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Me llamo Daniel, tengo diez y ocho años y todavía no me he estrenado. Me masturbo todos los días, muchos de ellos varias veces. Tengo muchas ganas de probar eso del sexo. Con alguien que no sea yo mismo, claro.
Internet es una gran fuente de información y eso solo consigue que mis ganas sean aún mayores. Se que hay relatos, vídeos, fotos de cualquier cosa que mi imaginación pida. Hasta podría conseguir complementos solo con buscar en tiendas online.
Quiero hacer el amor con una chica. Aunque cada vez empieza a importarme menos el que sea una chica o un chico, no diría que con una cabra. Pero mientras fuera humano me valdría. Los vídeos que veo son de temas muy variados, heterosexuales, de chicas juntas, de transexuales, de chicos juntos, de tríos y orgias e incluso de gente sola masturbándose.
Estoy empezando a fijarme en los cuerpos de los chicos de mi edad. En la piscina o en la disco, en sus culos, que cogería y amasaría o en sus pollas que lamería. Pero todo eso era solo imaginación hasta esta tarde.
Hoy me han ofrecido que me dedique a chapero. Me han dicho que con mi cuerpo y mi cara y además virgen podría ganar mucho dinero. Todo un vicio.
Clara, una vecina que se dedica a ello, osea puta de toda la vida, me ha invitado a tomar un café en su piso. Y una vez allí, en su sofá, relajados, me lo ha propuesto. Sin dar rodeos, a las claras. No se anda con medias tintas.
- Dani, eres una monada. Un montón de gente pagaría muy bien por follar contigo. Muchos lo harían para que tú les follases.
- ¡Pero qué dices! Si no valgo nada y nunca he hecho nada.
- Que modesto. Ricura. Pero estoy convencida de que vales. Además eres un salido. Sé cómo me miras cuando crees que estoy despistada. Seguro que ves mucho porno también. ¿Aún guardas el tanga que se me cayó por el patio?.
- De verdad, soy virgen. Apenas he tocado a alguna amiga. Y sí claro, es un tesoro. Gracias por la confianza. ¿Se te "cayó" adrede?. Creo que me viste.
- Pues claro cielo. No voy perdiendo mi lencería a no ser que quiera. Me pareció que te vendría bien. ¿Qué te parece la propuesta?.
- ¿Crees que chicas también?.
- A veces. Además si aprendes a mover esa cadera puedes hacer striptease o podemos hacer algún show erótico juntos. Hay muchas opciones.
- ¿No conoces a nadie más?.
- Nadie con quien me gustara hacerlo o en el que vea tantas posibilidades.
Clara mueve mucha pasta. Solo con ver el cochazo que aparca en el garaje se puede ver. Con su cuerpo, su carita preciosa con pinta de inocente y su picardía y simpatía casi no puede atender a todos los clientes. Ella los consigue por su página en Internet y con su teléfono móvil. Ni siquiera suele ejercer en clubs.
Ha estado buscando otras chicas y chicos que le ayuden en su trabajo. Parece que piensa convertirse en una especie de madame. Ha pensado en mí. Bueno me tiene en la puerta de enfrente y nos conocemos de toda la vida. Me tendió un teléfono nuevo.
- Toma, esto es para el curro, los números de algunos de los clientes amplios de mente ya están guardados. También podes hacer videos y fotos si el cliente se deja y quiere.
- ¿Todo tíos?.
- Hay algunas mujeres pero puede que con alguna tengas que ponerle algo de imaginación para mantener la dureza.
- Ahora mismo no creo que eso sea un problema.
- A veces mis clientes habituales me han preguntado si no conocía a un chico con el que pasar buenos ratos. Son gente de confianza y muy morbosos. Ya los irás conociendo.
- Tendremos que hacer algunas compras. Los vaqueros están bien para algunas ocasiones pero necesitas algo más formal... por dentro y por fuera.
Y esa misma tarde salimos. Aún no nos habíamos tocado. Me ha comprado un móvil nuevo. Me ha llevado de tiendas para comprarme ropa más sexi de la que uso. Pantalones y camisetas muy ajustados marcando mi cuerpo. Shorts y camisetas de tirantes que lo muestran y de ropa interior tangas y suspensorios.
- Eso te sienta bien. Así luces más. Veamos la ropa interior.
- ¿Tú crees?. Ni siquiera sé cómo ponerme alguna de esas cosas. Eso solo parecen unas tiras de tela.
- La práctica hace al maestro. Pero no te preocupes que la primera vez te lo voy a poner yo. Y quitar también.
- Como tú digas.
- Vámonos ya, que quiero ver cómo te defiendes.
Hemos acabado en su piso alquilado solo para ejercer el negocio. No es nuestro edificio. La decoración es digna del picadero más lujurioso posible, todo desnudos y arte erótico para excitar al personal.
- Aquí es donde trabajo. Te daré unas llaves para cuando tengas que traer algún cliente aquí. Puedes usar ese dormitorio.
Allí me invitó a una copa y sentados en el sofá buscó mi boca para besarme. Al principio me resistí pero no mucho. La verdad es que me tuvo cachondo toda la tarde. Como cuando me probaba tangas en las tiendas de lenceria. Tenía la polla que faltaba mucha tela para taparla. Ella entraba conmigo en el probador. Solo me miraba pero eso me ponía cachondo.
- Vamos a divertirnos.
Si de verdad iba a dedicarme a ello este era un buen momento para empezar. Y una oportunidad fantástica de practicar con una maestra en el asunto. La notaba muy dura en mis pantalones cada vez que me metía la mano en el bolsillo.
- Bésame. Déjate llevar, cielo.
Pronto abrí la boca admitiendo su lengua exploradora. La mía, inexperta, correspondió a sus besos introduciéndose entre sus dientes. Sus manos empezaron a explorar mi cuerpo. Primero por encima de la ropa, de mi blanca camiseta hasta que consiguió sacármela de los vaqueros.
Está claro por lo que se dedica que es una chica decidida. Me acarició la piel del vientre y del pecho sin querer darse cuenta todavía de que mi picha dura apretaba contra la bragueta. Lo hacía despacio manteniendo mi calentura al máximo.
Seguía tierna y dulce acariciándome sensualmente sin dejar de excitarme. Mi lengua correspondió en su boca, en el filo de su mandíbula en su oreja. Me sacó la camiseta y empezó a besarme las tetillas sorbiendo mis pezones, lamiéndome de las axilas a los hombros.
- ¡Joder! Qué cachondo estoy.
- Así es cómo tienes que poner a los clientes. Debes ser guarro y lascivo.
Así comenzó a bajar la cabeza lamiendo mi piel hacia mi vientre. Abrió mis pantalones aunque sabía con lo que se iba a encontrar se llevó una sorpresa ante la dureza de mi rabo. Inmediatamente desapareció entre sus labios.
- Es una buena herramienta que te va a hacer ganar mucha pasta.
Jamás me habían hecho una mamada. Jamás una lengua había tomado mi polla y en cuanto se paseó por el frenillo y acarició mi glande tuve un enorme e inmenso orgasmo y eyaculé en su boca. Golosa se tragó mi semen, no todo, relamiéndose, tras mis trallazos directos a la lengua.
- Ahora bésame.
De su boca saboreé por primera vez el sabor del semen pues retuvo en la boca lo suficiente como para ofrecérmelo en un beso que acepté encantado. Cachondo, estaba cumpliendo casi todos mis sueños en la forma de perder la virginidad.
Ninguna otra mujer hubiera sido tan pervertida, tan puta, literalmente, como mi nueva jefa.
Ninguna otra me hubiera hecho lo que ella me estaba haciendo, ni me hubiera dejado disfrutarla como pensaba hacerlo. Clara sabía que yo no había tenido sexo con nadie más que con mi mano y dulcemente terminó de desnudarme.
A continuación se desnudó ella y me enseñó por fin su vulva perfecta. Admito que estaba deseando probarla, con mis dedos, con mi boca, con mi polla. Ella tampoco se conformaba, jugaba con sus dedos con mi virgen culito. Seguía tratándome como a una dulce jovencita virgen a quién mimaba pero sobre la que mandaba. En ese momento ella estaba enseñándome.
Ahí conseguí echar mano a su coñito. Lo acaricié con dos dedos. Estando yo sentado y ella de pie llevé mi boca a su pubis. Comencé a comer mi primer coño, goloso, lo saboreaba. Sacaba la lengua buscando el clítoris. Ella me guiaba por supuesto. Era mi primera experiencia pero algo de información ya tenía. Seguía pasando los dedos por los labios mientras chupaba el clítoris o metía un poco uno de ellos. Me dijo:
- Ensalívalo bien. Para la lengua, cariño. Lo haces bien. Vas a conseguir que me corra. Ahora el clítoris. ¡Oh! Si, joder. Nada mal, cariño.
No podía creerme que le hubiera conseguido un orgasmo a una mujer como esa, con su experiencia.
Buscó en un cajón. Como a ella le faltaba algo entre las piernas para esas prácticas tenía que usar uno de los complementos habituales en su trabajo. Y a partir de ahí el mío.
El vibrador no era excesivo. Supongo que para empezar no quiso exagerar. Ni siquiera tenía una forma demasiado realista. Y era de color morado. Lo dejó cerca para cuando hiciera falta, bastante pronto por cierto.
- Ahora súbete al sofá. Te toca a tí practicar con tu agujerito.
Subí de rodillas al sofá y mirando a la pared le ofrecí mi culo en pompa. Se agachó detrás de mí para comerme el culo. Lamer el ano y morderme las nalgas. Me echaba saliva entre ellas y comenzó a follarme primero con la lengua, luego con un dedo. Me puso lubricante desde luego. Estaba a punto de correrme. Aprovechando para untarlo con lubricante, suave y lento.
Yo le pedí dos dedos. Estaba muy cachondo y le dije:
- Sin miedo, que yo me meto dos cuando me masturbo en la ducha. Me has puesto a mil.
Ella me contestó:
- Me has salido una auténtica putilla. Así me gusta, que lo disfrutes. De esta forma harás más dinero, si el cliente piensa que te gusta lo que te hace o le haces tú.
Y pasó a meterme dos dedos y enseguida le pedí el vibrador.
- Quiero probar una polla, aunque sea de silicona. Quiero que me folles. Necesito probar si voy hacerlo con tíos.
Y ahí pasó a metérmelo. A bombear lubricado con nuestra saliva y con parte de su copa. Me folló durante media hora sin sacarlo, besándome los hombros y la boca acariciando mi pecho, vientre y rabo con sus manos. Yo gemía y suspiraba como una locomotora vieja. Me estaba gustando más de lo que pensaba.
Cogiéndome de la cadera para meterme el juguete hasta el fondo. Para clavarlo hasta los huevos. A mí me encanta hurgarme el culo con mis dedos, con palos, mangos de cepillos, frascos cilíndricos, con lo que fuera o se asemejara a un pene y desde luego lo gozo. Soy un calentorro así que empecé a pensar que todo eso me vendría bien.
Pero no hay nada como un rabo duro y caliente, estaba deseando probar uno de verdad. Creo que me hizo tener orgasmos por el ano. Desde luego los he tenido y muchos de entonces aquí. Le encantaba follarme, siendo chica eso me parecía un poco raro. Pero me estaba demostrando lo viciosa que es.
Me tumbé boca arriba en el sofá y seguimos besándonos en la boca otra vez. Acariciaba mis genitales y se dio cuenta de que aunque no tengo mucho vello en el cuerpo los testículos iban con todo el pelo.
- Esto hay que solucionarlo. Así también aprendes a depilarte.
Así que cogiéndome de las manos me condujo al baño y me metió en la bañera. Allí siguió mimándome y besándome. Me lavó y duchó entero como a un niño y me enjabonó bien los huevos. Luego cogió una maquinilla de afeitar y me rasuró el poco pelo que tenía por las ingles, los testículos, alrededor del ano y en los sobacos.
- Más adelante haremos algo más definitivo. En mi salón te van a dejar pelado y suave. Y les va a gustar hacerlo además.
Me dijo que me iba a llevar a donde lo depilan a ella de forma definitiva y con láser. Tendría una piel suave. Solo me dejó una tira de pelo justo encima del rabo. No soy muy peludo pero el tacto del escroto nuevo y suave me sorprendió.
Con tanta manipulación y tocamiento se me estaba volviendo a poner dura. Cosa que le alegró y allí mismo en la cómoda bañera me lubricó el rabo con el gel de ducha.
- Bueno ahora me toca a mí tener algo tan duro en el culo. Vas a follarme.
- Encantado.
Se sentó sobre mí introduciéndoselo poco a poco en el ano. Yo apenas tenia que sostenerla de las nalgas. Ella misma en cuclillas aguantaba su peso y se movía follándose el culo con mi polla. Yo, desmadejado, me dejaba sentir y gozarlo y disfrutar el fenomenal polvo. Su experiencia era algo evidente en esos momentos.
- Déjame hacer. Ve tomando nota. Esto te va a tocar hacerlo a tí.
Solo notaba la polla apretada en su interior. Toda mi consciencia concentrada en un solo punto. El glande asomaba periódicamente entre sus nalgas para volver a desparecer de inmediato dentro de su cuerpo.
Gemía ella, gemía yo y vi mi semen resbalar por mi tronco en un orgasmo fenomenal. Clara se derrumbó sobre mí y volvimos a besarnos abrazados. Estábamos mojados en la bañera y no conseguiremos separarnos.
Durante un rato más seguimos haciéndonos mimos. Besándonos lascivos mm lamiendo nuestras pieles. Lamiendo todo el cuerpo y digo todo. Me chupó hasta los dedos de los pies, las axilas incluso la nuca. Por supuesto le devolví el favor en cada centímetro de su suave piel.
- Creo que acepto. Seguro que puedes guiarme en este trabajo.
Me tenía ganado. Aparte del dinero que desde luego me importaba. El placer que había sentido, pensaba tenerlo todo y todos los días a partir de ahora. Y hacerlo sentir a los demás.
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Larga y próspera vida




