasta que le oí, de nuevo, levantándose y viniendo hasta mí:
- Laura... - su cara denotaba que venía preparado para la mayor de las broncas.
- Pablo - no sabía muy bien cómo reaccionar, debería estar enfadada, pero ¡no podía estar más feliz! Aunque confundida, muy confundida, eso sí. Al no encontrar mejor opción, seguí haciendo lo que creía que era mejor y más fácil, continuar como si no me hubiese enterado de nada, y que él pensase lo que pensase.
Pero no contaba con una evidencia: los dos seguíamos cachondos... y así pasó lo que pasó.
- ¿Tampoco tú puedes dormir? - le pregunté, cortante. No quería escuchar una explicación, y mucho menos una disculpa...
Mi primo no dijo nada, pero miró su polla, no sé muy bien pensando qué. Estaba todavía medio empalmado, y la tenía colocada de forma tal que le pasaba como antes, que se le separaba por arriba, dejándole al aire la mitad del tronco, de forma que se le salía todo el pelo por la parte de arriba. Exactamente igual que Nuria.
- Mira, - dije divertida (y a la vez con un nerviosismo tal que me extrañaba hasta ser capaz de poder articular palabra), - te pasa como a Nurita, se te sale todo el pelo por arriba - pensé que cualquier tema era bueno con tal de poder cambiar de tema, aunque eso supusiera labrarme el camino directo a mi perdición.
Porque, además, empecé a tocarle a mi primo, suavemente, su vello púbico...
- Pablo, es increíble la cantidad de pelo que te ha salido...
Mis dedos empezaron a meterse hacia dentro, buceando tímidamente en su calzoncillo, enredándose en sus rizos, hasta tocar la dura base del pene. Mi excitación me hacía actuar movida más por mi coño que por mi cabeza. "No, no sigas Laurita" me decía mi ángel bueno, hasta ahora yo no había hecho nada, desde que corté con él había resistido toda tentación, me había dejado hacer dos veces esa semana, sí, y lo de la pasada en su casa, claro, pero siempre había sido él, en cambio ahora, yo, yo... le estaba tocando de nuevo después de unos meses largos como un desierto... era tan agradable... Sentí sed, la garganta seca, me costó tanto articular palabra que, cuando por fin los sonidos salieron de mi boca, no podía creer que los hubiese producido yo:
- ¿Sabes que Carlos se afeita para que no se le salga por arriba? - bien lo sabía yo eso, claro, Carlos solía rasurarse el abdomen, decía que odiaba que se le saliese el vello púbico por arriba de la ropa interior, (y a mí que me ponen cachonda esos pelillos que suben desde el calzoncillo hasta el ombligo de los tíos) no sé bien si por poder mostrar limpias y relucientes sus abdominales cada vez más marcadas, o por una manía de su noviecita, qué se le iba a hacer. Lo cierto es que más de una vez se lo había afeitado yo misma, antes o después de comerle la polla, que invariablemente se le ponía dura cada vez que le sometía a esa operación, siempre desnudos los dos, claro. Seguro que si su novia lo supiera, no le pediría que se afeitase, jiji.
- Sí... bueno, eh... -
Pobre Pablo, menuda preguntita la mía...
Pero nada comparado con mi respuesta:
- ¿Quieres que te lo afeite, como hago con él? Muchas veces se lo hago... - Y siempre que se lo hago, le hago también otras muchas cosas, pensé, frenética. Otra huida hacia delante. Otro deseo incontrolado, otro pensamiento absurdo convertido en palabra sin pasar casi por mi consciencia. Supongo que acordarme de lo que hago con Carlos no era lo más adecuado en esas situaciones...
- ¡Vale! - contestó Pablo de inmediato, con una sonrisa de oreja a oreja que le iluminó la cara y la habitación entera. Sonrisa que, además, me dio una fuerza y una decisión que no creí ser capaz de encontrar.
El caso es que me apetecía hacerlo. "Vamos, Lauri, ¿qué tiene de malo lo que vas a hacer...? Si ni siquiera tenéis que desnudaros, ya sois mayorcitos, y después de lo que habéis pasado... Además, en el plan que están tus amigas, o mantienes distraído a tu primito, o acabará pasando algo mucho más grave..." Mi ángel malo me sonaba mucho más convincente. Era cierto, todo podía ser relativamente inocente, erótico pero inocente, si tenía cuidado no tenía por qué haber ningún problema.
- Espera un momento, ¿vale? que me quite la camiseta y me ponga cómoda.
Salí del baño, quedándome casi junto a él, sólo un paso más dentro del vestidor. Dándole la espalda, me saqué la camiseta, y cogí el sujetador que tenía preparado. Supuse que la visión de mi culo debía ser tan apetitosa como cuando se me empezó a pajear encima, con la raja saliendo y las nalgas apretadas, a lo que había que sumar que la mancha con sus restos de semen tenía que ser evidente allí. Pero le estaba brindando una oferta mejor, ya que el gran espejo del fondo reflejaba, convenientemente iluminado, mis tetas al aire, aquella vez solo para sus ojos. Pablo no hizo el menor gesto de retirarse ni de apartar la mirada, simplemente se quedó mirando mi reflejo, como si no mirar directamente mi cuerpo fuese suficiente. En realidad, lo fue, porque yo no le dije nada, aunque él me vio, y me vio verle.
Así estaban las cosas, siempre al borde del precipicio, y siempre incapaz de asegurar que no iba a caerme de cabeza hasta el fondo. Pero no podía evitar jugar con él de esta manera, me resultaba irresistiblemente erótico. Porque seguía pensando que esto era un juego, en el fondo, un juego que yo podía controlar... Por otra parte, dejarle ver mis tetas sirvió para que no reparase tanto en mi culo, que debía estar cubierto de manchas imposibles de ocultar, sus manchas.
- Venga, ven - dije cogiéndole de la mano - Pablo babeaba. Ciertamente, aquel sujetador era como no llevar nada, tan pequeño que se me salían las pechugas de manera escandalosa, jiji. ¿Tanto me habían crecido últimamente? Debe ser que tener buen sexo con frecuencia las regenera... aunque entonces la pobre Nurita debería tenerlas de revista, jijiji.
Busqué en el baño una de las maquinillas que usaba para depilarme, le bajé el slip hasta que se le empezó a ver el rabo entre su abundante pelo. Las ganas de seguir bajando y metérmelo del tirón en la boca eran importantes, pero me contuve. "Bien Laurita..." esta vez mis dos angelitos parecían coincidir. Los saqué de mi cabeza, tenía delante mío un precioso cipote, que hacía mucho que estaba deseando ver y tocar, y quería concentrarme en él. Se lo acaricié, jugueteando con los rizos, su vello era ahora abundante, cálido, enmarañado, bastante distinto del sexo lampiño que me cepillé la primera vez, haría entonces poco más de un año.
- Es increíble cómo te ha crecido el pelo primito... estás hecho un hombre, ¿eh? - Pablo me miraba con la misma mirada atónita de nuestras primeras veces. "Y cómo te ha crecido el rabo", pensé para mí; afortunadamente, eso no me atreví a soltárselo. Simplemente, se lo agarré sobre el calzoncillo, tirando de él con fuerza, sintiéndole crecer de verdad bajo la acción provocadora de mi mano, mientras Pablo empezaba a respirar hondamente, con fuerza, en una especie de jadeos ahogados. Aquella acción fue en sí más potente que cualquier comentario. Llevaba meses sin tocársela así… Temí que fuese a venirse en mi mano, aunque contaba con que debía aguantar bastante más a estas alturas de su vida, y más aún con su intensa actividad masturbatoria de los últimos días. Superando la fuerte excitación que me produjo sentir otra vez el contacto con su polla, se le enjaboné y empecé a afeitarle, sin dejar de tirar del miembro hacia abajo, para asegurarme un campo de trabajo libre. Cuando terminé, la tenía completamente dura, desplegada en toda su longitud y volumen, aunque todavía empujando fieramente dentro de su slip, que se había separado de su cuerpo, obligado por su capullo disparado por la erección. Le quité la mano de encima. El afeitado había sido muy sutil, no quería que se le notase demasiado, lo justo para no asomar mucho, sin evidenciar la línea por donde había recortado su vello. Sutil y rápido, pero su erección había sido meteórica.
- ¡Huau, Pablo, cómo te has puesto! Estás muy caliente ¿verdad?
- Bueno, tú también te has puesto bastante... cachonda - dijo, con voz temblorosa.
Me señaló la braguitas. Buena parte de la mancha era de antes, suya, pero también mía. Pero esa tela gris era demasiado cantosa, las manchas de antes estaban algo más secas, y se veían un poco más claras, mientras que la enorme la mancha oscura de la parte más baja era humedad muy nueva...
- Y también los pezones, prima – no le faltaba razón… arrodillada ante él, mi sujetador se abría lo suficiente como para que unas protuberancias tan exageradas y duras no pudieran pasarle desapercibidas.
- Vaya, sí, es que... tocarte así la polla... joder Pablo... después de tanto tiempo y... te ha crecido tanto, yo... me excitas tanto que...
- Laura... - mi primo era una duda con piernas. Yo también, pero yo ere, además, una duda muerta de miedo.
- Es una pena que yo... que nosotros no...
- Joder, Laura... ¡mírame!
- Ya, ya... vas a necesitar hacerte una paja, ¿verdad? - dudé como seguir, ya que lo que quería era hacérsela yo, en realidad. Me moría por tocarle el pene duro, desnudo, caliente.
- Sí bueno... - su rostro se enrojeció, pero no pudo evitar una radiante expresión de felicidad al vislumbrar una salida fácil hacia un momento sin duda glorioso...
- Ya. Creo que yo también - no sé cómo pude ser capaz de decir esa barbaridad. No, no podía dejar que... Todo pasaba demasiado rápido, yo no podía pensar lo que decía, me sorprendió a mí misma mi salida final, bastante correcta, si podía llamarse correcta a la barbaridad que le propuse a mi pequeño primo:
- Yo voy a mi habitación, te dejo a ti el baño, ¿vale? - no le di oportunidad ni de contestar, salí y me tumbé en su cama. Él me miró desde la puerta, sin decir nada, con una expresión de profunda tristeza en los ojos. No sé si por compasión o por perversión, ya digo que actuaba sin pensar, hice una última jugada.
- ¿Pablo?
- Dime Laura...
- ¿Te importa dejar abierta la puerta? Me gustaría oírte...
Él se mostró atónito, pero hizo lo que le pedí. Se sentó sobre la taza del wáter, y se bajó los calzoncillos. Estaba completamente desnudo, se había desnudado para mí... La verga se disparó contra el techo. Desde nuestras situaciones, íbamos a hacer bastante más que oírnos, ya que, aunque a medias y con obstáculos, podíamos vernos bastante bien, sobre todo los sexos. Yo me quité las braguitas, y abrí bien las piernas para él. No quería ofrecerle (al menos tan pronto) un desnudo integral, pero mi sexo abierto y al rojo debería de ser un espectáculo excesivo suficiente, en todos los sentidos. Tenía que estar hasta oliendo mis aromas, mi exagerado olor de hembra en celo, algo animal, brutalmente animal que me golpeó al empezar a frotarme... Me toqué un poco, pero enseguida me empecé a meter un dedo tras otro. Necesitaba marcha. También mi primo, que se masturbaba a dos manos su descomunal aparato. Pronto él se corría a chorros, que saltaban casi hasta el techo de mi baño en violentos estertores, mientras Pablo jadeaba sin disimulo, casi de manera exagerada, en honor a mi petición, y yo me corría a chorros encima de su cama. Tras un paréntesis de recuperación, me arrastré hasta el baño, y me senté en el bidé, dejando caer las braguitas al lado. Me limpié allí mismo con abundante agua y jabón, ya que arrastraba un peligroso aroma a pescado. Pablo no dejó de mirarme mientras yo me limpiaba el sexo, aunque no cruzamos ni una palabra. Él seguía completamente empalmado, a pesar de la corrida, desnudo delante mío, sobándose arriba y abajo, lentamente, la polla cubierta de chorros de semen. Nada me apetecía más que chupársela, comerle la polla y lamer esos restos de semen. Pero bien sabía que era la hora de parar. Lo que acabábamos de hacer me daba miedo, me daba miedo de mí misma.
No pasa nada, no pasa nada, trataba de repetirme. Además, había roto el empate con mis amigas tras los dos últimos ataques de mi primo, que me habían colocado en un cómodo siete-cinco. Si le frenaba ahora podía respirar tranquila por un tiempo. Si hacía cualquier tontería, se acabó, él habría ganado.
Salí del baño, cerrando la puerta. Le dejé las bragas empapadas y retorcidas en el suelo, no dudaba que las usaría. Mi culo desnudo fue lo último que vio, antes de lanzarse sobre mis braguitas, supuse, para terminar de intentar calmar su lujuria. Yo me vestí, quiero decir, que me puse otras braguitas. Mis elegidas fueron unas que había dudado si ponerme antes, también con unos añitos ya, algo pequeñas y, sobre todo, muy bajitas. Efectivamente, ahora era el pelo de mi coño el que asomaba por la parte superior. Además, eran blanquitas, bastante sosas, pero mi pelambrera se traslucía bastante bajo la tela.
Fui a buscar a mis amigas, ya que escuché ruido en su habitación.
- Nurita se está depilando otra vez, dice que ya no puede más con lo de que se le salga el pelo por las bragas. Creo que se va a afeitar todo, así que le llevará un rato.
- Vale. ¿Me ayudas a hacer la cena? Entre unas cosas y otras se nos ha hecho tardísimo hoy. - dije sonriente. Me apetecía cocinar, tenía hambre y estaba de buen humor.
La tarde pasó bastante tranquila, mis amigas me ayudaron con la cocina, también Nuria cuando terminó su arreglo púbico, y charlamos animadamente. Sólo hubo un momento de tensión cuando Pablo, que reapareció por fin de su destierro en el baño, nos dijo que se iba a bañar en la piscina. Las tres miramos su cuerpo semidesnudo, con el abultado paquete marcándose sin piedad en los mínimos calzoncillos, a pesar de lo cual las tres dijimos que no a su oferta de bañarnos juntos con él. Claramente, las tres nos sabíamos incapaces de resistir una tentación semejante; no sólo a mí se me había hecho la boca agua al verle. Eso sí, creo que era la que más cachonda se puso, después de haber visto aquel prodigio en acción tan cerca e, incluso, habérsela tocado tan solo unos minutos antes.
Las sabíamos ya lo que significaba que mi primo se bañara sin bañador, no solo por experiencia propia, sino de haber visto ya un poco con él lo que eso suponía. Cuando cualquiera de nosotros salía de la pisci con nuestra ropa interior, no pensada precisamente para mojarse, éramos una llamada al sexo andante. Y eso, con el tremendo pollón de Pablo, era todavía mucho peor: cuando salió al poco del agua, con su ropa interior completamente mojada, se le notaba el paquete evidentemente colocado para mostrar una generosa erección. Y lo malo es que no sólo se le notaba, sino que se le veía, ya que su calzoncillo mojado parecía ser completamente transparente. Yo me quedé paralizada, mientras mis amigas eran incapaces de pestañear.
- Joooder Pablo - susurró Meri, aunque creo que él no la oyó.
- Primito... -dije yo, y eso si me oyó, porque me miró sonriendo estúpidamente.
Sólo Nuria fue capaz de reaccionar:
- Pablo, será mejor que te vayas a secar y a cambiar ese calzoncillo mojado, que vas a coger frío... ¡y a nosotras nos va a dar algo!
Pablo se retiró sin decir nada, a pesar de que tuvo que oír el último comentario de Nur:
- Madre mía, ¡qué pollón!
Cuando volvió Pablo, preparamos la cena en el porche. De nuevo los cuatro en ropa interior como si nada, en una escena casi surrealista. Pablo no paraba de mirarme, porque en aquel conjunto mis tetas estaban desbordadas, el pelo de mi coño asomaba sin más por la parte superior de mis braguitas... Mis amigas no tardaron en darse cuenta, sobre todo Nuria, que parecía enfadada, hasta que soltó:
- Lau, luego me decías a mí que me tenía que depilar, pero también a ti se te sale todo, mi amor... dijo tirando ella esta vez mi vello que, aunque recortado, quedaba al aire en buena parte, debido a lo bajas que eran mis bragas.
Yo tenía preparada mi respuesta. Quería excitar a Pablo, era un poco bruta la cosa, pero ya había decidido decirlo, así que, molesta además por el daño que me había hecho tironeándome así del pelo del chocho, lo dije:
- Ya, pero a mí no se me sale por los lados, mira qué recortadito lo llevo - expliqué con voz melosa, bajando provocativamente mis bragas hasta la mitad del pubis. Solté el elástico, y retomaron su posición. Entonces, levantando una pierna, la que estaba del lado de Pablo, seguí, mientras metía un dedo por el lateral de mis bragas – y por aquí lo tengo suavito, suavito ¿quién quiere probar? jiji
- Bueno, pues que conste que yo te he hecho caso por una vez, y me he afeitado como a ti te gusta... - me dijo Nur, insinuante. Ella no es de las que se cortan con tan poca cosa.
Aunque "tan poca cosa", para mí, delante de mi primo, era mucho. Pero me gustaba mostrarme tan putilla delante de Pablo, por lo menos después de lo de antes. Además, se me había pasado ya el efecto de mi dedo, y mi amiga Nurita me estaba poniendo... ¡mmmh! Joder, la verdad que me daba por culo que se hubiera depilado de nuevo, porque me ponía perrísima verla con pelo, me gustaba tanto y era tan raro verla así… la muy zorra además se metía conmigo diciendo lo de que se lo había hecho “como a mí me gusta”, seguro que se lo había depilado completo al cabrona, ¡si a mí me gustaba antes, con su mata de pelo espeso y fuerte!
- Joder, estoy loca porque me lo enseñes, Nur, vamos, ¿por qué no lo haces ahora...? - y esto no fue ningún mensaje dirigido a Pablo, sino mi propio instinto más básico. Consideraba que él ya había tenido bastante por ese día. Había llegado ya el momento de que dejara ya los jueguecitos y nos permitiera de una vez pasar a las cosas serias, entre mujeres...
- Vaya... esto se pone caliente, ¡creo que esta no es una conversación para un adolescente! - cortó María, con la boca abierta de par en par, mientras miraba a mi primo. Lo quisiera yo o no, el niño estaba allí viéndolo todo.
Otra vez se había empalmado por completo, escuchándonos e imaginándonos, y su polla amenazaba con escapar por varios puntos de su calzoncillo. Se puso como un tomate, y se levantó, diciendo:
- Creo que necesito ir al baño.
Bien cierto era, tanto que cuando se movió para escapar de allí, aquello reventó por fin, y su enorme verga, tal como llevaba todo el día amenazando con hacerlo, se le escapó por un lateral, golpeando el hombro desnudo de Nuria brevemente con el capullo, al pasar detrás de ella.
- ¡Ay! perdona... - dijo mi azorado primo mientras se giraba brevemente, cogiéndose aquello con las manos mientras salía corriendo, sin duda a pajearse una vez más.
Nos dio un ataque de risa como hacía tiempo que no nos daba...
- Jajaja... - reía Nuria - Lau, tía, como esto siga así, yo no respondo...
- Sí, bueno, jejejeje, ahora me entendéis, verdad, es un niñato, pero tiene un morbo...
- Lau, no sólo te entendemos, sino que creo que estamos empezando a compartirlo... - terció Meri - sobre todo Nurita, como te descuides va a ser ella la que se lo lleve a la cama...
- ¡Merita! serás cabrona...
- Jijiji, es verdad Nur, no te pongas así, nunca has sido de fiar, y todavía lo eres menos que yo, ¡que ya es decir!
- ¡Menudo pollazo te ha dado mi primo Nur! ¡jajajajaja! seguro que no te esperabas un primer contacto así con ningún hombre ¿eh? - me di cuenta de que me había salido sin pensar llamar a mi primo hombre, y no chico, o aún niño. Con esa verga, es que era imposible decir otra cosa... ¡pero qué caliente estaba! - ¿no os morís de ganas por echar un polvo? - me metí la mano en las bragas mirando a Nuria.
Aquello se dirigió rápidamente hacia la consumación. Seguimos riendo un rato, hasta que nos levantamos para irnos a la cama, recogiendo brevemente la mesa.
- Lau, creo que lo mejor será que duermas hoy con nosotras... no vaya a ser que no soportes la tentación si duermes con tu primo... jajajaa - Nuria no había parado de burlarse de mí.
- Tranquila, mi amor, me muero por montármelo contigo otra vez esta noche... y no pensaba ni por un momento dormir con Pablo, aunque al final durmiera solita en mi habitación no le dejaría entrar, no te pienses... aunque reconozco que los jueguecitos de las siestas tampoco me resultan tan molestos... jiji
- ¿Qué quieres decir? - preguntó Meri mientras cerraba a cal y canto la puerta de la habitación de mis padres - hablas en plural, no me digas que hoy también te ha tocado el culito...
- ¿Tocado? ¡Me lo ha comido!
- ¡¡¡¿Qué?!!! - chilló Nuria enfadada. – Tía ¿y no dices nada?
- Sí, bueno..., no, en realidad, sólo me lo ha lamido... empezó como antes de ayer, bajándome las bragas y sobándomelo y eso, pero luego se agachó y empezó a darme besitos en el culo y, cuando me di cuenta, tenía ya la lengua dentro de la raja...
- Con lo que te pone a ti eso... - dijo Mer.
- Pues imagínate - contesté. Quizás la descripción estaba siendo un poco más suelta de lo que había pasado en realidad, pero me molaba ver la cara de envidia e incredulidad de mis amigas, sobre todo de Nuria.
- ¿Y hasta dónde llegó? - pegunto ella, airada.
- Pues llegó a metérmela en el culo, y en el coño ligeramente, aunque ahí sólo la mojó un poquito, no fue más...
- ¿Te parece poco?
- Pues sí, no fue para tanto y, además, ¿a ti qué te importa?
- Eh... - se puso repentinamente roja - supongo que no quiero que te metas en líos, Lau, tú misma decías qué... Oye... ¿se corrió?
- Sí, claro, volvió a hacerse un pajote, encima de mí...
- ¿Estás sucia de él?
- No, tía, no soy tan cerda, me he lavado claro, y me he cambiado de braguitas, si es eso lo que preguntas....
- Bueno...
- Ya, te gustaría probarle de nuevo ¿no? Oye, que conste que no me molesta si haces algo con él, pero no te pases ¿vale? – ¡joder, joder, joder! ¿pero yo por qué coño le decía aquello al putón de Nuria? - ...yo tampoco quiero que tú te metas en líos, jiji... Y, sobre todo, no quiero que le metáis en líos a él ¿está claro? - intenté ponerme seria, pero estaba tan caliente que no podía reprimir una sonrisilla pensando en él, en ellas, en el sexo con todos... Mis amigas me lo notaron.
- Uy, uy, Nur, cuidado con ésta - rió María.
- Lau...
- Calla. Y enséñame tu coño, anda, que quiero ver cómo te ha quedado - le dije, bajándole las braguitas.
Meri se estaba poniendo el arnés.
Aquella noche fue ella la que llevó la voz cantante con nosotras dos. Casi no hice nada con Nuria, a parte de comerle el coño al principio. Estaba rasurado casi al completo, sólo la vulva y la zona perineal mantenía algo de vello, recortado y duro, esa zona que es tan difícil hacérsela a una misma (al menos para mí, porque Nurita era una experta, si lo tenía así debía de ser porque lo había hecho demasiado rápido o demasiado nerviosa). Lo disfruté mucho, claro, pese al jarro de agua fría que suponía su depilación integral para mi parafilia con el vello púbico. Pero sentía algo raro con Nuria. Me preocupaba enormemente su interés algo exagerado por Pablo, y la tontería que había hecho de darle permiso, aunque con ella solo pretendiera mostrar mi propio desinterés, me temía que no había sido nada inteligente por mi parte.
Decidí, y ahora sí lo conseguí, no pensar mucho más; me dejé llevar por el sexo en crudo, me dejé hacer, en una actitud sumamente pasiva, que mis dos amigas supieron complementar a la perfección, haciéndome de todo lo imaginable. De todas formas, estaba muy cansada, y creo que me dormí mientras mi amiga María me taladraba el culo.
...dicen de mí que tengo buen sabor
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@laualma siempre que te leo me empalmo que flipas y no estas conmigo, tengo que aliviarme solito 👍 👍 👍 🌼 🌹 🌹
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@nyctidromus me pone cachondísima saber eso… siempre he dicho que estos relatos los escribí por mí, porque necesitaba soltar todo aquello que me sucedió… pero los publico en parte por puro exhibicionismo y en parte por el morbo de saber que a gente como tú se le pone así de dura leyéndome, o que se le humedece el chochito hasta meter sus dedos dentro… te aseguro que cada corrida vuestra es como un regalo para mí, gracias!!
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@nyctidromus jo, la tienes tan grande y dura!!! me mojo de pensar que te has puesto así por mí :)))
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@laualma claro mami ya vi tu tetica y pezoncito; como no quieres que se me ponga dura con tus relatos y la cosas sexys que me escribes
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@nyctidromus me dio morbo enseñarte las tetas sabes?
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@laualma me gusto mucho tu pezoncito que guarradas te haria; te follaria esas tetas hasta dar un collar de perlas
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jijijiji espero tener suficientes tetas para poder hacer una buena cubana a ese pollón que tienes ¿tú que crees? ¿me llegan para que puedas follármelas bien?
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@laualma si mami si creo que esas tetas tuyas pueden engullir entre las dos mi rabo. Si que te follarias esas pedazos de tetas mami viciosa de coño y polla
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@nyctidromus uf
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@laualma uff que follarte las tetas y comerte tu coño peludito mami viciosa 🔥🔥🍆🍆
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@nyctidromus peluchito
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@laualma si mami comerte tu peluchito babosito y perfumado
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@laualma uff mami yo si tengo la polla peladita por que a la mayoria de las chicas les gusta así y como también se afeitan alli abajo lo menos que puedo hacer es devolver el favor; dicho esto mami puta mu me calientas tal cual eres
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@laualma quisera verte ese coño de puta babocito y caliente
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